Texto digital de Música enseña el amor
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Música enseña el amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/musica-ensena-el-amor.
MÚSICA ENSEÑA EL AMOR
Jornada primera
Pag. 1
† AUTO SACRAMENTAL ANALÓGICO SU TÍTULO. MÚSICA ENSEÑA EL AMOR.
El Verbo Divino La Naturaleza humana El Príncipe de las tinieblas La Envidia La Memoria El Deseo La Gracia Mundo Gracioso Jerusalén Daniel Jonás Sidrac Misac Abdenago Pastores Músicos
Música enseña el amor
porque llegue el feliz día
en que temple la harmonía
los suspiros del horror.
Ábrese un peñasco y sale de su seno el Príncipe, repitiendo la letra.
Música enseña el amor etc.
Sonoro enigma que mi ciencia ignora,
luciente anuncio de suave Aurora,
acorde pasmo de mi noche triste,
dulzura que en el número consiste,
qué impresión misteriosa,
qué virtud poderosa.
Pag. 2
en mis iras atroces
caracteres de luz vibran tus voces.
Yo a mi pesar, a quien lloras, sediento,
mares de humo surqué, en ondas de viento;
pirata de mí mismo
y náufrago primero del abismo,
siendo de inteligencia el contagio
para la eternidad, mortal naufragio,
en cuyo seno, escuela de baldones,
cayeron astros, los que son carbones;
me atormentes, me irrites,
si es que otra vez repites.
Música enseña el amor, etc.
Pero como mi rabia
que es más cruel por conocerse sabia,
huyendo de un pesar imaginado,
encuentra todos los que no ha olvidado.
¡Ha del monstruo terrible,
en sus necias desdichas, invencible,
en sus triunfos oscuros desdichado,
de amarga palidez alimentado,
desvelo eterno de gemido ronco,
rama de sierpes, y de llamas tronco,
rayo funesto, que en mi albor sereno
vaso ceniza, y le escupí veneno.
¡Ha de mi Envidia!
Sale la Envidia coronada de sierpes.
En vano me has llamado,
pues soy tu sombra, y nunca te he dejado
desde que al ver más soberana alteza
aspiraste a Creador, siendo criatura.
Es, que en la duda que mi pena siente
cifra armoniosa, en que lo inteligente
descomparado corre,
tu inquietud solamente me socorre;
y mi altivez con esto te declara,
que si tú me faltares, te buscara.
Príncipe tenebroso,
cuyo reino violento y pavoroso
ha de esgrimir para inmortal quebranto,
gusanos de dolor, fuego de llanto,
¿qué intentas, qué imaginas?
Si tu atención inclinas
al concierto del mundo,
no dudarás, en que mis ansias fundo;
pues desgarrando el garbo de mi ciencia
enigmática dice su cadencia:
Música enseña el amor,
porque llegue el feliz día
en que temple la armonía
los suspiros del horror.
Aunque no entiendo día tan felice
como esa letra cándida predice,
ya la Envidia, que quien conmigo lidia
niega lo bueno, al paso que lo envidia,
¿mas qué discurres tú, Príncipe sabio?
Discurro, que una voz; pero aquí el labio
duros candados de mis yerros labra,
Pag. 3
Isaías capítulo 9 verso 8.
sin poder pronunciar una palabra
que a Israel llegará por Isaías,
viendo Jacob en estas prophecías
la palabra del Cielo;
y sin correr a la harmonía el velo
aumenta este Propheta mis cuydados
diciendo que los montes y collados
cantarán alabanzas
y los troncos con lenguas de esperanzas
aplaudirán en blando movimiento
cláusulas verdes que susurre el viento
y David también dice: Adoraciones
te dé toda la tierra, y sus canciones
a tu nombre consagre; y antes de esto
persuade en otro texto;
cantad cántico nuevo acordemente,
y unidas voces vuestro choro aliente,
por que es recta, es perfecta, y harmoniosa
del Señor la palabra misteriosa;
cantad sus maravillas, celebradlas,
referidlas, contadlas
que yo le alabaré mientras viviere.
Destos lugares mi dolor infiere,
y de otros infinitos,
que no refiero, por que van escritos
y sin duda vendrá quien los comente.
Lo que no sé decir, aunque lo intente
mas ya lo entenderemos,
si el Hombre canta lo que no sabemos;
esta Música pues, que prevenida
antes, que declarada, hoy defendida
de Philosophos oygo, y sea acaso,
o vaticinio del que temo caso
en la inferior naturaleza humana
después que quiso idea soberana,
que a una Mujer temiese
y que entre sombras, a sus pies me viese,
de suerte me atormenta, que imagino
humano acento, y resplandor Divino.
Rabiosas ansias mi desvelo enciende.
Nada mi pena entiende,
y en la harmonía de sagradas letras
yo solo embidio lo que no penetras.
Mas a esta parte llega.
Quién?
La Humana
Naturaleza, y aunque escuela vana
de Griegos, hoy se empeña
en defender que Amor música enseña,
disuadirlo pretendo,
la contraria opinión por mí defiendo,
si es que en similitud, y analogía,
quieren provar que Amor es harmonía,
Dejarte no podré.
Qué mayor pena,
que arrastrar de la Embidia la cadena?
Pues a las empresas.
Pag. 4
Al triunfo.
A la victoria.
Con el deseo trahe a la memoria,
esclava vil de mis asombros sea,
pues altiva dejó lo que hoy desea.
Salen la Naturaleza humana y la Memoria, vestidas de luto, y delante el Deseo galán con alas.
Deseo, no vueles, para
al precepto de mi angustia,
si es que manda el infeliz
con la voz que no pronuncia;
detén el vuelo.
Tus penas
son mis alas, y si juzgas
detenerme cuando vuelo,
corta a tu dolor las plumas.
¡Triste memoria!
Tus ansias
no me olvidaron, que nunca
en desgracias poseídas,
pasadas glorias se ocultan,
porque la perdida sea
con el recuerdo más dura.
Parece que la memoria
más es mía, que no suya.
Yo con el deseo corro,
que él siempre a la envidia busca.
Con dos afectos iguales
memoria, y deseo, asidian
mis lágrimas vergonzosas,
cuantos mis ojos enjugan,
con el fuego que destilan,
sobre las flores que ahuman;
que como a Dios ofendí
tan ciegamente absoluta,
que ni aun tuve, para errante
la detención de confusa;
y aquella sierpe: (¡Ay de mí!)
postrada al dolor.
Cae y va a levantarla el Príncipe.
(Aparte)
Acuda
a levantarla, mi engaño;
que siempre intentó mi astucia,
para crecer el despeño
guiar a mayor altura.
iterum assumpsit eum Diabolus in montem excelsum valde. Math. 4.
¿Quién eres tú, que sirviendo
de báculo a mi caduca
desgracia, en estado humilde
que el olvido me sepulta
me levantas, y me dejas
más vana, y menos segura?
(Aparte)
Soy quien ignora (bien dije
pues según Job articula,
la ira da muerte al necio.)
Job. Cap. 5. v 2.
Y prosigue en sus angustias,
la envidia al pequeño mata;
Pag. 5
Verdad dijo, no me culpas.
