Texto digital de El vencedor vencido
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El vencedor vencido. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-vencedor-vencido.
EL VENCEDOR VENCIDO
Pag. 1
[Cubierta exterior]
Pag. 2
Guarda de papel jaspeado. En la esquina superior izquierda presenta dos tejuelos. En el superior se lee "Vv 479". En el inferior dice "Mss. 15022". En la esquina inferior derecha aparece el sello de la "Biblioteca Nacional de España".
Pag. 3
[Página en blanco]
Pag. 4
Foliación: 1
Anotación en la esquina superior derecha: N.º 12
Anotación: M. S. O. A. Inédito
Vencedor vencido: de
Juan de Ochoa
Anotación a lápiz: 44
Pag. 5
Vv-479
+
El vencedor vencido
I.
II
12
Pag. 6
III + El vencedor vencido. Comedia famosa nuevamente compuesta por Juan de Ochoa, residente en Sevilla.
Jornada primera
Pag. 7
1
Jornada primera del vencedor vencido. Salen Paletón y Coberbillo, amaneciendo.
En el manuscrito parece decir «amanes», que interpretamos como «amaneciendo».
Este, que va volando al cielo,
¡ay, Dios!, ¿quién lo ha de alcanzar?
Ven acá, Paletón, a un paletazo.
Y di, ¿dónde me llevas a estas horas,
que son dadas las tres? La noche es lóbrega,
y en todo Pitaya no parece
un ánima viviente por las calles.
Oye, Coberbillo, que eres un papa,
y no sabes apenas la cartilla,
porque este oficio nuestro de dar gusto
sin celos ni diligencia no se gasta.
Estando ayer tarde en mi aposento,
me dio soplo un amigo baquiano
de ciertas bodas que hay en Pitaya...
¿Bodas en Pitaya? ¿Cómo, o adónde?
Cásase con don Juan de Benavides,
un caballero que de España vino,
a esta dama nacida de un minero.
Danle con la moza, que es un ángel,
veinte mil pesos fuertes. ¡Qué buen respaldo!
Oí, es el desposarse el domingo,
y desde hoy jueves
comienzan los saraos en casa del suegro.
Mira si fue ocasión bastante aquésta
para dejar la cama y las camisas,
para servir a gente tan ilustre.
Dígote, Paletón, que eres único
en el arte mañero, y que mereces...
Pag. 8
la palma que da nombre del mundo
oye que esta es la casa de don Nuño peros
entremos callando que esta la cuadra
oye que en esta sala esta el estrado
pues a que bajar ansí no an bajado
Salen don Nuño peroz y don juan y doña ana y doña alon sa y aconpañamiento
Esta sala es conveniente
para el sarao y la fiesta
que en fin está ya conpuesta
y cabe en ella mas gente
y yo en aver entregado
mi hija al señor don juan
y magino que diran
que fue el enpleo acertado
Yo señor doy mil meabros
y en esto afirmo mi estrella
pues me dio mujer tan bella
y un tan principal suegro
Podre a lo menos decir
señor don juan que aun que fea
nadie mas que yo desea
acertaros a servir
dos fea que me dises
sea vos que me abaje y digo
arrepentido de he dicho
por que os dire que mientes
Que aunque es verdad que esos ojos
de esmeraldas radiantes
sonbrosos non bastantes
causa para dar me enojos
de los rayos y tal desdén
que un ay de una alma sacon
que aun que vivos ofuscon
son ojos mi os un bien
ay en doblarme los agravios
y vuestra razón poca
de las perlas de esa boca
y del coral de los labios
Y el oro de ese cabello
mas que de polbo sutil
de estas manos de marfil
y el alabastro del cuello
Con justa razón me admira
a ques tilo de que hablar
pues me quiere decir bien
con una y otra mentira
Mentira ay ojitos a dios
que si mienten en ser buenos
que nunca llegue a picaros
pues yo dire mas destos
que es mentira impertinente
llamar alabastro al cuello
oro al rubio cabello
y plata tersa a la frente
Donde rayan esmeraldas
donde estra el coral y perlas
por manos quiero verlas
pero de marfil buscaldas
Darle a mis pasiones yugo
por que los deseos míos
me sacan de mis desvaríos
y parece ti be a doy y
Por que decir que el cabello
es oro fino de ofir
es faltar labios de almibar
alabastro el blando cuello
Marfil las manos nevadas
dientes aljofar sutil
y bermellon y marfil
esas mexillas rosadas
Es torpeza reparar las
por que la beldad no ofenda
de esmeraldas a la venda
que el marfil oro y perlas
Y quien a usar de telar
a su para aquesta beldad
se aparta de la verdad
lo que deja a lebe
Y como es termino umilde
llamarle piedra ni flor
tan bien en pintor mi amor
apenas te dije untido
Vibe Dios que mi cuñado
se quiebra en filosofia
entran los musicos
advierte que aquí la mía
bajad a mi ronbad
Ana se llama con bia
y el desposado don juan
vivan mil años entranbos
pues que un tal para cual
O pale traigan en buena hora
seays bien benidos los dos
en el príncipe por Dios
que valga esta mi sa
tomad aqstas medallas
y bebed algun nada
babey los a pale bo diez horas
huevas ellas plaz boda
En todala isla española
donde al presente bi vimos
ni en castilla do nasimos
ay tan germosa amapola
juramos que ta biola
no iguala a la desposada
ni a si soledad dorada
oyron bromas y galon
los dos vivan mil años en tron vos
pues que un tal para cual
solo don juan me asierta
pudo con atino a ve a
que madre de la belleza
pudo criar esta perla
Pag. 9
Suena ruido de desembarcación y disparan arcabuces y voces dentro y dicen:
Ea, galafanes, ¿qué os entretiene?
Viva Ingalaterra, viva.
Ea, soldados, arriba.
Armas, armas, cierra, cierra.
Alarma, alarma.
¿Qué voces de desconcierto
son estas?
Que en Payta no haya un arma.
O si nos hay, yo soy muerto.
Salgamos presto de aquí.
Salgamos luego, ¿qué aguardamos?
¿Dónde nos esconderemos?
Donde en un cañaveral.
En amargo y triste día
debí de ser engendrada,
que viuda me veo dejada.
Cielos, ¿qué amor os ofendía?
A quien pudiera acaecer
mayor desgracia ni igual,
pero el sobresalto es tal
que aun no lo puedo entender.
Viva, viva, Ingalaterra.
Dan asalto y pasan.
Viva la reina.
Demos asalto en esta casa,
y vaya de prisa a ella.
No es mal encuentro por Dios.
Que encontremos con esta mujer.
Si el lloro os ha de mover
más que mil lloros y alardes,
con promesas, señores,
de no quitarme la vida,
y de mi hacienda perdida
os daré de mis favores.
Acaba de confesar
adónde está el tesoro,
que como tú nos des oro
te dejaremos andar.
Mientras lo dice yo quiero
quitarle aquesta cadena.
Y yo la ropa, que es buena
y me valdrá buen dinero.
Váyase pues desnudando,
y diciendo dónde está
este dinero, porque ya
vamos gozando y contando.
Dentro de aqueste retrete,
en dos cofres encerrados,
hay veinte y seis mil ducados,
y aun pienso que veinte y siete.
Veinte y siete, ¡pesiatal!
A dos mil nos contentamos,
que si más plata llevamos
podremos guardalla mal.
Eso podemos hacer
y escondámoslo de modo
que podamos negarlo todo
si nos lo manda volver.
Y a los a quienes
no, a quienquiera que fuese,
pues vida que aquí viese
no lo descubra después.
Mi fe y palabra os empeño,
señores, seguro aquí.
Acabemos de ir de aquí,
pues nos da licencia el dueño.
Por demás es hacer gestos,
dale, desamparemos el puerto.
Válgame Dios que hay muertos.
Viva, viva, Ingalaterra.
Entra Mateo, soldado, solo.
La confusión va creciendo
y el temor crece en mí,
quiero ausentarme de aquí.
¿Adónde vas tan turbada?
Voy, señor (¿qué le diré?).
¿Qué has? Y vas.
Yo, qué sé,
voy a ver dónde podría
estar segura.
¿De qué?
De que no me den la muerte
los que acaban de robarme.
Pues ten a suerte toparme.
Yo lo tengo a buena suerte,
pero deja que me vaya
a esconder por lo provisto.
No hallarás lugar seguro
dentro el puerto de Payta ya,
porque de los naturales
quedaron muertos los más.
Y el cómo, ¿no me dirás?
Diréte, y plega a tus males,
deseando engrandecer
con sus hechos memorables
el nombre de su reino, y a la seta,
desde el indio mar al Ganje,
la reina nuestra señora
arma una flota bastante
a conquistar gentes nuevas
que baña el sol y besan mares.
Debajo de sus colores, ambos,
y en ellos dos mil infantes,
el bastón de general
entregó a Francisco Drak,
al cual, con toda esta armada,
le mandó que luego zarpe
a conquistar con sus fuerzas
las Indias Occidentales.
Ansí pues, después que a
nos fue forzoso dejarla,
cuando el pasado septiembre
se dividió en dos partes,
con velas llenas de viento
y con tiempo favorable
llegamos a las Bayonas
y las de España tan grandes,
donde sin porqueué ni cómo,
y si porque el cielo sabe
que el mar pasa los Pirineos,
pocos bajes vuelca, anega y
zozobra toda la armada
con tan grandes huracanes.
Pag. 10
Foliación: 4 en el margen superior derecho de la página derecha.
que de milagros que daba
sanas sentencias inmortales.
Venimos de allí a las islas
de los canarios impares,
yendo a Faial a poblado
y a Cabo Verde en mares,
que fue lance tan venturoso
que en todos esos lugares
robamos cuanto tenían
sin que lo impidiese nadie.
Partimos a la Española,
que, por ser isla más grande,
la quisimos asaltar
a un tiempo por varias partes.
Salió al puerto principal,
tomó a su cargo el Draque,
con mil hombres que escogió
diez o doce de sus naves,
a este puerto de Pitaya.
Le cupo a nuestro almirante
con ochocientos soldados,
o, por mejor decir, Marte,
desembarcamos en tierra
que tomarla fue fácil,
y combatimos la villa
a poder de fuego y sangre.
Al asalto, de repente,
salía el pueblo a las calles
a buscar sus tristes muertes
sin saber quién las causase,
hasta que dando en la cuenta
de su estado miserable,
desamparando los muros,
determinaron retirarse
los pocos que quedan vivos
por esos cerros y valles,
huyendo a las marismas,
a dar las nuevas parten,
huyendo de los lagartos
y dándose a los caimanes,
pues queda en el campo
que aquella plaza combate
y van a morir cansados,
y una ventaja notable
tienen los muertos de acá,
que murieron sin cansarse.
La ciudad queda en pie ya,
aunque las calles buscasen
no hallarán ninguna persona,
sino mujeres y frailes,
y algunos pocos soldados
en un castillo distante
un tiro de las murallas,
menos fuertes que leales,
los cuales, aunque no quieran,
se tienen de dar por hambre,
cuando no quiera abatir
el castillo el almirante.
Mas, pues se acaba la noche
y los rayos del sol salen,
ellos verán a su lumbre
cómo les importa darse.
Esperas lo que pasa,
y esta salva que se hace
es porque ya desembarca
en tierra nuestro almirante.
Ni sé si me llore a mí,
¡ay marido que os perdí!
porque muerte os dio, padre,
¡ay padre, ay patria, ay hermano!
cielos, dad lugar a acabarme,
porque si sois en matarme,
por morir, es por la mano,
tú que quitaste consuelos.
Mujer ingrata, ¿no miras
que si en mi valor reparas
acabará el golpe en ellos?
Sino que a ellos te ofrece
y después a mí importuna,
que el que ha de caer en una
hace rendir ciento a veces.
Déjame agora morir,
que el llorar a los difuntos...
Pues con la muerte, ¿para qué amenaza
a la que está a tus pies en tal quebranto?
