Texto digital

Texto digital de El vencedor vencido

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Estado del texto
Transcripción automática de manuscrito
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un manuscrito de la BNE (signatura MSS/15022).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vencedor vencido. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-vencedor-vencido.

Primera página de la obra
Primera página de la obra
Última página de la obra
Última página de la obra

EL VENCEDOR VENCIDO

Pag. 1

[Cubierta exterior]

Pag. 2

Guarda de papel jaspeado. En la esquina superior izquierda presenta dos tejuelos. En el superior se lee "Vv 479". En el inferior dice "Mss. 15022". En la esquina inferior derecha aparece el sello de la "Biblioteca Nacional de España".

Pag. 3

[Página en blanco]

Pag. 4

Foliación: 1

Anotación en la esquina superior derecha: N.º 12

Anotación: M. S. O. A. Inédito

Vencedor vencido: de

Juan de Ochoa

Anotación a lápiz: 44

Pag. 5

Vv-479

+

El vencedor vencido

I.

II

12

Pag. 6

III + El vencedor vencido. Comedia famosa nuevamente compuesta por Juan de Ochoa, residente en Sevilla.

Jornada primera

Pag. 7

1

Jornada primera del vencedor vencido. Salen Paletón y Coberbillo, amaneciendo.

En el manuscrito parece decir «amanes», que interpretamos como «amaneciendo».

Paletón.

Este, que va volando al cielo,

¡ay, Dios!, ¿quién lo ha de alcanzar?

Coberbillo.

Ven acá, Paletón, a un paletazo.

Y di, ¿dónde me llevas a estas horas,

que son dadas las tres? La noche es lóbrega,

y en todo Pitaya no parece

un ánima viviente por las calles.

Paletón.

Oye, Coberbillo, que eres un papa,

y no sabes apenas la cartilla,

porque este oficio nuestro de dar gusto

sin celos ni diligencia no se gasta.

Estando ayer tarde en mi aposento,

me dio soplo un amigo baquiano

de ciertas bodas que hay en Pitaya...

Coberbillo.

¿Bodas en Pitaya? ¿Cómo, o adónde?

Paletón.

Cásase con don Juan de Benavides,

un caballero que de España vino,

a esta dama nacida de un minero.

Danle con la moza, que es un ángel,

veinte mil pesos fuertes. ¡Qué buen respaldo!

Oí, es el desposarse el domingo,

y desde hoy jueves

comienzan los saraos en casa del suegro.

Mira si fue ocasión bastante aquésta

para dejar la cama y las camisas,

para servir a gente tan ilustre.

Coberbillo.

Dígote, Paletón, que eres único

en el arte mañero, y que mereces...

Pag. 8

pale.

la palma que da nombre del mundo

oye que esta es la casa de don Nuño peros

cole.

entremos callando que esta la cuadra

pale.

oye que en esta sala esta el estrado

cole.

pues a que bajar ansí no an bajado

Salen don Nuño peroz y don juan y doña ana y doña alon sa y aconpañamiento

Nuño.

Esta sala es conveniente

para el sarao y la fiesta

que en fin está ya conpuesta

y cabe en ella mas gente

y yo en aver entregado

mi hija al señor don juan

y magino que diran

que fue el enpleo acertado

don Juan.

Yo señor doy mil meabros

y en esto afirmo mi estrella

pues me dio mujer tan bella

y un tan principal suegro

Ana.

Podre a lo menos decir

señor don juan que aun que fea

nadie mas que yo desea

acertaros a servir

don Juan.

dos fea que me dises

sea vos que me abaje y digo

arrepentido de he dicho

por que os dire que mientes

Que aunque es verdad que esos ojos

de esmeraldas radiantes

sonbrosos non bastantes

causa para dar me enojos

de los rayos y tal desdén

que un ay de una alma sacon

que aun que vivos ofuscon

son ojos mi os un bien

ay en doblarme los agravios

y vuestra razón poca

de las perlas de esa boca

y del coral de los labios

Y el oro de ese cabello

mas que de polbo sutil

de estas manos de marfil

y el alabastro del cuello

doña.

Con justa razón me admira

a ques tilo de que hablar

pues me quiere decir bien

con una y otra mentira

don Juan.

Mentira ay ojitos a dios

que si mienten en ser buenos

que nunca llegue a picaros

doña Ana.

pues yo dire mas destos

que es mentira impertinente

llamar alabastro al cuello

oro al rubio cabello

y plata tersa a la frente

Donde rayan esmeraldas

donde estra el coral y perlas

por manos quiero verlas

pero de marfil buscaldas

don Juan.

Darle a mis pasiones yugo

por que los deseos míos

me sacan de mis desvaríos

y parece ti be a doy y

Por que decir que el cabello

es oro fino de ofir

es faltar labios de almibar

alabastro el blando cuello

Marfil las manos nevadas

dientes aljofar sutil

y bermellon y marfil

esas mexillas rosadas

Es torpeza reparar las

por que la beldad no ofenda

de esmeraldas a la venda

que el marfil oro y perlas

Y quien a usar de telar

a su para aquesta beldad

se aparta de la verdad

lo que deja a lebe

Y como es termino umilde

llamarle piedra ni flor

tan bien en pintor mi amor

apenas te dije untido

don Alonso.

Vibe Dios que mi cuñado

se quiebra en filosofia

entran los musicos

pale.

advierte que aquí la mía

bajad a mi ronbad

Ana se llama con bia

y el desposado don juan

vivan mil años entranbos

pues que un tal para cual

don Juan.

O pale traigan en buena hora

seays bien benidos los dos

cole.

en el príncipe por Dios

que valga esta mi sa

don Juan.

tomad aqstas medallas

y bebed algun nada

cole.

babey los a pale bo diez horas

huevas ellas plaz boda

pale.

En todala isla española

donde al presente bi vimos

ni en castilla do nasimos

ay tan germosa amapola

juramos que ta biola

no iguala a la desposada

ni a si soledad dorada

oyron bromas y galon

los dos vivan mil años en tron vos

pues que un tal para cual

solo don juan me asierta

pudo con atino a ve a

que madre de la belleza

pudo criar esta perla

Pag. 9

Suena ruido de desembarcación y disparan arcabuces y voces dentro y dicen:

Almirante.

Ea, galafanes, ¿qué os entretiene?

Soldados.

Viva Ingalaterra, viva.

Almirante.

Ea, soldados, arriba.

Soldados.

Armas, armas, cierra, cierra.

Alarma, alarma.

Duque.

¿Qué voces de desconcierto

son estas?

Pablo.

Que en Payta no haya un arma.

Coleman.

O si nos hay, yo soy muerto.

Doña Antonia.

Salgamos presto de aquí.

Duque.

Salgamos luego, ¿qué aguardamos?

Coleman.

¿Dónde nos esconderemos?

Pablo.

Donde en un cañaveral.

Doña Antonia.

En amargo y triste día

debí de ser engendrada,

que viuda me veo dejada.

Cielos, ¿qué amor os ofendía?

A quien pudiera acaecer

mayor desgracia ni igual,

pero el sobresalto es tal

que aun no lo puedo entender.

Soldados.

Viva, viva, Ingalaterra.

Dan asalto y pasan.

Jorge.

Viva la reina.

Soldado 1.

Demos asalto en esta casa,

y vaya de prisa a ella.

Jorge.

No es mal encuentro por Dios.

Hob.

Que encontremos con esta mujer.

Doña Antonia.

Si el lloro os ha de mover

más que mil lloros y alardes,

con promesas, señores,

de no quitarme la vida,

y de mi hacienda perdida

os daré de mis favores.

Jorge.

Acaba de confesar

adónde está el tesoro,

que como tú nos des oro

te dejaremos andar.

Hob.

Mientras lo dice yo quiero

quitarle aquesta cadena.

Jorge.

Y yo la ropa, que es buena

y me valdrá buen dinero.

Hob.

Váyase pues desnudando,

y diciendo dónde está

este dinero, porque ya

vamos gozando y contando.

Doña Antonia.

Dentro de aqueste retrete,

en dos cofres encerrados,

hay veinte y seis mil ducados,

y aun pienso que veinte y siete.

Hob.

Veinte y siete, ¡pesiatal!

A dos mil nos contentamos,

que si más plata llevamos

podremos guardalla mal.

Jorge.

Eso podemos hacer

y escondámoslo de modo

que podamos negarlo todo

si nos lo manda volver.

Y a los a quienes

no, a quienquiera que fuese,

pues vida que aquí viese

no lo descubra después.

Doña Antonia.

Mi fe y palabra os empeño,

señores, seguro aquí.

Hob.

Acabemos de ir de aquí,

pues nos da licencia el dueño.

Jorge.

Por demás es hacer gestos,

dale, desamparemos el puerto.

Válgame Dios que hay muertos.

Voces.

Viva, viva, Ingalaterra.

Entra Mateo, soldado, solo.

Doña Antonia.

La confusión va creciendo

y el temor crece en mí,

quiero ausentarme de aquí.

Mateo.

¿Adónde vas tan turbada?

Doña Antonia.

Voy, señor (¿qué le diré?).

Mateo.

¿Qué has? Y vas.

Doña Antonia.

Yo, qué sé,

voy a ver dónde podría

estar segura.

Mateo.

¿De qué?

Doña Antonia.

De que no me den la muerte

los que acaban de robarme.

Mateo.

Pues ten a suerte toparme.

Doña Antonia.

Yo lo tengo a buena suerte,

pero deja que me vaya

a esconder por lo provisto.

Mateo.

No hallarás lugar seguro

dentro el puerto de Payta ya,

porque de los naturales

quedaron muertos los más.

Doña Antonia.

Y el cómo, ¿no me dirás?

Mateo.

Diréte, y plega a tus males,

deseando engrandecer

con sus hechos memorables

el nombre de su reino, y a la seta,

desde el indio mar al Ganje,

la reina nuestra señora

arma una flota bastante

a conquistar gentes nuevas

que baña el sol y besan mares.

Debajo de sus colores, ambos,

y en ellos dos mil infantes,

el bastón de general

entregó a Francisco Drak,

al cual, con toda esta armada,

le mandó que luego zarpe

a conquistar con sus fuerzas

las Indias Occidentales.

Ansí pues, después que a

nos fue forzoso dejarla,

cuando el pasado septiembre

se dividió en dos partes,

con velas llenas de viento

y con tiempo favorable

llegamos a las Bayonas

y las de España tan grandes,

donde sin porqueué ni cómo,

y si porque el cielo sabe

que el mar pasa los Pirineos,

pocos bajes vuelca, anega y

zozobra toda la armada

con tan grandes huracanes.

Pag. 10

Foliación: 4 en el margen superior derecho de la página derecha.

Mateo.

que de milagros que daba

sanas sentencias inmortales.

Venimos de allí a las islas

de los canarios impares,

yendo a Faial a poblado

y a Cabo Verde en mares,

que fue lance tan venturoso

que en todos esos lugares

robamos cuanto tenían

sin que lo impidiese nadie.

Partimos a la Española,

que, por ser isla más grande,

la quisimos asaltar

a un tiempo por varias partes.

Salió al puerto principal,

tomó a su cargo el Draque,

con mil hombres que escogió

diez o doce de sus naves,

a este puerto de Pitaya.

Le cupo a nuestro almirante

con ochocientos soldados,

o, por mejor decir, Marte,

desembarcamos en tierra

que tomarla fue fácil,

y combatimos la villa

a poder de fuego y sangre.

Al asalto, de repente,

salía el pueblo a las calles

a buscar sus tristes muertes

sin saber quién las causase,

hasta que dando en la cuenta

de su estado miserable,

desamparando los muros,

determinaron retirarse

los pocos que quedan vivos

por esos cerros y valles,

huyendo a las marismas,

a dar las nuevas parten,

huyendo de los lagartos

y dándose a los caimanes,

pues queda en el campo

que aquella plaza combate

y van a morir cansados,

y una ventaja notable

tienen los muertos de acá,

que murieron sin cansarse.

La ciudad queda en pie ya,

aunque las calles buscasen

no hallarán ninguna persona,

sino mujeres y frailes,

y algunos pocos soldados

en un castillo distante

un tiro de las murallas,

menos fuertes que leales,

los cuales, aunque no quieran,

se tienen de dar por hambre,

cuando no quiera abatir

el castillo el almirante.

Mas, pues se acaba la noche

y los rayos del sol salen,

ellos verán a su lumbre

cómo les importa darse.

Esperas lo que pasa,

y esta salva que se hace

es porque ya desembarca

en tierra nuestro almirante.

Doña Inés.

Ni sé si me llore a mí,

¡ay marido que os perdí!

porque muerte os dio, padre,

¡ay padre, ay patria, ay hermano!

cielos, dad lugar a acabarme,

porque si sois en matarme,

por morir, es por la mano,

tú que quitaste consuelos.

Mateo.

Mujer ingrata, ¿no miras

que si en mi valor reparas

acabará el golpe en ellos?

Sino que a ellos te ofrece

y después a mí importuna,

que el que ha de caer en una

hace rendir ciento a veces.

Doña Inés.

Déjame agora morir,

que el llorar a los difuntos...

Pues con la muerte, ¿para qué amenaza

a la que está a tus pies en tal quebranto?

Aunque extranjero, muévate mi llanto,

llevarás la victoria desta plaza.

Pues juzgas a clemencia a quien se ensalza,

de vencidos reyes quita espanto,

los signos miras en el cielo santo

sin tener de temor alguna traza.

Mateo.

