Texto digital de Los triunfos que alcanza el celo solo juzgar puede el cielo
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los triunfos que alcanza el celo solo juzgar puede el cielo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-triunfos-que-alcanza-el-celo-solo-juzgar-puede-el-cielo.
LOS TRIUNFOS QUE ALCANZA EL CELO SOLO JUZGAR PUEDE EL CIELO
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Los triunfos que alcanza el celo / solo juzgar puede el cielo.
Diálogo cómico, armónico, que a la celebridad del día del Rey Nuestro Señor don Felipe Quinto (que Dios guarde) se ha de representar, y cantar por los Serenísimos Infantes de Castilla, en el Real Sitio de Aranjuez en 1º de Mayo de 1737.
[Sello: BIBLIOTECA NACIONAL]
Interlocutores
Apolo....... El señor infante don Felipe.
Mercurio.... El señor infante don Luis.
Terpsícore.. La señora infanta doña María Teresa.
Calíope..... La señora infanta doña María Antonia.
Acto primero
Estando el teatro de bosque vistoso, sale Mercurio con alas en los pies, y en el capacete, y el caduceo en la mano.
Tomo 5º - 6ª
Jornada primera
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¡Ha del sagrado monte, cuya altiva,
feliz, gloriosa, inaccesible cumbre
goza por especial prerrogativa,
centro animado de divina lumbre!
¡Ha del Olimpo, en quien de planta esquiva
diadema ciñe, que su honor encumbre
el que es Monarca de uno y otro polo,
Délfico Numen, soberano Apolo!
Canta el Coro dentro.
Al trono de luces
que unidas esmaltan,
su vesta con flores,
con perlas Castalia,
¿quién es el que llega?
Representa Mercurio.
Mercurio es quien llama.
Pues grato, y afable
reciba, y aplauda
el Délfico Numen
al Numen de Arcadia.
Mientras acaba de cantar el Coro se corren los bastidores forales, y aparece el Monte Parnaso dividido en sus dos cumbres, y en la de su derecha estará el caballo Pegaso, y entre las dos cumbres sentado en un peñasco Apolo, coronado de laurel, cercado de las Nueve Musas, y en la mano derecha tendrá una lira; y al pie del monte estarán las tres fuentes, Aganipe, Castalia, y Elicona; y en sus márgenes algunos cisnes, en que figuran los ingenios.
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Representa Apolo desde el peñasco.
Aunque por divina ciencia
tu intención mi ser alcanza,
pues mis luces desvanecen
la nube de la ignorancia;
las leyes de embajador
te obligan a declararla:
esto sentado, refiere
de llegar aquí la causa.
Júpiter, Deidad suprema,
en nombre de la sagrada
multitud, que de su imperio
venera aun las circunstancias,
como a mensajero suyo
que te haga saber me manda,
pues eres Padre del día
en que la gloriosa España
lealtades reverentes
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tributa al mayor Monarca,
que es bien que en festivos cultos
rinda el soberano alcázar
sacrificio, en cuyo incendio
se inmortalice la llama.
Mientras representa Apolo lo que se sigue, va bajando al tablado, seguido de las Musas.
Si el más humilde holocausto
se hace digno de las aras
en la obediencia, la mía
por víctima se consagra;
y puesto que mi elección
los Dioses hoy tanto exaltan
que hacen, que a mi rendimiento
autorice su confianza,
de Música, y Poesía,
cuyas singulares gracias,
si una, Terpsícore alienta,
otra, Calíope ensalza,
he de formar un compuesto,
que aunque limitado, aplauda
glorias, que en el referirlas,
solo hay la acción de admirarlas.
Y ya que para el intento
tan pronto el afecto se halla,
que hace la esperanza pena,
siendo gloria la esperanza,
de Terpsícore cadencias
céfiro vuele en sus alas.
Obedecer pretendo,
pues no yerra, quien yerra obedeciendo,
y así mi fe dedicaré segura
en el ala veloz de mi dulzura.
Dominará mi acento
la esfera luminosa,
y al ave, que en el viento
camina presurosa,
mi voz suspenderá,
para que así consiga
que un fiel afecto siga
el bien, que alcanzará.
Aparte.
¡No bastaba su hermosura
sin añadirla esta gracia!
