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Texto digital de El gran ateniense y sol eclipsado, San Dionisio Areopagita

Data de publicação: 22 de agosto de 2026

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El gran ateniense y sol eclipsado, San Dionisio Areopagita. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-gran-ateniense-y-sol-eclipsado-san-dionisio-areopagita.

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EL GRAN ATENIENSE Y SOL ECLIPSADO, SAN DIONISIO AREOPAGITA

Jornada primera

Pag. 1

Dionisio Areopagita Aristófanes San Juan Marcos La Magdalena Ferecindo Lelio su criado Lucela dama Damiano villano San Pablo apóstol Cleutero Santo Tomás Dos niños hab. Unos fariseos Mateo hijo de Lucela

Sale Dionisio y Lelio de casa.

Dionisio.

Filósofos atenienses,

que en tan celebradas aulas

de la magnífica Atenas

os coronáis de guirnaldas,

astrónomos perspicuos,

en cuya facultad sacra

y Lilio y Tolomeo

honran a España,

los que por el alto lauro

sabéis apartes distancias,

que del luminar se eclipsa

sus llamas y sus causas

qué eclipse es el presente,

que con sombra parte opaca

cuerpo menor, oscurece

todo el universo mapa?

Y si de edad que la luna

es catorcena ordinaria,

y el eclipse a intersecar

en boca del dragón la cara

antes de su llena horrible

de tan infinita distancia,

pues que blanquea de prisa

ya el resplandor que derrama

como del norte que influye

nieve sutil de su escarcha?

Qué efectos tristes son estos,

sino en ocultas ansias

o es pavor que nos levantan?

Dionisio, sois tan sabio,

que no tenéis ignorancia,

desta duda que dudáis

no os turbe la blanca luna

que no sé por qué elevada

desde su antro al mediodía

con grados tantos y marca

que a tal esfera cometa

dejando de atrás las casas

de los planetas, y signos

hasta el mismo del tropo

Pag. 2

Dionisio.

donde juntos los dos cielos

sobre las altas espaldas

del caucaso ardiente yermas

toda la luz le arrebata

no sé si la madre tierna

tienes ofendida a diana

pues paradas a las oscuras

los otros dos te escamotas

gran obscuridad es esta

o tinieblas son pasmadas

algún extraño suceso

o aquí malicia estraña

sale a un trono de calla

Gran Dionisio areopagita

Aristófanes.

gran maestro en tu patria

cuyo soberano ingenio

tienes llena admirada

tu que en la filosofía

tienes en el mundo fama

y de los efectos sabes

los eclipses y las causas

dinos si quenta de este

cuya obscuridad espanta

pues en la que brilla nueue

vio de centrara batalla

ahora en medio el dia

y se velo el monte baja

sobre el carro claro se

la misma se ve enlutada

que es esto Dionisio

claro

si no luz y si desata

de sus constelaciones

la gorda suma arranca

o la machina del mundo

se desvanece y afana

o el hacedor naturaleza

muere por algún causa

disparan un tiro la cruz q esta crucificado y a los lados llorando S. Juan y la magdalena y maria

Dionisio.

mira hacia jerusalen

donde parece q paran

o la piedad

del sol obscuro pausada

este prender emos

en estas nubes apastas

y pues se encubre de el dia

se temor q aleja y asan

vamos a en centrar en Atenas

en pheliguemos las causas

deste estrordin. eclipse

Aristófanes.

entremos a un betel y atlas

van se

San Juan.

oyga en lutadas oras

tenebroso y triste dia

q a tu hacedor dios adora

ver la humildad de maria

con preñar lagrima clara

por su salud q agradece

la luz con q le dio

y q le tuviera mereces

con q al todo q animo

el muerte padece cruzes

y mortal es porque no sabe

tal misterio a de rudi

que dira del sol q o nace

si no que padece

o que el mundo se desaze

Virgen.

S Juan

San Juan.

Madre maria

Virgen.

quieres q bamos

San Juan.

Mujer la luz que n a

y las tinieblas penosas

en su habida alegria

ni es la águila q abala

a la a que le aborino

que a ten estelinan

pues ella misma a sus mismos

ninguna lampara es

de dios como dos unicos

todas las cosas se pan

nada sin el ser vivo

lo que en el se mueve duda

ningun efecto de as vivos

el vida y autor de los hombres

a dada a la luz del cielo

en q el a negra tiniebla

con q al sol el luz q dios

luego q sonrió a ella

mas no te arrebate endudo

el q le embio a la tierra

un hombre que pienso dijo

que se llamaba su nombre

para que de testimonio

y aunque si era luz

el no era la luz del vivo

para q con mi darte

deste la luz sol macizo

claro sol luz verdadera

que a todos los alumbra q ui

a quemando en el mundo

misericordia en tu pollino

y unilde el mundo efana

donde a es a lumbre sino

al on bre q conoce

rindiendome a q se fier

y asi de alumina te

donde como a de bendito

no se de a ben a sus o s

ninguno te a de en condad

a los q le reci bieron

a los mozos q en su hs

poder de q ser de dios

que son los hijos del n m

supo ni e lo q dios los en b

los q de mi se hubieron

nacidos no de nor en dios

sino de su apetito

finalmente virgen santa

el q a caido o si lio

es el q en brax errada

su ms. ceno por le le qui

viviendo en hero is mo

q si la luz n la luz un

a la as. tasa donde

el q a die lo llamo jus.

Pag. 3

Virgen.

Fiel consuelo y dulce amada,

mi vida por quien yo muero,

si el Tabor, si el alto cielo,

os tuvo por gloria cierta,

y hoy mi rigor me sujeta,

como el sol va ya eclipsado.

San Juan.

¡Ay, Señora, qué dolor

que tu corazón amado,

con tan puro y sumo velo,

con tu divina sangre amor,

como cáliz del tan lleno,

quieres que el mundo se llame,

y la aurora de mi cielo!

Magdalena.

¡Oh dolor, saca el veneno

de mi propia sangre y venas!

¡Ay, que amarga y fiera pena!

Dionisio.

Turbado el sol, la noche se apresura,

y los montes más altos y los peñascos,

al tallo y faldas por la tierra oscura,

dejan la luz a mis suspiros.

Las plantas lloran triste amargura,

y el cielo oscuro en lágrimas se envuelve.

O Dios padece, o el mundo se disuelve.

Pag. 4

Salen Fecenio y Celio romy (Romanos)

Ferecindo.

En efeto de Atenas

¡oh naves! la carrera celebrada

a diosas ajenas

de pacíficos favores ocupadas

donde mi madre Roma

inmortal vence y cien veces doma

y que heos del navío

en la mar alta a la fatal fatiga

Celio.

Quedó Fecenio bajo

y oh mar, que hierba de funesta alga

aquel bajel salía

del quiebro que al Austro no se iguala

Dionisio.

Restos no son de humanos

nos y Dionisio rumo a Atenas

Ferecindo.

A Atenas venimos

que de temenda y que de osadas

no tenéis alto en dios

en el mar, al nunca fondadas

Dionisio.

Temed ando

Romanos si a la villa llegados

al puerto no venidos

temo siempre y nunca confiados

de Nausicaa famosa

marca que emula al bravo dios

Ferecindo.

Venturoso ateniense

que oh patria leal al menester mío

fiados que el cielo protege

da me más mal de que el fado se queje

de la fiera fiereza

no te ofenda y la alargue

Celio.

Sin embargo que saca saca

la luz del sol al senado

Celio.

por su valor y importancia

a Roma en servicio me a ymbiado

por presidente della

y por su patria deudos se desvela

Fialo de Fecenio

que es un señor tan grande y aprestado

sino en tendido y grave

bravo, labioso, en el que se deleyta

la do queza en el alma

o fiado, haced el negocio y parta

no hay quien lo impida

en la triunfal corona de las rosas

y tanta fe y librada

y a su celeste y marina foca

que valga por el César

en el turbado y espantoso mar

Celio.

En fin ansí quedamos

con harta esperanza aprestada

a no vengar el daño

que de algunos abrigos le agrada

mas llegado a Atenas

su crudeza su peso no desenga

Dionisio.

También el mar sentía

el milagro o eclipse el hado cría

sin duda padecía

por sola piedad naturaleza y entristecía

del mundo se deshace

de los que en él habitan y así yace

Ferecindo.

Y en fin eres Romano

Oh valerosa nación

Celio.

Pues yo el celo

Si el amar es humano

que humanas prevenciones apelle

más fama no se atreve

Dionisio.

Humildes buenos días muy bien venidos

Aristófanes.

A, para conoceros,

cómo te llamas

Ferecindo.

Me llamo Fecenio

y rindo mi fuerte

al que de dios o del sol es el ingenio

en Roma celebrado

Dionisio.

Yo soy Dionisio el sumo magistrado

y indigno del estado

de valerosos y rancios hidalgos

Ferecindo.

Por el mundo te llama

Dionisio, en todo gran sumo y sabio

cuando te viera feo

que en tu semblante hay sol y hay recreo

dame los pies a besar

que de ti el mundo se a de maravillar

Dionisio.

Quien te alle a ti tan

sois vos en el allanar prados

que serás señor de ella

o con servila querrás ofendella

Celio.

Por servirte he estado

tus flotas te he aprestado y privada

que aquí serás servido

de naves, y escuadras, y armadas

que en la alta esfera

en tus edictos presurosas vuelan

Ferecindo.

Con esto Fecenio a

a los romanos gran señor y garbos

y a los de alguna mente

confiando andas por entre las ramas

pues no es de importancia

en naves que es de pacífica estancia

de naves que es de plata

y en los te ofecen más de lo que tratas

de ver a Atenas que esta

en la cumbre del mundo a la europea

y descubriendo a la luna

dar cortes del cielo mediadora

Vanse, y parece una señora

Y Leandro, y Villafañe

Señora.

Oh purísima y madre mía

cuya sagrada vestidura adoro

y puros clavos lloro

de tu apacible y desolado coro

y a que tibia sagrada compañía

de viudas, y casadas del tesoro

que es mi señor el sumo

y de los hijos un gran seguro

o clara huella que de Cristo e visto

en que de luz los fieles corazones

con que en el cielo reparas varones

sin propicias sin iras sin medida

fortaleza Real jamás rendida

roca en el mar de mil tribulaciones

Villafañe.

Ay señor como mi señora

dice tantas

Leandro.

oh lumbre del mundo

que me quieres decir

Señora.

Como a señora

en los templos consagrada

y en piedad mi fe desatada

en que guardan las huellas

Dionisio.

Bien buena va

en fin con gran dolor mi sol se adora

y en el destierro al llanto

y a sus marías el cielo previene

mas que la luz del mismo cielo viene

Pag. 5

Dionisio.

después que mi maestro soberano

subió triunfante al cielo arriba

nuestra fe y sacra ley es altiva

sin que la altere el tiempo

Virgen.

como vos

yo consuelo a mi alma

Continúa el manuscrito a cuatro columnas...

Pag. 6

Fide.

¡Oh, Dionisio amado,

de nos, de Atenas, tal prenda!

M.

Sirve de báculo a tener

a mí, en mi vejez que es

quedo para una atenea.

Ant.

¡Oh, luz, que te nos ausentas!

Lid.

¡Oh, cuándo!

Ant.

¿Cuándo ha de ser?

Todos.

Que nos volvamos a ver.

Lid.

Los dioses os den buen viaje

y os lleven.

Fide.

¡A Dios!

Dionisio.

¡A Dios!

Lid.

Triste cosa,

que nos dejes sin lumbrera.

Fide.

¡A Dios, patria!

Dionisio.

¡A Dios, señora!

Ant.

Dionisio, que el cielo

os dé buen pasaje y mar

a las estrellas del cielo

y a las arenas del mar;

a vuestros dioses ruego.

Un barco.

¿Qué falta? ¡Que embarcar, que sea!

¡De quien hace compaña!

Dionisio.

A mí el alma se me aflige,

de vos, Cario, y de mi dama.

Ant.

Ha de ser él.

Fide.

Que sea.

Vanse todos. Queda Dionisio de rodillas delante del ídolo.

Levántase.

Dionisio.

