Texto digital de El más dichoso portal
Fecha de publicación: 22 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El más dichoso portal. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-mas-dichoso-portal.
EL MÁS DICHOSO PORTAL
Jornada primera
Pag. 1
Personas
Nuestra Señora
Gila y Celia, pastores
San José
Octaviano emperador
Simplicidad, villano
Criados
Inocencia, villana
Un ángel
Los tres Reyes Magos
Adán
El demonio
Un estudiante
Antón, Pascual y Perote, pastores
Sale José.
Campos de Galilea,
Nazaret, la ciudad más venturosa
pues en servir se emplea
a la prenda más pura y más hermosa,
y al hombre más dichoso
porque soy su feliz, si indigno, esposo;
prados, fuentes y flores,
de ausencias de María condolidos,
canoros ruiseñores,
decidme, lisonjeadme los sentidos,
¿llegará el feliz día
que gocemos presencias de María?
Tres meses ha que falta,
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la vida que mi alma más estima,
y qué dicha tan alta
goza Isabel su venturosa prima.
Ya para tanta ausencia
lágrimas sobran, falta la paciencia,
y bien sabe Dios que adoro
señas divinas que en María miro,
sin faltar al decoro
de la pureza que en su vida admiro,
porque mi amor discreto
es todo honestidad, todo respeto,
de verla desconfío.
Dentro.
Entra, Simplicidad, que aquí es la casa.
Hace que sale.
Mas ¿no es del dueño mío
esta voz? Mi contento a extremo pasa,
y salgo a recibilla.
Dentro.
¡So, burra, deja entrar a mi mulilla!
Salen María, Simplicidad e Inocencia.
Mi bien, esposo, señor.
Abrázanse.
Esposa, dadme los brazos,
que con tan honestos lazos
está premiado mi amor.
¿Venís buena?
Gloria a Dios,
traigo salud, ¿cómo estáis?
Viéndoos, que me preguntáis,
como quien está con vos.
Llegan los dos a los pies de José.
Demos a besar los pies.
Y a mí y todo.
Levántanse y le abrazan.
Levantad,
y a mis brazos os llegad.
Pardiobre, muesamo, él es
el hombre más venturoso
que en el mundo puede haber,
pues que llegó a merecer
ser de tal mujer esposo.
Y aquí para entre los dos,
yo la adoro de manera
que si a Dios no conociera
en ella adorara a Dios.
Yo y mi hermana, acompañando,
la venimos asistiendo:
ella la viene sirviendo
y yo de las bestias cuidando.
La mula en que viene es tal
que sin quebrarle, aseguro,
puede traer el más puro
relicario de cristal,
pero una maldita burra
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con que la Inocencia viene
tan bellacas burlas tiene
que merece una gran zurra
si un prado mira en lo bajo,
desde la más alta breña,
al soto, y con esto enseña
a rodar por el atajo;
pero puédeme creer
que todo cuanto he pasado
lo doy por bien empleado
por venir con su mujer.
Guárdeos Dios.
Es gente honrada,
os prometo que he traído
el viaje divertido.
Inocencia es la criada
que más Isabel estima,
su hermano Simplicidad
es hombre de gran bondad
y también sirve a mi prima.
¿Y cómo queda Isabel?
Parió un hijo milagroso.
Para todo es poderoso
el grande Dios de Israel.
Pues, porque más le alabéis,
oíd el grande favor
que ha hecho en su casa el Señor.
Decid, ¿qué favor me haréis?
Isabel y Zacarías,
esta santa, el varón justo,
unidos del matrimonio
en dulce y suave yugo,
asistían en Judea
tan conformes en el gusto
que en amar a Dios y amarse
eran dos cuerpos en uno,
gastaban parte del tiempo
en oraciones y ayunos
y la mayor de su hacienda
rendía al pobre tributo,
Es la limosna estimada
de Dios, agradable al mundo,
muy buena razón de estado
pues que granjea en un punto
de los hombres el aplauso,
de Dios el premio seguro;
y el que da el caudal al pobre
no solo enajena el suyo,
sino que a logro le presta,
porque con el riego puro
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de sus lágrimas y ruegos
rinde tan opimos frutos
que se experimenta en vida
logro de ciento por uno
y es virtud que de los cielos
escala el más alto muro.
