Texto digital de Desobligar amando
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Desobligar amando. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/desobligar-amando.
DESOBLIGAR AMANDO
Pag. 1
102
1
Autógrafa 3
Tít.
Desobligar amando.
Comedia original de D. Juan de Lavarreda.
Leg.º 15
6
118
Jornada primera
Pag. 2
Don Juan Osorio + El marqués Fabio + Don Alonso - +
Leonor, dama + Celia, dama + Laura, criada + Fenia, criada + Pierres, lacayo + Liseno, criado
Salen Don Juan, y Pierres, y Laura escondiéndolos.
Andad, no os acierte a ver
don Alonso, mi señor.
De mi fortuna el rigor
nunca templa su poder.
Por aquí podéis entrar
en este escuro aposento.
Mucho el esconderme siento.
Y yo el que nos puedan hallar.
Éntrense, y salga Leonor por la otra puerta.
Ea, cierra, Laura, la puerta,
no dé a la curiosidad
indicio la novedad
que al más dormido despierta.
Previenes como prudente
que el trabajo desperdicia
quien no engaña la malicia
con la verdad aparente.
Pag. 3
que en un bien no conocido,
la mayor satisfacción
es hacer la obligación
eterna el agradecello.
Aunque tocaba a mi hermano
a este empeño el responder,
por mí quiero agradecer
lo que por su dicha gano.
Logro es conocido y llano,
señor, a quien sabe dar,
mas yo llegara a culpar
a quien da para rendir,
que es género de pedir
hacer bien por obligar.
Y así, mi hermano, señor,
aunque en serviros se emplea,
no intentando desea
granjearos para deudores.
Las finezas de su amor
no es bien que sirvan de historia
para que en vuestra memoria
acusen su vanidad,
que a la liberalidad
el dar le basta por gloria.
A tan estrecha amistad
excuso agradecimientos,
que invician los cumplimientos
la más fina voluntad.
Pag. 4
No ha menester la verdad
más crédito que su honor,
como al día el resplandor
que se muestra por resquicios,
no pueden faltar indicios
al fuego en que vive amor.
Sale Fenia, criada.
Mi señor don Diego llama,
y por ti ha preguntado.
Jamás sosiega el cuidado
divertido en lo que se ama.
El padre, en fin, cuya llama
nunca desmaya, de amor.
Vase.
Perdonará ese favor
mi mocedad mal sufrida,
que apura mucho la vida
el subsidio de un rigor.
Mas porque es tarde, y pretendo
con la obediencia cumplir,
y me quiero prevenir
para ir al marqués sirviendo,
quede en mi ausencia supliendo
las finezas tu cuidado,
que aunque no toca a tu estado
el divertir su pasión,
es decente compasión
la que da un enamorado.
Divertí, señor, el justo
desvío, mas los rigores,
mas las penas por amor
son achaque de buen gusto.
Mucho admira que el disgusto
cause en vos tanta tristeza,
y del valor es flaqueza
que mostrar quiere el amor
con imperios del rigor
el poder de su grandeza.
Sale Celia y quédase a la puerta.
Con Leonor está el marqués.
¡Oh, amor, y cuánto envidioso,
con sospechas mal nacidas,
castigas mis enojos!
Quiero escuchar lo que dice.
Pierres, acércate un poco,
oiremos de este señor
los discursos amorosos.
No quisiera que por ti
se vuelva evangelio corto
el refrán de su mal hay,
que en amor es peligroso.
Desde el cabello hasta el pie
trae este asunto hermoso
a las deidades envidia,
a los humanos asombro.
Mujer tan vana y tan cruel
parece al discurso impropio,
viendo que imprudente falta
de su opinión al decoro.
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de la vanidad en ella,
por dar al triunfo despojos,
no quiere ser de sí propia
por poder ser más de todos.
No admito que la ofendáis,
ni que sea afrenta a mis ojos
venerar lo profanado
o adorar lo mentiroso.
Ventura fue, no favor,
descuido, no desahogo,
el que la suerte previno
para mi mal en su abono.
Era la estación del año
en que del ardiente Toro
vistió lucientes llamas
el escorpión venenoso,
cuando en Manzanares, cuando
surcan bajeles el Soto,
robando el Favonio en selvas,
rompiendo el cristal en golfos,
porque en floridos palacios
y en alcázares undosos
tal vez parezcan sirenas
los que de ninfas son coros.
Me hallé una tarde oprimido
de un pensamiento amoroso,
que por recién engendrado,
tuvo su ocaso en su aborto.
Aquí en verdes laberintos,
vacando triste y ocioso,
me fue empeñando lo espeso
de sus árboles frondosos,
hasta que enfrenó mis pasos
y corrigió mis ahogos
el dulce estruendo de un ángel
con festivos alborozos.
A que advertida la vista,
por entre los verdes olmos,
desengañó del recato
los escrúpulos medrosos,
admiré Leonor hermosa,
en un animado escollo,
a quien sirven de vidrieras
los cristales presurosos.
Que siendo hielo entre nieve,
con rayos haga el desdoro,
que si vence el agua al fuego,
aquí no sirvió de estorbo.
Mas fue que al sol se miraba
cuando, al dilatarse hermoso,
límite a su luz previene
el cristal unido al plomo.
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Pues detenidos sus rayos
parece que por los poros
que penetra en las vidrieras
abrasa más caluroso.
Mas, ¿qué mucho, si aun él mismo
se retira vergonzoso
de ver que su luz no luce
adonde asisten sus ojos?
Y que el honesto clavel
a sus labios cauteloso
para salir de vergüenza
hace de púrpura robos.
A las perlas de su boca
el jazmín pide socorros
que se oscurece la nieve
si el ampo compite airoso.
El aura ruega a su aliento
que la admita, codicioso
de ser alma de las flores
la vida del favonio,
humilde afeando la rosa
del rosicler de su rostro,
salir por alba del día
a despertar sus pimpollos.
Todo su beldad retrata,
copia de su cielo es todo.
O se matice la selva
o se adorne el verde soto,
como cielo se venera;
quiere amor, por ser dichoso,
que en este imperio del mundo
tenga la gloria su trono.
Limitó un cendal la vista,
que aun pasara a más asombro,
si celoso o recatado
no impidiera lo curioso.
En fin, para admiración
de este paraíso hermoso,
árbol pareció vedado
brindando al gusto con pomos.
Huye ninfa de las aguas
a un coche, bajel redondo,
que por quitarle los remos
le dejó en calma el piloto,
corriendo sus cortinas.
Cielo fue en tanto que adorno
la restituye a humana
desengañando mis ojos.
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Pues hasta allí venerada
parece que lo miedoso
del respeto, halló amor
en precipicios de antojos;
pues de su beldad rendido
salí de verla tan otro
que con quitarme la vida
por gloria la reconozco.
Con muda atención del sitio
me retiré poco a poco
por cortés, no escarmentado
de ser Acteón a sus ojos.
Mira si derecho adquiere
el verte para dichoso,
o si merece mi amor
premio por amarte solo,
que si no vivo de amante
o con finezas no logro
el premio de mi deseo,
acusaré de envidioso...
Gracias a Dios que lo dijo.
¡Oh, qué cansado y qué loco!
Que pinta lo enamorado,
que afecta lo cuidadoso.
Dicha fuera en tales tiempos
el hallarse un hombre sordo
que excusándose a sus males
no escuchara un enfadoso.
De un tuerto dijo un buen gusto,
viendo a su dama con otro
que pasó por el lado
de que era de vista romo,
excusándole el no verla
de los empeños honrosos:
no fue, no, tener dicha,
dicha fue no tener ojo.
De celos me estoy muriendo.
¡Oh ingrato! ¡Soberbio y loco!
Pues mis finezas desprecias
por lo que es favor dudoso,
yo corregiré mi amor.
Recelando estoy el modo
con que le ha de responder,
porque si no es en mi abono
te juro que he de burlar
su pensamiento engañoso,
que han de volverse exequias
los que presumió por gozos.
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Vuestra señoría
consulta mal sus antojos,
pues no atiende inadvertido
de su nobleza, al decoro
de amigo, a la obligación;
y entre peligros que toco
a mi honor, que le aseguro
le parezca más que todo.
Si funda en verme el derecho
de su justicia glorioso,
podrá alegrarse en mis males,
tendrá su alivio en mi enojo,
y echará de ver que el verme
no es empeño tan forzoso
que le fíe a la esperanza
lo que al agrado le ignoro,
que a dejarme ver, es cierto
le disculpara quejoso
que las acciones del gusto
son en la tibieza oprobios.
Mas porque tarde parece,
Laura, avisa a don Alonso
que está esperando el marqués.
Obedecerte dispongo.
Eso no, Laura, detente,
que será hacer sospechoso
con él mi amor, si importuno
su comodidad estorbo.
Pues seré yo quien le avise,
que es dejarme ver impropio
de quien da por un descuido
jurisdicción a sus ojos.
Levántanse de las sillas.
Rigurosa estáis conmigo.
No es rigor lo que es forzoso
a tantas obligaciones.
De enamorado estoy loco.
¡Qué mal se os echa de ver,
si los que quieren son cortos!
Más de señor que de amante
me parece vuestro modo.
Salir me importa de presto
que viene mi primo, y pongo
en contienda mi opinión
si conoce mis enojos.
Sale Celia.
Prima mía, de estas dichas
tantos favores supongo,
que es fuerza me alcance parte
Como parte, prima, y todos...
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que es el marqués tan cortés
y de amor tan generoso
que tendrá amor para todas
con ser tan dificultoso.
Muchos favores me hacéis.
Dícenme que sois curioso
y que retratáis en cera
con tanto primor al propio,
que aun la vida le mentís
en el retrato a los ojos,
pues se engañan los sentidos
creyendo que no está ocioso;
¿cómo no formáis en bronce?
que esto de cera no abono,
porque es materia tan frágil
que el fuego, el descuido, el polvo
pueden borrar un retrato,
y a mí me parece impropio
que la atención se malogre
de un hombre tan ingenioso,
que aunque estuvierais prevenido
de darle al cristal celoso
de que os le pinte más vivo,
o sirva el viril de antojos,
es malograr el trabajo,
no eternizar lo glorioso.
Todo lo ha escuchado Celia;
mis pensamientos malogro.
Celosa viene mi prima.
Linda condición de novio
querer a todas.
Mal dices,
no puede estar cuidadoso
hombre que reparte el gusto.
¿Qué importa, si el que halla es poco?
Sale don Alonso.
Disimular me conviene,
porque viene don Alonso.
