Texto digital de La margarita del cielo
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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- Rodrigo Pacheco Segura
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La margarita del cielo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-margarita-del-cielo.
LA MARGARITA DEL CIELO
Pag. 1
los Amantes no vencidos
Va gran mal en la ciudad
en todos los edificios,
con el grande terremoto
que esta noche ha sucedido
en pie no ha quedado templo,
y en ceniza los ídolos
se volvieron! ve señor
que este justo castigo
de los tormentos que has dado,
y muertes, que has cometido,
de los cristianos, que son
todos, por santos tenidos;
manda presto que los suelten
antes que acaben contigo,
ya remedio no les siento
son muertos? somos perdidos,
sale un soldado
Ya murieron los tres magos
si verlos quieres: mas vivos
parecen, que muertos no!
estoy de veras corrido
de no vencerles, mostrad?
corren una cortina, y abre un bufete adonde estarán las tres cabezas, que han de hablar.
mujer infama, mal hijo,
y lucífero Julián,
cesaron ya tus hechizos?
tu tormento empieza agora,
tu perderás el juicio,
gusanos te comerán
por cruel, fiero, y atrevido,
aun estos mágicos muertos
no han cesado?
es nunca he oído
tal portento, y casi estoy
o del todo, confundido
en la plaza, en un gran fuego
sean luego consumidos
los cuerpos destos ingratos,
de sí propios, enemigos
vamos, y damos remedio
a los males sucedidos;
con que tienen fin dichoso
los amantes no vencidos
cúbrese la apariencia, y dese fin a la comedia
sub correctione sanctae Matris Ecclesiae
La Margarita del cielo Primera Parte Comedia famosa de Don Rodrigo Pacheco al Rdo Padre Presentado fray Gil Pérez Redentor de cautivos del orden de la merced. Una Margarita envío a V. P. muy Rda, no excusará el tomarla pues va de balde, aunque mal dije siendo paga de tantas obligaciones; no es liberalidad sino jus= ticia, aunque no rigurosa, pues no pago en el género en que soy obligado; y como dicen los juristas nihil tam naturale est, quam eo genere quidquam dissolvere. quo coligatum est. Y sus obras de V. P. no merecían en satisfacción palabras; ni plumas, lo que falta a las mías, sobra a las obras de mi Margarita, y juzgo quedan bastantemente agradecidas, y conmutadas mis deudas, pues los pobres por las cosas deste mundo no somos obli= gados a pagar en especie, basta que cumplamos con el Evangelio, dispensando el cielo por cosas deste mundo; y no imagine V. P. que por haber hallado lo precioso desta piedra se le ha de aplicar el dedit omnia sua et comparavit etc. que Dios a V. P. muy Rda los años de mi deseo de granada 20 de agosto de 1640 de V. P. siempre Don Rodrigo Pacheco Don Rodrigo Pacheco
Jornada primera
Pag. 2
La Margarita del cielo
Comedia famosa del Cristiano Inocente~
~ Jornada Primera ~ ~ Personas de ella ~ Santa Margarita de Cortona ~ Claudia Dama ~ Jacinta Dama ~ Flavio galán ~ Probo galán ~ Celia criada ~ Lucio galán ~ Redín lacayo
Salen Flavio, Lucio, Probo y Redín lacayo de Flavio; de de noche.
Bien serena está la noche.
Y a la luna en lleno está.
Caminando aprisa va
en su negro, eburneo coche.
¿No es bueno, que los poetas,
andado en tal necedad,
que nos venden por verdad
sus versos como gacetas,
quién vido carro en el sol
y coche en la blanca luna?
¿rueda veloz en fortuna?
Es menester un crisol
que apure tu entendimiento.
No lo hará, aunque de nuevo
me fundas, de casta lleno
soy señor cual tú, jumento.
Bueno, y qué bien le ha pegado.
Martillazo fue por Dios.
Entendámonos los dos.
Ello está bien comparado.
Ha dado en bufón Redín
de poco tiempo a esta parte.
Antes entiendo del arte
que viese en Roma a Pasquín.
¿Cuánto ha que allá estuviste?
Antes de nacer estuve,
y con él, a escuela anduve,
siempre alegre, y nunca triste.
¡Ay disparate mayor!
Redín, grande necedad.
¿Tú aprendiste en esa edad
a mentir?
No por menor,
yo soy poeta que adora
el mentir, como los tres,
que sin duda, de esta vez
haré llorar a la Aurora.
Dejalde por vida mía,
que es un atestado necio.
A Pegaso pone en precio
tu dulce musa Talía,
¿mira si comprar le quieres?
¡Vive Dios!
Va a darle con la espada.
Burlando está.
Necedad es eso ya,
si a sus burlas le difieres.
¿Qué hay de damas?
¿Tú me preguntas
por damas? Si estás asido
del portento más subido,
y a donde tus prendas juntas?
Confieso que Margarita
todo un sol, luz de Cortona,
Es de las damas corona.
Aparte.
Mírasla, mil penas quita,
¡ay amor! ¿y si algún día
tanta beldad rendiré?
Porque en mí reina la fe
y sobra la cobardía.
Mi Jacinta es bella Dea
y tu Claudia, Flavio amigo,
de su amor es buen testigo.
Bien por ti lo negocia.
Aparte.
¡Ay Claudia, solo en ti miro
y en tu beldad me arrebato,
por ti soy un cielo ingrato
y por ti lloro, y suspiro.
Clau.
Pag. 3
la Margarita del cielo 1ª Pte
Llevo de su amor la palma
pues rendida a mí la veo,
mas ay, solo el deseo
envuelto va con el alma.
Pues que nos hallamos tres
con ingenio, de repente
algo digamos.
Aparte.
La gente
viene a parar en lo que es.
Vaya pues.
Dadme licencia
para que os concierte aquí.
¿Yo la doy?
Y yo doy el sí.
Veamos agora tu ciencia.
Aquí Lucio a Claudia diga
un soneto, cuando en agua
un cristal con otro fragua
su bella y dulce enemiga,
pues lavándose la vio
en un cristalino río.
Será bueno, yo lo fío.
El concepto hecho se halló.
Y Probo diga a Jacinta
una glosa de buen gusto,
y tú, Flavio, como es justo
la grata venida pinta
de Margarita, a Cortona,
con una ficción, que des
que admirar a todos tres,
ya que tu musa blasona.
Estremado por mi vida
ha andado.
¿Es estremado?
¿Cumpliréis lo señalado?
Yo sí.
Vaya.
No lo impida
querer uno ser primero.
Pues será tu Redín,
¿cuál será?
Soy un rocín
y cual los tres majadero.
Salen santa Margarita galanamente vestida, Celia su criada, Claudia y Jacinta damas, con mantos.
Aqueses están los tres burlando
a esta parte, oigamos pues,
en qué se entretienen los tres
la noche que va volando.
Lleguémonos pues.
Aquí
las cuatro se han llegado.
A buscar vienen al prado
dinero.
El que yo perdí.
Ya que Probo es el primero
diga de Jacinta bella
lo que quisiere que en ella
caerá bien.
Decir espero
una glosa, que hice cuando
pretendí ganar su amor.
Oigamos, que hay buen humor.
Y gala muy tierno, y blando.
Con dos contrarios guerreo
que me dan pena y suspiro,
es el uno cuando os miro
y el otro cuando no os veo.
Buen mote.
Aunque es ajeno
es Flavio la glosa mía.
Decid pues.
Con osadía
digo de contento lleno.
Después que salí del puerto
de mi dulce libertad,
con velas de desconcierto,
en rastro de una beldad
que me tiene preso y muerto,
por el mar de mi dolor
entre esperanza y temor
va navegando el deseo,
porque en las guerras de amor
con dos contrarios guerreo.
Si acometo a la esperanza
de vuestro mirar fingido,
huye donde nadie alcanza,
si al temor de vuestro olvido
vuélvese en desconfianza,
pues si acaso me retiro,
por ver si solo de un tiro
a entrambos podré ofender
revuelven con tal poder
que me dan pena y suspiro.
Y aunque los suspiros suelen
dar descanso al corazón,
falta en mí su operación,
que mis llagas más me duelen
cuanto más curadas son.
Mis tormentos ordinarios
no hallan en sus contrarios
el remedio, y no me admiro
pues que de dos adversarios
es el uno cuando os miro.
El contento de miraros
causa el dolor de no veros,
y la firmeza de amaros
causaría el mereceros
si quisiereis ablandaros,
y así Jacinta peleo
con dos males que poseo,
sin poder jamás vencellos,
cuando os miro es uno de ellos
y el otro, cuando no os veo.
Estremada está la glosa.
Con razón la estimaréis.
Mucho Jacinta debéis
a Probo, que es muy famosa.
Yo le amo cual merece.
¿Y es razón? Pues le estimáis
que mil favores le hagáis.
¡Ya quisiera que viniese
el soneto!
Pues oíd,
que entiendo que será bueno.
Y a su tardanza condeno
Probo, amigo Lucio, decid.
Yo vi sobre dos piedras plateadas
dos columnas gentiles sustenidas,
de vidrio azul cubiertas, y cogidas
en un cendal pajizo, y dos lazadas,
turbéme, y dije, o prendas reservadas
al Hércules, que os tiene merecidas,
si como de mi alma sois queridas,
os viera de mis brazos levantadas.
Tanto sobre mis hombros os llevara
que en otro mundo, que ninguno viera
fijaran del Plus Ultra los trofeos.
O fuera yo Sansón que os derribara,
porque cayendo vuestro templo, diera
vida a mi muerte, muerte a mis deseos.
Aparte.
Ya se comprueban mis celos
con este soneto cojo,
ay amor más mal nacido,
qué bien salen mis recelos.
Bien quisiereis derribar
Lucio, las columnas dos.
La culpa, tenéis la vos.
¿Yo en qué?
En porfiar
que de repente dijese
como la vi.
Tú dijiste
harto bien.
Y qué bien viste,
yo dichoso si tal viese.
Aparte.
No hay que fiar de hombres tales,
verla quería el lacayo,
bellaco, pártate un rayo.
¿Ay penas más desiguales?
Que me viese un atrevido
tan sin vergüenza desnuda.
Aparte.
Si lo estabas, es sin duda
que se vería por ti lo.
Son recelos, no hay de qué,
porque solo a Flavio adoro.
Aparte.
De ese ingrato solo lloro,
celos no, su poca fe.
Haga pues la relación
Flavio, aquí de la venida
de Margarita subida.
Aparte.
¿Qué es aquesto corazón?
¿Cómo os aprietan así?
¿Flavio aquí de Margarita?
Ya la máscara se quita.
¿Mirad por quién me perdí?
Decid ya.
Si es de repente
¿no me dejaréis pensar?
Si es tu ingenio singular
y en todo tan excelente
¿qué hay que pensar?
Ea, acaba.
Es impertinente en fin,
ruégaselo tú Redín,
pues que tan despacio cansa
tu amo, su entendimiento.
Él llama por su Talía
que según mi fantasía
vendrá agora en el jumento
de Pegaso.
Aparte.
Esto es mi muerte.
¿Ha de ser para mañana?
Aparte.