Colmábales Dios los bienes,
aumentábales los gustos,
premiando dos corazones
tan devotos como juntos;
mas como todo es zozobras
cuanto se goza en el mundo,
dando carreras los años,
volando veloces lustros,
ya en su juventud lozana,
ya en lo perfecto y maduro
de la edad, sin sucesión
llegaron a lo caduco
con notable desconsuelo,
pues por no merecer fruto
de bendición los echaron
del templo por infecundos.
Retiráronse a su casa
y, asiéndose del fuerte escudo
de la paciencia, sufrieron
con él aqueste infortunio.
Dios regala con trabajos,
por secretos juicios suyos,
ya a los grandes pecadores,
ya a los mayores justos
(y todo por nuestro bien);
pues como artífice sumo
sabe que el más ajustado
en su presencia es confuso
borrón echado en un lienzo,
dispuesto para un dibujo
de una imagen que le imite;
y si con el pincel suyo
no echa el pintor soberano
sus líneas, rasgos y puntos,
y va añadiendo trabajos
(colores con que dispuso
perfeccionar la pintura),
no tiene valor ninguno
el lienzo; mas si constante
sufre y porfía, no dudo
que con aquestos recelos
de un lienzo borrado y mustio
salga una imagen perfecta,
Pag. 5
que a su autor agrada mucho,
al contrario el pecador
es tronco feo e inculto,
y Dios en él, escultor
que con soberano estudio
de un bulto tan imperfecto
quiere hacer perfecto bulto;
va con golpes de trabajos
labrando el madero impuro,
de un golpe, le abre los ojos
de que vive como un bruto;
de otro forma las orejas
que sordas al bien las tuvo,
de otro para arrepentirse
en los labios le da el uso,
de otro el tacto le dispone
pronto al mal, al bien difunto,
con que de un tosco madero
de lo superfluo desnudo
sale de un gran pecador
de Dios un vivo trasunto,
y así los trabajos son
por tan diferentes rumbos
regalos de Dios, que envía
por caminos tan ocultos
para hacerle bueno al malo
y perfeccionar al justo.
Mirando Dios su constancia
darles el premio dispuso
y ofreciendo Zacarías
sacrificios a su culto,
Gabriel, paraninfo hermoso,
le dijo (¡dichoso anuncio!)
que tendría presto un hijo,
quedó dudoso y confuso.
Concibió luego Isabel
y Zacarías, que tuvo
poca fe con la promesa
quedó desde entonces mudo.
Llegóse el día del parto
y a deudos y amigos juntos
el gusto y la novedad
con admiración los trujo,
nació un varón prodigioso
y al verle decían unos:
¿Quién será aqueste rapaz
en quien dispensa estatutos
la anciana naturaleza
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otros con varios discursos
decían, de Dios la mano
solo en este caso cupo
Llegóse el octavo día
y al circuncidarle hubo
diferencias sobre el nombre
y su madre Juan le puso
replicaron los parientes
que en todo el linaje suyo
no hubo tal nombre jamás
y Zacarías, que estuvo
mudo hasta entonces rompiendo
de la lengua el veloz curso
y escribió Juan es su nombre
y a voces dijo al tumulto
bendito el Dios de Israel
que visitó el pueblo suyo
y en cánticos misteriosos
dio soberanos anuncios
a la casa de David
a Israel y al orbe junto
y este tan grave prodigio
alegró todo el concurso
y su general remedio
el pueblo espera por puntos
yo me hallé presente a todo
dando a Dios honores sumos
por tan notables mercedes
alegre se viste junio
de claveles y jazmines
azucenas y ligustros
Isabel y Zacarías
renuevan años caducos
por tan feliz nacimiento
Judea celebra el triunfo
de un niño con tanta gracia
que hasta el día de hoy ninguno
ha nacido mayor que él
y de quien cierto presumo
que su voz nos ha de dar
la mejor nueva del mundo
Vuestra relación he oído
con notable admiración
Del Señor mercedes son
que Isabel ha merecido
Placer daba con el gusto
que parió la santa vieja
no dio un grito, ni una queja
ni mala noche, ni un susto
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Yo la tuve y sé decir
que de tal modo empujó,
que a Juanico bien parió,
y a mí me hizo malparir.