Aparte.
Hablando con él.
Llevado de la armonía
Mercurio en mí no repara.
Si la suspensión permite
advertencias bien fundadas,
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(Supuesto ser la belleza,
de tal primor adornada
activo imán, que el sentido
violentamente arrebata)
es innegable principio,
que sin voz la consonancia,
aunque es un hermoso cuerpo,
es al fin cuerpo sin alma.
Aparte
Hablando con ella
Entre la atención, y afecto
la diferencia me valga.
Si los acasos te ofenden,
hermosa Deidad, repara,
que no es sacrílego el culto,
que igual se ofrece en dos aras,
cuando de ídolos distintos
solo a la unión se consagra.
Hablando con Calíope
Hablando con Terpsícore
Supuesto que es el empeño
de oír una empresa tan alta,
fío de tus elocuencias
el fin de mis esperanzas,
y de tu genio, el agrado,
que de Mercurio la instancia,
pues llegó a ser admitida,
no llegue a estar desairada.
Vase Apolo seguido de las Musas excepto Calíope que se queda con Mercurio.
Aparte
Neutral entre dos afectos
que mi inclinación arrastran
voy, y hasta ver cuál vence,
cautelosa fe, constancia.
Aunque de la dulzura,
la discreción, agrado, y hermosura,
ha admirado un compuesto,
sepa, también hay mucho de loco;
y para que mejor pueda contarlo
lo que no pudo ver llegue a escucharlo.
Aria.
Vase
Si el Céfiro hiere
la dulce voz mía
dará a quien la oye,
si grave, armonía,
si alegre, placer.
Con esta hermosura,
con este donaire,
la misma dulzura,
con ser cosa de aire
no tiene que ver.
mirando adentro
Aguarda, detente, espera,
veloz a mi acento iguala,
y así es preciso el seguirla,
porque pueda asegurarla,
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Folio 235 en la esquina superior derecha.
que en mí su noble respeto
la indiferencia no agravia.
Vanse.
Salen Apolo por un lado, y Terpsícore por el opuesto, sin que hasta su tiempo se vean.
Dudosa fantasía,
poderosa inquietud del alma mía.
Fantasía dudosa,
del alma mía inquietud quejosa.
De Mercurio el cuidado
en Terpsícore sigue el dulce agrado,
De Mercurio lo atento
es ciega confusión del pensamiento,
Aparte.
Mas Terpsícore viene,
y así disimular solo conviene.
Pero allí viene Apolo,
y así disimular conviene solo.
Recatada.
¿Qué causa al bosque tu cuidado guía?
Recatado.
Buscando tu beldad aquí venía,
que no descansa un corazón ansioso
cuando el cuidado turba su reposo,
dígolo, por la empresa que te fío,
remitiendo mi acción a tu albedrío.
Aria.
Note mi prenda el celo,
con que mi fe rendida
sigue un dichoso anhelo,
que al cielo le agradó:
Goce el aplauso, y gloria
quien a mi afecto unida
de Ana en mortal memoria
feliz se coronó.
Vase.
Si Anfión en Tebas levantó
los muros, y
alumno siendo del aliento mío,
trofeos más seguros
me ofrece el Monte, me tributa el Río,
para que sea uniendo los primores,
Jardín el Río, sus peñascos flores;
y más cuando en el Triunfo que os aclama
armonía es mi voz, eco la fama.
Aria.
Del viento inconstante
Constante
Aria.
el ámbito hueco
eco
Aria.
Mi voz poblará
hará;
Aria.
Cenit melodía
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mi dulce armonía
constante eco hará.
Acabada el aria se entra Terpsícore, y al mismo tiempo se muda el bosque en jardín y se finaliza el acto.
Jornada segunda
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Permaneciendo el teatro de jardín sale Calíope sola.
Amada soledad mía,
en cuyo apacible centro
glorias de lo soberano
no perturban el sosiego;
a ti vengo conducida
de aquel natural afecto,
que inclina la voluntad,
sin ultrajar el respeto;
y puesto que me convida
de Flora, el fragante imperio,
a quien el Mayo tributa
cuantas flores mece el viento,
de su vegetable adorno
formar una cifra quiero,
que pueda sin expresiones
autorizar pensamientos.
