Texto digital de No siempre mienten señales
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No siempre mienten señales. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/no-siempre-mienten-senales.
NO SIEMPRE MIENTEN SEÑALES
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82644
1
No está citado Bib. Nac. La Barrera la cita como inédita, de Cardona
No siempre mienten señales
Colección Teatral Arturo Sedó
Personas
El Duque de Florencia
Alejandro, su hijo
Laurencio, viejo
Federico, su hijo
Un secretario
Martín, gracioso
El Marqués Arnesto
Blanca, Duquesa de Parma
Estela, su prima
Nise
Un criado
Jornada primera
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Salen el Duque de Florencia y Laurencio con una luz.
¿Vuestra Alteza, gran señor,
a estas horas en mi casa?
Ya el placer de verle pasa
en mi pecho a ser temor.
A vuestro recelo acuda
grato y festivo mi acento,
porque al varón el contento
no ha de usurparle la duda.
¿Estamos solos?
Entiendo que sí.
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Mejor lo mirad,
y aquesta puerta cerrad.
Ya la cierro, y ya os atiendo.
Ya sabéis que mis vasallos
casado quisieron verme,
y a mi pesar fue el vencerme
solo por no disgustallos.
En este tiempo a criar
os di un niño de dos años,
y con mentidos engaños
el padre os supe ocultar.
Vos con afecto leal
hasta hoy le habéis criado,
y este que habéis ignorado
es mi hijo natural.
Pag. 4
Mas deciros le quiero,
debe nobleza a su padre,
solamente que su madre
es tan buena como yo.
Viendo, pues, que peligraba
a los ojos de mi esposa
el niño, si con mañosa
industria no le ocultara,
os le di con tal silencio
que hasta hoy, que os lo digo a vos,
nadie supo, vive Dios,
este secreto, Laurencio.
Ha que está en vuestro poder
veinte años y vez ninguna
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por no dar sospecha alguna
jamás le he querido ver.
Que, como a dulces enojos
amor de padre provoca,
si no sale por la boca
suele asomarse a los ojos.
Mas pues quiso el Cielo Santo,
porque no haya edad, señora,
llevarse a mi dulce esposa
tan a pesar de mi llanto,
casarme otra vez no quiero,
que amé mucho a mi mujer;
con que por fuerza ha de ser
Alessandro mi heredero.
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Concertado de casar
estaba, con Blanca hermosa,
Duquesa de Parma, esposa
que da mucho que envidiar.
Un retrato con recato
de Alejandro, os mandé hacer,
porque a Parma hubo de ser
fuerza enviar su retrato.
Hoy le han llevado, y hoy quiero
que a Alejandro me traigáis,
porque mañana veáis
jurarle por mi heredero.
Que al punto que a efectuarse
llegue acción tan deseada,
Pag. 7
se dispondrá su jornada
y a Parma se irá a casarse.
Y a ese palacio escondido
le llevaréis confiado,
que de vuestro leal cuidado
quedo muy reconocido.
Cielo, qué pesar al oírlo,
aquí mi voz embargo,
que nunca supiese yo
que Alejandro era su hijo.
Mal la voz al labio aplico,
pues si sabido lo hubiera,
hoy por Alejandro diera
a mi hijo Federico.
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Que pues en la amena estancia
de la quinta siempre ha estado,
hubiera al Duque engañado
a pesar de mi ignorancia.
Pero si el retrato vio,
que duda mi pensamiento,
mas ya para el nuevo intento
mi industria medio urdió.
Que un retrato que hice hacer
de mi hijo, cuando atento
trataba su casamiento,
hoy el remedio ha de ser.
¿Qué es esto, mudos visajes?
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da tu voz, tu labio atroz,
todo lo calla tu voz,
todo lo hablan tus suspiros.
Un justo enojo, señor,
la vida quitarme mande,
que ayer hice un yerro grande
que hoy ya viene a ser mayor.
De mi pecho siempre grato
tus yerros no han de temer.
Cuando me mandaste hacer
de Alejandro aquel retrato,
sin advertir le cerré
donde otro retrato había
de un hijo, y hoy de día
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He visto que los troqué
al enviártele. Ve
aquí mi yerro explicado,
que el retrato que has enviado
el de Federico es.
A decírtelo yo bajo,
ahora cuando llegaste,
y el día que ya le enviaste
toda mi pena causó.
Que aquí te esperes suplico
y el de tu hijo sacaré;
de Alejandro es el que fue,
que el otro es de Federico.
(Vase.)
En vano mis penas medís.
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Hay más extraño pesar
que se hubiese de trocar,
mas ya no tiene remedio.
Sale Laurencio con el retrato de Federico.
Esta es de Alejandro
igual copia.
Si a Blanca he engañado,
a desmentir el traslado
enviaré el original.
Con vos no enojarme quiero,
pues que fue yerro sirviendo;
pero haced lo que os mandé,
mirad que en palacio os espero.
Vase.
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Esto se va disponiendo
como pude imaginar
a Alexandro quiero hablar
y con el tratar pretendo
que se vaya brevemente
a su mundo, que el temor
de que el paternal amor
algún día fácilmente
viéndole ha de despertar
un indicio contra mí
me insta a sacarle de aquí
que así me he de asegurar
pero miren a quién mi cura
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le tengo en cuarto apartado
y el tiempo que está cerrado
siempre en los libros lo pasa.
Hase hecho hombre eminente
pero mi hijo, estoy loco
es tal, y sabe tampoco
que vivo, ay de mí, impaciente
pero aunque verle espere
libre de su sencillez
llegue a ser Duque una vez
y venga lo que viniere
de Alexandro al cuarto he de ir
prisa la ambición me da
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Vase, y en la puerta, y sale por otra el Dux / Alexandro sentado con una mesa delante, luz / y libros, y él leyendo
Vase
Leyendo en un libro está
no le quiero divertir
voy a escribir una carta
de crédito, y aliñar
lo que hubiere de llevar
porque mañana se parta.
Qué frágil la vida humana
en cuantos autores miro
hallo que a poco vaivén
titubea este edificio
nazco, y no para vivir
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para morir solo vivo,
oh término riguroso
tanto cuanto más preciso
pues tanto luciente astro,
tanto celestial zafiro,
tanto armónico elemento
para el hombre no se hizo?
pues he de vivir yo instantes
y ellos han de durar siglos.
Ah dura ley natural,
ah pensión con que nacimos,
si la fe no lo enseñara
fuera un continuo martirio.
Del entendimiento humano
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pues veo que en frágil vidrio.
Naces hombre mortal, y aún no has nacido
cuando a funesta tumba te destinas
viviente apenas ya te determinas
cuando quien lo declara es un gemido.
Creces más, ay de ti, que inadvertido
a tu mismo despeño te avecinas
disponiendo materia a tus ruinas,
y ellas cenizas dará lozano olvido.
Dime pues cuándo vives? si en naciendo,
antes que de luces de tu oriente
sombras ya de tu ocaso te apercibes.
Aún lo mismo que vives vas muriendo
porque no mueres, no de otro accidente
sino tan solamente de que vives.
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arroja aquel libro y toma otro
Y leer en otros libros
los influjos de los astros
en estas tablas refiero
mas nunca quién sean mis padres
averiguar he podido
solo hallo que es hombre ilustre
y lo que también he visto
es que una estrella pintada
de tamaño harto crecido
tendrá en el brazo derecho
pero quién es, no averiguo
por más que ansioso examine
tantos planetas, y signos
pues ciencia infame, qué es esto?
tal desigualdad de libros
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levántase arrojando el libro
allí tan cierto mi fin
y aquí incierto mi principio
mal haya el libro mil veces
que en él no es piedad su oficio
de dar resquicios de luz
sino rigor nunca oído
que el no ver en las tinieblas
sensible es pero preciso
pero mucho más sensible
es el cegar al sol mismo
cuando vivir en las tinieblas
de la ignorancia más libre
era el pesar que me ciega
hoy que ya luz he tenido
es más sensible el delirio
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Sale Martín
pues veo que a despecho mío
ignoro las evidencias
a vista de los indicios
Qué es esto Señor? tú arrojar
libros, al suelo mohíno?
hoy tus escogidos caen
y ahora son tus preceptos
tú, del cielo, y de la mesa
truecas así el concierto?
pues en mesa y suelo, a un tiempo
descompuestamente miro
aquí libros como polvo
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y allí polvo como libros.
Es porque sus caracteres
tiranos Martín, conmigo
unos el bien me han callado
cuando otros el mal me han dicho.
No arrojes libros, que yerran
mira que es gran desvarío
porque los libros errados
deben estar recogidos.
No ha de quedar libro en casa
Tente, has perdido el juicio?
hombre mira que te armas
con un filósofo antiguo.
Rómpelos todos Martín
Yo ni aun a pensarlo me animo
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porque si saco la hoja
para hacer un libricidio
sacarán cien hojas ellos
y las menearán con brío
y porque tiene muchas menos
el libro más pequeñito
Solo esta duda, este enigma
me priva de los sentidos
por qué si sabe mis padres
Laurencio no ha de decirlo?
Dime Martín qué ocasión
tendrán tan raros prodigios?
callarme quién son mis padres
tenerme siempre escondido
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criarme toda mi vida
en aquel verde retiro
preciso es que causa oculta
rija efectos tan distintos.
Bien puede ser que no sea
Señor lo que yo imagino
mas yo apostaré que eres
hijo de un fraile Benito.
Calla necio que aún de burlas
me ofenden tus desatinos.
Pide un hábito, y sabráslo
que si obstárense en pedirlo
el Padre que dudo yo
no será consuelo indigno
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si un San Esteban te niegan
quedan con un San Benito.
Mi padre no habrá de ser
hombre de valor invicto?
Si no es Benito, y valiente
quisiera Bernardo digo.
No habrá de escoger mujer
igual por empleo digno?
También en lo desigual
dar un tropezón he visto.
Su principio de mi madre?
no será esclarecido?
Yo en principios no me meto
ni a ti te está bien oírlos
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Sale Laurencio
que te diré el evangelio
si empiezo por en principio
Alexandro?
Qué me ordenas?
Muchas veces me has pedido
licencia para medir
de Italia el capaz distrito
viendo pues tu inclinación
tan resuelta a este designio
hoy que he cobrado un dinero
que ya juzgaba perdido
quiero darte gusto en esto
hoy hay ocasión y hoy mismo
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haz si quieres partida
que esté todo prevenido
Nunca pudo en mi obediencia
ser lisonja tu permiso
más justamente que hoy
y así lo acepto, y estimo
y como tú lo dispongas
partiré al instante mismo
que a las noticias que tengo
y por tu medio he adquirido
ayudará el ver de Europa
todo el dilatado sitio.
Yo me alegro que ocasión
ahora se haya ofrecido
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Vase.
para que vayas gustoso,
que voy aquí percibido
esté todo, porque quedas
salir don Florín ora.
Un siglo
tardas, ya Martín llegó
plazo tan apetecido.
Pero sí, Cuerpo de Dios,
salga de este laberinto
troyano en lo artificioso,
y griego en lo no entendido.
Sí, Martín, donde guiare
del Cielo claro el arbitrio
asumpto adoro sea.
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Vanse y salen el Duque, un Secretario y otro Criado.
de nuestro feliz camino,
que pues la suerte me niega
de mis padres el amparo,
y de aquesta vana y onrosa
ilusión vegetativo,
mis acciones podrán ser
de tantas dudas registro,
que de la ignorada planta
suele ser el fruto aviso.
