digitanler Text von El empeño y desempeño del Sanntísimo Sancranmento por sann Luis rey de Franncian | BITESO
Exanmen de anutoríansTEXOROBITESOZusanmmenfanssungen3D-NetzwerkZitierweise Weitere Informantionen
AuswirkungAPIAutomantische TrannskriptionenTeanmKontankt
DE Espanñol ESEnglish ENFrannçanis FRPortuguês PTItanlianno ITDeutsch DE中文 ZH日本語 JA한국어 KOРусский RUالعربية AR
  1. Stanrt
  2. /
  3. BITESO
  4. /
  5. El empeño y desempeño del Sanntísimo Sancranmento por sann Luis rey de Franncian
digitanler Text

digitanler Text von El empeño y desempeño del Sanntísimo Sancranmento por sann Luis rey de Franncian

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

Metandanten der Arbeit

Werkdantensantz
Tranditionelle Zuschreibung
Unbekannnt
Stilometrie-Zuschreibung
Verweist nicht anuf einen Autor Nicht schlüssig
Genre
Auto
Textzustannd
Trannscripción anutomátican de mannuscrito
Herkunft
El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/15338.

Wanrnung

Kannn Fehler oder Auslanssungen enthanlten. Wenn Sie eine bessere Ausganbe hanben, kontanktieren Sie uns bitte bei uns für Updantes.

Lizenz

Dieser Inhanlt wird unter der Creantive Commons CC BY-NC 4.0-Lizenz anngeboten. Erlanubte Wiederverwendung nanch Vereinbanrung; Kommerzielle Nutzung nicht gestanttet.

Zitiervorschlang

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El empeño y desempeño del Santísimo Sacramento por san Luis rey de Francia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-empeno-y-desempeno-del-santisimo-sacramento-por-san-luis-rey-de.

Erste Seite des Werks
Letzte Seite des Werks

EL EMPEÑO Y DESEMPEÑO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO POR SAN LUIS REY DE FRANCIA

Stanrt

Jornada primera

Pang. 1

Auto sacramental del empeño y desempeño del santísimo sacramento, por San Luis, rey de Francia. Personas: San Luis, rey de Francia un cardenal arzobispo don Gonzalo, alférez mayor duque el conde seis cautivos. Hablarán un maestro de niños una visión con tres niños, habla el uno un niño que se puede hacer el de la apariencia un paje, el mismo el soldán de Egipto Osmán, capitán moro otros dos moros, 1. y 2. un verdugo con un palo Fátima, madre de Osmán soldados de acompañamiento músicos los cautivos pueden ser los soldados

Sale Osmán solo, moro bizarro, con lanza y adarga.

Osmán.

¿Qué es esto? ¿Dónde voy? ¿A cuál empresa

tan ciego y cuidadoso me dispongo?

Día y noche el cuidado en mí no cesa,

antes del alba me armo y me compongo;

dejo las galas que mi edad profesa

y estas que muestra mi afición me pongo;

a pie, solo, y sin que haya quien me entienda,

dejo sin ocasión mi gente y tienda.

Salí de mi ciudad cuando aun del todo

libre lugar no da la noche al día,

que el oriente se ardía en llamas todo

y en el cielo alguna estrella había.

Los ojos levanté, contemplé el modo

con que el rector del mundo dividía

Pang. 2

Osmán.

del día la noche, dando en partes varias

día y noche de sí muestras contrarias,

qué es ver el cielo, que las luces bellas

que en sí, a su tiempo y para cada una,

que la clara región de las estrellas,

de día se ve el sol, de noche luna;

qué es ver a su tiempo estas y aquellas

ya cubiertas de luz, ya sin ninguna,

sujetas al contrario movimiento

con que da vuelta al mundo el firmamento.

Qué cosa es ver del abrasado oriente

hecha ascuas vivas la bermeja aurora,

cuya luz de un color resplandeciente

de los montes las altas cumbres dora;

que el fresco viento, que en mi pecho y frente

causa suavidad, recrea y enamora;

que el alba aljofarada, que ya empieza

y hace acudir rocío a mi cabeza;

y sobre todo, que el saber que rige

todo esto, aquel que lo formó de nada.

Dichoso aquel que en esta vida elige

de las leyes, la ley que a Dios agrada;

esto me da cuidado, esto me aflige,

esto tiene mi vida fatigada,

pues nací de cristiano, y siendo moro

no sé si como debo a Dios adoro.

Nací de madre que antes fue cristiana

y después renegó, siguió la seta

que mucha parte de la gente humana

sigue, y nombrada por el gran profeta.

No sé si la que sigo es la ley vana,

y deseo salvarme en la perfeta;

sigo a mi madre, a una mujer varia

y que pudo elegir la ley contraria.

Sé, que de las torpezas deste mundo

me hallo lleno, y tan metido en ellas,

que ni el Nilo caudal, ni el mar profundo

me podrán, confuso, las lavar dellas;

solo en ti Dios me estampó, en ti me fundo,

que criaste, cielo, sol, luna y estrellas,

y así pido perdón ante ti puesto

de mis pasadas culpas. Mas, ¿qué es esto?

Híncase de rodillas y aparecen en una nube por tramoya, o corriendo una cortina, tres niños, vestidos de blanco, con coronas de flores puestas las manos, y dice el de en medio, y el mancebo queda admirado.

Niño.

Del cielo habemos venido

a ti, hermano, y no te asombre

de haberte dado este nombre,

porque los tres lo hemos sido;

unos padres nos hubieron

y apenas los tres nacimos

cuando el ser mortal perdimos,

y el ser eterno, nos dieron.

Diósenos, porque tenemos

lo que no tienes, y es falta

que no puedes, si te falta,

verte en el bien que nos vemos;

procura saber el fin,

y sabido has por tenello,

porque es cosa que sin ello...

Pang. 3

Niño.

no puedes tener buen fin

y, sabido, se concluya

en saber que estriba, hermano,

en darte la ajena mano

y el recibirla en la tuya,

y si ha de dártelo alguno,

será Luis, rey de Francia;

procúralo con instancia

y ayúdete el Trino y Uno.

Cúbrese la tramoya o corren la cortina con música. Levántase Osmán.

Osmán.

¿Qué visión, cielos, es esta,

qué respuesta sin pregunta,

que tres en divina junta

para dar una respuesta?

Cuando me aflijo tanto,

ni quién en tanto me estima

que me ha propuesto la egnima

de aquel oráculo santo.

Que en gloria, hermanos, os veis

por tener lo que no tengo,

en solo esto voy y vengo

que no tengo y que tenéis.