Perdonad lo que he tardado,
y abone mi dilación
de un padre la obligación,
a quien asiste el cuidado.
Cumplimientos excusad,
que entre amigos la llaneza
siempre es la mayor fineza
que muestra la voluntad.
Ya sabéis cuánto deseo,
Leonor, de mi padre el gusto,
y que obedecerle es justo.
De tu cordura lo creo.
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¿Y qué le ocasiona enojos
el que ande desabrido?
Es el amor prevenido
como esa luz de sus ojos.
Hace aquesta prevención
porque esté Leonor querida,
para que yo entre advertida,
porque tirando al balcón
una piedra, abras la puerta,
no le ocasione el llamar
a que pueda dispertar
y halle la del patio abierta.
Esto es tenerle respeto,
ya que no serle obediente;
paréceme lo prudente
tan bien como lo discreto.
Aparte.
A Leonor.
Mi industria intenta dejar
a don Alonso ocupado
y con la seña que ha dado
volver a Leonor a hablar.
Pues solo podré mejor
con las lisonjas del ruego
ser Sinón que el dulce fuego
introduzca de mi amor.
Señora, ¿qué mandáis,
para que os sirva mi deseo?
Con tantos favores creo
que mi humildad empeñáis
a que se corra obligada
de ver que pagar no puede,
y es porque afrentada quede
de ver que no os sirvo en nada.
Adiós, Leonor.
Él te guarde.
En un descuido éste advierte.
Porque al ruido no despierte,
procura no venir tarde.
Vayan a Dios, que se han ido.
Aun nos queda que esperar,
que Celia habrá de apuntar
algo de lo que ha entendido.
¿Cómo el marqués te parece,
como los demás señores?
Buenos para dar favores
si hay quien su gusto apetece.
¿No es muy galán y entendido?
No le miré con cuidado,
que en lo que gusto me ha dado
es solo en haberse ido.
Y así, porque esperando quedo
a mi hermano, y no es razón
que falte a la obligación
de mi padre por su miedo.
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Vete, prima, a entretener,
consiguiré, divertido
en tus gracias, que advertido
mi falta no pueda ver,
aguardarás, no te admires
de mi nueva pretensión,
a que llegue la ocasión
que a tu cuarto te retires.
A agradarte es mi gusto.
Dios te guarde, más que a mí.
La esperanza aun no perdí,
pues le ha causado disgusto.
Vase.
Laura, aunque así se ha ido,
síguela por si curiosa
escucha, que una celosa
es peor que un necio ofendido.
Encubrirle mi secreto
quisiera, si puede ser.
Eso es saberlo entender
a lo honroso, amar discreto.
Y así va muy mesurada,
a ver si escuchas procura,
con hipócrita mesura,
vista disimulada.
A Don Juan quiero avisar,
como puede ya salir,
que toda cosa es mentir.
Vase.
como se llegue a lograr.
Mira que te pueden ver.
No seas amante tan tierno,
disfraza más tus acciones
o disimula tus recelos.
Esto a Leonor se lo debo,
por su honor y mis deseos,
que se malogran las dichas
en no siendo un hombre cuerdo.
No sé por Dios lo que tengo,
que el corazón no me cabe
en los límites del pecho.
Cansado me ha este marqués,
sin que lo jure lo creo,
que a mí también me ha enfadado
sin averme dado celos.
Sale Piorno, y quédase arrimado a la puerta don Juan.
Deje aquí el ignorante
entre las sombras del olvido.
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¿Qué suspensión es aquésta,
señor don Juan, que el silencio
para atormentarme viva
os va bosquejando muerto?
No imitéis al que dormido
entre las sombras envuelto,
por correrle la cortina
la luz en su vista al sueño,
con querer que el sol le ilustre
parece que le está huyendo,
pues a sus ojos las manos
de nubes le previnieron.
Despierto, señora, estoy,
aunque parece que duermo,
que no es mi mal tan piadoso
que me permita el sosiego.
No me ofenden ya las luces
ni excuso lo que advierto,
aunque para ver mejor
industrias busque el remedio.
Rigores son de mi suerte,
y aun dudara al padecerlos
que eran penas, si el dolor
no avisara al sentimiento.
Con penas, ¿que no ha un instante
que estabas de glorias lleno?
Para mudarse a miserias
les faltaba solo el tiempo.
Declárate más, don Juan,
que entre dudas que padezco,
ni de mi crédito vivo,
ni de mi desdicha muero.
No sé, Leonor, cómo diga
que mi triste sentimiento
padece más de confuso
que de mis males opreso.
Pues del rigor oprimido
(aunque es mucho su tormento)
solo del vivir le ignoro
lo que al discurso le mido.
No suele en marcial campaña
o en ceñido sitio opuesto
dedicarse a la interpresa
de un escuadrón el esfuerzo,
que al embestir animoso
y al acometer ligero
por templarle la arrogancia
revientan minas de fuego,
a cuyo funesto error
quedando todos suspensos
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entre las nubes del polvo
ni bien vivos, ni bien muertos.
Dudan si adelante pasen
a hacer sepulcros los senos
donde bosteza el volcán
que las industrias fingieron,
o si al retirar el paso
la tierra que voló al cielo
será tumba de sus vidas,
restituida del viento.
Pues así, Leonor hermosa,
en amor bizarro, o ciego,
que lo animoso en amor
es lo que falta de cuerdo.
Al cielo de tu hermosura
anime mi atrevimiento,
cuando por templar su ardor
revientan minas de celos.
Si miro a la estimación
de tantos merecimientos
como el amor te concede,
mis pensamientos condeno.
Si a la grandeza y poder
del marqués los ojos vuelvo,
temo ser del mar despojos
para segundo escarmiento.
De modo que al ofenderme
del perderte los recelos,
ni de la muerte me valgo
ni del vivir me aprovecho
que entre los miedos cobardes
la estimación que te ofrezco
ni me consuela por vivo,
ni me desprecia por muerto.
Entre obligada y quejosa
duda mi conocimiento
si del amor es fineza
lo que es de mi honor desprecio,
que aunque al amor le acreditan
las desconfianzas que advierto,
no quiero yo que en mi agravio
te examines de discreto
que dudar de mi opinión
por apoyar un deseo
es intentar con las sombras
turbar del sol los reflejos;
y en una mujer amante
no parecen bien los medios,
porque ha de ser muy honrada
o ha de querer con extremo,
y así quien de mí juzgare
que sé lo que yo me debo
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conocen por quien soy
la fineza con que quiero
Mas porque espero a mi hermano
y será otro hacer su encuentro
vete por Dios no persuada
al peligro el desacuerdo
Aun no a un instante Leonor
que a verme en tus ojos llego
y ya se cansan sus luces
de que me mire a su espejo
Esto puede ser amor
Si Don Juan y muy perfecto
Como si el amor es sed
se satisface tan presto
No suele en la fiebre ardiente
engañarsele al enfermo
con el cristal a la vista
por quien anelo sediento
excusándole el que le arrima
a la ambicion del deseo
sin peligro de la vida
por un moderado aliento
Pues así bebe mi amor
a costa del sufrimiento
viviendo para beber
y por beber padeciendo
vete por Dios no seas causa
de que perdamos el vernos
que en fin te he de obedecer
Si deseas mi contento
Eso es dudar de mi amor
no dudo que solo temo
que ahogue el gusto en los dos
que pase avanzado el riesgo
Mira que vendrá mi hermano
Causadores son sus miedos
dudas mias vencedlas
asta examinar mis celos
Vamos Pierres porque es tarde
acaba tus cumplimientos
que siempre el pie en el estribo
están los que somos siervos
A Dios mi Leonor querida
Guarde te Don Juan el cielo
Ay cuanto siento el dejarte
Vanse Pierres y Don Juan.
Y yo el que te vayas siento
Sediento muere al anhelar sediento
por el agua el enfermo cuidadoso,
que bebiendo mitiga lo penoso
mas no le impide al fuego lo violento
que cobra en el cristal parece aliento,
mucho ardor exalando rigoroso,
pues lo que estuvo detenido ansioso
arroja si lo vuelve en el tormento
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Tiran una piedra.
Abre la puerta.
Así de amor enfermo mi sentido,
cuantos alivios busca por los ojos
y mientras bebe que su ardor aumenta,
condición es del rayo derretido
volver a arrepentirle los enojos,
porque un alma de amor esté sedienta.
Ya la seña hice, mi hermano,
abrirle quiero la puerta,
para que hallando la abierta
no salga su intento vano.
Si se hubiera detenido
don Juan, ¡oh, cuánto rigor
introdujera el temor
en mi despierto sentido!
El estilo es desigual
con que el bien y el mal se ven,
que no hay anuncios del bien
y en prefacios viene el mal.
Parece castigo injusto,
y es que esta pasión ordena
que se adelante a la pena
lo que no anticipa el gusto.
Sale el Marqués.
Favorable está la suerte,
que a don Alonso he dejado
con sus gustos divertido,
y con la seña he entrado,
y abiertas las puertas hallo,
y topo a Leonor en la cuadra
donde tendrán mis cuidados,
sino alivio, la ocasión
en que hallar su desengaño.
Hermano, mas ¡ay de mí!,
señor marqués.
Sosegaos,
Leonor hermosa, que amor
es loco precipitado.
Mi osadía conozco,
mas es mi tormento tanto
que por moderar la pena
me aventuro a disgustaros.
Qué mal lo consideráis,
pues puede venir mi hermano
o salir mi padre afuera,
vida y honor peligrando,
justo, por Dios, que aventuro
en mi sosiego el descanso
de todos, y vuestro amor
morirá de mal logrado.
Sale Don Juan.
No fueron vanos mis celos,
vengo siguiendo al marqués,
y a tientas las puertas hallo,
y con Leonor a una parte
de la sala retirado.
¿Qué criado viene con vos?
No traigo ningún criado.
Pues mi hermano os ha seguido.
No puede ser, que entre halagos
entretenido le dejo;
no os asuste ese cuidado.
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Aparte.
Al paréceme que ha entrado un hombre
y estoy temiendo mil daños,
sin alma y sin vida voy,
presa la voz en los labios,
como el que sueña dormido
que le está el dolor ahogando.
¿A quién buscáis, caballero?
Vase Leonor para Don Juan, y el Marqués se retire hacia una puerta que ha de estar en el tablado.
A vos, Leonor, mas es falso,
que ya no busca a Leonor
quien escapó del engaño.
Desembócese Don Juan.
¡Ay! ¿Más desdichas formáis?
Dudando estoy lo que paso,
considerad como cuerdo...
No hay que ser considerado,
esto no es sin prevención,
sino concordia de entrambos.
