Texto digital de El mejor maestro amor
Data de publicação: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mejor maestro amor. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mejor-maestro-amor.
EL MEJOR MAESTRO AMOR
Pag. 1
De D. Manuel / González de / Torres.
El mejor maestro, Amor / Comedia nueva
Hablan en ella las personas siguientes
Polidoro, príncipe de Grecia.
Cleante, su hermano mayor.
El Príncipe de Tebas.
Licanor, barba, en decano.
Arridias, barba, sacerdote de Júpiter.
Un Alcaide.
El Amor.
El Duque de Atenas.
Tarima, lacayo.
Polinarda, hermana del Príncipe de Tebas.
Dantea, hija de Licanor.
Marfisa, criada.
Acompañamiento.
Música.
Jornada primera
En el teatro de Grecia aparecerá un templo, y en él se descubrirá un altar con una efigie de un ídolo; y después que la música acabe la copla siguiente se cerrará el patio con ruido de truenos y rayos; y mientras canta la música estarán delante del altar de rodillas Arridias, Licanor, Dantea, Marfisa y acompañamiento. Y el ruido del terremoto no cesará hasta que se oiga la voz de Arridias.
Pag. 2
Vuestra Deidad propicia
oh Júpiter Supremo,
alivie nuestras dudas
inclinándose afable a nuestro ruego.
Ciérrase el paño con terremoto.
¡Qué horror!
¡Qué asombro!
¡Qué pena!
Vuestra Deidad propicia
inclinándose afable a nuestro ruego,
príncipe nos señale
de los dos sucesores al imperio.
Ya Júpiter Soberano
promete famosos pagos
a vuestras dudas, vasallos,
pues advertid, como al tiempo
que vuestros ruegos le dicen.
Oh Dios tonante excelso,
en aromas de civa
con abrasado amor nuestros deseos
que tu Deidad propicia
inclinándose afable a nuestro ruego
príncipe nos señale
de los dos sucesores al imperio.
El aire turba con rayos,
la esfera asombra con truenos.
¡Qué portento!
¡Qué prodigio!
Vuestro Rey será el cuerdo
en la escuela de Cupido
logre de Marte el empleo.
Feliz a la monarquía
tan grande día contemplo.
Cesa el rumor y en breve el templo.
Puesto que ya la respuesta
habéis oído, y del cielo
tenéis príncipe famoso,
que os gobierne feliz, quiero
como de Dios sacerdote
explicar a todo el pueblo
el oráculo divino,
que favorece al Rey muerto;
aunque el corazón no excusa
el forzoso sentimiento
viendo que adelante de aquí
Júpiter le niega el cetro.
La muerte de Segismundo
nuestro legítimo dueño
(que ya con los Dioses goza
el más descansado imperio),
quedó Clemente, su hijo
el mayor, por heredero
a la corona, a quien quiso
alevoso negarle el cielo
aquella luz que a los hombres
hace con entendimiento.
Quedó también Polidoro
hijo menor, mas supremo
Pag. 3
a Cleante en el valor
juicio, y prudencia, de extremo
a extremo en los dos pasando
lo prudente, y lo necio.
Viendo el Senado en Cleante
tan lastimoso defecto
a mi cuidado le fía
su educación, y el manejo
de su doctrina, porque
siendo incapaz del gobierno
se viese si le vencía
el natural, para el regio
y soberano dominio
la dirección de un Maestro.
Tres lustros habrá cabales
que con diferentes medios
mi cariño ha procurado
con estudio, y con desvelo
al Príncipe dirigir
labrando su entendimiento,
cuya dureza de mármol
no admite el buril, haciendo
resistencia a la impresión
que intentaban mis preceptos.
Considerándole indócil
y que es loco devaneo
querer que consiga el arte
contra el natural trofeos,
a Licanor que me atiende
gobernador del imperio
por su sobrino, di cuenta
y consultando a este tiempo
al Senado, determinan
(para sosegar el pueblo
dividido en pareceres,
unos de Cleante haciendo
las partes, que por mayor
quieren que rija el imperio
y otros dando a Polidoro
por más capaz el derecho)
que a Júpiter soberano
con sacrificios y ruegos
se obligue, para que declare
el príncipe que a los griegos
debe regir de los dos,
y así en aromas e inciensos
empezando el sacrificio
acabó nuestro deseo,
pues Júpiter obligado
nuestra petición oyendo
a las dudas satisface
y a Polidoro del cetro
hace digno; porque dijo:
vuestro Rey será el que cuerdo
en la escuela de Cupido
logre de Marte el empleo.
Y siendo en fin Polidoro
galán, valiente, y discreto,
señas fijas que el Dios sumo
aquí nos da, con pretexto
de que aquel en quien se hallaren
por nuestro Rey veneremos;
concurriendo en Polidoro
claro se ve que heredero
es de la corona, aunque
haya nacido primero
Cleante, cuando le niega
a este, lo que a aquel da el cielo.
Esta ha sido la respuesta,
este el misterio agorero,
este pues el vaticinio
del gran Júpiter supremo,
este el prodigio, el asombro,
la turbación, el inquieto
terremoto, y el presagio
más feliz, que en su acento
pudo dar a Polidoro
el tonante Dios excelso.
Y en mí no menos felice, Capitán,
pues la ambición de mi pecho
se alimenta en la esperanza
con que presumo que puedo
con Polidoro, a Dantea
mi hija casar, pues veo
Pag. 4
a su belleza inclinado
el príncipe ya ni el regio
esplendor, durará en mí
aunque me falte el gobierno.
Supuesto que tantas dichas
hoy gozamos, nobles griegos
vuestro rey es Polidoro,
y así para que del reino
sea común la alegría
caminad por el rey nuestro
para que en común aplauso
le jure todo el imperio.
Aparte
Ya con la imperial diadema
hoy a Polidoro pierdo.
Aparte
Con este rey se baraja
de Dantea hermosa el juego
Arisdías, pues de Cleante
eres digno y fiel maestro
por él camina a palacio
para que al rey como a dueño
y señor la mano bese
con todos los grandes luego,
tú Dantea te retira.
Vase
Ya Licanor te obedezco.
Vase
Guardeos el cielo señor.
Vase
Y a mí me libre de truenos.
Cúbrese el teatro de Grecia quedando el de Tebas en su lugar y salga Polinarda como asustada y sin acabarse de vestir y dice los versos siguientes mirando al vestuario.
Prodigio soberano
que a mi altivez postras inhumano
suspende el rigor fiero
pues ves como de oírte triste muero,
no bastaba rendirme a tus engaños
cuando de tantos daños
libre mi ser se hallaba, sin que luego
(ya que el alma abrasaste con tu fuego)
en faustos vaticinios me prevengas?
¿Por qué, dime, así vengas
tus iras con estrago tan violento!
¿Cuándo dice tu acento?
A este verso aparecerá por un lado del teatro una mujer vestida al modo que pintan al amor, y dando vuelta al patio cantará lo que se sigue
Canta
De Polinarda altiva
se rinda el duro pecho,
y pues siempre de amor
burló el sagrado imperio
arda, pene, gima, llore
suspire, sin remedio
y el más bárbaro monstruo
y el príncipe más necio
Pag. 5
enseñado de Amor,
pues ya es su dulce objeto
postre, rinda, venza, humille,
supere sus extremos,
y de Amor Polinarda
sea el trofeo,
que así logra Cupido
sus vencimientos.
(Ciérrase la tramoya.)
¡Inhumano rigor! ¡Fuerte violencia!
¿Por qué, deidad tirana, mi inocencia
(si de Dios apellidas el renombre)
castigas violentada? Pues a un hombre
que en sueños me mostró la fantasía
rindes la altivez mía,
y porque más me asombre tu venganza
promete tu esperanza
que monstruo, loco, riguroso, y fiero
mi pecho humillará, de pena muero.
Si culpa ha sido en mí no haber amado,
castigo era bastante haberme dado
objeto que postrase mi soberbia;
pues así la protervia
con que al amor menospreciaba firme
quedaba castigada; mas rendirme
(solo en pensarlo se desmaya el alma)
a tan fiero prodigio, es mortal calma,
es impiedad cruel, es rigor fuerte,
y es trocar por la vida, en fin, la muerte.
Sale el Príncipe de Tebas con un retrato y una carta.
Ya, hermosa Polinarda, efectuado
está tu casamiento deseado
con el de Rodas, príncipe famoso,
y ya con fe de esposo,
para que más estimes su fiel trato,
te envía su retrato.
Recíbele amorosa, y en tus manos
favores soberanos
goce el príncipe amando tu belleza.
(Toma Polinarda el retrato.)
El alma ahoga una mortal tristeza,
y ahora más se perturba mi reposo,
pues veo que no es el que ha de ser mi esposo
el soñado sujeto por quien muero;
mas si bárbaro, monstruo, loco y fiero
mi altivez ha vencido,
muera mi corazón, destituido
de remedio, que no hay más cruel muerte
que a un loco sujetar mi infeliz suerte.
Triste estás, y sospecho
que algún daño me oculta tu real pecho.
Pues el tiempo ha llegado
en que es preciso que de mi cuidado,
oh Ricardo, la causa te refiera
que me obliga a morir de esta manera,
un rato atento escucha
grave el mal, que con mi vida lucha.
De amor siempre burlé el tirano imperio.
Pag. 6
teniendo por notable vituperio
el rendimiento de sus cautelas,
las flechas de su aljaba, despreciadas,
y sentido el rapaz niño, Dios ciego
de ver tan muerto en mí su aleve fuego
avivó las centellas, que apagadas
el corazón tenía sepultadas
y auiendo (ay triste) en tan feliz estado
a morfeo entregado
la dulce suspensión de mis potencias
esta noche en el sueño, intercadencias
sentí que padecía temerosa
el alma recelosa
del mal que prevenía a su descuido
el inhumano Dios niño cupido.
y en esta mortal calma
atiende a lo que vio sin vida el alma!
En phantástica ymagen, un mancebo
en mi ydea se forma, de quien febo
sus luzes participa
y por él sus auroras anticipa,
hablóme afable, y obligóme tierno
y yo que en un volcán, en un infierno
de Amor me imaginaba en su presencia
mutua correspondencia
le prometo a su amor, fiel, y constante
quedando el alma en mi como el que amante
toda la vida fue correspondido
mi alvedrío rendido
a la ydeada ymagen que me altera
cuya efigie en el alma reverbera.
asustada despierto y temerosa
neutral entre aflijida y amorosa
turbada dejo el lecho
y rompiendo la cárcel de mi pecho
dio tiempo en quejas, contra el Dios vendado
que de mí tan astuto se ha vengado
mas cuando ocupa el viento
la triste voz, que balbuciente aliento
al tiempo que llegaste se escuchaban,
suaves lyras, que así me amenazaban:
pues siempre, O Polinarda, con desprecio
has tratado al amor, será de un necio
rendida tu altivez; rigor tyrano!
y un bárbaro inhumano
siendo príncipe monstruo de locura
poseherá por castigo a tu hermosura
que así logra cupido su deseo
triumphando en tu soberbia por trofeo.
