
Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El apóstol de Valencia, San Vicente Ferrer. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-apostol-de-valencia-san-vicente-ferrer.
Dentro ruido de tempestad y salen Laura e Inés como asustadas.
Terrible terremoto.
Furioso el Aquilón, airado el Noto
de su prisión, Inés, se han desatado.
Di, señora, que entrambos se han soltado;
pues con tal extrañeza
corre su furia, brama su fiereza;
mas, ¿qué en tarde tan rara
hoy al campo salir se te antojara?
Apacible la tarde, Inés, hacía;
mas de repente se ha eclipsado el día,
infeliz es mi amor; pues cuando ardiente
a ver me conduce aquí a Vicente,
que en estas soledades retirado
dicen que está, según me han informado;
opuesto a mis designios, hasta el cielo,
que se conjura contra mi recelo.
La tarde es espantosa,
y no estoy dos dedos ya de estar medrosa.
Qué relámpago, cielos, tan horrible.
Pues el trueno no es menos apacible.
El estruendo espantoso atemoriza.
Las dos quedamos hechas hoy ceniza.
Mas ¡ay, cielos! que el rayo aquí ha caído.
Baja un rayo de lo alto, con fuego de pólvora, y da en un escotillón por donde sube el demonio.
No dices mal, pues rayo desprendido
cayó del firmamento
mi soberbia; y así pues mi ardimiento,
con funesto desmayo,
por oponerse al cielo, baja rayo;
hoy que guerra otra vez hacerle esperas,
rayo baja también desde la esfera
del fuego, de mí mismo,
trayéndose tras sí todo el abismo,
toda mi furia ardiente,
para triunfar del cielo, y de Vicente.
¿Qué haces, Inés?
Mirar en tanta ruina
si te has quemado; que huele a chamusquina
por aquí, es cosa cierta.
El susto, y el pavor me tiene muerta;
y así, si es que podemos,
dónde ampararnos de este horror busquemos.
Guía, por Dios.
En tan fatal destino
senda no encuentro.
Bástanos camino.
Vanse.
Y a mi astucia guiarte
cautelosa sabrá a la misma parte
donde Vicente en oración se halla;
para que en esta lid, esta batalla,
que al cielo le presento,
me dé un ciego amor el vencimiento;
si antes con otro ardid no le consigo.
Dentro.
Sígueme, Inés.
Dentro.
Ya te sigo.
Infernal astucia mía,
ya en la palestra nos vemos,
contra este humano prodigio,
este asombro, este portento,
en quien el cielo adelanta
dando su favor inmenso,
que apenas se vio animado
embrión, en el materno
claustro, cuando a dar latidos
como can dentro del mesmo
seno, empezó; a cuyo nunca
pasmo escuchado, acudiendo
su Madre, a un Justo Varón,
la predijo, que muy presto
daría a luz un Infante
tan prodigioso, que siendo
Can, guardaría leal
de la Iglesia, el fiel, y atento
rebaño; pues con sus voces
despertaría del sueño
de la culpa a los dormidos
en sus vicios, y sus yerros;
y con sus latidos (¡qué ira!)
pondría pavor, y miedo
en el Reino del espanto,
de quien yo poseo el Cetro;
quitándome de las manos
como astuto lobo hambriento,
cuantas presas, cuantas almas
de rabia, y enojo, ciego
al articular mi agravio
aun con las voces no encuentro;
las hubiese hechas mi industria.
vasallos, y a de mi Imperio;
mas dudosa ha de salir
su profecía aunque el cielo
ya con caracteres puros
la tenga en su azul cuaderno
escrita, o, esté en la mente
ya prevista de Dios; pues lo
que si el albedrío libre
le dejó, puede aquel mismo
derogar el propio influjo
que consiguió malo, o, bueno
ya con sus vicios, o, ya
con algún merecimiento.
Y así que importa que nazca,
Vicente pasmo, o, portento
de la gracia en el Jardín
o, en el Paraíso ameno
de Valencia, y árbol crezca
de la vida a ser el mismo
quien corporal vida dé
a cuantos se hallaren muertos
por la culpa, ni que importa
porque nada en el progreso
de su milagrosa vida
omita yo; que queriendo
su noble Padre casarle
el humilde a sus pies puesto
licencia grato le pida
para entrar en el excelso
orden sacro de Domingo
y que su Padre deshecho
en llanto, no solamente
el permiso le dé; pero
su legítima también
se la dé a pobres, cumpliendo
por seguir mejor a Cristo
con su Apostólico ejemplo,
Descubre.
ni que ya en la religión
con maravilloso exceso
se adelante en los estudios
y ejercicios siempre austeros
de la castidad, pobreza
y obediencia, en todo siendo
sus penitencias tan grandes,
sus méritos tan supremos,
y milagros, si Vicente
por más que elevar al cielo
quiera el remontado ardor
mientras vive humano dentro
de la frágil vil materia
de que hombre está compuesto
sujeto se ve a los vicios
y a pecar está dispuesto,
y así a la empresa, iras mías;
a escala vista asaltemos
de esta inexpugnable plaza
la fortaleza; y pues veo
que es su penitencia, quien
de mi furor defendiendo
le está, siendo fuerte real;
sea el asalto primero
que se dé a su penitencia;
para lo cual he dispuesto,
que un ministro mío tome
forma humana; y con el celo
de la religión, pervierta
su constancia, porque luego
Laura el vencimiento logre;
(pero en vano gasto el tiempo
en que refiera mi audacia
lo que dirá el tiempo mesmo)
a mi vil contrario veo,
en esa, amena Alquería
posesión de su convento,
(Levántase el Santo.)
(Vase.)
en quien argenta de plata
el Sirio, o fiera de Perseo;
en oración puesto está,
de ella divertir espero,
su ardiente espíritu, con
traerle a su pensamiento,
para lograr mis designios,
la ventaja que el desierto
hace, al que, en contemplación
desea estar siempre puesto
con Dios; ya apartarse empieza
de la oración, ahora es tiempo,
infernal astucia mía,
de ir a lograr mis intentos.
(Sale un hombre vestido de monje con barba larga y espántase el Santo.)
¡Quién, Dios mío, estuviera
en vos, eternamente contemplando;
quien gozoso pudiera
la amada soledad estar gozando
del yermo; en cuya amenidad dichosa
os goza aquel que en su quietud reposa;
pues en las poblaciones
por más que el alma estar con vos intenta,
tantas las ocasiones
son, que de vos la apartan, que aunque atenta
esté en vos siempre, porque sois su gloria
os borra su inquietud de la memoria;
de tanto anacoreta
que el yermo habita; ¡quién alguno hallara,
que en la vida perfecta,
que allí observa su celo, me alumbrara,
para seguir sus huellas! mas ¿qué veo?
¿es ilusión acaso del deseo?
¿Quién eres, pasmo, o prodigio,
que admirado reverente,
cuando el deseo te busca,
encontrado me suspendes?
Un monje, Vicente, fui;
no te maravilles verme,
que los desiertos de Egipto,
admiraron penitente;
y a quien el cielo ya premia
sus méritos con laureles:
de su deseo atraído;
movido de su excelente
virtud; vengo en sus oscuras
nieblas, como preeminente
antorcha, en la penitencia
a alumbrarse, y a ponerse
en el camino seguro
que su vida seguir debe,
para que se hagan plausible
sus virtudes excelentes;
mira Vicente, hijo mío,
ya previsto está en la mente
de Dios, que has de ser gran santo:
bastantes indicios tienes
de esto; pues la voz del pueblo
la de Dios suele ser siempre;
y a voces te llama santo
toda Valencia; de siete
años milagros hacías;
y obrarlos, solo aquel puede,
que es escogido de Dios,
en cuyo nombre merece
obrarlos el hombre; tú
escogido de Dios eres
y aun de más en ti son
las penitencias, las crueles
abstinencias, y cilicios;
Dios, Vicente, no te quiere
penitente; maravilla
de su gracia quiso hacerte
por sí, para exaltación
de su poder; tú no tienes
que hacer mérito ninguno
si ya de parte le adquieres
del Altísimo Señor;
mas si hacerle pretendieres,
para juzgarte más digno
de su gloria; toma este
consejo, que mi experiencia
te da; que es bien que te enseñe;
Deje para la vejez
tu virtud lo penitente,
si a su suma perfección
quieres llegar; pues quien quiere
enflaqueciendo las fuerzas
humanas, que luego llegues
su espíritu al sumo grado,
por el medio de impacientes
mortificaciones, solo
mal arrepentido verse
y en medio de la carrera,
o quedarse, o detenerse;
que en materias de virtud
también yerros se cometen;
Da al tiempo, pues, lo que es suyo,
que tarde, o temprano que
darse al ser humano, algún
desahogo, en lo decente;
y confía más de ti,
sin que nada te amedrente;
pues de Justicia su gloria
te debe dar Dios.
Detente,
Bárbaro, que de Justicia
Dios su gloria a nadie debe:
y aunque el hipócrito traje
de quien eres te desmiente,
bien a conocerte dan,
Bruto Infernal, tus aleves
engaños; Dios es mi amparo;
en él confía mi débil
flaqueza; Él me dará fuerzas,
para que le agraden siempre
mis penitencias; tú solo
fuiste, fiera, quien rebeldes,
enflaqueció en el principio;
pues oponiéndose aleve
al sol, que te amaneció
en tu creación celeste,
te despeñaste al abismo;
y así, al abismo te vuelve,
que yo te lo mando, en nombre
del Señor.
Sabe, obedece
mi infernal furia; dejando
señas de mi fuego ardiente.
Por el escotillón que subió el Demonio baje el Monje echando llamas.
Pena, enemigo de Dios.
Sale Alpargata.
¡Ah, padre!, ¿qué hedor es este?
¿toma tabaco de humo?
Ira de Dios, qué mal huele,
por aquí.
Hermano Alpargata,
¿a qué viene acá?
A ponerme
a sus pies, por si descalzo
anda, padre, como sueles.
Yo ando bien calzado; hermano,
de hipocresías sed sé;
¿viene a otra cosa?
A darle
vengo, dos mil parabienes;
pues las dos naves de trigo,
que profetizó a la gente,
en el sermón que hizo ayer,
desembarcando en el muelle
ahora están; y como es tanta
la falta que de él padece
Valencia; a milagro suyo
toda la ciudad lo tiene;
y para darle las gracias
le buscan todos alegres:
en el convento habrá ahora,
sin los niños, y mujeres,
más de veinte mil personas;
Por huir, hermano, de ese
disgusto, me vine aquí.
Pues, ¿de qué tenerle puede?
De que aplausos me den, cuando
solo a Dios, las gracias deben
darle; que yo no hago nada.
De lo que huyo yo, a veces,
es de donde se trabaja.
Pues prevenido, ¿qué teme?
Que me pidan lo que debo,
que es donde trastean siempre.
De no caer en pecado,
es de lo que huir más debe.
Nunca cayera yo, padre,
como en el mundo no hubiese
destos bellos tropezones,
o riesgos, que hacia aquí vienen.
Salen Laura e Inés.
¿Qué riesgos dije? Mas Lauras;
pero en vano, incautas redes
el enemigo me pone,
pues vencido sale siempre.
Serénose el terremoto.
Por eso buscando vienes
el iris de tus tormentas,
pues aquí a Vicente tienes.
Venga conmigo, Alpargata.
Ya entiendo.
Padre Vicente,
aguardad.
¿Qué me queréis,
señora Laura?
¿Qué puede
querer, quien tanto os estima,
y en vano puede vencerse
sino es hablaros, y veros;
y aquel en su pasión rebelde,
a vista del desengaño,
solo alivio no le quede?
Por ahí se van allá;
esto es querer solamente,
porque ha crecido el vado,
irse a rodear por la puente.
Moralista es el gorrón.
Y aun tomista; si usted quiere,
darme algunas esperanzas,
la adoraré adredemente.
¿Sabe el cuento de la zorra?
Bueno fuera no saberle;
miró unas uvas muy altas,
y dijo: aun están muy verdes.
Pues si le parezco bien,
con la zorra se consuele.
De verme y hablarme, ¿qué
sacáis, si de hablarme, y verme
avisa del desengaño
más por los dos se enciende
la llama que en vuestro pecho
arde tan activamente?
Vuestro amor, no es amor, Laura;
incendio es, que el rebelde
común enemigo nuestro,
está facilitando aleve,
en vuestro pecho; por si
vencer sus astucias pueden,
que el alma perdáis; mas no
lo logrará; que yo de este
riesgo os aseguro fiado
en Dios que ha de condolerse
de vuestro llanto algún día.
Excu sad, Padre Vicente,
cuerdos avisos; pues esta
inclinación grande; este
afecto que siempre os tuve,
borrarle en vano pretende
del alma, quien en el alma
ley inmortalizó; de suerte,
que como desde mi infancia
juntos nos criamos; siempre
por ser entre nuestros padres,
tan grandes las estrecheces
de amistad; que entre los dos
dispuestos tenían, que fuese
un honesto lazo, quien
nuestras dos almas uniese;
es difícil que se olviden
cariños que en las niñeces
sin hacer de ellos estudio
el natural nuestro aprende;
y más cuando en mi recato,
es tan inculpable, este
afecto que os tengo; pues
no pasa de lo decente;
pues os ama por amaros;
por quereros solo os quiere
mi pasión; sin que jamás
con ser pasión tan ardiente,
llegue a ser torpe deseo,
ni a ser apetito llegue.
Cogióla a la pobre el carro
de amor.
¿Qué le parece?
Que si ha empezado a colear,
y es mujer, coleará siempre.