Y vive Dios, pues he sido
de tu lisonja engañado,
que sin mirar a tu honor
ni a los riesgos de tu agravio,
que he de hacer para mi ofensa
de tu propia casa campo.
No ha de gozar la ocasión
tu gusto para mi daño,
pues es mejor quedar muerto
que no vivo deshonrado.
Pone mano a una espada.
Señor Marqués, ¿que no es caso
malograr un hombre dichas
para ser considerado?
Su vida, y mi honor se arriesga
si del valor no me valgo,
eso no, señor Marqués,
Mete mano Don Juan, y al ir el Marqués a terciar la capa Leonor le ahoga de ella y se encierra en la puerta.
Desvía.
No he de dejaros.
No cierres, Leonor, la puerta.
Porque he de hacerla pedazos.
Considerad a mi fama
y prudente reportaos.
¡Ay, señor! Advertid
que venís muy desalumbrado
con una mujer que os quiere.
Tenga, señora, las voces,
que su padre ha preguntado
la causa de este ruido
aunque temo mayores daños.
Vete, Don Juan, no te encuentre.
¡Qué mal lo has imaginado!
Después de darte la vida
lograr quieres mis agravios.
Solo que he de matarle;
y si intentas estorbarlo
romperé los lazos viles
que me pusieron tus brazos.
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de dentro Don diego
que estruendo es ese fenisa
llama Celia esos criados
y toma esta bujía
mientras que la espada abrazo
aquí se acaba mi vida
ola feniso, lisardo
bajad que os llama mi tío
y sea de presto
ya vamos
salgan don diego fenisa con una bujía y Celia y los criados detras
anda vos salid delante
vete no seas temeroso
arriésgate aquí o muramos
o fuerza vil de mis daños
vase
qué hombre es aquel que salió
seguidle todos, lisardo
procuralde conocer
yo le atajare los pasos
antes que a la calle salga,
vanse los criados.
ay laura si aquí no acabo
con la vida, es que se excusa
la muerte por ser descanso
laura quien estaba aquí
ahora en este punto salgo
y no pude conocerle
bien me parece el descargo
si sería el marqués fenisa
el que se escapó embozado
si no dices que la quiere
puede ser sin ser milagro
las plantas mover no puedo
y del temor asustado
está en golfo de su sangre
el corazón naufragando
turbada leonor, y laura
prevenida del recato
indicios son que publican
de mi opinion el estrago
salen lisardo feniso y Don Alonso
imposible fue alcanzarle
que según iba volando
pienso se calzo de pluma
por pisar el viento vago
si presumiera el suceso
cuando junto a mi pasaron
yo detuviera sus alas
pluma a pluma entre mis manos
si vos en casa estuvierais
recogido y retirado
dando ejemplo en la cordura
señor, habían excusado
la estimación del respeto
no permitiera a sus años
tan locos arrojamientos
y que pueden costar tanto
ya yo admiraba senor
que por tu enojo, y mi llanto
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no me acumularán disculpas
los delitos de mi hado.
Mas si en mí comienza el yerro,
ve en todos ejecutando
el castigo merecido,
sin reparar en estragos.
Aparte.
Poco del ser padre sirve
que a saber lo que ha costado
no me animara al castigo
cuando aun siento los amagos.
Mas aquí importa que venza
a lo piadoso lo airado,
puesto que a la conclusión
le estoy ligando las manos.
¿Quién era, Leonor, el hombre
que salió de aqueste cuarto?
Y fugitivo, con dudas,
hace a un delito el cargo.
Que si la verdad me niegas,
vive Dios que rompa airado
con este desnudo acero
en tu pecho mi recato.
Abre esta puerta, Leonor,
que ya de sufrir me canso
tantas arrogancias necias,
y harás que la haga pedazos.
Dé el marqués golpes a la puerta como que quiere abrirla y diga de dentro:
¿Quién es quien da adentro voces?
Un hombre que está encerrado.
Abre de presto esa puerta.
Ya, señor, las puertas abro.
Salid, caballero, afuera.
Salga con la espada desnuda el marqués.
A Dios, a la muerte salgo.
Señor marqués...
Don Alonso...
En mayor peligro he dado.
Perdida soy si la industria
no vence rigores tantos.
¿Quién es el que estaba adentro?
Es, señor, el marqués Fabio.
Leonor, ¿en casa el marqués
escondido y recatado,
y un hombre encubierto el rostro
sale huyendo de mi cuarto?
Templa, señor, el enojo,
y relatarán mis labios
la causa deste suceso
por su abono, y mi descargo.
Ya la vida está perdida.
Afuera salió mi hermano.
Sirviéndole como siempre,
cuando previno el cuidado
tu enojo, y por encubrirle
de su edad los desenfados,
siento a la puerta llamar,
y al mismo punto que abro...
Pag. 19
miró que el marqués se arroja
con pasos apresurados
y un hombre tras él furioso
con el acero en la mano
a cuyo impensado estruendo,
el discurso ya ofuscado,
previno solo su vida
y así asiéndole en mis brazos
le encerré en ese aposento
impidiéndole al contrario
la ejecución alevosa;
lo que afuera le ha pasado
él os lo podrá decir
que yo no sé más del caso.
¿Hay más extraño suceso?
La vida me ha restaurado.
¿Qué accidente tan violento
fue causa de retiraros
a la humildad de esta choza
después de haberme dejado
en el juego divertido?
El verme seguir los pasos
de cuatro hombres cuidadosos
fui las calles atravesando
por apurar de su intento
si era de industria, o acaso
hasta que me hallé en la vuestra
en cuyo término largo
previne que ya estaríais
restituido al descanso
y así determiné entrar
Don Alonso a suplicaros
por igualar su ventaja
que saliésemos entrambos
por examinar mejor
la causa de su cuidado;
mas ellos con más despejo
que atrevimiento bizarro
la ejecución dispusieron
sin venerar el sagrado.
¿Tenéis algún enemigo?
Jamás a nadie hice agravio.
Al suceso le disculpo
el rigor del sobresalto;
vete sirviendo al marqués
y acompáñenle esos criados
porque vaya más seguro.
Vase.
Dios os guarde muchos años.
Adiós, Celia; adiós, Leonor.
Venid, Feniso y Lisardo,
porque nos volvamos juntos.
Vanse.
Todos a serviros vamos.
Pag. 20
vase.
Deje, honor, la casa,
que mientras vuelve tu hermano
Laura le podrá esperar,
y el susto no ha sido malo.
Recelando está mi amor
que todo aquesto es engaño.
Esto puede ser mentira.
vanse.
Sí, que hay enredos fundados.
Cuerdamente lo has fingido.
¿Qué importa, si son más daños
favorecer sin amor
y desobligar amando?
Jornada segunda
Pag. 21
Salen Leonor y Laura
¿Que vio no quiso el papel
con decirle que era mío?
Cortés disculpó el desvío
negando ser para él.
Si el vieras mesurado
acreditar sus enojos,
en tierra puestos los ojos,
el rostro algo desagrado,
mordiendo el labio furioso,
y que apretando el sombrero,
reprimía lo severo
y vengaba lo celoso.
Lástima te diera ver
entre cortés y ofendido,
con el esterior fingido
un corazón padecer.
Mucho dudo la pasión
causa de su sentimiento.
Pag. 22
si le apretara el tormento
viera la satisfacion
que aunque el suceso es tan grave
que disculpa su rigor
cuando es verdadero amor
rogar y umillarse sabe
y así en mi desdicha agrado
dos riesgos pasa la vida,
Si callo estoy ofendida
Si ruego soy despreciada
Pues esperar que quejoso
amor le llegue a obligar
es de su opinion dudar
lo que le acredita honroso
con que entre penas y amor
Teme mi desconfianza
Si me estimo su mudanza
Si me humillo su rigor
Algo Señora has de hacer
por tu misma estimacion
que desluce tu opinión
reusar satisfacer
Además, dijo dijo el criado
que antes que adornase al día
el sol, al soto salia
a divertir su cuidado
Donde en su Jardin de flores
tantas damas hay que dudan
Si por Soles las saludan
los musicos sus Señores
que dices
que te divierte
ay Laura estara prendado
en ese mar su cuidado
de alguna Sirena
advierte
que puede darme quietud
en tanto mal oprimida
Sal al soto por la vida
Señora has por la salud
Donde llegandole a ver
le podrás mejor hablar
tengo mucho que arriesgar
que me pueden conocer
Ponte un vestido ignorado
y un zapatiyo ligero
de estos de saca el Omero
que por Luis se ha llamado
tapada de medio ojo
bien prendida y adornada
porque esto de bien calzada
es remedio contra enojo
Pag. 23
me asusta, si a la vista
fuere menester rogar,
que al donaire de animar
no hay nadie que se resista.
Digo, que estoy reducida
a seguir tus pareceres.
tu amor; los hechizos de ver
a más me obliga que en vista
Pues vamos a prevenir
aderezo de campaña,
que fácil amor engaña
a quien quiere reducir.
Vanse, y salen don Julio y Pierres.
Rebelde estas don Leonel.
Faltara al ser hombre honrado
si estando desengañado
obedeciera a su amor.
A divertir mi tristeza
salgo a aquesta soledad,
por ver si a mi voluntad
la entretiene su belleza.
Todo parece mentido
cuanto entre sus flores veo,
nada apetece el deseo,
todo lo cansa al sentido.
y a gusto que todo enfade viendo mi mal que adoro que ... pueda ... Porque ... dilaciones ... ... ... que a memoria prevenida su desden que fue su olvido así lo que ... ofrezco.
Harta linda ocasion presenta
de este campo la estacada,
no ay sino afilar la espada
si es que el deseo le alienta.
Que mover puede el donaire
de aquel airoso pie curioso
que inquieto por bullicioso
hace gracia lo que es ayre.
El sombrerillo liuiano
y la muletilla, que es
más que arrimo de sus pies
el ensayo de su mano.
Pues limpia quita la duda
del hacerla por flaqueza.
