digitanler Text von El pobre más poderoso Sann Juann de Dios | BITESO
Exanmen de anutoríansTEXOROBITESOZusanmmenfanssungen3D-NetzwerkZitierweise Weitere Informantionen
AuswirkungAPIAutomantische TrannskriptionenTeanmKontankt
DE Espanñol ESEnglish ENFrannçanis FRPortuguês PTItanlianno ITDeutsch DE中文 ZH日本語 JA한국어 KOРусский RUالعربية AR
  1. Stanrt
  2. /
  3. BITESO
  4. /
  5. El pobre más poderoso Sann Juann de Dios
digitanler Text

digitanler Text von El pobre más poderoso Sann Juann de Dios

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

Metandanten der Arbeit

Werkdantensantz
Tranditionelle Zuschreibung
José de Arroyo
o
Lope de Vegan Canrpio
Stilometrie-Zuschreibung
José de Arroyo Sicher
Genre
Comedian
Textzustannd
Trannscripción anutomátican de mannuscrito
Herkunft
El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/14999.

Wanrnung

Kannn Fehler oder Auslanssungen enthanlten. Wenn Sie eine bessere Ausganbe hanben, kontanktieren Sie uns bitte bei uns für Updantes.

Lizenz

Dieser Inhanlt wird unter der Creantive Commons CC BY-NC 4.0-Lizenz anngeboten. Erlanubte Wiederverwendung nanch Vereinbanrung; Kommerzielle Nutzung nicht gestanttet.

Zitiervorschlang

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El pobre más poderoso San Juan de Dios. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-pobre-mas-poderoso-san-juan-de-dios.

Erste Seite des Werks
Letzte Seite des Werks

EL POBRE MÁS PODEROSO SAN JUAN DE DIOS

Stanrt

Jornada primera

Pang. 1

13 / Nº 583 / 1 303 177 6 74

Personas

S. Juan de Dios.

D. Gutierre soc.

D. Martín Antonio.

D. Juan Blanco Barba.

Mendrugo. 1.º gracioso.

Un capitán.

D.ª Inés Dama.

Soldados, y Marineros.

Ricardo Viejo, P.e de D.ª Inés.

Pobres Diferentes.

Laura Graciosa.

Angeles, y Músicos.

D.ª Violante de Estrada.

Un Niño Nazareno.

Astrea criada.

Alcaparrón 2.º gracioso.

Nuestra Señora.

Salen cuatro Soldados ala francesa acuchillando a S. Juan de Dios después de haber dado Dent.ro los prim.os versos con ruido de Espadas.

Dentro San Juan.

Antes que rindáis aqueste aliento

seréis, cobardes, de un Escarmiento,

del acero luciente, que en mi mano

rayo es de Jobe, trueno es de Vulcano.

Dentro.

Español arrogante,

en vano te defiendes, pues constante

es morir, si la Empresa,

en el ser prisionero no interesa

la Vida.

Salen

San Juan.

Mi constancia

no se postra aunque venga toda Francia,

y puesto que mi suerte

a los filos me trajo de la Muerte

si desgraciado he sido

muerto me hallen, pero no Vencido.

entran

Todos dentro.

muera desesperado!

Pang. 2

San Juan.

Si como cuatro sois en la emboscada

toda Francia estuviera,

hidrópico de honor me resistiera.

Dentro

Don Gutierre.

Los caballos arredra de esa mata,

Alcaparrón.

Dentro

Alcaparrón.

Señor, ¿qué patarata

te mete a ser Quijote todo entero?

Sale D. Gutierre.

Pónese al lado de S. Ju.

Don Gutierre.

Siendo vos español, y caballero,

que a cuatro embestís,

a vuestro lado estoy.

San Juan.

Pues asistido

me ves de ese garbo, y bizarría,

no ha de ser el triunfo de este día?

Uno.

No hay quien resista sus aceros duros.

Retíranse

Otros.

Huyamos de ellos.

San Juan.

No estaréis seguros

aunque os ampare el centro.

Don Gutierre.

No los sigáis, pues bien, que en un encuentro

siendo tan ventajoso

a un noble hacer no puede mas airoso

que ser propio testigo

de ver huir con ventaja a su enemigo.

Alcaparrón.

Con mi señor, pendencia? por arenga

déjenme, ustedes, nadie me detenga.

Sale Alcaparrón con la espada desnuda muy enojado

Don Gutierre.

Qué es esto, Alcaparrón?

Alcaparrón.

No por mi vida

déjenme dar a seis la zambullida.

Don Gutierre.

Pues mi dicha ha logrado

llegar a conocer a un tal soldado

el valor, y arrogancia

honor de España, sí terror de Francia.

Sepa quien sois, que es justo

no neguéis a mi afecto aqueste gusto.

San Juan.

En breve os lo diré; mas este puesto

a riesgos evidentes está expuesto

porque el quinto Carlos la campaña

todo su espacio con sus huestes baña,

dando a Fuenterrabía

en muestra de su heroica bizarría

socorro, que a este tiempo la constancia

del Rey francés, gloria de la Francia

su ejército previene acuartelado

a espaldas de este, Olimpo que empinado

desde el aire a la región osado sube

trocando verde alfombra en azul nube

y tropas desmandadas a pillaje

andan de los ganados, que al pastaje

baja de esa ribera;

gran Señor, esforzado Marte, no quisiera

que de su riesgo apartados

en otro, nos veamos empeñados.

Alcaparrón.

Dice bien, es constante

no nos paremos, ni un tan solo instante.

Don Gutierre.

Pues en tanto que va por los caballos

Alcaparrón.

Alcaparrón.

Si ven a desatallos,

que tengo miedo.

Don Gutierre.

Loco,

proseguid; mas tened, que también toco,

es preciso, que el vuestro

digáis adonde está.

Alcaparrón.

Tiene cabestro.

San Juan.

No tiene que buscalle

que en esta correría yo quitarle

a otros franceses pude

cuya causa me hace que no dude

se aya a ellos pasado.

porque con furia fiera desbocado

inobediente al tacto dio conmigo,

donde sus Reales tiene el Enemigo

y de esta altiva Roca

de sí me arrojara, cuando se derruoca,

siendo el Bruto violento

del riesgo en que me hallasteis instrumento

pues porque fue preciso

los contrarios debieren el aviso,

donde si vuestro Esfuerzo no asistiera

Pang. 3

San Juan.

[s]abe! ciudad de poco suyo fuera.

Alc.

Bueno este cuento ha sido,

pues por solas a cuentas hemos sabido

que sin apurarnos la paciencia,

como estas aquí, y porque fue la pendencia.

Gutierre.

Pues por los nuestros ve en tanto que digo

a Don Juan la fortuna que yo sigo

y montando en el mío, asegurado,

volverá asta su campo acompañado

de la persona mía.

San Juan.

Estimo como debo la hidalguía;

y aunque será de camino

ocasión que sepa el Peregrino

nombre que atesoro

de un valiente garboso

que a mi atención cuerda

que aun este Instante de saberlo pierda.

(Ap.e)

Dent.o Clarines y ruy.do, y Sale Alca parron despavori do

Gutierre.

Bruselas mi cuna fue,

como me nombra la fama,

Don Gutierre fue mi Padre,

que Amigos tiene en Granada.

contra de ellos dispuso

enlazar las nobles casas,

de Hurtados, y fue Imeneo

por Teas de Nupcial llama

poner centro de mi afecto

las dos inmensas distancias:

(callaré que huyendo vengo

de Violante, que apurada

la paciencia me temía,

porque la di la palabra

de ser suya, sin mirar

cuanto a Uno después le cansa

que anticipe el amor

el logro a sus Esperanzas.)

lo que aunque arriesgado el paso

supe que en el campo estaba

de Carlos Quinto mi Pariente,

pasando por aquí.

Dent.o Alarmas.

Alc.

Señores, perdidos somos,

porque en concertada marcha

el ejército se mueve

del Rey Francisco de Francia.

San Juan.

Y sin duda se pretende

cuerpo a cuerpo dar batalla

pongámonos a puerto en salvo.

Alc.

Yo no podré que esta manga

de este sobretodo francés

no deja volver casaca.

San Juan.

Pues matar muriendo.

Alc.

El Diablo

nos ha traído a la Mancha,

es el francés Dulcinea,

para andar en quijotadas.

Salen los mas fran ceses que puedan

Franc.

Rendíos Necios, Españoles.

San Juan.

Mientras ciña aquesta espada

no se ha rendido, ni postra

sino al César de Alemaña.

1.º.

Dadlos muerte.

San Juan.

Ahora veremos,

si es tan fácil como mandan;

y cuando, faltando mío

el espíritu faltara

ser devoto de María

para que me libre vasta.

(acuchillándose)

Gutierre.

Indefenso estoy.

San Juan.

Acude

a tu amo, que le matan.

Alc.

Si quien me acudirá a mí,

que me zurran la badana

(desguarnécesele la espada)

1.º.

Dejadle no le deis muerte,

que la inmunidad le valga

de estar indefenso.

San Juan.

Ahora

veréis como se desata

una furia de mi brazo.

1.º.

Prisioneros los dos Vayan

y este sino se rindiere

muera.

San Juan.

Con la vida acabas.

(Cogen a los dos)

Pang. 4

San Juan.

el cumplir la obligación

que tiene mi fe.

Sut.

No hagas

tal arrojo, amigo mío,

suspende, detén la saña

que a mí no mejoras, que es

empresa desesperada

la tuya.

2º.

Muere.

(Cae)

San Juan.

¡Ay de mí!

Todos.

Ya cayó.

San Juan.

¡El cielo me valga!

1º.

Los dos prisioneros vayan

y a toda prisa, que pueden

ser de muy grande importancia

al senescal, sus noticias

darán.

Alc.

¡Calabazas!

(Llévanlos, quédase el S. Ju., y vuelve en sí)

Sut.

Cuánto siento haber perdido

amigo de prendas tantas.

San Juan.

¡Ay de mí! Valedme, cielos,

que mi corazón desmaya

que no muera sin confesión.

Vos, Aurora soberana,

pues siempre mi amparo sois,

pedid, pues mi afecto os llama,

como afligido, a Jesús,

hijo vuestro, que me valga;

no la vida quiero, que

es de menor importancia,

sí solo su perdón,

que como no vea ayrada

la divina esencia suya,

siendo mis culpas la causa,

más que el fuego padezca

que bebe el precito en brasas.

Mús. dentro.

A la fuente, a los cristales,

pastores del alba,

llegad, llegad, que convida

a beber de sus raudales.

(Levantándose)

San Juan.

¿Qué voces son estas, cielos,

que en mi mayor aflicción

esforzando el corazón

le enriquecen de consuelos?

Aunque postrado la pena

me tiene, y lo desangrado

nuevo aliento me ha inspirado

a acudir adonde suena

voz con que a mi dolor

permite alivio, y veas,

que no acaso en él se emplea

el Dios del divino amor.

Música.

A la fuente, a los cristales,

pastores, etc.=

San Juan.

Mas, cielos, una zagala

que a luz baña la frente

baja al valle de la fuente

que en aquel risco exalta.

Torpe mi planta castiga

y llévela mi deseo

que sin duda quiere el cielo

venga a aliviar mi fatiga,

sal, mi voz turbada y temerosa,

a quien mueva piedad:

¡Zagala hermosa!

(Aparece en lo alto del monte, en donde se verá correr una fuente, Nuestra Señora de Pastora, y con una vasija de búcaro como que coge agua)

Niñ.

Pastor, que de este monte,

San Juan.

Aurora aquí, por luz de este horizonte,

Niñ.

Pareces peregrino.

San Juan.

Celebra aquel arroyo cristalino.

Niñ.

¿Qué buscas, apartado

de la senda común, que retirado

la sangre de tus venas

puso en el rostro para darte penas?

San Juan.

¿Qué inspiración divina

encaminó tu planta peregrina

a que quieras venir?

Niñ.

De la suerte que te veo, al triste llego

ser pastora, y de ti compadecida,

ver si aliviarte puedo.

San Juan.

Nueva vida,

puede dar esa mano.

Niñ.

Pues porque mi venida no sea en vano,

Pang. 5

Dale el buque

Niñ.

el agua aquí cogida

quizá, que podrá ser que de la herida

alivio el brío sienta.

Bebe

San Juan.

¡O, hermosa Zagala, pondré a cuenta

del amor de mi pecho,

el favor que a mis ansias habéis hecho!

dulce néctar parece; mas que miro?

sano de las heridas, ni un suspiro

cuesta al aliento ahora,

pues que, es aquesto, decid, bella Pastora

quien sois, que a tal favor; pero que veo?

dudo si sueño, y lo que dudo creo;

parad, Señora, al vuelo,

no me dejéis en tanto desconsuelo.

En un peñasco que se irá mirando, sube en elevación Nuestra Señora formándose un arco, o circo de flores, y por los 2 lados bajan dos Angeles en dos Nubes, diagonal, hasta que queden sentados en peñascos a los lados, donde Su Majestad se subirá. Todo Junto.

Ángeles.

Valeroso Soldado,

esta que sus parajes ha templado

escuchó tu clamor, y quien la invoca

halla en sus invasiones una roca.

Niño.

Yo soy, si consolarte

puede entre las congojas que el de Marte

Reina de esta armonía

que suena en mis oídos noche, y día.

Ángeles.

María de Gracia llena,

flor la mas bella y hermosa

si de Jericó fue Rosa

es de este monte azucena.

El lirio blanco y nevado

que del Valle asciende al cielo,

y es quien por darte consuelo

en alivio se ha exhalado

atiende a su voz porque a un acento

el cristal se suspende, y calma el Viento.

San Juan.

Del afecto inflamado,

bien el mío informado,

de tanta perfección que en vos miraba

Pastora celestial os adoraba,

y pues lo sois de todos,

enseñadme el camino, dadme modos

conque de vos guiado

llegue seguro al puerto deseado.

Niño.

Juan, sufriendo en Granada

el gusto de mi hijo preparada

la cruz suya hallarás, con el se queda.

San Juan.

Quien, pues, o Virgen Madre, aura que pueda

divertirme, de hoy mas en vos fiado,

de los caminos que me habéis mostrado?