Aunque extranjero, muévate mi llanto,
llevarás la victoria desta plaza.
Pues juzgas a clemencia a quien se ensalza,
de vencidos reyes quita espanto,
los signos miras en el cielo santo
sin tener de temor alguna traza.
Pues mientras estamos juntos,
me habéis de dar gusto y placer,
desde el punto que te vi
se fue cobrando afición,
yo te adoro y es razón
que tú me quieras a mí.
Del despojo desta guerra
no he apetecido otra cosa
sino a ti, que eres hermosa,
y he llevarte a Inglaterra.
Después que seas a mi grado,
que lo deseo por Dios,
solos estamos los dos,
y ves que estás con un soldado;
jamás me he visto tan cuerdo,
porque el seso bien perdido,
conforme lo que he leído,
antes lo gano que pierdo.
La espada pon suelta o vete,
pues aunque más te resistas,
en vano mis amores conquistas,
esta queda o mataréte.
Pag. 11
Foliación: 5
Enfrena tu apetito, inglés famoso,
pues tan de gusto os entrego mi hacienda;
no me quites, señor, mi antigua honuestra.
Daráte el mundo nombre de piadoso,
y tu valor hará que el mundo entienda,
para que deje yo de estar sin honra.
Pues si por disuadirme de mi intento
otro segundo mar llorando hicieras,
si sangre viva por sudor vertieras,
y si calmaras en ti el vital aliento,
si inficionaras la región del viento,
por cientos de suspiros llamas dieras,
y aunque ahogada en mis brazos te murieras,
no creas que mudara pensamiento.
Resuélvete, mujer, que a pesar tuyo,
ha de gozar Mateo tu belleza;
que más estima Inglaterra valerosa
gozar tus bellos ojos, porque arguyo
que la hacienda es rústica bajeza
para la ley del gusto, que es preciosa.
Mátame.
Mataréte.
Entra el Almirante
¿Quién está aquí?
No es nada, mujer, vete.
No se vaya, tened ese soldado.
¿Qué es lo que ha pasado?
¿O por qué esta tristeza?
¿Eres el Almirante?
Soylo.
Escucha.
Si ya, Almirante noble,
no tienen las entrañas de algún roble,
si en Inglaterra piedad se halla,
si es mujer, tratáyla
que humildemente os pido,
y os mueva de mujer el apellido;
yo soy una doncella
que entre las que Fortuna hoy atropella,
tan abatida, mísera y tan sola,
que no podrá su bola
subirme a un punto al astre,
que tal estoy, que ya sirvo de lastre.
Faltóme con la prenda
del alma, mi padre, en la contienda,
los parientes, vecinos, los amigos,
y hoy, de tal mi falta,
que estaba por decir que el mal me asalta.
Viome en este suelo
desamparada de cualquier consuelo,
que aun para dar siquiera dello cuenta,
no tengo oreja atenta,
y en soledad tamaña,
solo un triste lloro me acompaña.
El virginal decoro
es, Almirante, un blanco tesoro,
quiéremele robar este soldado;
si mi lloro no ha bastado
a enternecer su pecho,
castiga la maldad que aquí se ha hecho.
Ya que soy tu cautiva,
si quieres conservarme, señor, viva,
líbrame desta ofensa,
que si no, lo que harés piensa.
Pag. 12
que con aqueste acero
me sabre dar la muerte yo primero.
No lloreys por mi dama
mal de que habays llorado
que yo conozco el soldado
que os quiso manchar la fama
y que un baldon tan siniestro
sucesos son de fortuna
que debajo de la luna
no hay contra ellos maestro
Si aviendo apariencia en ella
aquel que os quiso quitar Dios
falta que ha dado en vos
un don donde me le cancela
la castidad, la virtud
como son bienes del alma
aunque el cuerpo viva en calma
por faltalle la salud
Son siempre la mayor prenda
al menos de mas valor
y por aqueste el onor
vale mas que la hacienda
Con todo eso mientras esteys
en mi poder, que Isabela
será guarda y centinela
del oro que poseeys
Quien es Isabela
mujer
del almirante
gran prueba
de amor y cosa que nueva
Fiel es Isabela que ayer
Veo tu priesa
soy leña
que lindos ojos teneys
ay amor porque queréis
echar al fuego mas leña
Que castigo se ha de dar
a este soldado
soltallo
pues no agravio a su vasallo
porque le quiero castigar
Porque por fuerza intento
gozar aquesta doncella
ay Vicardo que es muy bella
lo propio me hiciera yo
O pues si ya te parece
que está sin culpa
Y es malo
mucho, que quien no es palo
que la ocasión se ofrece
Yo lo suelto pues que así
lo mandas.
prisión cruel
que hay tal y después
le deje juntarse a mí
luego estas enamorado
enamorado no estoy
mas escarmentado voy
que es muy buena rostro
arrematado
No tiene muy graves ojos
no son muy graves tampoco
di, me Vicardo eres loco
o quieres ya darme enojos
En que te enojas?
En que das
en responder contra mi
pues yo te responderé así
lo que yo diga y no mas
Buen cabello
buen cabello
rostro humano
rostro humano
buena mano
buena mano
blanco cuello
blanco cuello
boca hermosa
boca hermosa
vista grave
vista grave
mucho sabe
mucho sabe
no es donosa
no es donosa
gracia tiene
gracia tiene
no es muy bella
no es muy bella
ay que me muero por ella
pues para que Isabela viene
entra Isabela
Quiera dios que sea en buena hora
a ver a vuestra lealtad
Si para prueba, llegad
a darme los pies señora
Quien es aquesta doncella
que en una prisión es tuya
mal haya quien me destruya
si mi mujer es tan bella
Como llamas
Flaminea
pues persona soys muy hermosa
y tiene el pecho de liza
es decirlo a la llana
Miraos que dama señora
de lo mejor del lugar
y del bien gozo y gasajar
de aquesto que suena agora
Que es persona muy honuestrada
y con esto se despunta
si porque es mucha monta
y tiene plata probada
Si se la dejo me entiendes
aquello que os anueva
si vos queréis la prueba
conocida es la mujer
O como soys maliciosa
como vos enamorado
oygan el tema en que ha dado
requiero cautiva hermosa
Pues que sabemos desacordalla
la libertad se trate
no mirays que os desate
yo pedire el rescate della
Hablad bajo, no se entienda
no quiero celos al ojo
yo doy a risa el enojo
pues en mis celos se encienda
enviadsela a sus parientes
Isabela basta, no quiero
que a mi bien ella se quiere
agora es cuando me entiendes
Pag. 13
Digo, mi bien, que estará
contigo siempre a placer.
Ea, acaben esos pesares.
Sale Roberto y otros ingleses, y dicen
A fuera el alcayde está
del castillo de Esperanza,
y trae las llaves de la puerta.
Rómpanse de par en par
como las alas del rayo.
Para tomar posesión
de la villa, el computado
resguardo, Almirante, ¿de qué modo
prevengo a los que estaban?
Como que no entra triunfando,
así entren esos señores,
como hombres vencedores
por estas calles marchando.
Sáquenme algún caballo
de los que traigo en las naves,
que para cosas tan graves
es justo ir a caballo,
y ayan harto de fiesta
por la presente victoria.
Veo que a desta memoria
así corro por traspuesta.
Vanse todos, y queda solo Domec, y dice
Desta vez, sin duda alguna,
por lo mucho que he sabido,
pienso salir proveído
a pesar de la fortuna,
porque el señor Almirante,
cuando el memorial leyóme,
temió, y prestamente
soy el que estoy adelante,
pretendo agora una escuadra
que ay vaca en mi compañía,
que muero por verme un día
al menos cabo de escuadra.
Entra Foncelina
Lleve el amor el demonio,
y al ladrón que me engañó.
Foncelina, ¿es esto, yo?
Aunque es otro el testimonio,
porque si dejo ya la resta,
que a las sumas indujiste
a ello, ¿por qué veniste
para meterte en la gesta?
¿Han visto mentiras tales?
Aguarda, y haré cosquillas,
si no parecen blanquillas,
o para cerrar ojales.
¡Bien merece ese castigo
quien de casa de su padre
salió y olvidó a su madre,
por avenirse contigo!
De aquélla suerte se queja
quien deja su dicha, su palma:
traidor, si llevas el alma,
¿para qué el cuerpo dejas?
Basta que el impio es ciego,
y te quejas de bisueño.
Y mi sargento Don Bueno,
¿quién te sacará del fuego?
¡O, quién pudiera presumir
borrarte del alma, don Fate!
¿Viste cosa que me mate?
Mataré, y anójome en vano,
traidor, tirano, por di, tirano.
Cuando yo a ti te saqué
de casa de tu padre, di.
Cuando yo el alma te di.
Eso en una venta fue,
adonde buen pan de sobra
a los güéspedes se daba,
paja y cebada.
Yo estaba
con la bendita mi tía,
y no era moza.
En la venta
servía, la muy probada,
de dar la paja y cebada,
y agora no se contenta
con ser que pido a una escuadra.
Cuando ella pasa lo diga,
está, si bien es la amiga
de Domec, cavo de escuadra.
Como a questos capitán,
me han de adorar por vida.
¿Cómo es eso?
Lo que has oýdo,
que me sirven mil guzmanes.
Responde Domec el siguiente soneto, y dice ansí:
Celos, yo color de almoradux,
mejor carguen de palos con un box,
que ande yo puntual con velox,
armado por sudor medir gandux.
Vando a su gemoría, solo aundux,
que ando yo tras las aves diciendo ox;
quien por guardar su triga alquila trox,
es por cacer primera y so deflux.
Si un tiempo de mi pro suena el reloj,
sepa que ya en su fuego soy balox,
y no quiero dormir en su almofrex.
Préstese el amor virotes del carcax,
vuelva a tender la red perro sarnox,
que diga como yo otro, y alzax.
Pag. 14
Has de penar de mí, desvanezca,
que mala servidumbre paso en fea,
si estimas en una cáscara de nuez
volver jamás contigo a tener paz,
bastó el tiempo que he sido pertinaz
alcahuete de amor de aquesta vez,
que un soldadillo tan vil y tan soez
desprecie mi amistad, es incapaz.
Yo me acuerdo de belleza de un sol,
y hay ocasiones que asconde arrebol,
avívelo Amor en seno un girasol,
en el horno que estoy a vivo crisol.
Recelo yo que me oí traidor doncel,
y de una entena ha menester el general.
Sale Don Melchor y dice.
¿Dónde vas, ladrón, a mí,
con el alma de miel,
llega a confesión de a mil,
y con un cuento de a mentira?
Ya pensabas que de veras
te olvidaba.
Yo pensaba
que me engañas siempre.
A cada
lo
burlo yo, mas tú quizás.
Sabe mi bien que la edad
a lo que mi firme memoria
de como en esta miseria
estuve siempre embarcado,
y que de los navíos oí
por Dios toda la pelea,
y quiero que me provea.
A bien se provea en ti.
Suena General dentro y todos sus capitánes disparando arcabuces, y sale luego el General armado todo y en un caballo encubertado con su celada, y otros y sargentos, y dicen:
Marchemos, por que es cierta su manga
a acometer, Licencio, con tu gente.
Juegue la artillería desta parte.
¡San Andrés!
¡San Andrés, y a ganar está!
Y dicen dentro:
¡España, Santiago, cierra, cierra!
Y dese el asalto agora a merced aquesta.
Jueguen los mosquetes y de su parte.
A esta parte doscientos arcabuces.
San Andrés, nos ayude en este asalto,
apretad ai, trompeta, toca cajas,
a retirar, a retirar, soldados.
El general va fuera, plaza, plaza,
al estribo, al estribo, fuera, fuera,
acaba ya, pasa, sácale fuera.
General viénese del caballo, y herido.
No, señor, ¿qué sangre es está?
Luego, ¿yo no lo he sido?
Sácame del caballo, acá.
Paso, ¿qué habéis tenido?
¿Dónde es la herida?
