Texto digital de No hay más saber que saberse salvar
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Probable
- Género
- Comedia
- Estado del texto
- Transcripción automática de manuscrito
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/16599).
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Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay más saber que saberse salvar. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/no-hay-mas-saber-que-saberse-salvar.
NO HAY MÁS SABER QUE SABERSE SALVAR
Pag. 1
Cubierta del manuscrito con motivos gofrados. Etiqueta con la signatura: Mss 16508. Sello inferior: Biblioteca Nacional de España.
Pag. 2
Yy 240
Mss. 16599
[Resto de la página en blanco]
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Página de portada con texto manuscrito muy tenue: "No hay más saber que saberse salvar. Comedia famosa de D. Cristóbal de Monroy y Silva".
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Portada del manuscrito con anotaciones modernas y de archivo. En la parte superior figuran "Original Autógrafa" y el número "49". En el centro destaca el título y la autoría: "No hay mas saber que salvarse = Comedia en 3 jornadas, de D. Cristobal de Monroy y Silva _". Otras anotaciones incluyen "36", "Leg 015", "Caja" en rojo, y "145" en la parte inferior. De fondo se intuye texto desvaído o borrado del manuscrito original, entre el cual se adivina "Jornada Primera" y "Salen".
Pag. 10
Página en blanco. Solo se aprecia la tinta traspasada del folio anterior.
Jornada primera
Pag. 11
N 4º Q2
No hay más saber que saberse salvar
Arsenio
El demonio
Fenisa, dama
Teodosio, emperador
Arcadio
Honorio
Un ángel
La emperatriz
Repilo
Camila
Un ermitaño
Un barquero
Criados, soldados y músicos
Salen Arsenio de noche con espada y broquel, y Repilo con una escala.
Cruz de invocación en el margen izquierdo junto a los primeros versos.
Tropieza y cae al salir.
¡Válgame el cielo!
Detente.
Penoso azar.
No lo ha sido.
Pag. 12
q(ue) antes tu dicha a querido
explicarte este accidente
fize fenisa el ceñuelo
sentilo a tu dulze queja
no es fuerza q(ue) falte en ella
a quien vas aguardandole
mil veces cielo as llamado
a fenisa ciego amante
y quien es del cielo adlante
q(ue) mucho se aia estrellado
dizes bien cielo es fenisa
en cuios bellos primores
Maio aprende luzidores
la Aurora estudia sus risas,
Mas no es cielo el dueño mio
pues aunque(ue) es mas peregrina
su hermosura, el cielo inclina,
y ella rinde el albedrio
aduierte en la diferencia
q(ue) para maior blason
se compite en perfeccion
y se excede en la violencia,
bien se ve, pues siendo yo
quien oy goza la priuanza
de Teodosio sin mudanza
cuia grandeza adquirio
de mis estudios la fama;
y en el imperio aplaudido
de Arcadio y Honorio e sido
Maestro, sin q(ue) a la llama
del amor, tanta autoridad
temple el ciego desuario,
atropella mi albedrio
y rinde mi liuertad
y malaia, q(ue) premiar veo
con resistida aficion
Pag. 13
la amante resolución
de mi atrevido deseo
quien mereció tal favor.
Bien, señor, se manifiesta
que es la primera vez esta
que te ha brindado el amor
Solo con seso,
Según
lo que yo he sabido amar
este amor tan singular
señor, como el mío común,
porque en mí sin desdén
tan dilatado el deseo
que a cuantas mujeres veo
a todas las quiero bien
con finezas excesivas
festejo aun no siendo hermosas
las morenas por briosas
las blancas por dejativas
las niñas, porque se asoman
las tuertas porque se ablandan
las cojas porque no andan
las mancas porque no toman
las ciegas por desvalidas
las feas porque guardan fe
las corcovadas porque
son siempre muy recogidas
las guapas por el rigor
las músicas por sentir
y las viejas porque al fin
es venerable su amor
solo aunque sean halagüeñas
soy con trigueñas avaro
por comprar el trigo caro
galantear a trigueñas.
Al apetito grosero
no le des nombre de Amor
Pag. 14
Si no celebra el favor
de Fenisa por quien muero,
¿qué mucho, si sus despojos
son las vidas que atropella,
repara en su boca bella,
en sus celestiales ojos,
en las estrellas repara?
Calla, señor, que no son
las estrellas bofetón
que andes a dar de cara en cara.
Si el amar fuera hurtar,
tú fueras más fino amante.
Mi inclinación no te espante,
no la puedo remediar;
soy mercurial, pero al fin
poco señor de hurtado,
que el mucho siendo criado...
Repilo, no estoy en mí,
la dicha me tiene loco.
Por Dios, que me causa espanto
notable, que estimes tanto
lo que es cosa de poco.
Cuatro cartas a la amante
continuas has remitido,
de mí las has recibido
con diferente semblante:
fue a la primera un Nerón,
a la segunda una Harpía,
a la tercera una tía,
mas se rindió en conclusión.
Merecía tus ternezas,
pues no gastando tú flores
a cuatro cartas de amores
Pag. 15
hallaste un flux de finezas,
respondió al fin y después,
quinta carta se le adivine,
hablaste, osaste, pediste
y amor pierde su interés
por el dinero y el gusto.
Sexta cartaste neto,
donde el deseo pidió
lo que se pide con susto;
y pues ya a gozar dispuesto
vienes, lo que amor no esconde,
claro está que respondes
a la sexta con el sexto.
Fenisa a un balcón.
¡Ce!
¿Llamaron?
Señor, sí.
Mi bien.
Adorado dueño,
atad.
Cielos, ¿velo o sueño?
La escala para que así
sin peligro se asegure.
Arroja de arriba un listón, atan la escala y ella la prende arriba.
Ya os obedece, señora,
el que rendido os adora,
que un mortal bien me procure;
no hay amante más dichoso.
Y pues novedad infiero,
que no sea majadero
un hombre tan venturoso,
que no es la dicha, señor,
para los que saben tanto
como tú.
Ya sabes cuánto
me enfada un adulador.
Vase Fenisa.
Subid, mi bien, que ya está
asegurada la escala;
ruido siento en la sala,
deteneos.
Pag. 16
quien sera
cielos, quien a suspendido
la gloria demi desseo
no sera nadie
mi empleo
q a de azares atenido
deja eso rezelo vano
q en semejante ocacion
el ruido deun raton
hase tenblar a un xpiano
yo se de vn amigo mio
q hablaba auna panadera
y estando ya en la primera
clausula del des bario
caio un sedazo de arriba
y temiendo algun fracaso,
con el ruido deel sedaso
se quedo hecho una criba
fenisa tarda, subir
quiero,
aguarda auisara
ai repilo quien podra
tanta dilacion sufrir
va asubir y cantando diga dentro una voz
detente
q estraordinario
es, oiste?
quien lo ignora
no fuera yo sordo ahora
valgame todo el calbario
yo subo
mira
q escucho
cielos, mas venza el deseo
repara,
yo no lo creo
con mil confusiones lucho
quien ai de mi imaginara
tal prodigio!
en bes morir
Pag. 17
Vive Dios, que he de subir.
Cantan voces.
Detente, mira, repara.
Capilla entera es, excusa
subir.
Tu brío se humilla.
Sí, señor, que esta capilla
nos puede dar caperuza,
vámonos de aquí.
Hombre bajo,
al fin, no tengas temor.
Esta música, señor,
¿desde arriba o desde abajo?
De abajo no puede ser,
que el demonio no aconseja
bien; vámonos, y deja
la escala.
Yo he de perder
lo que tanto he deseado.
Sale un Ángel, y ellos no le ven; llega a la escala, rómpela y arrójala hecha pedazos en el suelo.
Sí.
Ya escampa.
¿Quién habló,
Repilo, aquí?
¿Qué sé yo?
Solo sé que me he purgado.
Vase.
Pague su atrevidad,
la escala divido en piezas.
¡Oh, inmenso Dios, qué finezas
debe el hombre a tu piedad!
Señor, déjalo, porque...
Mi vida en subir estriba.
Cae, y toca la escala tropezando en ella.
Pues si te vas por arriba,
yo por abajo me voy.
¡Ay!
¿Qué es esto?
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no pese
y es la escala nestoi loco
si, dividida la toco
en piesas,
cielos que hare
dime como se a quebrado
la escala?
era gindesa
Desnúdala.
ya es el recelo baseza
de aquesta daga aiudado
subir quiero
estas en ti,
poco importan las escalas
si el amor me da sus alas
pero que miro ai de mi
Chirimías, y de buelta el balar Lectura dudosa: balar al otro lado se descubre un crusifijo en un altar con luzes, y cae Arcenio turbado. Tachado: cantan dentro
Música de guitarras.
quien vio tan rara mudanza
sin duda estamos los dos
senor, que el yrse con dios
que esto no es cosa de chanza
detente mira repara
que a tus culpas no ai disculpa
pues conoces que una culpa
a dios le costo tan cara
Vase, y levántase Arcenio.
estoi confuso y perdido
senor conosco mi error
ya vuestro amor de mi amor
me a dejado arrepentido
aqueste acero atrebido
desnudo mi atrevimiento
para ofenderos violento
a vos los golpes os dio
que bien se ve que os hirio
pues os miro tan sangriento
como assi crusificado
a recebirme salis
los brasos senor abris
para quien os a injuriado
Pag. 19
quien en sangre está bañado,
mis aleves culpas son.
Mas, rindiendo el corazón
al favor que solicito,
si antes subía al delito,
subiré ahora al perdón.
No he sabido conoceros,
pues, para más obligarme,
vos ponéis a perdonarme
donde yo vine a ofenderos;
y aun más piedad ha de veros,
llega el alma en tal batalla,
pues las culpas en que se halla
mirasteis, Señor, y al vellas,
aun antes de cometellas,
venisteis a perdonallas.
Línea tachada antes de la acotación.
Disparan arcabuses, y a un lado se levanta una gruta, arrojando llamas, y por ella sale Luzbel, con bastón de fuego.
Imperio caliginoso,
donde eternizo mi mal,
y de achaque de inmortal
muero ofendido y rabioso,
no ha de lograr su piadoso
poder, pues yo le perdí,
el cielo en Arsenio aquí,
reservando, porque asombre,
las finezas para el hombre,
los tormentos para mí.
No le ha de hallar Dios rendido
a costa de lo obligado,
que a mi rigor obstinado
se ha de ver del ofendido,
o de mis iras vencido.
Pag. 20
Musi. / quita.
suele volver su locura
de Fenisa a la hermosura,
que será atrevido error
que a quien se atrevió a su Criador
atropelle la criatura.
No importa que, siendo Dios
hombre en el árbol fiel,
Adán fue más sabio que él,
y por mí ofendió a vos,
la diferencia en los dos
dirá que es más, aunque astuta,
mi potestad absoluta,
pues cuando triunfar queréis,
con todo el árbol vencéis
y yo con sola la fruta.
Chirimías, y éntrese el Ermitaño, y Arsenio buscando a Repilo se encuentre con el Demonio.
Hola, estoy confuso y ciego,
sin duda que ya se ha ido
Repilo.
¿Dónde vas? Tente.
¿Quién lo pregunta?
Fabricio
soy, criado de Fenisa.
Envíame a darte aviso
que está esperando la llave;
traigo, señor, del postigo
del jardín; su padre fue
quien ocasionó el ruido.
Paso.
Vete de aquí,
déjame, que estoy sin juicio.
Señor...
Vete, no me hables.
¿Qué tienes, cuando te miro?
Pag. 21
Desatento con quien amas,
con quien adoras, remiso.
No en el hablarla, no en el verla.
Aparte.
¡Oh, pesar de mis designios!
Ese desaire le haces
a Fenisa, peregrino
milagro de la hermosura;
lo que hizo, por mí lo hizo,
que yo, aunque no me conoces,
siempre su tercero he sido,
y a mí me toca esta ofensa.