Ay de mí, si amor te allana
Probo mío de esta suerte,
cuando
Pag. 4
La Margarita del cielo 1ª pte
Cuando el sol sube a caballo
en su zaguán, el Oriente,
a informarse de los campos
como murmuran las fuentes,
cuando los montes gigantes
que a los cielos acometen,
cansados de mujer fría
echan a rodar la nieve;
cuando el prado, la bebida
al pajarillo previene,
que el dulce en las flores come,
y el agua, en las hojas bebe;
cuando los árboles tristes
helados pollos parecen,
hasta que Febo calienta
sus plumas, sus ramos verdes;
cuando a traviesos arroyos
porque al prado no recuerden,
el yelo los riñe, y callan
sus cristales bachilleres;
cuando jugando en la hierba
el corderillo agradece
que su crespa, y blanca lana
le jabone aljófar leve;
cuando la preñada mar
salar las estrellas quiere,
y no cumpliendo el antojo
conchas en la playa mueve;
cuando las claras estrellas
soldados de posta ardientes,
después que han velado al mundo
al sol lo encargan, y duermen;
y cuando la noche huye
y en su bayeta se envuelve,
y le dicen ruiseñores
que se apresure, y ausente;
entonces un pescador
que en su vara flaca, y breve
libra sustento a su boca,
y corto caudal adquiere,
deja su esposa querida
busca vara, sedal tuerce,
y a su flaca vara obliga
a que vara flaca deje;
apriesa se calza, y viste,
y como espejo no tiene
se mira en su propia esposa,
espejo que a veces miente;
cubrióse el vasto capote,
su amigo, su abrigo siempre,
que como a mayor de edad
respeto el yelo le debe;
añade al sutil sedal
corcho, y plumillo que pese;
lombrices busca, y recoge,
del pece infausto banquete
en fin, prevenido todo,
santiguándose la frente,
a una laguna vecina
los pies, y las ansias mueve;
llega, el capote se quita,
y con la vara que tiende
corrillos de escama ojea,
en la plata transparente;
los nadadores corrillos,
hambrientos, que no crueles,
pretenden salvar de un salto
barreras de juncia verde,
parte en fin el más goloso,
agua escarba, y arremete,
y si no levanta polvo,
menuda arena estremece;
llega, huele, pica, y trueca
en dolor, materno albergue,
y en el cebo que le engaña
hierro busca que le prende;
con la cola azota el aire,
y con presa boca advierte
que sin murmurar de grandes
chico, por la boca muere;
viéndose en argel de caña
la blanca barriga vuelve,
como diciendo, traidor
toma plata, y suelta peces;
pesca en fin, el cesto llena
el pescador, cuya frente
mientras los peces, engaños,
rigores del sol padece;
vuelve con despojos pobres
trayendo dos intereses;
al cortesano, que compre
y a su humildad lo que cene,
quitóse
el capote,
y la caña arrima alegre;
el sedal, plumillo y cebo
dulce engaño de los peces,
enciende fuego, y el agua,
pone en él, que apriesa hierve,
para que cueza, y le dé
pescado que le sustente;
toma en su mano el cuchillo,
y a un pececillo inocente
plata, de menuda escama
saca, que en su mano hiere:
y con él, no riguroso
abre luego el débil vientre,
y lo más viscoso de él
una margarita ofrece
a sus ojos, perla rica
de tan soberano Oriente
que a lo íntimo del pecho,
le enamora, y le suspende;
rico ya se considera,
si pobre se vio de bienes,
su humildad tan levantada
que llegar a más no puede;
solemniza su ventura
quiebra las varas, y redes,
porque, por la rica perla
a nobleza caza huele;
en africano lago turbio
tú pescador diligente,
saliendo a pescar un día
que allí fortuna te ofrece,
con cebo de mocedad,
con caña de amor reciente,
con sedal de obligaciones,
que ánimo noble enriquecen,
pescaste, no digo mal;
en lugar de tiernos peces,
una bella margarita
sí perla tan excelente,
que en toda Italia, no hay más
que admirar, porque parece
que formar la quiso Dios
para asombro de las gentes;
en lo gallardo, y bizarro
un nuevo sol se me ofrece,
en el garbo, y el donaire
una nueva Venus tienes;
en el hablar tan discreta,
que rinde, hablando entre dientes
que son sus palabras fuego
que abrazan, antes que encienden;
hermosa, como Diana,
cuyos ojos pretendientes
son flechas, que van derechas
al corazón que suspende,
diste con ella en tu caza,
adonde burlando alegre
dio más envidias al mundo
que glorias tiene presentes;
con esta tan rica perla
tu casa Lucio enriqueces,
y ella, olvida por ti solo
patria, padres, y parientes;
a Cortona la trajiste,
tú sabes cuán excelente
amor le movió, porque
es cien coronas sus sienes;
asombro fue de mi patria,
bien, que algunos pretendientes
volverla a pescar quisieron,
mas nunca cayó en sus redes,
porque con firme lealtad,
con dulce amor, obedece
no a ti solo, mas tu sombra,
a que adora, quiere, y teme;
que entiendo que pasaba
por el fuego cien mil veces,
antes que en ella, se mire
fe traidora, aleve siempre;
hate dado, por renuevo
de tu amor, hijo que herede,
que aunque es natural, es bien
que tus riquezas se llene,
enriqueciste a Cortona
con esta perla excelente,
dando a su patria más gloria
como espanto a mí me dejes,
goza de tal margarita
los años, que en ti la suerte
tiene dispuestos que vivas,
para que en honra le aumentes,
que si yo perla tan bella
pescara, en horas breves
la pusiera por corona
de todos mis descendientes,
ama, y quiere, pues te adora
la margarita que tienes,
que felices años goces
como Lucio, tú mereces.
Flavio.
Pag. 5
La Margarita del cielo, primera parte
De Don Rodrigo Pacheco
25
Flavio, víctor.
Con razón
merecéis ser laureado.
Qué bien le habéis celebrado,
estremada es la ficción.
Aparte.
Celebrada habéis salido
en esta ilustre academia,
el celoso amor me apremia,
pues le tengo consentido.
Siento, amigas, en el alma
el honor que vos pensáis
que me dan.
¿Bien lo lleváis?
Como de bella la palma.
¿Es hora de recoger?
Sí, pero es bien les hablemos,
unos celos escusemos.
Qué males vendrán a ser.
Aparte.
Bien dices, vámonos pues.
¿Celos llevo hasta morir?
Aparte.
Celos, ¿aquesto es vivir?
No, que es muerte, infiernos es.
Vanse.
Ya se van las cuatro damas.
Ellas todo lo han oído.
Fue el estilo tan subido
de Flavio, que en vivas llamas
irán ardiendo de envidia.
Vayan, y mueran, que yo
también peno, por quien dio
a mi alma pena y lidia.
¿Es hora?
Ya las doce
pasan.
Vase.
Pues adiós, señores.
Vase.
Adiós, amigos.
Rigores,
¿son de amor? Pues quiere y goce
Lucio, la perla más bella
que en el mundo pudo haber.
Por no verle padecer,
di alivio a tu querella,
metiendo aquesta valentía
en nombrarte, para que
se aumentase más tu fe
en alabarle.
A fe mía
te lo agradezco.
¿Es ya hora?
¿Quién, Redín, podrá dormir?
¿Cómo piensas tú vivir
si te acuestas al Aurora?
Vanse, y salen Santa Margarita, y Celia, criada, con mantos.
Cansada vengo.
No es
ese el cansancio que tienes,
sí, el disgusto con que vienes.
Eso se verá después
con quien robó de mis bienes
lo mejor: la libertad,
la quietud en tierna edad,
el honor, la gloria humana,
perdiendo la soberana
por la dulce vanidad.
Toma este manto, que cubre
la mujer más desdichada
que hay aquí, sin ser casada;
pues tan tarde me descubre
mi ventura tal celada;
Lucio fue quien me robó
la libertad, en que yo
me crie, trajóme aquí,
toda el alma le rendí
que amor lo facilitó;
hoy da muestras de un olvido
y por Claudia a mí me deja;
mira si es justa mi queja.
Pudo engañarse el oído.
Bien pudo, pero me aqueja,
y atormenta el corazón
un desmayo, una aflicción
de una sospecha que tengo,
con que a persuadirme vengo
que en algo tengo razón;
déjame pues sospechar
para más tormento mío,
deja que me vuelva un río,
porque crezca aqueste mar
que me ofusca el albedrío.
Por sola sospecha vana
¿está la injusticia llana
que haces a Lucio, señora?
Celia, lo que el alma ignora
de su condición villana
es lo que siente mi pecho.
Todo con razón se mide,
y esa misma te lo impide,
no condenes hasta el hecho.
Vase Celia.
Todo aquesto amor me pide.
Mira qué llaman; si es él
váyase, que es infiel;
mas mi amor dice que sí,
venga, pues que le rendí
un alma que es tan fiel.
Sale Lucio, de de noche, y Celia.
¡Margarita!
¿Y pues tan tarde
vienes a casa? ¿Qué es esto?
¿Cuándo tú me eres molesto?
En el prado...
Hiciste alarde
de un nuevo amor manifiesto.
¿Qué dices?
¿Qué he de decir?
Sino es echarme a morir.
Mira, mi bien.
El soneto
desta noche, y el afecto
con que se dijo, ¿no hay huir?
Lucio, tú me pagas mal,
tú de Claudia enamorado!
Tu lucio nuevo cuidado
para mí será fatal
en pena de mi pecado,
tú me dejas, y enamoras
a Claudia; pues como ignoras
tú, que el honor me robaste,
cómo, ¿por qué me dejaste
con hijo que tanto adoras?
Vuelve en ti, Lucio cruel,
que te juro por Dios vivo,
que has de ver en el recibo
de mi amor siempre fiel,
un efeto ejecutivo,
que te dé en qué entender,
de modo que en mí has de ver
lo que es, Lucio, darme celos,
yo te daré más desvelos
que tú puedes entender.
Aparte.
Las mujeres que llegaron
eran sin duda las tres,
fue sin duda, aquesto es,
y a nosotros nos hallaron
entretenidos, después
que dellas nos apartamos.
¿Qué estás pensando?
Que vamos
por diferente camino,
yo, y tú, bien peregrino,
Margarita, le llevamos,
yo te adoro, y no pretendo
apartarme de tu gusto,
porque fuera caso injusto
(esto es así, bien lo entiendo).
El darte nunca disgusto,
tú me pides a mí celos,
sientes de mí ser recelos,
sin causa, pues no te di
causa nunca, y nunca en mí
viste mudanza y desvelos.
Como los tres nos partimos
de las tres, en esta caza,
en el prado de mi traza
con lo poco que supimos
a lo que tanto te abraza,
a Flavio cupo por suerte
a ti, que me das la muerte,
a Probo cupo Jacinta,
a Claudia a mí, cada cual pinta
el objeto de su suerte.
¡Claudia a ti te cupo luego!
Sí, fue suerte.
Y tú la viste
desnuda. ¿Cómo pudiste
dejar de abrazarla en fuego,
como allí las muestras diste?
No haya más, mi Margarita.
Quita, Lucio infame, quita.
Mi bien.
No hay mi bien agora,
cierra, Celia.
Vase.
¡Que tu señora
me da muerte!
¡Ella anda aflita
con los celos que le das!
Sube, señor, a su cama,
que no olvida quien bien ama.
Aparte.
Esto es poco, Claudia, mas
por ti sufriera la llama
que me abraza el corazón,
y me priva de razón,
pero triunfe mi deseo,
que por tan divino empleo
se olvida vieja afición.
Vase, y sale Redín de de noche ridículo.
¿Puedo entrar?
Entre el lacayo,
porque aquí me pagará
lo desta noche.
¿Y qué fue?
Lo que tú no me ganas.
Por la tabernera juro
que me sustenta a compás
del vino de San Martín,
que sin dinero me da,
que no te he ofendido, Celia,
esta noche.
¿Aqueso más?
¿Tabernera también tienes?
Tú, Celia, turbado me has,
con las amenazas grandes,
y temores que me das.
Diga, vellaco lacayo,
¿dónde estuvo?
Por San Blas,
que en el prado estuve.
Bien.
Pues bien, ¿qué quieres tú más?
Cuando Lucio recitó
el soneto sin disfraz,
¿qué fue lo que dijo allí?
Un demonio, o Barrabás
te valga, y mil siquisiques,
Pag. 6
la margarita del cielo 1ª pte
Yo dije: "Muy bueno está,
señor Lucio".
¡Mentirillas
conmigo! Muy malo va.
¿Tú lo oíste?
Ni por pienso.
Pues, ¿qué dije?
Y bien asaz,
conque de celos me muero.
No te mueras en agraz,
¿qué fue, Celia?
¡Ay, dichoso
si la viese!
¿Eso no más?
Pues, ¿qué más? Un lacayo
desnuda, sin antifaz
quería verle; pues yo
le daba tal portapaz
que se asombre. Vaya luego,
que no quiero por su haz
el enuez de celos, no,
ni penas por su solaz,
y no me llegue a la puerta,
¡puerta digo!, ni al compás
que le diré que se vaya
al campo cual montaraz
tortolilla, que perdió
por solo un dicho no más,
la tórtola más gallarda
que a Cortona nombre da.
Pequé, Celia de mi alma,
y por vida del rapaz
niño Amor, que en adelante
hable tanto a tu compás,
que no te hagan más cosquillas
los celos.
Tú me los das
cada momento, Redín,
en oír, en ver y hablar.
Pues juro por esos ojos,
que al alma le dan solaz,
de ser ciego, mudo y sordo
en cuanto presente estás.
Anda, sube a mi retrete.
¿Está hecha esta amistad?
Pues, ¿si juras?
Aparte.
Vase.
Y lo rejuro,
no tengas tu salud más,
de que yo guardaré fe
a quien me hace sospechar
que es hechicera, pues oye
aquí lo que se habla allá
en el prado, por san pito
que no me verá jamás;
pero callo, que mañana
me vendré otra vez acá.
Salen Flavio y Claudia.
¿Tú, Claudia, me pides celos?
Flavio, sí, porque mi amor
padece fuerza, y tú quieres
forzar otro corazón;
no basta, ingrato, que a mí
me engañes también, sino
que a la bella Margarita
quieras sin algún temor
engañarla; pues no pienses
que saldrás con tu intención,
porque en Lucio solo adora,
como adoro en Flavio yo;
en el prado le alabaste
con aquella relación
del pescador, y querías
pescarla también, traidor;
no lo veas en tu vida,
porque, aunque sin razón,
sabré yo hacer cien mil
que te den harto dolor;
vuelve a tu primer estado,
deja de ser embajador,
porque forzar voluntades
imposibles, Flavio, son.
Aparte.
No quiero darte disculpa,
que quien da satisfacción,
de verse siente culpado
en las lealtades de amor;
al gentil Probo pregunta
quién la causa allí me dio,
él te dirá que fue el mismo
la causa de aquella acción,
si no estuviera (es verdad)
prendado mi corazón
de tu beldad soberana,
pescar procurara yo
a tan bella Margarita;
quien fuera su pescador,
mas tú, mi bien, en el lazo
me tienes, cual cazador,
así que te desengañes
te ruego, mi bien, pues no
hay más gloria para mí
que quien a mí me robó
del alma las tres potencias,
con ellas el corazón,
de quien quisiera, mi Claudia,
ser felice pescador.
De Don Rodrigo Pacheco
26
¿No tienes vergüenza, ingrato,
en mi cara y sin temor,
con dos sentidos me hablas?
Por ti lo entiende mi amor.
Al revés lo entiendo, Flavio,
anda, y pesca lo que hallo
el amigo aquí en pretender
hacer tan grande traición,
yo revolveré el negocio
de modo que el pescador
que pescó tan rica perla
te conozca por traidor.
Sale Jacinta, dama.
¿Siempre habéis de tener voces?
¿Y ha de haber entre los dos
tantos celos? ¿Qué es aquesto?
Decídmelo, Flavio, vos.
¿Qué ha de ser? Ésta es mi suerte,
Jacinta, unos celos son
disparatados, de modo
que no sé a dónde hallo
que yo amara en otra parte.