No os entiendo, mas discierno

qué agrado, hermanos, me distes,

sin duda, hermanos, venistes

a sacarme del infierno.

Moro 1.

¡Oh, valiente capitán!

Salen Fátima, madre de Osmán, y dos moros.

Osmán.

¡Oh, gente jamás domada,

¿qué venís alborotada?

Fátima.

A buscaros, Osmán,

que vuestra súbita falta

privó de sosiego el pecho

que está a quereros tan hecho,

que el aire lo sobresalta;

pues no estaba aquí mi gente,

Osmán.

sin fatigaros vos tanto.

Fátima.

Soy madre, no os cause espanto,

porque os amo tiernamente.

Moro 2.

La ciudad de Damiata,

con tu ausencia está suspensa,

Moro 1.

que estás muerto o preso piensa,

de otra cosa no se trata.

Osmán.

No estoy muerto, pues aún vivo,

y con obligación nueva.

Moro 2.

Quiero volver con la nueva

de que el capitán es vivo.

Moro 1.

Yo también iré contigo

por ganar de él albricias.

Fátima.

Hijo,

Vanse los dos. Va a abrazarle y él la detiene.

Osmán.

detén las caricias,

madre, fingidas conmigo,

si el bien, la vida y consuelo

soy vuestro; ¿por qué respeto

me encubristes el secreto

que hoy me ha descubierto el cielo?

¿En qué mal con vos anduve,

que si hermanos he tenido,

hasta hoy no he merecido

saber de vos que los tuve?

Pang. 4

Osmán.

No puedo entender, por cierto,

para qué fue de importancia

haber puesto tanta instancia,

madre, en tenerlo encubierto,

y si importa qué lugar

os da el ser madre del gallo,

por cierto que yo no hallo

por qué tiene de importar.

¿Por qué no nos igualastes

si a todos cuatro paristes?

¿Qué es lo que a los tres les distes

que a mí solo me quitastes?

Dadme, madre, lo quitado,

que aunque no sé lo que pido,

bien hecho de ver que ha sido

mucho lo que me ha faltado;

es tanto, madre cruel,

más que cuantas tiene el suelo,

que a ellos los tiene el cielo

y a mí me tienes en él.

Fátima.

Ya, hijo, la hora llegó

en que el Señor ha querido

que os sea restituido

lo que mi culpa os quitó;

y aunque la mucha vergüenza

casi no me da lugar,

quiero, hijo, comenzar

mi triste historia.

Osmán.

Comienza.

Fátima.

En el reino que por armas

desde los dorados siglos

ha tenido en campo azul

cinco lises de oro liso,

provincia a quien los mortales,

significando su sitio,

al presente llaman Francia

y Galia llamó el antiguo,

nací, hijo, a Dios pluguiera

que nunca hubiera nacido,

pues naciendo de cristianos

soy enemiga de Cristo.

Criome mi noble padre

con regalos infinitos,

por ser única heredera

de un mayorazgo muy rico;

crecí, y en llegando edad

de sujetarme a marido,

me casó con un francés

tan hidalgo como rico;

siguiose luego al casarme

deseo de tener hijos,

del conyugal matrimonio

fruto esperado y debido.

Diome el Señor el primero,

bautizóse luego el niño,

y apenas le bautizaron

cuando murió de imprevisto;

nació el segundo, y también

recibió agua de bautismo,

y Re

Pang. 5

Fátima.

y recibida murió

en los brazos del padrino.

Nació el tercero y también

lo que con los dos se hizo,

y el bautizarse y morirse

fue casi un instante mismo.

Finalmente nació el cuarto

y último de mis hijos,

y este hijo fuiste tú.

Por mal de los tres nacido,

Viendo el fin acelerado

de los mal logrados hijos,

teniendo por mal fin

como si lo hubiera sido,

no te quise bautizar

por ver si quedabas vivo,

siendo el buen fin de los tres

del mal del cuarto principio.

Pudo pues tener efeto

la causa de tu bautismo

porque el día de mi parto

tu padre una ausencia hizo.

Volvió de ella y preguntome

si era cristiano su hijo,

y certifiqué mintiendo

lo que cierto no había sido.

Creyóse, y algunos días

los dos contentos vivimos

hasta que llegó uno triste

por mi pecado y castigo,

que estando ambos en un puerto

paseándonos contigo,

de una galera turquesca

los tres asaltados fuimos.

Tu padre, como era noble,

peleó y murió en su oficio,

y por su muerte, quedamos

ambos de un turco cautivos.

Lleváronnos a Turquía,

de allí vinimos de Egipto

donde renegué en efeto.

Lo que hubo mal, ya lo has visto.

He querido muchas veces

contarte lo que has oído

y tantas lo he recelado

porque a todas he temido

que en conociendo tu engaño

tienes de volverte a Cristo

y has de morir al momento

que recibas el bautismo.

Osmán.

Voyme a quejar, madre, y dudo

que aunque fue grave tu error

solamente causar pudo

lo hecho ofensas de amor.

Porque yo quedase mudo,

en efeto eres mujer

de quienes propio el temer.

Y a ser mujer, se añadió

ser madre, a ser madre, ser

quien tanto siempre me amó.

Culpa tienes, cosa es llana,

pues con tu piedad materna

y tu superstición vana

Pang. 6

Osmán.

¿Quieres darme muerte eterna

por estorbarme la mano?

Pero ya me hallo a punto

de cobrarlo todo junto,

pues el baptismo he recibido,

pues lo que tenía perdido

lo restauro en solo un punto.

Ya yo sé lo que tuvistes

y sé bien lo que no tuve,

y lloro las horas tristes

y el tiempo, hermanos, que anduve

sin la lumbre que me distes;

pero quien salvarme quiso

con tan vehemente aviso,

déme ahora la mano, hermanos,

que a fuerza de nuestras manos

yo ganaré el paraíso.

Moro 1.

Mueve los pies, fuerte Osmán.

Salen los dos moros.

Osmán.

¿Qué hay, amigo?

Moro 2.

Damiata,

por mandado del soldán,

de ponerse en armas trata;

acude, buen capitán.

Osmán.

¿Qué nuevas hay?

Moro 1.

Por las espías

se sabe que a pocos días

que pregonó el francés suelo

guerra.

Osmán.

¿Por diversas vías?

Pónese pensativo.

La mano en la frente, pensativo.

Osmán.

Me quiere dar Dios el cielo,

y acude a las ansias mías,

no supe por la visión

que de Luis, Rey de Francia,

pendía mi salvación.