Músicos.

A la fuente, a los cristales,

pasajeros de &ca=

San Juan.

Ea, corazón mío, a Granada partamos

este Norte, esta Estrella, y luz sigamos

Salen Artea, y Violante de camino vestidas de hombre quedándose al paño el Santo paseandose con sus versos

Artea.

Bien hasta aquí, Señora, ha sucedido

ocultando quien somos el vestido.

San Juan.

Capitanes a Dios, a Dios, Soldados,

que ya movido de mejores hados.

Artea.

Así, Violante hermosa

de hombre vestida.

Violante.

Temerosa

de mi estrella enemiga

todo es susto, y temor

pues el nos obliga,

la tierra que pisamos,

ya que perdidas en el monte estamos;

ay, D. Gutierre, ingrato, y enemigo

llega, Artea.

Artea.

Ya llego.

Violante.

Ya te sigo.

San Juan.

Ya en Milicia mejor, y mas segura

voy a probar del cielo la ventura.

Al tiempo que se vá San Juan salen al paso

Artea.

Caballero, pues las señas

que lo seáis lo declaran.

ap.

Violante.

Dos forasteros perdidos

os suplican que a la estancia

donde se hallan les digáis

que pasamos a Granada

(o, quiera el cielo que el tiempo

veloz me preste sus alas

antes que mi ingrato amante,

a lograr llegue sus ansias

para que sepa lo que es

una

Pang. 6

Violante.

otra mujer irritada),

hemos perdido el camino,

y al veros en esta mata

los caballos arredramos

por informarnos.

San Juan.

En marcha

por esta parte camina

el ejército de Francia

y así veníos conmigo,

no acaso alguna emboscada

dé con nosotros.

Mo.

Fiados

desta persona hidalga

os seguimos.

San Juan.

Venid, pues.

Mo.

Esclavos somos de esas plantas

Ah, tirano, estas finezas,

qué mal tu pecho las paga.

(Vanse y salen Mendrugo huyendo de Antón Martín)

Antón Martín.

Infame, tienes la culpa.

Mendrugo.

Señor, advierte, repara

que hombre, que a su propio hermano

dio la muerte fuera infamia

permitir yo, que a las manos

de los Jueces se escapara

el corchete, que le avisó

por quedarse con la capa,

le hizo entrar en la Iglesia

de Santo Domingo, y basta

ser yo quien soy, para que

mi lealtad se persuada,

que en mi pecho no caben

tan fementidas hazañas.

Antón Martín.

Si sabes que en seguimiento

de D. Pedro Blanco anda

hidrópica tanto tiempo

la sed de toda mi saña

que por seguirle huí

las quietudes de mi casa

dejando en ruina a mi Padre

sepultado entre sus canas.

Que de Valencia he corrido,

las más ocultas estancias,

y que teniendo en Requena

la noticia, que a Granada,

ha pasado mi enemigo

después de largas semanas

que ha que en su busca, no omito

aldea, ciudad, calle, y plazas?

Y que si sabes dónde está

(como vil, ruin, canalla)

a la Justicia das cuenta

por estorbar mi venganza?

Vive Dios que en el villano,

los filos de aquesta Daga

he de manchar, pues en falso

han sido todas mis trazas.

Mendrugo.

Señor D. Antón Martín

no pretenda hacer migallas

a aqueste pobre Mendrugo

blando ya como una masa.

Antón Martín.

De suerte al fin que no eres

sujeto que satisfagas

mis enojos.

Mendrugo.

Haces bien,

que yo soy un pobre mandria,

y fuera vengarte en mí

cargo de conciencia, y alma

Antón Martín.

Ay, que el Demonio quiso

que tal locura intentarás

cómo le dejastes ir?

por vida

Mendrugo.

Señor, aguarda,

era el corchete.

Antón Martín.

Ya atiendo.

Mendrugo.

Hombre de tal confianza,

tan recto.

Antón Martín.

Acaba, dilo.

Mendrugo.

Que si en su poder se hallaran

Pang. 7

Mendrugo.

soltara quinientas negras

por recibir cuatro blancas.

Antón Martín.

Puesto quedo yo aquí

de alcorchete ya, Granada,

daré a entender que me sobra

para tan justa venganza

la Justicia, y el cuchillo

mientras tiñe aquesta espada,

que si a darme corajes

todos contra mi se arman

he de cercar el convento

de tal modo, y con tal traza

que si al cielo no se sube

en todo el orbe no aya

seguro sagrado, en que

se oculte a mis esperanzas.

Mendrugo.

Eso si, su honor reviva,

toque su valor al arma,

como de sus palotazos

no venga yo a ser la caja;

y ahora advierte, que ya

cerca estamos de la casa,

de doña Inés.

Antón Martín.

Ella sola

es el sol, cuya luz clara

la sombra de mis rigores

desvanece.

Mendrugo.

como Laura?

que es luna de mis sentidos

y de febrero por barata.

Antón Martín.

Pudiste darla el papel?

Mendrugo.

Apenas le pude darlas

el papel, aunque sirvieran

de centinelas de guarda,

cuatro dueñas, cinco tias,

y diez, y nueve cuñadas;

mas perdoname, señor,

que un cargo a su amor le haga.

Antón Martín.

Dile pues.

Mendrugo.

que de su amor

de cupido en la baraja,

en las, quinolas que juegas,

es perdicion, y pendanga

que hace su bolsa.

Antón Martín.

Pues, Mendrugo,

no es cosa desesperada,

que por emplearme en otra

quiera privarme de tantas?

Mendrugo.

Sabes lo que he reparado?

Antón Martín.

Di, pues,

Mendrugo.

Que tengo esperanzas,

de sus loables costumbres,

y del proceder de Laura,

cuidado, que mi descuydo,

eligio por su desgracia,

que para aquesta comedia

el Demonio no haga falta.

Antón Martín.

Calla, o, por vida.

Mendrugo.

De Inés?

Antón Martín.

Ese sagrado te valga.

Mendrugo.

Con que a doña Inés prefieres

a todas?

Antón Martín.

No se compara

su decoro a otro ninguno

porque esta es Ioya que el alma

para adorno de su empleo

solicita.

Mendrugo.

vaya, vaya!

del serrallo de su amor,

es doña Inés la Sultana.

Antón Martín.

Ay, Mendrugo, que te dejo!

Mendrugo.

Mire su hermoso retrato,

a que la mano del gato

le presto color piadoso.

Antón Martín.

Hablas como necio en fin,

porque de Inés la hermosura,

no admite mas compostura,

que ser ella un serafin.

Pang. 8

Mendrugo.

Díselo un amo novel

que Dios, o el diablo medió

este papel me fió,

con que hice yo mi papel.

Cogiólo con gozo, y gracias,

que la respuesta es saber

que la podrás ya ver,

creyendo su Padre a Inés.

Antón Martín.

Vamos, pues.

Mendrugo.

Ve adonde quieres

que aquí embravecido has dado.

Antón Martín.

Mas espera, que han llegado

dos peregrinas mujeres.

(Salen Doña Inés, y Laura con mantos tapadas y quédanse como hablando las dos.)

Inés.

Teniendo presagiado,

donde quedo he de apurar

ser constante en el amar,

a mi ciego cuidado.

Laura.

Yo recelo mayor daño

según hace esta experiencia,

pues compra con mi paciencia

clarísimo el desengaño.

Inés.

Pues disimula la voz

que yo a hacer lo mismo llego.

Laura.

Parece este amor gallego.

plegue a Dios no nos de coz.

Inés.

Mi Padre no nos vio en fin.

Laura.

El disfraz nos ha valido,

que el solo es quien ha podido

librarnos; mas Don Martín,

Inés.

Y Mendrugo. Laura mía,

tápate que ver espero

su fineza.

Laura.

Hacerlo quiero

que yo también este día

recelo un es no es

tengo, Inés del Caramelo

que así averiguo el recelo.

Mendrugo.

Si lo supiere Inés?

Antón Martín.

Tan desgraciado he de ser

que había de saber luego

este lance?

Mendrugo.

En tu fuego

me vea primero arder.

Antón Martín.

Llega.

(Llegan a hablar los dos cada uno con una)

Mendrugo.

Reina, no se entone;

Di, Inés?

Antón Martín.

Inés esta ausente.

(Vuélvese a Don Martín)

(Llega con cortesias)

Mendrugo.

La que priva es la presente

la ausente Dios la perdone:

Señora, la mi Señora,

criada la mi criada,

si a una servial Embajada

oídos prestan ahora,

sepan que este caballero,

discreto, cortés, galán

quiere hablarlas si le dan

licencia por forastero.

Inés.

Forastero?

(llega Antonio)

Antón Martín.

Si Señora,

que si de esta patria fuera,

ya por su Dama os hubiera

conocido desde ahora.

Inés.

Muy lisonjero os mostráis;

pues aunque, que solo os trajo

muy bien se sabe que ha mucho

que en Granada os ocupáis.

Antón Martín.

El estar de asiento aquí

no implica al ser forastero.

Inés.

Divertido?

Antón Martín.

Solo espero

ser de esos rayos neblí.

Inés.

No mintáis.

Antón Martín.

Viven los cielos

que a nadie sirvo en Granada.

Inés.

Mirad, que estoy informada,

que os causa el amor desvelos,

Pang. 9

Inés.

cierto no podreis negallo

porque yo por palpar el bulto

solicitar ser bien quisto

con otra dama que callo;

y para que verdaderas,

escucheis, que es la voz mía,

yo os vi de Santiago el día

solicito en la carrera

del Jenil, y no apartaros

hasta conocer su casa.

Antón Martín.

De concejo esto no pasa,

la pena no puede daros

el mas que cuando callo,

esto aseguraros puedo

cobre tal miedo

que aun estoy temblando aquí.

y aun esto,

Inés.

No prosigais

que no sufre mi cordura

el ver que de otra hermosura

tan vanamente sintais.

Antón Martín.

lo que yo digo es verdad.

Mendrugo.

Niña, no me apures, que

si allí a la criada hable

no le quise en puridad,

porque era la tal mozuela

una tuerta, una flegma

una tigre, una buscona

y una pura sanguijuela.

Laura.

Bueno está, señoras mias,

cuidado con mis apodos

porque a todas nos dan todos

este pago los mas días.

Antón Martín.

Que resuelve su hermosura?

Inés.

Pediros, que no os canseis

pues todo es tiempo perder.

Antón Martín.

Y esto que es amor?

Inés.

Es cordura,

porque si mi rostro veis,

y dejaros no consigo

es cierto hacer conmigo

lo que con otras hacéis;

y así os pido en cordura

no me paseis adelante.

Antón Martín.

Yo os he de seguir constante.

(Vase)

Inés.

Haréis tal por vida mía

Mendrugo.

He de saber d'estos santos

su calle, su nombre, y casa.

(Vase)

Laura.

Si mas adelante pasa

le haràn dar un sepan cuantos.

Mendrugo.

Sabes, señor, lo que ignoro

si seran Inés, y Laura?

Antón Martín.

la voz el pecho restaura

que no cabe en mi decoro;

que aunque su voz no he podido

sino es de noche, en su reja

a hurto escuchar, queja questa

d'amor no haberla atendido;

y porque no juzgues tu

que a tal exceso repara,

ven veràs como en su casa

está.

Mendrugo.

Y tu con Belcebú.

(Vanse, y salen Inés, y Laura quitándose los mantos)

Inés.

Quita apriesa, quita apriesa

toma allà ese manto, Laura.

Laura.

Tomalde acaba.

Inés.

Señora,

vete d'espacio.

Laura.

Temo que aya

seguido nos D. Martín.

Inés.

Por eso hicimos la entrada

por el pasadizo, que

vecina está a nuestra casa,

y con el disfraz no pudo;

mas ya el mozo en la calzada

está; pues Mendrugo viene,

que de Anton Martín es maza

(Sale Mendrugo, y quedase al paño llamando)

Pang. 10

Mendrugo.

Saben, Ustedes, si Vive

aquí?

Cau.

Si Vive.

Mendrugo.

Deo gracias.

Lau.

aquí Vive entrad.

(Vuelve a llamar Mendrugo a d. Ant.)

Sale Ant.

Antón Martín.

Ves, necio, que fácilmente

te engañas.

(Salen a ora los dos y ha-

cada uno con cada un)

Mendrugo.

Bien podrá ser.

Antón Martín.

Inés mía,

Dueño hermoso, a quien consagra

mi amor, la Vida en ofrendas,

y en Víctima toda el alma.

es tiempo de verse?

Inés.

Si

tiempo ha, que yo deseaba

veros, porque una hermosura

que cubierta, o disfrazada

para que a verme Vinieseis,

puso a ese amor las ansias,

me ha dicho que Vos rendido

a su talle, y a su gala

estas víctimas, y ofrendas

que fingen vuestras palabras

hicisteis a su Belleza,

acreditando en mudanzas

que poco mi amor os debe,

y lo que el suyo os arrastra

Muy galán Sois Don Antonio

mucho os celebran las Damas,

y sobre todas aquesta

quedò de vos tan pagada,

que toda ella es publicar

un elogio, una alabanza

delos nobles procederes

que en ese pecho se guardan,

porque aquel honrar a todas,

aquel publicar sus gracias,

el pintar sus perfecciones,

el disimular sus faltas

con mil primores en vos

dicen todos que se halla

y sobre todo el decir

y hablando desta Dama

que os ausentareis del mundo

por no verla, y por no hablarla

todo es cosa, que os adquiere,

al ser que sois grande fama,

veed si aquestas atenciones,

o cualquiera de ellas vasta

para que, aunque me falteis,

se multipliquen mis ansias,

ea, Señor, proseguid

de aquella Deidad tapada

los empeños, que mi amor

os obliga la palabra,

de no sentir el desaire,

ni empeñarse en la venganza,

y mas cuando no soy mía.

Antón Martín.

Como es eso?

Inés.

