Texto digital de No hay agravios como celos, si son los celos ofensa
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de No hay agravios como celos, si son los celos ofensa. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/no-hay-agravios-como-celos-si-son-los-celos-ofensa.
NO HAY AGRAVIOS COMO CELOS, SI SON LOS CELOS OFENSA
Jornada primera
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Personas que hablan en ella. Don Félix, galán. Roberto, galán. Resabio, gracioso. Octavio, viejo. Margarita, dama. Elvira, dama. Flora, criada. Violante, criada. Músicos.
Salen don Félix y Resabio.
¿Quién ha de saber de ti
cuál es tu tristeza?
¿Yo?
¿Que no has de decirla,
creo?
Solo has de sentirla.
¿Sí?
Sí, infeliz a verme llego,
aunque muera de dolor,
sea salamandra en mi amor,
y mariposa en mi fuego.
Si es mi pena tan severa,
tan continua mi fatiga,
que el tiempo no la mitiga,
fénix en mis ansias muera.
De tanta pena, señor,
dale parte a tu criado;
que el mal, que es comunicado,
goza fueros de menor.
No estemos de todo ajenos
que la pena a que te das,
si es callándola es más,
no harás menos, a lo menos.
Este mal, o este veneno,
que en mi corazón ha entrado,
es malo para callado,
y para dicho no es bueno.
Dímelo, que te prometo
el dar alivio a ese agravio,
que en efecto soy Resabio.
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Ya está entendido el concepto.
De un pensar tan impensado
del rigor de un accidente
que sin que sea delincuente
me aflige, como aculpado
solo es antídoto igual
en cuanto mi juicio abarca,
pagar el feudo a la parca
que debe todo mortal.
Sabes en medio de tu ansia
lo que repara mi mente,
si de cierto es accidente
que no es cosa de sustancia
y si la muerte te espera
alíviate de esa carga
como víbora, que larga
la ponzoña antes que muera.
Creo tanto por aliviarme
como por darte ese gusto
te lo diré, si es que el susto
dejare de atosigarme.
Sí dejará, que es cortés
y ve, que yo se lo pido
señor susto, sea servido
de irse, y no volver después.
Con mil pensamientos lucha
el dolor, que me atormenta,
cuando declarase intenta.
¿Acaba, señor?
¡Escucha!
No ignoras que a medio lustro
que a la hermosa Margarita,
imán de los corazones,
de los gustos atractiva,
símbolo de perfecciones,
archivo de maravillas,
más que Diosa, pues que goza
de dos el oficio esquiva
pues es Venus, porque hace
que su hermosura divina,
mientras que permite amarla
a expensas suyas se viva,
y Palas porque procura
que amorosa batería
siempre asaltando los pechos
ninguna vez se resistan,
y para decirlo todo,
es donde todo se cifra,
pues de todo es rico erario
y de todo fértil mina;
adoro con tanto extremo,
y con voluntad tan fina,
que desde que ese Planeta
lucero hermoso del día,
airoso Galán del Alba
dejaba el opuesto clima,
hasta que cansado luego
de la tarea precisa
mientras le avisa la Aurora
a verse con Tetis iba;
era Girasol constante
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que tanto su luz seguía,
que inmóvil solía quedarme
mirando sus celosías
por ver si así registraba
lo que oculto me tenían
o por ver si sus paredes
me contaban lo que oían.
Era el extremo de amarla
tan extraño, que excedió
al no común, tan constante
que al instante que ponía
lo fúnebre de la noche
en parasismos el día,
era Argos de deseos
y en continua hidropesía
de anhelos, ansiaba, solo
las luces del otro día,
por recelar, que era aquel
el último de mi vida,
y que tiempo para amarla
entonces me faltaría,
y así cuantas veces, esa
antorcha, la más lucida,
por vivificar las plantas,
de Doris, se despedía
con nuevo amor, la adoraba
nuevo culto la rendía
que todo el antecedente
el día de antes parecía
y así en cada uno la amaba
como en mil siglos podría.
con que muriendo en cualquiera
nada que amar faltaría
a esta amistad generosa,
y amorosa bizarría
siempre en oriente juzgaba
nunca, a ocaso prevenida
era lo que más gloriaba mi fe
ver, que merecía
la mutua correspondencia
de tal suerte, que vivían
nuestras almas con deseos
de no animar lo que animan;
y por esto muchas veces
apetecerlo solía;
que Átropos en mi tijera
embotase su cuchilla,
por que faltase el estambre
de la vida, de mi vida,
y hechos cadáveres ambos
en su cuerpo animaría
mi alma; pasando la suya
a donde la mía habita,
si cierto fuese, lo incierto,
que Pitágoras afirma,
mas a confianza falsa
si en mujeril amor fías,
pues buscándole en la cama
se reconoce en la lira,
ya lo sé, pues miro falso
lo que verdad concebía
que es engaño de la idea,
sueño de la fantasía,
pues ayer, saliendo al soto
en donde Flora fabrica
con floridas esmeraldas
y corrientes cristalinas
para hospedaje de Venus,
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costosa tapicería.
Hallando en el amante Dueño,
y sospechando que iría
por vanagloria de Flora,
a hacer oficio de Ninfa,
llegándome a su presencia
por hacer Idolatría
a sus dos hermosos ojos,
entonces y ahora, dos Liras.
Le dijo gustoso el labio,
como pluma que escribía,
lo que le dictaba el Alma,
aquestas razones mismas:
Puesto que como Sol, luz distribuyas
a las que flores, antes son Estrellas,
para que imiten los luceros ellas
por ver en sí imitadas luces tuyas.
Y como aquel Rosal lo constituyas
con las de Jazmín, mixtas ramas bellas,
en aurora que Aljófar y Centellas
confunde porque tu émulo, la arguyas.
Antes de haberse hallado mi desvelo,
fueron de mis sentidos lid notoria
sobre querer hacerle Cielo al suelo,
perdieron mis sentidos la Victoria
al verte, y confesaron que era Cielo
viendo en él, y la pérdida su gloria.
¿No has visto fiera Leona,
furiosa y embravecida,
que si alguno por cortejo
a festejarla se inclina,
entonces con mayor saña
toda su cólera vibra,
contra el Dueño del halago,
¿en pago de sus caricias?
Pues esto a mí me sucede
desavío, con Margarita,
porque apenas hube yo
acabado, cuando esquiva,
queriendo dejar la estancia,
y volviendo a mí la vista,
me dijo: Señor Don Félix,
la pretensión no prosiga,
que hay quien la estorbe, y no quiero
ser tan desagradecida
que un aviso no debáis
peligrando vuestra vida.
Yo le repliqué, diciendo:
en los términos implica
que sea otro el agresor,
siendo vos el homicida.
Respondió: ya son superfluas
todas las sofisterías
para el pecho, donde no hay
de vos, la menor reliquia.
Volvió con esto la espalda,
y como el Campo vivía
a expensas de lo luciente,
que esta flor le comunica,
comenzaron las demás,
a declararse marchitas,
hacer pesares de Agostos
el Abril de su alegría.
Obligado de mi amor,
me determiné a seguirla,
y al hacerlo, me fue estorbo,
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su voz, porque enfurecida
me dijo, entre otras razones
hijas de la tiranía,
lo que os juzgáis por fineza
se os tiene por demasía.
Rabioso con tal suceso
o con tal descortesía
a la manera que el toro
su fogoso enojo vibra,
en la capa siendo el Dueño
quien a tal furor le incita
ansí yo de sus palabras
hice objeto, en quien la ira
vengó todas las afrentas
que el Dueño de ellas le hacía
porque les dije que eran
falsas, como fementidas,
aleves, como engañosas,
traidoras, como enemigas.
Pensarás tú, que es la causa
que a tanto enojo me obliga
el ver de un ingrato dueño,
mi fe, mal correspondida;
Pues no, que ya sé que es propio
de las mujeres queridas,
despreciar aquella cosa
que aborrecidas aspiran,
sino que digan, que hay otro
que merece sus caricias
que mi pretensión estorbe
y en quien mi vida peligra
saber que hay quien la merezca,
e ignorar el que la rinda:
es sobre todo, de donde
mi congoja se origina,
si con esto me dan celos
no te admires de que diga
que lo mayor de mi agravio
en solo este punto estriba
Pues si fuera tan dichoso
que llegara a mi noticia
el que goza los favores
que la fortuna me quita,
aunque este tardo elemento
que agora las plantas pisan,
atlantes montes criase
subiese a la esfera misma
para estorbarme los pasos
no bastara, ni podría
ni lo denso de sus ramas,
ni lo áspero de sus guijas,
y aunque ese salobre imperio
que el grande Neptuno tira
fuese Panteón que intentase
guardarle, no bastaría
antes su espaciosa margen
de fuerte tumba le haría
que no pudiese echar menos
los mausolos de Libia,
esta es, mi forzosa pena,
esta mi ansiosa fatiga,
esta, mi aflición quejosa,
esta mi cierta desdicha,
esta mi oculta congoja,
esta mi pasión crecida.
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está la pública guerra
que a campal me desafía
los sentidos y potencias;
mira si es justo que diga
que es incurable mi achaque
e irremediable mi herida.
Aparte.
Ahora, señor, un remedio
daré a tu melancolía,
para que luego se sane.
Con esto tendrá cabida
el negocio de Roberto,
pues la paga está ofrecida.
Vamos echando la red,
mas temo que mis desdichas,
que por hacer esta pesca
no quede de mí una pizca.
Di el remedio, que aunque sé
que no ha de haber medicina
para este mal, siendo tuya,
me divertirá el oírla.
Extráñolo, que mis obras
a costa de mis costillas,
por otras menos palabras
no las sitúas, mas las gritas;
mas a lo que importa vamos.
Yo, sin tomarte la orina,
receto, que desde luego
en amarla no prosigas,
antes, convertido en odio,
tales rencores concibas
contra ella, que la aborrezcas,
y si a esto te determinas,
trata de echarme de casa,
para que no haya quien diga,
secreta o públicamente,
que de hecho no la olvidas,
pues quede Resaurio en casa;
y así, señor, por tu vida,
que ajustemos nuestras cuentas,
y en suma cuenta las cintas,
que has dado para zapatos,
el cuerpo de la ropilla,
mas no las mangas, que eso
para mí es cosa perdida;
y volviendo a nuestro caso,
di, si al mal el remedio aplicas,
que en la buena aplicación
puede ser que el bien consista.
Ay, Resaurio, bien quisiera,
conforme a lo que me inclinas,
obrar, mas no está en mi mano,
que una vez que se dedica
el albedrío al dios vendado,
en solo la suya estriba
el obrar de cada uno,
por que lo alarga o limita
con lo frecuente o lo escaso
de las saetas que tira.
¿Y prosigues en amarla?
Claro está.
¡Jesús, María!
¿No ves que en desdén te paga?
Con eso se purifica
más mi amor, que es el desprecio
crisol que en la llama activa
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del pecho al Amor, que es grande,
de mayor te califica.
Aparte.
Ya aquí no se puede hacer
lo que pedido me había;
Roberto; pero en efeto
ocasión vendrá propicia.
¿Qué dices?
Digo que vayas
a la primera armería
y te armes de punta en blanco,
porque con eso resistas
los combates que te hacen,
Amor, en su compañía.
Amor me dé sufrimiento.
El diablo lleve su vida.
¡Oh, Amor! ¿Que antepongas pena
a la culpa que no es mía?
¿A una imaginada ofensa
el castigo me anticipas?
¿Que hay hombre que a mujer quiera
conociendo sus mentiras?
Ven, Resabio.
Voy, señor.
¡Qué pena!
¡Qué bobería!
Salen Margarita y Flora.
No he visto en toda mi vida
igual modo de querer,
¿te das más a aborrecer
cuando te ves más querida?
¿No te miras asistida,
y de don Félix tu amante?
¿no te visita constante?
¿no idolatra tu belleza?
¿no pagabas su fineza?
Pues ¿qué ha habido en un instante?
¿Sospechas que no te quiere?
¿Soñaste que no te ama?
¿Vístelo con otra dama
de quien el favor espere?
