
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El gran ateniense y sol eclipsado, San Dionisio Areopagita. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-gran-ateniense-y-sol-eclipsado-san-dionisio-areopagita.
Dionisio Areopagita Aristófanes San Juan Marcos La Magdalena Ferecindo Lelio su criado Lucela dama Damiano villano San Pablo apóstol Cleutero Santo Tomás Dos niños hab. Unos fariseos Mateo hijo de Lucela
Sale Dionisio y Lelio de casa.
Filósofos atenienses,
que en tan celebradas aulas
de la magnífica Atenas
os coronáis de guirnaldas,
astrónomos perspicuos,
en cuya facultad sacra
y Lilio y Tolomeo
honran a España,
los que por el alto lauro
sabéis apartes distancias,
que del luminar se eclipsa
sus llamas y sus causas
qué eclipse es el presente,
que con sombra parte opaca
cuerpo menor, oscurece
todo el universo mapa?
Y si de edad que la luna
es catorcena ordinaria,
y el eclipse a intersecar
en boca del dragón la cara
antes de su llena horrible
de tan infinita distancia,
pues que blanquea de prisa
ya el resplandor que derrama
como del norte que influye
nieve sutil de su escarcha?
Qué efectos tristes son estos,
sino en ocultas ansias
o es pavor que nos levantan?
Dionisio, sois tan sabio,
que no tenéis ignorancia,
desta duda que dudáis
no os turbe la blanca luna
que no sé por qué elevada
desde su antro al mediodía
con grados tantos y marca
que a tal esfera cometa
dejando de atrás las casas
de los planetas, y signos
hasta el mismo del tropo
donde juntos los dos cielos
sobre las altas espaldas
del caucaso ardiente yermas
toda la luz le arrebata
no sé si la madre tierna
tienes ofendida a diana
pues paradas a las oscuras
los otros dos te escamotas
gran obscuridad es esta
o tinieblas son pasmadas
algún extraño suceso
o aquí malicia estraña
sale a un trono de calla
Gran Dionisio areopagita
gran maestro en tu patria
cuyo soberano ingenio
tienes llena admirada
tu que en la filosofía
tienes en el mundo fama
y de los efectos sabes
los eclipses y las causas
dinos si quenta de este
cuya obscuridad espanta
pues en la que brilla nueue
vio de centrara batalla
ahora en medio el dia
y se velo el monte baja
sobre el carro claro se
la misma se ve enlutada
que es esto Dionisio
claro
si no luz y si desata
de sus constelaciones
la gorda suma arranca
o la machina del mundo
se desvanece y afana
o el hacedor naturaleza
muere por algún causa
disparan un tiro la cruz q esta crucificado y a los lados llorando S. Juan y la magdalena y maria
mira hacia jerusalen
donde parece q paran
o la piedad
del sol obscuro pausada
este prender emos
en estas nubes apastas
y pues se encubre de el dia
se temor q aleja y asan
vamos a en centrar en Atenas
en pheliguemos las causas
deste estrordin. eclipse
entremos a un betel y atlas
van se
oyga en lutadas oras
tenebroso y triste dia
q a tu hacedor dios adora
ver la humildad de maria
con preñar lagrima clara
por su salud q agradece
la luz con q le dio
y q le tuviera mereces
con q al todo q animo
el muerte padece cruzes
y mortal es porque no sabe
tal misterio a de rudi
que dira del sol q o nace
si no que padece
o que el mundo se desaze
S Juan
Madre maria
quieres q bamos
Mujer la luz que n a
y las tinieblas penosas
en su habida alegria
ni es la águila q abala
a la a que le aborino
que a ten estelinan
pues ella misma a sus mismos
ninguna lampara es
de dios como dos unicos
todas las cosas se pan
nada sin el ser vivo
lo que en el se mueve duda
ningun efecto de as vivos
el vida y autor de los hombres
a dada a la luz del cielo
en q el a negra tiniebla
con q al sol el luz q dios
luego q sonrió a ella
mas no te arrebate endudo
el q le embio a la tierra
un hombre que pienso dijo
que se llamaba su nombre
para que de testimonio
y aunque si era luz
el no era la luz del vivo
para q con mi darte
deste la luz sol macizo
claro sol luz verdadera
que a todos los alumbra q ui
a quemando en el mundo
misericordia en tu pollino
y unilde el mundo efana
donde a es a lumbre sino
al on bre q conoce
rindiendome a q se fier
y asi de alumina te
donde como a de bendito
no se de a ben a sus o s
ninguno te a de en condad
a los q le reci bieron
a los mozos q en su hs
poder de q ser de dios
que son los hijos del n m
supo ni e lo q dios los en b
los q de mi se hubieron
nacidos no de nor en dios
sino de su apetito
finalmente virgen santa
el q a caido o si lio
es el q en brax errada
su ms. ceno por le le qui
viviendo en hero is mo
q si la luz n la luz un
a la as. tasa donde
el q a die lo llamo jus.
Fiel consuelo y dulce amada,
mi vida por quien yo muero,
si el Tabor, si el alto cielo,
os tuvo por gloria cierta,
y hoy mi rigor me sujeta,
como el sol va ya eclipsado.
¡Ay, Señora, qué dolor
que tu corazón amado,
con tan puro y sumo velo,
con tu divina sangre amor,
como cáliz del tan lleno,
quieres que el mundo se llame,
y la aurora de mi cielo!
¡Oh dolor, saca el veneno
de mi propia sangre y venas!
¡Ay, que amarga y fiera pena!
Turbado el sol, la noche se apresura,
y los montes más altos y los peñascos,
al tallo y faldas por la tierra oscura,
dejan la luz a mis suspiros.
Las plantas lloran triste amargura,
y el cielo oscuro en lágrimas se envuelve.
O Dios padece, o el mundo se disuelve.
Salen Fecenio y Celio romy (Romanos)
En efeto de Atenas
¡oh naves! la carrera celebrada
a diosas ajenas
de pacíficos favores ocupadas
donde mi madre Roma
inmortal vence y cien veces doma
y que heos del navío
en la mar alta a la fatal fatiga
Quedó Fecenio bajo
y oh mar, que hierba de funesta alga
aquel bajel salía
del quiebro que al Austro no se iguala
Restos no son de humanos
nos y Dionisio rumo a Atenas
A Atenas venimos
que de temenda y que de osadas
no tenéis alto en dios
en el mar, al nunca fondadas
Temed ando
Romanos si a la villa llegados
al puerto no venidos
temo siempre y nunca confiados
de Nausicaa famosa
marca que emula al bravo dios
Venturoso ateniense
que oh patria leal al menester mío
fiados que el cielo protege
da me más mal de que el fado se queje
de la fiera fiereza
no te ofenda y la alargue
Sin embargo que saca saca
la luz del sol al senado
por su valor y importancia
a Roma en servicio me a ymbiado
por presidente della
y por su patria deudos se desvela
Fialo de Fecenio
que es un señor tan grande y aprestado
sino en tendido y grave
bravo, labioso, en el que se deleyta
la do queza en el alma
o fiado, haced el negocio y parta
no hay quien lo impida
en la triunfal corona de las rosas
y tanta fe y librada
y a su celeste y marina foca
que valga por el César
en el turbado y espantoso mar
En fin ansí quedamos
con harta esperanza aprestada
a no vengar el daño
que de algunos abrigos le agrada
mas llegado a Atenas
su crudeza su peso no desenga
También el mar sentía
el milagro o eclipse el hado cría
sin duda padecía
por sola piedad naturaleza y entristecía
del mundo se deshace
de los que en él habitan y así yace
Y en fin eres Romano
Oh valerosa nación
Pues yo el celo
Si el amar es humano
que humanas prevenciones apelle
más fama no se atreve
Humildes buenos días muy bien venidos
A, para conoceros,
cómo te llamas
Me llamo Fecenio
y rindo mi fuerte
al que de dios o del sol es el ingenio
en Roma celebrado
Yo soy Dionisio el sumo magistrado
y indigno del estado
de valerosos y rancios hidalgos
Por el mundo te llama
Dionisio, en todo gran sumo y sabio
cuando te viera feo
que en tu semblante hay sol y hay recreo
dame los pies a besar
que de ti el mundo se a de maravillar
Quien te alle a ti tan
sois vos en el allanar prados
que serás señor de ella
o con servila querrás ofendella
Por servirte he estado
tus flotas te he aprestado y privada
que aquí serás servido
de naves, y escuadras, y armadas
que en la alta esfera
en tus edictos presurosas vuelan
Con esto Fecenio a
a los romanos gran señor y garbos
y a los de alguna mente
confiando andas por entre las ramas
pues no es de importancia
en naves que es de pacífica estancia
de naves que es de plata
y en los te ofecen más de lo que tratas
de ver a Atenas que esta
en la cumbre del mundo a la europea
y descubriendo a la luna
dar cortes del cielo mediadora
Vanse, y parece una señora
Y Leandro, y Villafañe
Oh purísima y madre mía
cuya sagrada vestidura adoro
y puros clavos lloro
de tu apacible y desolado coro
y a que tibia sagrada compañía
de viudas, y casadas del tesoro
que es mi señor el sumo
y de los hijos un gran seguro
o clara huella que de Cristo e visto
en que de luz los fieles corazones
con que en el cielo reparas varones
sin propicias sin iras sin medida
fortaleza Real jamás rendida
roca en el mar de mil tribulaciones
Ay señor como mi señora
dice tantas
oh lumbre del mundo
que me quieres decir
Como a señora
en los templos consagrada
y en piedad mi fe desatada
en que guardan las huellas
Bien buena va
en fin con gran dolor mi sol se adora
y en el destierro al llanto
y a sus marías el cielo previene
mas que la luz del mismo cielo viene
después que mi maestro soberano
subió triunfante al cielo arriba
nuestra fe y sacra ley es altiva
sin que la altere el tiempo
como vos
yo consuelo a mi alma
Continúa el manuscrito a cuatro columnas...
¡Oh, Dionisio amado,
de nos, de Atenas, tal prenda!
Sirve de báculo a tener
a mí, en mi vejez que es
quedo para una atenea.
¡Oh, luz, que te nos ausentas!
¡Oh, cuándo!
¿Cuándo ha de ser?
Que nos volvamos a ver.
Los dioses os den buen viaje
y os lleven.
¡A Dios!
¡A Dios!
Triste cosa,
que nos dejes sin lumbrera.
¡A Dios, patria!
¡A Dios, señora!
Dionisio, que el cielo
os dé buen pasaje y mar
a las estrellas del cielo
y a las arenas del mar;
a vuestros dioses ruego.
¿Qué falta? ¡Que embarcar, que sea!
¡De quien hace compaña!
A mí el alma se me aflige,
de vos, Cario, y de mi dama.
Ha de ser él.
Que sea.