Soy (vuelvo a decir) hermosa
Naturaleza, quien duda
a fuerza de inteligencia;
(que si la verdad se apura,
poco en lo difícil sabe
aquel que no dificulta)
la substancia de esa letra,
que antes repitió confusa:
Música enseña etc.
(Aparte.)
Aunque me asaltan sus males
no importa que los resumas,
repitiendo la noticia
del crimen con que me adula;
y más, cuando entre sus males
busco ardientes conjeturas.
Cuando misterioso atiendas,
no has de oír lo que procuras,
creciendo en mi comprehensión,
lo que niegas a tu industria;
mas no obstante, autorizando
mi inteligencia, y la tuya,
en mí, por lo que refiero,
y en ti, por lo que me escuchas,
oye el suceso, que dio
principio a mis desventuras;
y si en mis lamentos
te debiere alguna
atención, no culpes
ansias que me turban.
Del silencio de la nada
sacó la voz absoluta
de Dios, a la armoniosa
perfección cuantas criaturas
despertó el fiat sagrado,
proporcionando las unas
al dominio de las otras,
observando todas juntas
número peso y medida:
y en la simetría muda
fue música de los ojos
la luz, color, y hermosura,
que en varias especies
de la unión fecunda,
concordaron todas,
no faltó ninguna.
Midió los cielos, pesó
las aguas, y la caduca
gravedad de tierra y montes
dejó librada y segura
(dice Isaías hablando
de Dios) y David ajusta
la firmeza de los cielos
con la palabra difusa
de la boca del Señor
cuya virtud los ilustra;
el concento de los cielos
contempla Job, y disputa
Pag. 6
D. August. de Music.
en mejor edad tendrán
los sabios sobre sí pulsan
física armonía, y no
ha de faltar ave augusta
africana, que describa
con los rayos que descubra,
que es el orden de los siglos
un hermoso verso cuyas
sílabas altas, humildes,
templadas, graves y agudas
forman larga consonancia
y en la universal fecunda
colocación de entidades
viva elocuencia pronuncian.
Metro de los años
que en minutos funda
ocios que se lloran,
trabajos que frutan.
Esto supuesto (que todo
puede importar, para alguna
música fiel, que quizá
sin alegoría, anuncian
para desterrar lamentos
tantas veces de escrituras)
volveré a la creación
porque a mi principio acuda;
salí de la poderosa
mano de Dios, viva hechura
de su idea soberana,
y, en fin, tan imagen suya
como imitación acorde
de su peregrina y suma
virtud, dejando en mí, cierta
especie impresa, e infusa
de divinidad, que siendo
ad extra, grandeza suya,
comunicarse (según
que en literarias consultas
de oráculos doctos, bien
será, que el bien se difunda)
me hizo capaz de imitarle
en la línea de criatura;
¡Oh, alta omnipotencia,
mi error se confunda
pues iluminaste
a la sombra oscura!
Quedé con la potestad
regia sobre las sañudas
fieras y canoras aves,
siendo su obediencia bruta
tan conforme, que alternaban
el halago sin la injuria,
sin garras la utilidad
y la sujeción sin plumas;
sacerdotisa me vi
e intérprete de la pura
razón, que participada
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Como sacro don que alumbra,
antes era inteligencia,
que se conociese duda;
obedientes los sentidos
a la razón sin la lucha
intelectual, que es campo
de laureles, y disputas,
al plectro del corazón
que el primer aliento pulsa,
y apaga el último, para
llamamiento de la tumba,
blandamente gobernados
del compás de mi ventura,
sin falsas respiraciones,
ataban cláusulas justas,
firme dependencia,
del centro que buscan
líneas racionales,
que corren seguras.
Transcindiendo mansos soplos
inquietas ondas purpúreas,
las hojas de labios tiernos
sílabas eran menudas,
que al sol que entonaban solo
no se deshojaban mustias.
Los arroyos apacibles
que la ardiente arena enjuta
hidrópico vaso bebe,
suspiros fogosos chupas,
entonces todos templados
al punto de su dulzura
clarificaban risueños
cadencias, pausas, y fugas,
y el sonoro paso
de la blanca espuma
hechizo era siempre,
precipicio nunca.
Esta música expresada
con alientos, y figuras
en la substancia, distintas,
en el modo acorde, una,
oídos, y ojos lograban
contemplando en todas juntas
la obediente perfección
especial de su conducta.
En esta dicha (que poco
las felicidades duran
cuando promete el engaño
lo que la soberbia busca!)
Una sierpe (mas la voz
próximo el temor me ocupa)
infestando (en vano el alma
pronunciaciones estudia)
mi quietud (¡ay de mí triste!
no sé qué sombra me turba,
que ahoga en mi desgracia
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La memoria que me culpa!)
me dejó abiertos los ojos
con ceguedad tan impura
que en la bronca, escandalosa
fértil, lamentable cuna
de un árbol, donde escupió
áspid fiero, amarga fruta,
discerniendo el bien y el mal
miré mi fealdad desnuda:
perdí el compás de la gracia,
seguí el metro de la culpa,
sin el orden de la luz
tomé mudanzas nocturnas
dejé el punto, olvidé el canto,
llórelo mi desventura;
oh, qué alivio fuera
de mi amarga angustia,
el tener mi llanto
tenor de disculpa!
Pero viendo, que en Atenas,
y en otras escuelas muchas,
hoy defienden que el amor
música enseña; y se fundan
en que la filosofía
es amor de ciencia, a cuya
viva diligencia, que
la comprensión estimula
se ennoblece intelectiva
la ignorante humildad ruda,
quiero amar nuestra esperanza,
por que el amor me haga culta,
discreta, agraciada, y docta,
mis imperfecciones pula,
y mis cánticos suavice;
mayormente cuando ayuda
Débora, a las profecías
que en mi fineza redundan,
y abeja estudiosa, dice
entre judiciarias juntas:
Oíd príncipes; Yo soy
la que cantaré en voz justa
al Señor Dios de Israel
cuanto a su gloria conduzca;
Y prosiguiendo este texto
de los Jueces, se apresura
Débora al cántico, y fina
a la alabanza madruga,
aprehendiendo el alba
los candores que unta
a labios que cantan
verdades que juzgan.
Al primero de los Reyes,
se dio la señal segura
del reyno a Saúl, en que
junto a la encina robusta
del Tabor, encontraría
Pag. 9
pan y vino (¡oh, cuánto alumbran
a mi esperanza, estas voces!)
que después de esto, le anuncia
Samuel un alegre coro
de profetas, que le infundan
alborozo, con salterio
y cítara; y pues se ajusta
después del pan y del vino
la música, es bien que cumpla
mi pecho, con esperar
esta armonía futura,
que con tantas ansias
errante y confusa
solicito en premio
de amor que las junta.
Cuando David subió el arca
al monte Sion, no hay duda
que cantaban en octavas,
porque a Dios, en Sion, le oculta
la música; y si reparo
en que el cenáculo ocupa
la eminencia de este monte,
me será preciso, el que una
música, y cena, manjar
de alimento y de dulzura:
yo he de esperar, pues, atenta
a la voz de las alturas;
a sus cláusulas me estreche,
a sus preceptos recurra;
ya mi amor la solicita,
mi estudio no la rehúsa,
los profetas la proponen,
las escuelas la propugnan
amor me enseñe las reglas
de la que es música suya;
y cuando benigno
su palabra cumpla,
verás que sus ecos
en gracia redundan.