Pag. 24
pues descubre sin corteza
que aun los árboles desnuda
Que airosa la cuesta abaja
mostrando en su ligereza
que es penacho a su cabeza
el sombrerillo de paja
Que es industria de presumir
de su hermosura cortes
traer la plata en los pies
y en el copete la pluma
Porque advierta la afición
del que a servirla se obliga
que de sus plumas es liga
lo que es sus pies prisión
trahes dinero
pues aquí
de que ha de ser menester
no quieres convalecer
pues que te olvidas de ti
qué necio estás
lindo modo
profesas de negociar
como dime has de agradar
si el alma te falta en todo
Salen Celia y fenisa con sombrerillos muletillas como pasquas
Que lucido y que vistoso
con la mañana florida
Despertando está a la vista
el mayo galan y hermoso
Culpale gusto a mi pereza
pues no puede aver pintura
que le copie la hermosura
como es la naturaleza
Divertia un entendido
su pasión de esta manera
diciendo que el campo era
desahogo del sentido
lo mismo puedes hacer
si es que te acuerdas de ti
deja la pasión aquí
y olvidate de querer
El consejo a una alma ciega
más que vano es importuno
pues no aprovecha ninguno
un lindo embistiendo llega
Procurate divertir
pongo lo fenisa en duda
si la razón no te ayuda
acabaras con morir
Llegue don Juan a hablar a Celia
Tan airosa vais Señora
que salir al campo creo
más por robar el deseo
que por parecer su flora
Pag. 25
Vuestro brío se ve
cuando la atención convida
que da por puntos la vida
y son breves los del pie.
Allá fuisteis a parar,
que humildes son los anteojos
sino es que ponéis los ojos
por donde habéis de alcanzar.
No es prevención cuidadosa
la que me abate hasta el suelo,
sino el negarme ese velo
conocer que sois hermosa.
Corredle pues la cortina
a vuestra cara, y veré
que he de consagrar la fe
a quien me informa divina.
Vuestra merced, señora mía,
como es de esta alba arrebol
o lucero de este sol,
querrá que la llame día;
y presumo del tapado
según lo que recatan
que su resplandor se vea,
que debe de ser nublado.
Que esté claro o esté escuro,
¿qué le importa al arambel
sino ha de llover sobre él?
Y así, claro está seguro.
Pierres, señora, me llamo,
y no es culpa mía el estar
roto.
¿A quién se la he de dar?
Al imperio de mi amo.
Salen Leonor y Laura con mantos tapadas.
Galera, ¿hora es salir,
Laura, a tomar la mañana?
A muchas asomas humana,
y a todas quieres vivir.
¿Por qué se nos pondrá tasa
en el salir para ver?
Porque, en saliendo, ay, mujer,
que nunca vuelve a su casa;
que le hace buena acogida
el deseo y la ocasión,
quien no atiende a la opinión
ensancha mucho la vida.
Los que a ver la amenidad
bajan a este soto, son
enfermos.
Del corazón.
¿Qué achaque?
De voluntad.
Y aquí de ese mal se cura.
Es remedio del sentido
el tenerle divertido
con lisonjas de hermosura.
Pag. 26
Mucha gente a enfermar viene.
¿Qué te parece su prado?
Que es un país animado
de la belleza que tiene.
De Xarate lisonjeada
tanta necedad aprueba.
Antes estoy temerosa
de que vengo desagrada,
que como novicia soy
en el salir por la villa,
ni chato sombrerillo
ni al viento l'arrimo doy
que debe de ser sin duda
de las que bajan al río
cabedal del desafío
traer muleta de ayuda.
Antes soy de parecer
que el traerla es agudeza
que como causa flaqueza
es prevención del caer,
y como a la inclinación
es lisonja la verdad
previene la voluntad,
disculpa a la tentación.
Salen el marqués, Fab. y Licio
¿Qué dices, Leonor aquí?
Digo que si esta Leonor
vendrá a ser del campo flor
la que es rayo para mí.
¿No has visto a don Juan?
¡Ay cielos!
Ya le he visto, y estoy muerta
de ver que ha salido cierta
la sospecha de mis celos.
Señora, allí está el marqués
y mucho el hablarle importa.
Pues de razones acorta
y despídete cortés.
¡Oh, cuánto está sometido!
Nunca el gusto es importuno.
No hay que fiar de ninguno.
Licencia, señor, os pido.
Que te conozca procura
el marqués si puede ser.
Vase.
¿Hay más que dejarme a ver
con mucha desenvoltura?
Esta es Celia de Leonor
prima, y me ha parecido
que será ardid advertido
fingir que la tengo amor
con esta industria y invención.
¿Qué procuras?
Que ofendida
descubra amor por la herida.
Síguela.
Eso quiero hacer.
Pag. 27
Tras ella Laura se va.
Pues llámale.
No vendrá,
pero yo le haré volver.
Vaya tras don Julio y quítele el sombrero, y a Laura caígasele un guante.
¿Adónde vas tan aprisa?
El sombrero te ha quitado.
Esto es robar en poblado.
¡Qué furia, Laura, que causa risa,
que amor te haya despojado!
El guante se le ha caído,
mas levantándole yo
dejo su dicha burlada.
Si es cortesía el dudar,
que para ver los despojos
de ese joyel me faltan ojos,
llegarélo a disculpar.
Mas vuestro merecer,
por haber el guante alzado,
pudiera estar excusado
para haberle de volver.
Nunca de prenda perdida
hago yo restitución.
De esta, la satisfacción
importará a vuestra vida.
+
+
+
+
Pag. 28
Tu hermano, señor, viene,
ay, triste, ¿qué haré?
que juzgas será menester,
qué riesgo tu vida tiene.
Todo ha de ser confusión
si me ve, tened valor,
que se ponga a de ayudar
por favor o obligación.
¡Cielos, ay! Rigor más fuerte,
cómo no acaba la muerte
una tan triste vida.
tu hermano viene,
así allano.
Aparte al marqués.
Yo con una industria allano
tan grande dificultad.
Señor marqués, escuchad;
buscando os viene mi hermano,
y aquí se arriesga mi honor,
mi vida y todo mi ser,
si me llega a conocer,
pues mostrará su rigor.
Suplico os que le salgáis
al encuentro, y advertido,
pues sois en todo entendido,
le apartéis y divirtáis,
que a estar burlando ocasiones
del campo la libertad,
viese vuestra calidad
y la virtud que os abona.
Con esto podéis fingir
Con que esto podéis fingir
de que os sirvo en la defensa,
con quien sois señor lo ofensa
con que esto vengo a eludir.
El yerme aquí es forzoso,
advirtiendo, caballero,
que iréis por mí lo primero,
y a os disculpo por dichoso.
Vase.
El susto no puedo alzar;
gracias a Dios que escapado
de los riesgos de allegado
que no son pequeño hado.
Dame ese el...
Y a estas piernas conocido
nunca en mi vida he tenido
más gana de reír.
Dadme, señora, el sombrero,
ya que es dicha de la suerte
que yo pierda por cortés
lo que él por grosero adquiere.
Llorarame más que justo
mas las dichas me previenen
que en vos es fortuna el gusto
que otra beldad le parece
y inadvertida es la acción
y aun al crédito desmiente.
Pag. 29
que haga prueba quien bien ama
donde lo que estima arriesgue,
si bien es de amor afecto
(aunque bárbaro parece)
arriesgar para saber
quien obliga con que quiere.
Mas baste que él sea dichoso
y que yo envidioso quede
de ver que de vuestras flechas
él caricias por premio lleve;
sin que imitéis al que astuto
a la traición se revuelve,
que la capa y vaina entrega
al amigo confidente,
previniendo en el suceso
si alguna prenda se pierde
que descubra el agresor
del delito que comete.
Pues así, señora, sois
en los desaires presentes,
que al marqués la vaina dais
al intentar ofenderme,
sino porque no se sepa,
porque pueda más alegre
volver a vestir la espada
cuando le contéis mi muerte.
Tomad, señor, vuestra prenda,
y en esto de reprenderme
que doy favor al marqués,
mal vuestra queja lo entiende,
que él no tiene prenda mía.
Bien vuestro descuido miente
lo que ha perdido ignorando,
solo que, si da, se pierde.
Vuestra el alma me tenéis,
de quien solo amor pretende
sino la restitución,
que la estiméis como a huésped.
Porque en siendo una alma propia
tan poco agasajo adquiere,
que con ser lo más preciso
es lo menos que se quiere.
¿En mi poder alma vuestra?
Imposible me parece,
porque alma de tan buen aire
hubiera dejado oírse.
Baste el engaño pasado
aunque las burlas me afrenten,
pues él es solo el dichoso
que a ser el ídolo viene.
Conocido el desengaño
tacharéis de ver que miente.
Pag. 30
Descúbrase el manto.
Vase.
La intención cierra causa
maliciosa como aleve,
siempre creyó el corazón
(que no es falso quien bien siente)
que era de Leonor hazaña
acción que intentó ofenderme.
No de otra suerte la fiera
a quien la sed desvanece
mancha el cándido vellón
con la sangre que le bebe,
cuando hidrópica de agravios
a más crueldades la impele
despertando su ambición
aun lo que el rigor no advierte.
Como tú, Leonor, ingrata,
en mi inocencia pretendes,
ejercitando la mano,
ensayar el golpe fuerte.
Porque aun no goce la fiera
el nombre que la oscurece
si ella la malicia ignora
y tú a la malicia excedes.
Bastaba el primer agravio
sin que en tantos se renueve
el dolor a la memoria
repetido tantas veces.
Ayer sagrado en tus aras
tu despojo le concede.
O por adornos del campo
flores nacen, duros clavos
tu mano dándote un guante;
aviva en mis desvelos,
ambas que la roba el viento,
razones que el alma prende,
que aun en las plumas de ave
los delitos se avecen.
Pues, ¿qué presumes de mí
con desengaños tan fieles
si aun tu malicia he dudado
el poder satisfacerme?
Déjame morir, Leonor,
llévate mi fe al perderte,
que te estimo por mi ruina
y a que por ella no quieres,
que es bajeza del discurso
que pueda tanto un deleite
que los méritos malogre
la estimación que merecen.
Escucha, don Juan, escucha,
llámale, Laura, detente.
Pag. 31
Vase.
Dil, que los dos de mucho,
ay malicia que a estar llegue.
Pierres conmigo mesura.
Don Juan, contigo rebelde.
La vida se va acabando,
no hay paciencia que reporte
sufrimiento a tanto agravio,
valor a rigor tan fuerte.
Qué máquinas son aquéstas?
Qué guante? Qué favor es este?
Qué sintiéndose el castigo,
el delito no se entiende?
Mira si acaso as perdido
alguna prenda, que puede
en la confusión de una alma
muy fácilmente cahirse.
Aquí mi pañuelo tengo,
el abanillo es aquéste,
y el rosario, con que sumo
cuanto en mi poder hoy viene.
Y el guante de aquesa mano?
Como atónita estoy, no emprenden
ni los ojos a las formas
ni el oydo a las especies.