Ésta es hermano, mi infeliz suerte
y la causa por quien busco la muerte,
la ymagen que en el alma impresa miro
de amor está logrando el dulce tiro,
la sujeción a un monstruo me atormenta
y en tan cruel tormenta
el corazón zozobra temeroso
Pag. 7
ya con mi amor logrado mi deseo,
avisaré a Rodulfo, y la partida
a Rodas será breve, pues la vida
depositada tengo en Aristea,
hermana de Rodulfo, a quien desea
ver el alma dichosa
gozando posesiones de mi esposa;
que si a lograrlo llego
menospreciando al griego
mi valor sin segundo,
imagina triunfar de todo el mundo;
pues con la unión de Rodas, mi corona
el poder establece que la abona.
Júpiter Soberano,
Príncipe heroico, rija vuestra mano
y a mi hermano y señor, da, que así muero,
me dé valor para vencer el fiero
rigor del vaticinio amenazado
que tanto mi quietud ha perturbado.
A Dios, querida hermana.
(Vase.)
Guárdeos el cielo a vos.
(Vase.)
Y soberana
su piedad, de Rodulfo fiel esposa,
como deseo os haga tan dichosa.
Córrase al teatro de Tebas, volviendo a descubrirse el de Grecia con aparato de coronación de príncipe y al son de clarines y instrumentos de música se dirán dentro los dos versos que se siguen, y mientras se canta la copla irán saliendo, Marfisa, Daristea, Duque de Atenas, Licanor, Polizón y la compañía adentro.
Pag. 8
Dentro.
¡Viva nuestro rey heroico!
¡Viva Polidoro invicto!
Y de sus altos laureles
publiquen los regocijos
la fama en su voz, y el aire
en sus ecos repetidor.
Lograd, señor, la corona
en paz los nestóreos siglos.
¿Cómo mi hermano Cleante
ha faltado?
No ha podido
nuestra persuasión vencerle.
¿Tan loco está?
Dentro.
¿Quién ha visto
otro mayor en el mundo,
di, señor, que tu delirio?
Dentro.
Ved, príncipe, que ultrajáis
así vuestro ser, a Venus...
Dentro.
Pues ¿hay más que no doblarme
porque no me ajen?
Sale Tarima.
Capricho
el más raro que jamás
en la edad se ha visto.
¿Qué alboroto es este?
Es
el príncipe que vencido
de las razones de Aridias,
para que asista benigno
al juramento del reino,
de aquel furor revestido
de su locura, o del diablo
(después de otros desatinos)
da en decir que en una caja
le han de entrar, y a escondidas
no podrán quitarle así,
para darle el dominio
que tiene en Grecia, juntando
a este, un tropel infinito
de disparates, pues dice
también, que estando embutido
allí, se libra de que
no pueda alcanzarle el tiro
de cierta mujer o bruja
que viene a matarle a tiros
por la posta; por lo cual
quiere, que como vestido
en la tal caja le encajen;
a que Aridias cuerdo dijo:
"Mirad, señor, que así ajan
vuestro ser", y él advertido
respondió, "pues no doblarme
porque no me ajen".
Sale Cleante haciendo extremos de loco, y Aridias tras él deteniéndole; lo más que se presente sea paseándose en cuerpo y sin sombrero.
¡Zafios!
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que en príncipes como yo
son las dobleces delito.
Y tienes mucha razón,
pues siempre, señor, he visto
que solo al que entierran doblan.
Repara en el cetro y corona
¡Qué bravo aparato! digo,
pues ¿para quién se previene,
maestro, tanto artificio?
¿No os dije que vuestro hermano
juraba el reino, y que quiso
que a la función asistieseis
para mostrar el debido
afecto con que os estima?
Pónese la corona
Pues ¿quién tan bobo os ha dicho
que soy yo? para admitir
contra preceptos divinos
juramento tan errado
como el que habéis prevenido?
¿No será mejor que yo
lo ocupe, pues merecido
lo tengo antes que no él?
Ya con eso habrás perdido
la memoria de la caja.
Vuelve a dejarla
Siéntase
Dices bien, Tarima amigo,
a encerrarme voy en ella
por huir de los malditos
Licanor y Asidrias, que
muy preciados de entendidos
dan en decir que soy loco
porque así gusto, no asisto
queriendo que a Polidoro
bese la mano, ya he dicho
que en la caja me he de entrar
por no oír sus cuentecillos.
Fin de la caja y el cuento.
¿Vuestra Alteza no ha advertido
que está delante el rey?
Pues, necio, ¿no habéis sabido
que aquí no hay más rey que yo?
El oráculo lo dijo
y a vuestro menor hermano
Polidoro, rey invicto,
el cielo dio la corona.
Levántase
Vuelve a sentarse
¿Y a mí me la dio algún indio?
Vosotros no le entendisteis
o el oráculo ha mentido.
Vuestra Alteza se sosiegue
y advierta que, aunque he nacido
menor en edad, el cielo
hoy de la corona digno
me hace, menospreciando
su imprudencia y corto juicio
para el manejo del cetro.
Levántase
¡Qué gentil bachillercito
está el señor Polidoro!
¿No conocéis que es delito,
siendo vos menor hermano
como confesáis, que sitio
Jornada primera
Pag. 10
Riñéndole
me tratéis de esa manera?
Arridias, pues el sentido
del oráculo explicasteis
me le decid, por si explico
lo arcano de él, que de ellos
algo he de aver aprehendido
Vuestro Rey será el que cuerdo
En la escuela de Cupido
Logre de Marte el empleo
Dijo Júpiter divino
Paseándose
Qué buen intérprete sois
Venid acá majaderos
no veis que decir será
no es decir es o aver sido
Mejor distinción de tiempos
que una turba de latinos
Abrázale
Tarima, que te parece?
dame los brazos amigo
no aprietes mucho señor
Dios ponga en tus manos tino
Apte.
Qué galán, y qué imprudente
Ved, señor, que es desvarío
hacer semejante extremo
Paseándose
Pues qué? también es delito
que sea un Príncipe afable
con sus criados y amigos?
Apte.
Lástima es verle tan loco
(su mismo
nombre señalando)
Ah, que se me ha ocurrido,
Júpiter os dijo acaso
que Polidoro
avía
de ser el Rey escogido?
El más cuerdo Vuestro Rey
será solamente dijo
Señalando a Polidoro
Y vosotros ignorantes
de dónde habéis inferido
que el señor será el más cuerdo?
Alterado
De mi proceder y estilo
más prudente que no el vuestro
Paseándose
Sosegado
Mirad que mal entendido
El oráculo tenéis
pues siempre a Arridias he oído
que el que discreto se juzga
El más ignorante ha sido.
Oiga el señor Polidoro
Un consejo que apercibo
a su estado, Ya que Rey
ha de ser pues es preciso.
no se precie de soberbio
abatiendo al desvalido,
porque siendo pauta el Rey
por donde mide advertido
El vasallo sus acciones,
Viendo esta línea en el typo
Pag. 11
torcida, es forzoso falte
el derecho, en lo medido
de las leyes al vasallo.
Y así para que en lo escrito
un bien pautado compás,
guarden todos; un poquito
baje la de la soberbia
porque hagan todos lo mismo.
Hace de ir y luego vuelve
Oíd, Cleante, esperad.
Aparte.
De oírle estoy suspendido
en medio de su locura.
Esto Arisdias me lo dijo.
¿Qué queréis? No nos cansemos,
mientras yo estuviere vivo,
no ha de haber más rey en Grecia
que yo, y si el Dios os ha dicho
otra cosa, está engañado
o no advertisteis su auspicio.
Vamos, Tarima, y harás
que un oficial al prolijo
traiga la caja, que quiero
encerrarme.
Vase.
¿Habráse visto
temar más desatinado?
Con sus locuras me irrito.
Quiero los pasos seguirle
puesto que el humor le sigo.
Vase.
¡Qué lástima!
¡Qué dolor!
El buen príncipe ha creído
que es dulce, pues quiere caja.
Nunca más loco he advertido
a Cleante.
Pues no hay forma
de reportarle, y ya miro
que la nobleza cumplió
sus afectuosos designios.
Solo resta para el colmo
de mis dichas, que benigno
Licanor, permiso dé
para que el hermoso hechizo
de mi prima, con su mano
(siendo común regocijo
de mis vasallos) corone
las dichas que me apercibo.
Aparte.
¿Qué escucho? ¡Válgame el cielo!
Ya la esperanza en que vivo
murió con tan fiero golpe.
Aparte.
Ya mi corazón rendido
logró feliz su ventura.
Aparte.
Ya los pájaros del nido
se le volaron al duque.
Aparte.
Ya de Cleante he temido
los ultrajes que le esperan.
Aparte.
Ya yo logré mis designios,
casando el rey con Dantea.
De las honras que vecino
Pag. 12
Señor, de vuestro poder
estoy tan desvanecido,
que de mi alegría solo
hago a mi afecto testigos.
Ya, señor, Dantea es vuestra.
Aparte.
De celos rabio.
Descúbrese un mar y en él Polinarda en un bajel que se va a fondo.
Cielos, que me anego, dadme,
sagrados dioses, auxilio.
Clemencia, favor, piedad.
Escuchad, ¿no habéis oído
lástimas que allí fluctúan,
cuando aquí glorias deciros?
Allí peligra un bajel
entre escollos dividido.
Ciérrase la tramoya.
¡Ay de mí!
De mujer son
los lastimosos gemidos.
Vase.
Mi piedad a socorrerla
acude en tanto peligro,
y mis bodas se suspendan
hasta después.
Aparte.
Vase.
Este alivio
aliente mi corazón.
Al Rey, que empeñado miro,
mi valor ayude.
Vase.
Y yo,
a vos y al Rey os asisto.
Vase.
Ya es este empeño de todos.
Vase.
Mi piedad nunca ha sufrido
estar ociosa, y más viendo
que es mujer la del conflicto.
Pues yo he de quedarme aquí
porque el poeta lo quiso.
Lindo rato me prometo,
que Tarima hacia este sitio
viene solo, y ha de hablarme.
Disimulo.
Sale Tarima.
Pues dormido
quedó Cleante en su tema
de la caza entretenido,
a entretenerme también
con Marfisa otro ratillo
me trae mi cuidado, pero
tente Amor, que allí la acato,
y soliloqueando está.
Muy grave, que no le he visto,
quiero fingir.
¿Qué hay, Marfisa?
¿Cómo con grosero estilo
así trata tan humana
de mi cielo lo divino
vuestra lacayuna lengua?
¿Y vuestros pies atrevidos
como del sol los umbrales
pisan?
Pag. 13
Quedito, quedito;
que lo deje, pues con pies
y lengua alzáis el chillido,
que vuelto enojo mondongo
habrá de dar con el mío.
¡Qué grosería!
Mirad
que vuestro desdén altivo
me abochorna, aunque contemplo
ese cielo tan esquivo
que de lo que fue primero
está tan desconocido.
Mis vencimientos, mis iras,
a tan loco barbarismo,
a atrevimiento tan grande,
solo le dan por castigo
el desprecio que merecen
vuestros ciegos desvaríos.
Escollo armado de yedra
yo te conocí edificio.
Agradeced a mis iras...
Hace que se va.
Ya yo estoy agradecido,
y pagada vos quedáis,
pues que no os obligo fino:
¡ay de mí, en tanto tormento!
Valedme, cielos divinos,
que todo un infierno traes
por un amor a quien brindo;
en fin, de vuestro despego
llevo el corazón hendido.
Tened, tened, que me ablando
tanto cuanto, que compasivo
mi amor os dará el remedio
cuando os vea más partido.