Pues mientras estamos juntos,

me habéis de dar gusto y placer,

desde el punto que te vi

se fue cobrando afición,

yo te adoro y es razón

que tú me quieras a mí.

Del despojo desta guerra

no he apetecido otra cosa

sino a ti, que eres hermosa,

y he llevarte a Inglaterra.

Después que seas a mi grado,

que lo deseo por Dios,

solos estamos los dos,

y ves que estás con un soldado;

jamás me he visto tan cuerdo,

porque el seso bien perdido,

conforme lo que he leído,

antes lo gano que pierdo.

La espada pon suelta o vete,

pues aunque más te resistas,

en vano mis amores conquistas,

esta queda o mataréte.

Pag. 11

Foliación: 5

Inés.

Enfrena tu apetito, inglés famoso,

pues tan de gusto os entrego mi hacienda;

no me quites, señor, mi antigua honuestra.

Daráte el mundo nombre de piadoso,

y tu valor hará que el mundo entienda,

para que deje yo de estar sin honra.

Mateo.

Pues si por disuadirme de mi intento

otro segundo mar llorando hicieras,

si sangre viva por sudor vertieras,

y si calmaras en ti el vital aliento,

si inficionaras la región del viento,

por cientos de suspiros llamas dieras,

y aunque ahogada en mis brazos te murieras,

no creas que mudara pensamiento.

Resuélvete, mujer, que a pesar tuyo,

ha de gozar Mateo tu belleza;

que más estima Inglaterra valerosa

gozar tus bellos ojos, porque arguyo

que la hacienda es rústica bajeza

para la ley del gusto, que es preciosa.

Inés.

Mátame.

Mateo.

Mataréte.

Entra el Almirante

Almirante.

¿Quién está aquí?

Mateo.

No es nada, mujer, vete.

Almirante.

No se vaya, tened ese soldado.

¿Qué es lo que ha pasado?

¿O por qué esta tristeza?

Inés.

¿Eres el Almirante?

Almirante.

Soylo.

Inés.

Escucha.

Si ya, Almirante noble,

no tienen las entrañas de algún roble,

si en Inglaterra piedad se halla,

si es mujer, tratáyla

que humildemente os pido,

y os mueva de mujer el apellido;

yo soy una doncella

que entre las que Fortuna hoy atropella,

tan abatida, mísera y tan sola,

que no podrá su bola

subirme a un punto al astre,

que tal estoy, que ya sirvo de lastre.

Faltóme con la prenda

del alma, mi padre, en la contienda,

los parientes, vecinos, los amigos,

y hoy, de tal mi falta,

que estaba por decir que el mal me asalta.

Viome en este suelo

desamparada de cualquier consuelo,

que aun para dar siquiera dello cuenta,

no tengo oreja atenta,

y en soledad tamaña,

solo un triste lloro me acompaña.

El virginal decoro

es, Almirante, un blanco tesoro,

quiéremele robar este soldado;

si mi lloro no ha bastado

a enternecer su pecho,

castiga la maldad que aquí se ha hecho.

Ya que soy tu cautiva,

si quieres conservarme, señor, viva,

líbrame desta ofensa,

que si no, lo que harés piensa.

Pag. 12

Inés.

que con aqueste acero

me sabre dar la muerte yo primero.

Alm.

No lloreys por mi dama

mal de que habays llorado

que yo conozco el soldado

que os quiso manchar la fama

y que un baldon tan siniestro

sucesos son de fortuna

que debajo de la luna

no hay contra ellos maestro

Si aviendo apariencia en ella

aquel que os quiso quitar Dios

falta que ha dado en vos

un don donde me le cancela

la castidad, la virtud

como son bienes del alma

aunque el cuerpo viva en calma

por faltalle la salud

Son siempre la mayor prenda

al menos de mas valor

y por aqueste el onor

vale mas que la hacienda

Con todo eso mientras esteys

en mi poder, que Isabela

será guarda y centinela

del oro que poseeys

Da.

Quien es Isabela

Vic.

mujer

del almirante

Da.

gran prueba

de amor y cosa que nueva

Vic.

Fiel es Isabela que ayer

Da.

Veo tu priesa

Alm.

soy leña

que lindos ojos teneys

ay amor porque queréis

echar al fuego mas leña

Vic.

Que castigo se ha de dar

a este soldado

Alm.

soltallo

Vic.

pues no agravio a su vasallo

Alm.

porque le quiero castigar

Vic.

Porque por fuerza intento

gozar aquesta doncella

Alm.

ay Vicardo que es muy bella

lo propio me hiciera yo

Vic.

O pues si ya te parece

que está sin culpa

Alm.

Y es malo

mucho, que quien no es palo

que la ocasión se ofrece

Vic.

Yo lo suelto pues que así

lo mandas.

Alm.

prisión cruel

que hay tal y después

le deje juntarse a mí

Vic.

luego estas enamorado

Alm.

enamorado no estoy

mas escarmentado voy

que es muy buena rostro

Vic.

arrematado

Alm.

No tiene muy graves ojos

Vic.

no son muy graves tampoco

Alm.

di, me Vicardo eres loco

o quieres ya darme enojos

Vic.

En que te enojas?

Alm.

En que das

en responder contra mi

Vic.

pues yo te responderé así

lo que yo diga y no mas

Alm.

Buen cabello

Vic.

buen cabello

Alm.

rostro humano

Vic.

rostro humano

Alm.

buena mano

Vic.

buena mano

Alm.

blanco cuello

Vic.

blanco cuello

Alm.

boca hermosa

Vic.

boca hermosa

Alm.

vista grave

Vic.

vista grave

Alm.

mucho sabe

Vic.

mucho sabe

Alm.

no es donosa

Vic.

no es donosa

Alm.

gracia tiene

Vic.

gracia tiene

Alm.

no es muy bella

Vic.

no es muy bella

Alm.

ay que me muero por ella

Vic.

pues para que Isabela viene

entra Isabela

Da.

Quiera dios que sea en buena hora

a ver a vuestra lealtad

Alm.

Si para prueba, llegad

a darme los pies señora

Da.

Quien es aquesta doncella

que en una prisión es tuya

Alm.

mal haya quien me destruya

si mi mujer es tan bella

Da.

Como llamas

Da.

Flaminea

pues persona soys muy hermosa

y tiene el pecho de liza

Alm.

es decirlo a la llana

Miraos que dama señora

de lo mejor del lugar

y del bien gozo y gasajar

de aquesto que suena agora

Da.

Que es persona muy honuestrada

y con esto se despunta

Alm.

si porque es mucha monta

Da.

y tiene plata probada

Alm.

Si se la dejo me entiendes

aquello que os anueva

si vos queréis la prueba

conocida es la mujer

O como soys maliciosa

Da.

como vos enamorado

Alm.

oygan el tema en que ha dado

Da.

requiero cautiva hermosa

Alm.

Pues que sabemos desacordalla

Da.

la libertad se trate

Alm.

no mirays que os desate

Da.

yo pedire el rescate della

Alm.

Hablad bajo, no se entienda

Da.

no quiero celos al ojo

Alm.

yo doy a risa el enojo

Da.

pues en mis celos se encienda

enviadsela a sus parientes

Alm.

Isabela basta, no quiero

Alm.

que a mi bien ella se quiere

agora es cuando me entiendes

Pag. 13

Alm.

Digo, mi bien, que estará

contigo siempre a placer.

Alm.

Ea, acaben esos pesares.

Sale Roberto y otros ingleses, y dicen

Rob.

A fuera el alcayde está

del castillo de Esperanza,

y trae las llaves de la puerta.

Alm.

Rómpanse de par en par

como las alas del rayo.

Rob.

Para tomar posesión

de la villa, el computado

resguardo, Almirante, ¿de qué modo

prevengo a los que estaban?

Como que no entra triunfando,

así entren esos señores,

como hombres vencedores

por estas calles marchando.

Alm.

Sáquenme algún caballo

de los que traigo en las naves,

que para cosas tan graves

es justo ir a caballo,

y ayan harto de fiesta

por la presente victoria.

Domec.

Veo que a desta memoria

Alm.

así corro por traspuesta.

Vanse todos, y queda solo Domec, y dice

Domec.

Desta vez, sin duda alguna,

por lo mucho que he sabido,

pienso salir proveído

a pesar de la fortuna,

porque el señor Almirante,

cuando el memorial leyóme,

temió, y prestamente

soy el que estoy adelante,

pretendo agora una escuadra

que ay vaca en mi compañía,

que muero por verme un día

al menos cabo de escuadra.

Entra Foncelina

Foncelina.

Lleve el amor el demonio,

y al ladrón que me engañó.

Domec.

Foncelina, ¿es esto, yo?

Aunque es otro el testimonio,

porque si dejo ya la resta,

que a las sumas indujiste

a ello, ¿por qué veniste

para meterte en la gesta?

Foncelina.

¿Han visto mentiras tales?

Domec.

Aguarda, y haré cosquillas,

si no parecen blanquillas,

o para cerrar ojales.

Foncelina.

¡Bien merece ese castigo

quien de casa de su padre

salió y olvidó a su madre,

por avenirse contigo!

De aquélla suerte se queja

quien deja su dicha, su palma:

traidor, si llevas el alma,

¿para qué el cuerpo dejas?

Domec.

Basta que el impio es ciego,

y te quejas de bisueño.

Foncelina.

Y mi sargento Don Bueno,

¿quién te sacará del fuego?

Domec.

¡O, quién pudiera presumir

borrarte del alma, don Fate!

Foncelina.

¿Viste cosa que me mate?

Domec.

Mataré, y anójome en vano,

traidor, tirano, por di, tirano.

Cuando yo a ti te saqué

de casa de tu padre, di.

Foncelina.

Cuando yo el alma te di.

Domec.

Eso en una venta fue,

adonde buen pan de sobra

a los güéspedes se daba,

paja y cebada.

Foncelina.

Yo estaba

con la bendita mi tía,

y no era moza.

Domec.

En la venta

servía, la muy probada,

de dar la paja y cebada,

y agora no se contenta

con ser que pido a una escuadra.

Cuando ella pasa lo diga,

está, si bien es la amiga

de Domec, cavo de escuadra.

Foncelina.

Como a questos capitán,

me han de adorar por vida.

Domec.

¿Cómo es eso?

Foncelina.

Lo que has oýdo,

que me sirven mil guzmanes.

Responde Domec el siguiente soneto, y dice ansí:

Domec.

Celos, yo color de almoradux,

mejor carguen de palos con un box,

que ande yo puntual con velox,

armado por sudor medir gandux.

Vando a su gemoría, solo aundux,

que ando yo tras las aves diciendo ox;

quien por guardar su triga alquila trox,

es por cacer primera y so deflux.

Si un tiempo de mi pro suena el reloj,

sepa que ya en su fuego soy balox,

y no quiero dormir en su almofrex.

Préstese el amor virotes del carcax,

vuelva a tender la red perro sarnox,

que diga como yo otro, y alzax.

Pag. 14

Don Juan.

Has de penar de mí, desvanezca,

que mala servidumbre paso en fea,

si estimas en una cáscara de nuez

volver jamás contigo a tener paz,

bastó el tiempo que he sido pertinaz

alcahuete de amor de aquesta vez,

que un soldadillo tan vil y tan soez

desprecie mi amistad, es incapaz.

Yo me acuerdo de belleza de un sol,

y hay ocasiones que asconde arrebol,

avívelo Amor en seno un girasol,

en el horno que estoy a vivo crisol.

Recelo yo que me oí traidor doncel,

y de una entena ha menester el general.

Sale Don Melchor y dice.

Don Melchor.

¿Dónde vas, ladrón, a mí,

con el alma de miel,

llega a confesión de a mil,

y con un cuento de a mentira?

Ya pensabas que de veras

te olvidaba.

Don Juan.

Yo pensaba

que me engañas siempre.

Don Melchor.

A cada

Don Juan.

lo

burlo yo, mas tú quizás.

Don Melchor.

Sabe mi bien que la edad

a lo que mi firme memoria

de como en esta miseria

estuve siempre embarcado,

y que de los navíos oí

por Dios toda la pelea,

y quiero que me provea.

Don Juan.

A bien se provea en ti.

Suena General dentro y todos sus capitánes disparando arcabuces, y sale luego el General armado todo y en un caballo encubertado con su celada, y otros y sargentos, y dicen:

General.

Marchemos, por que es cierta su manga

a acometer, Licencio, con tu gente.

Licencio.

Juegue la artillería desta parte.

General.

¡San Andrés!

Licencio.

¡San Andrés, y a ganar está!

Y dicen dentro:

Dentro.

¡España, Santiago, cierra, cierra!

Y dese el asalto agora a merced aquesta.

Licencio.

Jueguen los mosquetes y de su parte.

Mateo.

A esta parte doscientos arcabuces.

Licencio.

San Andrés, nos ayude en este asalto,

apretad ai, trompeta, toca cajas,

a retirar, a retirar, soldados.

Licencio.

El general va fuera, plaza, plaza,

al estribo, al estribo, fuera, fuera,

acaba ya, pasa, sácale fuera.

General viénese del caballo, y herido.

Licencio.

No, señor, ¿qué sangre es está?

General.

Luego, ¿yo no lo he sido?

Sácame del caballo, acá.

Licencio.

Paso, ¿qué habéis tenido?

¿Dónde es la herida?

General.

En la espala,

que un virote me ha herido la espala,

sobre este hombro, mirad.

Licencio.

Ya la descubro.

General.

Es de veras

que vamos, que está ya pasóla.

Licencio.

Bala de mosquete.

General.

Que es plomo,

que fue bala de mosquete,

yo lo siento.

Licencio.