¡Qué desdichada nació
quien se mira en tu poder!
¿Queréis que os concierte yo?
Yo no quiero.
Ni yo tampoco.
Anda, busca el nuevo amor
que te trae sin sentido.
Vase.
A buscarle voy, adiós.
¡Ay, Jacinta, llámale,
que me lleva el corazón!
No siento, Claudia, remedio,
como un rayo se salió
él, flus viene y saldré
a buscarle.
¡Oh, vil traidor!
A mí sola has de querer
o daré muerte a mi amor.
Vanse, y salen Celia y Redín apriesa.
Sal apriesa, que ha sentido
Lucio tus pasos.
Vase.
Adiós,
que de buena que me escapo.
¡Malhaya quien me parió,
qué desdichada que fui!
Sale Lucio con espada desnuda.
Celia, ¿quién de aquí salió?
Has de decir, o la muerte
te he de dar, vive el Señor.
Aparte.
¿Qué diré? ¡Triste de mí!
¿Para escapar del rigor
del puñal que me amenaza?
¿Qué dices?
Aparte.
Bravo dolor.
A Flavio le vi de aquí,
y no sé por dónde entró.
¿Flavio aquí? ¡Mientes, traidora!
Aparte.
Vaya, pues ello es traición;
Lucio, Flavio ha pretendido
de Margarita el amor,
y aunque ella a Flavio resiste,
no cesa su pretensión,
con alguna llave falsa
vino aquí, o qué sé yo.
Y como te siente Lucio
se fue lleno de temor.
Calla, no me digas más,
que lo ha dicho el pescador
de aquesta noche, ¡anda, vete!
Aparte. Vase.
La industria remedio halló.
Sale santa Margarita, medio desnuda.
¿Qué voces son estas, Lucio?
Nada, mi bien, porque el sol
salió dorada, descendido
a cetra.
¿Quién te llamó?
Aparte.
Yo desperté, Margarita,
mas despertóme el honor
que no duerme; oh, Flavio injusto,
yo seré también traidor,
¿queda a Dios?
¿Vendrás, mi bien?
A la noche.
Vase.
Vase.
Pues, adiós,
¡oh, cuánto te debe el alma!
Ciego sueño y niño Amor,
pues serenaste mis dudas
dando paz al corazón,
en la guerra que los celos
hallaron en mi temor,
en tu templo colgaré
por trofeo la aflicción
que me quitaste esta noche,
noche vil, de confusión.
Pag. 7
La Margarita del cielo 1a pte
Sale Flavio solo.
Forzado de la razón,
si bien con dulce disculpa,
conozco tengo la culpa
de tan terrible traición,
la fuerza del corazón
en pecho tan lastimado,
es causa que mi pecado
conozca Claudia en los ojos,
porque brotan amanojos
grato amor, tierno cuidado,
¿cómo librarse podrá
de un veneno tan sutil,
de un mirar grave y gentil,
en quien gloria amor me da?
El pensamiento, ¿si va
tras el objeto que adoro?
Que es más lo que en ella ignoro
que no aquello que con verse
la vista, de quien recibe
los rayos de su tesoro.
Confieso que es caso injusto
lo que comete el deseo,
pero por tan dulce empleo
se pasa cualquier disgusto,
¡el corazón! de mi gusto
hace alarde, con que ostenta
la gloria, que me alimenta,
con adorar, y querer
quien solo merece ser
solo el bien que me sustenta,
vuela tras la garza bella
mi pensamiento neblí,
este vuela sobre sí,
y sobre las nubes aquella,
ella sube, y él tras ella
ya le da alcance, ya es mía
mas, ¡oh loca fantasía!
en llegando a poseer,
menos ciego echo de ver
que es todo volatería.
Sale Redín lacayo.
¡Qué de buena me escapé,
vive Dios, si Lucio me halla,
que salgo de la batalla
casi colgado de un pie
en la calle no toqué
con estos mis pies al suelo,
porque el miedo y el recelo
alas me dieron, tan alas,
que a ser peladas y malas
no me viera aquí de un vuelo,
veo a Flavio imaginario,
y si Dios no lo remedia,
sus versos, o su comedia
le han de dar el letuario
de un poeta de ordinario,
ello es, sin duda ninguna.
¿Qué hay, señor? ¿en qué imaginas?
¿Son tus Musas peregrinas?
¿Hay aquí por dicha alguna?
¡Ay Redín, tormento esquivo
me atormenta! Vivo, y muero,
porque remedio no espero
a mi pensamiento altivo,
con él muero, y con él vivo.
¿Si a decirle voy? la esperanza
no me promete bonanza,
antes siempre vaticina,
que Margarita divina
no ha de hacer de sí mudanza,
de Claudia estoy despedido,
porque aqueste amor sospecha,
¿qué importa? si de otra flecha
estoy, Redín, más herido,
yo la condeno al olvido,
porque el alma está ocupada
con prenda más sublimada.
Quejarase con razón.
No hay razón, en corazón
que ha elegido otra morada.
Salen Probo y Jacinta con manto.
¿Probo viene con Jacinta?
¿En ello pondré remedio?
Lo que he dicho, será el medio.
Sí será, si bien nos pinta.
Perdonad, porque a la quinta
estoy de partida agora.
Aguardad siquiera un hora.
Si queréis de Claudia hablarme
es querer la muerte darme.
Adiós Probo, adiós señora.
Vase.
No hay mi bien que hacer aquí,
quedo Probo, por mi vida
de todo punto corrida,
y que me dejase así
este necio.
El frenesí
del amor de Margarita,
su gran cordura le quita.
Acudir a Claudia vamos.
Mal recaudo le llevamos,
y así excuso la visita.
Salen Lucio y Claudia.
Siento vuestro desconsuelo
hermosa señora mía,
como sentirlo podría
quien yo sé, que algún desvelo
le costáis.
Aquesta injuria
Lucio, me ha de dar la muerte.
Ha de faltar otra suerte
Claudia hermosa.
Si la furia
que encierra mi corazón
me da lugar a pensar,
yo daré nuevo lugar
a otra nueva afición,
a Jacinta estoy esperando,
que a cierto recaudo fue,
viniendo, responderé
a lo que estáis ponderando.
Yo sé quién vive de amaros
de tal suerte, Claudia mía,
que toda su fantasía
pone solo en celebraros,
de noche ronda, y pasea
envidioso de que goce
tal bien, quien os desconoce,
y en amor nuevo se emplea,
y así, no será traición
el dejarle, porque hacéis
lo que hacer a él veis,
y hacerlo es, mucha razón.
Sale Jacinta dama, con manto.
¿Qué hay amiga?
Lucio aquí
Jacinta, conmigo está.
Dios os guarde.
¿Flavio da
algunas muestras de sí?
Para tan desleal amante
Claudia mía, es lo mejor
dejarle.
Nunca fue amor
el de ese vil inconstante,
¿qué responde?
Las espaldas
a Probo, y a mí nos volvió,
sin hablar.
Él lo pensó
mejor, quizás en las faldas
de aquel su nuevo cuidado.
¿Leo a Lucio el corazón
a tan gran traición? Traición
cometa un deseo perdido,
ha mucho Lucio que entiendo
el grande amor que me tienes,
a qué lindo tiempo vienes,
ganaste, si estoy perdiendo.
Seré desde aquí adelante
agradecida a tu amor,
no temas, tiene valor.
Guárdame la fe de amante
porque no te faltaré.
Dichoso, pues merecí
de tu boca ver un sí,
que tanto solicité.
Anda con Dios, y vendrás
esta noche.
Oh noche viene
más apriesa: amor ordene
que te goce muchas más.
Vase.
¿Qué has hecho?
Vengarme amiga,
que hoy se venga el corazón
de un engaño, y la traición
de una vil fiera enemiga.
Vanse, y salen Santa Margarita, Flavio, Redín lacayo, y Celia.
A tanta disolución
como en ti Flavio contemplo,
tengo por mejor no oírte,
que escucharte, a lo que entiendo,
tú, ¿qué has visto en Margarita?
¿Tan disoluta parezco?
¿Y tan vana en los amores
que a tu amigo Lucio dejo?
¿Tú eres amigo? Eres falso,
sin fe, sin ley, y sin fuero
de noble. Que si lo fueras,
no intentaras, tan protervo,
quebrantar las santas leyes
de la amistad; que a ver, ciego,
quebrantada de quien piensa
que es en todo caballero,
todo lo pasado aquí,
lo daré, Flavio, al silencio,
porque a acciones desleales,
se sigue arrepentimiento.
Todo, Margarita hermosa,
cuanto dices, considero,
y que
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La Margarita del Cielo 1.a p.te
y que te sobra razón
también aquí te confieso,
pero un loco frenesí,
aún amor, que es tan intenso,
que cegó de mis potencias
tan solo el entendimiento,
dejándome a la memoria
por verdugo de mí mismo,
para que me acuerde siempre
de tu sol, que admiré bello,
la voluntad me dejó
para que en ti, como templo
de beldad, te sacrifique
la vida, que por ti pierdo
¿qué he de hacer, sino morir?
y procurar el remedio
a tanto mal, como ver
Margarita, que en mí tengo,
duélete de una alma triste
que tan afligida siento,
que podrá solo la muerte
acabar mal tan inmenso,
las viejas obligaciones
que a la bella Claudia debo,
por ti las olvido todas,
y dello no me arrepiento,
¿Hay entre los dos, mi Celia,
algo de aquesto de celos?
¿Tú no me quieres?
Yo bien
como el lino ama al torrezno,
no te canses, vuelve a Claudia
tu viejo amor, que no pienso
dar alivio a tus cuidados,
que son traidores.
Yo debo
el perseverar constante
al amor firme, que tengo,
siempre firme seré a Lucio
que fue mi primer empleo.
Sale Lucio galán solo.
Aparte.
Aunque el amor me ha trocado,
no deja mi pensamiento
de acudir a obligaciones
tan precisas, como debo.
a quien un hijo me ha dado?
¿Vos aquí Flavio?
Ahora llego
a buscaros.
Hacéis mal
de buscarme aquí, pues veo
que en la calle antes de agora
me buscaréis. Flavio, pienso
que andáis errado en buscarme
donde aún el sol no quiero,
que entre, si fuere posible.
Anda Margarita adentro,
que alienta el bayo; otra cosa
yo, que aquí le ensillo pienso,
Lucio, señor.
No respondas,
vete.
Vanse.
Adiós, Redín, que entiendo
que han de venir a las malas.
Yo quedo con harto miedo.
Espantado, Lucio, estoy,
de lo que he oído, y lo que veo.
Los amigos, Flavio, son
de los amigos, espejos,
no hacéis bien buscando aquí
al amigo, porque siento
que aquí me busquéis de noche
y fuego salgáis huyendo,
dais ocasión que presuma
pretendéis, lo que pretendo
guardar, porque pienso yo
daros la muerte, si os veo
en esta casa otra vez.
Helado estoy, no te entiendo.
¿Cuándo vine aquí de noche?
Vase.
Ello, Flavio, ya está hecho,
esto basta, andad con Dios.
Aparte.
Celia, hizo aqueste enredo
aquella noche dichosa
que escapé de un palo ciego.
¿Oíste aquesto Redín?
Todo lo oigo, y considero
que tiene Lucio razón.
Más que a él, a mí me debo,
¿yo de noche vine aquí?
¿cuándo, Redín? Vive el cielo,
que he de hacer esto verdad.
Si lo fuere, aquí estoy viendo
la muerte, al uno de dos.
Él morirá, pues pretendo
no desistir en mi vida
de la pretensión que llevo
a merecer, pues que vivo,
de solo tan dulce empleo.
Vanse.
Flavio, nunca gozarás
la Margarita del Cielo.
Fin de la 1.a Jornada
De Don Rodrigo Pacheco
23
Jornada segunda
Pag. 9
Jornada 2.a
Personas della
Santa Margarita. / su padre. / Flavio galán. / Claudia dama. / Lucio galán. / Redín lacayo. / Jacinta dama. / Probo galán. / dos ángeles que cantan.
Salen Flavio, Probo, y Redín.
Es la verdad, que quiero a Margarita,
más que las niñas destos tristes ojos,
y rendidos todos mis despojos
a tal beldad, amor le solicita:
el alma, que de gloria necesita,
espera de rendir los rayos rojos
de aquellos dos luceros siempre bellos,
porque reviva el corazón con ellos.
Es verdad que le hablé, mas siempre piedra
a mis quejas, burlándome responde
que solo en Lucio amor, glorias asconde,
porque es muro de tan frondosa yedra:
Lucio le deja, con los rayos medra
de aquel sol despreciado, de que, donde
infiero, rendiré la fortaleza
deste sol de Cortona, y su belleza.
El gallo es Lucio, pescador amante
de dos perlas, si gallardas, bellas,
traidor a entrambas, aunque miro en ellas
flaqueza en una, en otra, fe constante:
de Claudia, se verán más adelante
en veras, y burlas, sus querellas
de Margarita, la constancia miro
y cuanto más la veo, más me admiro.
Hela de conquistar hasta la muerte,
para tener por timbre, y por trofeo,
despojos de un traidor, cuyo deseo
subió dichoso, a venturosa suerte:
en contra desto, nada me divierte,
por ser gloria de amor mi dulce empleo,
y dando muerte vil, a este villano
he de alcanzar un bien tan soberano.
Pues no queréis mi consejo
Flavio amigo, pienso daros
ayuda, que vos levante
a este bien más sublimado,
el tiempo vendrá cayendo
con los modos, y reparos
que en las tales pretensiones,
suelen dar felice estado.