Vanse todos. Queda Dionisio de rodillas delante del ídolo.
Levántase.
Muy triste se me ha parado
el alma, y qué sé yo qué siento,
qué mal que de mí se ampara,
al tardar en ver su agrado.
Atenas, no cansada,
por el sacrosanto altar
que en todos vuestros muros
se haya de edificar,
que pasen el mar seguros,
y hay seguras en la mar.
Mas, ¿a quién ruego? ¿A qué pido?
De público y real favor
merezco ser excluido,
de un ciegamente adorado
numen que no es, no es Dios.
Sale Damiano.
Dionisio, el gran magistrado
de Atenas, no venera,
cuya íntegra reverencia,
en administración justa,
si eres como fiel juez,
y recto como su fiel.
A mí, lastimado padre,
y de ser juez a la idea,
un hijo que en mi casa,
el cual desde su niñez,
obedece a mis consejos,
hoy, viendo en su loable vida,
se ha vuelto un desatino; actúa
acertada como antigua,
sin dejar supersticiones.
Sencillamente regida
en su gobierno, que en casa,
grande un nuevo error suscita,
que burla de los dioses, y adora
para turbar mi familia,
a un Nazareno,
la barba larga, blanca y partida,
con venerable la frente
blanca, y graves mejillas,
vestido un sayo pardo,
alguno de Galilea,
que fuera amable en el mundo,
a no predicar mentiras.
Deste, ha osado en mi casa,
y con una falsa deesa,
fingir agravios, e insultos,
que en tal tenga la vida.
Cenó poco y durmió menos,
que ven cuán secas astillas
su cuerpo leve diole a la cama,
no más que la noche limpia,
y así es que se anochece,
que sin duda el Licario,
a aquel venerable juez
levanta, y se enajena,
regó llorando la vida,
y cayendo de rodillas,
seis horas enteras ora,
con gran admiración mía.
Viendo entonces estas cosas,
que es el juez que de acá
a quien de su estado fundo,
le pregunto: ¿aquel de quien
no lo has preguntado, apenas
cuando suelto en furia ciega,
a un crucificado Dios,
vertiendo lágrimas vivas,
hombres atenienses, dice:
que Dios, que el que es venido,
la redención de los hombres,
del reino de Capadocia,
hace hoy en Fenicia obras,
mirad que no se esconda y nos
las acciones temporales
de las que se prometían.
Yo soy Pablo, aquel que vosotros
la verdadera perseguía,
y a las piedras adora.
Dios, queréis salvar hoy de las
a Jesucristo, y perdedios,
que su voz es a vos María,
palabras del eterno,
su misma tabla diría,
aquel que enferma, al que
a un mundo ha dado la vida,
por su pascua que es el hombre,
resucitó al tercero día.
Cras cras muchas cosas,
revocó créditos dados,
y por el temerario juez,
que Eleuterio las oía,
en viniéndole la razón,
al m. que aunque mi nra
si merecen los bueyes sus voces,
con notable celo y ora,
y a mí también me asombran,
sino es que al sol,
como a las vísperas encan
las orejas, y ofendidas.
En fin mi Dios vos me habéis
seguido en cuanto ciego
Faraón de él inocente
remediado por justicia.
Que con tanto atrevimiento
predica y no me restringe.
Saúl, el cielo que nombro.
Llámese aquí desde luego.
Venga Pablo amados santos.
Antes sin llamarle viene.
Eso es tanta
algún misterio contiene;
tomarse licencia tanta
quien sabe que no la tiene.
Salen san Pablo de apóstol y Eleuterio muchacho de Dios.
Rebelar a la licencia
que para entrar pretendía
pues resucitó en nuestro día
a Jesús, hijo de María,
a quien el sol reverencia,
y en su mayor resplandor
se eclipsó su lumbre, se ve de
escarnios.
Estáis bobo.
Callad que me acuerdo
de su escuridad pasada,
mal que me pese que muero
entonces.
Murió en la cruz
que abrían sus luces
murieron sus verdades.
Lo mismo me parecía.
Traigo con vos una empresa
de grande y importanancia
Quién eres y cuál es esa
Ella su calidad os diga
que sacará almas del infierno
y yo que me conocéis
sin recato y de la fama
quien soy, el ciego Ateniense
sabrá lo embustero y palabrero
naúfrago en tierra y frene
en Jerusalén la santa
con la ley, mi magisterio
las ansias que a Dios daba
y a los suyos, los amantes
y a los que por fin en las armas
del gran pontífice, en sus
midas y con sus cartas
contra jesuscristianos
y buscando del las memorias
que los cristianos ponían
que entonces se levantaban.
Llevaba más con mi gente
que a sus mismas murallas,
con hachas, picas y muros,
y la quietud a mirarlas
con vistas de damas, y secretas
soberbias y altas medallas
cuyas armas al cruel
Saúl al cielo se levantan.
Como no temes que llega
a brotar rayos sin alba
el mar de setenta enemigos
que a celebrar su fama
salió. Yo soy el gran hebreo
Saúl por blasón me llaman
a cuyos despachos
temblaban en sus victorias
mi vencedora bandera
mi aclamada majestad
que en las mismas estrellas
os dan su lumbre turbada
llena veréis, y sus vejez
de nunca fundadas armas.
Brotar a los vientos ciegos
mis ojos de edad ajada
con hacer a los ídolos
ofrendas de poca semana
en una trinchera expiara
y a la adúltera rara
impía gente me mira
por honra de mi patria
derramar sangre a la arena
que al mar dan los ultrajes
del gran sumo sacerdote
traygo comisiones largas
para que a los que le sigan
de crueldades resultantes
al nombre que es del alma
animada la rebelde
con mal formadas palabras
llevaré en prisiones
de que te apedreaban
por no sé qué mal suceso
de estado, que a de la capa
caen beleños viles
gentes que se llaman España
a las sucias escondidas
para esconder sueltas faldas.
De dar vuelta a la arena
hasta que el baile se apague
de la gran rabia ardiente
hasta Europa la templada
al nabateo de Siria
de su crueldad lamentada
que el que no rinde el cuello
y de canta a la de mi patria.
Saúl me llaman los hombres
de su armería sagrada
de no descansar injurias
hasta que me llamen saña
en las más altas damas
mi ira que brama y a la mar
que rabia en entre sus
abrigagas y no sanas
apenas las ultimas della
desde cuando el cielo brama
los mormullos de nubes
y de rayos se disfraza.
En el calor del sol plantó
medios una bella zahorí
Saulo soy que me persigue
este Jesús que me agrama
caí sin ánimo al suelo
levantando la cara
apenas dije quién eres
que por mi nombre me llamas
vi un sol notable y terrible
algo más sereno y claro
así y lleno en su aliento
a quien oí y vi sin pausa
el habla de Cristo, y vivo
con celo de amor osado
tocóme en el alma y dije
domine quid vis ut faciam
el haciéndome cortes responde
entre limpios rayos su alma
que milagros hiciera Dios
que gusto que del se halla
allí me enseñó Ananías
bautizóme, y afanada
la ciega monarquía una
dejé, y predicando a Cristo
por todo el mundo,
con victoria y de gracia.
A esto vengo ahora a Atenas;
atenienses, escuchad,
y un Dios, un Cristo predicad,
que en las vírgenes entrañas
tomando forma de siervo,
vistió nuestra carne flaca,
nacido fue de una de ellas
por la salud de las almas.
murió en una cruz, que en cruz
se daba por más infamia,
turbóse el mundo, los cielos,
el sol en luto su cara
quedando eclipsado, y viste
yo noté grande asombro, esto basta.
Y por tan gran hazaña
cómo Dios murió aquel día
tan triste, tal tristeza
fue indicio de que moría
el Autor de naturaleza.
Y a los tres días resucitó,
y a una diestra tan brava
maestro y Dios le asiendo.
¿De que Dios?
De Dios el que encarna.
¡Oh Dios! que a Dios encendió.
Por tal asombro medí,
que moría Dios, por ser igual.
Gana mi devoción, ¡ay de mí!
Pues murió por ti, ¿y su muerte
en fin que murió por mí?
Y murió medroso y quiso,
este Dios que reverencio,
a los postrados a sus pies.
Es uno, Dios y no es nada.
¿De un Dios encarnado es el Hijo?
También tú, predícaslo.
Y
mi maestro me lo enseña.
Ya de mi boca lo aprendo,
que es un Dios, no es pena
soy racional hombre, uno.
Padre sumo magistrado,
no hay Dios, Dios que me cuadre,
sino el Dios que ha predicado.
Que de él me amparo.
Padre,
Tú por camino acertado,
no os vengo a manifestar,
fábulas que nunca he visto,
ni he de ir como ninguno ando,
que el Dios no conocido
es el que os estoy predicando.
Al altar del rótulo.
Y noble Atenas que en tus aras
la misma verdad da voces,
aun los altares de aras,
engendras y no conoces,
Dios con señales tan claras.
Abre los ojos, Atenas,
que tan ciega has estado,
que un Dios te ama y apenas,
es Dios no conocido,
de sus maravillas llenas.
Por que pongas altar
a este Dios que es de mi Dios,
Díceselo, que para él mas.
De él y de doce carreras.
¿Y un Dios que pudo pasar,
que a mal fe, dice del
Dios que desmintió los senadores
de senacado crüel
que a su guisa a Daniel
arrojado en leones.
Que trajo por un cabello
a Babilonia al profeta,
que un fiero mal que a ellos,
de su alta trompeta,
cayó un muro fuerte y bello.
Que en Babilonia a algún alma
el horno no maltrató,
a los que dentro tenía
antes su capillo, ahogaba
de música aparecía.
Que de un furioso, abrió boca,
que a un lobo fiera
quedó blando, mira ahora,
que de una roca dura,
sacó una limpia santa.
Es Dios de quien publicáis
tanta alabanza, llenas
de su poder fin, pues
Y murió en altar en Atenas.
Pues el Dios a quien adoráis.
Ya sé lo que decía.
Y a no llegar a Dios no lo entendía.
Que,
Recabad lo que os día.
Que en Dios que maravillas.
No os ha de amar,
pues luego por nos ha muerto,
de amor nos ha de encender,
a quien le ha de responder
con tiempo de conocerlo.
Des de que a Dios conocido.
Vuestro ya a mi Dios se ofrezco,
con su deidad que le nombre, y es
advirtiendo que tiene alteza
Dios, y aquese y a muerte
tuvo extraña bajeza
y más, si es Dios, ¿qué le prende?