Muy triste se me ha parado

el alma, y qué sé yo qué siento,

qué mal que de mí se ampara,

al tardar en ver su agrado.

Atenas, no cansada,

por el sacrosanto altar

que en todos vuestros muros

se haya de edificar,

que pasen el mar seguros,

y hay seguras en la mar.

Mas, ¿a quién ruego? ¿A qué pido?

De público y real favor

merezco ser excluido,

de un ciegamente adorado

numen que no es, no es Dios.

Sale Damiano.

Damiano.

Dionisio, el gran magistrado

de Atenas, no venera,

cuya íntegra reverencia,

en administración justa,

si eres como fiel juez,

y recto como su fiel.

A mí, lastimado padre,

y de ser juez a la idea,

un hijo que en mi casa,

el cual desde su niñez,

obedece a mis consejos,

hoy, viendo en su loable vida,

se ha vuelto un desatino; actúa

acertada como antigua,

sin dejar supersticiones.

Sencillamente regida

en su gobierno, que en casa,

grande un nuevo error suscita,

que burla de los dioses, y adora

para turbar mi familia,

a un Nazareno,

la barba larga, blanca y partida,

con venerable la frente

blanca, y graves mejillas,

vestido un sayo pardo,

alguno de Galilea,

que fuera amable en el mundo,

a no predicar mentiras.

Deste, ha osado en mi casa,

y con una falsa deesa,

fingir agravios, e insultos,

que en tal tenga la vida.

Cenó poco y durmió menos,

que ven cuán secas astillas

su cuerpo leve diole a la cama,

no más que la noche limpia,

y así es que se anochece,

que sin duda el Licario,

a aquel venerable juez

levanta, y se enajena,

regó llorando la vida,

y cayendo de rodillas,

seis horas enteras ora,

con gran admiración mía.

Viendo entonces estas cosas,

que es el juez que de acá

a quien de su estado fundo,

le pregunto: ¿aquel de quien

no lo has preguntado, apenas

cuando suelto en furia ciega,

a un crucificado Dios,

vertiendo lágrimas vivas,

hombres atenienses, dice:

que Dios, que el que es venido,

la redención de los hombres,

del reino de Capadocia,

hace hoy en Fenicia obras,

mirad que no se esconda y nos

las acciones temporales

de las que se prometían.

Yo soy Pablo, aquel que vosotros

la verdadera perseguía,

y a las piedras adora.

Dios, queréis salvar hoy de las

a Jesucristo, y perdedios,

que su voz es a vos María,

palabras del eterno,

su misma tabla diría,

aquel que enferma, al que

a un mundo ha dado la vida,

por su pascua que es el hombre,

resucitó al tercero día.

Cras cras muchas cosas,

revocó créditos dados,

y por el temerario juez,

que Eleuterio las oía,

en viniéndole la razón,

al m. que aunque mi nra

si merecen los bueyes sus voces,

con notable celo y ora,

y a mí también me asombran,

sino es que al sol,

como a las vísperas encan

las orejas, y ofendidas.

Pag. 7

Damiano.

En fin mi Dios vos me habéis

seguido en cuanto ciego

Faraón de él inocente

remediado por justicia.

Dionisio.

Que con tanto atrevimiento

predica y no me restringe.

Damiano.

Saúl, el cielo que nombro.

Dionisio.

Llámese aquí desde luego.

Venga Pablo amados santos.

Damiano.

Antes sin llamarle viene.

Dionisio.

Eso es tanta

algún misterio contiene;

tomarse licencia tanta

quien sabe que no la tiene.

Salen san Pablo de apóstol y Eleuterio muchacho de Dios.

San Pablo.

Rebelar a la licencia

que para entrar pretendía

pues resucitó en nuestro día

a Jesús, hijo de María,

a quien el sol reverencia,

y en su mayor resplandor

se eclipsó su lumbre, se ve de

escarnios.

Dionisio.

Estáis bobo.

Callad que me acuerdo

de su escuridad pasada,

mal que me pese que muero

entonces.

San Pablo.

Murió en la cruz

que abrían sus luces

murieron sus verdades.

Dionisio.

Lo mismo me parecía.

San Pablo.

Traigo con vos una empresa

de grande y importanancia

Dionisio.

Quién eres y cuál es esa

San Pablo.

Ella su calidad os diga

que sacará almas del infierno

y yo que me conocéis

sin recato y de la fama

quien soy, el ciego Ateniense

sabrá lo embustero y palabrero

naúfrago en tierra y frene

en Jerusalén la santa

con la ley, mi magisterio

las ansias que a Dios daba

y a los suyos, los amantes

y a los que por fin en las armas

del gran pontífice, en sus

midas y con sus cartas

contra jesuscristianos

y buscando del las memorias

que los cristianos ponían

que entonces se levantaban.

Llevaba más con mi gente

que a sus mismas murallas,

con hachas, picas y muros,

y la quietud a mirarlas

con vistas de damas, y secretas

soberbias y altas medallas

cuyas armas al cruel

Saúl al cielo se levantan.

Como no temes que llega

a brotar rayos sin alba

el mar de setenta enemigos

que a celebrar su fama

salió. Yo soy el gran hebreo

Saúl por blasón me llaman

a cuyos despachos

temblaban en sus victorias

mi vencedora bandera

mi aclamada majestad

que en las mismas estrellas

os dan su lumbre turbada

llena veréis, y sus vejez

de nunca fundadas armas.

Brotar a los vientos ciegos

mis ojos de edad ajada

con hacer a los ídolos

ofrendas de poca semana

en una trinchera expiara

y a la adúltera rara

impía gente me mira

por honra de mi patria

derramar sangre a la arena

que al mar dan los ultrajes

del gran sumo sacerdote

traygo comisiones largas

para que a los que le sigan

de crueldades resultantes

al nombre que es del alma

animada la rebelde

con mal formadas palabras

llevaré en prisiones

de que te apedreaban

por no sé qué mal suceso

de estado, que a de la capa

caen beleños viles

gentes que se llaman España

a las sucias escondidas

para esconder sueltas faldas.

De dar vuelta a la arena

hasta que el baile se apague

de la gran rabia ardiente

hasta Europa la templada

al nabateo de Siria

de su crueldad lamentada

que el que no rinde el cuello

y de canta a la de mi patria.

Saúl me llaman los hombres

de su armería sagrada

de no descansar injurias

hasta que me llamen saña

en las más altas damas

mi ira que brama y a la mar

que rabia en entre sus

abrigagas y no sanas

apenas las ultimas della

desde cuando el cielo brama

los mormullos de nubes

y de rayos se disfraza.

En el calor del sol plantó

medios una bella zahorí

Saulo soy que me persigue

este Jesús que me agrama

Pag. 8

San Pablo.

caí sin ánimo al suelo

levantando la cara

San Pablo.

apenas dije quién eres

que por mi nombre me llamas

vi un sol notable y terrible

algo más sereno y claro

así y lleno en su aliento

a quien oí y vi sin pausa

el habla de Cristo, y vivo

con celo de amor osado

tocóme en el alma y dije

domine quid vis ut faciam

el haciéndome cortes responde

entre limpios rayos su alma

que milagros hiciera Dios

que gusto que del se halla

allí me enseñó Ananías

bautizóme, y afanada

la ciega monarquía una

dejé, y predicando a Cristo

por todo el mundo,

con victoria y de gracia.

A esto vengo ahora a Atenas;

atenienses, escuchad,

y un Dios, un Cristo predicad,

que en las vírgenes entrañas

tomando forma de siervo,

vistió nuestra carne flaca,

nacido fue de una de ellas

por la salud de las almas.

murió en una cruz, que en cruz

se daba por más infamia,

turbóse el mundo, los cielos,

el sol en luto su cara

quedando eclipsado, y viste

Dionisio.

yo noté grande asombro, esto basta.

San Pablo.

Y por tan gran hazaña

Dionisio.

cómo Dios murió aquel día

tan triste, tal tristeza

fue indicio de que moría

el Autor de naturaleza.

San Pablo.

Y a los tres días resucitó,

y a una diestra tan brava

maestro y Dios le asiendo.

Dionisio.

¿De que Dios?

San Pablo.

De Dios el que encarna.

Dionisio.

¡Oh Dios! que a Dios encendió.

San Pablo.

Por tal asombro medí,

que moría Dios, por ser igual.

Dionisio.

Gana mi devoción, ¡ay de mí!

San Pablo.

Pues murió por ti, ¿y su muerte

Dionisio.

en fin que murió por mí?

San Pablo.

Y murió medroso y quiso,

este Dios que reverencio,

a los postrados a sus pies.

Dionisio.

Es uno, Dios y no es nada.

Cleantes.

¿De un Dios encarnado es el Hijo?

Dionisio.

También tú, predícaslo.

Cleantes.

Y

San Pablo.

mi maestro me lo enseña.

Dionisio.

Ya de mi boca lo aprendo,

que es un Dios, no es pena

soy racional hombre, uno.

Cleantes.

Padre sumo magistrado,

no hay Dios, Dios que me cuadre,

sino el Dios que ha predicado.

Dionisio.

Que de él me amparo.

Cleantes.

Padre,

Dionisio.

Tú por camino acertado,

San Pablo.

no os vengo a manifestar,

fábulas que nunca he visto,

ni he de ir como ninguno ando,

que el Dios no conocido

es el que os estoy predicando.

Al altar del rótulo.

San Pablo.

Y noble Atenas que en tus aras

la misma verdad da voces,

aun los altares de aras,

engendras y no conoces,

Dios con señales tan claras.

Dionisio.

Abre los ojos, Atenas,

que tan ciega has estado,

que un Dios te ama y apenas,

es Dios no conocido,

de sus maravillas llenas.

San Pablo.

Por que pongas altar

a este Dios que es de mi Dios,

Dionisio.

Díceselo, que para él mas.

De él y de doce carreras.

Dionisio.

¿Y un Dios que pudo pasar,

San Pablo.

que a mal fe, dice del

Dionisio.

Dios que desmintió los senadores

de senacado crüel

que a su guisa a Daniel

arrojado en leones.

San Pablo.

Que trajo por un cabello

a Babilonia al profeta,

que un fiero mal que a ellos,

de su alta trompeta,

cayó un muro fuerte y bello.

Dionisio.

Que en Babilonia a algún alma

el horno no maltrató,

a los que dentro tenía

antes su capillo, ahogaba

de música aparecía.

San Pablo.

Que de un furioso, abrió boca,

que a un lobo fiera

quedó blando, mira ahora,

que de una roca dura,

sacó una limpia santa.

Dionisio.

Es Dios de quien publicáis

tanta alabanza, llenas

de su poder fin, pues

Dionisio.

Y murió en altar en Atenas.

San Pablo.

Pues el Dios a quien adoráis.

Cleantes.

Ya sé lo que decía.

Dionisio.

Y a no llegar a Dios no lo entendía.

San Pablo.

Que,

Cleantes.

Recabad lo que os día.

Que en Dios que maravillas.

Dionisio.

No os ha de amar,

pues luego por nos ha muerto,

de amor nos ha de encender,

a quien le ha de responder

con tiempo de conocerlo.

Des de que a Dios conocido.

San Pablo.

Vuestro ya a mi Dios se ofrezco,

con su deidad que le nombre, y es

Pag. 9

San Pablo.

advirtiendo que tiene alteza

Dios, y aquese y a muerte

tuvo extraña bajeza

y más, si es Dios, ¿qué le prende?

¿cómo muere?

San Pablo.

no te espante

que eso fue porque adviertas

que no hay hombre tan valiente

para morir por el hombre

pues que habiendo Dios criado

a Adán en el paraíso

comió del árbol vedado

Dionisio.

pues ¿qué, de Adán como quiso

fruta que quiso ha osado

el enojo de tal comida

Dionisio.

sin duda que a Dios ofendió

Cleantes.

eso, y a vuestra reparada

de una Virgen, que quedó

Virgen después de su parto

Dionisio.

¿qué de veras ha Dios bajado?

creedlo a pie juntillas

San Pablo.

Dionisio.

Pablo, se os me ha deparado

de cuantas nuevas oí

del Evangelio sagrado

San Pablo.

mas esa Virgen por ventura

¿quién era?

