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Texto digital de El mejor maestro amor

Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor maestro amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mejor-maestro-amor.

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EL MEJOR MAESTRO AMOR

Pag. 1

De D. Manuel / González de / Torres.

El mejor maestro, Amor / Comedia nueva

Hablan en ella las personas siguientes

Hablan en ella las personas siguientes

Polidoro, príncipe de Grecia.

Cleante, su hermano mayor.

El Príncipe de Tebas.

Licanor, barba, en decano.

Arridias, barba, sacerdote de Júpiter.

Un Alcaide.

El Amor.

El Duque de Atenas.

Tarima, lacayo.

Polinarda, hermana del Príncipe de Tebas.

Dantea, hija de Licanor.

Marfisa, criada.

Acompañamiento.

Música.

Jornada primera

En el teatro de Grecia aparecerá un templo, y en él se descubrirá un altar con una efigie de un ídolo; y después que la música acabe la copla siguiente se cerrará el patio con ruido de truenos y rayos; y mientras canta la música estarán delante del altar de rodillas Arridias, Licanor, Dantea, Marfisa y acompañamiento. Y el ruido del terremoto no cesará hasta que se oiga la voz de Arridias.

Pag. 2

Música.

Vuestra Deidad propicia

oh Júpiter Supremo,

alivie nuestras dudas

inclinándose afable a nuestro ruego.

Ciérrase el paño con terremoto.

Licanor.

¡Qué horror!

Dantea.

¡Qué asombro!

Marfisa.

¡Qué pena!

Música.

Vuestra Deidad propicia

inclinándose afable a nuestro ruego,

príncipe nos señale

de los dos sucesores al imperio.

Arridias.

Ya Júpiter Soberano

promete famosos pagos

a vuestras dudas, vasallos,

pues advertid, como al tiempo

que vuestros ruegos le dicen.

Música.

Oh Dios tonante excelso,

en aromas de civa

con abrasado amor nuestros deseos

que tu Deidad propicia

inclinándose afable a nuestro ruego

príncipe nos señale

de los dos sucesores al imperio.

Arridias.

El aire turba con rayos,

la esfera asombra con truenos.

Licanor.

¡Qué portento!

Dantea.

¡Qué prodigio!

Voz detrás del ídolo.

Vuestro Rey será el cuerdo

en la escuela de Cupido

logre de Marte el empleo.

Licanor.

Feliz a la monarquía

tan grande día contemplo.

Cesa el rumor y en breve el templo.

Arridias.

Puesto que ya la respuesta

habéis oído, y del cielo

tenéis príncipe famoso,

que os gobierne feliz, quiero

como de Dios sacerdote

explicar a todo el pueblo

el oráculo divino,

que favorece al Rey muerto;

aunque el corazón no excusa

el forzoso sentimiento

viendo que adelante de aquí

Júpiter le niega el cetro.

La muerte de Segismundo

nuestro legítimo dueño

(que ya con los Dioses goza

el más descansado imperio),

quedó Clemente, su hijo

el mayor, por heredero

a la corona, a quien quiso

alevoso negarle el cielo

aquella luz que a los hombres

hace con entendimiento.

Quedó también Polidoro

hijo menor, mas supremo

Pag. 3

Capitán.

a Cleante en el valor

juicio, y prudencia, de extremo

a extremo en los dos pasando

lo prudente, y lo necio.

Viendo el Senado en Cleante

tan lastimoso defecto

a mi cuidado le fía

su educación, y el manejo

de su doctrina, porque

siendo incapaz del gobierno

se viese si le vencía

el natural, para el regio

y soberano dominio

la dirección de un Maestro.

Tres lustros habrá cabales

que con diferentes medios

mi cariño ha procurado

con estudio, y con desvelo

al Príncipe dirigir

labrando su entendimiento,

cuya dureza de mármol

no admite el buril, haciendo

resistencia a la impresión

que intentaban mis preceptos.

Considerándole indócil

y que es loco devaneo

querer que consiga el arte

contra el natural trofeos,

a Licanor que me atiende

gobernador del imperio

por su sobrino, di cuenta

y consultando a este tiempo

al Senado, determinan

(para sosegar el pueblo

dividido en pareceres,

unos de Cleante haciendo

las partes, que por mayor

quieren que rija el imperio

y otros dando a Polidoro

por más capaz el derecho)

que a Júpiter soberano

con sacrificios y ruegos

se obligue, para que declare

el príncipe que a los griegos

debe regir de los dos,

y así en aromas e inciensos

empezando el sacrificio

acabó nuestro deseo,

pues Júpiter obligado

nuestra petición oyendo

a las dudas satisface

y a Polidoro del cetro

hace digno; porque dijo:

vuestro Rey será el que cuerdo

en la escuela de Cupido

logre de Marte el empleo.

Y siendo en fin Polidoro

galán, valiente, y discreto,

señas fijas que el Dios sumo

aquí nos da, con pretexto

de que aquel en quien se hallaren

por nuestro Rey veneremos;

concurriendo en Polidoro

claro se ve que heredero

es de la corona, aunque

haya nacido primero

Cleante, cuando le niega

a este, lo que a aquel da el cielo.

Esta ha sido la respuesta,

este el misterio agorero,

este pues el vaticinio

del gran Júpiter supremo,

este el prodigio, el asombro,

la turbación, el inquieto

terremoto, y el presagio

más feliz, que en su acento

pudo dar a Polidoro

el tonante Dios excelso.

Licanor.

Y en mí no menos felice, Capitán,

pues la ambición de mi pecho

se alimenta en la esperanza

con que presumo que puedo

con Polidoro, a Dantea

mi hija casar, pues veo

Pag. 4

Licanor.

a su belleza inclinado

el príncipe ya ni el regio

esplendor, durará en mí

aunque me falte el gobierno.

Supuesto que tantas dichas

hoy gozamos, nobles griegos

vuestro rey es Polidoro,

y así para que del reino

sea común la alegría

caminad por el rey nuestro

para que en común aplauso

le jure todo el imperio.

Aparte

Dantea.

Ya con la imperial diadema

hoy a Polidoro pierdo.

Aparte

Marfisa.

Con este rey se baraja

de Dantea hermosa el juego

Licanor.

Arisdías, pues de Cleante

eres digno y fiel maestro

por él camina a palacio

para que al rey como a dueño

y señor la mano bese

con todos los grandes luego,

tú Dantea te retira.

Vase

Arridias.

Ya Licanor te obedezco.

Vase

Dantea.

Guardeos el cielo señor.

Vase

Marfisa.

Y a mí me libre de truenos.

Cúbrese el teatro de Grecia quedando el de Tebas en su lugar y salga Polinarda como asustada y sin acabarse de vestir y dice los versos siguientes mirando al vestuario.

Polinarda.

Prodigio soberano

que a mi altivez postras inhumano

suspende el rigor fiero

pues ves como de oírte triste muero,

no bastaba rendirme a tus engaños

cuando de tantos daños

libre mi ser se hallaba, sin que luego

(ya que el alma abrasaste con tu fuego)

en faustos vaticinios me prevengas?

¿Por qué, dime, así vengas

tus iras con estrago tan violento!

¿Cuándo dice tu acento?

A este verso aparecerá por un lado del teatro una mujer vestida al modo que pintan al amor, y dando vuelta al patio cantará lo que se sigue

Canta

Amor.

De Polinarda altiva

se rinda el duro pecho,

y pues siempre de amor

burló el sagrado imperio

arda, pene, gima, llore

suspire, sin remedio

y el más bárbaro monstruo

y el príncipe más necio

Pag. 5

Amor.

enseñado de Amor,

pues ya es su dulce objeto

postre, rinda, venza, humille,

supere sus extremos,

y de Amor Polinarda

sea el trofeo,

que así logra Cupido

sus vencimientos.

(Ciérrase la tramoya.)

Polinarda.

¡Inhumano rigor! ¡Fuerte violencia!

¿Por qué, deidad tirana, mi inocencia

(si de Dios apellidas el renombre)

castigas violentada? Pues a un hombre

que en sueños me mostró la fantasía

rindes la altivez mía,

y porque más me asombre tu venganza

promete tu esperanza

que monstruo, loco, riguroso, y fiero

mi pecho humillará, de pena muero.

Si culpa ha sido en mí no haber amado,

castigo era bastante haberme dado

objeto que postrase mi soberbia;

pues así la protervia

con que al amor menospreciaba firme

quedaba castigada; mas rendirme

(solo en pensarlo se desmaya el alma)

a tan fiero prodigio, es mortal calma,

es impiedad cruel, es rigor fuerte,

y es trocar por la vida, en fin, la muerte.

Sale el Príncipe de Tebas con un retrato y una carta.

Príncipe de Tebas.

Ya, hermosa Polinarda, efectuado

está tu casamiento deseado

con el de Rodas, príncipe famoso,

y ya con fe de esposo,

para que más estimes su fiel trato,

te envía su retrato.

Recíbele amorosa, y en tus manos

favores soberanos

goce el príncipe amando tu belleza.

(Toma Polinarda el retrato.)

Polinarda.

El alma ahoga una mortal tristeza,

y ahora más se perturba mi reposo,

pues veo que no es el que ha de ser mi esposo

el soñado sujeto por quien muero;

mas si bárbaro, monstruo, loco y fiero

mi altivez ha vencido,

muera mi corazón, destituido

de remedio, que no hay más cruel muerte

que a un loco sujetar mi infeliz suerte.

Príncipe de Tebas.

Triste estás, y sospecho

que algún daño me oculta tu real pecho.

Polinarda.

Pues el tiempo ha llegado

en que es preciso que de mi cuidado,

oh Ricardo, la causa te refiera

que me obliga a morir de esta manera,

un rato atento escucha

grave el mal, que con mi vida lucha.

De amor siempre burlé el tirano imperio.

Pag. 6

Polinarda.

teniendo por notable vituperio

el rendimiento de sus cautelas,

las flechas de su aljaba, despreciadas,

y sentido el rapaz niño, Dios ciego

de ver tan muerto en mí su aleve fuego

avivó las centellas, que apagadas

el corazón tenía sepultadas

y auiendo (ay triste) en tan feliz estado

a morfeo entregado

la dulce suspensión de mis potencias

esta noche en el sueño, intercadencias

sentí que padecía temerosa

el alma recelosa

del mal que prevenía a su descuido

el inhumano Dios niño cupido.

y en esta mortal calma

atiende a lo que vio sin vida el alma!

En phantástica ymagen, un mancebo

en mi ydea se forma, de quien febo

sus luzes participa

y por él sus auroras anticipa,

hablóme afable, y obligóme tierno

y yo que en un volcán, en un infierno

de Amor me imaginaba en su presencia

mutua correspondencia

le prometo a su amor, fiel, y constante

quedando el alma en mi como el que amante

toda la vida fue correspondido

mi alvedrío rendido

a la ydeada ymagen que me altera

cuya efigie en el alma reverbera.

asustada despierto y temerosa

neutral entre aflijida y amorosa

turbada dejo el lecho

y rompiendo la cárcel de mi pecho

dio tiempo en quejas, contra el Dios vendado

que de mí tan astuto se ha vengado

mas cuando ocupa el viento

la triste voz, que balbuciente aliento

al tiempo que llegaste se escuchaban,

suaves lyras, que así me amenazaban:

pues siempre, O Polinarda, con desprecio

has tratado al amor, será de un necio

rendida tu altivez; rigor tyrano!

y un bárbaro inhumano

siendo príncipe monstruo de locura

poseherá por castigo a tu hermosura

que así logra cupido su deseo

triumphando en tu soberbia por trofeo.

Ésta es hermano, mi infeliz suerte

y la causa por quien busco la muerte,

la ymagen que en el alma impresa miro

de amor está logrando el dulce tiro,

la sujeción a un monstruo me atormenta

y en tan cruel tormenta

el corazón zozobra temeroso

Pag. 7

Príncipe de Tebas.

ya con mi amor logrado mi deseo,

avisaré a Rodulfo, y la partida

a Rodas será breve, pues la vida

depositada tengo en Aristea,

hermana de Rodulfo, a quien desea

ver el alma dichosa

gozando posesiones de mi esposa;

que si a lograrlo llego

menospreciando al griego

mi valor sin segundo,

imagina triunfar de todo el mundo;

pues con la unión de Rodas, mi corona

el poder establece que la abona.

Polinarda.

Júpiter Soberano,

Príncipe heroico, rija vuestra mano

y a mi hermano y señor, da, que así muero,

me dé valor para vencer el fiero

rigor del vaticinio amenazado

que tanto mi quietud ha perturbado.