Al cirujano

de cámara.

General.

Él se cele,

me pasó de man en mano.

Llamad aquel fuerte y lleno,

que con valor un pequeño

se esté lisia a vosotros,

por aquí unos y otros.

Venga el barbero, que es sano.

Entra el cirujano.

Licencio.

Ya el cirujano ha venido.

Cirujano.

¿Qué manda vuestra excelencia?

General.

Que me curéis, señor, pues ¿qué ha habido?

Cirujano.

¿Está herido? ¿Por qué, señor? con una i...

General.

Es nuevo en mí estar ganando.

Cirujano.

Desnúdese v. m. presto, al instante.

General.

Me curad.

Entra Mateo y Don Juan.

Mateo.

Esta es la espía,

o el español a los que ansí,

¿qué manda V. E.?

General.

Que desvíe,

y aquí le ponga delante.

Cirujano.

Importa en esta ocasión

para poder ver la llaga

quitarle aquí el jubón.

General.

Hacedlo con una daga,

que es mucha esa dilación.

Don Juan.

Apenas puedo creer

que lo visto no es mentir,

o que engaña el parecer,

porque general que he herido

muy poco lo suelen ser.

General.

Entrambos a dos, bien se vee,

la bala, y más fácilmente.

Pag. 15

Cirujano.

Con las pinzas lo tiré.

Draque.

Si entra tan poco, déjenle,

que yo me lo sacaré.

Que habiendo mandado mis

pinzas no son menester;

¿ves lo que está a asir?

Cirujano.

Sí.

Draque.

Déjamela bien coger.

Cirujano.

Poco a poco.

Draque.

Basta aquí.

Cirujano.

Notable encono, en verdad,

y de grado que se pegó.

Draque.

La herida es grave asaz.

Don Juan.

¡Por Dios, que es el mayor exceso

que he visto en mi edad!

Draque.

Tú, inglés, ¿de qué te espantas?

Don Juan.

De ver la prueba increíble

deste ánimo invencible

que hasta los cielos levantas.

Draque.

Pues, ¿era aquella imposible?

Don Juan.

Sin vello no lo creyera

de vuestra excelencia yo,

porque un general no hiciera

tal hazaña.

Draque.

¿Y por qué no?

¿Somos nosotros de acero?

¿Es mucho que yo me saque

un arcabuzazo que me

dio un soldado español,

que pudiera darme el plomo,

siendo yo Francisco Draque?

Veste aquí y di quién eres.

Don Juan.

Español soy.

Draque.

¿No eres más?

Don Juan.

¿Qué más puedo?

Draque.

No eres menos,

qué bien respondes al

ser español o a quien fueses.

Que después de haber sido

un hombre a quien acompaña

industria, talle y poder,

que ha ofendido a España,

en más se puede tener.

Quince años ha que España

se entretiene en darnos guerra,

que a la Francia o Alemaña,

y afuera de Ingalaterra,

su ciudad es campaña.

Solamente se ha osado

contra Ingalaterra ofender

España con su poder,

y yo solo soy quien pudo

dar a España en qué entender.

Yo soy del asombro que el

español ha temblado,

que al que mil veces ha aplacado,

y ansí ofenderá a Draque

quisiere ver español.

Don Juan.

¡Ah, inglés! Primero es,

con alabanza tal,

alabo a España.

Draque.

¿No ves

que dice de España el

da envidia a cualquier inglés?

Si en todo el mundo se sabe

que España e Inglaterra en campaña

están siempre, y el que sabe

que sobrevence a España,

Ingalaterra os alabe.

Dime, ¿cuánto ha que veniste

de España?

Don Juan.

El año pasado

estuve en Madrid.

Draque.

¿Oíste

la Corte?

Draque.

Di, dime, soldado,

de mí en España qué oíste.

¿Qué se dice allá de mí?

Di la verdad, por tu vida.

Don Juan.

Lo que yo en España oí

desa diestra invencida,

es lo que diré aquí.

Que es un rico hombre elocuente,

magnífico, liberal,

grave, llano, diligente,

piadoso, gran general

y, sobre todo, valiente.

Almas que de nueva adelantan

y por nombre levantan

es mentira que alabarán,

porque los niños que lloran

con el Drac los espantan.

Draque.

Aquel mi nombre es,

y tan fiel español me asombra,

su general, el inglés.

Francia, Flandes se asombra

del dragón, el holandés.

Que como que al mar salgo,

menos de cuatro mil hombres

para mí no sirven de algo,

publiquen mis cuatro nombres

que yo por cuatro mil valgo.

En la Corte, en que se entiende,

de la infanta roselosa

en que trata que pretende

Don Juan.

la quiere en esposa,

es lo que el vulgo comprehende.

Miles son fiestas todas.

Draque.

Bien sé que es un traslado

de un ángel.

Don Juan.

Bien la acomodas.

Draque.

Venturoso el desposado

de tan deseadas bodas.

El príncipe a que camina

Don Juan.

muchas esperanzas da

de gran soldado.

Draque.

Pues inclina,

que si vive alcanzará

la militar disciplina.

Llegue a edad que vista armes

y salga a campaña armado,

¿qué hará?, ¿y qué después?

Yo os le prometo buen soldado,

como su padre, el Farnés.

Don Juan.

Antes de mucho han de ver

que su valor manifiesta.

Draque.

Conforme tu parecer,

una herida como aquesta

¿do la podrá tener?

Don Juan.

Pues imagino, señor del...

Que no le darán espaldas,

una herida tan cruel

porque los vasallos suyos

las recibimos por él.

Liguen el paño, andemos.

Pag. 16

unclear.

somos diferentes dioses

porque nunca hay queremos

que pelee por nosotros

mas que por quien peleamos

hacer la gente y pagalla

agora sea mucha o poca

toca al Rey y el gobernarla

y a los vasallos nos toca

vencer después la batalla

pero esto es en lo que está

y de visto es gran hazaña

los que nacen en España

guardan al Rey en su tierra

y ellos salen a compaña

y la mayor maravilla

que ay en eso se parece

en lo que este Rey se humilla

pues ama mas un rinconcillo

que en Flandes le obedece

Dral.

O quien tuviera un vasallo

que fuera español no mas

para saber esto mallo

Cic.

en ascuas le dejas

Dral.

mucho mas supiera con tallo

y español que tal estaba

mi señor Rey don Felipe

Don Juan.

con salud señor que acabo

Dral.

dios sus años santifique

que todo el mundo le alaba

Don Juan.

A gran de veras llamo

valiente a vuestra excelencia

Dral.

debole por que ame

hacer esta reverencia

que fue en el el mi amo

Deseo volver a ver

que tal esta el su muy biejo

Don Juan.

dios lo guarde al parecer

no mucho le ha de ser consejo

que dejara de vencer

sabras si es bueno el pincel

si tu vieses su retrato

acordaras te bien del

Don Juan.

seria a mi luces grato

y aun diré si está fiel

descubrenle los cabcos y peampon / peras abiendo del... descubierto

Dral.

Pues corre de esta cortina

que a su retrato cubre

y aun de obediencia digna

Cic.

el braso alsa y descubre

cerimonia peregrina

Dral.

Parece le al señor Rey

este retrato

Don Juan.

señor

es el retrato mejor

que he visto con justa ley

se le hace tanto onor

Cierto que por ferencia

del vivo sin en callar

Cic.

di aun si perece

que del hablo y llega a hablar

ni es bla un hombre en su presencia

ponen el cor / l a frontero y / cubren lo

Don Juan.

ansí es verdad Gral. si es así

bien algo de esta manera

siempre este callando aquí

que ablando quizá pudiera

hacerme temblar a mi

y ansí mudo como está

en la tabla de pincel

como está mirando aca

cuando estoy yo solo con el

imagino que me habla ahora

y guarde a tanto respeto

como al mismo original

a esta tabla y te prometo

que a su presencia o secreto

aun no me atrevo a hablar mal

y mando a cualquiera soldado

que le tenga obediencia

este contino obligado

que a tan gran Rey aun pintado

se le debe reverencia

Dral.

Cubrilde, o tira de la cortina

pues Español que sin duda eres de aquellos

que vinieron huyendo de pitaya

y diste sin pensar en nuestro ejército

Don Juan.

es verdad que ansí pasa

Dral.

pues advierte

que he cobrado amor por tu buen talle

y buena conversación y cortesía

y ansí fiado solo en tu palabra

te daré libertad vete a los montes

donde se juntan los demas y llenos

con tal que has de hacer y a una espia mía

se le de libertad

Don Juan.

llama se

Cic.

Garsia

Don Juan.

pues yo prometo en fee del paño noble

ser la espia de la viva de el catalla

y cuando no parezca oeste muerto

volverme a tu prisión

Dral.

dal de sus armas

vale don Juan y entran mateo con un espanol

Don Juan.

mejor fuera con ellos darme muerte

si entre los que murieron en pitaya

es muerto a mí don antonio mateo aquella espia

te traemos señor que la encontramos

Pag. 17

Español.

con este pliego para el Rey de España.

Drake.

mostrad el pliego aca desid buen hombre

de que modo pensabais despachallo

si no os hubiera traído en el potro

Español.

mejor sé hablar a pie que no a caballo

yo lo dire; en la caleta

que cae de la otra parte deste monte

hay una carabela con pasajeros

que me están aguardando para el caso

que a la hora pido que me sueltan

y a embarcarme juro en mi conciencia

y no volveré alla en toda mi vida

Drake.

llévese adentro a esta espia

y este a muy buen recado.

Español.

vamos, vamos

Vicente.

dame el pliego, abrirélo y por las cartas

sabremos lo que piensan y sus senos

Drake.

si el pliego es para España, dejando

no se de a entender que en estas cartas

ha de pediroslo el Rei.

Vicente.

sí.

Drake.

pues oye

cuanto mejor industria y de importancia

era dar orden como la habéis puesta

viniese a nuestras manos

Vicente.

de que suerte

Drake.

yo lo dire búsquese en el campo

quien hable el español perfetamente

y este tal puede ir con estas cartas

a embarcarse en aqlla corabela

que aguarda en la caleta y de allí a España

a dar el pliego en Sevilla y la respuesta

podrá cobrar fingiendo ser isleño

y volbera a la española y vuelva a ella

verás que responde el Rey felipe

Vicente.

que pieza galeyon de auxilio usar

en rrobeno la geta o en el drae

con su estratagema milagrosa

Mateo.

yo me atrevo señor pues que la lengua

sali con el negocio que se apunta

Drake.

tomad el pliego pues densele luego

cuatrocientos ducados y si vuelve

yo le prometo mil.

Mateo.

que se me entriege

que yo pienso volver a qste suelo

entra jorge

Jorge.

que hacéis aquí descuidados

y el general dispone

a gobernar sus soldados

porque bajan al monte

de la ciudad los cercados

por un pequeño postigo

que tienen al paso seguro

y se escapan como digo

Drake.

pues abatase el muro

y pues cae el enemigo

señores animo alto

demos el postrer asalto

a santo domingo entremos

y nuestro pro curemos

en saltar dentro de un salto

toda la dificultad

está en nuestra brevedad

que en este encuentro primero

dadme mis armas que quiero

yo solo entrar la ciudad

Vicente.

mira que con la inquietud

se puede alterar la cerida

Drake.

y que importa la quietud

sin gloria no quiero vida

y abiendo gloria ay salud

dadme un caballo el mejor

porque el corazón me da

que hemos de vencer.

Vicente.

señor

viva la reina.

grita

Drake.

viva el inglés vencedor

Laus deo

entranse con que se da fin a la jornada primera del vencedor vencido

[Rúbrica]

Pag. 18

12

[Página en blanco]

Pag. 19

Página izquierda en blanco.

Página derecha en blanco salvo la inscripción superior.

Jornada segunda

Pag. 20

La página izquierda del pliego está en blanco, salvo por unos trazos ininteligibles en la parte superior.

Sale el Gobernador y don Alonso, don Juan y otros españoles en hábito de pastores, todos los que pudieren.

En el margen izquierdo, junto a la indicación del personaje (gober), hay un dibujo de un rostro masculino con barba.

Gobernador.

Después que por huir del corsario,

que a menudo visita nuestras costas,

nos recogimos en aquellos montes,

huyendo unos del puerto de Pitaya

y otros de la cabeza de San Illán,

cuyo gobierno está a mi cargo y mando,

y, señores valerosos, nos juntamos

ayer a tratar las armas los más días

para instruir a los pastores rústicos

que en su vida supieron qué eran armas;

y aunque es verdad que en menos de diez días,

por ser dóciles todos, están hábiles

en saber gobernallas, por las cosas

faltas principales, pues en vez de armas

no tienen sino palos, hondas, piedras.

Y ansí, de mi consejo, caballeros,

pues que Santo Domingo está cercada

y de contino asientan baterías,

los muros pronostican su ruina,

era importante cosa que el amor

al capitán del fuerte que entregase

la ciudad al inglés, que de esta suerte

le podrá obligar a que dejase

salir de la ciudad la gente toda

con todo cuanto ajuar dentro hubiere,

que el inglés concede este partido.

Pag. 21

Gobernador.

ganemos de una vez estas dos cosas.

La primera, aumenta nuestro ejército

con todos los cercados que a él vinieron;

y la segunda, armamos con sus armas

a los que no las tienen. Dalo, el consejo,

señor gobernador, es tan maduro

y tan útil a toda la española,

que todos le darán por aprobado,

y más sabiendo que es caso imposible

defenderse de todos los cercados.

Don Juan.