Dímelo, que si así fuere
diré que tienes razón;
pero con otra ocasión
resolverte a darle enojos,
o son de cristal tus ojos
o de fiera, el corazón.
No, Flora, no te parezca
que el pagarle con rigores
sus declarados amores
es querer que me aborrezca;
antes, porque permanezca
más nuestro amor, lo hago yo;
porque, si cuando me vio
amorosa, te rendí,
quiero ver, esquiva aquí,
si allí de veras amó.
Tienes mucho aunque lo ignoras,
y no de oírlo te asombres,
que conocer en los hombres
quién son, como lo ignoras,
pásanse muchas auroras,
sale Febo, muchas veces,
entran años, salen meses,
y estando en todo constante,
en el más seguro instante
descubren sus esquiveces.
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Pero dime, ¿qué consigues
con los desprecios que haces?
A dos intentos distintos
y del todo desiguales
mis designios se encaminan:
es el uno, ver si amante
atropellando esquiveces,
no haciendo caso de ultrajes,
desechando ingratitudes,
aun está firme en amarme;
y entonces podré segura
con mis deudos y mi Padre
declarar mi pensamiento.
¿Y cuál es?
El de pagarle
con mi mano tanto amor.
Pues, ¿que no pudieras antes
de haber usado el rigor
conocer por las señales
que firmemente te adora?
No, porque como en amarle
he gastado todo el tiempo,
no es fácil, no, que alcanzase
a ver que el amor que tiene
pasa el límite de grande;
que es política aun de aquellos
que reglas de amor no saben,
cuando se miran queridos,
corresponder sin que amen,
mas si el aborrecimiento
de aquel llega a apoderarse
en quien estaba el amor,
se traslucen los bastantes
indicios de que ese amor
no era amor, sino disfraces
de otra cosa, a quien el pecho
había servido de cárcel;
y así esta cautela, Flora,
es bien que deba abrazarse,
pues tienes a merecido
a la prudencia por madre.
¿Y el otro intento cuál es?
El otro es, que si inconstante
pone en olvido mi amor,
tratar de determinarme
a no querer, pues en todos
puede haber mudanzas tales.
¿Y si (lo que no suceda)
viendo rigor semejante,
hallando en ti los rigores,
busca en otra las piedades?
Ese es caso tan distinto
que si sucediera, darme
pudiera pena, y así
no pronostiques pesares.
Pues, señora, por muy cierto
tenerlo puedes, Violante,
la criada de tu prima,
me dijo a mí la otra tarde
que deseaba su señora
segura ocasión de hablarle
y declararle su amor.
¡Ay!
No pases adelante.
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que ya sé, que decir quieres
que si ella este caso sabe,
pretenderá con más fuerza
su oculto amor declararle;
y es verdad, mas para eso
al punto, irás a llevarle
un papel, en que yo el mío
con desengaño le aclare;
mas tú allá con el primero
puedes discreta informarte,
si es que en un nicho de afectos
en su pecho está mi imagen
y si vieres que la tiene
con el aseo de amante,
poniéndole por adorno
copioso amoroso esmalte;
en que sirvan los suspiros
de marítimos corales,
y en donde oficio de perlas
entren a ejercer los ayes
se le podrás dar; mas ¿quién
viene, por aquesa parte?
Sale Resavio.
Él lo dirá, pues ya entra.
Es Resavio.
Dios delante.
Que a verte viene; porque
dice, que a tus plantas yace,
diciendo, que si a su amo
diste de mano, es constante
que le habrás de dar de pies.
Alza del suelo.
Me place.
(Aparte.)
Deste criado sin duda
podré más bien informarme;
¿qué se hace tu amo estos días?
Él no es persona que hace,
sino solo, que padece.
¿Y dice por quién?
A nadie
lo ha dicho, sino es a mí,
y eso por tan cultas frases
que una parte le entendí;
¿Y en ella, qué le escuchaste?
Escuché que amó en un tiempo
pero yo quise negarle
el supuesto, de que en tiempo
había amado, si el quejarse
era, de que el tal amor
con el tiempo fue mudable
porque esto fue, amar sin tiempo.
Pero dime, ¿no alcanzaste
a saber dél, si ese amor
duraba?
Sí, que al instante
que preguntárselo intento,
por ser santo, se deshace
con azotes de suspiros
y con cilicios de ayes,
y para que yo conozca
que es en extremo muy grande
reza el Credo muchas veces
porque acaba perdurable.
(Aparte.)
Para quedar satisfecha
estas razones me basten;
mientras un papel escribo
aquí puedes aguardarte,
y estad con cuidado, Flora,
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por si viniese mi padre.
Vase.
Pues los dos quedamos solos,
razón será que me saques
de una duda.
Di, que al punto
tengo de ella de sacarte.
Flora, en Dios y en tu conciencia,
¿hasme querido?
Vergante,
¿eso pronuncias? ¿Yo a ti?
¿Haberte querido, es fácil?
Pues es muy dificultoso
cuando soy en todas partes
el non plus ultra del Mundo.
¿Por tantas habilidades?
¿Tus habilidades?
Pues no,
y porque más la alabes,
las referiré.
Atención,
y verán qué disparates.
Es mi ingenio lo primero
tan fecundo y abundante
que para hacer diez comedias,
veinte entremeses, cien bailes,
no he menester más que un hora,
¿qué es una hora? en un instante,
mas se ha de entender, si son
las comedias, mazapanes,
bizcochos, los entremeses,
y los cien bailes, panales
y el hacerlos es comerlos,
porque para esto, ni un Ángel,
lo puede hacer más apriesa;
aunque él lo haga en el aire
en danzar, sé yo muy bien
que no hay quien se me aventaje,
que a la más fácil mujer
mudanzas puedo enseñarle.
Y yendo a las perfecciones
que en todo el cuerpo se hallen
no podrá tener caída
mi frente en cualquiera parte
puesto que consigo siempre
buenas entradas se trae.
Si faltaren azulejos
o casa de que se labren,
aunque a la cara, en mis ojos
¿no los podré dar a pares?
Las narices, Flora mía,
es muy justo que repares,
pues pudieron en la Corte
pasar con plaza de Grandes.
Considera que estos dientes,
(sin que el equívoco masques)
son tan malos por morder
que los reputan por tales;
cuando me llego a la boca
no hallo con qué compararle,
porque, señores, es mucho
lo que en esta boca cabe.
¿Mondan estas manos nísperos,
no se asimilan al jaspe?
¿Y con sus diez mandamientos
en dos, no pueden cerrarse?
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mas si la verdad confieso
que al fin debe confesarse,
por más que talle me busco
no tengo de hallarme talle.
Demos paso al pie, que es donde
será fuerza que me pare
para decir que es tan rico
que puede bien sustentarme;
pero temo que ese sea
parte, para ocasionarme
presunción, pues que no tengo
otro que más puntos gaste.
¿No te parece que quedas
obligada a enamorarte
de mi persona?
¿Por qué?
Porque es fuerza que te pagues,
como las demás mujeres,
de lo peor.
Ya baste,
si no quieres que en tu rostro
ponga del rencor señales.
Ya lo dejo, que esas burlas
muy a la cara me salen;
pero tu señora viene.
Retírate allá, no extrañe
el verme junto a los hombres.
Sí, que es muy malo el juntarse.
Sale Margarita con un papel.
Dale un papel.
Éste es, Resaurio, el papel;
sin que un punto te dilates,
a tu amo se le lleva,
porque puede ocasionarse
de la detención un riesgo
que no es fácil se restaure.
Aparte. Vase.
A llevarlo parto luego,
pero ¿a quién voy a llevarle?
Después lo sabrán ustedes,
que ahora Dios solo lo sabe.
Ven, Flora, porque ya es hora
de que se venga mi padre
a recogerme, que procuro
que un instante no se falte
a su asistencia, que así
podré más bien disculparme,
si supiere que a don Félix
escribo, que venga a hablarme
esta noche, por la reja
que hacia el jardín nuevo, cae.
Vamos, y de esa tramoya
Dios mío, con bien sacadme,
que por reja, y del jardín
muy bien puedo recatarme,
que no conozcan la flor,
y acierten por yerro a darme.
¿Qué te han de dar?
Unos celos,
que decir por yerro antes
no fue por el de la reja,
que este es dicho muy tratable
en cuantas comedias veo
que por la reja se hablen;
sino porque siendo tú
la que los ocasionaste,
tienes a ser la deudora
y he de ser yo quien lo pague.
Graciosa estás, vamos, Flora.
Vamos, Dios quiera librarme.
Vanse.
Sale Roberto.
Loco pensamiento mío,
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Errante imaginación,
necia deliberación,
poco advertido albedrío,
¿no sabéis, que es desvarío
la empresa que procuráis?
¿Imposible no miráis
tan soberana hermosura?
Sí; y por esa locura
de mirar su luz, cegáis,
no es castigo en el que ama
cegar por la cosa amada,
antes así ve premiada
toda su amorosa llama;
si padecer por la Dama
es el premio del Amor,
ya vos tenéis el mayor
pues el padecer más fuerte
es el encontrar la muerte
y esta os la da este dolor.
Pero castigo merece
querer que tanta Deidad
ensalzase mi humildad,
a silla, que desmerece;
Este yerro que apetece,
es quien culpado me hace
y aunque esta culpa no pase
su severo proceder,
y culpa me ha de oponer
ninguna le satisface.
Pero Amor, di, ¿no es mujer
esta, como las demás?
volver no hemos visto atrás
el más antiguo querer,
luego bien puedo creer
que olvidar su Amor podría
luego a otro Amor, ¿claro está?
pues si esto es así, ya espero
más piadoso lo severo
que en Margarita estará,
Quien el mayor imposible
vencer puede, es evidente
que el menor, más fácilmente
vencer podrá, es infalible,
Luego es también imposible,
que no Amar, siendo el mayor
y el menor el nuevo Amor.
puedo tener por muy cierto
que tome seguro Puerto
su combatido temor.
Al paño Presavio con el Papel.
Si estará Roberto en casa,
no hay que dudar, cuando espero,
de lo que traigo entre manos
por instantes, la Respuesta,
el Papel me huele a albricias
y me serán harto buenas,
si me recepta, para tantas
que le traigo, alguna letra.
¡Hola! ¿Quién va?
Yo, señor.
Tú eres, Presavio, entra,
que la alegría del Rostro
Pag. 13
me publica buenas nuevas.
¿Sí, más?
Resabio ya entiendo,
aquesta sortija sea,
no paga, a tanto servicio
sino memoria pequeña
que por lo que debo darte
no se podrá recompensa.
Dásele.
Pues si de cierto hay sortija
sin duda, tendremos fiesta,
este papel creo agora
que de Margarita venga,
pues que por él me ha venido
a mí, una preciosa perla.
toma el papel, mas te digo,
que es necesario, que adviertas
que en cumplir su contenido
no haya una falta siquiera,
porque sin ser a pelota
aqueste juego, a hacerla
se sigue el quedar perdido,
y no quiero que te pierdas
cuando intento, que ganado
salgas.
Eso deja,
y escucha, con qué razones
volverme la vida intenta
quien usurpado la había.
Vase.
Mas vale, que tú lo leas
allá a tus solas, que a solas
mas despacio se contempla,
que yo, señor, por agora
iré, si me das licencia,
a servir al señor don Félix,
que no es razón que me atreva
a llevarte yo demoras
cuando él me da para peras.
Ábrele.
Lee.
Papel hecho de triaca
o veneno, pues encierras
o lo que me alarga vida,
o lo que muerte me acerca,
harto temeroso intento
rompo tu doblada nema,
que a quien le sobra desgracia
en todo lo experimenta.
La firma en fin, dice así:
quien presto veros desea;
quiera Dios, que se me logre
felicidad tan inmensa.
Así prosigue:
Señor:
bien conozco la fineza
con que procuráis mi amor,
para dar la recompensa
que al mucho oro equivalga;
hay el sitio de la reja
de un jardín, siendo la hora
que mi cuidado demuestra
la una, y sin que aguardéis
más seña, que hallarla abierta;
¿habrá entre todos alguno
que en obra, se me prefiera?
no habrá, pues es la mayor
que gozarse puede, esta.