Porque trata

mi Padre mi casamiento,

en Bruselas, y ya aguarda,

por instantes la noticia,

que en canje trocado ayan

a don Gutierre, que hicieron

prisionero en la campaña

de Fuenterrabía, y

no seràn de importancia

vuestras ociosas disculpas

pues se que todas son falsas

y os advierto, que si acaso

con presunción loca, o vana

profanareis otra vez

el sagrado desta casa

vive el cielo, que esta Vida

os quitare tan Bizarra,

que admirando en mi Valor

Junto el rigor, y la saña

Pang. 11

Entrase don Antonio adentro, y Mendrugo se queda al paño junto a la puerta.

Mendrugo.

La emboscada

me ampare deste tapiz,

por si pusiere a sacarlas.

Ricardo.

¿No acabas de abrir?

Laura.

Por yerro,

señor, estaba cerrada

esta puerta, y esta llave

está tan torpe,

ya acaba.

Sale Ricardo.

Inés.

Padre y señor, ¿qué era aquesto?

Ricardo.

Teneos ahí, que esto basta.

(Aparte.)

Inés.

Quedo, señor, ¡ay de mí!,

de la color demudada:

(toda soy un hielo).

Ricardo.

Inés,

quien más que tú mi honor guarda,

voces he escuchado a un hombre,

y le he de buscar.

Inés.

Repara...

Ricardo.

La vida te quitaré

si lo impides.

Con la espada desnuda va donde está don Antonio.

Mendrugo.

Irá mala

para quien acá nos trujo,

pero ya que de la entrada

la puerta le cogido tengo,

a ver si pega una traza.

Ricardo.

Quiero empezar por aquí.

Sale Mendrugo.

Mendrugo.

Pues por acá va la danza.

Vamos, señor, que ya está

la calle desocupada,

y sin justicia.

Ricardo.

¿Qué es esto?

¿Cómo os entráis a esta sala

daquesta suerte?

Mendrugo.

Señor,

buscando a mi amo entraba,

y huyendo de la justicia

sobre ciertas cuchilladas

Pang. 12

Mendrugo.

se llegó a favorecer

del sagrado de esta casa,

y en vez de encontrarle a él

os hallo a vos en la cuadra.

Perdonad, si os he ofendido,

y a Dios; pues a quien buscaba

no encuentro. Voy a saber

si son cosas de importancia

las heridas.

Inés.

Señor, esta

ha sido toda la causa

que me ha obligado piadosa

a ocultar en esta estancia

este caballero.

(Saca a don Antonio.)

Antón Martín.

Yo,

señora, a acción tan hidalga

pagaré con ofrecer

el ser, y la vida a esas plantas;

quién creyera que Mendozugo

de este empeño me sacara.

(A doña Inés, perdonándose aparte.)

Ricardo.

Y haberlo agradezco, Inés.

Inés.

Jesús, ¡qué mal pensaba!

(Aparte.)

Inés.

Creerlo, señor.

(A Ricardo.)

Ricardo.

Calla, hija.

Inés.

¿Qué tienes?

Ricardo.

¿Más que mis galas

me cuesta su rescate hoy?

(Aparte.)

Inés.

Cosas que no las viera.

Ricardo.

Ya se acabó, no lo entiendan.

Antón Martín.

Dadme licencia.

Ricardo.

Pues vaya

acompañando, es forzoso,

por dejar asegurada

vuestra persona.

Antón Martín.

Calla,

en vano ahora se cansa,

porque no he de permitirlo.

Ricardo.

Yo estoy ahora en mi casa.

Antón Martín.

Si eso es, porque os obedezca

ya me rindo.

(Con muchos cumplimientos de cortesía.)

(Vanse los dos.)

Mendoza.

Camaradas,

esto es saber a una costa

meter con tiempo, mohatras.

(Vase.)

Inés.

Vamos a almorzar adentro.

Laura.

Sí, que de buena se escapa.

Inés.

Sin sentido voy.

Laura.

Señora,

quién dijera que, en bonanza,

que un bufón pusiera tal

mal, el alcahuete, y barbas.

(Vanse y suena ruido de tormenta, dánse dentro las primeras voces y salen luego San Juan y marineros.)

Primero.

Antes que en aquellas peñas,

dé el navío, y perezcamos

en el esquife, salgamos

a aquesta isleta pequeña.

Piloto.

Larga el áncora, y aferra

tras el esquife la lancha,

y quien pueda, salte.

Todos.

¡A tierra!

Otros.

¡Jesús! San Telmo nos valga.

Otros.

Señores, que peligramos.

Primero.

Ya no hay que esperar bonanzas,

los que pudieren sean salvos.

(Salen todos besando la tierra.)

San Juan.

Pues si el remedio buscáis,

aunque la tierra pisamos,

para hacer oración,

oíd el más necesario.

Ya sabéis, pues que todos

la fe de Cristo abrazamos,

que un profeta inobediente

a preceptos soberanos

fue causa de que la nave

de Nínive al mar surcando,

peligrase en el golfo.

Todos cuantos en la nao

aquel siervo inobediente

estaban acompañados;

y que apenas a las ondas

el profeta fue arrojado,

cuando

Pang. 13

San Juan.

cuando mas propicio el cielo

la tempestad sosegando

dio feliz viento a las velas

y el castigo ejecutado

en Jonas tranquilamente

dio a mar transparente paso

esto pues, esto sin duda

es lo que oy estáis mirando,

pues en mi teneis la causa

infeliz de este naufragio

tanto mas urgente ahora

cuando al cielo soy ingrato

pues sus preceptos desprecio,

y sus ordenes no abrazo;

y para que os persuadáis

a ejecutar mas osados

el castigo, suspended

ahora el oido un rato.

En los montes de Oropesa

de cuyos amenos prados;

humilde pastor me hicieron

en mis juveniles años

las travesuras, naci,

siendo cuna de mis hados

Monte mayor que este nombre

tiene el lugar, que le ha dado

origen a mis fortunas,

y principio a mis naufragios.

De mis padres bien nacidos

aun tiempo me desterraron

ambiciones de la guerra,

y el servir al Quinto Carlos.

pues mi espíritu oprimido

se miraba violentado

oyendo tal vez a muchos

que no es menor el trabajo,

que el azadón rinde el brío

que mayor gloria al tirano

que el que al valor le da lustre

en empleos mas bizarros,

y del mosquete al maneio,

ya de la pica al contacto

aviniéndolo mi discurso

a tan evidente cargo

a los bruñidos arneses

quise trocar los cayados,

y por horrores de Marte

el dar a Ceres los brazos.

Para este efecto pedi

a mi padre, que ya anciano

estaba, su bendicion

que este respeto, aunque ingrato

siempre le tuve, obediente

desde mis primeros años,

que el hijo, que esto no hiciere,

y el padre que descuidado

por contemplarle, su gusto

tolera disimulando

se aunan el padre, y el hijo

uno libre, otro templado

que en el precipicio de uno

se labre el castigo de ambos.

Diome Andres ciudad licencia,

(que ansi ha sido apellidado

mi padre) y del caudalillo

que le tributaba en campos

redil corto en blanda lana,

y el duro afan del arado,

me vistio con la decencia

que vasta a un pobre soldado.

Recomendome por cartas

al ilustre D. Fernando

Albares, Conde que era

de Oropesa, al muy bizarro

Toledo Español valiente

a aquel capitán gallardo

Duque de Alba, en quien pusieron

Pang. 14

San Juan.

para horror de los contrarios

Palas el bruñido escudo,

y Marte el acero airado.

Al tiempo llegué que estaban

de España las levas dando

para que Flandes viera

engrosar el fuerte campo.

Un tercio, mandome el Duque

me alistase por soldado

en la compañía ilustre

que en él servía un paisano

(Don Juan Ferruz) de quien guarda

bastante noticia el mármol.

A pocos días faltó,

a todos los de mi rancho

la comida, que en la guerra

es muy antiguo contagio,

y entre los que al enemigo

quitaron algún ganado

se altercó, y me tocó en suerte

el ser de él partidario

gozoso de mi fortuna

a mayor gloria aspirando,

para la empresa animoso

monté en un soberbio caballo

que hijo adoptivo de Bóreas

apenas voló exhalado

cuando sacudiendo el freno

y las coscojas cascando,

mal sufrido al acicate,

e inobediente al contacto,

se despeñó tan furioso

se desbocó tan airado,

que con razón dudé entonces,

si para asombro del campo,

se pronosticaría cometa,

o, si exhalaba rayo.

las cinchas en fin rompiendo,

y en desmontarme empeñado

me arrojó tan sin piedad

a los incultos peñascos

que solo tuve de vida

lo que sobró de milagro.

Volví en mí, y apenas pude

verme libre de este acaso

sin ninguno de los seis

de quien salí acompañado,

cuando en peligro mayor

e impensadamente me hallo

pues sitiados de enemigos

y por muerto me dejaron

e invoqué a la protectora

de todo el género humano

a quien supliqué piadosa

que sirviera de sagrado

pasase a Flandes, adonde

mi mujer me estaba aguardando

perdonad la digresión

que a no ser de aqueste caso

acto positivo a fin

de hacer a mi culpa encargo,

no incurriera en repetir

lo que os venía informando

partió con esto, y partí

a ejecutar sus mandatos

mas con mi dictamen necio

el camino extraviando

fui a Guadalupe, adonde

a aquel imán de milagros

di las gracias de los muchos

con que a este mísero esclavo

por reducirle a la suya

procuraba atar las manos.

pedila que me volviese

propicia a mirar, y cuando

Pang. 15

San Juan.

mas castigos merecia

corriendose el velo sacro

que ante mural de su Ymagen

era adorno de su Erario.

el corazón me inflamo

siendo sus acentos rayos

pues segunda vez me intima el

vuelva a Granada, y yo ingrato

en vez de rendirme humilde

al precepto Soberano

con título de piedad

parti a Ceuta acompañado

a un caballero a quien quise

aliviar en sus trabajos,

que tentacion tan común

digna de excesivos daños

apagar el fuego ageno

cuando uno se esta abrasando.

en esto en efecto estuve,

y otra vez Iluminado

de un herror, que hizo un amigo

la fee divina dudando

(que tal vez yerros agenos

labran propios desengaños)

me determiné a partirme

siguiendo el rumbo estrellado,

que por inconstantes sendas

de arena huellan los vasos.

a Granada con vosotros

lleno de temor me embarco

a Granada en donde siempre

el cielo me esta inspirando.

este, amigos de mi vida

es un bosquejo, es un rasgo,

en que tantos beneficios

podéis mirar que los pago

con ofensas, con injurias,

con retiros, con agravios,

por esto, pues, fuera sin duda

contra vosotros ayrado

se muestra el cielo, por ver,

que del mas indigno esclavo,

del corazón mas rebelde

y del mas infiel vasallo

os acompañaís, y así

queriendo todos libraros

dejadme en aquesta Isla,

o, arrojadme en ese espacio,

donde acabando conmigo

y el rigor ejecutando

del cielo hallareis al punto

todo el golpho sosegado

toda la playa propicia,

todos los escollos claros,

todas las sirtes visibles,

todos los vientos templados,

y en mi un mal ejemplo muerto,

y todos vosotros salvos.

Marinero 1.

confuso, y dudoso a un tiempo

su relacion me ha dejado

¿Que decís, amigos?

Marinero 2.

Que

a su vida en todo caso

es primero.

Todos.

Este hombre muera.

(Acercanse dos a el)

Marinero 1.

Amigo, Dios te haga salvo.

San Juan.

Virgen Santa, socorred,

la afliccion de vuestro Esclavo.

Marinero 1.

Dios te ampare, mas ¿que es esto?

de una nube en el sagrado

se ve una estrella que opuesta

a la furia de mi brazo

me detiene, y en su obsequio

(Hacen que le arrojan y quédanse suspensos al oir una Música)

Pang. 16

Repítense resonando.

Apareceráse una nube muy vistosa, y en lo inferior dos ángeles con sus hachas, y dentro de la nube el cerco, y bajará una estrella de plata sobre campo a zul , y cuando haya de hablar Nuestra Señora, que estará dentro, se a brirá y se convertirá en sol.

Música.

A la mar, a la mar, soldados,

todos a embarcarnos,

que en nuestro amparo

la estrella de la mañana

es puerto a nuestro naufragio.

1.

Suspended, suspended, osados,

el rigor tirano

que el cielo irato

en piedad sus ceños

por nuestro alivio ha trocado.

2.

Atended, atended, que claro

el mar sosegado

su inmenso espacio,

que de María escucha,

la voz que a Dios le aplacó.

Ábrese la nube, ya estando medio la gloria, y dice la Virgen:

Nuestra Señora.

No temas, Juan, que tus ruegos

a mis oídos llegaron;

parte a Granada, pues sabes

que esto solo es de mi agrado.

San Juan.

Aún lo haré, aunque sin tiento,

cuando en la obediencia tardo.

Unos.

Ya el cielo nos favorece.

Otros.

Ya la tormenta ha cesado.

Teodoro.

Pues con sus acordes voces

volviendo al golfo, digamos:

Todos y Música.

A la mar, a la mar, soldados,

todos a embarcarnos,

que en nuestro amparo,

ya la estrella de María

es puerto a nuestro naufragio.

Fin de la jornada 1ª representando todos abajo, y cantando los ángeles y la música que hace a la Virgen, 2 ángeles dirán U[nos] y San Juan y los demás dirán Otro.

Jornada segunda

Pang. 17

~ Iornada 2ª ~

El Pobre mas Poderoso. S. Juan de Dios.

~ Salen Anton Martín, y Mendrugo. ~

Antón Martín.

Que dice el vulgo prolijo?

Mendrugo.

Sus crueldades encarece

y el verdugo, que parece

que sus rigores conoce

le despachara a las doce

si tú te estás en tus trece.

Antón Martín.

Salio del convento (en vano)

huyendo de la Justicia,

y dio en ella la Malicia

de mi enemigo tirano;

y pues no logra mi mano

el vengarse de otra suerte,

(aunque a mi sangre le advierte

ser medio indigno el honor)

como el muera mi rencor

solo se sacia en su muerte.

(Suena dentro una campanilla y dice dentro S. Iuª.)

San Juan.

Cristianos, dadme limosna

haced bien, para vosotros.

Antón Martín.

Que peticion tan estraña!

mira quien es.

Mendrugo.