Una cosa de importancia

me ocurre en esta ocasión,

empresa rara y alta.

Sí, sí, harelo sin falta;

vamos, y sepa mi tierra,

amigos, que no les falta

su capitán. Guerra.

Todos.

Guerra.

Vanse, y por otra parte sale con chirimías y atabales acompañamiento de franceses con cruces coloradas al pecho en capotillos blancos, y detrás un cardenal, y el Rey San Luis armado con manto carmesí sobre las armas coronado, y traiga el conde Ugón, alférez mayor, el estandarte Real con las flores de lis a una parte y las armas del papa que atraviesan una cruz de Jerusalén al dorso, y córrase una cortina y descúbrase un altar donde esté San Francisco, y diga el cardenal tomando el estandarte =

Cardenal.

El día es hoy, Rey cristiano,

en que la Iglesia os entrega

esta insignia que despliega

al viento mi indigna mano,

significando por ella

que os entrega en entregalla

el lauro de la batalla,

Pang. 7

toma el Rey el estandarte

Cardenal.

porque, ¿qué más lauro que ella?

Francia su bien solemnice,

pues tal guion va a guiar.

Trabajo os ha de costar,

porque cruz trabajos dice;

pero es cierta la victoria,

que jamás pecho mortal

en nombre de esta señal

que no saliese con gloria.

Por el sucesor de Pedro,

capitán de Dios os nombro,

y este árbol llevad al hombro,

más levantado que el cedro.

Sus armas os doy, tomaldas,

que mejor lo harán con vos,

las armas que al mismo Dios

pudieron hacer espaldas;

y acabad, Godofre nuevo,

lo que comenzó el antiguo.

todos de rodillas al altar

Rey.

Ya que su bien averiguo,

rehusar el peso no debo;

que aunque no con la pujanza

de Godofre de Bullón,

iré a cercar a Sión,

puesta en vos la confianza;

y vos, seráfico padre,

que, siguiendo el francés bando,

y de grado renunciando

casa, patria, padre y madre,

puso el buen celo en vos tanto

que el regalo pospusisteis

y a la conquista os partisteis

del sepulcro sacrosanto,

y a no seros estorbado

del mismo Dios, fuera ansí,

pues que fraile no os seguí,

merezca os seguir soldado.

Pedilde, Francisco, a Dios,

que por vuestra intercesión

haga yo agora en Sión

lo que no hicisteis vos;

porque si yo a verme llego

en su posesión seguro,

y sobre su santo muro

al aire esta cruz despliego

en sus puertas, por los dos,

pondré, padre, dos escudos

que publiquen, aunque mudos,

quién soy yo y quién sois vos.

Hechos de varios matices,

al lado diestro y siniestro,

con cinco llagas el vuestro,

y el mío con cinco lises.

Sale un paje y dice de rodillas, y levántase el Rey y todos.

Paje.

La guarda, señor, impide

la entrada a un mozo valiente,

que a voces entre la gente

puerta para hablarte pide.

Pang. 8

Paje.

diré que viene de Egipto,

y confírmalo en su traje,

y, sin duda, es de linaje,

que en la frente lo trae escrito.

Rey.

Entre, sepamos quién es,

que promete novedad.

De rodillas.

Sale Otmán.

Osmán.

Deme vuestra majestad

a besar sus reales pies.

Rey.

Levanta, amigo, de tierra

y propón a lo que vienes.

Osmán.

Sé que pregonada tienes,

señor, contra Egipto guerra,

y esto causó que viniese,

aunque antes supe tu nombre,

que supiese que había hombre

que tal empresa emprendiese.

Noticia de ti me ha dado

el cielo; de aquí se argüya

ser buena fama la tuya,

pues hasta el cielo ha llegado.

Luego que de ti me dio

noticia, te quise bien,

y a verte partí también,

porque el cielo me envió.

Y tuve el venir por bueno,

porque hombre cuya persona

el mismo cielo la abona,

sin duda ninguna, es bueno.

No digo yo agora el modo

con que lo supe del cielo,

que no importa, que en el suelo

nunca es de decir todo.

Digo, al fin, ya que es sabido

cómo has pregonado guerra

contra el poder de mi tierra,

que a muchos has atrevido;

mas siendo yo un hombre grave

de Egipto, como lo soy,

¿qué me darás si te doy

de todo un reino la llave?

Yo rey soy por el soldán,

o, por decirte mejor,

soy por su sumo valor

de una ciudad capitán.

Puede en armas infinito,

tiene en armas fuerza inmensa;

en fin, es puerta y defensa

de todo el reino de Egipto.

Esta es, señor, Damiata,

y sin que sus muros cerques,

como tú, rey, me la merques,

te la daré bien barata.

Rey.

Si es poco el precio, darélo,

porque se ahorre de guerra.

Osmán.

Daréte, señor, mi tierra,

porque tú me des el cielo.

Pang. 9

Rey.

En poco excluíslo, amigo,

que te ha parecido poco.

Osmán.

No pienses que sé tan poco

que no sé lo que me digo;

digo que te doy barata

a Damiata por el cielo,

porque no hay palmo del suelo

de los que hay en Damiata

que no le tenga comprado

a onzas de sangre y más;

y tú en darme el cielo das

lo que no te cuesta nada,

y pues por tan fácil cosa

cosa tan difícil doy,

dame el bautismo, Rey, hoy.

Rey.

Es obligación forzosa.

Debo yo darte el bautismo

como tú dispuesto estés;

no dado por interés,

mas rogándote a ti mismo,

¿sabes, di, moro curioso,

lo que un buen cristiano debe?

Osmán.

Señor, no.

Rey.

Pues es tan breve

de saber como es forzoso.

Instrúyete en la fe bien,

porque conviene sabella,

que yo haré, instruido en ella,

bautismo al punto te den.

¿Qué nombre piensas tomar?

Osmán.

El tuyo, Rey.

Rey.

Pues Luis.

Yo me parto de París;

conmigo os podéis tornar,

y trataremos del modo

en que venga a mi poder

Damiata para hacer

lo que importe.

Osmán.

Sobre todo

se tiene de procurar

se me dé con brevedad,

poderoso Rey, bautismo.

Rey.

Tengo el deseo mismo.

Ea, yo parto a embarcar.

Vanse todos haciendo grandes cortesías al Rey, con que se da fin a la primera jornada.

Jornada segunda

Pang. 10

Cantan luego, y en acabándose de cantar, suenan cajas como que se da una batalla. Dicen los moros: «¡Mahoma, li, li, li!», y los franceses dicen: «¡Francia, San Dionís!». Y salgan algunos moros peleando con cristianos y vuélvanse a entrar, y digan dentro: «¡Victoria, Francia, victoria!», y parezca sobre el muro Hugón, vestido de moro capellán y bonete, tremolando el guion de Francia, y dice:

Hugón.