(Aparte.)
(Aparte.)
¡Ay de mí! Válgame el vulgo
de mis infernales furias;
errada naturaleza
tu idea te deslumbra,
pues de contrarios extremos,
el medio imposible buscas
a la pasada armonía
y a la disonancia tuya:
(aquí importan de mi ciencia
las demostraciones,) juzgas
que las experiencias, son
las que claramente apuran
la verdad, sin que arriesgados
los principios, se discurran,
o lo sofístico engañe,
o lo probable presuma?
Pag. 10
Sapient. 19.
¿dudas, que si pudiera
esa Música, en que fundas
tu alegría, componerse
otra vez, fuera, sin duda,
comenzando por el orden
natural, uniendo algunas
porciones elementales,
que unidamente confusas,
como primeros principios
de todo ser, dieran suma,
cantidad, peso, y medida
a esa dulce Arquitectura?
Pues mira los elementos
y verás cuánto repugna
la consonancia que aguardas
con el desorden que escuchas.
¿qué ves en la Tierra?
Ábrese el V. Carro, y se verá Jerusalén, representada en una mujer Cautiva, vestida de luto, con su Cadena, atada a un Árbol, de cuyas ramas estarán colgados algunos instrumentos Músicos.
¡Ay, triste!
tierno el corazón se angustia;
esclava Jerusalén
en la Babilonia inmunda,
sin olvidar a Sión
en sus sollozos fluctúa;
a quién no enternece, ver
que esta Ciudad la más justa
y más amada de Dios,
llore servidumbre dura?
¿Que se vendan sus Reyes
al precio de sus injurias?
al aire entrega el pecho
diciendo Cautiva, y Viuda:
Canta Jerusalén.
¡Quién dará a mi cabeza
agua, y de llanto fuentes a mis ojos,
para llorar la que perdí grandeza
sepultada en cenizas de despojos!
lloraré noche y día
buscando soledad la pena mía.
Sobre la arena torpe de estos Ríos
de Babilonia, lloro enternecida
con la memoria de Sión perdida,
corriendo fuego mis alientos fríos.
Entre estos sauces fértiles, pendientes
mis instrumentos armoniosos dejo,
siendo sepulcro trémulo, y espejo
de mudos cuerpos, rápidas corrientes.
¿Cómo podré cantar en tierra ajena
cánticos del Señor a oídos broncos
que menos blandos que insensible tronco
redoblan el rumor de mi cadena?
De mi diestra me falte la memoria,
y mi lengua se pegue a mi garganta,
si en tanta esclavitud, si en pena tanta
olvidare los siglos de mi gloria.
Pag. 11
Hyerusalem cautiva
su voz al aire entrega,
y es llanto repetido
el eco que resuena.
Ciérrase el carro.
¡Qué sentimiento! ¡Qué ansia!
¡Qué dolor!
¡Qué desventura!
La Envidia es fuego, pues no hay
perfección, que no consuma;
y así yo le manifesté
para que en las llamas luzca.
¿Qué ves en el fuego?
Ábrese el segundo carro, que será un horno ardiendo, y entre sus llamas se verán los tres niños paseándose.
Cielos,
¿que esto vuestra piedad sufra?
Sidrach, Misach, y Abdenago,
porque adoración tributan
a Dios, despreciando aquella
que la Idolatría usurpa,
en culto de altiva estatua,
que fácil cimiento ocupa,
pies de barro para el golpe,
y de oro madejas rubias
para la lisonja, al horno
de Babilonia se arrullan,
y salamandras amantes
dicen con voces maduras.
Daniel cap. 3.
Bendito seas siempre
Eterno Señor,
y de nuestros Padres
Poderoso Dios.
Porque en todo guardas
justificación,
tus obras enseñan
la verdad mayor.
Todos tus juicios
verdaderos son,
y tus sendas guían
sin desliz ni error.
En Hyerusalem,
y en nosotros vio
sombras y delitos
tu justo esplendor.
Lisonja son los incendios
para nuestro corazón.
Dios con su rocío templa
la actividad del ardor.
Contra nuestra fe, las llamas
no tienen jurisdicción.
Bendito seas siempre
Eterno Señor,
y de nuestros Padres
Poderoso Dios.
Ciérrase el carro.
Mira al viento, y sus horrores
a tu esperanza concluyan.
Pag. 12
Ábrese el Carro 3º. En que se verá Daniel dormido sobre un Peñasco y desde unas nubes elevadas bajarán cuatro Vientos, que respirarán sobre las cuatro bestias, que pinta el mismo Profeta en su Capº 7.
Daniel Profeta Sagrado
(mi vista y mi voz se inmutan)
de cuatro Vientos furiosos
que mares y montes turban,
sueña la visión, en que
de cuatro bestias sañudas
a lo misterioso atiende,
diciendo en la noche obscura:
En confusos desalientos
soñada verdad me asombras,
pues siendo monstruos las sombras
imágenes son los Vientos.
En cada fiera imagina
el susto, un tirano dueño
siendo el golpe de mi sueño
amago de su ruina.
(Ciérrase el Carro)
Del Cielo en la amenaza
el sueño del Profeta
descubre cuatro Vientos,
que bajan a la tierra.
¿Qué ves en el agua?
(Ábrese el 4º Carro, que será un Mar borrascoso con un Navío, y Jonás fluctuando entre las olas).
Veo
que el Profeta Jonás sulca
tribulaciones de nieve,
inquietudes de amargura;
y arrojado de la nave
que en la tempestad fluctúa,
dice convocando escamas
sobre el rostro de la espuma:
Mi obediencia constante
en volubles espejos
sombras mira de llanto,
que hilan mis ojos, y que teje el viento.
A Nínive camino
para voz de los Cielos,
y anunciar una ruina
que no deje memoria de su aspecto.
Arrojado del débil
vano, veloz tropiezo
que nunca va seguro
siendo portátil máquina de riesgos.
A ti Señor, te invoco
y que me oigas espero
en las contrariedades
desta lid de cristal, campo de ruegos.
De flujos y reflujos
entre los movimientos,
son mis ojos, perennes
amargas fuentes, del dolor que bebo.
A mi cabeza inundan
ofensivos reencuentros
dudando en canos rizos
si son espumas, o, si son cabellos
Y aunque tan apartado
Pag. 13
de tus ojos me veo,
Señor, en ti confío,
vuelva yo a ver tu soberano templo.
Ciérrase el carro.
De la nave le arrojan
al que justo navega
y el mar que le recibe
su lágrima venera.
Aparte.
No espere dulces concentos
tu mal fundada opinión,
cuando disonantes son
los primeros elementos.
Vuelve a tu infausto gemido
que el Orbe civil alterna
y en una desgracia eterna
sea tu pena el sonido.
Mi malicia enfurecida
busca en el alma culpada,
llanto de desesperada,
no dolor de arrepentida.
¿Qué imaginas?
Que aunque veo
discordia tan disonante,
espero dulzura amante.
¿Quién la ha de oír?
Mi deseo.
Naturaleza, no soy
para oírte en tal estado.
¿Por qué?
Desque que has pecado
tras de mi antojo me voy.