Pues tu solo

eres aquí el peregrino,

cuando aqueste lugar todo

a un hombre venera, que es

el Pobre mas poderoso.

Antón Martín.

Poderoso, y Pobre?

Mendrugo.

Si.

Antón Martín.

De que suerte?

Mendrugo.

De este modo:

Mas de trecientas personas

sustenta, cuyo socorro

Pang. 18

Mendrugo.

limosna pide, y nunca

le ha faltado, y en su abono

los más duros corazones

él hace en blandos. Mozos,

no se presenta ninguna

necesidad a su lado

aunque sea de un poeta,

que no lleve su socorro.

Es locura lo que cura,

cura tísicos, leprosos,

calenturas, tabardillo,

sarampión, mal rabioso.

(Aun curara suegras,

que es un mal de mil demonios)

Y cura (este es gran milagro)

a muchísimos pintores.

Ha hecho un muy grande hospital,

y al fin él consigue todo

cuanto quiere, y mira, que es

(aunque es tan dificultoso)

presumo que él aventaja

el perdón, para...

Antón Martín.

¡Qué oigo!

Mendrugo.

Don Pedro Blasco...

Antón Martín.

Calla,

por vida...

Mendrugo.

El diablo sea sordo.

Antón Martín.

¿Sabes que soy un diamante,

una roca y un escollo?

Pues ¿cómo se persuade

que a mi soberbio enojo

pudiera un mendigo humilde

mover cuando (aunque del Solio

de ese zafir estrellado

bajara...

Mendrugo.

San Marrojo,

no des en blasfemo, que este

es más delito que en otro.

Antón Martín.

¿Qué hombre es este?

Mendrugo.

Juan Ciudad,

de Granada nuevo Apóstol,

que el juicio perdió por Dios

fingiéndose hacia nosotros

dementado, por sufrir

una inmensidad de oprobios.

Grita de muchachos, y

pepinazos, y cohombros.

Tanto que al Real hospital

le llevaron, y por loco

le raparon, y en la jaula

con recípe rebencoso

le dieron muchos azotes

(como los curan a todos)

hasta que experimentando

que era su mal misterioso

a sus pies los platicantes

perdón pidieron absortos.

Y el que por su virtud

del socorro generoso

del Señor Don Sebastián

Ramírez (que obtiene el trono

de Presidente en Granada)

mereció con sumo elogio

vestir el hábito que

es pública religión.

Es quien por célebres plumas

ya ocupa climas remotos,

sin que por esto a la mía

le pueda servir de estorbo,

el informarte quién sea;

pues aunque muchos encomios

digan de él, y otros diga,

siendo en sustancia unos propios,

y no es novedad decirlos

podrá ser o sea un modo.

El Amante es de los pobres

en quien tienen su tesoro

santo, que si su figura

tomara el infernal Monstruo,

y de un Ángel lo perfecto

en

Pang. 19

Mendrugo.

en resplandores gloriosos

creía que a un tiempo, depusiera

con animo fervoroso

al Angel, por socorrer

en transe pone al Demonio.

Mas el llegar por la vista

no me engaña, o el su propio

Enemigo con el Padre

se va acercando a nosotros.

Antón Martín.

Es verdad Don Juan de Blanco

llegue, y será forzoso

por no encontrarme con el

retirarme.

Mendrugo.

Pues yo, y Todo,

que al acecho soy contigo

su altiveza reconozco.

(Vanse, y salen S. Juan en habito de su religión, y D. Jua de Blanco barba que el le acompañe)

D. Ju.

Varón Justo, Varón Santo,

Cenit, y Norte con que oy

halla el alivio este día

ya que en las canas, el llanto

de un hijo afligido veo

que infeliz Padre, entendi

el fin, sin duda veré

siendo a un Sujeto trofeo

de D. Antonio el aleve

todos los Jueces unidos

(para apurar mis sentidos

que habían de morir con el)

dieron Sentencia cruel.

A los años mas floridos

enterrado (que dolor!)

en la capilla ensaya

de amortajado la Saya

a ser blanco de rigor.

Toda Granada a el autor

con su llanto importuna

pero quiere mi fortuna

que en tanta persuasión

su obstinado corazón

no se obligue de ninguna

solo en vos, a que el Cielo

tanta gracia ha repartido

mi corazón afligido

busca el último consuelo

busca el último consuelo

de D. Antonio al duelo

se oponga vuestro favor

porque llenas de fervor

son de motivo las razones,

flechas de los corazones,

y temple de su rigor.

San Juan.

No prosiga, hermano mío,

que yo del caso, informado

vengo ya, y determinado,

en tu busca, y en Dios fio

que han de triunfar de ese brío

en este (que humilde abrazo)

que no es en Dios embarazo

para aumento de su gloria

guardar la mayor victoria

para el mas inútil brazo.

(Mirando adentro)

D. Ju.

Allí, Padre, de mi hijo

se ve el enemigo.

San Juan.

Todos

aquí os quedad, que conviene

llegar a hablarle yo solo.

Todos.

Padre, mirad, que se ausenta.

(Retíranse)

D. Ju.

Doleos de estos sollozos.

San Juan.

Señor D. Antonio, oid.

Sale Ant. y Men.

Antón Martín.

Yo soy a quien me nombra.

y ahora vuelvo a ver quien llama.

San Juan.

Yo.

Antón Martín.

Que queréis?

Mendrugo.

Cata el coco,

este es el santo, señor.

Antón Martín.

Novedad del vulgo monstruo:

que hay, hermano, que quiere?

San Juan.

Que me atienda.

Antón Martín.

Ya lo oigo.

San Juan.

Pues de me, hermano, limosna,

haga bien para si propio.

Antón Martín.

Que es lo que pide?

San Juan.

limosna,

para los menesterosos,

que de mi diligencia libran

Pang. 20

San Juan.

su cotidiano socorro.

Antón Martín.

Pues tome, y vaya con Dios.

San Juan.

Aunque esta limosna tomo

para mis pobres, no es esto

lo que vengo a pedir solo;

otra cosa habéis de darme.

Antón Martín.

A darle muerte el enojo

me provoca habiendo visto,

allí acompañado de otros,

al Padre de mi Enemigo.

Justamente os llaman loco.

Que mas queréis?

(Quiere volverse y le detiene)

San Juan.

Quiero, hermano,

que se acuerde, de que todos

hemos de ser Juzgados

como Juzguemos a otros,

y que a Don Pedro de Blasco,

cuyo Enemigo forzoso

ha sido hasta aquí, deponga

Enemistades y odios

ha de perdonar, que aqueste

es acto, que por Heroyco

de la cruz en la Eminencia

le predicó Cristo propio.

esta es la mejor limosna,

porque viene a importar poco,

hermano, dar el dinero

por Dios al menesteroso,

si estando en desgracia suya

se pierde el mérito todo,

pues el mismo le aconseja,

que si al Altar fervoroso

el sacrificio llevaré,

y se acordare del odio,

que con su prójimo tiene,

se olvide de lo devoto,

y a reconciliarse al punto

vuelva con el, que es impropio

buscar gracia con la offrenda,

haciendo el pecado estorbo.

Antón Martín.

Oiga, hermano, viene en si?

si soy Don Martín Antonio

Ygnora? cuya altivez

compite al mas poderoso?

pues como, como, se atreve

conociendo mis arrojos

siendo un Pobre, siendo un necio

a contrastar mi escollo?

Vaya de ay, no me obligue

a que le pierda el decoro,

y no han de pasarse dos días,

sin que su cuello alevoso

en un vil madero apreso

ejemplo, sea notorio.

que a mi, que a mi sangre

quien dio la muerte, alevoso

a mi hermano, había de hallar

piedad en mi pecho? Voto

San Juan.

No Jure.

Antón Martín.

sino mirara,

el abito religioso,

cuyo cristiano respeto

me detiene, fuera poco

arrancarle el instrumento,

de que mis pesares oygo.

San Juan.

Pues no la dejéis por eso

vuestra venganza os provoco

que no siendo vos cristiano

está ese respeto ocioso.

Antón Martín.

Como soy Cristiano?

San Juan.

No,

que de Cristo en el consorcio

quien no sabe el Padre nuestro,

ni es Cristiano, ni es devoto.

Antón Martín.

Yo el Padre nuestro, que puedo

enseñar al mundo todo

la fee.

San Juan.

Vos os engañais,

y para dar testimonio

de aquesta verdad, decidle

y veréis al punto, como

no le sabeis.

Antón Martín.

Aqueste hombre

sin duda tiene en su abono

algún Angel, que me impide

Pang. 21

Antón Martín.

su castigo, y el socorro

para quedar bien conmigo

aquí en presencia de todos

darte a entender, que la fee

del Padre nro, no ignoro.

Hombre, que para tentarme

te representas Demonio

oye, y después te quejas

del castigo en mis enojos;

para que supiese el hombre

cuando cargado de ahogos

se hallare, que solo en Dios

aura de hallar socorro,

y en sus penas le invocase

como a Motor poderoso

de quien depende el gobierno

de cielo, y tierra. el exordio

desta oracion empezo

llamando Padre de todos

al suyo Cristo, y su gloria

cifro en decir nro, que el solo

como eterno Rey del cielo

sentado estaba en su trono

luego nos embio enseñando

que el que quisiere devoto

confesarle tal, había

a las desdichas sordo

de santificar su nombre,

y pedirle para todos

parte en su Reyno, y porque

obliguemos obsequiosos

depuesto el libre albedrío

y nos ofrezcamos promptos,

su voluntad a la nra

antepuesta, poderoso,

manda que se cumpla en el cielo

por espíritus gloriosos,

y que sea obedecida

en la tierra por nosotros.

también el amor de Padre

manifesto cuando a todos

el pan para cada día

mando pedir cuidadoso,

que como nos ama tanto,

gusta que menesterosos

nos halle siempre la Aurora,

para que de aqueste modo

si la devoción nos falta

nos presente ante sus Ojos

la necesidad que quiera

de cotidiano socorro.

el conocer los delitos

quita a Dios todo el enojo,

pues el arrepentimiento

al ayrado vuelve piadoso.

aun el perdon nos ofrece,

con tal que deudas y odios

así quien nos hizo el agravio

perdonemos, que es forzoso

pagallo.

San Juan.

Lo dicho, Barbas,

no prosiga el labio suyo,

pues yo de su acento arguyo

la razón que le contrasta.

Mire, hermano, que dice

que quien a otro no perdona

el se quita la corona

pues el así se maldice,

y aun dice, en la oracion

no prosiga, temerario

a esplicar de Dios las leyes

contra quien esta pecando.

Esta satisfecho? Satifecho,

como no es en fin cristiano,

pues no vees quien contradice

lo mismo que a profesado

y esas mismas palabras

que ahora pronuncio su labio

le aconsejan, que perdone

al que quiere ser perdonado

como a mi me persuade

porque yo a ofrecerle salgo

vida eterna, si perdona

ofensas de un Don Mateo.

Pang. 22

Antón Martín.

Aqueste no es hombre, cielos,

Ángel es que a echar el fallo

al proceso de mis culpas,

a mí propio me ha obligado.

San Juan.

Considere allá en su idea,

si le ha ofendido Velasco

como él ha ofendido a un Dios

infinitamente sabio,

mida la inmensa distancia

de su nada a un soberano

criador de cielo, y tierra.

Mire por quien ha bajado

de su celestial alcázar

a ofrecerse en holocausto

en el ara de la cruz

sino por nuestros pecados.

¿Merecen estas finezas

correspondencias de ingratos?

¿Qué dice?

Antón Martín.

Padre, apóstol,

que otro atributo no hallo

más digno al afecto que

en mi pecho está obrando,

no me ahogues, no me aflijas

que ya me rindo, y allano;

no solo al perdón que pides,

sino a vestirme ese saco,

y acabar en tu consorcio

esta vida que consagro

a Dios, en descuento breve

de mis inmensos pecados.

Vayan al punto a la cárcel,

o por mejor decir vamos,

no a ofender a mi enemigo,

sino a ofrecerle mis brazos,

mi amistad, mi compañía,

cuanto he sido, y cuanto valgo.

D. Juan.

Mil coronas desde luego.

Todos.

Todos a sus pies llegamos.

Antón Martín.

¿Qué hacéis, amigos? Alzad.

San Juan.

Hablar no me deja el llanto.

Antón Martín.

Y seré su compañero.

San Juan.

Más gloria con esto gano.

(Vanse)

Man.

Maduróse aquesta breva,

y dio de golpe el porrazo

adiós, causa, salte de eso,

pues que de hoy más si mi amo

es religioso, amo, y todo

merced de hábito me han dado.

(Vase y salen D. Gutierre y D. Fco, Alcaparrón, y D. Inés de luto)

Inés.

Señor D. Gutierre,

vos sabéis para qué os llamo.

Gutierre.

Discurren mis esperanzas,

Señora, que ya cansado

este rigor estará,

de mi fineza.

Inés.

Es en vano

aquese idioma conmigo

y aunque ya he desengañado

esas mentales ideas,

de que conquistáis un mármol

os he dicho siempre, ahora

ya que sois tan porfiado

que no hay parte a que yo vaya

donde luego al embarazo

de veros no esté presente

dando oídos a mi labio,

que por necio, y grosero,

y por atrevido, y osado

tiene muy bien merecido

que las damas hablen claro

vos bien podéis ser galán

discreto, y valiente, y cuanto

es colmo de perfecciones

en los hombres de más garbo

mas no hay razón para mí

que es política de estado

del honor y del amor

a méritos más colmados

tratar con mayor desprecio,

y este principio sentado

como me inclino a extranjeros

y estas bodas que hace el trato

Pang. 23

Inés.

nunca las tuve por buenas,

mi Padre que esta en descanso

porque vistosos adornos

en fúnebres se han trocado,

aunque trato de inclinarme

jamás se empeñó en mandarme,

que era discreto mi Padre

y de lo capaz usando,

quiso premiar mi obediencia

con no aventurar mi Estado

mirad como ahora yo,

que en mi livertad me hallo

os podre dar esperanzas,

pues las teniais cuando

el vivía, y a su muerte

con su ausencia os las ha quitado,

ya muy bien podéis volveros,

sin que el tiempo andeis gastando

y estimad mi consejo,

que aunque no trato obligaros

con la verdad os digo

que favor os hace en algo.