No as visto entre confusiones
al cobarde delincuente
Pag. 32
que al ir huyendo del riesgo
otro ahogijo le acomete
que al avisarle las voces
aunque las oye no entiende
pues delo vivo al delito
de la Justicia se teme
y persuadido a su idea
o el rostro al peligro vuelve
ni del contrario la voz
obliga a que se refrene
hasta que el mismo sagrado
en la quietud le reprende
con el desengaño vil
lo que sin remedio siente
Pues así mi sentimiento
tanta confusión padece
que sintiendo no discurre
y viendo no comprende
que a la muerte de la razón
la jurisdicción le cede
pues vive para sentir
quien al ejercicio muere
No admiro que la razón
de estar sin causa ofendida
ofusque tanto tu vida
que oiga ecos de pasión
pues aun yo en tu triste empeño
con estar libre de enojos
viéndolo estoy con dos ojos
y aun imagino que es sueño
ojalá estuviera muerta
y que a costa de la vida
acreditará dormida
lo que padezco despierta
Salen el marqués y Asenso
En tanto que el aura riza
de las flores que madrugan
galantea don Asenso
su abril en cada una
Pretendo hablar a Leonor
que ya previno mi industria
por excusarle la queja
A su amistad la disculpa
llega pues, que yo seré
centinela que descubra
si se acerca el enemigo
porque a la defensa acudas
Pues bien, sírvete en tanto
que contemplo su hermosura
con osadías del aire
que al sol los Rayos oculta
el marqués, señora vuelve
hay más soberbia fortuna
oculten aprisa pesares
la ocasión no se les huya
llegue el marqués a hablar a Leonor
Porque los sustos perdonen
y entre los males que anuncian
Pag. 33
de que volvió a las solas
los celos ratifican
Después del desdecoro
desengaño avras dadas
con que ni os vio, ni os conoce
para que quedéis seguras
La fineza os agradezco
aunque mis recelos dudan
que ha de volver a buscaros
no temáis cosa ninguna
Vuelvo a hablaros
para que
si sus mudanzas procuras
con desengaños tan viles
acreditarse en mi injuria
que arriesgas en escucharlo
que me obligue su dulzura
a oir lisonjas de amor
que a su engaño me reduzcan
sois mujer que a deber propio
si la experiencia la ayuda
a creer, que el disimularlo
es parte de que la sufran
No hay estimación que obligue
ni fe que al amor acuda
porque en faltando al respeto
se van uniendo las culpas
Salen Piera y D. / Jua.
Julia que ha vuelto don Juan
qué he de hacer, que estoy difunta
pues si despido al marqués
mil bienes se dificultan
que es amigo de mi hermano
y es facil cualquier locura
en un quejoso ofendido
donde la razón no ilustra
y si a Don Juan no le hablo
acreditara sus dudas
que en ofensa de mi honor
mi demostracion me acusa
que te parece de injusto
el finxo, otra culpa
mas quien el daño no impide
no quiere, pues no le excusa
Poco recibe el amor
pues tan riguroso juzgas
Soy más honrado que amante
tú serás hombre de burlas
Si llegas a querer bien
Leonor parece que turba
los colores de su rostro
y que el aliento le usurpa
dos cauciones desmintiendo
la voz que en el pecho anuda
y si experiencias no engañan
las señas son lenguas mudas
Pag. 34
que indicios dan de su amor,
que la que más los oculta
en los surcos de la frente
desmiente el afecto dudas.
Este es el hombre del guante,
y si celos no me adulan
de criminal malicioso,
huyendo las conjeturas,
el mismo es que aquella noche
celoso amante procura
que borre acero el retrato
que en el alma se dibuja.
Temerosa está Leonor,
y aunque lo disfraza astuta,
se descuida por los ojos
el alma a pesar de industrias.
Que tierna le está mirando,
que sin atención me escucha,
no estoy en mí de turbada,
todo me ahoga y me ofusca.
De celos muriendo estoy.
Muriendo estoy de confusa.
Entre quejoso y amante
ciego mi discurso lucha.
Llegue a hablarla.
No hay que temer, ni esperar,
ni por qué afectar cordura;
muera mi agravio en su hierro,
pues no siente quien no juzga.
Quiero hablarla libremente
antes que de mí presuma
que para amante es muy cuerdo
quien celoso disimula.
No te parezca, Leonor,
inadvertida locura
hablarte, cuando el Marqués
dichas de tu boca escucha,
que tu condición mudable
de estos extremos es culpa,
pues con no querer, obliga
que quien te ama lo presuma.
¿De qué sirven los engaños
que tus caricias pronuncian
si en lo que gustosa finges
en eso mismo te acusas?
Miente dicha, o quiere firme
logre el ingenio la astucia
o tu beldad la victoria
quien se desmiente se injuria.
Si amas al Marqués, ¿por qué
con tus lisonjas me adulas?
y si soy el despreciado,
¿qué malogras su ventura?
Algo se debe a ti misma
ya que tu término excusa
Pag. 35
que te estime quien conoce
que imitar a la fortuna
variable
Sé sola para ser una
que es perfección de lo hermoso
no parecerse a ninguna.
Corregid vuestras razones
caballero, que perturban
lo modesto con la queja
lo cortés con las injurias.
El que se precia de cuerdo
que amante no dificulta
como en sí no experimenta
los consejos que promulga,
y si el amor no os obliga
a venerar la hermosura
como no encubrís la ofensa
al verme de parte suya.
Mas si es cobarde arrogancia
o vana desenvoltura
ocasionarme al empeño
quien con lisonjas me adula
engañado está quien piensa
necio procede quien juzga
que por riesgos de la vida
el que es noble disimula.
Si estáis de Leonor quejoso
buscad mejor coyuntura
que ofender lo que se quiere
no es razón, ni amor lo usa.
Demás que de su virtud
su proceder me asegura
y es oír para no creer
agraviaros con las dudas.
De dichoso inadvertido
procedéis sin ver que anuncian
los desahogos del viento
escarmientos de la espuma.
Ayer como vos glorioso
me vi señorear la luna
y hoy si cuidado, advertido
de lo poco que el bien dura,
mal resisto a que si pierdo
las dichas de mi ventura
no he de tener que envidiaros
que la pena ha de ser una
vuestro intento ha de cesar
y a que el derecho renuncia
que adquirió con los favores
mi voluntad mal segura
que no es justo, ni es razón
que a su elección se reduzca.
Pag. 36
competencia que es su agravio
sabor que el daño no excusa.
Como tu valor desmayas,
como el despecho se turba,
no ves que Don Juan se empeña,
que este hacer que estoy difunta
no llegue a importar a don Juan.
Sosegaos, señor don Juan,
vuestra prudencia se luzca,
ya que la razón no obligue
a moderar vuestra furia.
Dejalde por Dios, señora,
que el castigo le reduzca,
moderará su arrogancia.
Sale don Alonso.
Si menester es mi ayuda,
a buen tiempo os he encontrado
para enfrenar su locura.
Mira que está aquí tu hermana,
prevén de modo que cubras
rostro y talle con el manto.
Tire Leonor del manto y échele sobre el rostro.
¿Puede haber más desventura?
Pag. 37
No puedo hablar de confuso.
De susto e quedado muda.
Parece que os ha pesado
de verme aquí, que os perturba,
y ignora este caballero
la grandeza que os ilustra.
¿Acaso yo os embaraso?
¿Que os ofende, que os disgusta?
Celos de esta dama son
los que el discurso me usurpan,
y siento que hayáis llegado
a ocasión tan oportuna
que se le impida por vos
el castigo de su culpa,
que es desarme la ventaja,
y no quiero que presuman
que el usar de mi poder
es de victoria segura.
este zeño si me agrada / y recompensa mi enojo / la presunción rretirada
¿Hay confusión más extraña?
¿Hay pena más triste y dura?
¿Quedan más peligros ciegos?
¿Más daños que me confundan?
Si huyo de aquí, temere
quietud y honor se abentura,
mi vida y la de don Juan,
que en los dos el alma es una.
Si esquivo, no impida el daño
que con celos no ay cordura
que a una mujer la avance
ni su fama rresguarda,
pues mujer sin diligencia
es infamia sin disculpa,
que al más corto y necio ofende
desesperar de la industria.
Mas llevar quiero al marqués
con obligarle que acuda
a mi defensa, fingiendo
que prudente disimula
el aberme conocido,
que con esto se asegura
su quietud, que después yo
desengañare sus dudas.
Aparte al marqués.
Señor Marqués,
no hay paciencia que esto sufra.
A la vista de su ermano
aun los rriesgos no la turban.
Dama de vuen despejo
y linda desenvoltura.
Esto, Señor, se a de hacer.
Nada mi amor dificulta,
aunque la vida se arriesgue,
como en serviros se venga.
Pag. 38
Y vos podéis, que ya os sigo,
ved que en v[uest]ro amparo funda
mis esperanzas su aliento;
Atraviésase Leonor y hablan a Laura.
Sígueme, Laura.
¿Qué has hecho?
Vanse Leonor y Laura.
Don Alonso, a mí me importa
ir con esta dama, cumpla
con las leyes la amistad
sin que tibiezas la arguyan,
satisfaciendo a este hidalgo;
y si su queja se funda
en querer reñir conmigo,
señalad puesto en que acuda
con obligaciones mías;
v[uest]ra ausencia haré que supla
la fineza de mi amor.
Vase Fabio.
Con eso mi honor descuida.
Caballero, si el marqués
en algo recio os disgusta,
yo satisfaré a su queja,
o con la espada desnuda,
o poniéndoosle en el campo;
porque sé que no recusa
el reñir, aunque prudente
a tratar la paz procura.
De su valor satisfecho
estoy, y de parte suya
que conozco que no es justo
vengar en él lo que es culpa
de una mujer, la inconstancia
que a todos vientos se muda.
Vase Dalmacio.
Decís bien, a Dios quedad.
Él os guarde.
Esto me apura.
¡Linda condició[n] de hermano
para lo que aquí se usa!
¿Qué te parece el desaire?
Jornada tercera
Pag. 39
Salen el Marqués y Liseno de noche
Que al jardín se han retirado,
paréceme que Leonor
con tristezas de su amor
pone a su padre en cuidado.
Que como es la voluntad
tan eficaz que la tiene,
aunque prevea el mal, previene
remedio a la enfermedad.
Por Dios que es bella mujer,
y hubiera disculpado
sin ser padre, que sagrado
por fuerza se ha de querer.
Tan hermosa es y entendida,
tan airosa y despejada,
que después de estar gozada
se le deja el ser querida.
Mucho lo has encarecido,
pues la voluntad más ciega
en su delirio no llega
a causa de arrepentido.