A ella.
Tarima, de tu reloj
de faldriquera advertido
detén la mano, que aunque
señale, no des en fijo
con este encuentro un azar
porque tus cuartos perdidos
harán a muy pocos golpes
que desbarate el bolsillo.
Solo con ese favor
no se da por entendido.
Voy ufano, y temeroso.
Decid, ¿por qué?
Porque he visto
si de vuestro amor me llevo
el oro de un cariño,
logrando tales favores
se deshará con dos giros.
¿Sois portugués?
No, pues que a esa
galante no me derribo.
A Dios, Marquesa, y después
nos veremos.
No lo admito.
Yo aseguro que querréis.
Pag. 14
Vase.
Si con poco punto envido,
qué socarronazo ultraje,
Fátima, la suerte me hizo.
Sale Polidoro con Polinarda en los brazos como que vuelve de un desmayo.
Ya todo el cielo en mis brazos
la luz que perdió recobra.
¡Ay de mí!, ¿qué nuevo clima
es este? donde en congojas
peligra sin vida el alma
y todo el valor zozobra.
Hermoso prodigio, ya
estáis libre.
Generosa
vuestra piedad, y me empeña
a obligaciones forzosas.
Aparte.
En mi vida vi hermosura
mayor, la atención me roba.
Quejoso señora estoy
de vuestras luces hermosas,
pues cuando aquí el valor mío
libraros de un riesgo logra,
ponen en otro mayor
mi vida, y es cautelosa
invención, quitarla cruel
a quien hoy la vuestra cobra.
Caballero, agradecerla
y a vuestro valor deudora
me confieso, no malogréis
acción tan bizarra, locas
ficciones, que más ofenden
que obligan, y si aquí ahora
no os pago esta acción, creed
que es cortedad de la poca
suerte mía, y no saber
a qué clima la derrota
de mi fortuna ha traído
a una infeliz.
No, señora,
infeliz se llame quien
tanto de divina goza,
con tanto imperio en las almas,
en prenda vuestra persona.
Aparte.
Válgame el cielo.
Aparte.
Se halla
(porque yo me pierda, y toda
el alma la entregue) y deste
imperio, la real corona
a su invicta frente ciñe
quien del riesgo os libra.
Aparte.
Sorda
de los dioses la clemencia
a mi enemigo me arroja.
¡Ay príncipe mío, ay hermano,
qué caro os cuestan mis bodas!
Salen Licanor y Dantea por una puerta, el duque y Arsidias por otra.
Por aquí nuestro rey vino.
Allí mi atención le nota.
Pag. 15
Aparte.
¿Qué miro? ¿De Polidora
está el alma recelosa?
Denos Vuestra Majestad
los pies.
Aparte.
Oh, cómo malogran,
mi suerte con su venida.
Vuestra Majestad heroica
tanto se empeñó en su alivio,
que su piedad ventajosa
a todos se anticipó.
A Polinice.
Y mi suerte tan dichosa
fue, que pude recobrar
las apagadas antorchas
de ese cielo.
Aparte.
Y de mis celos
soplar el fuego que brotan.
Aparte.
Los dioses tanto favor
os paguen; fingir importa
y disimular quién soy.
Pues que ya de la forzosa
pena del susto, estáis libre,
(si acaso no os desazona)
de vuestro infeliz naufragio
la causa decid.
Ya prontas
os responde mi obediencia,
y así, vuestra atención oiga.
Mi patria es Thebas, mi nombre
infelice Artemidora,
y de los blasones que
a mi sangre generosa
hacen ilustre en mis venas,
el que más me atormenta
es el ser viuda de Ricardo,
que ya infelice le llora
el alma, príncipe heroico
de aquella imperial corona.
Con la princesa Aristea,
del gran Rodulfo de Rodas
hermana, su casamiento
iba a efectuar la heroica
presurosa diligencia
de su amor, y mi persona
llevaba en su compañía
para que mejor su esposa
fuese asistida, y así,
con aclamación gloriosa
de sus vasallos, al mar
entregó sus amorosas
esperanzas, fiando al aire
todo el placer de sus glorias,
mas como de la fortuna
las disposiciones todas
dependen, quiso mudable,
ultrajando sus victorias,
lograr en él sus trofeos;
y dispuso, que horrorosa
una tormenta Neptuno
moviese en sus verdes ondas,
donde el bajel, fluctuando
que entre peñascos zozobra,
dividido, perecieron
todos los que a mi persona
asistían, y Ricardo
(¡aquí el valor se me postra,
aquí el corazón desmaya,
y aquí el alma entre congojas
mortales ansias padece
que en justo llanto la ahogan!)
procurando mi bajel
socorrer, entre las olas
halló sepulcro infeliz
de su valor. La animosa
acción bizarra, y los dioses
(no sé con qué fin) piadosa
conmigo su omnipotencia
permitieron que dichosa
ya, mi desdichada suerte
lograse la vana gloria
de confesar que la vida
debo a la piedad heroica
de vuestro Rey, que galante
me libró su generosa
bizarría, por que así,
aunque los hados me arrojan
a Grecia, donde con Thebas
Pag. 16
La enemistad forzosa
por los sangrientos empeños
que alteran estas coronas
halle en mi enemigo pecho
valido que me socorra,
amparo que me defienda
y auxilio en tantas congojas;
porque así de mi fortuna
la inestabilidad que postra
mis blasones, con su diestra
corte, rinda, venza, y rompa.
Aparte
Aparte
Aunque los agravios hechos
por Ricardo a esta corona
pudiera vengar en vos,
con todo, me muevo a obrar
vuestras desdichas, y así
a la suerte rigurosa
vuestra atendiendo, y no a injurias
que justamente me enojan
(no es, sino amor que un me mueve
con que me cautiva hermosa)
en Grecia os quedad, y haré
que sea vuestra persona
asistida con cuidado
hasta que el cielo disponga
que a vuestra patria volváis,
no permita Amor tal cosa.
Con tanto en mi compañía
os quedaréis.
Ya es lisonja
del hado, con tal favor
mi infelicidad dichosa.
Aparte
Teniéndola aquí conmigo
me aseguro recelosa
de la extranjera, y del Rey.
Y basta que de Artemidora
sepan el suceso en Tebas
y también al punto a Rodas
se avise, porque mejor
la asistan, Dantea hermosa
será bien que se suspenda
el placer de nuestras bodas.
Aparte
Bien haya amor, pues así
tan grande alivio en mis ansias.
Aparte
De esta suspensión, no sé
qué sienta.
Aparte
Aparte
Yo estoy celosa.
Vuestro gusto, gran Señor
debo ejecutar forzosa.
Válgame el cielo, por mar
y cómo aguaste mis glorias!
Retiraos a descansar
pues soy tan feliz que logra
mi amor vuestra compañía.
Ya podéis, Artemidora,
conmigo venir.
El cielo
pague acción tan generosa.
Aparte y yéndose mirándola
Vase con Lican y asisten
Júpiter os guarde a todos.
Los sentidos, turba, y borra
de Dantea los cariños
deshaciendo sus memorias.
Guarde os el cielo Señor.
Vanse por otra puerta
El alma llevo dudosa.
Vase y se da fin a la Jornada
Fin de la 1ª Jornada
¿Qué a mi amor siempre Dantea
se haya mostrado tan sorda?
Plegue a su Deidad sagrada
que los favores que goza
del Rey, los convierta en odio
pues así mi muerte forja.
Jornada segunda
Pag. 17
Sale Cleante asustado, con la espada en la mano, y Fátima tras él, entran por una puerta y salen por otra
Entra, Fátima, conmigo;
anda aprisa, no me alteres.
¿Con qué fin, señor, me traes
antes que la aurora empiece
a reír de tus locuras,
a que aquí rabie de verte
mi sueño hacerle estas muecas,
que aunque el pobre harto lo siente
nunca su mal siente harto
desde que das en ser duende?
Ven acá, ¿tendrás valor?
Si a mí el valor no me tiene
imposible será que
yo le tenga.
¿Pues qué temes?
Que es el valor peso grande
y puede ser, si me vence
la carga, que caiga presto
y con ella me derrengue;
mas con estas prevenciones
y tan temprano, ¿qué quieres?
Que tú, y los dioses me ayuden,
pues intento defenderme
de una mujer que matarme
en este sitio pretende.
¿Qué mujer? ¿Estás en ti?
Mirando a todas partes asustado.
Mira, mira bien si viene.
¿Luego también tienes miedo?
Pues, ignorante, ¿qué tiene
mi corazón más que el tuyo
cuando el temor le acomete?
¿No son de una especie todos?
Más que el mío, si lo adviertes,
tiene el tuyo, y mucho más.
Pues ¿qué más de temer puede?
Miedo que no puede más;
y juzgaba yo que reyes
como tú de tu capricho
a nadie temen ni deben.
Oye, porque mi madrastra
Arsidias no nos aceche,
cierra esa puerta, y verás
que con justa causa teme
mi corazón alterado.
Aparte.
Cierro, y que con míos cierre
su locura será bien,
porque no hay quien le sujete.
Embaina la espada.
Escucha pues mis temores,
sabrás cómo impertinente
Pag. 18
asustado mirando al paño
todas las noches un sueño
da en molestarme de suerte
que me obliga a no dormir
por hacer que así me deje
y como Arsidras al punto
tan cruel me reprehende
referírsele no quiero
porque luego impertinente
me dice, que mis locuras
le matan, y nunca cree
que no le acaban sino es
sus decrépitas vejeces.
Una mujer muy hermosa
(que al verla, no sé qué siente
el alma, entre gozo y penas
dudosa) a matarme viene
tan amigable enemiga
que cuando me da la muerte
entonces la vida cobro
haciendo así, que en mí cesen
mis fortunas infelices
(mira no vengan) atiende
después (este es vano achaque)
a mi juicio le parece
que estoy muy cuerdo, y entonces
se me aflige, duda y teme
el corazón, y alterado
fuera de su centro quiere
hallar el alivio, porque
aunque en su centro le tiene
él le destierra el alivio
que en su bien le previene,
ven acá, ¿tú acertarás
a explicar este accidente?
Si no le das más substancia
imposible es que yo acierte
Pues oye, esta tal mujer
la traigo en la idea siempre
conmigo, y suele decirme
monstruo fiero, ¿cómo vences?
cogiendo el verso de Cleant. sale Polin.
¿cómo vences monstruo fiero
de mi fortuna, la fuerte
altivez mía
repara en Polinarda y huye fu rioso, diciendo ya dentro el úl timo verso
¡Ay de mí!
¿No te dije bien? mi muerte
es cierta, tenla Fátima
vee adelante que va huyendo y se desmaya
¡Altos Dioses socorredme!
mi muerte infeliz llegó.
¡Ay, Señores! ¿que mi suerte
me haya traído a ver esto?
¿Qué es lo que aquí me sucede?
volviendo del desmayo
¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?
¿Vela el corazón, o duerme?
¿Aquí el objeto no estaba
de mi amor? Es evidente,
pues que postrado el aliento
Pag. 19
vencida de un accidente
zozobró el alma en desmayos
al tiempo que pude verle,
pues ¿cómo agora, ¡ay de mí!,
tan presto desaparece?
(Aparte.)
Porque es cosa de tramoja
cuanto aquí, señor, ofrece;
por el paso en que me hallo
que esta o mi amo son duendes.
