digitanler Text von Desobliganr anmanndo | BITESO
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digitanler Text von Desobliganr anmanndo

Veröffentlichungsdatum: 22. August 2026

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Juann de lan Banrredan
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Comedian
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El texto procede de lan trannscripción anutomátican del mannuscrito conservando en lan Bibliotecan Nancionanl de Espanñan, signanturan MSS/14776.

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Desobligar amando. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/desobligar-amando.

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DESOBLIGAR AMANDO

Stanrt

Pang. 1

102

1

Autógrafa 3

Tít.

Desobligar amando.

Comedia original de D. Juan de Lavarreda.

Leg.º 15

6

118

Jornada primera

Pang. 2

Don Juan Osorio + El marqués Fabio + Don Alonso - +

Leonor, dama + Celia, dama + Laura, criada + Fenia, criada + Pierres, lacayo + Liseno, criado

Salen Don Juan, y Pierres, y Laura escondiéndolos.

La.

Andad, no os acierte a ver

don Alonso, mi señor.

D. Ju.

De mi fortuna el rigor

nunca templa su poder.

Lau.

Por aquí podéis entrar

en este escuro aposento.

D. J.

Mucho el esconderme siento.

Pi.

Y yo el que nos puedan hallar.

Éntrense, y salga Leonor por la otra puerta.

Leo.

Ea, cierra, Laura, la puerta,

no dé a la curiosidad

indicio la novedad

que al más dormido despierta.

Lau.

Previenes como prudente

que el trabajo desperdicia

quien no engaña la malicia

con la verdad aparente.

Pang. 3

Lau.

que en un bien no conocido,

la mayor satisfacción

es hacer la obligación

eterna el agradecello.

Leo.

Aunque tocaba a mi hermano

a este empeño el responder,

por mí quiero agradecer

lo que por su dicha gano.

Logro es conocido y llano,

señor, a quien sabe dar,

mas yo llegara a culpar

a quien da para rendir,

que es género de pedir

hacer bien por obligar.

Y así, mi hermano, señor,

aunque en serviros se emplea,

no intentando desea

granjearos para deudores.

Las finezas de su amor

no es bien que sirvan de historia

para que en vuestra memoria

acusen su vanidad,

que a la liberalidad

el dar le basta por gloria.

D. A.

A tan estrecha amistad

excuso agradecimientos,

que invician los cumplimientos

la más fina voluntad.

Pang. 4

D. A.

No ha menester la verdad

más crédito que su honor,

como al día el resplandor

que se muestra por resquicios,

no pueden faltar indicios

al fuego en que vive amor.

Sale Fenia, criada.

Feni.

Mi señor don Diego llama,

y por ti ha preguntado.

Fab.

Jamás sosiega el cuidado

divertido en lo que se ama.

Leo.

El padre, en fin, cuya llama

nunca desmaya, de amor.

Vase.

D. A.

Perdonará ese favor

mi mocedad mal sufrida,

que apura mucho la vida

el subsidio de un rigor.

Mas porque es tarde, y pretendo

con la obediencia cumplir,

y me quiero prevenir

para ir al marqués sirviendo,

quede en mi ausencia supliendo

las finezas tu cuidado,

que aunque no toca a tu estado

el divertir su pasión,

es decente compasión

la que da un enamorado.

Leo.

Divertí, señor, el justo

desvío, mas los rigores,

mas las penas por amor

son achaque de buen gusto.

Mucho admira que el disgusto

cause en vos tanta tristeza,

y del valor es flaqueza

que mostrar quiere el amor

con imperios del rigor

el poder de su grandeza.

Sale Celia y quédase a la puerta.

Cel.

Con Leonor está el marqués.

¡Oh, amor, y cuánto envidioso,

con sospechas mal nacidas,

castigas mis enojos!

Quiero escuchar lo que dice.

D. J.

Pierres, acércate un poco,

oiremos de este señor

los discursos amorosos.

Pier.

No quisiera que por ti

se vuelva evangelio corto

el refrán de su mal hay,

que en amor es peligroso.

Fab.

Desde el cabello hasta el pie

trae este asunto hermoso

a las deidades envidia,

a los humanos asombro.

Leo.

Mujer tan vana y tan cruel

parece al discurso impropio,

viendo que imprudente falta

de su opinión al decoro.

Pang. 5

Fab.

de la vanidad en ella,

por dar al triunfo despojos,

no quiere ser de sí propia

por poder ser más de todos.

No admito que la ofendáis,

ni que sea afrenta a mis ojos

venerar lo profanado

o adorar lo mentiroso.

Ventura fue, no favor,

descuido, no desahogo,

el que la suerte previno

para mi mal en su abono.

Era la estación del año

en que del ardiente Toro

vistió lucientes llamas

el escorpión venenoso,

cuando en Manzanares, cuando

surcan bajeles el Soto,

robando el Favonio en selvas,

rompiendo el cristal en golfos,

porque en floridos palacios

y en alcázares undosos

tal vez parezcan sirenas

los que de ninfas son coros.

Me hallé una tarde oprimido

de un pensamiento amoroso,

que por recién engendrado,

tuvo su ocaso en su aborto.

Aquí en verdes laberintos,

vacando triste y ocioso,

me fue empeñando lo espeso

de sus árboles frondosos,

hasta que enfrenó mis pasos

y corrigió mis ahogos

el dulce estruendo de un ángel

con festivos alborozos.

A que advertida la vista,

por entre los verdes olmos,

desengañó del recato

los escrúpulos medrosos,

admiré Leonor hermosa,

en un animado escollo,

a quien sirven de vidrieras

los cristales presurosos.

Que siendo hielo entre nieve,

con rayos haga el desdoro,

que si vence el agua al fuego,

aquí no sirvió de estorbo.

Mas fue que al sol se miraba

cuando, al dilatarse hermoso,

límite a su luz previene

el cristal unido al plomo.

Pang. 6

Fab.

Pues detenidos sus rayos

parece que por los poros

que penetra en las vidrieras

abrasa más caluroso.

Mas, ¿qué mucho, si aun él mismo

se retira vergonzoso

de ver que su luz no luce

adonde asisten sus ojos?

Y que el honesto clavel

a sus labios cauteloso

para salir de vergüenza

hace de púrpura robos.

A las perlas de su boca

el jazmín pide socorros

que se oscurece la nieve

si el ampo compite airoso.

El aura ruega a su aliento

que la admita, codicioso

de ser alma de las flores

la vida del favonio,

humilde afeando la rosa

del rosicler de su rostro,

salir por alba del día

a despertar sus pimpollos.

Todo su beldad retrata,

copia de su cielo es todo.

O se matice la selva

o se adorne el verde soto,

como cielo se venera;

quiere amor, por ser dichoso,

que en este imperio del mundo

tenga la gloria su trono.

Limitó un cendal la vista,

que aun pasara a más asombro,

si celoso o recatado

no impidiera lo curioso.

En fin, para admiración

de este paraíso hermoso,

árbol pareció vedado

brindando al gusto con pomos.

Huye ninfa de las aguas

a un coche, bajel redondo,

que por quitarle los remos

le dejó en calma el piloto,

corriendo sus cortinas.

Cielo fue en tanto que adorno

la restituye a humana

desengañando mis ojos.

Pang. 7

Fab.

Pues hasta allí venerada

parece que lo miedoso

del respeto, halló amor

en precipicios de antojos;

pues de su beldad rendido

salí de verla tan otro

que con quitarme la vida

por gloria la reconozco.

Con muda atención del sitio

me retiré poco a poco

por cortés, no escarmentado

de ser Acteón a sus ojos.

Mira si derecho adquiere

el verte para dichoso,

o si merece mi amor

premio por amarte solo,

que si no vivo de amante

o con finezas no logro

el premio de mi deseo,

acusaré de envidioso...

Cel.

Gracias a Dios que lo dijo.

Don Jua.

¡Oh, qué cansado y qué loco!

Que pinta lo enamorado,

que afecta lo cuidadoso.

Dicha fuera en tales tiempos

el hallarse un hombre sordo

que excusándose a sus males

no escuchara un enfadoso.

Pic.

De un tuerto dijo un buen gusto,

viendo a su dama con otro

que pasó por el lado

de que era de vista romo,

excusándole el no verla

de los empeños honrosos:

no fue, no, tener dicha,

dicha fue no tener ojo.

Cel.

De celos me estoy muriendo.

¡Oh ingrato! ¡Soberbio y loco!

Pues mis finezas desprecias

por lo que es favor dudoso,

yo corregiré mi amor.

Don Jua.

Recelando estoy el modo

con que le ha de responder,

porque si no es en mi abono

te juro que he de burlar

su pensamiento engañoso,

que han de volverse exequias

los que presumió por gozos.

Pang. 8

Leonor.

Vuestra señoría

consulta mal sus antojos,

pues no atiende inadvertido

de su nobleza, al decoro

de amigo, a la obligación;

y entre peligros que toco

a mi honor, que le aseguro

le parezca más que todo.

Si funda en verme el derecho

de su justicia glorioso,

podrá alegrarse en mis males,

tendrá su alivio en mi enojo,

y echará de ver que el verme

no es empeño tan forzoso

que le fíe a la esperanza

lo que al agrado le ignoro,

que a dejarme ver, es cierto

le disculpara quejoso

que las acciones del gusto

son en la tibieza oprobios.

Mas porque tarde parece,

Laura, avisa a don Alonso

que está esperando el marqués.

Laura.

Obedecerte dispongo.

Fabio.

Eso no, Laura, detente,

que será hacer sospechoso

con él mi amor, si importuno

su comodidad estorbo.

Leonor.

Pues seré yo quien le avise,

que es dejarme ver impropio

de quien da por un descuido

jurisdicción a sus ojos.

Levántanse de las sillas.

Fabio.

Rigurosa estáis conmigo.

Leonor.

No es rigor lo que es forzoso

a tantas obligaciones.

Fabio.

De enamorado estoy loco.

Leonor.

¡Qué mal se os echa de ver,

si los que quieren son cortos!

Más de señor que de amante

me parece vuestro modo.

Celio.

Salir me importa de presto

que viene mi primo, y pongo

en contienda mi opinión

si conoce mis enojos.

Sale Celia.

Celia.

Prima mía, de estas dichas

tantos favores supongo,

que es fuerza me alcance parte

Leonor.

Como parte, prima, y todos...

Pang. 9

Leonor.

que es el marqués tan cortés

y de amor tan generoso

que tendrá amor para todas

con ser tan dificultoso.

Fab.

Muchos favores me hacéis.

Cel.

Dícenme que sois curioso

y que retratáis en cera

con tanto primor al propio,

que aun la vida le mentís

en el retrato a los ojos,

pues se engañan los sentidos

creyendo que no está ocioso;

¿cómo no formáis en bronce?

que esto de cera no abono,

porque es materia tan frágil

que el fuego, el descuido, el polvo

pueden borrar un retrato,

y a mí me parece impropio

que la atención se malogre

de un hombre tan ingenioso,

que aunque estuvierais prevenido

de darle al cristal celoso

de que os le pinte más vivo,

o sirva el viril de antojos,

es malograr el trabajo,

no eternizar lo glorioso.

Fab.

Todo lo ha escuchado Celia;

mis pensamientos malogro.

Leo.

Celosa viene mi prima.

Lau.

Linda condición de novio

querer a todas.

Leo.

Mal dices,

no puede estar cuidadoso

hombre que reparte el gusto.

Lau.

¿Qué importa, si el que halla es poco?

Sale don Alonso.

Leo.

Disimular me conviene,

porque viene don Alonso.

Don Alonso.

Perdonad lo que he tardado,

y abone mi dilación

de un padre la obligación,

a quien asiste el cuidado.

Fab.