En la espala,
que un virote me ha herido la espala,
sobre este hombro, mirad.
Ya la descubro.
Es de veras
que vamos, que está ya pasóla.
Bala de mosquete.
Que es plomo,
que fue bala de mosquete,
yo lo siento.
Al cirujano
de cámara.
Él se cele,
me pasó de man en mano.
Llamad aquel fuerte y lleno,
que con valor un pequeño
se esté lisia a vosotros,
por aquí unos y otros.
Venga el barbero, que es sano.
Entra el cirujano.
Ya el cirujano ha venido.
¿Qué manda vuestra excelencia?
Que me curéis, señor, pues ¿qué ha habido?
¿Está herido? ¿Por qué, señor? con una i...
Es nuevo en mí estar ganando.
Desnúdese v. m. presto, al instante.
Me curad.
Entra Mateo y Don Juan.
Esta es la espía,
o el español a los que ansí,
¿qué manda V. E.?
Que desvíe,
y aquí le ponga delante.
Importa en esta ocasión
para poder ver la llaga
quitarle aquí el jubón.
Hacedlo con una daga,
que es mucha esa dilación.
Apenas puedo creer
que lo visto no es mentir,
o que engaña el parecer,
porque general que he herido
muy poco lo suelen ser.
Entrambos a dos, bien se vee,
la bala, y más fácilmente.
Pag. 15
Con las pinzas lo tiré.
Si entra tan poco, déjenle,
que yo me lo sacaré.
Que habiendo mandado mis
pinzas no son menester;
¿ves lo que está a asir?
Sí.
Déjamela bien coger.
Poco a poco.
Basta aquí.
Notable encono, en verdad,
y de grado que se pegó.
La herida es grave asaz.
¡Por Dios, que es el mayor exceso
que he visto en mi edad!
Tú, inglés, ¿de qué te espantas?
De ver la prueba increíble
deste ánimo invencible
que hasta los cielos levantas.
Pues, ¿era aquella imposible?
Sin vello no lo creyera
de vuestra excelencia yo,
porque un general no hiciera
tal hazaña.
¿Y por qué no?
¿Somos nosotros de acero?
¿Es mucho que yo me saque
un arcabuzazo que me
dio un soldado español,
que pudiera darme el plomo,
siendo yo Francisco Draque?
Veste aquí y di quién eres.
Español soy.
¿No eres más?
¿Qué más puedo?
No eres menos,
qué bien respondes al
ser español o a quien fueses.
Que después de haber sido
un hombre a quien acompaña
industria, talle y poder,
que ha ofendido a España,
en más se puede tener.
Quince años ha que España
se entretiene en darnos guerra,
que a la Francia o Alemaña,
y afuera de Ingalaterra,
su ciudad es campaña.
Solamente se ha osado
contra Ingalaterra ofender
España con su poder,
y yo solo soy quien pudo
dar a España en qué entender.
Yo soy del asombro que el
español ha temblado,
que al que mil veces ha aplacado,
y ansí ofenderá a Draque
quisiere ver español.
¡Ah, inglés! Primero es,
con alabanza tal,
alabo a España.
¿No ves
que dice de España el
da envidia a cualquier inglés?
Si en todo el mundo se sabe
que España e Inglaterra en campaña
están siempre, y el que sabe
que sobrevence a España,
Ingalaterra os alabe.
Dime, ¿cuánto ha que veniste
de España?
El año pasado
estuve en Madrid.
¿Oíste
la Corte?
Di, dime, soldado,
de mí en España qué oíste.
¿Qué se dice allá de mí?
Di la verdad, por tu vida.
Lo que yo en España oí
desa diestra invencida,
es lo que diré aquí.
Que es un rico hombre elocuente,
magnífico, liberal,
grave, llano, diligente,
piadoso, gran general
y, sobre todo, valiente.
Almas que de nueva adelantan
y por nombre levantan
es mentira que alabarán,
porque los niños que lloran
con el Drac los espantan.
Aquel mi nombre es,
y tan fiel español me asombra,
su general, el inglés.
Francia, Flandes se asombra
del dragón, el holandés.
Que como que al mar salgo,
menos de cuatro mil hombres
para mí no sirven de algo,
publiquen mis cuatro nombres
que yo por cuatro mil valgo.
En la Corte, en que se entiende,
de la infanta roselosa
en que trata que pretende
la quiere en esposa,
es lo que el vulgo comprehende.
Miles son fiestas todas.
Bien sé que es un traslado
de un ángel.
Bien la acomodas.
Venturoso el desposado
de tan deseadas bodas.
El príncipe a que camina
muchas esperanzas da
de gran soldado.
Pues inclina,
que si vive alcanzará
la militar disciplina.
Llegue a edad que vista armes
y salga a campaña armado,
¿qué hará?, ¿y qué después?
Yo os le prometo buen soldado,
como su padre, el Farnés.
Antes de mucho han de ver
que su valor manifiesta.
Conforme tu parecer,
una herida como aquesta
¿do la podrá tener?
Pues imagino, señor del...
Que no le darán espaldas,
una herida tan cruel
porque los vasallos suyos
las recibimos por él.
Liguen el paño, andemos.
Pag. 16
somos diferentes dioses
porque nunca hay queremos
que pelee por nosotros
mas que por quien peleamos
hacer la gente y pagalla
agora sea mucha o poca
toca al Rey y el gobernarla
y a los vasallos nos toca
vencer después la batalla
pero esto es en lo que está
y de visto es gran hazaña
los que nacen en España
guardan al Rey en su tierra
y ellos salen a compaña
y la mayor maravilla
que ay en eso se parece
en lo que este Rey se humilla
pues ama mas un rinconcillo
que en Flandes le obedece
O quien tuviera un vasallo
que fuera español no mas
para saber esto mallo
en ascuas le dejas
mucho mas supiera con tallo
y español que tal estaba
mi señor Rey don Felipe
con salud señor que acabo
dios sus años santifique
que todo el mundo le alaba
A gran de veras llamo
valiente a vuestra excelencia
debole por que ame
hacer esta reverencia
que fue en el el mi amo
Deseo volver a ver
que tal esta el su muy biejo
dios lo guarde al parecer
no mucho le ha de ser consejo
que dejara de vencer
sabras si es bueno el pincel
si tu vieses su retrato
acordaras te bien del
seria a mi luces grato
y aun diré si está fiel
descubrenle los cabcos y peampon / peras abiendo del... descubierto
Pues corre de esta cortina
que a su retrato cubre
y aun de obediencia digna
el braso alsa y descubre
cerimonia peregrina
Parece le al señor Rey
este retrato
señor
es el retrato mejor
que he visto con justa ley
se le hace tanto onor
Cierto que por ferencia
del vivo sin en callar
di aun si perece
que del hablo y llega a hablar
ni es bla un hombre en su presencia
ponen el cor / l a frontero y / cubren lo
ansí es verdad Gral. si es así
bien algo de esta manera
siempre este callando aquí
que ablando quizá pudiera
hacerme temblar a mi
y ansí mudo como está
en la tabla de pincel
como está mirando aca
cuando estoy yo solo con el
imagino que me habla ahora
y guarde a tanto respeto
como al mismo original
a esta tabla y te prometo
que a su presencia o secreto
aun no me atrevo a hablar mal
y mando a cualquiera soldado
que le tenga obediencia
este contino obligado
que a tan gran Rey aun pintado
se le debe reverencia
Cubrilde, o tira de la cortina
pues Español que sin duda eres de aquellos
que vinieron huyendo de pitaya
y diste sin pensar en nuestro ejército
es verdad que ansí pasa
pues advierte
que he cobrado amor por tu buen talle
y buena conversación y cortesía
y ansí fiado solo en tu palabra
te daré libertad vete a los montes
donde se juntan los demas y llenos
con tal que has de hacer y a una espia mía
se le de libertad
llama se
Garsia
pues yo prometo en fee del paño noble
ser la espia de la viva de el catalla
y cuando no parezca oeste muerto
volverme a tu prisión
dal de sus armas
vale don Juan y entran mateo con un espanol
mejor fuera con ellos darme muerte
si entre los que murieron en pitaya
es muerto a mí don antonio mateo aquella espia
te traemos señor que la encontramos
Pag. 17
con este pliego para el Rey de España.
mostrad el pliego aca desid buen hombre
de que modo pensabais despachallo
si no os hubiera traído en el potro
mejor sé hablar a pie que no a caballo
yo lo dire; en la caleta
que cae de la otra parte deste monte
hay una carabela con pasajeros
que me están aguardando para el caso
que a la hora pido que me sueltan
y a embarcarme juro en mi conciencia
y no volveré alla en toda mi vida
llévese adentro a esta espia
y este a muy buen recado.
vamos, vamos
dame el pliego, abrirélo y por las cartas
sabremos lo que piensan y sus senos
si el pliego es para España, dejando
no se de a entender que en estas cartas
ha de pediroslo el Rei.
sí.
pues oye
cuanto mejor industria y de importancia
era dar orden como la habéis puesta
viniese a nuestras manos
de que suerte
yo lo dire búsquese en el campo
quien hable el español perfetamente
y este tal puede ir con estas cartas
a embarcarse en aqlla corabela
que aguarda en la caleta y de allí a España
a dar el pliego en Sevilla y la respuesta
podrá cobrar fingiendo ser isleño
y volbera a la española y vuelva a ella
verás que responde el Rey felipe
que pieza galeyon de auxilio usar
en rrobeno la geta o en el drae
con su estratagema milagrosa
yo me atrevo señor pues que la lengua
sali con el negocio que se apunta
tomad el pliego pues densele luego
cuatrocientos ducados y si vuelve
yo le prometo mil.
que se me entriege
que yo pienso volver a qste suelo
entra jorge
que hacéis aquí descuidados
y el general dispone
a gobernar sus soldados
porque bajan al monte
de la ciudad los cercados
por un pequeño postigo
que tienen al paso seguro
y se escapan como digo
pues abatase el muro
y pues cae el enemigo
señores animo alto
demos el postrer asalto
a santo domingo entremos
y nuestro pro curemos
en saltar dentro de un salto
toda la dificultad
está en nuestra brevedad
que en este encuentro primero
dadme mis armas que quiero
yo solo entrar la ciudad
mira que con la inquietud
se puede alterar la cerida
y que importa la quietud
sin gloria no quiero vida
y abiendo gloria ay salud
dadme un caballo el mejor
porque el corazón me da
que hemos de vencer.
señor
viva la reina.
grita
viva el inglés vencedor
Laus deo
entranse con que se da fin a la jornada primera del vencedor vencido
[Rúbrica]
Pag. 18
12
[Página en blanco]
Pag. 19
Página izquierda en blanco.
Página derecha en blanco salvo la inscripción superior.
Jornada segunda
Pag. 20
La página izquierda del pliego está en blanco, salvo por unos trazos ininteligibles en la parte superior.
Sale el Gobernador y don Alonso, don Juan y otros españoles en hábito de pastores, todos los que pudieren.
En el margen izquierdo, junto a la indicación del personaje (gober), hay un dibujo de un rostro masculino con barba.
Después que por huir del corsario,
que a menudo visita nuestras costas,
nos recogimos en aquellos montes,
huyendo unos del puerto de Pitaya
y otros de la cabeza de San Illán,
cuyo gobierno está a mi cargo y mando,
y, señores valerosos, nos juntamos
ayer a tratar las armas los más días
para instruir a los pastores rústicos
que en su vida supieron qué eran armas;
y aunque es verdad que en menos de diez días,
por ser dóciles todos, están hábiles
en saber gobernallas, por las cosas
faltas principales, pues en vez de armas
no tienen sino palos, hondas, piedras.
Y ansí, de mi consejo, caballeros,
pues que Santo Domingo está cercada
y de contino asientan baterías,
los muros pronostican su ruina,
era importante cosa que el amor
al capitán del fuerte que entregase
la ciudad al inglés, que de esta suerte
le podrá obligar a que dejase
salir de la ciudad la gente toda
con todo cuanto ajuar dentro hubiere,
que el inglés concede este partido.