¡Ah, si vieras lo que he visto!
¿Qué has visto?
Escucha y sabrás
la mujer que has ofendido.
Después, Arsenio, que dio
la escala, turbada quiso
averiguar su temor
la ocasión de aquel ruido.
Halló despierto a su padre
que, sin verla, en su retiro
la buscaba cuidadoso,
y con caducos delirios
le vio de su enojo señas
y de luz claros indicios.
Mas después, atrevida,
aunque, cobarde al principio,
su aprehensión desvaneció,
porque al fin le satisfizo
dando disculpa al desvelo
los afanes del estío.
Por desmentir la sospecha,
se desnudó, que hacer quiso
al cándido lecho, ocaso
de sus rayos cristalinos.
Envió, señor, a llamarme
Pag. 22
Aunque yo siempre le assisto
Desde que se tiene amor,
Y al tiro obediente, miro
Su beldad, a cuio imperio
No ai rebeldes albedríos.
De dos soles halagüeños
El rosicler encendido
Bañaba el candor del rostro,
Y la púrpura dentro
Que entre rosas de mexillas
Formaba cambiantes visos.
Le divide tan curiosa
La bella nariz que quiso
Estar besando su rostro,
Y por lograr su desinio
Juzgo que siempre madruga
Pues el nevado artificio
Se lebanta entre dos luzes
De los ojos, que benignos
Por imitar sus desbelos
No se permiten dormidos.
Desatábase a la espalda
Un copioso laberinto
De hilos de oro, que a el de Creta
Excede en lo peregrino.
Que allá los hilos libraban
Y aquí captiban los hilos.
La boca, píntela Adonis
Que sin duda combertido
En rosa quiso morir
Por libar el attractibo
Néctar, de sus dulces labios,
Y dilatando a los siglos
Su dicha, merecer muerto
Más favor que gozó vivo.
Pag. 23
dos tórtolas con arrullos
repetían sus cariños
en una jaula a este tiempo,
y ella con dolor impío
invidiando sus finezas,
cuando dilatar ha visto
la ternura de las suyas,
antes de acortarles quiso
vengar su pesar; rompió
de los alambres tejidos
el tálamo, sino cárcel,
diciendo al darles castigo:
lo que se os dio por prisión
no le tengáis por alivio,
no gocéis lo que no gozo,
no viváis, pues yo no vivo.
Dioles la muerte, y manchando
sus manos de coral rubio,
las agonías de las aves,
escarapelando rizos,
desunía muchas plumas,
que caían por el sitio;
sino es que, al ver su belleza,
turbados los pajarillos,
las sacudían atentos
y arrojaban advertidos
porque no faltasen plumas
para escribir tanto hechizo.
Llegó al fin a despojarse
del adorno del vestido
y yo al entrar, receloso,
me recato y me retiro,
y vi forma allá en su idea
un alpe humano, un divino
incendio, de viva nieve,
un jardín, que aunque florido
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Solo tenía dos jazmines
en dos pies, que el alabastrino
los dejó menos ocultos
para quedar más lascivos.
Estaba el bello pensil
blandamente entretejido
sobre blancas azucenas
de hermosos azules lilios,
que eran las venas sutiles,
que no sin misterio quiso
Naturaleza esmaltar
de azul, entre nevados armiños,
pues formando celestial
de su belleza el prodigio
el azul brujuleado
daba de su cielo indicios.
Acostose al fin, sembrando
el lagrimoso rocío
su divino rostro, y no
poca novedad me hizo
que al ponerse sus dos soles
el aurora hiciese el oficio.
Entré entonces, y culpando
su fortuna con suspiros
coloreó la vergüenza,
lo que blanqueó el peligro.
Tan turbada como amante
me dio esta llave, me dijo
que entrases por el jardín:
no correspondas tan tibio
a tan preciosas finezas,
con mudables desatinos
lo que compuso el cuidado
no desaliñe el desvío.
A vueltas de lo gozado
se halla lo arrepentido
que antes de la posesión
Pag. 25
Cruz en el margen superior.
que amante estuvo remiso,
no ofendas, no, sus ternezas
no atropelles sus cariños
no sus lágrimas aumentes
no ocasiones sus suspiros
no malogres sus deseos,
pues tenerte ha merecido
constante, amoroso, firme,
cuidadoso, atento, activo,
desvelado, receloso,
apacible, tierno, fino,
y no serlo es cobardía,
pues nadie jamás se ha visto
huir de donde no hay riesgo,
temer donde no hay peligro.
Aparte.
¿Qué haré, ay de mí, malogrado,
qué aguardo? Cielos benignos,
no permitáis que os ofenda
rebelde a tantos divinos
impulsos, no la ilusión
quiera triunfar del arbitrio.
Allí me siento perplejo,
aquí me temo remiso,
allí me incita un deseo,
aquí me oprime un castigo,
allí una sombra me enciende,
aquí me apaga un aviso.
Gloria y pena estoy mirando,
que pueda tanto un delirio
que la evidencia en los ojos
se arriesgue en lo que imagino.
¡Ea, valor! No triunfe, no,
en el dudoso albedrío
la sombra de lo esperado
del resplandor de lo visto.
Vete, déjame tus glorias.
El manuscrito divide el último verso en dos líneas ("vete dejame" y "tus glorias") unidas por un corchete por falta de espacio en el margen.
Pag. 26
Arsenio, vente conmigo,
escucha.
Vase.
Calla, no quiero
aumentar más el peligro
del veneno, que en tus voces
han bebido los oídos.
Vase.
¿Esto miro? ¿Esto consiento?
¿Cómo cobarde permito
que me desprecie un villano,
a pesar del furor mío?
Desbaratarán mis iras
esa campaña de vidrio
azul, que de pavimento
sirve a los demás zafiros;
empañaráse a mi aliento
el teatro del Olimpo
donde hoy el rey presenta
ese fénix de los siglos;
desquiciaré de sus polos
esos techos cristalinos,
deseslabonando arreboles
desgajaré de sus sitios
los luceros a puñados,
las estrellas a racimos;
desgajaré las regiones,
y en escándalos distintos
se espeluzarán las nubes
titubeando al prodigio;
hará temblar mi coraje
este profano edificio
del orbe, donde en incendios
volcanes remotos altivos,
aquí de todo mi orgullo,
aquí de todo mi brío;
no viva Arsenio, pues muero,
muera Arsenio, pues no vivo.
Pag. 27
Jhs
Tocan cajas y clarines, y salen por unas puertas Arcadio, Honorio, y Flavia, y criados, y por otra, el emperador Teodosio, de viejo, un bastón, y soldados de acompañamiento.
Mas sea vuestra majestad muy bien venido.
Feliz soberano he sido
en merecer tus amorosos lazos.
Dame, señor, tus pies.
Sube a mis brazos.
Juntos Arcadio y Honorio.
Señor...
Señor...
Arcadio, Honorio,
hijos, alzad.
De tu valor notorio
ha sido el vencimiento celebrado
con que el imperio griego has ilustrado,
pues Constantinopla con festiva gloria
parabienes dará de tu victoria.
Pequeña hazaña ha sido
castigar de un rebelde, un atrevido,
la ambición mal segura
que aplausos vanos conseguir procura,
mas ya se abate de su orgullo el brío,
más a tu vanidad que al valor mío.
Del imperio el blasón siempre inconstante
el egipcio arrogante
oscurecer quería.
Castigose su bárbara osadía.
¿Dónde está Arsenio? ¿Dónde está, del mundo,
el fénix sin segundo,
el ingenio eminente y soberano
a quien dio Roma el ser, Atenas el humano?
Línea tachada y reescrita abajo
Como siempre nos ha asistido,
los dos, señor, en él hemos tenido
maestro que la fama
a su pesar la emulación aclama.
Sale Arsenio.
Pag. 28
Dame, señor, tus pies.
Arcenio amigo,
llega a mis brazos.
[Aparte.]
(Mi Dios, tu luz sigo,
ni vivo, ni descanso, ni sosiego).
Eres el norte del imperio griego,
pues de tu ciencia fía
su grandeza mi heroica monarquía,
del príncipe y de Honorio en la crianza.
Tan altos premios mi humildad alcanza,
que cuando tus favores reverencio
se embaraza la voz en el silencio.
Sacras y humanas letras, en efeto,
constituyen un príncipe perfeto;
sin objeción alguna,
son polos del gobierno. La fortuna...
¿aprenden con cuidado?
No, señor... sí, señor... estoy turbado.
¿Qué facultad, qué ciencia
los dos han estudiado en esta ausencia?
Cuando vi a Cristo, digo, ¡oh fantasía!,
estudian, sí, señor, filosofía.
Común pensión ha sido
vivir un grande ingenio divertido.
¿En qué materia cursa su desvelo?
Señor, en la de celo.
Ya, ya los he enseñado...
los oí...
¿Qué fue?
(¡Adiós, justificado!)
No vino cuando...
¿Es de filosofía?
Sin duda pasáis ya a la teología.
Arcenio está turbado.
Parece le divierte algún cuidado.
Sabiduría eterna,
el Cristo, él nos enseña y nos gobierna.
Pues por esto en mi empeño...
Pag. 29
10
a Cristo, invicto cesar les enseño
sabran mas deste modo,
pues enseñando a dios, lo enseño todo
decis bien, quien lo ignora
en que imagina
quedaos, daldes leccion, vamos sobrina
vanse, y quedan Arcadio y honorio, sien tense en dos sillas, y cubranse y Arcenio descubierto y en pie
que divertido me tienen
mis confusos pensamientos
pero que mucho, si son
de tanto prodigio efectos
deja que ya os escuchemos,
enpieso pues, prosiguiendo
la question de aier, se duda
si la figura del cielo
es esferica, y en contra
ai algunos argumentos
y es facil la solucion.
defiendese en el primero
que es el cielo orbicular
pues si es orbicular, luego
no es el esferico, porque
se diferencian, lo esferico
y orbicular, en que el uno
es cuerpo solido, y cuerpo
concabo el otro. y a este
que es el primero Argumento
Aristoteles responde
que el cielo es cuerpo perfeto
y se le debe perfeta
figura, y esta sabemos
que es la esferica, luego es
sin duda esferico el cielo
que no puede aver en el
Pag. 30
[Pasaje tachado]
imperfección, pues del Verbo
es obra, a quien yo ofendia
cuando el enlauar mis yerros
estorbaba,
que decis
digo que
dejad arcenio
esta question, que los dibierte
mucho,
quien trata del cielo
puede dejar de acordarse
de dios,
decid del gobierno
lo que aier nos propusisteis,
que para regir imperios
es lo esencial, las demas
facultades, aun que es bueno
las oigan los reyes, son
accidentales en ellos,
bien dice el príncipe,
pues
digo señor prosiguiendo
a lo que aier di principio
del politico gobierno =
y es que el republico estado
mejor con el buen consejo
se asegura, que con el
buen príncipe, que este vemos
que el sol es, una luz y aquel
consta de muchas, por eso
no se a de arresgar en uno
solo, el peso del gobierno.
que si el prinsipe se vale
de uno , por que el solo al peso
no bastara el que elije
no se bastara asi mesmo.
muchos deben ser de quien
Pag. 31
fíe su poder, y en estos
no a la nobleza se atienda=
por q el valor y el ingenio
aun q se eredan tal vez,
la naturaleza vemos
no los da necesitados
de decendencia, el acero
mas a menester la mano
q le rija, que el maestro
que le forja, las maiores
experiencias, les debemos
si se considera bien
a los q humildes nacieron,
y asi en los cargos no debe
mirar el merecimiento
el príncipe de la sangre
sino de la vida el premio.
y maior error seria
si lo q con sus desbelos
a granjeado el estudio
lo tiraniza el dinero.
en Aristoteles, seneca
y en otros muchos, tenemos
apoiada esta doctrina
Y si bien cuando sangriento
leon padece en la cruz
a quien mas q a los hebreos
ofendio mi culpa, que
digo, valganme los cielos
q decís?
esta elecion
tan importante al govierno
es bien hacerla por suertes
entre todos los sujetos
de esta dignidad capaces.