Yo he buscado cuantos medios
hallar la cordura puede,
Vicente, para olvidaros,
y es imposible vencerme;
pues intentando, extraviar,
mi inclinación, al decente
estado del matrimonio;
ningún hombre me parece
digno de mi amor; pues siendo
entre algunos que pretenden
mi mano; quien más amante,
más arrestado, y valiente
me galantea, Don Jaime
Torrellas, solo merecen
sus amorosas porfías
de mi rigor los desdenes.
Poned en Dios ese amor,
que es a quien amar se debe;
y encontraréis la triaca,
contra ese veneno aleve,
que os inficiona hasta el alma;
Dios ofendido no se quede
de que os quiera;
¿Cómo no
ha de dejar de ofenderse,
si vuestra ciega pasión
es tan grande, que no advierte
el deshonor de buscar
a quien y a mi estado hiere,
a un fraile?
¡Miren qué tachas,
para quien perdida quieres!
Sale Don Jaime Torrellas al paño.
Siguiendo a Laura venía
mi ciega pasión ardiente,
y el terremoto causó,
que el destino la perdiese;
con fray Vicente está, aquí
oiré lo que ambos confieren:
Yo me hallo perdida, Padre;
pues transformada parece
que estoy en vos, pues sin vos
pasarse mi amor no puede,
ni sin dejar de quereros.
¿Qué escucho?, ¡ah tirana!, ¡ah aleve!,
¿por esto premias mi amor
con rigores y esquiveces?
¿Este es el santo? Estoy ciego;
vive Dios que he de dar muerte
a esta hipócrita, pues es
la causa; y entre mis crueles
atrocidades e insultos,
no será el más grande este,
que
que yo he cometido;
y vos, de aquí, que conviene
a vuestro honor;
mas Don Jaime, que viniere
siguiéndome, y así es preciso
irme, aunque a mi amor le pese;
vamos, Inés.
Vamos, Laura;
a ella le dio de repente.
(Vanse)
Muera el hipócrita; pero
¿qué es esto que me sucede?
En vano mover el brazo,
puede mi coraje ardiente;
si será mi propia ira,
quien me embaraza que llegue
a matarle; pero impulso
más soberano suspende
mi furor; pese al infierno,
y a mí.
(Queda como inmóvil, sin poder tampoco andar)
Bravo paso es este;
¿si le habrá dado calambre
a este hombre?
¿Qué os detiene?
Don Jaime, llegad.
No es fácil,
ahora por lo presente.
El natural movimiento
vuestro, cobrad, que suspende
cólera en vos; y advertid,
que a quien dar queríais la muerte,
es más valiente que vos:
¿Quién puede ser más valiente?
Yo, que tengo de mi parte
a Dios; vuestro error se enmiende;
a vista de que el impulso
obstinado, de quererme
dar...
dar muerte, os le satisfaga,
con estorvar una muerte;
la cual logrará muy presto
quien ofendido se advierte.
A vos.
Sale Don Raimundo disfrazado con una mascarilla de bandolero.
¿No es este Don Jaime?
Lógrese mi saña ardiente;
pues con el disfraz que traigo,
porque así a reconocerme,
la justicia del virrey,
que me persigue, no llegue,
tomar a mi salvo puedo
satisfacción de la muerte
injusta que dio a mi padre,
por cuya causa mantiene
estos bandos mi familia,
hasta acabar con la aleve
suya; con un fraile está;
ya tiene quien le confiese,
si le conservare vivo
este plomo.
Saca una carabina entretanto que habla Don Jaime, esta poniéndola en el muelle.
Pues no tienen
disculpa vuestros arrojos;
idos sin satisfacerme.
Don Jaime, porque os importa.
Pues el cielo le defiende
de mis airados furores,
iréme sin responderle
ni saber quién amenaza
mi vida, pues nada teme
mi valor.
Vase.
Pocas palabras
gastan los que son valientes.
¡Muera el traidor! Mas, ¿qué veo?
¿Vase huyendo? Seguiréle
hasta matarle.
Va siguiéndole y detiene el santo.
Tened,
¿dónde vais tan imprudente? No
¿no os acordáis, de que hay Dios,
y que su bondad se ofende,
sabiéndonos perdonar
de que sus agravios, vengue
el hombre?
(Aparte.)
¡Qué es lo que escucho!
¿quién pudo a Vicente, haberle
revelado mi intención?
pero imposible parece:
¿Qué os obliga, no sabiendo
quién soy, Padre, a detenerme?
La causa de Dios me obliga
a deteneros; que aunque ese
disfraz os oculte, sé
quién sois, y lo que pretenden
vuestras iras; don Raimundo,
esa indignación se temple;
advirtiendo que de vos,
el brazo de Dios defiende
a vuestro contrario; pues
su misericordia quiere,
para que os salvéis entrambos,
que estos bandos diferentes
amigos seáis.
¿Yo amigo,
de quien dio a mi Padre muerte?
Cristo, perdonó en la cruz
a sus enemigos; este
ejemplo os obligue.
Yo
no perdono a quien me ofende.
Advertid.
¿Qué he de advertir?
Que Dios castigaros puede.
Vengue yo ahora mi agravio,
y venga lo que viniere.
Aguardad.
Eso es querer
Vase.
que a mi osadía, atropelles
otro respeto; apartad.
Déjele, Padre Vicente;
mátense como cochinos.
Me obligara a detenerle,
solo el deseo de ver
si algún mérito pudiese,
hacer en él su templanza,
para que Dios a dolerse
llegue de sus culpas; pues
bien sé, que alcanzar no puede
gano contrario; mas vamos
tras él por si convencerle
puedo.
No le alcanzará
un caballo, que alas veinte
camina.
Nada se arriesga
cuando es preciso volverme
a la ciudad, que hago falta
allá.
Pues si ya adviene
cuánto sucede?
No sé,
mas de aquello que Dios quiere.
Vanse y salen Laura e Inés.
Miren lo que ignora; y sabe
el Padre, lo que Dios puede.
Quítame este manto, Inés.
Tal manto tienes quitado;
para andar lo que has andado,
no sé cómo tienes pies.
Temí, Inés, que nos siguiera
don Jaime; y así he venido
tan aprisa.
Si el oído
te hubiera; lo que el hiciera.
Pues, ¿lo que había de hacer?
¿No sabes su condición?
Ni de mi resolución
en la esfera de mujer:
ninguno en mi voluntad
tiene
tiene imperio; de mi honor
alcaide es mi pundonor;
yo vivo en mi libertad,
conque si escuchado hubiera
lo que a Vicente decía,
a apurarme superflua,
a él se lo repitiera.
Ay, conocieras su arrojo,
Don Jaime es hombre arrestado,
y en fin está enamorado.
De quién lo está, de mi enojo?
pues si alguna confianza
mi padre a Don Jaime dio
de mi mano; ya murió
con mi padre su esperanza.
Ello estás determinada;
que amor te tiene perdida.
(Ruido dentro)
Ya estás muy atrevida,
Inés, para ser criada.
Mas, ¿no llamaron?
Sí, creo.
Ve quién a la puerta llama.
Quién, por encontrarla abierta,
ya está dentro en la antesala.
¿Quién es?
Don Jaime en persona.
Di que entre; ¿de qué te pasmas?
(Sale Don Jaime)
¿Qué querrá este caballero?
que va a jugar juego de cañas.
La impaciencia de mis celos,
me trae a ver si esta ingrata,
alguna satisfacción,
en su aleve culpa halla.
Decidme, señor Don Jaime,
¿qué mandáis en esta casa?
Sí, ¿qué motivo os obliga
de esta suerte a profanarla?
Mas atento os juzgué yo.
Yo os juzgué a vos, menos falsa,
menos fácil;
¿Qué decís?
¿Sabéis que conmigo habla
vuestra atención?
Mis ofensas,
solamente se desatan,
con quien amantes deseos,
consagra en indignas aras,
y tan indignas;
Tened;
pues antes que a deslustrarlas,
separen esas celosas
iras; decidme qué causa
os dio, para que ofensa,
hagáis de mi voluntaria
elección.
Aparte.
¡Ay tal arrojo!
el sufrimiento me falta;
Las cañas van, estos son
atabales de la entrada;
¿No respondéis?
Ya respondo,
haberme dado palabra,
vuestro padre, muchas veces,
con seguras confianzas,
que me daríais la mano
de esposa:
¿Pues eso basta?
¿Era acaso de mi padre
mi mano; para que se haga
deuda en mí, lo que sin mí
os ofreció su palabra?
Aparte.
Sí bastara; a ser mi intento
este; mas no son mis ansias
tan atentas, ni mi amor,
tiene tan necia esperanza.
Pues no siéndolo, decidme?
debo quedar, y obligada
a corresponderos?
No;
mas una vez declarada
mi pasión con vos, tratáis
ansí premiar con villanas
finezas, a quien indigno
se hizo, aun de mi venganza.
Parejas, y caracoles,
las escaramuzas faltan.
¡Ruin infame, aun vil!
Tened;
pues para templaros basta,
que por vuestro pundonor
el mío aquí os satisfaga;
asegurando a don Jaime,
que vuestros celos se engañan.
¿Cómo han de engañarse, aleve,
falsa, inconstante, tirana,
si mi agravio y sus caricias
escuché yo?
Pues si nada
os satisface, pudiendo
quedar menos desairada
vuestra queja, al ver que yo
cuerda os recato la llama
de mi afecto; verdad es,
que mi fe a Vicente ama,
que mi atención le venera,
y que mi amor le idolatra.
Ya en mí toda la paciencia
se apuró; pero ¿a qué aguardan
mis iras, cuando mis iras
las incita tal infamia,
e impulso oculto, que ignoro;
vil mujer, fácil, ingrata;
vive mi ardiente coraje,
que aunque se arriesgue mi fama,
en ti, y en mí, a un mismo tiempo,
he de tomar hoy venganza;
en mí, porque te he querido,
y en ti, porque eres ingrata.
Ya estas son escaramuzas,
presto se verán las cargas.
¿Venganza de mí?
Sí, aleve.
¿Por qué?
Porque imaginada
fuiste mi esposa; y de infame
pasión, sabida, me agravias.
Pues imaginada sea
la satisfacción.
Tirana,
de esta suerte será.
Mira.
¡Ay, que echa mano a la daga!
Detente, señor, advierte.
En gran riesgo estoy.
Aparta,
pues el cielo de mi furia,
aun no ha de poder librarla.
Sale San Vicente y se pone en medio de los dos.
Sí librará; que aquel vil,
infame; aquel que injuriaba
vuestras aras; no un instante
el que estorbó que os quitara
vuestro contrario la vida;
inspirado de la sacra
piedad de Dios; que no quiere
que a vuestras culpas se añada
otra que el número cumpla
en que deben ser juzgadas;
sabrá de vuestro despecho
templar la encendida llama,
asegurándoos, don Jaime,
que Laura en nada os agravia;
pues el amoroso incendio,
que desde su tierna infancia, en
en su pecho se habilita,
del defenderse no pasa,
y apagado en sus corduras
volverá a ser pura llama
que luzca más, cuando más
vuestro amor honesto arda.
Pues en serlo el vuestro es fuerza
que venga a ser vuestra Laura.
Y así enmendaos, advirtiendo
que traéis muy arriesgada
la vida; pues don Raimundo,
buscándoos oculto anda
por Valencia; ved que está
vuestra muerte decretada
de Dios; pero la sentencia
su amor ha de revocarla.
Y pues os dejo advertidos,
a vos, de que os amenaza
este peligro; y a vos,
que le importa a vuestra fama
que a honesto fin se dirijan
vuestras pasiones humanas;
veníos, don Jaime, conmigo,
y vos recogeos, Laura.
Sin mí he quedado.
Corrido
estoy; que la destemplanza
de mis celos a injuriar
a Vicente se pasara,
cuando su virtud admiro,
que su santidad es clara;
satisfaréle, en la parte
de su ofensa; y mi arrogancia,
a Raimundo buscará,
porque quede castigada,
con su muerte, su alevosa traición.
¿Traición?
Don Jaime, aquí aguarda
vuestra atención; ¿no venís?
(Vanse los dos.)
Ya os sigo, Padre.
¿Qué extraña
templanza es esta en mi amor?
Ella se ha quedado helada;
quién oyera sus memorias.
Y a las encendidas ansias,
con que a Vicente quería,
siento en mi pecho apagadas;
ya es respeto el que fue amor;
corrida estoy, de que hayan
las nieblas de mi pasión,
empañado la luz clara,
de la pureza más grande,
de la santidad más alta.
Mi arrepentimiento sea,
quien en algo satisfaga
mi error.
(Sale el Demonio, en traje humano.)
Aquí de mi astucia
infernal; pues si se apaga
en Laura el amante incendio,
pierde mi malicia incauta,
mas yo avivaré la llama
de nuevo, en su amante pecho.
Murió mi amor.
(Al oído.)
Mira, Laura,
que es imposible que olviden
a fray Vicente sus ansias;
y porfías amorosas,
los imposibles allanan:
no desconfíes de ti,
ni de él.
¿Quién mi acobardada
pasión, a animarla vuelve?
Inspiración más que humana
que se advierte, que en don Jaime
maliciosa es la templanza
de sus celos; pues airado,
dar muerte a Vicente trata,
cuando en la calle le venga;
su ciego amante embaraza.
¡Qué advierto! Sin duda alguna
inspiración soberana
es esta, pues no se opone
a la razón, que en la airada
indignación de don Jaime,
no cabrá tal mudanza.
Ven conmigo, Inés.
¿A dónde
vamos?
No preguntes nada,
sígueme solo.
¿Qué intentas?
Ya lo verás.
Vanse.
Rematada
está; sin duda el demonio,
anda hoy suelto en esta casa.
