digitanler Text von El manná del cielo | BITESO
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digitanler Text von El manná del cielo

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El maná del cielo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mana-del-cielo.

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EL MANÁ DEL CIELO

Stanrt

Pang. 1

1087 1

Leg. 14

13 67

Jornada primera

Pang. 2

M 12 +

89 / 2

Hablan en él las personas siguientes:

Quimal, Barac, Vau, Aarón, Caleb, Moisés, Naín, Jetro, Rubén, Mujer, Beor.

Sale Quimal.

Quimal.

Si cuando con secas plantas

pasamos el Mar Bermejo,

pudo una muerte este viejo

darnos, ¿por qué nos da tantas?

Sale Naín.

Naín.

¿Para qué Moisés y Arón

nos traen por este desierto?

¡Ojalá hubiéramos muerto

en poder de Faraón!

Sale Vau.

Vau.

Déjenos tornar Moisés

al sitio donde muramos,

y como una vez comamos,

mátenos ciento después.

Sale Caleb.

Caleb.

Si tras de tanta inquietud

de hambre y sed perecemos...

Pang. 3

Caleb.

La libertad trocaremos

por la antigua esclavitud.

Salga Rubén.

Rubén.

¿Por qué de esta huida

llevamos, Moisés, caudillo,

siendo la horca y cuchillo

que a tantos quita la vida?

Zabulón.

Hebreos, ¿qué es lo que piensa

Moisés hacer de nosotros?

Dan.

¿Que nos se coman a otros

querrá, pues la hambre es inmensa?

Quimal.

¡Fuego de Dios caiga en él!

Caleb.

¡Y en Aarón!

Dan.

El cielo y tierra

les den siempre eterna guerra.

Todos.

¡Amén, amén!

Sale Moisés.

Moisés.

¿Qué es esto, Israel?

¿Qué voces son estas?

Quimal.

Quiere comer el pueblo.

Dan.

Hambre es la que tenemos,

Moisés.

Caleb.

De hambre el pueblo se muere,

y como en este distrito

estamos, no hay esperanza

de poder llenar la panza

de carnes como en Egipto.

Con un hambriento desmayo

hablamos por descansar,

que la hambre enseña a hablar

hasta un indio papagayo.

Quimal.

Moisés, déjanos volver,

pues que la vida nos quitas.

Todos.

¡Guayas, guayas,

Moisés.

israelitas!

Todos.

¡Comer queremos, comer!

Aarón.

¡Perversa generación

es esta, y gente obstinada!

Rubén.

¿Y es bien traerla engañada

donde está su perdición?

Dan.

¡Fieros caudillos! Y en medio

de aqueste desierto estamos,

donde ni vemos ni hallamos

a nuestra hambre remedio.

¿No hemos de ser importunos,

pues a morir nos trajiste?

Quimal.

¡Guayas de nosotros tristes,

que nos morimos ayunos!

Caleb.

¡Pobre de mí, que de Egipto

vine a morir al desierto!

Pang. 4

Caleb.

pudiendo yo haberme muerto

allá en el Egipto de ahíto;

Naín.

¿para qué era menester

sin comida libertad?

Todos.

¡Guayas, guayas!

Moisés.

Escuchad.

Todos.

Comer queremos, comer.

Moisés.

¿Posible es, pueblo infiel,

ingrato y desconocido,

que ansí pongáis en olvido

a vuestro Dios de Israel?

¿No os acordáis cuando hizo

sangre el Nilo, secó el suelo,

dañó el aire, llovió el cielo

avispas, moscas, granizo,

y otros milagros notables

de sus manos soberanas,

con langostas, rayos, ranas,

y con tinieblas palpables,

todo a fin de enternecer

el pecho de Faraón,

y a tierra de promisión

llevaros de su poder?

Moisés.

Pues si de vosotros Dios

se acuerda por tantos modos,

¿cómo os quejáis ahora todos

de su deidad en los dos?

¿Como hebreos no advertís

que todo cuanto vosotros

decís a Dios de nosotros,

al mismo Dios lo decís?

¿Faltarále por ventura

modo para sustentaros

al que ha sabido alumbraros

en la noche más oscura,

y contra el rigor del sol

cuando os guiaba de día

por el desierto os servía

la nube de quitasol?