Tenemos muchos exemplos
en la escritura q aprueban
las suertes, como lo vemos
en los numeros, en el
deuteronomio, primero
Pag. 32
libro, y el Paralipómenon,
y en las suertes que se hicieron
del Apostolado. Ulpiano
defiende esta opinión, Celso,
Livio, Tácito y Justino,
nos refieren que el Imperio
Romano la observó siempre.
Hay algunos argumentos
contra ella, a que daré
soluciones, el primero
es que la suerte se rexe
al arbitrio manifiesto
de la fortuna, y en esto
es peligroso el acierto.
De esto nos da solución
un lugar de los Proverbios,
capítulo diez y ocho,
que aunque las suertes al seno
de la fortuna se arrojan,
Dios, como absoluto dueño,
las reparte a quien conviene;
y a mí convino, es cierto.
¿Qué os convino?...
Estoy sin mí.
El Emperador al paño.
Dando lección está Arsenio,
escondido he de escucharles.
Claudia al paño.
Siguiendo a Teodosio vengo
por ver a mi primo Arcadio.
Sale el Emperador.
¡Y a él le guardan respeto!
¡En pie, y ellos sentados!
¿Cómo has permitido?... Ciego
estoy del enojo. ¿Así
sentados le estáis oyendo,
Arcadio y Honorio? Poca
atención vuestro maestro
os debe.
Señor, señor...
Mientras estáis aprendiendo,
mientras os está enseñando,
no es vasallo, sino dueño.
Vosotros sois los vasallos;
pues para regir imperios...
Pag. 33
12
le habéis menester; con él
fue más generoso el cielo,
que para vosotros fortuna
os dio, a él le ha dado el ingenio,
que es dote inmortal del alma.
Sentaos y cubríos, Arsenio.
Siéntase y cúbrese.
Señor.
Haced lo que mando;
y vosotros, descubiertos
y en pie le habéis de asistir.
Menos de Dios sabemos,
que es principio de las ciencias,
a Dios representa el maestro,
y no puede haber temor
adonde falta respeto.
Vase.
¡Vive Dios!
¡Estoy corrido!
Esta afrenta...
Este desprecio...
A mi valor...
A mi sangre...
Este ultraje...
Este vituperio...
Prosigo.
Sale Claudia.
Levántase turbado.
No prosigáis,
que no todos los consejos
que son buenos para dichos
son para obrados tan buenos.
A los tres, estad sentados
o en pie, que sois un grosero,
atrevido y descortés;
pues, altivo y poco cuerdo,
no advertís que no ha de ser
tan afectado el respeto.
Vase.
Atropellar el decoro
causa desvanecimiento;
no quiero que me enseñéis.
Honorio...
Dejadme.
Vase.
Pag. 34
Cielos,
¡qué preciosos desengaños!
Dejad la lición, Arsenio,
para otra ocasión, que ahora
divertido y poco atento
estáis en todo.
Señor, no he de obedecer.
No, necio.
Lo que ordena vuestro padre...
Mi padre estará muy viejo,
y también, aunque es virtud,
tiene la obediencia riesgos,
y es fácil de lo obediente
pasaros a lo soberbio.
Mire vuestra Alteza...
¿Qué?
Que no ofende obedeciendo
quien mandado...
Callad, idos de aquí.
Presto es que luego
culpe Teodosio la ofensa
que atrevido me habéis hecho.
El atrevido sois vos,
villano, y el menor precio
no daros muerte.
Arcadio...
Envidioso será ciego.
Cómo hará buen rey, quien es
mal príncipe.
Desnuda la daga y vase a embestirle, sale el Ángel y pónese a su lado, y ellos hacen que no le ven.
¿Esto consiento?
¿Esto escucho? Mataréte.
No podrás, que lo defiendo.
Mi acero te dará muerte.
Vuela el Ángel llevándose a Arsenio.
Denme su favor los cielos.
Pag. 35
¡Qué miro! ¡Ay de mí! Sin duda,
pues invisible se ha hecho,
que es este encanto o prodigio
de alguna mágica efeto.
Confieso que soy cruel
y cuando mi enojo templo,
disculpando su obediencia
de mis iras me arrepiento.
Vase y salen Repilo y Camila.
Mi bien.
Vete noramala,
que me ajan el decoro
tus intentos impúdicos.
Escúchame.
No respondo
a liviandades, ¡Jesús!
Y ¡qué desmañado mozo!
¿Tan malo soy yo, Camila?
Pues no te basta ser gordo,
con más tercios que diez suizos;
no es hijo Amor para todos.
Madre, paciencia.
Baraje.
Si haré perder a los oros
sus espadas.
Es muy basto.
Y ella una copa de mosto.
En otra puedes hacerte
hombre, que yo entro a un todo
y a ti te falta muy mucho.
Si pasas eso, me ahorco;
mas como robas pasando...
Pues eres quien lo roba todo,
que eres un ladrón. ¿Qué yo,
qué robo?
El corazón propio.
Dime, ¿dónde está tu amo?
Qué sé yo.
Ya son notorios
de Fenisa los agravios,
en su desprecio afrentoso
cómo de aleve y mudable
ha ofendido de este modo
de su nobleza lo ilustre
y de su fe, lo amoroso;
si la vieras, se quebrara
el corazón, ¡qué sollozos,
qué lágrimas, qué suspiros!
Mas ella sale.
El demonio
me trujo en esta ocasión.
Sale Fenisa, suelto el pelo, afligida y desatenta.
¿Dónde está el dueño que adoro,
el ingrato que idolatro?
Pag. 36
penas venido poco a poco.
¡Señora mía!
¡A las percepciones!
¡Al junturo!
¿Dónde queda Arcadio?
¡Al mucho!
¡Al hablar de esto!
¡Mal logro!
Atento de mi amor,
el dulce encanto amoroso,
apenas avisa mi noche,
que un vano temor estaba
de mí fuera y su dicha.
Cuando vuelto al dulce aposento,
ni hacerlo hablar, ni la escala,
y en disgusto tan forzoso
no pagarnos los ojos,
sé mi temor en el golpe,
aguardado hasta la aurora,
fue ceder al inmenso claro
pecado, excelso oriente,
inmenso deseo, el herma,
tan pos con menos al desear.
Si a aquesta donde no,
que eso no era hallando,
pasó al mirar mis alegros.
No lo esparcía con asombro,
viendo llorar de enojo.
Dime, dime, ¿por su hija
apeligró el aviso
o dudanza o ocasiona
tantos motivos opuestos?
Siendo yo supe este
quejo.
¡Hoy!
Famas me ahorro
en materia es matar
con mi padre, y de ti tan propio
y natural este velo,
en mí, aunque doloroso.
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ni lo enmiendo, ni descanso,
ni sosiego, ni reposo,
ni como el día que no hurto;
cuando más no puedo, corro
un sombrero, y a unas alas
vuelo más veloz que un tordo.
Veinte y siete breviarios
hurté una vez en el coro
de un convento, donde los
dejaron los religiosos
yendo un sábado a la Salve.
Pero todo aquesto es poco.
Deja locuras, Repilo,
y responde.
Ya respondo.
¿Dónde está mi dueño?
Al soto voy.
¡Repilillo el famoso!
De fluecos de sillas tengo
lleno en casa un escritorio;
corté a mil damas en fiestas
los mantos, quedando, como
suelen salir a espaciarse,
con mantellinas al soto.
Y como allí, no comían,
y eran damas, no fue impropio
que al soplillo de sus mantos
les enseñara yo mi soplo.
A un calvo hurté sin sentirlo
la cabellera; y a un cojo
le hurté otra vez la muleta
sin verlo.
Eso es falso, ¿cómo
pudiste hurtárselo?
Estaba
oyendo misa devoto,
y había puéstose de hinojos,
con que al levantarse el tonto,
se quedó en pie como grulla
un día.
Calla, loco.
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Deja, deja disparates,
de mis cuidados estorbo,
y dime dónde está Arsenio,
por quien triste muero y lloro.
A eso voy. Como no hay
en todo este territorio
más sutil caco que yo,
me dejé a mi amo solo
la noche que vino a verte,
que huyendo de un alboroto
no pude hurtarle otra cosa
que huirle el cuerpo, y así ignoro
dónde está, si bien presumo
que no he de hallarle.
¿Pues solo
le dejaste?
Sí.
¿Por qué?
Sin saber cuándo ni cómo,
la escala, a fuer de desdicha,
nos la hallamos hecha trozos;
oímos cantar unas voces,
y dije lleno de asombro:
«¡Válgame el Calvario!», y luego
se me apareció allí todo
como estaba el Viernes Santo,
menos un ladrón, que el otro
no faltaba, pues estaba
yo presente; mi amo ansioso
al principio, quiso ser
Nicodemus, pero como
faltó la escala, sacando
la daga, pareció al propio
Longinos; si bien después,
mirando al hito, con todo
su atrevimiento, dio al traste;
yo me fui, y él quedó solo,
porque pudiese hacer su
poquito de soliloquio.
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esto es todo lo que pasa,
que es nuestro Dios tan piadoso
que defendiendo tu honor
juzgó que te decía el propio
hombre: «Imítame en la cruz»,
que ofenderos tuvieron
mientras en aquesta casa
sin la cruz del matrimonio.
Calla, embustero.
Bien finges;
oís culpando a un alevoso.
Esto es verdad, ¡voto a Cristo!,
que vi con estos ojos
que me hace comer Camila
si rendido la enamoro.
[Línea de personaje tachada]
El amor me ha hecho objeto
del desaire y del oprobio;
si se habrá mudado Arsenio,
¡ay, corazón temeroso!
¿Con cuántas penas fluctúo,
con cuántas ondas zozobro?
¿Qué es esto que por mí pasa?
¿Sueño o velo? Estoy de modo
confusa, absorta y corrida,
que aun a mí misma me ignoro.
Arsenio, que tanto llanto
debe al raudal de mis ojos,
y de mis tristes suspiros
oyó los ecos sonoros,
¿se ha mudado?, ¿me ha dejado?
¿Desta suerte? ¿Deste modo?
¡Cruel estás, ingrato Arsenio!
Sale Luzbel.
En vano das a Favonio
acentos tristes, en vano
rindes el pecho al enojo,
que ya Arsenio está en Egipto.
¡Bravo salto!
¡Cielos! ¿Qué oigo?
¿Quién eres?
Su amigo he sido,
aunque ya le desconozco.
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despues que te ofende
y quien te dijo
yo lo se todo,
que se fue a egipto
un pesar
de que fue ocasion teodosio
con el príncipe atenido
en palacio, y sus arrojos
a egipto le an conduzido
porque en sus paramos solo,
pretende dar el ingenio
al campo, la vida al ocio
lastimado destas ansias
deste desprecio, que joso
e venido
calla calla
como mis quejas estorbo
como mis ansias reprimo
como mi dolor reporto
como mis injurias callo
como el silencio no rompo,
mas dar voces, fuera errar
con vida, y yo estoi de modo
que ya fallece el aliento
al tropel de los ahogos.
a injusto y alebe amante
traidor Arsenio engañoso,
que al arbol de mis finezas
as quebrado los pimpollos
marchitando tus rigores
cuanto regaron mis ojos.
despues que la libertad
me usurpaste con inpropio
y fingido pecho, indigno
de mi honor y mi decoro,
desta suerte me desprecias.
o decienda deese globo
un rayo que de mi vida
ruina sea y destrozo.
Pag. 41
escupiendo sus entrañas
la tierra en cóncavos rotos,
sea sepulcro de mi pena,
de mi dolor Mausolo.
Dueño mío, ausente ingrato,
querido Arsenio amoroso,
¿qué agravios te merecieron
estas injurias que lloro?