Pag. 40
mas dime a Celia has de ver
que me pidió tiernamente
te obligase
mucho siente
que la deje de querer
mas por tener ocasión
de oír a Leonor hablar
siguiendo a Celia, he de dar
alivio a mi pasión
Mas porque esté divertido
el tiempo, en tanto que llega
la ora en que Celia ruega
que desahogue el sentido
Divirtamos tantas penas
en leganitos tireno
que tal vez su campo ameno
tiene como el mar sirenas
Donde por rendir despojos
su deidad, con el acento
suspenden el pensamiento
para robarnos los ojos
La segunda vez que viste
fue en este campo a Leonor
aquí probé del rigor
que ahora padezco triste
No me espanto quien vio
a Don Juan, y en su fineza
se descubre su nobleza
acosta de mi desdén
Que en fin te desengañó
con resolución tan fuerte
que sospecho que la muerte
en sus razones me dio
Mas suspende el curso, atento,
que parece que ha sentido
un dulce acento el oído
al compás del instrumento
salen dos hombres con instrumentos y una mujer de gorrona cantando
Par a par al campo sale
dos a dos pisan el soto
mariposa y la chirinos
ambas el rumbo en los dos
Armara la pica el ceño
calando la vista al ombro
Falsificada la risa
y el leve pie bullicioso
a ti digo la chirinos
ah cuyo fausto y follón
no dejo mal en Segovia,
ni hubo curso en el polo
que pruebe montera
se trence los adornos
capigorrona de gusto
y bachillera en los tomos
Pag. 41
Así, Jabatillo, en esquina
es concebido para todos
a penitencia, y no a gracia,
de la noche a los devotos.
Porque según lo alienta
que en la estacada se vio,
a quien mal canta y porfía
¿qué le dice por afrenta?
Baste, no tiene razón
de llevarme a enojar,
pues siempre fue el limitar
del arte la perfección.
Bien salvó con la agudeza
la propósita necedad.
Sobre una dificultad
se descubre la destreza.
Salen Pierres y Don Juan, de noche.
Linda noche.
Para mí
ninguna puede ser buena,
después que en tan triste pena
vida y libertad perdí.
Burla tu imaginación,
quien libre del daño está,
que fácilmente queda
remedios a la pasión.
¿No fía en el un punto atento
del compás el que variando
está en círculos mostrando
con el otro el movimiento,
que aunque le divierta más
con diferencia de asuntos
se vuelven a unir los puntos
en cerrándose el compás?
Pues así de mi tierno amor,
que aunque remedios previene,
como fijo un punto tiene
en la imagen de Leonor,
ni le importa divertirse
por más que alivios procura,
que en mirando su hermosura
vuelven los puntos a unirse.
Vuelva usted a referir
aquesa grifa cuestión,
porque tengo devoción
a las que saben reñir.
¿Qué afición tan excusada?
No lo tiene mucho a ser,
que es buen gusto querer ver
una mujer desmoñada.
¿Qué hay al uso introducido
por si la comodidad,
que ofenda en propia beldad
al natural lo fingido?
Vaya de fablilla un cuento
que por chiste es donairoso;
siendo raro será nuevo,
no fue mío el pensamiento.
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una dama melindrosa
gustaba de oír cantar
grillos, por diferenciar
el gusto en alguna cosa
uno la prisión huyó
y a su merced buscando
con la jaulilla entonando
en el pecho se entró
enredose en el cabello
y la dama se le puso
bien prendido como es uso
sin que reparase en ello
salió por ser fiesta a misa
y como el grillo cantaba
por las mangas le buscaba
cuidadosa, y muy de prisa
todos la estaban mirando
y aunque de lugar mudaba
por ver si en el suelo estaba
siempre iba el grillo cantando
a cuya grave aflicción
hubo una mujer piadosa
que curiosa y cuidadosa
puso a la voz atención
y descubriendo la maula
y de la dama el mal gusto
a ella la libró del susto
y al pájaro de la jaula
ved los rizos que aperciben
si puede parecer bueno
traer por copete un seno
donde sabandijas suben
El suceso es extremado
aunque mentira parece
no por eso desmerece
el premio de bien pensado
Don Juan, viene allí Liseno
y tan grande es el rigor
que introduce en mí el amor
que da su vista veneno
¿Miras allí está el Marqués?
sino me forman antojos
por darme pesar los ojos
no se engañan porque él es
¿Sabes lo que he imaginado?
no sea alguna necedad
que cause tu voluntad
que poco que lo has honrado
Mas sea hierro o acierto sea
yo quiero a Doña Leonor
y allí juzgo a mi favor
solo lo que amor desea
A Don Juan quiero matar
que aunque con él he reñido
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no ser aquí conocido
viene el delito a ocultar.
¿Estás en ti?
No repliques.
Porque aquesto se ha de hacer,
y el que te he de obedecer,
no hay sino que el medio apliques.
Saca Liseno la espada.
Porque el reñir, es asir
de causa más declarada.
Adiós, vete.
Ve con cuidado,
no se adelante al pasar.
aparte.
Con mi industria he de dejar
su pensamiento burlado.
Que ya que su amor no imita,
consejos de mi lealtad,
viene a ser fidelidad
quien del peligro le quita.
Dale que es buena ocasión.
Salen desnudas las espadas y fínjase muerto Liseno, y levanta la voz y los demás vanse.
Eso no, porque la suerte,
mi vida logra en tu muerte.
¡Que me han muerto!
El diablo que espere aquí.
Vámonos antes que venga
la Justicia, y nos detenga.
Atrás, villanos, hacedme ...
Yo os alcanzaré, villanos.
Vanse.
En vano lo procuro,
que quien huye tan seguro
más fía en sus pies que en sus manos.
Vase.
¡Qué lindamente se ha fingido!
La mortecina parece,
que piste tan herido fue,
según huyen de un herido.
Sale Don Diego.
Las tristezas de Leonor
en tal confusión me tienen,
que aunque del mal me previenen,
niegan la causa al favor.
En contiendas el temor
duda, al rendir por despojos,
tierno llanto, si en sus ojos
si el daño que el alma siente
lloran por accidente,
o por delito sus ojos.
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El humor que al pecho asiste
causa de la enfermedad,
del pulso en la calidad
da indicios de grave y triste.
Mas cuando serias asiste
en la inquietud del sosiego
efectos son de amor ciego,
pues descubren en su llama
que es como la verde rama
que llora al herirla el fuego.
Entre dudas desvelado
padezco rigor tan fiero
que vivo de lo que muero
muriendo de mi cuidado.
No puedo estar sosegado
de la atención oprimido,
pues de su rigor vencido
parece que en mis enojos
el examen de los ojos
se deriva del oído.
A la dulce amenidad
de este jardín el rigor
me trae, por ver si el dolor
da muestras de la verdad.
Sino hay muda voluntad,
ni el mal se puede esconder,
cómo en ti, honor, llego a ver
efectos tan desiguales,
que ni hace el mal señales
ni tiene el amor poder?
Fínjase un lienzo de muralla y por él salte Don Juan y quede Pierres arriba.
Salta de presto, ¿qué temes?
Mucho temo no desnucarme,
que es muy alto el vuelo, y soy
pesado para ser ave.
¿No restituyes el lienzo
de este muro, por hallarme
un nudo, o medio siquiera
más abajo, para bajarme?
Tú has de hacer de mí dos piezas,
que la justicia nos halle,
y que esta noche tengamos
entre hierros hospedaje.
Cae, ¿no? que ya me arrojo.
Acaba, no seas cobarde,
¡que el diablo me haya traído
a título de amante,
donde entre glorias y penas
vivo desvelado y con hambre!
No hay ruin baque que participe
mi daño que no me alcance.
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¿Qué piensas?
Estoy dudando
del modo que he de arrojarme,
si me ajuste, o si me doble,
si me sesgue, o si me ensanche;
si será mejor medio
que baje los pies aprisa
por breve, presumido,
que el peso es menos grave;
como yo no he ensayado
de volatín, ignorante,
siempre temo en mis cubiertas
Camina.
Estás
que es forzoso,
señor, para que te agrade.
Allá voy; por darte gusto
que ninguna pared se cae
del jardín me apercibo,
según el césped es grande,
así voy.
¡Haste hecho mal!
¡Desengaña mi linaje
con la pregunta
que haces!
Quebrado estoy por cien partes.
De todo punto me he muerto.
Menos mal será entre males,
pues no tendré que sentir,
quien pudiera imitarte.
Yo te diré mi caída.
Ahorcarte le pagarás.
Que en fin no puedo moverme
de ninguna manera.
Él desmaya.
Es imposible enderezarse.
Que la imaginación
en las faldas y en las piernas
será forzoso el dejarte,
que por las paredes siento
que saben de mucho alcance.
¡San Lucas!
¡Lindo hablo!
¿Que el diablo mismo te aguarde?
¡Espera!
No hay que esperar.
Como tan presto sanaste,
porque es el miedo piadoso,
y aquesos milagros hace,
metido a los tiernos ruegos
con que atiende su imagen,
De aquel escocer, acá mi-
dos hombres miro acercarse.
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Cuyo silencio y recato
son indicios que persuaden
que han escalado el jardín
con intento de robarme,
y así me importa dar voces
fingiendo que llamo a alguien,
ya que solas me han dejado.
¡Alberto, Rodrigo, encended
la linterna, y aprestad
los perros y a los gañanes,
con que se alborote el barrio!
Mucho me importa el hablarle
antes que dé a dar voces
y nos impida la calle.
¡Ah, caballero!
¿Quién llama?
Un hombre noble que sabe
que vive en vos la piedad,
y procura que le ampare
del rigor de la justicia,
de quien huyendo el alcance
se ha arrojado a vuestra casa,
que por sagrado le vale.
Demás de ver que acredita,
señor, vuestra noble sangre,
la cortesía en el ruego,
la urbanidad en el traje,
me empeñó la obligación
a que del peligro os saque,
a despecho de las dudas
que pudieran embarazarme
el serviros, disculpando
con los ejemplos notables
que la historia previene
para no dudar en sus males.
Seguro podéis estar
de que mi intento es libraros;
y mi dueño, si se puede
saber...
Soy Don Juan de Sosa.
Y yo,
señora doña Diega Velarde.
Quien al veros se acobarda,
y a fe que podéis honrarme.
Mas ¿qué accidente os obliga
por aquestas soledades
a que huyáis de la justicia
con descrédito tan grande?