Sí
Pag. 10
sí, Claudia, te ha sido ingrata
Lucio la ha solicitado,
que como fácil mujer,
lugar al enojo dando,
le admitió, para vengarse
de ti, Flavio, que enojado
te saliste; en cuyo amor
vive agora idolatrando,
Margarita, si en fe, y hora
el infame y falso trato
de aqueste Lucio traidor
a quien siempre vive amando,
él, aunque goza de Claudia
de todo no la ha dejado,
antes la cela, y la mira
como en su primer estado,
con que a ser viene este Lucio
el perro del hortelano
que no come, ni te deja
comer el fruto vedado
al que solo lo merece
por discreto, y por gallardo,
aunque no, por firme amante,
si bien estás desculpado
por lo dulce, por lo bello,
por el donaire bizarro,
que esta dama en sí contiene
y por su firmeza, y trato,
él es sol de estos dos soles
aunque mudable, su gallo,
él las ampara, y sustenta
a las dos siempre engañando
porque Claudia piensa que
a Margarita ha dejado,
y a esta, dale a entender
que por ti la ha celebrado,
lo que es necesario agora,
es, que sepa aqueste engaño
la beldad de Margarita,
de quien estoy lastimado,
y yo me prefiero a que sepa
de raíz, todo su daño,
con la traza que concibe
este capricho bizarro,
quedad a Dios, que yo me voy
a dar finiquito, y pago
a Lucio, por su traición,
y principio a un desengaño,
si haces que sepa mi bien
de este Lucio el falso trato,
las traiciones cometidas,
grandes albricias te mando,
y qué han de ser?
este vestido
y treinta escudos doblados,
pues aguarda, y tú verás
como los pongo a entrambos.
Vase.
Claudia viene, y mi Jacinta,
en quien vivo contemplando,
dichoso tú que contemplas
y vives Probo pagado.
Salen Claudia y Jacinta con mantos.
tú Probo, con Flavio está
amiga Jacinta, hablando
quieres llegarle?
no quiero
ver la causa de mi daño,
pues aguarda, y hablaré
a mi querido adorado?
anda ve, y el ciego amor
te conserve en este estado.
a dónde bella Jacinta?
a tomar el sol al prado.
qué más sol, que vos mi bien?
pues me abrazan vuestros rayos,
porque ellos me vivifican
deseos bien empleados,
sin mezcla de las mudanzas,
del uno, y otro traslado.
vivir puedas Probo mío
en eso muy confiado,
que no puede haber mudanza
donde nunca ha habido agravios,
hartos los hace ese Lucio
a la dama que a tu lado
traes contigo Jacinta.
son celos de despreciado?
nadie a mí me despreció,
de nadie recibo agravio,
yo le di, yo desprecié,
y me alegro haber dejado
mujer, que tan fácilmente
dio de sus mudables tratos
qué decir en la ciudad,
por celos imaginados,
si lo fueron? con razón,
es su mudanza.
al cabo
verás tú Jacinta bella
nueva mudanza en lo amado.
Llega.
qué tratas tú de mudanza,
traidor, vil, y infame Flavio,
si tú la causa me diste,
de haber el amor mudado
en Lucio, mi dulce amante?
en que estoy siempre adorando?
con amor, tan firme, y fijo
como merece el cuidado
que tiene solo en quererme
eso fuera a haber dejado
el amor que antes tenía?
porque hoy le está sustentando,
como en el principio fue!
eso aquí fuera escusado
por agora Flavio amigo?
sentid Claudia estos agravios,
que es bien que los sintáis vos,
y vuestro amor mal pagado,
y adiós Jacinta, venís?
Vase.
la verdad de vuestro engaño
os ha dicho; y es así?
no te vayas?
voy con Flavio
a un negocio de importancia.
Vase.
Dios te guarde dulce amado,
la verdad los dos han dicho?
dejadme dulces engaños
para llorar mis desdichas,
tiempo más acomodado,
vamos a casa Jacinta,
que no es bien que vea el prado
mujer que tan fácil fue?
el hombre, todo es engaños.
Vanse y salen, Celia, y Redín.
huyendo vengo de Flavio
porque a su Claudia le di
cierto papel de un galán?
alcahuete eres gentil,
quién era por vida mía?
no me lo pidas así
porque te lo negaré.
dígalo pues el mandil
por lo que quiere a su Celia?
eso me pregona sí,
era de Lucio tu amo
en que iban más de mil
requiebros, dulces engaños,
que a moco de su candil
escoger Claudia no pudo.
espantada estoy? qué así
pagan estos hombres tales?
lo que tú también Redín
harás comigo mañana.
no, suspuesto que te vi,
y te quise, mira Celia,
guardes el secreto aquí,
porque no me venga mal
de descubrírtelo a ti.
aguarda que luego vengo.
Vase.
ella va con frenesí,
y a la pobre Margarita
le da el humo del candil
con que trastornada viene
a saber luego de mí
lo que pasa en la tramoza
que sin vergüenza fingí.
Salen Santa Margarita, y Celia.
mirad si lo he dicho yo!
y que apriesa sale aquí,
lástima tengo por Dios
a tan bello serafín.
agora me dijo Celia
que estabas aquí Redín,
qué hay de nuevo por acá.
en esa ventana vi
a Celia, señora mía
de tu casa el benjamín,
y le hablé.
y por qué huyendo
de Flavio, vienes aquí,
fiad allá mil secretos
de una mujer! el huir
de Flavio, no ha sido nada,
de aquella puerta te oí,
si amigo eres de mi honor
quiero saber de raíz,
qué es esto de Claudia, y Lucio?
guardar secreto Redín
por vida de Margarita
prometo; y porque al fin
desacomodado estás
y has menester que de mí
tengas favor, esto toma.
no señora, porque a ti
te miro como devina.
sin eso diré.
pues di,
ha mucho tiempo que adora
este tu galán gentil,
a Claudia, pero con todo.
por no darle que sentir
a Flavio, que era su amigo,
que Margarita, de ti
nada se le daba, no,
mirad qué traidor! al fin
Pag. 11
Ya, como vi dos apartados
los dos, vuelve a revivir
el fuego, que en la ceniza
escondido un tiempo vi.
Del soneto bien te acuerdas,
pues tú le pudiste oír.
Desde entonces fue más claro
su amoroso frenesí;
hoy le escribe, y le visita,
el día lo pasa allí,
las noches que de de a falta
con Claudia todas le vi,
ella piensa te ha dejado,
porque él se lo ha dicho así.
Y tú piensas, Margarita,
que solo te quiere a ti,
así engaña el traidor Lucio
a tu beldad, serafín
de la tierra, a Claudia engaña
humillando su cerviz.
Flavio está solo, señora,
y te adora; en él al fin
hallarás amante firme,
y se tendrá por feliz
de que tú le quieras hoy,
y hagas que te venga a ver;
eso no verán sus ojos.
Aparte.
Y si no verás morir
el más lindo entendimiento
que ha entregado su cerviz
al yugo de tus amores.
Basta aquesto, adiós, Redín.
¿Mandas otra cosa?
No.
Aparte.
Vase.
Y ¡qué bien que la embutí!
El veneno se tragó,
brava quimera fingí.
¿Qué te parece de aquesto?
Hombres son, señora, al fin
todo engaños, y quimeras,
hacer mal, y bien fingir.
Anda, veme por el manto.
Pues, ¿adónde quieres ir?
A ver con mis propios ojos
lo mismo que aquí oí.
No te pongas en un riesgo.
¿Qué mal me puede venir
que sea mal como aqueste?
Vase.
Yo vendré con él aquí.
Amor, palabra, y fe, a un aguardado,
quien duda que es señal de gran firmeza,
que amor, palabra, y fe, si no es nobleza
otro ninguno hubiera reservado.
Amor, palabra, y fe, si se ha quebrado
cierta es mudanza, clara la tibieza,
que amor, palabra, y fe, muestran bajeza
si amor, palabra, y fe, no se han mostrado.
Amor, palabra, y fe, yo la he tenido,
amor, en adorar tu ingrato pecho,
palabra, en no mudarme yo en mi vida:
y fe, creyendo tu tratar fingido,
mas en ti, Lucio traidor, como de hecho
amor, palabra, y fe, vive perdida.
Sale Celia con el manto, y énselopone, habla.
El manto es este, señora.
Deja que mi frenesí
vea si curar se puede
curando a quien me rendí,
verán mis ojos la pena
que poco a poco a sentir
me está dando el pensamiento,
celos por mejor decir,
adiós, Celia.
Vase.
Vase.
Allanarás
ese galán infeliz,
en los brazos de su dama,
como relató Redín,
mejor fuera que este Flavio
entrara por bien aquí,
que no el traidor de este Lucio
a quien siempre aborrecí.
De Don Rodrigo Pacheco
30
Salen Lucio, y Claudia Dama.
Satisfecha, Claudia, puedes
estar de mí, que te quiero,
pues no pueden deshacerme
de ese Flavio los enredos.
Quise bien a Margarita,
es verdad, mas estoy viendo
un sol que nuevo salió
para alivio de mi pecho,
por ti solo la dejé,
y aunque en ella un hijo tengo,
porque veo y miro en ti
todo un sol, y todo un cielo,
desde que te vi en tu casa
en la suya nunca he puesto
más los pies; pero le doy
para el hijo que sustento
la comida y lo demás
que es necesario de nuevo,
que el pagar obligaciones
es de noble y de hombre cuerdo.
Solo tú eres mi bien,
solo a ti adoro y temo,
y solo de ti mi vida
pende todo mi sosiego.
Ese Flavio, aquese loco,
yo le meteré en un cepo
adonde de su locura
vea el fin que mal pretendo.
Si en todo dices verdad
como amante, no condeno
que acudas a Margarita,
con el vestido y sustento,
porque es de nobles el ser
agradecidos; supuesto
que el hijo que allí te cría
es tuyo; pero ¡ay!, que temo
que si entras en su casa
habrás de volver de nuevo
por su cara y dulces ojos
a lo que ha sido primero;
pero advierte, Lucio, que temo
que si alcanzo en algún tiempo
que entras a verle, sin duda
de que me pierdas prometo,
y en cuanto al loco de Flavio
bien presumo que fue enredo
de la envidia que te tiene,
y rabia de su desprecio,
y así de sus dichos hago
la estimación que de un necio,
rebolcado en necedades
puede hacer el que es discreto.
¿Eres tanto como hermosa
discreta, mi dulce objeto,
clara, como el claro día
de sagaz entendimiento?
Yo te adoro, Claudia bella,
porque adorar tal sujeto
un hombre noble, ¿qué es?
Es honra, gloria, y provecho.
¿Me querrás?
Como a mi señor.
¿Harás traición?
Eso niego,
que en mi vida hice traición
a nadie.
Pues, ¿qué me has hecho?
Amarte, Claudia querida.
¿Y a Margarita?
Aparte.
Aborrezco
solo por ti, dulces ojos.
Jesús, qué de ello que miento.
Sale Jacinta dama, con instrumento en la mano.
En paz os miro a los dos,
o qué de ello que me alegro.
Para celebrar mi dicha,
¿traes aquese instrumento?
En la mano le tenía
y acaso vine acá dentro
con él.
Pues, Jacinta mía,
celebra aquí mi contento.
En esta alfombra te sienta,
para que en mis faldas puesto
descanses, pues yo descanso
cuando a ti, Lucio, estoy viendo;
canta, amiga, algún romance
de algún amor lisonjero,
para que se alegre el alma
y tome divino aliento.
Siéntanse, y Lucio en las faldas de Claudia se recueste, y canta Jacinta.
Canta.
En las funestas orillas
que sirven de freno de oro,
a las bocas de cristal
del mar de celos espumoso,
vómito de sus entrañas,
de sus rigores, despojos,
inútil tronco, sin alma,
y hoja vil, en verde tronco,
difunto Leandro.
¿No hay otro
sino el de Leandro y Hero?
¡Presagios cantas agora
de amantes que son ya muertos!
Pag. 12
la margarita del cielo 1 parte
¿pues qué importa?
no mi bien
no quiero que cante agüeros,
felicidades de amor
es solo lo que deseo.
¡vaya pues!
lo que quisieres
canta Jacinta, que veo
que eres un Ángel en cara,
y en la voz, un nuevo Orpheo,
canta,
vueltas
si el amor y la afición
ambos pretenden un hecho,
por qué vive uno en el pecho,
y el otro en el corazón.
De una rama, y tronco nacen
(como vemos) fruto, y flor,
y de los dos más aplaze
permanece, y satisface,
el fruto por su valor,
que aunque flor y fruto son
hermanos, y con razón
la flor en florido lecho,
tiene solo el tierno pecho
el fruto en el corazón.
Con gran facilidad
la afición se va, y se viene,
donde quiera se entretiene
por tener la libertad
que al firme amor no conviene,
mas el amor, es por don
del cielo, en toda sazón
leal, y firme de hecho,
y así uno está en el pecho,
y el otro en el corazón
Sale Santa Margarita, tapada y levántanse
¿qué queréis señora aquí?
presto lo veréis agora:
alegrad a quien adora
vuestra beldad! porque en mí
veréis que soy la desgracia
propia, pues que a quien me veis,
vos la culpa no tenéis,
si no mi propia desgracia
¿quién sois?
¿pues para qué
queréis saber quién soy yo?
porque en vos, el alma vio
no sé qué.
yo soy
¿qué haré?