¿Qué esquiveces te ofendieron
o qué celos son estorbo
de mi dicha y tu lealtad?
Vuelve, mi bien, a mis ojos,
no me mates, no te ausentes,
mira, amores, este rostro,
a quien tú llamaste tuyo,
anegado en los arroyos
de mi llanto, gusto mío,
aguarda; mas, ¿cómo, cómo
a tus ingratos desprecios
con halagos correspondo?
Seré admiración de Grecia,
seré prodigio y asombro
de Egipto, seré ruina
de tu vida, y luminoso
farol, cuyos resplandores
visitando los dos polos
pasan los puertos de Oriente,
sañudo los huella Apolo;
luna bella, que siguiendo
los pasos del sol hermosos,
juzgando que se ha perdido
en tus purpúreos contornos,
buscándole enciendes cuantas
antorchas pueblan los globos,
fuentes que cruzáis los valles,
peces del piélago undoso,
aves que batís el viento,
flores que esmaltáis los sotos,
sed testigos de mi agravio.
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ayudadme a sentir todos
el dolor de mis tormentos,
a pesar de mis ahogos.
Bella Fenisa, señora,
escucha.
En vano repites
la fatiga con que lucho;
del corazón temeroso,
que el plumado movimiento
de tus alas, es estorbo
de mi vida.
En mí hallarán
satisfacción tus oprobios.
¿De qué suerte?
Escucha. Yo,
que en tu agravio
hoy me prefiero a ponerte
a Egipto
a ti, y a estos dos criados
llevaré, donde tu enojo
osada vengues, y donde
tengan tus designios logro.
Sin ir a Egipto, soy yo
ladrón y puedo a todos
los gitanos darles quince
y falta.
¡A Dios, honrosos
pundonores!
¡Ay, Repilo,
que estoy temblando de asombro!
Y yo, aunque lo disimulo,
¿piensas que estoy limpio?
Monstruo
he de ser de la venganza.
Yo, incendio de tus enojos.
Mi rigor llevará muerte.
Verá su muerte en tu oprobio.
¡Muera Arsenio!
¡Arsenio muera!
¡Que me llevan los demonios!
Vuelan en dos pescantes, dos en cada uno.
Jornada segunda
Pag. 43
+ No hay más saber que salvarse
Sale Fenisa sola con traje de peregrina y sombrero con plumas.
Regida de mi dolor,
guiada de mis desvelos,
irritada de mis celos
y vencida de mi amor,
vengo a ver a aquel traidor
que mi perdición procura,
bien conozco mi locura,
mas si bien se advierte y fío,
siempre la desdicha ha sido
el dote de la hermosura.
Aquí estaba una fuente, en ella
mi sed pretendo templar,
aunque no podrá apagar
tanta encendida centella,
fuente clara, fuente bella
que aljófar cedas aquí
a la esmeralda y rubí,
si hasta ahora sin cuidado
de este monte al murmurado
murmura de él, de oír de mí,
tu cristal no dice, beber
viva solo satisfecho
del fuego el airado pecho
fragua en el continuo arder,
con agua podrá crecer,
como en la fragua el arder
luego es no beber mejor,
aunque en mis males no extraño
el encontrar en el daño
yendo buscando el favor.
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si viere a mi in grato bien,
quien duda q mi cuidado
arrepentido enfado
corresponda con
Cantando dentro Camila.
desden
eco triste acento necio
no me atormentes cruel
q no dudo hallar en el
favor agrado y
desprecio.
nunca ubieras respondido.
mientes, q oi a tu pesar
premiadas se an de mirar
mis finezas por su
olbido
de mi firmeza y mi amor
oy la victoria a de ser
pues me rindo a pretender
en sus halagos
rigor
no a de hacer no resistencia
no as de triunfar su desden
que a tantas finezas quien
a de despreciar
ausencia
el corazon irritado
necesitas, calla q ya
mi desconsuelo hallara
en el acierto,
cuidado
valgame Dios, dolor fuerte
quien en tanto sentimiento
la ocacion de mi tormento
a de rremediar
la muerte,
tristeza por q el cuidado
aquel ofender sus tibiezas
cuando mayores finezas
mi mal
ha ocasionado,
Pag. 45
18
penosa voz y atrevida,
en viendo Arsenio mi fe
me adorará y perderé
el desconsuelo.
La vida.
¡Ay, corazón afligido!
Es fuerza el vuelo veloz,
que presagios de una voz
padezco.
Han suspendido.
Calla, calla.
Sale Camila también de peregrina.
Divertida
a solas hablando estás,
¿a quién esas voces das?
¡Ay, Camila! Estoy perdida.
De una voz que aquí escuché...
Voz, yo fui quien cantó ahora.
¿Qué letra?
Canta.
Escucha, señora,
y verás lo que canté.
Desdén, desprecio y olvido,
rigor, ausencia y cuidado,
la muerte han ocasionado
y la vida han suspendido.
¡Válgame Dios!
¿Dónde está,
señora, el rústico que
nos trae?
Camila, no sé.
Juzgo que no tardará,
pues siempre nos ha asistido
desde que a Egipto llegamos
adonde el traje mudamos.
Mi deseo entretenido
trae su engaño.
¿Quién lo ignora?
Perdidas vamos las dos.
Pag. 46
19
No me ha permitido Dios
que llegase antes de ahora.
¡Oh Arsenio, qué de clemencia
le debes a tu bondad!
Mas que de aquella beldad
la incontrastable violencia
ha de postrar tu virtud.
Seis meses ha que salimos
de Grecia, y aquí venimos.
Tal le dé Dios la salud
a Repilo, como él
lo hizo, pues nos dejó
y al desierto se partió
a ver a su dueño infiel.
Sin duda esto...
Tate, no se aflija
su belleza.
¿No es razón
que de tantos diluvios
mayores daños coliga?
Ya al desierto hemos llegado,
hoy a tu amante verás.
Camina, que cerca estás.
Pues líbrame de un cuidado
antes que lleguemos.
¿Qué
mandas? Habla, no te alteres.
Deseo saber quién eres.
Escucha y te lo diré.
Yo soy, hermosa Fenisa,
un extranjero, de cuyos
prodigios tiemblan los más
remotos climas del mundo;
mi nombre es Ángel, y es
mi patria un excelso, augusto
y encumbrado lugar, donde
jamás jurisdicción tuvo
desta tenebrosa noche
el imperio siempre oscuro.
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19
Si bien desterrado agora
vivo o muero en un profundo
valle, que es a pesar mío
todo incendios y Vesubios.
Críome el rey en su palacio
y prefiriéndome a muchos,
un epílogo inmortal
fui de los favores suyos;
pero después ambicioso
mi heroico brío dispuso
mancomunar militares
escuadras, que al poder mío
contrastasen, sacudiendo
la cerviz del duro yugo,
que la humildad y el poder
pocas veces viven juntos.
De mi altivez persuadido
y animado de mi orgullo
ejército tan copioso
puse en campaña, que juzgo
que de mi menor escuadra
el número excede mucho
a pesar de lo infinito
del sol los átomos rubios.
Esforzaba los cuarteles
de mi campo, sobre un bruto
tan feroz, tan arrojado,
tan jarifo, tan robusto,
que era la misma soberbia:
pues a cada paso suyo
astros en vez de centellas
sacudía, y los sañudos
ojos eran rayos, que el humo
de su anhelito, entre el humo,
las celestiales hogueras
sofocaban; mas ¿qué mucho,
si a remesones se eriza
crin que el coraje dispuso,
Pag. 48
se escandalizaba él mismo
y a este fogoso bulto
siempre impelidos, chocaban
unos con otros los muros.
Dio la batalla, aquí fue
donde del soberbio impulso
la resolución sangrienta
estremeció los cerúleos
ejes, y donde quisieron
descuadernarse los rumbos
del celeste movimiento,
pues ese esplendor del mundo,
tesoro del día a quien
la noche hace tantos hurtos
cuantas pavesas resultan
de su ausencia, tan confuso
quedó de verme, que a veces
retrocedía su curso
e iba a ponerse al oriente
dejando el ocaso obscuro.
En desbaratadas tropas
mis soldados mal seguros
desmantelaban el campo
descolgándose confusos
de la eminencia que quise
ocupar feroz y astuto.
Yo, embrazando del furor
el fortalecido escudo,
blandí del atrevimiento
el luciente acero, cuyos
golpes resistió un valiente
joven, que osado y robusto
era; aun ahora le temo
desde la frente al coturno;
causa de mi precipicio,
de mi osadía verdugo,
cubría el grabado arnés
de la humildad, su seguro
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pecho, y al viento esparcida
una madeja de rubios
cabellos, que partió en crencha
el aseo o el descuido,
mi esfuerzo desvaneciendo,
un rayo fue cada uno.
¿Quién como mi rey?, me dijo;
yo entonces el valor turbo,
en el frío titubeo,
y a tu fulgor me deslumbro;
qué mucho, si acaudillado
se vio a los acentos suyos
el campo de los leales
que atropellaban mi orgullo,
y qué mucho, si el poder
me precipitó al profundo
centro de mi rebeldía,
desbaratado y confuso.
Celebrando la victoria
tantas luminarias puso
en su campo, como tiene
ese toldo azul carbunclos;
dividímonos, y aunque
menos míser, no rehúso
las batallas que se ofrecen,
porque yo valiente ocupo
aquella parte inferior
de su reino, y no hay ninguno
en ella de sus vasallos
que no me pague tributo.
Esto soy, valor me sobra,
y pues los agravios tuyos
corren por mi cuenta, Arsenio,
será trofeo a tu triunfo,
no te acobardes, pues yo
te amparo, que te aseguro
el logro de la venganza
que merecen sus insultos.
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quitarele si te importa
, y se rinde a mi inpulso
la vida, y le hare mas piezas
q atomos de oro menudos
tienen los senos del ganjes
los marjenes del maluco
las vertientes del eufrates
y raudales del danubio,
no temas no q es baseza
q de saturno entre lo oscuro
rezelar cuando te animo
y temer cuando te aiudo.
gran honbre debe de ser
este.
á camila antes juzgo,
que quien fue a su rei traidor
no sera leal a ninguno.
de donde sera,
no se.
ni lo aprehende el discurso
en su relacion.
fenisa,
ves aquel paramo adusto
cuia maleza intrincada
aun no penetran los puros
raios del sol, pues texiendo
en laberintos difusos
de alcornoques y azebuches
rusticos contextos, surtos
yazen sino suspendidos
a los jemidos y arrullos
de las aues. ves aquella
tenebrosa cueba, en cuios
horrores, en cuias sonbras
tiene la noche su estudio,
pues alli esta Arcenio vamos
y por q veas q cunplo
aun mas de lo q prometo
veras el acierto tuio
logrado, si por mi quieres
gobernarte,
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Eso procuro,
y pues eres mi amigo...
No, que presumo
que es ofender tu decoro,
y estoy agraviado mucho,
y hasta que vuelva a adorarte,
no he de ser amigo tuyo.
Ea, camina.
Ya te sigo.
Verás logrado el asunto
del viaje.
La esperanza,
entre las dudas, deslumbro.
Vanse los dos y sale Camila.
¿Dónde estará aquel traidor?
Que, desde que no le veo,
me fatiga mi deseo.
Y jamás le tuve amor,
aunque fue mi amante fiel,
y siempre le aborrecí;
desde que se fue de mí,
me estoy muriendo por él.
Sale Repilo de ermitaño con unas alforjas muy grandes.
Alabado sea el Criador.
Sin duda que es el que miro.
Clava los ojos al suelo.
¿Mujer en este retiro,
y sola? Tenme, Señor,
de tu poderosa mano.
¡Repilo!
Suelta, mujer,
no me hagas descomponer.
¿No me conoces?
En vano
pretendes que mi humildad
alce los ojos del suelo;
tierra soy.
¡Qué desconsuelo!
Oye, su paternidad,
míreme.