Sub.

Pues ahora, ingrata, fiera,

después de haber cuatro años

de mentido cocodrillo

a sus fingidos halagos

voz de Sirena engañosa

en lo dulce de su canto,

en tan vanas esperanzas,

este tiempo se ha pasado

así me respondes?

Inés.

Si,

porque hasta faltar Ricardo

mi Padre pude callar,

que vos también no ignorarlo,

pues en contra su dictamen

sin haberse declarado

conmigo seria herrar

mas que aguarde embarazo

para poder advertiros,

Dios ha querido quitarlo

de los pleitos de mi Juicio

soy el mejor abogado,

y así os digo no ha lugar

y es la verdad, que excusado,

se tiene en todo mi pecho,

A, Marco Antonio ingrato.

Sub.

Pues mis ansias no os obligan.

Alc.

No quiere galán ansiado

Sub.

Mi afecto.

(Vase)

Inés.

No se de afectos

y nos estamos cansando

no os quiero, porque no os quiero

no os amo, porque no os amo.

Alc.

Señor, que le estoy diciendo.

buenos hemos quedado.

Sub.

Alcaparrón, harto frío

pues al mesmo tiempo al paso

que sus desdenes me hielan

entre ardores me abraso.

Alc.

Que te abrasas, y te hielas?

Sub.

Si, Alcaparrón?

Alc.

Pues di a eso

escriben los naturales

que se halla, en los mismos grados

que es caliente en el Invierno,

y que es frío en el Verano.

Sub.

venga la violencia al ruego.

Alc.

Hombre, te has Entarquinado.

Sub.

Todo lo puede la Industria.

Alc.

Sobre hacer este salto,

porque Laura se retire

mas ella viene, este cabo

es bueno, Señor, que cojas,

porque siempre en estos casos,

para que luzca el amor

es bueno coser los cabos.

(Sale Laura)

Sub.

Bien me dices: Laura mía!

Laura.

Señor, si yo os sirvo en algo

estoy a vuestra obediencia.

Alc.

Para usted esta el mando.?

Laura.

Me murmura este asno?

Pang. 24

Ale.

Yo murmurar? Cristo Santo,

pues me tiene por hereje?

Jus.

Por Dios la vida restauro

pues que a Laura faltó

aquel preciso embarazo

que era muro del decoro

de Doña Inés, que enojado

el Galanteo en la calle,

yo de su favor me valgo

y por el del Jardín

callare.

Lau.

(San Verbum caro)

ha mucho que se perdió?

hablando los dos ella con el y endose y volviendo la mano atras

Jus.

Pues la carta del hallazgo

suplirá aqueste bolsio.

Ale.

No le tomara, mal año.

la muchacha es concienzuda

tiene un alma de cantaros.

Lau.

No, señor, Jesús mill veces.

Jus.

Yo Laura, estaré en cuidado

de servirte.

Lau.

No me hableis;

mas si yo la llave hallo,

y por ella hago hacer otra

la original reservando

lo mas que yo haré por ti

será entregarte un traslado

otra cosa no señor.

Jus.

Yo te lo estimo.

Ale.

Es un pasmo,

la laurilla de la maldad

q.ta Infamia? guarda Pablo,

aura para mi otra copla?

Lau.

Vaya el pícaro lacayo

para quien es.

Jus.

La fortuna,

prospera te espero en algo.

(Vanse los dos)

Lau.

Mi ama a esta parte viene

Saco el papel que es recado

de D. Antonio Martín

para ella, que así trazo

Sirviendo a aqueste, y a esotro

y contra el común adagio

de no hacer falta a ninguno

aunque yo sirva a dos amos.

Sale Doña Ine.

Inés.

Viste a D. Martín?

Lau.

Si.

Inés.

Te dio papel?

Lau.

Me le ha dado.

Inés.

Tres días sin verme?

Lau.

Y fuego

te dejará trescientos años.

Inés.

Que dices, Laura?

Lau.

Señora,

con Juan ciudad aquel santo

le he visto en su propia casa

con cara de Mogigato

semblante humilde, apacible

sumisa voz, y otros pasos,

y aun dicen que aquesta tarde

se viste su propio saco.

Inés.

Todo me falta si el falta.

Lau.

Yo quedo en desamparo.

Inés.

Muestra el papel, y leere

rompo la cera temblando.

(Dale el papel)

Lee.

Inés.

Quien me trocó el corazón,

para darme el mayor bien?

no dudo que será quien

este os pondra en razón.

Sabed Doña Inés que a vos

por ningún amor os dejo

ni de vuestra fee me quejo

que solo os dejo por Dios,

Y si hallays, el consuelo

de el mismo que me le ha dado

el ayudara en Vuestro estado

de aseguraros el Cielo;

Y por que tanto desvio

temple vuestra Soledad,

por mi os dará Juan ciudad

todo el Patrimonio mío;

Mal con alentar me atrebo

aunque poco le lisonjeo,

que...

Pang. 25

(rompe el papel)

(arrójale)

(sosiégase)

(vase)

Inés.

que tarde he vido el engaño

con que me pagas, ignorado.

como no cegaste mis dos

tiranos, infiel, fementido

de mil afectos admitidos

sin premiar en mis enojos.

tú con tal facilidad

olvidarme, satisfecho

de que pudiste en mi pecho

triunfar de la libertad.

sin que temas enemigo

el ardor de la fe mía,

dándole a tu hipocresía

el más severo castigo.

y tú, cicuta o veneno,

instrumento vil o infiel

paga aunque eres un papel

la sinrazón de tu dueño.

tus átomos infelices

al viento vayan, si adviertes

que arrojo en ti tantas muertes

cuantas palabras me dices.

mas ¡ay de mí! que si quiere

el cielo afligirme así

su voluntad sea en mí,

pues que ya la mía muere,

viva en paz, y persevere,

constante y firme en su hecho,

que yo en mi propio despecho

escarmentada y constante

daré a más divino amante,

más firme entrada en mi pecho.

Laura.

Señores, quedo aturdida

esto no es cosa soñada,

ve aquí, que sin ser casada

está mi ama arrepentida.

yo quiero mudar de amo

pues así al cielo le plugo

porque el influjo verdugo

de mi estrella me dispone,

que para que no me entone

también me falte un mendrugo.

Salen Violante y Astrea de soldados, y se descubrirá una puerta, y en el nicho de arriba una Granada, y sobre ella una Estrella, y una cruz, y son las armas de S. Juan y la Granada se abrirá a su tiempo, y volverá a cerrar.

Astrea.

Si ha cuatro años que estás

en Granada, y otros tantos

que de D. Gutierre los pasos,

andas siguiendo, y

¿de qué sirve el ocultarte

en el traje de soldado?

¿no es mejor que te declares,

y le sirvas de embarazo?

Violante.

Eres necia, si han pasado

sin que logre su deseo

y él creyendo que no alcanzo

su intención, con esperanzas

me entretiene, imaginando

que estoy en Bruselas, donde

me escribe habiendo logrado

aquí sus cartas por una

amiga, a quien este cargo

fié, porque has de querer

me manifieste, intentando

malogre la industria, que

para cobrar mi honor hago,

pues si a tanta obligación

él corresponde ingrato

estando así oculta, puedo

fácilmente embarazarlo,

que si el desprecio de Inés,

le reduce a un desengaño

tengo esperanza que vuelva

a mi fineza obligado.

Astrea.

Primero le diera muerte,

que recibirle en mis brazos

pues a quien por otra me deja

¿acariciarle? mal año

para él, y para todos.

Pang. 26

Rosaura.

Sí, Astrea, que en el caso

de tener prenda el que prueba

por no dar en mayor daño

es preciso suavizarle

hasta tenerla pagada

volviendo a cobrar la prenda

que le entregó por resguardo

así me sucede, que él

siendo de mi honor tirano

hasta cobrarle no quiero

por ningún modo enojarlo

que solos celos destemplan

en dos ocasiones.

Astrea.

¿Cuándo?

Rosaura.

Cuando sin prenda se ama,

y cuando ya asegurados

los temores tiene amor

en una coyunda a entrambos.

Astrea.

Dices bien, y ahora ¿qué intentas?

Rosaura.

Que de un varón justo y santo

informada estoy, y a él

quiero ir a, sin embarazo,

descubrirle quién soy.

Astrea.

Juzgo

que esto será lo acertado,

y también yo le diré

cómo ha sido gran bellaco

Alcaparrón.

Rosaura.

A esta parte

ya los pobres van llegando

y el señor de quien ya tienes

según nos ha informado

ves a la portería

el socorro cotidiano,

que por la ciudad recoge

y trae en el hombro cargado

con un hermano.

Astrea.

De humildad

a fe que es soberano acto.

Retíranse a un lado, y van saliendo pobres, cojo, un llagado, con dos envoltorios como niños, dos ciegos, y otro hombre, y un soldado; trae una cesta en la mano, Mendrugo con panes y rosario al cuello, y sale San Juan. Y sacan una olla atravesada en un palo que pondrán en el suelo para dar a los pobres.

Soldado.

Todo pobre se amancille,

y su plegaria depare,

porque cuando el Padre pare

el que menos clame chille,

que si no le han por enojado,

con Mendrugo que se ha entrado

al hospedero, acompañado

viene.

Cojo.

Den a este lado.

Ciego.

Den, así Dios, los de arriba

a estos dos ciegos el pan.

San Juan.

Hijos, ya se lo darán.

Mendrugo.

Éstos son cortos de tripa.

no se me anden por las ramas.

San Juan.

Dé a todos de la comida

que traída tengo prevenida

a los que están en las camas

que en el afán que importuno,

que por Dios padece el pobre

si no mucho que le sobre

no falta para ninguno.

Mendrugo.

Estos pobres que no hay yerba,

en que el sueño no aborrecen

y que a cuarto vaso no beben,

y se hallen en toda fiesta.

a estos que andan por la calle

no es fácil darles despacho,

ni limosna alguna.

San Juan.

Empacho

a ninguno ha de cortalle,

que así temple su malicia

socorra a todos contento

y al que le buscare hambriento

ya se le debe en justicia.

(Aparte)

Rosaura.

Centro es de la Caridad

con vos Padre; mas ¿qué miro?

(Al tiempo que se va a entrar, donde está delante Astrea)

San Juan.

Tengo que hablar.

El deciros

Señor,

Pang. 27

Mendrugo.

Señor, de la Igla. en edad.

Jesús, que cansado estoy,

quiero descansar aquí,

parados, mirad en mi

lo que va de ayer a oy,

los Jueves, y otras ferias

pedimos por varios modos;

y aunque ciegos, saben todos,

que estamos en las materias

muy bien, y los pobres ya

como speran corazón.

(Vanse los 3)

(Sientase

Sold.

oiga el Padre morilon

con la flema que se esta.

Mendrugo.

Ea pues, todos en ala

se pongan.

(ponese el primero

Sold.

Cojo mi manga.

Mendrugo.

Peor soldado, o mojiganga.

Tome, y vaya noramala.

(Dale

Los ciegos.

Señor.

Mendrugo.

los dos

van en una; nada he hechado:

bien la cazuela he llenado

Los 2. cie.

A mas ver.

Mendrugo.

Vayan con Dios.

(los ciegos el uno al otro)

Cie. 1o.

Daca. == 2o == Daca.

Mendrugo.

No estan malos.

Cie. 1o.

Que? se lo quiere comer?

Mendrugo.

Con los ciegos ay que ver.

Cie. 2o.

Dice burlas?

(Apaleanse y alborotanse, Todos se dan las orejas)

Mendrugo.

Bajos empallos.

ea benganse, y no aja

mas pendencia, y cada cual

tome su ración cabal.

(Dales de comer)

Cieg. 1o.

Soy contento.

Cieg. 2o.

Aqueso vaya.

Mendrugo.

Quien es el cojo arrimado?

Cojo.

Arrendador que fui soy.

Mendrugo.

Ayer rico, y pobre oy

vos andais de pie quebrado.

Tome, aunque no lo merece,

que al pedir el esperar la

porque aguardar es la maña

por donde mas se enriquece

y ahora a Dios gracias dando

Cada cual se vaya a casa.

Sold.

Hermano en mi ha sido escasa

mas pan estoy esperando.

Mendrugo.

Pues váyase el fanfarron

que no se lo quiero dar.

Sold.

Pues que le sabre yo tomar.

Mendrugo.

Este es pan de Munición,

Tomese esa pues le plugo,

llegar al pan.

(Abrazanse a las greñas, y Mendrugo alza un pan, y dale con el.)

Sold.

Ay mi oreja,

que me ha muerto.

Cojo.

Que se queja

pues no le ha dado un Mendrugo?

en el cielo, hermano vea

el premio.

Mendrugo.

No vuelva aca

pues ha sido que se yo

de cual de los pies cojeas.

Sold.

con Dios quede el perdulario

que le costare otro día!

Mendrugo.

oye cada Aue María,

te repararas el Rosario,

y acabadas las barajas

y que Juan, y Anton Martín

y otros vienen, todo en fin,

mis meridianas aladas.

vaya con Dios, y en el pie,

que yo afirmo de su parte

logre su Justo deseo.

(Vanse los pobres

Salen D. Juan, y roldan de embozo y hablaran a parte en los paños, y Anton Martín saldra luego a Hablar con el Santo)

Ro.

Ay Dios, pues.

D. Ju.

Pues que hace?

Ro.

Señora?

D. Ju.

De agradecida,

soltar la rienda.

ea, parte,

mis ordenes ejecute.

Pang. 28

Fra.

Sois en el consuelo un Angel,

en las palabras Apostol,

y en las aflicciones Padre.

(Vanse las dos

San Juan.

A mi hermano Anton Martín,

y así será bien le llamen.

(Sale Mendo habiendo reco[gido] los trastos hace la venia

Mendrugo.

Deo gracias, hermano Juan.

San Juan.

Hermano, vaya al instante

y por mi con todo Celo

llevando los platicantes

a los medicos asista,

y usando de sus piedades

a mis enfermos visiten,

y ejecute vigilante

los remedios, que a su cura

la piedad les aplicare.