Príncipe de Tebas.

A Dios, querida hermana.

(Vase.)

Polinarda.

Guárdeos el cielo a vos.

(Vase.)

Príncipe de Tebas.

Y soberana

su piedad, de Rodulfo fiel esposa,

como deseo os haga tan dichosa.

Córrase al teatro de Tebas, volviendo a descubrirse el de Grecia con aparato de coronación de príncipe y al son de clarines y instrumentos de música se dirán dentro los dos versos que se siguen, y mientras se canta la copla irán saliendo, Marfisa, Daristea, Duque de Atenas, Licanor, Polizón y la compañía adentro.

Pag. 8

Dentro.

Voces.

¡Viva nuestro rey heroico!

¡Viva Polidoro invicto!

Música.

Y de sus altos laureles

publiquen los regocijos

la fama en su voz, y el aire

en sus ecos repetidor.

Licanor.

Lograd, señor, la corona

en paz los nestóreos siglos.

Polidoro.

¿Cómo mi hermano Cleante

ha faltado?

Licanor.

No ha podido

nuestra persuasión vencerle.

Polidoro.

¿Tan loco está?

Dentro.

Tarima.

¿Quién ha visto

otro mayor en el mundo,

di, señor, que tu delirio?

Dentro.

Arridias.

Ved, príncipe, que ultrajáis

así vuestro ser, a Venus...

Dentro.

Cleante.

Pues ¿hay más que no doblarme

porque no me ajen?

Sale Tarima.

Tarima.

Capricho

el más raro que jamás

en la edad se ha visto.

Duque de Atenas.

¿Qué alboroto es este?

Tarima.

Es

el príncipe que vencido

de las razones de Aridias,

para que asista benigno

al juramento del reino,

de aquel furor revestido

de su locura, o del diablo

(después de otros desatinos)

da en decir que en una caja

le han de entrar, y a escondidas

no podrán quitarle así,

para darle el dominio

que tiene en Grecia, juntando

a este, un tropel infinito

de disparates, pues dice

también, que estando embutido

allí, se libra de que

no pueda alcanzarle el tiro

de cierta mujer o bruja

que viene a matarle a tiros

por la posta; por lo cual

quiere, que como vestido

en la tal caja le encajen;

a que Aridias cuerdo dijo:

"Mirad, señor, que así ajan

vuestro ser", y él advertido

respondió, "pues no doblarme

porque no me ajen".

Sale Cleante haciendo extremos de loco, y Aridias tras él deteniéndole; lo más que se presente sea paseándose en cuerpo y sin sombrero.

Cleante.

¡Zafios!

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Cleante.

que en príncipes como yo

son las dobleces delito.

Tarima.

Y tienes mucha razón,

pues siempre, señor, he visto

que solo al que entierran doblan.

Repara en el cetro y corona

Cleante.

¡Qué bravo aparato! digo,

pues ¿para quién se previene,

maestro, tanto artificio?

Arridias.

¿No os dije que vuestro hermano

juraba el reino, y que quiso

que a la función asistieseis

para mostrar el debido

afecto con que os estima?

Pónese la corona

Cleante.

Pues ¿quién tan bobo os ha dicho

que soy yo? para admitir

contra preceptos divinos

juramento tan errado

como el que habéis prevenido?

¿No será mejor que yo

lo ocupe, pues merecido

lo tengo antes que no él?

Tarima.

Ya con eso habrás perdido

la memoria de la caja.

Vuelve a dejarla

Siéntase

Cleante.

Dices bien, Tarima amigo,

a encerrarme voy en ella

por huir de los malditos

Licanor y Asidrias, que

muy preciados de entendidos

dan en decir que soy loco

porque así gusto, no asisto

queriendo que a Polidoro

bese la mano, ya he dicho

que en la caja me he de entrar

por no oír sus cuentecillos.

Tarima.

Fin de la caja y el cuento.

Licanor.

¿Vuestra Alteza no ha advertido

que está delante el rey?

Cleante.

Pues, necio, ¿no habéis sabido

que aquí no hay más rey que yo?

Duque de Atenas.

El oráculo lo dijo

y a vuestro menor hermano

Polidoro, rey invicto,

el cielo dio la corona.

Levántase

Vuelve a sentarse

Cleante.

¿Y a mí me la dio algún indio?

Vosotros no le entendisteis

o el oráculo ha mentido.

Polidoro.

Vuestra Alteza se sosiegue

y advierta que, aunque he nacido

menor en edad, el cielo

hoy de la corona digno

me hace, menospreciando

su imprudencia y corto juicio

para el manejo del cetro.

Levántase

Cleante.

¡Qué gentil bachillercito

está el señor Polidoro!

¿No conocéis que es delito,

siendo vos menor hermano

como confesáis, que sitio

Jornada primera

Pag. 10

Riñéndole

Cleante.

me tratéis de esa manera?

Arridias, pues el sentido

del oráculo explicasteis

me le decid, por si explico

lo arcano de él, que de ellos

algo he de aver aprehendido

Arridias.

Vuestro Rey será el que cuerdo

En la escuela de Cupido

Logre de Marte el empleo

Dijo Júpiter divino

Paseándose

Cleante.

Qué buen intérprete sois

Venid acá majaderos

no veis que decir será

no es decir es o aver sido

Tarima.

Mejor distinción de tiempos

que una turba de latinos

Abrázale

Cleante.

Tarima, que te parece?

dame los brazos amigo

Tarima.

no aprietes mucho señor

Dios ponga en tus manos tino

Apte.

Dantea.

Qué galán, y qué imprudente

Arridias.

Ved, señor, que es desvarío

hacer semejante extremo

Paseándose

Cleante.

Pues qué? también es delito

que sea un Príncipe afable

con sus criados y amigos?

Apte.

Duque de Atenas.

Lástima es verle tan loco

(su mismo

nombre señalando)

Cleante.

Ah, que se me ha ocurrido,

Júpiter os dijo acaso

que Polidoro

avía

de ser el Rey escogido?

Arridias.

El más cuerdo Vuestro Rey

será solamente dijo

Señalando a Polidoro

Cleante.

Y vosotros ignorantes

de dónde habéis inferido

que el señor será el más cuerdo?

Alterado

Polidoro.

De mi proceder y estilo

más prudente que no el vuestro

Paseándose

Sosegado

Cleante.

Mirad que mal entendido

El oráculo tenéis

pues siempre a Arridias he oído

que el que discreto se juzga

El más ignorante ha sido.

Oiga el señor Polidoro

Un consejo que apercibo

a su estado, Ya que Rey

ha de ser pues es preciso.

no se precie de soberbio

abatiendo al desvalido,

porque siendo pauta el Rey

por donde mide advertido

El vasallo sus acciones,

Viendo esta línea en el typo

Pag. 11

Cleante.

torcida, es forzoso falte

el derecho, en lo medido

de las leyes al vasallo.

Y así para que en lo escrito

un bien pautado compás,

guarden todos; un poquito

baje la de la soberbia

porque hagan todos lo mismo.

Hace de ir y luego vuelve

Polidoro.

Oíd, Cleante, esperad.

Aparte.

Arridias.

De oírle estoy suspendido

en medio de su locura.

Cleante.

Esto Arisdias me lo dijo.

¿Qué queréis? No nos cansemos,

mientras yo estuviere vivo,

no ha de haber más rey en Grecia

que yo, y si el Dios os ha dicho

otra cosa, está engañado

o no advertisteis su auspicio.

Vamos, Tarima, y harás

que un oficial al prolijo

traiga la caja, que quiero

encerrarme.

Vase.

Tarima.

¿Habráse visto

temar más desatinado?

Polidoro.

Con sus locuras me irrito.

Tarima.

Quiero los pasos seguirle

puesto que el humor le sigo.

Vase.

Dantea.

¡Qué lástima!

Arridias.

¡Qué dolor!

Marqués.

El buen príncipe ha creído

que es dulce, pues quiere caja.

Duque de Atenas.

Nunca más loco he advertido

a Cleante.

Polidoro.

Pues no hay forma

de reportarle, y ya miro

que la nobleza cumplió

sus afectuosos designios.

Solo resta para el colmo

de mis dichas, que benigno

Licanor, permiso dé

para que el hermoso hechizo

de mi prima, con su mano

(siendo común regocijo

de mis vasallos) corone

las dichas que me apercibo.

Aparte.

Duque de Atenas.

¿Qué escucho? ¡Válgame el cielo!

Ya la esperanza en que vivo

murió con tan fiero golpe.

Aparte.

Dantea.

Ya mi corazón rendido

logró feliz su ventura.

Aparte.

Marqués.

Ya los pájaros del nido

se le volaron al duque.

Aparte.

Arridias.

Ya de Cleante he temido

los ultrajes que le esperan.

Aparte.

Licanor.

Ya yo logré mis designios,

casando el rey con Dantea.

De las honras que vecino

Pag. 12

Licanor.

Señor, de vuestro poder

estoy tan desvanecido,

que de mi alegría solo

hago a mi afecto testigos.

Ya, señor, Dantea es vuestra.

Aparte.

Duque de Atenas.

De celos rabio.

Descúbrese un mar y en él Polinarda en un bajel que se va a fondo.

Polinarda.

Cielos, que me anego, dadme,

sagrados dioses, auxilio.

Clemencia, favor, piedad.

Polidoro.

Escuchad, ¿no habéis oído

lástimas que allí fluctúan,

cuando aquí glorias deciros?

Arridias.

Allí peligra un bajel

entre escollos dividido.

Ciérrase la tramoya.

Polinarda.

¡Ay de mí!

Licanor.

De mujer son

los lastimosos gemidos.

Vase.

Polidoro.

Mi piedad a socorrerla

acude en tanto peligro,

y mis bodas se suspendan

hasta después.

Aparte.

Vase.

Duque de Atenas.

Este alivio

aliente mi corazón.

Al Rey, que empeñado miro,

mi valor ayude.

Vase.

Licanor.

Y yo,

a vos y al Rey os asisto.

Vase.

Arridias.

Ya es este empeño de todos.

Vase.

Polinarda.

Mi piedad nunca ha sufrido

estar ociosa, y más viendo

que es mujer la del conflicto.

Marfisa.

Pues yo he de quedarme aquí

porque el poeta lo quiso.

Lindo rato me prometo,

que Tarima hacia este sitio

viene solo, y ha de hablarme.

Disimulo.

Sale Tarima.

Tarima.

Pues dormido

quedó Cleante en su tema

de la caza entretenido,

a entretenerme también

con Marfisa otro ratillo

me trae mi cuidado, pero

tente Amor, que allí la acato,

y soliloqueando está.

Marfisa.

Muy grave, que no le he visto,

quiero fingir.

Tarima.

¿Qué hay, Marfisa?

Marfisa.

¿Cómo con grosero estilo

así trata tan humana

de mi cielo lo divino

vuestra lacayuna lengua?

¿Y vuestros pies atrevidos

como del sol los umbrales

pisan?

Pag. 13

Tarima.

Quedito, quedito;

que lo deje, pues con pies

y lengua alzáis el chillido,

que vuelto enojo mondongo

habrá de dar con el mío.

Marqués.

¡Qué grosería!

Tarima.

Mirad

que vuestro desdén altivo

me abochorna, aunque contemplo

ese cielo tan esquivo

que de lo que fue primero

está tan desconocido.

Marqués.

Mis vencimientos, mis iras,

a tan loco barbarismo,

a atrevimiento tan grande,

solo le dan por castigo

el desprecio que merecen

vuestros ciegos desvaríos.

Tarima.

Escollo armado de yedra

yo te conocí edificio.

Marqués.

Agradeced a mis iras...

Hace que se va.

Tarima.

Ya yo estoy agradecido,

y pagada vos quedáis,

pues que no os obligo fino:

¡ay de mí, en tanto tormento!

Valedme, cielos divinos,

que todo un infierno traes

por un amor a quien brindo;

en fin, de vuestro despego

llevo el corazón hendido.

Marqués.

Tened, tened, que me ablando

tanto cuanto, que compasivo

mi amor os dará el remedio

cuando os vea más partido.

A ella.

Tarima.

Tarima, de tu reloj

de faldriquera advertido

detén la mano, que aunque

señale, no des en fijo

con este encuentro un azar

porque tus cuartos perdidos

harán a muy pocos golpes

que desbarate el bolsillo.

Solo con ese favor

Marqués.

no se da por entendido.

Tarima.

Voy ufano, y temeroso.

Marqués.

Decid, ¿por qué?

Tarima.

Porque he visto

si de vuestro amor me llevo

el oro de un cariño,

logrando tales favores

se deshará con dos giros.