San Pablo.

¿qué queréis que sea?

no busquéis más, la afamada

si Madre de Dios fue dada

por su luz y he de alabar

no penséis con crudo tal

tal y natural limpieza

Dionisio.

con él iré

San Pablo.

a Dios, a Dionisio es tal

que es su sangre, su nobleza

por que no falte leal

casta hermosa amada y santa

tanto en fin merecer pudo

su perfección es tanta

que el silencio con ser mudo

la canta y celebra y canta

Dionisio.

¿y vive esa Virgen?

San Pablo.

Dionisio.

¿dónde?

San Pablo.

en la santa ciudad

de Jerusalén allí

ejercita su piedad

en mucho resplandor, y en mí

y allí con ansia infinita

remediando nuestra sed

el bien común solicita

y los lugares sagrados

regando con que visita

sube al calvario en que fue

divina su redención

donde algún bulto se ve

y hace oración

la que de su sangre unció

y tras ver arremete

con ansias de amor madre

al venturoso trinquete

desde donde subió al Padre

y hace el baptismo inerte

y tal vez el santo Jordán

del bautismo en el Jordán

Dionisio.

de verte me alegro hoy

¿quién fuere, Señor, San

San Pablo.

Juan

que esta a en agua de regir

y sirve a la compañía

como dice de Cleante

y a administrar el pan sagrado

que al fin en la cena fue, San

que a su Dios quiso ver el hado

Dionisio.

enseñasme tantas cosas

que a no estar elevado en ellas

de veras que me dieran pavor

quiero profanar mis querellas

pues tú predicas las cosas

y a tu favor, señor, fío

que el sabio me alumbre

y a ti me dé su compañía

de aquese que dices ser luz

del sol en medio del día

todo cuanto enseñas creo

¿qué falta más?

San Pablo.

el bautismo

Dionisio.

¿y el bautismo que decís

qué me ha de dar?

San Pablo.

como mismo

que en ti verás lo que es

Dionisio.

¿qué defiriere que quedas?

Pag. 10

Dionisio.

Casi me convences, Atenas,

a que, a no ser del estado,

tomad, varones de Atenas,

vuestro sumo magistrado;

mas porque no quede duda

en lo que deseo entender,

¿a quién profesar me mandas

fidelidad y merecer?

A Dios primero que ayuda.

Dime, ¿qué es bautismo?

San Pablo.

Yo.

Es contra la original

culpa, porque nace contigo,

un lavacro espiritual,

quedando de Dios amigo.

Dionisio.

Pues ese lavacro quiero

por merecer la amistad

de amigo tan verdadero;

de hoy, atenienses, tomad

un Dios por Señor primero.

Damaris.

Si un hombre tan grande ha dado

a esta doctrina fe y luz,

basta lo que he dudado;

lo que el gran Pablo predica,

creo.

Cleantes.

Y andas acertado,

porque esta religión

es la que al cielo nos lleva,

y nos pone en salvación.

El predicarla apruebo

pues es fundada en razón.

San Pablo.

Suspendan a mis voces

los de Pablo y de su bando,

porque mis vigilias goces

dando noticias, hoy dando,

se conozcan y le conoces.

Dionisio.

Ea, Saulo, a bautizarme,

y ya que llegas a enseñarme

dónde pueda mejorarme,

a servir he de animarme,

allá vayan a buscarme.

San Pablo.

Es a una mujer,

virgen, madre de Dios.

Dionisio.

Iré con vos a la ver,

que no me puedo perder

si la comunico y veo.

San Pablo.

Vamos, y hacerte en buen hora

el bautismo que me pides.

Dionisio.

Casta y celestial señora,

y a tu hijo en ti escondido,

de un ateniense que te adora...

San Pablo.

Y pues en lealtad

tanta gloria, el ser primero

en tu ilustre cristiandad,

consagrarte obispo quiero

de esta famosa ciudad.

Dionisio.

El gran cargo para mí

en mí cabe apenas;

crece la fe, y tú ansí,

ea, varones de Atenas,

viva el obispo de aquí.

Jornada segunda

Pag. 11

Asi como dize Dionisio / el dios de naturaleza

A este tiempo han de dispararse dos arcabuces y por algún rastro o roal cabuzer y a un tiempo se han de descorrer unas cortinas y ha de aparecer un cristo grande crucificado y a los lados san ju y la Magdalena y un traper... orando y penitente de suso todos elevados mirando al xpo, y Dionisio y ristofanes yen loq tocan santas obca... un organillo sordo o cantan los cantores un verso y con bordon y luego diz. Dionisio

Dionisio.

este es el sol eclipsado

que murio por nuestro bien

que murio por nuestro bien

en aquel palo clabado

y quien en os trajo aquí

para que yo me convierta

y deje esta vida incierta

y de oy mas mire por mi

yo soy cristiano des de oy

y en su fee me industriare

y su ley predicare

buen Jesús siguiendo os voy

caen y ciérrase la cortina y vanse y dize san juan

Salen Lucela y Fescimpo con una carta en la mano

Lucela.

carta sera de mis penas

si el portador me mintio

que reciuir carta yo

por decir que de atenas

cuando bien prosumte

un bergantin buela

tendida la menor bela

le trajo ahora (calle

mi hermana en el sobrescrito

tengo la de por mi hermano

y manifiesta en la mano

el secreto me asusta a bala

Ferecindo.

un bergantin sin darme salba

como no la abeis leido

lee la carta

Lucela.

no quise leella sin ti

mi buena intencion me salba

Ferecindo.

Por ser vuestro marido hermosísima

ateniense y un esposo

celoso y teneros tan encerrada que no

ay lugar de hablaros amor de

palabra o hacer la menor senal

use deste medio por el cual me

ofrezco por vuestro humilde criado

supuesto que siempre os

Lucela.

dad licencia a levantar los parpados

cortinas de vuestros ojos para que veais

en los mios lo que manifiesta el

alma que me teneis tan oprimida

y cautivus con esperanca de vuestros beneficios

la cual es o fiel y confiado en que sera de

vos acariciada y admitida mi fee el portador

que es esto cielos supremos

del que os Rindio afrenta atroz

llega a ser el portador

de mi carta y vos blasfemos

dioses como os consenti

tanta traycion y recato

que vivis en el trato

de esta y se de que os fingis

vio el mundo tal hermandad

que estoy infame, suspensa

hasta la respuesta piensa

para negar la verdad

que una oriental nacion

su imano el comun vulgo

llama sutil y amor

a este hermano que te escribe

que es to a la de mi mujer

no respondes, no has disculpa

ella conoce su culpa

que te puedo responder

si todo caen me cuesta

que ya callando me culpo

y hablando no me disculpo

que he de dar por respuesta

Ferecindo.

el rostro tiene difunto

que dizes deste papel

Lucela.

que lo que tu sabes del

se yo y en el mesmo punto

Pag. 12

Lucela.

pues quien fue el que te le dio

vestí el paso, callaba.

Ferecindo.

el capitán de la nave

fácilmente conoció, y así

halló, es disculpa en bonanza,

dentro ya de mis recelos

aseguran mis celos.

Tomando de la bonanza

y conforme a ella vbiere

haré el castigo tan bien

y al fin que el que quiere bien

tarde mata al que bien quiere.

que la berdad aparente

suele salir a la cara

en esta isla apacible

algún descanso tomad

Lucela.

y bos tan bien descansad

Ferecindo.

mi descanso es ymposible

Lucela.

porque, señor?

Ferecindo.

Porque beo

algo mi gusto turbado,

mi firme amor mal pagado,

y burlado mi deseo;

que triste, que disgustada

vays nabeando con migo

Lucela.

contenta boy dulce amigo,

y tan bien enpleada,

señor de mi corazón,

amado esposo, bien mio

Ferecindo.

con sus ternezas mintió

creo que fingidas son, y si

su boluntad fingida

para con migo es desdén

quien supo de querer bien

a mí que fui querida

ya te entristeces, y lloras

mas mis sospechas recuerdan

ya apostaré que te acuerdas

de algunas pasadas oras,

de algunos ratos suabes

que se an benido a perder,

sabes, Lucela, ofender,

y disimular lo sabes;

alégrate, que te apruebo

limpia las lágrimas, vea.

Lucela.

quien darte vn gusto desea

tan bien te vedará en esto,

tu senblante es mi alegría,

ya me alegro, quien fía.

Ferecindo.

algo mal contenta estás,

pues no lloras causas mías,

alguna ymaginación

te dio, y te ofende en la cara,

que bien dize en que es la cara,

te alteró el corazón.

Lucela.

que es esto, amado Señor?

Ferecindo.

Soy celoso natural

Lucela.

Pues si me entristece el mal,

y si me alegro peor,

que triste suerte es la mía,

que estrella contraria es esta?

siéntase y échase en el brazo

Ferecindo.

Sus, recelo desonesta,

y fingida y boz fría;

siéntate a dormir vn poco,

y recibe mi entretención,

que prestar te e el brazo.

Lucela.

Que extraño estás

Ferecindo.

mas que loco

a fe que as dado lugar

mas de una bes para esto

Lucela.

a ti solo

desbíase y levántanse

Ferecindo.

pues tan presto

sabes tanto acariciar.

duerme aparte que me enfadas,

tanta deshonestidad

Lucela.

como entibia la beldad

en la mujer mal casada

Ferecindo.

que por Dios te bas oyendo

siéntese y duerma en el brazo

Lucela.

pues no te e de obedecer

o yo no te se entender

o a mí misma no entiendo

vase y dan dentro unos gritos

aquí se baten las velas

y despierta Lucela

Ferecindo.

O nací para penar,

o en todo es mi diferencia,

de quien razón sabe vsar;

a mí me cansa el silencio,

me atormenta el velar y ablar,

si me recato me afrentas,

si me deja desespero,

si me miran me atormento,

y berla con pena muero,

y rabio de berla contenta;

pienso a desoras que me mira,

que finge y que me desprecia,

que se entibia si se retira,

si no suspira que necia,

y que es falso si suspira;

una experiencia hhe de hacer,

amor falso y mentiroso,

beremos la causa a ber,

si se me cuaja este infierno,

que tengo en tener mujer.

Dormida debe de estar,

y doy tregua a tanta guerra,

alivio a tanto penar,

cansáysme las caricias tiernas,

que no las puedo llevar,

quiero la dejar, harélo,

pues no aze ni dispongo

aliviar en mi desconsuelo

si vn mar entero no pongo

en medio de mi recelo.

Duerme, bella esposa bella,

que en la playa de marsella,

oy quedarás por ahora sola,

sino del mar las olas,

con el capitán en ellas.

Lucela.

Voces dan, esposo, al mar,

mi fescimio, donde ay yo,

es de él, no te oyes llamar?

O falta fescimio o yo

no acabo de despertar.

Falta en estas arboledas,

para dejarme escondido,

que tal crueldad vsar pueda,

pero si te bas, ay do.

Lucela donde te quedas,

si ba el ladrón de fescimio

en su fugitiva nave,

espero le alcansaré,

que si el puerto no es ave,

en sus alas bolaré.

Ay, que delitos míos, y as

dímelos, enmendarelos,

que mal escritas consejas,

y desatinados celos,

no son legítimas quejas.

Cruel si en estas arenas,

me abías de dejar burlada,

nave en que embarcarme pude,

me disfrazas al rigor quebrado,

para envidia del atenas.

Pag. 13

+ amor alterado

Lucela.

El corazón y la vida,

bárbara, bella y espalmada

mas ansí a fe transida

que vas a cañoneado

toman por tiro fuera.

Que me vinieras a matar

que más favor me hicieras

en dejarme muerta a amar

que en darme viva a las fieras.

Suena música dentro y dígase cantado o representado esto.

Letra

Dentro.

En la playa de Marsella,

entre peñascos y riscos

tan atroces y crueles,

quieren hablar a lo sordo

a los escollos ciegos,

honra del presente siglo,

líquidos frontales beben.

Y de entre mil suspiros:

«Ay, dulce ausente mío,

mientras más apartada, más grito».

Lucela.

Solo y con música buena,

que es todo donde he venido,

que cantadora sirena

llama cantando al oído,

adonde duerme mi pena.