Cumplimientos excusad,

que entre amigos la llaneza

siempre es la mayor fineza

que muestra la voluntad.

Don Alonso.

Ya sabéis cuánto deseo,

Leonor, de mi padre el gusto,

y que obedecerle es justo.

Leo.

De tu cordura lo creo.

Pang. 10

Doña Ana.

¿Y qué le ocasiona enojos

el que ande desabrido?

Leonor.

Es el amor prevenido

como esa luz de sus ojos.

Doña Ana.

Hace aquesta prevención

porque esté Leonor querida,

para que yo entre advertida,

porque tirando al balcón

una piedra, abras la puerta,

no le ocasione el llamar

a que pueda dispertar

y halle la del patio abierta.

Leonor.

Esto es tenerle respeto,

ya que no serle obediente;

paréceme lo prudente

tan bien como lo discreto.

Aparte.

A Leonor.

Fabio.

Mi industria intenta dejar

a don Alonso ocupado

y con la seña que ha dado

volver a Leonor a hablar.

Pues solo podré mejor

con las lisonjas del ruego

ser Sinón que el dulce fuego

introduzca de mi amor.

Señora, ¿qué mandáis,

para que os sirva mi deseo?

Leonor.

Con tantos favores creo

que mi humildad empeñáis

a que se corra obligada

de ver que pagar no puede,

Fabio.

y es porque afrentada quede

de ver que no os sirvo en nada.

Adiós, Leonor.

Doña Ana.

Él te guarde.

Leonor.

En un descuido éste advierte.

Doña Ana.

Porque al ruido no despierte,

procura no venir tarde.

Leonor.

Vayan a Dios, que se han ido.

Laura.

Aun nos queda que esperar,

que Celia habrá de apuntar

algo de lo que ha entendido.

Celia.

¿Cómo el marqués te parece,

como los demás señores?

Leonor.

Buenos para dar favores

si hay quien su gusto apetece.

Celia.

¿No es muy galán y entendido?

Leonor.

No le miré con cuidado,

que en lo que gusto me ha dado

es solo en haberse ido.

Y así, porque esperando quedo

a mi hermano, y no es razón

que falte a la obligación

de mi padre por su miedo.

Pang. 11

Leonor.

Vete, prima, a entretener,

consiguiré, divertido

en tus gracias, que advertido

mi falta no pueda ver,

aguardarás, no te admires

de mi nueva pretensión,

a que llegue la ocasión

que a tu cuarto te retires.

Cel.

A agradarte es mi gusto.

Lio.

Dios te guarde, más que a mí.

Cel.

La esperanza aun no perdí,

pues le ha causado disgusto.

Vase.

Lio.

Laura, aunque así se ha ido,

síguela por si curiosa

escucha, que una celosa

es peor que un necio ofendido.

Encubrirle mi secreto

quisiera, si puede ser.

Lau.

Eso es saberlo entender

a lo honroso, amar discreto.

Y así va muy mesurada,

a ver si escuchas procura,

con hipócrita mesura,

vista disimulada.

Leo.

A Don Juan quiero avisar,

como puede ya salir,

que toda cosa es mentir.

Vase.

Lau.

como se llegue a lograr.

Lio.

Mira que te pueden ver.

D. Juan.

No seas amante tan tierno,

Pi.

disfraza más tus acciones

o disimula tus recelos.

D. Juan.

Esto a Leonor se lo debo,

por su honor y mis deseos,

que se malogran las dichas

en no siendo un hombre cuerdo.

D. Juan.

No sé por Dios lo que tengo,

que el corazón no me cabe

en los límites del pecho.

Pi.

Cansado me ha este marqués,

sin que lo jure lo creo,

que a mí también me ha enfadado

sin averme dado celos.

Sale Piorno, y quédase arrimado a la puerta don Juan.

Pi.

Deje aquí el ignorante

entre las sombras del olvido.

Pang. 12

Leonor.

¿Qué suspensión es aquésta,

señor don Juan, que el silencio

para atormentarme viva

os va bosquejando muerto?

No imitéis al que dormido

entre las sombras envuelto,

por correrle la cortina

la luz en su vista al sueño,

con querer que el sol le ilustre

parece que le está huyendo,

pues a sus ojos las manos

de nubes le previnieron.

Don Juan.

Despierto, señora, estoy,

aunque parece que duermo,

que no es mi mal tan piadoso

que me permita el sosiego.

No me ofenden ya las luces

ni excuso lo que advierto,

aunque para ver mejor

industrias busque el remedio.

Rigores son de mi suerte,

y aun dudara al padecerlos

que eran penas, si el dolor

no avisara al sentimiento.

Leonor.

Con penas, ¿que no ha un instante

que estabas de glorias lleno?

Para mudarse a miserias

les faltaba solo el tiempo.

Declárate más, don Juan,

que entre dudas que padezco,

ni de mi crédito vivo,

ni de mi desdicha muero.

Don Juan.

No sé, Leonor, cómo diga

que mi triste sentimiento

padece más de confuso

que de mis males opreso.

Pues del rigor oprimido

(aunque es mucho su tormento)

solo del vivir le ignoro

lo que al discurso le mido.

No suele en marcial campaña

o en ceñido sitio opuesto

dedicarse a la interpresa

de un escuadrón el esfuerzo,

que al embestir animoso

y al acometer ligero

por templarle la arrogancia

revientan minas de fuego,

a cuyo funesto error

quedando todos suspensos

Pang. 13

Don Juan.

entre las nubes del polvo

ni bien vivos, ni bien muertos.

Dudan si adelante pasen

a hacer sepulcros los senos

donde bosteza el volcán

que las industrias fingieron,

o si al retirar el paso

la tierra que voló al cielo

será tumba de sus vidas,

restituida del viento.

Pues así, Leonor hermosa,

en amor bizarro, o ciego,

que lo animoso en amor

es lo que falta de cuerdo.

Al cielo de tu hermosura

anime mi atrevimiento,

cuando por templar su ardor

revientan minas de celos.

Si miro a la estimación

de tantos merecimientos

como el amor te concede,

mis pensamientos condeno.

Si a la grandeza y poder

del marqués los ojos vuelvo,

temo ser del mar despojos

para segundo escarmiento.

Don Juan.

De modo que al ofenderme

del perderte los recelos,

ni de la muerte me valgo

ni del vivir me aprovecho

que entre los miedos cobardes

la estimación que te ofrezco

ni me consuela por vivo,

ni me desprecia por muerto.

Leonor.

Entre obligada y quejosa

duda mi conocimiento

si del amor es fineza

lo que es de mi honor desprecio,

que aunque al amor le acreditan

las desconfianzas que advierto,

no quiero yo que en mi agravio

te examines de discreto

que dudar de mi opinión

por apoyar un deseo

es intentar con las sombras

turbar del sol los reflejos;

y en una mujer amante

no parecen bien los medios,

porque ha de ser muy honrada

o ha de querer con extremo,

y así quien de mí juzgare

que sé lo que yo me debo

Pang. 14

Leonor.

conocen por quien soy

la fineza con que quiero

Mas porque espero a mi hermano

y será otro hacer su encuentro

vete por Dios no persuada

al peligro el desacuerdo

Don Juan.

Aun no a un instante Leonor

que a verme en tus ojos llego

y ya se cansan sus luces

de que me mire a su espejo

Esto puede ser amor

Leonor.

Si Don Juan y muy perfecto

Don Juan.

Como si el amor es sed

se satisface tan presto

Leonor.

No suele en la fiebre ardiente

engañarsele al enfermo

con el cristal a la vista

por quien anelo sediento

excusándole el que le arrima

a la ambicion del deseo

sin peligro de la vida

por un moderado aliento

Pues así bebe mi amor

a costa del sufrimiento

viviendo para beber

y por beber padeciendo

Leonor.

vete por Dios no seas causa

de que perdamos el vernos

Don Juan.

que en fin te he de obedecer

Leonor.

Si deseas mi contento

Don Juan.

Eso es dudar de mi amor

Leonor.

no dudo que solo temo

que ahogue el gusto en los dos

que pase avanzado el riesgo

Mira que vendrá mi hermano

Don Juan.

Causadores son sus miedos

dudas mias vencedlas

asta examinar mis celos

Vamos Pierres porque es tarde

Pierres.

acaba tus cumplimientos

que siempre el pie en el estribo

están los que somos siervos

Don Juan.

A Dios mi Leonor querida

Leonor.

Guarde te Don Juan el cielo

Don Juan.

Ay cuanto siento el dejarte

Vanse Pierres y Don Juan.

Leonor.

Y yo el que te vayas siento

Sediento muere al anhelar sediento

por el agua el enfermo cuidadoso,

que bebiendo mitiga lo penoso

mas no le impide al fuego lo violento

que cobra en el cristal parece aliento,

mucho ardor exalando rigoroso,

pues lo que estuvo detenido ansioso

arroja si lo vuelve en el tormento

Pang. 15

Tiran una piedra.

Abre la puerta.

Leonor.

Así de amor enfermo mi sentido,

cuantos alivios busca por los ojos

y mientras bebe que su ardor aumenta,

condición es del rayo derretido

volver a arrepentirle los enojos,

porque un alma de amor esté sedienta.

Ya la seña hice, mi hermano,

abrirle quiero la puerta,

para que hallando la abierta

no salga su intento vano.

Si se hubiera detenido

don Juan, ¡oh, cuánto rigor

introdujera el temor

en mi despierto sentido!

El estilo es desigual

con que el bien y el mal se ven,

que no hay anuncios del bien

y en prefacios viene el mal.

Parece castigo injusto,

y es que esta pasión ordena

que se adelante a la pena

lo que no anticipa el gusto.

Sale el Marqués.

Fab.

Favorable está la suerte,

que a don Alonso he dejado

con sus gustos divertido,

y con la seña he entrado,

y abiertas las puertas hallo,

y topo a Leonor en la cuadra

donde tendrán mis cuidados,

Fab.

sino alivio, la ocasión

en que hallar su desengaño.

Leo.

Hermano, mas ¡ay de mí!,

señor marqués.

Fab.

Sosegaos,

Leonor hermosa, que amor

es loco precipitado.

Mi osadía conozco,

mas es mi tormento tanto

que por moderar la pena

me aventuro a disgustaros.

Leo.

Qué mal lo consideráis,

pues puede venir mi hermano

o salir mi padre afuera,

vida y honor peligrando,

justo, por Dios, que aventuro

en mi sosiego el descanso

de todos, y vuestro amor

morirá de mal logrado.

Sale Don Juan.

D. Ju.

No fueron vanos mis celos,

vengo siguiendo al marqués,

y a tientas las puertas hallo,

y con Leonor a una parte

de la sala retirado.

Leo.

¿Qué criado viene con vos?

Fab.

No traigo ningún criado.

Leo.

Pues mi hermano os ha seguido.

Fab.

No puede ser, que entre halagos

entretenido le dejo;

no os asuste ese cuidado.

Pang. 16

Aparte.

Leonor.

Al paréceme que ha entrado un hombre

y estoy temiendo mil daños,

sin alma y sin vida voy,

presa la voz en los labios,

como el que sueña dormido

que le está el dolor ahogando.

¿A quién buscáis, caballero?

Vase Leonor para Don Juan, y el Marqués se retire hacia una puerta que ha de estar en el tablado.

Don Juan.

A vos, Leonor, mas es falso,

que ya no busca a Leonor

quien escapó del engaño.

Desembócese Don Juan.

Leonor.

¡Ay! ¿Más desdichas formáis?

Dudando estoy lo que paso,

considerad como cuerdo...

Don Juan.

No hay que ser considerado,

esto no es sin prevención,

sino concordia de entrambos.