Rayo de la posesión
para el dolor, que respiro.
Vase.
Desde que esclava te miro
no obedezco a tu razón.
Su esperanza desvanece
este rebelde Orfeo.
Sí, que siempre es el deseo
quien primero te obedece.
¡Ah, injusto, ah, traidor, tu gloria
desobedeciendo pierdes
y por que de mí te acuerdes,
vaya tras ti mi memoria.
No le sigo.
¡Dura suerte!
¡Que no puedo persuadirte!
No, porque quiero afligirte,
sin que llegue a obedecerte.
Todo afecto es enemigo
en la desgracia mortal.
¡Ah, tirana! ¡Ah, desleal!
Siempre he de quedar contigo;
que en bienes que has de llorarlos,
para volver a tenerlos,
más que el susto de perderlos,
es el dolor de acordarlos.
Aparte.
La Música prometida
que siempre hiere a mi oído
Pag. 14
Voy a escuchar, escondido
con el disfraz, de la vida
humana; que el adversario
del hombre, para vencer
suele vestirse, y mover
las armas de su contrario.
Quede sola, y sin disculpa
la torpe indigna querella;
mas yo no me aparto de ella
estándose ella en su culpa.
Vase.
A mi Príncipe emulando
seguiré su rumbo mismo
pues soy sombra del abismo
y siempre voy tropezando.
Vase.
Conturbado el corazón
suspira entre mis temores
Velad hermanos Pastores
porque un rugiente León
va por el monte, buscando
a quien despedace hambriento.
Qué susto; qué desaliento!
Sale el Mundo como despeñado desde un risco.
El Mundo viene rodando
porque llegué a ser tan leve
que en el Etna de mi cara,
el menor gusto me para
y cualquier rumor me mueve.
Mundo, quién te despeñó
con descomparados modos.
Es que yo ando como todos,
y todos van como yo.
Cómo a tu serio poder
la indigna burla le alcanza?
Metiéndolo todo a chanza
nada tengo que perder.
Nadie habrá que te disculpe,
cuando tu risa castigue.
Si el que me culpa me sigue,
no me siga, o no me culpe
En esta angustia cruel
de ti mis ojos se alejan;
Muchos hay que al mundo dejan
por estar mejor con él.
Eres mordaz, pero ofendo
en tu verdad, tu castigo.
Si es cierto, que verdad digo
creeré que soy otro mundo.
Mi Cítara vuelta en llanto,
y mi harmonía en lamento,
sea la voz del tormento
respiración de mi Canto.
Señor, al Cordero envía
dominador de la Tierra,
de la piedra del desierto
hasta el monte de la Vella
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hija de Sión; suaves
ósculos, tu boca tierna
principio de mi harmonía
dulcemente me conceda,
porque mejor que no el vino
es de tus pechos el néctar,
y sobre aroma sedientos
fragrantes ungüentos siembran,
por más que repita el monte
cuando fiero león nos cerca.
Tenga Dios gloria en los cielos,
y paz el hombre en la tierra.
Pero ¿qué voces alegres?
Pero ¿qué harmonía nueva?
¿Qué música nunca oída
dice en viento, en monte, y selva?
Tenga Dios gloria en los cielos,
y paz el hombre en la tierra.
No sé, qué favor concibo
de estas cláusulas, que internas
me imflaman; a entender vengo
que ya de Isaías llega
la música prometida,
pues los cielos la comprueban;
ecos de alegría esparcen
los extremos de la tierra;
en los claustros de los montes
las alabanzas resuenan,
los collados, y los troncos
el júbilo representan;
unos con acentos de hojas,
y otros con voces de peñas;
y yo tan otra me juzgo,
que en la pauta de serena,
creo, que un hombre del cielo
busca a mi naturaleza;
corramos tras el perfume
de los aromas que eleva,
pues tres veces me ha llamado
Esposa.
Y con tres diademas
te busca ansioso.
Sin duda
la voz de mi amado es esta.
Cant. 2.
Saltando viene en los montes.
Y por los collados trepa.
Vamos a encontrarle.
Vamos,
mientras repite la letra:
Vanse.
Tenga Dios gloria en los cielos,
y paz el hombre en la tierra.
Id vosotras a buscar
a ese, que las ansias vuestras,
o como palabra aguardan,
o como anuncio esperan,
que yo al compás de mis gustos,
entonando ligerezas
cantaré engaños, que son
Pag. 16
las cláusulas halagüeñas,
que grita la adulación,
y la malicia vocea.
¿Yo aprender música? No,
que en mi desorden no asienta
bien la habilidad que ocupa,
sino el delito que suena;
estudien los desdichados,
que a mi vanidad le cuesta
menos el ocio que logra
que el trabajo que desea;
y así los que aman y cantan,
repitan en hora buena:
Sale un coro de pastores cantando y bailando, y después el Verbo Divino con la Gracia vestida de blanco, y todos adorarán al Verbo.
Y digamos alegres
con júbilo y fiesta
adorémosle, adorémosle,
que en la casa del pan
y portal de Betlehem
la eterna palabra
resuena muy bien.
adorémosle, adorémosle.
Canta.
Estos son los pequeñuelos
que mi amor les manifiesta
lo que a los sabios esconde,
porque con eso se entienda,
que una humildad resignada
es una virtud discreta,
y obligado de ella, quiero
decirles de esta manera:
Oíd, oíd pastorcillos,
cándidos, sencillos
la tierna música,
que ha de ser lírica
y última ley,
de quien canta amoroso, rendido, obligado
del pellico, redil y ganado
con voz que resuena en el trono de su Rey,
ay, ay, ay,
que yo lo diré
escúchenme, escúchenme,
no se pierdan las voces
del que canta bien.
Humilde traje
que me enamora con tu candidez
y al alma de las vidas
llegas a encender,
ay, ay, ay.
que yo lo diré.
Decoro bello
que me sujeta a tu especie fiel,
y el color de los montes
te dejó cortés.
ay, ay, ay, que yo lo diré.
Al medio día
buscas la sombra del mejor ciprés,
y a tu fin contemplando
huyes del laurel
ay, ay, etcétera.
Pag. 17
Humildad pura
tierna Azucena del feliz vergel,
que inclina tu cabeza
a adorar mis pies
ay, ay, ay, que yo lo diré
escúchenme, escúchenme
no se pierdan las voces
del que canta bien.
Turbado quedo a la luz
que luce entre mis tinieblas,
sin que me sea posible
el que su esplendor comprehenda.
Mundo, ¿cómo así te apartas
de la debida obediencia
al Verbo, que se hizo carne?
¿Por qué a sus plantas no llegas?
Porque yo no le conozco.
Fábrica eres de mi idea,
¿y no conoces al que
quiso, y pudo hacer que fueras?
Yo soy Cordero de Dios
que quito las culpas feas
del mundo; y el que quisiere
seguir de mis voces tiernas
la harmonía soberana,
tome su cruz, porque en ella,
bronca cítara, pesada,
que templará mi fineza,
hiriéndola flacos hombros
con el plectro de mis venas,
cantaré Siete Palabras
amorosamente tiernas,
de suerte, que aprisionando
las plumas de mi grandeza
(que no será novedad
que piadosas alas tenga
para congregar polluelos)
Cisne verdadero sea,
que para que el hombre viva,
cantando de amores muera;
Pero perdida y errante
la humana naturaleza
con deseo, y con memoria
camina, con que se acuerda
de lo que un tiempo perdió,
y de lo que ahora desea.