Polícrates desgraciado.
Pag. 14
Sale Aluisa y Violante con mantos
se veía, si considera
que esta dicha a su ventura
justamente está antepuesta,
haz, fortuna, que el impulso
de esa tu inconstante rueda,
se pare, y estando inmóvil
a mi favor esté, mientras
margarita de mi amor
se conozca satisfecha,
puntual voy a ejecutarlo,
ya que la noche despierta
mis cuidados, pero ¿quién
en esta sala se entra,
sin avisar?
Yo, que soy
quien se toma la licencia
que quizá se le negara
si antes de entrar se os pidiera.
No negara que sabéis
que jamás es poco atenta
mi persona, aun con aquellos
que por sí lo desmerezcan;
y así ved, señora, cómo
eso ahora aconteciera
con vos, siendo a quien el alma
como a su dueño venera,
por ser quien sois.
Y no más
que por ser quien soy.
No es fuerza
que no sea por otra cosa
cuando no hay amor, que pueda
mover?
¿Que en fin no hay amor,
señor Roberto, que os mueva,
pues, y el que os tengo?
¿Qué importa
si está sin correspondencia?
Luego ¿vos no me queréis?
¿Claro está?
Es vileza
hablar con tanto descoco
cuando estáis en mi presencia.
Pero ¿no es peor que el labio
diga aquello, que no sienta
el corazón?
No, que entonces
solo fuera lisonjera
vuestra acción; mas desta suerte
ha pasado a desvergüenza.
Que quiera a fuerza mi ama
hacer que el otro la quiera,
repara que eso, señora,
más quiere maña, que fuerza.
Señora, del modo que
fuere, vuestro gusto sea,
pero con tal que llevéis
de mi poco amor certeza.
Sí, llevaré; pero vos
advertid, que cuando quiera
vuestra pasión amorosa
declarárseme más tierna,
ha de hallar en mí una roca
de tan extraña dureza
que ni el cariño le ablande,
Pag. 15
que ni el halago la venza.
Lo que lo hagáis os suplico
para cuando eso acontezca
que como es casi imposible
en ello nada se arriesga.
Pues cuenta, como os castiga
alguna vez la soberbia.
Si para allá lo aguardáis
tarde el castigo me espera.
Yéndose
Ven Violante muerta voy.
Señora, de qué vas muerta?
no dices, que has de escribirle
a don Félix pues le deja
Margarita.
Dices bien,
iré a escribirle que venga
esta noche a verme; así
hoy dos cosas se granjean
la una, es solicitar
de Félix, correspondencia,
la otra, contra Roberto,
es ir haciendo materia
para que si en algún tiempo.
Margarita le desprecia,
sobre no quererle yo
haré que celos padezca
Vanse
Ea a disponerlo vamos,
que como Félix te quiera
no siendo más el agravio
ha de ser menos tu pena.
Vase
Ya parece que se ha ido
esta ponzoñosa fiera
y así me voy a gozar
de mi adorada belleza.
Sale don Félix.
Amor, ¿qué ha de ser de mí?
pensamiento, ¿dónde vas?
a darme la muerte irás
pues no hay sino muerte en ti
cuando yo te merecí
esta congoja, este anhelo?
este airado desconsuelo
que todo el gusto me tasa?
que me hiela siendo brasa?
y me abrasa siendo hielo?
todo amigo se me ausenta
sin ser cómplice en mi agravio,
hasta el criado Resabio
darme consuelo no intenta,
mucho el dolor me atormenta
y más el pecho adolece
de que Margarita ofrece
materia al en que me abraso
incendio, y que al mismo paso
que la quiero, me aborrece,
si piensas que a lo que digo
darle crédito no puedes
pregúntalo a tus paredes
que son de mi amor testigo,
pero qué discursos sigo
si por todos atropella
Deidad, que por ser tan bella
usas tanto de lo ingrato
que el rigor junto a su trato
es junto al sol una estrella.
Ea penas acabad,
sentimientos consumid,
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pesadumbres, prevenid,
tormentos, a mi lealtad,
que pues a tanta verdad
crédito darte no quiere,
no será justo que espere
remedio a tanto dolor;
venga de un rayo el rigor,
si no es rayo el que me hiere.
Sale Resabio.
Señor, aquí está Resabio
que viene a verte, no más
que por decir que a la puerta
tapada una dama está
diciendo: «Al señor don Félix
en persona habré de hablar».
Yo le dije: «Hable en sus bienes,
que más gusto le dará».
Preguntome cuáles eran.
Respondile: «Bien y mal;
bien porque dije que tú
tienes por bien sin igual
el hablarte en Margarita».
Hasta ahí acertado va,
pero lo mal ¿por qué fue?
Mal porque tú tal estás
por esta tal Margarita,
que yo no creyera tal.
Ya disparatas, Resabio,
y así decirle podrás
a esa señora, que entre,
y tú te podrás quedar
allá fuera, porque nadie
sin aviso pueda entrar.
Eso es lo que yo más siento,
que así no podré escuchar
lo que se habla; paciencia,
que aquí no hay sino callar.
Vase.
Sale Violante con manto.
De la ocasión con que vengo,
señor, te podrá avisar
mejor que yo este papel
cuya respuesta darás,
porque yo juzgo que importa.
Dásele.
Lee.
Él mismo me lo dirá.
«Para que, logrando la ocasión de hablaros,
tengáis el gusto de escucharme,
os suplico me veáis esta noche
en la reja del jardín, esto baste
para decir que os importa.
Vuestra servidora,
Doña Elvira».
El que será obedecida
por respuesta llevarás,
pues si me promete gusto,
¿cómo le podré excusar?
Con solo eso voy contenta.
Señor, con Dios os quedad.
Vase.
Esto es sin duda que Elvira,
compadecida, querrá
ajustar con Margarita
esta discordia que hay,
y pues Febo ya esconder
pretende su claridad,
entre los líquidos senos
del siempre orgulloso mar,
Pag. 17
Vase.
Voy a lograr esta dicha,
que siendo, la de alcanzar
la amistad de Margarita,
a la mayor llegará.
Sale Resaurio.
Vase.
¿Que se fuera, y que no oyera,
por más que quise escuchar,
una palabra tan sola?
Mucho da que sospechar
el no decir a Resaurio:
"¿Dónde todo estás?
¿Cómo no vienes a casa?
¿Ya no te falta el caudal?"
Y finalmente, ¿ahora irse
y no llevarme detrás?
Aquí es menester valor,
porque si ahora se va
a hablar con Margarita,
en grande peligro está
Roberto, y pues que da joyas
trataré de irle a avisar,
o por lo menos a ver
como cosa singular
cómo peleando dos vivos,
dos muertos se pueden dar.
Sale Roberto de noche.
Abren la reja.
Llega.
Ya el día se ha puesto luto
con el manto que le da
la noche, para que llore
la ausencia de su galán,
y yo, el reloj que molesto
del peso continuo está,
andando según que debe
todo lo que puede dar,
y ya yo he llegado al sitio
en donde juzgo gozar
o el todo de mi esperanza,
o mucha parte; ¿estará
abierta la reja? ¡Sí!
Amor, tu favor me da.
Sale don Félix de noche.
Este es el puesto y la hora
en que el pecho vuelva
al regocijo, dejando
este género de afán
que le causaba la ausencia
o quiera Amor, pues sabrá
lo que me cuesta de anhelos
permitir que más leal
se me muestre Margarita.
Cúbrese.
Un hombre viene hacia acá,
forzoso será encubrirme.
Pero, recelos, cesad,
¿no está arrimado a la reja
un hombre, que ahora vago
intentó cubrir el rostro?
Pues que tengo que esperar,
arrojaréle del puesto.
Pero más vale escuchar
si acaso viene llamado,
que imprudente acción será
antes de saber el caso
hacer otra cosa, ¡ay, más
tormentos para afligirme!
Margarita a la reja.
¿Mi bien, eres tú?
Estoy tal
cuando de ese nombre usas,
porque me miro incapaz
de recibirle, que puedo...
Pag. 18
decir con toda verdad
que me he pasado a ser otro.
Aquí ya no hay que esperar.
Vive Dios, que ya que llego
a ver traición tan sin par,
que de este acero el valor
a su costa ha de probar.
Jesús, ¿qué es esto que miro?
Tened, señora, esperad,
que veo que descompuesto
un hombre, muestras me da
de embestirme.
De mataros
mi valor os las dará.
Tíranse y ciérrase la ventana.
Aparte.
Huye.
Fácil fuera, cuando en mí
no hubiera tanto, que atrás
haga volver vuestro enojo,
aunque lo mejor será
volver la espalda, que así
jamás puede peligrar.
El crédito de esta dama,
ni el mío, pues el disfraz
me ha hecho desconocido.
Vase.
Tu intento no te valdrá,
que aunque al mismo viento sigas,
él mismo desatará
a mi favor, lo que a Ulises
fueron contrarias.
Sale Resaurio.
No hay más
que venir a ver un pleito
cuando hay celoso galán.
Sale Don Félix como entró.
Dale.
Aquí venderás la vida,
pues no te puedes librar.
Detente, que soy Resaurio,
señor, señor, no hagas tal.
¿Resaurio tú aquí?
Yo aquí,
así pretendes pagar
a tus criados.
¿No viste,
en este instante, pasar
por aquí un hombre?
Yo no.
Pues yo le voy a buscar.
Aguarda, señor, espera,
si él huyendo de ti va,
cómo alcanzarle pretendes;
vete a recoger, que ya
es hora de que sosiegues.
Cómo puede sosegar
quien de esta dama llamado
es solo, para escuchar
finezas a otro sujeto.
De ella te puedes quejar,
mas no de él, que si lo quieren,
en no querer hará mal.
Cesa, Resaurio, no digas
que lo quieren, que se hará
mayor mi agravio, que es
el mayor agravio que hay
los celos.
No digas eso,
que mujer que celos da,
dará también otra cosa.
Pag. 19
Ven, que es muy cierto el refrán
no hay agravios como celos.
Vase.
Pues lo llego a sospechar
que no hay celos como agravios,
vamos ahora a porfiar.
Jornada segunda
Pag. 20
Sale Don Félix.
Ya parece que tímido aun el día
neutral se muestra, pues en sus albores
ni todo luces es, ni todo horrores,
en venir a alumbrar, como solía;
ya el melifluo jilguero en su armonía
(acompañado de los ruiseñores,
como músicos diestros y cantores)
hace al canario dulce compañía;
y aun de mí no se van los desconsuelos
que causa la aprehensión bien oportuna
que vieron anoche, mis recelos
que delante de mi persona alguna
pudiese haber, que para darme celos
a Doña Margarita hablase a la una.
Sale Roberto por otra puerta y dice.
Ya con su claridad la Aurora hermosa
ahuyentando veloz la densa sombra
que empañaba la azul del cielo alfombra
sale a gozar los créditos de airosa;
cuya venida intenta, que la Rosa,
a fuer de más lucida, (aunque esto asombra)
parezca estrella, cuando flor se nombra
hurtada de la esfera luminosa
y aun mi inquieta fatiga no me deja,
por más que apresurado a que sosiegue
antes ahora el descanso más se aleja;
y no se acercará hasta que llegue
a saber de una vez, el que a la reja
con desacato tal, así se atreve.
¿Enfermedad tan extraña
cómo puede haber remedio?
¿Cómo se ha de poner medio
si cura a este achaque daña?
Pag. 21
Allí parece que está,
si no me engaño, Roberto.
Allí parece que acierto
a ver, a don Félix ya.
Míranse con recato.
Comunicaréle el caso.
Haré que sepa el suceso.
Mas no, que parece exceso.
Pero no, que hay embarazo.
Darle parte de mi agravio
a Roberto, no es razón,
pues no vengué la traición
por detenerme de sabio,
y debí como quien soy,
pues la miré comenzada,
dejarla bien acabada
o no contárselo hoy.
Consultar lo sucedido
con Félix, no es acertado,
supuesto, que denodado
no castigué el atrevido;
y según es mi opinión,
aunque todo se arriesgara,
debí no volver la cara
por ser tan villana acción.