Y aun desesperado; pues
cuando mi engaño aguardaba,
que don Jaime diese muerte,
incitado de mi rabia,
a Laura; el cielo permite,
porque triunfe de mi osada
cautela, en todo, Vicente,
que le revele la sacra
sabiduría de Dios,
el peligro en que está Laura,
para que estorbarle pueda;
pero en vano de mis arduas
astucias me valgo; cuando
si vuelve a ver mi preclara
inteligencia, en quien no
se da tiempo, ni distancia
el sujeto de los tres,
Don Jaime, Vicente, y Laura;
veo, que después de haber
satisfechole con gratas
humildades a Vicente,
y Don Jaime de él se aparta,
por buscar a Don Raimundo,
y que Laura, en quien libraba
la última perdición,
si volviese a ver la cara,
a Vicente, no le encuentra;
cuando Vicente se halla
en la puerta del convento,
dando en virtud de la gracia
celestial; salud a cuantos
a él llegan; y a todos sana:
pero fatigado ya
de obrar maravillas tantas
dice de su fe movido.
Dentro.
Hermanos, vengan mañana
que estoy cansado de hacer
tanto milagro.
Dentro.
¡Ay tal plagas
de locos!; apártense,
déjennos entrar en casa.
Pues el concurso de gente
a este hipócrita embaraza
que llegue a la portería;
y dentro de ella se halla,
mi ser, que en humana forma,
pues su Prior, dando gracias
a Dios deber sus prodigios
a recibirle a ella pasas,
porque ociosas no se vean
mis cautelas, con él tratan
desacreditarle, a vista
de maravillas tan raras
como está obrando.
Salen fray Berenguer, Alonso Niño, y Garrilla, y Ayo.
Garrilla,
a apartar la gente vaya,
para que entre fray Vicente.
¿Qué es lo que Usencia me manda?
¿No advierte que mi manto,
y que mi pobre sotana,
es de bayeta raída,
y no está para apretadas?
Vase.
Ven, Alonso; pues tus padres,
lo primero que me encargan,
antes que a estudiar empieces,
que a fray Vicente te traiga
para que su bendición
logres.
Mi fe ya la aguarda.
De ver los prodigios que obra
Vicente, mil alabanzas
estoy dando a Dios.
Pues, Padre,
no se las dé que a la alta
sabiduría de Dios,
le ofenden más que le agradan
los milagros que está haciendo
este fraile; pues su errada
ciencia obrando los está,
solo en virtud de la magia,
que aprendió secretamente,
al tiempo que regentaba,
la cátedra de Valencia;
sin caracteres, palabras,
y conjuros; y ora cuando
en él admira, y espanta,
por prodigio; yo lo sé
esto bien; pues entregada,
también, mi inútil fatiga
al estudio, y observancia
de la magia que aprendimos
juntos; no es fácil, que nada
se me oculte; y porque veáis,
que mi verdad no os engaña;
a este concurso de gente,
que la entrada le embaraza,
haré que en fuga la ponga
una fiera desbocada.
¿Qué es lo que escucho? Cierto
puede ser verdad; mas tantas
penitencias en Vicente
ser supuestas; casi es vana
presunción; pero el común
enemigo con sus trazas
suele engañar así a muchos.
(Dentro voces.)
Huyamos de la amenaza
de este desbocado bruto.
(Dentro.)
No temáis, hijos, que en nada
os ofenda, que no tiene
licencia de Dios, que haga
daño alguno, y así en nombre
suyo, te mando, irritada
fiera que al oscuro abismo
te vuelvas.
Terrible rabia.
(Sale el Santo, y Alpargata.)
Escondámonos, Padre, ahora;
que parecemos, banastas
de besugos, en Noviembre,
con tanta bulla.
Deo gracias.
Ciérrese la portería,
garulla.
Aparte.
Hermano Alpargata,
ya cerrada está.
Ya sé,
que esta vil fiera obstinada,
llegó a desacreditarme
con mi Prior; pero vanas,
le han de salir sus cautelas:
y a mi obediencia, postrada
está a sus pies.
A mis brazos,
mi estimación te levanta,
admirando sus prodigios;
mas temo...
No tema nada,
que le engaña el enemigo;
pues en virtud de la gracia
de Dios, los milagros obro;
y así, Padre, más confianza
tenga de mí, que soy Santo.
Vicente, ¿qué es lo que habla?
¿Santo dice que es, viviendo
en esa materia flaca?
Digo, Padre, que soy santo;
y para prueba más clara,
Alonso de Borja, llega.
Ya, Padre, estoy a sus plantas
écheme su bendición.
La de Dios, hijo, te caiga
y la mía; ve este niño
que a nuestras escuelas sabias
a estudiar viene; pues este
ha de ver el orbe Papa,
y me ha de canonizar;
y este que en forma humana
le habló, Padre; es el Demonio:
huye pues, de aquí, irritada
fiera.
Vase.
Y a te obedecen,
mis furias desesperadas.
Chispas va echando.
¡Qué espanto!
¡Qué horror!
No os asuste nada;
llega a mis brazos, Alonso.
Padre, al cielo me levantas.
Su nombre, será, Calixto,
tercero.
¡Qué escucho!
¡Extraña
profecía!
Y cuando sea
Papa, ¿qué seremos?
Nada.
Garrilla ya será mozo;
Y él será maza, Alpargata.
Lo que ahora me aflige, Padre,
es lo que por esta carta,
me encarga el Rey de Aragón.
Pues Vicente, ¿qué le manda?
Que a Dios pida, que se duela
de la cisma en que se abrasa
la Iglesia; viéndose en ella
por Padre, dos Antipapas,
y un Pontífice, que logre,
dignamente la tiara.
Pídale a Dios con fervor,
que apague esta ardiente llama.
Crea Vuesencia, que esta cisma,
el corazón me traspasa;
y si de Dios no lo alcanzo,
Dentro voces.
¡Padres abran
por Dios!
¿Qué golpes son estos?
¿Con qué a esa puerta llaman?
Dentro una voz.
Apiádense de nosotros,
pues Vicente, con su clara
fe, darnos puede salud.
Dentro voces.
Ábrannos, padres.
Ya escampa.
Salga, por Dios, fray Vicente,
que me lastiman sus ansias.
Ya he dicho que estoy cansado
de hacer hoy milagros; salga
padre prior, y por mí,
en nombre de Dios los haga.
¿Qué decís, Vicente?
Que
por mí a hacer milagros vaya;
no desconfíe de sí,
tenga más fe.
Tengo tanta
de su virtud, que en su nombre
obrar prodigios aguarda
mi fervor.
Vase.
Padre, bien puede;
vaya; que yo a la batalla
me apercibo, que con Cristo
esperan tener mis ansias:
dos cosas, Señor, os tengo
que pedir, y en que abogada
vuestra Madre ha de ser mía,
y habéis de hacerlas entrambas.
Adiós, Alonso, no dejes
de verme.
De buena gana.
Vanse el Santo acompañándole Alonso de Borja y el Ayo.
Venga, usencia, sane a todos;
pues la gracia, gratis data,
lleva Vicente.
Vamos.
Toca.
Yo
he de llevar la campana
con que ha de hacer milagros,
Vicente.
¿Qué es lo que habla?
Sabe que fámulo soy
a látere, ha mil semanas,
¿de Vicente?
Yo mondo
nísperos, cuando él andaba
a la sopa graduado
de bachiller, en la casa
de Domingo, estaba yo.
En licencias (cosa es clara)
de entrar en el refitorio,
bodega y cocina santa,
el primero fui yo, siendo
el mayor bonete que hallan
los padres.
Y yo soy gorra,
suelte la campana.
Él anda
buscando que yo la toque
en su cabeza.
¿No acaban?
Dejen las porfías, lleve
la campanilla, Alpargata.
No la ha menester.
¿Por qué?
Porque es todo badajadas.
Vanse corriendo. Córrese una cortina, se aparece San Vicente de rodillas.
De vuestros pies rendido,
no tengo de apartarme,
Dios mío, si a otorgarme
no llegáis lo que os pido:
dos favores os pide hoy la fe mía;
el uno os toca a vos, otro a María.
la Iglesia vuestra esposa
ya veis lo que padece;
y que su cisma crece
en llama sediciosa; os ruego
que su incendio apaguéis, humilde os ruego,
pues os importa a vos que cese el fuego;
mirad, que es este daño,
causa de muchos males,
muchas culpas mortales,
que origina el engaño;
doleos, Señor, de vuestros hijos fieles;
no los castiguen vuestras iras crueles.
Mas, ¿qué nuevo accidente,
es el que estoy sintiendo?
el corazón latiendo
me está, con tan vehemente
ímpetu; que, parece, que del pecho,
salirse quiere, por venirle estrecho:
Por las venas helado
un sudor me discurre,
y cuando el hielo ocurre
por ellas destemplado
siento su ardor que aquella parte ocupa
que el helado accidente desocupa
pero el mal insufrible
que la Iglesia fiel misma
siente en su ardiente cisma
se hizo en mí pasible
si de sentir su mal, su alivio viera
con qué gozo mi afecto padeciera.
La sed me oprime ardiente;
quién una fuente hallara,
donde su ardor templara;
mas cielos, de repente,
trasladado a un pensil me miro ameno
de fragancias, y flores todo lleno.
entre todas fragantes,
ves allí se descuella,
una azucena bella,
y un girasol amante,
de quien cantan purísimos amores,
con trinados los dulces ruiseñores.
Dos ángeles que hacen dos damas se aparecerán cantando en dos apariencias, y después se verá un jardín muy vistoso en lo alto del teatro, y en un girasol se descubrirá el niño que hace a Cristo, y en una azucena a la niña que hace la Virgen; sube San Vicente en una elevación hasta igualar con ellos, y verse que le pueda el niño tocar con la mano en la cara.
Elevación.
Ay, que de flor en flor
se anda el amor,
divino de un Dios,
que es todo piedades,
que todo es favor. Ay, que de flor, etc.
Alienta, Vicente, pues
transformado en girasol
amante del Sol más puro
a verte viene el Señor.
Alienta, pues la azucena,
en quien se miró el candor
puro antes de ser suyo,
hoy te favorece el sol.
Que de flor en flor, etc.
¡Qué celestial hermosura!
A la tierra se bajó
el cielo todo.
Vicente.
Señor, Señora.
Mi amor
a fortalecerte viene;
a mirar que, de pasión
compadecida de ver
padecer con tal rigor
mi Iglesia, del mismo achaque,
tu corazón enfermó;
cobra la salud, Vicente;
ten esperanza, que yo
de tu cisma apagaré
siempre el encendido ardor;
y pues ya de mí lograste
lo que tu fe me pidió,
lo que yo te mando ahora,
que vayas a ser voz
mía por toda la Europa
predicando desde hoy
cuanto ofendido me tienen
los hombres; y que si no
se enmiendan, que todo el mundo
arruinará mi rigor,
para cuya legacía
te constituye mi amor
mi apostólico legado;
y en señal de que te doy
este honor; y de que pongo
mi palabra en tu fiel voz;
deja impreso en tu mejilla
mi mano, sangre en blasón
cuya encarnada señal,
no perderá su color,
en tu rostro.
Pónele el Niño la mano en la mejilla
¡Tanta honra
a un Vicente pecador!
No te intitules así.
Pues ¿cómo?, que ignoro yo
otro nombre.
Hoy se llama
Vicente Predicador.
¿Su apóstol soy yo?
Vuelva la elevación
Vicente,
pues conseguís de favor
lo que pedías a mi hijo,
dime el que de fe intentó
pedirme a mí.
Pura Reina
de los ángeles; a vos
os ruego, viendo que madre
casta fue, sino al que Dios
le concedió el don de serlo;
que le pidáis al Señor
que mi virginal pureza
merezca conservar yo.
Señor, Vicente os lo pide;
válgale mi intercesión.
Nada, Pura Madre mía
os puede negar mi amor:
yo esa gracia le concedo.
Por tal dicha, tal favor,
Ángeles y Serafines,
cielo, estrellas, luna, sol
glorias os canten, pues dignos
de alabaros, Señor, son.
Queda en paz, Vicente.
cúbrese la aparien / cia y baja el Santo
Aguarda
bellísimo girasol;
hermosa azucena; pero
en vano intenta el fervor
mío deteneros, cuando
admirado oyendo estoy.
Que de flor en flor
se anda el amor
Divino de un Dios
que es todo piedad
que todo es amor.
Vase y se da fin a la 1.a
Sale el Demonio / en traje de ca / minante
Apagadas estrellas, que eclipsar
mi ser vió encendido rosicler
de aquel, cuyo poder
al viento cedió pluma, escama al mar
a la tierra dio flor
y lumbre al elemento superior
como de un tosco varro, bronco, y vil
que tema toleráis, el que à Babel
dio la forma servil
de escalar el alcázar de Israel
al arduo arrebol
que vio castigo à Eva por el sol
Un hombre, pese a él, mi Majestad
ha
ha de rendir de mi soberana sed
vencer la vanidad
y librar de los lazos de mi red
a cuantos amonesta la quietud
de eterna vida, de inmortal salud.
Cuarenta mil infieles su piedad
ha convertido de la estrecha red
de mi Argel con divina autoridad
pecadores cien mil, dio a la merced
de la gracia, dejando en cualquier lid
burladas las astucias de mi ardid.
Dentro.
Por acá, hermanitos niños
que este camino va al bosque,
de los tropiezos se aparten.
Mas ya se escuchan las voces
de los que le siguen y
alguna cautela logre
mi avergonzado poder
de que todas se las borre.