Hoy, como os he dicho, intento
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que conozcáis a mi hijo,
por que vuestro regocijo
pueda aumentar mi contento.
Nueva tan alegre escucha
hoy Florencia alborozada.
Dese Alexandro lograda
feliz descendencia y mucha.
Las cartas que ayer mandé
escribir, todas ¿hay
en limpio ya?
Sí, señor.
Pon a firmar el Duque y sale Laurencio.
Llegad y las firmaré.
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Mal ambiciones aseguras
en lo incapaz de mi hijo,
pues por más que le corrijo
dice trescientas locuras.
El nombre le he hecho mudar,
que antes era Federico,
y al ver que lo crücifico
se hace Alexandro llamar.
Alexandro el Verdadero
gracias a Dios, ya se fue,
y como de él libré este
menor susto, espero
al Duque avisarle vengo
que mi hijo viene ya.
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A por suyo le tendrá
mal el sosiego conmigo.
Alejandro, señor, ya
tu licencia solo espero.
Vase Lauzin.
Ya salió; puedo acá afuera
mal disimular el contento.
¿No ha sido extraño rigor,
nunca a Alejandro amar visto?
Solo en sí vengarse ha visto
la atención junta al amor.
Salen Laurencio, Federico y acompañamiento.
En besándole la mano
Pag. 31
si no os pregunta, no habléis.
Llega Federico a besar la mano al Duque, y en besándosela se pone los dos dedos en la boca.
¿Sin que vos me aconsejéis
sé lo que he de hacer, hermano?
Sin duda querréis culpar
el no haberos conocido
hasta ahora, pero ha sido
atención particular
gracias a Dios, que sin miedo
hoy mi estado participáis,
hijo, ¿no habláis? ¿qué tenéis?
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Si no preguntan no puedo.
¿Qué turbaciones aquesta
el placer le ha enmudecido?
¿qué causa os ha suspendido?
¿Esta es pregunta, o respuesta?
Pregunta. Llégate allá,
mucho me da que temer.
Callen, que he de responder
en nombre de Dios, ya va.
Ayer Laurencio me dijo
como por premiar mi fe
me haríais merced de que
fuese de hoy más vuestro hijo,
y yo como nunca lo he sido
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de poco de vuestras crías,
pero ensayándolo dos días
he de hacer bravo ruido.
Aparte: Alexandro (¡ay de mí!)
monstruo que sabe muy poco.
El pesar me tiene loco.
¿Nunca tal sencillez vi?
Antes que más se declare
importará que se ausenten.
Antes que más le murmuren
tu alteza el daño repare.
Ea, hijo, dad lugar
que cuantos están presentes
con poder de los ausentes
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la mano os puedan besar.
Padre, conmigo tirano
sois, en esto infiel,
sin escribirme un papel,
¿a qué tomen la mano?
Loco Alexandro es bizarro.
O pues si es jurar, convengo.
Así la otra os prevengo,
ea, llegad a sentaros.
Sienta a Federico.
Vuelve a reconocer la silla.
Ya en esto os obedecí,
por que mi prudencia extrañen,
pero hidalgos no me engañen
la verdad; hay trampa aquí.
Vuestra dicha el cielo aumente
obras de envidias, y engaños.
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Reputad.
Una vida, no por años
la edad, por siglos la cuenta.
Ay que a luz el mundo os saca,
portento os admire vano.
Basta, aparte hablemos claro,
esto no es jurar, ni es acá.
Este es el modo vulgar
de jurar los caballeros,
a mí como carreteros
voto a Dios, me han de jurar.
En fin las dichas mías
mi alborozo han descompuesto.
Señor, no hagas caso de esto
que estas son melancolías.
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Aparte.
que algunas veces cesan
pasan luego, y al momento
queda de lindo talento,
¡mis engaños qué no harán!
Pues a Parma como ha de ir
de capacidad ajeno?
Afirman que estará bueno,
cuantos médicos haya
a ver, su achaque han llegado
al punto que de aires mude
y así tu alteza no dude
que vaya antes que arraigado
cobre el achaque poder.
Médicos haré hoy juntar,
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sus votos quiero escuchar
y seguir su parecer.
Aparte.
Luego que de aquí saliere
a hablarles mi intento apela,
que con dineros, y cautela
dirán cuanto yo quisiere.
Entrad hijo a descansar
retirarles acertado.
¿Qué es entrad? no estoy cansado,
y aquí tengo yo que hablar,
cásenme antes que entre
ni de aquesta raya pase
o voto a Dios que me case
con el primero que encuentre.
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Una boda celebralle
con gran brevedad pretendo.
que yo ya mujer os tengo
Pues si la tenéis soltalla
con rigor me hallo oportuno
ya mi mujer si me caso
no he menester yo en tal caso
que me la tengan ninguno
Entrad, que os ofrezco que hoy
templaré unos extremos
No he de entrar, no nos cansemos
o soy Duque, o no lo soy
No quiero intentar violencia
que será peor, y quizá
entrándome, yo entrará
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Vanse el Duque y Laurencio.
denme los cielos paciencia.
Decidme vos qué ventaja
con ser hoy Duque he logrado?
Tener en todo este estado
jurisdicción alta, y baja
¿Cómo qué?
Hacer azotar
y dar culpas más severas
condenar a uno a galeras
y también poder ahorcar
Me agrada, y pues hoy severas
puso el cielo en conclusión
vaya la jurisdicción
por la baja empezar quiero
ropa afuera.
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¿Qué ejecutas?
¿Tal acción has de inventar?
Señor, yo os he de azotar
sobre esto no haya disputa.
No así el palacio alborotes
que está todo sosegado.
Corriendo tras él.
Sale el Duque.
Pues en dando en porfiado
os he de matar a azotes.
Hijo (conmigo me irrito)
¿a qué efecto extremos tales?
En las acciones ducales
poco a poco me ejercito
ea pícaro contento
pues os despido, estaréis
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los oficios que tenéis
ponedlo aquí al momento,
así seréis un cuidado,
y aun conseguido ya
id, desatacado, no,
que hoy vais como un subyugado.
Entrad, no estéis tanto en pie.
La plática es importante;
no saldré yo de aquí un instante
la mitad de lo que quise.
La junta de hoy quédese allá,
que si comparece agora,
me aseguran su mejora;
al punto le haré partir.
Entrad, veréis mis caballos.
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Vamos, vano porfiar,
que no ha de dejarme holgar
un día con mis vasallos.
Saca la espada.
¿Para qué hacéis acción tal?
¿Oír los caballos no espero?
Sí, por bien.
Por bien yo quiero,
probando si hacéis mal.
Qué mal mi suerte se traza.
Temo fuerzan mis intentos.
Excusemos cumplimientos,
fuera, que en la plaza place.
Vanse, y salen Blanca, duquesa de Parma, Celiola, su prima, Paje y el marqués Ernesto.
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Una Alteza, Gran Señora,
si en tu sangre se mirara,
que en espejo claro viera
que tiene deudos en Parma.
Un bastardo de Florencia
prefiere a nobleza tanta;
que entre crisoles el sol
apura sus luces claras.
Yo, por mi parte, Señora,
nunca juzgué que lograran
mis heredados blasones
hoy ingratitudes tantas;
a Vuestra Alteza suplico
atienda a ocasión tan extraña.
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que a todos nos desconsuela
y a su ilustre sangre agravia.
No entiendo vuestras razones,
y esto, marqués primo, os valga;
porque si las entendiera,
temo que las castigara.
Si por servicios antiguos
de vuestra noble prosapia
pedís premio, muy bien sé
lo que debo a vuestra casa;
y aun siendo pretensión,
podéis, atento, guiarla
por mi secretario, que es
en quien los despachos paran.
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Sin duda la habrá ofendido
que le hablase cara a cara
en mis afectos, y quiere
que tercero de ellos le haga
al secretario; y si a esto
se encaminan sus palabras,
hoy haré al secretario,
dando alivios a mi esperanza,
con el retrato que tengo,
que, sin que ella lo notara,
supo hacer aquel pintor.
Beso a Su Alteza las plantas,
y el deseo de servirla
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Vase.
disculpe mis ignorancias.
Ya que el marqués nos dejó,
prosigue lo que cantabas.
Digo, pues, Estela mía,
que sabiendo que aquí estaba
un hombre de insignes letras
y de partes extremadas;
muriendo mi secretario,
para suplir esta falta,
le recibí; ya lo sabéis,
cosa habrá de dos semanas;
y le has tratado, y has visto
que a la noticia aventaja
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que harto hay de sabio,
que recibí esta mañana
de Florencia un pliego, que
vino por mar hasta Francia,
y es de más de un mes; sospecho
que, pensando que llegara
más presto por mar, ha sido
mucho mayor su tardanza.
Envíanme, prima mía,
dentro de la misma carta,
un retrato del que espero
por esposo, y es tan rara
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una verdadera estampa.
Entra agora mi sospecha:
este Alejandro se llama,
de Florencia aquí ha venido,
la copia fiel le traslada;
con que, sin duda ninguna,
el que hoy me sirve en mi casa
el hijo es de Florencia,
es que con cautela trata
de verme antes de casarse;
y porque indicios engañan,
su criado he hecho llamar,
que dádivas o amenazas
podrán con él fácilmente
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asegurar dudas tantas;
y pues ya sale, esperadme
todas en la otra sala.
Quiera el cielo que no sea
lo que ha imaginado Blanca,
sino un hombre principal
que a mi nobleza equivalga;
pues le daré mil cuidados,
aunque me cuesta mil ansias.
Retíranse las damas, y sale Marión.
Pues la duquesa me envía
a llamar, y por las gargantas
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nuestras, desque aquí estamos,
son moneda que no pasa;
pues sin ollas las comidas,
y las cenas de migajas,
porque el gusto se entretenga
con encontradas viandas,
nos dan cenas vergonzosas
y comidas desolladas;
para que en esto se enmienden,
haciendo los aparatos,
daré a entender que mi amo
real sangre en sus venas guarda,
y de príncipe encubierto
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va a visitar toda Italia.
Marión, seas bien venido.
¿Cómo en mi casa te hallas?
Yo, por mi parte, bien me hallo;
otros sé yo que no se hallan.
Dime quién, por vida mía.
La vida a obligarme vana,
cualquiera cosa de comer
se halla muy mal en tu casa.
Pues si no cuidan de ti,
yo haré enmendar la falta.
Por Alejandro lo digo,
que por mí no importa nada;
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que jamás me quejo de
cosas de poca importancia.
Por ti y Alejandro, es justo
que ese reparo se haga;
pero tú, cierta noticia
que tengo, has de confirmarla.
Yo sé que el servirme aquí
Alejandro ha sido traza
de amor, o curiosidad;
sé que es familia tan alta
la suya, que aun en su esfera
luce al sol la apostura,
y sé la de su atención.
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las enigmas me declaras;
la noticia que me dieres
a mi cuento, este el premio
Señora, esta duquesa,
juro a Dios, que está borracha;
mas pues a mi intento viene,
yo quiero seguir la danza.
Yo, señora, bien dijera...
mas temo.
¿Qué te acobarda?
Que mi amo...
En vano temes.
¿Lo sé yo?
Fácil te engañas.
Pues lo que digo es cierto.
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Alejandro es tal, que para
que sea persona de Alteza
solo un grado le falta;
aquí ha venido de embozo,
y así nadie le acompaña,
sino yo, que soy su primo,
a quien fía sus andanzas;
mas voto a Dios, que si de esto
a él le dijeres palabra,
que tú me echarás por puertas
y él me echará por ventanas.