Mendrugo.

Harelo como lo ordenas.

(Vase)

San Juan.

Que en el descuydo Juan,

A mi hermano Anton Martín,

y así será bien le llamen

vuelvo a decir, vivir puedes

quieto, y libre, pues los males

de doña Inés remediados

estan con los eficaces

medios que la providencia

dispone, para que fácil

el yugo se experimente,

que Dios ofrece suave,

siendo mi cuidado quien

con la provisión bastante

la asiste, con que a su lepra

la pena, que podrá darle,

se remedio.

Antón Martín.

Obligaciones

que debo a mi, y a mi sangre

solicitaban ansiosas

ampararla, mas ya sale

del pecho esa pena, viendo

la prudencia, con que sabes

obrar vuestra reverencia!

San Juan.

Pues por que favores tales

sin agradecer no queden,

al que cuidadoso Padre

por sus hijos mira, vaya

y ejercitando piedades

en cada pobre contemple

a Dios en que los disfraza

del tejido lastimoso

con que en cada lecho yace.

Antón Martín.

O, que feliz desengaño!

sus preceptos inviolables

estan en mi corazón.

San Juan.

Y en Sacrificio agradable

de haberle Dios dado luz

que en su noche le alumbrase

dele gracias, y yo ofrezco

aunque indigno presentarle

su voluntad.

Antón Martín.

Es muy tibia.

San Juan.

No importa que en sus altares

cuando el pecador se ofrece

y luego esta de su parte

pone en el Ara el incendio

de su piedad inefable

marmoles endurecidos

en blandos humos deshace.

Antón Martín.

Con tal doctrina ya instruido

aunque pretenda turbarme

lo horroroso de mi vida,

usando de sus piedades,

fio en Dios que contra mi,

toda la Justicia aplaque.

San Juan.

El lo haga. Yd a Dios.

Antón Martín.

Con su imitación es fácil.

(Vase. Sube en elevación y postrase S. Juan de rodillas y se abrira una Nuvada y estara en cima una portada que servirá de peana y se vera sobre ella una Cruz y unas

Niñ.

Juan?

San Juan.

Quien me llama?

Niñ.

Yo soy.

San Juan.

Aunque es voz que forma el aire

ignorar

Pang. 29

Descúbrese en una vidriera un niño Nazareno con corona de espinas

San Juan.

Ignorar que sea una,

Señor, en mi amor no cabe.

Yo soy dos veces diferente

y Vos ser inmutable,

como en todo tiempo existe,

con tal acento explicasteis;

luego preciso es que yo

no haga en las dudas examen

cuando hay Zarza que lo advierta

y Huerto que lo declare.

Dignaos mostraos, Señor,

no ocultéis vuestro semblante

y más cuando ahora de nuevo,

ofrezco a vuestros Altares,

el hábito en vuestra milicia

por soldado más honrable.

favorecedle su afecto,

para que este fervor Infante

persevere siempre en él.

Niño.

Para que tesoros halle

de piedad en mi cariño.

San Juan.

¡Oh, qué acento tan suave!

dad a mi humildad, Señor,

eficacia con que os gane

más hijos, por si pudiere,

hacer que todos os amen.

Niño.

¿Juan mío, me quieres mucho?

Va subiendo la elevación hacia donde está el Niño con fervor

San Juan.

Nadie como vos lo sabe,

mas atended a mi afecto

aunque sea en vida grave.

Tanto, mi Dios, os amo que quisiera

poder mi vida reducir a un punto

para amaros con todo el tiempo junto,

y aún mi amor en mi vida no cupiera:

Todas las Vidas si fundir pudiera,

y de todas sacar en mí un trasunto

tuviera estrecho a mi amoroso asumpto:

tan dilatada, tan capaz esfera

más bien, Señor, que admitiréis sospecho

esta ansia de mi pecho encarecida

que es lo más, que caber puede en mi pecho,

Pues aunque esté por vuestro amor perdida

mi vida no ignoráis, que es Vaso estrecho

para tan grande amor tan corta vida.

Niño.

Juan mío, tu corazón

califico de amante.

San Juan.

Lo veis, Señor, mirad.

Niño.

Sí, Juan, y quien enflamare

su pecho por mí con llamas

de la caridad le abrase,

merece llamarse mío,

y así oirás apellidarte

desde ahora Juan de Dios,

que es voluntad de mi Padre.

San Juan.

Ejecutaré por siempre,

que tierra, y cielos os alaben.

Niño.

Y porque por mí sufriste

tanta variedad de virtudes

merezcan de mí que lleves

por lo humilde coronarte.

Quítase la Corona y pónesela al Santo

San Juan.

¿A un esclavo tal favor?

Niño.

Y la congelada sangre

que simboliza mi pecho

grabándose en corales

esta granada, y la Cruz

en que redimí el linaje

de todo el Género humano,

y la estrella, que en los mares

fue su refugio, que es

claro emblema de mi Madre,

De tu religión, serán

las armas patrimoniales,

y desde hoy muchos hijos

han de venir a buscarte,

y ahora adviértete, que están

muy próximos a abrasarse

tus pobres, ve a socorrerlos

que aunque a mi poder es fácil

librarlos

Pang. 30

Niño.

A librarlos, quiero que vean

lo que tú conmigo vales,

siendo instrumento por donde,

en mí mi grandeza alaben.

Vuélvese en paz.

San Juan.

Señor, mas cielos

qué desconsuelo tan grande!

están a peligro mis pobres,

iré a socorrerlos.

Dentro voces.

Fuego.

San Juan.

Mas qué escucho? dolor grave!

Otro.

Que me abraso.

San Juan.

Aquestas voces

dan a mis pasos cobardes,

confusión, pues no sé dónde.

Dentro voces.

Fuego.

San Juan.

Mas convertido en volcanes

todo el hospicio se mira,

y de su interior quejarse

mis pobres.

Dentro voces.

Misericordia

no hay piedad que nos ampare?

San Juan.

Sí, que por salvar la vida

habría quien la suya abrase.

Sale Mendrugo muy deprisa por donde va a entrar el Santo

Mendrugo.

Huya, Juan de Dios.

San Juan.

Qué escucho?

Mendrugo.

Sí, el que pretende librarse.

San Juan.

Cómo huir, cuando mis pobres

se ven en aqueste trance?

Mendrugo.

Satán está desbocado

mire no se le allegue.

Dentro voces.

No hay quien nos socorra?

Vase

San Juan.

Sí, venga, Mendrugo, al instante

siga mis pasos.

Mendrugo.

Yo, hermano

que sople que me quemaré;

mas qué miro? él ya animoso

venciendo dificultades,

atropellando las llamas,

porque a los pobres no dañen

de dos en dos en sus brazos

los va mudando a otra parte,

oh pobre el más poderoso,

oh protector admirable!

Dentro voz.

Juan de Dios nos libra.

Dentro San Juan.

Hijos,

Dios, que de todos es Padre

es el que así os favorece.

Sale por otra puerta con dos pobres a los hombros

Mendrugo.

Ya a otros dos, en que la sangre

menos calor muestra, saca

porque los socorran antes

a la plazuela.

Vanse

San Juan.

Ea, amigos,

dar fuerza que aquí no falte

quien los asista.

Dos pobres.

De Dios

eres vasallo amable.

Entrase

San Juan.

Vengo, hermano por los otros.

Sale Antón, y más pobres

Mendrugo.

Dios le ayude, Dios le ampare;

mas ay cielos, que las llamas,

le han cubierto, Padre, Padre.

Antón Martín.

Fatal desgracia!, en su amparo

perezcamos.

Pobre.

Ya escaparse de

el incendio no es posible.

Antón Martín.

Mas, oh, portento admirable!

como Dios se vio en la Zarza

ardiendo sin abrasarse

del fuego triunfas, y no cera

Pang. 31

Antón Martín.

de socorrer vigilante

los pobres, y si la vista

no me engaña celestiales

Paraninfos le confortan,

llenando de gloria el aire,

con cuyo aspecto brioso,

y al compás de acentos graves,

sin que le ofendan las llamas

entre ellas va a todas partes.

Aparecerán dos Ángeles con sus antorchas, y se cruzarán de una parte a otra, y mientras cantan, verá en el segundo cuerpo entre llamas, pasar San Juan con diferentes pobres de una parte a otra y ropa como de camas, y arrojará abajo.

cantan

Los dos ángeles.

Huella el fuego, y mal no hace,

incendio que tiene las propiedades,

de conocer al suyo,

que más que él arde.

Ángel 1.

Huella el fuego, que al incendio,

de su caridad flamante

es leve pavesa el globo

de las llamas materiales.

Ángel 2.

Su celo es el que consume

sus formas piramidales

pues para ofuscar sus luces,

su pecho en fervores arde.

Pasando por el segundo cuerpo con pobres a cuestas a otro lado.

pasa

San Juan.

Alentad, hijos, que a Dios

le tenéis de vuestra parte.

Todos.

¡Raro prodigio!

Antón Martín.

Y mayor

es ver el fuego aplacarse,

y así no cese el decir,

con los coros celestiales.

Todos y la música.

Huella el fuego, y mal no hace,

incendio que tiene las propiedades,

de conocer al suyo,

que más, que él arde.

Fin de la 2.ª Jornada

Jornada tercera

Pang. 32

Sale San Juan de Dios, y Antón Martín con un pobre entre los brazos de los dos.

San Juan.

Aquí vive el mercader,

meta allá dentro este pobre,

y Dios por su mano cobre

lo que el rico conceder

no quiere al menesteroso.

(Entra con el pobre)

Antón Martín.

A ti, prudencia, el mandar

toca, y a mí ejecutar

tus órdenes.

San Juan.

Es forzoso,

Señor, de la Majestad

que sepa el que está sobrado

que vos se lo habéis dado,

para que use piedad,

y omita la avaricia;

pues cualquier rico sabría

que lo que a los pobres da

se lo debe de justicia.

(Voces dentro)

Mercader.

En vano el furor resisto;

quitad a este hombre la vida.

(Sale el Mercader con una daga y huye Antón Martín, y se interpone el Santo, y el Mercader se detiene)

San Juan.

No harán tal, que defendida

está la suya de Cristo,

pues si obedecerme a mí

es obedecerle a él,

Dios a su obediencia fiel

le defenderá de ti.

Mercader.

Ha de morir.

San Juan.

Tenga, hermano,

no se despeñe furioso

contra un pobre religioso,

a quien ofende inhumano.

Yo soy quien aquesta orden

ha mandado ejecutar.

Mercader.

¡Pues cómo aquese pesar

me dais vos con tal desorden!

Pang. 33

San Juan.

Como el celo de mi Dios,

y su ley es el primero,

que por no verle severo

a mí, os advierto a vos;

y para que os persuadáis

que es justo este obrar en mí,

a esta pregunta aquí

quiero que me respondáis:

¿No os pedí ayer que prestados,

para aliviar el tormento

de los pobres, que sustento,

me dieseis treinta ducados?

Mercader.

Es verdad.

San Juan.

¿Y no es

que me los negasteis?

Mercader.

Sí.

San Juan.

Pues esta razón aquí,

es justo, que ponderéis

que si recibidos habéis

tantos favores del cielo,

y con tirano desvelo,

negáis en el pobre a Dios

justicia es que el pobre en vos

venga a buscar su consuelo.

Porque si puede cualquiera

de donde su hacienda está

sacarla, justo será

que el pobre la vuestra quiera,

y si cuando alivio espera

de tanto que a vos os sobra

se lo negáis, no es zozobra

que con el pobre os pasa

porque el pobre en vuestra casa

lo que es suyo, y no más, cobra.

El tesoro que tenéis

Dios de su mano os le dio

y en vos le depositó

para que de él bien obréis

libranza en el pobre veis

de Dios, a quien el pagar

nunca le podréis negar

luego es preciso entender

que o no le habéis de tener

o a Dios se le habéis de dar.

Son vuestras obstinaciones,

que no lo tiene es malicia,

pues la Divina Justicia

sabe vuestros corazones;

cese pues tanta ambición,

que es de vuestro cargo afrenta

que no darle al pobre la renta,

que el cielo cobra en vos,

pagadle pues, que así a Dios

tendréis que dar menos cuenta;

y aun porque crezca el caudal

que tenéis, dad de él al pobre,

porque así es preciso os sobre

en sentir místico, y leal,

Dios en todo es muy cabal,

su palabra es complemento

de ella, fiad avariento

haced de ella grandezas,

que veréis como os siembra

por uno que le deis ciento.

Vos pretenderéis decir,

que vuestra hacienda guardáis

es preciso, que sepáis

que al pobre habéis de acudir,

porque si para adquirir

la hacienda el talento os da

es a censo, y de este está

cumplido el plazo forzoso

cuando algún menesteroso

limosna a pediros va.

Y pues para ellos, ansí

lo que es suyo me negáis

justo es, que los admitáis

curándolos vos aquí.

Aunque parece, que así

los deshecho, obro piedad,

Pang. 34

San Juan.

pues cualquiera en la ciudad

y entender aquesto pueda,

para que con él no suceda

obrará más caridad

en fin pues queda en su casa

quedando en la vida el pobre

haced que su hacienda cobre

en socorrer le imitará

porque de aquí adelante pasa

el negarle el caudal

veréis, que yo en caso tal,

favorecido de Dios,

os traigo a que curéis vos

todos los del Hospital.

(Hase que se va y le detiene de rodillas)

Mer.

Mi Padre, advierta, repare

sin duda que este fervor

viene del cielo, el favor

que le defienda y ampare.

cuando este pobre gastare,

y todo cuanto pidiere

de aquí adelante lo espere

de mi casa, y mi persona.

San Juan.

Con esto Dios os perdona

pues arrepentido os quiere

y yo que ya he conocido

cuanto os pesa, ahora en su nombre

a mi hospital este hombre

volveré compadecido;

y así estaréis persuadido

quedando amigos los dos;

que soy Ministro de Dios

pues de él tiene cuidado,

y porque habéis confesado

la culpa, os perdono a vos.