Marqués.

¿Sois portugués?

Tarima.

No, pues que a esa

galante no me derribo.

A Dios, Marquesa, y después

nos veremos.

Marqués.

No lo admito.

Tarima.

Yo aseguro que querréis.

Pag. 14

Vase.

Marqués.

Si con poco punto envido,

qué socarronazo ultraje,

Fátima, la suerte me hizo.

Sale Polidoro con Polinarda en los brazos como que vuelve de un desmayo.

Polidoro.

Ya todo el cielo en mis brazos

la luz que perdió recobra.

Polinarda.

¡Ay de mí!, ¿qué nuevo clima

es este? donde en congojas

peligra sin vida el alma

y todo el valor zozobra.

Polidoro.

Hermoso prodigio, ya

estáis libre.

Polinarda.

Generosa

vuestra piedad, y me empeña

a obligaciones forzosas.

Aparte.

Polidoro.

En mi vida vi hermosura

mayor, la atención me roba.

Quejoso señora estoy

de vuestras luces hermosas,

pues cuando aquí el valor mío

libraros de un riesgo logra,

ponen en otro mayor

mi vida, y es cautelosa

invención, quitarla cruel

a quien hoy la vuestra cobra.

Polinarda.

Caballero, agradecerla

y a vuestro valor deudora

me confieso, no malogréis

acción tan bizarra, locas

ficciones, que más ofenden

que obligan, y si aquí ahora

no os pago esta acción, creed

que es cortedad de la poca

suerte mía, y no saber

a qué clima la derrota

de mi fortuna ha traído

a una infeliz.

Polidoro.

No, señora,

infeliz se llame quien

tanto de divina goza,

con tanto imperio en las almas,

en prenda vuestra persona.

Aparte.

Polinarda.

Válgame el cielo.

Aparte.

Polidoro.

Se halla

(porque yo me pierda, y toda

el alma la entregue) y deste

imperio, la real corona

a su invicta frente ciñe

quien del riesgo os libra.

Aparte.

Polinarda.

Sorda

de los dioses la clemencia

a mi enemigo me arroja.

¡Ay príncipe mío, ay hermano,

qué caro os cuestan mis bodas!

Salen Licanor y Dantea por una puerta, el duque y Arsidias por otra.

Arridias.

Por aquí nuestro rey vino.

Licanor.

Allí mi atención le nota.

Pag. 15

Aparte.

Dantea.

¿Qué miro? ¿De Polidora

está el alma recelosa?

Todos.

Denos Vuestra Majestad

los pies.

Aparte.

Polidoro.

Oh, cómo malogran,

mi suerte con su venida.

Duque de Atenas.

Vuestra Majestad heroica

tanto se empeñó en su alivio,

que su piedad ventajosa

a todos se anticipó.

A Polinice.

Polidoro.

Y mi suerte tan dichosa

fue, que pude recobrar

las apagadas antorchas

de ese cielo.

Aparte.

Dantea.

Y de mis celos

soplar el fuego que brotan.

Aparte.

Polinarda.

Los dioses tanto favor

os paguen; fingir importa

y disimular quién soy.

Dantea.

Pues que ya de la forzosa

pena del susto, estáis libre,

(si acaso no os desazona)

de vuestro infeliz naufragio

la causa decid.

Polinarda.

Ya prontas

os responde mi obediencia,

y así, vuestra atención oiga.

Mi patria es Thebas, mi nombre

infelice Artemidora,

y de los blasones que

a mi sangre generosa

hacen ilustre en mis venas,

el que más me atormenta

es el ser viuda de Ricardo,

que ya infelice le llora

el alma, príncipe heroico

de aquella imperial corona.

Con la princesa Aristea,

del gran Rodulfo de Rodas

hermana, su casamiento

iba a efectuar la heroica

presurosa diligencia

de su amor, y mi persona

llevaba en su compañía

para que mejor su esposa

fuese asistida, y así,

con aclamación gloriosa

de sus vasallos, al mar

entregó sus amorosas

esperanzas, fiando al aire

todo el placer de sus glorias,

mas como de la fortuna

las disposiciones todas

dependen, quiso mudable,

ultrajando sus victorias,

lograr en él sus trofeos;

y dispuso, que horrorosa

una tormenta Neptuno

moviese en sus verdes ondas,

donde el bajel, fluctuando

que entre peñascos zozobra,

dividido, perecieron

todos los que a mi persona

asistían, y Ricardo

(¡aquí el valor se me postra,

aquí el corazón desmaya,

y aquí el alma entre congojas

mortales ansias padece

que en justo llanto la ahogan!)

procurando mi bajel

socorrer, entre las olas

halló sepulcro infeliz

de su valor. La animosa

acción bizarra, y los dioses

(no sé con qué fin) piadosa

conmigo su omnipotencia

permitieron que dichosa

ya, mi desdichada suerte

lograse la vana gloria

de confesar que la vida

debo a la piedad heroica

de vuestro Rey, que galante

me libró su generosa

bizarría, por que así,

aunque los hados me arrojan

a Grecia, donde con Thebas

Pag. 16

Polinarda.

La enemistad forzosa

por los sangrientos empeños

que alteran estas coronas

halle en mi enemigo pecho

valido que me socorra,

amparo que me defienda

y auxilio en tantas congojas;

porque así de mi fortuna

la inestabilidad que postra

mis blasones, con su diestra

corte, rinda, venza, y rompa.

Aparte

Aparte

Polidoro.

Aunque los agravios hechos

por Ricardo a esta corona

pudiera vengar en vos,

con todo, me muevo a obrar

vuestras desdichas, y así

a la suerte rigurosa

vuestra atendiendo, y no a injurias

que justamente me enojan

(no es, sino amor que un me mueve

con que me cautiva hermosa)

en Grecia os quedad, y haré

que sea vuestra persona

asistida con cuidado

hasta que el cielo disponga

que a vuestra patria volváis,

no permita Amor tal cosa.

Dantea.

Con tanto en mi compañía

os quedaréis.

Polinarda.

Ya es lisonja

del hado, con tal favor

mi infelicidad dichosa.

Aparte

Dantea.

Teniéndola aquí conmigo

me aseguro recelosa

de la extranjera, y del Rey.

Polidoro.

Y basta que de Artemidora

sepan el suceso en Tebas

y también al punto a Rodas

se avise, porque mejor

la asistan, Dantea hermosa

será bien que se suspenda

el placer de nuestras bodas.

Aparte

Duque de Atenas.

Bien haya amor, pues así

tan grande alivio en mis ansias.

Aparte

Licanor.

De esta suspensión, no sé

qué sienta.

Aparte

Aparte

Dantea.

Yo estoy celosa.

Vuestro gusto, gran Señor

debo ejecutar forzosa.

Válgame el cielo, por mar

y cómo aguaste mis glorias!

Polidoro.

Retiraos a descansar

pues soy tan feliz que logra

mi amor vuestra compañía.

Ya podéis, Artemidora,

conmigo venir.

Polinarda.

El cielo

pague acción tan generosa.

Aparte y yéndose mirándola

Vase con Lican y asisten

Polidoro.

Júpiter os guarde a todos.

Los sentidos, turba, y borra

de Dantea los cariños

deshaciendo sus memorias.

Polinarda.

Guarde os el cielo Señor.

Vanse por otra puerta

Dantea.

El alma llevo dudosa.

Vase y se da fin a la Jornada

Fin de la 1ª Jornada

Duque de Atenas.

¿Qué a mi amor siempre Dantea

se haya mostrado tan sorda?

Plegue a su Deidad sagrada

que los favores que goza

del Rey, los convierta en odio

pues así mi muerte forja.

Jornada segunda

Pag. 17

Sale Cleante asustado, con la espada en la mano, y Fátima tras él, entran por una puerta y salen por otra

Cleante.

Entra, Fátima, conmigo;

anda aprisa, no me alteres.

Fátima.

¿Con qué fin, señor, me traes

antes que la aurora empiece

a reír de tus locuras,

a que aquí rabie de verte

mi sueño hacerle estas muecas,

que aunque el pobre harto lo siente

nunca su mal siente harto

desde que das en ser duende?

Cleante.

Ven acá, ¿tendrás valor?

Fátima.

Si a mí el valor no me tiene

imposible será que

yo le tenga.

Cleante.

¿Pues qué temes?

Fátima.

Que es el valor peso grande

y puede ser, si me vence

la carga, que caiga presto

y con ella me derrengue;

mas con estas prevenciones

y tan temprano, ¿qué quieres?

Cleante.

Que tú, y los dioses me ayuden,

pues intento defenderme

de una mujer que matarme

en este sitio pretende.

Fátima.

¿Qué mujer? ¿Estás en ti?

Mirando a todas partes asustado.

Cleante.

Mira, mira bien si viene.

Fátima.

¿Luego también tienes miedo?

Cleante.

Pues, ignorante, ¿qué tiene

mi corazón más que el tuyo

cuando el temor le acomete?

¿No son de una especie todos?

Fátima.

Más que el mío, si lo adviertes,

tiene el tuyo, y mucho más.

Cleante.

Pues ¿qué más de temer puede?

Fátima.

Miedo que no puede más;

y juzgaba yo que reyes

como tú de tu capricho

a nadie temen ni deben.

Cleante.

Oye, porque mi madrastra

Arsidias no nos aceche,

cierra esa puerta, y verás

que con justa causa teme

mi corazón alterado.

Aparte.

Fátima.

Cierro, y que con míos cierre

su locura será bien,

porque no hay quien le sujete.

Embaina la espada.

Cleante.

Escucha pues mis temores,

sabrás cómo impertinente

Pag. 18

asustado mirando al paño

Cleante.

todas las noches un sueño

da en molestarme de suerte

que me obliga a no dormir

por hacer que así me deje

y como Arsidras al punto

tan cruel me reprehende

referírsele no quiero

porque luego impertinente

me dice, que mis locuras

le matan, y nunca cree

que no le acaban sino es

sus decrépitas vejeces.

Una mujer muy hermosa

(que al verla, no sé qué siente

el alma, entre gozo y penas

dudosa) a matarme viene

tan amigable enemiga

que cuando me da la muerte

entonces la vida cobro

haciendo así, que en mí cesen

mis fortunas infelices

(mira no vengan) atiende

después (este es vano achaque)

a mi juicio le parece

que estoy muy cuerdo, y entonces

se me aflige, duda y teme

el corazón, y alterado

fuera de su centro quiere

Cleante.

hallar el alivio, porque

aunque en su centro le tiene

él le destierra el alivio

que en su bien le previene,

ven acá, ¿tú acertarás

a explicar este accidente?

Fátima.

Si no le das más substancia

imposible es que yo acierte

Cleante.

Pues oye, esta tal mujer

la traigo en la idea siempre

conmigo, y suele decirme

monstruo fiero, ¿cómo vences?

cogiendo el verso de Cleant. sale Polin.

Polinarda.

¿cómo vences monstruo fiero

de mi fortuna, la fuerte

altivez mía

repara en Polinarda y huye fu rioso, diciendo ya dentro el úl timo verso

Cleante.

¡Ay de mí!

¿No te dije bien? mi muerte

es cierta, tenla Fátima

vee adelante que va huyendo y se desmaya

Polinarda.

¡Altos Dioses socorredme!

mi muerte infeliz llegó.

Fátima.

¡Ay, Señores! ¿que mi suerte

me haya traído a ver esto?

¿Qué es lo que aquí me sucede?

volviendo del desmayo

Polinarda.

¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?

¿Vela el corazón, o duerme?

¿Aquí el objeto no estaba

de mi amor? Es evidente,

pues que postrado el aliento

Pag. 19

Polinarda.

vencida de un accidente

zozobró el alma en desmayos

al tiempo que pude verle,

pues ¿cómo agora, ¡ay de mí!,

tan presto desaparece?

(Aparte.)

Tarima.

Porque es cosa de tramoja

cuanto aquí, señor, ofrece;

por el paso en que me hallo

que esta o mi amo son duendes.

Reina mía, pues que no

os molesta el responderme

decidme, ¿con qué ocasión

vuesa merced, señor, viene

a desmayarse, sin más

ni más, porque mi amo piense

que viene a matarle, cuando

vusted de verle se muere?

Polinarda.

La inclemencia de los hados

a esta provincia previene

arrojarme, mas Dantea,

piadosa, favorecerme

dispone, y, en compañía

suya (logrando la suerte

que en tan adversa fortuna

el cielo quiso ofrecerme)

a quejarme de mis males

salía, porque no duerme

quien como yo sin remedio

tantos tormentos padece.

(Aparte.)