Dicen que el hombre que canta

sus males suele espantar,

mas si la dulzura canta,

sin duda el que oye cantar

los suyos también espanta.

Y a oír suavidad tan rara

de mi mísera pena,

oh, ruego a Dios que cantara,

si canta por quien yo peno,

toda mi vida penara.

Lucela.

Por donde la voz me lleva,

y a escuras y a deshora,

guía segura lo que deba,

descubrió ventura escura

de una temerosa cueva.

Voy do siento por ella,

quién sale?

Sale la Magdalena de penitente.

Magdalena.

No temas, tente,

humano soy.

Lucela.

Y tan bella

que son de otro sol oriente

los páramos de Marsella.

Pues, ¿tú la que cantabas?

Magdalena.

No, Lucía, nunca canto,

que esas voces que escuchabas

son contrapunto en mi llanto

que dan a estas rocas bravas.

Lucela.

Quedé a media muerte

de temor.

Magdalena.

¿Deso te espantas?

Aunque mudo este desierto,

secretas estas plantas,

ellas me lo han descubierto:

tu marido te ha dejado

de tu hermosura celoso.

Lucela.

¿Quién te lo ha manifestado?

Magdalena.

Soy desposada, mi esposo

que sabe cuanto ha pasado.

Lucela.

Pues casada mujer,

divina, tú sientes lloro,

mas, ¿quién puede más que

besar puras hebras de oro

en tus rubios cabellos?

Magdalena.

¿Tanto te parecen bellas?

Lucela.

Que sirven de sol al día

y a la escuridad de estrellas.

Magdalena.

Pues yo sé quien algún día

se limpió los pies con ellas.

Lucela.

Cabellos tan ofendidos

antes los castigos,

que aun en tus suspiros caídos

hubo quien, sin mi marido,

dejarlos y a teñidos.

¿Tan calificado es?

Magdalena.

Es tanto calificado,

hombre de tantos recelos,

que a la invocación de su lado

le sirvió de agua después.

Lucela.

En gran estima le pones.

Magdalena.

Es por extremo amador,

y así en muchas ocasiones

se lava de puro amor

con agua el corazón.

De este amador soberano

que tiene casa en los cielos

te da esposo la mano;

como es rey tiene celos

si quiere la de un pagano.

Que me case en fin para sí,

y a mí me hizo porteadora.

Lucela.

Si unirme fuera de Dios,

mas, ¿cómo quieres que quiera

a un hombre que nunca vi?

Magdalena.

Basta que te he visto yo.

Lucela.

¿Y te basta que le ame?

Magdalena.

Y me es manifiesto,

muriendo y mira a la cama

en que de amores murió.

Lucela.

Que ya un muerto me alegra,

quedas del todo turbada.

Magdalena.

Vive, aunque murió aquel día.

Lucela.

Dime si el lecho amada

que en esa cama yacía.

Magdalena.

A su medida está hecha.

Lucela.

Tan poco después se halla.

Magdalena.

Más que el vuelo de una flecha.

Lucela.

A amistad verdadera

siempre muere en cama estrecha.

Ya le adoro.

Magdalena.

¡Oh, si le vieres!

Más que le verás, desea

siempre en él tu presencia,

pues en sus labios emplea

esas perlas tiernas.

Lucela.

Desnudos y manifiestos,

todos mis secretos ves

que en tus riscos

lo honesto y a tus pies

saldrán sucesos.

De admiración estoy llena,

dime, ejemplo de mujeres,

¿quién eres tú?

Magdalena.

No tengas pena,

después sabrás quien soy.

Lucela.

¿Quien eres?

Magdalena.

Soy María Magdalena,

que al pie de un peñasco frío

a mi pecho semejante,

después que este fiel cordero

abrió con sangre el diamante

de tu yerro y mi tesoro.

Lucela.

Que quien duele descansando...

Vanse.

Magdalena.

Vive y muere juntamente.

Lucela.

A la playa de Marsella

ausencia viene a llorar

y estoy tan hallada en ella.

Pag. 14

Lucela.

que quien me puede hallar

riscos sube y juncos huella

aunque yo misma andaba

es que por el paso bia

porque en esta yema estaba

corona del Apolo indio

que de Rey representaba

Lucela.

o que entrañable amistad

te boy cobrando

Magdalena.

abenidas

son de la inmensa bondad

Lucela.

mas porque no me combidas

que tengo necesidad

Magdalena.

que quieres

Lucela.

como quisiera

Magdalena.

pudiera regalarte mal

a benir antes te diera

toda la miel de un panal

y yo comiera la cera

Lucela.

parece que te sustentas

dese manjar mal sustento

base a la cueua

Magdalena.

muy humanamente sientes

que antes es buen alimento

el que se proa a los dientes

Lucela.

que buena fortuna mia

me trujo a abitar al monte

entra magdalena con raíces

encima de un Corzo y yeruas

Magdalena.

hasme de comer mañana

ya te trayo de comer

el apetito que tenia

Toma

Lucela.

que me das

Magdalena.

raíces

que de esos arboles tomo

come y no te escandalizes

que de esos manjares como

toman regalo

Lucela.

que dizes

asme mudado el color

Magdalena.

a un que no tienen balor

raíces comes y cera

mis sobras quien las comiera

sino con salsa de amor

Lucela.

sin duda tiene el que amas

grandes partes

Magdalena.

si quieres saberlas

tiene tantas que las ramas

crujiendo el biento en ellas

dan a gritos sus famas

Lucela.

dame relación entera

porque sabiendo su nombre

con mas aficion le quiera

entra

Magdalena.

el que adoro es dios y hombre

leon fruyte piedra cera

cordero mana inmortal

racimo sarmiento oliva

vino flor virgenes sal

olio balsamo agua viva

ostia bictima panal

palma cuyo fruto aprueba

antes que empiece a nacer

ya su luz el sol nos lleua

acabaras de ber

quien es mi amante en nom

Lucela.

por dejarme aficionada

dizes que nos lleua el dia

pero pues queda cortada

la historia de mi alegria

primero que comence a da

tu huelgas de agradecer

y comer lo que me dieres

y oyendo te es menester

asta saber a quien quieres

a quien tengo de querer

entrase en la cueba y sale San

Juan y ponga una mesa baja con manteles

y pan agua y cochillo

San Juan.

dispuesta mesa y operada

de esta manera compuesta

a la que os da la calidad

que fe desierta no necesita

vos de la honestidad

celestial Rocio

que antes que el sol se lebanta

que con amor berdadero

esperan vuestra luz santa

manjar mesa y despensero

sale la bison con mad y San Ju la a a de

reberencia doy sumplise de la oyendo

virgen.

Virgen.

sumpsi tenys a y dado

de probar mi comida

San Juan.

plato oficio de criado

Virgen.

criatura de dios bestida

sol de su oriente enbiado

sentaos a comer estera

pan blanco agua clara y fria

que a un que sois mas clara y bella

por lo que tiene de mia

sabeys de honrar con bebella

que aunque la contemplación

almas santas sustenta

de en cuando en cuando es razón

que le deys recreación

juntase y bey a la bendición

que me habéis traydo san Ju

San Juan.

prudentisima señora

lo que de bo tos me dan

solo pan os trayo a ahora

Virgen.

pues comer solo pan

o manjar al mundo dado toma el pan

al mundo para su bien

en mis entrañas senbrado

y en los campos de velen

que es casa de pan sagrado

tantas marabillas hizo

en bos a que lo ean pastor

que por tanto satis hizo

a no ser vuestro hacedor

fuera de su os su bechico

los a elias casi muerto

y a eliseo haceys

pero un al recubierto

a la ban los cinco panes

los cinco mil de oi sien

pero cuando en la espesura

del monte no hiciera en bos

dios lo que hacer procura

transustanciaros en bos

pensays que es poca bentura

San Juan.

comed celestial princesa

esta es mi comida san juan

pues partid el pan si es esa

Virgen.

no se a de partir el pan

hijo a nrayndionamisa

loadme a mi dibidido

antes sunb es mi yo

Pag. 15

Virgen.

que me acuerdo que al partillo

dios vuestro maestro y yo

entramos en el castillo

y pues es voluntad suya

que un tero se coma el pan

ahora se destruya

que ha de andar mal por quedar

a dios ocasión que tiya

San Juan.

En fin queréis academia

dar el pan que es para vos

Virgen.

Sí, Ju.

San Juan.

Pues desde María

dar pan es propio de dios

pues él lo da cada día

y lo que gusta de bello

donde la fragilidad

humana pueda comello

no solo la voluntad

sino asimismo da en ello

San Juan.

Bien acreditado está

en esta parte su nombre

Virgen.

¿Y quién no lo estará

que no da capor el hombre

quien santísima la llama

Virgen.

A la puerta llaman, mira

San Juan.

Y mira, hijo, a ver quién nos quiere

será alguien que no haya y se admire

Virgen.

Id por Dios a quien pidiere

y abrid al que fuere y entrare

Vase S. Ju. y pone las manos, lueygo arrodillóse y luego se levanta y juntas las manos

Virgen.

¡Qué de horas han pasado

hijo deseado al y sente

que no ose comunicado

mas como quien tan bien siente

mi turbio lloro y cuidado

sabéis que aunque obediencia

que os debo como a mi dios

me da a no veros paciencia

estoy absente de vos

mirad qué penosa absencia

señor, hijo, esposo, amante,

vida, salud, luz, espejo

mirad (suspéndese alcuñade)

coluna constante

mientras el mundo os dejó

sois en el mundo importante

Virgen.

Pues sus vuestra voluntad

conesa biva la mia

Sale S. Ju. muy alegre

San Juan.

Señora, albricias me dad

Virgen.

¿De qué?

San Juan.

No veis mi alegría

dudoso Tomás honrad

Sale Santo Tomás con túnica y la payata y bordón, y arrodíllase

Santo Tomás.

Pasos, con tanto gusto caminados

aquí descansareis, do vuestra pena

pies polvorosos, por la mucha arena

y por el largo caminar cansados

venturoso premio sois llegados

adonde todo es gloria y nada pena

es posible sois vos, Virgen María

Virgen.

Tomás, ¿aún sois dudoso todavía?

Santo Tomás.

Yo soy vuestra intercesora

sea mi tesoro

y abrazadme

Santo Tomás.

No, señora; los santos pies besaré

pues en el losoro adoro

apenas, señora, creo

que con vos merezco estar

Virgen.

Pues, ¿ya no veis?

Santo Tomás.

Sí, veo,

pero aún me dudar

la fuerza de mi deseo

Virgen.

Creed, valeroso indiano,

lo que veis tan descubierto,

y si dudáis, lo que es llano,

no tengo costado abierto

adonde metáis la mano;

yo soy la esclava María,

por tal me podéis tener

Santo Tomás.

Si un publiquen lo creyera

que se hizo fuerte el creer

le en el dudar de aquel día

que como la humana fe

desde el mismo Dios empieza,

cuando su costado entre

saque fe, saque firmeza,

mirad como dudaré

y aseguro si el altar

santo donde a Dios se adora

Virgen.

Pues, ¿qué tenéis que tratar?

Santo Tomás.

Fuera de veros, señora,

y traer que comunicar

Virgen.

Con los hermanos, ¿no es dea?

el evangelio sagrado

Santo Tomás.

Con gusto

Virgen.

Dios os remedie

Santo Tomás.

Diez meses he predicado,

y el baptizar a mi día

oyen con tanto favor

mi doctrina, y su cuydado

que cobran de puro amor,

Virgen.

Tomás, predicáis verdades

y sois gran predicador,

Santo Tomás.

Sois bienquisto, sois querido

de todos

Santo Tomás.

Señora, no

de algunos soy persegido

Virgen.

A do vas persegido

su patria sed muy sufrido

Santo Tomás.

Antes la persecución

mas que la quietud estimo

Virgen.

Y es muy justa estimación

que el apretado racimo

da fruto de bendición

cansado venís

Santo Tomás.

Jamás

me canso si vos me veis

Virgen.

Juan.

San Juan.

Madre.

Virgen.

Coma Tomás

San Juan.

Sentaos, Tomás, y coméis

pan, os daremos no más

Santo Tomás.