Yo le corté las mantillas,
pañales y metedores,
pecheros y tocadores.
Yo hice al parto seguidillas.
Pero ve que el mundo aclama
este parto misterioso,
pues mucho más milagroso
ha de ser el de nuestra ama.
Será alabar al chiquito
nieto de nueso Joaquín,
por sin principio ni fin
proceder en infinito.
Aparte.
Aparte.
Aparte.
Aparte.
Aparte.
¿Qué es? ¡Válgame Dios!
¡Válgame el cielo! ¿Qué miro?
Con razón desto me admiro.
Verdad han dicho los dos.
Pero aquí de mi pesar
importa no hacer alarde.
Entrad, esposa, que es tarde,
trataréis de descansar.
Para tan grave dolor
dad a mi esposo paciencia,
y pues veis nuestra inocencia,
volved por los dos, Señor.
Vanse, y sale el Demonio por un escotillón.
En el centro de la tierra,
donde en cavernas oscuras
príncipe de las tinieblas
tantos vasallos me juran;
donde ejércitos copiosos,
aunque en desorden confusas,
ángeles y hombres a un tiempo
tiemblan mi vista sañuda;
donde cebada mi envidia
en las penas que ejecuta,
la angustia del que padece
me lisonjea mi angustia;
donde poco batallase
con tiranía tan suma,
que a mi enojo todo el centro
o se estremece, o se turba.
Vengo escupiendo volcanes,
salgo bostezando furias,
y de mi envidia obstinada
quiero ejecutar astucias.
Pag. 8
Apenas parte del orbe
poca humana criatura
que a mi imperio poderoso
engañado no tributa,
envuelto en idolatrías
contra su Dios se conjura
y sigue de mis banderas
sombra que encubre su tumba.
A mis mentidas deidades
soberbios templos encumbran,
a cuyas aras, postrados,
con costoso olor perfuman.
En copiosos sacrificios
no solo brutos ocupan,
pero en vidas racionales
es agasajo su ruina.
en regaladas delicias
la juventud más robusta
buscando tálamo alegre
encuentra funesta urna.
La carrera de los vicios
tan desenfrenada ocupan
que sus mismos precipicios
por seguridades buscan.
Solo el judaísmo erige
templo a la deidad más suma
donde reverente adora
verdad, que el alma asegura.
Mas de modo introducido
hoy está en él, la lujuria,
la avaricia, hipocresías,
la vanidad, y la gula
que del amor de su Dios
tan ingratamente usa,
que la piedad infinita
quiere agotar con injurias.
Y con ser tan poca parte
la que de mi imperio usurpa
Dios, y de aquesta le quito
siendo tan pequeña, mucha;
cuando mi altiva soberbia
tenaz sí, rendida nunca,
con tanto lauro pudiera
blasonar de lo que triunfa
solo el mirar a María
de tal modo me disgusta
que diera por su victoria
cuantas a mi aplauso ilustran.