Pues, ¿qué he de hacer?
¿Qué hacer puedo?
¿Irme, y no hablarle? Eso no.
¿No hablarle e irme? No, yo...
¿Qué es cólera?
¿Qué es denuedo?
¿Qué haré de pasión tan fuerte?
A ocultarla no me atrevo,
manifestarla no debo;
no es vida esto, aquello es muerte.
¿Qué he de hacer, si mi fatiga
es de forma tan extraña
que el no decirla me daña,
y es de daño que se diga?
Pues no desdoro al honor
que de esta verdad se oculta,
pues con esto se sepulta
entre el temor y el valor.
Pues el honor no embarazo,
excusaré el referirlo,
cuando es querer no decirlo
ocultar un caso, acaso.
Y más, cuando he reparado
que divertido entre sí
aún no ha reparado en mí;
seguro va mi cuidado.
Vase.
Y más, cuando ya se ha ido;
y hacer lo propio procuro,
pues que con eso aseguro
el no haberme conocido.
Vase.
Sale Margarita.
Sale Elvira por la otra puerta, y dice:
Ya se compone el alba su cabello
en los espejos, que le ofrece undosos
el prado ameno, y ellos vergonzosos
corridos huyen, al llegar a verlos;
mostrando allí el primor todo su vello
en las verdes verduras que copiosos
los laureles y mirtos olorosos,
apuestan a lucir con lo más bello,
y aun no se ha sosegado mi cuidado,
ni saber ha podido el que atrevido,
llegase hasta mi reja, y allí osado
en sus intentos muy descomedido
a Félix retirase sin que dado
le hubiese la razón para mi olvido.
Ya viene del Antártico a este polo
sembrando luces, y quitando horrores
a dar con su color vida, a las flores
ese de luz pirámide, ese Apolo,
Pag. 22
preeminencia imperial que goza él solo,
de tal suerte, que si sus resplandores
dejaran de esparcirle sus ardores
quedaran en funesto mausoleo.
Y yo de mi cuidado no he salido,
ni alcanzar he podido qué causa hubiese
que ocasionar pudiese tanto ruido
como hubo anoche, antes que yo saliese
a ver si había don Félix ya venido
ni por cuál ocasión el pleito fuese.
Pero, ¿no es Elvira aquella?
Diréle mi mal ahora.
Mi mal diré (pues lo ignora),
¿pues es Margarita bella
la que miro?
Pero no,
que no es crédito el decirlo.
Pero no, que en referirlo
mi opinión expongo yo.
Que le diga el caso a Elvira
tengo por nada acertado,
pues el pleito ocasionado
por mí sin duda se mira,
porque si creye mi olvido,
ignorando la verdad,
dirá que es facilidad
lo que ahora ha sucedido.
Vase.
Pero me importa declarar
mi amor aquí a Margarita,
porque se imposibilita
de poderlo continuar;
antes sin que lo declare,
le diré a Félix me vea,
y la llave falsa sea
la que la entrada le aclare;
así le diré mi pena
sin ningún inconveniente,
porque cualquier accidente
a ansia mayor me condena.
Y pues en mí no repara,
iréme sin que me vea,
lo que tanto se desea
esta vez, amor, declara.
Ya pienso se ha ido Elvira,
y más aliviado el pecho,
contra quien el mal le ha hecho
quejas tan solo respira.
A Félix avisaré
venga a tomar desengaños
de un engaño, solo daño
para mí, que lo inventé,
y con el otro cuidado
solo adquiere mi desvelo;
y con esto su recelo
quedará desengañado.
Sale Desavio con un lienzo atado a la cabeza, sin ver a Margarita.
Ya el que fue de la aurora fiel lacayo,
y que honrándole más, le hizo cochero,
está limpiando el carro, que ligero
no deja de correr de mayo a mayo,
que el detenerse ha sido porque un rayo
a una rueda quebró, y eje trasero,
y antípoda, que anduvo tan grosero
que se quiso venir con él por río,
y yo de mi cabeza no estoy sano,
que fue el golpe de mi amo muy terrible,
con habérselo hallado tan a mano,
solo sé yo, que en lance tan horrible,
Pag. 23
hiciera, sí, lo propio con su hermano
y aun con su propia madre, es muy posible;
¿No es el que miro Resabio?
Con él le podré avisar.
Que la cabeza ha de estar
abierta, y cerrado el labio.
Llegaréle a hablar.
En vano
será, que me dé disculpas,
pues ninguna de sus culpas
es ahora sobre sano,
y así tratemos ahora
de ir a Margarita a ver,
quizás habrá menester
un mozo aquella señora,
si hubiese determinado
que mi amo Félix la vea,
que aunque mala nueva sea
yo la pondré a buen recado.
Al irse a entrar encuentra con Margarita.
Resabio.
Señora mía.
A muy buen tiempo has llegado.
Que ya era deseado
yo muy bien me lo sabía.
A tu amo puedes decirle
que el que me vea, procuro,
que esta tarde, le aseguro
en mi casa, y adviértele
que el recato, es muy forzoso,
que vale mucho mi honor,
que es muy grande este favor
y sobre todo que es mozo.
Así lo haré, ya obedezco,
quien alas tomar pudiera
quien de Delos hijo fuera,
solo ahora lo apetezco,
mas esta ansia solo es
por decírselo a Roberto
que como a él me he descubierto
anda conmigo cortés.
Vase.
Pues, Resabio, parte luego.
Al instante partiré
y a mi amo le daré
mas será, palo de ciego
que no es bien que a su criado
se los dé, por cosa poca,
y que este cierre la boca
porque él estuvo cerrado.
Vase.
Sale Don Félix.
Gracias te doy, rapaz, vendado niño,
pues que con tal destreza, y tal aliño,
de tu carcaj la flecha disparaste
que al punto traspasaste
el corazón, que ya para el olvido
parece que se hallaba persuadido.
Gracias te doy, Cupido, que he alcanzado,
el ser de Margarita ya llamado,
pero con tal recato
que ese pequeño rato
en que apagar el corazón pretende
este volcán de amor, que el pecho enciende
ha de ser en el cuarto de su prima,
que ya será esta enigma
por huir el concurso de la casa,
pues ha sido mi dicha
hasta aquí escasa.
Sale Roberto.
Ciego Dios, para mí, no has sido ciego,
pues que viste lo intenso de mi fuego
y según que su llama conociste
así para apagarla, el agua diste,
Pag. 24
mucho pudo tu flecha, pues que pudo,
disparada de aqueste arpón agudo,
hacer con Margarita que piadosa
hoy haga mi ventura, venturosa,
que vaya a verla, dice, y con recato
y lo de obedecerla solo trato,
y así entre por la nunca usada puerta
que me dijo Ascanio, estaba abierta,
en la sala, que pasa a esta antesala,
quedaré haciendo del rebozo gala,
por no ser conocido
de alguno de la casa, que atrevido
quiera reconocerme,
y como entonces no podré valerme
del acero, si estoy en tal sagrado.
Tenga por acertado
usar de aqueste medio,
que es para cualquier lance buen remedio.
Sale Octavio.
Honor, mucho hay que temer,
vejez, mucho hay que penar,
ojos, mucho que llorar,
pecho, más que padecer.
Mi hija, que había de ser,
quien mirase por mi honor,
no ha sido causa menor
para la pena que lloro,
pues que contra su decoro
dicen, causó aquel rumor,
los vecinos lo murmuran,
y porque el caso miraron
la por quien ellos pelearon
que fue mi hija aseguran;
mas la paciencia me apuran,
con esta noticia, que
aunque yo el caso no sé,
pudiera decir muy cierto
que para este desacierto
mi hija parte no fue,
mejor aseguraría
si esto no me aseguraran
los que en mis rejas reparan,
que mi sobrina sería;
que en efecto ya algún día,
yo mismo le reprehendí
desaciertos, que la vi
en angustia tan prolija
que el dolor le hace que aflija
no sé qué ha de ser de mí,
llamarélas que en efecto
al ver húmedos mis ojos
reprimirán los antojos
de su apetito imperfecto;
y si no surtiere efecto
el consejo que les diere
y la ejecución no viere,
no sé qué remedio ponga
que no hay cosa que se oponga
a la mujer, si no quiere.
Hijas mías, que en lugar
de tales a ambas os tengo.
Sale Margarita.
Ya yo a obedecerte vengo.
Sale Elvira.
Ya yo vengo a ejecutar
lo que mandarme gustaréis.
Aparte.
Si una y otra me escucharéis
atentas; veréis que estimo
a entrambas, y no me eximo
por esto, de ser cruel,
¡ay, que es caso tan infiel!
que a decirle, no me animo.
Mucho sentiré que venga
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Feliz, sin que se haya ido
mi padre, por si ha sabido
quien de esto la culpa tenga.
(Aparte.)
Quiera Amor que se detenga
Feliz, mientras está aquí
mi tío, para que así
de liviana no me note
y la casa se alborote
porque yo la causa di.
Vase.
Anoche dicen que hubo
en la calle una pendencia,
no digo a vuestra inocencia
que de esto la causa tuvo,
pero por si acaso estuvo
alguien de casa en la reja,
será fuerza que mi queja
os dé, como padre yo,
supuesto que sucedió
de alguna parte más leja.
Yo os ruego como a mis hijas,
pues os portáis como hermanas,
no frecuentéis las ventanas,
que es muy justo que colijas,
y no por esto te aflijas,
Margarita, que un rumor
descompone el pundonor,
y baste para formarlo
el que llegues a mirarlo
desde cualquier corredor.
Yo me voy, y sabe el cielo
que del suceso pasado
estoy tan apesarado
que no pienso hallar consuelo.
Reparad que miráis celo
lo que anoche se vio,
y que al celo consumó
el sol, mas con sus calores,
reprimid vuestros ardores
si queréis que viva yo.
Elvira, ¿qué te parece
del enojo de mi padre?
Que es fuerza que no le cuadre
el mirar lo que acontece.
(Aparte.)
¡Bien sé que tuve la culpa!
(Aparte.)
¡Bien sé que la causa di!
¡Con mucho susto me vi!
¡Yo no encontrara disculpa!
Tú, Elvira, andarás sagaz,
que si mi padre da en esto
te servirá de pretexto
para todo lo demás.
(Aparte.)
Vase.
No tengo de qué guardarme,
mas con todo, desde ahora
no me verá sol ni aurora,
voy a mi cuarto a encerrarme.
No voy sino es a esperar
a don Feliz que ya tarda,
y para aquella que aguarda
no es sino desesperar.
Vase y sale Roberto como recelándose.
Ya parece se fue Elvira;
corazón, anima el pecho,
que hoy se mirará deshecho,
tanto mal como conspira.
Entraré a ver si ha venido
don Feliz, pues es ya hora.
Solo de tu imán, señora,
soy de esta suerte traído,
y pues que nadie me ha visto
en esta sala ocultarme,
podré, hasta que salga a darme
Pag. 26
su luz el sol a que asisto.
Escóndese, y salen Margarita y Flora.
Mucho don Félix se tarda.
Parece que ruido siento.
Pues, Flora, de ese aposento
entrambas puertas me guarda,
que sin duda Félix es.
Vase Flora, y sale don Félix.
Claro está que lo será.
Desengañado estará
ya, vio. Amor, de esta vez.
Sale Flora.
Para si tu padre viene
que la puerta ha de guardarse
¿no dices? Pues ya excusarse
puede, pues que no conviene.
¿Por qué lo dices?
¿Por qué?
Por que sube la escalera.
Un grande daño me espera.
¿Cómo lo remediaré?
Esconderle es lo mejor.
Yo no tengo de esconderme.
Aqueso será ofenderme,
¡mira, Félix, por mi honor!
Solo ese me hará esconder,
aunque sea contra mi gusto,
según he cobrado el susto
de él, no tengo de volver.
Escóndese donde está Roberto, y sale Octavio.
Vuélveme el desasosiego,
hija mía, a consultarte
lo que he discurrido ahora.
Ruido de espadas dentro.
¿No podrás sin que te mate
salir de aquí?
Sí podré,
si mi destreza me vale.