Tarima.

Otra loca en la baraja

tenemos, a mí me quemen

si esta y Cleante no están

tocados de un accidente.

Polinarda.

Y decidme vos, ¿qué causa

a vuestro dueño le mueve

para huir cuando yo vengo?

Tarima.

Mejorando lo presente,

ser orate como vos

y dar en decir que teme

a una mujer, que matarle

en este sitio previene.

(Aparte.)

Polinarda.

Asustado el corazón

a vuestras razones atiende.

Y vuestro dueño, ¿quién es?

Tarima.

No será fácil que acierte

a definirle, escuchad,

os haré un resumen breve

de su vida y sus milagros

por ver si acaso así pueden

explicarse mi talento

y vuestro juicio entenderle.

Es mi amo, mas no es,

y no os espante que empiece

por un sí es no es, que uno

en decir quién es meterme

quisiera, y no está mi gana

un sí es, no es, de esto huye;

en fin es un disparate,

pues cabeza ni pies tiene,

y este en él es su ser todo,

pues por disparate bebe,

anda, triunfa, viste, calza,

vive, come, cena, duerme

con muchísimo reposo

y sin que nadie le altere.

Es príncipe de este reino

el mayor, pero su suerte

por loco de la corona

le priva, mas cuando quiere

es rey, es emperador,

es duque, es marqués, y suele

hacer con sus disparates

cosas que aturde la gente.

Al sastre hizo ayer sentar

a la mesa, y que comiese

con él, pero muy mirado...

Pag. 20

Tarima.

hace que todas las veces

que le calza un zapatero

se cubra, y con él se siente,

porque da en que los oficios

estimarse en mucho deben,

pues en el mundo, sin ellos,

vivir, ni andar bien se puede,

son en fin de mucho punto

y así es bien que los venere.

Y a un paje del Rey, porque

no hincó la rodilla al verle,

por un balcón arrojó,

y porque cantando suelen

los músicos divertirle

tal vez; mandó que los entren

en prisiones, y al instante

que los pájaros le suelten

hizo; fundado en decir

que estos libertad merecen

porque cantan sin templar,

y aquellos es bien que penen

enjaulados, porque allí

la cabeza no le quiebren.

Éstas y otras muchas cosas

califican su caletre

por lo cual, bárbaro, monstruo,

fiero, loco, y imprudente

le llaman todos, y en prueba

es el coco de la plebe:

esto es en suma mi amo.

Si otra cosa usted no quiere

Quedase como suspensa.

Polinarda.

¡Yo muero! Deidades sacras,

¿por qué permitís que vengue

y con tal rigor sus iras

ese niño dios ardiente?

Dentro.

Porque conozcas tu error

y que los hados no mienten,

cuando del amor más huyes

más próximo se te ofrece.

Tarima.

Ya el rey se sube, que va

que otro desmayo nos viene.

Al paño.

Cleante.

Vistiéndose aquí mi hermano

sale, y porque no me encuentre

huyo de él; ¿si se habrá ido

esta mujer que así vence

mi corazón temeroso?

Mas la que allí está parece...

Polinarda.

Si así me quitan la vida

para darme tan cruel muerte,

cielos divinos, ¿no fueran

mejor, que sepulcro lóbrego

sido el mar de mis desdichas,

que ultrajarme de esta suerte?

Dentro.

No, Lisandra, de sus flechas

cuando te rinden te alejes,

pues si no sabes morir

deja que el amor te enseñe.

Al paño.

Arranca la espada.

Cleante.

¡Vive Dios que no sé qué...!

pero ¿mi valor qué teme?

Tarima.

Ya que es infame; a ver voy

dónde se halla o se pierde

mi amo con vuestra licencia;

mas vive el cielo que vuelve.

Al empezar la música esta copla sale Cleante por detrás de Polinarda con la espada desnuda huyendo, y cuando la ve la cara se suspende y ella queriendo huir hace lo mismo, y Farín dice corriendo por el tablado estos dos versos que se siguen = no ha de cesar la representación mientras dura la música.

Huyendo.

Tarima.

Muerto soy; Baco mi alma

entre sus pámpanos lleve.

Dentro.

Victoria por el amor

publicar al punto puedes,

pues sus preceptos te abonan

la ignorancia que así pierdes.

Cleante.

Mujer que así... ¡mas qué es esto!

¿Quién las acciones suspende?

Polinarda.

¡Detén, fiero monstruo! Cielos,

¿quién helada me detiene?

Pag. 21

Suspensos como admirados

Polinarda.

¡Oh, Príncipe!

Cleante.

¡Oh, Señora!

Tarima.

Oigan que de buen paso aqueste...

Aparte y mirándose

Cleante.

No vi en mi vida belleza

que a esta igual me pareciese.

Aparte

Polinarda.

Solo al joven y deidad

siendo él competirle puede.

Cleante.

¡Qué hermosa! A mis potencias

el ser robó que posee.

Polinarda.

¡Qué galán! Que al albedrío

ya todo el dominio tiene.

Tarima.

¡Ah, señor! Viven los cielos

que de menguante a creciente

juzgo se ha vuelto tu luna

con la conjunción presente.

Cleante.

Ay, Tarima, yo me muero;

qué dulce veneno es este

que abrasa como que yela

y yela como que enciende.

Tarima.

Ese es el caldo de zorra

como tres y dos son siete.

Aparte

Polinarda.

¡Cielos! ¿Qué escucho? Ya el alma

oyéndole cuerdo asiente.

Dentro

Música.

Ya los hados su firmeza

en ti, Lisandra, experimenten,

y pues de ti el amor triunfa,

viva en su imperio quien vence.

Sale Polidoro solo y se queda al paño, sin que le vean los que están fuera.

Polidoro.

No canten más, que mis males

con el alivio se ofenden;

ay, hermosa Artemidora,

a quejarme solo a este

sitio, de tu ingratitud

me trahen las luces que viertes;

pero acá, allí está Cleante

y a quien he visto, feliz suerte,

el dulce imán que me arrastra.

Tarima.

Hombre, mira que te pierdes.

Cleante.

Hermosa, bella deidad

cuya hermosura suspende

toda el alma, que rendida

en sacrificios te ofrece

amante mi corazón.

Al paño

Polidoro.

¿Qué escucho? Encanto parece.

¡Aún un ignorante habla!

Cleante.

A tu belleza le debe

mi ser el ser, pues por ti

logra nuevo ser que adquiere,

renaciendo en mil dichas,

las luces que me previenes;

mas no admiro que feliz,

otro de el que he sido, hacerme

quieras cuando en ti contemplo

una deidad que venere

el corazón, porque así

se vea que hacerme puedes

de nuevo, dándome vida,

pues tanto de diosa tienes.

Pag. 22

Aparte.

Polinarda.

Albricias, corazón mío,

este ha sido el inconstante?

Polidoro.

Válgame el cielo, si acaso

estará ya cuerdo este

o será de su locura

algún variable accidente.

Polinarda.

Ya de quien sois informada,

cuidadosa el alma atiende

si vuestras razones son

tan advertidas, que dejen,

quieto el ánimo, de quien,

de vos recelosa, atiende.

Aparte.

Al irse ve a Polidoro y vuelve a hablar a Cleante como en secreto.

Tarima.

Perdido soy si a mi amo

lo que le conté dijese,

quiero escaparme; mas ay

que Polidoro aquí viene.

Señor, señor, mira que

tu hermano te escucha.

Aparte.

Alterado, fingiéndose loco.

Empuña la espada y se pone junto a Tarima.

Cleante.

Deme

el favor mi industria aquí,

para que nada sospeche

de mí si acaso me oyó.

Qué? mi valor probar quieres

di, Tarima? La señora

juzgó por Marte coronarme,

ayúdame tú, y di luego

que vengan los que quisieren.

Tarima.

Ya llenó la luna, a Dios.

Aparte.

Polinarda.

Qué poco duró mi suerte.

Sale.

Polidoro.

Ya otra vez está furioso,

y sospechoso me tiene

averle tan cuerdo oído

y ahora tan necio verle.

quiero salir, por que solo

con la extranjera me deje,

de las luces que atesora

vuestro cielo, gira el sol

a buscar amante el sol.

Vengo vuestro Artemidoro.

Aparte.

Tarima.

Bercebú te trajo aquí,

ahora sí que ay fiesta doble.

Polinarda.

Siempre vuestro pecho noble

me honra gran señor así.

Polidoro.

Por divina lo granjeáis.

Loco.

Cleante.

Pues qué? los reyes también

sin saber cómo o con quién

en galanteadores dais?

Polidoro.

Quién os mete a vos en eso?

Cleante.

Yo, que puedo reprehender

lo que no debéis hacer,

cuando me parece exceso.

Polidoro.

Ved, que delante de mí

estáis.

Cleante.

Gentil advertencia,

acaso vuestra presencia

más que yo supone aquí?

Polidoro.

A no mirar que ignorante

Cleante.

Tened señor Polidoro,

no así con vuestro desdoro

hableis cuando estoy delante.

Pag. 23

Cleante.

Norma, que a todos enseñe

la lengua ha de ser del Rey,

porque siendo en ella ley

que enseña a hablar, no despeñe

nadie su mal proceder

en palabras, mas pues vos

tan poco enseñáis, por Dios

que Rey no debéis de ser.

Demás, que si a vuestro hermano

así tratáis, es corriente

que con vos hará la gente

lo mismo, pues está llano

que el que a su hermano, aunque necio,

desprecia, a sí mismo ultraja,

pues tanto en él su ser baja

cuanto sube su desprecio.

Aparte.

Polinarda.

¿Es posible que le den

por ignorante a este hombre?

Aparte.

Polidoro.

Ya es razón que yo me asombre

de oírle tan cuerdo. ¿Quién

tan bárbaro y desatento,

mueve esa lengua atrevida?

Paseándose.

Cleante.

Por Dios que a risa convida

vuestro injusto sentimiento;

de un ignorante, no ofenden

las razones mal fundadas.

Tarima.

Ira de Dios, cuchilladas

son estas que a un mármol hienden.

Polidoro.

Cuando de malicias llenas

se pronuncian, castigarse

deben, oye, o no escucharse.

Cleante.

De vasallo al Rey, las venas

no tienen fuerza al castigo.

Polidoro.

¿Quién es el Rey?

Poniendo mano a la espada.

Cleante.

Quien lo fuere,

y entended si os ofendiere

que yo soy. Él que lo digo.

Polidoro.

Ya con vuestras necedades

me cansáis más, y pensad

cuanto más loco que estáis

muy colmado de verdades.

Cleante.

Pues qué, ¿no queréis oírlas?

Vase despacio.

Polidoro.

Más acertado es dejaros

que inadvertido escucharos.

Vase por otra puerta.

Cleante.

Hacéis bien, yo he de decirlas,

que aquí estéis, o que no estéis,

y otra vez si os reprehendiere

lo que mal me pareciere,

no así hermano os alteréis.

Vase.

Tarima.

¡Zampose! Al buen Rey postizo

le ha echado el agua cociendo,

por Dios que me voy yendo

de este juicio pegadizo.

Vase.

Polinarda.

Cielos, pues que permitís

tal castigo a mi inocencia,

dadme en mis males paciencia,

pues tantos me prevenís.

Correse el teatro de prisa volviéndose en su lugar el de Thebas, y el Príncipe se descubra sentado y de luto.

Pag. 24

Príncipe de Tebas.

Ya con tantos sentimientos

mi vida infeliz acabe;

cuando lloro de mi hermana

el funesto, y miserable

fin, que en el mar su desdicha

previno a su fe constante,

me avisan que en mis fronteras

del griego se ven triunfantes

los pendones, con que eclipsa

la luz de mis estandartes

y al mismo tiempo, y de todos

me escriben, como al instante

que de mi hermana, Rodulfo

supo el caso lamentable

a un parasismo rendido

entre accidentes mortales

pasó a gozar con los Dioses

la luz que eterna reparten;

ojalá que yo en el mar

de Polinarda en el lance

la vida hubiera perdido

para que así, tantos males

acabaran de una vez

con mi fortuna inconstante.

Sale el Alcaide.

Alcaide.

Deme vuestra Majestad

los pies.

Príncipe de Tebas.

Del suelo levante

Lidoro la lealtad vuestra.

Alcaide.

Al castillo donde alcaide

soy, por honra que me hicisteis,

llegó, Señor, ayer tarde

un prisionero de Grecia

y dando señas bastantes

dice, que a la Real persona

de vuestra hermana (que guarde

Júpiter, para consuelo

nuestro, y de vuestros leales

vasallos) en una tabla

arrojaron las voraces

furias del mar, y que está

prisionera en Grecia.