Por comer a vuestra mesa

Virgen, quiero recibir

ese favor, aunque aprisa

Virgen.

¿Por qué?

Santo Tomás.

Porque tengo de ir

a dar, bien fina, mi ympresa

que los que en su viña estamos

de plantas, para diar cuando

porque más aprisa vamos

aún saludar caminando

nos mandó que no podamos

alumbradme Señora

en ciertas dudas y luego

daréis mi licencia

Siéntase y ponga las manos como que hace oración, y haya la bendición

Virgen.

Ya ora

comed y estad con sosiego

San Juan.

Sois, Virgen, mi doctora

para que guiastes vos

a tantas calamidades

Virgen, sujeta entre nos

sino por leer verdades

en el colegio de Dios

Virgen.

Quiero partiros el pan

Tomás, pues estáis sentado

Pag. 16

Virgen.

mirad que con beros dan

para tan buen convidado

Corto habéis andado yo

Santo Tomás.

Dejadme con el cuytado

virgen que en vuestra llaneza

Sois conocida al partirlo

Porque partis con franqueza

Como dios en el castillo

Viro.

no tengo pez ni panal

Santo Tomás.

Perdonad Tomás

no basta

Emperatriz celestial

dando vuestra mano casta

para vnion divinal

O sacerdotes dichosos

que tal jubileo oy os dan

que de los cielos bajan oy

para que baje a este pan

y vos dios sois poderoso

coma Tomás y sale Dionisio de obispo

Dionisio.

Coronado de guirnaldas

triunfa mi feliz deseo

Vencedor y hidalda

mi dolor esté aunque veo

sus Rayos por las espaldas

Está es la casa sagrada

de mi fe casta recubierta

mas venturosa morada

Como os an dejado abierta

Estando siempre cerrada

permisión del cielo fue

Virgen.

Juan quien habla

Dionisio.

o Luz del dia

San Juan.

Como an entrado

no se

sin duda con la alegria

del buen huesped no cerré.

San Juan.

quítate de ahí

sepamos quién es primero

su semblante manifiesta

que su visita es segura

¿qué casa procuráis?

Dionisio.

Esta.

San Juan.

no vive aquí mi luz pura

vive una señora honesta

sola, pobre, recogida

que apenas se deja ver

volveos por vuestra vida

Dionisio.

¿cómo me puedo volver

si es por ser la mi venida?

si en las menudas arenas

por aquí jamás dejaré

señal de mis pies y penas

¿cómo he de volverme?

San Juan.

¿de dónde venís?

Dionisio.

de Atenas

y soy discípulo fiel

del gran doctor de las gentes

por un ver y por poder

dejo deudos y parientes

como Jacob por Raquel

manifiésteme esa oculta

salud que vive el señor

de no me volver sin verla

San Juan.

grandes quilates de amor

descubres, no es esclava

madre del hijo inmortal

que hoy en los cielos reside

miremos en este cristal

un forastero que os pide

San Juan.

el paraíso principal

vuélvese poco a poco y échase a sus pies Dionisio

Virgen.

véame en buen hora quién es

Dionisio.

¿quién puede ser sino un hombre

que adora vuestros pies?

Virgen.

levanta y dime tu nombre,

Dionisio.

Dionisio que es lo que ves

levántase y quédase mirándola y despiden compañías

San Juan.

turbó la claridad

de vuestro rostro señora

Dionisio.

¡qué resplandor y deidad!

¡qué águila voladora!

vuestra vista me prestad

San Juan.

desde Atenas ha venido

a veros

haga oración Tomas y levántese de la mesa

Virgen.

hágome obligada

¿cuyo discípulo has sido?

San Juan.

de Pablo doctor sagrado

Santo Tomás.

Reina santa a Pablo he oído

a Atenas fue a predicar

donde vuestro nombre vivo

Virgen.

¿cómo no me vino a hablar?

Dionisio.

este papel os escribe

no sé si os le podré dar

dáselo temblando

Virgen.

que vos con el infinito

de su prudencia me admiro

San Juan.

admirablemente ha escrito

Virgen.

leéldela Juan

Dionisio.

entre tanto me

este sol de yelo en hito

carta

San Juan.

Pablo el doctor de las gentes

que desde la ardiente Siria

hasta Libia la bravura

escribe enseña y predica

el perseguidor sangriento

del verdadero Mesías

cuyas verdades ahora

San Juan.

ama más que su propia vida

a la emperatriz del cielo

madre de Jesús María

salud de caminantes

la que nos la comunica

desde que arrastré las armas

hice pedazos la pica

deshice las banderas

y despedí compañías

desde que cegué a Damasco

cuyas luces me tenían

sin infantes sin jinetes

sin arrogancia y sin vista

por lo habitado del mundo

mi indignación que publica

no fábulas de ignorantes

sino verdades macizas

desde Samaria a Judea

desde Egipto a Palestina

desde la alta Transilvania

a la templada Sicilia

los pies descalzos paso

con sed con hambre infinita

pisando secas arenas

y de cuando en cuando espinas

infinitas almas gano

porque me oyen infinitas

y deseo infinitamente

que infinitamente vivan

en mis peregrinaciones

diome gana peregrina

de ver la famosa Atenas

partime por ver la villa

donde con notable fruto

me detuve algunos días

derribando altares de oro

y edificando capillas

cuando el que lleva esta carta

que de religión me pedía

doctor obispo de Atenas

Pag. 17

San Juan.

y hijo de mi doctrina,

porque vio turbado el cielo

cuando el autor de la vida

la quiso dar por los hombres,

y oyó que pidió noticia

oyéndome con terneza

y con lágrimas más vivas

que Niobe pudo llorarlas,

llamó a Areopagita,

por aquí va en su patria

y fue fácil convertirlas

que él les explicó las causas

notablemente edificó.

Y dile relación, señora,

de vuestras prerrogativas.

Si en tantas profundidades

puede haber corta retórica,

yo lidié sino de veros

y pidióme que os escriba,

aunque su presencia amable

es carta comendaticia.

Y yo, por satisfacerle,

tomando papel y tinta,

quise por carta encargaros

a que en persona os visite;

es calificado, noble,

de tan antigua familia

que ahora en Atenas,

y en sus sujetas provincias

tiene virtud admirable,

y es la nobleza que estima.

Con ángeles en el cielo,

más solariega y antigua,

desea verter su sangre,

si es de alguna providencia

que allá ministro y perlado

bien enseña y bien predica.

Dios para más Dios os salve,

sacratísima María.

De Atenas, veinte de junio,

luna sexta y feria quinta.

Doctor Pablo y de los apóstoles

el menor de la familia

del cordero Dios y hombre.

Virgen.

Alto escribe, humilde firma,

si a tal criatura tanto merece amor.

Doctor del mundo y primicias que amor,

el universo ha de dar a mis plantas

y del cielo también sea invidiado,

y ¿qué mucho, que los astros suspiren?

Humano será finísimo lodo

que si a serlo por Dios no conociera

su majestad jurara que lo fuera.

Dionisio.

Sois mi fiel enseñadora,

si por el gran Pablo y vos

al hijo de estas palabras

no conociera por Dios,

por Dios le adorara ahora.

Virgen.

Muy agradecido a cuidados,

quien visitarme has tenido

nos respondo de admirado,

nos celebro de enojado,

nos pregunto de turbado:

¿Qué me quieres preguntar?

Dionisio.

Madre del sol de justicia

es quereros alabar,

llevar serpientes a Libia,

luz al cielo y agua al mar.

Pero decidme, lucero,

cuya lumbre sigue el sol,

templo de Dios verdadero,

aurora y vivo arrebol:

San Juan.

honra del arconte, y entero

supuesto, como es ansí,

que de madre tenéis nombre

del que solo con un sí

hizo el mundo para el hombre

y el empíreo para sí:

Dionisio.

cuando Dios madre os llamara,

¿que muchas veces sería

el mundo no se alborotava?

¿Y qué mujeres os besarían

el manto si le alcanzaran?

Pues si la tierra no ofrecía,

el sol no tuviera verano;

cuando pequeño y tierno

os pedía el pan por señas,

por Dios, luego, y padre eterno,

¿no se mudaban las peñas?

¿No se espantaba el infierno

cuando os besaba la mano?

Y a vos los labios de él,

Dios divino y el humano,

¿no volvían las piedras miel

y jazmines el verano?

A madre jamás piadosa

que tuvo hijo jamás,

sabréis decir una cosa:

que no pudisteis ser más

ni pudisteis ser más diosa.

Virgen.

Oh, buen Dionisio, agradezco

tantas muestras de afición.

Dionisio.

Si algo, señora, merezco,

dadme vuestra bendición,

túrbame pasmo, enmudezco.

bendícele

Virgen.

Dios, cuyos caminos fieles

sigues, guíe tus cuidados;

vete a Atenas, y en infieles

coliseos tus desvelos

hace de cruces cercados.

San Juan.

En fin, vuestra confesión,

Dionisio, fue milagrosa

aquella gran turbación

del sol cuya luz hermosa

puso luto y confusión,

mengua del sol quisiera

porque su llanto anegara

al antípoda sufriera

de esta turba es el poder

de todo cielo, o Dios muere.

Vino Pablo, ansí viniera

antes, pero cuando vino

dijo que el eclipse fuera

por muerte de un Justo divino,

bien más, ¿quién no quisiera?

Virgen.

Y cuando eso sucedía,

mi corazón, ¿cuál estaba,

que si porque Dios moría

su criada se enlutaba,

su madre, ¿cuál estaba?

Notable pena me dan

estas memorias.

San Juan.

Ganancia

para el mundo y por Adán.

Virgen.

Dionisio, predicad en Francia,

Denis, y París, entrad juntos.

Vanse con majestad. Y quedan Dionisio, Rústico y Eleuterio, Fescenio después, y dice:

Ya de la prevención que os hicieron francos fieros pues como presbíteros fuisteis allá tenéis noticia, pues fue ley dada públicamente en boca de Pablo como presbíteros os recibieron

Pag. 18

Publicamente en el capitolio

Dionisio.

Como juez, Feremio, os recibimos

y como a tal se os guardará el respeto

que justamente se le debe acatar.

Fer.

¿Juráis de obedecer como leales

nuestros preceptos y reales justas?

Decid públicamente si juramos.

Pueblo.

Jurado estás, Feremio, por su juicio,

y como tus intentos sean conformes

a las leyes de Roma, como es justo,

serás obedecido.

Fer.

A mí el cetro

vuelto, ufano estoy, aunque a vuestro

parecer de librar más a vuestro

que donde estáis, no hay otro que toque

mayor honra en pie mi voluntad segura,

donde te deje, Lelio, la obediencia,

a donde estás, a donde en ambas cortes

hay isla de Marsella, y más a vuestra

que soy depositario de mis justos

premios y castigos que os merecéis.

Salga Correo con una provisión y cartas

Correo.

A el gran, digno presidente

de toda Francia, tu persona tributa

y tantas veces vencedora en Asia.

Fer.

Vengas con bien.

Correo.

El gran señor te envía

con una provisión y con sus cartas.

Fer.

Será, como me debes, obedecida.

Léela, Lelio, vos, en voces públicas.

Lelio.

Oy, franceses, sus errores. Oye

la provisión.

Cayo

Lelio.

Claudio Nerón César Sagrado,

a quien con sacra llama el Sol fía,

de victorias y perlas coronado,

rey de Acaya, al de Numancia,

la ciudad de Roma, con mayor estado

a vos Feremio, presidente en Francia.

De que en la patria vuestra hoy os asombre

que a poneros a secar la infamia

día

Si por su fama o por su dañosa

a esta mi provincia ha llegado

esta revolución que me altera,

escandaliza al pueblo, alborota,

oíd de unas naciones predicadores

que llamáis a un Dios crucificado,

escándalos inventa, y novedades,

con que destruye reinos y ciudades.

Dos hombrecillos pobres, mal vestidos,

que al uno y Pablo al otro llaman,

a los comunes tampoco conocidos,

que aún no los miran.