Háse que va
el amor aquí me guía
para saber cómo estáis?
esa gloria que le dais
tan a costa de la mía
¿a Claudia? debe de ser
para luego burlar de ella,
el gusto que siento en ella
espero presto de ver
vuelto en llanto! pues que fue
desdichada en querer bien
a quien me quiso también
con engaño, y falsa fee,
a dos cazas sustentando,
a dos mujeres queriendo,
¿no puede ser? que estoy viendo
que una vives engañando,
y yo soy la engañada, yo,
que Claudia amada será,
la muestra a entender me da
que en mí nunca gusto halló
un hombre de tantos gustos
siempre infame, en cuyos labios
verás Claudia tus agravios,
tu plazer, vuelto en disgustos!
el pago como quien es
te dará, como a mí dio,
y como a mí me engañó
él te engañará después,
esto basta ingrato fiero,
pues quise ver por mis ojos
la causa de mis enojos,
y un amante lisonjero,
¡Oye! y espera!
vase
no más amar
solo en Dios, amor es bueno,
vase
¡he me tragado el veneno
y reviento de dolor,
falso Lucio, agora aquí
se declaró tu maldad,
Margarita habla verdad,
que el engaño miro en mí,
tales tus verdades son,
como tus infames hechos,
ya tus enredos deshechos
ha visto mi corazón,
no me veas en tu vida
falso amante lisonjero,
porque tienes de embustero
más que nobleza subida,
en Flavio siempre admiré
la verdad con que me habló,
y siempre el alma le halló
en amor, con firme fee,
tus amores se acabaron,
tus mentiras revivieron,
el desengaño me dieron,
y tus hechos se acabaron,
Jacinta, ¿vamos de aquí?
vase
vaya el galán a buscar
otra dama que engañar
como a dos engañar vi,
vase
si tiene Amor la culpa
del infeliz estado en que me veo,
bien puede aver disculpa
en uno y otro, soberano empleo,
que amor todo lo puede
pues en poder a todo el hombre excede.
¡Si me vio perdido
por desleal a tan hermoso dueño!
cobrando mi sentido
de nuevo volveré al dulce empeño
a quien ingrato avía
olvidado mi vana fantasía.
Mas ¡ay de mí, qué cara
tendré para mirar sus dulces ojos?
pues fue su luz más rara
de una alma siempre ingrata, los despojos,
¿cómo daré disculpa
con color de razón, a tanta culpa?
Pero, si amor me tubo,
si bien me quiso, me dará su queja,
volviendo a lo que estubo
un tiempo unido, con igual pareja,
que amor es niño y ciego
que cuando yela, abraza más su fuego.
De Claudia, no hago cuenta
que fue lascivo amor, y fue de passo,
y solo me atormenta
que sabe Margarita no fue a caso,
sino que muy de asiento
en ella tube puesto el pensamiento.
Desque la miro ciego
al bien que me enajena, en quien contemplo,
que si tengo sosiego,
será mi cuerpo, y alma el rico templo
donde cuelgue el tropheo
de aver cumplido todo mi deseo.
Salen Flavio, Probo, y Redín lacayo
has andado muy bizarro,
y que eres discreto digo,
yo te quiero por amigo
¡tal tramoya he sido barro!
he vencido a mi enemigo,
y es infalible que sea
cuando Margarita vea
que es falso, que fue traydor,
a tan recíproco amor,
¿no ha de dar lo que desea
el alma, que siempre llora,
contemplando solo en ella?
si es ingrata, como bella
dime señor, ¿quién ignora
que alcances un nada de ella?
viva
Pag. 13
La Margarita del cielo
De don Rodrigo Pacheco
Si yo miro ver rendida
esta mi dulce homicida,
¿Con eso no lo podrás ver?
Amor bien lo puede hacer.
No lo verás en tu vida.
Sale Jacinta con manto.
Si hay, Flavio, nobleza en vos,
si un tiempo tuvisteis fe,
si fingido amor no fue,
a Claudia acudid por Dios.
Yo, Jacinta, ¿para qué?
Que viva Claudia, que muera,
a mí ¿qué me va? Si fuera
por serviros otra cosa,
aunque más dificultosa
yo por vos solo lo hiciera,
ya se acabó para mí
el amor de Claudia: no
quiero amor que me faltó
por celoso frenesí.
Y otro en Lucio luego halló.
Adoro, y amo en otra parte,
con tal extremo, y tal arte,
que solo puede la muerte
quitarme la buena suerte.
Imposible es declararte.
¿Qué fue, Jacinta querida,
ese repentino mal?
Por ser martes, fue fatal
este día, pues su vida
que parece era inmortal.
Un accidente le dio
que al suelo la derribó,
llamando por Flavio a voces,
con tormentos tan atroces,
que a mí, cierto, me espantó.
Ya sabéis que Lucio estaba
allí, con tan falso trato,
y a Claudia le fue más grato
el decirle, se olvidaba
de Margarita, su ingrato,
y esta mañana los tres
estando juntos. Después
de haber yo cantado allí,
entrar Margarita vi
embozada de través,
y su rostro descubriendo,
declaró la falsedad
de Lucio, y con brevedad
se salió, caso estupendo,
contra amor, contra lealtad;
y fue tan grande el enojo
de Claudia, por el despojo
del honor que vio robado,
que con pecho atribulado
vio la muerte luego al ojo,
que como Lucio fingía
que solo en ella adoraba,
y lo demás lo dejaba,
y solamente quería
el sol, que le alumbraba.
Y ha de ser todo mentira.
Al cielo de rabia tira
suspiros tantos sin cuento,
que le falta el dulce aliento
como le sobra la ira,
¿y solo Flavio podrá
serenar tantos enojos?
Nunca lo verán sus ojos,
ni a mí jamás me tendrá
su falsedad, por despojos.
Yo quiero con tu licencia
serenar con mi presencia
tanto mal, ¿vamos, mi vida?
Id con Dios.
Hoy conocí de
esta fiereza tu prudencia.
Vanse.
¿Qué te parece?
Que obró
lindamente mi tramoya.
Bien mereces otra joya
más de lo dado.
Sé yo
que tu corazón apoya
lo bien que allí te serví.
Redín, sin falta vencí,
¿qué otra cosa es imposible?
La mujer es tan terrible
que no sé.
Sí sé que sí,
el amor que me gobierna.
Amor todo facilita,
mas aquesta Margarita,
aunque te parece tierna,
no señor, no es tan bendita,
es resuelta, áspera y dura,
efectos de una hermosura
que presumida, desprecia,
o tiene mucho de necia,
o tiene mucha locura.
El remedio está en la mano.
Cometer el fuerte quiero,
con regalos, y dinero,
y pues le falta el villano
que su amigo fue primero,
de rabia, dará lugar
a que yo le pueda hablar,
dando a Lucio justos celos.
Amor premie tus desvelos.
O su casa he de escalar.
Vanse, sale santa Margarita lo más galana que fuere posible, y sola en su casa.
El desengaño ha llegado
junto con la confusión,
con que llora el corazón
el cometido pecado,
deseo mal empleado,
en hombre mudable fue,
porque en él tan solo hallé,
no más que un amor lascivo,
al alma siempre nocivo,
gusto, que tan ciega amé.
Si sentí tan grave pena,
¿por qué un hombre me engañó?
Y enlazado en vicios dio
en seguir quien le enajena,
¿qué sentirá quien la ajena
culpa, por mí ha pagado
en una cruz enclavado,
dando al alma muerta, vida?
Es cierto que convencida
vivo aquí de mi pecado,
por mi culpa a Dios perdí,
y en Lucio cobré enemigo,
que era Dios tan buen amigo
como siempre he visto en mí,
el alma a Lucio vendí
con que cautiva quedé,
y pues hoy me liberté
de aquel cautiverio triste,
de nuevo el alma se viste
de penitencia, y de fe,
esta prometo, gran Dios,
conociendo la humildad
de mi bajeza; y bondad
que tenéis para mí vos,
entrar en cuenta los dos
es imposible, Señor,
porque es cierto que el rigor
de vuestra justicia está,
que será cuenta fatal
para mí, que soy el deudor,
de vuestra justicia apelo,
a vuestra misericordia,
atributos, que en concordia
pone vuestro humano velo.
Ya conozco mi desvelo
haber sido incomportable,
pero como sois afable
al pecador aguardáis
que se convierta, y le dais
vuestro auxilio siempre amable,
y así aguardo en tanta bruma
los auxilios de esa mano,
don, del amor soberano,
aunque mis culpas, en suma
no podrá la humana pluma
numerarlas: porque son
más que arenas; confusión
que me trae tal, que vos
podéis serenar, mi Dios,
tanto mal, tanta aflición.
Aparecen dos Ángeles en el aire cantando.
Las lágrimas serán solo
salidas del mar de amor
las que volverán al mar
donde salieron, que es Dios.
Aunque los pecados sean
más que arenas, su dolor
hará que se borren culpas
por medio la confesión.
Él es juez riguroso,
y temo tener perdón,
que los gustos que he tenido
me ponen este temor.
No temas, no, pecadora,
que es benigno, y manso amor,
tus culpas las lave el llanto,
que esto solo quiere Dios.
La dureza de mi pecho
me da tanta confusión,
que es necesario que en mí
haya los efectos dos.
Tu propio conocimiento
rasgará tu corazón.
Y así en lágrimas deshecho
volverán al mar de amor.
Las lágrimas serán solo
salidas del mar de amor
las que volverán al mar
donde salieron, que es Dios.
Cúbrese la apariencia.
En llanto se deshaga,
y su silencio rompa
el pecho, a quien la pompa
mundana, dio tal paga,
y den estas dos fuentes
blancos cristales, raudas sus corrientes.
Pag. 14
Vase desnudando hasta quedar en sayaparda.
sean caudales ríos
estos mis tristes ojos,
y estos viles despojos
sientan que hay otros bríos
dentro del alma mía,
y que el amor, oh dulce amor, le guía.
Aquestas vanidades,
que son lazos lascivos,
traidores, si nocivos
a tiernas mocedades,
con mis acciones mudas
justo será que estén de mí desnudas.
Afuera trajes vanos,
lazos de amor terribles;
que son incompatibles
amores soberanos
con amores lascivos,
al hombre, y la mujer siempre nocivos;
del mundo me desnudo,
por vestirme de Cristo,
que en el clavo se ha visto
ser solo el fuerte escudo
de un alma que le llama,
y en su divino amor solo se inflama.
Sale Celia criada.
¿Qué es aquesto señora?
¿por qué así te desnudas?
Aquesas galas mudas,
que el mundo tanto adora,
recoge, Celia mía,
y a los pobres daremos un buen día.
Vase.
¿Qué mudanza es aquesta
que aquí miro en Margarita?
Sin duda que loca está,
pues destas galas se priva;
mudanza tan de repente,
no sé qué desto me diga;
sus celos deben de hacer
cosas, muy más peregrinas.
Sale Redín lacayo.
¿Qué hoy pregona de mis ojos?
¿Qué hay lacayo de mi vida?
¿Estas ropas, y estas joyas
cuyas son?
De Margarita.
¿Y cómo están en el suelo
arrojadas?
Tan perdida
está de celos de Lucio,
que del sentido le privan;
aquí desnuda le hallé
y me dijo, "Celia mía
aquesas galas recoge
y daremos un buen día
a los pobres", y no sé
qué en esto decir querría.
Ello, serán intervalos
de mujer que es tan lasciva;
un negocio de importancia
tengo aquí Celia querida
que tratar contigo.
Di,
que es tarde.
¿Pues tú me privas
de hablarte despacio aquí?
Lacayo mío, así vivas,
¿qué tengo mucho qué hacer?
Pues óyeme por tu vida.
Sale Lucio galán.
Vengo tan desesperado,
y en mí siento tal fatiga,
que de coraje no sé
si muero, si tengo vida;
si afrentado vengo aquí
a Claudia dejo corrida,
y vuelvo a buscar el centro
de mi amor en Margarita.
¿Celia?
¿Señor?
¿Y Redín
qué hace aquí?
(Aparte)
Una mentira
en el aire formaré.
Como este dolor me priva
de sentido, que me da
en esta parte de arriba,
le encomendé me buscase
un poco de trementina,
para ponerle, y así vino
darme la respuesta.
(Aparte)
¡Vivas te
embustera, si en mil años
que cerca que la tenías!
Aquí no volváis Redín
otra vez en vuestra vida.
Así será, pues ya dejo
negociado a qué venía.
Vase.
Tú agora ¿adónde estás?
Deja, señor, así vivas,
que el corazón desahogue
de penas que le fatigan.
¿Y por agora no le hables?
También son las ansias mías
bien grandes.
Pero ¿recibo
tu consejo?
No recibas
enojo desto que digo.
Si tú con mi Margarita,
me compones esta noche,
y me pides las albricias
mañana, te daré, Celia,
un gran dote, por que vivas
casada, con quien gustares.
Haré, Lucio, por mi vida,
todo cuanto hacer pudiere.
Hazlo amor, pues me priva
del contento de mi Claudia,
que vuelva a mi Margarita.
Vanse. Sale Santa Margarita sola con un manto.
Por el gusto de un pecado
cometido contra Dios,
halláis, alma, pena vos
en este felice estado;
al descuido con cuidado
pienso cobrar el placer,
ya perdido por hacer
gusto al cuerpo, que me dio
tal gusto en lo que gustó,
renunciando mi querer;
humillando el pensamiento,
que soberbio se remonta,
con la memoria, que pronta
da a mi voluntad aliento.
Alma, tan otra me siento,
tan otro el pecho robusto,
que bajando a lo que es justo,
con llanto, con firme fe,
es muy cierto que hallaré
pues en cruz, mi propio gusto.
Si pongo en Dios mi esperanza,
y las lágrimas que lloro?