De mí el secreto, no dudes;
y mientras el premio aguardas,
Pag. 55
esta sortija recibe,
y a Alejandro al punto llama.
¿Qué pecho no cobrará
joya de tanta importancia?
Por no porfiar la tomo;
pero, mi duquesa, calla,
no me destruya tu voz,
pues tus diamantes me labran.
Lindamente he dispuesto;
bien pienso yo que para
llevarme cualquiera sortija
siempre he sido buena lanza.
Vase, y salen las damas.
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Toda, señora, lo he oído,
mas temo que ha de ser falsa
relación la que te han hecho,
porque si ya estás casada
a qué fin tu esposo quieres
que de cautelas se valga?
antes de ayer los conceptos,
tuviera el embozo causa
por no fiar el oficio
de los ojos; a las cartas
pero ahora no lo creas,
un volcán respira el alma
que me ha de costar la vida
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si este es su esposo de Blanca.
Puede engañarse de aquese
retrato la semejanza?
Muchos hombres parecidos
hay.
Y si acaso esto faltaba
sus partes han de engañarse?
Sí, señora, mas repara
que ya Alexandro está aquí.
Pues entra cuanto me aguarda.
Qué mal se engaña a sí misma
la que sabe que se engaña,
que aunque lo duda mi voz
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Vanse Celia y Nise, y salen Alexandro y Martín, Alexandro con una carta y tintero .
Aquí están ya las consultas,
por si quieres rubricarlas.
Bien puedes tú despacharlas.
Qué, señora?
Qué dificultad?
Que tu poder soberano
a un gusano entregar quieres.
Puesto que a todos prefiero,
penda todo de esa mano,
mal disimulan mis labios.
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Mira que aunque esos favores
salgan de ti como honores
llegan a mí como agravios;
cierto general romano
en una guerra vencido
su vida libró valido
de un tronco caduco y vano;
por dar al tronco patentes
y claras satisfacciones,
sus adquiridos blasones
puso en sus ramas pendientes,
nada el árbol adquirió,
pues al ver tanta proeza
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esto en sus mudas cortezas
un envidioso creyó
sacude tanto presagio
de enraizadas memorias,
que en ti las ajenas glorias
solo servirán de peso.
Del sol la luz nunca escasa
en el diamante que opone
fondos claros se detiene,
por el vidrio fácil pasa;
tronco y vidrio me confieso,
tu sol, trofeo y victoria
que sin darme nueva gloria
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solo hay el añadirme peso.
Ocasión para enmendarme
me da su modesto agrado,
lee, pues te has excusado.
Creo que será honrarme.
Mas con presupuesto tal
que me digas tu sentir.
Dejártele de decir
no fuera serte leal.
Lisardo y Julio se ofrecen
a guiar tus estandartes.
Noble es Lisardo y sus partes
bien ese premio merecen.
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En fe de que me has mandado
que nada calle advertido
digo, señora, que he oído
que Julio es mayor soldado
y aunque no sea tan ilustre
como Lisardo, yo creo
que obra siempre en este empleo
más el valor, que no el lustre.
La sangre, el aplauso, aclama
pero en la guerra conviene
no tanto aquel que la tiene
como aquel que la derrama.
Pues a Julio se dé al punto
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Gobernador General
de todo tu Estado Real
tu primo el Marqués Manuto
pretende ser.
Su persona
digna de ese premio es.
No se te ofrezca después
muy atento a tu Corona.
Viendo en mí estas atenciones
templará sus altiveces.
Puestos altos varias veces
mudaron las intenciones,
en el escorpión lo advierte
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que humilde en la montaña
pero en pudiendo su saña
la ardiente ponzoña vierte;
mírale después fiero
signo al cielo trasladado
y allá en tan feliz estado
crece más venenoso.
Pues en estancias tan bellas
distante de estar vecina,
si aquí pica con espinas
allí muerde con estrellas.
El que es malo si a ocupar
puestos altos se adviene
Pag. 65
aunque malo persevere
a pocos puede dañar,
mas si algunos persuaden
con que a eso enmienda tendrán
cuantos súbditos les dan
tantos riesgos les añaden.
La naturaleza que es
el autor más ingenioso
al animal venenoso
no le dio ni alas ni pies;
darle puestos, al que suele
ser malo, y por tal señalas
es darle pies y darle alas.
Pag. 66
con que corra, y con que vuele
mal compuestos un horror
enmendarás sus venenos
de que el que es malo, entre peñas
es entre estrellas peor
Poco mis ojos dudaban
del retrato la evidencia
ya me ayudó de la vista
la duda culpable enmienda
Alexandro cesen ya
tantas fingidas cautelas
que lo que es en ti cuidado
llega ya en mí a ser ofensa
Pag. 67
ya quien eres he sabido
tu intención es manifiesta
vuelve Alexandro por ti
y agradece a mi grandeza
que te difiera castigo
cuando ofendida se observa
Ay de mí, todo lo parla
así mienten las Duquesas
calla por Dios que me pierdes
y será venganza nueva
que venga a mi pensamiento
le pase por la cabeza
estar de ti enamorado
Pag. 68
por lo perdido me vea
Primero soy yo que tu
Mi atención tienes suspensa
porque ni sé en qué te ofendo
ni sé de lo que te quejas
si culpas el replicarte
delito fue de obediencia,
que si tú no lo mandaras
nunca a hacerlo me atreviera.
No culpo yo el replicarme
lo que te culpo es que quieras
que más que evidencias claras
crea falsas apariencias
Pag. 69
Que apariencias en mí has visto
que todas juntas no abonen
a servirte, si no acierto
la intención siempre en mí es recta
la dirección podrá errarse
que un infeliz tarde acierta
No es apariencia negarme
lo que es preciso que sepa.
Volviera a sus botijas
por que calle, o tiraréla
desde aquí, que sus locuras
aun me han de asestar en piedra
Yo negarte lo que sabes?
Pag. 70
enigmas son tus querellas
Síguela el humor, que es loca
y da ahora en esa tema
En fin Alexandro, que
tu Patria, y tu Sangre niegas?
Niégolo porque lo ignoro
decirlo engañarte fuera.
Y que a casarte has venido
a Parma desde Florencia?
Yo a casarme? Eso en mi vida
me pasó por la cabeza
si lo dirá porque sabe
que adoro a su Prima Celia?
Pag. 71
¿Y que solo a un primo tuyo
solo tu instinto, no celos?
¿Primo dijo? Declárose,
todo ahora se lo cuenta;
aquista razón el alma
me ha arrancado con gran fuerza,
y se ve que la arrancó
en que ahora me la apaga.
¿Yo primo? Esto me faltaba
para apurar mi paciencia.
Cielos, ¿qué queréis de mí?,
¿qué confusiones son estas?
¿En fin que todo lo callas?
Pag. 72
Lo que yo no alcanzo es fuerza.
¿Y que aquí con la fortuna
de servirme te contentas?
La señora es tan grande
que si una fragua tuviera
donde forjara las almas
eligiera solo aquista.
Pues, Alessandro, esto baste
y hecho ya las diligencias
posibles por no faltar
a mi obligación primera,
tu necio el imperio excusa
y al precepto te sujeta,
yo hice por ti cuanto pude;
Pag. 73
mas pues quieres que no sea
que me sirvas más, y que
te castigaré severa
si alguna vez a mi oído
llega tu voz poco atenta.
Pues ya por tu cuenta corren
los desaires que padezcas,
ea, entrad esos despachos
para que mejor los vea.
¿Qué es esto que por mí pasa?
Mucho dicen mis sospechas,
mas si tal pienso, forzoso
es que mis sospechas mientan;
Pag. 74
no, señora.
¿Qué decís?
Significaros...
Apriesa.
Que vuestra duda...
No dudo.
Y mi ignorancia...
Es grosera.
Me ocasionan...
¿Qué ocasionan?
No desatente la lengua,
si huí de que me sirváis,
hablador, esto se os acuerda.
No me he huido.
Pag. 75
Bien está.
Mas yo nada...
¿Qué os inquieta?
Que no os llame...
Oílo yo.
Fue turbación.
Pues fue necia,
y otra vez tan fácilmente
no os turbéis.
¿Qué es esto, penas?
¡Tantas confusiones juntas!
Trae los despachos, y atenta,
así os excuso el turbaros.
Sin vida voy.
Pag. 76
Vanse los dos
Yo voy muerta.
Bravo cómo llevan ambos,
mas yo temo en mi conciencia
la fiesta de la sortija
que en cañas no se volviera.
Jornada segunda
Pag. 77
JORNADA SEGUNDA,
Salen Martín y Rosela
Rosela, mi pecho te ama
a pesar de tu desdén.
Pag. 78
Yo solo te quiero bien
cuando estás junto a mi ama,
que aunque el corazón me arranca
no es posible en mí el quererte
en viendo que estás sin Blanca.
Y tu voz me maravilla
cuando tu intención declaras,
diablo, o mujer, ¿no reparas
que ese es amor de la villa?
Pues si en palacio ha de amar,
mas no puede pretender
que un penar sin merecer
y un servir sin obligar.
Tu amor es bien le desdene,
Pag. 79
y le ofrezca a Belcebú,
quieres no empeñarte tú
y quieres que yo me empeñe.
No quiero dama alunada
y de tan extraño humor,
que muestra tenéis mi amor
aunque no se le dé nada.
Ea, en vano tu cuidado
en la edad presente explora,
si hay de esas alguna agora,
será de tiempo pasado.
Vengo en eso fácilmente,
que la dama más chapada
de cualquier tiempo me agrada,
Pag. 80
como no sea de presente.
Sortija ofreces platera
y la hechura es extremada.
Las manos no valen nada,
el oro es harto bonito.
¿Por qué la escondes?, detente.
Es oro muy delicado,
y si no está bien guardado
se tomará fácilmente.
Veamos cuál, deja esos miedos,
tendrá más dedos, no uñas.
En que pues tienes más uñas
fuerza es que tengas más dedos.
Pag. 81
Deja probarla y mirarla,
¿me la he de comer por gala?
Rosela, pues no has de comerla,
¿para qué quieres probarla?
Que esté sola, y no te atrevas
siendo los dos tan amigos.
Hermana, si no hay testigos
yo no puedo hacer las pruebas.
Del dedo a la punta baje
no más por si algo barruntas.
Vele, quiero que de sus puntas
saques tú aquí un encaje.
Pues ya mi enojo, villano,
Pag. 82
vaya de ahí, que es un grosero.
Pónele la sortija en un dedo
Pues si te enojas, no riñas,
ven acá, da acá la mano.
¿Y a otra cosa su espanto
que tener yo esta joyuela?
En vano se desconsuela,
que no es más que eso, ni aun tanto.
¡Pues de qué es tan gran temor!
En cobrando la sortija
volveré a cobrar calor.
La labor es singular,
no hay más que desear.
Mas ha errado,
Pag. 83
que hasta haberla yo cobrado
siempre hay más que desear.
Pero, ¿qué más? ¡Ay cuitada!
Hurtada es, aunque él la abone.
Según usted lo dispone
yo pienso que será hurtada.
¡Ay!, Alessandro se entra.
Pues mi sortija, ¡ay cuitada!
Vase
Parece que le ha pesado
ver que me la lleve yo.
Que me pesa bien confiesa,
que la sortija, aunque escucho,
que lo que me pesa es mucho,
Pag. 84
vale más de lo que pesa.