Se me han entrado en Roma atrevidos,

que con la mentira al fin fingiendo

predican nuevas leyes de un Dios nuevo,

y a los opuestos con espadas de oro

y por el sacro Júpiter que mido

que de su agravio con cruel semblante

que ha de beber el vaso de mi ira

al de la muerte más semejante.

Esto pasa si acaso esta mentira

llegara a los confines de levante

muera muerte cruel que le

mando, bajo de la edad que fuere

y no le reservéis edad, honor, ni fama,

que importa al bien de mis reinos,

con que a vosotros guarde mi deidad,

y tened en la altivez que merecéis.

Dada en la corte de Roma...

No se de qué y de mí me instituyo en vos

que esta causa la doy yo a mi cuidado

cuyo favor el cielo me ha guardado.

Será guardada de fuerte

cédula, a fray mi senado

que baste al mismo a el fatal fuerte

donde la vida inmortal

vive muriendo a la muerte.

Si conoces de aquel de

que el cielo al dueño de aliento impío

manifestádmele, cielos,

que sucede en la luz mil celos

darán al mundo tal asombro

que quede en cenizas caos

y la empinada figura

llame el mundo ruinas a

la padrina de la hermosura

y bol de la fortaleza

con que será a los de la

cielo y a guardarlo de ella

hombres que han de perdonar

de la loba romana ahona

a la cuadrada de ella

marte y séneca de amor

que un mísero tan mortal

del mayor venerador

que viudo queda

con ciega culpa a su error

que llama el necio a los ciegos

que sufren de mi intencion

que ganan los que intentéis

deja de mi furor a franceses

que quiero tiranizar

a tu deidad que da temor.

Lelio guido.

Vanse todos, Dioni

Dionisio.

El turco, el temeroso,

que en celos se pone, miedo,

oh amigos, si este agravio os

mal manifestarte puedo.

Bañarás lágrimas tantas

si al comenzar no te espantas

de agravios y desvaríos

que puedan crecer los ríos

y fructificar las plantas.

Lleno yo de mi misma causa,

de las penas, los zelos,

del mar y los azuelos

y los mismos basiliscos

de la tierra y del cielo.

Que como en prenda tan bella

tengo el amor empleado,

piensa que pisa en bellas

flores la más apartada

cuyo pisas las estrellas.

Lelio.

Que te quede y frances

que no merezcas, pues das

a tu luz libre una mujer

que aún para sentir tus quejas

no me has dejado poder.

De la luz y del temor, Lelio

la mujer más casta y bella

que tuvo por madre a Atenas,

la que le dieron mis penas,

que de tus celos se estrella.

Si con una bala oculta

a el capitán en la plaza,

de maravilla resulta

y esperando el que da caza

allí su pecho te oculta.

Dionisio.

Soportas celos

con esta secreta bala,

Pag. 19

Ferecindo.

al mundo, adiós a los cielos

confuso quien fuego a las

tu mujer porque de celos

te dura el rencor, celoso,

porque dejada mujer

desvío casto amoroso

se trueca en aborrecer.

Mas, ¿el que es rey poderoso

se rinde a encantos desleales?

Si mis desventuras sientes,

si en mi desvío te empleas,

busca mi prenda, y ausente

que a cuantos...

Celi.

¿Qué es lo que decís?

Ferecindo.

No sé,

que a mí me pesa, pesada,

que es ir, que el sol que le ve...

Celi.

Que...

Ferecindo.

Yo iré no sé do engañada

trabajas y yo el sol diré.

Sube en el monte más alto,

baja al mar oscuro valle,

busca mi sol, resalto,

tú fuera razón buscalle

si es tu sol, dirán, si falto.

Vete, que en tu tanto quedo

del mal que a ti me dio yo.

Celi.

Mereces lo...

Ferecindo.

Talisnedo.

León.

Voy, yo voy.

Ferecindo.

Que tienes celos

que no se atreve y con miedo

gime.

Celi.

Voy a buscar

Ferecindo.

Huyendo de aqueste daño

mas reparos a llegar

una fiera espanta y mira

por quitalla vaya a estorbar.

Vanse, sale Lucela, huye, mas y Lucela

Lucela.

Huyendo de aquestos hombres que aun

de sus cabellos velos

prendas son, en quien los

combate con sus cabellos,

del enamorado en su...

María.

Tú, hermosa María,

prometiste amistad,

mas de la primera falsedad

que dicho es ser verdad

que es como de la mía.

Lucela.

Soy cristiana y virtudes,

no obras con entrañas a

sin sospechas no de mi.

Que lo que tú me digas

no es de mi don del que sí

ara bien, me despidas.

María.

Ya no verte jamás

no una traes en pos.

Qué duda no me le das.

Lucela.

Oye, tas venas limpias.

María.

Dame de aquí tu adiós pues,

que se conoce mi ofensa

más de ir y sabe mi ruego,

que a la ofensa te asegura

no al menos de a esconderte.

Lucela.

Que yo, de hacer sin vos,

bella, penitente,

estando.

María.

Amiga, abracémonos y de

sus culpas lloren, que

no temas. Lucela adiós,

entra en la cueva.

Entrase Lucela, huyendo

Lucela.

A Dios, que me anochece

si Lucela no te viera,

que es ir, duele a tantas veces

que a de perder sus fieros

arrebatada me lleva.

María, la voluntad

que a ser con mi amiga a de

venir y mi llanto a los

de la cueva con la prueba,

no está en ti hacer esta

y a lo de tu dolor da señal.

Qué, ¿no caen tres?

La nube de estas señas

son bastantes a a mí.

Pero, ¿cómo me a dejado

de consolar mi azar?

Mi dolor es envidiado.

Parece del triste pardo

y tierno de exhalado.

Dentro pena.

Sale Cleuterio de peregrino

Eleuterio.

Ni el cansancio,

cansado, pasos, buenos

de tener, señor, damos

que a este intrincado camino

en la cueva destos amos.

Lucela.

Peregrino.

Eleuterio.

Quién me llama.

Lucela.

Un desterrado en ti.

Eleuterio.

Comenzaste y tardanza.

Lucela.

Que se nombra conocer.

Eleuterio.

No.

Lucela.

En su casa do está fama,

como me as desconocido

en mi vida juraré,

que os vi, señora.

Lucela.

Que tuve

un amigo, y que fue

dejado de humanos

esconde a esta Lucela.

Eleuterio.

No vi a una dama de tal final.

Lucela.

Noble y rica.

Eleuterio.

Y ¿quién es ella?

Lucela.

Causando en ti gran

fuego a la suya a de ser cielo

Eleuterio.

Con un Romano perdido

que a la de cena penas dos

Lucela.

Por él se fue al mundo.

Eleuterio.

Desta Lucela huyó

al monte y durara mañana

me deis, a que el presidente

donde me a pro cristiana

la hermosa penitente

de nobleza humana.

Lucela.

Cristiana, Lucela bella.

Eleuterio.

Es la ya. Hoy después

la abras.

Lucela.

¡Oh, si está bella!

Eleuterio.

Que te ha de hacer

tú que estás.

Lucela.

Padres de la desmayada

aquí que un suspiro

diera de este bulto.

Eleuterio.

Y vino aquí con qué fin.

Lucela.

De a hacer de este peñasco

de esta maleza jardín

y a llamé lo que era

Dionisio de Atenas, ya.

Pag. 20

Eleuterio.

El ser mártir persevero.

Lucindo.

Es posible, ¿dónde va

osadía, a quien le vence?

Eleuterio.

Queda entonado, ya mueren

de un Pablo los tiernos

ecos, segundos pasos,

el día de la ascensión

gloriosa, vendrá a este puesto.

Dentro

Dentro.

Y a León el subalterno

delante de su lecho

o sepulcro, de esta sangre.

Lucindo.

¿Qué necedad a tan grande

Eleuterio.

Sí, puros recaudos.

Lucindo.

Con nadie yo se ofenda

afán o de enriquecer.

Eleuterio.

La soga arrastra vestida

de buriel, que entrhe de hacer

del azadón surcada.

Lucindo.

¿Y mal que siento cercano

el parto?

Eleuterio.

Yo te consuelo,

que por eso sin reparo.

Lucindo.

Recelos a mi esfuerzo

sumarán, y humanos

Dentro

Dentro.

Un milagro allí del cielo

en voces de dos grandes.

Eleuterio.

Atenas huelga gozosa

que midiendo en tus voces

pecho sirviendo celos.

Dentro

Dentro.

Aquí haremos una prueba

de estos árboles frondosos,

que no será esta nieve.

Lucindo.

De hieles, e inmensos

sigo en hijos de mi dueña.

Dentro.

Un nazareno fiero avasalla

y a su bajeza me llevo.

Eleuterio.

Como lo hiciera un abanico,

toda la llaneza tuya,

para que voy en paz.

Dentro

Dentro.

Y más le bastaré,

que me case y sude.

Lucindo.

San Dionis.

Eleuterio.

¿Qué?

Lucindo.

Lo que vieres, que mal obre.

Eleuterio.

Indigno de un consorte.

Lucindo.

Envidias de mí me dan.

Eleuterio.

Porque para tu mujer.

Lucindo.

La ignoro, que el otro día

que se midió tu poder,

como vuelves en tu celo.

Dentro

Dentro.

Mi nueva ama o maña

de domecer tu pecho.

Eleuterio.

Eras piedad de ella.

Lucindo.

Que el corazón te ha ganado.

Eleuterio.

Está a duras penas y se humillaba.

Dentro

Dentro.

Levanta, que nos subimos

de obscuridad y abismos,

calla, donde nos quedamos.

Lucindo.

De estos árboles la haremos.

Eleuterio.

Dos panes a un asno dimos.

Dentro

Dentro.

Y mirad que os aguardar

esta mujer y un infante

que lloran, y se ha de dar

vuelta, otra navegante,

voz triste del mundo mar.

Jornada tercera

Pag. 21

3ª Jornada tercera

Sale Lucela vestida de pieles con un acebuche y dice a la puerta.

Lucela.

Repasad por esos sotos pardos

Bebe, Sihenis, sed y aquí te aguardo

mirando a Jove en el pendón de oriente.

¡Ay, Júpiter oculto, que, si mires tarde,

me fue para la bella prole en frente,

en cuya cueva congojada cría

dátiles verdes, yerbas, agua fría!

Sale Diuthes, niño, y dize:

Diuthes.

Con pasos quietos ven,

que, como tardo, te deudo

del surco que te nací.

Aún haba del agua que bebo.

Madre, ¿me amará a mí?

Lucela.

¿Cansástele?

Diuthes.

No le canso;

cansaránse entonces con reír.

Lucela.

Abrázate el sol, que hubo.

Diuthes.

Con pecho y abrazo ciego

ardió en tu fuego vivo;

que me da gusto, confieso,

cuando su dulce ave veo

voltear en el ave que beso.

Lucela.

¡A la cámara del sol

te llamarán de su fuego!

Diuthes.

Ansí llamarme podían

el rapaz de madre tuya,

que es mi en mayor flecha ya.

Lucela.

¿Por qué, Diuthes?

Diuthes.

Porque a

madre me lo llamarían.

Diuthes.

¿Es posible que no queréis

decirme quién es mi padre?

Lucela.

No hables más por tu vida,

que me matará un dolor

a acrecentar mi pesar.

Diuthes.

Que, como que no me decís

quién soy, a qué dudar,

quién nos ha de ir a buscar.

Siete años ha que nací

y no sé de quién me engendro.

Que en mar de lástima he de ir,

en el mar me concebís.

Lucela.

Que pues la fiera mar pasó

a esta rústica maleza,

sabiendo el fiero gusano

que de una mujer amada

de un soberano Romano,

que es noble quien te ama.

Diuthes.

¿Y por qué ansí, a esa

le distes la tierna cría?

¿De qué te cansas me asesta?

Lucela.

Calla, que me cansarás;

no te quejes, que me ofendes.

A Dios, que salgo a engañarte,

no os dais a mis ofrendas.

Diuthes.

No quiero mas ofendella.

Lucela.

Bien harás, me entretiene.

Diuthes.

Y al naipes se me dio;

dejaos de esa niñez,

para que me deis gusto.

Lucela.

Pag. 22

Dionisio.

Por Dios que los me asocian

madre, sin dolencias.

Lucela.