Príncipe de Tebas.

Dadme

Lidoro por tales nuevas

los brazos.

Alcaide.

Y vigilante

mi cuidado, luego al punto

(porque no se os dilatase

este placer) por la posta

vine a avisaros.

Príncipe de Tebas.

Bastante

premio os dará mi atención,

pues no hay mal que me acobarde

estando viva mi hermana.

Lidoro, mi amor os hace

de la fortaleza dueño.

Disponed pues al instante

que con la gente que encierra

y la que también se hallare

alojada, con la que

hay en las fronteras, marche

un ejército lucido,

para que así se restaure

toda la luz de mi imperio

que al griego alumbra, y de Marte

los laureles vencedores

mis regias sienes enlacen.

Alcaide.

Vivan los años del fénix

Señor por honras tan grandes.

Príncipe de Tebas.

Por Teniente General

iréis de la armada.

Alcaide.

Atlante

del valor y la prudencia

más que Alexandro, reparten

los premios con los honores

vuestras manos liberales.

Príncipe de Tebas.

Ejecutad pues el orden.

Alcaide.

Yo iré a prevenir las naves,

para triunfar de enemigos

el cielo Señor os guarde.

Vase.

Príncipe de Tebas.

Rayo he de ser desatado

de las esferas de Marte,

porque las banderas griegas

ajando sus tafetanes

sirvan de alfombra a mis pies

para que el mundo me aclame.

Vase cubriéndose el teatro de Thebas, y en el de Grecia salga Polidoro solo.

Polidoro.

Mal sosiega un desdichado,

no hallando a su mal remedio,

pues siempre cualquiera medio

multiplica su cuidado.

Dígalo yo, que vendido

al amor de Artemidora,

a quien firme el alma adora

de el de Dantea ofendido,

me hallo, y cuando al dolor

de verme de aquesta amado,

y de aquella despreciado

busco el remedio, mayor

hago al corazón la herida,

siendo en tan adversa suerte

si vida en la una mi muerte,

muerte en la otra mi vida.

Mas Artemidora, ¡ay cielos!

sale a esta cuadra, ocultarme

quiero aquí, porque al mirarme

no se vuelva, y mis desvelos

multiplique con su ausencia.

Retírase al paño y sale Polinarda sin verle.

Polinarda.

¿Por qué Dioses soberanos

rigores hoy tan tiranos

prevenís a mi inocencia?

Mi mal no basta, ¡ay de mí!

sin que también Polidoro...

Polidoro.

Mi nombre en su labio, y ¡qué

dicha!

Polinarda.

intente...

Sale Polidoro.

Polidoro.

Adoraros

solamente, y publicar

que nadie puede aspirar

más que a la gloria de amaros.

Polinarda.

Hado cruel, gran Señor

vuestro favor liberal

me asombra de suerte tal

Pag. 25

Polinarda.

me confieso, mas si así

queréis pagarme aquí,

ved, señor, que se desdora

de vuestra acción lo galante,

y si así cobrar sabéis,

excusar, señor, podéis

hacer bien de aquí adelante.

Dantea.

Solo es el Rey quien me ofende.

Licanor.

Solo es traidor Polidoro.

Polidoro.

Y a ciego amante os adoro,

que a nada mi amor atiende.

Dantea.

¡Ah, traidor!

Polidoro.

De tanto fuego...

Licanor.

¡Ah, Rey ingrato!

Polidoro.

La nieve

de vuestras manos...

Dantea.

¡Ah, aleve!

Polidoro.

mitigue el ardor...

Licanor.

Yo llego.

hace que le va a tomar la mano

Polinarda.

Mirad, señor,

Sale Dant.

Dantea.

Ya faltó

al sufrimiento paciencia.

Sale Lican.

Licanor.

Ya el sufrimiento es violencia,

pero ¿quién está aquí?

Dantea y Licanor.

Yo.

Polidoro.

¡Oh a qué mal tiempo llegaron!

Polinarda.

¡Oh a qué buen tiempo vinieron!

Polidoro.

¿Si acaso amante me oyeron?

Polinarda.

¿Si acaso fiel me escucharon?

Dantea.

Mas mi padre entra conmigo.

Pag. 26

Ap.

Licanor.

Conmigo llegó Dantea

Ap.

Dantea.

Que esto mire?

Ap.

Licanor.

que esto vea?

Ap.

Dantea.

¡Ah, infiel amante!

Ap.

Licanor.

¡Ah, enemiga!

a Polidoro

Dantea.

Si viniera Señor Juzgado

en vos esta ocupación

Recatada mi atención

a estorbar no hubiera entrado

turbado

Polidoro.

Yo señora

Licanor.

Hija Dantea

retírate, porque tengo,

en un negocio a que vengo,

que hablar al rey

Ap.

Dantea.

Porque sea

la cólera de mis celos

mayor, el cielo permite

que ahora mi padre me quite

esta ocasión

Ap.

Polidoro.

Por los cielos

soberanos que ha llegado

a recelar mi valor

Dantea.

Ya os obedezco señor

Ap.

Polidoro.

Que no hubiese yo cerrado?

Dantea.

Artemidora conmigo

venid

Polidoro.

El cielo señora...

Dantea.

Ya, ya, lo sé, Artemidora.

Polinarda.

De mi inocencia es testigo

confusa voy y turbada

Ap.

Vanse las dos

Dantea.

de celos, Darío, que no

logre aquesta ocasión yo

de desocarme agraviada

Licanor.

Aunque siempre el corazón

no dejó de recelarse

de lo que aquí mi cuidado

ha notado vigilante,

con todo, nunca de vos

imaginara este lance,

pues cuando de mi lealtad

no os obligaran las grandes

finezas y rendimientos,

ni el ser tan vuestra mi sangre;

cuando hoy regís un imperio

era razón que mirase

vuestra prudente grandeza

que a ser ejemplo el rey nace

del vasallo, y que si el rey

tal vez se desliza frágil

sin notar que sus tropiezos

hay también quien imitarlos

pueda, verá en su corona

un laberinto de males,

que hace el tropiezo del rey

la caída en todos fácil.

No gran señor me motiva

el que ahora excuse casarse

con mi hija vuestra alteza

a advertiros, que pues hace

el acaso, que libréis

a esa extranjera, que amante

Polidoro.

no prosigáis, como vos

sin advertido, intentasteis?

mirando a todas partes

Licanor.

tened, tened, a deciros

iba, que aquí no me trae

esta queja, aunque sentirla

sea preciso, que a nadie

nos escuche importa = aunque

más peligroso, más grave

motivo me obliga

Polidoro.

Cielos.

Ya es preciso reportarme

Qué será? vuestros temores

me tienen suspenso

Licanor.

dadme

atención un rato breve

Polidoro.

decid

están hablando en secreto y sale Tarima, y en viéndolos se detiene al paño

Tarima.

buscando a Cleanta

vengo, pero allí se miran

Lucanor, y el rey, más valdrá

un ratillo de secreto

que diez días de pesares.

Estos sin duda han venido

a consultar a esta parte

la enfermedad de mi amo,

cosquillas por Dios les hace

su accidente de cabeza

Pag. 27

Sale Aristio por la otra puerta, y se queda al paño

Arridias.

Aquí mi lealtad me trae

siguiendo a Licanor, porque

cuando otra vez vuelvo a instarle

en que el príncipe cuerdo

pide que se le restaure

la corona, con mil dudas

me responde, y se persuade

mi temor, que algún gran daño

fomenta.

Tarima.

Quiero acercarme

por si algo percibo.

Aparte.

Polidoro.

Ya

es preciso que me case

con Dantea, por quietar

a Licanor, que ayudarme

intenta, dando secreta

muerte a mi hermano.

Vuelven a hablar en secreto Licanor y Polidoro.

Tarima.

San Marte,

¿no dije yo que los dos

consultaban achaques?

Estos son médicos diestros,

pues cuando sus juntas hacen

todo es dar sobre el paciente;

y para luego en matarle...

Polidoro.

Vuestro sentir, Licanor,

apruebo, y así al instante

lo ejecutad.

Arridias.

Con razón

debía yo recelarme.

¡Cruel traición!

Aparte.

Polidoro.

Poco importa

que sea preciso casarme

por reinar, pues violentado

seré de Dantea amante

fingido, y de Artemidora

firme, fiel, fino y constante.

Licanor.

Al duque de Athenas orden

daré, señor, para que antes

que en la corte se divulgue

la cordura de Cleante

le prenda.

Polidoro.

Y será ocasión

para excusar que notarse

pueda, cuando nuestras bodas

empiecen a celebrarse.

Arridias.

¡Ah, ingrato y tirano rey!

Licanor.

Una vez preso, matarle

toca a mi industria sin nota.

Arridias.

Eso fuera si guardarle

no supiera mi lealtad.

Tarima.

Los dos le dan bravo mate.

Voy volando a que esta purga

que de la consulta sale

recetada, pues se da

en ayunas, mi amo trague.

Vase.

Arridias.

Sin dilación a avisar

voy al príncipe, o en hallarle

pudieran luego mis ansias.

Vase.

Pag. 28

Aparte

Polidoro.

vamos Licanor; que arrastre

la ambición tanto de un Reino

que a ser con mi propia sangre

traidor me obligue?

Licanor.

Los cielos

gran señor tu vida guarden.

Vanse = Sale Cleante solo como suspenso.

Cleante.

Como aquel que de un sueño se levanta

Como aquel que un tesoro ha descubierto

Como el que vivo se juzgaba muerto

Como el que ciego de la luz se espanta

así mi razón tímida, con tanta

confusión zozobrando, no halla puerto

pues ayer me miraba como yerto

cadáver, sin la vida, y hoy levanta

mi ser el juicio que de Amor recibo

descubriendo el tesoro venturoso

y cobrando la luz que me faltaba,

pero cuando despierto me percibo

dudo si estoy soñando temeroso

pues empieza mi bien en donde acaba.

Qué desdichado naciste

porque naciste ignorante

infeliz corazón mío,

oh qué bien dije! pues nadie

más infeliz nacer puede

que aquel que ignorante nace;

de un imperio mi locura

me privó, razón bastante

fue el ser loco, para no

ser Rey, porque solo

experimenta un Rey sin ella,

dígalo yo, pues hoy hacen

de la mía vituperio

mi hermano y tío: quejarme

no debo de su discurso

pues nunca bien persuade

a que es cuerdo en breve tiempo

el que ha sido loco edades.

Aridras segunda vez

fue a hablarlos, y porque acaben

de persuadirse, yo mismo

quiero de mi juicio alarde

hacer, pidiendo a los dos

que el imperio me restauren.

pero lo que me atormenta

y a mi corazón le hace

más dura guerra, es el ver

que Artemidora avasalla

el alma, cuando de Aridras

sé la ocasión que la trae

a esta región, y también

las crueles enemistades

sangrientas de Grecia, y Tebas

pues en ella, tanta sangre

vertida, ha de hacer conmigo

preciso el ocio; si amante

mi dolor quiero explicarla

porque de otra suerte arrastren

tantas muertes, de una vez

esta vida miserable.

quedase como suspenso y sale Polinarda sin reparar en él

Polinarda.

Como aquel que recobra el ser perdido

Como aquel que renace a nueva vida

Como el que alcanza la razón perdida

Como el que cobra el que perdió sentido

está mi corazón, pues he sabido

del príncipe mi hermano la partida

y que su vida está destituida

del remedio libre, qué dicha ha sido!

también me dan aviso que el aliento

a la parca rindió Rodulfo en Rodas

alivio que el tormento me destierra

pues faltando a mi amor este tormento,

el ser, la vida, con las dichas todas

el amor de Cleante fino encierra.

qué feliz mi suerte ha sido

pues cuando intenta postrarme

la vil fortuna, disponen

esos ojos celestiales

quitar la vida a Rodulfo

y hacer prudente a Cleante

Pag. 29

repara en él

Polinarda.

porque si me rindió loco

pueda dinero obligarme,

y lo que aumenta mis dichas

es el saber que librarse

pudo mi hermano, y que viene

con prevenciones marciales

contra Polidoro, que hoy

con Dantea desposarse

determina, porque así

cesen porfías amantes

en él, que a mi honor cuidados

pudieran quizá costarle.

Pero el príncipe, que duda,

está a quejarse, a agraviarse

de su fortuna valora,

pues jueces, que pertinaces

e incrédulos, la corona

su hermano y tío entregarle

no permiten. ¡Quiera el cielo

que mi valor a Cleante

pueda ayudar, para que

el cetro que hoy pierde gane!

repara en ella

Cleante.