Y vive Dios, pues he sido

de tu lisonja engañado,

que sin mirar a tu honor

ni a los riesgos de tu agravio,

que he de hacer para mi ofensa

de tu propia casa campo.

No ha de gozar la ocasión

tu gusto para mi daño,

pues es mejor quedar muerto

que no vivo deshonrado.

Pone mano a una espada.

Leonor.

Señor Marqués, ¿que no es caso

malograr un hombre dichas

para ser considerado?

Su vida, y mi honor se arriesga

si del valor no me valgo,

eso no, señor Marqués,

Mete mano Don Juan, y al ir el Marqués a terciar la capa Leonor le ahoga de ella y se encierra en la puerta.

Fabián.

Desvía.

Leonor.

No he de dejaros.

Fabián.

No cierres, Leonor, la puerta.

Don Juan.

Porque he de hacerla pedazos.

Leonor.

Considerad a mi fama

y prudente reportaos.

¡Ay, señor! Advertid

que venís muy desalumbrado

con una mujer que os quiere.

Don Juan.

Tenga, señora, las voces,

que su padre ha preguntado

la causa de este ruido

aunque temo mayores daños.

Leonor.

Vete, Don Juan, no te encuentre.

Don Juan.

¡Qué mal lo has imaginado!

Después de darte la vida

lograr quieres mis agravios.

Solo que he de matarle;

y si intentas estorbarlo

romperé los lazos viles

que me pusieron tus brazos.

Pang. 17

de dentro Don diego

D. Diego.

que estruendo es ese fenisa

llama Celia esos criados

y toma esta bujía

mientras que la espada abrazo

Cio.

aquí se acaba mi vida

Celi:.

ola feniso, lisardo

bajad que os llama mi tío

y sea de presto

Li.

ya vamos

salgan don diego fenisa con una bujía y Celia y los criados detras

D Die.

anda vos salid delante

Cio.

vete no seas temeroso

arriésgate aquí o muramos

D fe.

o fuerza vil de mis daños

vase

D. Dieg.

qué hombre es aquel que salió

seguidle todos, lisardo

procuralde conocer

lisa.

yo le atajare los pasos

antes que a la calle salga,

vanse los criados.

Cio.

ay laura si aquí no acabo

con la vida, es que se excusa

la muerte por ser descanso

Di.

laura quien estaba aquí

lau.

ahora en este punto salgo

y no pude conocerle

D. Di.

bien me parece el descargo

Celi.

si sería el marqués fenisa

el que se escapó embozado

fen.

si no dices que la quiere

puede ser sin ser milagro

Cio.

las plantas mover no puedo

y del temor asustado

está en golfo de su sangre

el corazón naufragando

D Die.

turbada leonor, y laura

prevenida del recato

indicios son que publican

de mi opinion el estrago

salen lisardo feniso y Don Alonso

lisar.

imposible fue alcanzarle

que según iba volando

pienso se calzo de pluma

por pisar el viento vago

D. fe.

si presumiera el suceso

cuando junto a mi pasaron

yo detuviera sus alas

pluma a pluma entre mis manos

D Die.

si vos en casa estuvierais

recogido y retirado

dando ejemplo en la cordura

señor, habían excusado

la estimación del respeto

no permitiera a sus años

tan locos arrojamientos

y que pueden costar tanto

Da.

ya yo admiraba senor

que por tu enojo, y mi llanto

Pang. 18

Da.

no me acumularán disculpas

los delitos de mi hado.

Mas si en mí comienza el yerro,

ve en todos ejecutando

el castigo merecido,

sin reparar en estragos.

Aparte.

Don Diego.

Poco del ser padre sirve

que a saber lo que ha costado

no me animara al castigo

cuando aun siento los amagos.

Mas aquí importa que venza

a lo piadoso lo airado,

puesto que a la conclusión

le estoy ligando las manos.

¿Quién era, Leonor, el hombre

que salió de aqueste cuarto?

Y fugitivo, con dudas,

hace a un delito el cargo.

Que si la verdad me niegas,

vive Dios que rompa airado

con este desnudo acero

en tu pecho mi recato.

Fabio.

Abre esta puerta, Leonor,

que ya de sufrir me canso

tantas arrogancias necias,

y harás que la haga pedazos.

Dé el marqués golpes a la puerta como que quiere abrirla y diga de dentro:

Don Diego.

¿Quién es quien da adentro voces?

Leonor.

Un hombre que está encerrado.

Don Diego.

Abre de presto esa puerta.

Don Alonso.

Ya, señor, las puertas abro.

Salid, caballero, afuera.

Salga con la espada desnuda el marqués.

Fabio.

A Dios, a la muerte salgo.

Don Alonso.

Señor marqués...

Fabio.

Don Alonso...

En mayor peligro he dado.

Leonor.

Perdida soy si la industria

no vence rigores tantos.

Don Diego.

¿Quién es el que estaba adentro?

Don Alonso.

Es, señor, el marqués Fabio.

Don Diego.

Leonor, ¿en casa el marqués

escondido y recatado,

y un hombre encubierto el rostro

sale huyendo de mi cuarto?

Leonor.

Templa, señor, el enojo,

y relatarán mis labios

la causa deste suceso

por su abono, y mi descargo.

Fabio.

Ya la vida está perdida.

Leonor.

Afuera salió mi hermano.

Sirviéndole como siempre,

cuando previno el cuidado

tu enojo, y por encubrirle

de su edad los desenfados,

siento a la puerta llamar,

y al mismo punto que abro...

Pang. 19

Leonor.

miró que el marqués se arroja

con pasos apresurados

y un hombre tras él furioso

con el acero en la mano

a cuyo impensado estruendo,

el discurso ya ofuscado,

previno solo su vida

y así asiéndole en mis brazos

le encerré en ese aposento

impidiéndole al contrario

la ejecución alevosa;

lo que afuera le ha pasado

él os lo podrá decir

que yo no sé más del caso.

Diego.

¿Hay más extraño suceso?

Fabio.

La vida me ha restaurado.

Don Diego.

¿Qué accidente tan violento

fue causa de retiraros

a la humildad de esta choza

después de haberme dejado

en el juego divertido?

Fabio.

El verme seguir los pasos

de cuatro hombres cuidadosos

fui las calles atravesando

por apurar de su intento

si era de industria, o acaso

hasta que me hallé en la vuestra

en cuyo término largo

previne que ya estaríais

restituido al descanso

y así determiné entrar

Don Alonso a suplicaros

por igualar su ventaja

que saliésemos entrambos

por examinar mejor

la causa de su cuidado;

mas ellos con más despejo

que atrevimiento bizarro

la ejecución dispusieron

sin venerar el sagrado.

Don Diego.

¿Tenéis algún enemigo?

Fabio.

Jamás a nadie hice agravio.

Don Diego.

Al suceso le disculpo

el rigor del sobresalto;

vete sirviendo al marqués

y acompáñenle esos criados

porque vaya más seguro.

Vase.

Fabio.

Dios os guarde muchos años.

Adiós, Celia; adiós, Leonor.

Don Diego.

Venid, Feniso y Lisardo,

porque nos volvamos juntos.

Vanse.

Lisardo.

Todos a serviros vamos.

Pang. 20

vase.

Delio.

Deje, honor, la casa,

que mientras vuelve tu hermano

Laura le podrá esperar,

y el susto no ha sido malo.

Celia.

Recelando está mi amor

que todo aquesto es engaño.

Fenisa.

Esto puede ser mentira.

vanse.

Celia.

Sí, que hay enredos fundados.

Laura.

Cuerdamente lo has fingido.

Leonor.

¿Qué importa, si son más daños

favorecer sin amor

y desobligar amando?

Jornada segunda

Pang. 21

Salen Leonor y Laura

Leonor.

¿Que vio no quiso el papel

con decirle que era mío?

Cortés disculpó el desvío

negando ser para él.

Laura.

Si el vieras mesurado

acreditar sus enojos,

en tierra puestos los ojos,

el rostro algo desagrado,

mordiendo el labio furioso,

y que apretando el sombrero,

reprimía lo severo

y vengaba lo celoso.

Lástima te diera ver

entre cortés y ofendido,

con el esterior fingido

un corazón padecer.

Leonor.

Mucho dudo la pasión

causa de su sentimiento.

Pang. 22

Leonor.

si le apretara el tormento

viera la satisfacion

que aunque el suceso es tan grave

que disculpa su rigor

cuando es verdadero amor

rogar y umillarse sabe

y así en mi desdicha agrado

dos riesgos pasa la vida,

Si callo estoy ofendida

Si ruego soy despreciada

Pues esperar que quejoso

amor le llegue a obligar

es de su opinion dudar

lo que le acredita honroso

con que entre penas y amor

Teme mi desconfianza

Si me estimo su mudanza

Si me humillo su rigor

Lau.

Algo Señora has de hacer

por tu misma estimacion

que desluce tu opinión

reusar satisfacer

Además, dijo dijo el criado

que antes que adornase al día

el sol, al soto salia

a divertir su cuidado

Lau.

Donde en su Jardin de flores

tantas damas hay que dudan

Si por Soles las saludan

los musicos sus Señores

Leo.

que dices

Lau.

que te divierte

Leo.

ay Laura estara prendado

en ese mar su cuidado

de alguna Sirena

Lau.

advierte

Leo.

que puede darme quietud

en tanto mal oprimida

Lau.

Sal al soto por la vida

Señora has por la salud

Donde llegandole a ver

le podrás mejor hablar

Leo.

tengo mucho que arriesgar

que me pueden conocer

Lau.

Ponte un vestido ignorado

y un zapatiyo ligero

de estos de saca el Omero

que por Luis se ha llamado

tapada de medio ojo

bien prendida y adornada

porque esto de bien calzada

es remedio contra enojo

Pang. 23

Lau.

me asusta, si a la vista

fuere menester rogar,

que al donaire de animar

no hay nadie que se resista.

Leonor.

Digo, que estoy reducida

a seguir tus pareceres.

Laura.

tu amor; los hechizos de ver

Leonor.

a más me obliga que en vista

Sancho.

Pues vamos a prevenir

aderezo de campaña,

Leonor.

que fácil amor engaña

a quien quiere reducir.

Vanse, y salen don Julio y Pierres.

Pierres.

Rebelde estas don Leonel.

Don Julio.

Faltara al ser hombre honrado

si estando desengañado

obedeciera a su amor.

A divertir mi tristeza

salgo a aquesta soledad,

por ver si a mi voluntad

la entretiene su belleza.

Todo parece mentido

cuanto entre sus flores veo,

nada apetece el deseo,

todo lo cansa al sentido.

y a gusto que todo enfade viendo mi mal que adoro que ... pueda ... Porque ... dilaciones ... ... ... que a memoria prevenida su desden que fue su olvido así lo que ... ofrezco.

Pierres.

Harta linda ocasion presenta

de este campo la estacada,

no ay sino afilar la espada

si es que el deseo le alienta.

Que mover puede el donaire

de aquel airoso pie curioso

que inquieto por bullicioso

hace gracia lo que es ayre.

El sombrerillo liuiano

y la muletilla, que es

más que arrimo de sus pies

el ensayo de su mano.

Pues limpia quita la duda

del hacerla por flaqueza.

Pang. 24

Si.

pues descubre sin corteza

que aun los árboles desnuda

D. Ju.

Que airosa la cuesta abaja

mostrando en su ligereza

que es penacho a su cabeza

el sombrerillo de paja

P.

Que es industria de presumir

de su hermosura cortes

traer la plata en los pies

y en el copete la pluma

Porque advierta la afición

del que a servirla se obliga

que de sus plumas es liga

lo que es sus pies prisión

trahes dinero

D. Ju.

pues aquí

de que ha de ser menester

pi.

no quieres convalecer

pues que te olvidas de ti

D. Ju.

qué necio estás

pie.

lindo modo

profesas de negociar

como dime has de agradar

si el alma te falta en todo

Salen Celia y fenisa con sombrerillos muletillas como pasquas

Cel.