¿cómo muere?
no te espante
que eso fue porque adviertas
que no hay hombre tan valiente
para morir por el hombre
pues que habiendo Dios criado
a Adán en el paraíso
comió del árbol vedado
pues ¿qué, de Adán como quiso
fruta que quiso ha osado
el enojo de tal comida
sin duda que a Dios ofendió
eso, y a vuestra reparada
de una Virgen, que quedó
Virgen después de su parto
¿qué de veras ha Dios bajado?
creedlo a pie juntillas
sí
Pablo, se os me ha deparado
de cuantas nuevas oí
del Evangelio sagrado
mas esa Virgen por ventura
¿quién era?
¿qué queréis que sea?
no busquéis más, la afamada
si Madre de Dios fue dada
por su luz y he de alabar
no penséis con crudo tal
tal y natural limpieza
con él iré
a Dios, a Dionisio es tal
que es su sangre, su nobleza
por que no falte leal
casta hermosa amada y santa
tanto en fin merecer pudo
su perfección es tanta
que el silencio con ser mudo
la canta y celebra y canta
¿y vive esa Virgen?
sí
¿dónde?
en la santa ciudad
de Jerusalén allí
ejercita su piedad
en mucho resplandor, y en mí
y allí con ansia infinita
remediando nuestra sed
el bien común solicita
y los lugares sagrados
regando con que visita
sube al calvario en que fue
divina su redención
donde algún bulto se ve
y hace oración
la que de su sangre unció
y tras ver arremete
con ansias de amor madre
al venturoso trinquete
desde donde subió al Padre
y hace el baptismo inerte
y tal vez el santo Jordán
del bautismo en el Jordán
de verte me alegro hoy
¿quién fuere, Señor, San
Juan
que esta a en agua de regir
y sirve a la compañía
como dice de Cleante
y a administrar el pan sagrado
que al fin en la cena fue, San
que a su Dios quiso ver el hado
enseñasme tantas cosas
que a no estar elevado en ellas
de veras que me dieran pavor
quiero profanar mis querellas
pues tú predicas las cosas
y a tu favor, señor, fío
que el sabio me alumbre
y a ti me dé su compañía
de aquese que dices ser luz
del sol en medio del día
todo cuanto enseñas creo
¿qué falta más?
el bautismo
¿y el bautismo que decís
qué me ha de dar?
como mismo
que en ti verás lo que es
¿qué defiriere que quedas?
Casi me convences, Atenas,
a que, a no ser del estado,
tomad, varones de Atenas,
vuestro sumo magistrado;
mas porque no quede duda
en lo que deseo entender,
¿a quién profesar me mandas
fidelidad y merecer?
A Dios primero que ayuda.
Dime, ¿qué es bautismo?
Yo.
Es contra la original
culpa, porque nace contigo,
un lavacro espiritual,
quedando de Dios amigo.
Pues ese lavacro quiero
por merecer la amistad
de amigo tan verdadero;
de hoy, atenienses, tomad
un Dios por Señor primero.
Si un hombre tan grande ha dado
a esta doctrina fe y luz,
basta lo que he dudado;
lo que el gran Pablo predica,
creo.
Y andas acertado,
porque esta religión
es la que al cielo nos lleva,
y nos pone en salvación.
El predicarla apruebo
pues es fundada en razón.
Suspendan a mis voces
los de Pablo y de su bando,
porque mis vigilias goces
dando noticias, hoy dando,
se conozcan y le conoces.
Ea, Saulo, a bautizarme,
y ya que llegas a enseñarme
dónde pueda mejorarme,
a servir he de animarme,
allá vayan a buscarme.
Es a una mujer,
virgen, madre de Dios.
Iré con vos a la ver,
que no me puedo perder
si la comunico y veo.
Vamos, y hacerte en buen hora
el bautismo que me pides.
Casta y celestial señora,
y a tu hijo en ti escondido,
de un ateniense que te adora...
Y pues en lealtad
tanta gloria, el ser primero
en tu ilustre cristiandad,
consagrarte obispo quiero
de esta famosa ciudad.
El gran cargo para mí
en mí cabe apenas;
crece la fe, y tú ansí,
ea, varones de Atenas,
viva el obispo de aquí.
Asi como dize Dionisio / el dios de naturaleza
A este tiempo han de dispararse dos arcabuces y por algún rastro o roal cabuzer y a un tiempo se han de descorrer unas cortinas y ha de aparecer un cristo grande crucificado y a los lados san ju y la Magdalena y un traper... orando y penitente de suso todos elevados mirando al xpo, y Dionisio y ristofanes yen loq tocan santas obca... un organillo sordo o cantan los cantores un verso y con bordon y luego diz. Dionisio
este es el sol eclipsado
que murio por nuestro bien
que murio por nuestro bien
en aquel palo clabado
y quien en os trajo aquí
para que yo me convierta
y deje esta vida incierta
y de oy mas mire por mi
yo soy cristiano des de oy
y en su fee me industriare
y su ley predicare
buen Jesús siguiendo os voy
caen y ciérrase la cortina y vanse y dize san juan
Salen Lucela y Fescimpo con una carta en la mano
carta sera de mis penas
si el portador me mintio
que reciuir carta yo
por decir que de atenas
cuando bien prosumte
un bergantin buela
tendida la menor bela
le trajo ahora (calle
mi hermana en el sobrescrito
tengo la de por mi hermano
y manifiesta en la mano
el secreto me asusta a bala
un bergantin sin darme salba
como no la abeis leido
lee la carta
no quise leella sin ti
mi buena intencion me salba
Por ser vuestro marido hermosísima
ateniense y un esposo
celoso y teneros tan encerrada que no
ay lugar de hablaros amor de
palabra o hacer la menor senal
use deste medio por el cual me
ofrezco por vuestro humilde criado
supuesto que siempre os
dad licencia a levantar los parpados
cortinas de vuestros ojos para que veais
en los mios lo que manifiesta el
alma que me teneis tan oprimida
y cautivus con esperanca de vuestros beneficios
la cual es o fiel y confiado en que sera de
vos acariciada y admitida mi fee el portador
que es esto cielos supremos
del que os Rindio afrenta atroz
llega a ser el portador
de mi carta y vos blasfemos
dioses como os consenti
tanta traycion y recato
que vivis en el trato
de esta y se de que os fingis
vio el mundo tal hermandad
que estoy infame, suspensa
hasta la respuesta piensa
para negar la verdad
que una oriental nacion
su imano el comun vulgo
llama sutil y amor
a este hermano que te escribe
que es to a la de mi mujer
no respondes, no has disculpa
ella conoce su culpa
que te puedo responder
si todo caen me cuesta
que ya callando me culpo
y hablando no me disculpo
que he de dar por respuesta
el rostro tiene difunto
que dizes deste papel
que lo que tu sabes del
se yo y en el mesmo punto
pues quien fue el que te le dio
vestí el paso, callaba.
el capitán de la nave
fácilmente conoció, y así
halló, es disculpa en bonanza,
dentro ya de mis recelos
aseguran mis celos.
Tomando de la bonanza
y conforme a ella vbiere
haré el castigo tan bien
y al fin que el que quiere bien
tarde mata al que bien quiere.
que la berdad aparente
suele salir a la cara
en esta isla apacible
algún descanso tomad
y bos tan bien descansad
mi descanso es ymposible
porque, señor?
Porque beo
algo mi gusto turbado,
mi firme amor mal pagado,
y burlado mi deseo;
que triste, que disgustada
vays nabeando con migo
contenta boy dulce amigo,
y tan bien enpleada,
señor de mi corazón,
amado esposo, bien mio
con sus ternezas mintió
creo que fingidas son, y si
su boluntad fingida
para con migo es desdén
quien supo de querer bien
a mí que fui querida
ya te entristeces, y lloras
mas mis sospechas recuerdan
ya apostaré que te acuerdas
de algunas pasadas oras,
de algunos ratos suabes
que se an benido a perder,
sabes, Lucela, ofender,
y disimular lo sabes;
alégrate, que te apruebo
limpia las lágrimas, vea.
quien darte vn gusto desea
tan bien te vedará en esto,
tu senblante es mi alegría,
ya me alegro, quien fía.
algo mal contenta estás,
pues no lloras causas mías,
alguna ymaginación
te dio, y te ofende en la cara,
que bien dize en que es la cara,
te alteró el corazón.
que es esto, amado Señor?
Soy celoso natural
Pues si me entristece el mal,
y si me alegro peor,
que triste suerte es la mía,
que estrella contraria es esta?
siéntase y échase en el brazo
Sus, recelo desonesta,
y fingida y boz fría;
siéntate a dormir vn poco,
y recibe mi entretención,
que prestar te e el brazo.
Que extraño estás
mas que loco
a fe que as dado lugar
mas de una bes para esto
a ti solo
desbíase y levántanse
pues tan presto
sabes tanto acariciar.
duerme aparte que me enfadas,
tanta deshonestidad
como entibia la beldad
en la mujer mal casada
que por Dios te bas oyendo
siéntese y duerma en el brazo
pues no te e de obedecer
o yo no te se entender
o a mí misma no entiendo
vase y dan dentro unos gritos
aquí se baten las velas
y despierta Lucela
O nací para penar,
o en todo es mi diferencia,
de quien razón sabe vsar;
a mí me cansa el silencio,
me atormenta el velar y ablar,
si me recato me afrentas,
si me deja desespero,
si me miran me atormento,
y berla con pena muero,
y rabio de berla contenta;
pienso a desoras que me mira,
que finge y que me desprecia,
que se entibia si se retira,
si no suspira que necia,
y que es falso si suspira;
una experiencia hhe de hacer,
amor falso y mentiroso,
beremos la causa a ber,
si se me cuaja este infierno,
que tengo en tener mujer.
Dormida debe de estar,
y doy tregua a tanta guerra,
alivio a tanto penar,
cansáysme las caricias tiernas,
que no las puedo llevar,
quiero la dejar, harélo,
pues no aze ni dispongo
aliviar en mi desconsuelo
si vn mar entero no pongo
en medio de mi recelo.
Duerme, bella esposa bella,
que en la playa de marsella,
oy quedarás por ahora sola,
sino del mar las olas,
con el capitán en ellas.
Voces dan, esposo, al mar,
mi fescimio, donde ay yo,
es de él, no te oyes llamar?
O falta fescimio o yo
no acabo de despertar.
Falta en estas arboledas,
para dejarme escondido,
que tal crueldad vsar pueda,
pero si te bas, ay do.
Lucela donde te quedas,
si ba el ladrón de fescimio
en su fugitiva nave,
espero le alcansaré,
que si el puerto no es ave,
en sus alas bolaré.
Ay, que delitos míos, y as
dímelos, enmendarelos,
que mal escritas consejas,
y desatinados celos,
no son legítimas quejas.
Cruel si en estas arenas,
me abías de dejar burlada,
nave en que embarcarme pude,
me disfrazas al rigor quebrado,
para envidia del atenas.
+ amor alterado
El corazón y la vida,
bárbara, bella y espalmada
mas ansí a fe transida
que vas a cañoneado
toman por tiro fuera.