¡Cielos divinos, valedme!

Pero ya en vano quejarme

determino, cuando el cielo

tan cerca puede escucharme.

El alma que no tengo se os rindió,

la vida que me alienta os entregué,

en vos mi vida muerta renació

desde que ya os adora fiel mi fe,

el cielo vuestro hermoso me alumbró,

mas cuando abrí los ojos me cegué,

y pues el alma y vida ya os di allí,

el corazón también se os rinda aquí.

aparte

aparte

Polinarda.

¡Qué galán! Vuestras finezas,

aunque pudieran galantes

inclinar mi voluntad

a vuestra pasión amante,

mal haya, amén, el recato,

que a fingir me persuade.

Hay razón para no oírlas,

si bien deben estimarse

por honras que a una extranjera

vuestro noble favor hace;

mas que no el ver, sintiendo

aunque finjo el despreciarle.

Cleante.

No por tan ocultos modos

queráis, señora, matarme,

advertid que es tiranía.

Sale Aristides presuroso

Arridias.

Príncipe, ni un breve instante

te reserves, todo el rigor

tirano y cruel, pues antes

que ese luminar del día

sus doradas hebras bañe

en el océano, intentan

traidores asegurarse

tu hermano y tío en el reino,

y así prenderte y matarte

determinan, porque al punto

que mi lealtad volvió a invitarles

y, viéndote prudente,

la corona te entregasen,

los dos retirados, solos,

previnieron, ¡fuerte lance!

la traición; y mi cuidado

pudo, aunque más recelarse

de mí quisieron, oír

de sus palabras lo infame.

Huye, gran señor, si quieres

de sus rigores librarte,

y pues que mal entendido

el oráculo, a quitarte

el reino, aunque no traidor

su príncipe, tanta parte

será, dándote la vida

aquel error se restaure,

en la dilación hay riesgo.

Sale Tarima corriendo con un lío al hombro

huyendo, suenan instrumtos

Tarima.

Desde poniente a levante

he de correr en un'hora,

si el miedo no me estorbare.

Señor, mira que a prenderte

vienen, y luego a matarte,

porque Polidoro ahora

que sale hacia aquí a casarse

orden dio, para que vivos

te pesquen, antes que acaben

de su boda la función,

con que el plato de los antes

quieren que hagas, y aunque yo

por cuerdo concomitante

(pues ya por cuerdos castigan

los grandísimos salvajes)

quiero marchar, no sea que

también su furia me alcance

y volver loco me hagan,

que en mi juicio es cosa fácil;

omnia mea mecum porto.

Señor, por lo que tronare,

y pues ya la purga tienes,

vete, vete por instantes,

vive Dios que vienen ya.

Pag. 30

Aparte.

Polinarda.

Preciso es que a mí me alcancen

también sus iras, si acaso

que viene mi hermano saben.

Cleante.

Contra tan cruel traición,

¿de quién podré yo ampararme?

Dentro.

De tu enemigo deidad

triunfa, Amor, pues feliz notas

que con sus victorias tú

logras feliz tus victorias.

Cleante.

Parece que respondió

esta voz a mis congojas.

Tarima.

Corramos de aquí a la China,

¿que a mí ahora te arrojas?

Arridias.

Señor, en tanto peligro

huir con presteza importa.

Dentro.

Bien puedes ya sin recelo

de tu enemigo custodia

hacer, porque así destruyas

fortunas que amante porfías.

Cleante.

Menospreciar el acaso

es ya temeridad loca.

Esto ha de ser; vos, maestro,

asistiréis a las bodas,

porque así nada sospechen

las intenciones traidoras

de mi hermano y Licanor;

que yo con Artemidora

del invencible tebano

intento que me socorra

el poder, para lo cual

llevarla conmigo importa;

sorda, persuada a su prima

a mi amparo, y porque heroica

acredite con Licanor

verdades que me ocasionan

a dejar así mi patria.

Aparte.

Polinarda.

Ya de las iras forzosas

de los tiranos, si saben

que viene mi hermano, logra

librarme así mi fortuna.

Habla aparte con Polinar.

Cleante.

Y cuando vean que toda

la gente está junta, luego

publicad que Artemidora

huyó, porque divertidos

en seguirla, presurosa

mi planta pueda ocultarnos;

y en la confusión notoria

de buscarla, podréis vos

seguirme haciéndome escoltas.

Vase.

Arridias.

Sin dilación obedezco;

que advertido al riesgo forma

las prevenciones precisas

que en él le aseguran, ahora

confirmo en él su prudencia

feliz mi suerte, pues logra

que el mejor maestro Amor

haga su vida tan otra.

Polinarda.

Pues ya en fin que este motivo

asegurarme ocasiona,

¡pared!

Instrumentos.

Tarima.

No os fiéis en flores,

que llegan...

Pag. 31

Cleante.

Artemidora,

ya no es ocasión de nada.

Polidoro.

Vamos, que pues mi amor goza

esta dicha, ella sabrá

quién ha sido Artemidora.

Vanse los dos

Tarima.

A Dios, ya cargó con ella;

lo que él ha de hacer ahora

es echarse con la carga

si los soldados le topan.

Vase, y mientras se canta la copla siguiente irán saliendo de acompa-

ñamiento el duque, Licanor, Marsia, y detrás Dantea, y Polidoro

Música.

Guerras de amor y desdén

nunca las dichas malogran,

que del desdén los trofeos

en amor los triunfos doblan.

Aparte

Aparte

Polidoro.

Yo muero, que así violente

mi cariño la ambiciosa

ley de reinar.

Aparte

Duque de Atenas.

Que permita

Amor, que yo entre congojas

tan mortales, de Dantea

mire que otro el cielo goza?

Marfisa.

Qué cavila, qué hace el duque?

Licanor.

Ya es, duque, ocasión, pues a solas

sin estruendo podréis bien

a Cleante que malogra

el sosiego de este imperio

prender sin alguna nota.

Aparte

Duque de Atenas.

Voy a obedeceros, quiera

el cielo Dantea hermosa

castigarte, pues que siempre

estuviste a mi amor sorda.

Vase

Sale Aristia

Arridias.

Griegos nobles, y famosos,

escuchad la más traidora

acción que un ingrato pecho

a tantos favores forja.

En un bajel, que del mar

surca las saladas ondas,

huye arrebatado por el viento

y la falsa Artemidora,

y dando al piélago undoso

las velas...

Sale el duq.

Duque de Atenas.

Cleante forma

alas, con que por el viento

huyendo su furia loca

burla vuestras prevenciones,

al tiempo que Artemidora...

Arridias.

tendiendo al aire las velas,

favorable viento en popa...

Duque de Atenas y Arridias.

dio a su libertad principio.

Licanor y Polidoro.

Y fin ya, a todas mis glorias.

Aparte

Dantea.

Ya fluctúa mi esperanza.

Marfisa.

Cuánto va que ya no hay boda!

Licanor.

Al punto sin dilación

todos los puertos se cojan

para impedirles el paso;

y la función por ahora

de las bodas se suspenda

pues la asistencia es forzosa.

Pag. 32

Licanor.

de vuestras personas, porque

no se altere la corona

con tan raras novedades.

Duque de Atenas.

Ya respiran mis congojas.

Marfisa.

¿No lo dije? A Trebisonda el rey

no le ha llegado su hora,

y si es morirse casarse,

el purgatorio lo halla.

Polidoro.

Duque, Arfidante, al instante

la prevención cuidadosa

de mi tío se ejecute.

Vanse.

Duque y Arfidante.

Solo obedecer nos toca.

Dantea.

Vamos, amores, pesares.

Vanse los dos.

Marfisa.

Aquí paz, y después gloria.

Vase.

Ircano.

Muera Cleante traidor,

y pues mis laureles borras,

su prudencia he de postrar

ante mis pies, pues que me enojas.

Vase.

Polidoro.

Mi amor desdichado muera,

y pues que ya Artemidora

me vendiste, muera yo,

que sin ti mi vida sobra.

Vase y se da fin a la jornada.

Fin de la segunda jornada.

Jornada tercera

Pag. 33

Disparan, suenan cajas y clarines y ruido de desembarcar, y dicen dentro lo siguiente:

Dentro.

Los esquifes echad, porque las naves,

peces que vuelan cuando nadan aves,

vomiten de sus senos cavernosos

esos hijos de Marte valerosos

que en su centro conduce, guarda y lleva

Neptuno proceloso.

Otros.

A tierra, a tierra.

Disparan, y descubriéndose una tienda de campaña, salgan en ella el príncipe de Tebas y soldados.

Disparan.

Príncipe de Tebas.

Y haciendo feliz salva

la campaña, salude alegre al alba.

¡Oh, valientes tebanos,

rindan del griego mil heroicas manos

la altivez negra y vana,

mi honor cobrando, junto con mi hermana!

Segunda vez la salva mis victorias

en anuncios publique con mis glorias,

siendo el clarín sonoro que me aclama

la trompa, voz y lengua de mi fama.

Suena dentro ruido de espadas y después que Polinarda ha dicho el verso que se sigue, salga Tarima con mascarilla, y con la espada en la mano, cayendo al tablado, y se queda al paño.

Pag. 34

Dentro Polinarda.

Polinarda.

¡Valedme, cielo santo!

Sale Tarima.

Tarima.

Con el miedo allí caigo, aquí levanto,

y en tan ceñido enojo,

porque caigo en la cuenta, no me arrojo;

pues es un disparate bien mirado,

dar un hombre caído en arrojado.

Príncipe de Tebas.

¿Qué es esto? ¿Qué alboroto

inquieta nuestra gente?

Dentro Cleante.

Cleante.

El pecho roto

y el corazón difunto sin aliento

antes veréis en mí que el vencimiento.

Dentro Alcaide.

Alcaide.

Cercadle todos.

Uno.

Rayo es desatado.

Príncipe de Tebas.

Vigilantes, mirad quién ha turbado

el campo nuestro.

Salgan Polinarda de hombre, y Cleante con los rostros cubiertos, retirándose del Alcaide y otros soldados.

Polinarda.

¡Desdichada suerte!

Cleante.

Cobardes, una muerte

ha de ser cada golpe de este brazo.

Tarima.

Por Dios, que este tal Cleante es maestro.

Fuego de Dios, cual llueven cuchilladas.

Cleante.

Ampárenme los dioses.

Cae a los pies del Príncipe.

Príncipe de Tebas.

Las espadas

con vuestro enojo suspended, valientes.

Aparte.

Tarima.

Siéntolo en el chibal, esta vez mientes,

que cuando aquí me acoso,

la muerte, ¡vive Marte!, trayo al oso;

pues el mísero cuerpo, en este punto,

despide cierto olor, ya de difunto.

Cleante.

Ya, príncipe famoso,

mi desdicha en tus pies halle reposo.

Aparte.

Polinarda.

¿Que al tiempo que a ampararme de mi hermano

aquí venía, el cielo soberano

permitió el empeño

en que pude perder mi amante dueño?

Príncipe de Tebas.

Decidme vos, teniente,

la causa de este empeño tan urgente.

Alcaide.

Al real los tres llegaron,

donde por vos, señor, nos preguntaron

cubriéndose los rostros, y un soldado,

con militar cuidado,

quiso reconocerlos,

porque espías juzgó que eran al verlos.

Mas ese joven que miráis valiente,

sentido de la acción no impertinente,

con denuedo sobrado

desnudando el acero hirió al soldado,

cuya acción indignando al campo todo

contra los tres se mueve de este modo,

y hasta tu tienda corren la campaña

de nuestra gente, huyendo la cruel saña.

Tarima.

¡Raro empeño, por Dios!

Príncipe de Tebas.

Ya en mi presencia

no receléis violencia,

los rostros descubrid, y sin engaños,

al Príncipe de Tebas...

Tarima.

¡Malos años!

Príncipe de Tebas.

La causa referid que aquí os obliga

a llegar de esa suerte.

Pag. 35

Cleante.

Antes que diga

y el rostro me descubra, del seguro

homenaje me haced.

Príncipe de Tebas.

Al cielo juro,

y a Júpiter tonante soberano,

sobre mi espada puesta mi leal mano,

de no ofenderos si verdad me trata

vuestra lengua: decid.

Descúbrense los rostros los tres.

Tarima.

Vea aquí mi cara.

Asústase.

Príncipe de Tebas.

Válgame Dios, qué miro?

Tarima.

A los tres nos derriba ahora de un tiro

Lapo.

Empuñan las espadas y Polin. se pone en medio de ambos.

Príncipe de Tebas.

Pues cómo así, traidor?