Pag. 52
ni yo te he visto,
ni te e de ver,
sin mi estoi.
mira que Camila soi,
mueres plegue a Cristo
abrasame.
Sale un hermitaño y velos abrasados.
ermano
aguarda
que es aquello
que a de ser
sino una pobre mujer
asi la virtud se guarda
a mujer su caridad
le da abrasos.
no se asonbre
peor fuera darlos a un honbre
esto padre es ermandad
como en el canpo bibimos
oi cuando en mi cueba entro
unas oras me quito
buelbamelas, siempre fuimos
amigos, y pues son mias
y me hasen falta, es crueldad
padre en esta soledad
no ai propio
que de masias
ellas son mi maiorasgo
y mi hasienda, por tu fe,
que las buelbas
las dare.
pero me a de dar hallasgo
de lo vsurpado, quien vido
dar hallasgo, ese es error
pues digame no es peor
ser hurtado que perdido
el demonio le a tentado
Y la carne.
ai tal porfia
tome padre y otro dia
Pag. 53
guardelas con mas cuidado
sacalas de las alforjas y daselas
Dios se lo pague
si hara,
huiga de aquesa mujer
estoi coxo,
el perder
quiere el alma, necio estas
pida a Dios perdon contrito
déjela
sera desden,
y yo la e querido bien
padre desde tamañito
en su culpa no repara
no se canse en predicar
si la viera cantar
yo se que me disculparas
que obstinado y ciego error
vela quan bonita es
y quan donairosa, pues
tiene otra cosa mejor
como es honbre desalmado
del que oi e de huir de ti
vase
vaiase, y rese por mi
que estoi ahora ocupado
que no as podido dejar,
repilo ruin inclinacion
pequeños los hurtos son
que aqui ai mui poco que hurtar
con todo eso afane
los que aqui traigo guardados
que ermitaño no a quedado
a quien su alhaja no hurte,
exersicio como suio
vamonos de aqui perdiendo
camila, para ir viviendo
cada uno por lo que es suio
como en estos despoblados
a todos pudiste hurtar
yendolos a visitar
los deje desvalijados
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¿Y les quitaste?
Espera.
¡Ay, cuánto traste, Jesús!
Va sacando de las alforjas lo que dice.
Seis o siete bragueros.
A uno le quité esta cruz,
a otro esta calavera,
este rosario cabal,
a otro, y esta resina;
a un mozo esta disciplina,
a un viejo aqueste orinal,
y a los demás les quité,
Camila, aquestos bragueros.
Todo no vale dineros.
No importa, lo guardaré.
¿Aquí bragueros sobrados?
Como en aquesta aspereza,
Camila, todo es pobreza,
casi todos son quebrados.
Mas, dime, ¿cómo has venido
aquí al yermo?
¡Ay de mí, no sé!
Después te lo contaré;
Fenisa aquí me ha traído.
¿Tu ama aquí?
Sí.
¿Aun la pasión
dura, y el honor?
Dejólo.
Así no seré yo solo
quien tenga la tentación.
Dime, ¿estás todavía fuerte,
o me has de corresponder?
Aquí no hay en qué escoger,
¿qué he de hacer, sino quererte?
Esa adorada belleza
será de hoy en mi respeto...
¡Que puedan en un sujeto
la gordura y la flaqueza!
Abrázala, y sale Arsenio, el ermitaño, y velos.
Dame otro abrazo, ¡qué extraño
favor!
Pag. 55
Hermano,
aquí estoy,
a cada abrazo que doy,
va saliendo un ermitaño.
Échase un rebozo.
No digas quién soy, que quiero
cubrirme, hasta que se vea
mi ama.
Muy bien se emplea
en la virtud.
Soy un cuero.
¿Cómo, oigo a una mujer
abrazar, qué desvarío
es aqueste?
Hermano mío,
si ella quiere, ¿qué he de hacer?
¡Qué temeraria osadía!
¿Quién trajo...?
Vase.
Voyme, ¡ay de mí!
¿Esta peregrina aquí?
Ha venido en romería.
No se me ponga delante,
que bien en esta ocasión
temí el que mi inclinación
dé desatino semejante.
Suele hacer mi humanidad,
cuando con tal desconcierto
me concede en el desierto
lo que negó en la ciudad;
peor era ser ladrón,
que si bien lo ha reparado,
hermano, aqueste pecado
no obliga a restitución.
¡Ay, más extraña malicia
a que esta mujer llegaba!
Una caridad buscaba,
y ha encontrado una justicia.
Pag. 56
Venga a mi cueva conmigo,
se azotará en mi presencia,
quiero de su penitencia
ser esta noche testigo.
Vamos.
Entran por una puerta, y salen por otra.
¿Qué más un infiel
hiciera? El seso perdió.
Oye, ¿que de azotarme yo
tiene de azotarme él?
Sáqueme de aquel arcón
la disciplina.
Es en vano.
De cantones.
Hermano,
no es noche de colación.
¿Vienes hacer resistencia
y no quererse azotar?
Si no me deja picar,
¿de qué de hacer penitencia?
Cierra la puerta de la cueva.
Con dos trancas la he cerrado.
Póngase en oración.
Eso
de muy buena gana, hermano,
pero escuche, ¿no será
razón que comamos algo
antes de orar?
Dé a Dios gracias
primero.
Pues oiga, ¿cuándo
se da gracias sin haber
comido?
Yo he comulgado
hoy, Dios es el sustento
del alma.
Del cuerpo hablo.
No se duerma, en la Pasión
contemple.
Será en el paso
de la Cena.
Entorpeces.
Pag. 57
contemplar
no haré, porque cuando
discurro en la pasión, siempre
que me acuerdo de Pilatos
se me reviste el demonio.
Ea, calle y ore.
Pónense a orar en los dos lados del tablado.
Oro y callo,
mas será a callo de vaca,
pues estoy del oro vaco.
El Demonio al paño.
¡Viven mis iras!, que está
en oración, penetrarlo
no he podido. Si Fenisa
ahora se llama, un milagro
ha de ser de resistencia;
sí, porque ha comulgado,
y ha de ser la gracia escudo
contra mis ardientes rayos.
¡Ah, fieles, ah, fieles!
Si conocierais el daño
que me hacéis cuando coméis
a Cristo sacramentado...
Mas no importa, perturbarle
quiero.
Dan muchos golpes por debajo del tablado en las mismas tablas, y hacen en el vestuario mucho estruendo.
¿Qué es aquesto, hermano?
¡Ay!, la cueva se columpia;
golpecitos por debajo
dan; unos minan, o tocan
en el infierno a rebato.
Oye, hermano, a estotra puerta,
hermanito, estoy temblando.
Ya es preciso que contemple
de la pasión algún paso,
pues me acuerdan las tinieblas
estos golpes temerarios.
Perturbarle no he podido,
su constancia me ha irritado;
pero, pues me llama Pedro
león, en su forma asombrarlo
pretendo.
Vase.
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Cesan los golpes y entre el Demonio.
Sale un león y acométele.
Ásele.
Ya se sosiegan
los golpes, vuelvo a mi paso,
y pues está tan absorto
quiero comer, que aquí traigo
unos dátiles y higos
que le hurté a otro ermitaño;
aunque Camila no quise
que los viera. Sazonados
están. Mas, ¿qué miro, cielos?
Madre de Dios, Verbo caro,
santo Cristo del balcón
por donde subía mi amo.
Favor, si hablare a Camila
me lleven dos mil diablos.
Socorro, hermano, socorro,
que me araña y soy yo el gato.
Ya me soltó, y pues allí
está un arca, yo me zampo
dentro de ella hasta que pase
el diluvio del espanto.
Este león es de casta
de hurones, pues dejarnos
no ha querido, con estar
en la cueva agazapados.
Descubre un arca grande y métese dentro, y cae la tapa, y el león va a embestirle a Arsenio, y al mismo tiempo va subiendo por una elevación y cantando dentro, y el león se retira arrastrando y mordiendo el suelo, y dando vuelcos con acciones de cólera.
En el sacro pan del cielo
está la defensa, la vida y el bien.
En llegando a recibir
el soberano manjar
mi Dios, tiene más que dar
ni el hombre, más que pedir;
con él podrás resistir
cuantos pesares te den,
que en el sacro, etc.
Mientras cantan sube, y después con su nube se desciende y diga en pie.
León, poco importa que ya
no temples tu indignación,
si en mí se vence el león
Pag. 59
del gran tribu de Judá
valor su favor me da,
y asombra suya ninguno
podrá vencerme importuno.
Qué mucho, si libró él
de tantos a Daniel,
que a mí me libre de uno;
desquijaraba un león
David, y pues a mi entender
porque había de comer
el pan de proposición
que en profecía, blasón
dio a nuestro precio el pan que fue
figura del que hoy goce,
qué mucho aunque seas valiente
que en mi pecho te amedrente
y te acobardes en mi fe.
Mal esta forma asegura
tu rigor, fiero león,
que en boca de otro Sansón
vio el panal del pan figura,
y es fuerza que a la dulzura
del pan, sea mi vida exenta
si de tu boca sangrienta,
si el misterio se provoca,
y no ofende a Dios la boca
donde Dios se me presenta.
Dentro el Demonio, y revolcándose el león.
Dentro.
No consiento, esto sufro,
de ira, de furor me abraso,
a mi valor esta ofensa,
a mi poder este agravio.
Asómase Repilo al arca.
Y todavía está el león
en campaña, reparando
debe de estar en el arca;
y cómo pudo mi amo
hacerle de greña, león.
Línea final tachada: "porque me deje abrazar".
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Entrase y cúbrese.
Otro bendito ermitaño;
la dejo por escondida
en un rincón apartado,
y la perdono por pobre.
Ay, que viene, yo me agacho.
Vase el Demonio.
Sus, feroz invidia, ¿a dónde,
qué me detengo, qué aguardo,
hasta que llegue Fenisa
a dar el último asalto?
Sale.
Ya se fue el león, yo quiero
salir, que me estoy ahogando.
Dentro.
Arsenio.
¿Qué voz es esta?
Dentro.
Estruendo como que derriban las puertas de la cueva.
Arsenio, Arsenio.
Vuelve a entrarse en el arca, y sale Camila con una hacha, y Fenisa con dos encendidas.
Esto es malo.
Ay, aquesta es la leona,
que como ha estado aquí el macho,
le viene a buscar la hembra.
Yo me amugo.
Aleve, ingrato,
atrevido, desleal,
¿por qué ofensas, por qué agravios...?
¿Qué miro, cielos? Estoy
confuso, estoy admirado.
¿Me dejaste aborrecida,
en mi nobleza afrentando
tantos ínclitos blasones
de griegos y de romanos?
Tirano, engaño, muerte
te he de dar; entre mis brazos
te he de quitar esta fiera
vida, aunque quiera estorbarlo
tu resistencia; mas no,
no he de matarte luchando,
porque ha de ser castigo,
no ha de parecer abrazo.
Pag. 61
Mas ¿qué digo, Arsenio mío,
dulce dueño idolatrado?
¿Tú conmigo estos rigores?
¿Tú a Fenisa estos agravios?
¿Estas eran las finezas?
¿Estos eran los agrados,
las promesas, los cariños,
los requiebros, los halagos?
Señor, favor, calla, calla,
vete, mujer fiera.
¡Ah, falso!
¿Así me tratas, después
que aleve has tiranizado,
dueño de mi albedrío?
Ansias, venid más despacio.
¿De esta suerte me recibes
cuando resuelta he dejado
por ti, patria, padres, fama,
ofendiendo, atropellando
atenciones tan debidas
a mi honor y a mi recato?
Si servir a Dios pretendes,
¿por qué no podías casado
conmigo?
Mujer, mujer,
déjame, vete.
¡Ah, villano!
Vase y quítale la hacha a Fenisa y llévasela.