Sale Alessandro
¿A dónde vas?
Estoy enfermo.
Espera.
Blanca prolija
corre allá una sortija,
y quieres que sea estafermo.
Deja donaires, Martín,
y a los ecos de mi voz,
si acaso no los percibes,
da siquiera tu atención.
Yo en mi pecho a todas horas
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examino un mal atroz
y no conozco el achaque,
aunque padezco el achaque,
aunque padezco el dolor;
con razones tan dudosas
hoy la Duquesa me habló,
que cada palabra suya
era en mí una suspensión;
nada del labio colijo
en sus ojos qué sé yo,
si confesaré atrevido
alguna demostración
que como en el pecho guarda
algún oculto favor,
Pag. 86
tan grande que en no cabiendo
procura su exhalación
este furor que ya es fuego
intenta salir veloz
de la boca y de los ojos
romper quiere la prisión
muros de coral, del labio
gimen la jurisdicción
almenas de cristal burlan
en tus ojos el vigor
llega la llama a los labios
apoyo al coral allí
no ve mi luz más dudosa
piensas si entre algún calor
Pag. 87
sube el ardor a la vista
y advierte que el cristal no rompió
tal vez confusa la llama
con su misma turbación
y como claros cristales
eran, pudo ver mi amor
que hablar saben unos ojos
si unos labios mudos son
mas si todo esto es locura
qué consuelo fabricó
mi empeño, pues aunque fuera
verdad mi imaginación
hoy su esposo llega a Parma
y aunque verifique yo
Pag. 88
por cierto lo que he pensado
es tan extraño el rigor
que este flaco contra mí
solo a mis venturas dio
que ayer ausentes tenían
y es fuerza que mueran hoy.
Qué te cansas, Alexandro,
mujer de tal variación,
un familiar como el punto
ha de tener junto a Dios
ya está con bozo risueño
y a mucha saña y furor
digo que es familiaridad
tal variedad y rigor
Pag. 89
para confirmarlo más
haz alguna inquisición
pero Estela hacia esta pieza
viene por el corredor
Sale Estela
Venga que en sus ojos bellos
templar podré mi pasión
Dueño hermoso enhorabuena
a alumbrar llega tu Sol
con el menor de sus rayos
a la ceguedad mayor
bueno está, traidor, falso
Alexandro guarde Dios
Pag. 90
pero excusad las lisonjas
que si antes con atención
las oía era otro tiempo
mas ya ese tiempo pasó
entonces si es que a mi oído
tu voz llegaba veloz
solo a regalarle era
y ahora cuando llegó
el eco de tus traiciones
hirió mi oído tu voz
También contra mi fortuna
tu pecho se conjuró
qué es esto Estela? qué dices?
Pag. 91
yo engañoso, yo traidor
desde el día que te vi
no te entregué el corazón
después en qué te he ofendido
habla claro, muera yo
máteme ya una evidencia
y no tanta confusión.
Luego ignoras tu delito?
qué delito? loco estoy
Pues yo sé que tú Alexandro
le sabes mejor que yo.
Si el adorarte no es culpa
los demás engaños son
Esa aunque lo fuera error
Pag. 92
nunca el delito agradó
por que con visor de aleve
no aveis de hacer tal error
Por Dios que el Conde de ayer
que también aquí prendió
Qué aleve? todo el juicio
me ha de quitar el dolor
si es que acabar con mi vida
intentas sin razón
baste, baste, de tus ojos
el venenoso rigor
que será culpable en ti
si advierten que muero yo
Pag. 93
al hechizo de tus ojos
y al encanto de tu voz
Pues por que no te disculpes
con que ignoras tu traición
te la diré aunque con esto
sé que te pierde tu amor
ayer recibió unas cartas
la Duquesa, pero no
puedo pasar adelante
porque, o me engaña el temor
o hacia aqueste cuarto Blanca
viene, ay Cielos, muerta voy
Pag. 94
Sale Blanca
Una vida y dos sentidos
Blanca saliendo quitó
pues dejó a Estela sin habla
y sin oír a los dos.
Con Estela estaba, Cielos
cómo sufre mi vigor
los agravios que examino
a costa de mi opinión
que aunque son su fingimiento
ya mi decoro ofendió
fue eso atrevimiento solo
pero estos desprecios son
Pag. 95
Ya ha salido la Duquesa
más de mil gracias a Dios
que parece que está alegre
mas ya el familiar parló
porque ha aguzado la vista
y causa en mí tal temor
que al calar ella los ojos
en alguno siento yo
sin poderlo resistir
que causa efecto mayor
una cala de sus ojos
que seis calas de jabón.
En fin que añadir queréis
Pag. 96
culpas, a culpas que no
no ha de ser miren los Cielos
porque si el pecho traidor
vuestro, engaños multiplica
sabrá atento mi valor
inventar nuevos castigos
digo nuevos, porque hoy
no han de servir solamente
contra cometido error
que sois tal que en vos es fuerza
castigar aun la intención
Señora de cada día
causa V.A. disfavor
Pag. 97
mayor confusión en mí
porque no entiendo la acción
con que mandáis el enojo
y gobernáis el favor
siempre me habláis con enigmas
y mi ignorante atención
más duda, si más atiende
con que oíros es peor
suele ser la voz y el labio
comento de la intención
pero en Vos no es esto así
antes al revés se vio
pues con la intención queréis
Pag. 98
que os comentemos la voz
decidme si os ofendido
claramente, que si soy
tan infeliz que hecho tal
os vengáis de mi traición
con decirlo, y dejáis siempre
ocioso vuestro rigor
pues para mi muerte entonces
sobra mi imaginación
Eso sí hacéis ignorante
afectad la turbación
decid que no sois fingido
engañoso, adulador
Pag. 99
sombra en fin de poca fe
Harto menos tenéis vos
pues con un familiar siempre
andáis en conversación
Pues mi enojo en él no vengo
por no ajar mi pundonor
ha de probar su retrato
mi oprimida indignación
si alguien mi afecto culpare
advierta bien que si no
juzgara que este es a quien
por dueño el pecho eligió
nadie en el mundo pudiera
Pag. 100
Saca el retrato y queda mirándole
superar mi presunción
Suspensa ha quedado Blanca
temblando su enojo estoy
que aunque es mi inocencia grande
es mi duda mayor.
Por vengar en ti mis iras
retrato quise sacarte
y así que llego a mirarte
todo mi enojo retiras
mas tú sin culpa te miras
Pag. 101
y así mi furor suspendo;
entre a Alexandro escondiendo,
pero con razón me asombra
que diga verdad la sombra,
cuando el cuerpo está mintiendo.
Ay, que otra vez con el diablo
ya conversación trabó;
¿quién, señor, nos ha metido
en este infierno a los dos?
Corrido estás, no lo ignoro,
que aunque eres tú su retrato,
de un santo engaño junto
Pag. 102
te han salido los colores.
Mas como tú los errores
de mi voz, no has temblado,
pero yo lo he averiguado,
que eres sombra tan infiel,
que por no mentir como él,
del cuerpo te has apartado.
En una lámina lleva
al familiar, ay señor,
retratado este, el demonio,
¿quién diablos le retrató?
En tanto has templado el estrago
que amenazó mi furor,
Pag. 103
que lo que empezó rigor
ha de acabar como amago,
con esto bien satisfago
a la ofensa que recibo,
que así a su falso motivo
vengo la necia altivez,
pues pudo más esta vez
lo pintado, que lo vivo.
En redomas tener suelen
a estos, y este picarón
para no estar en redoma
redomado es, vive Dios.
Mercedes pienso ofrecerle
Pag. 104
si se niega a este favor,
¿qué indicio mayor espero
que acredite su ficción?
Ya, Alexandro, he conocido
que quizá engañada estoy,
de algunos indicios falsos,
y pues sé la obligación
que al afecto con que sirves
debo, y que mi acreedor
te confieso en esta parte,
haz de algún premio elección;
pide que de tu deseo
será medida tu voz.
Pag. 105
Buen hechizo es este diablo
que agora le aconsejó,
para mí, en que hay demonios
también de buena intención.
Señora, el que ya de vos
de desvíos alcanzó,
nada puede apetecer,
que este es en mí tal blasón,
que a cualquiera otra ventura
la miro como a inferior;
y por os dar por servida,
os pide mi adoración,
que nada envidiar podré
Pag. 106
si os dais por servida vos.
¿Qué más indicios espero?
En fin, tan fingido sois,
que vencer a vuestro engaño
aun no pudo la ambición.
Si esto también os ofende,
señora, palabra os doy
de no hablar más en mi vida,
pues mi desdicha llegó
a que aun de mis rendimientos
forjáis vuestra indignación.
Sale un crïado
Ya tu esposo, gran señora,
Pag. 107
en palacio se apeó,
se ha acompañado de todos,
guiado solo de su amor.
Que este nuevo fingimiento
ejecute este traidor,
por desmentir las sospechas
que ya en mí evidencias son,
¿hasta cuándo vuestro engaño
ha de durar?
Luego yo,
en que venga vuestro esposo,
¿también el culpado soy?
Claro está que sois culpado,
Pag. 108
pues esta es nueva traición,
mas yo seguiré el engaño,
aunque pese a mi dolor.
Cielos, ¿qué es esto?, ¿qué encanto
oprime mi corazón?
Pues no he perdido el juicio,
cierto es que sin él estoy.
Salen Federico, el secretario, Celia, Martín, Ernesto y acompañamiento
El advertirle es en vano,
todo ha de echarse a perder.
Pag. 109
¿Cuál es aquí mi mujer?
nadie me vaya a la mano.
Yo soy, que os han merecido
bien mis amantes extremos.
siéntase
Señora, no nos cansemos,
vaya silla a quien tenida es
Cansado estoy.
Hado inicuo,
viniendo en literas.
Es pena,
no gusto yo de literas,
siempre camino en borricas.
¿Que fomente yo mi mal
por apurar un engaño?
Pag. 110
Qué lástima, grave daño,
no he visto simpleza igual.
En fin, todo va perdido.
¿De qué hablaban por mi fe?
mas que me alaben es que
¿cómo les he parecido?
Extraño humor.
Para que lo despachemos,
decid ya a lo que venimos,
acabemos.
¿Yo, señor?
Vos, señor, que, en conclusión,
a vos os toca la prosa,
Pag. 111
que yo no vengo a otra cosa
mas que a tener sucesión.
En el juicio de su mal
los médicos se engañaron.
Bien los cielos me vengaron,
si se logra esposo tal.
Señora, como en vos dura
el recato, se padece,
y así, así, ¿no os parece
alguna desenvoltura?
Con mi honor, mi atención lucha;
aqueste viene incurable.
Digo, ¿no oís vos muy mal,
Pag. 112
que parece que lo escucha
la duquesa, ¿quién es
el que a este lado se ha puesto?
Mi primo el marqués Ernesto.
Quien siempre estará a tus pies.
¿Y esa que al lado os ponéis?
Mi prima Celia.
Es baya acá,
duquesa, para ser blanca,
sobrados humos tenéis,
no he visto igual demasía.
Yo soy quien se ha de servir.
levántase y abraza
Yo no lo he de consentir,
un abrazo, prima mía.
Pag. 113
Reportaos, aunque lo oprima,
mal de los yerros se aparta.
Dejadme, fraile, ¿no veis
que no he abrazado a mi prima?
¿Quién es aquel solitario?
Mi secretario.
Por Dios
que nos cansamos los dos,
¿os llamáis secretario?