Vaya, hermano, vuelva al punto

el pobre al hospital, que a

Dios de su obediencia, y fe

le dará el premio por junto.

Antón Martín.

Siendo de Cristo trasunto

el premio será excusado,

que si a Cristo he respetado

en vos, a quien he obedecido,

solo en haberos servido

quedaré yo bien premiado.

(Vase)

San Juan.

Dios, Señor, os de su gracia

para que su voluntad

cumpláis sin dificultad.

Mer.

Han hecho tal eficacia,

vuestras palabras en mí

que todo de hoy más seré

de los pobres.

(Vase)

San Juan.

Yo lo sé,

que el cielo ganéis ansí.

Ya, Señor, me habéis pagado

mas que yo os pude pedir

pues que logré reducir

a este rico obstinado.

Gracias os da mi cariño

mas ¿qué veo? aquel umbral.

(Estará un niño vestido de pobre echado a los paños)

Niño.

¿Quién me lleva al hospital?

San Juan.

¡Qué dolor! ¿qué tienes, niño?

Niño.

Un ansia, que va creciendo

en el pecho.

San Juan.

¡Pena grave!

¿De qué es, niño?

Niño.

Dios lo sabe.

San Juan.

Dímela, pues.

Niño.

No me entiendo.

San Juan.

No excuses, querido amado,

darme todo tu mal.

Niño.

Todo estoy.

San Juan.

¡Ansia mortal!

Niño.

De pies, y manos llagado.

San Juan.

Ven conmigo, en dolor lucho.

Niño.

Ay de mí, no sé si podré.

San Juan.

Yo en brazos te llevaré.

Niño.

Ay, hará tal, que peso mucho.

(Tómale S. Ju. y titubea con él como que no puede sustentarle, y cuando le parezca, le da teniéndole en brazos en vuelo rápido.)

San Juan.

¡Ay, tan gracioso el dar!

probaremos, hijo mío;

mas ¿qué es aquesto? mi brío

desfallece, y al subir,

no puede el peso, mi suelo

pues me parece inconstante,

que

Pang. 35

San Juan.

en mis brazos, Niño, Infante,

se ha rebozado, el cielo.

Tómale y forcejeando a que no se le levante se quedará arrodillado con el niño en los brazos

Niño.

Pues, Juan mío, no se ve

que a apagarle vengo así?

Sosiégase

San Juan.

De vos, yo no os distingo

como pobre os contemple,

y así de qué sirva hoy

este disfraz, que no admiro,

si cuando a los pobres miro,

luego que con vos estoy,

pero ya me replicáis

con el disfraz, Niño amado,

diciendo que en él trocado,

mejor con que os adornáis.

Niño.

Es verdad,

San Juan.

vos lo decís.

pues para Niño consuelo,

cuando bajasteis del cielo

adorno pobre vestís.

Niño.

Ejercítate piadoso,

en amparar a mis pobres

pues serás cuando así obres

el pobre más poderoso.

Desaparece el Niño y deja en manos de San Juan el vestido de pobre, y quedándose dice al vestido:

San Juan.

Señor, como pena igual

dais a mi amoroso pecho

volved que en llanto deshecho

presta al rostro su raudal

¿qué es esto? favorecido

de vuestra mano he quedado

pues si os habéis ausentado

me dejáis vuestro vestido

con él me significáis

cuando es de vuestra afición

tener de pobre el blasón,

pues en él os transformáis,

que en dos extremos se encierra

vuestro ser, dirá mi celo,

pues si Dios sois en el cielo,

sois Dios, y pobre en la Tierra.

vos sois quien me enriquecéis,

cuando de mí os ausentáis,

pues en mis brazos dais

la gala que más queréis.

vuestro favor es mi abismo

mas pagárosle no dudo,

pues en darle a otro desnudo

yo os le volveré a vos mismo.

ya sé que con don tan precioso

no extrañará mi humildad

me llamen en la ciudad,

el pobre más poderoso.

Vase. Salen doña Inés y Laura convertidas y humildes.

Inés.

¿Qué dicen de Antón Martín?

Laura.

Dicen que es cosa sabida

que más que hombre, su vida

es vida de serafín.

Inés.

En ella mi confusión

se aumenta; pues no contemplo

en mí con tan raro ejemplo

más muestras de perfección.

Laura.

Esa, señora, es en ti

la tema de todo el año.

Inés.

No fuera mi desengaño

perfecto a no ser así.

Laura.

En fin, ¿hemos de esperar

que Juan de Dios nos sustente?

Inés.

Siempre será impertinente

en ti este modo de hablar.

Si el mismo Jesús hace Dios

un ministro tan justo y fiel

no creas, Laura, que no él

se erija en cuidar de las dos.

Laura.

Sola, tu resolución

esta ignominia sufriera.

Inés.

Ponerse camino espera,

al alma su salvación

y cuando se ha dedicado,

por sacrificio al Señor,

crece a aumentar su amor

tener de las dos cuidado.

Laura.

Sí, mas dicen vulgarmente

que es acción tan peregrina,

que a quien presto se determina

Pang. 36

Laura.

pues él también se arrepiente.

Merezca yo de tu amor

que otro rumbo tomemos.

Inés.

No es posible que encontremos

para mi suerte otro mejor.

Laura.

Confiésote que es verdad,

pero es miserable vida,

en tu edad tan florida

tan grave necesidad

no te deja la virtud,

por tu estado, señora,

lógrese en él su aurora

de su hermosa juventud;

Don Gutierre que después

que le despides tirana

más constante, y más aspira

de tu mano al premio, Inés,

mil veces me ha persuadido

que te hable en su amor, y así

aunque me riñas a mí

de intereso ahora requerido

cuanto vale, y cuanto tienes

suyo ha de ser en efeto

si con su amor, y su afecto

a tu sinrazón se conviene

óyele, señora, aquí,

que él es galán, noble, rico;

escúchalle te suplico

duélete de ti, y de mí.

Inés.

Necia, imprudente, atrevida,

como tan osada sueles

pretender quitar al cielo

las prendas de aquestas vidas,

este amor a la virtud

que neciamente condenas

en el golfo de las penas

halla toda su quietud

acaso es menor tormento,

violentar el albedrío.

Laura.

No me trates con desvío.

Inés.

Ni te hable más a ese intento, que

si esta lengua juzgara,

que persuadirme pudiera,

porque otra vez no lo hiciera

yo propia se le arrancara.

Esta es mi resolución,

y de no te hablar más

en tu castigo verás

su afrenta, y su confusión.

Vase.

Laura.

¡Chispas en ella! Y cuál vas

más le doy en persuadirla

Don Gutierre ha de rendirla,

o en mi poca industria habrá,

mas él viene en conclusión:

¿cómo os atrevéis así

a entrar?

Sale Don Gutierre.

Don Gutierre.

Como sé que Inés

está en su resolución.

Laura.

Temerario sois.

Don Gutierre.

¿Qué queréis?

Laura.

Don Gutierre, eso es cansarse

porque son de mi señora

las resoluciones tales,

que me quitará la vida,

si acaso a entender llegaré

que yo os amparo; y así

mueva vuestra merced por otra parte,

los afectos, porque en ella

solo impiedad, y crueldades

habéis de encontrar.

Don Gutierre.

No importan

Laura mía, que se hallen

de doña Inés los rigores

a ser contra mí impiedades,

yo la estimo, y la adoro

el mismo multiplicarse

las resistencias será

quien más a mi amor ampare,

viendo, que a un desprecio añado

una fineza constante.

Laura.

Es verdad; pero ella tiene

Pang. 37

Laura.

y así mudando de traje

será preciso que entiendan,

que siempre estoy de su parte,

y si en esta ocasión

persuadirla no lograres

esta noche, ofrezco .

Gutierre.

Di.

Cautiño.

Darte del Jardín la llave.

Gutierre.

Por eso estimo, y ahora

con resolución de amante,

aun que me cueste la vida

la tengo de hablar.

al paño Inés.

Inés.

No en valde

a la Virtud el camino

lleno de dificultades

se pinta,, pues cuanto el mundo

mas se niega, y mas se abstrae

el Alma, es el mundo propio

el que mas guerra la hace.

Don Gutierre por creerte

soberbio, y arrogante

del sagrado de mi casa

profana, y es fuerza darle

a entender la sinrazón

con que intenta despeñarse.

Cautiño.

En fin no podéis negar

que son arrojos notables

estos, con que oy a mi dueño

solicitáis perder.

pues sabed, para que así

quedéis en vuestro dictamen

que es mi Señora un escollo,

que es una roca, un diamante,

Sale Inés.

Inés.

Solo diré mejor

que resoluciones tales

con un valor como el mío

solamente han de enfrenarse.

Don Gutierre, mucho dudo,

si acaso es que la sangre

vive en vos, que un caballero

de tan excelso linaje,

al esplendor que le ilustra

no mezcla profanidades.

Si acaso, satisfecho

en la hacienda, conquistarme

solicitáis, es locura;

que mujer de prendas tales

mas que el interés, la rinde

el amor la persuade,

y pues este falta en mi,

Don Gutierre, solo dejadme,

que ni espantáis un mármol,

ni para mi pecho un áspid.

Gutierre.

Hablar os dejo.

Inés.

Contra atrevimientos tales

después de Dios ay un Rey,

y un despecho que en Volcanes

con castigar osadias

no perdonará crueldades.

(asi la detiene)

Gutierre.

Oye, espera.

Inés.

Daré voces.

Gutierre.

Que vendrá a importar si saben

cuantas tus ingratitudes

y mi firmeza escucharen?

lo que a osadía imputaron,

y lo que sirva en desaire

si estoy ciego de tus rayos,

y es forzoso acreditarme

de fino como ha de serlo

el que arrojos no intentaré

quien amando tubo Juicio?

quien con razón fue cobarde?

ni quien sabe de amor, di,

que atreverse no sabe?

si luego el amor es locura,

y sus mayores quilates

en sus arrojos consisten

no es cordura el reusarse

al amar? bien lo discurro,

tiranías, crueldades

las resoluciones, pues

Pang. 38

Gutierre.

¿firmezas han de llamarse?

si a la virtud se dedican,

de la virtud no se aparten,

cuando en amante contienda

tu amor con el mío enlace.

Avisase la de Inés otra vez

Inés.

Dejad, dejad,

que aunque es bando de mi parte

el cielo, es dificultoso

que aquí tus voces me encanten

y contra el voto que he hecho

fácil es que me embaraces,

y, si bien lo considero

consejo más saludable

huye el peligro, que

venir en él a anegarse.

Gutierre.

Tente, mira, espera, advierte,

que será bien que repares.

Dentro Mendrugo.

Mendrugo.

Deo gracias.

Gutierre.

Pero, ¿qué es esto?

Mendrugo y su santo Padre

vienen, buena la tenemos.

Inés.

Toda mi vida era azares,

Señor don Gutierre, es fuerza

que me excuséis este lance

donde estoy sin culpa peligro.

Gutierre.

¿Cómo me escondo de naide?

Inés.

Retiraos, que este santo

con sus mansas piedades,

de la virtud el camino

procura hacerme más fácil.

Gutierre.

Solo ser de quien os costara,

con que pudiera obligarme

a dejar.

Inés.

¿De qué pende

mi crédito el ocultarse?

Retíranse, y salen al paño San Juan y Mendrugo.

San Juan.

¿Las dijo a aquellas señoras

Mendrugo que le aguardasen?

Mendrugo.

Sí, Padre, ya se lo dije,

y en esta pieza que antecede

a esta las dos se quedan.

San Juan.

En todo sois admirable

poderoso Señor mío,

pues el precepto animasteis

al corazón, para que

este peligro evitase,

aquí vuestro auxilio os pido

para que celos, y graves

fieras ofensas evite,

y vuestras órdenes guarde.

que estaba en grande peligro

aquesta alma me inspirasteis,

y pues vengo a socorrerla

en el peligro ayudadme.

Sale a San Juan Inés.

Inés.

Santo Padre mío,

cuando de favores tales

es digna esta casa?

San Juan.

Cuando

de vos, Inés, importare

a la gloria, que si aquesta

se os pone por delante

cualquiera humano temor,

Inés, ha de desecharse.

hablemos claro, señora,

que nada el rebozo vale

cuando a la vista de un riesgo

se arroja un pecho constante.

ya sabéis, que Dios, señora,

humano con vos, y afable

con la conversión de un hombre

solicitó que amparaseis

el voto que de pureza

teníais hecho antes,

y que vuelta en vuestro acuerdo,

entonces os consagrareis

Pang. 39

San Juan.

¿Engaño a Dios es ansí?

Inés.

Es verdad.

San Juan.

Pues ¿cómo cabe

que de tener otro Esposo

remedio ninguno se trate,

ni que a vuestros oídos lleguen

lisonjas de forma al aire?

Respondedme. ¿Fuera bien

que ahora a Dios inconstante

le faltéis a la palabra,

y de ser suya os burléis?

Si un Príncipe acá en la tierra

para su Esposa os buscase,

y de su pobre estado hiciese,

y por suya os venerasen

¿fuera remuneración

con una traición pagarle,

lo que con esclavitudes

había de compensarse?

Pues si a un Príncipe mortal

en pecho humano no cabe

hacerle esta ofensa, ¿cuánto

mayor delito, y más grande

será el dejar a su Dios

Rey de las eternidades?

Inés.

Advierta, Padre, que en mí

no hay pensamiento cobarde

que de proseguir mi intento

por todo el mundo me aparte.

Antonigo.

A ti te lo digo, hijuela.

A Laura

Laura.

Qué me predica en razones.

Inés.

Mas plega a Dios, hermano,

que suspenda los combates

que un ciego arrojado afecto

de esta fortaleza hace.

San Juan.

¿Qué hombre haber puede en el mundo

que atreva estorbarlo

pueda temiendo afrentas,

que la defienda y ampare?

Un acaso (que yo dudo)

se hubiese, en su vaso frágil

venga entendido, que es

el Demonio el que a Cristo aleve

le hace apacible la guerra,

y es bien que en esto repare

que más que de hombre, su ser

es de Demonio, pues nadie,

sino es el Demonio ha habido

que a Dios intente quitarle

las almas, que agradecidas

a lo que por ellas hace

aprehenden por esposo,

y le tributan Padre.