(Vase.
Para que vuelva a tus ojos
yo que soy la gracia eterna,
tan tuya, que soy espejo
que hace brillar tus ideas,
la guiaré.
Y aquí vendrá
la voz de Pablo a la letra
cuando diga: que yo huiré
porque al fugitivo vuelva
a mi presencia amorosa,
bien así, como el que lleva
delante su sombra misma,
que para que la detenga,
o para quitarla el ser
sombra, en la tierra se estrecha
Pag. 18
y cuanto se agobia más
menos de sombra la dejas;
pero ya viene mi amada
que siempre el alma me encuentra
amante, y esposo cuando
en gracia y con amor vuela.
Sale la Gracia y siguiéndola la Naturaleza con gala muy rica, la acompañan Deseo y Memoria.
Canta.
Sígueme, sígueme
Naturaleza
que el autor de la gracia
con fina eficacia
de amante destreza
te dice conmigo.
Ven, querida, a tu bien
ven, ven,
esposa graciosa
que amor que te ruega,
canta, llora, suspira, gorjea
y en cielos y en tierra
los astros, las luces,
las flores, las perlas,
cánticos embidian
lágrimas aprecian.
Canta el Verbo atado
a la humana regla,
sin salir del horden
de pasión y penas,
Llega, llega
que amor que te ruega
Canta, llora, suspira, gorjea,
cuanto yo suspiro
es para que vuelva
en mi aliento libre
tu correspondencia.
Llega, llega, etcétera.
Llora su cariño
al ver tu tibieza
que en desvíos vanos
se andaba grosera
Llega, etcétera.
Dulces mis gorjeos
oyen las estrellas
y aprehenden ternuras
las inteligencias.
Llega, llega,
que amor que te ruega
canta, llora, suspira, gorjea,
y en cielos, y en tierra,
los astros, las luces,
las flores, las perlas
cánticos embidian
lágrimas aprecian
Ven presto
Póstrase a los pies del Verbo.
Con tu luz, que es vida
no erraré.
Abrázanse.
Toda eres bella,
con la Gracia, esposa mía;
llega a mis brazos.
La estrecha
unión parece harmonía.
Interesada concuerdas.
Pag. 19
Un misterio, que con voces
sobre sensible materia,
te explicará las dulzuras
de consonancias eternas;
y para que manifieste
mi amor la enseñanza, y sepan
su música los mortales,
olvidando las severas
lamentaciones que fueron
de una caída cadencias,
desciendo como palabra,
que la mente sempiterna
habla con limpia expresión
en cándido origen, muestra
el Padre que es la luz misma,
que en su imagen reverbera,
cuya producción vigila
que es principio en la influencia,
no causa (como Thomas
el Ángel de las Escuelas
explicará en el idioma
latino, contra las griegas
frases, que errores promueven)
y volviendo a la propuesta
armonía, para que
en similitud, defienda
lo que defiende mi esposa
inspirada de mi idea.
La música se reduce
a tres voces, que son estas
ut, mi, sol, en que se funda
cuanto el sonido concuerda;
Y aquí del misterio trino
la consonancia se prueba,
pues las tres voces distintas
componen sola una esencia
de armonía; y siendo así
que lo dejaré por prenda
de mi amor, un sello vivo
de la divinidad misma,
música sacramental
esta será, que a la interna
de Dios imite, y por eco
a la música fiel tenga
del humano corazón
que sentidos, y potencias
echando el compás la gracia
cantarán, como a la letra
Pablo lo dirá también.
Y en las tres voces propuesta
tendrán la fe, la esperanza,
y la caridad, su nueva
música; la fe, en el ut,
que es el que funda, y gobierna
la armonía; la esperanza
en el mi, que es la voz media
en el arte de cantar,
y la de mayor firmeza;
la caridad, en el sol,
contralto que a la soberbia
del alto Luzbel castigue,
y con estas evidencias,
la naturaleza humana
Pag. 20
por mi voz se desempeña,
puesto que trajo el Amor
mi desposorio con ella,
hallando una mujer fuerte
de los valles azucena
cuya inclinación humilde,
como su cántico prueba
con la palabra de esclava
me trajo Verbo a la tierra;
y siendo así, que infinita
distancia hay, desde la inmensa
Naturaleza Divina
a humana Naturaleza,
pasé toda la distancia
uniéndolas, de manera
que soy hombre, siendo Dios,
que poder, Amor, y Ciencia,
en cuanto a manifestarse
tuvieron por conveniencia
este lazo misterioso
de las dos Naturalezas.
Pues esta es la prodigiosa
Música de Amor, en esta
ha de probar Augustino
de la numerosa viola
del concierto, el rithmo, dando
definición, que establezca
lo acorde, en lo disonante,
lo grave, en lo agudo, y tenga
el número bajo, voz
alta, que templarlo pueda.
Y en tanto que caminando
voy por las áridas sendas,
y entre las nubes de espinas
deshojadas rosas lluevan,
Cielo que empañe una mano,
Sol, que una muerte oscurezca,
vos cándidos pastores
me alaben, porque se vea
que la voz de los humildes
es la que mejor me suena.
Todos conmigo igualmente
la enseñanza te agradezcan.
Pastores cantan.
Y digamos alegres
con júbilo y fiesta
adorémosle, adorémosle,
que en la casa del pan
y portal de Bethlehem
la eterna Palabra
resuena muy bien.
Vanse.
Caminen muy en buen hora
por las incultas veredas,
donde no hay risco, que no
vista zarza como suegras,
como dueñas calce abrojos,
que son perniciosas hierbas,
que por enfermo vómito
cuando purgas me recetan;
vaya el músico a lucir
con su voz, que si las señas,
y el testimonio que da
de su luz, se considera
voz del que clama en desierto.
Pag. 21
podrá ser, que turbas necias
le llamen Samaritano,
y que tiene diablo.
Salen el Príncipe, y la Envidia =
Sea
el Mundo, quien de esta duda
nos saque
las otras muestras
experimente, si acaso
con la ignorancia nos deja.
Con miedo estoy, pues parece
que el monte dio por respuesta
de un Diablo, dos malas caras;
¿dónde huiré que no me vean?
Quiere apartarse y le detiene el Príncipe =
Detente móvil teatro
de la vida, cuyas escenas
en ceniza vil acaban,
y por llama ilustre, empiezan;
foro donde mis engaños
con bello color se expresan,
siendo a la vista de un punto,
sombra, ilusión, y apariencia;
Delicioso globo, en cuya
variable inconstante rueda
el que sube más asido
cae con mayor violencia:
primer valiente enemigo
del hombre, que en tu palestra
vistes por espadas, flores
plumas duras por saetas:
En fin Mundo, que mi amigo
eres, desde la primera
lid campal, cuyo triunfo
me ayudó en armas tiernas
un árbol alimentado
de la infancia de tus venas,
oye, escucha.