Lo propio digo yo, y permite el cielo

que nos juntemos todos en alarde

para poder vengarnos desta ofensa

deste pirata bárbaro y tan fiero,

y de la muerte que en Pitaya dieron

a mi mujer doña Ana.

Gobernador.

Mientras toda

el sitio que dais para desta suerte,

podemos enfrenar a este cosario,

y aquel ministro busca un hombre

que avise a los cercados del castigo.

Don Juan.

Yo, señor, seré ese, a mi cuenta

buscar la ocasión de la muerte,

después que mi doña Ana está sin vida.

Escríbase una carta y yo me obligo

meterla en la ciudad con una flecha,

pues por puertas y postigos es imposible.

Gobernador.

Prosígate el alarde comenzado,

que en mi tienda, señor, las escribiremos.

Don Juan.

Vuelve a tocar tambor. Dalo, toca y marchemos.

Vanse y sale el General, el Almirante y soldados.

Almirante.

De la manera que apuntó,

que a Pitaya provea el almirante

esa victoria bastante

para que tengamos aliento,

pues Pitaya con las armas

a los unos les quitamos,

y es bien, puesto en él, que hagamos

desta otra plaza de armas,

que, conforme agora éstos,

que para ocupados aquesta

pieza, a quien ya la testa

podrá dar la cera.

Porque si yo no estorbara,

esta ciudad que tomara,

es la causa por que voy

a que me la den a partido.

Y ansí iréis, que en Pitaya

se fortalezcan los muros

para que estén más seguros

por los que dentro aya.

De las naves se descargue

en efecto la provisión

y toda la munición

de una guarda se encargue.

Y mientras que don Antena

a las naves se recoge,

donde a los suyos manda

debajo de grande pena

que acudan en la fuerza

a dar mantenimiento.

Ay algo que al fin cuenta

y le decerán por fuerza,

que a que los de Génova

librarán de violencia

de Pitaya, señor,

y su compás notábamos.

Traerán de l'artillería

a la villa provisión,

que con alguna razón

tienen esta granjería.

Gil.

De Pitaya ha llegado

nueva de que un portavice

que vaya a hablar al almirante.

General.

¿Quién vino? Dil. Aqueste soldado.

Almirante.

¿Qué hay de nuevo en Pitaya?

¿Hay algún aviso de verdad?

Soldado.

Importa con brevedad

que el almirante allá vaya.

General.

¿Qué hay de nuevo, porque está el lugar

casi medio amotinado

y retirándose enojado

ya la quieren saquear?

Almirante.

Por vida mía que el daño viene

del delito, pues conviene.

Drac.

Otro, almirante, mi intento,

y quédate el mal vecino.

Almirante.

Vaya con Dios,

y apacigüe su gente,

y a mi tienda juntamente

vamos, Licencio.

Vanse.

Almirante.

Conquista todo el mundo,

Drac, vencedor te llama.

Pag. 22

D. Juan.

y con justicia la fama

dice que es un segundo

Dios ablando y peleando

deja aun cristiano atado

y a otro deja asombrado

a pelear deja ablando

entran don Juan y don Luis, aleta y billete y tiran las espadas

D. Ju.

Este lugar es seguro

para no poder ser visto

qui etes a está

Hob.

un hombre está junto al muro

Alm.

Hombre aquí tienes favor

déjame con el y bete

D. Ju.

Visteme una y otra muerte

Alm.

ay cielo date a prisión

D. Ju.

Pensar librarme es locura

si el y el alma sale y entra

en buena la espada y suerte

Alm.

Rendir la tuya procura

D. Ju.

Ve a la tuya prenda inglés

que es un muerto quien te ha dado

Alm.

muerto estoy si, que ni sin alma está

a que te arroja que ves

si es verdad que no es labida

sin efecto de el alma, y una

a vivir por ser hoy defunta

pues carece de bi dida

Que el alma que fue a gubierno

D. Ju.

de tener por cosas amorosas

que apan, y alaguen

el alma a está en el infierno

Que infierno puede llamar

a esta vida que vivo

pues vivo sin tener vivo

para poder mas penar

y aunque a la modesta suerte

vida a mi tormento eterno

no es vida si en el infierno

porque las vidas son muerte

Alm.

Aconpase un negro vos

y en parte de si me duel

pero con tod vee lo

que a mal o el tal bus

Si el amor tu desbaria

con consuelo que has topado

alma por en anorado

y alma el cosso su y dolio

D. Ju.

Ofendeme essa fabor

porque en mi el amor se ofende

cuando alguna mano antiende

que admiticion par fabor

y amor en almas yn nobles

Alm.

y amo a una diosa humana

D. Ju.

no razona razona biana

que ha de ser mal imposibles

Que esta razón fue perdida

por una mujer que ofendia

y a su mano fiero alaba

mas que no cuenta ofendido

Alm.

Vive al fin con esperanza

que el tpo todo lo muda

y espera r que en su fabor muda

y con el tpo se alcanca

Pero hoy que adiros que quiero

dar as in uerta caxameria

D. Ju.

no cuando yo os llore pero

Alm.

Dice que ha de venir so bra

no amores no de mayor

por el mi cainger no vos

a ran disi uita so bra

y a nsi os pleno soy que a pano soy

Alm.

pues espanol te espero

que me tened viven ter ero

pora sacarme destoy

Tu que así des a mi amante

lase que brar a s por mi

que un ralo ga va por ti

tu a u mi que es di a mante

Que si del modo que pintas

tu males pintas los míos

ellaparda a los brios

dejaron os gloria su cintas

y cuando ay of alcanzada

volver esa pi edra blanda

como a ves ala bome manda

que yo sere tu criada

D. Ju.

Peligroso es el oficio

per o al fin e un sir a mo

Alm.

fue prisionero me llamo

por tan grande beneficio

entranse y sale un capitán pleno y el orac y bicencio soldad os y ngleses

Cap.

Como a que stas condiciones

no firmes con brevedad

se entrega vala ciudad

y rras to y ves pato lesiones

Capitán mi fee te enpeño

que si tu espanol no fueras

que a tu de jada vbiesas

Cap.

soy espanol a y no y sueño

D. Ju.

En diez días no podrá

sujetar os a mi yugo

al taq ne de sos plugo

en pege a rda par ti da

Mu gros debe vuestro de ir

Cap.

pagan el mu gro senor

D. Ju.

tene y la muy y grande razón

Cap.

somos caballos de la y

y así se nos está en

motivos de en stp ocaciones

D. Ju.

leemos las condiciones

lee biencio as bicensio as son

lee bicencio las condiciones y capitulos con que se rindio el castillo de pitaya

Pag. 23

Texto en prosa en la parte superior izquierda

Draque.

Obligación hago firme

digo, español, que lo juro.

Capitán.

Pues yo mil otros y juro

que vuestra Excelencia afirme.

Draque.

Vea un pliego y mi palabra

que pues yo a la mía he cumplido,

Capitán.

en fe de lo prometido

yo haré que la puerta se abra.

Vicente.

Tanto bien sucede

que a un domingo aplica,

según la fama pública,

tanto que alabarse deje.

Draque.

El vencedor me llamad,

porque esta nueva hazaña...

Salen a los lados mujeres, niños, mozos, soldados y viejos cargados con sus bagajes, tocando cajas, y detrás Oquendo y un niño.

Vicente.

La gente, si no me engaña,

desampara la ciudad.

Niños, viejos y mujeres,

capitánes y soldados,

de solas armas cargados,

puedes ver, si verlos quieres,

Valerio.

Es, vuestra merced, el capitán

Alonso Oquendo.

Oquendo.

Yo soy.

Draque.

Los brazos de amigo os doy.

Oquendo.

Y a tus manos, merced, me darán.

Draque.

Alonso Oquendo, mi anciano,

esperaba por favor tal,

y dar manos, suena mal,

que dejaros ver de mano.

Dios os guarde, que estáis viejo,

aunque al parecer sombrío,

Oquendo.

desde que el criarse es mío,

no tengo más que consejo;

siendo más mozo en el pulso,

fuerza tuve, y vez me halle,

que un hombre armado pase

sosteniendo una lanza a pulso.

Draque.

¡Válgame Dios!

Oquendo.

Valga y guarde.

Draque.

Que a brazos le postrara

habrá quince años, aquí fuera;

verlos yo, que ahora es tarde.

Oquendo.

Pero, vuestra Excelencia,

que quiere ver bien a Almansa,

que es el blanco por lanza,

y en Flandes da asistencia,

Draque.

¿Quién es aqueste soldado?

Oquendo.

¿Este niño?

Draque.

El de la espada.

Oquendo.

Mi nieto.

Draque.

Es cosa extremada,

verle tan niño y armado.

Que apenas puede tener...

Oquendo.

Cuánto niño mi sangre,

mueve presto un pliegue...

Draque.

Pues dénmele al despegar

espada y niño. ¡Milagro de España!

Verá eso de aquesto,

abisma mundos con esto.

No se destetan en España,

aun en saliendo el fajar,

de mantillas ciñe espada,

pequeña y proporcionada,

del que el niño es capaz,

pues se ven por las tardes

en vez de hacer niñerías,

por las calles en porfías

de niños que hacen alardes.

Hácense tan hombres, pues,

que los hombres no hubieran

sido mudados, pudieran

ser hombres viéndolos pelear.

Tiro.

Hasta envidioso,

y vosotros tan valientes

que por el mundo halláis las gentes

y el porte de su brioso.

¡Oh, España, dése la joya

a su valeroso soldado,

pues parecéis los armados

como el caballo de Troya!

Oquendo.

De España, alabanza rara.

Draque.

¡Oh, si españoles hubiera

en el mundo!

Oquendo.

Pues, ¿qué fuera?

Draque.

Habiéndonos unidos, para

quien en el mundo después

en campaña nos venciera.

Pag. 24

Voces.

Tocad vos, en la ciudad entremos.

Vicente.

Viva el vencedor inglés.

Sale doña Ana sola y dice lo siguiente.

Doña Ana.

La tierna vid que aún al amor se arrima,

viéndose contra el frío de hojas pobre,

destila por las venas humor salobre,

y al consorte con lágrimas lastima.

Sale el mendigo invierno y entra opima

la primavera de quien hojas cobre

con pámpanos la planta sube sobre

el árbol que solía estar encima.

Truécase el verde agraz en azul uva

y de los mostos con que el tronco encubre

unos a miel hilan, otros encuba.

Segunda vez el tronco se descubre

que hoy lozana pasa aunque más suba

que le dé los pámpanos a octubre.

Entra el almirante y don Juan.

Almirante.

está, don Juan, es la fiera

que a mi ingenio divino

has de alcanzar que me quiera,

este mármol diamantino

que de un león tiene fiera.

Porque estoy, ay, tan perdido,

y por ésta ando perdido

y esta la vida me cuesta.

Don Juan.

Cielos, doña Ana es está.

Doña Ana.

Sea mi señor bien venido,

con bienes de salud,

¿no es don Juan el que está allí?

Almirante.

Vuelvo a juzgar la inquietud,

porque en faltando tu alivio

me falta a mí la virtud.

Don Juan.

Doña Ana, vives sin duda.

Doña Ana.

Vivo, don Juan, estoy muda.

Almirante.

Y tú, mi bien, ¿cómo estás?

Don Juan.

Muy mal, por ver qué me das,

y que tu amor no se muda.

Almirante.

Que yo, testigos los cielos,

que está mi mal en mi mano.

Don Juan.

Seguros son mis desvelos.

Doña Ana.

Por do el bien que en él hay gano,

lo prendo con estos celos.

Almirante.

Llega, don Juan, a ablandalla,

pues por mi bien has de hablalla.

Doña Ana.

¿Don Juan me hable por él?

Don Juan.

¿Qué es esto, suerte cruel?

Dejadme con ella y calla.

Almirante.

Quiero hallarme yo presente

para aprender a decir

mi mal, si acaso lo siente.

Don Juan.

Por fuerza os habéis de ir.

Almirante.

No puedo vivir ausente.

Llega, don Juan, por tu vida.

Doña Ana.

Esta es deshonuestra perdida,

viendo que aqueste alevoso

me venga a vender mi esposo

al almirante vendida.

Don Juan.

Cómo la aventuro a hablar,

si mientras le estoy hablando

el sentido ha de escuchar.

Almirante.

¿Qué piensas, don Juan?

Don Juan.

Estoy pensando

por dónde he de comenzar.

Almirante.

Por do quisieres comienza.

Doña Ana.

Que con tan poca vergüenza

venga a hablarme este enemigo.

Don Juan.

Señora, sea Dios conmigo.

Almirante.

Plega a los cielos que le venza.

Don Juan.

Señora, puesto que vos

sabéis lo que habéis de hacer,

y yo soy lengua entre los dos,

excusad mi parecer,

y haced lo que os manda Dios.

Almirante.

Vuélvela a hablar, que si porfías

yo alcanzaré el sí, pues

de mi amor, que muy bien podrías,

mi esperanza es que confías,

pero mal sé que la mía es.

Doña Ana.

Dices bien, que ese es

un intento que en hablarme has,

gastas paso, dices en fin

que harás mal en ser ruin,

siendo tan noble e inglés.

Almirante.

¿Qué dijiste de ruindad?

Don Juan.

Que ser desagradecida,

y tener poca piedad,

no es ruindad bien conocida.

Almirante.

Dice don Juan la verdad.

Don Juan.

Pues dice que bien se emplea

con quien la quiere, y desea.

Almirante.

Que su genio altivo se iguala.

Don Juan.