Que lucido y que vistoso

con la mañana florida

Despertando está a la vista

el mayo galan y hermoso

Culpale gusto a mi pereza

pues no puede aver pintura

que le copie la hermosura

como es la naturaleza

Fen.

Divertia un entendido

su pasión de esta manera

diciendo que el campo era

desahogo del sentido

lo mismo puedes hacer

si es que te acuerdas de ti

deja la pasión aquí

y olvidate de querer

Cel.

El consejo a una alma ciega

más que vano es importuno

pues no aprovecha ninguno

Fen.

un lindo embistiendo llega

Procurate divertir

Cel.

pongo lo fenisa en duda

Fen.

si la razón no te ayuda

acabaras con morir

Llegue don Juan a hablar a Celia

D. Ju.

Tan airosa vais Señora

que salir al campo creo

más por robar el deseo

que por parecer su flora

Pang. 25

Bien.

Vuestro brío se ve

cuando la atención convida

que da por puntos la vida

y son breves los del pie.

Cel.

Allá fuisteis a parar,

que humildes son los anteojos

sino es que ponéis los ojos

por donde habéis de alcanzar.

Don Jua.

No es prevención cuidadosa

la que me abate hasta el suelo,

sino el negarme ese velo

conocer que sois hermosa.

Corredle pues la cortina

a vuestra cara, y veré

que he de consagrar la fe

a quien me informa divina.

Pie.

Vuestra merced, señora mía,

como es de esta alba arrebol

o lucero de este sol,

querrá que la llame día;

y presumo del tapado

según lo que recatan

que su resplandor se vea,

que debe de ser nublado.

Fe.

Que esté claro o esté escuro,

¿qué le importa al arambel

sino ha de llover sobre él?

Y así, claro está seguro.

Pi.

Pierres, señora, me llamo,

y no es culpa mía el estar

roto.

Fe.

¿A quién se la he de dar?

Pi.

Al imperio de mi amo.

Salen Leonor y Laura con mantos tapadas.

Leo.

Galera, ¿hora es salir,

Laura, a tomar la mañana?

Lau.

A muchas asomas humana,

y a todas quieres vivir.

Leo.

¿Por qué se nos pondrá tasa

en el salir para ver?

Lau.

Porque, en saliendo, ay, mujer,

que nunca vuelve a su casa;

que le hace buena acogida

el deseo y la ocasión,

quien no atiende a la opinión

ensancha mucho la vida.

Leo.

Los que a ver la amenidad

bajan a este soto, son

enfermos.

Lau.

Del corazón.

Leo.

¿Qué achaque?

Lau.

De voluntad.

Leo.

Y aquí de ese mal se cura.

Lau.

Es remedio del sentido

el tenerle divertido

con lisonjas de hermosura.

Pang. 26

Leo.

Mucha gente a enfermar viene.

Lau.

¿Qué te parece su prado?

Leo.

Que es un país animado

de la belleza que tiene.

Lau.

De Xarate lisonjeada

tanta necedad aprueba.

Leo.

Antes estoy temerosa

de que vengo desagrada,

que como novicia soy

en el salir por la villa,

ni chato sombrerillo

ni al viento l'arrimo doy

que debe de ser sin duda

de las que bajan al río

cabedal del desafío

traer muleta de ayuda.

Lau.

Antes soy de parecer

que el traerla es agudeza

que como causa flaqueza

es prevención del caer,

y como a la inclinación

es lisonja la verdad

previene la voluntad,

disculpa a la tentación.

Salen el marqués, Fab. y Licio

Fau.

¿Qué dices, Leonor aquí?

Lis.

Digo que si esta Leonor

vendrá a ser del campo flor

Fab.

la que es rayo para mí.

Lau.

¿No has visto a don Juan?

Leo.

¡Ay cielos!

Ya le he visto, y estoy muerta

de ver que ha salido cierta

la sospecha de mis celos.

Cel.

Señora, allí está el marqués

y mucho el hablarle importa.

Fau.

Pues de razones acorta

y despídete cortés.

Leo.

¡Oh, cuánto está sometido!

Nunca el gusto es importuno.

Lau.

No hay que fiar de ninguno.

Leo.

Licencia, señor, os pido.

Cel.

Que te conozca procura

el marqués si puede ser.

Vase.

Fau.

¿Hay más que dejarme a ver

con mucha desenvoltura?

D. Ju.

Esta es Celia de Leonor

prima, y me ha parecido

que será ardid advertido

fingir que la tengo amor

con esta industria y invención.

Pi.

¿Qué procuras?

D. Ju.

Que ofendida

descubra amor por la herida.

Pi.

Síguela.

D. Ju.

Eso quiero hacer.

Pang. 27

Leonor.

Tras ella Laura se va.

Laura.

Pues llámale.

Leonor.

No vendrá,

pero yo le haré volver.

Vaya tras don Julio y quítele el sombrero, y a Laura caígasele un guante.

Laura.

¿Adónde vas tan aprisa?

El sombrero te ha quitado.

Don Julio.

Esto es robar en poblado.

¡Qué furia, Laura, que causa risa,

Laura.

que amor te haya despojado!

Fabio.

El guante se le ha caído,

mas levantándole yo

dejo su dicha burlada.

Don Julio.

Si es cortesía el dudar,

que para ver los despojos

de ese joyel me faltan ojos,

llegarélo a disculpar.

Mas vuestro merecer,

por haber el guante alzado,

pudiera estar excusado

para haberle de volver.

Fabio.

Nunca de prenda perdida

hago yo restitución.

Don Julio.

De esta, la satisfacción

importará a vuestra vida.

+

+

+

+

Pang. 28

Lau.

Tu hermano, señor, viene,

Leo.

ay, triste, ¿qué haré?

Cau.

que juzgas será menester,

qué riesgo tu vida tiene.

Leo.

Todo ha de ser confusión

si me ve, tened valor,

que se ponga a de ayudar

por favor o obligación.

¡Cielos, ay! Rigor más fuerte,

cómo no acaba la muerte

una tan triste vida.

Cau.

tu hermano viene,

Leo.

así allano.

Aparte al marqués.

Cau.

Yo con una industria allano

tan grande dificultad.

Señor marqués, escuchad;

buscando os viene mi hermano,

y aquí se arriesga mi honor,

mi vida y todo mi ser,

si me llega a conocer,

pues mostrará su rigor.

Suplico os que le salgáis

al encuentro, y advertido,

pues sois en todo entendido,

le apartéis y divirtáis,

que a estar burlando ocasiones

del campo la libertad,

viese vuestra calidad

y la virtud que os abona.

Fa.

Con esto podéis fingir

Leo.

Con que esto podéis fingir

de que os sirvo en la defensa,

con quien sois señor lo ofensa

con que esto vengo a eludir.

Fab.

El yerme aquí es forzoso,

advirtiendo, caballero,

que iréis por mí lo primero,

y a os disculpo por dichoso.

Vase.

D. Ju.

El susto no puedo alzar;

gracias a Dios que escapado

de los riesgos de allegado

que no son pequeño hado.

M.

Dame ese el...

P.

Y a estas piernas conocido

nunca en mi vida he tenido

más gana de reír.

D. Ju.

Dadme, señora, el sombrero,

ya que es dicha de la suerte

que yo pierda por cortés

lo que él por grosero adquiere.

Llorarame más que justo

mas las dichas me previenen

que en vos es fortuna el gusto

que otra beldad le parece

y inadvertida es la acción

y aun al crédito desmiente.

Pang. 29

D. Ju.

que haga prueba quien bien ama

donde lo que estima arriesgue,

si bien es de amor afecto

(aunque bárbaro parece)

arriesgar para saber

quien obliga con que quiere.

Mas baste que él sea dichoso

y que yo envidioso quede

de ver que de vuestras flechas

él caricias por premio lleve;

sin que imitéis al que astuto

a la traición se revuelve,

que la capa y vaina entrega

al amigo confidente,

previniendo en el suceso

si alguna prenda se pierde

que descubra el agresor

del delito que comete.

Pues así, señora, sois

en los desaires presentes,

que al marqués la vaina dais

al intentar ofenderme,

sino porque no se sepa,

porque pueda más alegre

volver a vestir la espada

cuando le contéis mi muerte.

Leo.

Tomad, señor, vuestra prenda,

y en esto de reprenderme

que doy favor al marqués,

mal vuestra queja lo entiende,

que él no tiene prenda mía.

Don Juan.

Bien vuestro descuido miente

lo que ha perdido ignorando,

solo que, si da, se pierde.

Leo.

Vuestra el alma me tenéis,

de quien solo amor pretende

sino la restitución,

que la estiméis como a huésped.

Porque en siendo una alma propia

tan poco agasajo adquiere,

que con ser lo más preciso

es lo menos que se quiere.

Don Juan.

¿En mi poder alma vuestra?

Imposible me parece,

porque alma de tan buen aire

hubiera dejado oírse.

Baste el engaño pasado

aunque las burlas me afrenten,

pues él es solo el dichoso

que a ser el ídolo viene.

Leo.

Conocido el desengaño

tacharéis de ver que miente.

Pang. 30

Descúbrase el manto.

Vase.

Don Juan.

La intención cierra causa

maliciosa como aleve,

siempre creyó el corazón

(que no es falso quien bien siente)

que era de Leonor hazaña

acción que intentó ofenderme.

No de otra suerte la fiera

a quien la sed desvanece

mancha el cándido vellón

con la sangre que le bebe,

cuando hidrópica de agravios

a más crueldades la impele

despertando su ambición

aun lo que el rigor no advierte.

Como tú, Leonor, ingrata,

en mi inocencia pretendes,

ejercitando la mano,

ensayar el golpe fuerte.

Porque aun no goce la fiera

el nombre que la oscurece

si ella la malicia ignora

y tú a la malicia excedes.

Bastaba el primer agravio

sin que en tantos se renueve

el dolor a la memoria

repetido tantas veces.

Ayer sagrado en tus aras

tu despojo le concede.

O por adornos del campo

flores nacen, duros clavos

tu mano dándote un guante;

aviva en mis desvelos,

ambas que la roba el viento,

razones que el alma prende,

que aun en las plumas de ave

los delitos se avecen.

Pues, ¿qué presumes de mí

con desengaños tan fieles

si aun tu malicia he dudado

el poder satisfacerme?

Déjame morir, Leonor,

llévate mi fe al perderte,

que te estimo por mi ruina

y a que por ella no quieres,

que es bajeza del discurso

que pueda tanto un deleite

que los méritos malogre

la estimación que merecen.

Leonor.

Escucha, don Juan, escucha,

llámale, Laura, detente.

Pang. 31

Vase.

Lau.

Dil, que los dos de mucho,

ay malicia que a estar llegue.

Pierres conmigo mesura.

Don Juan, contigo rebelde.

Leo.

La vida se va acabando,

no hay paciencia que reporte

sufrimiento a tanto agravio,

valor a rigor tan fuerte.

Qué máquinas son aquéstas?

Qué guante? Qué favor es este?

Qué sintiéndose el castigo,

el delito no se entiende?

Lau.

Mira si acaso as perdido

alguna prenda, que puede

en la confusión de una alma

muy fácilmente cahirse.

Leo.

Aquí mi pañuelo tengo,

el abanillo es aquéste,

y el rosario, con que sumo

cuanto en mi poder hoy viene.

Lau.

Y el guante de aquesa mano?

Leo.

Como atónita estoy, no emprenden

ni los ojos a las formas

ni el oydo a las especies.