Que me vinieras a matar
que más favor me hicieras
en dejarme muerta a amar
que en darme viva a las fieras.
Suena música dentro y dígase cantado o representado esto.
Letra
En la playa de Marsella,
entre peñascos y riscos
tan atroces y crueles,
quieren hablar a lo sordo
a los escollos ciegos,
honra del presente siglo,
líquidos frontales beben.
Y de entre mil suspiros:
«Ay, dulce ausente mío,
mientras más apartada, más grito».
Solo y con música buena,
que es todo donde he venido,
que cantadora sirena
llama cantando al oído,
adonde duerme mi pena.
Dicen que el hombre que canta
sus males suele espantar,
mas si la dulzura canta,
sin duda el que oye cantar
los suyos también espanta.
Y a oír suavidad tan rara
de mi mísera pena,
oh, ruego a Dios que cantara,
si canta por quien yo peno,
toda mi vida penara.
Por donde la voz me lleva,
y a escuras y a deshora,
guía segura lo que deba,
descubrió ventura escura
de una temerosa cueva.
Voy do siento por ella,
quién sale?
Sale la Magdalena de penitente.
No temas, tente,
humano soy.
Y tan bella
que son de otro sol oriente
los páramos de Marsella.
Pues, ¿tú la que cantabas?
No, Lucía, nunca canto,
que esas voces que escuchabas
son contrapunto en mi llanto
que dan a estas rocas bravas.
Quedé a media muerte
de temor.
¿Deso te espantas?
Aunque mudo este desierto,
secretas estas plantas,
ellas me lo han descubierto:
tu marido te ha dejado
de tu hermosura celoso.
¿Quién te lo ha manifestado?
Soy desposada, mi esposo
que sabe cuanto ha pasado.
Pues casada mujer,
divina, tú sientes lloro,
mas, ¿quién puede más que
besar puras hebras de oro
en tus rubios cabellos?
¿Tanto te parecen bellas?
Que sirven de sol al día
y a la escuridad de estrellas.
Pues yo sé quien algún día
se limpió los pies con ellas.
Cabellos tan ofendidos
antes los castigos,
que aun en tus suspiros caídos
hubo quien, sin mi marido,
dejarlos y a teñidos.
¿Tan calificado es?
Es tanto calificado,
hombre de tantos recelos,
que a la invocación de su lado
le sirvió de agua después.
En gran estima le pones.
Es por extremo amador,
y así en muchas ocasiones
se lava de puro amor
con agua el corazón.
De este amador soberano
que tiene casa en los cielos
te da esposo la mano;
como es rey tiene celos
si quiere la de un pagano.
Que me case en fin para sí,
y a mí me hizo porteadora.
Si unirme fuera de Dios,
mas, ¿cómo quieres que quiera
a un hombre que nunca vi?
Basta que te he visto yo.
¿Y te basta que le ame?
Y me es manifiesto,
muriendo y mira a la cama
en que de amores murió.
Que ya un muerto me alegra,
quedas del todo turbada.
Vive, aunque murió aquel día.
Dime si el lecho amada
que en esa cama yacía.
A su medida está hecha.
Tan poco después se halla.
Más que el vuelo de una flecha.
A amistad verdadera
siempre muere en cama estrecha.
Ya le adoro.
¡Oh, si le vieres!
Más que le verás, desea
siempre en él tu presencia,
pues en sus labios emplea
esas perlas tiernas.
Desnudos y manifiestos,
todos mis secretos ves
que en tus riscos
lo honesto y a tus pies
saldrán sucesos.
De admiración estoy llena,
dime, ejemplo de mujeres,
¿quién eres tú?
No tengas pena,
después sabrás quien soy.
¿Quien eres?
Soy María Magdalena,
que al pie de un peñasco frío
a mi pecho semejante,
después que este fiel cordero
abrió con sangre el diamante
de tu yerro y mi tesoro.
Que quien duele descansando...
Vanse.
Vive y muere juntamente.
A la playa de Marsella
ausencia viene a llorar
y estoy tan hallada en ella.
que quien me puede hallar
riscos sube y juncos huella
aunque yo misma andaba
es que por el paso bia
porque en esta yema estaba
corona del Apolo indio
que de Rey representaba
o que entrañable amistad
te boy cobrando
abenidas
son de la inmensa bondad
mas porque no me combidas
que tengo necesidad
que quieres
como quisiera
pudiera regalarte mal
a benir antes te diera
toda la miel de un panal
y yo comiera la cera
parece que te sustentas
dese manjar mal sustento
base a la cueua
muy humanamente sientes
que antes es buen alimento
el que se proa a los dientes
que buena fortuna mia
me trujo a abitar al monte
entra magdalena con raíces
encima de un Corzo y yeruas
hasme de comer mañana
ya te trayo de comer
el apetito que tenia
Toma
que me das
raíces
que de esos arboles tomo
come y no te escandalizes
que de esos manjares como
toman regalo
que dizes
asme mudado el color
a un que no tienen balor
raíces comes y cera
mis sobras quien las comiera
sino con salsa de amor
sin duda tiene el que amas
grandes partes
si quieres saberlas
tiene tantas que las ramas
crujiendo el biento en ellas
dan a gritos sus famas
dame relación entera
porque sabiendo su nombre
con mas aficion le quiera
entra
el que adoro es dios y hombre
leon fruyte piedra cera
cordero mana inmortal
racimo sarmiento oliva
vino flor virgenes sal
olio balsamo agua viva
ostia bictima panal
palma cuyo fruto aprueba
antes que empiece a nacer
ya su luz el sol nos lleua
acabaras de ber
quien es mi amante en nom
por dejarme aficionada
dizes que nos lleua el dia
pero pues queda cortada
la historia de mi alegria
primero que comence a da
tu huelgas de agradecer
y comer lo que me dieres
y oyendo te es menester
asta saber a quien quieres
a quien tengo de querer
entrase en la cueba y sale San
Juan y ponga una mesa baja con manteles
y pan agua y cochillo
dispuesta mesa y operada
de esta manera compuesta
a la que os da la calidad
que fe desierta no necesita
vos de la honestidad
celestial Rocio
que antes que el sol se lebanta
que con amor berdadero
esperan vuestra luz santa
manjar mesa y despensero
sale la bison con mad y San Ju la a a de
reberencia doy sumplise de la oyendo
virgen.
sumpsi tenys a y dado
de probar mi comida
plato oficio de criado
criatura de dios bestida
sol de su oriente enbiado
sentaos a comer estera
pan blanco agua clara y fria
que a un que sois mas clara y bella
por lo que tiene de mia
sabeys de honrar con bebella
que aunque la contemplación
almas santas sustenta
de en cuando en cuando es razón
que le deys recreación
juntase y bey a la bendición
que me habéis traydo san Ju
prudentisima señora
lo que de bo tos me dan
solo pan os trayo a ahora
pues comer solo pan
o manjar al mundo dado toma el pan
al mundo para su bien
en mis entrañas senbrado
y en los campos de velen
que es casa de pan sagrado
tantas marabillas hizo
en bos a que lo ean pastor
que por tanto satis hizo
a no ser vuestro hacedor
fuera de su os su bechico
los a elias casi muerto
y a eliseo haceys
pero un al recubierto
a la ban los cinco panes
los cinco mil de oi sien
pero cuando en la espesura
del monte no hiciera en bos
dios lo que hacer procura
transustanciaros en bos
pensays que es poca bentura
comed celestial princesa
esta es mi comida san juan
pues partid el pan si es esa
no se a de partir el pan
hijo a nrayndionamisa
loadme a mi dibidido
antes sunb es mi yo
que me acuerdo que al partillo
dios vuestro maestro y yo
entramos en el castillo
y pues es voluntad suya
que un tero se coma el pan
ahora se destruya
que ha de andar mal por quedar
a dios ocasión que tiya
En fin queréis academia
dar el pan que es para vos
Sí, Ju.
Pues desde María
dar pan es propio de dios
pues él lo da cada día
y lo que gusta de bello
donde la fragilidad
humana pueda comello
no solo la voluntad
sino asimismo da en ello
Bien acreditado está
en esta parte su nombre
¿Y quién no lo estará
que no da capor el hombre
quien santísima la llama
A la puerta llaman, mira
Y mira, hijo, a ver quién nos quiere
será alguien que no haya y se admire
Id por Dios a quien pidiere
y abrid al que fuere y entrare
Vase S. Ju. y pone las manos, lueygo arrodillóse y luego se levanta y juntas las manos
¡Qué de horas han pasado
hijo deseado al y sente
que no ose comunicado
mas como quien tan bien siente
mi turbio lloro y cuidado
sabéis que aunque obediencia
que os debo como a mi dios
me da a no veros paciencia
estoy absente de vos
mirad qué penosa absencia
señor, hijo, esposo, amante,
vida, salud, luz, espejo
mirad (suspéndese alcuñade)
coluna constante
mientras el mundo os dejó
sois en el mundo importante
Pues sus vuestra voluntad
conesa biva la mia
Sale S. Ju. muy alegre
Señora, albricias me dad
¿De qué?
No veis mi alegría
dudoso Tomás honrad
Sale Santo Tomás con túnica y la payata y bordón, y arrodíllase
Pasos, con tanto gusto caminados
aquí descansareis, do vuestra pena
pies polvorosos, por la mucha arena
y por el largo caminar cansados
venturoso premio sois llegados
adonde todo es gloria y nada pena
es posible sois vos, Virgen María
Tomás, ¿aún sois dudoso todavía?
Yo soy vuestra intercesora
sea mi tesoro
y abrazadme
No, señora; los santos pies besaré
pues en el losoro adoro
apenas, señora, creo
que con vos merezco estar
Pues, ¿ya no veis?
Sí, veo,
pero aún me dudar
la fuerza de mi deseo
Creed, valeroso indiano,
lo que veis tan descubierto,
y si dudáis, lo que es llano,
no tengo costado abierto
adonde metáis la mano;
yo soy la esclava María,
por tal me podéis tener
Si un publiquen lo creyera
que se hizo fuerte el creer
le en el dudar de aquel día
que como la humana fe
desde el mismo Dios empieza,
cuando su costado entre
saque fe, saque firmeza,
mirad como dudaré
y aseguro si el altar
santo donde a Dios se adora
Pues, ¿qué tenéis que tratar?
Fuera de veros, señora,
y traer que comunicar
Con los hermanos, ¿no es dea?
el evangelio sagrado
Con gusto
Dios os remedie
Diez meses he predicado,
y el baptizar a mi día
oyen con tanto favor
mi doctrina, y su cuydado
que cobran de puro amor,
Tomás, predicáis verdades
y sois gran predicador,
Sois bienquisto, sois querido
de todos
Señora, no
de algunos soy persegido
A do vas persegido
su patria sed muy sufrido
Antes la persecución
mas que la quietud estimo
Y es muy justa estimación
que el apretado racimo
da fruto de bendición
cansado venís
Jamás
me canso si vos me veis
Juan.