Reina mía, pues que no
os molesta el responderme
decidme, ¿con qué ocasión
vuesa merced, señor, viene
a desmayarse, sin más
ni más, porque mi amo piense
que viene a matarle, cuando
vusted de verle se muere?
La inclemencia de los hados
a esta provincia previene
arrojarme, mas Dantea,
piadosa, favorecerme
dispone, y, en compañía
suya (logrando la suerte
que en tan adversa fortuna
el cielo quiso ofrecerme)
a quejarme de mis males
salía, porque no duerme
quien como yo sin remedio
tantos tormentos padece.
(Aparte.)
Otra loca en la baraja
tenemos, a mí me quemen
si esta y Cleante no están
tocados de un accidente.
Y decidme vos, ¿qué causa
a vuestro dueño le mueve
para huir cuando yo vengo?
Mejorando lo presente,
ser orate como vos
y dar en decir que teme
a una mujer, que matarle
en este sitio previene.
(Aparte.)
Asustado el corazón
a vuestras razones atiende.
Y vuestro dueño, ¿quién es?
No será fácil que acierte
a definirle, escuchad,
os haré un resumen breve
de su vida y sus milagros
por ver si acaso así pueden
explicarse mi talento
y vuestro juicio entenderle.
Es mi amo, mas no es,
y no os espante que empiece
por un sí es no es, que uno
en decir quién es meterme
quisiera, y no está mi gana
un sí es, no es, de esto huye;
en fin es un disparate,
pues cabeza ni pies tiene,
y este en él es su ser todo,
pues por disparate bebe,
anda, triunfa, viste, calza,
vive, come, cena, duerme
con muchísimo reposo
y sin que nadie le altere.
Es príncipe de este reino
el mayor, pero su suerte
por loco de la corona
le priva, mas cuando quiere
es rey, es emperador,
es duque, es marqués, y suele
hacer con sus disparates
cosas que aturde la gente.
Al sastre hizo ayer sentar
a la mesa, y que comiese
con él, pero muy mirado...
Pag. 20
hace que todas las veces
que le calza un zapatero
se cubra, y con él se siente,
porque da en que los oficios
estimarse en mucho deben,
pues en el mundo, sin ellos,
vivir, ni andar bien se puede,
son en fin de mucho punto
y así es bien que los venere.
Y a un paje del Rey, porque
no hincó la rodilla al verle,
por un balcón arrojó,
y porque cantando suelen
los músicos divertirle
tal vez; mandó que los entren
en prisiones, y al instante
que los pájaros le suelten
hizo; fundado en decir
que estos libertad merecen
porque cantan sin templar,
y aquellos es bien que penen
enjaulados, porque allí
la cabeza no le quiebren.
Éstas y otras muchas cosas
califican su caletre
por lo cual, bárbaro, monstruo,
fiero, loco, y imprudente
le llaman todos, y en prueba
es el coco de la plebe:
esto es en suma mi amo.
Si otra cosa usted no quiere
Quedase como suspensa.
¡Yo muero! Deidades sacras,
¿por qué permitís que vengue
y con tal rigor sus iras
ese niño dios ardiente?
Porque conozcas tu error
y que los hados no mienten,
cuando del amor más huyes
más próximo se te ofrece.
Ya el rey se sube, que va
que otro desmayo nos viene.
Al paño.
Vistiéndose aquí mi hermano
sale, y porque no me encuentre
huyo de él; ¿si se habrá ido
esta mujer que así vence
mi corazón temeroso?
Mas la que allí está parece...
Si así me quitan la vida
para darme tan cruel muerte,
cielos divinos, ¿no fueran
mejor, que sepulcro lóbrego
sido el mar de mis desdichas,
que ultrajarme de esta suerte?
No, Lisandra, de sus flechas
cuando te rinden te alejes,
pues si no sabes morir
deja que el amor te enseñe.
Al paño.
Arranca la espada.
¡Vive Dios que no sé qué...!
pero ¿mi valor qué teme?
Ya que es infame; a ver voy
dónde se halla o se pierde
mi amo con vuestra licencia;
mas vive el cielo que vuelve.
Al empezar la música esta copla sale Cleante por detrás de Polinarda con la espada desnuda huyendo, y cuando la ve la cara se suspende y ella queriendo huir hace lo mismo, y Farín dice corriendo por el tablado estos dos versos que se siguen = no ha de cesar la representación mientras dura la música.
Huyendo.
Muerto soy; Baco mi alma
entre sus pámpanos lleve.
Victoria por el amor
publicar al punto puedes,
pues sus preceptos te abonan
la ignorancia que así pierdes.
Mujer que así... ¡mas qué es esto!
¿Quién las acciones suspende?
¡Detén, fiero monstruo! Cielos,
¿quién helada me detiene?
Pag. 21
Suspensos como admirados
¡Oh, Príncipe!
¡Oh, Señora!
Oigan que de buen paso aqueste...
Aparte y mirándose
No vi en mi vida belleza
que a esta igual me pareciese.
Aparte
Solo al joven y deidad
siendo él competirle puede.
¡Qué hermosa! A mis potencias
el ser robó que posee.
¡Qué galán! Que al albedrío
ya todo el dominio tiene.
¡Ah, señor! Viven los cielos
que de menguante a creciente
juzgo se ha vuelto tu luna
con la conjunción presente.
Ay, Tarima, yo me muero;
qué dulce veneno es este
que abrasa como que yela
y yela como que enciende.
Ese es el caldo de zorra
como tres y dos son siete.
Aparte
¡Cielos! ¿Qué escucho? Ya el alma
oyéndole cuerdo asiente.
Dentro
Ya los hados su firmeza
en ti, Lisandra, experimenten,
y pues de ti el amor triunfa,
viva en su imperio quien vence.
Sale Polidoro solo y se queda al paño, sin que le vean los que están fuera.
No canten más, que mis males
con el alivio se ofenden;
ay, hermosa Artemidora,
a quejarme solo a este
sitio, de tu ingratitud
me trahen las luces que viertes;
pero acá, allí está Cleante
y a quien he visto, feliz suerte,
el dulce imán que me arrastra.
Hombre, mira que te pierdes.
Hermosa, bella deidad
cuya hermosura suspende
toda el alma, que rendida
en sacrificios te ofrece
amante mi corazón.
Al paño
¿Qué escucho? Encanto parece.
¡Aún un ignorante habla!
A tu belleza le debe
mi ser el ser, pues por ti
logra nuevo ser que adquiere,
renaciendo en mil dichas,
las luces que me previenes;
mas no admiro que feliz,
otro de el que he sido, hacerme
quieras cuando en ti contemplo
una deidad que venere
el corazón, porque así
se vea que hacerme puedes
de nuevo, dándome vida,
pues tanto de diosa tienes.
Pag. 22
Aparte.
Albricias, corazón mío,
este ha sido el inconstante?
Válgame el cielo, si acaso
estará ya cuerdo este
o será de su locura
algún variable accidente.
Ya de quien sois informada,
cuidadosa el alma atiende
si vuestras razones son
tan advertidas, que dejen,
quieto el ánimo, de quien,
de vos recelosa, atiende.
Aparte.
Al irse ve a Polidoro y vuelve a hablar a Cleante como en secreto.
Perdido soy si a mi amo
lo que le conté dijese,
quiero escaparme; mas ay
que Polidoro aquí viene.
Señor, señor, mira que
tu hermano te escucha.
Aparte.
Alterado, fingiéndose loco.
Empuña la espada y se pone junto a Tarima.
Deme
el favor mi industria aquí,
para que nada sospeche
de mí si acaso me oyó.
Qué? mi valor probar quieres
di, Tarima? La señora
juzgó por Marte coronarme,
ayúdame tú, y di luego
que vengan los que quisieren.
Ya llenó la luna, a Dios.
Aparte.
Qué poco duró mi suerte.
Sale.
Ya otra vez está furioso,
y sospechoso me tiene
averle tan cuerdo oído
y ahora tan necio verle.
quiero salir, por que solo
con la extranjera me deje,
de las luces que atesora
vuestro cielo, gira el sol
a buscar amante el sol.
Vengo vuestro Artemidoro.
Aparte.
Bercebú te trajo aquí,
ahora sí que ay fiesta doble.
Siempre vuestro pecho noble
me honra gran señor así.
Por divina lo granjeáis.
Loco.
Pues qué? los reyes también
sin saber cómo o con quién
en galanteadores dais?
Quién os mete a vos en eso?
Yo, que puedo reprehender
lo que no debéis hacer,
cuando me parece exceso.
Ved, que delante de mí
estáis.
Gentil advertencia,
acaso vuestra presencia
más que yo supone aquí?
A no mirar que ignorante
Tened señor Polidoro,
no así con vuestro desdoro
hableis cuando estoy delante.
Pag. 23
Norma, que a todos enseñe
la lengua ha de ser del Rey,
porque siendo en ella ley
que enseña a hablar, no despeñe
nadie su mal proceder
en palabras, mas pues vos
tan poco enseñáis, por Dios
que Rey no debéis de ser.
Demás, que si a vuestro hermano
así tratáis, es corriente
que con vos hará la gente
lo mismo, pues está llano
que el que a su hermano, aunque necio,
desprecia, a sí mismo ultraja,
pues tanto en él su ser baja
cuanto sube su desprecio.
Aparte.
¿Es posible que le den
por ignorante a este hombre?
Aparte.
Ya es razón que yo me asombre
de oírle tan cuerdo. ¿Quién
tan bárbaro y desatento,
mueve esa lengua atrevida?
Paseándose.
Por Dios que a risa convida
vuestro injusto sentimiento;
de un ignorante, no ofenden
las razones mal fundadas.
Ira de Dios, cuchilladas
son estas que a un mármol hienden.
Cuando de malicias llenas
se pronuncian, castigarse
deben, oye, o no escucharse.
De vasallo al Rey, las venas
no tienen fuerza al castigo.
¿Quién es el Rey?
Poniendo mano a la espada.
Quien lo fuere,
y entended si os ofendiere
que yo soy. Él que lo digo.
Ya con vuestras necedades
me cansáis más, y pensad
cuanto más loco que estáis
muy colmado de verdades.
Pues qué, ¿no queréis oírlas?
Vase despacio.
Más acertado es dejaros
que inadvertido escucharos.
Vase por otra puerta.
Hacéis bien, yo he de decirlas,
que aquí estéis, o que no estéis,
y otra vez si os reprehendiere
lo que mal me pareciere,
no así hermano os alteréis.
Vase.
¡Zampose! Al buen Rey postizo
le ha echado el agua cociendo,
por Dios que me voy yendo
de este juicio pegadizo.
Vase.
Cielos, pues que permitís
tal castigo a mi inocencia,
dadme en mis males paciencia,
pues tantos me prevenís.
Correse el teatro de prisa volviéndose en su lugar el de Thebas, y el Príncipe se descubra sentado y de luto.
Pag. 24
Ya con tantos sentimientos
mi vida infeliz acabe;
cuando lloro de mi hermana
el funesto, y miserable
fin, que en el mar su desdicha
previno a su fe constante,
me avisan que en mis fronteras
del griego se ven triunfantes
los pendones, con que eclipsa
la luz de mis estandartes
y al mismo tiempo, y de todos
me escriben, como al instante
que de mi hermana, Rodulfo
supo el caso lamentable
a un parasismo rendido
entre accidentes mortales
pasó a gozar con los Dioses
la luz que eterna reparten;
ojalá que yo en el mar
de Polinarda en el lance
la vida hubiera perdido
para que así, tantos males
acabaran de una vez
con mi fortuna inconstante.