Los dos allá consideren
lo que importe a mí y a vos,
y en efecto, allá los dos
cásennos como quisieren,
Pag. 114
¿cómo os llamáis?, ea, hablad.
Alexandro.
¡Desatinos!
¿mi nombre?, sois un cochino,
al punto el nombre os mudad.
Señor.
No me repliquéis,
hemos de andar siempre aquí,
¿si os llaman a vos o a mí?
pregunto, ¿y qué armas hacéis?
El dolor que el pecho adquiere,
sea ya mis armas, no ignoro,
una flor que al sol adora,
Pag. 115
y de su luz vive y muere.
¿Vos sois tonto y novel,
florecitas un barbado?
haced por armas, menguado,
una espada y un broquel.
Blanca se muestra impaciente.
Vase
Yo ya escribo al de Florencia,
porque ya mi inteligencia
juzgó el suceso presente,
si ha vuelto el correo, veré,
para salir de esta duda,
que si Florencia me ayuda,
duque de Parma seré.
Pag. 116
Señora, aunque el pecho os ama,
yo no venga aquí a matarme
cansado estoy, y acostarme
iré, si está hecha la cama.
No puedo más, ya vencieron
al sufrimiento mis iras
y ya mis males, y ansias
hoy en el llanto se animan.
Vos, a cuyo cargo viene
esta acción tan mal fingida,
que en el propio disimulo
es donde más se publica,
decid al duque en mi nombre
Pag. 117
que advierta que si en la lis
de emparentar con su casa
dos coronas en la mía,
que tan viles fingimientos
su sangre desacreditan,
y que ya no he de casarme
con su hijo, porque alivia
ese castigo un engaño
si antes causé mil envidias.
Y vos, Alejandro, al punto
sin deteneros un día
salid de Parma, o temed
el coraje que me irrita,
que aun para servirme juzgo
Pag. 118
que en el propio disimulo
es donde más se publica
que es vuestra persona indigna.
Vos, mientras tenéis respuesta
del duque, vuestro amo, os sirva
de vecino campo verde
que está de aquí cuatro millas,
y si es que el duque avisado
su enojo en las armas libra,
aunque no me escucha airada,
sabrá hallarme vengativa.
Señora, mas ya se entra,
sin duda, ay de mí, se indigna
Pag. 119
de que no la declarasen
ignorancia tan crecida.
¡Cómo Alejandro padece!
¿Qué queréis de mí, desdichas?
Pero mucho que pensar
llevamos, suerte enemiga.
A Dios para siempre, Estela,
pues un precepto me priva
de tus ojos, cuyo hechizo
aun en el castigo alivia.
En fin, ¿te vas?
¿No lo oyes?
Sin remedio,
Pag. 120
¿no le escuchas?
No llore, que tantas muertes
sobran ya para mi vida.
Hémosla hecho buena,
falsa, vil, desconocida,
pues qué, ¿no hay más de no quiero?
Bueno a fe, que no hay justicia,
no me hagáis pucheros vos,
deja el llanto, lagrimitas,
¿os he dado yo poder
para llorar mis fatigas?
Disimulemos, y asiente
los fueros de mi [ilegible]
Pag. 121
No, aun eso [ilegible]
Mandan tales bizarrías.
¡Hola! no me repliquéis,
si no entráis a hacer vainicas,
no me gobernéis mi casa,
sabed que yo ha muchos días
que he cumplido veinte años,
y no he menester doctrinas
de nadie, que Dios me ha dado
bastante sabiduría,
no me obedecéis, ea idos
noramala a la cocina.
Para mi loca pasión
Pag. 122
son buenas sus boberías.
Esto es entenderlo, yo
os juro, que a mi familia
la ponga toda en el puño,
que esto, hermano, si se mira
quiere más maña, que fuerza.
En fin, esta noche misma
escribiré, dando al duque
de todo entera noticia.
Con las dueñas pienso hablar,
y a mi maya enojarla
la pondré cual digan dueñas
conmigo carantoñitas.
Pag. 123
Vanse, y sale el marqués Francisco
voto a Cristo que no quede
de provecho en muchos días.
Luego que me avisaron desde Francia
de este necio Alejandro la ignorancia,
y la duquesa de ello noticiosa
en concierto vino de ser su esposa,
escribí al de Florencia
que con su hijo casarse no quería,
y pues con fe alevosa
faltaba a los conciertos Blanca hermosa,
que el consorcio [ilegible]
Pag. 124
a que a Parma marchase diligencia
que yo le prometía
que al mismo instante a Blanca mataría,
vengando a un tiempo con acuerdo sano
de entrambos el agravio,
que la pérdida del hijo se restaura
con que su hijo con mi hermana Laura
se case, pues lograda aquesta boda
dueños serán los dos de Parma toda.
Esto le escribo, mas si tras la gente
con que mi intento osado se fomente
luego que mate a Blanca, mi fiereza
yo me pondré el laurel en mi cabeza,
Pag. 125
Sale un criado con una carta
mas ¿quién se ha entrado aquí sin mi licencia?
Ya ha venido el correo de Florencia.
¿Las cartas?
Esta dio que te entregase.
Abre la carta
Espera fuera por si Blanca entrase,
salgamos de esta duda,
feliz seré, si a mi intención ayuda.
Negocio debe de ser de gran cuidado
que el secreto el correo me ha encargado
díjome que la carta a nadie fiase
Pag. 126
y que solo en su mano la entregase,
mas lo que fuere sea
que no me toca examinar su idea.
Todo cuanto aquí leo
sin duda lo ha dictado mi deseo,
y pues mi industria tal ventura alcanza
lograr podrá mi saña la venganza.
Pero antes que esto intente
seguir quiero otro rumbo diferente,
hoy disputada a voces se confiesa
con quién juzga casarse la duquesa,
y quizá por vengarse
conmigo podrá ser quiera casarse.
Pag. 127
Y pues me dio a entender el otro día
que su intención, a partes [ilegible]
que en llano la hablase
mas que la encaminase
por medio de Alejandro el desengaño ,
antes que me resuma temerario
a Alejandro he de hablar, que él quizá [ilegible]
y cauto dispondrá mi casamiento,
si a él mi confianza aquí no escasea ,
se declara el incendio que me abrasa,
y si así no se logra lo que digo,
tiempo queda después para el castigo.
Quiero otra vez leer, que alborozado
del placer que deseo me haya engañado.
Pag. 128
Pónese a leer y salen Alejandro y Martín
Pues, Martín, las postas, porque hoy mismo
he de salir de este confuso abismo,
a Florencia me vuelve mi tormento
que de Laurencia ya el camino siento
él sea en tal tormento, y cual bonanza
pues a él solo le debo mi esperanza.
Deja ya tanto extremo repetido
hora es ya que te des por entendido,
déjate ya, quien dé esa cuitada,
pues como a Fabio no te cuita nada,
Pag. 129
en mis ojos advierte sus cuidados
pues si hasta ahora fueron ocultados
desde que en ellos por ti el llanto fragua
ojos son hoy para dos ya por agua.
Mi muerte entre estas dudas adivino
que no he de creer yo tal desatino.
Mete la carta en el pecho
Feliz mil veces yo, mas ¿quién se ha entrado?
Alejandro, el buscarte me ha llevado,
y pues hablarte intento en mi despecho.
Aquí el marqués está, y con gran cuidado
en el pecho un papel de mi ha ocultado.
En busca vuestra Alejandro
venía, y ha sido notable
Pag. 130
ha sido hallaros aquí.
Pues ¿qué tenéis que mandarme?
Haced que se salga fuera
ese criado, que es grave
el caso que he de deciros,
y por amor de escucharme
¡Hola! Martín, salte allá fuera.
No hay cosa que más me enfade
que el que se guarden de mí,
y por eso he de escucharle.
Yo, Alejandro, he de fiaros
no solo la mayor parte
del pecho, no solo todo,
sino aun más, pues tan grande
Pag. 131
el afecto que os pronuncio,
que en todo el pecho no cabe.
Seguro podéis, que en mí
será el mandarme, obligarme.
(¿Qué querrá de mí este hombre
previniendo así los lances?)
Ya sabéis que la Duquesa
se ha resuelto a no casarse
con Alejandro, de quien
es el de Florencia padre.
Yo pues Alejandro amigo
con la inclusión de la sangre
que tengo de Blanca siempre,
Pag. 132
pensé con ella casarme.
Oí la ofensa, y a su amor
me quejé de tanto ultraje,
y por sosegar las iras
que en mi voz ardientes salen
me mandó que esta materia
con vos solo la tratase,
y así yo por vuestra mano
espero que ha de lograrse,
y pues el trato ajustado
con Florencia se deshace
hoy hay ocasión, amigo,
de que por su medio alcance
Pag. 133
la que tanto desees,
que si la facilitases
solo seré yo, Duque,
en el nombre, que es constante
que si ese estado consigo
para que puedas gozarle
seré yo quien le sustente,
y tú serás quien le mande.
Por Dios que el Marqués a mi amo
alcahuete le hace,
precio por precio, señor,
bébete la purga y dale
a entender que harás por él
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con que no vendrá a amargarte,
pues siendo tú quien la beba,
él vendrá a ser quien la pague.
Cierto, que siento Marqués,
que una cosa que a mandarme
llegasteis, sea de suerte
que obedeceros no es fácil.
Pues ella el medio propuso,
cedan las dificultades.
No cesan, pues a dos días
que me ha mandado ausentarme
de Parma, sin saber yo
la causa de enojos tales,
Pag. 135
y así estando en su desgracia
muy mal medio seré.
De balde
me persuadís, pues yo sé
que excusas son que buscáis
para no hacer lo que os digo.
Mira, a Blanca el Cielo guarde
como cuanto aquí os fío
son apuradas verdades.
Si pensáis que yo os empeño
sin promesas muy bastantes
de la voluntad de Blanca,
juzgáis muy mal, y por que halléis
Pag. 136
(Saca del pecho un retrato envuelto en un papel)
sosiego a vuestros temores,
un retrato de su imagen
veréis, por que de su afecto
tengáis más seguridades;
este el retrato de Blanca
es, si lo dudáis miradle.
No me le enseñéis, tened,
y para crédito baste
decirlo vos; el retrato
es el que oculto en mí arde.
Señor Marqués, mal acierto
Pag. 137
será avivar mis pesares,
que si el respeto que tengo
a Blanca en mi pecho amante
tuvo dormido a mi amor,
hoy qué recuerdos no extrañen,
que el ruido de estos celos
fuerza es que los despertase.
¿Por qué no veis el retrato?
¿Qué os turba?
No he de mirarle,
que aun en la copia ver temo
irritado su coraje.
Baste Alejandro, qué mal
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vuestra intención ocultasteis.
¿Qué intención? Viven los Cielos
que se engaña quien pensare...
Callad, que cada disculpa
una infamia en vos añade.
Fuera de aquí os mostrara
que sois vos solo el infame.
Atrevimientos como estos
castigo yo en cualquier parte.
Jesús, y lo que me huelgo,
que de veras me guardo en
dos mil demonios me lleven
si paso de aquí un adarme,
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Sale Marqués
yo no me inclino a pendencias,
antes procuro apartarme,
que si me inclino algún día
podrá ser que me abalance.
Sale Alejandro
Muerto soy, ¡ah Cielo injusto,
ya mi traición castigasteis!
Sale Manrique
¿Qué he de hacer, válgame el Cielo?
¿Qué has de hacer? Meterte fraile.
¿En mi cuarto ruido y espadas?