Madre.
Coma Tomás
Sentaos, Tomás, y coméis
pan, os daremos no más
Por comer a vuestra mesa
Virgen, quiero recibir
ese favor, aunque aprisa
¿Por qué?
Porque tengo de ir
a dar, bien fina, mi ympresa
que los que en su viña estamos
de plantas, para diar cuando
porque más aprisa vamos
aún saludar caminando
nos mandó que no podamos
alumbradme Señora
en ciertas dudas y luego
daréis mi licencia
Siéntase y ponga las manos como que hace oración, y haya la bendición
Ya ora
comed y estad con sosiego
Sois, Virgen, mi doctora
para que guiastes vos
a tantas calamidades
Virgen, sujeta entre nos
sino por leer verdades
en el colegio de Dios
Quiero partiros el pan
Tomás, pues estáis sentado
mirad que con beros dan
para tan buen convidado
Corto habéis andado yo
Dejadme con el cuytado
virgen que en vuestra llaneza
Sois conocida al partirlo
Porque partis con franqueza
Como dios en el castillo
no tengo pez ni panal
Perdonad Tomás
no basta
Emperatriz celestial
dando vuestra mano casta
para vnion divinal
O sacerdotes dichosos
que tal jubileo oy os dan
que de los cielos bajan oy
para que baje a este pan
y vos dios sois poderoso
coma Tomás y sale Dionisio de obispo
Coronado de guirnaldas
triunfa mi feliz deseo
Vencedor y hidalda
mi dolor esté aunque veo
sus Rayos por las espaldas
Está es la casa sagrada
de mi fe casta recubierta
mas venturosa morada
Como os an dejado abierta
Estando siempre cerrada
permisión del cielo fue
Juan quien habla
o Luz del dia
Como an entrado
no se
sin duda con la alegria
del buen huesped no cerré.
quítate de ahí
sepamos quién es primero
su semblante manifiesta
que su visita es segura
¿qué casa procuráis?
Esta.
no vive aquí mi luz pura
vive una señora honesta
sola, pobre, recogida
que apenas se deja ver
volveos por vuestra vida
¿cómo me puedo volver
si es por ser la mi venida?
si en las menudas arenas
por aquí jamás dejaré
señal de mis pies y penas
¿cómo he de volverme?
¿de dónde venís?
de Atenas
y soy discípulo fiel
del gran doctor de las gentes
por un ver y por poder
dejo deudos y parientes
como Jacob por Raquel
manifiésteme esa oculta
salud que vive el señor
de no me volver sin verla
grandes quilates de amor
descubres, no es esclava
madre del hijo inmortal
que hoy en los cielos reside
miremos en este cristal
un forastero que os pide
el paraíso principal
vuélvese poco a poco y échase a sus pies Dionisio
véame en buen hora quién es
¿quién puede ser sino un hombre
que adora vuestros pies?
levanta y dime tu nombre,
Dionisio que es lo que ves
levántase y quédase mirándola y despiden compañías
turbó la claridad
de vuestro rostro señora
¡qué resplandor y deidad!
¡qué águila voladora!
vuestra vista me prestad
desde Atenas ha venido
a veros
haga oración Tomas y levántese de la mesa
hágome obligada
¿cuyo discípulo has sido?
de Pablo doctor sagrado
Reina santa a Pablo he oído
a Atenas fue a predicar
donde vuestro nombre vivo
¿cómo no me vino a hablar?
este papel os escribe
no sé si os le podré dar
dáselo temblando
que vos con el infinito
de su prudencia me admiro
admirablemente ha escrito
leéldela Juan
entre tanto me
este sol de yelo en hito
carta
Pablo el doctor de las gentes
que desde la ardiente Siria
hasta Libia la bravura
escribe enseña y predica
el perseguidor sangriento
del verdadero Mesías
cuyas verdades ahora
ama más que su propia vida
a la emperatriz del cielo
madre de Jesús María
salud de caminantes
la que nos la comunica
desde que arrastré las armas
hice pedazos la pica
deshice las banderas
y despedí compañías
desde que cegué a Damasco
cuyas luces me tenían
sin infantes sin jinetes
sin arrogancia y sin vista
por lo habitado del mundo
mi indignación que publica
no fábulas de ignorantes
sino verdades macizas
desde Samaria a Judea
desde Egipto a Palestina
desde la alta Transilvania
a la templada Sicilia
los pies descalzos paso
con sed con hambre infinita
pisando secas arenas
y de cuando en cuando espinas
infinitas almas gano
porque me oyen infinitas
y deseo infinitamente
que infinitamente vivan
en mis peregrinaciones
diome gana peregrina
de ver la famosa Atenas
partime por ver la villa
donde con notable fruto
me detuve algunos días
derribando altares de oro
y edificando capillas
cuando el que lleva esta carta
que de religión me pedía
doctor obispo de Atenas
y hijo de mi doctrina,
porque vio turbado el cielo
cuando el autor de la vida
la quiso dar por los hombres,
y oyó que pidió noticia
oyéndome con terneza
y con lágrimas más vivas
que Niobe pudo llorarlas,
llamó a Areopagita,
por aquí va en su patria
y fue fácil convertirlas
que él les explicó las causas
notablemente edificó.
Y dile relación, señora,
de vuestras prerrogativas.
Si en tantas profundidades
puede haber corta retórica,
yo lidié sino de veros
y pidióme que os escriba,
aunque su presencia amable
es carta comendaticia.
Y yo, por satisfacerle,
tomando papel y tinta,
quise por carta encargaros
a que en persona os visite;
es calificado, noble,
de tan antigua familia
que ahora en Atenas,
y en sus sujetas provincias
tiene virtud admirable,
y es la nobleza que estima.
Con ángeles en el cielo,
más solariega y antigua,
desea verter su sangre,
si es de alguna providencia
que allá ministro y perlado
bien enseña y bien predica.
Dios para más Dios os salve,
sacratísima María.
De Atenas, veinte de junio,
luna sexta y feria quinta.
Doctor Pablo y de los apóstoles
el menor de la familia
del cordero Dios y hombre.
Alto escribe, humilde firma,
si a tal criatura tanto merece amor.
Doctor del mundo y primicias que amor,
el universo ha de dar a mis plantas
y del cielo también sea invidiado,
y ¿qué mucho, que los astros suspiren?
Humano será finísimo lodo
que si a serlo por Dios no conociera
su majestad jurara que lo fuera.
Sois mi fiel enseñadora,
si por el gran Pablo y vos
al hijo de estas palabras
no conociera por Dios,
por Dios le adorara ahora.
Muy agradecido a cuidados,
quien visitarme has tenido
nos respondo de admirado,
nos celebro de enojado,
nos pregunto de turbado:
¿Qué me quieres preguntar?
Madre del sol de justicia
es quereros alabar,
llevar serpientes a Libia,
luz al cielo y agua al mar.
Pero decidme, lucero,
cuya lumbre sigue el sol,
templo de Dios verdadero,
aurora y vivo arrebol:
honra del arconte, y entero
supuesto, como es ansí,
que de madre tenéis nombre
del que solo con un sí
hizo el mundo para el hombre
y el empíreo para sí:
cuando Dios madre os llamara,
¿que muchas veces sería
el mundo no se alborotava?
¿Y qué mujeres os besarían
el manto si le alcanzaran?
Pues si la tierra no ofrecía,
el sol no tuviera verano;
cuando pequeño y tierno
os pedía el pan por señas,
por Dios, luego, y padre eterno,
¿no se mudaban las peñas?
¿No se espantaba el infierno
cuando os besaba la mano?
Y a vos los labios de él,
Dios divino y el humano,
¿no volvían las piedras miel
y jazmines el verano?
A madre jamás piadosa
que tuvo hijo jamás,
sabréis decir una cosa:
que no pudisteis ser más
ni pudisteis ser más diosa.
Oh, buen Dionisio, agradezco
tantas muestras de afición.
Si algo, señora, merezco,
dadme vuestra bendición,
túrbame pasmo, enmudezco.
bendícele
Dios, cuyos caminos fieles
sigues, guíe tus cuidados;
vete a Atenas, y en infieles
coliseos tus desvelos
hace de cruces cercados.
En fin, vuestra confesión,
Dionisio, fue milagrosa
aquella gran turbación
del sol cuya luz hermosa
puso luto y confusión,
mengua del sol quisiera
porque su llanto anegara
al antípoda sufriera
de esta turba es el poder
de todo cielo, o Dios muere.
Vino Pablo, ansí viniera
antes, pero cuando vino
dijo que el eclipse fuera
por muerte de un Justo divino,
bien más, ¿quién no quisiera?
Y cuando eso sucedía,
mi corazón, ¿cuál estaba,
que si porque Dios moría
su criada se enlutaba,
su madre, ¿cuál estaba?
Notable pena me dan
estas memorias.
Ganancia
para el mundo y por Adán.
Dionisio, predicad en Francia,
Denis, y París, entrad juntos.
Vanse con majestad. Y quedan Dionisio, Rústico y Eleuterio, Fescenio después, y dice:
Ya de la prevención que os hicieron francos fieros pues como presbíteros fuisteis allá tenéis noticia, pues fue ley dada públicamente en boca de Pablo como presbíteros os recibieron
Publicamente en el capitolio
Como juez, Feremio, os recibimos
y como a tal se os guardará el respeto
que justamente se le debe acatar.
¿Juráis de obedecer como leales
nuestros preceptos y reales justas?
Decid públicamente si juramos.
Jurado estás, Feremio, por su juicio,
y como tus intentos sean conformes
a las leyes de Roma, como es justo,
serás obedecido.
A mí el cetro
vuelto, ufano estoy, aunque a vuestro
parecer de librar más a vuestro
que donde estáis, no hay otro que toque
mayor honra en pie mi voluntad segura,
donde te deje, Lelio, la obediencia,
a donde estás, a donde en ambas cortes
hay isla de Marsella, y más a vuestra
que soy depositario de mis justos
premios y castigos que os merecéis.
Salga Correo con una provisión y cartas
A el gran, digno presidente
de toda Francia, tu persona tributa
y tantas veces vencedora en Asia.
Vengas con bien.
El gran señor te envía
con una provisión y con sus cartas.
Será, como me debes, obedecida.
Léela, Lelio, vos, en voces públicas.
Oy, franceses, sus errores. Oye
la provisión.
Cayo
Claudio Nerón César Sagrado,
a quien con sacra llama el Sol fía,
de victorias y perlas coronado,
rey de Acaya, al de Numancia,
la ciudad de Roma, con mayor estado
a vos Feremio, presidente en Francia.