Quiero imitar a Josef,
cielos, en tan temerario
lance, que quien al peligro
no huye, no teme el daño;
y aun más que Josef, haré,
si el cielo me da su amparo.
¡Suelta!
Aguarda, espera, tente,
fiera, escándalo y estrago
de Egipto; soberbios montes
que, de robles coronados,
para la región del fuego
hacéis por las nubes paso,
¡detenedle, detenedle!
Pag. 62
¿No os mueve el dolor y el llanto
de una mujer despreciada?
Aguarda, espérate, ingrato,
fiera contra ti en mi pecho
una inundación de rayos,
un piélago de furores,
han de ser horror y espanto
de los hombres, de las plantas,
de los peces, de los campos,
de las aves, de las fieras,
del fuego, el viento y de cuantos
fueren cobardes testigos
de la venganza que aguardo.
Vase.
Válgame Dios, qué afligida
va mi ama. ¡Ay de mí!, cuánto
los sentidos, bien pudiera
este señor ermitaño
hacer algo de importancia
y no irse huyendo y dejarnos
con el dolor en el pecho
y la palabra en los labios.
¿Adónde estará Repilo?
Asómase a la zarza y luego sale.
Mucho ha que están pregonando;
si hay almoneda, saldré,
por si puedo raspar algo.
¡Repilo!
¡Jesús, qué miro!
Mujer, vete con el diablo,
que aunque soy cuervo del arca
me volveré a ella volando,
sin detenerme en la carne.
Vete, mujer.
Ladronazo,
¿de esta suerte me repudias?
Yo me iré, mudable, falso,
mas tú me lo pagarás.
Hace que se va.
¿Oyes?, ¿te vas?
Un villano.
Vete, que el signo de Virgo
y el signo de León reparo
que andan ahora muy juntos.
Pag. 63
Mas di, Camila, mi amo,
¿cómo escapó del diluvio
de tentaciones?
El rastro
lleva siguiendo Fenisa.
Serán menudos sus pasos,
no podrá alcanzarle, vete,
¿qué aguardas?
Yo nada aguardo.
Mira, dile a tu señora
que si se quiebra de tanto
gritar, me compre un braguero
que yo lo daré barato.
¿Qué he de decir?
El león
tiene la culpa.
Yo parto
a buscar a mi señora,
calla, infame, que despacio
me vengaré del desprecio.
Téngate Dios de su mano.
Vanse, y salen el Ángel y Luzbel.
De veras que al mozo fiero
venzo del Arsenio el valor.
De veras que mi favor
le defiende de la muerte.
Su fortaleza postrada
se rendirá a mi poder.
A tus golpes se ha de ver
su virtud acrisolada.
¿A muchos que defendió
tu cuidado, atropellé?
No lo niego, pero fue
porque Dios lo permitió.
Mira a Adán si resistencia
llegó a hacerle a su mujer.
Enmendólo con hacer
del pecado penitencia.
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Que David fue destruidor,
pecaba en yerro infinito.
Por eso lloró el delito
con que mereció el perdón.
Viose a mi solicitud
Sansón de Dalila preso.
No perdió Sansón por eso
el blasón de su virtud.
Una mujer con ser santa
venció a Pedro sin disculpa.
Porque lloró fiel la culpa
y no repites el llanto.
El amor abrasará
de Arsenio todo el sosiego.
Pues le alienta con fuego,
con fuego se vencerá.
Arsenio fue amante fiel.
El riesgo el cielo le avisa.
Quiso muy bien a Fenisa,
mas le quiere Dios a él.
Y porque veas lo que obran
los auxilios del Señor,
vuelve, vuelve y mira a Arsenio
que, después que le alcanzó
Fenisa, triste y confuso,
pidiendo al cielo favor,
amontonando una rama
junto a su cueva, encendió
una hoguera, en que constante
fallece el lascivo amor,
pues con el fuego del cuerpo
el del alma se apagó.
Qué miro, ¡ay de mí!, qué miro.
Que al ver su penitencia y valor
o reniego de mí mismo,
que no le venciese yo.
Pag. 65
Basta, Arsenio, basta, Arsenio.
Tierra, ábrete, por Dios,
qué mucho que me ha vencido
tan poderosa pasión.
Yo te llevaré a una isla
despoblada, donde no
te persiga tan continua
ni molesta tentación.
Yo te seguiré.
No importa,
grangeará con tu rigor
méritos. Voy a curar
a mi amigo.
Vase el Ángel.
Anda, que ya yo voy
en tu seguimiento, ardo.
Salen Fenisa, Camila y Repilo.
¡Ay, más extraño dolor!
Mi amo a fuer de torrezno,
asado.
Ya me faltó
el consuelo y la esperanza.
Señora...
Sin alma estoy.
Si vuestra merced viera a mi amo hecho
un celestial chicharrón,
entre médulas y venas
la pringue que de él salió,
como a bestia en aprieto
le ha curado, mi señor,
que con botones de fuego,
su virtud y devoción
le han hecho albéitar del alma.
¿Quién vio tan raro rigor?
Lo bueno es que ni le vemos.
Ya a una isla se ausentó
de ese mar Bermejo.
Solo
para dar satisfacción
Pag. 66
A mis ofensas deseo
verle, y a no más amor
mueva al fuego de mis iras,
quiero, con tal crueldad, hielo
al fuego material.
Calla,
Fenisa, que mi valor
te llevará donde logres
el premio de tu afición,
y de esta saña, que más fue
desprecio que el rigor.
Juzgo, señora, que el fuego
se habrá enternecido.
Yo
no me atrevo al mar bermejo
a navegar.
¿Por qué no?
Porque es bermejo, no hago
lo que hizo un faraón.
Ya se descubre en la costa
un bergantín, donde entro.
¡Válgame Dios!, que estuviera
Camila en esta ocasión
antojo de margarita.
Yo haré que le veáis.
Señor,
¿por dónde se navega?
Ya
surca del mar la ancha esfera.
Tocan un clarín, y descúbrese una nao, en que estén el Santo y el ángel, y vaya dando vuelta al patio.
Pag. 67
¿[Do]nde le veis,
Camila? Ya
le descubro.
Mi temor
y mi venganza, son celos,
abriguen el corazón.
Poco importa, poco importa
que le ausentes, cuando yo
le sigo.
Dios le defiende.
Yo le ofenderé.
Traidor,
¿quién como Dios?
Estas voces
escuché en mi perdición.
Felice yo, que en ti hallo
tan soberano favor.
Ya se ausenta.
Ya se parte.
Espera.
¡Qué confusión!
Seguidme.
Yo iré a buscarle
en las ancas de un bordón.
Vanse.
De vuelta, sanos, hasta cubrirse en la cancela, y da fin la jornada.
Pag. 68
Página en blanco.
Jornada tercera
Pag. 69
No hay más saber que saberse salvar
Jornada tercera
Tocan cajas y clarines, y sale Arcadio de soldado con bastón, y Claudia, emperatriz, y soldados de acompañamiento.
¿Por qué, invencible César, se detiene,
cuando de Egipto victorioso viene
y yo al marcial cuidado
atenta, su valor he acompañado
con fineza constante,
tan osada y valiente como amante?
Prima y esposa mía,
felicidad de tanta monarquía,
cuya belleza y brío sin segundo
gloria es de Grecia, admiración del mundo,
después que el gran Teodosio, heroico y fuerte,
aumentó los trofeos de la muerte,
y el griego imperio su lealtad abona
trasladando a mis sienes su corona,
aquella parte del Egipto adusto
que fue rebelde a su poder augusto
no quiso obedecerme; y yo, irritado
(ya lo sabes), sangriento he castigado
su traición; con que, menos cuidadoso,
vuelvo a Constantinopla victorioso.
Mas antes de llegar quiero a una pena
poner fin, que el sosiego me enajena,
y es ver a Arsenio, mi maestro ha sido,
y téngole ofendido
sin razón, que una cólera imprudente
injuriase el valor más eminente.
Pag. 70
de Egipto, en el desierto,
retirado tomó seguro puerto,
del golfo de las vanas majestades.
Patria es la soledad de las verdades
y en tu ingenio no es vano
que lograse tan justo desengaño.
No es de volver a Grecia
sin verle, prima, mi advertencia,
se ofendió hoy a sus plantas.
El perdón logre de ignorancias tantas
a tu ciencia debido,
la luz con que he regido
el imperio.
Pues, ¿dónde,
el desierto, señor, a Arsenio esconde?
No lo sé, del sitio en que primero
asistió, se ausentó; buscarle quiero
aunque los de Egipto, en diligencia tanta,
registre peña a peña y planta a planta.
Sale Repilo de ermitaño como de antes, con las alforjas al hombro y un bordón.
A las desiertas orillas
del mar Bermejo mar
llegado, y un barquero
noticia me ha dado ya
de Arsenio. Quiero embarcarme
para irle a acompañar,
que en mí a pesar del peligro
no ha de faltar la lealtad.
Dice el arráez pescador
que poco distante está
de aquí una isla en que habita
y que me quiere llevar;
Pag. 71
mas buscaré otro barquero
porque me importa que el tal
pescador no vuelva a verme.
¡Oh, humana fragilidad,
que mal sabes resistir
la inclinación natural!
Aquí viene un ermitaño.
Válgame Dios, ¿quién será
el que en el retiro miro
con tanta pompa marcial?
Posible es que él nos informe
de Arsenio, hermano.
¿Quién da
voces, a este vil gusano?
Llegad, que al César habláis.
Hermano emperador, deme
el hermano pie a besar,
con la hermana boca ahora,
vuestra hermana majestad.
¿Quién sois?
Un hermano criado
del hermano Arsenio.
Alzad.
¿Dónde está?
En la hermana isla,
más cerca de aquí que allá;
en el hermano desierto
una tentación mortal
le dio el hermano demonio,
y al mar la vino a apagar.
Sale un Barquero.
Cielos, que la red me trujese
el ermitaño.
Aquí está
quien informará de todo.
Da...
Vuestra majestad...
Pag. 72
me de sus pies.
¿Qué sabéis
de Arsenio?
Señor, habrá
un mes que, llegando yo
no lejos de aquí a pescar
a una isla, le hallé en ella;
fía de mi caridad
su sustento, y cuando voy,
unas espuertas me da
de palma en que se entretiene.
Aparte.
A ti tendré yo que hurtar.
Enternecido me deja
tu noticia; ¡oh, celestial
auxilio!, un hombre que fue
del aplauso y vanidad
el centro, en Roma y en Grecia,
por su ingenio singular,
el archivo de las ciencias,
el tesoro universal
de las letras, yace pobre
en una isla, y le da
de limosna un pescador
el sustento.
¡Oh, humildad,
a ti se asegura el alma!
Aparte.
¿Que yo llegase a ultrajar
a Arsenio?, ¿que yo a tal hombre
ofendiese? ¡Oh, vanidad
humana!, la tierra que
pisa, tengo de besar.
Vamos, y vuestras escuadras
el gobierno militar
aloje en los más vecinos
lugares, y volverá
mi afecto a verle mañana.
Señor, vuestra Majestad
le diga a aqueste ermitaño
Pag. 73
una red que es mi caudal
y me la ha hurtado, me vuelva.
Señor, miente, que no hay tal.
No me podré persuadir
a que ese informe es verdad.
Señor, no ha entrado en mi barco
otro hombre sino él.
Callad,
sois un sacrílego, pues
pretendéis así enredar
a los hermanos en Cristo.
Arsenio perecerá,
que huyó con esta red,
nos sustentábamos.
No hay
¿Qué importa,
si yo no tengo caudal
para hilo?
Hilo no falta.
¿De dónde lo he de sacar?
Sacadlo por el ovillo.
Esta cadena tomad
y para que compréis redes
mil escudos os darán,
con condición
que piadoso socorráis
a Arsenio mientras viviere.
Premie Dios su caridad,
dilate su vida el cielo
para blasón inmortal
de gloria.
Vamos, señora.
¡Qué peregrina piedad!