Pag. 21
ganemos de una vez estas dos cosas.
La primera, aumenta nuestro ejército
con todos los cercados que a él vinieron;
y la segunda, armamos con sus armas
a los que no las tienen. Dalo, el consejo,
señor gobernador, es tan maduro
y tan útil a toda la española,
que todos le darán por aprobado,
y más sabiendo que es caso imposible
defenderse de todos los cercados.
Lo propio digo yo, y permite el cielo
que nos juntemos todos en alarde
para poder vengarnos desta ofensa
deste pirata bárbaro y tan fiero,
y de la muerte que en Pitaya dieron
a mi mujer doña Ana.
Mientras toda
el sitio que dais para desta suerte,
podemos enfrenar a este cosario,
y aquel ministro busca un hombre
que avise a los cercados del castigo.
Yo, señor, seré ese, a mi cuenta
buscar la ocasión de la muerte,
después que mi doña Ana está sin vida.
Escríbase una carta y yo me obligo
meterla en la ciudad con una flecha,
pues por puertas y postigos es imposible.
Prosígate el alarde comenzado,
que en mi tienda, señor, las escribiremos.
Vuelve a tocar tambor. Dalo, toca y marchemos.
Vanse y sale el General, el Almirante y soldados.
De la manera que apuntó,
que a Pitaya provea el almirante
esa victoria bastante
para que tengamos aliento,
pues Pitaya con las armas
a los unos les quitamos,
y es bien, puesto en él, que hagamos
desta otra plaza de armas,
que, conforme agora éstos,
que para ocupados aquesta
pieza, a quien ya la testa
podrá dar la cera.
Porque si yo no estorbara,
esta ciudad que tomara,
es la causa por que voy
a que me la den a partido.
Y ansí iréis, que en Pitaya
se fortalezcan los muros
para que estén más seguros
por los que dentro aya.
De las naves se descargue
en efecto la provisión
y toda la munición
de una guarda se encargue.
Y mientras que don Antena
a las naves se recoge,
donde a los suyos manda
debajo de grande pena
que acudan en la fuerza
a dar mantenimiento.
Ay algo que al fin cuenta
y le decerán por fuerza,
que a que los de Génova
librarán de violencia
de Pitaya, señor,
y su compás notábamos.
Traerán de l'artillería
a la villa provisión,
que con alguna razón
tienen esta granjería.
De Pitaya ha llegado
nueva de que un portavice
que vaya a hablar al almirante.
¿Quién vino? Dil. Aqueste soldado.
¿Qué hay de nuevo en Pitaya?
¿Hay algún aviso de verdad?
Importa con brevedad
que el almirante allá vaya.
¿Qué hay de nuevo, porque está el lugar
casi medio amotinado
y retirándose enojado
ya la quieren saquear?
Por vida mía que el daño viene
del delito, pues conviene.
Otro, almirante, mi intento,
y quédate el mal vecino.
Vaya con Dios,
y apacigüe su gente,
y a mi tienda juntamente
vamos, Licencio.
Vanse.
Conquista todo el mundo,
Drac, vencedor te llama.
Pag. 22
y con justicia la fama
dice que es un segundo
Dios ablando y peleando
deja aun cristiano atado
y a otro deja asombrado
a pelear deja ablando
entran don Juan y don Luis, aleta y billete y tiran las espadas
Este lugar es seguro
para no poder ser visto
qui etes a está
un hombre está junto al muro
Hombre aquí tienes favor
déjame con el y bete
Visteme una y otra muerte
ay cielo date a prisión
Pensar librarme es locura
si el y el alma sale y entra
en buena la espada y suerte
Rendir la tuya procura
Ve a la tuya prenda inglés
que es un muerto quien te ha dado
muerto estoy si, que ni sin alma está
a que te arroja que ves
si es verdad que no es labida
sin efecto de el alma, y una
a vivir por ser hoy defunta
pues carece de bi dida
Que el alma que fue a gubierno
de tener por cosas amorosas
que apan, y alaguen
el alma a está en el infierno
Que infierno puede llamar
a esta vida que vivo
pues vivo sin tener vivo
para poder mas penar
y aunque a la modesta suerte
vida a mi tormento eterno
no es vida si en el infierno
porque las vidas son muerte
Aconpase un negro vos
y en parte de si me duel
pero con tod vee lo
que a mal o el tal bus
Si el amor tu desbaria
con consuelo que has topado
alma por en anorado
y alma el cosso su y dolio
Ofendeme essa fabor
porque en mi el amor se ofende
cuando alguna mano antiende
que admiticion par fabor
y amor en almas yn nobles
y amo a una diosa humana
no razona razona biana
que ha de ser mal imposibles
Que esta razón fue perdida
por una mujer que ofendia
y a su mano fiero alaba
mas que no cuenta ofendido
Vive al fin con esperanza
que el tpo todo lo muda
y espera r que en su fabor muda
y con el tpo se alcanca
Pero hoy que adiros que quiero
dar as in uerta caxameria
no cuando yo os llore pero
Dice que ha de venir so bra
no amores no de mayor
por el mi cainger no vos
a ran disi uita so bra
y a nsi os pleno soy que a pano soy
pues espanol te espero
que me tened viven ter ero
pora sacarme destoy
Tu que así des a mi amante
lase que brar a s por mi
que un ralo ga va por ti
tu a u mi que es di a mante
Que si del modo que pintas
tu males pintas los míos
ellaparda a los brios
dejaron os gloria su cintas
y cuando ay of alcanzada
volver esa pi edra blanda
como a ves ala bome manda
que yo sere tu criada
Peligroso es el oficio
per o al fin e un sir a mo
fue prisionero me llamo
por tan grande beneficio
entranse y sale un capitán pleno y el orac y bicencio soldad os y ngleses
Como a que stas condiciones
no firmes con brevedad
se entrega vala ciudad
y rras to y ves pato lesiones
Capitán mi fee te enpeño
que si tu espanol no fueras
que a tu de jada vbiesas
soy espanol a y no y sueño
En diez días no podrá
sujetar os a mi yugo
al taq ne de sos plugo
en pege a rda par ti da
Mu gros debe vuestro de ir
pagan el mu gro senor
tene y la muy y grande razón
somos caballos de la y
y así se nos está en
motivos de en stp ocaciones
leemos las condiciones
lee biencio as bicensio as son
lee bicencio las condiciones y capitulos con que se rindio el castillo de pitaya
Pag. 23
Texto en prosa en la parte superior izquierda
Obligación hago firme
digo, español, que lo juro.
Pues yo mil otros y juro
que vuestra Excelencia afirme.
Vea un pliego y mi palabra
que pues yo a la mía he cumplido,
en fe de lo prometido
yo haré que la puerta se abra.
Tanto bien sucede
que a un domingo aplica,
según la fama pública,
tanto que alabarse deje.
El vencedor me llamad,
porque esta nueva hazaña...
Salen a los lados mujeres, niños, mozos, soldados y viejos cargados con sus bagajes, tocando cajas, y detrás Oquendo y un niño.
La gente, si no me engaña,
desampara la ciudad.
Niños, viejos y mujeres,
capitánes y soldados,
de solas armas cargados,
puedes ver, si verlos quieres,
Es, vuestra merced, el capitán
Alonso Oquendo.
Yo soy.
Los brazos de amigo os doy.
Y a tus manos, merced, me darán.
Alonso Oquendo, mi anciano,
esperaba por favor tal,
y dar manos, suena mal,
que dejaros ver de mano.
Dios os guarde, que estáis viejo,
aunque al parecer sombrío,
desde que el criarse es mío,
no tengo más que consejo;
siendo más mozo en el pulso,
fuerza tuve, y vez me halle,
que un hombre armado pase
sosteniendo una lanza a pulso.
¡Válgame Dios!
Valga y guarde.
Que a brazos le postrara
habrá quince años, aquí fuera;
verlos yo, que ahora es tarde.
Pero, vuestra Excelencia,
que quiere ver bien a Almansa,
que es el blanco por lanza,
y en Flandes da asistencia,
¿Quién es aqueste soldado?
¿Este niño?
El de la espada.
Mi nieto.
Es cosa extremada,
verle tan niño y armado.
Que apenas puede tener...
Cuánto niño mi sangre,
mueve presto un pliegue...
Pues dénmele al despegar
espada y niño. ¡Milagro de España!
Verá eso de aquesto,
abisma mundos con esto.
No se destetan en España,
aun en saliendo el fajar,
de mantillas ciñe espada,
pequeña y proporcionada,
del que el niño es capaz,
pues se ven por las tardes
en vez de hacer niñerías,
por las calles en porfías
de niños que hacen alardes.
Hácense tan hombres, pues,
que los hombres no hubieran
sido mudados, pudieran
ser hombres viéndolos pelear.
Hasta envidioso,
y vosotros tan valientes
que por el mundo halláis las gentes
y el porte de su brioso.
¡Oh, España, dése la joya
a su valeroso soldado,
pues parecéis los armados
como el caballo de Troya!
De España, alabanza rara.
¡Oh, si españoles hubiera
en el mundo!
Pues, ¿qué fuera?
Habiéndonos unidos, para
quien en el mundo después
en campaña nos venciera.
Pag. 24
Tocad vos, en la ciudad entremos.
Viva el vencedor inglés.
Sale doña Ana sola y dice lo siguiente.
La tierna vid que aún al amor se arrima,
viéndose contra el frío de hojas pobre,
destila por las venas humor salobre,
y al consorte con lágrimas lastima.
Sale el mendigo invierno y entra opima
la primavera de quien hojas cobre
con pámpanos la planta sube sobre
el árbol que solía estar encima.
Truécase el verde agraz en azul uva
y de los mostos con que el tronco encubre
unos a miel hilan, otros encuba.
Segunda vez el tronco se descubre
que hoy lozana pasa aunque más suba
que le dé los pámpanos a octubre.
Entra el almirante y don Juan.
está, don Juan, es la fiera
que a mi ingenio divino
has de alcanzar que me quiera,
este mármol diamantino
que de un león tiene fiera.
Porque estoy, ay, tan perdido,
y por ésta ando perdido
y esta la vida me cuesta.
Cielos, doña Ana es está.
Sea mi señor bien venido,
con bienes de salud,
¿no es don Juan el que está allí?
Vuelvo a juzgar la inquietud,
porque en faltando tu alivio
me falta a mí la virtud.
Doña Ana, vives sin duda.
Vivo, don Juan, estoy muda.
Y tú, mi bien, ¿cómo estás?
Muy mal, por ver qué me das,
y que tu amor no se muda.
Que yo, testigos los cielos,
que está mi mal en mi mano.
Seguros son mis desvelos.
Por do el bien que en él hay gano,
lo prendo con estos celos.
Llega, don Juan, a ablandalla,
pues por mi bien has de hablalla.
¿Don Juan me hable por él?
¿Qué es esto, suerte cruel?
Dejadme con ella y calla.
Quiero hallarme yo presente
para aprender a decir
mi mal, si acaso lo siente.
Por fuerza os habéis de ir.
No puedo vivir ausente.
Llega, don Juan, por tu vida.
Esta es deshonuestra perdida,
viendo que aqueste alevoso
me venga a vender mi esposo
al almirante vendida.
Cómo la aventuro a hablar,
si mientras le estoy hablando
el sentido ha de escuchar.
¿Qué piensas, don Juan?
Estoy pensando
por dónde he de comenzar.
Por do quisieres comienza.
Que con tan poca vergüenza
venga a hablarme este enemigo.
Señora, sea Dios conmigo.
Plega a los cielos que le venza.
Señora, puesto que vos
sabéis lo que habéis de hacer,
y yo soy lengua entre los dos,
excusad mi parecer,
y haced lo que os manda Dios.
Vuélvela a hablar, que si porfías
yo alcanzaré el sí, pues
de mi amor, que muy bien podrías,
mi esperanza es que confías,
pero mal sé que la mía es.