Si gusto de lo que ignoro
sin temer en mí mudanza;
si el alma, solo descansa
en los brazos de un Dios justo?
Si con penitencia ajusto
mi cuenta, mi grave culpa,
aunque es poca la disculpa,
quién me puede dar disgusto?
La memoria del pecado
puede siempre atormentarme,
la voluntad puede darme
para llorarle, otro estado,
entendí mi fin trabucado,
llorando noches, y días
a las dos potencias mías,
en mi padre algún descanso,
que si aqueste bien alcanzo,
tendrán nuevas alegrías;
llegó mi padre a Cortona
desde el castillo altiano,
tierra adonde di de mano
al honor que en él blasona;
hoy, que ciño el áurea zona
del propio conocimiento;
mi lascivo pensamiento
al padre viene humillado,
cuál pródigo, que ofuscado
Aquí vive; llamar quiero
que es padre, porque reciba
esta hija, que fue tan lasciva;
que en su casa verme espero,
aunque se muestre severo.
Venceré, puesta a sus pies.
Llama.
(Dentro)
¿Y bien, quién es?
Aquí, una mujer os llama:
callo en hija, que difama,
el honor que da al través.
Sale su padre viejo.
¿Qué queréis de mí señora?
Si amor os puede mover
a piedad, de una mujer
que hoy tener tanto desdora,
si amor de padre en vos mora,
recibid a Margarita
de sus pecados contrita,
por Dios merezca el perdón
pues de todo corazón
recogerse solicita.
¿Tú villana en mi presencia?
¿te muestras, mujer infame?
que hija no es bien te llame
por ser tanta tu insolencia.
¿Quién te dio mujer licencia
para parecer aquí
tan sin vergüenza ante mí,
después de mi honor robado?
¿Quién mala mujer te ha dado
un atrevimiento así?
Y solo porque a Dios temo
no te doy infame muerte,
que no sé quién me divierte
este fuego en que me quemo,
que me pone en tal extremo
el pro-
Pag. 15
La margarita del cielo 1ª pª
el honor perdido, ya,
que a voces clamando está
que te quite aquesta vida;
pero mujer tan perdida,
que se pierda más, ¿qué va?
tú en mi casa; tú a mis ojos,
para que en mí, triste, mire
un mal contino, que tire
al honor fieros abrojos!
en mi casa los despojos,
de tus lascivos amantes?
que al honor dan por instantes
pena, tormento, y dolor!
no lo permite el honor,
y otra cosa es de ignorantes;
vuelve a tus tratos mujer,
que en mi casa no has de entrar,
porque te pienso matar
si otra vez te vengo a ver,
vuelve infame a proceder
de aquel modo que hasta aquí,
y no te acuerdes de mí,
porque no tengo hija, no,
que conmigo al traste dio
por el honor que perdí.
Vase, y levántase la santa, de donde estaba de rodillas.
Qué justo es el desprecio
hecho a mujer, encenagada en vicios,
en culpas graves, siempre detestables,
puse el honor en precio,
y le perdí con vanos ejercicios,
hado lascivo al mundo deleitables;
las canas venerables
de un padre, afrenta fue mi vida larga,
dulce a la vista, si al comer amarga;
si entonces gana el mundo con mi vida,
ya su invención, y trampa es conocida,
y así ganar pretendo
con desprecios de un padre que estoy viendo.
Justa razón le mueve
en no admitir a quien honor le quita;
si bien es padre, amor quien le comprime
(aunque le he sido aleve)
a obligación forzosa, que me admita,
pues amor desta ley a nadie exime;
mas como honor le oprime
es bien obligaciones no conozca,
y que el mundo también me desconozca,
casi contribuyendo en paga justa
desconocer en mí, mi vida injusta,
sin que pueda ausentarme
pues a mí, dentro en mí, ¿quién no ha de hallarme?
Si es la privación causa
de ser perfecto en mí el conocimiento,
el verme ya en el mundo desechada,
haga el discurso pausa,
considere qué ha sido atrevimiento
acudir a enojar la edad cansada
de un padre, que afrentada
vive una vida, siendo ya en el mundo
por mal vivir, desvelar profundo
la penosa ocasión; advierte alma,
que vos en mí, sois causa desta calma,
busquemos un sagrado
pues la mayor piedad, nos ha dejado;
A ti Señor del cielo,
se acoge mi desdicha, y desamparo,
el alma en ti Señor busca su centro,
ya aborrece el desvelo
con que un tiempo buscó en el mundo amparo,
una aversión mi Dios, inquieta dentro
mi corazón, y encuentro
todos mis pensamientos alterados,
gozosos, de que van bien empleados,
huyendo las pensiones deste mundo
a ti Señor! a dueño sin segundo,
donde hallará acogida
por la más descuidada, y más perdida.
Vase.
De Don Rodrigo Pacheco
34
Jornada tercera
Pag. 16
Jornada Tercera
Personas della
Santa Margarita - Flavio galán - Lucio galán
Claudia dama - Probo galán - Cristo
Jacinta dama - Redín lacayo - el Demonio
Celia criada - un soldado pobre - un sordo viejo pobre
un ciego pobre
Salen Claudia, y Jacinta damas.
De confusión se viste,
amiga, toda el alma,
y puesta en confusa calma
al entendimiento enviste.
porque penetrar procura
efectos de una mudanza,
en mujer, cuya esperanza
puesta estaba en su hermosura,
al mundo ha dado de mano
vistiendo pobre sayal,
dar bien, por cualquier mal,
es precepto soberano,
este efecto en Margarita
con tanta paciencia miro,
si afrentas llena! que admiro
desprecios, que solicita.
Flavio le ronda, y pasea,
solicitando su amor,
con tan contino fervor
de alcanzar lo que desea!
que jura de no cesar
de obligarle hasta la muerte,
Lucio, le sigue de suerte
que piensa otra vez pescar
esta perla, que se fue
de su red, según da voz,
y entiende que el interés
podrá vencerle: oh mi fe,
las galas que ella tenía
oro, plata, y el menaje
de su casa? con ultraje
lo vendió todo a porfía,
y a los pobres se lo dio,
tan contenta en verse pobre,
que
Pag. 17
que es imposible le sobre
algo de lo que ganó;
lo que el alma piensa aquí
es que cubre esta locura
con la capa, o con la cura
de virtud.
Ello es así,
porque de esa suerte vende
mejor su vana beldad,
y en esa conformidad
al mundo engaña y suspende;
ella es, Jacinta, mujer
atractiva por honesta,
ella goza de la fiesta
sin dar su brazo a torcer;
ya conocemos su trato,
Lucio en ella un hijo tiene,
ella verá si conviene
volver a darle barato
lo que hoy con sumas le niega,
cuando le falte el vestido,
o cuando sienta ha perdido
a quien agora le ruega.
A Flavio, Claudia, no he visto
ha cinco días, o más.
En hablar en él me das
gran pena; y harto resisto
al amor que a Flavio tuve,
pero en mí su villanía
me ha quitado el alegría
que en un tiempo retuve.
La ingratitud deste amante
ceniza puso en mi frente,
por lo cual eternamente
tendrá nombre de inconstante,
él es galán, es discreto,
mas con la falta que tiene,
a perder de todo viene
nombre de galán perfecto.
Todo aqueso es por demás
si tú, Claudia, quieres bien.
¿Sufrir a dama un desdén
es de galanes?
Tú vas
en este tiempo perdida,
no quieres desdenes, no,
efectos sí, porque yo
dellos estoy bien herida.
Olvidar pienso del todo
los galanes de Cortona.
Su lealtad a Probo abona,
y así le quiero de modo
que tengo por imposible
olvidarle.
¡Eres dichosa
en querer, sin celos, cosa
de tu bien, pero ¿quién habla
que no sea con poca obra?
Siempre paz hemos tenido.
Es bueno para marido.
Antes entiendo que sobra.
Sale Probo, galán.
¿Oh, señora? ¿Aquí mi bien?
Hablad pues, en el ruin
etcétera.
Un serafín
no podrá decir de quien
le estima tanto, algún mal.
Antes como a mí solo
te trata.
En este peso
sois en todo sin igual.
Yo le debo amar de suerte
a mi Jacinta querida,
que solamente en la vida
me podrá apartar la muerte.
¿Qué hay de Flavio?
Anda pasmado
desta nueva conversión
de Margarita; ocasión
de que yo me quede helado,
porque es más de lo que piensa
el alma.
Ella es discreta
que de aquesa suerte inquieta
a su amante.
Es tan inmensa
su caridad que no veo
en los pobres, cosa alguna
que no diga que es coluna
dellos.
Cierto que deseo
que haga milagros.
Si va
como empieza, Claudia mía,
ella a Cortona un buen día,
sin duda que la dará.
¿Yo lo creo? Con coroza
de embustera.
Al parecer
es santa aquesta mujer.
¿Y si Flavio della goza?
Entonces merecerá
cualquiera afrenta.
Pues yo
pienso que lo verás.
No
sé, Claudia, cómo será.
Vamos al jardín un poco,
porque tonos nuevos tengo.
Haces bien, que triste vengo.
Algo tiene este de loco.
Vanse.
Salen Flavio, galán, y Redín.
¿Es imposible, Redín,
que viva sin Margarita?
La vida el amor me quita
viendo aquel rojo carmín
de sus labios.
Solicita,
porque entiendo que es fingida
la santidad de su vida
dando a Lucio pesadumbre.
Sí, es verdad; puesto en la cumbre
¿me verás?
En la subida
es necesario mirar
la vuelta, porque no puedes.
Bien de mi ver te puedes
si no me vieres llegar
hasta su cielo.
Si excedes
a Midas en la riqueza,
no es mucho su fortaleza
rindas, con tanto dinero.
Con él, alcanzar espero
tanto sol, tanta belleza.
La segunda santidad
de tu Margarita, viene,
dale, que aquesto conviene,
pues habrá facilidad
para un salto tan solene.
Darle pienso esta cadena
y un alma de amores llena
si lo que pretendo alcanzo.
Por mano se gana el ganso,
y el recibir enajena.
Sale Celia, con manto, vestida de beata.
¿Adónde, Celia gallarda,
vais agora por aquí?
En la calle me perdí,
y temo que se me tarda
en ir adonde salí,
¿qué mandáis, Flavio?, que os soy
aficionada.
Por hoy,
una merced pediré,
si dais licencia diré
lo que quiero.
Siempre estoy
a vuestro servicio.
Pues
antes de todo tomad,
y esta cadena llevad
en mi nombre.
Aquesto es
en mí, grande liviandad,
pero pues lo gustáis vos,
sea por amor de Dios.
¡Oh, alcahueta matraca!
Si en el traje eres tercera,
en tercera más veras,
que aquesta Celia bendita,
tiene traza de vender
a Dios, si fuera mujer,
¿cuanto más a Margarita?
Ello se deja entender;
los dos se concertarán,
y un sacamano darán
a la santidad fingida,
y después de recaída
a Flavio dos comerán.
Esto queda concertado
deste modo, Celia mía.
Pues ¡a Dios!
Tú, Redín, guía
a Celia, que por el prado
es su camino.
Vase.
¿Valdía
andas, Celia, sin Redín?
Solo estimo al serafín
de quien es este vestido.
Señora, pues ha convertido
el oro aquese jazmín,
¿De palabras ociosas
no hago cuenta? Lucio viene,
Vase.
A aguardar no me conviene
por algunas ciertas cosas
que conmigo Lucio tiene.
Sale Lucio, galán.
¿Qué invención es esta, di?
¿No miras, Celia, que en mí
vive amor, y vivirá?
Y el tormento que me da
un bien por quien me perdí;
¿un amor de tantos años
se acabó solo en un día?
Amor de un hijo podría
reparar aquestos daños,
y dar al alma alegría,
el remedio, Celia, espero
de tu amor, que es verdadero,
para conmigo.
¿Bien puedes
creerlo? Que no me excedes,
Eso de ti solo quiero.
Si quieres ver, mi señora,
llana te daré la entrada,
omi.
Pag. 18
La margarita del cielo 1a pte
Oh mi dulce Celia amada,
esta bolsa toma agora,
y al cabo de la jornada,
tendrás feliz casamiento.
Toma, Lucio, nuevo aliento,
que yo te la daré en la mano,
queda a Dios, que aquesto es llano,
Yo voy loco de contento.
Vanse cada uno por su parte, y sale santa Margarita, en hábito de la tercera orden de san Francisco.
Una tiniebla que alumbra
a la ignorancia subida;
una noche tan lúcida
que en luz, y sin luz deslumbra.
Una bajeza que encumbra,
un no parar en sosiego,
un ver mejor siendo ciego,
un ser suyo, y no ser suyo,
un acercarme, si huyo,
un buen afirmar, si niego;
esto se aprende, si prende
éste, al corazón, que presa
hace en lo divino priesa,
y sobre razón entiende
más cautiva, más se extiende,
porque el mejor conocer,
es aquí reconocer,
y el mejor querer, fervor
en Dios, con justo temor
renunciando mi querer,
porque la perfección
deste amoroso afecto,
consiste en propio defecto,
y en santa aniquilación.