Vanse, y queden Repilo y el Barquero.
Pag. 74
A ventura semejante,
pues yo también sé pescar,
y mejor que él.
Padre mío,
perdóneme, yo engañar
me pude.
No os engañasteis,
que antes sois el que engañáis.
¿Os parece bien quitarme
crédito y autoridad?
Digo, padre, que sería
testimonio.
Arremángase el hábito y descubre la red enredada en el cuerpo, y sácala.
Claro está,
y mirad si es testimonio.
Mas no la habéis de llevar.
Voto a Cristo, que haya hombres
que se pongan a pescar
con caña, desperdiciando
lo que otros pescan
con red; sí, no pesquéis vos,
que harto le pescaréis ya
al emperador.
¡Jesús!
¡Éste es el ermitaño!
Andad,
y agradecedme esta dicha,
pues otros suelen pescar
peces reyes, y vos peces
emperadores pescáis.
Vanse y sale Arsenio tejiendo una empleita de palma.
Pag. 75
¡Oh, amable soledad, donde la vida,
de vanidad profana detenida,
en apacible calma
divinos desengaños le da al alma!
Aquí esta isla amena,
de varias flores llena,
es tesoro de Flora.
La luna lo argenta, el sol lo dora,
y parece, a pesar del julio extraño,
que un tiempo solo se conoce al año.
La rosa aquí a porfía,
cuando la luz dudosa amanece el día,
y de las aves a la dulce salva,
rompe el verde botón que el alba riega,
los nácares despliega,
aromas desperdicia,
del tronco la espinal avaricia,
y a su inquieto cuidado,
atenta siempre, le pronuncia al prado,
con hermoso decoro,
por labios de rubí, secretos de oro.
Aquí el clavel, monarca de las flores,
pues púrpura se viste y gasta olores,
el jazmín, que en candor la nieve iguala,
suavemente exhala,
cuando al ramo se asoma,
en minutos de albor siglos de aroma.
Todas... Mas ¿quién viene aquí?
Sale el Demonio haciendo una soga de esparto.
¡Válgame Dios, qué he mirado!
¿Hombre aquí?
Que aun no me ha hablado,
sordo o ciego.
¡Ay de mí!
Pag. 76
Primero a verte he venido,
de cierto, hermano, juzgaba
que esta breve isla estaba
despoblada.
Error ha sido.
Dios servirse (a mi pesar)
de mí, y yo siempre he habitado
en la isla.
Mi cuidado
necio ha sido en ignorar
su apacible compañía.
¿Cómo lleva de virtud?
El alma en esta quietud
goza más paz que sentía.
Mucho se afligirá, hermano,
la falta que hay del sustento.
Teniendo el alma alimento,
poco en el del cuerpo gano.
Bienes temporales estén
a pasto, si no lo dan,
siempre el rústico pan de Adán,
y el alma el pan del Edén.
Busca con ansia o pena
el cobarde...
Macabeo.
Él el vino de Noé.
Y ella el vino de la cena.
Después el vino y el pan,
porque a la sed se humillen
las aguas del turbio pie.
Y ella el agua del Jordán.
Para su conservación
desea, pidiendo más,
él la miel de Jonatás.
Ella el panal de Sansón.
Sin suspender el deseo,
anhelas con apetito...
Pag. 77
El siguiente fragmento aparece cruzado con una línea en el manuscrito, indicando que está tachado.
De las ollas de Egipto,
más polla de Eliseo.
Carnes procura matar
para templar su querella;
codornices pide.
Sella
el cordero de Abraham.
Con hambrientas agonías
pescado apetece, y más
si es el pece de Jonás.
Mas ella el pece de Tobías.
Mas, ¿qué es esto? Llega y mira
sobre las ondas leteas
dos hombres que, naufragando,
turbados la tierra buscan.
Ya los miro.
A pesar
del dolor, pues es ventura,
lleguemos a socorrerlos.
Aparte.
Propusiera mi furia
a ahogarlos, pues a mi pesar
la piedad de Dios injusta
a Fenisa y a Camila
de las mortales injurias
sus vidas redima, cuando
perdido el barco a mi industria
zozobró en el mar. Señor,
¡tal clemencia a tanta culpa!
Esta guarda, deme esta soga,
donde asidos los conduiga
a la orilla.
Suelte, hermano,
de celos.
Crueldad injusta
es esa.
Si está de Dios
que perezcan, pues no se excusa
su vida aunque no se amparen.
No permitiré tan suma
inhumanidad. (La soga
Pag. 78
suelte y a ayudarme acuda.
Quítase la soga y vase.
Y yo, que busqué ocasión
a tu muerte y tus angustias,
ha dado el instrumento
para que su piedad luzga,
y a pesar de mis intentos,
y al contrario se ejecutan
de lo que el odio dispone,
de lo que el rencor procura.
Sale Arsenio, con la soga que arrojó en el suelo, y tras él, turbada Fenisa, medio desnuda.
Arsenio...
Suelta.
Detente,
espera, Arsenio, no huyas,
que si hasta aquí te ha seguido
mi liviandad, ya te busca
tan arrepentida el alma
como verás si me escuchas.
El Demonio se ponga detrás de Arsenio, que ella no le vea.
¡Oh, cuánto alegran la mía
aquestas razones tuyas!
Di, Fenisa.
Atiende, apenas
sobre las llamas adustas
te vi, donde el alma alienta
cuanto el cuerpo dificulta;
pues resistiendo mi esfuerzo,
el incendio con que luchas
en el humo se sufoca
y a la muerte se apresura:
qué mucho, si el pecho débil
ardientes llamas lo aburan
y la derramada sangre
despiertas ansias ocupa.
Vencís los dos, que a no darle
batalla a la hermosura
a fuego y sangre, no fuera
la resistencia tan mucha.
Pag. 79
creíle al fin desesperada
y de un traidor la fortuna
fiando, me fui con él,
que engañoso me asegura
el traerme a tu presencia.
La arenosa y mal enjuta
orilla del mar pisamos,
donde una negra falúa,
que sin duda sirvió
celador de mi ventura,
nos recibió; en ella entramos,
y apenas el golfo surca,
cuando Camila y yo solas
nos hallamos, tan confusas
de no ver a cuatro esclavos
a quien daba el mago ayuda,
como del mortal peligro
donde el ánimo fluctúa.
Sucedió lo que temimos,
pues apenas se divulgan
helados soplos del noto
entre las crespas espumas,
cuando zozobrando el barco
nuestras dos vidas sepulta.
Yo, que entre mortales ansias
agonizaba difunta,
vencida, ¡ay de mí!, de un triste
desmayo que el alma turba,
vi (escúchame lo que vi)
a la majestad augusta,
a aquel monarca divino
de cuya grandeza triunfa
solo el amor, a quien deben
ser todas las criaturas,
de un cruel madero pendiente,
que con su sangre se ilustra,
descubría destiladas
las venas por las roturas,
cárdeno el cuerpo, y el rostro
pálido, sin su hermosura.
Pag. 80
los ojos, sin su coral
los labios, y entre las puntas
de una sangrienta corona,
(que con el nombre se adula
y con la crueldad se ofende)
los cabellos, que deslumbran
al sol, en sangre bañados
se enmarañan y arrebujan;
con debilitado acento
me dijo: «Ingrata criatura,
yo en tu balcón fui una noche
piadosa defensa tuya,
por mí se ha dejado exento,
y repitiéndome injurias
obstinada me persigues
y escandalosa rehusas.
Sin advertir que me hieren
de aquesta suerte tus culpas».
Desaparecióse, y luego,
aquí el aliento se turba,
le miré juez riguroso,
aquí el pecho se atribula,
con indignado semblante,
aquí el valor se deslumbra.
Aquel engañoso mago
que dije, era de mis culpas
fiscal, aquel que me trajo
de Grecia a Egipto, aquellas
persuasiones me engañaron,
si en mis yerros hay disculpa.
Pag. 81
En el margen superior derecho: 81
A los siglos se vincula,
porque yo, Arsenio, he tenido afecto,
desde criatura,
a María y Juan, y siempre
en mis mayores fortunas
su devoción he observado,
sin desasir de ella nunca.
Aquel riguroso juez
jamás de nosotros se injuria,
más con el aspecto airado
que con la voz me pronuncia
la sentencia, enarboló
de justicia desnuda
el tremendo filo, cuando
con lágrimas, con ternuras
le dice María: Hijo,
Señor, oye, atiende, escucha;
por ser mujer, como yo,
por la inmensa piedad tuya,
porque fue devota mía,
por la lastimosa angustia
que me costaste en la cruz.
Juan le dice: No tu hechura
castigues, primo, Señor,
templa la ira en sus culpas,
tu madre y mía lo ruega,
no condenes, no destruyas
un alma que te costó
tanto. Yo, ¡ay de mí!, confusa
a este tiempo me hallé, Arsenio,
entre sus brazos, que, en duda,
que se templa el rigor, porque
su misericordia larga.
Vime, penada, contrita,
en aquella cueva obscura.
Quedaste en el desierto
a vivir; no, no huyas
de mí, que yo en el primero
barco que llegue, o falúa
Pag. 82
me ire, donde con mi llanto
enternecere las grutas
las fuentes que murmuraron
mis tibiezas, antes ya mudas
admiraran mi mudanza.
las flores, y plantas cuias
ojas fueron ojos que
miraron mi error, confusas
quedaran, las aues tristes
con sus picos, con sus plumas
cantaran, escriueran
las lagrimas que me inundan
y al fin fuentes, plantas, aues
que escucharon mis locuras
testigos de mi valor
an de ser, y yo a la suma
piedad del Cielo rendida
siempre firme, y siempre suia
tomare tanta venganza
de ofensas que al alma turban
que admiren mis penitencias
a los que admiran mis culpas.
vase
En el margen derecho hay una acotación tachada que parece mencionar al Barquero y a Arcadio.
que milagroso prodigio
mudo esta mi rigor, muda
la ira, que de esta suerte
defienda Dios sus criaturas
y a mi que soy la mejor
me arruine y me destruia.
ermano que sientes deste
suceso.
no se, aun lo dudo
la inuidia que me atormenta.
determino si me aiudan
los cielos irme al destierro
y en el azer la cumpla
Fenisa contra su
resolucion santa y justa
no es razon que a embarazarse
Pag. 83
38
Vuelva,
pues no es más segura
la quietud para él aquí,
porque los desiertos busca.
Allí saldrá bien del fuego,
y en el agua el alma duda
si saldrá bien, agua y fuego
son contra el alma confusa
enemigos.
En el agua,
sucedió a las glorias suyas
del fuego todo el rigor.
El agua todo es angustias.
Más piedad hay en el agua.
Más piedad el fuego ocupa,
y el fuego es disfraz divino
de Dios, pues en la verdura
de la zarza, vio Moisés
el incendio que le asusta.
¿Qué importa si fue en Sodoma
quien su castigo promulga?
A los hijos de Israel
guió de fuego una coluna.
¿Qué importa si abrasa selvas,
que ardiendo su voz no escucha?
El horno de Babilonia
fue deleite, en vez de urna.
¿Qué importa si a los ganados
de Job abrasó su furia?
El idólatra primero
le adoró por su hermosura.
¿Qué importa si el fuego al mundo
ha de ser quien le destruya?
El fuego como a su centro
sube al cielo a esfera suya.
¿Qué importa, también el cielo
al regar el agua que suda?
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El santo espíritu vino
en fuego que el viento inunda.
¿Qué importa? También a Cristo
llaman sus profetas lluvia,
el agua sí, que primero
crió Dios, y ella en suma
un sorbo, el mundo en el arca
sobre sus olas cerúleas.
¿Qué importa, si fue ella misma
quien le destruye y le inunda?
Para que pasara el pueblo,
sus corrientes dejó enjutas.
¿Qué importa, si en los egipcios
logró sus mortales furias?
En el desierto fue el agua
reparo de vidas muchas.