De que en la patria vuestra hoy os asombre
que a poneros a secar la infamia
día
Si por su fama o por su dañosa
a esta mi provincia ha llegado
esta revolución que me altera,
escandaliza al pueblo, alborota,
oíd de unas naciones predicadores
que llamáis a un Dios crucificado,
escándalos inventa, y novedades,
con que destruye reinos y ciudades.
Dos hombrecillos pobres, mal vestidos,
que al uno y Pablo al otro llaman,
a los comunes tampoco conocidos,
que aún no los miran.
Se me han entrado en Roma atrevidos,
que con la mentira al fin fingiendo
predican nuevas leyes de un Dios nuevo,
y a los opuestos con espadas de oro
y por el sacro Júpiter que mido
que de su agravio con cruel semblante
que ha de beber el vaso de mi ira
al de la muerte más semejante.
Esto pasa si acaso esta mentira
llegara a los confines de levante
muera muerte cruel que le
mando, bajo de la edad que fuere
y no le reservéis edad, honor, ni fama,
que importa al bien de mis reinos,
con que a vosotros guarde mi deidad,
y tened en la altivez que merecéis.
Dada en la corte de Roma...
No se de qué y de mí me instituyo en vos
que esta causa la doy yo a mi cuidado
cuyo favor el cielo me ha guardado.
Será guardada de fuerte
cédula, a fray mi senado
que baste al mismo a el fatal fuerte
donde la vida inmortal
vive muriendo a la muerte.
Si conoces de aquel de
que el cielo al dueño de aliento impío
manifestádmele, cielos,
que sucede en la luz mil celos
darán al mundo tal asombro
que quede en cenizas caos
y la empinada figura
llame el mundo ruinas a
la padrina de la hermosura
y bol de la fortaleza
con que será a los de la
cielo y a guardarlo de ella
hombres que han de perdonar
de la loba romana ahona
a la cuadrada de ella
marte y séneca de amor
que un mísero tan mortal
del mayor venerador
que viudo queda
con ciega culpa a su error
que llama el necio a los ciegos
que sufren de mi intencion
que ganan los que intentéis
deja de mi furor a franceses
que quiero tiranizar
a tu deidad que da temor.
Lelio guido.
Vanse todos, Dioni
El turco, el temeroso,
que en celos se pone, miedo,
oh amigos, si este agravio os
mal manifestarte puedo.
Bañarás lágrimas tantas
si al comenzar no te espantas
de agravios y desvaríos
que puedan crecer los ríos
y fructificar las plantas.
Lleno yo de mi misma causa,
de las penas, los zelos,
del mar y los azuelos
y los mismos basiliscos
de la tierra y del cielo.
Que como en prenda tan bella
tengo el amor empleado,
piensa que pisa en bellas
flores la más apartada
cuyo pisas las estrellas.
Que te quede y frances
que no merezcas, pues das
a tu luz libre una mujer
que aún para sentir tus quejas
no me has dejado poder.
De la luz y del temor, Lelio
la mujer más casta y bella
que tuvo por madre a Atenas,
la que le dieron mis penas,
que de tus celos se estrella.
Si con una bala oculta
a el capitán en la plaza,
de maravilla resulta
y esperando el que da caza
allí su pecho te oculta.
Soportas celos
con esta secreta bala,
al mundo, adiós a los cielos
confuso quien fuego a las
tu mujer porque de celos
te dura el rencor, celoso,
porque dejada mujer
desvío casto amoroso
se trueca en aborrecer.
Mas, ¿el que es rey poderoso
se rinde a encantos desleales?
Si mis desventuras sientes,
si en mi desvío te empleas,
busca mi prenda, y ausente
que a cuantos...
¿Qué es lo que decís?
No sé,
que a mí me pesa, pesada,
que es ir, que el sol que le ve...
Que...
Yo iré no sé do engañada
trabajas y yo el sol diré.
Sube en el monte más alto,
baja al mar oscuro valle,
busca mi sol, resalto,
tú fuera razón buscalle
si es tu sol, dirán, si falto.
Vete, que en tu tanto quedo
del mal que a ti me dio yo.
Mereces lo...
Talisnedo.
Voy, yo voy.
Que tienes celos
que no se atreve y con miedo
gime.
Voy a buscar
Huyendo de aqueste daño
mas reparos a llegar
una fiera espanta y mira
por quitalla vaya a estorbar.
Vanse, sale Lucela, huye, mas y Lucela
Huyendo de aquestos hombres que aun
de sus cabellos velos
prendas son, en quien los
combate con sus cabellos,
del enamorado en su...
Tú, hermosa María,
prometiste amistad,
mas de la primera falsedad
que dicho es ser verdad
que es como de la mía.
Soy cristiana y virtudes,
no obras con entrañas a
sin sospechas no de mi.
Que lo que tú me digas
no es de mi don del que sí
ara bien, me despidas.
Ya no verte jamás
no una traes en pos.
Qué duda no me le das.
Oye, tas venas limpias.
Dame de aquí tu adiós pues,
que se conoce mi ofensa
más de ir y sabe mi ruego,
que a la ofensa te asegura
no al menos de a esconderte.
Que yo, de hacer sin vos,
bella, penitente,
estando.
Amiga, abracémonos y de
sus culpas lloren, que
no temas. Lucela adiós,
entra en la cueva.
Entrase Lucela, huyendo
A Dios, que me anochece
si Lucela no te viera,
que es ir, duele a tantas veces
que a de perder sus fieros
arrebatada me lleva.
María, la voluntad
que a ser con mi amiga a de
venir y mi llanto a los
de la cueva con la prueba,
no está en ti hacer esta
y a lo de tu dolor da señal.
Qué, ¿no caen tres?
La nube de estas señas
son bastantes a a mí.
Pero, ¿cómo me a dejado
de consolar mi azar?
Mi dolor es envidiado.
Parece del triste pardo
y tierno de exhalado.
Dentro pena.
Sale Cleuterio de peregrino
Ni el cansancio,
cansado, pasos, buenos
de tener, señor, damos
que a este intrincado camino
en la cueva destos amos.
Peregrino.
Quién me llama.
Un desterrado en ti.
Comenzaste y tardanza.
Que se nombra conocer.
No.
En su casa do está fama,
como me as desconocido
en mi vida juraré,
que os vi, señora.
Que tuve
un amigo, y que fue
dejado de humanos
esconde a esta Lucela.
No vi a una dama de tal final.
Noble y rica.
Y ¿quién es ella?
Causando en ti gran
fuego a la suya a de ser cielo
Con un Romano perdido
que a la de cena penas dos
Por él se fue al mundo.
Desta Lucela huyó
al monte y durara mañana
me deis, a que el presidente
donde me a pro cristiana
la hermosa penitente
de nobleza humana.
Cristiana, Lucela bella.
Es la ya. Hoy después
la abras.
¡Oh, si está bella!
Que te ha de hacer
tú que estás.
Padres de la desmayada
aquí que un suspiro
diera de este bulto.
Y vino aquí con qué fin.
De a hacer de este peñasco
de esta maleza jardín
y a llamé lo que era
Dionisio de Atenas, ya.
El ser mártir persevero.
Es posible, ¿dónde va
osadía, a quien le vence?
Queda entonado, ya mueren
de un Pablo los tiernos
ecos, segundos pasos,
el día de la ascensión
gloriosa, vendrá a este puesto.
Dentro
Y a León el subalterno
delante de su lecho
o sepulcro, de esta sangre.
¿Qué necedad a tan grande
Sí, puros recaudos.
Con nadie yo se ofenda
afán o de enriquecer.
La soga arrastra vestida
de buriel, que entrhe de hacer
del azadón surcada.
¿Y mal que siento cercano
el parto?
Yo te consuelo,
que por eso sin reparo.
Recelos a mi esfuerzo
sumarán, y humanos
Dentro
Un milagro allí del cielo
en voces de dos grandes.
Atenas huelga gozosa
que midiendo en tus voces
pecho sirviendo celos.
Dentro
Aquí haremos una prueba
de estos árboles frondosos,
que no será esta nieve.
De hieles, e inmensos
sigo en hijos de mi dueña.
Un nazareno fiero avasalla
y a su bajeza me llevo.
Como lo hiciera un abanico,
toda la llaneza tuya,
para que voy en paz.
Dentro
Y más le bastaré,
que me case y sude.
San Dionis.
¿Qué?
Lo que vieres, que mal obre.
Indigno de un consorte.
Envidias de mí me dan.
Porque para tu mujer.
La ignoro, que el otro día
que se midió tu poder,
como vuelves en tu celo.
Dentro
Mi nueva ama o maña
de domecer tu pecho.
Eras piedad de ella.
Que el corazón te ha ganado.
Está a duras penas y se humillaba.
Dentro
Levanta, que nos subimos
de obscuridad y abismos,
calla, donde nos quedamos.
De estos árboles la haremos.
Dos panes a un asno dimos.
Dentro
Y mirad que os aguardar
esta mujer y un infante
que lloran, y se ha de dar
vuelta, otra navegante,
voz triste del mundo mar.
3ª Jornada tercera
Sale Lucela vestida de pieles con un acebuche y dice a la puerta.
Repasad por esos sotos pardos
Bebe, Sihenis, sed y aquí te aguardo
mirando a Jove en el pendón de oriente.
¡Ay, Júpiter oculto, que, si mires tarde,
me fue para la bella prole en frente,
en cuya cueva congojada cría
dátiles verdes, yerbas, agua fría!
Sale Diuthes, niño, y dize:
Con pasos quietos ven,
que, como tardo, te deudo
del surco que te nací.
Aún haba del agua que bebo.
Madre, ¿me amará a mí?
¿Cansástele?
No le canso;
cansaránse entonces con reír.
Abrázate el sol, que hubo.
Con pecho y abrazo ciego
ardió en tu fuego vivo;
que me da gusto, confieso,
cuando su dulce ave veo
voltear en el ave que beso.
¡A la cámara del sol
te llamarán de su fuego!
Ansí llamarme podían
el rapaz de madre tuya,
que es mi en mayor flecha ya.
¿Por qué, Diuthes?
Porque a
madre me lo llamarían.
¿Es posible que no queréis
decirme quién es mi padre?
No hables más por tu vida,
que me matará un dolor
a acrecentar mi pesar.
Que, como que no me decís
quién soy, a qué dudar,
quién nos ha de ir a buscar.
Siete años ha que nací
y no sé de quién me engendro.
Que en mar de lástima he de ir,
en el mar me concebís.
Que pues la fiera mar pasó
a esta rústica maleza,
sabiendo el fiero gusano
que de una mujer amada
de un soberano Romano,
que es noble quien te ama.
¿Y por qué ansí, a esa
le distes la tierna cría?
¿De qué te cansas me asesta?
Calla, que me cansarás;
no te quejes, que me ofendes.