Laura le busca inflamada
de aquel apetito torpe
que las palabras le doran
porque el respeto la esconde.
a Laura sigue Don Jaime
amante de sus rigores,
y de este
y a este Don Raimundo sigue
que su venganza dispone
siendo hasta aquí prevención
mía que los que socorre
la caridad de Vicente,
sustento alguno no logren
en los lugares que pasan
con que algunos desconformes
en su crédito desmayan,
Y su virtud desconozen
ea despreciado numen
que a las inmundas regiones
el poder te arrojó, desde
el mas puro de los orbes
prevenido de asechanzas
ármate de prevenciones
contra este, a quien en tu afrenta
el favor de Dios socorre
Y sea Raimundo el medio
de tus primeros blasones,
pues sus triunfos comúnmente
de las Iras se disponen
El llega, y pues mi aparente
forma humana me propone
Cultive en ella la rabia
de mis eternos rencores.
Sale D. Raimundo con un arcabuz mirando al paño
Apunta
baja el arcabuz
no se aparta de Vicente,
porque mi intento no logre
esta traidora Venganza
que abrasa mi pecho noble.
Tiraréle aunque también
mate a Vicente, mas que hombre
tan bárbaro habrá que incurra
en un delito tan torpe
= viva por quien le acompaña;
pero que siempre una logre
a mi iglesia.
Presente en halladas ocasiones.
Ahora es tiempo Don Raimundo,
Quien sois vos que con mi nombre
me llamais? que haberos visto
me parece, y no se donde
Un amigo que teneis
soy aunque le desconoce
vuestro olvido.
no concuerdan
mi memoria, y vuestro informe.
como de vuestra venganza
solo el cuidado os socorre
no me admira que olvidadas
tengais otras atenciones.
no se que os deba ninguna
Yo si.
Mi olvido perdone
vuestra cordura notando
que un discurso donde corren
desenfrenadas las Iras
desbocados los rigores
no da lugar facilmente
a que otro acuerdo le estorbe.
eso fue lo que yo os dije
pero para que se apoye
de mi amistad la Zerteza
en lo mismo que os propone
el discurso vengativo
a seruiros me conformo,
yo a Don Jaime matare
así su enojo provoque
mi enojo.
no soy de aquellos
que infamemente disponen
su venganza por ajena
mano, porque ajeno golpe
solo sirve de dejar
sin objeto los rencores, pues
pues muriendo en quien tomas las
mueren las satisfaciones.
Bien dispuesta está esta estatua.
Y es mi colera tan noble
o tan justa, o tan violenta
que mataran mis furores
a quien por mi me estoruara
que en el mi venganza logre.
Pues ya de que le mateis,
pues este partido escoje
v uest ro valor, os daré
ocasión.
Serán entonces
mi hacienda, mi vida, y mi alma
v uest ras.
Y para que cobre
de estas tres cosas la una
que sera la mas conforme
a mi amistad, que resguardo
me dareis.
Ninguno ignore
v uest ro deseo, que el que vos
propusiereis como logren
por vos ocasión mis Iras
mas decid de los tres dones
cual elegis.
Primero falta
que de quien soy os informe.
Seais quien fuereis no abra nada
que mi palabra derogue
como la v uest ra cumplais.
Mirad.
advertencias sobren.
Que soy.
Ya yo lo presumo
el horror de v uest ro nombre
escusad a mis oidos
junto con las persuasiones
cuando en el pecho me estan
quien sois publicando a voces, la
la fuerza de vuestro impulso
Pues el alma es la que escoje
mi codicia..
Vrá es.
como el rencor desahogue
por vos.
Y obligaros falta
yano mas, para que logre
yo el premio de vuestro triunpho
Como?
Por escrito.
Y donde?
que me da priesa el deseo
que no sufre dilaciones.
En Salamanca, pues ya
está tan cerca, y pues se oyen
los que estas campañas pueblan
subiendo del llano al monte
hareis la Escritura.
Y vos
lo que me facilitais, donde
lo ejecutaréis?
también
en Salamanca.
Pasiones,
ya se acerca vuestro alivio.
Para que nada os estorve
partid que yo dispondre
que presto el camino tome
Don Jaime, siguiendo a Laura.
Sale Alpargata de camino con alforjas, y un palo en la mano.
Gracias al Señor Garrote
que soy mis pies, y mis manos.
Vaese.
vamos, violentos rencores
de mis iras a lograros
aunque~ atanta costa os logre.
Ya este A lo menos librarse
no podra de mis prisiones
veamos como Vicente
estos firmes grillos rompe,
mas no se pierdan de vista
mis alentados temores,
que aunque seguro le tengo
es brazo de Dios este hombre.
(Sale Garrilla de la misma forma)
Hermano Alpargata?
Hermano,
quien ocupar nuestros nombres
pudiera porque corriere
como en los lagares corre
pisada con alpargatas
la garrilla, o, el aloque,
o, el blanquillo, respetado
por licor de los licores.
Braua sed hace.
Y braua hambre.
este ventecillo norte
difiere mucho.
capon
es de su ejercicio, porque
no tiene que hacer, sino
digerir los corazones;
Ya llega el Padre Vicente.
(Salen S. Vicente y los demas viandantes que puedan todos de camino.)
La aspereza de este monte
me ha fatigado; que débil
es esta porcion indocil
del cuerpo; pero en vencerla
esta el premio.
Si no come,
ni bebe, no ha de ser débil
dele el Padre con que engorde,
y vera.
Siempre le oygo
groseras proposiciones
De la Palabra de Dios
mas que de alimento el hombre
vive.
Al Demonio dijeron,
alpargata, estas razones.
Yo, Padre, esta Teología
no
no entiendo que es contra el orden
de recibir beneficios,
y no es a la ley conforme
a un estómago vacante
tardarle las provisiones.
es gran Jurista de ortera.
Pues Bachiller in Vtro que
piensa que es sopa que mete
su cucharada, quien oye
que en replicas de comida
sepan hablar los gorriones.
Te desmedra?
El ambre
mal las flaquezas esconde.
Perdona Hermano Alpargatas.
Garrilla, Dios nos perdone,
pero Padre, donde vamos?
A Salamanca.
Pues note
que estamos en un desierto
y son mas de tres mil hombres
los que le siguen, y todos
muertos de hambre.
Si conformes
el Reino de Dios primero
buscan todos, nunca ignore
que les faltara el sustento
que los vienes que conoce
por felicidad el Mundo
quien busca los superiores
los tiene, mas no son vienes
que solo son aprehensiones
del bien, porque si ellos fueran
premios, de las perfecciones
no se dieran a los que
desmerecen los mayores
pues de modo se reparten
que dice la luz del orbe
Agustín que se corrieran
los cielos, de que los hombres
pensasen de que ellos los daban.
Padre, cuando no se come
no hay cosa que haga prouecho.
Entren los viandantes.
Ya su piedad desconoce
mi necesidad.
Ya
no es su caridad conforme
a la que todos creemos.
Debe de haber ocasiones
en que es Santo, y en que no.
Pues lo que no nos socorre
que se vaya solo el Padre.
Que desconfianza de hombres!
Dentro.
Alivie Padre vicente,
nuestra necesidad.
Oyen
tengan paciencia, hermanitos
y sino masquen terrones.
Aquí ha de haber una venta.
venta, Padre mío, donde?
Allí hay una fuente clara.
murmurarla.
Que la tome
en la boca un renegado.
O Señor! las aflicciones
desta gente que me sigue
reparad, pues sois la noble
infinita providencia
y por vuestra cuenta corre
su sustento; venta, hermanos,
ha de haber.
Questo Seignore,
yo he curado medio mundo,
y no he dejado rincones
de el, que no haya visitado
y no hay tal venta.
Si hay hombre, que
que venta en este paraje
haya visto.
en este monte
sin duda la hay.
Imposibles,
Padre Vicente, propone.
A Dios nada es imposible.
Cuando la venta se tope
que podra haber para tantos?
Su desconfianza es torpe.
Callen y entran / Chirimias
Ay Padre, Venta en campaña
ves si es verdad?
Bajarán entre 4. mu- chachos desde lo alto una venta que se ar- maxâ en el tablado donde abra mesa y lo que dijeren los versos
Aun se oponen
mis dudas.
no desconfíe.
ciego estâ, pues no conoce
que esta es Venta, y donacion
y todo junto, pues nos ponen
la mesa sin costar blanca.
eso lo dicen los postes
que en las Ventas son mas duros
que el ante; Vstedes perdonen
tanto monta, y buen provecho.
Póngalos, hermano, en orden
y a cada uno dê un bocado.
Solo hay uno; y en el pobre
pichel dos tragos de vino.
¿Y no hay más?
¿No hay más?
Pues volare
a ello alerta.
Yo el primero.
Que han de comer tres mil hombres
con esto? cosa extraña.
O, eterno poder inmóvil
â cuya voz se formaron
essos estrellados orbes,
esas cristalinas aguas y esas
esas diáfanas regiones
y en la esquiba tierra tantos
frutos, arboles, y flores
multiplicad el sustento
para que mas se acrisole
en mi el favor, y prosigan
estos la senda que corren;
ea repártanlo a todos.,,
en un plato un pedazo de pan, y en un Jarrillo poco vino, pone S. Vicente el solideo sobre la mesa i hechala vendicion
no entiendo reparticiones
Peguele.
Yo fui el dichoso.
llegando dos al plato y cada uno saca un pedazo de pan quedando muchos en el plato.
todos es razón que logren
la liberal providencia
Grande milagro es pues sobre
haber tomado los cinco
estâ el plato lleno.
a Alpargata
Tome,
y vayales dando a todos
que aunque es alimento pobre
quedaran bién satisfechos.
Veamos si el Jarro socorre
la sed.
Que hace?
vaciarle.
mas que veo?
Que.
llenóse otra vez.
tiene secreto,
como escritorio, ó, es doble.
ello mana.
fuente dulce.
Tome el ' el plato y conviden
a todos alivio den.
llena uno el Jarro y el otro el plato.
El Jarro tiene de molde
manantial es, guardarele
para algunas ocasiones.
Mucho estos milagros dudo.
Nunca los vi mayores.
vanse
Aquel duda, este se admira
ó, que vario es en los hombres
el dictamen, y es que juzgan
de el objeto que conocen
no aquello, que es, sino aquello
que forman sus opiniones.
Vase. Salen Alpargata y Garrilla
Todos comieron.
Y todos
han hecho ya las razones,
y dan las gracias al Padre.
Dios solo es quien los socorre
a el solo deben dar gracias.
Mi maña el barrillo esconde
bien lleno va, no le vea
Garrilla que es un guillote.
Y han quedado satisfechos?
Como si fueran capones,
y perdizes.
Vamos, hijos,
y el que tantas dudas pone
está satisfecho, hermano?
Yo Padre.
Pero olvidóse
mi solideo en la venta
por vida suya, que torne,
a ella, y le trayga
Ya voy.
Un trago conforta a un hombre
a cada quarto de legua
Vanse
Cortina, vuelven le todas las espaldas, desaparezese la venta quedando el solideo colgado de otra rama
Este lugar, no es adonde,
la venta estaba? ni un seña
de que la haya habido, errores
fueron mios, que aquí solo
se ven, peñascos, y robles
y de una rama pendiente
el bonete, porque note
que de Vicente, las obras
son los prodigios mayores.
Tomale
Vase
Andan todos
Quien guarda halla, buen refrán
si melo bebiera entonces,
no hubiesa para el camino.
Padre Vicente, perdone
mis rebeldes ignorancias
sus milagros reconoce,
mi desengaño el bonete
colgado le halle de un roble
que ni ay venta, ni la ha habido.
como no?
Dios lo dispone,
porque creyendo en mis obras
crean también en mis voces.
Vanse todos menos Alpargata, y el 2º
Que no hubo venta?
no la hubo.
vase
buscale
Mira lo que dices, hombre
mas si mi barrillo hubiese
sido fingido? acabose
no parece, no está aquí
que pude beverme entonces
el vino, soy un jumento
forzado en lo mismo, porque
no se han de andar a milagros
en todas las ocasiones.
Vase Y sale el Demº con un papel en la mano, vestido de estudiante, y otros dos.
firmo Raimundo cruel
consigo airado, y atento
con su enojo este instrumento.
que me dio posesion de el.
Yo busco en este biaxe
como desacreditar
a este varon singular,
que nacio para mi ultraxe.
De siete leguas su voz
dicen que se oye.
es mentira
ojalá, y fuera suya
de mi mal menos atroz.
Yole ohi al Padre Vicente
un Sermon.
es muy grande hombre.
Serà, pero es bien que asombre
que siendo tan eloquente
y tan docto como dicen,
se alabe así propio, el sabio
nunca ha de mouer el labio
en su favor.
contradizen
sus Obras esa alabanza
porque hace grandes portentos.
Pero son vanos intentos,
querer persuadir que alcanza
a saber que el Ángel es
que ensu apocalipsi Juan
dice.
Que no alcanzaràn
losque son Santos.
No ves
que hombre, y Ángel es unión
jmposible.
no es Zerteza
hombre es por naturaleza,
y en la significacion
Ángel, que bien se interpreta
por su oficio, y no se asombre
que el Baptista es también hombre,
y Ángel le llama el Profeta.
Pese a mí que arraygada
su fe està en los corazones
que no logren mis pasiones
contra este hombre fruto en nada.
pues sino me engaño veo
de donde poder sacar
un alivio a mi pesar,
y una
que otra duda, a mi trofeo
y así ha de ser, pues el viene
con un engaño provemos
porque nos desengañemos
de sus virtudes, si tiene
este don de profecía.
Y como nos saldrá cierto?
Como? fingiéndote muerto
Cesará nuestra porfía,
porque tu le has de pedir
limosna para enterrar
un muerto, y si quiere dar
limosna, se ha de inferir
que es cuanto publica incierto,
pues que la verdad ignora.
Bien pues hazte muerto ahora.
Veis aquí hecho al vivo un muerto.