Del espíritu, esta unión
pide un total despedirse,
gran entereza en partirse,
gran fuerza en el deshacerse,
gran diligencia en perderse
gran desunión, para unirse,
que contemple, mire, y cave
en hacer mi sepultura,
y que en una nada pura
de todo, del todo acabe,
que con la fuerza suave
del amor, me vista al justo,
de aquel infinito justo
que puesto en la cruz está,
y en él, por él, queda ya
puesto en cruz, mi propio gusto,
todo mi pensar embebe
aquí, un divino pensar,
que de puro ponderar
aun a pensar no se atreve,
y tanta abundancia llueve
Dios de luces, y verdades,
que en las mismas sequedades
que enjugan, secan, y ciegan,
dan jugo, ablandan, y riegan
con lluvias de voluntades,
esta, con esto serena
el alma, porque Dios quiere,
le notifica, y requiere
que tenga gloria, en la pena,
a gloria pues se condena,
cuando por castigo justo
el gusto quita a su gusto,
y así, si con muerte vivo,
y bien en el mal recibo,
¿quién me puede dar disgusto?
La ejecución deste efeto
está, en morir, y nacer,
y esto no se puede hacer
teniéndole al mundo afecto,
si amor, quieres ser perfecto,
y tu gusto a Dios unir,
comienza luego a morir,
y en muriendo, nacerás
en Dios, y con Dios tendrás,
gusto en morir, y vivir,
este efeto soberano
de vos espero mi bien,
no mostréis mi Dios desdén
porque veis que soy gusano
vil, de la tierra, y es llano,
que con mi llanto daré
voces siempre, y llamaré
por vos, que me socorráis,
que bien entendido me amáis,
que así lo dice mi fe.
Aparécese Cristo crucificado, y va bajando por un torno hasta el suelo, con música hasta emparejar con la santa que estará puesta de rodillas.
¿Qué quieres di? ¿qué me pides
qué quieres pobre mujer?
Ni busco ni quiero más
que a ti solo dulce bien,
Acuérdate pobrecilla
de los bienes que en ti ves,
las gracias, y ilustraciones
que puse en tu frágil ser,
acuérdate que olvidado
el padre que te dio el ser,
del amor que te debía
como a hija, dio al través
con el amor, y no quiso
en su casa nunca ver
a quien le quitó el honor
cuando te echaste a perder
yo tu padre allí te fui,
y a tu alma aconsejé,
que de mis siervos menores
procurases de aprender,
tomando el tercer estado
principio de tanto bien,
y cuando más olvidada
de que mía habías de ser,
entonces, yo con amor,
tu amor flaco le ilustré
dándote el conocimiento
propio tuyo: y mío, que es
bien que no se comprehende
ni alcanzó tu flaco ser,
hasta que al entendimiento
me di, claro a conocer,
estas, y otras muchas cosas
que yo te di: tu sabes bien
que son favores sublimes,
que mi amor te dio a entender.
Todo conozco mi Dios,
y conozco la merced
que sin merecerlo yo
aun pecadora hacéis,
pero el corazón se inflama,
y desea años mi bien
el unirse de tal suerte,
que de vos no le apartéis,
Sube, y únete conmigo
que quiero darte a entender
los tesoros de mi gracia
de mi pecho el dulce bien,
Llégase la santa al torno y abrázase con Cristo, y va subiendo él abrazada, y va diciendo esta octava.
Oh dulce fuego amor, oh dulce vida
mirad que me abrazáis amor inmenso?
con tanto fuego amor? y tan intenso!
que saca, parécestoy ya consumida:
bajad de vuestro vuelo, en la subida
donde amor me arrebata? porque pienso
que no podré sufrir lo que me exalta,
por incapaz de un bien que en mí se esmalta.
Vuelva bajando y diga la octava que se sigue
Bajad el raudo vuelo levantado
que el miraros en cruz, siendo inocente,
hace que llore el alma eternamente
vuestra muerte señor, por mi pecado:
de tanto fuego, miro sublimado
el corazón? en más amor ardiente
encendido mi Dios? y de tal suerte,
que de mi ser humilde me divierte.
Después de haber bajado y salido de los brazos de Cristo, se pone de rodillas.
La penitencia, es digna de favores,
por tales los asedia Margarita,
el alma siempre en vos los solicita
que sois todo su bien, dulces amores:
Cúbrese
De mi pasión, los ásperos rigores
toda amargura turbulenta quita,
que en ti mostrar pretendo al mundo insano,
la fuerza de mi brazo soberano.
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La margarita del cielo 1ª pte
De don Rodrigo Pacheco
38
Vase bien Cristo con música, y cúbrese la apariencia, y levántase la santa.
¡Dichosa el alma, Señor,
pues sois de ella dulce esposo!
¡Dichosa la penitencia
que ha de darme fin dichoso!
¡Felices fueron mis culpas
pues por ellas al que adoro
(si bien llorando las yo)
manso, y benigno le gozo!
Suspensa el alma se admira
de ver al mar con sus ojos
encerrarse en una concha
formada de barro astroso;
la inmensidad soberana
veo en él, él en el oro
de su pecho inmenso, y alto
por la gracia, que en mí gozo,
en llorar me ocuparé,
pues por llorar tengo todo
cuanto ven los que en el cielo
gozan de mi dulce esposo.
Sale Lucio de noche.
Ese seré, Margarita,
y me tendré por dichoso,
en serlo; mira, mi bien,
que tus memorias adoro;
esta invención en que has dado
deja, y vuelve al venturoso
estado, de un casamiento
y el mejor de aqueste polo;
esta es mi mano, señora,
que lo serás del tesoro
heredado de mis padres,
que guardo para ti solo,
y el hijo que de los dos
nació felice, y dichoso,
legitimado, será
señor de tantos despojos;
no dudes, mi bien, en esto,
ni te vean ya mis ojos
dar de los tuyos las perlas
que envidia el indio moro;
viste el alma de alegría,
deshecha tantos enojos,
los celos cesen, que ya
por ti peno, y por ti lloro.
Ya, Lucio, el alma no es tuya,
que es del todo poderoso,
cuyo poder infinito
es supremo, en deidad solo;
el cuerpo tampoco es tuyo,
porque es barro, y sucio lodo,
y ha de volver a la tierra,
al tiempo más temeroso,
que Dios me llame a su juicio
siempre amargo, y riguroso,
donde la cuenta sea justa,
por quien rige el mundo todo.
Solo penitencia vale
en este trance amargoso,
¡ay de aquel que no la hiciere
en este tiempo dichoso!
Yo procuro de salvarme,
a que este lance es forzoso,
porque al mundo le olvidé,
y solo mis culpas lloro;
no quiero tu casamiento,
ni ver quiero tus tesoros,
que estimo más el ser pobre
que del mundo todo el oro;
el hijo que tuve, es tuyo,
Dios le hará, bien venturoso,
que sepa regir su vida,
temiendo al solo, que es solo;
y así, no te canses más
en perseguirme, enfadoso,
teme a Dios que castigarle
puede como poderoso.
Pues que no quieres por bien
dar al corazón reposo,
¿haré por fuerza que vuelvas
a mi amor?
El pecho adorno
con el árbol de la cruz
en quien toda me transformo,
y no podrás conseguir
ese amor libidinoso,
y así en mí no hallarás más
de lo dicho.
Pues ahorro
de razones, Margarita,
y pierdo todo el decoro
que le debo a mi nobleza,
y a la posesión me acojo,
de que me niegues a mí
por Dios vivo, que me corro;
¿ello ha de ser?
No será,
que Dios todo poderoso
vendrá en ayuda mía.
Venceré, o podré poco.
Acomete Lucio para forzarla.
¡Jesús del alma, valedme!
De aquesta suerte me porto
con las mujeres cual tú.
¡Hombre vil, lujurioso!
¡Dios me defiende!
¿Pues yo
al través daré, cual loco,
con tu castidad fingida?
Contra Dios, vales muy poco.
Sale Flavio, galán. Aparta a Lucio.
¿A tan divino sujeto
te atreves, sucio villano?
¿Tú pones la injusta mano
a quien se debe respeto
más que a mujer de este mundo?
¿Por fuerza quieres gozar
quien no supiste agradar,
siendo en amor sin segundo?
Deja, infame, Lucio vil,
deja a quien más lo merece,
que tan divino interese
es solo, para entre mil;
¡el que es solo el escogido!
porque tiene tal firmeza
que dejara su grandeza
por este bien más subido,
no le dejaste, cruel;
yo firme, siempre la adoro,
que no es bien que tal tesoro
goce quien le fue infiel;
mía ha de ser Margarita,
no tuya, que no mereces
la tierra que pisa, veles,
que mi amor la solicita;
y si aquí pones los pies
¡otra vez! cierta es tu muerte,
el alma aquesto te advierte,
si no, lo verás después.
Cuando aquí, ¡oh Flavio injusto!
no me hubieras enojado,
bastaba haberme quitado
el cumplimiento a mi gusto,
pero pues que ser no puede
darte aquí duro castigo,
como a vil, como a enemigo
que en lengua solo me excede,
en el campo te daré
la muerte tan afrentosa
que quede por espantosa
ejemplo al mundo; así ve,
y en ese campo me aguarda
y allá te diré quién soy.
Vamos juntos.
Ya yo voy,
que tu muerte ya se tarda.
No saldré de aquí, sin ti.
Vamos pues.
A mí me guía,
a darte muerte.
Alma mía,
¡qué buena ocasión perdí!
Vanse.
¡Tantos trabajos, Señor,
tantas pruebas a una triste!
¿Cómo no me socorriste
con tu celestial favor?
Los dos se van a matar
por aquesta pecadora,
por ambos el alma llora,
por ambos es bien llorar;
no muera alguno, mi Dios,
porque teme el corazón
que hay infierno y perdición
en cualquiera de los dos;
uno ofender me quería,
otro aquí me defendió,
mas también las muestras dio
de su vana, y vil porfía;
cualquiera que muera, pierde
a vos, que sois su bien todo;
luz les dad, que de este modo
haréis que de vos se acuerde.
Sale Celia, criada.
Tú, Celia, tienes la culpa,
pues que dejaste la puerta,
siendo tan de noche, abierta.
Hermana, digo mi culpa;
De rodillas.
Dios te perdone, que yo
solo a Dios temo, y no más.
¿Por ventura a Barrabás
temo yo? ¿Qué sucedió
entre tanto que falté?
Vamos, Celia, a la oración.
Dame de aquesto razón.
Allá, hermana, lo diré.
Vase.
Yo soy la causa primera
de que se maten los dos,
no tenéis la culpa vos,
santa, y divina tercera,
la codicia me engañó,
mas que no acaba el oro
la hermosura, y el decoro
siempre que llega, rindió;
prometo la enmienda, sí,
no hay quien me ofrezca otro tanto,
que no me dará quebranto
el cerro de Potosí.
Vase.
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La margarita del cielo 1a pte
De Don Rodrigo Pacheco
33
salen claudia, y jacinta damas
Digo que tienes razón,
en decir que es una santa.
Lo que a mí Claudia me espanta
es, que no pierda opinión
su santidad.
Más se levanta
a las nubes, cada día.
Su caridad, a porfía
se publica, enciende, y llama
que con sus lenguas la fama
sustente su opinión pía,
En los principios le tuve
cuando le vide tercera,
por fácil, vana, embustera,
y en ello Jacinta estuve
tan contumaz de manera
que era imposible creer
que nunca aquesta mujer
tratara en esto verdad,
tanta es hoy su santidad,
su virtud, y menester
que no podré de dejar
de creerlo, pues lo vi,
Seis milagros hizo aquí
en Cortona
Ella ha de dar
al mundo muestras de sí,
a Cortona, nueva gloria,
quedando para memoria
una mujer tan laciva,
porque eternamente viva
su penitencia en la historia,
sale Probo galán
Lastimoso fue el suceso
que esta noche ha sucedido.
Di qué fue Probo querido.
Quede en la memoria impreso
tal castigo.
Di, qué ha sido?
El triste Lucio picado
de haberle tanto dejado
esta santa penitente,
con amor impertinente
del todo desesperado,
esta noche solo entró
en el humilde aposento,
con tan temerario intento
que él, en efecto pagó
con muerte su atrevimiento,
porque usando de la fuerza
con que el Demonio le esfuerza,
entró Flavio, a lo que creo.
Con este mismo deseo,
y pretensión harto perversa,
y logró, que Dios lo quiso
aquesta santa mujer
de las manos, y el poder
de Lucio, y al campo hizo
saliese, donde perder
hizo aquella injusta vida
por la maldad cometida,
adonde sin confesión
pagó su grande traición,
a manos de su homicida.
Bravo caso.
Ello fue justo
castigo del sumo Dios.
Flavio, Probo iba con vos?
Pues acaso tan injusto
habíamos de ir los dos?
ni a casa de Margarita,
que rebelde solicita,
ni en esta muerte me halle.
Buena suerte amigo fue,
Dios, de estos trances me quita
porque venero esta santa
como es razón se venere.
Del pecador Dios no quiere
que muera, antes le aguanta
así, pues, que por él muere,
Hoy a los pobres convida
y da célebre comida.
Vamos a ver esto bien.
Yo allá quiero también.