¡Victoria, franceses, vuestra es la victoria!

franceses, ya no hay quien lo ataje,

Pang. 11

Hugón.

Quede desta hazaña la memoria

a los que han de venir deste linaje,

y dedes deste hecho a Dios la gloria.

Y al fuerte Osmán, después, aqueste traje

que dejar por inútil ya podemos,

pues la ciudad rendida poseemos.

Quítase el vestido de turco y queda en el de francés, y tremola la bandera, y sale el Rey con la espada desnuda y rodela.

Rey.

Ya los nuestros victoria apellidaron

con voces de alegría el cielo hiriendo,

y a sus ecos los montes resonaron

los últimos acentos refiriendo;

ya los fuertes franceses acabaron

de romper la ciudad con bravo estruendo,

y el denodado Hugo dando un salto

sobre el muro la cruz levantó en alto,

ya da vuelta la insignia vencedora,

ya sus celajes por el aire suelta,

y a las torres del muro alumbra y dora

con los visos que hace a cada vuelta;

y a la sagrada cruz postrada agora

toda la gente a la muralla puesta,

y a Jerusalén humildemente

parece que me inclina la alta frente.

Rey.

¿Cuántos soldados han faltado?

Sale un capitán con espada desnuda.

Capitán.

Algunos,

que no hay victoria libre de sucesos.

Rey.

¿Qué gente habrá faltado?

Capitán.

Muertos unos,

y seis del enemigo al salir, presos.

Rey.

Pues, capitán, sin reservar ningunos,

entiérrense estos y rescátense esos,

y el fuerte Osmán...

Capitán.

Rato ha que no parece.

Rey.

Vámosle a buscar.

Capitán.

Bien lo merece.

Vanse, y por otro lado sale un Maestro de niños, y Osmán tomando lición, y un muchacho.

Maestro.

Digo que en mi vida he visto

hombre tan olvidadico.

Osmán.

¿Qué he de hacer si Dios me hizo

ansí?

Maestro.

Acabad, por Cristo,

y fue...

Osmán.

muerto y sepultado.

Maestro.

Y de... ¡Osmán! y...

Osmán.

Y descendió a los in...

Túrbase Osmán.

Maestro.

Si no es desde niños tiernos,

el trabajo excusado;

duéleme, ansí Dios me salve,

que ha más de un mes que no puedo

meterle a un hombrazo el credo

Pang. 12

Maestro.

en los cascos, pues la salve,

más querría estar borracho

que enseñar a hombretones;

un mes en cuatro oraciones

enseñase a un muchacho.

Osmán.

¿Qué diremos?

Maestro.

¿Qué diréis?

Decid la salve; veamos,

que según aprovechamos

tampoco no la sabréis.

Salve, te...

Osmán.

Salve te, Dios.

Maestro.

Y no sabrás proseguir.

Muchacho.

¿Quieres tú argüir?

Reina y madre.

Maestro.

¿Cómo vos?

Bendito de Dios seas tú

y de su bendita madre.

Osmán.

Padre, padre.

Maestro.

Yo, su padre,

sea su padre Bercebú.

Osmán.

Mucho reñís.

Maestro.

Mucho riño;

pues ¿no os tengo de reñir,

si os ha menester decir

las oraciones un niño?

Osmán.

Por eso haré, padre, yo

lo que no hará esa criatura.

Maestro.

¿Haréis vos más? A la ventura.

Osmán.

Diré que no,

digo que no,

que él sabe decir aquello

porque no sabrá morir,

y yo no lo sé decir

y sabré morir por ello.

Maestro.

No sé...

Osmán.

Yo sé que te engañas;

si no, entiendes de mí esto.

Maestro.

Ea, señor, decid presto,

que me moléis las entrañas.

Pues persignarse tan bien,

persignaos.

Osmán.

Por la señal

de la santa...

Hace un garabato.

Maestro.

¡Oh, qué mal!

Acaba, haz la cruz bien.

Osmán.

Y de nuestros enemigos,

líbranos Dios y Señor.

Maestro.

Y a mí me libre el Creador

de ti.

Osmán.

Quedo, que hay testigos,

y no quiero que quien viene

entienda que soy tan rudo,

que si el tiempo no lo pudo,

Dios hará lo que conviene.

Salen el Rey y Hugón, conde, y acompañamiento de soldados.

Rey.

¡Oh, valeroso Luis,

seáis bien hallado, amigo!

Pang. 13

Osmán.

Vengades alto contigo,

el Señor.

Rey.

¿Por qué huís?

¿Cómo no habéis parecido

a celebrar la victoria?

Osmán.

Pretendo, Rey, otra gloria

de la que tú has pretendido.

Entrambos en una guerra

conquistamos en el suelo,

yo la conquista del cielo

y tú, Rey, la de la tierra.

Por eso, si eres quien fuiste,

dame, señor, pues te di

lo que yo te prometí,

lo que tú me prometiste.

Dame, buen Rey, el bautismo,

que, si como es imposible

fuera el dármelo posible,

me le diera yo a mí mismo.

Rey.

Maestro, ¿Luis sabe aquello

que tiene de obligación?

Maestro.

No tiene disposición

en su vida de sabello.

Rey.

¿Cómo?

Maestro.

Lo que agora dice,

al momento se le olvida.

Rey.

Pues no es cosa permitida

que en nuestra ley se os bautice,

si en caso no estáis dispuestos.

Maestro.

No sabe las oraciones

Osmán.

del modo que tú me impones

las sabré.

Maestro.

¡Oh, qué lindo es esto!

Es rudísimo, señor.

Osmán.

Menos lo soy que tú manso.

Maestro.

Cánsase, a fe.

Osmán.

Más me canso

yo de sufrir tu rigor.

Dame a puñadas la gloria,

como si mía no fuera.

¡Ah, si por las puñadas diera

como se da por memoria...!

Empuña la espada.

Rey.

Cuando es de aquesta edad

el discípulo, maestro,

sabe el que enseña, si es diestro,

enseñar con suavidad.

Yo, que nunca me desgracio,

quiero por veros cristiano

enseñaros de mi mano,

y para hacerlo despacio,

quiero que juntos hagamos

los dos un cierto camino,

que agora hacer determino,

y importa que juntos vamos,

porque donde voy de aquí

quiero por lengua llevaros.

Serviré yo de enseñaros

y vos de hablar por mí.