Conque mayor ocasión

puede darte este apacible

gozo a tu corazón,

pues yo a vengarlo he nacido,

no me esperes, mi amor.

N.

Aguarda, a que le amaré

amado y a su gran Dios,

que es nabel que me ha de hacer

de su gusto tu tesoro,

pues mis glorias libere.

N.

En todos dos perecieron

desventuras a la tumba.

Suena música.

Dionisio.

Madre, ¿qué música es son?

Lucela.

Cantarán, no el cosario umbra

es cause, a lo que me.

Oyen dentro cantando, o

recitando, con

N.

Jesucristo está en Marsella,

la comedia de la vida

llena de lloro y de dolor,

de dulce y fina ruega,

de la enamorada ausente

con sal verde vestida,

ruegue a su amado esposo

con su lámpara encendida.

Y por las de arriba

suspiros cantar y sus ruinas

por que tan.

Dionisio.

Madre, que se os quede el

Lucela.

No sé si esta fuera aflojo

Dionisio.

Cantaron.

dentro

Lucela.

Por eso que si

madre, amiga al cielo me voy

a lisonjearte.

Lucela.

Andad, con mucha María

que aquella a vos

ha de estar amiga mía

pues ya me sé a sentir

más libre y más cuerda.

Dionisio.

Ame le en que ve

aquel cuerpo victorioso

cuya alma tanta safra

los faetones del esposo

con finísimas lisonjas.

Dionisio.

Cortemos, madre, hermosas

Lucela.

Una señora, que van

ciega las tañe un

Dionisio.

Quitemos las señas

Lucela.

Tomarsela sentadas.

Cantan de paso, muertas señas.

Dionisio.

Sin duda el sumo sagrado

y de los ángeles raros

como necias enterradas.

Sale Eleuterio con una cesta cubierta.

Eleuterio.

Ya llegué de entreñido

casi no hubiera acertado

Dionisio.

¿Y qué nunca os veré

que vos quenguas?

Lucela.

Maestro.

Eleuterio.

Santa señora.

Dionisio.

¿Qué ha amado?

Eleuterio.

Amable y.

Abrasánse.

Dionisio.

Qué traes

Eleuterio.

Eleuterio, de buena gana

falacia que tira

Lucela.

Eleuterio al fin parece

porque en las ansias

enmudecen esperanzas

de todos turbados horas.

Dionisio.

Y el mortal afán, Marsella

brutal y portal vella.

Eleuterio.

Quien.

Lucela.

Ha sentido el sol y luna

Eleuterio.

Saludó a la señora

luego faltaban a ella.

Dionisio.

Ya a mi a declarar

cosas a las que mueva y no mueva

quien tuvo de Dios tanto amor

y a la idéntica de puerta

quitando, así a calentar.

Dionisio.

A mi que te ha dado

hoy, María soberana

Lucela.

Jesús se ha detenido

Eleuterio.

Por cierto hiciste ocasión

que en salir a sus deidades

llegaste a fomer y a

con dotes y a su suelo

tentando todos.

Dionisio.

A mi amor el caos cielo

darle voces como

cárteles para María

cuya farsa regala

con cuatro o seis casados

y en fines mis lozanos

cualesquier de ellos toma

trigo para amasar, con toda.

Dionisio.

De la redención, y fue

Eleuterio.

Días entre ansias y horas

de amor, compasiones cierro

las suertes de este anhelo.

Dionisio.

Por la eclipsea del cielo

paso el sol siete veces

y antes de cuentos rostros

dando, a sus pasos seis

mientras el raudo Dionisio

por son son de Clemente

y de la alterada Italia

paso a simbesos pareces.

Y al fin de esos gitanos

a los que los halló robando

casi lampas de Francia

el San Basilio herido

que a la dulce lira honra

adonde guió ansia

no hay coyunda que me ligue

no hay fiera que me aceche

o las islas misteriosas

cargadas de nubes celestes

o a la ruidosa aprensión

más que celebran rubíes

y a oro ser al fin la luz

de sus descansos que de

blancas ansias postrura

y por fe ceno al creyente

palacios y al fin cerrando

franceses, como fieles

queda, feliz memoria

y leal romance un beso

viendo las caras de duda

de las coronas de reyes.

Pag. 23

Dionisio.

hacen regocijos cuando

con blandas endechas cantan

pone, pues, celoso

un infando dios previene

rabia, veneno y ponzoña

y luego habló de esta suerte:

queda en Normandía un hombre

que desapodera reyes,

que escandaliza ciudades,

que desatina inocentes,

nuevas fábulas predica

y celébranse de suerte

que por hacerle guirnaldas

levantan de nuevo laureles;

por dondequiera que pasa

vistosas alfombras tienen,

alegres motetes cantan,

queman preciosos pebetes.

A esta llama y a sus voces

la Francia se convierte,

desde el caduco al infante,

que por mano ajena debe.

Para los que se bautizan

presta sus márgenes verdes

el Ródano caudaloso,

mientras en otro se vierte.

Fiestas, corrientes, festejos

al sacro varón ofrecen;

sus estatutos profanos

rompe y sus sagradas leyes.

Lucela.

No llores, celos, ahora,

si daños comunes sientes

de aquella brava fatiga,

pues puedes hacerlos leves.

Partió la ingrata y parte,

batiendo las alas leves,

y de locura se abrasa

en las nieblas de Occidente.

Quedó bramando Fecenio:

«Muera Dionisio, prendedle».

Previenen postas y parten

y su nueva ambición les puede.

Viene a París el cristiano;

sus ciudadanos, de verle,

piden el bautismo a gritos

y el agua se les promete.

Preséntanle al presidente,

hácenle el cargo; consiente

el juez, aunque amigo, olvida

amistades y mercedes.

Con duras varas le azotan,

pero, como no le vencen,

el pueblo brutal, que brama,

de leña el fuego enciende

y, previniendo parrillas

en que a las brasas ponerle,

huye de lastimarse.

En extraña luz se vuelve,

no huyendo del martirio,

que también me lo previenen,

sino para acompañarte,

si quisieres ir a verle.

Diuthes.

Vamos, Paulo, señora,

y juntos vamos a verle

y, en defensa de Dionisio,

yo hablaré al presidente,

que, aunque no le he conocido

ni él me conoce, podré

dar al cielo tantos gritos

que se ablande el más cruel.

Lucela.

En el acuerdo de mi muerte

mil sobresaltos de hallarte

preso de cualquier juez

ni a todos serán parte

para que no vaya a verte.

Diuthes.

¡Ea, haced como ambos,

que voy ciega de una pena!

Eleuterio.

Nuestra señora, y vamos,

que es brava y verdadera,

a ver a Dionisio vamos.

Vanse, y salen Fescenio y Celio.

Fescenio.

Celio, ¿esa que no parece

Lucela, y su luz marchita

la flor de Atenas padece?

Pues Dionisio Areopagita

hoy se marchita y perece.

En esto pienso vengar

los agravios de una ingrata

que, desde que salgo al mar,

como Lucela me trata.

Pienso a Dionisio tratar.

¿En qué estado queda?

Celio.

Ardiendo;

en unas parrillas queda.

Fescenio.

¿Dices que dele?

Celio.

Que da diciendo:

«Haga el fuego cuanto pueda,

que le he de vencer muriendo».

Fescenio.

¿Es posible sufrir el tormento

que en las parrillas padece?

Celio.

Admira su sufrimiento,

y cuanto más se embravece

el fuego, está más contento.

Dan voces dentro, y sale Dionisio desnudo, el cuerpo quemado, en la mano unas parrillas y dos verdugos asidos a él.

Fescenio.

Mas ¿qué es esto? Estoy pasmado.

¿Hay tormento que iguale

al de este reposado?

Fescenio, Dionisio sale

ni vivo ni abrasado.

Dionisio.

¿Por qué tu crueldad es tanta,

que contante te embraveces?

Como el que al morir se espanta,

que se enoja algunas veces

y otras veces se levanta.

Así yo me he levantado

de donde me daban priesa:

fuego, amor, pena y cuidado.

Si tienes puesta la mesa,

cena, que ya estoy asado.

¿Cómo fue el tuyo a parte?

Que, aunque te parezca grave,

podrás, tirano, probarte

que estuvo entre mesa y ave,

que vuelvo vivo a buscarte.

Fescenio.

¿Cómo dejáis levantar

hombres a este rapaz?

Dionisio.

Dios a todos me dio lugar,

porque huyeron del fuego

que los pretendió abrasar.

Y vengo a ver si le agrada

este caduco manjar,

que tu crueldad me ha dado:

quería mucho más

mi divina luz no apagada.

Pag. 24

Celio.

Como con equívocas aves

en crueldades reveles esas

y a razón de los requiebros

en cuya sagrada mesa

comenzan reinos manjares

Dionisio.

Y aunque hoy a fe me declara

con las lisonjas que tratas

en tus fuyos me guardas

no puedo yo fuyos hacer más

que yo hallara a mi esperanza

Celio.

A Dios, Tirsi, me entrego

y a que merecen mis leyes

y ciega esta sinrazón

pues como tirano rey

salte encogiendo en el fuego

Dionisio.

Ay, Celio, y bien se te asienta

el ser leal, más que ave

que el fuyo, y aunque fuyo agranda

guarda a Dios alguna ave

más mansa y airada

Celio.

Grandes de Dios el amor

haslo que de Dios se pidiere

en cujón y temor

que el que oye a su amor me quiere

buen airado no me quiso

Celio.

Que ordene a un silencio necio

Celio.

Causa en los hombres ternura

Dionisio.

Cruelmente me parece

que forné tan baja dura

mejor que seas casta fuiste

Celio.

Muy mejor será de verse

Dionisio de esa manera

y aunque empiece a aborrecerte

te juro que si pudiera

Celio.

que tus suspiros al amanece

Dionisio.

A estos rinden a que muera

con las leyes que publica y

fingida o verdadera

dime a que muerte aplicas

dime a que te has de negar

Celio.

A mi rey a serles mentado

Dionisio.

Dios justo no quiera

que yo haya tal pecado

Celio.

Pues muera Dionisio

Dionisio.

Muera

Celio.

¿De qué se ofrece?

Celio.

De estar los

dioses, y hoy perdón te doy

Celio.

Qué tal pueden ofrecer

con tus crímenes matando

baja, a Dionisio a morir

mientras yo quedo llorando

Salgan los verdugos y Alcaide y una horca hecha de una vuelta al tablado mientras canta esta letra.

Músicos.

Pelad montes de Francia,

y bajad madera fuerte;

el filósofo de Atenas,

famoso en el mundo, muere.

Que en las aulas de Atenas

altos ingenios enseña,

y el demonio, turbado, se asconde

por librar su muerte,

y largas paranzas, pues, mal previene.

Llévanlo, y sigue a Dionisio. Sale Rutheo.

Rutheo.

Quién no se atreverá a entrar

a su flaqueza y temores

quien sea fuerza al llorar

los que Franceses pesares

tal maldad a de osar dar

Dionisio.

Quién el aquí nuestro denie

que con la salud de Atenas

se ampara a tu andante

quien es

Celio.

Hablas a mis penas

o croa miente y fiente

Dionisio.

Mira que un rey barato atri

tanta tirano de batió

pues si a Dionisio a morir

y un pesar tan grosero

tú hasle de seguir

Dionisio.

Cristiano soy y pretendo

morir por Cristo francés

ca matadme, sois fieros

Celio.

Quién cuenta la edad que vense

muerte a mi rey pretendiendo

Dionisio.

Sin duda deuen de ser

monstruos o no de amor

de aquesto, y tu poder

ya para que tan crueldad se

a cavado de nacer

Dionisio.

Que de piedad, si temía

se han resuelto los cielos

a culpa impropia y mía

Rutheo.

Jesus, Jesus nazareno

y de santa María

Dionisio.

El mismo a mi tal arte

si ejecutas tal crueldad

en su rición y arte

Celio.

Oh cruel amnistad

de tus fuerzas más grande arte

Rutheo.

Ven, venime a los rigores

no se ejecute en mi furor

Celio.

Y a quien dejas

Celio.

Por mí do

veis de quien

Celio.