¿Qué importa, si antes su falta
con ardiente sed dio angustias?
El agua de la piscina
siempre fue celestial cura.
¿Qué importa, si un ángel era
causa de la virtud suya?
En las bodas de Canán
dio principio a obras augustas.
¿Qué importa si Dios le quita
el ser porque el vino supla?
Con agua en el sacramento
se lava la primer culpa.
¿Qué importa si el mismo efecto
el fuego y sangre ejecutan?
Yo al fin he de irme al desierto.
Dentro.
¡Padre Arsenio!
¿Quién me busca?
Sale el Barquero.
Yo, que he venido, señor.
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a traerte de comer,
y a darte aviso que ver
te quiere el emperador.
¿Dices?
Los verás,
porque me hizo mil favores.
¡Ay, semejantes rigores!
Mañana aquí le tendrás.
Pues, hijo, ¡ay de mí!, no sé
qué hacer, gran peligro espero.
Vámonos de aquí, no quiero
verle.
Yo te llevaré,
padre, donde tú quisieres,
pues así a su majestad
desprecias.
La vanidad
temo, ¡ay de mí!
No te alteres
en necias resoluciones,
oye.
No esperar pretendo.
Escucha.
Mejor huyendo
se vencen las tentaciones.
Mira que podrá enojarse.
Que así te burle, me espanto,
un hombre que sabe tanto.
No hay más saber, que salvarse.
Vanse Arsenio y el barquero, y sale Repilo con dos remos a cuestas y la red atada al cuerpo sobre el hábito.
No solo al barquero hurté
los remos, mas mi cuidado
también el barco le ha hurtado.
Escondido le dejé
en una caleta, donde
no le ha de poder hallar
entre aqueste retamar.
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Escondelos.
Los remos mi industria esconde;
daréle a los peces guerra,
que si el hurtar es pescar,
quiero hurtar algo en la mar,
que harto he pescado en la tierra.
Un santo está en la estacada,
y caída tiene una soga,
yo quiero hacérsela droga;
pescóla.
Va a cogerla y vuelve el demonio el rostro, y suéltala.
¿Qué es eso?
Nada;
mal sus ocios se entretienen;
bien es que ocupado esté,
pero ¿en sogas?, ¿para qué?
De limosna a los que vienen
mi caridad solicita
darlas.
Esa es necedad;
padre, que la caridad
no las da, sino las quita.
¡Por cierto, gentil despacho!
Pues esto llega a enfadarse,
si la quiere para ahorcarse,
llévesela.
¿Está borracho?
Fiel cristiano testimonio
no da de ello.
Quítase el hábito con furia y arrójalo.
Aun miento,
ni soy cristiano, ni soy
nada.
¿Quién es?
El demonio.
¡Qué aleve!
¡Perro, a mí!
¿me hablas de aquesta suerte?
¡Ay!, que me quiere dar muerte;
mas una cruz traigo aquí.
¡Aquesa cruz es hurtada!
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Perro, no por esto pierde
la virtud, ¡ay que me muerde!
¡Hay ira más endiablada!
Dale el Demonio, arrástralo y quítale las alforjas, y arrójalas por dentro.
Al tomar el hábito se hunde y sale fuego.
Cae rodando junto a Camila, que se descubre desmayada.
Rebolcándose Camila.
Las alforjas me llevó,
y ya en la mar me las echa.
Mal lo hurtado me aprovecha,
al diablo, y a quien lo hurtó.
¡Hay mayores sinrazones!
Que nada le aprovechaba
para qué lo hurtado hurtaba.
Bueno, ale, a ganar perdones.
El hábito dejó aquí
y se fue; arañarlo trato.
Si es perro, yo soy gato.
Pues lo que miro... ¡Ay de mí!
Mas, ¡cielos!, ¿cómo tan blanco
está el suelo? Una mujer
difunta llego a ver.
Camila es; estoy soñando.
Requie, terna y aleluya.
Muerta está, triste mozuela.
¡Amayna, amayna, la vela!
Mira no artes tu casulla.
Desmayo, sin duda, ha sido.
Que me ahogo.
Son quimeras;
quiero ver las faltriqueras
antes que cobre el sentido.
¡Boga!
De mucho bogar
se han perdido otras mujeres,
hija mía.
¿Qué me quieres?
Vase levantando.
Mareada estás.
¡Qué pesar!
Medio ahogada, ¡ay de mí!
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Del mar he salido a nado,
mas con las fiebres sudado,
que él se pudo dar a ti, dame.
Al ir a quererla abrazar, sale Arsenio, y el barquero, y quédese con los brazos en cruz.
¿Qué hace?
Penitencia,
quiero imitar a Jesús,
por eso me he puesto en cruz.
¡Ay, semejante insolencia!
¿Por qué vino a perturbar
mi quietud? Siempre inhumano.
Yo no vengo a verle, hermano.
¿Pues a qué vino?
A pescar.
Sus perdiciones son ciertas,
la consciencia atropellando,
bien para oración pescar.
El mejor hacer el puerto.
Huiré de este sinrazón.
No me admiro, pues he visto
que tan bien huyó de Cristo
cuando le vio en el balcón.
Camila, el cielo os avisa,
¡Ay, señor, muerta me hay!
Andad, que cerca de aquí
podéis hallar a Fenisa.
Gran penitencia he de hacer
ya de la vida pasada.
Vase.
Mire que está mareada,
dele un trago a esta mujer.
El viaje me estorbó.
Que el barco me haya escondido,
¡pleito me haya sucedido!
¿Adónde el barco escondió?
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Ahí le están dando carena;
¡ah, de un pobre estos cuidados!
¿Pobre? Tiene mil ducados
de renta y una cadena.
En hurtar redes se emplea.
Poco con su astucia medró.
¿No fue pescador San Pedro?
Sí; mucho que yo lo sea.
No nos iremos, según
esto.
Diga, hermano, ¿cuándo
volverá el barco?
En pescando
una empanada de atún.
No hay aquí atunes.
Habrá
róbalos.
Sí, del barco.
¡A robarlo, padre mío,
es él!
Ea, acabe ya,
vuelva el barco.
Ahora baja los brazos.
¿Os atrevéis
darle al ladrón mil enfados?
Vase el Barquero.
Oye, en el mar hay lenguados,
pero deslenguados no;
vaya, que allí en la caleta
seguro que le ha de hallar.
Presto, que me he de embarcar
al punto, que al alma inquieta
de la ambición el desvelo,
el demonio es quien le rige.
Padre, la hambre me aflige
con notable desconsuelo;
pero soy tan desgraciado,
que matarme solicita,
pues que no solo me quita
la carne, sino el pescado.
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Sale el barquero.
Y a el barco hallé, mas no tiene
remos, él los escondió.
Contra demanda viene.
Pues diga, sin remos, ¿quién
boga?
Que a esto se resuelvan...
No basta que el barco vuelva,
sino los remos también.
¿Dónde están?
No tenga prisa.
Ni tengo, ni a traer me atrevo
vela.
Compre una de sebo,
o quítese la camisa.
Tocan clarines y cajas dentro.
¿Qué cajas son las que escucho?
Presto se dijo, padre.
Atabales en cuaresma,
que esta no puede faltarle
a el mío, quien vive con él
por el ayuno.
La margen
tocan, de el emperador
Arcadio, las faluas.
Dadme
favor, cielos, ángel mío,
llevadme de aquí.
Este ángel
piensa que es el Tobías
para hacer tantos viajes.
Tocan y sale el emperador, Claudia y soldados.
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¿Dónde está Arsenio?
Aquí está.
Amigo, maestro, padre.
Señor.
Dadme vuestros pies.
Tantos favores le hace
vuestra majestad a un hombre
que merecerlos no sabe.
Envidioso me ha dejado
vuestro desengaño.
Dadme
la mano.
Señora, el suelo
que vuestras plantas reales
pisan besaré.
A mis brazos
llegad.
¿Quién vio semejante
humildad? Maestro, a veros
no solo el amor me trae,
y a pediros de la ofensa
perdón que os hice ignorante.
A rogaros he venido
que Constantinopla, padre,
vais conmigo a gobernar
la iglesia griega.
De tales
honras, señor, soy indigno.
No os doy yo las dignidades
por premio, aunque merecéis
tantos; a la iglesia traen
inquieta algunos herejes
rebeldes y desleales
a la luz del evangelio,
a defenderla y castigarles.
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asilo, y en vuestra sierra
se aseguran mis pesares,
Señor, donde está Anastasio
y otros héroes admirables,
¿cómo puedo hacer yo falta?
También seréis importante,
pues tanto sabéis.
Arcadio,
no hay más saber que salvarse.
Pues ya que a Constantinopla
no queréis ir, hoy os hacen
patriarca de Alejandría
vuestros méritos.
Dejadme,
señor, en mi soledad,
no he de acetar dignidades.
¿Cómo gobernará a otros
quien no sabe gobernarse?
Vos, Arsenio, ¿ignoráis nada?
¿vos no sabéis?
¡Fuerte lance!
Siendo inmortal por las letras.
No hay más saber que salvarse.
Algo habéis de hacer por mí;
amigo, maestro, dadme
el gusto de repartir
todas mis rentas reales
deste año que viene y para
meterlas en vergonzantes,
pobres, huérfanos y viudas,
que quiero, Arsenio, que pase
mi piedad por vuestra mano.
Ministros hay que lo saben
disponer mejor que yo.
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codicia puede engañarles,
que vos sabéis mejor que todos...
no hay más saber que salvarse.
Vuestra Majestad me aguarde,
que al punto vuelvo.
Vase.
Que no
haya podido obligarle,
con ruegos y persuasiones.
Su virtud incontrastable
no le permite aceptar
las mercedes que le haces.
Señor, Vuestra Majestad
perdone que le hable
de esta suerte; un pescador
eremítico, o no sabe
lo que da, o no tiene guerras
cuando sus rentas reparte,
o es santo, o siento a mi ánimo
más de jaque.
¿Qué es esto?
Voces suaves
son lisonja del sentido
cuando suspenden el aire.
Chirimías y en dos bofetones por lo alto se descubran; en uno el Ángel y Fenisa muerta en sus brazos, y en el otro Arsenio y el demonio a sus pies.
Desesperaciones mías,
dejadme, ¡ay de mí!, dejadme,
no podréis; no, mi ambición,
a pesar de mi coraje.
Arcadio, Dios no permite
que las honras que le haces
acepte Arsenio; vencida
la ambición a sus pies yace.
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Esta que ves es Fenisa,
que le persiguió constante,
y arrepentida después
de profanas liviandades,
el dolor de su contrito
corazón llegó a quitarle
la vida, y de Dios goza
en los tronos celestiales,
donde presto tendrá Arsenio
premio de virtud tan grande.
Cúbrese.
¡Qué milagrosa visión!
¡Qué prodigio tan notable!
Servir a Dios es reinar.
No hay más saber que salvarse.
Repilo y yo nos casamos
porque la comedia acabe,
y a vuestros pies don Cristóbal
de Monroy perdón alcance.
Acabose en Alcalá de Guadaíra, en 5 de diciembre de 1645 años.
Don Cristóbal de Monroy y Silva.
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Cúbrese.
Esta sí que ves es Fenisa,
que le persiguió constante,
y arrepentida a sus pies
de profanas liviandades
el dolor de su contrito
corazón, llegó a quitarle
la vida, y ya de Dios goza
en los tronos celestiales,
donde premio tendrá Arsenio,
premio de virtud tan grande.
¡Qué milagrosa visión!
¡Qué prodigio tan notable!
Servir a Dios es reinar.
No hay más saber que salvarse.
Repilo, ya nos casamos,
porque la comedia acabe,
y a vuestros pies don Cristóbal
de Monroy perdón alcance.
Acabóse en Alcalá de Guadaíra en trece de diciembre de 1648 años.
Don Cristóbal de Monroy y Silva.