¿Qué ruido es este que escucho?
De todo estoy ignorante,
de esta vez creeré el enojo
que ha concebido mi padre.
Salen don Félix y Roberto riñendo, y cubriéndose Roberto siempre el rostro.
Aunque la vida peligre,
y aunque el esfuerzo me falte,
no me habéis de ver el rostro.
¿Cuando el pecho en dos mitades
os divida lo veré?
Saca la espada.
¡Ea, caballeros, baste,
que contra entrambos pretendo
de tanto agravio vengarme,
pues en mi casa atrevidos
a mis fueros desleales,
os miro tan descompuestos!
Vase.
Pues yo no llego a agraviarte,
podrás de ese caballero
tomar informe bastante.
¡Que se vaya este traidor
y no pueda ir en su alcance!
Decid, ¿qué causa o motivo
es el vuestro para entrarse
profanando este sagrado,
sin licencia, a ocasionarme
que el acero, que en un tiempo
hizo temblar los alfanjes
de africanos, que valientes
pretendieron rebelarse
contra mi valor, esgrima
para saber los ultrajes
que sospecho que ocasiona,
vuestro proceder infame?
Aparte.
¿Qué puede haber sido esto?
Mucho el corazón me late,
si la disculpa de Félix
será para mí culpable.
En mucho aprieto estoy puesto.
Pag. 27
A la puerta.
Hacia aquí ruido he sentido
quiera Dios, que quien lo cause
no sea yo, porque el recado
le di a Roberto.
Ya acabe,
pero no.
¿Qué os detenéis?
Hablad.
Repara Félix en Resalio.
¡Qué apretado trance
me sucede!
Mi señor
no hace, sino mirarme
todo lo sabe sin duda.
Muy mucha culpa es la vuestra
pues no llega a disculpable.
Desta vez él, lo confiesa
y a mí mandan empalarme.
Antes por no tener culpa
no hallo de que ha de darse
la disculpa, mas con todo
puesto que lo ignoras sabe
que un criado mío...
Aquí
todo el edificio yace.
Anduvo tan desatento.
A Dios requiescant in pace.
Que sin mirar que es su amo
a quien toca lo que él hace.
Hace que se va.
Todo lo que pasa dice
así tengo de escaparme.
¡Hola, Resalio!
¿Señor?
Ven donde puedan mirarte
dio ocasión.
¿Peor es esto?
A que ahora en tu misma calle
ese hombre desconocido
de esta suerte le vejase
yo, que llegue en este tiempo
quise, que se apaciguase;
pero él dijo unas razones.
Que pudieron obligarme
a que respondiese yo
con el acero, que en lances
en que peligra el honor
este es el mejor lenguaje.
El que él no ser conocido
se lo debe a sus disfraces
y no a poca diligencia,
pues la mía fue bastante;
se valió de lo que suelen
usar, los que son cobardes,
que fue de volver la espalda.
Yo entonces más arrogante
Pag. 28
le seguí, tan encendido
en furor, que con entrarse
en vuestra casa, intenté
de dentro de ella sacarle.
Acosado de mi espada
se entró por aquesta parte
hasta llegar a tus pies.
Aparte.
Bien finge, en fin es amante,
yo satisfaré los celos
que pueden ocasionarse;
pues la verdad me disculpa.
Ya ellos puesto, he de rogarte
que de tanto desacierto
si alguna parte equivale,
el no haberle más seguido
porque tú por medio entraste;
que se minore el enojo,
que se reprima el coraje,
que la cólera sea menos
y después de perdonarme,
que me deis licencia os ruego,
para poder ausentarme
de tu vista.
Aparte.
Según esto
y la relación que hace
nada sabe de mi cuento,
yo no sé este hombre qué trae
con este enredo.
Os la doy,
mas con circunstancias tales,
que habéis de dar permisión
para que yo os acompañe
hasta vuestra casa.
Eso,
señor, es mucho obligarme.
Esto es recelar que puede
este hombre que de aquí sale,
esperaros, y a traición
como quisiere vengarse.
Si así me honráis no replico.
Honra no acostumbro darles
a personas a quien miro,
de recibirla incapaces.
¿Y lo soy yo?
De esta suerte:
un vidrio, a quien los cristales
llegan hasta los extremos
que le permiten lo grande,
que incapaz se mira dicen,
(si más quieren aplicarle)
de más cantidad, y así
si tenéis la honra, que os baste,
supuesto que vuestro estilo
de ella os declara abundante,
es consecuencia, que de esto
legítimamente sale,
que de recibir la más
incapaz estáis.
Aparte.
No darte
la razón en todo, fuera
de imprudente acreditarme;
bien de este aprieto he salido;
ahora falta que se entable
cómo daré a Margarita
queja de agravios tan graves.
Aparte.
Vanse con cortesías.
Ea, venid, caballero,
que ya es razón se descanse.
¿Qué es esto que me sucede?
Ea recelos, dejadme,
que yo solicitaré,
que de mi parte os aparten.
Aparte.
Vase.
A mí me importa el huir,
no sea que mi amo dilate
para mejor ocasión
el vengarse, y el vengarme.
Pag. 29
Tal me ha dejado el suceso
que me embaraza el que mande
las acciones, y el aliento
a poder de fuerzas arde,
cuanto más discurro el modo
con que pudo ocasionarse
caso que me puso a mí
en aprieto semejante,
menos le encuentro, si no es
que pienso que más estable
Roberto, aun en los amores
de mi prima, pudo entrarse
a hablarla, bien pudo ser;
y así es, así irremediable
es para mí, pues si yo
pretendo ahora culparle
esta acción, dirá que mira
en mí lo mismo que hace,
y que de esta suerte, quiera
que parezcamos iguales,
porque si un espejo, Apeles
del que en él llega a mirarse,
hace un poco más hermosa
de lo que debía la imagen,
el original pretende
componerse de tal arte,
que a pocos pasos se mira
en nada desemejante;
yo soy espejo de Elvira
en mí llegó a retratarse,
vio en mí de más que le daba
entrada, a Félix mi amante,
y entonces, para que no
parezcamos desiguales
llamó a Roberto, y le dio
la propia entrada, pesares
pues que yo tengo la culpa,
razón será que la calle,
que ella parece que viene,
¿penas habéis de dejarme?
Sale Elvira.
Aparte.
Allí parece que miro
a Margarita, aclararle
fuera bien, que fue por ella
la pendencia, que es constante
que era Roberto el oculto,
mas no, más vale callarlo,
quéjeme yo de mi suerte
pues que no pudo lograrse
la ocasión de hablar a Félix;
ahora lo más importante,
es hacer que ignoro todo,
y desentendida hablarle
que después buscaré modo
de que mi pecho descanse.
El susto de la pendencia
prima, ha llegado a postrarme
de calidad, que parece
que algún venenoso áspid
después de pasarme el pecho
ha llegado a apoderarse
de mis acciones.
Aparte.
¡Ay Elvira!
¿no es el caso tan notable
para que así lo ponderes?
porque dime; ¿que se entrasen
uno corriendo tras otro,
dos hombres desde la calle
con los aceros desnudos
no es un caso que es tan dable,
que sucede cada día,
y lo que es más, cada instante?
con fingir de esta manera
intento mejor librarme
si no es que lo ha conocido.
Pag. 30
Elvira ya, en mi semblante.
Aparte
Prima sí pero también
es forzoso que repares
lo muy medrosa, que soy,
y si tu amiga lo sabes,
repara que ver dos hombres
tan a riesgo de matarse,
entrarse por nuestras puertas,
susto pudiera causarle
al pecho más varonil.
Si ella finge, disparate
es, no fingir de esta suerte.
Está bien, mas recobrarte
puedes, pues que ya pasó.
Sí lo haré, mas si tú darme
quieres, para ello licencia.
Tomarla pudieras antes
pues que sabes, que domina
sobre tus acciones nadie.
Vase.
Queda a Dios.
Vase.
Contigo vaya.
No es poco en mí, que tratase
de calidad la materia
que se obligara a dejarme
mi prima Elvira, yo misma
dudo, en caso semejante
suponiendo que el enojo
a mi padre se le pase
cómo puedo yo a don Félix
satisfacerle, ni darle,
disculpas de tanta fuerza,
que equivalgan a quitarle
las aprehensiones hechas
imputándome de fácil
lo he de atropellar por todo
que más vale declararme
con mi padre, que no que
al más impensado instante
haya sustos ni fatigas,
penas, congojas, pesares,
disgustos, y sentimientos,
pues si mi padre, ha de darme
estado, que sea conforme
a lo que yo me inclinare;
diciéndole que a don Félix
tengo yo como carácter
impreso en el alma, puede
muy bien con él desposarme,
pues que no lo desmerecen
ni su hacienda, ni sus partes,
voy pues, a esperar que vuelva
y a decirle mi dictamen
Félix lo que tú me cuestas
quiera Amor, que me lo pagues.
Acá dentro de mí mismo
consultando al corazón
las fatigas que le cuesta
de Margarita el amor,
conozco que las finezas,
con que le venero yo,
de cierto serán finezas,
pero con imperfección
que en mi concepto sería
sobre todas la mayor
reparar los muchos riesgos
a que expone tal acción
como la de entrar a verla
mientras que la confusión
de su padre, y demás gente
del todo no sosegó
de la inquietud, que cobraron
con el suceso anterior
discurramos otro modo,
Pag. 31
ya que el de hasta aquí se erró
para que mi amor se ponga
en más alta perfeción,
solicite mi cuidado
hablar a su padre hoy;
pues si le merezco el sí,
declarada mi intención;
veré puesto en Himeneo;
lo que se solicitó
por extraviados caminos,
esto ha de ser lo mejor.
Que si la de Margarita
conozco la inclinación,
no hay que temer que al saberlo,
corresponda con rigor.
Vase.
Sale Octavio.
Al irse, sale Roberto y le detiene.
Cuando pretendo salir
del desvelo, y del dolor,
que la pendencia pasada
en mi calle ocasionó,
entro en mayor desconsuelo
siento pena más atroz,
pues que dentro de mi casa,
la vista experimentó
lo que quizás no creyera
oído, de ajena voz,
para remedio bastante
no puede haber discreción
que cualquiera es limitado,
y la pena que causó
el caso, es casi infinito
présteme el valor, valor,
juzgo que más acertado
que sea perpetua prisión,
la clausura de un convento,
para que allí mi opinión
se asegure de recelos,
y no recele el rumor
del que dirán, que este a muchos
ha quitado el pundonor.
para alivio de mis canas
bien sé, que fuera mejor
buscar otra voluntad
y hacer de ellas tal unión
que una sola parecieran
cuando a la verdad son dos.
Pero en el tiempo presente
sino es para desdichón
no tengo medios bastantes
lo mejor disponga Dios.
Aparte.
Éste es su padre, a las manos
se me viene la ocasión.
Despacio quisiera hablaros,
si me perdonáis señor?
el yerro de deteneros
si es deteneros error.
Cuando son los que detienen
caballeros como vos,
de tales partes, y prendas,
no se tiene a agravio, no
sino a favor; proseguid,
que a todo os daré atención.
Señor Octavio, ya ha días
que los reflejos de un sol
que tenéis en vuestra casa.
Aparte.
Deteneos que es error
hablar en esas materias; en la calle,
adentro podréis entrar
y decirlo sin temor
venid a casa conmigo.
denme los cielos favor
Aparte.
O quiera Amor, de que sea
Margarita mía, ay.
FIN.
Jornada tercera
Pag. 32
Jornada Tercera.
Sale Margarita y Flora, y canta la música a una parte.
Habremos de averiguar
cómo podrá acontecer
que quiera ahora olvidar,
si olvida para querer.
Canta la música a otra parte.
Habremos de pretender
el cómo se pueda dar
que quiera para querer,
si quiere para olvidar.
¿Habremos de averiguar
cómo podrá acontecer
que quiera ahora olvidar
si olvida para querer?
Muy contrario viene a ser
si también llego a escuchar.
¿Habremos de pretender
el cómo se pueda dar,
que quiera ahora olvidar
si quiere, para querer?