Polinarda.

Príncipe, hermano.

Cleante.

Suspended el impulso soberano

y ved que el juramento

al seguro os obliga.

Príncipe de Tebas.

Atrevimiento

contra mi honor como este le rebajas!

Huyendo.

Tarima.

De Cleante era buena aquí la capa.

Cleante.

Previendo vuestro enojo

al sagrado me acojo

del homenaje que os pedí advertido,

y pues no habéis oído

la causa de tan raros accidentes,

escuchad.

Tarima.

Con perdón de los oyentes.

Príncipe de Tebas.

Ya es fuerza el atenderos

pues prometí una vez el no ofenderos.

Sale un soldado.

Soldados.

Presuroso, de paz, al campo llega

un venerable anciano, y no sosiega

hasta hablaros, señor.

Dentro Arist.

Arridias.

Aunque lo impidas,

si el hablar a Ricardo dos mil vidas

me costara, he de entrar.

Alcaide.

Ya llega osado.

Sale Arist.

Arridias.

A tomar por sagrado

vuestros pies, cuyas plantas, de la Luna

huellan el globo, con feliz fortuna!

Príncipe excelso, cuya heroica fama

del uno al otro polo se derrama

siendo el laurel que ciñes a tu frente

bronce inmortal, espejo refulgente

en cuyas hojas, para eternas glorias

Marte dibuja todas tus victorias.

El que ves es Cleante

del griego imperio Atlante

y su rey poderoso, aunque infelice;

a quien (porque su nombre se eternice)

la historia de su vida

no menos prodigiosa, que afligida

(que sabrás más de espacio) le ocasiona

a dejar las coronas

que hoy goza tirano

Polidoro su hermano,

con ambición soberbia, necia, y loca

cuando solo a Cleante infeliz toca.

Huyendo los rigores de sus iras

del modo que le miras

viene a pedirte, que le des socorro.

Pag. 36

Arridias.

contra su hermano, y yo que leal corro

defendiendo su vida la campaña,

desde aquella montaña,

en el riesgo le vi que tus soldados

le quisieron crueles, cuanto airados,

y presuroso, en fin, turbado, y ciego

hasta tu tienda llego

aunque el paso tu guarda

me impide rigorosa, por que tardas

mucho un leal, cuando a su rey defiende

si licencias pretende.

Hay lances en que es fuerza

que en el riesgo tal vez la ley se tuerza.

¿Y a qué entraste?

Polinarda.

Yo es bien que esto diga;

la causa que a venir así me obliga

ha sido, por que pueda del tirano

encubrirme; y la mano

dando a Cleante de feliz esposo

(pues Rodulfo dichoso

pasó a reinar a la mejor esfera)

con él de esta manera

pude llegar hasta tu misma tienda,

donde a todos nos junta la contienda.

Cleante.

Porque en ella rendido, y arrojado

de la vil inconstancia de mi hado,

mi amor premiando tu valor invicto

asegurarme pueda del conflicto,

y pues vengar tus armas hoy pretendes

los agravios del griego, que te ofenden,

venga también el mío, que es tan tuyo,

pues de esta suerte, gran señor, destruyo

tus enemigos todos, y los míos

y del hado también los desvaríos.

Por gran señor, por Príncipe galante

me acojo a tu piedad, noble y constante;

pero si acaso, Príncipe, te incita

más mi desdicha, hiere, precipita,

corta, divide, rompe, en fin, desata

la unión que el alma al cuerpo infeliz ata,

aniquila, deshaz, humilla, ofende

el corazón que tu piedad pretende.

Borra, destruye, rinde, acaba, arroja

la vida, que a los dioses tanto enoja;

que es lisonja la muerte en quien previene

que en su vida infeliz la muerte tiene.

Tarima.

¡Que haya cuerdos para esto!

No hay más vida que ser loco;

desde que este tiene juicio

ni duermo, ceno, ni como.

Príncipe de Tebas.

Gran Cleante, noble anciano,

aunque siempre en mí el enojo

con prisa ha sido preciso

tan sangriento y riguroso.

En esta ocasión es fuerza

que olvidado ya de todo,

dé auxilio a Cleante invicto

mi valor, pues así doro,

lo primero, de mi honor

Pag. 37

Príncipe de Tebas.

suyo acrisolar el oro;

lo segundo, establecer

paces perpetuas, que abono

sean de las dos coronas;

lo tercero, en Polidoro

vengar los agravios hechos

a mi imperio, y mi decoro;

lo cuarto, y último, dar

así a Polinarda esposo

de su gusto, pues Rodulfo

fue de la Parca despojo.

Cleante y Polinarda.

Feliz ventura.

Alcaide.

La historia

de Cleante, oh poderoso

Monarca, sabréis de espacio.

Príncipe de Tebas.

Después será, porque un solo

instante de dilación

puede estorbarnos el logro

de la venganza.

Tarima.

Ahora sí

que danzo, que brinco, y corro;

sea, Señor, mi tarima

de tanta Majestad trono;

y vuestros pies en mis labios

pespunten.

Cleante.

Aparta, loco.

Príncipe de Tebas.

Dejadle, no le estorbéis.

Tarima.

Pues hay, Señor, para todos.

Déjame, que de sus puntos

haga comes, pues no como.

Príncipe de Tebas.

¿Quién sois vos?

Tarima.

Por mis pecados

de Cleante soy el loco,

soy la mona, soy la maza,

y porque lo diga todo,

soy Señor por quien suspira.

Príncipe de Tebas.

¿Cómo así?

Tarima.

Soy quien le soplo;

es antiguo mi solar,

y si de raíz mi tronco

examinas, la nobleza

hallarás por mi abolorio

en mí de tabla, pues siendo

Don Tarima Baco, chozno

de Don Tablón de Madera

que tuvo su origen todo

del árbol del paraíso,

verás claro que los godos

en mí empezaron, porque...

Príncipe de Tebas.

Basta; ya quién sois conozco.

Cleante.

No hagáis de sus necedades

caso.

Tarima.

Pues hágale otro.

Príncipe de Tebas.

Bizarro Cleante, Hermana,

venid conmigo; y vosotros,

hijos de Marte valientes,

tocad a marchar; y el parche

en acentos horrorosos

guerra publique, ayudado

Pag. 38

Príncipe de Tebas.

del clarín, y el belicoso

bridón, peinando en el viento

montes de espuma y de polvo,

terror sea al enemigo

y castigo a Polidoro.

Dentro.

Dentro.

¡Guerra contra Grecia, guerra!

Cajas y clarines.

Alcaide.

A marchar el parche ronco

haga seña y la palabra

pase ya de un tercio en otro.

Vase.

Dentro.

¡Viva el tebano valiente!

Otros.

¡Viva, y marche el campo todo!

Príncipe de Tebas.

Eso sí, que de Cleante

la injuria a mi cargo tomo

y he de vengar sus agravios.

Vase desnudando la espada.

Cleante.

Pues ya con tu diestra postro

mi fortuna, verá el mundo

que como es su espacioso globo

estrecha basa a mis pies.

Vase sacando la espada.

Polinarda.

Y yo al lado de mi esposo

seré belona invencible.

Vase con la espada desnuda.

Dentro.

¡Nicandro y Cleante heroicos,

Cajas y clarines.

Dentro.

para honor de dos imperios

vivan en paz venturosos!

Arridias.

Con cuánto gusto estas voces

que a Cleante aclaman oigo.

Vase.

Tarima.

Marte, esta vez tus laureles

Saca la espada.

Tarima.

busco sin rayo, rayos y rompo;

en aderezos de aceitunas,

pues acaso era yo vobo?

Vase.

Cúbrese la tienda de campaña; y en teatro de prisa salgan Dantea, y Polidoro cada uno por su puerta, y Polidoro sale hablando aparte.

Aparte.

Polidoro.

¡Ay divina Artemidora

posible es que tu rigor

ejecutase en mi vida

una muerte tan atroz?

Aparte.

Dantea.

No así al dolor le soltéis

la rienda, porque el dolor

desbocado, no despeñe

Polidoro invicto en vos

el ánimo generoso

que arrastra vuestra pasión.

Si porque vuestros intentos

huyendo Cleante burló

melancólico os asaltan

temores el corazón

(¡Oh, pese a mis celos!, pues

solo siente le faltó

aquella vil extranjera

causa de mi perdición,)

Rey en Grecia poderoso,

vuestros vasallos, Señor,

os estiman, y recelo

ni el más leve de traición

podéis sospechar.

Polidoro.

Yo muero.

Aparte.

Dantea.

Pues sabéis que es común voz

en Grecia, que su locura

a huir solo le movió.

Pero si acaso otro daño...

Pag. 39

Polidoro.

Ay bella Dantea, no

son temores mis tristezas.

Una violenta pasión

es solamente, una rabia

y una desesperación;

Es en fin un no sé qué

pues cuando quiere la voz

explicar lo que padezco

no acierta, y así es mejor

decir callando mi mal

porque no hay explicación

como aquella del silencio

en quien muere como yo.

Dantea.

Que otro amor así me explique!

mas explicado su amor

no puede decirme, ¿habrá

atrevimiento mayor?

Polidoro.

En fin el alivio dobla

la violencia a mi pasión

porque esta mortal tristeza

que padezco, del dolor

hace alivio, del tormento

hace gusto, del rigor

hace dulzura suave

y del veneno formó

triaca, porque en mi mal

rigor, tormento, dolor,

y veneno, gusto, alivio,

dulzura y triaca son.

Sale el duque de Atenas.

Duque de Atenas.

Al rey vengo a dar aviso

de la cruel invasión

del tebano, mas Dantea

está con él, y yo estoy

muriendo de celos, solo

me huelgo en esta ocasión

de venir, por estorvarle

gozar los rayos del sol

de su divina belleza.

A vuestros pies gran señor.

Polidoro.

Seáis duque bien venido.

Duque de Atenas.

Mi lealtad llega veloz

a avisaros, como ya

soberbio el tebano, dio

vista ayer a nuestro campo,

y aunque nuestra prevención

pudo de su ciega furia

reprimir algo el furor

en los primeros encuentros,

con todo, desbarató

nuestra gente, esto agora avisan.

Pag. 40

Duque de Atenas.

los capitanes, y es voz

que intenta, a sangre y a fuego

talar toda esta región,

despicando así los daños

que nuestra gente causó

en sus fronteras, a que

junta un nunca oído error

en Grecia, pues una hermana

suya, dice que en prisión

tenéis, cuya libertad

procura, y motivo dio

a venir con tanto empeño

Rey invicto contra vos,

para cuya loca empresa

tanto número juntó

de gente, que es la campaña

breve espacio a tanto horror.

Sale Licanor presuroso y como asustado

Licanor.

Rey de Grecia, duque invicto

de Athenas, cómo el valor

suspendido, no salís

(cuando os alienta mi voz)

a castigar de un aleve

la más enorme traición?

Cleante, ese loco monstruo

y la extranjera, que dio

motivo a tantas desdichas

(cuya cautela ignoro

ser el Rey de Tebas muerto

en el mar), juntos los dos

soberbios, locos, y vanos

con denuedo vencedor

hasta la corte marchando

llegan, a quien paso abrió

para tan cruel desgracia

la sobornada traición

de nuestros cabos, que Arindas

traidor, y astuto engañó

y entrando a sangre y a fuego

plazas, y ciudades, y

nuestra ruina amenazan.

Disparan dentro, y suena ruido de cajas y clarines

Licanor.

Oíd, escuchad su voz.

Dentro Cleante.

Cleante.

Vivan Ricardo, y Cleante

hasta dar con Licanor

y Polidoro, no cese

de nuestra gente el furor.

Dantea.

Ay suerte más infeliz!

Polidoro.

Qué desdichado que soy!

Licanor.

Ya Licanor a buscaros

sale al campo, y si es que no

del amago os morís antes

os dará muerte a los dos.

Saca la espada

Polidoro.

Ya Polidoro también

corre a buscaros veloz,

porque no os cueste el trabajo

Pag. 41

Polidoro.

buscar la muerte que os doy

saca la espada

Dantea.

esposo, Rey, Polidoro,

Licanor, Padre, Señor.

Los dos.

Toca al arma.

cajas y clarines

Duque de Atenas.

Ya en defensa

nuestra, Rayo y vibro

Júpiter desde su esfera

será mi espada.

saca la espada

Dantea.

¡Ay, dolor,

como el mío!

Uno.

¡Viva Grecia!

Ruido de batalla

Otros.

¡Viva Tebas!

Licanor y Polidoro.