Ponese como difunto, / y salen S. Vicente / Alpargata y Garrilla
Que sea, Padre, tan largo
en los sermones?
Se queja,
que los duerme la mitad.
eso es que tengo en la Iglesia
natural sosiego.
ò, como
a nuestra naturaleza
le es pesada la virtud!
Pues tan notoria es la piedad
dad para enterrar aun pobre
estudiante.
ò, pension cierta
del vivir, nose mortales
que locura sea tanta
deseando vida larga,
y no deseando la buena.
donde está el difunto?
Allí.
Muerto está.
Llega y hechale la / vendicion
Lindo Profeta
Cogedlo.
(Vase)
Un fraile no puede
dar oro, plata, ni hacienda
pida a Dios, y no dude
que falte quien le de tierra.
Si vsted quissera un milagro
y empeñarle, sepudiera
hacer algo, que aunque pobres
loado Dios, ay estas prendas.
Pues el tiene parte enellos?
Claro està.
Si alguna deja
algun faldillo le coxe.
(Vanse)
Y eso es loque seme pega.
Yate puedes levantar
buen desengaño nos deja.
no puede tal.
Aque aguardas?
mas que es loque ven mis penas
amigo, muerto es sin duda.
(Vase)
Pues que seha de hacer paciencia,
y enterrarle mientras yo
aque efecto aprisa tenga
voy lamuerte de Don Jaime
porque aun mismo tiempo sean
mias delos dos las almas.
Que haré endesdicha tan cierta
alos tres nos castigô
la desconfianza necia
dela virtud deeste Santo,
pero asupiedad apela
mi angustia, Padre Vicente
Padre mío, porla Reyna
delos Ángeles que me oiga.
Sale S. Viz.
Que es loque quieres.
Que tenga
lástima
lástima a una desdicha.
este infeliz.
hechale la vendicion y leuantase el estu / diante.
no refiera
lo que sé, pues fue castigo
de Dios esse a sus heregias
mas, porque no se presuma
pasión en mi, haré que vuelva
a esse cadauer el alma.
Padre, y el perdon merezca
de mi culpa.
Un Tiro Dentro I Salen Alpargata y Garrilla
vive en paz
ô, condicion desatenta
de los hombres, que el reparo
no temple vuestra fiereza
si la verdad os predico
porque la dudais? y fiera
inculta no domestica
al alago la soberuia?
si publico en mis sermones,
que en mi espíritu ay las señas
daquel Ángel que descriue
San Juan que clama en su tema
Temed â Dios, porque el Juicio
de su Justicia se azerca
porque no lo creeis? yo soy
el Ángel que aquellas mismas
voces os da.
Dentro
Muere, aleue.
Dentro
Muerto soy.
Que voz es esta?
Que ha de ser
que queda muerto
entro Don Jaime Torrellas.
trayganmele aquí.
Que dice?
pues dígame, en que comedia
el gracioso es meter muertos?
esto es sacarlos.
Si es fuerza
entremos por el.
(Vanse)
Creereis
si lo que os digo confiesa
un muerto que soy quien digo?
(Salen los que pudieren
y sacan Alpargata
y Garrilla a Don Jay-
me muerto, y
ponenle en medio
del tablado)
Garrilla, que me derrienga.
lo que lo siente.
no quiere
que lo sienta si me pesa.
Pues la verdad que os publico
atended ahora si es cierta.
Tu que yazes entregado
al olvido ami voz vuelva
tu espíritu ati, y publique
si el Ángel soy que celebra
San Juan en su Apocalipsi.
(Hechale la vendi-
cion y incorpora-
se Don Jaime)
Tus obras la manifiestan
Tu eres el Ángel que clama
sobre Pueblos, sobre lenguas
sobre Tribus diferentes
de Dios la Justicia inmensa.
(Al boluerse a caer)
no te vuelvas a la muerte
que otros meritos te esperan.
bacas
Por ti viuo. +
Gran Portento!
(chirimias y eleuase el
santo vaxa sobre
el una guirnalda de
Ángeles y transfor-
mase en Sera-
fin.
Chirimias)
Para que todos lo crean
diga Vicente su forma
lo que se duda en su lengua
Tened atención, mortales.
Que transformacion es esta?
ó, Soberano Monarcha!
de las lumbres, que Zentella
nueua de tu amor me inflama,
Señor, Señor.
se levanta.
¡Gran prodigio!
como vergel de luzes bellas
se figura.
¡raro asombro!
Llevemos estas dos nuevas
vacas
Vamos.
Seguidme, creyendo
lo que Dios os amonesta
por mi, sin dudar que el Juicio
de su Justicia se acerca.
(Vase el S. y tocan Chirimías y vanse menos D Jaime)
Que es esto, cielos, después
que tropeze en las tinieblas
de la muerte, como cruel,
en mi caduca violencia
del amor, y como osado
aprisiona mis potencias
como vive Laura en mi,
mas será porque se estrecha
tanto el amor con las almas
que nada los diferencia,
y el claro conocimiento
de las verdades eternas,
mis pasiones mortifica
la venganza no me acuerda
al que ya me dió la muerte,
y el amor solo atropella
mi discurso, ô, poderosa
segunda naturaleza
de la vida, que a no ser
gustosa, fuera violencia.
Vaya bien, amor cumplamos
contigo, y con la modesta
ley que decente has de ser
y es decente el que nivela
conveniencias de la dama
con sus mismas conveniencias.
Si a Laura segui indiscreto
sin
En luz encendido
hermoso Querubin
a Vicente transforma
el grandior de Adonay
Escuchad, atended,
mirad, oíd,
que en su fuego amoroso
fenix ha de vivir,
Sobre pueblos estraños
tu acento varonil
hablando varias lenguas
diran todos de ti.
y que el ángel Santo
que vio Juan de gentio
transformado se admire
un hombre en serafín.
Escuchad, atended,
mirad, etc.
sin mirar su amor, ya intentan
diferente fin mis ansias,
y cortes amante en ellas
he de procurar que logren
mas casta unión mis finezas.
Sale Don Raimundo, Essingendole que viva;
pero que miro?
Que intentas?
esto me preguntas, cuando
aunque mil vidas te diera
Vicente te las quitara.
Antes que el herror emprendas
escúchame.
Hablen las iras.
oye que tiempo nos queda.
Di.
lo primero te advierto
que esta satisfacción cuerda,
que te doy no es covardia,
y no te sabra experiencia
de mi valor, mas no quiero
al cielo hacer mas ofensas,
maté a tu Padre, fue dicha
ser mi espada la primera,
si fue agravio te vengaste
pues lo que en su recompensa
me diste la muerte, con que
ya este duelo en los dos cesa.
yo no soy yo.
hexes
y porque no te parezca
que no ay razón en mi enojo
te respondo el duelo cesa
cuando ha cesado el agravio
esta borra la sangrienta
muerte detu causa, pues
mientras ella vive, queda
vivo el agravio también
pues no hay razón que convenga
a que, viviendo las causas
estén muertas mis ofensas.
Y así aunque te di la muerte
siendo de la causa della,
viéndote vivo, es forzoso,
que a darte la muerte vuelva.
Pues si borrarte el agravio
con mi sangre que se queda
que hacer?
Matarte otra vez.
Si dos los motivos fueran
aun pudieras replicarme
mas siendo uno, de ell entera
satisfacción dio lustra.
(Saca la espada)
Si todo el Mundo supiera
que te maté, y que después
resucitaste aun pudieras
convencerme, mas quedando
con la vida, siempre queda
ignorándose el milagro
mi satisfacción incierta,
y mi ofensa conocida.
Y así.
Mira.
no hay que deba
mirar, defiéndete, o, muere.
Solo para mi defensa
tomo las armas
Que es esto?
esto es defenderme.
Cesa
en tus rencores, si vasta
que por mi la vida tenga.
Que tanto Imperio tiene en mi
su voz, Padre, que me hiela el
el señor; pero le advierto
que siempre que a verle vuelva
vengo.
Perdone don Jaime,
que quedar solo quisiera
con Raimundo.
como nada
le negará quien confiesa
deberle, Padre, la vida.
A Dios, hijo, es esa deuda
que de todo lo que yo hago
es con su fe verdadera
por Dios, y con Dios, que yo
por mi solo nada hiciera;
vaya, y dele a Dios las gracias,
Jaime, de esa vida nueva
agradézcasela a Dios,
y muy bien se la agradezca,
que a no ser por su piedad;
pero mas tiempo nos queda
para hablar en esto, vaya.
(Vase)
Respóndale mi obediencia.
El respeto, que le tengo
a no seguirle me fuerza.
Deseo saber, Raimundo,
si es cristiano?
cosa es cierta,
que soy cristiano.
las obras
no lo dicen.
Si confiesa
mi fe, a Cristo, ellas no impiden
para que cristiano sea.
Que engañado vive, diga
quien de Cristo desespera
es cristiano?
no lo sé.
Lo que es hereje dijera,
que la desesperación,
la misericordia niega
o, niega que mereció
Cristo precio, con que pueda
satisfacer por las culpas.
Pues que Padre, en esto intenta
darme?
Que no es cristiano
el que salvarse no espera.
Pues yo ...
Si, el, pues firmò
la obligación torpe, y fea
de darle el alma al Demonio.
Sale el Demonio en su primero traje
Ya yo vengo por ella
sin mirar que estás aquí
porque no te desvanezcas,
Santo, como tú te llamas.
Todo mi esfuerzo flaquea
todo mi valor desmaya.
Defiéndase, y no le tema
que aquí estoy yo, y Dios conmigo.
No le valdrá su defensa.
Pon la demanda, y excusa
aunque no podrás soberbias
que luego verás si vale
que mi favor le defienda.
Cumplirme debes la tuya
pues yo cumplí mi promesa
no ay que alegar de tu parte,
que si yo no te pusiera
en parte ocasión, y tiempo
para que la muerte dieras
a Don Jaime, nunca tu
le mataras.
mal alegas
que si el fin fue la venganza
de mi agravio, y este queda
vivo, viviendo Don Jaime
ninguna razón esfuerza
el cumplimiento, faltando
los fines de la promesa.
Que después viva, ó no viva
su enemigo, no es esencia
para el pacto, y asi muerte
conseguiste, y siempre quedas,
obligado á darme el alma.
Déjeme á mi la respuesta;
respóndeme á mi si sabes,
revelada inteligencia.
Si sé, pues hay quien lo dude?
Solo dudo, que aunque ciencia
sé que tienes de Ángel, sé
que no puedes usar de ella.
Pues pregunta.
Ya pregunto:
nunca vale mi promesa
si de lo que yo prometo
no soy dueño?
es cosa cierta.
Pues ¿quién es del alma dueño?
¿el hombre o Dios?
Yo dijera
que Dios es dueño del alma
en lo que toca á la esencia
pero en la moralidad
como Dios al hombre deja
en manos de su consejo
puede esclava mía hacerla.
Pero de esa esclavitud
no puede la penitencia
sacar al hombre?
Si puede
mas queda el alma tan ciega
con el pecado, y tan torpe
el albedrío que apenas
dará un paso en su favor.
Si le diere?
esta es deuda
del influjo soberano
pues nunca de la miseria
saldrá el hombre sin su ayuda.
Pues ya convencido quedas
porque si tan entregado
al albedrío confiesas
que por sí tan poco puede
que no puede una obra buena
luego en cuanto a lo moral,
del alma es la dependencia
aun mas de Dios que del hombre
porque, si a la penitencia
le llama, ya todo es suyo.
esto es en las obras buenas
que en las malas no.
Pues quieres
cuando una porcion le dejas
sola al hombre, confesando
que es de Dios toda la esencia
del alma, y la mejor parte
en lo moral que te veda
las partes que son de Dios?
eso no; pero no queda
derecho, en su voluntad?
Pues para que no le tengas
entrégame la escritura
de Raimundo.
esta es violencia.
(Asele
violencia, o no, has de entregarla.
Quita, que más me atormentas
con su contacto; esta es
la escritura.
(Tómala y rásgala)
Pues por ella
le podrás pedir el alma.
Por más que en menudas piezas
la dividas, te harán mío
el rencor y la soberbia.
No tienes poder.
(Vase)
¿No tengo?
Tú verás cómo se venga
mi pesar de ti; que a Laura
voy a incitar de manera
que podrá ser que tropieces.
Pues libre Raymundo queda
del demonio, obre la suerte
que a ser su esclavo no vuelva.
Deje a don Jayme Castela.
(Vase y sale Laura)
Yo, padre, le hago promesa
por pagarle sus piedades
de no vengar mis ofensas.
Solo le he hallado, ea, amor,
tus nuevas ansias emprendan,
o la cumbre de las dichas
o el abismo de las penas.
No temas, no, el precipicio
del desprecio que recelas,
que son cobardes las ansias
que no arriesgan las finezas.
Vicente.
Laura, ¿qué busca?
Solo que me oiga y vea
mi pasión; que con oírme
sabré deponer las quejas
que me afligen; y repare
con cuán poco me contenta.
Hable en hora buena, Laura.
paso por no ser molesta
aquel principio que tuvo
mi amor en mi edad primera
paso el forzoso motivo
de mis amantes finezas;
y voy a que sin poder
templar esta pasión ciega
que es templarla a no poder
embarazarle a que crezca
abandonando sosiego,
honor, patria, gusto, hacienda
siguiendo mis desengaños
he peregrinado tierras,
distintas, regiones varias
sin que del sol la inclemencia,
la aspereza de los montes,
de los vientos la soberbia,
los rigores de la escarcha,
de las lluvias las molestias
hayan turbado mi aliento
ni templado mi fineza
no quiero que corresponda
a mi amor, pues sé que es fuerza
que no atienda a esta locura
de esa vida que profesa
solo quiero, y solo pido
que humanada la aspereza,
menos ceñudo el semblante,
mas afable la presencia
se deje ver y que llegue
a hablarle yo, sin que tema,
la desazón de su vista,
ni el desdén de su respuesta.