A Dios, que salgo a engañarte,
no os dais a mis ofrendas.
No quiero mas ofendella.
Bien harás, me entretiene.
Y al naipes se me dio;
dejaos de esa niñez,
para que me deis gusto.
Sí
Por Dios que los me asocian
madre, sin dolencias.
Conque mayor ocasión
puede darte este apacible
gozo a tu corazón,
pues yo a vengarlo he nacido,
no me esperes, mi amor.
Aguarda, a que le amaré
amado y a su gran Dios,
que es nabel que me ha de hacer
de su gusto tu tesoro,
pues mis glorias libere.
En todos dos perecieron
desventuras a la tumba.
Suena música.
Madre, ¿qué música es son?
Cantarán, no el cosario umbra
es cause, a lo que me.
Oyen dentro cantando, o
recitando, con
Jesucristo está en Marsella,
la comedia de la vida
llena de lloro y de dolor,
de dulce y fina ruega,
de la enamorada ausente
con sal verde vestida,
ruegue a su amado esposo
con su lámpara encendida.
Y por las de arriba
suspiros cantar y sus ruinas
por que tan.
Madre, que se os quede el
No sé si esta fuera aflojo
Cantaron.
dentro
Por eso que si
madre, amiga al cielo me voy
a lisonjearte.
Andad, con mucha María
que aquella a vos
ha de estar amiga mía
pues ya me sé a sentir
más libre y más cuerda.
Ame le en que ve
aquel cuerpo victorioso
cuya alma tanta safra
los faetones del esposo
con finísimas lisonjas.
Cortemos, madre, hermosas
Una señora, que van
ciega las tañe un
Quitemos las señas
Tomarsela sentadas.
Cantan de paso, muertas señas.
Sin duda el sumo sagrado
y de los ángeles raros
como necias enterradas.
Sale Eleuterio con una cesta cubierta.
Ya llegué de entreñido
casi no hubiera acertado
¿Y qué nunca os veré
que vos quenguas?
Maestro.
Santa señora.
¿Qué ha amado?
Amable y.
Abrasánse.
Qué traes
Eleuterio, de buena gana
falacia que tira
Eleuterio al fin parece
porque en las ansias
enmudecen esperanzas
de todos turbados horas.
Y el mortal afán, Marsella
brutal y portal vella.
Quien.
Ha sentido el sol y luna
Saludó a la señora
luego faltaban a ella.
Ya a mi a declarar
cosas a las que mueva y no mueva
quien tuvo de Dios tanto amor
y a la idéntica de puerta
quitando, así a calentar.
A mi que te ha dado
hoy, María soberana
Jesús se ha detenido
Por cierto hiciste ocasión
que en salir a sus deidades
llegaste a fomer y a
con dotes y a su suelo
tentando todos.
A mi amor el caos cielo
darle voces como
cárteles para María
cuya farsa regala
con cuatro o seis casados
y en fines mis lozanos
cualesquier de ellos toma
trigo para amasar, con toda.
De la redención, y fue
Días entre ansias y horas
de amor, compasiones cierro
las suertes de este anhelo.
Por la eclipsea del cielo
paso el sol siete veces
y antes de cuentos rostros
dando, a sus pasos seis
mientras el raudo Dionisio
por son son de Clemente
y de la alterada Italia
paso a simbesos pareces.
Y al fin de esos gitanos
a los que los halló robando
casi lampas de Francia
el San Basilio herido
que a la dulce lira honra
adonde guió ansia
no hay coyunda que me ligue
no hay fiera que me aceche
o las islas misteriosas
cargadas de nubes celestes
o a la ruidosa aprensión
más que celebran rubíes
y a oro ser al fin la luz
de sus descansos que de
blancas ansias postrura
y por fe ceno al creyente
palacios y al fin cerrando
franceses, como fieles
queda, feliz memoria
y leal romance un beso
viendo las caras de duda
de las coronas de reyes.
hacen regocijos cuando
con blandas endechas cantan
pone, pues, celoso
un infando dios previene
rabia, veneno y ponzoña
y luego habló de esta suerte:
queda en Normandía un hombre
que desapodera reyes,
que escandaliza ciudades,
que desatina inocentes,
nuevas fábulas predica
y celébranse de suerte
que por hacerle guirnaldas
levantan de nuevo laureles;
por dondequiera que pasa
vistosas alfombras tienen,
alegres motetes cantan,
queman preciosos pebetes.
A esta llama y a sus voces
la Francia se convierte,
desde el caduco al infante,
que por mano ajena debe.
Para los que se bautizan
presta sus márgenes verdes
el Ródano caudaloso,
mientras en otro se vierte.
Fiestas, corrientes, festejos
al sacro varón ofrecen;
sus estatutos profanos
rompe y sus sagradas leyes.
No llores, celos, ahora,
si daños comunes sientes
de aquella brava fatiga,
pues puedes hacerlos leves.
Partió la ingrata y parte,
batiendo las alas leves,
y de locura se abrasa
en las nieblas de Occidente.
Quedó bramando Fecenio:
«Muera Dionisio, prendedle».
Previenen postas y parten
y su nueva ambición les puede.
Viene a París el cristiano;
sus ciudadanos, de verle,
piden el bautismo a gritos
y el agua se les promete.
Preséntanle al presidente,
hácenle el cargo; consiente
el juez, aunque amigo, olvida
amistades y mercedes.
Con duras varas le azotan,
pero, como no le vencen,
el pueblo brutal, que brama,
de leña el fuego enciende
y, previniendo parrillas
en que a las brasas ponerle,
huye de lastimarse.
En extraña luz se vuelve,
no huyendo del martirio,
que también me lo previenen,
sino para acompañarte,
si quisieres ir a verle.
Vamos, Paulo, señora,
y juntos vamos a verle
y, en defensa de Dionisio,
yo hablaré al presidente,
que, aunque no le he conocido
ni él me conoce, podré
dar al cielo tantos gritos
que se ablande el más cruel.
En el acuerdo de mi muerte
mil sobresaltos de hallarte
preso de cualquier juez
ni a todos serán parte
para que no vaya a verte.
¡Ea, haced como ambos,
que voy ciega de una pena!
Nuestra señora, y vamos,
que es brava y verdadera,
a ver a Dionisio vamos.
Vanse, y salen Fescenio y Celio.
Celio, ¿esa que no parece
Lucela, y su luz marchita
la flor de Atenas padece?
Pues Dionisio Areopagita
hoy se marchita y perece.
En esto pienso vengar
los agravios de una ingrata
que, desde que salgo al mar,
como Lucela me trata.
Pienso a Dionisio tratar.
¿En qué estado queda?
Ardiendo;
en unas parrillas queda.
¿Dices que dele?
Que da diciendo:
«Haga el fuego cuanto pueda,
que le he de vencer muriendo».
¿Es posible sufrir el tormento
que en las parrillas padece?
Admira su sufrimiento,
y cuanto más se embravece
el fuego, está más contento.
Dan voces dentro, y sale Dionisio desnudo, el cuerpo quemado, en la mano unas parrillas y dos verdugos asidos a él.
Mas ¿qué es esto? Estoy pasmado.
¿Hay tormento que iguale
al de este reposado?
Fescenio, Dionisio sale
ni vivo ni abrasado.
¿Por qué tu crueldad es tanta,
que contante te embraveces?
Como el que al morir se espanta,
que se enoja algunas veces
y otras veces se levanta.
Así yo me he levantado
de donde me daban priesa:
fuego, amor, pena y cuidado.
Si tienes puesta la mesa,
cena, que ya estoy asado.
¿Cómo fue el tuyo a parte?
Que, aunque te parezca grave,
podrás, tirano, probarte
que estuvo entre mesa y ave,
que vuelvo vivo a buscarte.
¿Cómo dejáis levantar
hombres a este rapaz?
Dios a todos me dio lugar,
porque huyeron del fuego
que los pretendió abrasar.
Y vengo a ver si le agrada
este caduco manjar,
que tu crueldad me ha dado:
quería mucho más
mi divina luz no apagada.
Como con equívocas aves
en crueldades reveles esas
y a razón de los requiebros
en cuya sagrada mesa
comenzan reinos manjares
Y aunque hoy a fe me declara
con las lisonjas que tratas
en tus fuyos me guardas
no puedo yo fuyos hacer más
que yo hallara a mi esperanza
A Dios, Tirsi, me entrego
y a que merecen mis leyes
y ciega esta sinrazón
pues como tirano rey
salte encogiendo en el fuego
Ay, Celio, y bien se te asienta
el ser leal, más que ave
que el fuyo, y aunque fuyo agranda
guarda a Dios alguna ave
más mansa y airada
Grandes de Dios el amor
haslo que de Dios se pidiere
en cujón y temor
que el que oye a su amor me quiere
buen airado no me quiso
Que ordene a un silencio necio
Causa en los hombres ternura
Cruelmente me parece
que forné tan baja dura
mejor que seas casta fuiste
Muy mejor será de verse
Dionisio de esa manera
y aunque empiece a aborrecerte
te juro que si pudiera
que tus suspiros al amanece
A estos rinden a que muera
con las leyes que publica y
fingida o verdadera
dime a que muerte aplicas
dime a que te has de negar
A mi rey a serles mentado
Dios justo no quiera
que yo haya tal pecado
Pues muera Dionisio
Muera
¿De qué se ofrece?
De estar los
dioses, y hoy perdón te doy
Qué tal pueden ofrecer
con tus crímenes matando
baja, a Dionisio a morir
mientras yo quedo llorando
Salgan los verdugos y Alcaide y una horca hecha de una vuelta al tablado mientras canta esta letra.
Pelad montes de Francia,
y bajad madera fuerte;
el filósofo de Atenas,
famoso en el mundo, muere.
Que en las aulas de Atenas
altos ingenios enseña,
y el demonio, turbado, se asconde
por librar su muerte,
y largas paranzas, pues, mal previene.
Llévanlo, y sigue a Dionisio. Sale Rutheo.