Obligado del calor
salí esta noche a pasearme,
por templar en regalados
vientos mis ansias con el ayre;
cuando admirando en la fuente
cómo los puros cristales
por claros copos de nieve
rebotaban a su margen,
con los aceros desnudos
dos hombres vi empeñarse,
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a cuya defensa opuesto
pudo el mío llegar antes;
y, cayendo muerto el uno,
fue forzoso el retirarme
de la justicia, que entonces,
favor hallando bastante,
obliga que de un jardín
las altas paredes salte,
y de uno en otro, hasta el vuestro
caminé para librarme,
donde por merced os pido
que, registrando la calle,
descubráis si hay paso libre
para poder escaparme.
Por mejor acuerdo tengo,
y por más seguro lance,
retiraros a ese cuarto,
en tanto que hago el examen
de quién ha sido el difunto,
que aunque le falta la llave,
común desafío en jardines
se excusa el riesgo más grave
de que seáis de alguno visto,
los pasos se os atajen.
Decís bien.
Pues entrad luego.
Vuestra vida el cielo guarde.
¡Que Dios de aquesto, Pierres...!
Vase.
¡Que el cielo con bien nos saque!
¡Oh, mocedad desgraciada!
¡Oh, juventud miserable!
¡De aquellos tiempos perdidos
viva muerte, y viva imagen!
¡Qué bien repite a la idea
la memoria los pesares
que pasó, cuando pretende
en sus ruinas restaurarse!
Quien no conoce los riesgos
ni se avisa de los males
primero, ¿cómo puede
ejercitar las piedades?
¡Oh, bien hayan los peligros,
aunque cuando avisen maten,
que, en fin, dejan el ejemplo
si ejercitan las crueldades!
Vase, y salen Don Julio y Pierres como a oscuras.
Anda, Pierres.
¿Qué he de andar,
si ignoro por dónde voy,
y a cada paso que doy
temo un difunto encontrar?
No temas, pues vas conmigo.
Lindo seguro de vida,
cuando resultó la herida
la prevención de un amigo.
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¡Oh, qué conjuro previene
tu mágica valentía
contra una alma, en la agonía
de los tormentos que viste,
cuando de un pie me han asido
y de la capa tirado!
¿Estás en ti?
¿En qué he errado?
¿No basta en haber temido?
Nací con esa lisión,
de conservar la salud
no es muy pequeña virtud;
sino es virtud, es acción
por lo menos de prudente.
Eres hombre muy mirado.
Peco de considerado,
como tú de ser valiente.
¿Qué causa le habrá traído
a este jardín, a Don Diego?
Del tiempo el ardiente fuego
será la que le ha movido.
¿Si Leonor estará aquí?
Es el tema del sermón.
Es Pierres una pasión
que me trae fuera de mí.
Si has de ser mi guía, señor,
procura que ese tormento
no te deje tan sin tiento
que me alcance de tu error.
¡Que hay silla tan descortés,
y bufete tan pesado,
que para hacer un enfado
tienen de plomo los pies!
Con una cama he encontrado.
Menos mal aunque esté dura.
De seda es la colgadura.
Gracias a Dios que has llegado
donde puedo descansar.
Siéntate.
Pues ¿qué he de hacer,
si Don Diego ha de volver
y te es forzoso esperar?
Dices bien, mas oye atento,
porque han abierto la puerta;
no fue tu atención incierta,
que yo de las voces siento
el susurro moscardón,
que no es abeja de miel,
murmuro que intenta cruel
mucha prolija prisión.
Detrás de aquesta cortina
nos podemos esconder
con que echaremos de ver
qué su intento determina.
Salen el Marqués, Celio y Fenisa.
Aquí podéis esperar
mientras Don Alonso pasa,
que no se detiene en casa.
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Vuelve la puerta a cerrar
y ya que nos dejas, Fenisa
no nos alcancen a ver
vase
no tenéis de qué temer
que yo volveré de prisa
ministro es de amor famoso
hágalo bueno amor
pues por ella en mi favor
me suple lo perezoso
parece que ha entrado gente
calla por Dios, no te sientan
que los que temen no alientan
cuanto más hablar
consiente
dejar que he ingenio erro
hará del discurso alarde
quien habla más que un covarde
ni quien puede como yo
si en hablar y en temer
estoy igual, y tan parejo
que daré al temor licencia
y hable aun antes de vencer
Salen leonor y laura con una bujía encendida
Repara esaliud del viento
porque será menester
prevenir, o componer
de mi padre el aposento
que del calor fatigado
será forzoso que venga
y que en la quietud prevenga
alivios a su cuidado
En el margen: y a que celia me previene / que en este cuarto se pone / escondeos aquí don fabrique / porque su ...
Válgame el cielo
que tienes
no ves dos hombres allí
que se esconden
¡Ay de mí!
temo algún mal
que previenes
haste, si te han visto ya
dices bien, pues es error
retirarme, cuando amor
por disculpa valdrá
laura con leonor ha entrado
y dos hombres al encuentro
les salen, que estaban dentro
confuso estoy de admirado
De mis penas oprimida
dudo entre la voz y el labio
si hable por templar mi agravio
o calle por tener vida
llegue el marqués
No aliente a vuestra crueldad
señora mi ciego error
pues no hay fineza en amor
sin alguna ceguedad
Abono de esta verdad
será mi fe en lo constante
disculpando lo ignorante
con violencias de su fuego
porque me acusen de ciego
para acreditarme amante
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Veros quisieron mis ojos
no intentaron ofenderos
porque a la gloria de veros
les dio el hacer enojos
No me culpen mis antojos
Leonor hermosa de alivio,
pues cuando agravios recibo
presume con espantarme
que no se eclipsase al verme
la luz por quien muero y vivo
Al marques me ha parecido
que esta con ella hablando
No puede ser, que enterrando
estará al difunto herido
repara más advertido
y verás que no es engaño
que dices
que es caso extraño
hare que en sus brazos muera
detente por dios, y espera
a escuchar su desengaño
Desacordado ofendéis
a quien deseáis agradar
conque el mérito de amar
deslucís con lo que hacéis
o ignoráis o no queréis
pues sabéis que estoy rendida
a otro amor agradecida
y que es accion desaprobada
querer una alma forzada
para aborrecer la vida,
cuando llega a entender ver
que es malo para marido
hombre que busca sentido
la que elige por mujer.
yo quiero a vos, y queriendo
forzoso es con la pasión
que falte a la estimación
del que estoy aborreciendo
Con que mi horror advirtiendo
vos se deja conocer
sin mi falta el merecer
y en vos culpo el desear
que no me habéis de estimar
ni que yo os puedo querer
Pues amar aborrecido
demas que agravio es de amor
en un amante el horror
cuanto mas en un marido
pues como oro sentido
no considera queriendo
en lo que está padeciendo
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que aun se llegan a negar
los alivios de mirar
a quien está aborreciendo.
No oigo cómo le aborrece,
cuando su amor acto intima.
Mucho esa razón te anima.
Antes, Pierres, me enfurece;
porque tan mal me parece
el desenfado atrevido,
que aunque fuera el elegido,
por no verla despejada
confesarse por culpada,
perdonara el ser querido.
Si tu amor premiado fuera,
y ofende tu voluntad,
que eso fuera necedad
pues fineza pareciera.
¡Ah, de tu engaño quimera!
Siempre lo ha sido amar.
¡Ay, más desdichas, rigor!
¡Ay, más daños que esperar!
Muriendo estoy de pesar.
Temblando estoy de temor.
De vuestro amor la pasión
tan tiranamente os ciega,
que en mi descrédito niega
vuestra misma estimación.
No desdora mi opinión
quereros enamorada,
que la más apasionada
en su virtud constante
no deja de ser amante
por corresponder honrada.
Aunque os quiero aborrecido,
no estoy de vos descuidado
para vivir desconfiado
de poder ser admitido;
que entre quejas de ofendido,
tal vez la fortuna airada
se templa de cansada,
o se mueve condolida,
y la que no obró querida,
viene a querer por obligada.
Esto es amar sin interés,
pues pretendo enamorado
coronar de mi cuidado
por lo amante lo airoso.
Injusto el agravio es
con que ofendéis mi valor,
que la fineza de amor
no disimula ofendida
por lisonjas de la vida
los desprecios del honor.
No trastoque la opinión
del claro honor que enmudece
el intento de un deseo
que mueve la inclinación.
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Porque a fe que si la intención
no hubiera honor atrevido
que en la idea deslucido
de la más noble mujer
no se llegara a perder
aun antes de haber querido
dejad de ser rigurosa
Sed por Dios más cortesano
Templad el rigor tirano
no parecéis tan hermosa
Advertid que el ser piadosa
acredita la deidad
que postiza necedad
cuando lo dejáis de ser
es fruto de un querer
con tan ciega voluntad
Mi padre puede venir
y se arriesgará mi honor
en perdiendo yo a Leonor
no hay que temer ni advertir
Ya no se puede sufrir
vuestra arriesgada locura
antes parece cordura
de mi amor el tierno afecto
pues me abona de discreto
el querer a vuestra hermosura
baste ya, señor marqués
lo perdido, y lo arriesgado
que Don Juan me haya dejado
por otro amor descortés
yo le quiero y pues él es
el alma de mi sentido
baste ya el tiempo perdido
dijo don Juan
me parece
nombre de firme merece
cumples con el ser querido
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¡Ay Dios, señor, sed más cuerdo,
no ocasionéis mi pesar!
Yo no he de irme sin dejar
restaurado lo que pierdo.
¡Oh, volved en vuestro acuerdo!
o haréis que, precipitada,
dé voces llamando, airada,
a quien...
Sabiendo mi amor,
satisfaga vuestro honor
con dejar mi fe premiada.
Salen don Juan y Pierres desnudando las espadas.
Eso no, porque mi acero
vencerá vuestra porfía.
¡Ay, suerte como la mía!
Aunque mayor daño espero,
me anima ver lo que quiero
en mi defensa ocupado.
¿Quién habrá a don Juan entrado,
y aquí al marqués escondido?
Sed, don Juan, más advertido,
y con mi fama acordado.
Dice de dentro don Alonso.
¿Qué estruendo es ese, Fenisa?
¿Quién esta casa alborota,
y en el cuarto de mi padre
tantas voces ocasiona?
Muerta estoy, no puedo hablar;
que la voz entre congojas,
con alientos desmayados,
en la garganta se ahoga.
Aprisa, aprisa pasemos,
que la ocasión se os malogra.
¿Qué desdicha no me alcanza,
pues ninguna me perdona?
De don Quijote, aventuras
parecen nuestras historias;
a cada hora hay un tuerto
que enderezar cada hora;
ya no hay industria que valga
ni mortecina que ponga;
con el temor yerra el mudo
que los pasos se nos cortan.