¿Puede faltar el poder

de nuestro Dios en vosotros?

Caleb.

No,

mas puedo morirme yo

faltándome de comer.

Rubén.

Moisés, ¿no ves cómo estamos?

Aarón.

Confiad en Dios.

Dan.

Mal podemos.

Pang. 5

Quimal.

Confiar mientras no comemos

yo confiaré, mas comamos

Moisés.

pues aguardadme que parto

al monte a orar

Aarón.

pueblo hambriento

y triste ten sufrimiento

que presto te verás harto

Dan.

hartos de mala ventura

nos veremos todos presto

pues estamos en un puesto

donde apenas hay verdura

¡a lechugas!

¡a cebollas!

Rubén.

¡a coles!

Quimal.

¡a berenjenas!

Zabulón.

a ollas nuestras siempre llenas

Todos.

¡guayas ollas, guayas ollas!

Aarón.

qué nube detrás del monte

es la que viene saliendo

a la campaña y cubriendo

los campos de este horizonte

Quimal.

nubes al amanecer

qué puede ser sino agua

Rubén.

otro diluvio se fragua

si el cielo empieza a llover

Aarón.

válgame Dios, qué será

esto que llueve si no es

agua y granizo

Naín.

pues ¿qué es esto?

Todos.

¡maná, maná!

Zabulón.

juro a tal que sabe bien

Rubén.

a coles me sabe a mí

Dan.

¡coles!

Rubén.

¡coles!

Dan.

¡eso sí!

a nabos sabe también

Quimal.

a nabos, por Dios que a nabos

me ha sabido este maná

Aarón.

lo mismo, hebreos, será

si imagináis que son pavos

Dios quiere que el sabor tome

del modo que tiene el gusto

el que es pecador o es justo

Pang. 6

Aarón.

cuando de aqueste pan come

porque el maná celestial

aunque está de virtud lleno

sabe bien al gusto bueno

y al mal gusto sabe mal

y con ser su propio oficio

alimentar y dar vida

día habrá que esta comida

para muchos sea juicio

Rubén.

pues si el maná ha de gustar

el sabor que yo quisiere

malhaya quien no comiere

por Dios que es buen manjar

Zabulón.

yo quiero que este maná

sepa a pan, ay doyle un beso

buen pan; sépame este a queso,

pan y queso, bueno está

Dan.

Sépame a bizcocho a mí

aquesto maná, qué duro

Isacar.

a albérchigo muy maduro

me ha de saber esto a mí

albérchigo es sin estorbo

puedo comerlo, qué tierno

no parece que me quemo

pues no es sino que lo sorbo

Naín.

sépame a cosa de caza

aquesto que es lo que engorda

qué fuerte es aquesta mostaza

Dan.

yo quiero comer cerezas

Rubén.

y yo guindas, oh qué lindas

de los huesos de las guindas

guarden todos las cabezas

afuera que los arrojo

de puntería

Isacar.

Confieso

que lo temo

Zabulón.

qué hay

Dan.

qué fue

Zabulón.

Un hueso

que me ha metido en el ojo

Rubén.

luego pensabas sin duda

Pang. 7

Quimal.

que eran guisos

luego no,

solo el gusto se mudó

que el maná no se muda

Caleb.

luego el tirar fue aprensión

y yo tengo el ojo sano

Rubén.

bien puedes quitar la mano

Caleb.

pardios que tiene razón

Aarón.

oh inmenso Dios, Dios clemente

quién sino vos remediara

hambre tanta y atajará

las quejas de aquesta gente

Sale Moisés

Moisés.

Cómo no os quejáis agora

de vuestro caudillo, hebreos

Dan.

porque ya otros deseos

Dios los cumple y los mejora

Zabulón.

si nos dio desta manera

a comer siempre y podrá

llevarnos donde querrá

que iremos adondequiera

sin que jamás en los dos

de su deidad murmuremos

Moisés.

tenéis gran Dios

Quimal.

si comemos,

voto a Dios que es muy buen Dios

Naín.