Vamos Jacinta querida.
vanse, y sale el Demonio en hábito de pobre
Entre el fuego, y confusión
que como espíritu puro,
siento de contino en mí
por el pecado que tuvo
en mi soberbia principio;
que es ya propio este atributo,
solo la envidia me aflige,
mal que eternamente busco,
esta pecadora vil
a quien buscando, rehusó
encontrarle: porque pueda
lo que nadie nunca pudo,
me da tal pena, y tormento
con los azotes, y ayuno,
que en el fuego donde vivo
della no vivo seguro,
esta en vicios enredada
del lazo, librarse supo,
que mi malicia cruel,
y fiera envidia le puso,
y tengo de perturbar
de su caridad el gusto,
con la traza que imagina
el odio, que en mí compuso
el pecado cometido;
contra quien, echarme pudo
para siempre en fuego eterno,
donde paso eternal susto,
los pobres se van juntando
para el convite que es uso
hacer tal día, que nace
un Dios niño, hombre robusto,
yo gozo perturbar
porque con darle disgusto,
causaré nueva alegría
al tirano, y vil profundo
sale un soldado pobre maltrapillo
Voto a Cristo que es ya hora
de comer, que tengo junto
el espinazo, a la panza
y el colador bien enjuto,
que parece no ha pagado
voto a Dios, nunca tributo
a mi boca el San Martín,
en treinta días, que busco
para remojarle a veces
algo, de lo que rebusco
en faldiqueras, que suelen
pagarme siempre tributo,
aquí dicen que hay banquete,
y que una mujer del uso
que fue corriendo a tercera,
le hace; bien hacerlo pudo
con lo que ganó taimada,
siendo esponja con su gusto,
denos pues, plúguese a Cristo
en un día lo que juntó
avaro, con maña, y trazas
a mil mozos boquirrubios,
en apariencia, relindos
que pagan siempre tributo,
sale un pobre viejo, y sordo
Válgate sordo el diablo
quién te lo dijo, trabuco,
si no oyes cómo sabes
que hay gloria aquí para el gusto?
Señor soldado es ya hora?
Dieron doce en este punto,
Miente el vellaco, y remiente
si él lo es, yo no soy puto,
y hable bien porque, si saca
la durindaina trabuco,
le haré dar en esa cara
más de cuatrocientos puntos.
aparte
Voto a Cristo que este sordo
el aloque bebió puro,
que me traspasa el olfato
los sentidos
Yo le juro
que soy mejor que no él.
Sordo hermano, esté seguro
que le soy amigo, y más,
Eso sí, vamos al punto
cuando esta santa dará
al paladar nuevo gusto,
De comer dirá bendito,
Mi beber siempre fue justo
y medido, y vos seréis
solo borracho en el mundo,
El comer le digo ¿oye?
Eso sí, vamos al punto,
sale un ciego pobre
A San Antonio de Padua
manden rezar; que estén juntos
los demás, quisiera yo
por no perder el tributo
de las cosas que me dan,
con la tardanza
De luto
anda vestido este siempre,
Qué lindo, y gallardo embudo,
que hay Perotón, cómo va,
O sordo, viejo caduco,
hoy beben vino en Peralvillo.
Ciego vellaco, quién pudo
decir que me vido allá.
El taimado que lo supo
me lo dijo.
Aquesto es bueno,
los dos son buenos embudos,
sale
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Sale Flavio, vestido de pobre, y Redín, a lo ridículo con muletas.
Transformaciones de Ovidio
hace Amor, que es el escudo
de las tragedias famosas,
de quien se paga tributo;
a vueltas de los demás
Amor transformarme pudo,
por ver aquí en me ha robado
y en quien todo mi amor fundo.
¿Quién me mete en esta danza?
Lo bien que me está, no supo
porque viéndome mi Celia
me dará del repolludo
cantidad, con que mi panza
se ponga de fraile al uso,
que solo parecer fraile
en la panza quiero y busco.
Este Flavio hace mis partes,
que es hombre de buen discurso,
y el traje aparente para
que saque de aquí algún fruto.
Salen Probo, Claudia y Jacinta, tapadas.
A buen tiempo hemos llegado.
Ver tanto pobre da gusto.
El gasto será muy grande.
Temo de salir confuso
de aquesta junta.
Yo temo
que al honor mío destruyo
con estas transformaciones.
Yo no temo, ni me ofusco.
Sale Celia, criada.
Sean todos bienvenidos.
¿Señora Celia, y su cuyo?
¡Válgame Dios!, ¿por Redín?
En pobre me constituyo.
La ración será doblada.
Eso sí, que es sacar fruto
de la pobreza mendiga.
Lleguen, y siéntense juntos.
Sacarán una mesa, y en bancos se sentarán por el orden que diré: el Demonio, el Soldado, el Ciego, el Sordo, Redín, y luego Flavio.
Aquí tomo aqueste asiento.
Pienso en este estar a gusto.
Junto al ciego me pondré.
Adonde más coma busco
el asiento, compañero;
aquí, que se asiente es justo.
Yo lo haré, porque más cerca
tenga a quien matarme pudo.
Para revolver la mesa
y dar a su gozo luto,
junto de aqueste blasfemo
me pondré, y daré susto
a una pecadora vil.
Quite allá, que por San Lupo,
que huele a todo el infierno.
Estése quedo.
¿No pudo
asentarse en otra parte?
¡Vive Dios, que huele a humo
de resina y pez ardiente!
Haya paz, contento y gusto.
Vase.
Sale Santa Margarita con una cesta de pan cubierta con un lienzo.
El nacido Dios se alabe,
porque es, hermanos, muy justo
que su santo nacimiento
sea alabado en el mundo;
pues siendo Dios soberano,
del Padre Eterno trasunto,
el que no cabe en el cielo
en la Virgen bella cupo.
En medio del triste invierno,
su divinidad dispuso
nacer, para dar calor
al pecador más perjuro.
En medio dos animales
nació hoy; paz aseguro
a pecadores, si quieren
escaparse del profundo.
Y si hoy le veis recién nacido,
en cruz le veréis desnudo,
pagando la culpa él
que dejarnos Adán supo.
Alaben a Dios, amigos,
denle gracias todos juntos,
pues quiso nacer, y hacer
tal favor al hombre injusto.
Tome cada cual su pan,
y den gracias al que pudo
darme a mí para que dé,
pues que soy sierva, sin fruto.
Empezando por el Demonio a dar el pan, llegando a Redín dirá lo que se sigue.
Jesús, ¿aqueste es Redín?
Su mudanza dificulto,
¿no es este Flavio? Si es,
Dios sacará de aquí fruto.
Vase.
Fui para hablar a mi bien,
y nunca mi lengua pudo
desatarse; aquí obra Dios,
que cuando quiere hace mudos.
¡Qué razones tan devotas!
Es un asombro del mundo.
Este pan del ciego agarro.
Envidia el alma un bien junto.
Toma el Soldado el pan al Ciego, y escóndelo.
¿Quién de mí el pan?, ¿dónde está?
Que por más que aquí le busco
no le hallo; el sordo fue
el que me hizo aqueste hurto.
Va tentando por la mesa y halla el pan del Sordo y tómalo.
¡Este es mi pan!
Deje el pan.
Miente el sordo, por San Junco.
Y ¡qué grande juramento!
A redro vaya, a Bernuncio.
Ciego amigo, dame el pan,
no seas más importuno.
Ya di principio a mi traza.
En que es mi pan, esto fundo.
No lo es.
Mentís, bellaco.
Tome el pan con este puño.
Dale.
Pues aguarde, que va el ciego
mi cuchillo furibundo.
Levántanse todos, y echan la mesa por tierra, y andan a los palos. Todos, y muestran salir heridos el Soldado, el Ciego, y el Sordo, y en cuanto se lean digan los versos siguientes.
¡Ay, que me ha muerto, Jesús!
¿Habrá de todos alguno
que se duela de este pobre?
¡Del banquete quedo ayuno!
¡Voto al cielo! Herido yo,
¡qué a mí la suerte me cupo!
Pagaránmelo sin duda.
Todo ha salido a mi gusto.
Sale Santa Margarita, y Celia.
¿Qué es aquesto, hermanos míos?
¿Qué disgusto aqueste fue?
En pobres, cierto, pensé
que no hubiera tantos bríos.
En día que nació Cristo,
soberano Hijo de Dios,
¿levantáis las manos vos?
No me debe de haber visto,
pero, ¿qué mucho, si veo
que el Demonio está presente?
Que aquesta vil penitente
siempre lleve mi trofeo,
y por darle más pesar,
ansias, penas y tormento,
en día del nacimiento,
llegad, que os quiero curar.
Mi cabeza está rompida;
curarla será locura,
que no puede tener cura,
sino es perdiendo la vida.
No desconfíes, hermano,
porque no te falte fe;
llega, que yo te sanaré
en nombre de un Dios humano,
que como es omnipotente,
te sana la herida y vista;
Tócale con la mano.
milagro, que a la travista
sané luego; y veo gente.
Llegad, hermanos; tened
en Dios firme confianza,
que con fe salud se alcanza,
Toca a los dos.
y en él firmes la poned.
Sano estoy por Dios del cielo;
¡oh, mujer más que divina!
¡oh, tercera peregrina!
Dios ayuda tu buen celo.
La herida, sana se está;
oigo, sin duda que sí,
pues al soldado oigo hoy
que a la santa gracias da.
Pasmada estoy.
Yo lo creo,
porque estamos en la gloria.
Y yo lo guardo en la memoria,
porque creo lo que veo.
¡Ay, Celia! Tú serás santa
en tan buena compañía.
Créalo, por vida mía,
que si me da la taranta
también yo le sanaré.
Cuando santa yo le vea
las muletas que desea
en su templo colgaré.
Afuera.
Pag. 22
La Margarita del cielo, 1.ª parte
Aparte.
¡Afuera, lascivo amor,
nunca más amor lascivo!
Es merced ver que estoy vivo
de las manos del Señor,
pues que fui tan mal cristiano
que a esta mujer perseguí;
no más amores en mí,
porque es santa, y aquesto es llano.
Es muy bueno aqueste intento,
sustentadlo, amigo vos,
luego hablaremos los dos.
Entendiome el pensamiento.
Si tú veniste por lana,
anda, que vas trasquilado,
que suele Dios de un pecado
sacar gloria soberana.
Tú veniste a dar pesar
a mi triste pecadora,
tú le llevas, vete y llora,
porque más te pienso dar.
¡Ay de mí, que de mis penas
tiene la culpa mi envidia!
Porque ella procura y lidia
derrocar glorias ajenas.
Si en ello muestro firmeza,
al querer ejecutar,
siempre me vengo a llevar
las manos en la cabeza;
bastante fuera este infierno,
pero mi tormento es tal,
que su gloria accidental
me causa más fuego eterno.
Maldito, vete de aquí.
¿Tú me oprimes, di, mujer?
Dios me ha dado este poder,
y lo tengo sobre ti.
Vase.
¡Oh, Dios, siempre vengativo
contra mí, poder le das
a quien fue lasciva más
que todo el mundo lascivo!
¡Esas cavernas oscuras
reciban en su profundo
a quien piensa asolar el mundo
con rabias y envidias puras!
Vayan, hermanos, con Dios.
Él os guarde del demonio.
Vanse.
Y de falso testimonio.
Y yo en la gloria os vea a vos.
Flavio, Claudia está presente,
quiere Dios que esta mujer,
tuya propia venga a ser,
y a tu quietud conveniente;
Dios lo manda, y quiere Dios
que vivas, y te conviertas,
y del mundo te diviertas
siendo casados los dos.
Tuya fue, ella es honrada,
lo pasado es ya pasado,
y sirviendo tú casado
será de ti más amada.
No replico, esta es mi suerte,
si Dios así lo permite,
no habrá quien de ello me quite,
si solamente la muerte.
Claudia, amiga, aqueste es Flavio;
el Señor quiere os caséis,
porque con esto le hacéis
al demonio un grande agravio.
Ésta es mi mano.
Y la mía.
Dios os haga bien casados.
Vos, Jacinta y Probo amados,
haced lo mismo este día
del nacimiento de Cristo.
Soy, Margarita, contento.
Fue divino pensamiento,
a tal bien no me resisto.
Vase.
Dad a Dios las gracias vos
de esta merced soberana.
¿Vase también Celia, hermana?
Vase.
Aquí dentro cerca estoy.
Dichosa puede llamarse
esta ciudad de Cortona.
Será de Italia corona
con tal santa.
¿Y puede darse
a conocer por el mundo?
Todo Dios lo puede hacer.
A más se extiende el poder
del que no tiene segundo.
A las bodas me remito,
que serán solenes bodas.
Y ¡qué bien que te acomodas!
Soy en las bodas mosquito,
que prueba todo el manjar
antes que llegue a la mesa;
y en la copa el vino besa,
y en ella se viene a ahogar.
Eso yo muy bien lo creo,
que había de ser en vino.
Sale Celia.
Es licor tan peregrino,
que si bebo, tras deseo...
Si queréis mil gracias dar
al que hizo, al que levanta
esta pecadora, a santa
penitente singular,
llegad.
De don Rodrigo Pacheco 49
Llegad, y veréis que sube
por medio de la oración
al cielo, en contemplación,
que a santos solos incumbe
ser de tierra levantados
por la fuerza que en sí tiene
el espíritu, que viene
de los objetos amados.
Córrese una cortina, y aparece la santa en un torno, en pie, con un Cristo en la mano izquierda, y en la derecha una disciplina; y con música vaya subiendo despacio lo que quisieren, y cuélguese la apariencia.
Veamos un efecto tal
en una pobre mujer,
que de santa, a mi ver,
esta es la mayor señal.
Efectos son peregrinos,
y que nadie los entiende.
Esto, Probo, no se aprende,
que son misterios divinos.
Del Orden de Penitencia
del divino serafín
las flores de su jardín
son estas.
En su presencia
su gran santidad se mira.
Su muerte será gloriosa.
Será célebre y famosa,
pues su vida tanto admira.
A nuestras bodas se dé
el orden más conveniente;
y esta santa penitente
en ellas presente esté.
De su alma el feliz vuelo,
premio y gloria más fecunda,
dará en la parte segunda
La Margarita del cielo.
Sub correctione sanctae Matris Ecclesiae.
En el margen inferior derecho hay probaturas de pluma y firmas de escritura entremezclada y poco legible: "La muy noble y muy leal ciudad de San Juan de... don pacheco caballos...".