Y aunque en casos diferentes,

seremos lenguas los dos.

Pang. 14

Rey.

Yo vuelva a huir con Dios,

y vos, mía, con las gentes.

Hugón.

No sabré yo dónde has de ir.

Rey.

Sí; apártate a este lado.

Hugón.

¿Tan presto lo has decretado,

que luego se ha de cumplir?

Apártense los dos.

Rey.

El voto, conde, que hice,

si ganaba a Damiata...

Maucabrí.

Que se va lo que se trata.

Osmán.

No sé, que él de un voto dice.

Hugón.

Mira que es camino largo.

Rey.

Yo tengo de ir en efeto.

Hugón.

Cumple tu gusto.

Rey.

El secreto,

sobre todo, conde, encargo.

Hugón.

Muy solos sin ti quedamos.

Rey.

¿No quedas tú en mi lugar?

Basta, vamos a tratar

de partirnos luego.

Hugón.

Vamos.

Vanse, y por otra parte salgan el Soldán de Egipto y dos moros, y seis esclavos cristianos detrás. Habla el uno no más.

Soldán.

En fin, ¿que el alevoso Osmán

ha entregado a Damiata?

Quien le hizo capitán

lo merece; ansí se trata

la fe debida al Soldán.

Pues por el sacro Mahoma,

más que venganza se toma

de dar palabras al viento;

viva Osmán, viva contento,

regálese bien y coma,

que yo quien soy no seré,

o a manos le cogeré.

Perros, cobardes, villanos,

que cuatro viles cristianos

pudieron daros del pie.

Si alguna venganza fuera,

aquí a todos os hiciera

colgar luego de un cordel,

mas el castigo que dél

satisfacción no se espera...

Moro 1.

No habemos hecho tan poco,

que con nosotros traemos

presos.

Soldán.

Ni mucho tampoco;

os contentáis con lo poco,

grande hazaña hecho habéis

en haber prendido a seis.

Cautivos.

Valemos los seis por mil.

Soldán.

Pues una gente tan vil

os prendió, poco valéis;

pues los seis, os rescatad

dentro de los ocho días,

franceses o renegad,

que por una destas vías

Pang. 15

Soldán.

tendréis solo libertad,

y el que dentro del día octavo

pensare quedarse esclavo

ha de morir sin remedio.

Cautivo.

que no ha de haber otro medio.

Soldán.

solo este, y con este acabo;

quitaos de delante luego,

y quitaos también vosotros,

no os abrase con el fuego

que despido a unos y a otros.

Moro 2.

el de cólera está ciego.

Vanse los moros y los esclavos.

Soldán.

por ti, Alá, en cuyo ser

consiste todo el poder,

juro que he de cumplillo,

que el día octavo ha de ser

cuando los pase a cuchillo.

Salen los dos moros.

Moro 1.

señor, de la rienda tira

al ciego furor.

Soldán.

¿qué ha habido?

Moro 2.

para mitigar tu ira

un suceso ha sucedido

que como a milagro aspira.

Soldán.

¿en favor mío suceso?

Moro 2.

traen tus espías dos presos

que ha sido la mejor presa

que la conquista francesa

pudo darte.

Soldán.

¿no entran esos?

ya

Moros.

ya entran.

Salen el Rey y Osmán como peregrinos.

Soldán.

¿no es este Osmán,

el aleve capitán

que ha entregado a Damiata?

Moro 2.

y este señor, ¿quién se traza,

siendo rey, como un gañán?

Soldán.

¿que el rey es?

Moro 1.

el rey Luis,

que la rubia flor de lis

pone en sus reales armas,

y quien vino a tomar armas

contra ti desde París.

Soldán.

¿qué averiguación hay de eso?

Moro 1.

diósele, señor, tormento

a uno que con él fue preso,

y este confesó al momento.

Rey.

y yo también lo confieso:

casos son de la fortuna

de que persona ninguna

se libra de su suceso.

Soldán.

gran desgracia fue esa.

Rey.

fuelo,

mas que en ti me libre de una.

Soldán.

como mi dicha fue tanta.

Moro 2.

iba a visitar la casa

que el cristiano llama santa.

Soldán.

¿que a tal se atrevió?

Moro 2.

esto pasa.

Pang. 16

Soldán.

Su temeridad me espanta.

¿Cómo no habláis, traidor,

jenícaro, mal nacido,

a quien le fuera mejor

no haber al mundo nacido,

que ofender a su señor?

De haberme ofendido siento,

por ser de ti más contento,

que si ofendido no fuera,

por tratarte de manera

que al mundo quede escarmiento.

Osmán.

Piensas...

Soldán.

No me des respuesta.

Llevadme luego a ese perro,

y, por la muerte dispuesta

por la ley, pague su yerro.

Osmán.

No me da pena la impuesta;

solo me tiene afligido

el ver, rey, ¡ay!, al querido,

que muera sin bautizar.

Rey.

No ha habido, Luis, lugar.

Osmán.

Lugar, Luis, has tenido.

Llévanle.

Rey.

Suplico a su majestad

su castigo se suspenda,

y pide la cantidad

que quisiere de mi hacienda,

porque tenga libertad.

Soldán.

No te canses, que el tesoro

que las rubias venas de oro

en sus senos cría Arabia,

no han de hacer que mi rabia

no se ejecute en el moro.

Deja su rescate aparte,

y de tu rescate trata,

si quisieres rescatarte;

y mientras que se dilata,

como rey puedes tratarte;

de tu persona confía

que, del modo que la mía,

serás tratado en mi casa,

que lo que hoy por ti pasa,

pasará por mí otro día.

Rey.

De fuerza he de rescatarme,

gran señor, y brevemente,

porque luego al cautivarme

envié a avisar a mi gente

que viniese a libertarme;

y ansí, sin que se dilate,

cuando quisieres, se trate

lo que has de hacer por mí,

que apenas darás el sí

cuando llegue aquí el rescate.

Soldán.

Muy bien está, vámonos

por ahora a mi palacio,

que allá podremos los dos

tratar aqueso de espacio.

Rey.

Déte, Osmán, su favor Dios,

iré presto por tornar

a ver lo que de ti han hecho.

Sufre, que Dios en tu pecho...

Pang. 17

Rey.

asiste y te ha de ayudar.

Vanse y por otra parte salen los dos moros.

Moro 1.

¿Que luego se ejecutó

el temeroso castigo?

Moro 2.

Al instante, como digo.

Moro 1.

Pues dime cómo pasó.

Moro 2.