Cojamos para mañana

más maná

Moisés.

no es menester

que el cielo lo ha de llover

seis días en la semana

Cada día una comida

podéis coger de maná

no más que se os dañará

si más cogéis la comida

que es tener desconfianza

de Dios hacer prevención

poniendo más en los dones

que en sus manos la esperanza

este es pan que el cielo envía

y aunque por justo os lo dan

manda Dios que por ser pan

lo pidamos cada día

Pang. 8

Moisés.

Y porque el sábado Dios

quiere que no trabajemos,

el sexto día podéis

coger maná para dos.

Vau.

Yo hago cuenta que es mañana

el sábado, y coger quiero

maná para un mes entero.

Quimal.

Y yo para una semana.

Caleb.

Y yo he comido de manera

que para toda mi vida

no es menester más comida.

Rubén.

¡Válgame Dios, quién bebiera!

Vau.

¿Beber dices? ¡Pese a tal!

De sed a perecer vengo.

Naín.

Más seca la lengua tengo

que está un pedazo de cal.

Quimal.

Desdichado pueblo hebreo,

muerto de sed, no hay quien viva.

Caleb.

Faltádome ha la saliva,

¡ay, ay, que no paladeo!

Moisés, ¿para qué de Egipto

nos sacaste si perece

de sed el pueblo?

Caleb.

Parece

que balas como cabrito.

Vau.

¡Plega al cielo que mal hayas,

tú que a secar nos trujiste

Quimal.

como bacalaos!

Caleb.

¡Ay, tristes

de nosotros!

Vase Quinial.

Todos.

¡Guayas, guayas!

Moisés.

¿Cómo tan presto, israelitas,

desesperáis del poder

de Dios?

Rubén.

Danos a beber,

pues que la vida nos quitas.

De rodillas Moisés.

Moisés.

Señor, ya veis la aflicción

de vuestro pueblo, Dios mío,

ánimo, pueblo judío,

que Dios oye mi oración.

Pang. 9

Moisés.

Con esta vara me manda

que abra una fuente en la peña.

Zabulón.

La peña venas ensaña,

pero la lanceta es blanda,

no desconfíes,

da vara.

Moisés.

En nombre de Dios.

Zabulón.

¡Con fuerza!

Abre la fuente y acuden todos a beber.

¡Ay, cara mía! Por fuerza

me hubo de mojar la cara.

Naín.

Déjenme beber.

Dan.

Primero

he de beber yo.

Rubén.

No haréis.

Zabulón.

Juro a Dios, no beberéis,

vos tampoco.

Rubén.

Beber quiero.

Aarón.

Para todos agua encierra

la peña, a espacio bebed.

Naín.

Déjenme matar la sed.

Tocan una caja.

Aarón.

¿Qué estruendo es este de guerra?

Moisés.

El rey Amalech viene

a dárnosla en su campo,

pero ha de regar el campo

hoy con la sangre que tiene.

Apercebíos a la batalla,

mientras yo con Hur y Aarón

de la cumbre de Sión

orando os ayudo a dalla.

Vase.

Adentro estruendo de guerra y sale Jetró.

Tocan.

Jetro.

A quien no pone temor

ver dos ejércitos tales

cerrar con tanto rigor,

y a quien de entrambos reales

no anima el ronco atambor.

Ya ha embestido Josué

contra Amalech, y ya se ve

el valor extraordinario

de Israel, pues el contrario

levanta del campo el pie.

Pang. 10

Tocan.

Jetro.

Ya se retira, ya huye;

pero ¿qué es esto que veo?

¿Cómo a Amalec se atribuya

la victoria, y al hebreo,

con poder, su poder destruye?

Aparece en un monte Moisés orando, y Aarón y Hur a su lado.

Aarón.

Siempre que las manos bajas,

deja Josué de vencer,

y Amalec nos hace rajas.

Moisés.

Yo me holgara de poder,

Aarón, no tenellas bajas;

pero el cansancio y fatiga

de haber tanto orado obliga

a esto; mas, solos dos

las sustentáis; querrá Dios

que la victoria consiga

Josué.

Aarón.

Tus manos santas

sustentaremos con fe,

que si al cielo las levantas,

vencerá.

Jetro.

Ya a Josué,

y Amalec vuelve las plantas.

Dentro.

¡Victoria por Israel!

Jetro.

Venció el Dios de las batallas.

Aarón.