No as visto entre confusiones

al cobarde delincuente

Pang. 32

Leo.

que al ir huyendo del riesgo

otro ahogijo le acomete

que al avisarle las voces

aunque las oye no entiende

pues delo vivo al delito

de la Justicia se teme

y persuadido a su idea

o el rostro al peligro vuelve

ni del contrario la voz

obliga a que se refrene

hasta que el mismo sagrado

en la quietud le reprende

con el desengaño vil

lo que sin remedio siente

Pues así mi sentimiento

tanta confusión padece

que sintiendo no discurre

y viendo no comprende

que a la muerte de la razón

la jurisdicción le cede

pues vive para sentir

quien al ejercicio muere

Laura.

No admiro que la razón

de estar sin causa ofendida

ofusque tanto tu vida

que oiga ecos de pasión

pues aun yo en tu triste empeño

con estar libre de enojos

viéndolo estoy con dos ojos

Leonor.

y aun imagino que es sueño

ojalá estuviera muerta

y que a costa de la vida

acreditará dormida

lo que padezco despierta

Salen el marqués y Asenso

Fadrique.

En tanto que el aura riza

de las flores que madrugan

galantea don Asenso

su abril en cada una

Pretendo hablar a Leonor

que ya previno mi industria

por excusarle la queja

A su amistad la disculpa

Lisardo.

llega pues, que yo seré

centinela que descubra

si se acerca el enemigo

porque a la defensa acudas

Fadrique.

Pues bien, sírvete en tanto

que contemplo su hermosura

con osadías del aire

que al sol los Rayos oculta

Laura.

el marqués, señora vuelve

Leonor.

hay más soberbia fortuna

Laura.

oculten aprisa pesares

la ocasión no se les huya

llegue el marqués a hablar a Leonor

Fadrique.

Porque los sustos perdonen

y entre los males que anuncian

Pang. 33

Fadrique.

de que volvió a las solas

los celos ratifican

Después del desdecoro

desengaño avras dadas

con que ni os vio, ni os conoce

para que quedéis seguras

Leo.

La fineza os agradezco

aunque mis recelos dudan

que ha de volver a buscaros

Fab.

no temáis cosa ninguna

Pi.

Vuelvo a hablaros

D. J.

para que

si sus mudanzas procuras

con desengaños tan viles

acreditarse en mi injuria

Pi.

que arriesgas en escucharlo

D. J.

que me obligue su dulzura

a oir lisonjas de amor

que a su engaño me reduzcan

sois mujer que a deber propio

si la experiencia la ayuda

a creer, que el disimularlo

es parte de que la sufran

No hay estimación que obligue

ni fe que al amor acuda

porque en faltando al respeto

se van uniendo las culpas

Salen Piera y D. / Jua.

Lau.

Julia que ha vuelto don Juan

Leo.

qué he de hacer, que estoy difunta

pues si despido al marqués

mil bienes se dificultan

que es amigo de mi hermano

y es facil cualquier locura

en un quejoso ofendido

donde la razón no ilustra

y si a Don Juan no le hablo

acreditara sus dudas

que en ofensa de mi honor

mi demostracion me acusa

D. J.

que te parece de injusto

el finxo, otra culpa

mas quien el daño no impide

no quiere, pues no le excusa

Pie.

Poco recibe el amor

pues tan riguroso juzgas

D. J.

Soy más honrado que amante

Pie.

tú serás hombre de burlas

Fab.

Si llegas a querer bien

Leonor parece que turba

los colores de su rostro

y que el aliento le usurpa

dos cauciones desmintiendo

la voz que en el pecho anuda

y si experiencias no engañan

las señas son lenguas mudas

Pang. 34

Fab.

que indicios dan de su amor,

que la que más los oculta

en los surcos de la frente

desmiente el afecto dudas.

Este es el hombre del guante,

y si celos no me adulan

de criminal malicioso,

huyendo las conjeturas,

el mismo es que aquella noche

celoso amante procura

que borre acero el retrato

que en el alma se dibuja.

Don Juan.

Temerosa está Leonor,

y aunque lo disfraza astuta,

se descuida por los ojos

el alma a pesar de industrias.

Que tierna le está mirando,

Fabela.

que sin atención me escucha,

Leonor.

no estoy en mí de turbada,

todo me ahoga y me ofusca.

Don Juan.

De celos muriendo estoy.

Leonor.

Muriendo estoy de confusa.

Fabela.

Entre quejoso y amante

ciego mi discurso lucha.

Llegue a hablarla.

Don Juan.

No hay que temer, ni esperar,

ni por qué afectar cordura;

muera mi agravio en su hierro,

pues no siente quien no juzga.

Quiero hablarla libremente

antes que de mí presuma

que para amante es muy cuerdo

quien celoso disimula.

No te parezca, Leonor,

inadvertida locura

hablarte, cuando el Marqués

dichas de tu boca escucha,

que tu condición mudable

de estos extremos es culpa,

pues con no querer, obliga

que quien te ama lo presuma.

¿De qué sirven los engaños

que tus caricias pronuncian

si en lo que gustosa finges

en eso mismo te acusas?

Miente dicha, o quiere firme

logre el ingenio la astucia

o tu beldad la victoria

quien se desmiente se injuria.

Si amas al Marqués, ¿por qué

con tus lisonjas me adulas?

y si soy el despreciado,

¿qué malogras su ventura?

Algo se debe a ti misma

ya que tu término excusa

Pang. 35

Don Juan.

que te estime quien conoce

que imitar a la fortuna

variable

Sé sola para ser una

que es perfección de lo hermoso

no parecerse a ninguna.

Fab.

Corregid vuestras razones

caballero, que perturban

lo modesto con la queja

lo cortés con las injurias.

El que se precia de cuerdo

que amante no dificulta

como en sí no experimenta

los consejos que promulga,

y si el amor no os obliga

a venerar la hermosura

como no encubrís la ofensa

al verme de parte suya.

Mas si es cobarde arrogancia

o vana desenvoltura

ocasionarme al empeño

quien con lisonjas me adula

engañado está quien piensa

necio procede quien juzga

que por riesgos de la vida

el que es noble disimula.

Fab.

Si estáis de Leonor quejoso

buscad mejor coyuntura

que ofender lo que se quiere

no es razón, ni amor lo usa.

Demás que de su virtud

su proceder me asegura

y es oír para no creer

agraviaros con las dudas.

D. Di.

De dichoso inadvertido

procedéis sin ver que anuncian

los desahogos del viento

escarmientos de la espuma.

Ayer como vos glorioso

me vi señorear la luna

y hoy si cuidado, advertido

de lo poco que el bien dura,

mal resisto a que si pierdo

las dichas de mi ventura

no he de tener que envidiaros

que la pena ha de ser una

vuestro intento ha de cesar

y a que el derecho renuncia

que adquirió con los favores

mi voluntad mal segura

que no es justo, ni es razón

que a su elección se reduzca.

Pang. 36

D. Di.

competencia que es su agravio

sabor que el daño no excusa.

Cau.

Como tu valor desmayas,

como el despecho se turba,

no ves que Don Juan se empeña,

Leo.

que este hacer que estoy difunta

Leo.

no llegue a importar a don Juan.

Sosegaos, señor don Juan,

vuestra prudencia se luzca,

ya que la razón no obligue

a moderar vuestra furia.

Fab.

Dejalde por Dios, señora,

que el castigo le reduzca,

moderará su arrogancia.

Sale don Alonso.

D. A.

Si menester es mi ayuda,

a buen tiempo os he encontrado

para enfrenar su locura.

Cau.

Mira que está aquí tu hermana,

prevén de modo que cubras

rostro y talle con el manto.

Tire Leonor del manto y échele sobre el rostro.

D. Jua.

¿Puede haber más desventura?

Pang. 37

Fab.

No puedo hablar de confuso.

Leo.

De susto e quedado muda.

Don L.

Parece que os ha pesado

de verme aquí, que os perturba,

y ignora este caballero

la grandeza que os ilustra.

¿Acaso yo os embaraso?

¿Que os ofende, que os disgusta?

Fab.

Celos de esta dama son

los que el discurso me usurpan,

y siento que hayáis llegado

a ocasión tan oportuna

que se le impida por vos

el castigo de su culpa,

que es desarme la ventaja,

y no quiero que presuman

que el usar de mi poder

es de victoria segura.

este zeño si me agrada / y recompensa mi enojo / la presunción rretirada

Leo.

¿Hay confusión más extraña?

¿Hay pena más triste y dura?

¿Quedan más peligros ciegos?

¿Más daños que me confundan?

Si huyo de aquí, temere

quietud y honor se abentura,

mi vida y la de don Juan,

que en los dos el alma es una.

Leo.

Si esquivo, no impida el daño

que con celos no ay cordura

que a una mujer la avance

ni su fama rresguarda,

pues mujer sin diligencia

es infamia sin disculpa,

que al más corto y necio ofende

desesperar de la industria.

Mas llevar quiero al marqués

con obligarle que acuda

a mi defensa, fingiendo

que prudente disimula

el aberme conocido,

que con esto se asegura

su quietud, que después yo

desengañare sus dudas.

Aparte al marqués.

D. Ji.

Señor Marqués,

no hay paciencia que esto sufra.

A la vista de su ermano

aun los rriesgos no la turban.

Pie.

Dama de vuen despejo

y linda desenvoltura.

Leo.

Esto, Señor, se a de hacer.

Fab.

Nada mi amor dificulta,

aunque la vida se arriesgue,

como en serviros se venga.

Pang. 38

Leonor.

Y vos podéis, que ya os sigo,

ved que en v[uest]ro amparo funda

mis esperanzas su aliento;

Atraviésase Leonor y hablan a Laura.

Leonor.

Sígueme, Laura.

Laura.

¿Qué has hecho?

Vanse Leonor y Laura.

Fabio.

Don Alonso, a mí me importa

ir con esta dama, cumpla

con las leyes la amistad

sin que tibiezas la arguyan,

satisfaciendo a este hidalgo;

y si su queja se funda

en querer reñir conmigo,

señalad puesto en que acuda

con obligaciones mías;

Celio.

v[uest]ra ausencia haré que supla

la fineza de mi amor.

Vase Fabio.

Fabio.

Con eso mi honor descuida.

Dalmacio.

Caballero, si el marqués

en algo recio os disgusta,

yo satisfaré a su queja,

o con la espada desnuda,

o poniéndoosle en el campo;

porque sé que no recusa

el reñir, aunque prudente

a tratar la paz procura.

Don Juan.

De su valor satisfecho

estoy, y de parte suya

que conozco que no es justo

vengar en él lo que es culpa

de una mujer, la inconstancia

que a todos vientos se muda.

Vase Dalmacio.

Dalmacio.

Decís bien, a Dios quedad.

Don Juan.

Él os guarde.

Diego.

Esto me apura.

¡Linda condició[n] de hermano

para lo que aquí se usa!

Don Juan.

¿Qué te parece el desaire?

Jornada tercera

Pang. 39

Salen el Marqués y Liseno de noche

Don Juan. Fab. Lise.

Que al jardín se han retirado,

paréceme que Leonor

con tristezas de su amor

pone a su padre en cuidado.

Que como es la voluntad

tan eficaz que la tiene,

aunque prevea el mal, previene

remedio a la enfermedad.

Don Juan. Lise. Marq.

Por Dios que es bella mujer,

y hubiera disculpado

sin ser padre, que sagrado

por fuerza se ha de querer.

Tan hermosa es y entendida,

tan airosa y despejada,

que después de estar gozada

se le deja el ser querida.

Don Juan. Fab. Lise.

Mucho lo has encarecido,

pues la voluntad más ciega

en su delirio no llega

a causa de arrepentido.