Aquí demuestra justicia
Dios, pues se precia de justa
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no dais al hombre albedrío
para que libre discurra
pues para que a una mujer
la dais tanta gracia junta
que de los comunes riesgos
vuestro poder la asegura
porque, pues, al concebirse
donde toda alma fluctúa
quebrantáis jurisdicciones
concedidas a la culpa,
si inobediencias de Adán
al concebir todos duran
como inviolables decretos
con María se perturban;
porque, antes y después
de nacer, la hacéis tan pura
que más que mujer parece
angélica criatura
no sabré yo, qué intentáis
con tan celestial hechura
que ha echado el resto con ella
vuestra potencia absoluta
esto mi poder ofende
esto mi blasón perturba
esto mi cólera irrita
y esto mi furor apura;
pero aquí viene su esposo,
que en inquietudes confusas
ni al descanso se concede
ni al lecho el reposo busca
María está retirada
y en lugar de cama ocupa
su alma esferas celestes
su cuerpo la tierra dura
Sale José como suspenso.
su conformidad me ofende
su casta unión me deslumbra
su santa quietud me inquieta
y su paz mi guerra anuncia
con particular estudio
Dios de aquesta casa cuida
y secretos obra en ella
que ignora mi ciencia infusa
aquí pues de mi coraje
todo mi ingenio aquí acuda,
y aquí, entre pureza tanta
cizaña mezcle mi industria
José vela cuando todos
entre las sombras nocturnas
el uso de la razón
Pag. 10
en torpe sueño sepultan,
algún cuidado le aflige,
algunas dudas apura;
quiero esperar si su lengua
sus sentimientos pronuncia,
que las palabras del hombre
evidencias me aseguran,
porque del semblante solo
saco inciertas conjeturas.
Triste pensamiento mío,
hagamos los dos consulta
de las penas que padezco,
de las dudas que me angustian,
pero con tanto secreto
este pesar se discurra,
que al corazón que le siente,
si es posible, se le encubra.
Mi esposa (Dios sea conmigo)
está preñada (no hay duda);
yo de su intacta pureza
no quebranté la clausura;
madre y virgen no es posible
que a un mismo tiempo concurra,
pues pensar que a su pureza
pudo faltar es locura.
Puede haber quien temerario
mal de su virtud presuma;
no, pues que de su preñez
hoy mis pensamientos juzgan
que mienten, si en su virtud
la culpa más leve buscan;
y mienten también los ojos,
si aunque lo vean la culpan;
todos los sentidos mienten,
y entre tantas desventuras
solo dice la verdad
quien su inocencia disculpa.
Su virtud y su preñado
la verdad no dificultan,
todo es cierto, y solo es
incierta aquí mi ventura.
¿Qué haré entre tantos ahogos?
¡Cómo el discurso me anudan!
declararme es ofenderla,
vivir juntos no es cordura,
acusarla es impiedad,
culpar su virtud es culpa.
Solo vos podéis, Señor,
librarme de aquesta angustia,
dad quietud a mi pena,
o solución a mis dudas.
Interiormente discurre,
y aunque su lengua está muda
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El semblante y las acciones
dan señas aunque confusas
que su corazón constante
con alguna pena lucha.
Como no dice su lengua
pesares que el pecho ocupan,
o aqueste hombre es muy justo
o tiene mucha cordura.
En sus imaginaciones
mi veneno se introduzca,
llene el vaso de sus ideas
mi maliciosa cicuta.
Si es posible, no es posible,
honor, por más que me arguyas,
que el más leve pensamiento
quepa en tan casta hermosura.
Déjame, no me atormentes,
discurso, no me confundas,
y pensemos muy despacio
una materia tan dura.
Y entre tanto suspendamos
juicios, que mi juicio usurpan.
Descúbrese una cortina donde está la Virgen María hincada de rodillas.
Algo se inquieta, mas nada
su mucha constancia turba.
Quiero tocalle al honor,
mi malicia se descubra,
y en forma visible de hombre.
Mas ¿quién mi garganta anuda?
¿Quién suspende mis acciones?
¿Quién mi aliento me usurpa?
¿Quién a mi veloz discurso
ata con torpe coyunda?
Vase.
Pero allí miro a María,
aquesta mujer me asusta,
sus virtudes me atormentan
y sus luces me deslumbran.
No hay poder contra su gracia,
mi valor, vencido nunca,
rendido está. ¿Qué me quieres?
Déjame que de ti huya,
mujer, que temo que eres
aquella en que Dios vincula
que sobre mi altiva frente
ponga sus plantas augustas.