Porque en finezas es mala

quien peca donde se vea,

y que vos vayais a ser

menos honuestrada y piadosa

muy poco podéis perder,

pues necedad de curiosa,

que hay quien lo ha de saber.

Y que acaso por suerte

fueras, y casada advierte,

que calla un mal tan grave,

que si el marido lo sabe

yo sé que os dará la muerte.

Y ya en afrenta cierta.

Pag. 25

Don Juan.

temas, que os haga alguien testa,

si dais gusto al Almirante

ocasión será y bastante

de pasar a Inglaterra

en servicio de Isabela.

por Dios paso, que al que me calma

que un alma sin cuerpo vuela,

y vas para rey sin alma.

Doña Isabela.

Clavela viene.

Almirante.

¿en que?

Doña Isabela.

en que la,

porque no os llegue a estorbar,

yo quiero irme a la habla.

prosiga don Juan.

Don Juan.

prosigo.

entra Clabela sola.

Almirante.

¿a donde bueno?

Clavela.

bien digo,

que siempre aquí os he de hallar.

Almirante.

como vos siempre celosa.

Clavela.

buena estoy, por vida mía.

Don Juan.

perdonad, doña hermosa,

que como el inglés oya

no pude hablaros despacio.

Doña Isabela.

ya, don Juan, tengo entendido

bien el mal que abra sido.

Almirante.

¿no podrá, señora, hablarle?

Doña Isabela.

¡ay Dios, que gallardo talle!

quien tuviera tal marido.

Don Juan.

dame un abrazo.

Doña Isabela.

y aun ciento,

y diera mil si quisiera

mi...

Don Juan.

que su poco entendimiento,

y si lo tenéis por cierto,

podremos ir de concierto.

y a los enojos de Isabela.

Almirante.

no lo alabo, pues señor...

Clavela.

¿son parientes?

Almirante.

no lo son.

Clavela.

mayor es mi confusión,

ya le comienzo a celar.

Don Juan.

Dame, Almirante, la mano,

que está vuelto el Almirante.

Almirante.

es el porfiar en vano.

Doña Isabela.

Clavela, pues se le está delante,

y no poder verte espanta.

Almirante.

por mi vida, ese favor.

Doña Isabela.

sin duda celos y amor

están en dos paralelos,

pues que tengo amor y celos,

y no se cual es mayor.

Don Juan.

ves aquí el guante que he quitado;

toma, y si ambos se dan,

es porque por dos le han dado

el guante como a galán,

la mano como ha volado.

Doña Isabela.

¿Por que la mano le besa

sin ser su deudo?

Almirante.

villano;

mucho peor burla es esa,

que él es un villano,

y esa lealtad se profesa.

Que al que le ruega olvida el furor,

y dame albricias, señor,

pues su dureza ablanda,

que parace que se besa

su mano por el favor.

Clavela.

oygan, que labia tan brava.

para el señor Almirante,

y con esto el estorbaba

que yo pasase adelante.

Don Juan.

por esta que nos estorbaba,

si verdad se ha de decir,

el no llegar a persuadir

para que mi amor me exalte,

para que no torne a hablar.

Almirante.

yo mandare...

Don Juan.

señor.

Almirante.

digo...

Don Juan.

no has de mentir.

Doña Isabela.

de manera que esto pasa,

que el cordobés soldado...

el corazón se me abrasa,

y os perdono este pecado,

si sacáis a una de casa.

Almirante.

Por la fe de caballero,

que yo a dos mas me prefiero.

no le habléis mas por Dios.

Doña Isabela.

¿que importa que le hable vos,

si tenéis tan buen cerebro?

Almirante.

buen remedio, don Juan, luego,

ir afuera de la raya.

Don Juan.

yo voy con los celos ciego.

Clavela.

no diga yo que se vaya.

Doña Isabela.

no, y se queda ciego.

Almirante.

es por demas, ya se fue.

Doña Isabela.

¡ay, triste de mí, que quedé

enamorada y ausente!

¡mirad ingles valiente,

que esto es de mi fe!

Almirante.

Detente, a Dios, que es sueño.

que la culpa es del sueño.

gracias al vil sueño.

Doña Isabela.

muy del daño has escusado.

Don Juan.

Españoles, a voz llena.

Almirante.

escucha, mi Isabela,

no digas que eres doncella.

Doña Isabela.

doncella soy desposada,

que la boca está tapada.

Almirante.

pues no morirás sin vella.

Doña Isabela.

¿por que razón?

Almirante.

pues lo sabe.

Doña Isabela.

¿ascondidamente?

Almirante.

si.

Doña Isabela.

envidia me acaba.

Almirante.

acabe.

Don Juan.

¿quien ha de estorbar?

Almirante.

yo.

Clavela.

di me como.

Almirante.

es cosa grave.

Doña Isabela.

pues ¿qué importa?

Almirante.

mucho importa.

Clavela.

dilatacion, que es muy corta.

Doña Isabela.

déjame libre.

Almirante.

no quiero.

Clavela.

¿pues que esperas?

Almirante.

desespero.

Doña Isabela.

saca la espada.

Almirante.

muerta.

Clavela.

y en mí.

Almirante.

sabelo el cielo.

Don Juan.

¿que me quieres?

Almirante.

que me quieras.

Clavela.

¿a los míos?

Almirante.

de celos.

Doña Isabela.

yo que os quiero.

Almirante.

hablas de veras.

Clavela.

¿que le preguntas?

Almirante.

mis duelos.

Doña Isabela.

¿de veras habla?

Almirante.

porfia.

Clavela.

¿y hablar con ella?

Almirante.

desvia.

Doña Isabela.

yo soy mujer.

Almirante.

soy de piedra.

Clavela.

vuélvete aca.

Almirante.

soy de piedra.

Doña Isabela.

soy un marmol.

Almirante.

y aun agua.

Clavela.

escuchame.

Almirante.

es por demas.

Doña Isabela.

dejame.

Almirante.

contigo hablo.

Clavela.

pues hablas con Satanás.

Pag. 26

Almirante.

ofrezcote al diablo

salen el goBernador y don alonso y dicen

Clavela.

lleve a ti vas tabas esperando

gob.

Confianza tengo en dios

que en todo este mes que estamos

el aviso que aguardamos

vendra de españa y aun dos

Porque el tiempo es faBorable

para poder naBegar

y no a caresado la mar

como ahora tan intratable

don a.

Quiera dios que el suceda

como abemos menester

En tran don Juan diciendo

gob.

pues yo dolo puedo sacar

estando nos con le dia

Que yo su magestad bendita

espero verlo bien presto

para que salga del puesto

esta canalla maldita

d. ju.

O valientes capitánes

de aquesta aflijida isla

a quien los cielos prometen

benturas as alegrias

Sabed que vengo señor

de lade gorzilla

de pitaya placa de armas

de aquesta gente enemiga

De trigo pescado carnes

de polbora y artilleria

y lo demas provisiones

que a menester la milicia

Porque antes el draclemonda

está muy bien probeyda

y a cargo de se almirante

que de su puerto envía

De manera que a mí salvo

tengo la villa bien vista

y con que no trabajo

juzgo que se ganaria

Porque aun que la ciudad que dentro

municiones infinitas

está despoblada en rante

con solos seis solonparios

tienen los cuerpos de guardia

en las puertas de la villa

por que las puertas seguras

piensan que están defendidas

De modo que si nosotros

con cierta prevención mía

ganasemos una puerta

no hay dentro quien nos resista

gob.

Con esta inteligencia

ganar las puertas podría

Siendo puertas con tornillos

y de ponces a ba dios

d. ju.

llevaremos con dos bueyes

un carro lleno gasta ariba

de paja como otros que ban

de las gauendas vecinas

y con el que or de delica

dos guardas re pos campana

de bay mos bien armados

y con gabanes encima

En pero que les prezedyn

bandera en el que estaban

en determin do soldado.

de mi invención peregrina

Por que mientra llas soldados

los anbos muelles bastidas

el cat se ponbra en porte

de zapada que en se has till yn pida

Mientras los guardas al puesto

con una feya divisa

se queden en una enboscada

que esta a a juntar un a hermita

Viniendo ellos de revuelta

y a pendiendo las guita

dentro a ley re victoria

no hay duda que seros trinda

y que nosotros nos en...

a costa de poca vida

obraremos capitánya

y yo el alma de la mía

gob.

Esa es cosa por que casar

mi buena resolución

gob.

en el consejo de gerra

yo hare que repita

d ju.

Em. concidere

que si se trata en consejo

donde a quien a pastos y dy

la exsecucion se agua fuere

dale.

Pues por que ha de decirse

en consejo lo que se trata

en consejo de la cosa

jamás ha de con cluirse

Y que se llege a efe to

primero se ha de saber

que imposible prevenir

enemigos a ntecies

gob.

Pues que se ha de juntar

gente para la en boscada

si no se re pal djo pensada

no hay que lanica que dar

Don ju.

Por un brege podran

juntarse para este jntento

pues es de tanto momento

al pie del monte de están

y de allí al ano checer

comenzaran a marchar

a donde han de en boscar

antes del a manecer

Que sea es polda prevención

a donde la hermita está

que de pitaya estará

como tiro de cañon

gob.

Señor don juan esta troza

última deserta causa

que por ella y no de elpa

cobraran de esta placa

y por que en ello ganeja

Pag. 27

d. Jua.

el real han de cercar

para volverla a ganar

con que la vez pasada

con toda la demas gente

que está en el monte emboscada

digo ahora que me encargo

de acudir de prestamente

y si quisiere batalla

campo a campo al enemigo

también dentrara el ardid yo

que de que sale el alua

todos del caso seran

don Alonso mi cuñado

d. Alo.

señal es muy deseada

d. Jua.

será el uno el capitán

porque de todos confio

estas hazañas me tengo yo

d. Alo.

pues vamos a tratar desto

d. Jua.

y yo a labrar el camino

d. Alo.

dejaldos porque reciba

parte de nuestro placer

d. Jua.

el de doña Ana, mi mujer.

d. Alo.

luego esta mi germana viva

parecio que inclina a la

muralla

y luego pasan los soldados ingleses a meter la posta don Melchor Jorge y Vberto y Hicardo y otros soldados

tambor

don Mel.

prevención me cansara

de guardia su compañia

salgo a mirar a la mina

que está en muy buen lugar

Porque esta puerta de aca

plaza del cuerpo de guardia

mira que la gente tarda

mas estos deben de ser

los de la retaguardia

la escuadra del capitán

en la retaguardia primero

Vic.

Arrimemos a la posta

Jorge.

no hay mas asentaos que tengo dados

Vb.

yo traigo doce ducados

Tamb.

mi capa esta a poca costa

y puede servir de mesa

Vb.

no te faltara barato

don Mel.

si gano sobre mi gato

quien juega y por que tanto espera?

Vb.

pues el que me traiga bienes

don Mel.

a jugar señores soldados

nadie está mas obligado

a jugar que lo que tiene

sino es que esta camisa

de su sudor, y me de alguna

Hon.

yo juego

don Mel.

por prenda alguna

Hon.

también

don Mel.

pues que vale la

ofrezcola a los venturos

que ay de Londres a Centuria

Hon.

bellaco por esta injuria

te tengo de dar un cuero

don Mel.

Pues primero que eso sea

con este medio ladrillo

le pasare el colodrillo

los ojos porque no vea

Vb.

Dineros ay en la Hueda

y ropa

don Mel.

con los dineros

pienso dejarlos en cueros

Jorge.

de mano

don Mel.

la que moneda

Jorge.

Que me place

don Mel.

yo soy mano

Juego las plumas

Vb.

yo paro

don Mel.

siete a el

Jorge.

don este paro

contra el sonbrero

Vb.

yo gano

Jorge.

yo también

Vb.

pon aquel dado

ya empezamos don eniez

don Mel.

que lleve los diablos por juego

del ladron

Vb.

topo

Jorge.

he ganado

Hon.

Cobarde y infame gallina

ladrillo cobarde a mi

don Mel.

por esta perra perdi

meterse alla una gallina

Hon.

No quiero picaro infame

que te dé un bofetón que haga

descubra pecho y quijadas

y a ti que infame me llamas

Jorge.

Vuelbo a parar un doblon

Vb.

digo

Hon.

paso adelante

don Mel.

Una de a dos

Vb.

yo le sigo

don Mel.

sobre que sobre el jubon

Vb.

No los vale

don Mel.

como no

Vb.

como no he de jugar

don Mel.

vive dios he de ganar

que cuarenta me ha costado

Juéguelo pues un engaño y

que aunque está algo destrozado

es jubon que vale un vestido

mas de diez meses y un año

Vb.

Si quiere encajote a by

venga a ver que por aquí

Jorge.

yo he ganado

Vb.

yo perdi

don Mel.

sea en buen hora

Jorge.

a los cabales

y gana al dado que perdeys

que os paro diez

digo dos

no quiero

don Mel.

jugar de nuevo

Jorge.

no lo jugare por seis

don Mel.

Con aquesto ahora sale

seis reales de un jubon

de solamente algodon

y dez que se le vale

Cuentese bara de olanda

a cinco reales la vara

y de otra bara a parte

para aforros blanca y blanda

A dos reales y quince

de tafetan bara y cuarta

seda una onza y rezarta

y anjeo una cuarta abajose

seis reales de echura tienes

sumelo todo y lyebe lo

si lo pudiere ganar nuevo

un disparate de blondel

Jorge.

De buena gana un soplo

a trueque de un doblón

Pag. 28

dom.

se gasta a un nuevo un jubón.

dom.

pues este es jubón viejo

Fron.