Dices bien, que ese es
un intento que en hablarme has,
gastas paso, dices en fin
que harás mal en ser ruin,
siendo tan noble e inglés.
¿Qué dijiste de ruindad?
Que ser desagradecida,
y tener poca piedad,
no es ruindad bien conocida.
Dice don Juan la verdad.
Pues dice que bien se emplea
con quien la quiere, y desea.
Que su genio altivo se iguala.
Porque en finezas es mala
quien peca donde se vea,
y que vos vayais a ser
menos honuestrada y piadosa
muy poco podéis perder,
pues necedad de curiosa,
que hay quien lo ha de saber.
Y que acaso por suerte
fueras, y casada advierte,
que calla un mal tan grave,
que si el marido lo sabe
yo sé que os dará la muerte.
Y ya en afrenta cierta.
Pag. 25
temas, que os haga alguien testa,
si dais gusto al Almirante
ocasión será y bastante
de pasar a Inglaterra
en servicio de Isabela.
por Dios paso, que al que me calma
que un alma sin cuerpo vuela,
y vas para rey sin alma.
Clavela viene.
¿en que?
en que la,
porque no os llegue a estorbar,
yo quiero irme a la habla.
prosiga don Juan.
prosigo.
entra Clabela sola.
¿a donde bueno?
bien digo,
que siempre aquí os he de hallar.
como vos siempre celosa.
buena estoy, por vida mía.
perdonad, doña hermosa,
que como el inglés oya
no pude hablaros despacio.
ya, don Juan, tengo entendido
bien el mal que abra sido.
¿no podrá, señora, hablarle?
¡ay Dios, que gallardo talle!
quien tuviera tal marido.
dame un abrazo.
y aun ciento,
y diera mil si quisiera
mi...
que su poco entendimiento,
y si lo tenéis por cierto,
podremos ir de concierto.
y a los enojos de Isabela.
no lo alabo, pues señor...
¿son parientes?
no lo son.
mayor es mi confusión,
ya le comienzo a celar.
Dame, Almirante, la mano,
que está vuelto el Almirante.
es el porfiar en vano.
Clavela, pues se le está delante,
y no poder verte espanta.
por mi vida, ese favor.
sin duda celos y amor
están en dos paralelos,
pues que tengo amor y celos,
y no se cual es mayor.
ves aquí el guante que he quitado;
toma, y si ambos se dan,
es porque por dos le han dado
el guante como a galán,
la mano como ha volado.
¿Por que la mano le besa
sin ser su deudo?
villano;
mucho peor burla es esa,
que él es un villano,
y esa lealtad se profesa.
Que al que le ruega olvida el furor,
y dame albricias, señor,
pues su dureza ablanda,
que parace que se besa
su mano por el favor.
oygan, que labia tan brava.
para el señor Almirante,
y con esto el estorbaba
que yo pasase adelante.
por esta que nos estorbaba,
si verdad se ha de decir,
el no llegar a persuadir
para que mi amor me exalte,
para que no torne a hablar.
yo mandare...
señor.
digo...
no has de mentir.
de manera que esto pasa,
que el cordobés soldado...
el corazón se me abrasa,
y os perdono este pecado,
si sacáis a una de casa.
Por la fe de caballero,
que yo a dos mas me prefiero.
no le habléis mas por Dios.
¿que importa que le hable vos,
si tenéis tan buen cerebro?
buen remedio, don Juan, luego,
ir afuera de la raya.
yo voy con los celos ciego.
no diga yo que se vaya.
no, y se queda ciego.
es por demas, ya se fue.
¡ay, triste de mí, que quedé
enamorada y ausente!
¡mirad ingles valiente,
que esto es de mi fe!
Detente, a Dios, que es sueño.
que la culpa es del sueño.
gracias al vil sueño.
muy del daño has escusado.
Españoles, a voz llena.
escucha, mi Isabela,
no digas que eres doncella.
doncella soy desposada,
que la boca está tapada.
pues no morirás sin vella.
¿por que razón?
pues lo sabe.
¿ascondidamente?
si.
envidia me acaba.
acabe.
¿quien ha de estorbar?
yo.
di me como.
es cosa grave.
pues ¿qué importa?
mucho importa.
dilatacion, que es muy corta.
déjame libre.
no quiero.
¿pues que esperas?
desespero.
saca la espada.
muerta.
y en mí.
sabelo el cielo.
¿que me quieres?
que me quieras.
¿a los míos?
de celos.
yo que os quiero.
hablas de veras.
¿que le preguntas?
mis duelos.
¿de veras habla?
porfia.
¿y hablar con ella?
desvia.
yo soy mujer.
soy de piedra.
vuélvete aca.
soy de piedra.
soy un marmol.
y aun agua.
escuchame.
es por demas.
dejame.
contigo hablo.
pues hablas con Satanás.
Pag. 26
ofrezcote al diablo
salen el goBernador y don alonso y dicen
lleve a ti vas tabas esperando
Confianza tengo en dios
que en todo este mes que estamos
el aviso que aguardamos
vendra de españa y aun dos
Porque el tiempo es faBorable
para poder naBegar
y no a caresado la mar
como ahora tan intratable
Quiera dios que el suceda
como abemos menester
En tran don Juan diciendo
pues yo dolo puedo sacar
estando nos con le dia
Que yo su magestad bendita
espero verlo bien presto
para que salga del puesto
esta canalla maldita
O valientes capitánes
de aquesta aflijida isla
a quien los cielos prometen
benturas as alegrias
Sabed que vengo señor
de lade gorzilla
de pitaya placa de armas
de aquesta gente enemiga
De trigo pescado carnes
de polbora y artilleria
y lo demas provisiones
que a menester la milicia
Porque antes el draclemonda
está muy bien probeyda
y a cargo de se almirante
que de su puerto envía
De manera que a mí salvo
tengo la villa bien vista
y con que no trabajo
juzgo que se ganaria
Porque aun que la ciudad que dentro
municiones infinitas
está despoblada en rante
con solos seis solonparios
tienen los cuerpos de guardia
en las puertas de la villa
por que las puertas seguras
piensan que están defendidas
De modo que si nosotros
con cierta prevención mía
ganasemos una puerta
no hay dentro quien nos resista
Con esta inteligencia
ganar las puertas podría
Siendo puertas con tornillos
y de ponces a ba dios
llevaremos con dos bueyes
un carro lleno gasta ariba
de paja como otros que ban
de las gauendas vecinas
y con el que or de delica
dos guardas re pos campana
de bay mos bien armados
y con gabanes encima
En pero que les prezedyn
bandera en el que estaban
en determin do soldado.
de mi invención peregrina
Por que mientra llas soldados
los anbos muelles bastidas
el cat se ponbra en porte
de zapada que en se has till yn pida
Mientras los guardas al puesto
con una feya divisa
se queden en una enboscada
que esta a a juntar un a hermita
Viniendo ellos de revuelta
y a pendiendo las guita
dentro a ley re victoria
no hay duda que seros trinda
y que nosotros nos en...
a costa de poca vida
obraremos capitánya
y yo el alma de la mía
Esa es cosa por que casar
mi buena resolución
en el consejo de gerra
yo hare que repita
Em. concidere
que si se trata en consejo
donde a quien a pastos y dy
la exsecucion se agua fuere
Pues por que ha de decirse
en consejo lo que se trata
en consejo de la cosa
jamás ha de con cluirse
Y que se llege a efe to
primero se ha de saber
que imposible prevenir
enemigos a ntecies
Pues que se ha de juntar
gente para la en boscada
si no se re pal djo pensada
no hay que lanica que dar
Por un brege podran
juntarse para este jntento
pues es de tanto momento
al pie del monte de están
y de allí al ano checer
comenzaran a marchar
a donde han de en boscar
antes del a manecer
Que sea es polda prevención
a donde la hermita está
que de pitaya estará
como tiro de cañon
Señor don juan esta troza
última deserta causa
que por ella y no de elpa
cobraran de esta placa
y por que en ello ganeja
Pag. 27
el real han de cercar
para volverla a ganar
con que la vez pasada
con toda la demas gente
que está en el monte emboscada
digo ahora que me encargo
de acudir de prestamente
y si quisiere batalla
campo a campo al enemigo
también dentrara el ardid yo
que de que sale el alua
todos del caso seran
don Alonso mi cuñado
señal es muy deseada
será el uno el capitán
porque de todos confio
estas hazañas me tengo yo
pues vamos a tratar desto
y yo a labrar el camino
dejaldos porque reciba
parte de nuestro placer
el de doña Ana, mi mujer.
luego esta mi germana viva
parecio que inclina a la
muralla
y luego pasan los soldados ingleses a meter la posta don Melchor Jorge y Vberto y Hicardo y otros soldados
tambor
prevención me cansara
de guardia su compañia
salgo a mirar a la mina
que está en muy buen lugar
Porque esta puerta de aca
plaza del cuerpo de guardia
mira que la gente tarda
mas estos deben de ser
los de la retaguardia
la escuadra del capitán
en la retaguardia primero
Arrimemos a la posta
no hay mas asentaos que tengo dados
yo traigo doce ducados
mi capa esta a poca costa
y puede servir de mesa
no te faltara barato
si gano sobre mi gato
quien juega y por que tanto espera?
pues el que me traiga bienes
a jugar señores soldados
nadie está mas obligado
a jugar que lo que tiene
sino es que esta camisa
de su sudor, y me de alguna
yo juego
por prenda alguna
también
pues que vale la
ofrezcola a los venturos
que ay de Londres a Centuria
bellaco por esta injuria
te tengo de dar un cuero
Pues primero que eso sea
con este medio ladrillo
le pasare el colodrillo
los ojos porque no vea
Dineros ay en la Hueda
y ropa
con los dineros
pienso dejarlos en cueros
de mano
la que moneda
Que me place
yo soy mano
Juego las plumas
yo paro
siete a el
don este paro
contra el sonbrero
yo gano
yo también
pon aquel dado
ya empezamos don eniez
que lleve los diablos por juego
del ladron
topo
he ganado
Cobarde y infame gallina
ladrillo cobarde a mi
por esta perra perdi
meterse alla una gallina
No quiero picaro infame
que te dé un bofetón que haga
descubra pecho y quijadas
y a ti que infame me llamas
Vuelbo a parar un doblon
digo
paso adelante
Una de a dos
yo le sigo
sobre que sobre el jubon
No los vale
como no
como no he de jugar
vive dios he de ganar
que cuarenta me ha costado
Juéguelo pues un engaño y
que aunque está algo destrozado
es jubon que vale un vestido
mas de diez meses y un año
Si quiere encajote a by
venga a ver que por aquí
yo he ganado
yo perdi
sea en buen hora
a los cabales
y gana al dado que perdeys
que os paro diez
digo dos
no quiero
jugar de nuevo
no lo jugare por seis
Con aquesto ahora sale
seis reales de un jubon
de solamente algodon
y dez que se le vale
Cuentese bara de olanda
a cinco reales la vara
y de otra bara a parte
para aforros blanca y blanda
A dos reales y quince
de tafetan bara y cuarta
seda una onza y rezarta
y anjeo una cuarta abajose
seis reales de echura tienes
sumelo todo y lyebe lo
si lo pudiere ganar nuevo
un disparate de blondel
De buena gana un soplo
a trueque de un doblón
Pag. 28
se gasta a un nuevo un jubón.
pues este es jubón viejo
El ganapán desalmado
si detrás de aquesta almena
no me escondo e an que buena
me hubiera dado antes que dejado
Paro su espada aquí y maldigo
los juegos
qué hacéis
Tengo de jugar sin jubón
caen todas
juegan al desabrigo
Mides el dinero a puro
el jubón
paro
Gano
todo lo ganan sino yo
no jugáis más porque tengo frío
y no me habéis de quitar
los calzones
yo no quiero
jugar sobre ellos
primero
me los habéis de avisar
Pag. 29
No huyamos, don animal,
basta que ayrados veréis;
dejadme en prendas las nueces
o quitaros he el costal.