En medio de este pesar,
por quien apenas respiro,
un imposible que miro
habremos de averiguar;
y de no hallar o alcanzar
razón, mi mal entender
para este punto, el saber
qué he de hacer de mí afligida.
Habremos de pretender;
dudan, cuando por querer
con Cupido uno se alista,
que de su amor se desista.
Pag. 33
¿Cómo podrá acontecer,
si se deja conocer
que este amor no ha de durar
y que su perseverar
aun no pasará de un mes?
Digo lo que aquesto es.
¿El cómo se puede dar,
mas si fui firme en amar,
como en sí un inaccesible
monte, parece imposible
que quiera agora olvidar?
Antes siendo tan sin par
que más no puede crecer
mi amor, bien se deja ver
(aunque entero todo el orbe
hoy mi pretensión estorbe)
que quiera agora querer,
que olvido llegase a haber
concedo, aunque no olvidé,
mas conocerse que fue
sí olvido para querer.
¿Por qué no he de conceder,
cuando ha sido singular
el extremo de mi amar
que alguna muestra me dio
de qué sospecha que fue?
Sí quise, para olvidar.
Pues que de estas razones
con evidencia colijo,
que por fuerza habré de amar
a Félix, me determino
a arbitrar modo, con que,
hacer pueda, que el designio
de Roberto, vuelva atrás,
pues si lo hago, consigo,
que condescienda mi padre
en que tome por marido
a Félix.
Dime Señora,
¿no adviertes, que es desvarío
juzgar, cuando te pretende
Roberto con tanto ahínco,
que dejará el casamiento?
Calla Flora, que el arbitrio
que he discurrido, hacer puede
que se vea convertido
en ira, en furor, en odio,
lo que hasta aquí se ha visto,
fineza, amor, y constancia;
Ahora me querrás decillo
para que yo entre a la parte
de ese pensado embolismo.
Claro está, pues has de ser
de quien agora me fío,
y has de llevarle un papel
diciéndole que en el sitio
que acostumbra, que es la reja,
me vea, cuando dormido
de la gente esté el cuidado.
¿A quién?
A Roberto mismo.
¿A Roberto?
Sí, a Roberto.
¿Señora, has perdido el juicio?
¿no dices que has de casarte
con Don Félix?
Sí, yo digo.
Pues Señora, si confiesas
que es verdad, que tú lo has dicho,
¿qué puede tener que ver
eso con aqueste aviso?
Pag. 34
Yo no te entiendo, señora.
Entenderaslo al oírlo,
tú te has de fingir Violante
en la voz y en el vestido,
y le has de dar el papel
a Roberto.
Ya imagino
que en un mar de confusiones
te has entrado, en un abismo
de enredos.
Flora, obedece,
ya que solo ese es tu oficio.
Pues ya que con mi obediencia
mi humildad te sacrifico,
me partiré a obedecerte,
siempre entera en tu servicio.
Si de esta vez no se logran
los varios discursos míos
puedo apelar a la muerte,
o al más enorme suplicio
que no será muy difícil
hallar el mayor, si miro
entregada a otro que a Félix
mi mano, que este castigo
ni tendría equivalencia,
ni merecería alivio.
Vamos, y hasta que llegue
la que es del sol parasismo,
la opuesta a la claridad
y de las sombras archivo,
suframos de este tormento
el acíbar, que si cifro
el consuelo en que convenga
Roberto, con lo que aspiro
del aumento del dolor
en que no crea lo que digo,
después que tenga el papel
que tú has de llevar escrito,
será muy bien que aquel tiempo
que se interpone prolijo,
se consuma en discurrir
el modo de persuadirlo.
Vanse, y salen Elvira y Violante con un papel.
Señora, a mucho te atreves.
No es mucho cuando lo activo
de la llama que me abrasa
atropella los peligros.
A servirte me consagro.
Dásele.
Pues sabes que si conquisto
lo que intento de este modo,
de mis afanes me libro,
haz bien el papel, Violante.
Vase.
En eso no habrá descuido,
que como es fingir y yo
soy mujer, lo haré a lo vivo.
Parecerá atrevimiento
y con gajes bien crecidos
de locura, el que yo llame
a Félix, cuando el indicio
de no haber logrado lance
de los que dio mi amor fino,
me pudiera persuadir
a que sería lo mismo
en el que tengo trazado;
pero en aqueste confío,
que por llamarle en el nombre
de Margarita, benigno
demuestre amor, y piadoso
se declare más propicio;
hablaréle en nombre suyo,
que si el discurso que sigo
no me sale vano, pienso
que desta vez persuadido,
Pag. 35
quedará Félix, y lo
de una vez, si el continuo
desasosiego que traigo,
si es que hay disgusto traído,
porque lo juzgo que todos
se vienen por sí, ellos mismos.
Y entretanto que se acerca
lo que ansiosamente pido,
que es la negación de luces,
dejo por otro, este sitio,
quizás por ir a pensar
el más eficaz motivo
para persuadir a Félix
por si este incendio mitigo.
Vase, y salen don Félix, Roberto y Desvío.
El reposo en mí, Roberto,
parece que calza plumas
para ausentarse, y que hallo
la causa alta de su fuga.
Pues en mí, Félix, el gozo
para asistirme madruga.
Merécelo, el que merece
favores, de una hermosura.
Sí, pero lo malográis
con que vuestra lengua muda
esté, para referirme,
esa pena que os asusta.
Ya en otra ocasión os dije
que el comunicarlo, indulta
el rigor del mal, y así
cállelo mi desventura.
Aparte.
Cada vez que esta materia
a mis oídos se articula,
entiendo que la sentencia
de mi muerte, se pronuncia
entre todos mis delitos
solo de traidor me acusan
que estoy, en balanzas
todo cristiano lo juzga
y no hay uno que por fiel,
me tenga, Jesús me acuda.
Pues esa misma razón
de decirlo no os excusa,
si habéis dicho que se hace
menor salida una angustia.
Es verdad; mas en aquesto
hay circunstancias que induzcan,
a que enmudecido el labio
quede la congoja oculta.
Si ahora es mucha la aflicción
y la pasada fue mucha,
y en entrambas de sujeto
al decirla no se muda,
como allí no se dudó
decirla, y aquí se duda.
Porque allí Roberto había
aunque algo pequeña, alguna
esperanza del remedio
pero aquí se dificulta;
además, que publicarlo
cuando sois vos, quien la escucha,
en lugar de hacerse menos
a más creciese su furia.
Aparte.
Solo con esas razones
dejáis el alma confusa
bien sé, que su mal procede
de que no mira sañuda
a Margarita conmigo;
mal su pasión disimula,
yo aunque conoce la mía
haré, que ignoro la suya.
De qué os suspendéis
Pag. 36
¿De qué?
Con mucha razón se turba
el aliento, si decís
con cláusulas bien incultas
que puedo hacer yo mayor
ese pesar, que os asusta.
Claro está, y eso se deja
bien entender, cuando es una
la por quien, vos estáis ciego,
y la que a mí me deslumbra.
Por eso no puede haber
jamás en mí alguna culpa
pues puede una cosa sola
ser atractivo a muchas
y más cuando concurrido
han, más personas juntas
a toros, cañas, saraos,
academias, y justas.
Aparte.
De mala data va el duelo
y según que se barrunta
temo que uno por su muerte
el duelo me substituya.
Y en verdad que sentiré
que sin ser yo, quien arguya
me den capuz, y que yo
a lágrimas lo reduzca.
Pues por esa razón misma
es mi queja más que justa
pues no os hubiera faltado
a haber vos querido, astucia
para saber que yo amaba
antes que vos.
Esto en suma
señor don Félix; mas quien
hasta esta parte, procura
llegar, poniendo al cristal
negro velo?
Sale Violante con el vestido de Flora con manto tapada, y un papel.
¿Quién os busca?
Aparte.
Para Félix el papel
es, mas pues no se disgusta
cuando en Roberto la hablo
es señal de que le dura
el rigor, con que la flecha
Cupido, a su pecho apuntó;
de que es fuerza, que yo infiera
que ella de este amor, bien gusta
pues dice no tiene dejo.
Parece que se atribulan
sino viene la tapada
y la materia se apura
muy a cara descubierta.
Se dirán dos medias puntas.
¿A quién de los dos buscáis
que es equívoco entre dos
decir solamente a vos
si a ninguno señaláis?
Porque mejor me entendáis
os lo diré de esta suerte.
Si en esa duda se advierte
vengo, Roberto, a entregaros
este papel para daros.
A mi vida.
Apártase con el papel que le da Violante tapada.
Y a mi muerte,
porque si yo no me engaño,
y no dudo lo que veo
es aquella la criada
de Margarita, tormentos.
Pag. 37
Venid, venid, todos juntos,
y no os andéis dividiendo
pues juntos os satisfago
una vez solo, muriendo
mas divididos os doy
la vida cada momento,
cuanto más quiero dudarlo
más cerca estoy de creerlo,
pues ni las señas me engañan
ni de Roberto el contento;
yo soy quien tengo la culpa
de lo que está sucediendo
pues si no hubiera imitado
al avaro, que sediento
del tesoro, es este mismo
el que le quitó el aliento
nunca fuera mi homicida
el amor, que costó al pecho
tantas ansias, y fatigas,
tantos suspiros, y anhelos,
y aunque quisiera vengarme
también errara en hacerlo
como si acaso intentara
el espinoso, y ligero
espín, seguir a la corza
que vive en otro elemento;
que Margarita no vive
o no habita acá en el suelo
en región más superior
su morada le contemplo
y según lo que me abraso
debe de ser la del fuego;
pues si me niegan lo más
que es decir, que esto en el cielo
no me han de contradecir,
que está cerca por lo menos,
pero qué discurso sigo
si para darme consuelo
no me importa, no me importa,
hacer discursos tan necios.
¿Han visto cuál anda mi amo
pensando, en esto, y aquello?
Vamos a cenar, que yo
no como, con esos piensos.
Por respuesta, solo os doy
que he de ir, a servirla atento
que hacer otra cosa, fuera
profanarle su respeto.
Vase.
Bien hemos salido de esta,
que soy liviana confieso,
pues que para una salida
mucho más valgo que peso.
Ayer en lo que quedamos
solamente, Félix vuelvo.
Quedamos en que yo os dije,
que había sido muy mal hecho
sin haber antes si amaba.
Hablan Roberto y don Félix, y sale Flora con manto y vestido de Violante tapada, y un papel.
Aquí he de excusar enredos
pues conozco que mi ama
ha dirigido su intento
a que Roberto le trate
con olvido, o con desprecio
para con más desahogo
verse puesta en Himeneo
con la voluntad de Félix,
que será mejor entiendo
el darle el papel, a él mismo,
Pag. 38
A ellos.
pues que consigo con esto
echar por otro camino,
pero no andar con enredos;
y supuesto que se quieran,
hagan ellos sus conciertos
y cásense, ya que gustan.
Licencia el señor Roberto
dará, para que yo os hable,
señor Feliz, en secreto.
Solo por la cortesía
acepto ese cumplimiento,
pues sobre el señor don Feliz
jamás he tenido imperio.
Apártanse a hablar don Feliz y Flora, que se destapa a don Feliz solamente al darle el papel.
Pero ¿no es esto Violante?
Que dudo, si lo estoy viendo,
y puede más que el tapado
mi mejor conocimiento.
Sin duda, el papel será
de Elvira, el galán de nuevo,
que como muda de estado,
muda de divertimentos.
Aquesto es ya haber llegado
de las bonanzas al puerto,
y de una grande borrasca
no experimentar el riesgo;
que vaya a verla me dice,
Margarita, no lo creo,
que lo contemplo imposible
al paso que lo deseo.
En fin, Flora, di que yo,
como mi ventura tengo
en verla, iré a que dichoso
me haga tan feliz suceso.
Vase Flora.
Que es locura, que de un loco
cualquiera pobre, es muy cierto,
pues las niñas no me buscan
porque no tengo talento.
Aparte.
Respirad con desahogo,
multitudes de recelos
que a reputaros por uno
veníades ciento en ciento.
Ya has salido, corazón,
también del desasosiego
que causó el no conocer
que no era Flora a quien ciego,
por tal reputó la vista.