Sale el Alcaide.
Deme vuestra Majestad
los pies.
Del suelo levante
Lidoro la lealtad vuestra.
Al castillo donde alcaide
soy, por honra que me hicisteis,
llegó, Señor, ayer tarde
un prisionero de Grecia
y dando señas bastantes
dice, que a la Real persona
de vuestra hermana (que guarde
Júpiter, para consuelo
nuestro, y de vuestros leales
vasallos) en una tabla
arrojaron las voraces
furias del mar, y que está
prisionera en Grecia.
Dadme
Lidoro por tales nuevas
los brazos.
Y vigilante
mi cuidado, luego al punto
(porque no se os dilatase
este placer) por la posta
vine a avisaros.
Bastante
premio os dará mi atención,
pues no hay mal que me acobarde
estando viva mi hermana.
Lidoro, mi amor os hace
de la fortaleza dueño.
Disponed pues al instante
que con la gente que encierra
y la que también se hallare
alojada, con la que
hay en las fronteras, marche
un ejército lucido,
para que así se restaure
toda la luz de mi imperio
que al griego alumbra, y de Marte
los laureles vencedores
mis regias sienes enlacen.
Vivan los años del fénix
Señor por honras tan grandes.
Por Teniente General
iréis de la armada.
Atlante
del valor y la prudencia
más que Alexandro, reparten
los premios con los honores
vuestras manos liberales.
Ejecutad pues el orden.
Yo iré a prevenir las naves,
para triunfar de enemigos
el cielo Señor os guarde.
Vase.
Rayo he de ser desatado
de las esferas de Marte,
porque las banderas griegas
ajando sus tafetanes
sirvan de alfombra a mis pies
para que el mundo me aclame.
Vase cubriéndose el teatro de Thebas, y en el de Grecia salga Polidoro solo.
Mal sosiega un desdichado,
no hallando a su mal remedio,
pues siempre cualquiera medio
multiplica su cuidado.
Dígalo yo, que vendido
al amor de Artemidora,
a quien firme el alma adora
de el de Dantea ofendido,
me hallo, y cuando al dolor
de verme de aquesta amado,
y de aquella despreciado
busco el remedio, mayor
hago al corazón la herida,
siendo en tan adversa suerte
si vida en la una mi muerte,
muerte en la otra mi vida.
Mas Artemidora, ¡ay cielos!
sale a esta cuadra, ocultarme
quiero aquí, porque al mirarme
no se vuelva, y mis desvelos
multiplique con su ausencia.
Retírase al paño y sale Polinarda sin verle.
¿Por qué Dioses soberanos
rigores hoy tan tiranos
prevenís a mi inocencia?
Mi mal no basta, ¡ay de mí!
sin que también Polidoro...
Mi nombre en su labio, y ¡qué
dicha!
intente...
Sale Polidoro.
Adoraros
solamente, y publicar
que nadie puede aspirar
más que a la gloria de amaros.
Hado cruel, gran Señor
vuestro favor liberal
me asombra de suerte tal
Pag. 25
me confieso, mas si así
queréis pagarme aquí,
ved, señor, que se desdora
de vuestra acción lo galante,
y si así cobrar sabéis,
excusar, señor, podéis
hacer bien de aquí adelante.
Solo es el Rey quien me ofende.
Solo es traidor Polidoro.
Y a ciego amante os adoro,
que a nada mi amor atiende.
¡Ah, traidor!
De tanto fuego...
¡Ah, Rey ingrato!
La nieve
de vuestras manos...
¡Ah, aleve!
mitigue el ardor...
Yo llego.
hace que le va a tomar la mano
Mirad, señor,
Sale Dant.
Ya faltó
al sufrimiento paciencia.
Sale Lican.
Ya el sufrimiento es violencia,
pero ¿quién está aquí?
Yo.
¡Oh a qué mal tiempo llegaron!
¡Oh a qué buen tiempo vinieron!
¿Si acaso amante me oyeron?
¿Si acaso fiel me escucharon?
Mas mi padre entra conmigo.
Pag. 26
Ap.
Conmigo llegó Dantea
Ap.
Que esto mire?
Ap.
que esto vea?
Ap.
¡Ah, infiel amante!
Ap.
¡Ah, enemiga!
a Polidoro
Si viniera Señor Juzgado
en vos esta ocupación
Recatada mi atención
a estorbar no hubiera entrado
turbado
Yo señora
Hija Dantea
retírate, porque tengo,
en un negocio a que vengo,
que hablar al rey
Ap.
Porque sea
la cólera de mis celos
mayor, el cielo permite
que ahora mi padre me quite
esta ocasión
Ap.
Por los cielos
soberanos que ha llegado
a recelar mi valor
Ya os obedezco señor
Ap.
Que no hubiese yo cerrado?
Artemidora conmigo
venid
El cielo señora...
Ya, ya, lo sé, Artemidora.
De mi inocencia es testigo
confusa voy y turbada
Ap.
Vanse las dos
de celos, Darío, que no
logre aquesta ocasión yo
de desocarme agraviada
Aunque siempre el corazón
no dejó de recelarse
de lo que aquí mi cuidado
ha notado vigilante,
con todo, nunca de vos
imaginara este lance,
pues cuando de mi lealtad
no os obligaran las grandes
finezas y rendimientos,
ni el ser tan vuestra mi sangre;
cuando hoy regís un imperio
era razón que mirase
vuestra prudente grandeza
que a ser ejemplo el rey nace
del vasallo, y que si el rey
tal vez se desliza frágil
sin notar que sus tropiezos
hay también quien imitarlos
pueda, verá en su corona
un laberinto de males,
que hace el tropiezo del rey
la caída en todos fácil.
No gran señor me motiva
el que ahora excuse casarse
con mi hija vuestra alteza
a advertiros, que pues hace
el acaso, que libréis
a esa extranjera, que amante
no prosigáis, como vos
sin advertido, intentasteis?
mirando a todas partes
tened, tened, a deciros
iba, que aquí no me trae
esta queja, aunque sentirla
sea preciso, que a nadie
nos escuche importa = aunque
más peligroso, más grave
motivo me obliga
Cielos.
Ya es preciso reportarme
Qué será? vuestros temores
me tienen suspenso
dadme
atención un rato breve
decid
están hablando en secreto y sale Tarima, y en viéndolos se detiene al paño
buscando a Cleanta
vengo, pero allí se miran
Lucanor, y el rey, más valdrá
un ratillo de secreto
que diez días de pesares.
Estos sin duda han venido
a consultar a esta parte
la enfermedad de mi amo,
cosquillas por Dios les hace
su accidente de cabeza
Pag. 27
Sale Aristio por la otra puerta, y se queda al paño
Aquí mi lealtad me trae
siguiendo a Licanor, porque
cuando otra vez vuelvo a instarle
en que el príncipe cuerdo
pide que se le restaure
la corona, con mil dudas
me responde, y se persuade
mi temor, que algún gran daño
fomenta.
Quiero acercarme
por si algo percibo.
Aparte.
Ya
es preciso que me case
con Dantea, por quietar
a Licanor, que ayudarme
intenta, dando secreta
muerte a mi hermano.
Vuelven a hablar en secreto Licanor y Polidoro.
San Marte,
¿no dije yo que los dos
consultaban achaques?
Estos son médicos diestros,
pues cuando sus juntas hacen
todo es dar sobre el paciente;
y para luego en matarle...
Vuestro sentir, Licanor,
apruebo, y así al instante
lo ejecutad.
Con razón
debía yo recelarme.
¡Cruel traición!
Aparte.
Poco importa
que sea preciso casarme
por reinar, pues violentado
seré de Dantea amante
fingido, y de Artemidora
firme, fiel, fino y constante.
Al duque de Athenas orden
daré, señor, para que antes
que en la corte se divulgue
la cordura de Cleante
le prenda.
Y será ocasión
para excusar que notarse
pueda, cuando nuestras bodas
empiecen a celebrarse.
¡Ah, ingrato y tirano rey!
Una vez preso, matarle
toca a mi industria sin nota.
Eso fuera si guardarle
no supiera mi lealtad.
Los dos le dan bravo mate.
Voy volando a que esta purga
que de la consulta sale
recetada, pues se da
en ayunas, mi amo trague.
Vase.
Sin dilación a avisar
voy al príncipe, o en hallarle
pudieran luego mis ansias.
Vase.
Pag. 28
Aparte
vamos Licanor; que arrastre
la ambición tanto de un Reino
que a ser con mi propia sangre
traidor me obligue?
Los cielos
gran señor tu vida guarden.
Vanse = Sale Cleante solo como suspenso.
Como aquel que de un sueño se levanta
Como aquel que un tesoro ha descubierto
Como el que vivo se juzgaba muerto
Como el que ciego de la luz se espanta
así mi razón tímida, con tanta
confusión zozobrando, no halla puerto
pues ayer me miraba como yerto
cadáver, sin la vida, y hoy levanta
mi ser el juicio que de Amor recibo
descubriendo el tesoro venturoso
y cobrando la luz que me faltaba,
pero cuando despierto me percibo
dudo si estoy soñando temeroso
pues empieza mi bien en donde acaba.
Qué desdichado naciste
porque naciste ignorante
infeliz corazón mío,
oh qué bien dije! pues nadie
más infeliz nacer puede
que aquel que ignorante nace;
de un imperio mi locura
me privó, razón bastante
fue el ser loco, para no
ser Rey, porque solo
experimenta un Rey sin ella,
dígalo yo, pues hoy hacen
de la mía vituperio
mi hermano y tío: quejarme
no debo de su discurso
pues nunca bien persuade
a que es cuerdo en breve tiempo
el que ha sido loco edades.
Aridras segunda vez
fue a hablarlos, y porque acaben
de persuadirse, yo mismo
quiero de mi juicio alarde
hacer, pidiendo a los dos
que el imperio me restauren.
pero lo que me atormenta
y a mi corazón le hace
más dura guerra, es el ver
que Artemidora avasalla
el alma, cuando de Aridras
sé la ocasión que la trae
a esta región, y también
las crueles enemistades
sangrientas de Grecia, y Tebas
pues en ella, tanta sangre
vertida, ha de hacer conmigo
preciso el ocio; si amante
mi dolor quiero explicarla
porque de otra suerte arrastren
tantas muertes, de una vez
esta vida miserable.
quedase como suspenso y sale Polinarda sin reparar en él
Como aquel que recobra el ser perdido
Como aquel que renace a nueva vida
Como el que alcanza la razón perdida
Como el que cobra el que perdió sentido
está mi corazón, pues he sabido
del príncipe mi hermano la partida
y que su vida está destituida
del remedio libre, qué dicha ha sido!
también me dan aviso que el aliento
a la parca rindió Rodulfo en Rodas
alivio que el tormento me destierra
pues faltando a mi amor este tormento,
el ser, la vida, con las dichas todas
el amor de Cleante fino encierra.
qué feliz mi suerte ha sido
pues cuando intenta postrarme
la vil fortuna, disponen
esos ojos celestiales
quitar la vida a Rodulfo
y hacer prudente a Cleante
Pag. 29
repara en él
porque si me rindió loco
pueda dinero obligarme,
y lo que aumenta mis dichas
es el saber que librarse
pudo mi hermano, y que viene
con prevenciones marciales
contra Polidoro, que hoy
con Dantea desposarse
determina, porque así
cesen porfías amantes
en él, que a mi honor cuidados
pudieran quizá costarle.