Usa Egipto en sus castigos

una traidora injusticia,

que el hombre que los da al mundo

de bárbaro se acredita.

Proponen con nuestra ley el

nuestros reyes lo ejercitan,

y a esos reyes hacen

en hacerlo más injusticia;

si quieres ver si es verdad,

el general pesar mira,

que muestran todas las cosas

en el Catay este día.

Mira el sol, que si hoy da rayos

más ardientes que otros días,

es porque de puro enojo

lanza llamas por la vista;

mira el mar, que si en sus conchas

perlas de su origen cría,

las crio para tener

lágrimas para este día;

mira el aire, que cubierto

hoy de nubes denegridas,

es porque se pone luto

por tan terrible desdicha;

mira, al fin, la gente mora,

que en corrillos dividida,

la novedad del castigo

por novedad llora y mira,

es, pues, el castigo enorme

que la vida a Osmán quita,

con la muerte más cruel

que fue inventada en la vida:

en un palo de una punta

tostado a sobre ascuas vivas

muere con ansias mortales,

clavado de abajo arriba;

hoy muere, y muere por Cristo,

que esto es lo que más lastima,

que le den a Dios aquello

que a Mahoma se debía;

en fin, muere pertinaz.

Moro 1.

Que vino a morir rebelde,

verle quiero morir.

Moro 2.

Vedle,

que ya es de vida incapaz.

Corren una cortina y parece Osmán empalado con mucha sangre por donde sale el palo.

Moro 1.

¡Ah, desventurado mozo!

¿Cómo hiciste fin tan malo?

Osmán.

Porque moriste en un palo,

Dios, muero con este gozo;

si en un palo puesto en cruz

moriste, hecho pedazos,

yo en otro donde mis brazos

Pang. 18

Osmán.

sin tender brazos de cruz,

y si morís, Señor,

tan ciego de amor por mí,

yo también muero por ti

abrasado de tu amor.

Nuestro fin, un fin es mismo,

pero morimos los dos,

yo hombre solo, tú hombre y Dios,

yo sin él, tú con bautismo.

Cuando en el mundo hombre humano

tan desgraciado se ha visto,

pues que muriendo por Cristo

muero sin morir cristiano.

Habla el Rey desde dentro.

Rey.

Dejadme entrar, si no es muerto,

dejadme ver, por Dios.

Moros.

¿Quién es?

Rey.

Yo.

Va el moro a la puerta y sale el Rey.

Moro 1.

Pasad, que a vos

no hay cosa, Rey, encubierto.

Rey.

¿Ha espirado?

Osmán.

No he espirado,

pero estoy para espirar,

y de ir sin bautizar

en ti, Rey, la culpa ha estado.

Rey.

Jamás te negué el bautismo,

yo mi culpa he negalle,

mas porque el no poder dalle

nació solo de ti mismo,

con todo eso, no es tarde si acaso

Rey.

diese esta mi vida lugar.

Bien se puede ahora dar,

yo alargaré, bien elijo,

quiero ir por agua.

Osmán.

Ya es tarde,

y moriré antes que venga.

Rey.

Yo iré sin que me detenga.

Osmán.

Imposible es que la aguarde.

Rey.

No hay agua aquí.

Osmán.

Por no habella,

tanta de mis ojos sale,

que si por agua me vale,

yo soy bautizado en ella;

con todo, aunque me desangre,

si en mí hay mal que desangrar,

me tengo de bautizar

yo a mí mismo con mi sangre;

y así digo que en el nombre

del Padre, Hijo, Espíritu Santo,

me bautizo.

Toma la sangre por do sale el palo y bautiza.

Rey.

¡Oh varón santo!

¡Grande fervor, grande hombre!

Osmán.

Ya la hora llegó en que muriendo

pudo apartarme de vos,

Rey, en tus manos mi Dios

este espíritu encomiendo.

Muere Osmán.

Rey.

Llegó el postrer parasismo.

No en vano tu madre dijo,

Luis, que moriría su hijo

en recibiendo el bautismo.

Quiero, mártir celestial,

besar tus sagrados pies.

Pónese de rodillas a los pies.

Pang. 19

Moro 2.

Compasión tiene el francés.

Moro 1.

Tiene al fin pecho real.

Si quieren, se puede cantar la letra que se sigue desde dentro y Osman quede los ojos clavados en el cielo, y, corriendo una cortina, aparezca Cristo en pie con una cruz grande en la mano, como se pinta en el martirio de san Esteban; y en acabando de cantar se cubra la apariencia, y si no, pase esta apariencia y música en claro.

Músicos.

Por conversión de Luis,

santo mártir en Turquía,

que muere por Jesucristo,

el cielo se regocija.

Óyense voces sonoras

en la sagrada capilla.

En lo que vierte la sangre

y en lo que acaba la vida,

el sagrado mártir tiende

los ojos mansos y mira

abierto un muro en el cielo,

que a Esteban en todo imita,

y con su sangre limpia

él propio con sus manos se bautiza.

Cúbrese el Cristo y sale el Soldán.

Soldán.

Pagó ya su alevosía

el renegado traidor.

Moro 2.

Rato ha que tiene, señor,

pagado lo que debía.

Soldán.

Rey.

Rey.

Poderoso soldán.

Soldán.

Mucho su muerte sentís.

Levántase.

Rey.

Quiérole bien por Luis,

como su mal por Osman.

Soldán.

Murió cristiano.

Rey.

Cristiano.

Soldán.

Que aun fue traidor a su ley.

Ahora bien, quiero dar, Rey,

a esta materia de mano.

¿Cómo os halláis en mi tierra?

Rey.

Mal como libre que preso.

Soldán.

Ningún contrario suceso

que os acontezca os dé guerra;

que a todo lo que se ofrezca

acudirá vuestro gusto.

Rey.

Será más, porque eres justo,

que porque yo lo merezca.

Entra el moro primero.

Moro 1.

Un grande alfaquí francés,

que dice lo es de París,

se trae por el rey Luis

y a el rescate.

Soldán.

Llegue, pues;

ya tengo en más los cristianos

que hasta aquí los he tenido.

Con buen tiempo han acudido.

Arzobispo.

Beso, gran señor, tus manos.

Entra el arzobispo de París y dice de rodillas.

Soldán.

Vengáis, alfaquí, en buen hora.

Arzobispo.

También, Rey, las tuyas beso.

Pang. 20

Arzobispo.

Ausente del su esposo,

como debe, siente y llora,

y envía de su tesoro

todo cuanto en él había;

en resolución, te envía,

rey, cien mil ducados de oro,

y deja por enviallos

robada toda la tierra,

porque la continua guerra

tiene pobres sus vasallos.