Pang. 40

Fab.

mas dime a Celia has de ver

que me pidió tiernamente

te obligase

mucho siente

que la deje de querer

mas por tener ocasión

de oír a Leonor hablar

siguiendo a Celia, he de dar

alivio a mi pasión

Mas porque esté divertido

el tiempo, en tanto que llega

la ora en que Celia ruega

que desahogue el sentido

Divirtamos tantas penas

en leganitos tireno

que tal vez su campo ameno

tiene como el mar sirenas

Donde por rendir despojos

su deidad, con el acento

suspenden el pensamiento

para robarnos los ojos

Lis.

La segunda vez que viste

fue en este campo a Leonor

Fab.

aquí probé del rigor

que ahora padezco triste

Lis.

No me espanto quien vio

a Don Juan, y en su fineza

se descubre su nobleza

acosta de mi desdén

Fab.

Que en fin te desengañó

con resolución tan fuerte

que sospecho que la muerte

en sus razones me dio

Mas suspende el curso, atento,

que parece que ha sentido

un dulce acento el oído

al compás del instrumento

salen dos hombres con instrumentos y una mujer de gorrona cantando

Gor.

Par a par al campo sale

dos a dos pisan el soto

mariposa y la chirinos

ambas el rumbo en los dos

Armara la pica el ceño

calando la vista al ombro

Falsificada la risa

y el leve pie bullicioso

a ti digo la chirinos

ah cuyo fausto y follón

no dejo mal en Segovia,

ni hubo curso en el polo

que pruebe montera

se trence los adornos

capigorrona de gusto

y bachillera en los tomos

Pang. 41

Don Juan.

Así, Jabatillo, en esquina

es concebido para todos

a penitencia, y no a gracia,

de la noche a los devotos.

Lidoro.

Porque según lo alienta

que en la estacada se vio,

a quien mal canta y porfía

¿qué le dice por afrenta?

Dorotea.

Baste, no tiene razón

de llevarme a enojar,

pues siempre fue el limitar

del arte la perfección.

Fabio.

Bien salvó con la agudeza

la propósita necedad.

Lidoro.

Sobre una dificultad

se descubre la destreza.

Salen Pierres y Don Juan, de noche.

Pierres.

Linda noche.

Don Juan.

Para mí

ninguna puede ser buena,

después que en tan triste pena

vida y libertad perdí.

Pierres.

Burla tu imaginación,

quien libre del daño está,

que fácilmente queda

remedios a la pasión.

Don Juan.

¿No fía en el un punto atento

del compás el que variando

está en círculos mostrando

con el otro el movimiento,

que aunque le divierta más

con diferencia de asuntos

se vuelven a unir los puntos

en cerrándose el compás?

Pues así de mi tierno amor,

que aunque remedios previene,

como fijo un punto tiene

en la imagen de Leonor,

ni le importa divertirse

por más que alivios procura,

que en mirando su hermosura

vuelven los puntos a unirse.

Pierres.

Vuelva usted a referir

aquesa grifa cuestión,

porque tengo devoción

a las que saben reñir.

Don Juan.

¿Qué afición tan excusada?

No lo tiene mucho a ser,

que es buen gusto querer ver

una mujer desmoñada.

Pierres.

¿Qué hay al uso introducido

por si la comodidad,

que ofenda en propia beldad

al natural lo fingido?

Don Juan.

Vaya de fablilla un cuento

que por chiste es donairoso;

siendo raro será nuevo,

no fue mío el pensamiento.

Pang. 42

Don Juan.

una dama melindrosa

gustaba de oír cantar

grillos, por diferenciar

el gusto en alguna cosa

uno la prisión huyó

y a su merced buscando

con la jaulilla entonando

en el pecho se entró

enredose en el cabello

y la dama se le puso

bien prendido como es uso

sin que reparase en ello

salió por ser fiesta a misa

y como el grillo cantaba

por las mangas le buscaba

cuidadosa, y muy de prisa

todos la estaban mirando

y aunque de lugar mudaba

por ver si en el suelo estaba

siempre iba el grillo cantando

a cuya grave aflicción

hubo una mujer piadosa

que curiosa y cuidadosa

puso a la voz atención

y descubriendo la maula

y de la dama el mal gusto

a ella la libró del susto

y al pájaro de la jaula

ved los rizos que aperciben

si puede parecer bueno

traer por copete un seno

donde sabandijas suben

For.

El suceso es extremado

aunque mentira parece

no por eso desmerece

el premio de bien pensado

Fabio.

Don Juan, viene allí Liseno

y tan grande es el rigor

que introduce en mí el amor

que da su vista veneno

Don Juan.

¿Miras allí está el Marqués?

sino me forman antojos

por darme pesar los ojos

no se engañan porque él es

Liseno.

¿Sabes lo que he imaginado?

Fabio.

no sea alguna necedad

Liseno.

que cause tu voluntad

Fabio.

que poco que lo has honrado

Mas sea hierro o acierto sea

yo quiero a Doña Leonor

y allí juzgo a mi favor

solo lo que amor desea

A Don Juan quiero matar

que aunque con él he reñido

Pang. 43

Fabio.

no ser aquí conocido

viene el delito a ocultar.

Lis.

¿Estás en ti?

Fab.

No repliques.

Lis.

Porque aquesto se ha de hacer,

y el que te he de obedecer,

no hay sino que el medio apliques.

Saca Liseno la espada.

Fab.

Porque el reñir, es asir

de causa más declarada.

Lis.

Adiós, vete.

Don Juan, Fab.

Ve con cuidado,

no se adelante al pasar.

aparte.

Lis.

Con mi industria he de dejar

su pensamiento burlado.

Que ya que su amor no imita,

consejos de mi lealtad,

viene a ser fidelidad

quien del peligro le quita.

Fab.

Dale que es buena ocasión.

Salen desnudas las espadas y fínjase muerto Liseno, y levanta la voz y los demás vanse.

Don Juan.

Eso no, porque la suerte,

mi vida logra en tu muerte.

¡Que me han muerto!

Lis.

El diablo que espere aquí.

Vámonos antes que venga

la Justicia, y nos detenga.

Atrás, villanos, hacedme ...

Don Juan.

Yo os alcanzaré, villanos.

Vanse.

Fab.

En vano lo procuro,

que quien huye tan seguro

más fía en sus pies que en sus manos.

Vase.

Lis.

¡Qué lindamente se ha fingido!

La mortecina parece,

que piste tan herido fue,

según huyen de un herido.

Sale Don Diego.

Don Diego.

Las tristezas de Leonor

en tal confusión me tienen,

que aunque del mal me previenen,

niegan la causa al favor.

En contiendas el temor

duda, al rendir por despojos,

tierno llanto, si en sus ojos

si el daño que el alma siente

lloran por accidente,

o por delito sus ojos.

Pang. 44

Don Diego.

El humor que al pecho asiste

causa de la enfermedad,

del pulso en la calidad

da indicios de grave y triste.

Mas cuando serias asiste

en la inquietud del sosiego

efectos son de amor ciego,

pues descubren en su llama

que es como la verde rama

que llora al herirla el fuego.

Entre dudas desvelado

padezco rigor tan fiero

que vivo de lo que muero

muriendo de mi cuidado.

No puedo estar sosegado

de la atención oprimido,

pues de su rigor vencido

parece que en mis enojos

el examen de los ojos

se deriva del oído.

A la dulce amenidad

de este jardín el rigor

me trae, por ver si el dolor

da muestras de la verdad.

Don Diego.

Sino hay muda voluntad,

ni el mal se puede esconder,

cómo en ti, honor, llego a ver

efectos tan desiguales,

que ni hace el mal señales

ni tiene el amor poder?

Fínjase un lienzo de muralla y por él salte Don Juan y quede Pierres arriba.

Don Juan.

Salta de presto, ¿qué temes?

Pierres.

Mucho temo no desnucarme,

que es muy alto el vuelo, y soy

pesado para ser ave.

¿No restituyes el lienzo

de este muro, por hallarme

un nudo, o medio siquiera

más abajo, para bajarme?

Tú has de hacer de mí dos piezas,

que la justicia nos halle,

y que esta noche tengamos

entre hierros hospedaje.

Don Juan.

Cae, ¿no? que ya me arrojo.

Pierres.

Acaba, no seas cobarde,

¡que el diablo me haya traído

a título de amante,

donde entre glorias y penas

vivo desvelado y con hambre!

No hay ruin baque que participe

mi daño que no me alcance.

Pang. 45

Don Juan.

¿Qué piensas?

Pimentel.

Estoy dudando

del modo que he de arrojarme,

si me ajuste, o si me doble,

si me sesgue, o si me ensanche;

si será mejor medio

que baje los pies aprisa

por breve, presumido,

que el peso es menos grave;

como yo no he ensayado

de volatín, ignorante,

siempre temo en mis cubiertas

Don Juan.

Camina.

Pimentel.

Estás

que es forzoso,

señor, para que te agrade.

Don Juan.

Allá voy; por darte gusto

que ninguna pared se cae

del jardín me apercibo,

según el césped es grande,

así voy.

Pimentel.

¡Haste hecho mal!

Don Juan.

¡Desengaña mi linaje

con la pregunta

que haces!

Quebrado estoy por cien partes.

De todo punto me he muerto.

Pimentel.

Menos mal será entre males,

pues no tendré que sentir,

quien pudiera imitarte.

Don Juan.

Yo te diré mi caída.

Ahorcarte le pagarás.

Que en fin no puedo moverme

de ninguna manera.

Pimentel.

Él desmaya.

Es imposible enderezarse.

Que la imaginación

en las faldas y en las piernas

será forzoso el dejarte,

que por las paredes siento

que saben de mucho alcance.

Don Juan.

¡San Lucas!

Pimentel.

¡Lindo hablo!

¿Que el diablo mismo te aguarde?

¡Espera!

Don Juan.

No hay que esperar.

Pimentel.

Como tan presto sanaste,

porque es el miedo piadoso,

y aquesos milagros hace,

metido a los tiernos ruegos

con que atiende su imagen,

Don Diego.

De aquel escocer, acá mi-

dos hombres miro acercarse.

Pang. 46

Don Diego.

Cuyo silencio y recato

son indicios que persuaden

que han escalado el jardín

con intento de robarme,

y así me importa dar voces

fingiendo que llamo a alguien,

ya que solas me han dejado.

¡Alberto, Rodrigo, encended

la linterna, y aprestad

los perros y a los gañanes,

con que se alborote el barrio!

D. Ju.

Mucho me importa el hablarle

antes que dé a dar voces

y nos impida la calle.

¡Ah, caballero!

Die.

¿Quién llama?

D. Ju.

Un hombre noble que sabe

que vive en vos la piedad,

y procura que le ampare

del rigor de la justicia,

de quien huyendo el alcance

se ha arrojado a vuestra casa,

que por sagrado le vale.

Die.

Demás de ver que acredita,

señor, vuestra noble sangre,

la cortesía en el ruego,

la urbanidad en el traje,

me empeñó la obligación

a que del peligro os saque,

a despecho de las dudas

que pudieran embarazarme

el serviros, disculpando

con los ejemplos notables

que la historia previene

para no dudar en sus males.

Seguro podéis estar

de que mi intento es libraros;

y mi dueño, si se puede

saber...

D. Ju.

Soy Don Juan de Sosa.

Die.

Y yo,

señora doña Diega Velarde.

D. Ju.

Quien al veros se acobarda,

y a fe que podéis honrarme.

Die.

Mas ¿qué accidente os obliga

por aquestas soledades

a que huyáis de la justicia

con descrédito tan grande?

Don Julio.