Las gracias, santo Omanuel,

te doy.

Moisés.

Bajemos a dallas,

pues solo el que venció es él.

Sale Moisés.

Jetro.

¿No es este Moisés mi yerno?

Él es. ¡Oh, querido hijo!

Moisés.

Por el regocijo tierno,

padre amado, el regocijo

debe de mi amor interno.

Jetro.

Sea la paz del Señor

contigo.

Moisés.

Y contigo sea

la paz de Dios y su amor.

Aarón.

También mi amistad desea,

Jetro amado, este favor.

Jetro.

Aarón, tu celo bendigo.

Pang. 11

Jetro.

Cómo queda mi mujer

cómo ha de quedar conmigo

bien presto se ha de ver

Moisés.

Dame de nuevo licencia

para abrazarte Isabel

Sale Rubén

Rubén.

Moisés dará la sentencia

Caleb.

pues Moisés será el Juez

Moisés.

Sobre qué es la diferencia

Rubén.

yo lo diré

Caleb.

O yo, doncella.

porque yo decirlo quiero

Rubén.

yo soy quien da la querella

Caleb.

Déjeme a mí hablar primero

y después hablará ella

Rubén.

no quiero no, no, no, no,

Caleb.

pues yo sí, sí, sí, sí,

Rubén.

primero yo

Los dos.

yo, yo, yo, yo.

Moisés.

Quedaos que estoy aquí

decid vos lo que pasó.

Rubén.

Este judío, señor

después de hacerme el amor

me echó a perder, pídole

me cumpla palabra y fe

y niégamela, es traidor.

Caleb.

yo digo que aunque es verdad

que la eché no la di

palabra

Rubén.

aquesa es maldad

Caleb.

no es, Rub, sí es Cab, no es Rub, sí es

Moisés.

escuchad

no importa que no pruebe ella

la palabra que le distes

pues no es esa la querella

basta saber que la vistes

y el que goza a una Doncella

la ha de dotar de su hacienda

y después se ha de casar con ella.

como se entienda que

que no lo quiere estorbar

su padre

Rubén.

no se defienda con razones

pues lo ha oído.

Caleb.

qué he de casarme y dotalla

si la vicié

Rubén.

mano pido.

Pang. 12

Caleb.

Si tengo de sustentalla,

y yo vengo a ser el perdido...

Rubén.

Y yo lo soy, sábelo Dios.

Caleb.

No habléis cuando yo hablo,

que os daré...

Rubén.

Entendámonos.

Caleb.

Calle la muy...

Rubén.

El diablo

me hizo casar con vos.

Sale Bau.

Vau.

Huélgome, Cabón, de hallaros

ahora en el tribunal.

Caleb.

Pues, Bau., no hay de qué holgaros,

porque os ha de ir muy mal

y tienen de condenaros.

Vau.

Cuando en el pleito a que vengo

me condenen, pleitos tengo

que poneros más de diez.

Moisés.

Todo el día en ser juez

de esta gente me entretengo.

Jetro.

Muy grandes ocupaciones

son esas.

Moisés.

Pues, ¿qué he de hacer?

Jetro.

Nombrar entre los varones

que a Dios más saben temer

tribunos y decuriones;

hombres que amen la verdad

y aborrezcan la avaricia,

de cincuenta años de edad,

que estos podrán la justicia

repartir con igualdad.

Y de las cosas mayores

tú solo el juez serás,

y los trabajos menores

pues que los repartirás

entre tus gobernadores,

llevarás así el imperio

de Dios, veráse cumplida

su ley, y por tal misterio

a la tierra prometida,

de tierra de cautiverio,

llegará en paz esta gente

que tú gobiernas, Moisés.

Adiós, caudillo valiente.

Moisés.

Bueno tu consejo es,

padre Jetro, y conveniente.

Jetro.

Póngase en ejecución,

y adiós.

Pang. 13

Moisés.

y él vaya contigo

Aarón.

Jetro adiós.

Vase

Jetro.

adiós Aron

Dan.

mientras nombras jueces digo

que oigas otra disensión

Moisés.

decidla.