Entra uno de los cautivos franceses y dice de rodillas.

Cautivo.

Señor, por los seis cautivos

a quien de término das

solo ocho días, no más,

en que sean muertos o vivos,

yo, que soy el uno dellos,

he venido a tu presencia,

donde, con tu real licencia,

respondo por mí y por ellos;

y así, en nombre de los seis,

digo que renegaremos.

Soldán.

¿Renegar queréis?

Cautivo.

Queremos.

Soldán.

Pues quiero lo que queréis.

Rey.

Pues esto de consentir

no es razón que se consienta;

a mis ojos una afrenta

que es tan digna de sentir,

antes quiero rescatallos

y quedarme yo cautivo,

que no, que estando yo vivo,

renieguen seis mis vasallos.

Si otra cosa ellos no acuerdan,

doy mi rescate por ellos,

y esto no por no perdellos,

mas porque ellos no se pierdan.

Soldán.

Libres son, habiendo eso.

Cautivo.

No has de ser, rey, de esa suerte,

que antes queremos la muerte

que no que te quedes preso.

Rey.

Lo que yo he dicho ha de ser;

lo que he dado, doy, señor.

Soldán.

Presos de tanto valor

mucho, rey, deben valer.

Arzobispo.

Pues el tanto ha alcanzado

que, no mucho, pero poco,

no puede enviar tan poco,

señor, el francés estado.

Rey.

Con todo, si yo el tuviera

en mi tierra, no faltara

con que al fin me rescatara;

Arzobispo.

no sé entonces lo que hubiera.

Soldán.

Pues dime, rey, ¿qué seguro

me dejarás si te envío

a tu tierra?

Rey.

En cambio mío,

no sé qué quede seguro.

Soldán.

¿No tienes alguna prenda

en esta ocasión

Pang. 21

Rey.

sola una,

que no hay con ella ninguna,

pero ha de haber quien la entienda.

Soldán.

¿Y es?

Rey.

La hostia del altar

que veneran los cristianos,

donde Dios a los humanos

se comunica en manjar.

Una prenda en este mundo

cuya verdad tú no alcanzas,

a donde las esperanzas

de mi cuerpo y alma fundo.

Prenda donde Dios se pone

por prenda a aquel que la empeña.

Soldán.

No sé si es grande o pequeña,

pero haya quien la abone,

que dándome fiador

de que vale el interés,

acabado el pacto es.

Arzobispo.

Pues yo la abono, señor.

Soldán.

¿Fías al rey que vendrá

al plazo que me pusiere?

Arzobispo.

También de cuanto hiciere

le fío.

Soldán.

Pues hecho está.

Vamos y harasme entrego,

rey, de la prenda ofrecida.

Rey.

Porque sea mi partida

luego, es bien que sea luego.

Soldán.

Mira, alfaquí, qué propones,

que has de salir fiador

del abono.

Arzobispo.

Sí, señor.

Arzobispo.

Y del pacto y condiciones

también.

Soldán.

Pues vamos al punto

a firmar nuestro concierto.

Rey.

Da licencia, pues es muerto,

que se entierre este difunto.

Soldán.

Doyla.

Rey.

Pues yo a vos os doy,

obispo, el cargo de hacello.

Arzobispo.

Acudid los dos a ello,

que al momento, amigos, voy.

Vanse el rey y el soldán.

Arzobispo.

Haciendo de vos confianza,

salí por vuestro fiador,

abonado sois, señor,

sacadme de la fianza.

Vase.

Jornada tercera

Pang. 22

Jornada tercera. Canten, y en acabando salga el Soldán y los dos moros.

Soldán.

El alfaquí está a recado,

Moro 2.

en prisión está ya puesto.

Soldán.

En cuidado el rey me ha puesto,

y con razón en cuidado;

que es de creer, sin fe, por fe,

que la prenda que dio es Cristo,

y que no le hayamos visto

desde el día que se fue.

Mas, si engañado me hubiese,

Pang. 23

Moro 2.

Señor.

Dales una llave y vanse.

Soldán.

Id al punto,

y ved los dos en qué punto

está lo que dejó ese.

Bueno es dejarme el francés

una cosa a mí por prenda,

sin que yo sepa ni entienda

lo que vale ni lo que es.

Que sea Dios, que no sea Dios,

que esté allí o no esté de veras,

me engaño en ambas maneras

el concierto de los dos;

si es Dios, ¿quién le quitará

que de allí no suba al cielo?

Digo que en forma recelo

que este engañado me ha.

Salen los dos moros como admirados.

Moro 2.

Señor, un milagro grande

venimos de ver los dos;

sin duda es la prenda Dios.

Moro 1.

No lo creo, aunque lo mande.

Moro 2.

Vimos, en fin...

Aparte.

Soldán.

Pues, ¿qué vistes?

Moro 2.

Vimos, señor, que dos velas

que dejó ardiendo allí junto

el Rey, están en el punto

que el día que alzó las velas,

de modo que siempre arden

y nunca, señor, se gastan.

Soldán.

Las admiraciones bastan;

para mejor fin se guarden.

Un monte fragoso y agro

tiene de dificultad

para creer que es verdad

que ahí puede haber milagro.

Amigos, todas señales

no son milagros del cielo,

porque también en el suelo

hay secretos naturales;

ni lleva buen fundamento

que por milagro se alabe.

Quiero ir y echar la llave

de mi mano al aposento,

hasta que el rey francés venga,

que hoy sin duda ha de llegar;

o el alfaquí ha de pagar

un punto que se detenga,

que hoy se cumple el plazo puesto

en la vuelta del francés.

Moro 1.

¿Qué llevó de plazo?

Vase el Soldán.

Moro 2.

Un mes,

Moro 1.

¿y puede volver tan presto?

Moro 2.

Si tiene cuidado, sí.

Moro 1.

Pues no es nada descuidado.

Moro 2.

Pues si no viene, cuidado

del miserable alfaquí.

Pang. 24

Moro 1.

mas no es este que aquí viene,

él es, lástima le tengo.

sale el arzobispo con una cadena

Arzobispo.

hoy a morir por vos vengo,

Dios, porque el Rey se detiene,

ya, Señor, en vos espero

más que en el buen Rey Luis

si vos, Señor, os servís

de que muera, alegre muero.

solo siento, gran Señor,

morir entre aquesta gente

tan bárbara e insolente

que nunca os tiene temor,

no, Señor, porque soy hombre

que temo el fuego, o la cuerda,

mas porque el rey infiel no pierda

crédito a vuestro buen nombre.