O prendedles o matadles.
Pag. 140
Salen la Duquesa, Estela, Jacinta
y acompañamiento
Quedo que les da a los cojos
bríndanos , y no nos maten.
¿Alejandro, tú desnudo
el acero? (¡pena grave!)
¿Muerto mi primo? Vasallos,
muera este aleve al instante.
Suspende tanto rigor,
y para mi muerte baste,
sin el rigor del acero,
la turbación del mirarte.
Pag. 141
¿Qué causa pudo moverte
aquí a traición matarle?
En gran riesgo está Alejandro,
su vida el Cielo ampare.
¿Quién se ha visto, ay de mí, verse
en tan apretado lance?
¿No respondes?
¿Qué haré, Cielos?
Si no me disculpo, añaden
mis confusiones indicios
contra mí; si he de declararme
llego a mis celos, fingiendo
que el retrato ha sido parte
Pag. 142
para matar a su primo,
se ha de ofender; a pesares
que es el disculpar mi muerte,
y es muerte el no disculparme.
Una misma turbación
es de vuestra culpa examen,
sabe Amor lo que me cuesta
hacerle tales desaires,
mas así, si es quien presume,
fuerza es que aquí se declare,
y si no es él, es razón
que mi rigor le amenace.
La verdad diré aunque muera,
Pag. 143
porque en efecto más vale
morir de amante una vez
que no tantas de cobarde.
Señora, si es que deseas
saber lo que preguntaste,
haz que le miren el pecho
a ese ya helado cadáver,
y verás que fue fineza
lo que tú traición llamaste.
Llega el criado a mirar el pecho al muerto y saca
la carta del Duque de Florencia
Ea, pues miradle el pecho,
salgamos de dudas tales.
Pag. 144
En viendo que falte el retrato,
causa de extremo tan grande,
¿quién duda que en mí sus iras
todas han de ejecutarse?
Aquí este papel guardaba
del pecho la obscura cárcel.
Apuremos de una vez
tanta sospecha intratable.
Señora...
¿Qué me detienes?
Que espera...
Mal persuades.
Que no le mires.
¿Por qué?
Pag. 145
Porque recelo...
Ya es tarde.
(Va abriendo el papel Blanca)
Pues míralo, que no es bueno
que yo de excusarme trate
por el logro de vivir
el deseo de vengarte.
Diablo de buena intención,
ayúdame en este trance,
considerando que a mí
no es pecado el ahorcarme;
hazle agora este pecado
que aun de pensado es constante.
Pag. 146
que yo no sé morir mira
como moriré en el agua
Marqués de Saluzzo
que Dios guarde.
He recibido su carta
de Vuestra Excelencia y con ella la noticia
que me da de que la Duquesa
venga a pasar por los conciertos
ajustados, yo estimo la fineza
de Vuestra Excelencia acreditada tanto en
el aviso, como en la promesa
que me hace de matar a la
Duquesa dando aun hoy
Pag. 147
en este caso empleo de tanta
estimación, y así admitiendo
lo que Vuestra Excelencia me ofrece parto dentro
de breves horas con mis tropas y
si en tanto la Duquesa mudase
de intento ajustándose
a lo tratado ayudará mi gente
a festejar el alborozo
y cuando no a castigar su falsedad
guarde Dios a Vuestra Excelencia muchos años.
El Gran Duque.
Vano Carlos tus traiciones
castigo sospecho amante
Pag. 148
que en vano y su nobleza
saben mentir sus disfraces.
Ata a Alejandro a mis brazos
que aun no es premio este bastante
y de ninguna manera
intentes ya el ausentarte.
¿Qué es esto cielos? ¿qué escucho?
cuando esperé que arrogante
castigara mi osadía
grata mis celos aplaude?
¿No llegas? ¿qué te acobarda?
Señora dudo
Es en balde
que si aun engañarme quieres
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hace ya lo que tu gustares
que nunca por entendida
vendré a darme en esta parte
ven para que yo te muestre
en todo con vista afable
al publicar tu fineza
fuerza es que tu empeño calle.
Señora a tus pies estoy
pero al llegar a escucharte
ni sé en mí lo que agradeces
ni sé lo que haces culpable.
Modesto el premio reniegas
pero es en vano escusarle
Pag. 150
¿Qué es esto que por mí pasa
ciegos enigmas dejadme
Para mí ha cortado estos celos
cara su vida me sale.
En mi ciego obstinación
solo tan extraño lance
pudiera ser medio para
que Alejandro se quedase.
Estela de que te admiras
¿es que es más notable
que has oído
Y del que infieres
Que son ya claras verdades
Pag. 151
que eran indicios solos.
En eso no hay que fiarse
que mienten señales siempre
Vanse, y solos los dos
Yo haré que te desengañes
Estela y confieses que
no siempre mienten señales.
¿Qué es esto Martín?
El diablo
que da en fin en retratarse
ya no seas loco Alejandro
y pues esto no ves que es amante
Pag. 152
Luego que ciego y ciego
de Santa Lucía que cae
antes de Navidad, con que
tu ceguedad es tan grande
que en fin vienes a ser ciego
antes de anochecerte.
Yo no lo entiendo
Yo sí
Pues dilo
Que de adorarte
dio mil señales brutesco
No es eso el juicio colijo
martón que señales mienten
Pag. 153
N/A
Mar. No siempre mienten Señales
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[ilegible]
Jornada tercera
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Salen Martín y Laurencio cubriéndose los rostros
Hombre o demonio ¿qué quieres?
tan callado, y escondido
ya a la quinta me has traído
acaba dime quién eres.
Ya puedo lo que atento he recatado
Laurencio tú aquí? admirado
me tienes.
Escucha
Di
Ya sabes cómo fingido
Pag. 156
nuncio Duque cuando vio
que a su hija Blanca niega
el concierto prometido
junto ejército indignado
vino a Parma, y Blanca airada
se excusó con que engañada
siempre el Duque aun ha estado
no quiso satisfacción
antes de oír son escucharla
embistió con las murallas
perdiendo en esta facción
dos mil hombres al severo
golpe de la resistencia
y el Gran Duque de Florencia
quedó herido, y prisionero
Pag. 157
Blanca le mandó poner
cuarto, y casa muy lucida
más del mal trato ofendida
nunca le ha querido ver
y pues esto ya lo sabes
hoy por no ser más prolijo
me importa hablar con su hijo
del Duque, que causas graves
desde Florencia han guiado
mis pasos, y en fin de ti
el encaminarme aquí
tan solamente he fiado
y pues la quinta me advierte
tu noticia que esta es
Pag. 158
entremos allá y después
podrás tú Martín volverte
Entran a una puerta y sale.
Vase
Pues a buen guió has llegado
a comunicar tus cuentos
que habla como diez jumentos
te irás muy bien despachado
Este es su cuarto, y por Cristo
que él sale aquí ve Vitiza
que yo me voy a Dios.
Mira
que no digas que me has visto
Pag. 159
Sale Federico
pues tal empeño se advierte
hoy entre Parma, y Florencia
ya me obliga la conciencia
que estoy cercano a la muerte
Dónde estáis ola menguados
se habrán ido a enamorar
yo habré de mandar capar
a todos estos criados
Laurencio qué hay de chapa
otro padre que engendrarme
mas que viene a decirme
que soy ya hijo del Papa.
Casi casi no ha engañado
Pag. 160
César en lo que decís
por que veréis si me oís
que otro padre vengo a daros
Si otro padre habéis de darme
acabad sacadle a luz
que voto a Dios, y a esta cruz
que ha de volver a engendrarme
La ambición monstruo violento
hasta aquí guio mi error
y hoy aunque tarde el temor
despierta el conocimiento
lo que aquí os quiero decir
lo ocultara mi interés
mientras vivo, mas fuerzas
Pag. 161
decidlo antes de morir.
Hoy quiero que lo sepáis,
porque si yo me muriere
y decirlo no pudiere,
seáis vos quien lo digáis.
Ama, que ya por tan cierta
Blanca está matándoos,
que aunque la callaré y
temo verla descubierta,
y así ya mi error colijo
diciéndoos aunque no os cuadre
que el duque no es vuestro padre,
sois, Federico, mi hijo,
y don Alejandro es...
Pag. 162
quien al Duque el ser le debe
que intentó este trueque aleve
mi ambición, y mi interés.
Qué notable desconsuelo
causa en mí esta novedad.
Lo que decís, ¿es verdad?
Verdad es.
Cae desmayado en una silla.
¡Válgame el cielo!
Hijo mío, grave mal,
pues que mi afecto piadoso
ya es conmigo riguroso
por ser con el Duque leal.
Pag. 163
¡Ah, pese a mi sencillez,
que sin prudencia el daño
seguí, un loco desengaño!
¡Válgame el Cielo otra vez!
Aunque así alentarse ve,
perdió el sentido, ¡ay de mí!
Levántase Federico y Sibila.
No, padre, no le perdí;
antes ahora le cobré;
no ese sentido, el que oprimido
con engaños se asegura,
que mientra su ingenio dura
Pag. 164
Pierde el nombre de sentido
la vista, dulce solaz
de su objeto, aunque se aleja;
la que engañarse deja,
vista es poco perspicaz.
De esta podrá hacer causa
quien más la quiera abonar,
que sabe atenta mirar
pero no que supo ver.
Y oído percibir,
diré con viveza extraña,
y el que al ruido se engaña
no logra entero el oír.
Pag. 165
que al mismo paso que el ver
es distinto del mirar,
una cosa es escuchar,
y otra cosa es entender.
No sin sentidos vivía,
y como este mal duraba,
no oía cuando escuchaba,
cuando miraba no oía;
hoy, ya mejoré mi ser,
pues lo que en mí a mi pesar
era mirar y escuchar,
es oír, ya ver y entender.
Mas ¿qué es lo que escucho, cielos?
Pag. 166
O mi atención me ha engañado,
o entero juicio le ha dado
la fuerza de sus desvelos;
pues de grande perjuicio
me es lo que aquí has adquirido,
pues dos reinos he vendido
para comprarte un juicio.
Engaño es grande a mi ver
lo que te llego a escuchar,
pues yo juzgo que es ganar
lo que tú llamas perder.
El juicio, si bien se infiere,
al alma añade riqueza
que el interés es vileza.
Pag. 167
De que viene el cuerpo a adquirir
mas que el cuerpo a estenderse
cuyo es del alma el poder
luego si es mas menester
jamas para enriquecerse
pues con razón verifico
porque aqui el engaño no obre
que lo que enriquece al pobre
aun no ha de sacarle al rico
pues el dueño al alma se da
y el vigor con afrenta
solo al cuerpo el ser le aumenta
en opinion probada esta
hoy pues ya todo me sobra
Pag. 168
pues con varones públicos
el juicio, el poder del rico
y el necio el caudal del pobre.
Pues, hijo, ya que nos vemos
en pena tan singular,
entremos dentro a pensar
cómo las vidas libremos.
Yo he de ir delante, no escasos
mis pasos quieras aquí;
que si hasta hoy sombra fui,
ya puedo guiar tus pasos.
Ya caíste, y a mi ver
aunque levantado estás,
si no te guío, podrás
Pag. 169
Señor, volver a caza.
Sígueme pues advertido,
y asienta pues con cuidado
que aunque ya te has levantado
no dejas de estar caído.
Vanse y salen Martín, y Nise.
¿Qué buscan, Nise, aquí tus plantas fieras?
Piensas, niña, que yo llevo sortijas,
eso quisieras más, doncella avara,
si sortijas lloviera apedreara.