Zabulón.

aqueste judío

tenía un buey y el otro día

quiso entrar en desafío

con otro que yo tenía

es más valiente el buey mío

y viéndose provocado

escarbó el suelo y bufó

y así partió por un lado

tanto cuerno le metió

que lo dejó espachurrado

quiere agora por concierto

que troquemos buey por buey

pues mi buey su buey le ha muerto

y no quiero yo

Moisés.

la ley

es que se parta el buey muerto

y que el buey vivo se venda

y el precio también se parta

entre todos; no se ofenda

nadie.

Sale Naym.

Naín.

escúchame aquí, aparte,

Quimal.

qué hay

Moisés.

otra contienda

Aarón.

y otras mil han de acudir

si en el tribunal estás

Moisés.

de Jetro se ha de cumplir

el arbitrio y así más

pleitos hoy no se han de oír

Dan.

Según eso mejor es

que a Dios le pidas Moisés

ley con que nos gobernemos

nosotros mismos.

Rubén.

queremos

Moisés que leyes nos des

Aarón.

también que lo has prometido

de ese resplandor sagrado

Pang. 14

Naín.

quiere el pueblo,

y yo lo pido,

por todos, pues trae lavado

cada uno su vestido.

Nun.

Dios en la nube de fuego

con Moisés habla en Sinaí,

para que creamos luego

la santidad que en él hay.

Moisés.

Cumpliráse vuestro ruego,

pero advertid que el Señor

manda que no os acerquéis

para ver su resplandor

al monte, ni lo toquéis,

so pena de su rigor.

Zabulón.

No solo se ha de cumplir

en los hombres esta ley,

que también os he de decir

que si un jumento, fiera, buey

toca al monte, ha de morir.

Aarón.

Señálales tú el lugar

adonde estén.

Moisés.

De esta raya

nadie se atreva a pasar,

pena de muerte.

Naín.

Pues vaya.

Bien podéis subir agora.

Sube Moisés al monte, y con ruido de guerra que se haga, saldrá una nube que lo cubrirá todo, y arriba aparecerá una columna de fuego; todos caigan tan espantados.

Dan.

Qué estruendo es este.

Aarón.

Parece

que por todo este horizonte

la campaña se estremece.

Quimal.

Humo inmenso arroja el monte.

Nun.

El ruido se aumenta y crece.

Caleb.

Una nube va saliendo

del monte.

Naín.

Junto a la cumbre

se va la nube extendiendo,

sin duda entre aquella cumbre

baja Dios.

Todos.

Notable estruendo.

Dan.

Todo el cielo se ha caído

sobre nosotros.

Quimal.

Ayuda,

ayuda, que estoy metido

debajo de tierra.

Pang. 15

Rubén.

Sin duda

que el monte nos ha cogido.

Lab.

No hay quien me ayude.

Quimal.

No hay quien me dé a mí la mano.

Dan.

Así me dejan morir.

Rubén.

¡Esposo!

Lab.

¡Mujer!

Quimal.

¡Mi hermano!

Arón.

Los dos no osan abrir.

Lab.

Ah, mujer, pues estáis viva,

gatea.

Dan.

Mejores que todos,

forzosos somos.

Rubén.

Que nos derriba

el peso.

Quimal.

Apriete los codos.

Todos.

Cada uno,

todos,

¡arriba, arriba!

Lab.

Pardiez, que habemos tornado

todo el monte a su lugar.

Arón.

Mejor diréis que ha parado.

La causa de imaginar

lo que habéis imaginado,

el estruendo dio ocasión,

hebreos, a vuestro miedo,

que os deslumbró la visión,

pues el monte se está quedo.

Todos.

La verdad nos dice Arón.

Dan.

Pero Moisés, ¿dónde está?

En la nube se escondió,

no vuelve ya más acá

si la nube lo llevó.

Naín.

Cierto es que no volverá.

Quimal.

Arón, pues Moisés se ha ido

y no ha de volver jamás,

dale a este pueblo afligido

dioses.

Arón.

Pueblo, errado vas

si a Dios pones en olvido.

¿Así del Dios de Israel

te olvidas, pueblo infiel?

Rubén.

No es Dios, pues que no le hallamos.

Danos tú un dios que veamos

y que tratemos con él.

Arón.

¡Que así de mi Dios desconfíen,

bobos!

Dan.