El ganapán desalmado

si detrás de aquesta almena

no me escondo e an que buena

me hubiera dado antes que dejado

Fob.

Paro su espada aquí y maldigo

los juegos

jor.

qué hacéis

dom.

Tengo de jugar sin jubón

caen todas

jor.

juegan al desabrigo

dom.

Mides el dinero a puro

el jubón

jor.

paro

Fob.

Gano

dom.

todo lo ganan sino yo

Fic.

no jugáis más porque tengo frío

y no me habéis de quitar

los calzones

Fob.

yo no quiero

jugar sobre ellos

dom.

primero

me los habéis de avisar

Pag. 29

Domingo.

No huyamos, don animal,

basta que ayrados veréis;

dejadme en prendas las nueces

o quitaros he el costal.

Don Juan.

Pues ea, quien me vio nacer,

que llego yo a ser soldado.

Jorge.

Las nueces he de tomar.

Floro.

Ayudémosle a coger.

Don Juan.

Señores, vela asoman.

Domingo.

Ha de callar el por guapo;

por Dios, si un leño arrebato,

que preñados los que asomen.

Entra el Capitán y dice

Capitán.

Es hora.

Floro.

Capitán y señor.

Capitán.

Arrimad las alabardas,

mientras doy yo por las guardas

como las nueces rompan.

¡Aquí de España!

Don Juan.

¡A un grillo!

Abajo ha de pasar.

Floro.

¡Traición!

Jorge.

Traición, enemigos son.

Domingo.

Deja caer el portillo.

Floro.

Y a coger el portillo yo,

pudo romper la collera.

Domingo.

No sabia yo esta treta.

Floro.

Ahora os lo enseño yo.

Don Juan.

Dejadme entrar por debajo,

bolvere un galeon.

Capitán.

Victoria se ha de cobrar

con mis proprios trabajos.

Floro.

Y a Don Juan llama de arriba

con la insignia colorada,

atajemos su enboscada.

Don Juan.

¡Viva España!

Floro.

¡España viva!

Don Juan.

¡Victoria por Don Felipe!

Pasan por el tablado huyendo el Almirante y dos o tres ingleses.

Almirante.

Perdidos somos, ya vamos

a Santo Domingo.

Floro.

Vamos.

Sale Clabela y dice

Clabela.

¿Quien ay que no participe

desta perdida? ¿Que es esto?

¿Quien inbento esta traición?

Don Juan.

¿Quien os dio a mi prisión?

Clabela.

¿Sabéis quien soy?

Don Juan.

Que está presa.

Clabela.

De mi buena voluntad

soy, Don Juan, tu prisionera,

y en serlo desta manera

tienes a felicidad.

Desde el punto que te bi

tu esclava ha sido Don Juan,

porque en varon tan galán

al punto el alma te di.

Paga mi amor infinito

o no seais tan español.

Don Juan.

Amor que va tan junto al sol,

que medios que me dais;

muy poco puede hacer mesura,

y mas si unos bellos ojos

dan lágrimas por despojos.

Clabela.

Yo que de la coyuntura

fío mi bien, el alma mía

vida tendrá con descanso.

Don Juan.

¿Que tigre no será manso,

si es mujer a esta ternura?

Digo, Clabela, o Clabel,

o clabellina hermosa,

Entra Doñana

Doñana.

Mal el alma te reposa

hasta que encuentre con el.

Clabela.

Doñana es está.

Don Juan.

Pues calla.

Clabela.

Mi Doñana.

Doñana.

Mi Don Juan.

Clabela.

¡Ay, que abrazo! Dios, que tal

cruel te me da la batalla.

Mal haya amen que destruya

yerba que me das beber.

Doñana.

¿Quien es aquesta mujer?

Clabela.

Soy Doñana, esclava tuya,

como el tropel y prisa,

cualquier majestad humana;

tu ama fui esta mañana

y agora soy tu cautiva.

Doñana.

ansí, Clabela, es verdad:

mudanzas son de fortuna,

mas hoy sin falta ninguna

os quiero dar libertad.

Don Juan.

¿Que me decís?

Doñana.

Lo que pasa,

que Clabela es muy hermosa,

y yo en extremo celosa,

y no quiero que este en casa.

Clabela.

¿Pues celos tienes de mi?

Doñana.

Tendrelos de mi marido

si mira a un palo vestido.

Don Juan.

Ahora bien, oyese aquí.

Después trataremos dello

y se hará lo que convenga.

Doñana.

Ahora bien, Clabela venga,

que he de callallo y he de vello.

Cata que hablas.

Don Juan.

No, que hablare.

Doñana.

¿Que es esto?

Don Juan.

Un silvo, nada.

Clabela.

Ved el hombre.

Don Juan.

Que me agrada.

Doñana.

Y tu por el arrobada.

Clabela.

no hay de que participe

una mujer cuando vela.

Don Juan.

Ay Doñana y ay Clabela.

Todos.

¡Victoria por Don Felipe!

Entranse todos con que se da fin a la primera jornada del Vencedor Vencido. Laus Deo. [Rúbrica]

Pag. 30

24

[Página en blanco]

Jornada tercera

Pag. 31

+ El vencedor vencido 3 25

Pag. 32

Jornada tercera salen Bicencio y dos músicos

Bic.

Comiendo estamos

pero acabará muy presto

Musi.

Como tú alcances licencia

porque el uno y otro presto

verá nuestro ingenio y ciencia

Bic.

Aunque el Dral mi señor

gusta de oír el tambor

más que la voz más sutil

y desprecia un añafil

por el trompeta menor

yo haré con él que os escuche

porque premie el exercicio

vuestro

Musi.

Para que esté en bono

harémos algún servicio

Bic.

Servicio yo os lo perdono

haceos a aquesta parte

que sale mi inglés marte

y que os llame llegad

Sale el Dral mondándose los dientes y dice

Dral.

Buen oro me da en verdad

Bic.

Siempre deseo agradarte

Dral.

Dame una silla

Bic.

Aquí está

Dral.

Mucho se tarda la espía

que fue a España

Bic.

Ella es buena

pues el cielo de día en día

tus victorias aumenta ya

toda la isla es pasola

y no es la española sola

el bien de esta república

que la fortuna amplifica

tus victorias en su bola

Dral.

No me adules Bicencio no es razón

que a la verdad que he propuesto

dejo nombre de adulación

ahora bien dejemos esto

y muda conversación

Bic.

Gustarás de oír por suertes

dijo servirte advierte

unos músicos

Dral.

Y qué listos

ingleses son gentiles bríos

y sirven en vida y muerte

Dral.

Porque no entran al cajón

que yo les prestaré oído

y hasta hacerles parecer tontos

Bic.

Siempre en fiesta estás metido

deja estar las sagaz boyas

que pues vendidos nos vemos

no es razón que las empleemos

Musi.

Y mi música señor

no es música de tambor

Dral.

Trompetas nuevas tenemos

entren entren en buen hora

que a la trompeta inquieta

a quien su inquietud adora

Pag. 33

Vic.

no es musica de tronpeta

Dral.

pues menos te entiendo ahora

que musicas pueden ser

los que a mi me den placer

sin caja o tronpeta bizarra

Vic.

Son musicos de guitarra

Dral.

ya que te me das a saber

cuando de mi as conocido

que a mi me ha de dar solaz

viendo en la gerra nacido

la musica que en la paz

ablanda por el oído

A musica ni a porfia

asme visto tu algún día

entretenido

Vic.

yo no

Dral.

que o guitarra o versos yo

sino los de artilleria

No sabes que mi guitarra

es que del puesto avanza

la nave que sale al mar veloz

y que mi voz es la voz

de grita al arma, caja ronca

Vic.

Viense que acostumbras poco

aquesta musica pero

que v. m. agora un poco

oymelas a mi

Dral.

considero

que sale un loco a otro loco

pues tu lo suplicas sea

canten a donde no los vea

Vic.

pues por que no han de llegar

Dral.

por que quiero mirar

o nos asombre que de pelea

cantan los musicos

Dral.

A los cercados franceses

dentro en san quintin cercados

con que su furor acomete

el heredero de carlos

previénense a la defensa

con razones los galos

pensando que los leones

huyen del canto del gallo

El invencible felipe

y agora alejandro magno

para animar a los suyos

ba diciendo por el canpo

Comiencen el asalto

juegue la artilleria

marche esta manga

siga aquella escuadra

A ellos santiago españa guerra

alarma viva españa

alarma cierra

Dral.

Alarma cierra cierra

caen ingleses a la guerra

ea soldados balientes

que soys leones prudentes

nos han cercado la tierra

Alarma alarma

Vic.

señor

de que te alteras que es esto

quien te incita a tal furor

Dral.

no ves que me saca del puesto

Vic.

aquesta ilusión te ha traído

que a un que el eco te inquieta o muda

del puesto

Dral.

no ai quien acuda

a quitarme ilusión fue

por que yo me transforme

en la musica sin duda

Agora lo digo y creo

que cantando pudo hacer

parar los rios orfeo

y que pudo suspender

la pena a los del leteo

Vic.

Di ahora si te contenta

la musica o descontenta

Dral.

el efecto que en mí ha hecho

que es mas que umano sospecho

Vic.

y de alejandro se cuenta

Dral.

Si se cuenta de tal hombre

no es mucho que yo me asonbre

ni me transforme en el canto

siendo los bersos encanto

que esto sinifica el nonbre

Diles que canten y digan

las hazañas memorables

del Señor Rey pues obligan

a enprender cosas notables

Vic.

ola de ai que prosigan

cantan.

Vic.

el sol en medio del cielo

que sirva por su ocaso

porque el nuevo josue

viene a vencer sus contrarios

Deteniendo porque el sol

Vic.

las bitorias de alejandro

las de pascual que quiso

llevar la nueva al ocaso

y llegando en ausencia

que con los ojos garzos

vio el español valeroso

que derriba del caballo

dando priesa al asalto

juegue la artilleria

marche esta manga

siga aquella retaguardia

A ellos santiago

españa guerra

alarma alarma alarma

cierra cierra

Dral.

Agradable es la canción

y muy armigero el son

entran los ingleses apeados, tristes y en perdida de uno en uno como van gabion

Jor.

o perdida nunca oyda

manda quitarme la vida

por tan grande perdición

Dral.

perdición que se perdio

Jor.

no se como se lo cuente

Rob.

quien tan gran desagrabio

desde el oriente al poniente

Dral.

decidme que sucedió

Rob.

Vengo señor de manera

que contar quisiera

Lecturas dudosas: - "oymelas a mi": la lectura es incierta, parece decir "hazmelas mi" u "oymelas a mi". - "nos han cercado la tierra": la grafía es muy confusa, podría ser "nos asan cercad la tiesa". - "las de pascual": el nombre "pascual" es claro pero extraño en este contexto heroico. - "como van gabion": la última palabra de la acotación es de difícil lectura, parece "bangabion" o "van gabiando". - "retaguardia": el manuscrito parece decir "rettagira".

Pag. 34

Rob.

la desgracia imposible

Dmee.

la desdicha mas terrible

que se vio ni mas se espera

Vengo a buscar Draucey de nuevo

deudo que así deshabla

Dmee.

dos mil veces a hablar pruebo

y mi locura dira

que yo señor no me atrevo

Vic.

Draucey prevenga

paciencia y paciencia tenga

para oir desdicha que asido

Vic.

el almirante abenido

Drac.

es mas quest conbienbenga

entra el almirante solo

Alm.

Si a draucey toca

dar pena a desdicha tanta

primero que abra la boca

manda cortar mi garganta

y será pena muy poca

Que conforme acción hallo

que un desdichado basallo

es indigno de la vida

Drac.

E pitacaya perdida

Alm.

por su poca maña de caballo

Si pitacaya se perdio

por ser mi poder flaco

el isleño la gano

dieronlo todo saco

y vengo a contar lo yo

su estandarte que tremola

en toda la isla española

se perdio por mi desdicha

Drac.

que vos bibays tengo a dicha

falta una desgracia sola

Mayor desgracia almirante

fuera para ynga loreta

en lo que ha de ser adelante

dejar en aqsta tierra

un hombre tan importante

y no os aflijays de ver

que no es en nuestro poder

la fuerza que teneys vos

que en ella gloria a dios

otras teneys que perder

El capitán que ha de andar

continuamente en las guerras

de probe se ha de preciar

que que tenga mil tierras

tendrá menos que guardar

Si después que soy soldado

hubiera siempre ganado

y nunca hubiera perdido

todo el mundo hubiera sido

por mi brazo conquistado

y fuera desdicha mj a

siendo alejandro segundo

llorar como el algún día

abiendo vencido un mundo

porque mas mundo no había

Si pitacaya se perdio

bien sabré cobrarla yo

y gloria mía ha de ser

cuando la vuelva a perder

el que agora la gano

y ansí se puede estimar

mi perdida porque espero

ventaja que he aquijar

y ganar prestado dinero

para volverla a ganar

Drac.

decid como sucedió

Alm.

en dos naves que entraron

que con un caso se entrose

ciudad y se ganose

Drac.

pues la venganza pretendo

del dano que voy sintiendo

no por lo que se perdio

sino porque se gano

cuando yo estaba durmiendo

dadme un respaldo ab bati

que gente en pitacaya abra

Jorge.

Como cien gonbres dirai

decí el gobernador desta

Vic.

que camyna de allí

Drac.

que ejército el que tiene

Bob.

con siete mil gonbres viene

Drac.

siete mil Bob si siete mil

Drac.

por dios es cuadrón jentil

pues ahora pelear conviene

Alm.

valiente drauc que tardas

en marchar contra el contrario

si ves que ya se acobardan

efecto en ti extraordinario

como no ves que aguardas

que viendo aquellos isleños

de quien ya nos vimos dueños

se esten riendo de ti

y empieza la fiesta de aquí

volver vacíos los senos

Vic.