Aparte.
Pues que la certeza leo,
que este papel a los ojos
me presenta, hacer intento
todo lo que en él se manda
a Feliz, satisfaciendo.
Porque llamarme esta noche
Elvira, sé yo por cierto
que es para que Margarita
pueda quitar los recelos,
que ocasionó la tibieza
con que respondió a mi fuego.
Y esto mismo se confirma
con que sirvió de correo
su misma criada Flora,
y así a hablar a Feliz llego.
Aparte.
Para conseguir mejor
el fin de lo que pretendo,
habremos entre los dos
de dar un seguro medio.
Yo deste modo lo trazo.
Yo desta suerte lo ordeno.
Yo estoy en que es acertado.
A mí me parece bueno.
Pag. 39
Que nuestro duelo se acabe.
Que se acabe nuestro duelo,
Y pues el juez de esta causa
Y pues quien hará el decreto
Habrá de ser Margarita.
Ha de ser mi hermoso dueño.
Dejemos a su elección
Que ella elija dejemos.
Por inocente el que libra;
Y a quien condena por reo;
Lo que había de ser ruina,
Lo que había de ser pleito,
En que hablasen las espadas,
En que hablasen los aceros.
Todo se verá apacible.
Se mirará todo quieto,
Que bien puede Margarita
con una palabra hacerlo.
Yo, en fin, la resolución
muy favorable la espero
si de este papel las voces
me animan con el silencio.
Estos caracteres dicen,
que con mucha razón debo
esperar que victorioso salga,
y con bien de este encuentro.
Solo os digo que hay cenizas
que duran desde aquel fuego.
Solo os digo que aquí hay llamas
y que es muy vago este incendio.
Pues a Dios, hasta que vuelva
trayendo esta empresa a veros.
Vase por una puerta.
Pues a Dios, hasta que os vea
cuando traiga este trofeo.
Vase por otra puerta.
Tengan cuenta, si no para
también esto, en otro enredo.
Aunque aquí rodado vino
nada doy por mi pellejo.
Vase.
Sale Octavio.
Ya los cuidados de padre
y las pensiones de viejo,
persuaden a que les busque
en mi casa su sosiego.
Confieso, que hasta que case
a Margarita, algo inquieto
anda el corazón, mas yo
me sabré buscar remedio
para mi propia inquietud,
y muy eficaz, haciendo,
que determine mi hija,
el cuándo del casamiento.
Ahora es tarde para hablarla
sobre este punto, dirélo
luego, que vuelva otra vez
a esparcir sus rayos Febo.
Hora es ya de recogerme.
¡Hola!
Dentro Margarita.
Flora, aquellos ecos
son de mi padre, la luz
lleva, hasta su aposento
acompañándole.
Dentro Flora.
Así,
la señora, te obedezco.
Sale Flora con una luz.
El poder esta asistencia
solamente, es lo que siento.
Flora, aunque esté prevenido
ese ordinario alimento,
a mí, puedes no llevarle;
porque me siento indispuesto.
Procura no se haga ruido
que recogerme pretendo,
porque sé que a esta dolencia
solo es, antídoto el lecho.
No es malo que se recoja
Pag. 40
Aparte.
que así lograra el intento
mi señora.
Vamos, Flora.
Ya te voy obedeciendo.
Vase Octavio y Flora alumbrándole y sale Roberto de noche.
Ya la noche da lugar
a que pueda sin recelos,
y sin susto, a Elvira hablar,
pues con aquesto han de dar
fin todos mis desconsuelos.
Que tanta guerra me hace
el ardor que el pecho alienta,
que jamás se satisface
sino es cuando se alimenta
con hacer que yo me abrase.
A la reja Elvira.
Ya recogido mi tío,
y habiéndosele ya dado
a Félix el papel mío,
podrá salir de cuidado
mi amoroso desvarío.
Fingirme importa que soy
Margarita, que a mi ver,
de esta suerte traza doy
a que los gustos de ayer
se reparen, gustos hoy.
En la reja ruido siento;
llego, que Elvira será.
De principio el fingimiento.
Llega Roberto a la reja rebozado.
Aquí tenéis quien atento
a oír voz estará.
No es poco que venga así
quien viene a oír desengaños.
Cielos, ¿qué es esto que oigo?
¿Aquí hay oculto algún daño,
que a Margarita oigo aquí?
Pero ¿qué daño recelo?
Pues si Elvira me llamaba
para quitar mi desvelo,
porque así solo ordenaba
el que adoro hermoso cielo,
más favor, y más fineza
es que su propia belleza
por favorecerme más
venga a hablarme; ahora verás,
Félix, si tu duda cesa.
Por ser este el mejor medio
que mi recato permite,
aunque razones que tengo
a hablar otra cosa obliguen,
os llamo para deciros
que juzguéis por imposible
que se os pague vuestro amor,
y esto, señor, no os admire,
cuando tengo dueño yo
a quien mi afecto se rinde;
tratad pues vos de olvidarme,
si no queréis que publique
o el desprecio que os contrasta,
o el amor que a mí me oprime;
bella es mi prima, queredla,
que no es bien se desestime
amor que ha hecho en el pecho
tantas amorosas lides;
y ahora, por no ser sentida,
fuerza será me retire,
ved este punto despacio,
y agradeced se os intime
lo que os está a vos también,
que de daros honor sirve.
Vase.
Tened, escuchad, señora,
pero ya no puede oírme
que se ha ido, que esto pase
Pag. 41
en las mujeres? Decidme
antes de ahora, que la adore
ahora, que la desestime;
en otra ocasión que llegue,
ahora que me desvíe,
y si siempre que la adore,
solo ahora, que la olvide?
Apelaré a la prudencia,
pues ella el caso remite
a Octavio para que haga,
que inconvenientes la eviten.
Abreviando el casamiento,
mas, ¿cómo podré decirle
a Feliz, que victorioso
salgo, cuando hallo no firme
a Margarita el remedio,
que la proporción elige?
Es no verle, hasta que hable
a Octavio, que determine
el apresurar las bodas,
pues con ellas se consigue.
De Margarita imprudente
de discursos no varíe;
pero aunque suceda caso,
que Feliz, feliz se mire,
no hay duda que mi valor
supiera hacerle infelice;
siendo parca que cortase
el aliento con que vive,
siendo tijera mi espada;
y siendo yo, quien la anime,
por de queja pasara
a celos, y es más terrible
celoso agravio que agravios
que proceden de otros fines
cuanto va de diferencia,
de un gran monte inaccesible,
al más espacioso prado;
cuanto hay del cordero al tigre,
que hay del ciprés al laurel,
del Cáucaso al más humilde
arroyuelo, y finalmente
la que el discurso percibe
entre el más robusto roble
y la caña más flexible.
Voyme pues, y mi valor
por esto no desconfíe,
que lo haré antes de mucho
que Feliz, mi dicha me envidie.
Vase.
Sale de noche Don Feliz.
¿Si hora será de que salga
con los rayos que la asisten
a desechar mis temores
esta encantadora Circe?
No lo dudo, cuando ya
juzgo, que pretende abrirse
la reja por donde el sol,
que nunca padece eclipses,
de la muerte del desprecio
porque más no me lastime,
a la vida del favor
quiere hacer que resucite;
¿muerte dije? Sí, que estaba
ausente de quien me rinde,
y ausente de lo que se ama,
es cierto que no se vive.
Sale Margarita y Flora a la reja.
Si ya se había recogido
Flora, mi prima, ¿no viste?
Sí, señora.
Vete pues, sin
que lo dicho descuides.
Ap.
Si ellos dos no se conocen
será muy famoso chiste.
Pag. 42
Si no me mienten los ojos,
Roberto, allí se distingue.
Si sois vos, podéis llegar.
Fingiendo la voz de Elvira.
Cielos, ¿la Elvira no es esta?
¿Cómo no dais la respuesta?
Aparte.
Porque me mata un pesar;
¿a qué extremo ha de llegar
este mar de confusiones?
Si de sus propias razones
no viene esto a declararse,
será querer levantarse
dando con los tropezones.
Oíd más cerca.
Ya llego.
Llega a la reja.
La causa para llamaros
es querer desengañaros,
puesto que os miráis tan ciego;
para apagar este fuego,
que os consume con su ardor,
reparad, que aquel temor,
con que os habló Margarita,
es porque así solicita
que se entibie vuestro ardor;
y para que conozcáis,
que lo hizo por desprecio,
reparad si hace aprecio
de vos, cuando la veáis.
Yo me admiro que no hagáis
aqueste discurso vos,
y que siendo tan atroz
acción, y tan importuna,
habiéndolo visto una,
aguardéis a verlo dos;
esto se os dice, mirad
si está bien a vuestro honor
que sin este, y con amor
quede vuestra vanidad.
En fin con Dios os quedad,
que es hora de recogerme,
y pues hasta ahora verme
no han podido, no es razón
que se arriesgue mi opinión
porque queráis detenerme.
Vase.
No detendré, que si muerte
con cada razón me dais,
me indultas cuando te vas
lo que me agravias al verte.
¡Ay más infelice suerte!
¡Ay hombre más desgraciado!
Tronco con alma he quedado,
mármol con sentidos soy.
Con el recado, que hoy
Margarita, a Elvira ha dado.
Lo confirma, con que
quien a mí el papel me dio,
que esta pena me causó,
Flora su criada fue,
esto bien claro se ve.
Aquí no, aquí no hay engaños.
Ya estoy mirando mis daños,
ya toco el mal de que muero,
ya más de cerca, no espero
el mirar mis desengaños.
Que habló callando es verdad,
pues que de cierto colijo,
que no diciéndolo, dijo
de mi mal, la gravedad;
ni hubo no, capacidad
para poder referirle,
que como pude al oírle,
moría, solo de escucharle.
Emprendió con dilatarle
la piedad de no decirle,
tema ahora mi aflicción
pues remedio no examina,
y del temor se camina
a la desesperación,
Pag. 43
Vénguese pues, mi pasión
de rigor tan inhumano
que me castiga tirano,
y me quita la esperanza.
Dejo no, que la venganza
es desahogo villano,
no hay remedio a que apelar
mordida de áspid parece
para quien jamás se ofrece
remedio que le aplicar.
Ya se pudiera llevar
si esta obscuridad llevara
para otra senda más clara,
mas hay tal contradición
que de una gran confusión,
me conduce a la más rara.
Dije más rara, porque
considero sin igual,
lo que ahora me pone tal,
que de mí propio no sé,
cómo salida daré
de Roberto a la promesa
cuando en lugar de fineza
experimento rigor?
Este es el punto mayor
que hacerme combate empieza
si toda mi confianza
la puse en solo un papel,
y experimento que él
me deja sin esperanza
no hay que fulminar venganza,
sea yo solo el que lo sienta,
y pues al que me atormenta
al dolor alivio no hallo,
muera yo por ocultarlo
y decirlo no consienta.
Entre sentir, y penar
la noche se me ha pasado
y sin querer he encontrado
con lo que quería buscar.
Vendrá el Sol saliendo a dar
alivio al pez, a las flores,
a los mansos ruiseñores
a los brutos con instinto
y solo a mí un laberinto
de penas, y sin sabores
y hablándolo de una vez
a darme muerte vendrá.
Pues por Amor se verá
para proseguir sin pies;
Átropos sin duda es
hoy el día, en que te pago,
si con eso satisfago,
y ya estoy pronto a pagarte,
bien pudieras reportarte
y no hacerte tanto amago.
Mas antes que muera iré
a ver entregar la mano
de un dueño que fue tirano
a mi amor, constancia, y fe
que yo me consolaré
con verlo, antes que muera
porque publicar espera
mi ardor, al llegar a ver
que el rigor de una mujer
ha excedido al de una fiera.
Vase.
Sale Octavio.
Las voces de mi cuidado
que mudamente me inquietan
a costa de mis fatigas
el descanso me ahuyentan,
querráme decir con esto
que para aquestas materias
no se permite a ninguno
de los sentidos, que duerma
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Yo los conozco, testigos
han de ser las diligencias
que para que se conozca
hoy he de hacer que se vean,
y si es hablar a Roberto
la principal y primera,
comencemos por lo más,
porque a lo menos se venga.