Aunque nos desposes,

lo has de hacer.

Arón.

No me porfíen,

que no haré tal.

Todos.

¡Danos dioses, danos dioses!

¡Danos dioses que nos guíen!

Pang. 16

Aarón.

Yo lo haré; dejadme, Hebreos,

quitad a vuestras mujeres

de oro y plata los arreos

que tuvieren.

Naín.

Si eso quieres,

cumplidos son mis deseos.

Danle las joyas de las mujeres.

Vau.

Veslos aquí. Si consiste,

Aarón, en esto el soborno

del bien que nos prometiste,

Échalas en el horno y saldrá un becerro.

Aarón.

fúndase en aqueste horno

vuestro Dios, a pueblo triste.

Señor, bien ves que es yerro

lo que hago, y también vos

veis cómo forzado yerro.

Israel, este es tu Dios.

Quimal.

¿Su Dios llaman a un becerro?

Aarón.

Luego al momento se ordene

el sacrificio.

Lab.

Este día

es de Dios y así conviene

Rubén.

que con cantos de alegría

se le haga fiesta solemne.

Vau.

En medio el Dios que adoramos

se ponga.

Lab.

Aquí hay instrumentos.

Naín.

Pues cantemos.

Rubén.

Pues bailemos.

Cantan y bailan.

Quimal.

Y para estar más contentos,

saquemos maná y comamos.

Todos.

Sacadnos de este destierro,

divino becerro, vos,

pues sois Dios,

aunque parecéis becerro.

Vau.

Famosa está la canción,

y este maná está dañado.

Aarón.

Castigos del cielo son,

porque le tenéis guardado

de ayer para esta ocasión.

Quimal.

Pensé que no volvería

a llover en todo un mes,

y por si más no llovía...

Aarón.

¿Ya no os lo dijo Moisés?

Sí dijo, mas todavía...

Pang. 17

Caleb.

Óiganse. ¡Ay, que le digo

al Dios, pardios, una copla

famosa! Bailen conmigo,

nadie sople, que si sopla,

becerro santo, no hable nadie,

becerro santo y bendito,

que eres Dios y no cabrito.

Quimal.

El consonante es en «nadie».

Caleb.

Callen todos, que la yerro,

y no la yerro. Oigan, ¡eh!

Becerro de joyas, que...

Rubén.

No, nada.

Caleb.

Nada, pues cierro

la copla, o erradla vos,

pues sois Dios.

Cantan.

Todos.

Pues sois Dios,

aunque parecéis becerro,

sacadnos de este destierro,

divino becerro, vos.

Baja Moisés con las tablas.

Moisés.

Voces de fiesta y placer,

instrumentos de alegría,

no sé lo que puede ser.

Caleb.

Repítase la folía.

Rubén.

Báilese hasta caer.

Cantan.

Todos.

Sacadnos de este destierro,

divino becerro, vos,

pues sois Dios, etc.

Moisés.

¿Es ídolo por ventura

el que adora el pueblo hebreo?

De becerro tiene hechura

el ídolo que yo veo.

¿Qué hago? ¿Cómo estoy quedo?

Las tablas se hagan pedazos,

que escribió Dios con su dedo;

muera el becerro en mis brazos,

pues vencer ídolos puedo.

Pueblo rebelde y maldito,

dioses de metal hacéis,

y al Dios que os sacó de Egipto

de aquesta suerte ofrecéis

vuestro corazón contrito.

Pang. 18

Moisés.

Pues vive Dios que deshecho

en esto habéis de ver

el ídolo que habéis hecho.

Isacar.

Recio castigo ha de ser,

mas queda Dios satisfecho

todos habemos pecado.

Vau.

Muy justa es la penitencia.

Moisés.

Haced lo que os he mandado.

Vanse los judíos

Rubén.

Obedecer con paciencia,

pues está Dios indignado.

Moisés.

¿Qué te hizo este pueblo, Arón,

para que así lo guiases

a tan grande perdición?

Aarón.

Antes que adelante pase,

advierte su indignación.

Moisés.

Bien sé que inclinado al mal

fue siempre este pueblo ingrato.

Aarón.

Forzóme todo el Real

al horror de su retrato

digno de pena mortal.

Arrodíllase

Moisés.