Tus razones
son tan mías, que pudiera,
con motivo de escucharlas,
obligarme a defenderlas;
Y aunque he perdido los ojos
lechuza de las miserias,
tu voz me declara, que eres
Príncipe de las tinieblas;
Y Príncipe poderoso
en el mundo.
Es evidencia
que tú eres su Envidia, pues
solo del poder te acuerdas,
¿qué mandas Príncipe adulto
del caos eterno, en que abrevias
el nunca medido cuerpo
disforme, de tu soberbia?
¿qué quieres?
¡Ay infeliz!
Mi desgracia es tan violenta
que lo que hablo como alivio
lo interpreto como ofensa;
de forma, que aunque procuro
pasar la vista a la lengua,
de la presunción me arrastro,
y me niego a la evidencia.
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Di, qué viviente prodigio
agobia a tu espalda seca
a quien la tierra y el cielo
rinden unida obediencia?
Rústicos pastores cantan
con armonía tan nueva,
que ya sus albogues rudos
son cítaras de las selvas
Una estrella envió el cielo,
y aunque mi altivez inquieta,
viendo tres adoraciones,
tres majestuosas ofrendas,
movió al corazón de Herodes,
para que en víctimas fieras
bárbaro cierzo agostase
la purpúrea primavera
de tantas flores benignas,
que aún no había por pequeñas
arrancado la malicia
del vergel de la inocencia,
hoy corro mayor borrasca
tan en mi fuego deshecha,
que viendo a unos pescadores
salir del mar a la tierra,
dejando sus redes, para
celosía de la arena,
me anego en golfos confusos
de amargas dudas; y apenas
voy midiendo la distancia
del tiempo, sin que se pierda
la atención de los discretos,
(pues estas sacras empresas
miro como sucedidas
fuera de la contingencia)
veo, que a Jerusalén
un hijo del hombre llega,
que según presumen, es
alguno de los profetas;
entre palmas, y entre olivas,
triunfos, y paces celebran,
diciendo para mayor
confusión de mis tristezas:
Bendito el Rey que viene
en nombre del Señor,
su paz canten los cielos
en gloria de su acción.
Qué dices, Mundo, qué infieres
de este hombre, a quien festeja
tanta populosa turba
vana, y fácil?
Yo quisiera
seguirle, y con esto ya
te doy la mejor respuesta.
Por qué?
Porque todo el mundo
va tras él, y en mi conciencia
debo seguir al seguido,
que esta es del mundo la regla;
pero lo que he reparado
(si es que las voces horrendas
de los que compran deleites,
y pregonan penitencia
dejaron ocioso, algún
martillo, de mis orejas)
Pag. 23
es, que la voz de este hombre,
que no he conocido, llena
tan dulcemente mis senos,
que un difunto se espereza
del sueño, en que ya su vida
durmió para cosa muerta;
La volvió en sí, y sacudió
la ceniza soñolienta,
en que su memoria sana
el polvo presente observa.
Grande fue el prodigio; ¡oh, quién
de obrarlo el modo supiera!
Es, por extraño camino
que esta maravilla hecha,
pues cuando en aquellos tiempos
los muertos se desentierran
para matar a los vivos,
en este caso, se prueba,
que hay quien anima a los huesos,
por dar vida a su nobleza;
¡Ah, pese a mi rabia! ¡oh, pese
a mi furia! O nunca oyera
los ecos, cuyo compás
las palmas y afectos llevan,
repitiendo, para nuevo
castigo de mi fiereza:
Bendito el Rey que viene
en nombre del Señor
su paz el Cielo cante
en gloria de su acción.
En este confuso abismo
donde la desdicha nuestra
camina a la disonancia,
y en la harmonía tropieza;
en este mar proceloso
de prodigios, donde huellas
de luz estampa, el que hombre
pasiblemente navega:
Dígalo el suceso (¡ay triste!)
de haberse creído, que era
fantasma del aire, que
sobre la cerviz traviesa
del mar, calzado de espumas
batía plumas ligeras,
y el haber librado a un pobre
pescador, que a la funesta
verde bóveda del agua
en fe se arrojó de piedra;
Y dígalo; pero como
mi inflexible altivez fiera,
no desmiente lo sabido,
para que asombros desmienta?
Ea, Envidia, mordaz viento
de la que piso tormenta,
sin que espere más bonanza
el buque de mi soberbia,
desde que arrastró mi proa
tanto piélago de estrellas;
ea, mundo, desde hoy
tremolemos las banderas
en que alistados los vicios,
que mi ardor capitanea,
las virtudes se abandonen,
y las fealdades se atiendan.
Yo ofrezco encender el pecho
de la gente pharisea
Joan. 12.
Pag. 24
envidiándole sus glorias,
al ver, que ya no aprovecha
su hipocresía, y que el pueblo
a ninguno reverencia.
Yo daré los instrumentos,
y armas, para que le venzas;
troncos tengo, cerros, y oro,
cruz doy, clavos, y monedas,
para que algunos le compren,
y para que otro le venda;
Pues coligados.
Unidos.
Vea el Cielo.
El mundo vea;
que exhalando testimonios,
que sepultando evidencias,
que sembrando cizaña
se rinde a las armas nuestras.
A la lid.
A la batalla.
Al campo.
A la competencia;
todo el abismo me anima.
Todas sus llamas me alientan.
Todos mis riscos pronuncian.
Dentro voces, cajas y clarines.
Arma, arma.
Arma, arma,
guerra, guerra.
guerra, guerra.
Y sordos los pechos,
en iras deshechas,
digan en fuego, y viento, en agua y tierra.
Arma, arma, guerra, guerra.
Vanse, y salen el Verbo y la Naturaleza; y se verá un manzano.
Canta el Verbo recitativo.
Amada esposa mía,
de cuyos labios, néctar, y ambrosía
recogen las abejas, y las flores;
tú, que esparciendo olores
de adquiridas virtudes peregrinas
eres reina de nácar entre espinas,
venciendo a los aromas elegantes,
aprende tiernos cánticos amantes,
que de tus pechos la verdad hermosa
cándida explique, cante deliciosa,
contra las engañosas lamias fieras
de las aulas del mundo lisonjeras;
para cuyos delitos,
castigos infinitos
cuando león terrible,
rayo seré de luz inaccesible,
y majestad airada,
que esgrimiendo los filos de mi espada,
sin perder mi justísima harmonía
les negaré la claridad del día.
Querido esposo mío
que dejándome libre el albedrío,
(¡oh suavidad del yugo que me pones!)
porque al mérito fragüen mis acciones,
sin que violencias de impulsiva tema,
quieres, que yo me labre mi diadema;
yo cantaré amorosa,
y mi garganta imitará gustosa
el coloquio suave que me enseñes;
y ahora te pido, que me desempeñes
con la enseñanza de el amor propuesto;
Ven a la sombra de este tronco, a ver
Pag. 25
donde te desperté, y donde perdiste
eco inocente con malicia triste.
Hoy a la sombra suya
quiere mi fino amor, te restituya
la celeste armonía,
que sea gloria tuya, y pasión mía.
Al árbol llego con temor y espanto.
= Siéntase debajo del manzano =
Figura es de la regla de mi canto;
no temáis pues la música que enseño
tendrá por voz a un sol, por pauta un leño.