Obligado del calor

salí esta noche a pasearme,

por templar en regalados

vientos mis ansias con el ayre;

cuando admirando en la fuente

cómo los puros cristales

por claros copos de nieve

rebotaban a su margen,

con los aceros desnudos

dos hombres vi empeñarse,

Pang. 47

Don Julio.

a cuya defensa opuesto

pudo el mío llegar antes;

y, cayendo muerto el uno,

fue forzoso el retirarme

de la justicia, que entonces,

favor hallando bastante,

obliga que de un jardín

las altas paredes salte,

y de uno en otro, hasta el vuestro

caminé para librarme,

donde por merced os pido

que, registrando la calle,

descubráis si hay paso libre

para poder escaparme.

Don Diego.

Por mejor acuerdo tengo,

y por más seguro lance,

retiraros a ese cuarto,

en tanto que hago el examen

de quién ha sido el difunto,

que aunque le falta la llave,

común desafío en jardines

se excusa el riesgo más grave

de que seáis de alguno visto,

los pasos se os atajen.

Don Julio.

Decís bien.

Don Diego.

Pues entrad luego.

Don Julio.

Vuestra vida el cielo guarde.

¡Que Dios de aquesto, Pierres...!

Vase.

Pierres.

¡Que el cielo con bien nos saque!

Don Diego.

¡Oh, mocedad desgraciada!

¡Oh, juventud miserable!

¡De aquellos tiempos perdidos

viva muerte, y viva imagen!

¡Qué bien repite a la idea

la memoria los pesares

que pasó, cuando pretende

en sus ruinas restaurarse!

Quien no conoce los riesgos

ni se avisa de los males

primero, ¿cómo puede

ejercitar las piedades?

¡Oh, bien hayan los peligros,

aunque cuando avisen maten,

que, en fin, dejan el ejemplo

si ejercitan las crueldades!

Vase, y salen Don Julio y Pierres como a oscuras.

Don Julio.

Anda, Pierres.

Pierres.

¿Qué he de andar,

si ignoro por dónde voy,

y a cada paso que doy

temo un difunto encontrar?

Don Julio.

No temas, pues vas conmigo.

Pierres.

Lindo seguro de vida,

cuando resultó la herida

la prevención de un amigo.

Pang. 48

Pierres.

¡Oh, qué conjuro previene

tu mágica valentía

contra una alma, en la agonía

de los tormentos que viste,

cuando de un pie me han asido

y de la capa tirado!

Don Juan.

¿Estás en ti?

Pierres.

¿En qué he errado?

Don Juan.

¿No basta en haber temido?

Pierres.

Nací con esa lisión,

de conservar la salud

no es muy pequeña virtud;

sino es virtud, es acción

por lo menos de prudente.

Don Juan.

Eres hombre muy mirado.

Pierres.

Peco de considerado,

como tú de ser valiente.

Don Juan.

¿Qué causa le habrá traído

a este jardín, a Don Diego?

Pierres.

Del tiempo el ardiente fuego

será la que le ha movido.

Don Juan.

¿Si Leonor estará aquí?

Pierres.

Es el tema del sermón.

Don Juan.

Es Pierres una pasión

que me trae fuera de mí.

Pierres.

Si has de ser mi guía, señor,

procura que ese tormento

no te deje tan sin tiento

que me alcance de tu error.

¡Que hay silla tan descortés,

y bufete tan pesado,

que para hacer un enfado

tienen de plomo los pies!

Con una cama he encontrado.

Don Juan.

Menos mal aunque esté dura.

Pierres.

De seda es la colgadura.

Don Juan.

Gracias a Dios que has llegado

Pierres.

donde puedo descansar.

Don Juan.

Siéntate.

Pierres.

Pues ¿qué he de hacer,

si Don Diego ha de volver

y te es forzoso esperar?

Don Juan.

Dices bien, mas oye atento,

porque han abierto la puerta;

no fue tu atención incierta,

que yo de las voces siento

el susurro moscardón,

que no es abeja de miel,

murmuro que intenta cruel

mucha prolija prisión.

Detrás de aquesta cortina

nos podemos esconder

con que echaremos de ver

qué su intento determina.

Salen el Marqués, Celio y Fenisa.

Fenisa.

Aquí podéis esperar

mientras Don Alonso pasa,

que no se detiene en casa.

Pang. 49

fab.

Vuelve la puerta a cerrar

y ya que nos dejas, Fenisa

no nos alcancen a ver

vase

fen.

no tenéis de qué temer

que yo volveré de prisa

lise.

ministro es de amor famoso

fab.

hágalo bueno amor

pues por ella en mi favor

me suple lo perezoso

pier.

parece que ha entrado gente

D. Ju.

calla por Dios, no te sientan

que los que temen no alientan

cuanto más hablar

pier.

consiente

dejar que he ingenio erro

hará del discurso alarde

D. Ju.

quien habla más que un covarde

pier.

ni quien puede como yo

si en hablar y en temer

estoy igual, y tan parejo

que daré al temor licencia

y hable aun antes de vencer

Salen leonor y laura con una bujía encendida

leo.

Repara esaliud del viento

porque será menester

prevenir, o componer

de mi padre el aposento

que del calor fatigado

será forzoso que venga

y que en la quietud prevenga

alivios a su cuidado

En el margen: y a que celia me previene / que en este cuarto se pone / escondeos aquí don fabrique / porque su ...

lau.

Válgame el cielo

leo.

que tienes

lau.

no ves dos hombres allí

que se esconden

leo.

¡Ay de mí!

temo algún mal

lise.

que previenes

haste, si te han visto ya

fab.

dices bien, pues es error

retirarme, cuando amor

por disculpa valdrá

pier.

laura con leonor ha entrado

y dos hombres al encuentro

les salen, que estaban dentro

confuso estoy de admirado

D. Ju.

De mis penas oprimida

dudo entre la voz y el labio

si hable por templar mi agravio

o calle por tener vida

llegue el marqués

fab.

No aliente a vuestra crueldad

señora mi ciego error

pues no hay fineza en amor

sin alguna ceguedad

Abono de esta verdad

será mi fe en lo constante

disculpando lo ignorante

con violencias de su fuego

porque me acusen de ciego

para acreditarme amante

Pang. 50

fab.

Veros quisieron mis ojos

no intentaron ofenderos

porque a la gloria de veros

les dio el hacer enojos

No me culpen mis antojos

Leonor hermosa de alivio,

pues cuando agravios recibo

presume con espantarme

que no se eclipsase al verme

la luz por quien muero y vivo

Don Juan.

Al marques me ha parecido

que esta con ella hablando

Pie.

No puede ser, que enterrando

estará al difunto herido

Don Juan.

repara más advertido

y verás que no es engaño

que dices

Pie.

que es caso extraño

Don Juan.

hare que en sus brazos muera

Pie.

detente por dios, y espera

a escuchar su desengaño

Leonor.

Desacordado ofendéis

a quien deseáis agradar

conque el mérito de amar

deslucís con lo que hacéis

o ignoráis o no queréis

pues sabéis que estoy rendida

a otro amor agradecida

y que es accion desaprobada

querer una alma forzada

para aborrecer la vida,

cuando llega a entender ver

que es malo para marido

hombre que busca sentido

la que elige por mujer.

yo quiero a vos, y queriendo

forzoso es con la pasión

que falte a la estimación

del que estoy aborreciendo

Con que mi horror advirtiendo

vos se deja conocer

sin mi falta el merecer

y en vos culpo el desear

que no me habéis de estimar

ni que yo os puedo querer

Pues amar aborrecido

demas que agravio es de amor

en un amante el horror

cuanto mas en un marido

pues como oro sentido

no considera queriendo

en lo que está padeciendo

Pang. 51

Leonor.

que aun se llegan a negar

los alivios de mirar

a quien está aborreciendo.

Don Juan.

No oigo cómo le aborrece,

cuando su amor acto intima.

Pierres.

Mucho esa razón te anima.

Don Juan.

Antes, Pierres, me enfurece;

porque tan mal me parece

el desenfado atrevido,

que aunque fuera el elegido,

por no verla despejada

confesarse por culpada,

perdonara el ser querido.

Pierres.

Si tu amor premiado fuera,

y ofende tu voluntad,

que eso fuera necedad

pues fineza pareciera.

Don Juan.

¡Ah, de tu engaño quimera!

Pierres.

Siempre lo ha sido amar.

Fabela.

¡Ay, más desdichas, rigor!

Leonor.

¡Ay, más daños que esperar!

Fabela.

Muriendo estoy de pesar.

Leonor.

Temblando estoy de temor.

Fabela.

De vuestro amor la pasión

tan tiranamente os ciega,

que en mi descrédito niega

vuestra misma estimación.

No desdora mi opinión

quereros enamorada,

que la más apasionada

en su virtud constante

no deja de ser amante

por corresponder honrada.

Aunque os quiero aborrecido,

no estoy de vos descuidado

para vivir desconfiado

de poder ser admitido;

que entre quejas de ofendido,

tal vez la fortuna airada

se templa de cansada,

o se mueve condolida,

y la que no obró querida,

viene a querer por obligada.

Esto es amar sin interés,

pues pretendo enamorado

coronar de mi cuidado

por lo amante lo airoso.

Injusto el agravio es

con que ofendéis mi valor,

que la fineza de amor

no disimula ofendida

por lisonjas de la vida

los desprecios del honor.

No trastoque la opinión

del claro honor que enmudece

el intento de un deseo

que mueve la inclinación.

Pang. 52

Fabela.

Porque a fe que si la intención

no hubiera honor atrevido

que en la idea deslucido

de la más noble mujer

no se llegara a perder

aun antes de haber querido

dejad de ser rigurosa

Leo.

Sed por Dios más cortesano

Fab.

Templad el rigor tirano

no parecéis tan hermosa

Advertid que el ser piadosa

acredita la deidad

Leo.

que postiza necedad

Fab.

cuando lo dejáis de ser

es fruto de un querer

con tan ciega voluntad

Leo.

Mi padre puede venir

y se arriesgará mi honor

Fab.

en perdiendo yo a Leonor

no hay que temer ni advertir

Leo.

Ya no se puede sufrir

vuestra arriesgada locura

Fab.

antes parece cordura

de mi amor el tierno afecto

pues me abona de discreto

el querer a vuestra hermosura

Leo.

baste ya, señor marqués

lo perdido, y lo arriesgado

que Don Juan me haya dejado

por otro amor descortés

yo le quiero y pues él es

el alma de mi sentido

baste ya el tiempo perdido

dijo don Juan

D. Ju.

me parece

Pic.

nombre de firme merece

D. Ju.

cumples con el ser querido

Pang. 53

Leon.

¡Ay Dios, señor, sed más cuerdo,

no ocasionéis mi pesar!

Fab.

Yo no he de irme sin dejar

restaurado lo que pierdo.

Leon.

¡Oh, volved en vuestro acuerdo!

o haréis que, precipitada,

dé voces llamando, airada,

a quien...

Fab.

Sabiendo mi amor,

satisfaga vuestro honor

con dejar mi fe premiada.

Salen don Juan y Pierres desnudando las espadas.

D. Juan.

Eso no, porque mi acero

vencerá vuestra porfía.

Fab.

¡Ay, suerte como la mía!

Leon.

Aunque mayor daño espero,

me anima ver lo que quiero

en mi defensa ocupado.

Lau.

¿Quién habrá a don Juan entrado,

y aquí al marqués escondido?

Leon.

Sed, don Juan, más advertido,

y con mi fama acordado.

Dice de dentro don Alonso.

D. Alonso.

¿Qué estruendo es ese, Fenisa?

¿Quién esta casa alborota,

y en el cuarto de mi padre

tantas voces ocasiona?

Leon.

Muerta estoy, no puedo hablar;

que la voz entre congojas,

con alientos desmayados,

en la garganta se ahoga.