¡Ah, gente desconocida!

Señor, perdonadlos vos,

y si mi voz no es oída,

borradme a mí también vos

del libro de vuestra vida.

No viva en vuestra memoria

si a mis hermanos no dais

contra el infierno victoria.

Dios, si no los perdonáis

no quiero yo vuestra gloria.

Aarón.

No sea visto en carne humana

tan ardiente caridad.

Vase

Moisés.

Bondad de Dios soberana,

que siga a tu voluntad

esta mi voluntad llana.

Rubén.

¿Cuándo, gran Dios de Israel,

podremos gozar sin pena

la tierra espaciosa y buena

donde corre leche y miel?

Los afligidos hebreos,

¿cuándo, Señor, poseerán

las tierras que agora están

en poder de cananeos?

Salga Vau

Vau.

¡Oh, si acabásemos ya

de morir de una vez todos,

pues que por tan varios modos

el cielo muerte nos da!

Pang. 19

Sale Barach.

Vau.

¿Qué hay, Barach?

Barac.

Ocasión mucha

para llorar nuestro mal,

perece todo el real.

Vau.

¿De qué suerte?

Barac.

Escucha.

Después que mandó Moisén

hacer polvos el becerro,

que volvió amargas las aguas

que entonces bebió este pueblo;

después que se labró el arca,

mesa, altares, candeleros,

de la manera que Dios

dio la traza y los modelos;

y después que Adonay

al tabernáculo mesmo

en la columna de nube

bajó a hablar con su siervo;

después que en otras dos tablas

de piedra, con solo el dedo

de Dios escritas, las leyes

recibió Moisés de nuevo;

y después que todo el campo,

marchando por los desiertos,

llegó a Farán, y de allí

los exploradores fueron

a reconocer la tierra

tan prometida a los nuestros;

y se pidió al rey de Arán

paso por los cananeos;

cuando del monte partimos,

camino del mar Bermejo,

cansados de caminar,

o, por mejor decir, muertos,

entre la falta notable

que tuvimos de sustento,

quiere Dios que con serpientes

nos haga guerra este suelo;

culebras parecen en la tierra,

de suerte que no hay hebreo

que deje de estar mordido,

ni salvo de su veneno.

De hambre y de enfermedad

rabiando está todo el pueblo,

por más que Moisés lo anime

y nos prometa el remedio.

De cobre mandó fundir

una serpiente, y la ha puesto

sobre un palo, de la suerte

Pang. 20

Barac.

que allí los trae, volved, y veldos;

veréis también los heridos

pues que la vienen siguiendo.

Todos.

¡Guayas, guayas, guayas!

Sale Moisén con la serpiente en el palo y detrás de él los demás judíos.

Moisés.

No os aflijáis tanto, hebreos,

que Dios os curará a todos

los que creyéredes que, puestos

los ojos en esta sierpe,

quedarán sanos y buenos.

Isacar.

Ya así habemos de sanar;

ya con salud me contemplo.

Saúl.

Y yo miro de hito en hito,

y yo tampoco pestañeo.

También aquesta está sana.

Naín.

¡Milagro, que ya estoy sana!

Isacar.

Sano estoy.

Caleb.

Y yo de contento

salto y bailo.

Moisés.

Dadle gracias

a Dios con himnos y versos.

Moisés.

Váyanse muy enhorabuena

mientras vienen los instrumentos.

Advertid, pueblo cristiano,

que esta serpiente es el Verbo

que veis puesto en un madero;

a la serpiente del infierno

ésta curó todos cuantos

males la otra había hecho,

y después que sanó al mundo

para subirse a los cielos

se quedó en pan disfrazado

donde todos le comemos;

figura desta verdad

fue el maná que está aquí adentro

desta arca del santuario.

¡Oh, soberano misterio!

Descúbrese el arca del testamento y dentro della hay una hostia en un cáliz y cantan los músicos esto:

Músicos.

El verdadero maná

aquí está.

Pang. 21

Músicos.

Con maná el Dios de Israel

sustentó su pueblo hambriento

porque aqueste sacramento

figurado estaba en él

como en el panal de miel

del león,

que mató el fuerte Sansón.

Ya resucitado ya

y aquí está

el verdadero maná.

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