Sale Flora.
Señor, para entrar a hablarte
solo espera tu licencia
Roberto, pues que la aguarda
ya en nuestra misma escalera.
¿Qué dices? ¿Roberto, Flora?
Bien da a entender que desea
aquello mismo que a mí
tantos anhelos me cuesta.
Dile que entre, y a tu ama
(que claro es que viene a verla)
dila que esté prevenida
que ha de salir acá fuera.
Vase Flora, y sale Roberto.
Aparte.
Aquesta pasión que el alma
tan de veras atormenta,
burlándole su dominio
de esta suerte se remedia.
Octavio, de esta visita
solo sea la recompensa
el hacer que vuestro gusto
con el mío condescienda.
Yo os lo prometo, tomad
esa silla, porque pueda
a corteses ceremonias
dar satisfacción entera.
Siéntanse.
Jamás he visto a ninguno
que de un achaque adolezca
que el remedio que le sane
no busque con diligencia;
vos bien veis por los indicios
cuál anda mi vida enferma,
que está en vos la medicina
también es cosa muy cierta,
y ansí, tratad de aplicarla
y sanaréis mi dolencia.
Ansí remedias mi vida
y con esto mismo cesan
inconvenientes que a vos
a los oídos no os llegan.
Pero como en vos asiste
de ordinario la prudencia,
solo con considerarla
la conocéis de más cerca.
La misma causa que a vos
os mueve, es bien que me mueva,
y si os obliga a pedirla
me obliga a mí concederla.
Y para no interponer
razones que sean superfluas,
he de llamar a mi hija
porque os ponga la promesa
que os hice yo, que esto basta,
para que padezca deuda.
¡Flora!
Sale Flora.
Llama a Margarita,
y tú, las demás doncellas
con Elvira, os prevenid,
que saldréis después de ella.
¿Estás en esto?
Señor,
harase como lo ordenas.
Vase.
Aunque lo busco, no encuentro
modo con que os agradezca
tan grandes demostraciones
y tan llenas de finezas.
Bastante satisfacción
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dais, con hacer que os merezca
Margarita por esposo.
Sale Margarita.
A Octavio.
Aparte.
La tienes en tu presencia
como tu esclava se muestra;
mas, ¿qué miro? ¡Aquí, Roberto!
Vana fue mi diligencia.
Salen al paño Elvira, Flora y Violante.
Pues que ya entró Margarita
en esta parte te queda
que por si viniere alguien
voy a aguardar la otra puerta.
Vase, y pónese a otra puerta, y sale al paño don Félix y Resoluto.
Señala a Margarita.
Señor, todas esas cuadras
por donde venimos a esta
es cierto que son famosas
pero esta, es muy linda pieza.
Para ver cómo la traza
para mi muerte, se ordena
me conduce hasta esta sala,
mi irremediable tristeza.
Aquí no hay más que aguardar
este matrimonio sea
corriendo, que indisoluble
os dure edades eternas.
¿Cómo tan tibios estáis?
¿Qué confusión es aquesta?
El corazón por salir,
dentro del pecho revienta.
Esta, señor, que miráis
no la juzguéis por tibieza
cuando es una suspensión
que es fuerza que yo la tenga;
que si en horrible borrasca
o peligrosa tormenta
no se ve ya esto mismo
la serenidad le muestra
en señal de que ha librado,
a la bonanza por señas,
y aun mirando las señales
duda, si es cierta, o no es cierta;
yo así que me miro libre
de las ansias, de las penas,
de los sustos, y congojas,
dudaba si era de veras
la bonanza de mis dichas
temiendo saliendo incierta
mas pues vos lo aseguráis
esta es mi mano.
Toma Octavio la mano a Margarita para darla a Roberto y ella se resiste.
¿Y aquesta
es, la que os da Margarita?
Aquí acaba la comedia
pues que se toman las manos
ordinaria menudencia.
Y aquí sin duda, traspasa
mi pecho, la última flecha.
Señora, ya está cumplido
tu intento, no te entristezcas.
Cierto lo mira la vista
falso el alma lo contempla.
Ahora sí que veré toros
muy puesto de talanquera.
Primero daré la vida
de la parca a la tijera.
¿Pues cómo tú, Margarita,
haces esta resistencia?
Aparte.
Por esto. Señor, escucha
piérdase lo que se pierda
que una vez precipitada
no es fácil, tener la rienda.
Sin duda esta es relación
y así a todos se amonesta
que la escuchen, que no es
de ciego, sino de ciega.
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Quiera Amor, sea favorable;
Quiera Amor, que por bien sea.
Pues que se ha llegado el caso,
fuerza será, que os refiera.
Lo que juzgué que callado
mejor salida tuviera.
Ya sabéis, que Dios a todos
una voluntad les deja
libertada, y en fin solo
al albedrío sujeta,
lo que me vi con la mía
luego traté, de usar de ella
haciendo que se alistase
debajo de las banderas
de un capitán valeroso,
tan valiente, que las fuerzas
de los héroes más bizarros,
de las más castas doncellas,
dispuestas en escuadrones
que llen toda la tierra,
todo lo vence, derriba,
postra, rinde, y con violencia,
a que sigan sus escuadras
sus designios endereza,
y es capitán tan famoso
que a mí, me recibió a ciegas
por que el verme le vedaba
una azul hermosa venda,
que los ojos, le cubría,
o por castigo, o por pena,
de que todo el mal que hace
por aquel sentido entra,
en fin señor, quise bien,
que es ignorante imprudencia
cuando hay seguro camino
el irse, por las veredas.
Fue mi amor correspondido
y como si no lo fuera,
quise hacer, mujer curiosa,
de su firmeza experiencia.
Pero para esto, valíme
de imprudente estratagema
pues al dueño a quien el alma
como señor reverencia,
al paso que lo adoraba
de aborrecerlo di muestras,
reconoció mis desvíos;
pero su afición perfecta
hidrópica de mi amor
se declaró más sedienta.
Yo, que para asegurarme
vi, que sobraban cautelas
quise volver a la antigua
gustosa correspondencia,
que se lograba, cuando ese
señor, de la cuarta esfera
(con su dorado vestido
fabricado de la tela
que en el fondo de sus rayos
sirven sus cabellos de hebras)
hacía parar los caballos
cansados de la carrera,
y el entretanto de Doris
lograba la vista bella.
Mas estorbólo mi dicha,
que desde entonces adversa,
ni ha permitido el hablarle,
ni ha dejado, que me vea,
y por esto le escribí
viniese a verme a la reja
del jardín, así lo hizo
y a ese tiempo una pendencia
estorbó que mis disculpas
llegasen, a sus orejas,
viendo yo, que no cumplía
con lo dicho, que viniera
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le avisé, a verme en mi casa,
mas al instante que entra
entrasteis vos; yo turbada
de todo remedio ajena,
solo encontré, el de esconderle,
y él allá dentro, se encuentra
con; mas para qué lo digo,
si esto pasó en tu presencia,
paso a más mi desvarío,
pues pasando de lijera
al tratarme el casamiento,
instancia os hice, yo misma.
Bien sabe Dios, y sé yo,
que solo fue mi inocencia,
quien rogó a otro cuidado,
que el desposado trajera.
Que como solo adoraba
al que, aun no ha dicho la lengua
juzgo temerario juicio,
que aquel que quería, fuera;
pero viendo lo contrario,
luego al silencio se apela;
también esto sabéis vos
lo que ignoráis se os refiera.
Mi pasión, que más la avisa
con lo que le dan que muera,
creció con los sinsabores,
se aumentó con las tristezas;
yo viéndome en este estado
invención fabriqué nueva
para libertar la vida
entre las congojas presa,
fue la más proporcionada
el decirte, que suspenda
a Roberto sus fatigas.
mas tomé para esta empresa
la voz de Elvira, y en nombre
suyo, hice yo; esta advertencia,
no me valió pues que miro
a Roberto en tu presencia,
quizás haciéndote instancia
en esta misma materia.
No podéis vos, como padre
hacer casarme por fuerza
pues pecáis en darme estado
que contra mi gusto sea;
y más cuando mi marido
es don Félix de Cabrera,
pero si queréis obrar
contra la naturaleza,
haréis que a otro dé la mano
cuando hagáis que mi cabeza
o la divida un cuchillo,
o un cordel la desvanezca.
Ved señor que resolvéis
mi resolución es esta,
pues con esto determino
que en las historias se lea
este ejemplo más, que doy
de mi constancia, y firmeza.
Albricias señor, albricias,
Yo te las prometo buenas
Qué piélago de pesares.
es este, que me rodea?
Ap.
Qué ponto de adversidades
es aqueste que me cerca?
Aparte.
Entre una, y otra congoja
la voz, a salir no acierta.
Crédito pudiera darse
si relación tan molesta,
con evidencia bien clara
engaño no padeciera.
Cuál engaño.
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El de decir
que me hablasteis en la reja
en nombre de vuestra prima,
y me hablasteis por vos mesma.
Y para que conozcáis
si es verdad, os doy por señas;
que me dijiste vos mesma
bella es mi prima, queredla.
Sale Elvira.
Esas son razones mías
empero, fueron dispuestas
para Feliz, a quien yo
escribí a verme viniera.
¿Cómo a Feliz?
Sale Volante.
Sí, mas yo
pareciéndome que hiciera
mejor servicio, le di
a Roberto.
¡Ay desvergüenza
semejante!
Luego yo
que hablaría es cosa cierta
a Feliz con voz de Elvira.
Sale Flora.
Eso entenderse se deja
si el papel que tú me diste
para que a Roberto diera
se lo di a Feliz.
¿Qué Feliz?
es este, que nos inquieta
Sale Feliz.
Él que puesto a vuestras plantas
seguro a pediros llega
el perdón, si ha habido culpa,
que la gracia, os desmerezca,
Deponed las sumisiones
excusad las reverencias
que hay mucho que averiguar
aunque es cosa manifiesta.
Qué tenéis que replicar,
si no ha de haber, quien os crea.
Que se vea si es engaño
este papel de su letra.
Saca el primer papel, y muéstrale.
Este es el que di a Resabio
para su amo.
Si estuviera
él delante, procurara
saberlo.
Ya está a la puerta.
Pues Resabio como ahora
tú te quedas, y no entras.
Sale Resabio.
Porque señor mío, al fin
es donde Resabio queda.
Dime Resabio tú mismo
este papel.
¿Das licencia
para que se pueda hablar
todo aquello que se sepa?
Ya la tienes.
Pues escucha:
Ese papel, que pleiteas
no era tuyo, y te le di
porque, ¿qué animal, o fiera
no te procurara esposa
si tú, le dabas cadena.
Pues aquí no hay que aguardar
da Margarita, entrega
la mano de esposa a Feliz.
Y el alma, y vida con ella.
Danse las manos.
Señor porque a mis desdichas
se dé en algún modo treguas
haced que Elvira.
No hagáis
que no es bien que yo consienta
el sujetar mi albedrío,
cuando no hay amor, que os mueva.
¿Y el amor mío?
No importa
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que está sin correspondencia,
y si para aquí lo aguardo,
tarde el castigo me espera.
Eso es decir lo que os dije.
Esto es querer que se infiera
que vos me habéis agraviado,
y despreciaros es fuerza.
Yo, esa consecuencia niego.
Yo la probaré con que
me disteis celos,
¿Y esa
es razón, Elvira?
Y mucha,
porque es muy cierta problema
no hay agravios como celos,
si son los celos ofensa.
Vase.
No se quiebren la cabeza,
que la señora letrada
que aun apenas deletrea
queda con textos, dirá,
y es que entonces da de testa,
y pues que ya no es del uso,
como ni guantes ni ruecas,
darse mano los casados
en el fin de las comedias;
solo pregunto por qué
tiene por título esta,
no hay agravios como celos,
si son los celos ofensa.
Y metiéndome allá dentro
no vuelvo por la respuesta.
Y aquí, Senado discreto
da fin, aquesta comedia
no hay agravios como celos
si son los celos ofensa.