Pues ea, quien me vio nacer,
que llego yo a ser soldado.
Las nueces he de tomar.
Ayudémosle a coger.
Señores, vela asoman.
Ha de callar el por guapo;
por Dios, si un leño arrebato,
que preñados los que asomen.
Entra el Capitán y dice
Es hora.
Capitán y señor.
Arrimad las alabardas,
mientras doy yo por las guardas
como las nueces rompan.
¡Aquí de España!
¡A un grillo!
Abajo ha de pasar.
¡Traición!
Traición, enemigos son.
Deja caer el portillo.
Y a coger el portillo yo,
pudo romper la collera.
No sabia yo esta treta.
Ahora os lo enseño yo.
Dejadme entrar por debajo,
bolvere un galeon.
Victoria se ha de cobrar
con mis proprios trabajos.
Y a Don Juan llama de arriba
con la insignia colorada,
atajemos su enboscada.
¡Viva España!
¡España viva!
¡Victoria por Don Felipe!
Pasan por el tablado huyendo el Almirante y dos o tres ingleses.
Perdidos somos, ya vamos
a Santo Domingo.
Vamos.
Sale Clabela y dice
¿Quien ay que no participe
desta perdida? ¿Que es esto?
¿Quien inbento esta traición?
¿Quien os dio a mi prisión?
¿Sabéis quien soy?
Que está presa.
De mi buena voluntad
soy, Don Juan, tu prisionera,
y en serlo desta manera
tienes a felicidad.
Desde el punto que te bi
tu esclava ha sido Don Juan,
porque en varon tan galán
al punto el alma te di.
Paga mi amor infinito
o no seais tan español.
Amor que va tan junto al sol,
que medios que me dais;
muy poco puede hacer mesura,
y mas si unos bellos ojos
dan lágrimas por despojos.
Yo que de la coyuntura
fío mi bien, el alma mía
vida tendrá con descanso.
¿Que tigre no será manso,
si es mujer a esta ternura?
Digo, Clabela, o Clabel,
o clabellina hermosa,
Entra Doñana
Mal el alma te reposa
hasta que encuentre con el.
Doñana es está.
Pues calla.
Mi Doñana.
Mi Don Juan.
¡Ay, que abrazo! Dios, que tal
cruel te me da la batalla.
Mal haya amen que destruya
yerba que me das beber.
¿Quien es aquesta mujer?
Soy Doñana, esclava tuya,
como el tropel y prisa,
cualquier majestad humana;
tu ama fui esta mañana
y agora soy tu cautiva.
ansí, Clabela, es verdad:
mudanzas son de fortuna,
mas hoy sin falta ninguna
os quiero dar libertad.
¿Que me decís?
Lo que pasa,
que Clabela es muy hermosa,
y yo en extremo celosa,
y no quiero que este en casa.
¿Pues celos tienes de mi?
Tendrelos de mi marido
si mira a un palo vestido.
Ahora bien, oyese aquí.
Después trataremos dello
y se hará lo que convenga.
Ahora bien, Clabela venga,
que he de callallo y he de vello.
Cata que hablas.
No, que hablare.
¿Que es esto?
Un silvo, nada.
Ved el hombre.
Que me agrada.
Y tu por el arrobada.
no hay de que participe
una mujer cuando vela.
Ay Doñana y ay Clabela.
¡Victoria por Don Felipe!
Entranse todos con que se da fin a la primera jornada del Vencedor Vencido. Laus Deo. [Rúbrica]
Pag. 30
24
[Página en blanco]
Jornada tercera
Pag. 31
+ El vencedor vencido 3 25
Pag. 32
Jornada tercera salen Bicencio y dos músicos
Comiendo estamos
pero acabará muy presto
Como tú alcances licencia
porque el uno y otro presto
verá nuestro ingenio y ciencia
Aunque el Dral mi señor
gusta de oír el tambor
más que la voz más sutil
y desprecia un añafil
por el trompeta menor
yo haré con él que os escuche
porque premie el exercicio
vuestro
Para que esté en bono
harémos algún servicio
Servicio yo os lo perdono
haceos a aquesta parte
que sale mi inglés marte
y que os llame llegad
Sale el Dral mondándose los dientes y dice
Buen oro me da en verdad
Siempre deseo agradarte
Dame una silla
Aquí está
Mucho se tarda la espía
que fue a España
Ella es buena
pues el cielo de día en día
tus victorias aumenta ya
toda la isla es pasola
y no es la española sola
el bien de esta república
que la fortuna amplifica
tus victorias en su bola
No me adules Bicencio no es razón
que a la verdad que he propuesto
dejo nombre de adulación
ahora bien dejemos esto
y muda conversación
Gustarás de oír por suertes
dijo servirte advierte
unos músicos
Y qué listos
ingleses son gentiles bríos
y sirven en vida y muerte
Porque no entran al cajón
que yo les prestaré oído
y hasta hacerles parecer tontos
Siempre en fiesta estás metido
deja estar las sagaz boyas
que pues vendidos nos vemos
no es razón que las empleemos
Y mi música señor
no es música de tambor
Trompetas nuevas tenemos
entren entren en buen hora
que a la trompeta inquieta
a quien su inquietud adora
Pag. 33
no es musica de tronpeta
pues menos te entiendo ahora
que musicas pueden ser
los que a mi me den placer
sin caja o tronpeta bizarra
Son musicos de guitarra
ya que te me das a saber
cuando de mi as conocido
que a mi me ha de dar solaz
viendo en la gerra nacido
la musica que en la paz
ablanda por el oído
A musica ni a porfia
asme visto tu algún día
entretenido
yo no
que o guitarra o versos yo
sino los de artilleria
No sabes que mi guitarra
es que del puesto avanza
la nave que sale al mar veloz
y que mi voz es la voz
de grita al arma, caja ronca
Viense que acostumbras poco
aquesta musica pero
que v. m. agora un poco
oymelas a mi
considero
que sale un loco a otro loco
pues tu lo suplicas sea
canten a donde no los vea
pues por que no han de llegar
por que quiero mirar
o nos asombre que de pelea
cantan los musicos
A los cercados franceses
dentro en san quintin cercados
con que su furor acomete
el heredero de carlos
previénense a la defensa
con razones los galos
pensando que los leones
huyen del canto del gallo
El invencible felipe
y agora alejandro magno
para animar a los suyos
ba diciendo por el canpo
Comiencen el asalto
juegue la artilleria
marche esta manga
siga aquella escuadra
A ellos santiago españa guerra
alarma viva españa
alarma cierra
Alarma cierra cierra
caen ingleses a la guerra
ea soldados balientes
que soys leones prudentes
nos han cercado la tierra
Alarma alarma
señor
de que te alteras que es esto
quien te incita a tal furor
no ves que me saca del puesto
aquesta ilusión te ha traído
que a un que el eco te inquieta o muda
del puesto
no ai quien acuda
a quitarme ilusión fue
por que yo me transforme
en la musica sin duda
Agora lo digo y creo
que cantando pudo hacer
parar los rios orfeo
y que pudo suspender
la pena a los del leteo
Di ahora si te contenta
la musica o descontenta
el efecto que en mí ha hecho
que es mas que umano sospecho
y de alejandro se cuenta
Si se cuenta de tal hombre
no es mucho que yo me asonbre
ni me transforme en el canto
siendo los bersos encanto
que esto sinifica el nonbre
Diles que canten y digan
las hazañas memorables
del Señor Rey pues obligan
a enprender cosas notables
ola de ai que prosigan
cantan.
el sol en medio del cielo
que sirva por su ocaso
porque el nuevo josue
viene a vencer sus contrarios
Deteniendo porque el sol
las bitorias de alejandro
las de pascual que quiso
llevar la nueva al ocaso
y llegando en ausencia
que con los ojos garzos
vio el español valeroso
que derriba del caballo
dando priesa al asalto
juegue la artilleria
marche esta manga
siga aquella retaguardia
A ellos santiago
españa guerra
alarma alarma alarma
cierra cierra
Agradable es la canción
y muy armigero el son
entran los ingleses apeados, tristes y en perdida de uno en uno como van gabion
o perdida nunca oyda
manda quitarme la vida
por tan grande perdición
perdición que se perdio
no se como se lo cuente
quien tan gran desagrabio
desde el oriente al poniente
decidme que sucedió
Vengo señor de manera
que contar quisiera
Lecturas dudosas: - "oymelas a mi": la lectura es incierta, parece decir "hazmelas mi" u "oymelas a mi". - "nos han cercado la tierra": la grafía es muy confusa, podría ser "nos asan cercad la tiesa". - "las de pascual": el nombre "pascual" es claro pero extraño en este contexto heroico. - "como van gabion": la última palabra de la acotación es de difícil lectura, parece "bangabion" o "van gabiando". - "retaguardia": el manuscrito parece decir "rettagira".