Quién no se atreverá a entrar
a su flaqueza y temores
quien sea fuerza al llorar
los que Franceses pesares
tal maldad a de osar dar
Quién el aquí nuestro denie
que con la salud de Atenas
se ampara a tu andante
quien es
Hablas a mis penas
o croa miente y fiente
Mira que un rey barato atri
tanta tirano de batió
pues si a Dionisio a morir
y un pesar tan grosero
tú hasle de seguir
Cristiano soy y pretendo
morir por Cristo francés
ca matadme, sois fieros
Quién cuenta la edad que vense
muerte a mi rey pretendiendo
Sin duda deuen de ser
monstruos o no de amor
de aquesto, y tu poder
ya para que tan crueldad se
a cavado de nacer
Que de piedad, si temía
se han resuelto los cielos
a culpa impropia y mía
Jesus, Jesus nazareno
y de santa María
El mismo a mi tal arte
si ejecutas tal crueldad
en su rición y arte
Oh cruel amnistad
de tus fuerzas más grande arte
Ven, venime a los rigores
no se ejecute en mi furor
Y a quien dejas
Por mí do
veis de quien
Del emperador
cuya inmensidad, si rindo
Cómo mata, a su engaño
y a puel el alma me hiere
Que por culpas mías perdonado
Dices que eres cristiano, y eres
tú mismo te has condenado
pues yo mi silencio dejen
soy los encierro y augurio
Aura acaso de entender
que son con igual delictos
no se puede nada esparcir
Matadme, Rapael, y pando
quien eres, de a merced
Viuda del lansen llano
Ateniense la mitad
y la otra mitad romano
No sé quien vos sea
que naciendo se ve a la mano
quien además desea
seque Rutheo me llamo
y aunque me fue enea aldea
Quien es el amo
Eleutero
que acompaña a la xeit
de Dionisio
Y con misterio
Si de vos me despido
que es como darme en mi seno
¿Qué quieres tú, madre?
Esa
no la habéis guardado fuera.
de que este mirar me pesa
preguntaba desque heras
para hacerme la presa.
¿No tenéis madre?
Quitaos
que el mismo celo hace cera
para que os perdiera
mayor mal me trajera
si no que a mí me matara
No os podremos esconder
Atenas a...
No es posible
que el vivir es haber
No lloréis triste ciudad
con tantas muestras de amor
que llevas en libertad
un nuevo Dionisio, mi señor
Aunque mil muertes me den
aunque me hagan pedazos
aunque ha de ser mi muerte
mil víboras en sus brazos
aunque turbada aunque ciega,
aunque el corazón pasmado
y a par la muerte navega
feliz suceso sagrado
ni temo aunque temor llega
llega admirable si son
llega espanto, llega asombro,
a donde mi admiracion
hecha en el polvo escombro
matada la afecion
El piende los brazos tronque
y da la salud a Dios
que le mueva esta fiereza
a obrar santos motivos
que la naturaleza
hace escarmientos vivos
De la deidad y a la alteza
Cuerpo elado pone frios
siempre cercano estio
a darme pena o muerte
a darme espanto y brio
A las almas me desnuda
el bulto mas caduco
vencida queda la duda
en Francia y predicadura
una proxima y mas muda
Los franceses humanos
que beis ciegos llorais penas
vengolo que los espantos
que hace este sol a Atenas
sucediendo de mis manos
Y no me a quedado sentido
tienenme elada y confusa
que la face la a sido
la caveca de medusa
que en piedra me a conbertido
Basta el pasmo sobreaviso
que es esto admiracion
que aunque en poder de tiranos
se descubrio esta ocasion
que os llevo clara en la mano
a donde bamos siguiendo
que también yo os guio
mas que en tal estago y caso
bamos que yo desangrada
quedo caida a dos pasos
Entrense todos a par y salen Fescenio y Belardo.
¿Qué dices de cosa semejante
a muerte y a desastrada?
¿Qué de aquestas pasiones?
De un gran espanto tiembla
el que miráis y admira
y no ve el cuerpo del amparo.
Yo digo, señor, el que saca
de su hallar estado
quiera y de dolor mostrada
no te quedes pasmado
que otra cosa no puede ser
el que se mira de cruz en
o que Dios de su poder
para andar en su provecho
baja a verle a una mujer
o que perece la naturaleza
llorando su pasión y penas
del amante de su franqueza
y a este compás, oh atenienses,
llora su amada flaqueza.
Ya se me desaparece
quedando lleno de temor
más que inefable me parece
que sin duda es el gran señor
el que tan vivo se ofrece.
Fiome de ti mil veces y otra
quedo rendido sin fuerzas
envidiada y mi envidia
Sale Rufino a traer a la una espada al cuello.
De los brazos a la muerte
sacrificada una extraña
que a la piedad se acoge
y no es bien que requiebre
porque lo entristeció.
Ay, mi memoria, a lo que me mueve.
Ya que en tu vida a tu ruego
ya que navegando ansí
llega a tan mal sueldo
alza la otra voz.
Baila.
Baila, a qué es?
A aquel que nuevamente
perdió un doncel de 15 años
inmortal y omicida te rinde
y hacelos
Di quién es?
El de,
que no se suelte fácilmente
y qué estrago en el amante halla
de un francés o un león
a la razón asustada
de una desatada loba.
Dentro, sale firmada
Poco a poco, a poco se aleja
No es enano y es necio.
De un corral lengua de ser tuya.
Es de sí.
Es muy sellada.
Es compás, ¿cómo se usa?
Tengo una mi querida
ejemplo de honestidad
de su prudencia y marido
más que en la sueldad
el margen del sentido.
No sé si cansado de ella
o por serle cansada
ser muy honesta y muy bella
y de placenteras unida
a la plaza de Marsella
que a dos o un año de mi
y después de cuatro meses
llega a ser mi,
en fe de sus franceses
a que le dé casa, en fin.
O qué quieres de esa mujer?
¿Qué le has de hacer?
¿Que quisieras?
Darle soga, y a la encina
de un soto, a no
Siquiera,
dime si una sinrazón.
Ciega, loca y tan infame.
A quien ansí tratáis,
la cruz en que padecéis,
y a quien se llama Cristo,
perdona tantos yerros.
Y va de nuestra ensayar,
moriré muy contento.
Otras penas me has de dar.
Fiel mi muerte, en tus tormentos
voy esta cruz a abrazar.
De vos sacamos señas,
que dan luz al mundo,
que leáis ya en Atenas.
Hijo,
que pierdo, mi padre,
cabe el alma por las venas,
y no os podré conocer.
Padre, el bien que me resulta,
en darme por vos a ser
mártir inmenso, pide
que con nada os pueda ofender,
que primero sea bautizado,
y que Cristo que ha servido
vuestro celo, os ponga a grado,
y a su cruz, oh humano Dios,
que muere en mujer de hado.
Si eres loco, lo creo,
y tú ¿has oído a quién es?
Pues, si hijo de un francés,
di, un hombre francés,
mártires de tu defeso.
Abrazadme.
A no ser padre,
aunque os deseo inefable,
más lo sabe el ángel,
a mí me hiere
a mí el cielo.
Y a Dios que abráis las
de nuestra enojada ruina.
Muriendo, en fin, traes
solo a Dios, pues jurar
tal novedad y tal pena,
tal sinrazón, tal afán.
Aquí os doy esta igual,
de vuestros hierros vendrá,
que baje a dar de leal
al humano emendador.
Y con que a Dios ofendáis,
¿no os teméis de la muerte?
Más en la bondad confío
del nuevo Dios del cielo,
que os arrebata, y nos
a quien asgure el puerto
donde echas luz a la vela.
Jardín de aquesta planta,
fracase y a la tabla
esta fruta que adelanta,
nidal de esta primavera.
Gozoso con hijos humanos,
le de en divinos centros.
Llegad en el manto,
esta granada, madura,
quedarán de cristal los granos.
Sale Celio.
De vuestra y de la ciudad,
todo cuanto se admira
viene, en falsas novedades,
de la humana liviandad,
con que impuso su crueldad.
Murió Dionisio.
Murió.
¿De una muerte afrentosa?
Fue en su corona dada.
No, pues no tuvo culpa.
En el cielo,
murió en efeto inocente,
la injusticia le mató.
¡Ah! Dios y cielos divinos.
En fin valerosa el ansia.
Sabe al cielo de vos,
que a su queja no es inútil.
Ya ha pasado el dolor,
y dime ¿qué pasa ahora
en la ciudad alterada?
No mande que a subir a
tan alta cumbre, y grada,
con tal hazaña fiera,
está una estatua caída,
maravillosa.
¿Qué fue?
Dióles, y en el suelo muertos
ya a él, sé que Cristo se fue,
que sale y le dio a abrazar.
Fue grande la alteración.
De los embustes y enanos,
que no tienen edad,
del gran celo, a quien le dio al
corazón descompasado.
Y aun esta nueva
Sé la
y demás de esta nueva,
que a parte de la vela,
falto en un golpe, ansí impresa,
vil, cobarde.
Vuelvo de la
Sale Lúculo.
Que a quien a ti no respeta,
viendo a mi hijo y mi muerte,
y si os pluguiese vengarse.
Mi fiero dolor acierta,
y mi soldadesca ardiente,
y abrirá la dura fiera.
Que sois buenos de pasar.
¿De cuándo?
De su agravio.
Pues si hoy a mí se me ha dado,
y a él, y a ti, oh adorado.
Perdona a quien te ofende,
en culpa, mal y ansí a mí.
A todos doy la mano.
Toca, a mí no me roza,
y así, un paso de mi
Una y mil mártires nuevas.
Dios le dé aquí a honrada
la dulce vida.
No acaba.
Yo también en los cielos
que lloraréis los tendréis.
Dulce alivio de mis penas,
que os advierta cruel
colorada en ricas venas.
En fin, ¿que lloráis por él?
No oí de más prudente Atenas.
Adiós, España, adiós.
¿Qué dices, tirano?
Éste es a quien vos llamáis.
Como humano siente.
No llorar, que me ofendéis.
Francia, Francia a la lealtad.
¿Qué os lleva?
El cielo a la venganza.
¿De qué?
Gran misterio de...
Salga Arimaco y traiga a Ramiel, y otro del cielo traiga una corona de laurel en un plato de plata.
Francia libre, vive Francia.
¿Qué es esto, noble ciudad?
Por relación de Tomas es verdad,
como el muerto no es con milagros
por su muerte, los santos aclamados,
del yugo los cervices oprimidas.
De los reinos francos es costumbre
si tu fallecimiento es culto y nuestro estudio.
Adiós falsos, falsos dioses,
que quedará en Francia aclamado
ser cristianos y franciscos los reyes,
más nobles coronas cristianas y divinas
que estas falsas con mentiras de deidades
merecen coronas de importancia.
El sagrado laurel se conceda
a la cabeza de los reyes de Francia.
Viva Fercendo, viva el gran romano.
En lugar de ser rey, es ser hermano.
Y que daréis en Francia coronado
al que de los reyes de Francia
soberana empresa levantado
traje para daros vida en más bella.
Viva la nueva reina.
¿Estáis penado?
Que no os ha de pesar de ver a ella.
Vivan los reyes y el gran senado.
Vamos donde el bautismo se reciba.
Que de vuestros hilos y sueltos
tocan en la pelada calavera.
Mueren con su nombre laureles.
Hallo a mi esposa a quien tenían.
Descubren un San Martín en templo.
Muere Dionisio y renace su brío.
Viven los miembros, muerta la fiera.
Y al fin domina a la gran Francia entera.
Rúbrica
No sé perez