Muera yo,

en mi cólera deshecho

hasta que a esa infame voz

corte el aliento, que así

eclipsa mi esplendor.

éntranse cada uno por su puerta

Duque de Atenas.

A Dios, hermosa Dantea,

que honor es antes que amor.

aparte y vase

mirando al vestuario

Dantea.

¡Ay de mí! con qué coraje

de ambos campos el valor

fiero se embiste, ¡qué pena!

e intrépidos, ¡qué rigor!

se arrojan, ¡qué sentimiento!

a morir, ¡qué confusión!

De este espectáculo horrible

huyendo afligida voy,

¡ay Padre, ay esposo!, y cómo

temo vuestra perdición.

Vase, y sale Tarima escuchando, durando la batalla.

va a sacar la esp. y se detiene

Ruido de batalla

Tarima.

Qué lindamente se cascan

tebanos y griegos, y

con más razón de eso pueden,

que Cleante se volvió

loco, pues contra su patria

pelea como un león.

Voy a ayudarle, mas ¿quién

os mete, Tarima, a vos

(cuando tenéis mucho miedo

y poquísimo valor)

en venir pleitos de otros

que no os tocan?, mas ¡por Dios

que anda cruel la batalla!

Y les va faltando el sol,

a esa otra parte se acercan,

y será vuelto en razón

entre estos vamos tenderme

mientras durare el rumor,

porque acaso no me metan

en algún empeño atroz.

Uno.

¡Viva Tebas!

Otros.

¡Grecia viva!

Tarima.

Eso es ser espectador,

y esto es virtud, y descanso.

Échase al paño

Dentro.

¡Viva Cleante, y la voz

corra, Victoria por Tebas!

Tarima.

Oh, qué bien que me sonó.

Sale el duque retirándose del alcaide, y al salir pisan a Tarima.

Duque de Atenas.

Antes muerto que rendido

me verás; todo es horror.

písale

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Duque de Atenas.

y de griegos la campaña

es túmulo.

[Písale]

Alcaide.

admiración

tantos cadáveres causan.

Rinde la espada.

[Vanse peleando]

Duque de Atenas.

eso no

mientras la vida no rinda.

Tarima.

La gran puta que os parió

no importara que los pies

quebrado os huviera, y yo

de pateado no me quejara.

Sale Licanor retirándose del príncipe y al entrarse pisan a Tarima.

Príncipe de Tebas.

deja las armas.

Licanor.

mejor

la vida daré primero.

Príncipe de Tebas.

pues muere esta vez traidor.

[Vanse pisándole]

Licanor.

ya tropiezo con la muerte.

Tarima.

y en la cuenta no cayó,

a estotra parte me mudo

por si tanto tropezón

puedo excusar.

Múdase a la otra puerta, y salen por ella Polidoro retirándose de Polinarda, y al salir pisa a Tarima.

Polidoro.

bella ingrata,

ya tropezando el valor

a vuestro enojo se rinde

como lo hizo el corazón

a vuestra belleza.

Tarima.

el diablo,

de quien así se rindió

lleve el alma.

Polinarda.

en este lance

no es Polidoro ocasión

de vuestros necios delirios.

Polidoro.

porque con tanto rigor

vuestra ingratitud

Sale Cleante viendo a Polidoro y asirse con él.

Cleante.

¿qué miro?

muere a mis manos traidor.

Tarima.

ahora sí que salgo y mojo,

pégale que aquí estoy yo.

Polidoro.

con tu muerte vengaré

vil hermano tu traición.

[Entranse peleando]

Cleante.

ahora lo verás tirano.

[Vase]

Tarima.

mucho el valer importó.

Dentro.

¡Victoria por Tebas, viva

el legítimo señor

nuestro Cleante, y acaben

Polidoro y Licanor!

Sale Licanor con la espada en la mano mirando al vestuario.

Licanor.

Ya mi gente retirada,

rendida y cobarde huyó

y la plebe de Cleante

publica la aclamación,

¡qué furor! ¡qué diablo! ¡qué ira!

Ya el tebano vencedor

entra en la ciudad triunfando,

y esto miré, y la pasión

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Licanor.

de mi pena no me acabe?

huyendo su vista voy

no porque temo el castigo,

sino es porque mi ambición

envidiosa, no consiente

ver triunfos, que perdí yo.

Vase y sale por otra puerta Polidoro, de la forma que Cleante

Polidoro.

De mí mismo voy huyendo

pues ya Cleante logró

ver mi poder abatido

y vengada la traición,

huir su furia es forzoso

pues también mi perdición

lo es, porque si en sus manos

infelizmente doy

ha de vengar los agravios

que ha causado mi ambición.

Vase = Suenan clarines, cajas, y chirimías, y van saliendo por una y otra puerta delante el acompañamiento y luego, Ismena, el Alcaide, Arsidias, Polinarda, Cleante y el Príncipe de Tebas y por la otra: soldados, el Duque de Atenas, Mesira y Pantea, ha de traer el duque en una fuente de plata un cetro y una corona de laurel, y mientras que van saliendo se dirán al son de las cajas los dos versos que se siguen dentro y después cantará la música mientras toman puestos

Música.

Viva nuestro Rey Cleante

Viva y reine vencedor

por la puerta que sale el duque

Otros.

Viva el invicto Ricardo

Viva y triunfe pues venció

por la que sale el príncipe de tebas

Música.

y de tantas victorias

la fama con su voz

en repetidos ecos

publique en sus acentos el blasón

Duque de Atenas.

A vuestros pies gran Cleante

corona, y cetro que os dio

el cielo, y la tiranía

injustamente usurpó

rendido os ofrezco, en nombre

de todo el Reino; y perdón

de mi inadvertencia os pido

pues solo pudo mi error

no obedeceros leal.

Cleante.

Sin ofenderos traidor,

Duque de Atenas, alzad

del suelo, ya os indultó

vuestro yerro conocido

y enmendado; y pues logro

por el invicto Ricardo

ver cobrado mi esplendor

la suerte mía, a sus pies

(pues solo él lo mereció)

cetro, y corona poned

Príncipe de Tebas.

La mayor gloria que yo

consigo heroico Cleante

es veros triunfante a vos

despreciado vuestro agravio

y cobrado vuestro honor

y así de vos recibiendo

este regio galardón,

en vuestras sienes invictas

toma el príncipe la corona y pónesela a Cleante

Pag. 44

Príncipe de Tebas.

le coloco, porque hoy

se vea, que las victorias

que venturoso alcanzó

vuestro enemigo, laureles

ya de vuestras glorias son.

Corónale.

Dentro.

¡Viva nuestro rey Cleante,

viva y reine vencedor!

Música.

Y de tantos trofeos

el aire volador

en repetidas voces

celebre lo bizarro de esta acción.

Dantea.

En vuestros pies, rey invicto,

halle asilo mi aflicción,

y, pues hoy lográis felice

los triunfos que Marte os dio,

de vuestro hermano, y mi padre

Polidoro y Licanor,

en día de tantas dichas

os pido humilde el perdón.

Cleante.

Alzad, prima, y a mis brazos

llegad; ciego su temor

hizo que de la campaña

huyesen, pero la voz

corra, que si a mi presencia

viniesen, luego a los dos

perdono.

Dantea.

El cielo permita

eterno haceros, señor.

Tarima.

¿Y de Tarima esta vez

no se premiará el valor?

Príncipe de Tebas.

¿Luego vos también peleastes?

Tarima.

¿Eso dudas? Cuando yo

solo, salí a derribar

de los griegos el furor.

Príncipe de Tebas.

¿Cómo así?

Tarima.

Como en el suelo

tendido, fuerte y atroz,

a la furia de mi astucia

no vido soldado que no

cayese conmigo.

Príncipe de Tebas.

¿Cómo?

Tarima.

Fui de todos tropezón.

Marfisa.

Gentil hazaña por cierto.

Tarima.

Pues no es esta la mayor.

Cleante.

¿Cuál fue?

Tarima.

Hacer que los contrarios

todos huyesen.

Príncipe de Tebas.

Mejor

es esa, mas ¿cómo ha sido?

Tarima.

Enseñándoselo yo.

Príncipe de Tebas.

Vos sois valiente soldado.

Tarima.

Por tal corro, sí, señor.

Cleante.

Ya pues, que Febo sus luces

con la noche sepultó,

retírese a descansar

nuestra gente.

Duque de Atenas.

Y de los dos

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Duque de Atenas.

Las personas a Palacio

guiad, que la prevención

para el descanso os espera.

Dentro ruido de espadas.

Arridias.

Proseguid la aclamación,

pero ¿qué rumor es este?

Salgan todos los hombres de la compañía con espadas desnudas, retirando a Licanor y a Polidoro.

Alcaide.

Daos a prisión.

A Cleante, de rodillas.

Licanor.

Ya a tus pies,

Rey invicto y soberano,

mi error convencido, halle

piedad, asilo, y amparo.

De rodillas.

Ciérrase el patio con ruido de truenos, y rayos.

Polidoro.

Ya yo conozco mi yerro,

y en ti, valeroso hermano,

espero; mas ¿qué prodigio

Príncipe de Tebas.

Qué portento.

Cleante.

Qué presagio.

Todos.

Tan nuevo me sobresalta?

Arridias.

Raro asombro!

Huyendo.

Tarima.

No hay a mano

una cueva de duendes

que amparen a este lacayo?

Marfisa.

Ay desdichada de mí

que otra vez vuelven los rayos.

De una punta del teatro salga entre una nube, tramoya como salió el Amor al principio de la comedia, y de otro lado saldrá otra como estaba el ídolo de Júpiter, y dando vuelta al patio irán cantando lo que se sigue.

Júpiter.

Yo Júpiter Supremo

de mi solio estrellado

desciendo a que sepan

que firmes las estrellas nunca erraron.

Amor.

Y yo Amor, el Maestro

mejor, bajo a enseñaros

que mis preceptos solo

os dan el más prudente Rey amando.

Júpiter.

Porque enseñados sepan.

Amor.

Porque sepan enseñados.

Que el mejor Maestro es Amor.

Ciérrase la tramoya.

Júpiter.

Que nunca mienten los hados.

Todos.

Raro prodigio!

Tarima.

Por Dios

que a un tiempo miro en el patio

volatines, y comedia.

Arridias.

Ya de Júpiter sagrado

el oráculo divino

tan misterioso y arcano

que mal entendido, causa

fue de tantos sobresaltos

veis con evidencia todos

cumplido y ejecutado,

pues nuestro Rey, el más cuerdo

es, del Amor enseñado

en cuya escuela, logró

empleos de Marte airado.

Polidoro.

Ya por mi Rey te conozco

y ya deshecho el engaño

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Polidoro.

En la equívoca respuesta

de tus generosas manos,

en la traición con que el reino

te quise usurpar tirano,

espero el perdón.

Cleante.

Dantea

a los dos os le ha granjeado,

y así dándola de esposo

Polidoro la fe y mano,

su fineza y amor pagas.

Dánse las manos

Polidoro.

Mucho en obedecer gano.

Dantea.

Logrose en fin mi ventura.

Licanor.

Los dioses, señor, sagrados

tu vida feliz prosperen.

Cleante.

Vos, duque, pues informado

estoy, de que a Selenia

costáis algunos cuidados,

su mano habéis de lograr.

Duque de Atenas.

Ley es en mí tu mandato,

solo este alivio le queda

a mi dolor, cuando me hallo

de Dantea aborrecido.

Príncipe de Tebas.

Cleante.

Cleante.

Invicto tebano,

ya os entiendo, Polinarda,

mi mano es esta.

Polinarda.

¡Qué lauro!

Cleante.

Maestro de vuestra lealtad

el premio queda a mi cargo.

Arridias.

Rendido a las plantas vuestras

estoy, gran señor, premiado.

Tarima.

¿Y Tarima ha de quedarse

sin más ni más arrimado?

Cleante.

Dele la mano a Marfisa,

que así y con seis mil ducados

pago su leal servicio.

Marfisa.

¡Ay Dios, qué infelice hado!

Tarima.

Los seis mil son buen agüero,

pero boda es mal presagio.

¿Embisto, Marfisa?

Marfisa.

Quiero.

Tarima.

Mejor te lleven mil diablos.

Arridias.

La música tantas glorias

celebre,

Licanor.

y de triunfos tantos

publique el clarín las dichas

que alegres todos gozamos.

A un tiempo con los clarines canta la música lo que se sigue

Música.

Empiece ya el sol del griego,

viva la luz del tebano

y conozca el orbe todo

cuando iluminan sus rayos

Todos.

que el mejor maestro amor

consigue triunfos tan altos.

Fin de la Comedia