Pag. 34
la desgracia imposible
la desdicha mas terrible
que se vio ni mas se espera
Vengo a buscar Draucey de nuevo
deudo que así deshabla
dos mil veces a hablar pruebo
y mi locura dira
que yo señor no me atrevo
Draucey prevenga
paciencia y paciencia tenga
para oir desdicha que asido
el almirante abenido
es mas quest conbienbenga
entra el almirante solo
Si a draucey toca
dar pena a desdicha tanta
primero que abra la boca
manda cortar mi garganta
y será pena muy poca
Que conforme acción hallo
que un desdichado basallo
es indigno de la vida
E pitacaya perdida
por su poca maña de caballo
Si pitacaya se perdio
por ser mi poder flaco
el isleño la gano
dieronlo todo saco
y vengo a contar lo yo
su estandarte que tremola
en toda la isla española
se perdio por mi desdicha
que vos bibays tengo a dicha
falta una desgracia sola
Mayor desgracia almirante
fuera para ynga loreta
en lo que ha de ser adelante
dejar en aqsta tierra
un hombre tan importante
y no os aflijays de ver
que no es en nuestro poder
la fuerza que teneys vos
que en ella gloria a dios
otras teneys que perder
El capitán que ha de andar
continuamente en las guerras
de probe se ha de preciar
que que tenga mil tierras
tendrá menos que guardar
Si después que soy soldado
hubiera siempre ganado
y nunca hubiera perdido
todo el mundo hubiera sido
por mi brazo conquistado
y fuera desdicha mj a
siendo alejandro segundo
llorar como el algún día
abiendo vencido un mundo
porque mas mundo no había
Si pitacaya se perdio
bien sabré cobrarla yo
y gloria mía ha de ser
cuando la vuelva a perder
el que agora la gano
y ansí se puede estimar
mi perdida porque espero
ventaja que he aquijar
y ganar prestado dinero
para volverla a ganar
decid como sucedió
en dos naves que entraron
que con un caso se entrose
ciudad y se ganose
pues la venganza pretendo
del dano que voy sintiendo
no por lo que se perdio
sino porque se gano
cuando yo estaba durmiendo
dadme un respaldo ab bati
que gente en pitacaya abra
Como cien gonbres dirai
decí el gobernador desta
que camyna de allí
que ejército el que tiene
con siete mil gonbres viene
siete mil Bob si siete mil
por dios es cuadrón jentil
pues ahora pelear conviene
valiente drauc que tardas
en marchar contra el contrario
si ves que ya se acobardan
efecto en ti extraordinario
como no ves que aguardas
que viendo aquellos isleños
de quien ya nos vimos dueños
se esten riendo de ti
y empieza la fiesta de aquí
volver vacíos los senos
Que mayor general
que estorga ablando impediciones
remedia perdida tal
saca reconpensa tu igual
y el estandarte real
Marchemos sobre pitacaya
y aun que dos mil hombres aya
en su guarda aumentemos
porque con gusto alla volvemos
a ver dellos desd la playa
A señor que a mj empre
sa espantoso el ca
so asombre a la jnfan
teria desta gente loca
las ya rece vidas ofensas
yaz deste ejerci to alarde
y marcha luego que es tarde
mira que es afrenta tu ya
que al vence dor se a tri buya
el renombre de co barde
Acaba pues determina
lo que has de hacer sin escusas
contra esta plaza vecina
mira que embarquéis en bajas
Pag. 35
toca a mar y que ahí camina
ya de cobardía vuestra
fiero dragón salga apriesa
los montes que has de pasar
vámonos a embarcar
porque volver no es cosa
El romance
Como villanos cobardes
en mí puede caber miedo
si soy el gran vencedor
de quien tiembla el hemisferio
Cómo de vuestra memoria
habéis ya botado el tiempo
en que llegué a Magallanes
y derroté su escuadro
si tan memorable hazaña
digna de soberano esfuerzo
hice solo y por mí solo
que me reprehendéis, qué es esto
Si sabéis que cuando parece
tan reportado y tan cuerdo
mi pérdida es porque animo
los viles ánimos vuestros
Si sabéis que no hago cosa
sin consultarlo primero
con el familiar demonio
que en esta sortija tengo
Si sabéis que dé embista
después de entrar en consejo
con el diablo venzo siempre
que me reprehendéis, qué es esto
No sabéis que si callo
mejor que todos entiendo
el poder de mi enemigo
y el daño suyo prevengo
Si quedarme dudo no es
cobardía yo me prevengo
en cumplir las faltas nuestras
que os aviso sin remedio
si pierdo por solo un día
lo que he ganado en ciento
y venís oyendo todos
que me reprehendéis, qué es esto
Si quiero volver solo
adonde venís a ir
disfrazando mi persona
si el valor disfrazar puedo
y reconocer el sitio
armas, munición y puesto
que tienen los españoles
valientes y más soberbios
y si termino a hoy visto
yendo en ello mi daño cierto
os vuelvo libres y salvos
que me reprehendéis, qué es esto
entra el gobernador y don alonso y murcio y silanos
Plantéese el campo en el puesto
más cómodo y más decente
marcando viene la gente
y el escuadrón está puesto
Plantéese la artillería
de la manera que mando
ya señor se está plantando
y también la infantería
Volverán a menester
que pusen picas ya estoy
nuestra imperdedla hoy
pues la ganamos ayer
entra un paje o soldado
de picas ya sale fuera
Don Juan y viene gananciosa
sepamos qué nos cuenta
porque ya el inglés espera
entra don juan y dice
a vuestra merced yo suplicara
qué es
es que esta espía inglés
que en nuestro campo ha de estar
se busque porque yo quiero
en acabando de hallalle
libertalle y rescatalle
de su amo con mi dinero
Cómo se llama dice señor
muy conoces su nombre yo te mando
que se busque y dese bando
para buscalle mejor
y si en el campo estuviere
de libertalle se trate
y yo daré vuestra carta
al soldado en cuyo fuere
que es justicia y equidad
que ansí a Don Juan acudamos
pues siempre propuso el daros
él nos dará otra ciudad
Agora nos curamos
más de las prevenciones
y ordenar los escuadrones
que han de hacerse en el real
Conforme mi parecer
si no hay opuesto que lo impida
entre ya en posesión debida
el campo
los ha de ser
los dos formarán el campo
en forma muy importante
el uno será volante
que entre y salga haciendo campo
bien dice vuestra merced
el un escuadrón será
el que por su cuenta está
yo le recibo vuestra merced
El segundo el capitán
que es nombre muy importante
los del escuadrón volante
Pag. 36
La página está dividida en cuatro columnas, correspondientes a dos folios de un manuscrito abierto.
Del general ha venido
un inglés embajador
y quiere hablar, señor,
por él licencia pido.
Dadme silla en que me asiente,
entre, yo sé que no podrá
el inglés ver la plaza está,
porque su embajador miente.
Entra el Almirante y el Draque disfrazados y un soldado con un arcabuz cubierto con un tafetán en un velado.
Vuesarced me mande dar
las manos.
Las manos no,
los brazos sí, dad acá,
pues no los puedo negar.
Aquí hay silla, Almirante, y asentaos.
Buena tienda y bien compuesta.
Mi embajada a fe es está.
Hablad, que os oigo muy atento.
El inglés Francisco Draque,
general de aquesta armada
por divina Isabel reina
de la última Bretaña,
el Dragón nunca vencido,
que inglés vencedor se llama
por el mundo, en cuyo nombre
yo sirvo hoy a vuestra merced esta carta,
después de besar las manos
a vuestra merced, me manda
le avise de cómo viene
a asentar su real campaña.
Salió de Santo Domingo
con tan brava gente bizarra,
que al pie de cuatro mil hombres
y aun muchos más le acompañan.
Son todos soldados viejos,
y los ingleses, que basta,
con el Dragón por caudillo
para empresa tan honuestrada.
El convoy viene marchando
y antes de una hora larga
estará tan junto al muro
que nos veremos las caras.
Ansí que Francisco Draque
avisado de esto, me manda
que a vuestra merced suplique
le restituya esta plaza,
y cuando por ser justicia
le parezca cosa agria
restituirla al inglés
que se la ganó por armas,
pueda vuestra merced tratar
que se rescate en plata,
que por sesenta mil pesos
él la venderá, y no es cara;
y cuando no quiera hacerlo,
aunque es sin razón ni causa,
le avisa que trae intento
de presentar la batalla.
Que mire bien lo que hace
antes que toquen al arma,
que después será imposible
volver la espada a la vaina;
y porque de todo a punto
se asegure su brazo,
rompiendo muros de acero
y no barbacanas flacas.
A vuestra merced le sirve
de enviar con estas armas,
y él ruega que se las ponga,
que son buenas y probadas.
Por cierto el aviso es bueno
y muy suya la embajada,
que como tan gran soldado
todo a quien él se iguala.
Y ansí le podrá decir
que yo le vuelvo las gracias,
porque me avisa que viene
aunque ya aquí se sonaba.
Y que cuando su excelencia
cuatro mil soldados traiga,
somos acá siete mil,
pero los tres mil sin armas;
y si viene tan resuelto
en presentar la batalla,
que mal negra se la puedo,
pues que le tengo ventaja.
Que mire bien lo que hace,
porque en diciendo España,
tiene un español diez manos
y en cada mano una espada.
Si viene el campo marchando,
cuando llegue a las murallas,
cara a cara nos veremos
si nos miramos a la cara.
Al pedirme a tanta furia
y al partido de compralla,
yo le agradezco el consejo
con treinta y seis mil palabras,
y puede también decille
que si el deseo de plata
le da gana de hacer venta,
que venda sus naos o lanchas.
Que si en campo nos vemos,
le aseguro mi palabra
que no habrá menester naves
ni quedará quien se vaya.
A las armas digo que estimo,
por ser suyas esto loo más,
que siendo de tal soldado
serán de muy buena casta;
y también le digo al Draque
que dentro la barbacana
hay corazones de acero
para resistir sus balas.
Las armas me pondré luego,
y porque de mano armada
pienso en llegando a su campo
dar principio a la batalla.
Pag. 37
Aunque le invía suplica
salga en persona a campaña,
donde podremos entrambos
tentarnos bien los brazos.
Y porque tengo creído
que si me encuentro con armas
hará lo que siempre suele,
que será volver espaldas,
le invío con un caballo
andaluz, de buena casta,
que lo escapará huyendo
hasta llegar a su barca,
y aunque él salte, a pie, a la arena,
si quiere va a la carga,
lo llevará, que el caballo
puede correr sobre el agua.
Denle el caballo alazán
para que luego se vaya.
En silla está, turco, y digo:
Vaya con Dios.
Vase.
Con Dios vaya.
Vase.
Voy por el caballo.
Sí,
vosotros acompañaldo,
y a mi esclavo llevaldo,
grande valor dele vi.
Vanse los dos y queda el Dracolo.
¡Oh, presunción española,
qué más insensata dijera,
ni quien otros arrojos tuviera
de los que hay en la española!
Un viejo a quien cumplir
lo que dijo podrá ser,
y que, no sepa hacer,
sabrá al menos decir.
Entra Jorge.
Ya ha llegado navegando el campo
a vista de Pitagaya.
¿Que hicieron alto?
Sí, señor, y ya empieza a apearse,
teniendo siempre a ojo el puerto,
esperan bien guardados.
Dadme luego
un bastón.
Señor, aquí tienes
a don Juan, un caballero tu cautivo,
que sobre su palabra se fue libre;
con cierta condición pide licencia
para besar tus manos.
Dile que entre.
Entran don Juan y doña Ana.
Como buen caballero español, a los
valientes, general, se ha mostrarles
que preciamos la honuestra más al doble
que no la libertad, y por haberte dado mi palabra
de volver, como noble, al cautiverio,
cuando no libertase a un almirante
que perdiste en la isla, no parece,
y vuelvo a la servidumbre, como esclavo,
o por decir mejor, como hombre noble,
pues aquí me presento, envidia del
goce de mí, y de doña Ana, mujer mía,
la que a tu voluntad, aunque sin ella,
me cautivó su bien, estaba en mi alma,
y por esta razón ha de ser tuya,
y porque la gané siendo tu esclavo,
y son para el señor todos los bienes
que adquiere su esclavo, y lo último
vengo con mi mujer, por si quisieres
pasarme hoy a la torre, o en tu servicio,
que la lleves conmigo, si con alma
quieres llevar el cuerpo de un esclavo.
Por cierto, español noble, que esta dama
da muestras de su amor, pues se arrojó
en venirse con vos al cautiverio.
Es el amor de esposo, amor inmenso.
La espía que fue a España
acaba de tomar ahora puerto,
y su resolución nos desengaña
que ha vuelto con respuesta.
¿Qué me dices?
Del mismo rey Felipo es esta carta.
Pag. 38
muestra que el sello y firma besar quiero
como si a mí viniese y
en todo lo que por la una y y otra entiendo
carta
Luego que recibimos otra carta
entendiendo el peligro en que estáis puestos
mandamos prevenir treinta navíos
con dos mil soldados dentro de ellos
para ir a socorrer a la española
y castigar los robos del pirata
que inquieta mis flotas y las tierras
con orden que si cuando allá llegare
la armada que enviamos está el dral
fuera de la española que lo busque
hasta volverlo a encostar lo enviaremos
teniendo en vos bastante confianza
que por todo este mes saldrá la armada
de Cádiz de Madrid a diez de agosto
año de ochenta y cinco y por firma
el soldado que trajo aquesta carta
a quien os del palacio dio las penas
a veintiséis, señor, que la armada
salía de San Lúcar para Cádiz
y dos días después que él se partiese
habían de zarpar luego a esa cuenta
no puede tardar mucho yo imagino
que en menos de seis días la veremos
Almirante señor luenga espera
a riesgo y por lo poco que estamos
nosotros asaltamos esta isla
dimos asalto a sus villas y cabeza
de modo que tendremos en las naos
un millón y quinientos mil ducados
Así pasa señor pues quién nos mete
en cobrar a piratas y a arriesgarnos
que nos venza en campaña el enemigo
ni esperar en la isla que de España
venga la armada que por horas llega
Pues qué quieres que hagamos pues el cielo
nos ha favorecido en esta media
que no tentemos la feliz fortuna
vámonos a embarcar ricos y salvos
vencedores y prósperos y demos
dentro de su goleta o en las naves
muy bien dices señor ese es mi voto
porque aguardar a la armada es desatino
toca pues a embarcar a embarcar toca
dispon de todo el cabo hasta que yo baje
doña Ana del águila de logusto
que hoy que ya nos vamos
que vendrás a ingalaterra
conmigo que soy bragueta
todavía en esto estamos
Deja de usar quimeras
que tienes mujer celosa
doña Ana moza y hermosa
y partes por que la quieras
advierte bien almirante
que don Juan es mi marido
y que verle a gemido
yo lo quitare delante
de qué suerte en barcarle
en otra nao si doña Ana
a mi pasión no se humana
no harás tal pues matarete
que yo no he de menester
sino a tu mujer y no mas
luego en barcarme que fas
con Isabel a tu mujer
No me acordaba yo de ella
pero dame amor un partido
yo le daré a tu marido
libertad si él la da a ella
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Si no, qué darse a entender
que a mí poco se me da
y tu marido vendrá
con la armada de Ingalaterra
Es fuerza, a Dios, mi cautela
pues sabe que ya seré
como libertar a Medes
y haceros dar a la vela
Luego en ir os desviáis
Cómo te has de embarcar
Luego aquí te has de quedar
Yo quisiera acompañarte
mas para ir divididos
lo propio es que dos mueran
que partir, señora, allá
Pierdes el juicio y los sentidos
no nacen de ahí, Don Juan,
sino de tu poca fe
Siempre diré que te amé
Tus obras no lo dirán
y has de dejarme cautiva
a qué me trajiste aquí
no estaba yo libre, di,
si el amor desto lo aprueba
Yo pensé de aquesta suerte
cobrar mi honuestra perdida
pero qué quieres mi vida
por abreviar la muerte
Acaben ya de quejarse
y vamos juntos los dos
Dame los brazos, y a Dios
Luego habrán de avinarse
diose tan grande vergüenza
llevadla a embarcar vosotros
y a Medes aquí nosotros
comienza a guiar, comienza
Lo que los cielos me dan
quieres quitarme, tirano
Quieres acabar, villano
Doña Ana, a Dios.