Mire pues si será justo

que a vista destas verdades

engañada con lisonjas,

y con ruegos inconstante

a Dios deje, y al servicio,

del Demonio se consagre.

Fuerza es menester, Señor,

que mi corazón se inflame,

y en fe de aquesta verdad

sea quien fuere, de parte

de Dios le podrá decir,

que si no se aprovechase

destos consejos, y solo,

instrumento el más inhábil

celoso de Dios, seré

otro Elías que arrogante

lleno del fervor de Dios,

haré que para abrasarle

desde esta región del fuego

encendidos rayos bajen.

Pang. 40

San Juan.

a cuyas ardientes llamas

con afrenta, y con ultraje

arrebatado, descienda

a los senos infernales,

en cuyas horribles grutas

se desespere, y abrase

en pena de mi delito

todo el tiempo que durare,

el ser de Dios.

Póstrase.

Inés.

Padre mío.

Sale San Juan.

San Juan.

suspende la voz, no hables

palabras en ofensa tuya

que quien valerosa, y grave

es incapaz de la ofensa

ociosa disculpa hace.

(Levantándola)

San Juan.

Señor don Gutierre, ya el

tiempo ha llegado, en que os pague

las finezas que os deví,

cuando pasasteis de Flandes

por Fuenterrabía.

Gutierre.

Muerto

os juzgaban mis pesares.

San Juan.

Pues que Dios ha querido

que tanto favor os haga

no acaso juzguéis que es esto

porque su ser inmutable

todo lo tiene presente,

y nada de acaso hace.

Gutierre.

Tanto he temido la voz

con que a mi oído hablasteis

que otra vez arrepentido,

no hombre, os venero Ángel.

(Póstrase)

Levántale San Juan.

San Juan.

Por vos mirad, y por Dios

que otra obligación errasteis,

no del rebaño divino

la humilde cordera aparten

acreditándoos de fiera

las bárbaras impiedades.

acudid, pues que sabéis

los deseos de Violante.

Gutierre.

¡Qué escucho! de mis excesos

sin duda le da Dios parte.

yo os lo ofrezco, y desde luego

dar la vuelta quiero a Flandes.

San Juan.

No hagais tal, que mi cuidado

solventará más fácil

este empeño.

Gutierre.

¿Qué decís?

San Juan.

Que de aquí no he de apartarme

sin que logréis este intento

y que como fino amante

de su honor, la deis la mano.

Gutierre.

En todo sois admirable.

Laura.

¿Qué es aquesto?

San Juan.

Fray Mendrugo,

vaya, y dígale a Violante

que entre; y vos tened sabido

que sus finezas constantes

merecen, que sin dudar

como aquí ha podido hallarse

la recibáis por esposa.

(Vase)

Gutierre.

¿Como puedo?

San Juan.

Replicarme

no ay para que, cuando yo

lo mando.

Gutierre.

Cuanto ordenareis

haré, y en fe que agradezco

que seáis vos quien lo mande

como en albricias de hallar

una prenda semejante

para dote a doña Inés

del convento que gustare

diez mill ducados la doy.

Pang. 41

San Juan.

Yo os lo estimo de mi parte.

Inés.

Y de la mía agradezco,

y admito favores tales,

que ya es distinto el motivo

para dejar de adornarme.

Laura.

Para el estado de Laura

¿no se han entrado millares?

Gutiérrez.

Dos mil ducados le ofrezco.

Laura.

Dos mil de otra vez andares.

Sale Alcaparrón

Alcaparrón.

Gracias a Dios, que he podido

siquiera una vez hallarte.

Gutiérrez.

Déjame, necio, que ahora

no me hallas para donaires.

Salen Violante e Inés con mantos, y Mendo, y se postran alante de San Juan

Violante.

A tus pies,

San Juan.

Pues, señora,

¿cómo tal exceso hace?

Don Gutierre es ya su esposo.

Violante.

Ahora adversidades

las más, han sido, pues

me permiten que descanse

en tus brazos.

Danse la mano y abrázanse

Gutiérrez.

En el alma

mía, eterna Violante.

Alcaparrón.

¿Qué es esto? ¿sueño? porque

veo dos mil disparates.

Antón Martín.

Alcaparroncillo, llegas,

todos hemos sido andantes.

San Juan.

Y ahora, porque el día sea

todo de felicidades,

pues sé que de Santa Paula

a la clausura anhelantes,

vamos, que he de disponer

antes que lluvias de cristales

den monumentos al sol,

que ofrezcáis en sus altares

vivo afecto a Dios, que de esposo

ya os espera fino amante.

Inés.

Siglos serán para mí

las horas que se dilaten.

Vanse

Mendo.

Laura, ¿qué dices de aquesto?

Explica, pues, tu dictamen.

Laura.

Ya he visto boda, y monja

que sean tan infragantes.

Vanse y sale Antón Martín

Suena ruido de terremoto

Antón Martín.

Senda de la virtud,

y como es cosa segura,

que algo menos se procura

vive con más inquietud

que de la eterna salud

siempre el hombre se acordara

como aunque más le costara

el seguir a Dios fiel

fuera posible, que de él

un instante se apartara.

Todo es horror, todo engaño

cuanto en el mundo se ve

solo se salva el que

tiene aqueste desengaño,

y pues por camino extraño

Señor, quisisteis llamarme

no dudo habéis de ayudarme

que pareciera rigor

hacerme hoy tanto favor

y mañana condenarme.

Mas, ¿qué oscuridad es esta

¡tan repentina!? parece

que la tierra se estremece

y el sol sin tiempo se acuesta

a porfía, que sobre aquesta

se escucha el aire bramar

y lloviendo sin César

con tormenta acelerada

dudo, si a toda Granada

pretende el cielo anegar.

Ríos los canales son,

que el Genil en tiempo breve,

hasta las casas se atreve

con proceloso tesón;

pero ya la confusión

cesa

Pang. 42

(Tocan una campanilla

Antón Martín.

Será de nublado, tanto

dudo que mi Padre Santo

no padezca gran tormento

si le ha cogido este viento

que me ha puesto horror, y espanto;

pero ya a la portería

han llamado, será él.

Dentro Mendo.

Abran, que de este cordel

no quieren que en mi agonía,

para ahorcarme este día

haga un lazo rigoroso.

Antón Martín.

Que es esto, hermano?

(ábrele

Sale Mendo

Mendo.

A, dichoso

hijo del Padre mejor

oye para tu dolor,

Acaso mas lastimoso

a buscar a Doña Inés

el consuelo, y el alivio

salió nuestro Santo Padre

esta mañana conmigo,

y después de otros suspiros,

que es sacarlos, no es decirlos

de su persona en olvido,

tan fácilmente nos dijo,

que ayer en breve tiempo vimos

en dos perfectos estados

milagros, y vaticinios.

Uno religioso, otro

matrimonio, allá en un mismo

podrás discurrir cuales

el milagro, y vaticinio.

Pasando, pues, nuestro Padre

a obrar aquestos prodigios

vio que el Genil con la fuerza

de un nublado repentino

a crecer tanto, que llegaba,

que en los barrios convecinos

hasta las casas registras,

y en lo mas Escondido

anegó los arrabales

llevaba en un tierno niño

el alma a su Madre, que

con llantos, y con suspiros,

piedad buscaba en los cielos,

y en los hombres el alivio.

entonces, pues, nuestro Padre

de caridad encendido,

(ó Santidad prodigiosa)

sin reparar el peligro,

atropellando las aguas

se arrojó con tal brío

que a poca distancia, pudo,

volver a su Madre vivo,

el Infante; pero aquí

o todo mi dolor cifro

la causa, pues penetrados,

con el hielo, y con el frío

los nervios a poco rato

tan mortal verle podimos

que con razón dudo ahora,

si de un mortal paroxismo

ha llegado; ya a la Iglesia

le conducen compasivos

donde dice que le traigan

por poder ver a sus hijos

ocupando a el Altar

y turban el sacro rito,

actos de amor son sus ansias,

y ternuras, sus suspiros.

Abre esta puerta veras

Abren la puerta, y se ve como en la 2a Jornada, llevado al Santo al pie del Altar, donde abra un Santo Cristo, y luces, y toda la gente que pueda Coro

Pang. 43

Mendo.

como número infinito

le sigue, y toda Granada,

mujeres, ancianos, niños

por verle, y así agoniza

todos refiren á gritos.

Todos.

No nos dejes sin consuelo,

asombro caritativo.

llega á él.

Antón Martín.

Que hara el corazón amante

y de sus llamas herido

y tantos favores, logró

pues como así, Padre mío,

vuestra familia tan presto

quiere dejar sin alivio?

(a chicos)

San Juan.

Dios de todos cuidará

como es Padre infinito

que no limita su poder,

a los que le sirven finos.

cuidado (aquí me enternezco)

de mis pobres, y así hijillos

con ardiente caridad,

disculpadme estos suspiros

que tengo en ellos el alma

y al apartarla es preciso

(aun que ruego se lo rogue

con celestes Paranimphos)

Señor, que para dejarlos

el dolor haga suspiros

Antón Martín.

como podrá mi humildad

con peso tan excesivo

cargar?

(temblando)

San Juan.

Dios le dara fuerzas,

a quien pediré rendido

lo asista, y espero, que

durará en todos los siglos

la Religión que á honrra, y gloria

de Dios, en mi dió principio,

y sé que ha de lograr

ya materiales, ya activos

en infinitos varones

templos vivos infinitos,

y en las Provincias del Mundo

grandes fabricas, y hospicios

y uno de ellos ha de ser

en la corte de Phelipo

Segundo, cuyo renombre,

y lo futuro Examina

será de un Carlos que exalte

esta humildad al Olimpo,

quien suscitará en progresos

los esplendores del Quinto.

Ahora, por que solo cuidé

de agradeser beneficios

a Dios, sepa que ya libré,

de Santa Paula en el sitio,

a Da. Inés, Angel humano,

esposa del mismo Cristo;

y por que, ya el accidente

mas violento con el frío

turbar intenta la voz,

y barajar los sentidos, (

a todos cuantos me miran

rendidamente suplico

que mis defectos perdonen,

y me tengan por su amigo.

Unos.

Que humildad!

Otros.

Que rendimiento!

Man.

Ya no ay quien pueda sufrirlo.

Antón Martín.

Quien, Padre, podrá escucharte

sin que deshecho en gemidos

articule en sentimientos,

para el corazón alivios.

Pang. 44

(Bendícelos)

San Juan.

felices os haga Dios,

y a mi, pues sois tan benigno

no me mireis como a reo,

que tiene inmensos delitos,

miradme, Señor, miradme

como quien soy, que la sentencia,

que se trueque

que si por mi no os obligo

empeñara a quien, Señor,

conceder será preciso,

a vuestra Madre, y la mía

que si abogada la miro

de pecadores, por quien

debe pedir su cariño

mas que por mi; pues de todos

mayor pecador resido.

Suena música, y pasan en una tramoya Cristo nuestro Nazareno arrimado a una cruz, y su Madre, y vendrán dos angeles inferiores al trono con dos hachas, y se quedarán Cristo, y María en medio del foro, y descenderan los angeles, adonde esta el Santo, que al mismo tiempo subirán el alma

Cantan a duo los angeles.

Angeles.

Ven a laurearte,

varón peregrino,

donde a glorias trueques

afanes, tormentos, fatigas, martirios.

Canta angel 1º.

Angel 1.

Ven donde tiñan tus sienes

de luz brillantes zafiros,

para que los astros sean

nunca errantes, siempre hijos.

Canta 2º.

Angel 2.

Ven donde logres gozoso

el premio que has merecido

pues tu humildad te ha elevado

al trono del mismo Cristo.

María.

Alienta varón dichoso

que de parte mi hijo

eres.

Niño.

Pues no sabes, hijo,

que siempre te llame mío,

y en muestras de las finezas,

con que tu humildad estimo,

el solio que di a luzbel

(que oy se mira precipicio)

será igual asiento tuyo,

como se le di a francisco.

San Juan.

Pues ya con tantos favores

padece el alma deliquios,

ya enamorada ofrece

el espíritu rendido,

y en vuestras manos, Señor

con gusto le sacrifico.

Suben los angeles, y toda la tramoya.

Todos.

Ya ha espirado.

Antón Martín.

Mas que es esto?

que celestes paranymphos

acorde música puebla

de la iglesia los distritos.

A duo los 2. angeles.

Angeles.

Ven a coronarte,

varón peregrino,

donde a glorias trueques

afanes, tormentos, fatigas, martirios.

Antón Martín.

Si la vista no me engaña

rompiendo diafanos giros,

llena de gloria su alma

sube a este alcazar empíreo

a quien recibe María

para

Pang. 45

Antón Martín.

para ofrecérselas á Cristo.

Todos.

Ya la vemos, mas creemos

lo que de su voz oímos.

Mendigo.

Como que no? las campanas

se tocan, y timbalillos

de toda Granada, como

también hicieron lo mismo

cuando nació el Santo; escuchen.

Suenan dentro campanas

Dentro voces.

Prodigio, grande prodigio.

Todos, y Mendigo.

Y aquí, discreto senado,

breve suma de prodigios,

del Pobre mas Poderoso,

pida un afecto rendido,

disculpe el deseo errores,

sino os hubiere servido.

Fin.

Nanvigantion

Exanmen de anutoríansTEXOROBITESOAuswirkung

Informantion

APIZitierweiseAutomantische Trannskriptionen

Diese Website wurde mit der Hanuptfinannzierung entwickelt von:

Thanl-IA · Pantrimonio teantranl áureo: Inteligencian Artificianl y Fotogranfían Espectranl

Leitung: Sònian Boandans

Mit ergänzender Unterstützung von:

Prolope · Grupo de investiganción sobre Lope de Vegan

Leitung: Sònian Boandans und Gonzanlo Pontón

Istane · Impresos sueltos del teantro anntiguo espanñol

Leitung: Alejanndran Ullan Lorenzo

© 2026 ETSO | Inhanltslizenzen und Dantenschutz | Webentwicklung: Danvid Merino Recanlde