Don Juan queda con tranca la barrera.
Sale don Alonso.
¿Qué es esto, señor marqués,
ver en mi casa a estas horas
con el acero desnudo,
sin advertir mi deshonra,
y con dos hombres riñendo,
y Leonor entre zozobras,
de la confusión turbada,
presa la voz en la boca,
para decirme la causa?
Aquí de la industria importa
valerme, antes que pueda
informar Leonor, que llora.
Salen Fenisa y Celia.
Anda, señora, de presto,
y tantos daños estorba,
como el amor anhelado
para tu desdicha logra.
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No puedo mover las plantas,
cada paso un monte topa,
de plomo calzo los pies,
de hielo el pecho se copa.
Que juro que conocieras
una amistad corresponda.
Llegué esta noche por veros
a estos jardines de Flora,
donde, al preguntar por vos,
no hallo nadie que responda;
las puertas de par en par,
las salas desiertas todas,
un caos de voces confusas
entre escuridad de sombras,
a que examine me obliga
la causa que las provoca;
con la licencia de amigo
y la obligación forzosa
paso el umbral y, adentro,
hallo confusa y absorta
de ver que estos caballeros
en este cuarto se escondan,
cuando el honor de su casa
con tanta virtud se apoya
que, sin tener la malicia
escrúpulos de piadosa,
parece que hasta en su envidia
la venera o la perdona;
sacan la espada en mi ofensa
con que obligan a que ponga
mano a mi acero, y enfrene
con él su arrogancia loca.
Pues mueran, señor marqués,
los que atrevidos se arrojan
a profanar los umbrales
por turbar mi fama honrosa.
Detente, hermano, detente.
¿Pues tú, Leonor, me reportas
cuando alentarme debías
al castigo riguroso?
Desvía, o haré en tu pecho
que mi cólera conozcas.
Mira, señor, que es mi esposo.
¿Qué dices?
De dentro don Diego.
¿Quién alborota
con tantas voces mi casa?
Alonso, pues tú provocas
a ofender lo que yo amparo
por acreditar con sobras
tus necias inobediencias,
¿es acaso la persona
del señor don Juan Osorio
tan deslucida o tan tosca
que desmienta el ser quien es,
para que tú no le oigas
en sus razones prudentes?
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el que le estimo conozcas,
perdónale que es un necio
no puede errar, el que es hoja
de tronco tan eminente
permite señor que rompa
con la disculpa el silencio
ya que el discurso no ignore
la obligación con que nace
quien hijo tuyo se nombra
viendo a ese caballero
con el marqués allí a solas,
y admirando que entre cuarto
hombre humano se disponga
a perturbar la quietud
que tanto sosiego goza
saqué la espada ignorante
de que sea mi hermana esposa
de quien eliges por hijo
por hermana me adopta
has perdido el juicio necio
piensas que con eso doras
tu inobediencia atrevida
mi hermana lo dijo ahora
no puede decir Leonor
eso, Leonor está loca
y el señor don Juan Osorio
con razones fabulosas
engañarme, siendo cosa
que aunque duerme en mi el acero
duerme pero no reposa
pues no hay vidas en un mundo
que por mi crédito y honra
no las acabe, cual ciervo
espigas secas deshoja
no admito señor don Diego
que vuestra queja suponga
agravios a mi lealtad
cuando es fuerza reconozca
la merced que me habéis hecho,
mi incidencia es tan notoria
que aun el marqués la dirá
indiscreta no mbras
quien podrá como ligero
no es menester, que yo os creo
porque siempre Alonso forma
por apoyar sus locuras
aquestas disculpas sordas
tú has de hacer que pierda el juicio
que no le tengas me enoja
habla, Leonor, que enmudeces
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y con los de V. A. digo
se delinea a la sorda,
recelando estos mis daños;
porque si el amor informa
que soy culpada a hablar
como el marqués me enamora.
No hay sino tener paciencia
que los tiempos se mejoran
y yo un dejar de un enfermo
viniendo el alma en la boca.
Buen alivio me previenes.
Entre dudas temerosa
todo es riesgo cuanto miro,
peligro es cuanto me informa;
mas quien en se arroja al mar
ni a la fortuna ocasiona,
ni puede estar de la suerte
con justa razón quejosa:
muera yo, mas muera amando
De qué estás Leonor dudosa
quieres que juzgue?
No juzgues
hasta que el descargo oigas,
solo en tanto señor mi voz cobarde,
mi aliento desmayado,
el color demudado,
sé disculparme, por llegar tarde,
dé señas de un dolor, que el sentimiento
padece en el tormento
que causan mis enojos
enseñándose el alma por los ojos,
con que conocerás como testigo
que no es estar avara del castigo,
el mostrar en mi afecto
la estimación debida a tu respeto;
sino ver que en mi ser parece mengua
que este aliviar mi amor libre la lengua.
Turbaba un accidente
tu salud y mi vida
que por tener la unida
a la tuya el amor, el alma siente
que usurpe su rigor nuestro sosiego
padeciendo los dos a un mismo fuego;
tú el ardor, yo la pena,
mostrando el alma de congojas llena.
Cuando entre los remedios de la ciencia,
cada término debe a mi paciencia,
un siglo le parece,
mas viendo que el mal crece,
apelan mis pasiones
a sacrificios santos de oraciones,
conque de las promesas desvelada
a San Diego te ofrezco cuidadosa
con voluntad tan pura y afectuosa.
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que has de quedar de amor por disculpada,
mi pasión e ignorancia parecía,
según por fuerza mi salud pedía.
Llevásteme a Alcalá donde gustoso
la obligación cumpliste religioso.
Y yo en fiestas entonces divertida,
que despejo parece más la vida
de aquello que profesa mi retiro,
saliendo a entretenerme a su ribera,
donde un confuso estruendo
de mi coche los brutos tanto altera,
que al freno inobedientes
con mi nave surcaron sus corrientes.
Disponiendo
queriendo más que en tierra su sosiego,
en agua consumir su ardiente fuego.
Quedé al susto ofuscada,
y entre los desaciertos de turbada,
que no huye de la vida,
pues venciendo al discurso los temores,
entre la inundación de los rigores,
antepuse a la modestia grave
cada vaivén de mi confusa nave,
presumiendo con voces y gemidos
dejar los troncos a piedad movidos.
Cuando al naufragio estaban los humanos
ya el bajel en las ondas suspendido,
al agua es puente, tumba a mi persona,
pues repitiendo de Faetón estragos
vida fluctuó en undosos lagos,
cuando el sol atrevido
vencer quiere horizontes,
variando en fuego piélagos de montes,
sin persuadirse a que es intento ciego
cuando el cristal divide
un joven animoso,
con los brazos rompiendo el campo undoso,
hasta que el curso a mi bajel impide,
y en la calma le ensena
por encallar los remos en la arena.
a la orilla sacándome entre sus brazos.
Donde la margen mido,
cuando él de su arbitrio,
como sale en su oriente,
restituye otro sol a la corriente,
pues de cristales lleno
que le brota parece de algún seno.
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arrójase a los pies de su padre
porque no mengue su arrogancia vana
ni de ambicioso culpen a su estilo
pues le vuelve una onda el mar asilo
no sé si agradecida
a la deuda que debo de la vida
o verle que bizarro y animoso
méritos se avizienta de dichoso
despierta en mi cuidado
un género de agrado
un no sé qué de gusto
que parece que el quererle es justo
sin que lo macilento
lo pálido del rostro descaecido
lo ajado del vestido
lo torpe de el aliento
por desazies deslugan los despojos
que agradan a mis ojos
que como era fineza a mi deseo
ayroso parecía el desaseo
en fin del modo que rindió el sentido
quedó a mi amor rendido
con que informada bien de su nobleza
de su ingenio y riqueza
fue amor acreditando
la inclinación con que le estoy amando
hasta que del marqués el amor ciego
turbó nuestro sosiego
obligando a don Juan que temeroso
se retire prudente no celoso
dejándome tan triste y afligida
que aborrecí la vida
tanto que tú advertido
y a la piedad de padre reducido
por templar de mis penas los rigores
me traes a divertirme entre estas flores
donde por no fiar su alojamiento
halló al marqués oculto en tu aposento
a don Juan escondido
a mi hermano irritado y ofendido
yo suspensa y turbada
el caso ignoro y el peligro advierto
mas por no verle muerto
prevengo agradecida
medios con que pagarle con la vida
y hallando el más piadoso
dije que era mi esposo
segura que en mi amor correspondido
me previno advertido
culpando dilaciones su paciencia
rendirse a tu obediencia
por lograr el deseo
haciendo nuestro amor él y m[ineo]
mira si es digno de tu ser piadoso
un yerro amoroso
o yo no soy culpada
que amalte el rojo humor mi noble espada
pues a tus pies rendida
como tuya señor está la vida
y yo más obediente
que te rinde el amor su pecho ardiente
que temples el rigor humilde pido
o se ejecute en mí si endurecido
no se mueve a piedad tu enojo ciego
que aun la crueldad se lisonjea del ruego
tanto señor don Juan en esto gano
que los brazos os doy d'ella la mano
porque en tan dulce empleo
ora sea el alma y suyo mi deseo
ya que mi amor tan desgraciado ha sido
que el nombre pierdo de hijo agradecido
[...] que no sea ilustre el de[...]
siendo celia tu dichoso empeño
Reina del alma y de tu ardor dueña
y Celia está a mi voluntad conforme
siendo [...]
cuando no me dictara amor mi nombre
llegara a decidirme
aunque no fuera justo
que en lo que no es elección rinda su gusto
corresponde al marqués agradecida
y mía está a su voluntad rendida
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Dr. Don Juan de la Cerda.
Vista.
Esta comedia que se intitula desobligar amando no tiene cosa contra nuestra santa fe ni buenas costumbres y así se podrá representar.
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Mil siglos tengas de vida.
Ya que he sido desgraciado,
perdiendo el ser hijo suyo,
permitid que me honre en tanto
el parentesco con Celia.
Logros con su dicha gano;
da la mano al marqués, Celia.
Dichas en tu gusto alcanzo.
Eternidades vivid
para serviros entrambos.
¿Y yo quedo entre renglones?
¿Estoy acaso baldado
para no poder ser hombre?
Yo satisfaré a ese agravio,
pidiendo a mi padre deje
que Laura te dé la mano.
El cielo aumente tu vida
de Matusalén los años.
Y aquí, senado famoso,
los errores disculpando,
logre su fin la comedia
de Desobligar amando .
Fin.