No, Laura, de mí no espere
nunca que afable la atienda
que es en el trato apacible peligrosa
peligrosa la belleza.
(Vuelve la espalda el Santo y sale el demonio)
Para que le obligue más,
importa aquí mi asistencia.
Pues has de oírme.
¿Qué haces?
(Tómale la mano)
Dar este alivio a mis penas.
¿Por qué a mi razón no atiendes?
Suelta, mujer, suelta, suelta,
que el demonio es quien te incita.
Sale Alparga
Oiga el diablo, y lo que enreda.
(Así el son se atropella)
¿Qué haré que me han visto? Pero
valdréme de la cautela:
¿por qué a mi razón no atiendes,
y bésame las manos; esa
así sin respeto se pierde?
¿Qué oyes, mujer? ¿Qué dices?
Puesto que tanto se queja
alguna cosa le duele.
(Quiere hablar y no puede)
Te digo, que, que, que.
Este prodigio no sea.
Habla.
(Vase el demonio)
Sí haré, yo, yo, yo.
Otro poco más aprieta,
y dinos ¿de cuándo acá
tienes pepita en la lengua?
Por tu alevosa intención
manda Dios que te posea
en castigo de la culpa.
Mira que te pones fea,
con esta muda ¿qué haces?
(Dale)
Mal ignorante lo piensas,
que no soy demonio mudo.
En mujer milagro fuera.
Sale Sarrillo
¿Qué es esto, Alpargata?
Esto es
haber otra diabla nueva
que era muda; pero ya habla
por la mano.
Laura bella.
¿Qué Laura, yo no soy Laura.
Llevad los dos a esa fiera.
Llevadla, ¿qué?
Es imposible
que se opongan a mi fuerza.
Yo sabré humillarte.
¿Cómo
puede ser, con mi soberbia?
(Échale la correa)
De este modo.
¡Ay infelice!
El cielo poder reserva
contra mí.
Ahora va lindo.
Cuidado con la correa
no ande el diablo suelto.
(Tiran los dos)
Vaya.
¿Que esto a mi furor suceda?
(Bacas)
Gracias a vos Soberana
Señora, piadosa Reina
de Ángeles, y hombres, que disteis
osadía a mi flaqueza
para vencer esta dura
lucha, porque es la belleza
desenfrenada un peligro
que no hay valor que la venza
por sí, mas con vos, Señora
no hay por quien nadie le tema.
(Entra apariencia la Niña y los dos Ángeles)
Que se alegran los cielos,
se alegran.
De que quede triunfante en la tierra,
la virtud poderosa, y que el hombre
los vicios venza.
Que se alegran.
¿Vicente?
¿Señora mía?
Vengo a verte, porque sepas
que de tus predicaciones
todos los cielos se alegran.
Y porque hoy quede vencido
el demonio a tu pureza,
siempre seré tu abogada;
otro peligro no temas,
pues no tendrás otro, y yo
seré la que te defienda
de todos, que tus virtudes
en tus favores me emplean,
tu predicación esparce
por el mundo.
(Vanse).
¡Ay, que se alegran!
Pura aurora.
(Vanse y se da fin a la 2ª jornada).
Cielo, tierra,
montes, mares, ríos, fuentes,
flores, plantas, frutos, hierbas,
ángeles, hombres y brutos,
alaben vuestra pureza.
Salen Alpargata vestido de lego dominico, y Sarrulla.
Aguarde, hermano Alpargata.
Voy de priesa.
Hermano, aguarde.
En vano es el llamamiento,
si porfía en hermanearme.
Pues, ¿por qué?
Porque no soy
hermano ya, que soy padre.
Dichoso el que mereció
ese hábito admirable
de lego.
Hermano Sarrulla,
merézcale, y no se ande
al espartillo de noche
ya me entiende.
No me ultraje
que ya estoy otro, y así
de fray Vicente me alcance
pues priva, dando con él
el hábito.
Disparate,
no es para ello, que está
aún muy asido a la carne,
y acá se come pescado;
él nació para tunante;
hermano Sarulla, siga
su camino, y Dios delante.
Mucho más latín sé yo
que el Padre.
Dirá romances.
Mas, ¿dónde va?
Fray Vicente
me mandó que le aguardase
en esta puerta del Real,
que es adonde ha de juntarse
la gente que su doctrina sigue.
En tanto que se hace
tiempo a que lleguen, quiero
que aquel cuento me contase
que sucedió al tabernero
con nuestro Padre.
Me place.
Pidió el tal a fray Vicente
que en un sermón exhortase
a que pagasen aquellos
que debían, pues de nadie
él podía cobrar blanca.
Preguntole nuestro Padre, pues
pues de qué os deben a vos,
hermano, esas cantidades?
respondió, Padre, de vino
(pues lo vendéis?) no es dudable,
dijo el tabernero, pues
para hacerse más probable
la razón, con que pedís
traedme luego, al instante
un jarrillo de ese vino.
Púsosele vigilante,
y nuestro Santo tendiendo
el escapulario, echadme
le dijo aquí otro vino.
replicó ha de mancharle
el hábito, que es clarete
el licor, no importa, echadle
dijo Vizente, y apenas
el aloja de danzantes
fue echando, cuando en el suelo
algo se vio del almagre;
pero en el hábito el agua
más pura que los cristales,
y enseñándosela, dijo:
hermano, no es disparate
si vendéis agua por vino
querer que ninguno os pague.
Santo escapulario, había
de durar eternidades
su virtud, porque a traición
con agua no nos matasen.
Sale Raymundo.
Hola Padre Alpargata.
Qué
se le ofrece?
Digo, Padre,
cuándo ha de partirse?
Luego.
que de predicar acabe
el sermón que haciendo queda.
¿Dónde encamina el viaje?
La parte no sé, pues quien
espera que lo restante
de la Europa, participe,
de su doctrina admirable;
adonde más conviniere,
aquella será la parte.
Incansable es su fervor.
Pues sesenta navidades
tiene nuestro santo ya,
y de treinta y tres cabales,
admiran su rostro, cuando
predicando está, notable
prodigio entre sus prodigios.
¿Sesenta años nuestro padre?
Sí, señor, que en las comedias,
por si otro lo reparare,
se embellece aquel que importa,
y así ninguno lo extrañe
ver el santo, hasta en canas,
y a otros viejos venerables
en sus mocedades.
Penitente, ha de seguirle,
mi fe.
Si ha de aprovecharse
de su ejemplo, hace muy bien;
mas no le he visto azotarse
al hermano;
¿Y él se azota?
También soy de carne y sangre
tanto, que para casarme,
mas a mi salvo, me suelo,
hermano, poner en carnes.
Sicut erat in principio.
Sal.
Y al seculorum el padre
jamás negó.
Tome azote,
de profundis, et clamabis.
Preciso es siga a Vicente;
pues no desiste don Jayme
de seguirle; cuando es fuerza
que con mis odios acabe:
pues la palabra que di
a Vicente de templarme,
cumplirla no puedo; pues
acordarme, no fue fácil,
con la turbación, de aquel
tan inopinado lance,
que a mi padre le había dado
la palabra de vengarle,
y él me la tomó, conque
fuerza es que a Vicente falte
pues en daño de tercero,
palabra no pude darle,
ni obligarme a que la cumpla;
y siendo el tercero, un padre,
que a la venganza me llama,
por más que obligado me halle
de fray Vicente, en aquella
deuda en que le estoy tan grande,
de haber cancelado, o roto,
la escritura vil, e infame,
y afrentosa, que otorgaron
mis ciegas temeridades,
con el demonio; mas dando
algún pretexto a don Jayme,
he de conseguir que él sea
quien motive nuevo lance
entre los dos; y así cumpla
con Vicente; y con mi padre
en vengarme; mas ya hallé
ocasión
ocasión, pues Laura sale,
y fingiendo que la adoro,
al duelo he de precisarle.
(Sale Laura e Inés)
Aguarda, espera, ¿qué extraño
furor es el que te trae
aquí de esta suerte?
Hermana,
¿qué me aflige?
del disparate
en que he dado de asistir
a muda tan intratable
que ni aun por señas se explica.
Tan enmudeció de remate
el Demonio.
No hizo poco,
pues el diablo aun no es bastante,
a hacer, si el grito levantan,
que las mujeres callen;
pero ¿qué la ha dado ahora?
Oyendo dentro al Padre
estábamos el sermón;
e incitada de un notable
furor, aquí se ha venido.
¡Y hay diablo tentante!
pues como San Pablo dice
repugnando ve llevarse
de lo mismo que aborrece
tal vez el hombre.
¿Qué? ¿el Padre
Alpargata ya predica?
Este hábito es quien lo hace
pues es de Predicadores
y algo había de pegarse.
Pero predica en desierto.
Si los oyentes son tales
como él, y que de Alcorcón
son los púlpitos, ¿qué sirve
freque-
= frecuentar.
(Ha estado hablando D. Raymundo con Laura.)
Hermosa Laura,
de mis pasiones amante,
si admites el sacrificio
sepa yo; que si explicarse
no puede amor, porque a veces,
= las voces suelen faltarle;
del idioma de los dos
= la retórica se vale.
Sale el Dem.o
Pues mi espíritu infernal
este cuerpo miserable
está afligiendo, de suerte,
que es quien llega a embarazarle
= que articular la voz pueda,
ahora que a mis sagaces
astucias importa tanto;
de su lengua se desaten
= las tenaces ligaduras,
y mi engaño sea quien hable
en Laura, porque Raymundo
dando ocasión a D. Jayme,
en este se avive el fuego
= que disimulado arde.
No me responden sus... ¡Ay!
merézcate más afable,
= este rendimiento mío.
(Llegará el Dem.o al oído de Laura, y ella como haciéndose fuerza habla.)
Raymundo,
rompa mi oprimida voz
de una vez la estrecha cárcel,
= en que prisionada estuvo.
Por si intento asegurarles,
= aunque es natural este efecto.
¿Qué es esto, Laura?
Ya balbuciente
la voz forma.
No te espantes;
que de mi pasión la fuerza,
es quien este efecto hace.
Pasión es, pues ¿de qué la tienes?
De aborrecimiento grande
que tengo a don Jaime; pues
es causa en mí de mis males:
y así, si le das la muerte,
acertado a satisfacer
mis ofensas, y las suyas;
agradecida, y constante,
premiar sabré mis finezas
en tus afectos tan amantes.
Cuando no fuera mi odio
quien me obligara a matarle,
a tu persuasión lo hiciera;
pero dime, ¿de qué nace
el suyo?
De, de...
¿Qué escucho?
¿otra vez a encarcelarse
volvió la voz en su pecho?
Me importa que seas quien hable
ya de solo.
Don Raymundo,
con Laura estás en amigable
conversación.
(Han estado hablando aparte Margarita, Saurilla y Inés)
Pues será
entretenida de parte
della.
Ya se va la gente
juntando, que a nuestro padre
ha de seguir.
De Vicente,
a que siga la admirable
doctrina, el fervor me obliga;
y aquella pasión constante,
que a Laura siempre he tenido,
pues confiado, en que halles
su...
su mal, remedio en Vicente,
no se apagan mis amantes
afectos.
Aparte
Logré mi intento;
pues allí viene don Jayme;
daré a sus celos materia;
bella Laura, a articularse,
vuelva la voz en tus labios;
pues si del odio, bastante
fue la fuerza, a hacer en ti,
que su pasión explicase;
la fuerza de amor, también,
puede moverse a que hables;
mi fe te adora rendida;
la tuya este afecto pague;
Como queriendo echar mano a la espada
¿Qué es lo que escucho? Raymundo,
a festejar arrogante
se atreve a Laura; sabiendo
mi afecto; cuando excusarme,
de tomar satisfacción
de la muerte que cobarde
me dio mi enemigo; quiera
por la obligación tan grande
en que a fray Vicente estoy
siendo; ya este el otro lance,
no es faltar, ni a la atención
ni al respeto que guardarle
debo; y así: mas ¿qué intento?
raras son las ceguedades
de una ira; Raymundo
no quiere a Laura; vengarse
es lo que quiere; buscando
ocasión, en que yo falte
a la obligación que tengo
a Vicente; pues faltarme
quiero, primero a mí mismo,
que
que a la fe del homenaje
que hizo mi obligación.
¡Oh, pena a mis infernales
iras! ¡Que Vicente logre
que llegue a sacrificarse
esta templanza en las iras
de su fe! mas no desmayen
mis astucias, que en Raymundo
ya se avivan mis volcanes.
Pues en la luz de tus dos
soles, mariposa amante,
arder, bella Laura mía;
deja que llegue a templarse,
en la nieve de tu mano,
este incendio que en mí arde.
Sale don Jayme, que ha estado siempre al paño, y se pone delante de Laura, y encarándose con Raymundo, hace demostración de ir a sacar la espada, al tiempo que Vicente sale con dos hombres y los dos se quedan suspensos.
Tolerar esta ofensa
fuera infamia; y así antes
le haré pedazos.
Logré
mi intento.
Hijos, no pase
ninguno de aquí.
¿Qué miro?
Vicente; y a reportarme
es fuerza.
¡Que esta ocasión
venga Vicente a quitarme!
¡Que malogre en mis ardides,
con asombros, este fraile
cuantos triunfos solicitan
mis astucias infernales!
en esta lid; no he de darme
a partido en mis rencores,
pues yo haré, que de don Jayme
venganza tome Raymundo;
que Laura, mis infernales
furias...
furias sienta, y que Vizente,
de una vez, muriendo acabe.
sirviendole havemos de ir.