Que mayor general

que estorga ablando impediciones

remedia perdida tal

saca reconpensa tu igual

y el estandarte real

Marchemos sobre pitacaya

y aun que dos mil hombres aya

en su guarda aumentemos

porque con gusto alla volvemos

a ver dellos desd la playa

Drac.

A señor que a mj empre

sa espantoso el ca

so asombre a la jnfan

teria desta gente loca

las ya rece vidas ofensas

yaz deste ejerci to alarde

y marcha luego que es tarde

mira que es afrenta tu ya

que al vence dor se a tri buya

el renombre de co barde

Jorge.

Acaba pues determina

lo que has de hacer sin escusas

contra esta plaza vecina

Bob.

mira que embarquéis en bajas

Pag. 35

Bob.

toca a mar y que ahí camina

Alm.

ya de cobardía vuestra

fiero dragón salga apriesa

los montes que has de pasar

Don Juan.

vámonos a embarcar

porque volver no es cosa

El romance

Drac.

Como villanos cobardes

en mí puede caber miedo

si soy el gran vencedor

de quien tiembla el hemisferio

Cómo de vuestra memoria

habéis ya botado el tiempo

en que llegué a Magallanes

y derroté su escuadro

si tan memorable hazaña

digna de soberano esfuerzo

hice solo y por mí solo

que me reprehendéis, qué es esto

Si sabéis que cuando parece

tan reportado y tan cuerdo

mi pérdida es porque animo

los viles ánimos vuestros

Si sabéis que no hago cosa

sin consultarlo primero

con el familiar demonio

que en esta sortija tengo

Si sabéis que dé embista

después de entrar en consejo

con el diablo venzo siempre

que me reprehendéis, qué es esto

No sabéis que si callo

mejor que todos entiendo

el poder de mi enemigo

y el daño suyo prevengo

Si quedarme dudo no es

cobardía yo me prevengo

en cumplir las faltas nuestras

que os aviso sin remedio

si pierdo por solo un día

lo que he ganado en ciento

y venís oyendo todos

que me reprehendéis, qué es esto

Si quiero volver solo

adonde venís a ir

disfrazando mi persona

si el valor disfrazar puedo

y reconocer el sitio

armas, munición y puesto

que tienen los españoles

valientes y más soberbios

y si termino a hoy visto

yendo en ello mi daño cierto

os vuelvo libres y salvos

que me reprehendéis, qué es esto

entra el gobernador y don alonso y murcio y silanos

Gob.

Plantéese el campo en el puesto

más cómodo y más decente

D. Alo.

marcando viene la gente

y el escuadrón está puesto

Gob.

Plantéese la artillería

de la manera que mando

D. Alo.

ya señor se está plantando

y también la infantería

Gob.

Volverán a menester

que pusen picas ya estoy

nuestra imperdedla hoy

pues la ganamos ayer

entra un paje o soldado

paje.

de picas ya sale fuera

Don Juan y viene gananciosa

Gob.

sepamos qué nos cuenta

porque ya el inglés espera

entra don juan y dice

D. Juan.

a vuestra merced yo suplicara

Gob.

qué es

D. Juan.

es que esta espía inglés

que en nuestro campo ha de estar

se busque porque yo quiero

en acabando de hallalle

libertalle y rescatalle

de su amo con mi dinero

gob.

Cómo se llama dice señor

muy conoces su nombre yo te mando

que se busque y dese bando

para buscalle mejor

y si en el campo estuviere

de libertalle se trate

y yo daré vuestra carta

al soldado en cuyo fuere

que es justicia y equidad

que ansí a Don Juan acudamos

pues siempre propuso el daros

él nos dará otra ciudad

dalo.

Agora nos curamos

más de las prevenciones

y ordenar los escuadrones

que han de hacerse en el real

paje.

Conforme mi parecer

si no hay opuesto que lo impida

entre ya en posesión debida

el campo

gob.

los ha de ser

los dos formarán el campo

en forma muy importante

el uno será volante

que entre y salga haciendo campo

paje.

bien dice vuestra merced

gob.

el un escuadrón será

el que por su cuenta está

dalo.

yo le recibo vuestra merced

gob.

El segundo el capitán

que es nombre muy importante

los del escuadrón volante

Pag. 36

La página está dividida en cuatro columnas, correspondientes a dos folios de un manuscrito abierto.

Soldado.

Del general ha venido

un inglés embajador

y quiere hablar, señor,

por él licencia pido.

Gobernador.

Dadme silla en que me asiente,

entre, yo sé que no podrá

el inglés ver la plaza está,

porque su embajador miente.

Entra el Almirante y el Draque disfrazados y un soldado con un arcabuz cubierto con un tafetán en un velado.

Almirante.

Vuesarced me mande dar

las manos.

Gobernador.

Las manos no,

los brazos sí, dad acá,

pues no los puedo negar.

Aquí hay silla, Almirante, y asentaos.

Draque.

Buena tienda y bien compuesta.

Almirante.

Mi embajada a fe es está.

Gobernador.

Hablad, que os oigo muy atento.

Almirante.

El inglés Francisco Draque,

general de aquesta armada

por divina Isabel reina

de la última Bretaña,

el Dragón nunca vencido,

que inglés vencedor se llama

por el mundo, en cuyo nombre

yo sirvo hoy a vuestra merced esta carta,

después de besar las manos

a vuestra merced, me manda

le avise de cómo viene

a asentar su real campaña.

Salió de Santo Domingo

con tan brava gente bizarra,

que al pie de cuatro mil hombres

y aun muchos más le acompañan.

Son todos soldados viejos,

y los ingleses, que basta,

con el Dragón por caudillo

para empresa tan honuestrada.

El convoy viene marchando

y antes de una hora larga

estará tan junto al muro

que nos veremos las caras.

Ansí que Francisco Draque

avisado de esto, me manda

que a vuestra merced suplique

le restituya esta plaza,

y cuando por ser justicia

le parezca cosa agria

restituirla al inglés

que se la ganó por armas,

pueda vuestra merced tratar

que se rescate en plata,

que por sesenta mil pesos

él la venderá, y no es cara;

y cuando no quiera hacerlo,

aunque es sin razón ni causa,

le avisa que trae intento

de presentar la batalla.

Que mire bien lo que hace

antes que toquen al arma,

que después será imposible

volver la espada a la vaina;

y porque de todo a punto

se asegure su brazo,

rompiendo muros de acero

y no barbacanas flacas.

A vuestra merced le sirve

de enviar con estas armas,

y él ruega que se las ponga,

que son buenas y probadas.

Gobernador.

Por cierto el aviso es bueno

y muy suya la embajada,

que como tan gran soldado

todo a quien él se iguala.

Y ansí le podrá decir

que yo le vuelvo las gracias,

porque me avisa que viene

aunque ya aquí se sonaba.

Y que cuando su excelencia

cuatro mil soldados traiga,

somos acá siete mil,

pero los tres mil sin armas;

y si viene tan resuelto

en presentar la batalla,

que mal negra se la puedo,

pues que le tengo ventaja.

Que mire bien lo que hace,

porque en diciendo España,

tiene un español diez manos

y en cada mano una espada.

Si viene el campo marchando,

cuando llegue a las murallas,

cara a cara nos veremos

si nos miramos a la cara.

Al pedirme a tanta furia

y al partido de compralla,

yo le agradezco el consejo

con treinta y seis mil palabras,

y puede también decille

que si el deseo de plata

le da gana de hacer venta,

que venda sus naos o lanchas.

Que si en campo nos vemos,

le aseguro mi palabra

que no habrá menester naves

ni quedará quien se vaya.

A las armas digo que estimo,

por ser suyas esto loo más,

que siendo de tal soldado

serán de muy buena casta;

y también le digo al Draque

que dentro la barbacana

hay corazones de acero

para resistir sus balas.

Las armas me pondré luego,

y porque de mano armada

pienso en llegando a su campo

dar principio a la batalla.

Pag. 37

Almez.

Aunque le invía suplica

salga en persona a campaña,

donde podremos entrambos

tentarnos bien los brazos.

Y porque tengo creído

que si me encuentro con armas

hará lo que siempre suele,

que será volver espaldas,

le invío con un caballo

andaluz, de buena casta,

que lo escapará huyendo

hasta llegar a su barca,

y aunque él salte, a pie, a la arena,

si quiere va a la carga,

lo llevará, que el caballo

puede correr sobre el agua.

Denle el caballo alazán

para que luego se vaya.

Jorge.

En silla está, turco, y digo:

Dracolo.

Vaya con Dios.

Vase.

Almez.

Con Dios vaya.

Vase.

Jorge.

Voy por el caballo.

Dracolo.

Sí,

vosotros acompañaldo,

y a mi esclavo llevaldo,

grande valor dele vi.

Vanse los dos y queda el Dracolo.

Dracolo.

¡Oh, presunción española,

qué más insensata dijera,

ni quien otros arrojos tuviera

de los que hay en la española!

Un viejo a quien cumplir

lo que dijo podrá ser,

y que, no sepa hacer,

sabrá al menos decir.

Entra Jorge.

Jorge.

Ya ha llegado navegando el campo

a vista de Pitagaya.

Dracolo.

¿Que hicieron alto?

Jorge.

Sí, señor, y ya empieza a apearse,

teniendo siempre a ojo el puerto,

esperan bien guardados.

Dracolo.

Dadme luego

un bastón.

Paje.

Señor, aquí tienes

a don Juan, un caballero tu cautivo,

que sobre su palabra se fue libre;

con cierta condición pide licencia

para besar tus manos.

Dracolo.

Dile que entre.

Entran don Juan y doña Ana.

Don Juan.

Como buen caballero español, a los

valientes, general, se ha mostrarles

que preciamos la honuestra más al doble

que no la libertad, y por haberte dado mi palabra

de volver, como noble, al cautiverio,

cuando no libertase a un almirante

que perdiste en la isla, no parece,

y vuelvo a la servidumbre, como esclavo,

o por decir mejor, como hombre noble,

pues aquí me presento, envidia del

goce de mí, y de doña Ana, mujer mía,

la que a tu voluntad, aunque sin ella,

me cautivó su bien, estaba en mi alma,

y por esta razón ha de ser tuya,

y porque la gané siendo tu esclavo,

y son para el señor todos los bienes

que adquiere su esclavo, y lo último

vengo con mi mujer, por si quisieres

pasarme hoy a la torre, o en tu servicio,

que la lleves conmigo, si con alma

quieres llevar el cuerpo de un esclavo.

Dracolo.

Por cierto, español noble, que esta dama

da muestras de su amor, pues se arrojó

en venirse con vos al cautiverio.

Doña Ana.

Es el amor de esposo, amor inmenso.

Almez.

La espía que fue a España

acaba de tomar ahora puerto,

y su resolución nos desengaña

que ha vuelto con respuesta.

Dracolo.

¿Qué me dices?

Almez.

Del mismo rey Felipo es esta carta.

Pag. 38

Dral.

muestra que el sello y firma besar quiero

como si a mí viniese y

en todo lo que por la una y y otra entiendo

carta

Dral.

Luego que recibimos otra carta

entendiendo el peligro en que estáis puestos

mandamos prevenir treinta navíos

con dos mil soldados dentro de ellos

para ir a socorrer a la española

y castigar los robos del pirata

que inquieta mis flotas y las tierras

con orden que si cuando allá llegare

la armada que enviamos está el dral

fuera de la española que lo busque

hasta volverlo a encostar lo enviaremos

teniendo en vos bastante confianza

que por todo este mes saldrá la armada

de Cádiz de Madrid a diez de agosto

año de ochenta y cinco y por firma

el soldado que trajo aquesta carta

a quien os del palacio dio las penas

Alm.

a veintiséis, señor, que la armada

salía de San Lúcar para Cádiz

y dos días después que él se partiese

habían de zarpar luego a esa cuenta

no puede tardar mucho yo imagino

que en menos de seis días la veremos

Dral.

Almirante señor luenga espera

a riesgo y por lo poco que estamos

nosotros asaltamos esta isla

dimos asalto a sus villas y cabeza

de modo que tendremos en las naos

un millón y quinientos mil ducados

Alm.

Así pasa señor pues quién nos mete

en cobrar a piratas y a arriesgarnos

que nos venza en campaña el enemigo

ni esperar en la isla que de España

venga la armada que por horas llega

Alm.

Pues qué quieres que hagamos pues el cielo

nos ha favorecido en esta media

que no tentemos la feliz fortuna

vámonos a embarcar ricos y salvos

vencedores y prósperos y demos

dentro de su goleta o en las naves

Alm.

muy bien dices señor ese es mi voto

porque aguardar a la armada es desatino

Dral.

toca pues a embarcar a embarcar toca

dispon de todo el cabo hasta que yo baje

Alm.

doña Ana del águila de logusto

que hoy que ya nos vamos

que vendrás a ingalaterra

conmigo que soy bragueta

todavía en esto estamos

dña.

Deja de usar quimeras

que tienes mujer celosa

doña Ana moza y hermosa

y partes por que la quieras

advierte bien almirante

que don Juan es mi marido

y que verle a gemido

Alm.

yo lo quitare delante

dju.

de qué suerte en barcarle

en otra nao si doña Ana

a mi pasión no se humana

dju.

no harás tal pues matarete

que yo no he de menester

sino a tu mujer y no mas

dña.

luego en barcarme que fas

con Isabel a tu mujer

Alm.