Y Don Juan vanse.
Sale el Gobernador con Don Alonso y otros isleños.
Gracias a Dios que el inglés
temeroso de la gente
nos dejó en paz la isleta
y se vale de los pies
Los ganados, señor, lleva
pero la puente de plata
al enemigo que pasa
en dando cobarde prueba
Desocúpenos la isleta
y lleve lo que quisiere
que la hacienda es la que adquiere
por la mar y por la treta
y la libertad es precio
más precioso que un tesoro
y por la vida decoro
que hemos de dar menosprecio
Sale Don Juan, dice.
Valerosos isleños sois vosotros
los que ahora estáis, pues, a la mira
cuando el inglés corsario se retira
habiéndose alabado de nosotros
No sois isleños, no, que seréis otros
pues vuestra cobardía nos admira
Porque habéis de sufrir que del piélago ya
haciendo escarnio de vosotros vaya
Y tú, Gobernador, di por qué quieres
dejar que campe en paz este pirata
con el oro, hacienda, y con la plata
que para otro haces, buscas y adquieres
y no solo hacienda, las mujeres
se os lleva este dragón o barco que mata
mi doña Ana amparo os pida
por no haber un Don Jorge que le impida
Salid, salid, isleños valerosos
a quitarles la presa de las garras
antes que sueltos lleve en sus amarras
y den el trapo a los vientos procelosos
Cobrad, cobrad el nombre de famosos
y las espadas que habéis blandido
cobren también de fuertes apellido
venciendo a este dragón que os ha vencido
Salgamos de tropel a la marina
que si los asaltamos de repente
con la sangre de aquesta infame gente
podremos colorear la mar vecina
Cobraré a mi mujer, y en la ruina
en el salitre y pólvora inclemente
de sus naves después pegaré fuego
porque se abrasen, y se ahoguen luego
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La imagen muestra dos páginas de manuscrito, correspondientes a un pliego o libro abierto. La página derecha tiene la foliación "9" y "34" en la esquina superior derecha.
Ea, isleños valientes, obrad fama,
pues la misma ocasión a ello me obliga,
el que es noble y valiente que me siga
a la inmortalidad a quien me llama.
Quien quisiere seguirme es quien me ama.
La escuadra que se quede es mi enemiga.
¡Al arma, al arma, que la guerra...!
¡Viva España!
Vanse.
¡Santiago, cierra a ella!
Salen Jorge y Clabela.
¿Dónde queda el almirante?
En tierra está dando orden
que embarquen sin desorden
la gente que es importante,
que afrentados con razón
los isleños del inglés
bajan del monte, cual ves,
a estorbar la embarcación.
Y tengo por entendido
de anuncios de mi temor
que, siendo él ahora vencedor,
hoy ha de volver vencido,
porque con desesperados
siempre es malo el pelear;
por esto manda embarcar
en su guarda a estos soldados.
¿Y quién es una mujer
que en esta nave embarcó
el almirante?
Sale doña Ana, y dice.
Soy yo,
que no pudiera otra ser.
Clabela gallarda,
ansí en paz ative
la gente, aplauda
que el vencedor rige.
Ansí en el viaje
su nave camine
como cuando el mar
posea Anfitrite.
Ansí a tus parientes
y padres, si viven,
vuelvas a ver presto
contenta y felice,
y ansí el almirante
de esos dos luceros
tenga por espejos
que en ellos se mire.
Que mi dolor terrible
a compasión te mueva
si en nobles pechos
la piedad se alberga.
Mira que tu esposo
con rabia percibe
de infernales celos
escuadras terribles.
Forzada me embarca
y en tierra permite
que por fuerza quede
don Juan de Benavides.
Manda a tus soldados
que me saquen libre
de aqueste navío
y a la tierra firme.
Antes que de leva
toquen los clarines
sonoros, que suenan
con ecos que encumbren.
Que si a Inglaterra
su mando y su insigne
castigo me lleva,
tendré vida triste.
Este es quien me anima
a que te suplique,
como quien te sirve.
Que mi dolor terrible
a compasión te mueva,
pues en pechos nobles
la piedad alberga.
En fin, que se queda en tierra
tu esposo.
Sí, mi señora.
Pues si él se queda, tú agora
habrás de ir a Inglaterra.
Que aunque por ti el almirante
me ha de dar a los cielos,
sacar han de aquestos celos
cura a mi mal importante.
Porque antes te tendré aquí
cuando don Juan del rescate
con el almirante trate,
daros he agrado, y por ti
salga pues como saliere;
resuelta estoy en librarte,
que a un mundo le cabe parte
para la gloria, quien me quiere.
¿A ti me dejas?
Vase.
Haré lo que tú deseas.
Primero que a don Juan veas,
muerta me verás a mí.
Qué desear para librarme
de tanto desasosiego,
mas si los celos son fuego,
como es en piedra arrojarme.
Mejor es desesperarme
que aguardar mayor tormento;
cualquier remedio que intento
no ha de ser de ningún cobro,
si a pique da este vaso
y en la galeota me ausento.
Bueno es poner al navío
fuego, pues la confusión
al remedio, a la ocasión
dará el presupuesto mío.
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Porque cuando el juez impío
me impidió salir a tierra
muero asiendo al inglés, fiera,
y es mejor morir con fama
que matar a quien se llama,
que dentro el pecho es en que el valor se encierra.
Sale el Almirante y los ingleses.
¿Qué es esto, y qué de vosotros,
que no ocupáis estos leños
cuando bajan los isleños
del monte a dar en nosotros?
Dentro: ¡Fuego, fuego!
Aquí un mal espanta,
esta voz «¡fuego!» dan voces
y un barco se arde.
¡Y en qué
rabia el Almirante!
Y salta al batel. Vemos una mujer.
Es asombro.
Salen los isleños y pelean y se retiran los ingleses y luego sale doña Ana asida de don Mendo.
¡Santiago! ¡Viva España!
A embarcar, que nos perdemos.
Tomad, llevadme a embarcar.
Vanse.
¡Pesar de quien me parió,
que es por encobardear yo,
procura de ti librar!
Aleve, inhumano y enorme,
traidor, sacrílego, falso,
mueras en mal cadahalso,
vengo a matar, tente y corre,
ladrón, ¿agora me dejas?
Ve que te doy ayuda,
mi vida está puesta en duda
y estás tentando mi enojo,
suelta, que me es gran enemigo.
Suelta, pesia a mi linaje.
Ve, cobarde, acá en un paraje
o te han de matar conmigo.
Ofendido os suelto a despecho,
no quiero...
En aquel batel
viene una mujer y en él
se embarca; es gran tropel.
No soltarme he y irás preso,
que os dejo ya.
No, y a ver.
Sale doña Ana con un remo y por una parte los ingleses y isleños y dase la batalla.
Pues a milagro escapé,
milagros para este remo.
¡Ea, ingleses, al amor!
¿Eres diablo o mujer?
Las naves tengo de arder
antes que os vayáis a embarcar.
¡A embarcar, a embarcar presto,
que nos perdemos en tierra!
¡Santiago, a infieles fuego de tea!
¿Qué es esto, cielos, qué es esto?
¿Quién puso fuego a las naves?
Una se abrasa de tres.
Sale doña Ana.
¡Oh, valía del rey inglés,
si es verdad que no le sabes!
Don Juan, a mí me has dejado,
quien me ayuda, yo ampare
y apartarte dejaré
siendo vencedor vencido.
¡Ea, inglés, mira por ti!
No fíes de mi hábito.
¿Quién es, que el suelo que piso
fuego enciendes en mí aquí?
Mujer que al inglés ofendes,
que te mataré de enojo,
y a tu furor mi respeto...
Habla menos y combate.
Como a la mano se atreva,
¿qué hago que no te mato?
Rinda una montaña a un revuelo,
y en un abismo te sepulto.
¿Quieres apurar mi enojo?
Y a mí poco me falta,
ya que estoy en tan alta,
que no te coja y jamás...
Calla y obra, fanfarrón.
¿Sabes quién soy por ventura?
Pues por tu desventura,
reconocido dragón.
Bien sé que tú eres el dragón
y tú sabes dar voces.
En todo me has movido
que mi enojo has apagado;
porque fuera afrenta mía
matar a quien no se ofende,
mejor yo defienda,
quéjase de cobardía.
¡Acaba, defiéndete!
Vuelvo a con quien pelear,
que yo me voy a embarcar.
Cobarde Drake, detente,
y ves que a ti no te ofende.
Cobarde que vas huyendo
de una mujer solamente.
Ni soy cobarde ni huyo,
sino león que se aira
de los perros se retira
y van en alcance suyo.
Soy dragón que a un ingrato
su aliento le abraza dél
pecho y deja con alivio a él
que no deje vivo su retrato.
Los que hablan mucho no obran.
Sí, pero yo digo y obro.
Vuelve acá, loca, ardid
y para ti espalda vas ofreciendo,
que de cobarde has huido,
dirás que huyes mejor,
viéndose ayer vencedor
y hoy vencedor, vencido.
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Salen los isleños.
El que los llanos no prueba,
se ahoga dentro del mar.
Ea, a embarcar, a embarcar.
Suelta la pieza de leva.
Estos dos versos se dicen dentro, y disparan una pieza.
A ellos, fuertes isleños;
a ellos, que se nos van.
Bien mostráis que por ir van
dejando ardiendo diez leños.
¿Hay por acá algún inglés?
No queda en tierra ninguno.
Eres de ingleses ayuno.
Dalos, don Alonso, mi hermano, a mis pies.
Doña Ana del alma mía,
por cuyo brazo y valor
el temido vencedor
publicó su cobardía.
¿Cuál fue el milagroso ciego
que te ha puesto en libertad?
Después lo veréis, acabad,
que aquí se remata el ciego;
porque le admira más oído,
pues que con vuestra ayuda
de la española, sin duda,
salga el vencedor vencido.
Danos las manos, germana,
que por tu brazo animoso
y tu valeroso esposo
esta victoria se gana.
Gracias a Dios que quitamos
de la furia del dragón
el robo, y el corazón
a su pesar le sacamos.
Él volverá a Inglaterra
como acostumbra volver.
Si palma suele tener
el que ha vencido en la guerra,
otra mayor que su palma
era mía antes de ahora,
justo es que volváis, señora,
a darme en la palma el alma.
Con aquesto serán dos
los besos que ya os he dado,
desde luego aposado,
démosle gracias a Dios.
De nosotros, pues ha sido
el que os dio la victoria,
y ríndase ya la gloria,
fin al Vencedor vencido.
Laus deo
[Rúbrica]
El remate con que se da fin a la come día del Ven cedor ven cido [Rúbrica]
[Sello de la Biblioteca Nacional]