En aquesto me resuelvo:
pues entre sombras nocturnas,
con la imagen de la muerte,
los mortales se sepultan,
de los ojos de mi esposa
quiero hacer secreta fuga.
Prenda que yo no merezco
bien es que la restituya;
a vos, mi Dios, la encomiendo.
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Quédase dormido.
Y pues nada se os oculta,
volved, Señor, por mi honor
y por la inocencia suya;
el honor quiere mis pasos
mover con veloces plumas,
pero el amor los detiene
cuanto honor los apresura.
Mas mis torpes movimientos
un letargo los perturba,
y, dueño de los sentidos,
los apaga, o los ofusca;
rendido me siento al sueño
que con tal fuerza ejecuta
que no admite su poder
a ningún humano excusa.
Vivamos más este rato,
porque en la adversa fortuna
se muere menos el tiempo
que el sueño a la vida hurta.
Señor, que al ser soberano
que en vuestro ser engendrasteis
a ser humano enviasteis
porque amáis el ser humano;
ya que estuvo en vuestra mano
dalle aquel ser que quisisteis,
y nuestro ser elegisteis
porque en el humano ser
pudiendo ser escoger
tan bajo ser escogisteis;
cuando a solas contemplaba
en la mujer más dichosa
me juzgara venturosa
con servirla de esclava,
y vuestro amor, que gustaba
de aquesta corta fineza,
a tan soberana alteza
me levantó su favor,
que se igualó su valor
al paso de mi bajeza.
Y vos, Hijo de mi vida
y Hijo del eterno Padre,
no se halla con tal Madre
vuestra grandeza servida;
si no halláis buena acogida,
Señor, en mi casto lecho,
apoderaos de mi pecho
y del corazón después,
pues que de lo humano es
el lugar menos estrecho;
pero en vano me desvelo
en buscar capacidad
en mí a vuestra inmensidad,
a quien viene estrecho el cielo;
mas pues con humano velo
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nos igualamos los dos,
y cuando erais solo Dios
y estabais en el abismo
cupisteis solo en vos mismo
bien podéis en mí y en vos
Vos, Espíritu supremo,
que por la humana desgracia
de vuestro amor vuestra gracia
hoy hace el mayor extremo
que no he de agradaros temo,
que sois Dios, yo criatura
mas pues vuestra esencia pura
se empeña en honrarme así
haced, pues podéis, de mí
a vuestro gusto una hechura.
Y mirad, Señor poderoso,
que José, mi humano dueño,
como ignora vuestro empeño
está con razón celoso;
sepa que es tan venturoso
que goce vuestro favor
porque es la pena mayor
cuanto es la dicha más alta
si piensa que honor le falta
el que tiene más honor.
Templad de amor los fervores
con vuestra esclava, Dios mío,
que no es capaz mi albedrío
de tan supremos favores;
enseñadme de qué amores
gustáis, la lengua entorpece,
mi vida, Señor, fallece.
Vase María elevando en alto, y dice José durmiendo.
En este honor me resuelvo,
porque si a mi duda vuelvo
siempre más mi duda crece.
Sale un ángel en una tramoya que vaya dando vuelta al tablado y diciendo los versos.
José, hijo de David,
pierde el temor, no te apartes
de la que siendo mujer
excede en pureza al ángel;
advierte que ya es María
hija del eterno Padre,
del Espíritu Santo esposa
y del Hijo de Dios madre;
el fruto que han concebido
sus entrañas virginales,
el Espíritu Santo solo
tuvo al concebirse parte;
sin dolor parirá un hijo
con modo tan admirable
que antes ni después del parto
Pag. 14
Cúbrese la tramoya y despierta José.
su pureza se quebrante;
pondrásle Jesús por nombre,
sobre cuantos hay, tan grande
que cielo, tierra e infierno
le rendirán vasallaje.
A redimir viene el mundo
de las culpas en que yace,
porque la infinita deuda
caudal infinito pague.
A cumplir las profecías
la luz del Mesías sale,
porque cesen de las sombras
las repetidas señales.