No me acordaba yo de ella

pero dame amor un partido

yo le daré a tu marido

libertad si él la da a ella

Pag. 39

Sino.

Si no, qué darse a entender

que a mí poco se me da

y tu marido vendrá

con la armada de Ingalaterra

Don Juan.

Es fuerza, a Dios, mi cautela

pues sabe que ya seré

como libertar a Medes

y haceros dar a la vela

Doña Ana.

Luego en ir os desviáis

Don Juan.

Cómo te has de embarcar

Doña Ana.

Luego aquí te has de quedar

Don Juan.

Yo quisiera acompañarte

mas para ir divididos

lo propio es que dos mueran

que partir, señora, allá

Doña Ana.

Pierdes el juicio y los sentidos

no nacen de ahí, Don Juan,

sino de tu poca fe

Don Juan.

Siempre diré que te amé

Doña Ana.

Tus obras no lo dirán

y has de dejarme cautiva

a qué me trajiste aquí

no estaba yo libre, di,

si el amor desto lo aprueba

Yo pensé de aquesta suerte

cobrar mi honuestra perdida

pero qué quieres mi vida

por abreviar la muerte

Almirante.

Acaben ya de quejarse

y vamos juntos los dos

Don Juan.

Dame los brazos, y a Dios

Almirante.

Luego habrán de avinarse

diose tan grande vergüenza

llevadla a embarcar vosotros

y a Medes aquí nosotros

comienza a guiar, comienza

Don Juan.

Lo que los cielos me dan

quieres quitarme, tirano

Almirante.

Quieres acabar, villano

Don Juan.

Doña Ana, a Dios.

Y Don Juan vanse.

Sale el Gobernador con Don Alonso y otros isleños.

Gobernador.

Gracias a Dios que el inglés

temeroso de la gente

nos dejó en paz la isleta

y se vale de los pies

Don Alonso.

Los ganados, señor, lleva

pero la puente de plata

al enemigo que pasa

en dando cobarde prueba

Gobernador.

Desocúpenos la isleta

y lleve lo que quisiere

que la hacienda es la que adquiere

por la mar y por la treta

y la libertad es precio

más precioso que un tesoro

y por la vida decoro

que hemos de dar menosprecio

Sale Don Juan, dice.

Don Juan.

Valerosos isleños sois vosotros

los que ahora estáis, pues, a la mira

cuando el inglés corsario se retira

habiéndose alabado de nosotros

No sois isleños, no, que seréis otros

pues vuestra cobardía nos admira

Porque habéis de sufrir que del piélago ya

haciendo escarnio de vosotros vaya

Y tú, Gobernador, di por qué quieres

dejar que campe en paz este pirata

con el oro, hacienda, y con la plata

que para otro haces, buscas y adquieres

y no solo hacienda, las mujeres

se os lleva este dragón o barco que mata

mi doña Ana amparo os pida

por no haber un Don Jorge que le impida

Salid, salid, isleños valerosos

a quitarles la presa de las garras

antes que sueltos lleve en sus amarras

y den el trapo a los vientos procelosos

Cobrad, cobrad el nombre de famosos

y las espadas que habéis blandido

cobren también de fuertes apellido

venciendo a este dragón que os ha vencido

Salgamos de tropel a la marina

que si los asaltamos de repente

con la sangre de aquesta infame gente

podremos colorear la mar vecina

Cobraré a mi mujer, y en la ruina

en el salitre y pólvora inclemente

de sus naves después pegaré fuego

porque se abrasen, y se ahoguen luego

Pag. 40

La imagen muestra dos páginas de manuscrito, correspondientes a un pliego o libro abierto. La página derecha tiene la foliación "9" y "34" en la esquina superior derecha.

Gobernador.

Ea, isleños valientes, obrad fama,

pues la misma ocasión a ello me obliga,

el que es noble y valiente que me siga

a la inmortalidad a quien me llama.

Don Lope.

Quien quisiere seguirme es quien me ama.

Gobernador.

La escuadra que se quede es mi enemiga.

Don Lope.

¡Al arma, al arma, que la guerra...!

Gobernador.

¡Viva España!

Vanse.

Todos.

¡Santiago, cierra a ella!

Salen Jorge y Clabela.

Clabela.

¿Dónde queda el almirante?

Jorge.

En tierra está dando orden

que embarquen sin desorden

la gente que es importante,

que afrentados con razón

los isleños del inglés

bajan del monte, cual ves,

a estorbar la embarcación.

Y tengo por entendido

de anuncios de mi temor

que, siendo él ahora vencedor,

hoy ha de volver vencido,

porque con desesperados

siempre es malo el pelear;

por esto manda embarcar

en su guarda a estos soldados.

Clabela.

¿Y quién es una mujer

que en esta nave embarcó

el almirante?

Sale doña Ana, y dice.

Doña Ana.

Soy yo,

que no pudiera otra ser.

Clabela gallarda,

ansí en paz ative

la gente, aplauda

que el vencedor rige.

Ansí en el viaje

su nave camine

como cuando el mar

posea Anfitrite.

Ansí a tus parientes

y padres, si viven,

vuelvas a ver presto

contenta y felice,

y ansí el almirante

de esos dos luceros

tenga por espejos

que en ellos se mire.

Que mi dolor terrible

a compasión te mueva

si en nobles pechos

la piedad se alberga.

Mira que tu esposo

con rabia percibe

de infernales celos

escuadras terribles.

Forzada me embarca

y en tierra permite

que por fuerza quede

don Juan de Benavides.

Manda a tus soldados

que me saquen libre

de aqueste navío

y a la tierra firme.

Antes que de leva

toquen los clarines

sonoros, que suenan

con ecos que encumbren.

Que si a Inglaterra

su mando y su insigne

castigo me lleva,

tendré vida triste.

Este es quien me anima

a que te suplique,

como quien te sirve.

Que mi dolor terrible

a compasión te mueva,

pues en pechos nobles

la piedad alberga.

Clabela.

En fin, que se queda en tierra

tu esposo.

Doña Ana.

Sí, mi señora.

Clabela.

Pues si él se queda, tú agora

habrás de ir a Inglaterra.

Que aunque por ti el almirante

me ha de dar a los cielos,

sacar han de aquestos celos

cura a mi mal importante.

Porque antes te tendré aquí

cuando don Juan del rescate

con el almirante trate,

daros he agrado, y por ti

salga pues como saliere;

resuelta estoy en librarte,

que a un mundo le cabe parte

para la gloria, quien me quiere.

Doña Ana.

¿A ti me dejas?

Vase.

Clabela.

Haré lo que tú deseas.

Doña Ana.

Primero que a don Juan veas,

muerta me verás a mí.

Qué desear para librarme

de tanto desasosiego,

mas si los celos son fuego,

como es en piedra arrojarme.

Mejor es desesperarme

que aguardar mayor tormento;

cualquier remedio que intento

no ha de ser de ningún cobro,

si a pique da este vaso

y en la galeota me ausento.

Bueno es poner al navío

fuego, pues la confusión

al remedio, a la ocasión

dará el presupuesto mío.

Pag. 41

Don Mendo.

Porque cuando el juez impío

me impidió salir a tierra

muero asiendo al inglés, fiera,

y es mejor morir con fama

que matar a quien se llama,

que dentro el pecho es en que el valor se encierra.

Sale el Almirante y los ingleses.

Almirante.

¿Qué es esto, y qué de vosotros,

que no ocupáis estos leños

cuando bajan los isleños

del monte a dar en nosotros?

Dentro: ¡Fuego, fuego!

Isol.

Aquí un mal espanta,

esta voz «¡fuego!» dan voces

y un barco se arde.

Almirante.

¡Y en qué

rabia el Almirante!

Y salta al batel. Vemos una mujer.

Gil.

Es asombro.

Salen los isleños y pelean y se retiran los ingleses y luego sale doña Ana asida de don Mendo.

Don Juan.

¡Santiago! ¡Viva España!

Almirante.

A embarcar, que nos perdemos.

Don Juan.

Tomad, llevadme a embarcar.

Vanse.

Don Mendo.

¡Pesar de quien me parió,

que es por encobardear yo,

procura de ti librar!

Don Juan.

Aleve, inhumano y enorme,

traidor, sacrílego, falso,

mueras en mal cadahalso,

vengo a matar, tente y corre,

ladrón, ¿agora me dejas?

Don Mendo.

Ve que te doy ayuda,

mi vida está puesta en duda

y estás tentando mi enojo,

suelta, que me es gran enemigo.

Suelta, pesia a mi linaje.

Don Juan.

Ve, cobarde, acá en un paraje

o te han de matar conmigo.

Don Mendo.

Ofendido os suelto a despecho,

no quiero...

Don Juan.

En aquel batel

viene una mujer y en él

se embarca; es gran tropel.

Gil.

No soltarme he y irás preso,

que os dejo ya.

Don Juan.

No, y a ver.

Sale doña Ana con un remo y por una parte los ingleses y isleños y dase la batalla.

Ana.

Pues a milagro escapé,

milagros para este remo.

Almirante.

¡Ea, ingleses, al amor!

Marcelo.

¿Eres diablo o mujer?

Don Juan.

Las naves tengo de arder

antes que os vayáis a embarcar.

Drake.

¡A embarcar, a embarcar presto,

que nos perdemos en tierra!

Don Juan.

¡Santiago, a infieles fuego de tea!

Drake.

¿Qué es esto, cielos, qué es esto?

¿Quién puso fuego a las naves?

Una se abrasa de tres.

Sale doña Ana.

Ana.

¡Oh, valía del rey inglés,

si es verdad que no le sabes!

Don Juan, a mí me has dejado,

quien me ayuda, yo ampare

y apartarte dejaré

siendo vencedor vencido.

¡Ea, inglés, mira por ti!

No fíes de mi hábito.

Drake.

¿Quién es, que el suelo que piso

fuego enciendes en mí aquí?

Mujer que al inglés ofendes,

que te mataré de enojo,

y a tu furor mi respeto...

Habla menos y combate.

Ana.

Como a la mano se atreva,

¿qué hago que no te mato?

Rinda una montaña a un revuelo,

y en un abismo te sepulto.

¿Quieres apurar mi enojo?

Y a mí poco me falta,

ya que estoy en tan alta,

que no te coja y jamás...

Drake.

Calla y obra, fanfarrón.

Ana.

¿Sabes quién soy por ventura?

Drake.

Pues por tu desventura,

reconocido dragón.

Ana.

Bien sé que tú eres el dragón

y tú sabes dar voces.

Drake.

En todo me has movido

que mi enojo has apagado;

porque fuera afrenta mía

matar a quien no se ofende,

mejor yo defienda,

quéjase de cobardía.

¡Acaba, defiéndete!

Vuelvo a con quien pelear,

que yo me voy a embarcar.

Ana.

Cobarde Drake, detente,

y ves que a ti no te ofende.

Drake.

Cobarde que vas huyendo

de una mujer solamente.

Ana.

Ni soy cobarde ni huyo,

sino león que se aira

de los perros se retira

y van en alcance suyo.

Soy dragón que a un ingrato

su aliento le abraza dél

pecho y deja con alivio a él

que no deje vivo su retrato.

Drake.

Los que hablan mucho no obran.

Ana.

Sí, pero yo digo y obro.

Drake.

Vuelve acá, loca, ardid

y para ti espalda vas ofreciendo,

que de cobarde has huido,

dirás que huyes mejor,

viéndose ayer vencedor

y hoy vencedor, vencido.

Pag. 42

Salen los isleños.

Don Juan.

El que los llanos no prueba,

se ahoga dentro del mar.

Don Alonso.

Ea, a embarcar, a embarcar.

Don Alonso.

Suelta la pieza de leva.

Estos dos versos se dicen dentro, y disparan una pieza.

Gobernador.

A ellos, fuertes isleños;

a ellos, que se nos van.

Don Alonso.

Bien mostráis que por ir van

dejando ardiendo diez leños.

Doña Ana.

¿Hay por acá algún inglés?

Capitán.

No queda en tierra ninguno.

Don Alonso.

Eres de ingleses ayuno.

Doña Ana.

Dalos, don Alonso, mi hermano, a mis pies.

Don Juan.

Doña Ana del alma mía,

por cuyo brazo y valor

el temido vencedor

publicó su cobardía.

¿Cuál fue el milagroso ciego

que te ha puesto en libertad?

Doña Ana.

Después lo veréis, acabad,

que aquí se remata el ciego;

porque le admira más oído,

pues que con vuestra ayuda

de la española, sin duda,

salga el vencedor vencido.

Don Alonso.

Danos las manos, germana,

que por tu brazo animoso

y tu valeroso esposo

esta victoria se gana.

Gobernador.

Gracias a Dios que quitamos

de la furia del dragón

el robo, y el corazón

a su pesar le sacamos.

Capitán.

Él volverá a Inglaterra

como acostumbra volver.

Don Juan.

Si palma suele tener

el que ha vencido en la guerra,

otra mayor que su palma

era mía antes de ahora,

justo es que volváis, señora,

a darme en la palma el alma.

Doña Ana.

Con aquesto serán dos

los besos que ya os he dado,

Gobernador.

desde luego aposado,

démosle gracias a Dios.

Don Alonso.

De nosotros, pues ha sido

el que os dio la victoria,

Don Juan.

y ríndase ya la gloria,

fin al Vencedor vencido.

Laus deo

[Rúbrica]

El remate con que se da fin a la come día del Ven cedor ven cido [Rúbrica]

[Sello de la Biblioteca Nacional]