Verdugo.

afuera, aparta, hagan plaza.

sale uno con un palo al hombro

Moro 1.

el palo tan presto, malo,

dónde llevas ese palo,

amigo?

Verdugo.

hasta la plaza

donde el Soldán ha mandado

que esté a tiempo prevenido

que aún no será anochecido

cuando en él estés clavado.

vase

Arzobispo.

bendito tú, que quisiste

que muriese en manos moras,

ya, Señor, le dan por horas

la vida a este que hiciste,

dame, Dios, fuerza divina

para que acabe en tu gracia.

Moro 2.

gran dolor.

vase

Moro 1.

brava desgracia.

Moro 2.

rumor suena en la marina,

velas deben de venir.

Moro 1.

mas si fuese el Rey francés,

Moro 2.

salva le hacen, él es.

Moro 1.

sí, ya debe de venir,

disparan dentro

Moro 2.

ahora sí que el Soldán sale

de su aposento real,

no veis?

Moro 1.

no está muy mal,

aquí esperemos.

Moro 2.

más vale.

sale por una puerta el Soldán y por la otra el Rey muy galán y acompañamiento de franceses, júntanse en la mitad del tablado

Rey.

déme Vuestra Majestad

las manos.

Soldán.

oh Rey famoso,

vencido soy, vos victorioso,

no se os niegue esta verdad:

cuando más desconfiado

de vuestra palabra estaba,

cuando menos esperaba

veros entrar por mi estado.

60/

Pang. 25

Soldán.

Vos sois quien sois, en efeto,

y el ser quien sois, para mí

es el que os trujo aquí

y no ninguno otro respeto,

y así yo mal agradezco

esta vuelta a vuestras prendas,

que la prenda dada en prendas

Rey.

dadme lo que no merezco;

esa gloria mejor fuera

que se la dieras a aquel

por quien soy, que a no ser él

quien es, quien yo soy no fuera.

Soldán.

¿Y es ese el que está en la prenda

que en prendas de tornar diste?

Rey.

Este es, señor, quien asiste

en esa sagrada ofrenda,

quien la iglesia, nuestra madre,

canta por Dios verdadero

en la hostia tan entero

como a la diestra del padre.

dala llave

Soldán.

Tomad y abrid, que ver quiero

esto que hasta aquí no he visto,

abrid, veamos a Cristo.

híncase de rodillas en una tarima y el rostro al pueblo

Rey.

Quiero le hablar primero.

Dios, cuya voluntad tan larga anduvo

conmigo, que de pan ser Dios quisiste

y luego que quisiste lo hiciste,

porque solo el querer efeto tuvo;

Dios, que, creador de primero pan que hubo,

transustanciado en Dios a Dios pusiste,

pan que cotidiano al mundo diste,

con que tierno al humano Dios mantuvo,

por aquella verdad que el rey infiel niega,

por la conservación de tu sustancia,

que convierte en criador la criatura,

que persuadas a esta gente ciega,

como sabes y puedes a mi instancia,

desta tanta verdad la deidad pura.

Soldán.

¡Extraño suceso!

Abre una puerta con la llave que dio el Soldán, y esté dentro una mesa con su frontal y sábanas, y en ella un cáliz y una hostia, y encima un niño Jesús de bulto en el aire, de manera que pueda subirse, y donde se puso el Rey de rodillas sea torno que levante una vara a los que quieran, y así como abren comienza a elevarse el Rey, y diga el Soldán y los moros admirados:

Moro 1.

¡Extraño!

Moro 2.

Rey...

Moro 1.

en éxtasis profundo está.

Moro 2.

Señor, vuelve al mundo

y mira este desengaño.

Rey.

¿Qué tengo de ver?

Moro 2.

Aquello

Rey.

¿qué?

Moro 2.

en cuerpo y alma a Cristo.

Rey.

Ya yo por la fe lo he visto,

no quiero por vista vello.

Pang. 26

Rey.

vosotros, gente sin fe,

que ver habéis menester

para creer, podéis ver,

que a mí bástame la fe.

Soldán.

¿Que lo que vemos nosotros

no has de ver tú solo?

Rey.

No,

que quiero merecer yo

lo que no todos vosotros.

Suena música, y el niño que está encima el cáliz se va subiendo hasta que desaparece, y al mismo compás que sube el niño bajan al Rey hasta que asiente en el tablado, y va el Soldán y ayuda a levantar al Rey y abrazándole dice:

Soldán.

En tu fe y en lo que he visto

veo, valeroso Rey,

que sin duda es buena ley

la que profesáis de Cristo,

a quien le pido perdón

de mi ignorancia pasada,

y aquí rindo y mortificada

mi alma y mi corazón.

Moro 1.

Dejar quiero el Alcorán,

que es supersticioso y vano.

Moro 2.

Yo también seré cristiano,

y imitando al fuerte Osmán,

si agua falta, quedaré

en mi sangre bautizado.

Rey.

¿Y vos?

Soldán.

Muy determinado

a tomar la santa fe,

y así quiero que en palacio

Rey.

largo de mi ley tratemos,

pues entrar, señor, podemos,

y trataremos despacio

de otro Reino, harto mejor

que te puede el mundo dar,

a donde pueda reinar

en cielo y tierra, señor,

del bien mayor que deseas;

ni desea hombre a sí mismo,

que es recibir el bautismo,

porque cual ángel te veas.

Guiad, dichoso Soldán,

con quien a todos nos guía,

que siendo del cielo vía

Dios es nuestro capitán;

que yo os seguiré gozoso,

llevando tan buen camino,

con que da fin Pan divino

vuestro milagro glorioso.

Vanse todos con música con que se da fin al famoso auto del empeño y desempeño del santísimo sacramento por san Luis Rey de Francia.

Fin.

Nanvigantion

Exanmen de anutoríansTEXOROBITESOAuswirkung

Informantion

APIZitierweiseAutomantische Trannskriptionen

Diese Website wurde mit der Hanuptfinannzierung entwickelt von:

Thanl-IA · Pantrimonio teantranl áureo: Inteligencian Artificianl y Fotogranfían Espectranl

Leitung: Sònian Boandans

Mit ergänzender Unterstützung von:

Prolope · Grupo de investiganción sobre Lope de Vegan

Leitung: Sònian Boandans und Gonzanlo Pontón

Istane · Impresos sueltos del teantro anntiguo espanñol

Leitung: Alejanndran Ullan Lorenzo

© 2026 ETSO | Inhanltslizenzen und Dantenschutz | Webentwicklung: Danvid Merino Recanlde