Del emperador

cuya inmensidad, si rindo

Rutheo.

Cómo mata, a su engaño

y a puel el alma me hiere

Rutheo.

Que por culpas mías perdonado

Celio.

Dices que eres cristiano, y eres

tú mismo te has condenado

pues yo mi silencio dejen

soy los encierro y augurio

Celio.

Aura acaso de entender

que son con igual delictos

no se puede nada esparcir

Dionisio.

Matadme, Rapael, y pando

quien eres, de a merced

Rutheo.

Viuda del lansen llano

Ateniense la mitad

y la otra mitad romano

Dionisio.

No sé quien vos sea

que naciendo se ve a la mano

quien además desea

seque Rutheo me llamo

y aunque me fue enea aldea

Celio.

Quien es el amo

Rutheo.

Eleutero

que acompaña a la xeit

de Dionisio

Celio.

Y con misterio

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Nus.

Si de vos me despido

que es como darme en mi seno

Fescenio.

¿Qué quieres tú, madre?

Nus.

Esa

no la habéis guardado fuera.

Fescenio.

de que este mirar me pesa

Nus.

preguntaba desque heras

para hacerme la presa.

Rústico.

¿No tenéis madre?

Fescenio.

Quitaos

que el mismo celo hace cera

para que os perdiera

Rústico.

mayor mal me trajera

si no que a mí me matara

Celio.

No os podremos esconder

Atenas a...

Fescenio.

No es posible

que el vivir es haber

Dionisio.

No lloréis triste ciudad

con tantas muestras de amor

que llevas en libertad

un nuevo Dionisio, mi señor

Lucela.

Aunque mil muertes me den

aunque me hagan pedazos

aunque ha de ser mi muerte

mil víboras en sus brazos

Pag. 26

Lucela.

aunque turbada aunque ciega,

aunque el corazón pasmado

y a par la muerte navega

feliz suceso sagrado

ni temo aunque temor llega

llega admirable si son

llega espanto, llega asombro,

a donde mi admiracion

hecha en el polvo escombro

matada la afecion

El piende los brazos tronque

y da la salud a Dios

que le mueva esta fiereza

a obrar santos motivos

que la naturaleza

hace escarmientos vivos

De la deidad y a la alteza

Cuerpo elado pone frios

siempre cercano estio

a darme pena o muerte

a darme espanto y brio

A las almas me desnuda

el bulto mas caduco

vencida queda la duda

en Francia y predicadura

una proxima y mas muda

Los franceses humanos

que beis ciegos llorais penas

vengolo que los espantos

que hace este sol a Atenas

sucediendo de mis manos

Y no me a quedado sentido

tienenme elada y confusa

que la face la a sido

la caveca de medusa

que en piedra me a conbertido

Basta el pasmo sobreaviso

que es esto admiracion

que aunque en poder de tiranos

se descubrio esta ocasion

que os llevo clara en la mano

a donde bamos siguiendo

que también yo os guio

mas que en tal estago y caso

bamos que yo desangrada

quedo caida a dos pasos

Entrense todos a par y salen Fescenio y Belardo.

Feliseto.

¿Qué dices de cosa semejante

a muerte y a desastrada?

¿Qué de aquestas pasiones?

De un gran espanto tiembla

el que miráis y admira

y no ve el cuerpo del amparo.

Belardo.

Yo digo, señor, el que saca

de su hallar estado

quiera y de dolor mostrada

no te quedes pasmado

que otra cosa no puede ser

el que se mira de cruz en

o que Dios de su poder

para andar en su provecho

baja a verle a una mujer

Belardo.

o que perece la naturaleza

llorando su pasión y penas

del amante de su franqueza

y a este compás, oh atenienses,

llora su amada flaqueza.

Feliseto.

Ya se me desaparece

quedando lleno de temor

más que inefable me parece

que sin duda es el gran señor

el que tan vivo se ofrece.

Fiome de ti mil veces y otra

quedo rendido sin fuerzas

envidiada y mi envidia

Sale Rufino a traer a la una espada al cuello.

Rufino.

De los brazos a la muerte

sacrificada una extraña

que a la piedad se acoge

y no es bien que requiebre

porque lo entristeció.

Ay, mi memoria, a lo que me mueve.

Feliseto.

Ya que en tu vida a tu ruego

ya que navegando ansí

llega a tan mal sueldo

alza la otra voz.

Baila.

Rufino.

Baila, a qué es?

Feliseto.

A aquel que nuevamente

perdió un doncel de 15 años

inmortal y omicida te rinde

y hacelos

Rufino.

Di quién es?

Feliseto.

El de,

que no se suelte fácilmente

y qué estrago en el amante halla

de un francés o un león

a la razón asustada

de una desatada loba.

Dentro, sale firmada

Rufino.

Poco a poco, a poco se aleja

Feliseto.

No es enano y es necio.

De un corral lengua de ser tuya.

Rufino.

Es de sí.

Feliseto.

Es muy sellada.

Rufino.

Es compás, ¿cómo se usa?

Feliseto.

Tengo una mi querida

ejemplo de honestidad

de su prudencia y marido

más que en la sueldad

el margen del sentido.

No sé si cansado de ella

o por serle cansada

ser muy honesta y muy bella

y de placenteras unida

a la plaza de Marsella

que a dos o un año de mi

y después de cuatro meses

llega a ser mi,

en fe de sus franceses

a que le dé casa, en fin.

Rufino.

O qué quieres de esa mujer?

¿Qué le has de hacer?

¿Que quisieras?

Darle soga, y a la encina

de un soto, a no

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Feliseto.

Siquiera,

dime si una sinrazón.

Dionisio.

Ciega, loca y tan infame.

A quien ansí tratáis,

la cruz en que padecéis,

y a quien se llama Cristo,

perdona tantos yerros.

Dionisio.

Y va de nuestra ensayar,

moriré muy contento.

Feliseto.

Otras penas me has de dar.

Dionisio.

Fiel mi muerte, en tus tormentos

voy esta cruz a abrazar.

Dionisio.

De vos sacamos señas,

que dan luz al mundo,

que leáis ya en Atenas.

Feliseto.

Hijo,

que pierdo, mi padre,

cabe el alma por las venas,

y no os podré conocer.

Padre, el bien que me resulta,

en darme por vos a ser

mártir inmenso, pide

que con nada os pueda ofender,

que primero sea bautizado,

y que Cristo que ha servido

vuestro celo, os ponga a grado,

y a su cruz, oh humano Dios,

que muere en mujer de hado.

Feliseto.

Si eres loco, lo creo,

y tú ¿has oído a quién es?

Pues, si hijo de un francés,

di, un hombre francés,

mártires de tu defeso.

Dionisio.

Abrazadme.

Dionisio.

A no ser padre,

aunque os deseo inefable,

más lo sabe el ángel,

a mí me hiere

a mí el cielo.

Dionisio.

Y a Dios que abráis las

de nuestra enojada ruina.

Muriendo, en fin, traes

Feliseto.

solo a Dios, pues jurar

tal novedad y tal pena,

tal sinrazón, tal afán.

Dionisio.

Aquí os doy esta igual,

de vuestros hierros vendrá,

que baje a dar de leal

al humano emendador.

Y con que a Dios ofendáis,

¿no os teméis de la muerte?

Más en la bondad confío

del nuevo Dios del cielo,

que os arrebata, y nos

a quien asgure el puerto

donde echas luz a la vela.

Jardín de aquesta planta,

fracase y a la tabla

esta fruta que adelanta,

nidal de esta primavera.

Dionisio.

Gozoso con hijos humanos,

le de en divinos centros.

Llegad en el manto,

esta granada, madura,

quedarán de cristal los granos.

Sale Celio.

Celio.

De vuestra y de la ciudad,

todo cuanto se admira

Feliseto.

viene, en falsas novedades,

de la humana liviandad,

con que impuso su crueldad.

Celio.

Murió Dionisio.

Feliseto.

Murió.

Celio.

¿De una muerte afrentosa?

Feliseto.

Fue en su corona dada.

Celio.

No, pues no tuvo culpa.

Feliseto.

En el cielo,

murió en efeto inocente,

la injusticia le mató.

Dionisio.

¡Ah! Dios y cielos divinos.

Celio.

En fin valerosa el ansia.

Feliseto.

Sabe al cielo de vos,

que a su queja no es inútil.

Dionisio.

Ya ha pasado el dolor,

y dime ¿qué pasa ahora

en la ciudad alterada?

Celio.

No mande que a subir a

tan alta cumbre, y grada,

con tal hazaña fiera,

está una estatua caída,

maravillosa.

Feliseto.

¿Qué fue?

Celio.

Dióles, y en el suelo muertos

ya a él, sé que Cristo se fue,

que sale y le dio a abrazar.

Dionisio.

Fue grande la alteración.

Celio.

De los embustes y enanos,

que no tienen edad,

del gran celo, a quien le dio al

corazón descompasado.

Feliseto.

Y aun esta nueva

Celio.

Sé la

y demás de esta nueva,

que a parte de la vela,

Feliseto.

falto en un golpe, ansí impresa,

vil, cobarde.

Celio.

Vuelvo de la

Sale Lúculo.

Lúculo.

Que a quien a ti no respeta,

viendo a mi hijo y mi muerte,

y si os pluguiese vengarse.

Feliseto.

Mi fiero dolor acierta,

y mi soldadesca ardiente,

y abrirá la dura fiera.

Que sois buenos de pasar.

Lúculo.

¿De cuándo?

Feliseto.

De su agravio.

Lúculo.

Pues si hoy a mí se me ha dado,

y a él, y a ti, oh adorado.

Feliseto.

Perdona a quien te ofende,

en culpa, mal y ansí a mí.

A todos doy la mano.

Toca, a mí no me roza,

y así, un paso de mi

Dionisio.

Una y mil mártires nuevas.

Dios le dé aquí a honrada

la dulce vida.

Feliseto.

No acaba.

Pag. 28

Dionisio.

Yo también en los cielos

que lloraréis los tendréis.

Lucela.

Dulce alivio de mis penas,

que os advierta cruel

colorada en ricas venas.

Feliseto.

En fin, ¿que lloráis por él?

No oí de más prudente Atenas.

Dionisio.

Adiós, España, adiós.

Feliseto.

¿Qué dices, tirano?

Celio.

Éste es a quien vos llamáis.

Celio.

Como humano siente.

Feliseto.

No llorar, que me ofendéis.

Dionisio.

Francia, Francia a la lealtad.

Feliseto.

¿Qué os lleva?

Celio.

El cielo a la venganza.

Dionisio.

¿De qué?

Celio.

Gran misterio de...

Salga Arimaco y traiga a Ramiel, y otro del cielo traiga una corona de laurel en un plato de plata.

Dom.

Francia libre, vive Francia.

Feliseto.

¿Qué es esto, noble ciudad?

Dionisio.

Por relación de Tomas es verdad,

como el muerto no es con milagros

por su muerte, los santos aclamados,

del yugo los cervices oprimidas.

De los reinos francos es costumbre

si tu fallecimiento es culto y nuestro estudio.

Adiós falsos, falsos dioses,

que quedará en Francia aclamado

ser cristianos y franciscos los reyes,

más nobles coronas cristianas y divinas

que estas falsas con mentiras de deidades

merecen coronas de importancia.

Dionisio.

El sagrado laurel se conceda

a la cabeza de los reyes de Francia.

Viva Fercendo, viva el gran romano.

Feliseto.

En lugar de ser rey, es ser hermano.

Dionisio.

Y que daréis en Francia coronado

al que de los reyes de Francia

soberana empresa levantado

traje para daros vida en más bella.

Todos.

Viva la nueva reina.

Feliseto.

¿Estáis penado?

Que no os ha de pesar de ver a ella.

Dom.

Vivan los reyes y el gran senado.

Vamos donde el bautismo se reciba.

Feliseto.

Que de vuestros hilos y sueltos

tocan en la pelada calavera.

Todos.

Mueren con su nombre laureles.

Hallo a mi esposa a quien tenían.

Descubren un San Martín en templo.

Muere Dionisio y renace su brío.

Viven los miembros, muerta la fiera.

Y al fin domina a la gran Francia entera.

Rúbrica

No sé perez