Jesús, qué mal sufrido
por una doncellilla tanto ruido.
Pag. 170
Blanca quiere que apure mi cautela
el amor de Alessandro, y el de Carlos
y este si hablarle o trata mi acomodo
con gran facilidad lo dice todo.
bravas bodas tenemos.
¿dónde, en casa?
sí, que Alessandro con Estela casa
eso ignoras Martín, cuando lo juro
de esos amores eres tu tercero
sonsacarme esta intenta a mi pesarla
jure por Dios, y a esta Cruz, que ha de tragarla
yo muy bien lo sabía aunque callaba
pues qué fingías, di.
Pag. 171
Disimulaba.
Y ¿quiérense los dos?
Con grande vicio
están perdiendo entrambos su juicio.
Qué, ¿a casarles obliga?
¡Ay!, callemos,
que en eso hablar ahora no podemos.
Tu voz ya de decirlo acabe.
No me apures, porque es negocio grave
callarlo.
Lo dices.
Lo colijo,
Nise, que ya los dos tienen un hijo.
Pues si ha tres meses que Alejandro vino,
Pag. 172
Verdad es, mas el niño es trimesino.
¡Qué bobada! Tres meses dificulto.
Eso previno ya con un indulto
que a Roma ha despachado,
a que conceda el vice Dios sagrado
porque se atajen pleitos y intereses,
que el niño vivir pueda de tres meses.
¿Dar vida al hijo el Papa? Raro encanto.
Sí, que por eso el Papa es Padre Santo.
Y ¿tan presto parió?
Chanzas donosas;
mi amo es muy puntual en estas cosas,
y liberal en tales regocijos,
es sin par un Alejandro en tener hijos.
Pag. 173
Esas son chanzas de tu ingenio agudas.
Pues por ser de tres meses, Nise, dudas,
antes de venir mi amo a lo que infiero
dio a hacer el hijo por poderes.
Esto es averiguado,
que el niño está nacido y bautizado,
aunque ha sacado una bellaca tacha.
Y ¿qué es?
Que es que a veces se emborracha.
Tú con ese capricho
pretendes disfrazar lo que me has dicho,
mas menos lo del hijo, que es invento,
yo sé que lo demás es todo cuento.
¿El hijo niegas, Nise, a preñadas madres?
Pag. 174
no hicieras más si fueras tú su padre.
Aunque a menudo en algo he averiguado
que está de Estela su amo enamorado.
Adiós, Martín.
Vete con Dios, mamola.
En fin, vomito el val...
En fin, trágola.
Vase Nise, y sale Alexandro.
¿Quién estaba aquí, Martín?
Nise era que con un cuento
de nueces vino y a fe
Pag. 175
que va despachada, y presto.
En fin, el gran Duque está
hoy aquí vencido y preso.
Mira, si fuera de ti,
yo me inclinara a barberos.
¿Para qué?
¿No pronostican
los astros que el señor Conde
de tu padre, es que una estrella
tenga en el brazo derecho?
Pues vete acudiendo a sangrías,
y viendo brazos ajenos,
trata, señor, de abrir brazos,
porque a tu estrella con esto.
Pag. 176
la hallarás, si es que te espera
ya con los brazos derechos,
o acaba de declararse.
¿Para qué es tanto, ¡vive Dios!?
¿No has conocido que Blanca,
pensando en ti en todo tiempo,
aun con sin sentido viene
consentido el pensamiento?
No, Martín, porque he tenido
hoy un desengaño nuevo
que ha borrado en mis ideas
caracteres mal impresos,
que mis confianzas locas
sin fundamentos escribieron.
Pag. 177
Pues, ¿qué ha sido?
Que el retrato
que tenía de Blanca amaneció
me le dio un criado suyo
que a él se le halló en el pecho
de donde infiero dos cosas
la primera que no entiendo
qué papel sería aquel
que a Blanca entonces le dieron
que en su pecho en vez de oras
motivó agradecimientos.
La segunda que ya ora
creer mi mal no debo
pues si a que fuera el retrato
Pag. 178
mirarle su hermoso Dueño
como causa del delito
y no castigarme luego,
claro está que aquesto entonces
fuera agradecer mis celos,
mas pues fue otro el papel
yo perdonara el suceso,
la ida por no pasar
por la pena de llamarlo.
Cada instante no te envía
a llamar, pues di, eres ciego,
el llamarte, no es amarte.
Gran distancia considero
porque hay de llamar a amar
Pag. 179
lo que hay de la voz, al les...
Pues dejémonos de voces
y sigue el camino cierto;
habla con palabras claras
y no roncas, que estas temo
que las más voces, señor,
en vez de amar ponen miedo.
Ya lo procuro, Martín,
mas ¿qué importa si no acierto,
que lo blando de mis voces
hallan oídos de hierro?
Mas pues me ha mandado Blanca
que ajustase los conciertos
Pag. 180
con el Duque, ve y sabrás
si está solo en su aposento
y avísame por que al punto
obedezca este precepto.
Voy, pero no desconfíes;
advierte, señor, que en siendo
necia la desconfianza,
no es hija de amor discreto.
¿Qué he de hacer, pues cuando a Blanca
procuro decir mi afecto,
solo embaraza el enojo,
solo estorba mi respeto,
si callo tal desazón
en su disimulo encuentro
Pag. 181
que es fuerza juzgar, que entonces
culpa también mi silencio.
Si lágrimas que el dolor
engendra dentro del pecho
quieren salir a mis ojos,
no atiende a mi sentimiento;
y se hace más el pesar
cuanto es mayor el desprecio;
y si huyendo de este daño
reprimo el llanto acá dentro,
sin ayudar al alivio
sabe aumentar el incendio.
Y así el llanto en mis ansias
sirve de ningún consuelo.
Pag. 182
pues no le logré oprimido
y derramado le pierdo,
mas que en su pena a la voz
fía de aquel instrumento,
en el cuarto está doña Blanca
ya con más cuidado advierto.
Tocan dentro en guitarra.
Pobres lágrimas vertidas
y enjutos ojos serenos,
y sé que no cuestan menos
lloradas que detenidas.
¡Oh, en mi dolor porfiado,
más tu acento lisonjero,
cuando es para todo alivio
es para mí de tormento!
Pag. 183
Probar quiero a despecho
de la voz los cristales,
porque es consuelo la pena
para el que está padeciendo.
Dobren lágrimas vertidas
y enjutos ojos serenos,
y sé que no cuestan menos
lloradas que detenidas.
Ciego si no me adora
una imposible hermosura,
que si el amor es locura
nada con amarla fue.
Coplas serán de mi fe.
Pag. 184
mis finezas advertidas
mas como de Blanca oídas
mis penas no eran jamás
para ver si obraban más
probé lágrimas vertidas
quise ver si en dolor tanto
contra su designio atroz
ya que no ablanda a mi voz
atenta estaba a mi llanto
mas nada venció este encanto
pues mis voces ya adivino
y mis ojos de agua llenos
buscando afectos seguros
Pag. 185
no hallaron afectos seguros
y enjutos ojos serenos.
Que el afecto blando
mi pena al llanto se rinda
basta que mirando ciegue
no quiero cegar llorando
lleguen suspiros volando
a corazones más ajenos
suspiros sí que son buenos
lágrimas son por demás
pues veo que no obran más
y sé que no cuestan menos.
Lágrimas detenerlas
basta para castigarlas
Pag. 186
Pónese a mirar el retrato y sale Blanca y Nise.
la pena de el engendrarlas
son la pensión de el verterlas.
Si el llorarlas es perderlas
y no quedar admitidas,
basten las que están vertidas,
no más lágrimas pisar
ya que lo mismo han de obrar
lloradas que detenidas.
Pero el retrato de Blanca
que aquel criado de Arturo
me dio, solo divertir
podrá el dolor que encarezco.
Pag. 187
Esto señor es constante
el quiere con tanto extremo
a Estela, que aun recatarse
no supo Martín.
Ha Cielos
hasta cuando contra mí
tendréis irritado el ceño
ni se ya llego a dudar
viendo al Duque padeciendo
que Alexandro sea su hijo
pues si lo fuera es bien cierto
que por verse libre ya
descubriera el secreto
y que así expuesto no viera
Pag. 188
su suerte y su vida al riesgo,
no Alejandro en la batalla
hubiera con tanto esfuerzo
alentado su valor
contra el corintión denuedo,
pues solo a su brío es
a quien la victoria debo.
Pero ¿cómo han de mentir
tantos indicios? No entiendo
tanta confusión.
Aquí
está Alejandro suspenso.
Si dice bien y un retrato
le divierte, ¡mal que veo!
Pag. 189
retrato es mío, mas cómo
tenerle ha podido, Cielos.
Sale Alexandro.
¡Ay, infelice!
¿Qué os turba?
Yo nada, el veros
no sobra, pero el turbarme
cada vez que a veros llego
no es susto de descuido,
sino turbación de atento.
¿Qué es lo que disimulabais?
Yo nada, que ocultar tengo
de vos, que fuera delito
cuando soy criado vuestro.
Pag. 190
ap.
ap.
Mal encubrirlo podréis
que yo os he turbado, y creo
esconder de mí un retrato
yo he de verle ahora celos
por que sentiría mucho
que los ojos hayáis puesto
en ninguna dama mía
que ese fuera atrevimiento
que en vos, y en ella supiera
castigar a un mismo tiempo
así cobraré el retrato
y así mis celos prevengo.
Señora primera fuera
que falte al conocimiento
Pag. 191
en mí, que pueda faltar
con la atención el respeto.
Yo atreverme a imaginar
llegar con el pensamiento
en vuestra casa, señora,
no a lo más, sino a lo menos?
No era posible en mí, cuando
este sagrado venero.
Yo no dudo esa atención
en vos, mas no nos cansemos,
solo en el mismo Viriato
la satisfacción espero.
Sale Estela.
Pag. 192
Aunque el salir destorba,
ya no pueden más mis celos,
pues viendo que está aquí Blanca,
salgo a embarazar su efeto.
Lucila salió, ¡ah traidora!
ya he conocido tu intento.
Bien hayas tú, que a librarme
veniste de tal empeño.
Mas delante de ella misma,
sin que me esté partiendo,
cobrar el retrato, ¿Estela?
Buscando a tu alteza vengo.
El retrato de Alejandro
que tengo yo aquí en el suelo.
Pag. 193
dejaré caer, mas la industria
mejor la dirá el suceso.
Pues, Alexandro, tratad
de ocultar esos conciertos
con el Duque, y avisarme
lo que resulte al momento.
Saca un lienzo de la manga de modo que se le caiga el retrato de Alexandro y él levántase.
Un retrato a la Duquesa
se le cayó, ¡alcahuetillo!
Señora, aquese retrato...
Se me cayó.
Pag. 194
Ten, Locaro.
a Estela
Tómale tú, con mi retrato
tampoco cuidado tengo
más que me habéis dado aquí.
Vos sin duda alguna, entiendo
que tendréis en la mano
vuestro retrato, y suspenso
al levantar aquí el mío,
os turbáis tan de asiento,
que por darle el mío a Estela,
le habéis dado ahora el vuestro.
Yo, señora, estoy perdido.
¿Cómo puede faltar esto?
¿No es vuestro aqueste retrato?
Pag. 195
Yo, señora, no lo niego.
¡Blanca con retrato mío!
Con nuevas dudas encuentro.
Ea, acabad, ¿qué os turbáis?
Volvedme el retrato presto.