El real cetro de David
viene ya quien le restaure,
y en la casa de Jacob
su reino ha de eternizarse.
María es la virgen pura
en cuyas entrañas cabe
el Hijo de Dios eterno,
vestido de humano traje;
y tú, el hombre más dichoso,
pues que de su honor alcaide
te fía la Trinidad
juntas esposa, hija y madre.
Despierta, varón divino,
destiérrense los pesares,
que a tu corazón valiente
no rinden aunque combaten;
sirve y asiste a tu esposa
y goza felicidades,
que quien te avisa te envidia,
si caber puede en un ángel.
Espera, nuncio divino,
pero ya rompe los aires
y las diáfanas esferas
seguro camino le hacen.
No cabe el gozo en el pecho.
¡Oh, gran Dios!, y cómo sabes
ajustar la medicina
a medida de los males.
Señor, si tantos favores
das a un hombre miserable,
de que el corazón los dude
su grandeza no se espante.
No os admire mi temor,
que al ánimo más constante,
en tocando en el honor,
hace un recelo cobarde.
Confuso estoy y corrido
de mis dudas, ¡oh, qué fácil
el humano pensamiento
a su mal se persuade!
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¿Qué diré a mi esposa, cielos,
que aunque no he dado señales
de recelos, si a Dios teme,
¿quién duda de que los sabe?
Dentro está de su oratorio
en un éxtasis admirable,
da fijo lugar al cuerpo
del viento la esfera frágil;
todo es glorias su retiro,
y con acentos suaves
los ángeles a su reina
dan músicas celestiales.
Tú sola entre las mujeres,
tanto al Señor agradaste,
que te hizo la Trinidad
su hija, su esposa y su madre.
Dichosa ha sido mi pena
pues a tal gloria me trae.
Trabajos que en Dios se ponen
siempre tienen tal remate.
Siempre hermosa y siempre limpia,
y mancha en tu ser no cabe,
que previno tu pureza
Dios en sus eternidades.
Ha de ir bajando la tramoya en que está elevada, de suerte que llegue al suelo cuando acaban de cantar el último verso, se levanta en pie.
Valedme, divino esposo,
porque no hay fuerzas capaces
en los humanos sentidos
que a tales favores basten.
Ya sale de su retiro
y dos veces el sol sale;
una en los brazos del alba
y otra en su hermoso semblante.
El peor día esperaba
y el más alegre amanece,
esposa.
María, señor.
No acierto
a hablar, no es mucho turbarme,
pues considero en su pecho
de Dios copia de la imagen;
a tus pies, señora, tienes
quien humildemente yace
postrado en ellos, perdona
no haber conocido antes
tus méritos, tus virtudes,
de tu gracia los realces.
Esposo, señor, mi dueño,
dejad esas humildades
con la que es esclava vuestra.
Alzad.
No he de levantarme.
Pag. 16
de vuestros pies, bien estoy;
deste modo es bien que trate
a la que es madre del Verbo,
ya Dios quiso revelarme
misterios que en vos ha obrado
su omnipotencia inefable.
Arrodíllase.
Levantaos, o a vuestros pies
me obligaréis a arrojarme.
Levántase.
Porque vos nunca caigáis,
es bien que yo me levante,
pero dando adoración
como a Dios, pues sois su madre,
juntaré la reverencia
con las finezas de amante.
Dueño mío, aunque es verdad
que maravillas tan grandes
ha obrado Dios en su esclava,
porque vio mis humildades,
advertid que sois mi esposo,
a quien debo sujetarme
por ley divina, aunque Dios
tanto mi humildad ensalce;
y así, en cuanto a obedeceros,
habéis, señor, de tratarme
como a mujer, y pues Dios
resuelto ha de humanarse,
encubriendo su grandeza,
os servirá como a padre;
mirad si será razón
que a quien honores tan grandes
ha concedido, que yo
con todo respeto trate.