Pero el príncipe, que duda,
está a quejarse, a agraviarse
de su fortuna valora,
pues jueces, que pertinaces
e incrédulos, la corona
su hermano y tío entregarle
no permiten. ¡Quiera el cielo
que mi valor a Cleante
pueda ayudar, para que
el cetro que hoy pierde gane!
repara en ella
¡Cielos divinos, valedme!
Pero ya en vano quejarme
determino, cuando el cielo
tan cerca puede escucharme.
El alma que no tengo se os rindió,
la vida que me alienta os entregué,
en vos mi vida muerta renació
desde que ya os adora fiel mi fe,
el cielo vuestro hermoso me alumbró,
mas cuando abrí los ojos me cegué,
y pues el alma y vida ya os di allí,
el corazón también se os rinda aquí.
aparte
aparte
¡Qué galán! Vuestras finezas,
aunque pudieran galantes
inclinar mi voluntad
a vuestra pasión amante,
mal haya, amén, el recato,
que a fingir me persuade.
Hay razón para no oírlas,
si bien deben estimarse
por honras que a una extranjera
vuestro noble favor hace;
mas que no el ver, sintiendo
aunque finjo el despreciarle.
No por tan ocultos modos
queráis, señora, matarme,
advertid que es tiranía.
Sale Aristides presuroso
Príncipe, ni un breve instante
te reserves, todo el rigor
tirano y cruel, pues antes
que ese luminar del día
sus doradas hebras bañe
en el océano, intentan
traidores asegurarse
tu hermano y tío en el reino,
y así prenderte y matarte
determinan, porque al punto
que mi lealtad volvió a invitarles
y, viéndote prudente,
la corona te entregasen,
los dos retirados, solos,
previnieron, ¡fuerte lance!
la traición; y mi cuidado
pudo, aunque más recelarse
de mí quisieron, oír
de sus palabras lo infame.
Huye, gran señor, si quieres
de sus rigores librarte,
y pues que mal entendido
el oráculo, a quitarte
el reino, aunque no traidor
su príncipe, tanta parte
será, dándote la vida
aquel error se restaure,
en la dilación hay riesgo.
Sale Tarima corriendo con un lío al hombro
huyendo, suenan instrumtos
Desde poniente a levante
he de correr en un'hora,
si el miedo no me estorbare.
Señor, mira que a prenderte
vienen, y luego a matarte,
porque Polidoro ahora
que sale hacia aquí a casarse
orden dio, para que vivos
te pesquen, antes que acaben
de su boda la función,
con que el plato de los antes
quieren que hagas, y aunque yo
por cuerdo concomitante
(pues ya por cuerdos castigan
los grandísimos salvajes)
quiero marchar, no sea que
también su furia me alcance
y volver loco me hagan,
que en mi juicio es cosa fácil;
omnia mea mecum porto.
Señor, por lo que tronare,
y pues ya la purga tienes,
vete, vete por instantes,
vive Dios que vienen ya.
Pag. 30
Aparte.
Preciso es que a mí me alcancen
también sus iras, si acaso
que viene mi hermano saben.
Contra tan cruel traición,
¿de quién podré yo ampararme?
De tu enemigo deidad
triunfa, Amor, pues feliz notas
que con sus victorias tú
logras feliz tus victorias.
Parece que respondió
esta voz a mis congojas.
Corramos de aquí a la China,
¿que a mí ahora te arrojas?
Señor, en tanto peligro
huir con presteza importa.
Bien puedes ya sin recelo
de tu enemigo custodia
hacer, porque así destruyas
fortunas que amante porfías.
Menospreciar el acaso
es ya temeridad loca.
Esto ha de ser; vos, maestro,
asistiréis a las bodas,
porque así nada sospechen
las intenciones traidoras
de mi hermano y Licanor;
que yo con Artemidora
del invencible tebano
intento que me socorra
el poder, para lo cual
llevarla conmigo importa;
sorda, persuada a su prima
a mi amparo, y porque heroica
acredite con Licanor
verdades que me ocasionan
a dejar así mi patria.
Aparte.
Ya de las iras forzosas
de los tiranos, si saben
que viene mi hermano, logra
librarme así mi fortuna.
Habla aparte con Polinar.
Y cuando vean que toda
la gente está junta, luego
publicad que Artemidora
huyó, porque divertidos
en seguirla, presurosa
mi planta pueda ocultarnos;
y en la confusión notoria
de buscarla, podréis vos
seguirme haciéndome escoltas.
Vase.
Sin dilación obedezco;
que advertido al riesgo forma
las prevenciones precisas
que en él le aseguran, ahora
confirmo en él su prudencia
feliz mi suerte, pues logra
que el mejor maestro Amor
haga su vida tan otra.
Pues ya en fin que este motivo
asegurarme ocasiona,
¡pared!
Instrumentos.
No os fiéis en flores,
que llegan...
Pag. 31
Artemidora,
ya no es ocasión de nada.
Vamos, que pues mi amor goza
esta dicha, ella sabrá
quién ha sido Artemidora.
Vanse los dos
A Dios, ya cargó con ella;
lo que él ha de hacer ahora
es echarse con la carga
si los soldados le topan.
Vase, y mientras se canta la copla siguiente irán saliendo de acompa-
ñamiento el duque, Licanor, Marsia, y detrás Dantea, y Polidoro
Guerras de amor y desdén
nunca las dichas malogran,
que del desdén los trofeos
en amor los triunfos doblan.
Aparte
Aparte
Yo muero, que así violente
mi cariño la ambiciosa
ley de reinar.
Aparte
Que permita
Amor, que yo entre congojas
tan mortales, de Dantea
mire que otro el cielo goza?
Qué cavila, qué hace el duque?
Ya es, duque, ocasión, pues a solas
sin estruendo podréis bien
a Cleante que malogra
el sosiego de este imperio
prender sin alguna nota.
Aparte
Voy a obedeceros, quiera
el cielo Dantea hermosa
castigarte, pues que siempre
estuviste a mi amor sorda.
Vase
Sale Aristia
Griegos nobles, y famosos,
escuchad la más traidora
acción que un ingrato pecho
a tantos favores forja.
En un bajel, que del mar
surca las saladas ondas,
huye arrebatado por el viento
y la falsa Artemidora,
y dando al piélago undoso
las velas...
Sale el duq.
Cleante forma
alas, con que por el viento
huyendo su furia loca
burla vuestras prevenciones,
al tiempo que Artemidora...
tendiendo al aire las velas,
favorable viento en popa...
dio a su libertad principio.
Y fin ya, a todas mis glorias.
Aparte
Ya fluctúa mi esperanza.
Cuánto va que ya no hay boda!
Al punto sin dilación
todos los puertos se cojan
para impedirles el paso;
y la función por ahora
de las bodas se suspenda
pues la asistencia es forzosa.
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de vuestras personas, porque
no se altere la corona
con tan raras novedades.
Ya respiran mis congojas.
¿No lo dije? A Trebisonda el rey
no le ha llegado su hora,
y si es morirse casarse,
el purgatorio lo halla.
Duque, Arfidante, al instante
la prevención cuidadosa
de mi tío se ejecute.
Vanse.
Solo obedecer nos toca.
Vamos, amores, pesares.
Vanse los dos.
Aquí paz, y después gloria.
Vase.
Muera Cleante traidor,
y pues mis laureles borras,
su prudencia he de postrar
ante mis pies, pues que me enojas.
Vase.
Mi amor desdichado muera,
y pues que ya Artemidora
me vendiste, muera yo,
que sin ti mi vida sobra.
Vase y se da fin a la jornada.
Fin de la segunda jornada.
Jornada tercera
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Disparan, suenan cajas y clarines y ruido de desembarcar, y dicen dentro lo siguiente:
Los esquifes echad, porque las naves,
peces que vuelan cuando nadan aves,
vomiten de sus senos cavernosos
esos hijos de Marte valerosos
que en su centro conduce, guarda y lleva
Neptuno proceloso.
A tierra, a tierra.
Disparan, y descubriéndose una tienda de campaña, salgan en ella el príncipe de Tebas y soldados.
Disparan.
Y haciendo feliz salva
la campaña, salude alegre al alba.
¡Oh, valientes tebanos,
rindan del griego mil heroicas manos
la altivez negra y vana,
mi honor cobrando, junto con mi hermana!
Segunda vez la salva mis victorias
en anuncios publique con mis glorias,
siendo el clarín sonoro que me aclama
la trompa, voz y lengua de mi fama.
Suena dentro ruido de espadas y después que Polinarda ha dicho el verso que se sigue, salga Tarima con mascarilla, y con la espada en la mano, cayendo al tablado, y se queda al paño.
Pag. 34
Dentro Polinarda.
¡Valedme, cielo santo!
Sale Tarima.
Con el miedo allí caigo, aquí levanto,
y en tan ceñido enojo,
porque caigo en la cuenta, no me arrojo;
pues es un disparate bien mirado,
dar un hombre caído en arrojado.
¿Qué es esto? ¿Qué alboroto
inquieta nuestra gente?
Dentro Cleante.
El pecho roto
y el corazón difunto sin aliento
antes veréis en mí que el vencimiento.
Dentro Alcaide.
Cercadle todos.
Rayo es desatado.
Vigilantes, mirad quién ha turbado
el campo nuestro.
Salgan Polinarda de hombre, y Cleante con los rostros cubiertos, retirándose del Alcaide y otros soldados.
¡Desdichada suerte!
Cobardes, una muerte
ha de ser cada golpe de este brazo.
Por Dios, que este tal Cleante es maestro.
Fuego de Dios, cual llueven cuchilladas.
Ampárenme los dioses.
Cae a los pies del Príncipe.
Las espadas
con vuestro enojo suspended, valientes.
Aparte.
Siéntolo en el chibal, esta vez mientes,
que cuando aquí me acoso,
la muerte, ¡vive Marte!, trayo al oso;
pues el mísero cuerpo, en este punto,
despide cierto olor, ya de difunto.
Ya, príncipe famoso,
mi desdicha en tus pies halle reposo.
Aparte.
¿Que al tiempo que a ampararme de mi hermano
aquí venía, el cielo soberano
permitió el empeño
en que pude perder mi amante dueño?
Decidme vos, teniente,
la causa de este empeño tan urgente.
Al real los tres llegaron,
donde por vos, señor, nos preguntaron
cubriéndose los rostros, y un soldado,
con militar cuidado,
quiso reconocerlos,
porque espías juzgó que eran al verlos.
Mas ese joven que miráis valiente,
sentido de la acción no impertinente,
con denuedo sobrado
desnudando el acero hirió al soldado,
cuya acción indignando al campo todo
contra los tres se mueve de este modo,
y hasta tu tienda corren la campaña
de nuestra gente, huyendo la cruel saña.
¡Raro empeño, por Dios!
Ya en mi presencia
no receléis violencia,
los rostros descubrid, y sin engaños,
al Príncipe de Tebas...
¡Malos años!