D. Juan.

Aprisa, aprisa pasemos,

que la ocasión se os malogra.

Fab.

¿Qué desdicha no me alcanza,

pues ninguna me perdona?

Pier.

De don Quijote, aventuras

parecen nuestras historias;

a cada hora hay un tuerto

que enderezar cada hora;

ya no hay industria que valga

ni mortecina que ponga;

con el temor yerra el mudo

que los pasos se nos cortan.

Don Juan queda con tranca la barrera.

Sale don Alonso.

D. Alonso.

¿Qué es esto, señor marqués,

ver en mi casa a estas horas

con el acero desnudo,

sin advertir mi deshonra,

y con dos hombres riñendo,

y Leonor entre zozobras,

de la confusión turbada,

presa la voz en la boca,

para decirme la causa?

Fab.

Aquí de la industria importa

valerme, antes que pueda

informar Leonor, que llora.

Salen Fenisa y Celia.

Fen.

Anda, señora, de presto,

y tantos daños estorba,

como el amor anhelado

para tu desdicha logra.

Pang. 54

Cel.

No puedo mover las plantas,

cada paso un monte topa,

de plomo calzo los pies,

de hielo el pecho se copa.

Fab.

Que juro que conocieras

una amistad corresponda.

Llegué esta noche por veros

a estos jardines de Flora,

donde, al preguntar por vos,

no hallo nadie que responda;

las puertas de par en par,

las salas desiertas todas,

un caos de voces confusas

entre escuridad de sombras,

a que examine me obliga

la causa que las provoca;

con la licencia de amigo

y la obligación forzosa

paso el umbral y, adentro,

hallo confusa y absorta

de ver que estos caballeros

en este cuarto se escondan,

cuando el honor de su casa

con tanta virtud se apoya

que, sin tener la malicia

escrúpulos de piadosa,

parece que hasta en su envidia

la venera o la perdona;

sacan la espada en mi ofensa

con que obligan a que ponga

mano a mi acero, y enfrene

con él su arrogancia loca.

Don Al.

Pues mueran, señor marqués,

los que atrevidos se arrojan

a profanar los umbrales

por turbar mi fama honrosa.

Leo.

Detente, hermano, detente.

Don Al.

¿Pues tú, Leonor, me reportas

cuando alentarme debías

al castigo riguroso?

Desvía, o haré en tu pecho

que mi cólera conozcas.

Leo.

Mira, señor, que es mi esposo.

Don Al.

¿Qué dices?

De dentro don Diego.

Don Di.

¿Quién alborota

con tantas voces mi casa?

Alonso, pues tú provocas

a ofender lo que yo amparo

por acreditar con sobras

tus necias inobediencias,

¿es acaso la persona

del señor don Juan Osorio

tan deslucida o tan tosca

que desmienta el ser quien es,

para que tú no le oigas

en sus razones prudentes?

Pang. 55

Don Di.

el que le estimo conozcas,

perdónale que es un necio

Don Juan.

no puede errar, el que es hoja

de tronco tan eminente

Don Alonso.

permite señor que rompa

con la disculpa el silencio

ya que el discurso no ignore

la obligación con que nace

quien hijo tuyo se nombra

viendo a ese caballero

con el marqués allí a solas,

y admirando que entre cuarto

hombre humano se disponga

a perturbar la quietud

que tanto sosiego goza

saqué la espada ignorante

de que sea mi hermana esposa

de quien eliges por hijo

por hermana me adopta

Don Diego.

has perdido el juicio necio

piensas que con eso doras

tu inobediencia atrevida

Don Alonso.

mi hermana lo dijo ahora

Don Diego.

no puede decir Leonor

eso, Leonor está loca

y el señor don Juan Osorio

con razones fabulosas

Don Diego.

engañarme, siendo cosa

que aunque duerme en mi el acero

duerme pero no reposa

pues no hay vidas en un mundo

que por mi crédito y honra

no las acabe, cual ciervo

espigas secas deshoja

Don Juan.

no admito señor don Diego

que vuestra queja suponga

agravios a mi lealtad

cuando es fuerza reconozca

la merced que me habéis hecho,

mi incidencia es tan notoria

que aun el marqués la dirá

Príncipe.

indiscreta no mbras

quien podrá como ligero

Don Diego.

no es menester, que yo os creo

porque siempre Alonso forma

por apoyar sus locuras

aquestas disculpas sordas

Don Alonso.

tú has de hacer que pierda el juicio

Don Diego.

que no le tengas me enoja

Don Alonso.

habla, Leonor, que enmudeces

Pang. 56

Cel.

y con los de V. A. digo

se delinea a la sorda,

recelando estos mis daños;

porque si el amor informa

que soy culpada a hablar

como el marqués me enamora.

Fen.

No hay sino tener paciencia

que los tiempos se mejoran

y yo un dejar de un enfermo

viniendo el alma en la boca.

Cel.

Buen alivio me previenes.

Leo.

Entre dudas temerosa

todo es riesgo cuanto miro,

peligro es cuanto me informa;

mas quien en se arroja al mar

ni a la fortuna ocasiona,

ni puede estar de la suerte

con justa razón quejosa:

muera yo, mas muera amando

Do.

De qué estás Leonor dudosa

quieres que juzgue?

Leo.

No juzgues

hasta que el descargo oigas,

solo en tanto señor mi voz cobarde,

mi aliento desmayado,

el color demudado,

sé disculparme, por llegar tarde,

dé señas de un dolor, que el sentimiento

padece en el tormento

que causan mis enojos

enseñándose el alma por los ojos,

con que conocerás como testigo

que no es estar avara del castigo,

el mostrar en mi afecto

la estimación debida a tu respeto;

sino ver que en mi ser parece mengua

que este aliviar mi amor libre la lengua.

Turbaba un accidente

tu salud y mi vida

que por tener la unida

a la tuya el amor, el alma siente

que usurpe su rigor nuestro sosiego

padeciendo los dos a un mismo fuego;

tú el ardor, yo la pena,

mostrando el alma de congojas llena.

Cuando entre los remedios de la ciencia,

cada término debe a mi paciencia,

un siglo le parece,

mas viendo que el mal crece,

apelan mis pasiones

a sacrificios santos de oraciones,

conque de las promesas desvelada

a San Diego te ofrezco cuidadosa

con voluntad tan pura y afectuosa.

Pang. 57

Leo.

que has de quedar de amor por disculpada,

mi pasión e ignorancia parecía,

según por fuerza mi salud pedía.

Llevásteme a Alcalá donde gustoso

la obligación cumpliste religioso.

Y yo en fiestas entonces divertida,

que despejo parece más la vida

de aquello que profesa mi retiro,

saliendo a entretenerme a su ribera,

donde un confuso estruendo

de mi coche los brutos tanto altera,

que al freno inobedientes

con mi nave surcaron sus corrientes.

Disponiendo

queriendo más que en tierra su sosiego,

en agua consumir su ardiente fuego.

Quedé al susto ofuscada,

y entre los desaciertos de turbada,

que no huye de la vida,

pues venciendo al discurso los temores,

entre la inundación de los rigores,

antepuse a la modestia grave

cada vaivén de mi confusa nave,

presumiendo con voces y gemidos

Leo.

dejar los troncos a piedad movidos.

Cuando al naufragio estaban los humanos

ya el bajel en las ondas suspendido,

al agua es puente, tumba a mi persona,

pues repitiendo de Faetón estragos

vida fluctuó en undosos lagos,

cuando el sol atrevido

vencer quiere horizontes,

variando en fuego piélagos de montes,

sin persuadirse a que es intento ciego

cuando el cristal divide

un joven animoso,

con los brazos rompiendo el campo undoso,

hasta que el curso a mi bajel impide,

y en la calma le ensena

por encallar los remos en la arena.

a la orilla sacándome entre sus brazos.

Donde la margen mido,

cuando él de su arbitrio,

como sale en su oriente,

restituye otro sol a la corriente,

pues de cristales lleno

que le brota parece de algún seno.

Pang. 58

arrójase a los pies de su padre

Leo.

porque no mengue su arrogancia vana

ni de ambicioso culpen a su estilo

pues le vuelve una onda el mar asilo

no sé si agradecida

a la deuda que debo de la vida

o verle que bizarro y animoso

méritos se avizienta de dichoso

despierta en mi cuidado

un género de agrado

un no sé qué de gusto

que parece que el quererle es justo

sin que lo macilento

lo pálido del rostro descaecido

lo ajado del vestido

lo torpe de el aliento

por desazies deslugan los despojos

que agradan a mis ojos

que como era fineza a mi deseo

ayroso parecía el desaseo

en fin del modo que rindió el sentido

quedó a mi amor rendido

con que informada bien de su nobleza

de su ingenio y riqueza

fue amor acreditando

la inclinación con que le estoy amando

hasta que del marqués el amor ciego

turbó nuestro sosiego

obligando a don Juan que temeroso

se retire prudente no celoso

dejándome tan triste y afligida

que aborrecí la vida

tanto que tú advertido

y a la piedad de padre reducido

por templar de mis penas los rigores

me traes a divertirme entre estas flores

donde por no fiar su alojamiento

halló al marqués oculto en tu aposento

a don Juan escondido

a mi hermano irritado y ofendido

yo suspensa y turbada

el caso ignoro y el peligro advierto

mas por no verle muerto

prevengo agradecida

medios con que pagarle con la vida

y hallando el más piadoso

dije que era mi esposo

segura que en mi amor correspondido

me previno advertido

culpando dilaciones su paciencia

rendirse a tu obediencia

por lograr el deseo

haciendo nuestro amor él y m[ineo]

mira si es digno de tu ser piadoso

un yerro amoroso

o yo no soy culpada

que amalte el rojo humor mi noble espada

pues a tus pies rendida

como tuya señor está la vida

Don Juan.

y yo más obediente

que te rinde el amor su pecho ardiente

que temples el rigor humilde pido

o se ejecute en mí si endurecido

no se mueve a piedad tu enojo ciego

que aun la crueldad se lisonjea del ruego

Don Diego.

tanto señor don Juan en esto gano

que los brazos os doy d'ella la mano

porque en tan dulce empleo

ora sea el alma y suyo mi deseo

Don Pedro.

ya que mi amor tan desgraciado ha sido

que el nombre pierdo de hijo agradecido

[...] que no sea ilustre el de[...]

siendo celia tu dichoso empeño

Reina del alma y de tu ardor dueña

Don Diego.

y Celia está a mi voluntad conforme

siendo [...]

Celia.

cuando no me dictara amor mi nombre

llegara a decidirme

aunque no fuera justo

que en lo que no es elección rinda su gusto

corresponde al marqués agradecida

y mía está a su voluntad rendida

Pang. 59

Dr. Don Juan de la Cerda.

Vista.

Esta comedia que se intitula desobligar amando no tiene cosa contra nuestra santa fe ni buenas costumbres y así se podrá representar.

Pang. 60

Astolfo.

Mil siglos tengas de vida.

Fabio.

Ya que he sido desgraciado,

perdiendo el ser hijo suyo,

permitid que me honre en tanto

el parentesco con Celia.

Diego.

Logros con su dicha gano;

da la mano al marqués, Celia.

Celia.

Dichas en tu gusto alcanzo.

Astolfo.

Eternidades vivid

Fabio.

para serviros entrambos.

Pi.

¿Y yo quedo entre renglones?

¿Estoy acaso baldado

para no poder ser hombre?

Conde.

Yo satisfaré a ese agravio,

pidiendo a mi padre deje

que Laura te dé la mano.

Laura.

El cielo aumente tu vida

de Matusalén los años.

Celia.

Y aquí, senado famoso,

los errores disculpando,

logre su fin la comedia

de Desobligar amando .

Fin.

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