Yo he de serviros, pues Dios
se formó de vuestra carne,
se hospedó en vuestras entrañas,
le alimenta vuestra sangre.
Yo a vos, pues que Dios os fía
su honra en la de su madre,
y aqueste favor excede
a cuantos a mí me hace.
Y cesen las competencias,
y unidas las voluntades,
las potencias y sentidos
siempre a nuestro Dios alaben,
y en los pechos los secretos
tan soberanos se guarden,
sin dar con nuestras acciones
alguna nota notable.
Salen Simplicidad e Inocencia.
En mí es ley vuestro precepto,
pero los criados salen.
Han madrugado, muesamos.
Buenos días.
Pag. 17
Dios os guarde,
¿cómo han pasado la noche?
Yo cené como un salvaje
y dormí como un podenco.
Yo de gusto de mirarme
con muesa ama, que es mi centro,
no he abierto los ojos antes.
Aderecen de almorzar
y porque no se haga tarde
dispongan lo necesario
y traten de su viaje.
Yo, señor, no he de volverme,
que traigo orden de quedarme
hasta que muesa ama para,
que he de coger los pañales
para el niño, y la primera
he de llegar a besarle.
Verdad dice la Inocencia.
Si es vuestro gusto, eso baste.
Yo tampoco no he de irme,
porque es preciso quedarme
para servir a la mula.
¿A la mula?
No se espante,
a la mula.
¿Y para qué
la mula aquí ha de quedarse?
Porque mula tan dichosa,
que trajo a quien a Dios trae,
ha de tener quien la sirva
y no ha de servir a nadie
ni ha de salir desta casa.
¿Y quién ha de sustentarle
a él, y a la mula?, ¿no ve
que son pobres mis caudales
para tener ese gasto?
Pues, muesamo, no se canse,
que yo, la mula y la burra
(que somos tres animales)
aquí habemos de quedarnos,
y sin que una blanca gaste
los tres hemos de comer.
Admírame el cómo.
Aguarde,
deme la caballeriza
y déjeme que lo trace,
que una vez Simplicidad
en razón ha de fundarse.
Veamos cómo lo dispones.
Desta suerte escuche y calle:
la burra y yo a trabajar
iremos mañana y tarde.
¿Adónde?
Pag. 18
A lo que saliere,
y con el jornal que ganen
mi burra y yo, comeremos
muy bien los tres personajes.
Venga acá, ¿y cómo dispone
con ese modo tan fácil
de cosas que no son suyas?
Solo la mula era antes
de mis amos, y ya es suya,
porque para este viaje
se la dieron a su esposa.
Prestada.
Dada fue, y aunque
no lo fuera, por lo dicho
en casa tiene de quedarse.
Yo soy mío.
¿Quién lo ignora?
Pues a la mula de balde
quiero servir.
¿Y a la burra?
La burra fue de mis padres
y la heredamos a medias
yo y mi hermana.
Y mi Dios sabe
el trabajo que me cuesta
porque se murió su madre
sin destetarla, y con sopas
de vino, y mil badulaques
la sustenté hasta que se hizo
burra de tan lindo talle.
Los dos nos criamos juntos
y somos de unas edades,
y aunque tiene malas mañas
la tengo amor entrañable;
y así de mí, y de mi burra
puedo (sin que me embarace)
hacer un sayo, un capote,
una gorra, o un turbante.
Y yo porque sirva en casa
doy también la media parte
que me toca de la herencia.
¡Qué simplicidad tan grande!
Y también puede su oficio
en las fiestas enseñarme
y algunos ratos perdidos
porque con eso se ganen.
Su simplicidad me agrada.
En casa pueden estarse
hasta que avise a mis primos
y como de ello gustaren
se quedarán norabuena
hasta el parto.
Dios delante.
Quieran o no, yo me quedo
y tras María he de andarme.
Pag. 19
poniendo mi humilde boca
en las huellas que dejare,
que aunque en casa de Isabel
me han hecho muy buen pasaje,
sobre adorar a María
yo no tengo ley con nadie.
Fin de la primera jornada.