Pónese a coger flores, y sale Mercurio al paño, habiéndola escuchado.
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Admiración me ha causado
ver igual en un sujeto
lo gracioso en los donaires,
lo profundo en los conceptos.
Coge flores.
Plantas, que al blando Favonio
en retórico silencio,
haciendo lenguas las hojas,
explicando están afectos:
vuestra dicha celebrad,
pues un reverente obsequio
con las flores que hoy desnuda
viste una fe de misterios;
y ya que para la idea,
que ansioso sigue mi anhelo,
en esta unión agradable
asunto logra el deseo:
aliénteme la esperanza
de que a la fama, y al tiempo
lo que el pensamiento oculta
mostrará benigno el cielo.
Vase a entrar por donde está Mercurio, que le sale al encuentro, y ella se detiene.
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Milagro de la hermosura,
de la discreción portento,
suspende velocidades
de tu destino, advirtiendo,
que si en ti viven las flores,
quedarán sin ti muriendo.
dale flores
Por librarlas del peligro
las paso a vos, pues bien creo,
que aun ni mueran, ni vivan,
según neutral os contemplo.
Aparte
Haciendo a expensas bastantes
las frases del rendimiento
cuanto la confianza estimo
se lo remito al silencio:
¡Si Terpsícore lo escucha!
mas temor, disimulemos,
que no ha de poder lo ingrato,
en los que nobles nacieron,
de un agrado bien nacido
derogar los privilegios.
Vase
Esa copia de Amaltea,
que hoy en vuestra mano dejo,
espero sirva algún día
de aplauso al merecimiento.
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Recitado
Aria
Enigma de la idea
que ciego ignora quien un bien desea,
de mi ser entre dudas combatido,
pues llenas la atención, llena el sentido.
Si el navegante
que anhela al puerto
se ve ignorante
del rumbo cierto
confuso errará:
Así en la calma,
que infiel desvela
suspensa el alma
duda y recela
si acertará.
Sale Terpsícore que trae un ramo pequeño de laurel
La que del triunfo de Dafne
alusión halló mi ingenio,
que a una inteligencia unida
explique varios conceptos;
pues hoy condujo el acaso,
(quizás no sin gran misterio)
adonde mostrar os pueda
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Folio 238 en la esquina superior derecha, transcripción de página doble.
señas de un bien que deseo
tomad esta verde cifra.
Tanto el favor agradezco,
que en mí...
Suspended la voz,
que no es favor advirtiendo,
la esperanza de una gloria
que en vos deposita el celo.
[Vase.]
Admirado, y advertido
voy, llevando por trofeo,
que el ser parte en vuestro triunfo
me ha de conceder el tiempo.
Si a la elocuencia le toca
la expresión de los afectos,
bien fundada es la confianza,
que le da el conocimiento.
Sale.
Estando a tu cargo el logro
del fin, a que ansioso anhelo
las repetidas instancias,
serán injustos recelos;
mas que adviertas solicito,
que aun en dichosos empeños,
no dejan de ser cuidados
gloriosos desasosiegos.
recit.
Pierde, Apolo, el cuidado,
pues mi fe se ha declarado;
Alienta la esperanza, en mi confía,
que del triunfo mañana este es el día.
Aria.
[Vase.]
Del horror de noche oscura
sale incauto pasajero,
y el temor, que halló primero,
con la luz es ya placer:
Este ejemplo te asegura,
que tu afecto peregrino,
con la ley de su destino,
el recelo ha de vencer.
¡Oh cuánto es grande el poder
de una dudosa esperanza,
pues rinde con lo que anima,
y con lo que alienta engaña!
Dígalo yo, pues con ser
Deidad, a quien en sus aras
Delfos, para culto, enciende
la más reverente llama,
a un vano temor sujeto
preeminencias soberanas.
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Sale Mercurio.
Excelso, sagrado numen,
a quien todo el mundo aclama
ya por autor de las ciencias,
ya de la luz por monarca:
supuesto que el desengaño
nos muestra que de la instancia
que por mí te hacen los dioses,
solo se originan varias
enigmas, que el pensamiento,
ni las comprende ni alcanza,
pues cada instante a la duda,
se le añaden circunstancias;
vengo a que elijas un medio,
con que se venzan tan raras
confusiones, porque así,
tú con el empeño salgas,
a mí me alivies la pena,
y a Júpiter satisfagas.