La causa referid que aquí os obliga
a llegar de esa suerte.
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Antes que diga
y el rostro me descubra, del seguro
homenaje me haced.
Al cielo juro,
y a Júpiter tonante soberano,
sobre mi espada puesta mi leal mano,
de no ofenderos si verdad me trata
vuestra lengua: decid.
Descúbrense los rostros los tres.
Vea aquí mi cara.
Asústase.
Válgame Dios, qué miro?
A los tres nos derriba ahora de un tiro
Lapo.
Empuñan las espadas y Polin. se pone en medio de ambos.
Pues cómo así, traidor?
Príncipe, hermano.
Suspended el impulso soberano
y ved que el juramento
al seguro os obliga.
Atrevimiento
contra mi honor como este le rebajas!
Huyendo.
De Cleante era buena aquí la capa.
Previendo vuestro enojo
al sagrado me acojo
del homenaje que os pedí advertido,
y pues no habéis oído
la causa de tan raros accidentes,
escuchad.
Con perdón de los oyentes.
Ya es fuerza el atenderos
pues prometí una vez el no ofenderos.
Sale un soldado.
Presuroso, de paz, al campo llega
un venerable anciano, y no sosiega
hasta hablaros, señor.
Dentro Arist.
Aunque lo impidas,
si el hablar a Ricardo dos mil vidas
me costara, he de entrar.
Ya llega osado.
Sale Arist.
A tomar por sagrado
vuestros pies, cuyas plantas, de la Luna
huellan el globo, con feliz fortuna!
Príncipe excelso, cuya heroica fama
del uno al otro polo se derrama
siendo el laurel que ciñes a tu frente
bronce inmortal, espejo refulgente
en cuyas hojas, para eternas glorias
Marte dibuja todas tus victorias.
El que ves es Cleante
del griego imperio Atlante
y su rey poderoso, aunque infelice;
a quien (porque su nombre se eternice)
la historia de su vida
no menos prodigiosa, que afligida
(que sabrás más de espacio) le ocasiona
a dejar las coronas
que hoy goza tirano
Polidoro su hermano,
con ambición soberbia, necia, y loca
cuando solo a Cleante infeliz toca.
Huyendo los rigores de sus iras
del modo que le miras
viene a pedirte, que le des socorro.
Pag. 36
contra su hermano, y yo que leal corro
defendiendo su vida la campaña,
desde aquella montaña,
en el riesgo le vi que tus soldados
le quisieron crueles, cuanto airados,
y presuroso, en fin, turbado, y ciego
hasta tu tienda llego
aunque el paso tu guarda
me impide rigorosa, por que tardas
mucho un leal, cuando a su rey defiende
si licencias pretende.
Hay lances en que es fuerza
que en el riesgo tal vez la ley se tuerza.
¿Y a qué entraste?
Yo es bien que esto diga;
la causa que a venir así me obliga
ha sido, por que pueda del tirano
encubrirme; y la mano
dando a Cleante de feliz esposo
(pues Rodulfo dichoso
pasó a reinar a la mejor esfera)
con él de esta manera
pude llegar hasta tu misma tienda,
donde a todos nos junta la contienda.
Porque en ella rendido, y arrojado
de la vil inconstancia de mi hado,
mi amor premiando tu valor invicto
asegurarme pueda del conflicto,
y pues vengar tus armas hoy pretendes
los agravios del griego, que te ofenden,
venga también el mío, que es tan tuyo,
pues de esta suerte, gran señor, destruyo
tus enemigos todos, y los míos
y del hado también los desvaríos.
Por gran señor, por Príncipe galante
me acojo a tu piedad, noble y constante;
pero si acaso, Príncipe, te incita
más mi desdicha, hiere, precipita,
corta, divide, rompe, en fin, desata
la unión que el alma al cuerpo infeliz ata,
aniquila, deshaz, humilla, ofende
el corazón que tu piedad pretende.
Borra, destruye, rinde, acaba, arroja
la vida, que a los dioses tanto enoja;
que es lisonja la muerte en quien previene
que en su vida infeliz la muerte tiene.
¡Que haya cuerdos para esto!
No hay más vida que ser loco;
desde que este tiene juicio
ni duermo, ceno, ni como.
Gran Cleante, noble anciano,
aunque siempre en mí el enojo
con prisa ha sido preciso
tan sangriento y riguroso.
En esta ocasión es fuerza
que olvidado ya de todo,
dé auxilio a Cleante invicto
mi valor, pues así doro,
lo primero, de mi honor
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suyo acrisolar el oro;
lo segundo, establecer
paces perpetuas, que abono
sean de las dos coronas;
lo tercero, en Polidoro
vengar los agravios hechos
a mi imperio, y mi decoro;
lo cuarto, y último, dar
así a Polinarda esposo
de su gusto, pues Rodulfo
fue de la Parca despojo.
Feliz ventura.
La historia
de Cleante, oh poderoso
Monarca, sabréis de espacio.
Después será, porque un solo
instante de dilación
puede estorbarnos el logro
de la venganza.
Ahora sí
que danzo, que brinco, y corro;
sea, Señor, mi tarima
de tanta Majestad trono;
y vuestros pies en mis labios
pespunten.
Aparta, loco.
Dejadle, no le estorbéis.
Pues hay, Señor, para todos.
Déjame, que de sus puntos
haga comes, pues no como.
¿Quién sois vos?
Por mis pecados
de Cleante soy el loco,
soy la mona, soy la maza,
y porque lo diga todo,
soy Señor por quien suspira.
¿Cómo así?
Soy quien le soplo;
es antiguo mi solar,
y si de raíz mi tronco
examinas, la nobleza
hallarás por mi abolorio
en mí de tabla, pues siendo
Don Tarima Baco, chozno
de Don Tablón de Madera
que tuvo su origen todo
del árbol del paraíso,
verás claro que los godos
en mí empezaron, porque...
Basta; ya quién sois conozco.
No hagáis de sus necedades
caso.
Pues hágale otro.
Bizarro Cleante, Hermana,
venid conmigo; y vosotros,
hijos de Marte valientes,
tocad a marchar; y el parche
en acentos horrorosos
guerra publique, ayudado
Pag. 38
del clarín, y el belicoso
bridón, peinando en el viento
montes de espuma y de polvo,
terror sea al enemigo
y castigo a Polidoro.
Dentro.
¡Guerra contra Grecia, guerra!
Cajas y clarines.
A marchar el parche ronco
haga seña y la palabra
pase ya de un tercio en otro.
Vase.
¡Viva el tebano valiente!
¡Viva, y marche el campo todo!
Eso sí, que de Cleante
la injuria a mi cargo tomo
y he de vengar sus agravios.
Vase desnudando la espada.
Pues ya con tu diestra postro
mi fortuna, verá el mundo
que como es su espacioso globo
estrecha basa a mis pies.
Vase sacando la espada.
Y yo al lado de mi esposo
seré belona invencible.
Vase con la espada desnuda.
¡Nicandro y Cleante heroicos,
Cajas y clarines.
para honor de dos imperios
vivan en paz venturosos!
Con cuánto gusto estas voces
que a Cleante aclaman oigo.
Vase.
Marte, esta vez tus laureles
Saca la espada.
busco sin rayo, rayos y rompo;
en aderezos de aceitunas,
pues acaso era yo vobo?
Vase.
Cúbrese la tienda de campaña; y en teatro de prisa salgan Dantea, y Polidoro cada uno por su puerta, y Polidoro sale hablando aparte.
Aparte.
¡Ay divina Artemidora
posible es que tu rigor
ejecutase en mi vida
una muerte tan atroz?
Aparte.
No así al dolor le soltéis
la rienda, porque el dolor
desbocado, no despeñe
Polidoro invicto en vos
el ánimo generoso
que arrastra vuestra pasión.
Si porque vuestros intentos
huyendo Cleante burló
melancólico os asaltan
temores el corazón
(¡Oh, pese a mis celos!, pues
solo siente le faltó
aquella vil extranjera
causa de mi perdición,)
Rey en Grecia poderoso,
vuestros vasallos, Señor,
os estiman, y recelo
ni el más leve de traición
podéis sospechar.
Yo muero.
Aparte.
Pues sabéis que es común voz
en Grecia, que su locura
a huir solo le movió.
Pero si acaso otro daño...
Pag. 39
Ay bella Dantea, no
son temores mis tristezas.
Una violenta pasión
es solamente, una rabia
y una desesperación;
Es en fin un no sé qué
pues cuando quiere la voz
explicar lo que padezco
no acierta, y así es mejor
decir callando mi mal
porque no hay explicación
como aquella del silencio
en quien muere como yo.
Que otro amor así me explique!
mas explicado su amor
no puede decirme, ¿habrá
atrevimiento mayor?
En fin el alivio dobla
la violencia a mi pasión
porque esta mortal tristeza
que padezco, del dolor
hace alivio, del tormento
hace gusto, del rigor
hace dulzura suave
y del veneno formó
triaca, porque en mi mal
rigor, tormento, dolor,
y veneno, gusto, alivio,
dulzura y triaca son.
Sale el duque de Atenas.
Al rey vengo a dar aviso
de la cruel invasión
del tebano, mas Dantea
está con él, y yo estoy
muriendo de celos, solo
me huelgo en esta ocasión
de venir, por estorvarle
gozar los rayos del sol
de su divina belleza.
A vuestros pies gran señor.
Seáis duque bien venido.
Mi lealtad llega veloz
a avisaros, como ya
soberbio el tebano, dio
vista ayer a nuestro campo,
y aunque nuestra prevención
pudo de su ciega furia
reprimir algo el furor
en los primeros encuentros,
con todo, desbarató
nuestra gente, esto agora avisan.
Pag. 40
los capitanes, y es voz
que intenta, a sangre y a fuego
talar toda esta región,
despicando así los daños
que nuestra gente causó
en sus fronteras, a que
junta un nunca oído error
en Grecia, pues una hermana
suya, dice que en prisión
tenéis, cuya libertad
procura, y motivo dio
a venir con tanto empeño
Rey invicto contra vos,
para cuya loca empresa
tanto número juntó
de gente, que es la campaña
breve espacio a tanto horror.
Sale Licanor presuroso y como asustado
Rey de Grecia, duque invicto
de Athenas, cómo el valor
suspendido, no salís
(cuando os alienta mi voz)
a castigar de un aleve
la más enorme traición?
Cleante, ese loco monstruo
y la extranjera, que dio
motivo a tantas desdichas
(cuya cautela ignoro
ser el Rey de Tebas muerto
en el mar), juntos los dos
soberbios, locos, y vanos
con denuedo vencedor
hasta la corte marchando
llegan, a quien paso abrió
para tan cruel desgracia
la sobornada traición
de nuestros cabos, que Arindas
traidor, y astuto engañó
y entrando a sangre y a fuego
plazas, y ciudades, y
nuestra ruina amenazan.
Disparan dentro, y suena ruido de cajas y clarines
Oíd, escuchad su voz.
Dentro Cleante.
Vivan Ricardo, y Cleante
hasta dar con Licanor
y Polidoro, no cese
de nuestra gente el furor.
Ay suerte más infeliz!
Qué desdichado que soy!
Ya Licanor a buscaros
sale al campo, y si es que no
del amago os morís antes
os dará muerte a los dos.