Obedeciendo llego temerosa,
porque aunque bella soy por ser tu esposa
soy negra, si reparo, si repito,
que el estímulo ardiente del delito
me enferma, aunque el espíritu se aliente.
Pues ponme como sello permanente
sobre tu corazón, que el amor fino
ha de ser fuerte; mas por el camino
de mi luz, que infinitas sendas tiene.
Vienen cantando los Pastores.
Dentro =
Suene
la música, cantemos y bailemos,
y al triunfante y bendito coronemos.
Salen los Pastores cantando y bailando, con ramos de oliva, flores, y palmas que ofrecerán arrodillados a los pies del Verbo =
El que tiene en sus labios
la gracia bella,
el que es flor de los campos
bendito sea.
Al que tiene a sus plantas
palmas, y olivas
como a rey le corone
nuestra alegría.
Lirios, claveles, y rosas
son las ofrendas que admito
de vuestras manos, por ser
todas flores que he previsto
como figuras fragrantes
de mis dolores esquivos.
A duro cierzo de azotes,
a fría cadena al silbo,
vestiré funestas hojas
de claveles fugitivos.
Al pesado movimiento
de una mano, en rostro limpio
cinco disfrazadas hojas
desatarán abierto un lirio.
Las rosas en mi cabeza
han de tener dos oficios,
siendo entre espinas y nácar,
rigurosamente unidos
verde ejército de puntas,
campo de púrpura vivo.
Mi gloria al oír tus voces
en pena se ha convertido.
Siempre te amé, y hasta el fin
tendrá mi amor su ejercicio.
Id en paz, y acordaos siempre
de mis voces pastorcillos.
Con esa memoria vamos
diciendo alegres y unidos:
El que en sus labios tiene
la gracia bella
el que es flor de los campos
bendito sea.
Vanse los Pastores
Aunque a muchos llame, estos
Pag. 26
pocos, son los escogidos.
Humildes son
Por si acaso
ignorases tu principio,
bellísima Sípora, sigue
de cándidos corderillos
las huellas, junto a los pobres
rudos albergues pajizos
de los pastores.
Así
mi humildad he conocido
Pero pues llega la hora
del último aliento mío,
a cuyo triste suceso
en volubles torbellinos
ha de hablar la sierra, hirviendo
pardos dientes de sus riscos
quiero darte una lición
para la música.
Herido
de tu agonía, mi pecho
derrama amantes suspiros,
y tus manos que están hechas
a torno, me han parecido
nevados ecos que explican
mi pena, pues las diviso
llenas de amorosos ayes
con las flores de jacintos.
Gracia, Deseo, y Memoria
han de ser los puntos fijos
con que ha de cantar tu lengua
el glorioso metro, el fino,
que en siete números, tenga
accidentes del sentido
que sin sujeto acompañen
al que de palabras cinco
atienda a la forma, y baje
a la dimensión ceñido,
de suerte, que aunque dividan
los accidentes, él mismo
que estaba en el todo, esté
en las partes indiviso;
cuerpo que realmente suene
en cada una escondido.
Ese es notable misterio.
Será de fe; y aquí elijo,
que tu deseo me busque
sin verme.
Sale el Deseo.
No voy perdido
buscando al Dueño amoroso
de mis potencias. Amigos
ola, hau, ha de la sierra?
Dentro la Gracia cantando.
Quién llama
El que arrepentido
subió por las asperezas
de este monte, y busca al mismo
que le ama.
Sale la Gracia y canta.
Guíale hacia el Verbo.
Sígueme, sígueme
que yo te guío
Para hallar las dulzuras
que el Amor canta,
debe todo Deseo
llevar en gracia
El que vista la gala
de penitente
probará las delicias
que el Amor tiene.
Pruébese pues el hombre
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no llegue reo,
comiéndose él suyas
contra sí mismo.
Feliz, Señor, quien te halla.
Nunca por este camino
de rectitud, y de paz
me perderás.
Sale la Memoria.
No me olvido
de este Músico que pone
en consonancia al Cariño.
La Memoria, cuidadosa
viene también.
He querido
ceñir como memorial
el círculo a que me ciño,
porque tenga quien me logre
memoria del beneficio,
y se acuerde mi pasión.
¡Muera, muera!
No hay delito
en él.
(Levantase)
Pero, ¿qué alboroto
es este?
(Arrodíllase)
Pues es preciso
que pase por mí, este cáliz
de amargura, Padre mío,
cúmplase tu voluntad.
¡Qué terneza!
¡Qué cariño!
A una parte el Príncipe, y la Envidia =
A prenderle llegan ya.
Pero ¿qué es esto que miro?
Junto a un tronco (¡ay de mí triste!)
orando (rabias invito)
está, cuando un Árbol fue
Cátedra del precipicio
del Hombre!
Llega a quitarle
la Vida.
Aunque más me animo
no puedo, porque en este hombre
he descubierto unos visos
de prodigioso, mas nunca
les comprehendo lo Divino.
¡Muera, muera!
(Levantase)
Esposa amada
Este tropel, este ruido
es de mi prisión anuncios,
de mi muerte último indicio;
dame los brazos.
De pena
en sollozos repartido
mi corazón, por los ojos
habla el idioma de vidrio.
canta
La paz de mi boca
se quede contigo
y el Bien de los bienes
tesoro escondido.
Sus campos bañados
del blanco rocío
a Ruth acrecienten
las trojes del trigo.
Caleb en tus viñas
envidie racimos,
que nunca los talen
los brutos ni el frío.
A fin de que vivas
morir solicito,
y porque me goces
de ti me despido.
¡Qué sentimiento!
¡Qué ansia!
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¡Qué inocencia!
¡Qué martirio!
¡Qué ira!
¡Qué furia!
Mi cuerpo
bañado de sudor frío
dejó impresos en la tierra
caracteres sensitivos;
vamos luego a practicar
los misterios ofrecidos,
en que sean las palabras
números de lo infinito.
¡Qué escucho!
¡Qué oigo!
Sin duda
hoy con la Música dimos.
Seguidme.
Tan deseable
eres, esposo querido,
que tu suave garganta
da aficiones al más tibio.
¡Oh Amante Músico, ya
tu voz, y tu amor seguimos!
Vanse.
Sobresaltos, confusiones,
miedos, horrores, abismos,
Llamas, incendios, Vesubios,
sustos, afanes, peligros,
Me amenazan.
Me circuyen.
¿En tal pena?
¿En tal conflicto?
Solo las iras del pueblo.
Solo del vulgo los gritos.
Dentro voces.
¡Muera, muera!
Me sosiegan.
Mas a esta parte escondidos
veremos el fin de esta
música, encanto, y hechizo.
Retíranse a una parte, y sale el Mundo como alborotado.
En el confuso desorden
donde es virtud el arbitrio
facilitándose el odio
al paso de lo que envidio,
precipitado y furioso
con el rumor incentivo
de todos los que me llaman
parte de sus desvaríos,
(como si acaso ignorasen
que engaño en cuanto convido)
padezco entre varias turbas
el achaque de ofensivo,
pues aquel hombre que excede
al conocimiento mío,
diciendo, que de este Mundo
no es su Reino; y que ha venido
a fin de dar testimonio
de la verdad, nos predijo
que vendrá día, en que digan
sus sañudos enemigos:
montes, caed sobre nosotros,
y con nocturnos vestigios
romped, soberbios collados
el árido claustro frío
que nos fabrique, a fragmentos
de peñascos desasidos,
sepulcro de eterna infamia,
cuna de ardientes suspiros;
todo es clamor, todo es susto,
cuanto en mi centro diviso;
del poder, me sobresalto;
del gusto, me atemorizo;
temo lo mismo que intento;
culpo lo propio que elijo
Pag. 29
Pero fatigado el Joven,
de su dolor ansioso,
de paz enarbola un leño
y en el sangriento camino
cayó tres veces.