Nadie más que yo desea
lo que tu afecto me encarga,
y así de Themis al templo
vamos, porque su sagrada
inspiración nos revele
secretos, que ignora el alma.
Vanse, y corriendo los bastidores aparece el templo de Themis, y sobre un ara habrá un ídolo, que represente la Justicia, y canta el Coro.
Venid, moradores
del orbe, venid
al templo de Themis
su gloria a aplaudir:
venid, y en sus voces
veréis decidir
enigmas, que el celo
llegó a discurrir.
Salen por un lado Terpsícore, y Calíope, y por el opuesto Apolo, y Mercurio.
De la influencia de Apolo
vengo a este sitio guiada.
De Apolo vengo hasta aquí
conducida de la instancia.
En tan ciego laberinto
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ha de ser Themis, Ariadna.
Benigno permita el cielo
sacarnos de dudas tantas.
Suprema sacra Deidad,
a cuyo oráculo encarga
Júpiter omnipotente
la decisión de sus causas:
si a tu templo venimos,
buscando en la soberana
influencia de tu voz
el logro de una esperanza;
y puesto que en lo divino
caber no puede ignorancia,
solo diré lo que al ruego
hace acreedor de tu gracia;
dando, porque más benigno
logre el honor de tus aras,
mi inspiración a las Musas,
que en suaves consonancias
repetirán los motivos
que tan vario empeño causan.
Recitado.
Un afecto ignorado,
de causa superior arrebatado,
por un acaso ordena,
que un jacinto, un clavel, y una azucena
deposite en Mercurio, y yo viva
sin saber el porqué, por vida mía.
En tu gloria me intereso,
sé piadosa, sé clemente,
si no alcanzo nada de eso,
porque al fin soy inocente,
y así dígalo tu voz:
Ignorante fui del caso,
si la pena que yo paso
no merece, no, tu olvido,
baste, baste lo rendido,
sino basta lo veloz.
Recitado.
Aria.
Un ramo de laurel, que tierno vive,
a Mercurio le di, y él le recibe,
aunque en esto también debió su celo,
a mí la acción, pero el impulso al cielo.
Turbado el reposo,
suspensa la idea,
de un Héroe glorioso
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Aplausos desea,
y todo es dudar;
y así es bien consiga
su amante fatiga
mi fe singular.
Ya que el fin de nuestro intento,
sagrado numen, alcanzas,
tu oráculo en mi respuesta
el triunfo mayor aplauda.
Canta el Coro.
Mercurio inspirado
de aliento sutil,
pues es la elocuencia,
responda por mí.
Qué es esto, sagrados dioses,
que con providencia rara
de luz sobrenatural
sé lo que hasta aquí ignorara.
Los primores de los genios
tan iguales se retratan,
que lo que fue competencia
ya por unión se declara.
El laurel, que en mi poder
depositó la confianza,
vaticina la inmortal
corona, que da la fama
siendo más culto que obsequio
a tan augusto monarca:
El clavel, cuyo encendido
color es en la campaña
señal de que a sangre y fuego
rigurosa lid serrana,
publica de su animoso
corazón la activa llama,
en que su espíritu, fénix,
para renacer se abrasa:
La blanca azucena explica,
con la flor de su fragancia
su celo, que al cielo sube
y con su candidez pura
significa la pureza,
de la justicia que guarda:
El jacinto en quien transforma
la gran madre una desgracia,
que llora sentido Apolo,
compadeciendo a Tesalia,
a la piedad simboliza,
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cuya perfección esmalta,
las virtudes, que en él viven,
cediendo en glorias de España;
y pues su nombre glorioso
reverente el orbe aclama,
repitan nuestros acentos
en acordes consonancias.
Representan Apolo y Mercurio, y cantan Terpsícore y Calíope acompañadas del coro.
Que ciña triunfante
laurel singular,
que reine dichoso,
que viva inmortal:
gozando en obsequios
de afecto leal,
la fe, que rendida
le llega a adorar,
que ciña triunfante
laurel singular,
que reine dichoso,
que viva inmortal.
finis
Foliación: 242 (en la página derecha)