Llamador, pues intentabas
con este disfraz tan nuevo
dar a Blanca tu retrato,
mas no lograste el intento.
Mirad bien esos papeles,
que es fuerza que esté entre ellos.
Va sacando unos papeles y entre ellos el retrato.
Pag. 196
Venció su industria esta vez,
no tiene el lance remedio.
Vase.
Miren si lo decía yo,
pues ¿cómo podía ser menos?
Dame, Estela, aquel retrato,
desde aquí escucharlos pienso.
Buen modo, ingrato, buscabas
para declarar tu afecto
a Blanca, haciendo el descuido
ser admitido tercero.
Déjame, Estela, por Dios,
porque he de perder el seso
si es que intentan tus donaires
aumentar mis sentimientos.
Pag. 197
con Viriato vino Blanca,
como es loco, como es loco,
y uno que se hizo solo
se quedó con el Laurencio.
Lo que yo alabo es la maña
con que a Blanca el bosquejo
escondiste en el bolsillo,
pues fue tan presto que aun vello
no pudimos.
¿Que es posible
que apure mi sufrimiento?
Sí, porque de tus traiciones
bastante experiencia tengo,
bien poco a tus extrañezas
Pag. 198
tantos desaires merezco.
Sin razón culpas agora,
Estela, mi rendimiento,
pues ¿qué importa que te quiera,
si un soberano precepto
con imperio grave oprime
aun a mis propios pensamientos?
Alexandro, esas disculpas
cree que ya las entiendo;
amor que preceptos guarda
no es amor muy verdadero.
No lo dudo, Estela hermosa,
si lo que digo es incierto.
¿Y quién es la que contigo...?
Pag. 199
pude tener tanto empeño,
quien fue de su sino blanco.
No, Alexandro, no lo creo;
esa es disculpa.
¿No es tal?
La duquesa no hace objeto
de su cuidado esas cosas.
Verdad es lo que refiero.
Es engaño.
Es advertencia.
No creas tal.
Esto es cierto.
¿La duquesa?
Ella lo manda.
Pag. 200
¿O lo ordena tal?
Sale Blanca
Yo lo ordeno,
y a quien desatenta falte
a su honor, y a mi respeto,
si no temiere el amago,
temer podrá el escarmiento.
Yo, señora...
Basta, Estela.
Mala pasión ha encubierto
si imaginara en oírte.
No te admires que me ofendo
de que quien mi sangre tiene
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queda faltar a lo atenta,
entraré allá dentro, Estela.
Vase.
Ya, señora, te obedezco;
¡ah, enemiga!, tus rigores
no han de ser más que mi...
En fin, importaba mucho
satisfacer vuestro acento
a Estela, tantas disculpas
dando de vuestros despegos.
Yo lo que le dije a Estela
fue obedecer tu precepto;
si esto fue delito, tuyo,
pues lo mandaste, fue el yerro.
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No culpo el haberlo dicho,
el motivo que reprehendo,
disculpas tan necias es
lo que yo culpar pretendo.
Señora, aunque es contra mí,
yo a vuestra alteza confieso
que a Estela adoré al principio,
mas vuestros rigores viendo,
me arrepiento de quererla,
y así en mi pasado afecto,
que no me atreva a decirla
claramente que la quiero.
Si es que mi gracia estimáis,
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segunda vez os advierto
que a nadie avéis de querer,
pues solamente os concedo
licencia para que améis
al original o al dueño
del retrato que hoy teníais
con tal cuidado encubierto;
el vuestro digo, entendedme.
Sí, señora, así lo entiendo.
Enmendéme, que el amor
guió mi voz al despeño,
que no me atreva a exhalar
tan mal reprimido incendio.
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En fin, ¿no me permitís
que quiera yo, ni a mí mismo?
Alejandro, quien se quiere
como vos, con tanto extremo,
yo juzgo que para sí
ha menester todo el tiempo.
Y quien es mi vida misma,
¿no podrá entenderse en esto
que permitís?
Claro está
que vuestra vida no excepto.
Según eso, bien podré...
Callad, que gusto no tengo
de saber vidas ajenas.
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Ni yo decirlas pretendo.
¡Mal haya tanta atención!
¡Mal haya tanto respeto!
Vase cada uno por su puerta y sale el Duque de Florencia con banda en el brazo derecho.
Ya que el hado cruel violento
ha aumentado mi desdicha,
para asegurar su intento
concediendo el vencimiento,
no al poder, sino a la dicha;
a pesar de mi pesar
separarme quiero al dolor.
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porque el hado el rigor
de mi continuo penar
forja su gusto mayor
del dolor nuevo desvelo
sea este afecto fingido
y sírvame de consuelo
el suspiro deprimido
y no el que sube hasta el cielo.
Porque el hado, el encanto
viendo en mi dolor altivos,
no templará su sed tanto
si falta el agua al llanto
y el aire de mis suspiros
que aunque mi pecho fatigue
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Siéntase.
Si el llanto reprimo así,
nada a verterle me obligue,
pues quiero abrasarme a mí
porque él su sed no mitigue.
Con el peso de esta herida
aquí el sueño me ha vencido,
la ociosidad me convida
y un triste goza la vida
solo cuando está dormido.
Duerme y sale Federico con un papel en la mano.
Del duque al cuarto llegué
oculto por el retrete.
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y sin mi intento lograr
este papel dejaré
encima de aquel bufete
en él declarado va
que no soy su hijo yo
que es Alejandro sabrá
pero en fin ignorará
quién el papel le escribió
con esta acción solo guío
el contento de los dos
y así el engaño desvío
porque no permita Dios
que goce lo que no es mío
pues no puedo estar quejoso
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Pónele el papel en la mano
de el tiempo que el bien gocé
que si del estado honroso
saqué un juicio airoso
muy bien
perdono al Duque le pido
por mi padre, y por mi ufano
mas no es él que está dormido
sí, pues qué espero; advertido
dejo el papel en su mano.
y aquí pues mi padre viene
ocultos esperaremos
porque mi afecto previene
que escondidos veremos
el efecto que esto tiene
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Escondese y sale Alejandro
Al Duque quisiera ver
porque Blanca me ha mandado
que el ajuste disponer
procure, porque a su estado
se pueda el Duque volver
mas o me engaña la vista
o entregado al sueño yace
llorando aunque sin sentido
mas quietas seguridades
hay de mi parece que
de la herida penetrante
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Va a desabrochar la manga para mirar el brazo
Átale la venda
que tiene en el brazo corren
al suelo rojos raudales
y no sé qué consonancia
su sangre y la mía hacen
que al desatarse la suya
se mezcla a mí la sangre
por atajar riesgo tanto
la herida quiero mirarle
y atarle mejor la venda
para que no se desangre
así la aseguraré
porque seguro descanse
que no ha de lograr rigores
a vista de mis piedades
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mas cielos qué es lo que miro!
una estrella en esta parte
del brazo tiene, qué asombro!
me oculta en vez de alegrarme?
no es esta la señal que hallé
que había de tener mi padre
él es, pues si él es, qué dudo
que yo me inclinase antes
que el influjo de una estrella
fuerza era que me inclinase
mas ya despierta confuso
me viene tan raro lance.
Qué poco descansa un triste
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Lee
pero quién cauto, o cobarde
este papel en mi mano
dejó; mas no he de culparle
hasta verle sus renglones
mi nueva duda desaten
Una ambición ciega ocasionó a Laurencio
a que entregase a Vuestra Alteza un hijo
suyo en lugar del Duque Vuestra Alteza
le había mandado criar pero el ver-
-dadero hijo de Vuestra Alteza es Alejandro
que está sirviendo de secretario a la
Duquesa de Parma y en alivio de
este aviso suplico a Vuestra Alteza perdone la
vida a Laurencio, y a su hijo Fede-
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rico, que nunca fue culpado.
qué es esto cielos? qué es esto?
qué confusiones se añaden
a mis desdichas porque
aún lleguen a ser más grandes
mas no es aquél Alejandro
nuevas dudas me combaten
quién puede ser quien el papel
él a mi mano entregase.
Yo llego si lo que he visto
no son bastantes señales
mas no puede ser que otro
la misma estrella sacase
Yo le hablo que mis afectos
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ya son indicios bastantes
pero mis afectos mismos
no puede ser que me engañen?
Mover mi sangre la suya
prueba es bien que bien persuade
mas lo que a ser pudo el susto
no al cariño ha de aplicarse
Ser el que en mi libertad
solicita prueba es grande
mas lo que acaso ser pudo
no cuidado ha de juzgarse
Casarme con tal deidad
y consonancia, indicio es grave
mas no es preciso para los
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bien en tan ilustres padres
El trocarse los retratos
aumenta sospechas tales
mas sin ser esto pudiera
su verdad que se trocasen
De quién quiero creer indicios
Y de estos no han de turbarme
Mas dudas
Mas confusiones
No me atormentéis
Dejadme
Mi pasión amante llore
Mi infelice estado llore
Así sus dudas se vengan
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salta por aquella parte
Salen Laurencio y el Infante el Duque y Federico y Alejandro
Hoy gran Señor, ya mis yerros
de tus piedades se valen
Hoy a tus pies mi fortuna
solo espera mejorarse
Turbado tu
Tú a mis pies
Qué es lo que dices
Qué haces
Que aquél señor es tu hijo
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Que aquél señor es tu padre
que en todo mi sufrimiento
el regocijo no cabe
ven hijo mío a mis brazos
tú lid templanase el lance
en esta cansada piedra
que aunque así pesor añade
con esos frescos avales
quizá podrá renovarse
Padre, y Señor Vuestra Alteza
me de sus plantas reales
y no extrañe que en mi ansia
todo el aliento faltase
que como esta nueva vida
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en mi llego a incorporarse
hubo de salir la antigua
con que me animaba antes
y como salió la una
y otra entró algunos instantes
sin alguna hube de estar
y como entonces cadáver
sin vida estuve es preciso
que sin aliento quedase
Yo pues a entrambos perdono
más que atenciones leales
a quién este papel me dieron
Yo te le di, y semejante
a este le enviado otro
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a la Duquesa porque allí
a un mismo tiempo también
iguales felicidades
Decid cómo Federico
cobró el juicio?
Al instante
que le visteis quien era
cobró el ser que aquí escuchaste.
Ya la Duquesa, y sus damas
todas a este cuarto salen.
Salen la Duquesa, y todas las Damas
Aunque atisoy mi sufrimiento
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pude atenta reportarle,
hoy ya que a las evidencias
se ha valido mi coraje,
y aun a castigar engaños
de Catrambor vengo.
Escuchadme,
que el engaño que decís
le padecemos iguales,
que Laurencio solo fue
archivo donde a ocultarse
llegó la verdad. Laurencio,
tu voz el enigma declare.
No me mande vuestra alteza
que refiera mis desastres,
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tan aprisa, porque temo
que el aliento ha de faltarme.
Lo que dice el duque es cierto,
que yo solo he sido parte
en este engaño; después
te diré cuánto ignoraste.
Luego esto era, Blanca hermosa,
lo que siempre en mí culpaste.
Sí, Alejandro, pero ahora
ya este desengaño baste.
Esta, señor, es mi mano
y vuestra alteza descanse,
para que Florencia pueda
volver con seguras paces.
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Esta esclavitud, señora,
mi mayor timbre señale.
Federico, ahora a Estela
de la mano.
Dadla en paz,
y dando fin, dé un víctor
siquiera por esta tarde,
pues todos han visto que
no siempre mienten señales.