Salen la Naturaleza, Memoria, y Deseo llorando, y luego la Gracia y el Verbo vestido de Nazareno, que caerá al salir, y le ayudarán a levantar la Gracia, y la Naturaleza; traerá una cruz hecha en la forma de una cítara, en el clavo del pie estará el Libro del Apocalipsis cerrado y desde él, se extenderán hasta los brazos de la cruz, siete cintas de diversos colores, y a cada una le corresponderá un sello en lugar de clavija.=
Las cuerdas
falsas, de tantos delitos,
pesan infinito más
que el instrumento que rijo.
Canta
¡Oh sonoro instrumento,
hoy a tus cuerdas fío
delicados primores
que sostiene el cariño,
de los cedros más altos
(¡oh dulce leño mío!)
sobre excelsos verdores
han de verte los siglos.
Rojo estandarte sacro
serás de mis dominios
y a la voz de tu insignia
se postrará el abismo,
y aunque duro acompañas
a mi cuerpo rendido,
después por el contacto
tesorarás prodigios,
por timbre he de guardarte
del triumpho que consigo
y subirás de punto
clave del Paraíso.
¡Ay gloria del alma,
pena del sentido!
no me dejes, no,
pues los ecos míos
cláusulas han de ser
eternamente
de angélicos coros
de espíritus dignos.
¡Quién no se enternece al ver
(¡ay amado dueño mío!)
que cantes entre tus penas
la gloria de mis alivios!
Música es, pero muy triste
la que oigo.
Bien la percibo
aunque atiendo mal.
En estas
cláusulas, he comprehendido
un cantar, que no me agrada
porque en fin, no es como el mío.
Ésta es la sagrada lira
cuyo pesado artificio
me quita humanos alientos,
y mueve acentos divinos
siete palabras, en ella
se oirán, y los siete signos,
que ajustadamente sellan
a este misterioso libro,
dejarán patente al hombre
el arcano de su escrito,
y siendo siete palabras,
siete sellos, siete visos
de artículos de la fe
mi Divinidad explico,
y también mi humanidad,
multiplicando el guarismo,
(como lo dirá Ruperto
Pag. 30
a su tiempo) y pues aspiro
a la Música de Amor
cuando en el Monte se ha visto
mi dulzura levantada
entre mi esplendor caído,
La Gracia, que es Voz eterna,
diga, por mí en dulce estilo:
Va pasando el Verbo con la Cruz mientras canta la Gracia.
Parda sañuda Sierra,
en cuyos Obeliscos
Eterno Sol amante
duro Sepulcro solicita a giros,
último Escalón fiero
del paso más benigno
que articulando angustias
serenara las sendas del peligro,
Firme estupenda Basis
en cuyo ardiente Sitio,
la Principal Columna
Zanjara de la Iglesia el Edificio.
Oye Sagrado Monte
la harmonía que imito,
arrancando a tus plantas
y atrayendo al remate de tus riscos.
Hoy a mis Voces, los que eran
Prisioneros del Abismo,
con sus Cítaras saldrán
entonando alegres Hymnos,
y explicándose mi Amor
en el Convite más Rico,
dará fundamento al noble,
claro ingenio comprehensivo
de Thomas, para que ajuste
el más soberano Oficio
de mi Sagrada Pasión
con sus cánticos y Rithmos.
Venid todos.
Mientras yo
sonoramente repito:
Canta.
Oye Sagrado monte
la harmonía que imito etc.
Vanse, y quedan el Mundo, Príncipe, y Envidia.
Esta Dulzura.
Este Canto.
Este Misterio.
Este Libro.
¿Quesa música, qué pueden
ser?
Dentro el Verbo.
El Espíritu mío
pongo, Señor, en tus manos.
Ruido de Temblor de Tierra.
Temblando estoy, e imagino,
que dándome con las piedras
de un Terremoto tiritos.
¡Qué novedad!
¡Qué discordia!
Descúbrese la Cruz con el Libro abierto, y en él estarán escritas estas palabras: Ex vi verborum Pignus Amoris: y en los sellos estas Siete: Odor, Color, Sapor, Parvitas, Quantitas, Levitas, Rotunditas: en la Cabeza de la Cruz se verá un Cáliz, y un Corderillo sacrificado que le Corone.
¡Oh Prodigio de Prodigios!
Venid Mortales, Venid, pues Suave
el Libro que abierto el Cordero dejó
con palabras, y con accidentes
La Música guarda que enseña el Amor.
Pag. 31
Furias, ¿qué es esto que veo?
Rabias, ¿qué es esto que miro?
Arrodíllase.
Verdaderamente creo
que este era de Dios el hijo.
Ábrese el primer Carro y véase Jerusalén coronada y triunfante, y en el foro una Ciudad hermosísima.
Canta.
Sus glorias cantar podré
triunfando en sublime sitio,
pues libre mi grandeza
de Babilonia
encuentra en el Cordero
música y gloria.
Ábrese el segundo Carro, y aparecen los tres niños arrodillados con palmas batidas por el suelo, junto a la Ara en que estará un Cordero.
Al Cordero solamente
palmas y vidas rendimos.
Porque todas las obras
que hizo su mano
alaben al más grande
de sus milagros.
En el tercer Carro se descubre Daniel, pisando a la bestia de los diez cuernos, y las otras de su visión estarán postradas e inclinadas al cetro de oro que tendrá en su mano el profeta.
Ya despertando del grave,
triste, horrendo parasismo,
en que movían los vientos
la fiereza que ahora piso,
al Altísimo se dé
la potestad y el dominio,
y le obedezcan los reyes
por los siglos de los siglos.
Canta.
Porque todas las obras
que hizo su mano.
En el cuarto Carro se verá Jonás arrodillado fuera de la mar, y en ella, donde hubo el navío, una ballena.
Pues en tan glorioso puerto
felizmente resucito,
después de tres días que
escamado laberinto
habité, y más que alimento
le fui embarazo vivo.
Cantaré tu alabanza
Señor eterno,
entre las dulces voces
de tus misterios.
¡Qué gloria!
¡Qué suavidad!
¡Qué paz!
¡Qué gusto!
¡Qué alivio!
¡Qué congoja!
¡Qué tormento!
Por no verlos.
Por no oírlos.
Náufrago vuelvo a las llamas.
Fiera busco los gemidos.
Húndense los dos con estrépito, llamas y humo.
Pues ya en su analogía
está el auto concluido,
pidiendo por el ingenio
perdón de yerros escritos
y celebrando de amor
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la consonancia, decimos.
con la música.
Venid, mortales, venid, pues suave
el libro que abierto el Cordero dejó
con palabras, y con accidentes
la música guarda que enseña el amor.
FINIS.