Hijos, nadie me acompañe;
a la atención de mi Patria,
agradezco el hospedaje,
que ha hecho, a los que me siguen;
si, la palabra inefable
de Dios siguen; pues pasando
de tres mill (como se saue
las personas) la ciudad,
no solo ha llegado a darles,
el necesario alimento;
sino liveral, y afable,
a todos los ha vestido,
de su Penitente traje;
dense a Dios las gracias; pues
El premiará tantas piedades.
Permita que la ciudad,
media legua le acompañe;
que le dé este consuelo;
esto es querer enojarme,
no lo he de admitir; y assi
la vendicion los alcanze
de Dios, hijos, y la mia;
queden en paz.
Hecha mares
de lagrimas, a su Patria
deja.
El dolor es grande
en su ausencia.
Amados hijos,
no duden, que los raudales
caudalosos de mi fee,
Jamas en mi Patria falten.
pues aunque no lograrán,
por Juicios investigables,
Valencia, nunca mi cuerpo
milagroso ha de lograrme;
adiós, patria mía, adiós,
que para siempre se parte,
Vicente, a no verte más.
El cielo, padre, te guarde.
Él os asista a vosotros;
la gente pase adelante,
que ha de seguir mi doctrina.
Parece que nuestro padre
se ha enternecido.
Fue siempre
de su patria muy amante.
Aparte
Raymundo, don Jayme, mucho
me alegro veros parciales
y amigos; que la bondad
de Dios, llegó a revelarme
sus ciegos impulsos; quiero
caritativo ocultarles;
por no escusar que me sigan
penitentes; que aunque hace
en Raymundo, poco efecto
el ejemplo, ha de acabarse
presto el odio en él; a vista
del portento más notable:
¿y en fin que intentan seguirme?
Mi fe no espera dejarle
hasta morir.
Ni la mía;
mas es solo por vengarme.
Pues sigan los dos las huellas
de ese escuadrón admirable
de penitencia, que ya...
Yo los sigo.
En otro lance me vengaré.
Vase.
Ya mi enojo
se templó; pero si a darme
vuelve ocasión don Raymundo,
que me reporte no es fácil.
Vase.
Vamos, Laura.
Aguarde, hermana,
pues llegó el cielo a coartarme
por arcanos juicios suyos,
que en tanto que la insaciable
llama de amor dura en Laura,
los espíritus no mande
infernales, que afligiendo
su cuerpo están miserable,
que de atormentarla dejen;
hacer solicito examen,
si aún en su obstinado pecho,
aquel torpe afecto arde.
Laura, llegue aquí.
Que llegue,
ya como una onza parte.
Deténgase; ¿será posible,
presto con tus perspicaces
conjeturas, a inquirir
mis obras te anticipaste?
Mas no te valdrán; que en nombre
de Dios, por solo un instante,
te mando, que dejes libre
este cuerpo, sin que embargues
el movimiento a su lengua,
y que por sí sola hable,
sin que articular por ti
llegue la voz; como infame,
que también supe tu astucia,
la obligaste, a que hablase
para engañar a Raymundo:
¿Quién la hará, padre, que calle,
si una vez a hablar empieza?
¿No obedeces, indomable
fiera?
Sí, ya te obedezco.
Laura, pues libre quedaste
de la opresión que tenías,
habla, y dime por qué haces
esclavo a tu entendimiento
de tu voluntad; ¿no sabes
que es la potencia más noble
del alma, que esta es la parte
más principal, de que vemos
a Dios, pues que su inefable
bondad nos da a conocer?
¿Por qué quieres sujetarle,
siendo superior, a que
la voluntad le mande?
Cautivo está mi albedrío,
y en él, no tiene, padre,
jurisdicción la razón,
pues de la pasión guiarse
deja a su violencia, como
a imán al yerro atraerse;
la luz del sol, a la flor,
que en algo es ese semejante,
y como mi amor del mismo
también deja arrebatarse;
pues es el móvil primero
de mis afectos amantes.
Calle, calle, no prosigas,
pues tus torpes ceguedades
son causa, de que el común
enemigo a apoderarse
vuelva de este cuerpo; haciendo
que se aprisione en la cárcel
del pecho suyo; porque
formar
formar nada pueda.
Padre
vi, vi.
La voz perdió,
pues en muda está.
Al instante
lleve, hermana Inés, a Laura,
porque en compañía pare
de las mujeres que siguen
mi doctrina.
Ya voy, Padre.
(Vanse)
Vamos; Divino Señor
para que en Laura apagarse
esta tenaz llama pueda,
vuestros auxilios alcance.
Sale Demonio
Quien en mi engaño viere,
tantas transformaciones,
tantos ardides, como astuto intento,
y inútiles supiere
salen mis intenciones,
no culpará remiso mi ardimiento;
si advierte que en mi aliento,
valor es intentarlas,
ya que no pueda mi furor lograrlas:
pues opuesto a mi furia
el cielo soberano
me embaraza que triunfe de Vicente
contra mí tanta injuria,
y con el ser humano.
Mas no por eso mi furor ardiente
cederá, que impaciente
a manos espera
de unos herejes que en sus triunfos muera.
Muera, pues me ha usurpado
tantas almas que mías
las juzgaba ya el Reino pavoroso
pues en el del finado las
las torpes herejías
desterró con blasón tan prodigioso,
que un valle venturoso
llegó el nombre a mudalle,
llamándole Caspe, ya puro valle;
cuya afrenta sintiendo
muchos, que convencidos,
no quedan en sus dogmas pertinaces,
le han venido siguiendo,
de mi saña incitados,
a darle muerte en rencor tenaces;
por lo cual, mis sagaces
astucias han tomado
el traje con que vengo disfrazado,
y con la voz que inflama
mi furor he venido
contra su fe, y doctrina predicando,
por quitarle la fama
y opinión que ha adquirido
con un prodigio, y otro que va obrando.
Mas mi ardid vano es, cuando
logro que me siguieran
solo estos hombres que matarle esperan;
mas ya los cómplices venero
de la venganza que espero
tomar en Vicente.
Salen dos Hombres
Ya
el sermón que estaba haciendo
acabó; y aquí encamina
los pasos, que alojamiento
suyo es esta casa, y a ella
le trae a comer su dueño.
Pues muera; amigos, acabe
este hipócrita embustero;
que con su falsa doctrina,
varios dogmas verdaderos,
está
está previniendo.
Lastimar,
no cabe dentro del pecho;
morirá a mis furores.
Ya él está aquí.
Pues resueltos,
le acometamos.
Salen San Vicente, Huésped y Alpargata.
Perdones,
Padre, si en su tratamiento
las obras no se igualaren
al fervor de mis deseos.
Que es suplirle, eso será
como comiéremos.
Creo
que no falte.
Calle, hermano;
yo con cualquier cosa quedo
satisfecho; a la ciudad,
la caridad agradezco,
que ostenta, con los que siguen
la palabra de Dios; siendo
santos.
De comer a todos,
en las casas del Acuerdo,
inmediatas a estas mías,
que se les sirva ha dispuesto.
No les faltará vajilla,
que con ellos está; siendo
sobrestante de la obra.
¿No llegáis? Ahora el esfuerzo
os falta?
¿Qué es faltar? Vos
retiraos; que no queremos
arriesgar vuestra persona,
cuando sois nuestro Maestro.
¡Oh, si ahora le dejara,
dándole Dios un momento;
a este
a este hombre.
no os vais?
sí,
ya me voy;
Ahora es tiempo;
muera el sacrílego infame,
que pervierte nuestros ciertos
dogmas, con falsas doctrinas;
Sacan las dagas para darle, y el huésped va a sacar la espada y el santo le detiene, y echándoles la señal de la cruz, se quedan con los brazos levantados y las dagas en las manos.
Qué hacéis, traidores?
Ah perros!
pues las ganas de comer
nos queréis quitar?
Teneos,
que defendido estoy yo
con el escudo supremo
de la señal de la cruz.
Reniego de mí; qué es esto
en el propio impulso airado
se me heló el brazo.
en el mismo
amago de mi furor
se me quedó el brazo yerto.
Sotas de bastos parecen
los dos.
extraño portento!
como bárbaros herejes,
de vuestros errores ciegos,
no os convencéis a la clara
luz del sagrado evangelio;
con que reduciros quise;
asegurando os por cierto
que son las almas capaces
de castigos, y de premios;
cuando vosotros queréis
fundados en vuestros yerros,
que solo sea capaz
de gloria el alma; diciendo,
que
que es de substancia divina
hecha; y es error protervo,
y no entender la Escritura;
pues aunque nos dice el texto,
que formando Dios al hombre,
de aquel barro damasceno,
respiró su aliento en él;
este purísimo aliento,
no fue substancia divina,
sino en don de gracia lleno,
que al alma la participa
ser semejante a Dios; pero
pierde aquella semejanza
si pierde la gracia; luego
es capaz de infierno, y gloria.
No hay infierno, que ese es hierro.
Como no, que aun en la plaza
de Madrid hay hoy infierno.
Mirad, que vuestros errores,
fueran dignos de un incendio,
a no impetrar los auxilios
de Dios, mis humildes ruegos,
para que no os condenéis;
confesad pues los misterios
sacrosantos de la fe;
mirad que hay castigo eterno,
para las almas.
Es falso.
Protestando moriremos
que solo de gloria es
capaz el alma.
Estáis ciegos,
y pues tenaz vuestra culpa
dignos, os hace del fuego
material; el del amor
de Dios os abrase; siendo
quien su auxilio envíe, para
que confeséis sus misterios.
¡Ay, felices de nosotros,
pues este amoroso incendio,
es llama que nos alumbra,
a que la fe confesemos
de Dios; a su gran piedad,
en nuestra culpa apelemos.
Por otros escotillones, subiendo llamas, se esconden, y suben dos montones de ceniza.
Extraño asombro; pavesas
son ya del ardiente incendio.
Miércoles son de cenizas,
pues dos montones se han hecho.
Dichosos ellos, pues ya
están gozando del cielo,
porque el dolor de sus culpas
les dio tal merecimiento.
Como es dominico el padre,
auto general ha hecho;
mas a comer, padre, vamos
si ellos a cenar se fueron
con Dios.
Vase.
Yo voy, padre Vicente,
a mandar que saquen luego
la comida.
Sea en buen hora.
Santa palabra, en el cielo
está gozando de Dios:
¡qué brava el hambre que tengo!
Hermano Alpargata, solo
me deje aquí; que me siento
de un accidente asaltado
de repente.
Hola, ¿tenemos
esto? A comer venga, padre,
que verá cómo está bueno,
mire.
mire que es flaqueza.
Hermano,
déjeme solo.
(Vase)
Obedezco:
a probar a la cocina
voy, en forma de argumento,
cuando hubiere qué comer,
entre dando que comemos.
(Música)
De un accidente al rigor,
mi Dios, he quedado en calma,
presagios avisa al alma
el impensado dolor.
Siento morir; Señor,
haceros cargo pretendo
de que fallezco sintiendo,
no ver acabada ya
la ardiente cisma, que está
vuestra Iglesia padeciendo.
Que apagada la vería
palabra me disteis vos;
faltar a ella, siendo Dios
no podéis; y en la agonía
última la pena mía
se llega, Señor, a ver;
vos mirad cómo ha de ser
porque yo no he de morir
sin primero conseguir
que ella llegue a fenecer.
Y tengo de predicar
que nieguen a Benedicto
la obediencia por preciso
en no querer renunciar
la tiara, pues a dar
que renunciación hiciera
al concilio, feneciera
la cisma, grande es mi fe.
Bacas
Cometa y chirimías
Bacas
morir no puedo hasta que
cese esta cisma severa.
Pero, ¿qué admiran los dos?
A la luz del sol más claro,
diáfano se ha hecho este rudo
edificio; pues notando,
en esta esfera celeste,
es hoy un luciente astro,
en la forma de cometa,
hace venda de sus rayos.
Y no siempre estas señales,
presagios nos anunciaron,
cuando el hombre busca a Dios,
en sus temores humanos;
y así, no hay duda, que en él
venís, Señor soberano.
Hase de haber visto la cola del cometa y llegando a verse la cabeza que vendrá hecha lomo en forma de una estrella se abrirá y dentro estará el niño que hace a Cristo.
Con su resplandor, Vicente,
te vengo pronosticando
la serenidad dichosa
de mi Iglesia, pues negando
la obediencia a Benedicto
décimo tercero, cuantos
reyes la Europa gobiernan,
el concilio congregado
elegirá por pastor
del católico rebaño
muy presto a Martino Quinto,
y después de algunos años
en Bretaña morirás
donde has de ser venerado;
y ahora del accidente
cobra la salud, quedando
capaz para predicar,
porque el fruto sazonado
de tu doctrina se logre,
de que yo tanto me agrado.
Encúbrese la apariencia
Aguarda, espera;
Iris de paz soberano,
no te ausentes.
Sale de paño
Padre mío,
¿es hora de que comamos?
Haga traer la vianda.
De su mal, ¿ya estará sano?
Que Dios es salud, es cierto.
Que su piedad me la ha dado:
no se morirá en sus días,
si tiene tan acertado
médico, Padre.
Sale el Demonio
Por más
baldones, por más agravios
que el cielo ejecute en mí;
no he de dejar obstinado
de perseguir a Vicente;
y así la vista engañando
de cuantos me ven, la forma
he tomado de un hermano
del que hospeda a mi enemigo;
pues con mi cautela aguardo
desvanecer a este hombre,
con los comunes aplausos
de su vida; siéntese,
Padre, a comer entre tanto
que con la vianda sale
mi hermano.
Ya estoy sentado.
Córrase una cortina y aparecerá una mesa, donde se sienta el Santo.