Saca la espada
Ya Polidoro también
corre a buscaros veloz,
porque no os cueste el trabajo
Pag. 41
buscar la muerte que os doy
saca la espada
esposo, Rey, Polidoro,
Licanor, Padre, Señor.
Toca al arma.
cajas y clarines
Ya en defensa
nuestra, Rayo y vibro
Júpiter desde su esfera
será mi espada.
saca la espada
¡Ay, dolor,
como el mío!
¡Viva Grecia!
Ruido de batalla
¡Viva Tebas!
Muera yo,
en mi cólera deshecho
hasta que a esa infame voz
corte el aliento, que así
eclipsa mi esplendor.
éntranse cada uno por su puerta
A Dios, hermosa Dantea,
que honor es antes que amor.
aparte y vase
mirando al vestuario
¡Ay de mí! con qué coraje
de ambos campos el valor
fiero se embiste, ¡qué pena!
e intrépidos, ¡qué rigor!
se arrojan, ¡qué sentimiento!
a morir, ¡qué confusión!
De este espectáculo horrible
huyendo afligida voy,
¡ay Padre, ay esposo!, y cómo
temo vuestra perdición.
Vase, y sale Tarima escuchando, durando la batalla.
va a sacar la esp. y se detiene
Ruido de batalla
Qué lindamente se cascan
tebanos y griegos, y
con más razón de eso pueden,
que Cleante se volvió
loco, pues contra su patria
pelea como un león.
Voy a ayudarle, mas ¿quién
os mete, Tarima, a vos
(cuando tenéis mucho miedo
y poquísimo valor)
en venir pleitos de otros
que no os tocan?, mas ¡por Dios
que anda cruel la batalla!
Y les va faltando el sol,
a esa otra parte se acercan,
y será vuelto en razón
entre estos vamos tenderme
mientras durare el rumor,
porque acaso no me metan
en algún empeño atroz.
¡Viva Tebas!
¡Grecia viva!
Eso es ser espectador,
y esto es virtud, y descanso.
Échase al paño
¡Viva Cleante, y la voz
corra, Victoria por Tebas!
Oh, qué bien que me sonó.
Sale el duque retirándose del alcaide, y al salir pisan a Tarima.
Antes muerto que rendido
me verás; todo es horror.
písale
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y de griegos la campaña
es túmulo.
[Písale]
admiración
tantos cadáveres causan.
Rinde la espada.
[Vanse peleando]
eso no
mientras la vida no rinda.
La gran puta que os parió
no importara que los pies
quebrado os huviera, y yo
de pateado no me quejara.
Sale Licanor retirándose del príncipe y al entrarse pisan a Tarima.
deja las armas.
mejor
la vida daré primero.
pues muere esta vez traidor.
[Vanse pisándole]
ya tropiezo con la muerte.
y en la cuenta no cayó,
a estotra parte me mudo
por si tanto tropezón
puedo excusar.
Múdase a la otra puerta, y salen por ella Polidoro retirándose de Polinarda, y al salir pisa a Tarima.
bella ingrata,
ya tropezando el valor
a vuestro enojo se rinde
como lo hizo el corazón
a vuestra belleza.
el diablo,
de quien así se rindió
lleve el alma.
en este lance
no es Polidoro ocasión
de vuestros necios delirios.
porque con tanto rigor
vuestra ingratitud
Sale Cleante viendo a Polidoro y asirse con él.
¿qué miro?
muere a mis manos traidor.
ahora sí que salgo y mojo,
pégale que aquí estoy yo.
con tu muerte vengaré
vil hermano tu traición.
[Entranse peleando]
ahora lo verás tirano.
[Vase]
mucho el valer importó.
¡Victoria por Tebas, viva
el legítimo señor
nuestro Cleante, y acaben
Polidoro y Licanor!
Sale Licanor con la espada en la mano mirando al vestuario.
Ya mi gente retirada,
rendida y cobarde huyó
y la plebe de Cleante
publica la aclamación,
¡qué furor! ¡qué diablo! ¡qué ira!
Ya el tebano vencedor
entra en la ciudad triunfando,
y esto miré, y la pasión
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de mi pena no me acabe?
huyendo su vista voy
no porque temo el castigo,
sino es porque mi ambición
envidiosa, no consiente
ver triunfos, que perdí yo.
Vase y sale por otra puerta Polidoro, de la forma que Cleante
De mí mismo voy huyendo
pues ya Cleante logró
ver mi poder abatido
y vengada la traición,
huir su furia es forzoso
pues también mi perdición
lo es, porque si en sus manos
infelizmente doy
ha de vengar los agravios
que ha causado mi ambición.
Vase = Suenan clarines, cajas, y chirimías, y van saliendo por una y otra puerta delante el acompañamiento y luego, Ismena, el Alcaide, Arsidias, Polinarda, Cleante y el Príncipe de Tebas y por la otra: soldados, el Duque de Atenas, Mesira y Pantea, ha de traer el duque en una fuente de plata un cetro y una corona de laurel, y mientras que van saliendo se dirán al son de las cajas los dos versos que se siguen dentro y después cantará la música mientras toman puestos
Viva nuestro Rey Cleante
Viva y reine vencedor
por la puerta que sale el duque
Viva el invicto Ricardo
Viva y triunfe pues venció
por la que sale el príncipe de tebas
y de tantas victorias
la fama con su voz
en repetidos ecos
publique en sus acentos el blasón
A vuestros pies gran Cleante
corona, y cetro que os dio
el cielo, y la tiranía
injustamente usurpó
rendido os ofrezco, en nombre
de todo el Reino; y perdón
de mi inadvertencia os pido
pues solo pudo mi error
no obedeceros leal.
Sin ofenderos traidor,
Duque de Atenas, alzad
del suelo, ya os indultó
vuestro yerro conocido
y enmendado; y pues logro
por el invicto Ricardo
ver cobrado mi esplendor
la suerte mía, a sus pies
(pues solo él lo mereció)
cetro, y corona poned
La mayor gloria que yo
consigo heroico Cleante
es veros triunfante a vos
despreciado vuestro agravio
y cobrado vuestro honor
y así de vos recibiendo
este regio galardón,
en vuestras sienes invictas
toma el príncipe la corona y pónesela a Cleante
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le coloco, porque hoy
se vea, que las victorias
que venturoso alcanzó
vuestro enemigo, laureles
ya de vuestras glorias son.
Corónale.
¡Viva nuestro rey Cleante,
viva y reine vencedor!
Y de tantos trofeos
el aire volador
en repetidas voces
celebre lo bizarro de esta acción.
En vuestros pies, rey invicto,
halle asilo mi aflicción,
y, pues hoy lográis felice
los triunfos que Marte os dio,
de vuestro hermano, y mi padre
Polidoro y Licanor,
en día de tantas dichas
os pido humilde el perdón.
Alzad, prima, y a mis brazos
llegad; ciego su temor
hizo que de la campaña
huyesen, pero la voz
corra, que si a mi presencia
viniesen, luego a los dos
perdono.
El cielo permita
eterno haceros, señor.
¿Y de Tarima esta vez
no se premiará el valor?
¿Luego vos también peleastes?
¿Eso dudas? Cuando yo
solo, salí a derribar
de los griegos el furor.
¿Cómo así?
Como en el suelo
tendido, fuerte y atroz,
a la furia de mi astucia
no vido soldado que no
cayese conmigo.
¿Cómo?
Fui de todos tropezón.
Gentil hazaña por cierto.
Pues no es esta la mayor.
¿Cuál fue?
Hacer que los contrarios
todos huyesen.
Mejor
es esa, mas ¿cómo ha sido?
Enseñándoselo yo.
Vos sois valiente soldado.
Por tal corro, sí, señor.
Ya pues, que Febo sus luces
con la noche sepultó,
retírese a descansar
nuestra gente.
Y de los dos
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Las personas a Palacio
guiad, que la prevención
para el descanso os espera.
Dentro ruido de espadas.
Proseguid la aclamación,
pero ¿qué rumor es este?
Salgan todos los hombres de la compañía con espadas desnudas, retirando a Licanor y a Polidoro.
Daos a prisión.
A Cleante, de rodillas.
Ya a tus pies,
Rey invicto y soberano,
mi error convencido, halle
piedad, asilo, y amparo.
De rodillas.
Ciérrase el patio con ruido de truenos, y rayos.
Ya yo conozco mi yerro,
y en ti, valeroso hermano,
espero; mas ¿qué prodigio
Qué portento.
Qué presagio.
Tan nuevo me sobresalta?
Raro asombro!
Huyendo.
No hay a mano
una cueva de duendes
que amparen a este lacayo?
Ay desdichada de mí
que otra vez vuelven los rayos.
De una punta del teatro salga entre una nube, tramoya como salió el Amor al principio de la comedia, y de otro lado saldrá otra como estaba el ídolo de Júpiter, y dando vuelta al patio irán cantando lo que se sigue.
Yo Júpiter Supremo
de mi solio estrellado
desciendo a que sepan
que firmes las estrellas nunca erraron.
Y yo Amor, el Maestro
mejor, bajo a enseñaros
que mis preceptos solo
os dan el más prudente Rey amando.
Porque enseñados sepan.
Porque sepan enseñados.
Que el mejor Maestro es Amor.
Ciérrase la tramoya.
Que nunca mienten los hados.
Raro prodigio!
Por Dios
que a un tiempo miro en el patio
volatines, y comedia.
Ya de Júpiter sagrado
el oráculo divino
tan misterioso y arcano
que mal entendido, causa
fue de tantos sobresaltos
veis con evidencia todos
cumplido y ejecutado,
pues nuestro Rey, el más cuerdo
es, del Amor enseñado
en cuya escuela, logró
empleos de Marte airado.
Ya por mi Rey te conozco
y ya deshecho el engaño
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En la equívoca respuesta
de tus generosas manos,
en la traición con que el reino
te quise usurpar tirano,
espero el perdón.
Dantea
a los dos os le ha granjeado,
y así dándola de esposo
Polidoro la fe y mano,
su fineza y amor pagas.
Dánse las manos
Mucho en obedecer gano.
Logrose en fin mi ventura.
Los dioses, señor, sagrados
tu vida feliz prosperen.
Vos, duque, pues informado
estoy, de que a Selenia
costáis algunos cuidados,
su mano habéis de lograr.
Ley es en mí tu mandato,
solo este alivio le queda
a mi dolor, cuando me hallo
de Dantea aborrecido.
Cleante.
Invicto tebano,
ya os entiendo, Polinarda,
mi mano es esta.
¡Qué lauro!
Maestro de vuestra lealtad
el premio queda a mi cargo.
Rendido a las plantas vuestras
estoy, gran señor, premiado.
¿Y Tarima ha de quedarse
sin más ni más arrimado?
Dele la mano a Marfisa,
que así y con seis mil ducados
pago su leal servicio.
¡Ay Dios, qué infelice hado!
Los seis mil son buen agüero,
pero boda es mal presagio.
¿Embisto, Marfisa?
Quiero.
Mejor te lleven mil diablos.
La música tantas glorias
celebre,
y de triunfos tantos
publique el clarín las dichas
que alegres todos gozamos.
A un tiempo con los clarines canta la música lo que se sigue
Empiece ya el sol del griego,
viva la luz del tebano
y conozca el orbe todo
cuando iluminan sus rayos
que el mejor maestro amor
consigue triunfos tan altos.
Fin de la Comedia