¿Cómo va de vanidad,
Padre Vicente?
Va y viene,
pero nunca se detiene;
por la divina bondad.
Vuestra Paternidad
diga: ¿no le desvanece
tanto aplauso que encarece
sus...
¿Tus milagros?
A mí no;
Dios los obra, que no yo;
él los aplausos merece.
¿Que es Santo no dice?
Sí;
santo soy, eso es verdad.
¿Luego esta tal es vanidad,
cuando lo confiesa aquí?
No es vanidad esta en mí.
¿Pues? aunque no contradigo,
que tengas, el que es tan amigo
de Dios, esa vanagloria.
Aparte
Virtud; cuando es para gloria
de Dios, lo que de mí digo.
Ya te he conocido, monstruo
infernal; mas de este engaño
por desentendido quiero
darme; hasta que de este estrago,
veas que no logras nada:
pues si tu saña ha incitado
el frenético furor
de la mujer, de quien falso
te finges hermano tú,
quedarás avergonzado.
Si en Dios es correlativa
la virtud de obrar milagros,
y esa virtud tiene, Padre,
creer puede, siendo tan Santo,
que es como Dios.
No soy yo
Demonio para pensarlo.
Sale el Huésped con un plato que trae de eso, como criado.
¿De dónde es bueno? ¿es de esta tierra?
Yo soy de Reino más alto.
Pues más parece que es
de Caramanchel de abajo.
Padre, ausencia pido que hagas,
vianda de este guisado;
pues sabiendo mi mujer
que solo come de un plato,
a lo mejor que había en casa
dije que está sazonado.
Come, que carne inocente,
y humana comes.
Hermano,
¿qué es lo que hace? ¿carne humana
me da a comer?
¿Qué he escuchado?
¿Qué dice usencia?
Que esta
carne es su sangre.
Turbado
estoy, aun sin entenderle.
Su hijo, en este plato
me da a comer.
¡Ay de mí,
infelice! ¿a mi hijo amado?
Su hijo, sí.
¿Qué dice
padre? que medio muchacho,
me comí yo en probaduras.
Esto el frenesí ha causado
de su esposa.
En mi desgracia
otro remedio no hallo
que recurrir a la fe
con que hacéis santos milagros,
Padre, vos me habéis de dar
a mi hijo, vivo, y sano;
amigo grande de Dios
sé que sois, y en su sagrado
poder, no se da imposibles,
porque en nada es limitado:
pedídselo vos a Dios,
que él lo hará.
Sufro, envidiando
estoy; él hace, consigue
de Dios lo que me ha rogado:
los demás pedazos traiga
del cuerpecito.
Entrase el huésped y saca unos pedazos como de carne, y todos los ponga en el plato.
Criados,
estarán para bigote.
Aquí traigo los pedazos.
Jesús, hijo de María,
salud del género humano,
pues de nada al hombre hiciste
infundiéndole alma al barro,
haz, Señor, de ser sirva
la que a este cuerpo ha faltado
para honor y eterna gloria
de tu poder soberano;
y di, en el nombre del Padre,
Hijo y Espíritu Santo:
cobra vida, porque estés
tu nombre siempre alabando.
Por un escotillón se esconde el plato, y por otro sube un niño de edad de cuatro años.
Padre mío, ya estoy vivo,
Vicente vida me ha dado;
ríñale mucho a mi madre,
que porque estaba jugando
me mató.
Querido, vuelve
a mis cariñosos brazos.
Déjeme que, agradecido,
le bese los pies al Santo.
Nada le falta al chiquillo,
ni oreja, ni pie, ni brazo,
ni aun el pico, pues ya habla
más que veinte papagayos.
¿Te falta ya más que ver,
infernal monstruo tirano?
Sí me falta, pues aun vives
sin emplear mis estragos, en...
Ap.
en ti no pueden mis iras;
en cuantos acompañando
te vienen, se ha de vengar,
presto el furor de mi agravio;
pues incitado Raymundo,
de mi rencor obstinado,
me vengará, por tomar,
venganza de su contrario.
Basilisco ponzoñoso,
tus ardides son en vano;
huye para siempre, deja
de mi presencia.
Vase.
Ya lo hago;
pues ya que no te persiga
más, el Señor me ha mandado,
y aun después de muerto no pueda
entrar donde tú has estado:
no me consuma el fuego,
de mis furores.
Echando
va chispas, no dice, deja
de Caramanchel de abajo.
Dentro, voces.
¡Fuego, fuego!
Loco cantar,
este es.
¿Qué es esto, hermano?
Sale Sarmiento.
¡Oh, errada! chicharrones
están hechos todos, cuantos
penitentes le seguían;
pues la cara encapotados
llevaban, Padre, se están
a toda prisa quemando.
Dentro, voces.
¡Socórranos, señor Vicente!
¡Su fe, que nos abrasamos!
Pues soplen si se queman.
Ya os socorro, hijos amados,
tened confianza en Dios.
Fuese.
Asombros son todos cuantos
se ven en Vicente, pues
el incendio ya apagado
con la señal de la cruz.
A ver si se han chamuscado,
vamos, hermano Satulla.
Mi padre Alpargata vamos.
(Vanse y sale don Raymundo.)
En vano se conspira
de don Jaime a vengarse mi odio ciego,
pues creyendo mi ira
que por mí me vengara el voraz fuego,
que en Morella encendió mi furia ardiente,
está apagado milagrosamente.
Vicente es quien evita
mi venganza; y este odio puedo en vano
olvidar, que me incita
a vengarme; sin que esté en mi mano
vencer este rencor, que consumiendo
me está, cuando templarme más pretendo.
¿Qué haré, que si consulto
con la razón el medio de templarme
el modo dificulto,
pues de mi ira siento acá abrasarme
el corazón, y si vengarme quiero
hallar nuevo motivo desespero.
Pues don Jaime templado
en los celos de Laura está de suerte
que cuando más osado
ocasiones le doy, mi saña advierte
en su tibio valor, halla templanza,
que imposible se hace mi venganza.
¿Debo más a Vicente
que a quien el ser me dio? Que le prefiero
a mi padre imprudente.
Lo que ofrecí a mi padre es lo primero
y lo que él me encargó, mi enojo llama,
que en esto estriba mi opinión, y fama.
Muera
muera don Jaime, aunque falte
a la palabra que he dado
a Vicente; mas allí
veo a don Jaime; a mi airado
impulso acabe.
Va sacando la espada y San Vicente le sale al encuentro.
Raymundo,
espere.
Siempre embarazo,
ha de ser de mi venganza?
Sabe bien, Raymundo, cuánto
de su parte cuerdo ha hecho,
por templar el obstinado
rencor, que a vengarle fuerzan;
y que no ha estado en su mano:
pues a estarlo no faltara
por su sangre, y por su garbo,
a la deuda en que le tiene
una palabra empeñado.
Padre, de mi parte he hecho
cuanto he podido; obligado
a la deuda en que le estoy,
por perdonar el agravio,
de la muerte de mi padre
don Berenguer, y si falto
a la palabra que os doy
es por habérsela dado
antes a él de vengar
su muerte; que a su mandado
me lo dejó; ved ahora
si pueden de mi contrario
dejar de satisfacerse
mis osadías.
¡Qué engaño!
Sí pueden; mas dígame,
este odio que obstinado,
vive en su pecho, no dura,
porque
porque don Jayme dio airado
la muerte a su padre?
Sí;
y vengarla noble aguardo.
¿Antepusiera la vida
de su padre (ya en el caso
que dársela es imposible,
aunque mate a su contrario)
a su salvación?
No, padre;
pues aunque yo soy tan malo,
soy cristiano, y caballero,
y a su salvación (es llano,)
no antepusiera su vida.
Pues los vivos no bastamos,
a que perdone su ofensa,
los muertos han de lograrlo.
¿De qué manera?
Muy presto,
se lo dirá el mismo caso;
don Berenguer de Anglesola,
pues ya permisión se ha dado,
del Altísimo Señor,
del lugar, donde purgando
estás tus culpas; a este
te restituye; observando
lo que el cielo determinó.
Sale un difunto con un manto capitular y da la vuelta al tablado mientras habla.
Ya lo que él me ordena hago.
Mi padre es este, ¡asombro!
confieso que estoy turbado.
Hijo, Raymundo; perdona
a don Jayme tu contrario;
pues porque te persuadí,
de mi cólera incitado,
a que vengases mi muerte;
seis años hace que penando
estoy por solo esta culpa,
con haberla confesado;
perdónale, porque salga,
de los tormentos que paso;
que en haciéndolo así, espero
ir a gozar del descanso
eterno.
(Vase)
Yo le perdono,
y a sus pies arrodillado,
mi error confieso, Vicente.
Llegue Raymundo, a mis brazos,
y pídale a Dios perdón
de sus culpas; porque grado
le perdone.
Sí haré.
(Salen don Jayme, Laura, Inés, Alpargata y los que pudieren)
Aquí está Vicente; buscando,
padre, le venimos; pues
de ese accidente informados,
nos trae el cuidado.
No
le tengan, que no ha llegado
aún mi hora: a Raymundo,
dele a don Jayme la mano;
y sus amistades vuelvan,
a revalidar los brazos.
(Abrázanse)
Desde que os veo amigo soy.
Mucho en serlo vuestro gano.
Adónde está Laura?
Aquí
al mudillo está jugando:
en sus ferias, mas parece,
que ella juega al renegado:
Ya don Jayme ha de ser suya
Laura; pues enamorado,
mudo
Mudó ya el tiempo su afecto.
¿Cómo puede ser, estando
sujeta al mal que padece
Laura, mi esposa?
A mi cargo
está eso; monstruo fiero,
en nombre de Dios te mando
que este cuerpo dejes libre;
pues ya Dios me ha revelado
cesó en él la causa antigua
porque la afligió tu estrago:
déjala libre, ¿a qué aguardas?
Dispárase dentro un instrumento de fuego y cae Laura desmayada.
A mi pesar, ya lo hago,
dejando de mis furores señal.
¡Qué bravo astillazo
ha dado al salir!
Ya Inés
no cuidará más del diablo.
¡Jesús mil veces!
Don Jayme,
para que escrúpulo humano
en la honestidad de Laura
no quede, notorio te hago
que aquella ciega pasión
que el demonio habilitando
cebó siempre en tu pecho,
ya con el auxilio sacro
de Dios, faltó en ella, como
quedará desengañado;
y cómo en Raymundo fue
supuesto el amante halago
con que a Laura festejaba,
por dar motivo entre ambos
a nuevo empeño; ¿no es esto
así?
No puedo negarlo.
Levántate, Laura.
Ya
mi rendimiento, humillado,
está a sus pies; conociendo,
que debo a sus ruegos santos,
verme libre, del poder,
de nuestro común contrario.
Dele a Dios las gracias, que él
es causa, quien la ha librado;
mas dígame, ¿no se acuerda
del ciego afecto tirano,
que arrastraba su albedrío
desde sus primeros años?
¿Afecto? Yo de ninguno
me acuerdo, que haya triunfado,
de mi libertad exento.
(Dále la mano)
Jayme, ya está asegurado
de cualquier recelo; Laura,
dele a don Jayme la mano
de esposa; pues suya es;
que obedecer los mandatos
de los padres es debido.
Suya soy.
Ya se lograron
mis deseos.
Hijos míos,
ya abreviando se va el plazo
de mi vida; este accidente
por instantes agravando
se va en mí; ya en vano puedo
sustentar sobre sus flacos
cimientos, este viviente
edificio.
Padre amado,
dé licencia, que a su lecho
le llevemos.
Tierra
Es en vano;
tierra soy, tierra he de ser,
sobre ella morir aguardo.
Anímese, Padre; mire
que es sentimiento doblado
que en nuestra patria no muera.
Recuéstase San Vizente en el tablado
Dios tiene determinado
que en Bannes muera; mas ya
el corazón avisando
al alma está que la hora
llegó de apartarse entrambos.
Pero, Divino Señor,
ver cumplida solo aguardo
la promesa que me hizo
vuestro amor.
Cantan
Te Deum laudamus,
te Dominum confitemur.
Pero ¿qué sagrado canto
es este?
Papam habemus.
Sale Saxulla
La Iglesia toda está dando
gracias, pues Martino Quinto
es Pastor de su rebaño.
Bendito seas, Señor,
que ver esto me has dejado:
adiós, hijos, que yo muero;
quedad todos consolados,
que nunca os he de faltar,
aunque mortal hoy os falto:
adiós, rogaré por todos.
Ya sin habla se ha quedado;
¡ay, Padre del alma mía!
¡Qué dolor!
¡Qué gran quebranto!
¡Qué sentimiento!
¡Qué pena!
Pero este sitio poblándose
llena de celestes luces.
¡Qué maravilla!
¡Qué pasmo!
Volad, volad, volad,
venid, corred, llegad,
paraninfos claros,
a ver trono hermoso
del más puro astro.
Baja en una apariencia la Niña a llevarse el alma, y dos ángeles cantando.
Volad, pues la aurora baja
esparciendo puros rayos,
a que en sus manos espire
Vicente, el sol preclaro.
Volad, que de su candor
viene a ser archivo sacro
la que lo fue de Dios mismo
en su pureza encarnando.
Su alma a llevar, Vicente,
vengo a mi hijo sagrado.
En las suyas la encomiendo,
entregándola en sus manos.
Sube la apariencia con chirimías.
Ya expiró.
¡Qué gran ventura!
¡Qué felicidad!
¡Qué lauro!
pues alados serafines
su alma feliz llevaron.
Volad, volad, etc.
Porque tenga fin dichoso
el apóstol valenciano,
de cuya admirable vida
fueron los prodigios tantos,
que en diez comedias no pueden
escribirse sus milagros.
Fin.