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Texto digital de El lucero del sol, San Juan Bautista

Fecha de publicación: 24 de agosto de 2026

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El lucero del sol, San Juan Bautista. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-lucero-del-sol-san-juan-bautista.

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EL LUCERO DEL SOL, SAN JUAN BAUTISTA

Pag. 1

MS. A. O. Inédita

Lucero del Sol = San Juan Bautista

189

Anónima

por ser la letra de Matías Martínez librero

este MS será de 1632 o 34

Pag. 2

El lucero del sol

San Juan Bautista

Comedia divina nueva

En la última hoja desta primera jornada están los personajes.

Jornada primera

Pag. 3

Entre un indio.

Indio.

Suene la voz de la sonora trompa

y reza al son de pretal el acicate

y de Jerusalén, la insigne pompa

las maravillas bárbaras remate

Sale un judío.

Judío.

la clara espía de la aurora rompa

silencios mudos, de contento trate

que ya amanece con el claro día

en nuestros gratos pechos la alegría

Sale un tudesco.

Tudesco.

sabios del mundo, levantad figura

sabed la ocasión de este contento

que hoy nos ofrece el cielo luz más pura

flores el suelo, suave olor el viento

Sale un francés.

Francés.

día divino, de inmoztal ventuza

declaza de natuza el fundamentu

es algún nuevo dios el que granjea

que ansí en alegres máquinas se emplea

Sale un español.

Español.

Veo que esta tierra cielo, se disfraza

el cielo en ella por extraña suerte

o alguna deidad suya, al mundo abraza

que casi en medio dioses nos convierte

Sale un inglés.

Inglés.

afuera, afuera, placa, placa, plaza

desbocado despida el brazo fuerte

Pag. 4

Sale un portugués.

Inglés.

que del mundo dexo la triste calma,

que pues se me alegra el corazón y el alma.

Portugués.

Aquí del rey, que motu de alegría

consagra el gusto cuánto en mí tomo,

que fora a denotar asperanza

que he de ser de un menino. E un mayordomo.

Sale un negro.

Negro.

Aquesa fiesta es ya de fantasía,

fal que aunque zamo negro, jonte zamo,

juro a ndiozo, y que gente de guineas

lleva las galas, la gala.

Portugués.

Es gracia.

Negro.

Aunque le peaes.

Gracioso.

Estraña novedad, milagro raro,

mirad cuántas naciones diferentes

junta en esta ciudad el cielo claro,

como el imperio ilustre de estas gentes.

Judío.

En la diversidad hallo reparo,

por más que las glorias de esta tierra cuentes,

solo la novedad de fiesta tanta

al cielo asombra y a la tierra espanta.

—¿Sabes cuál es la ocasión precisa

que todos nos holgamos sin sabella?

Tudesco.

El corazón de un grande bien me avisa.

Francés.

A mí, un estraño gusto el alma sella.

Portugués.

Eu me derito.

Negro.

Andiozo, qué gran risa.

Inglés.

Me turba la causa.

Negro.

Nace della.

Judío.

Gran secreto es este.

Español.

Ten, no acabes.

Francés.

Di, lo que sabes.

Pag. 5

Español.

Viniendo a esta ciudad bella,

reina de todas por fama,

con el Líbano y Sión,

y eterna en edades tantas,

donde el ciprés oloroso

al cedro junta las ramas,

y la pacífica oliva

del uno y otro se abraza,

y adonde el plátano tiende

sus raíces por las aguas

del caudaloso Cedrón

más que los cristales blancas,

y adonde la hermosura

su esfera gloriosa halla,

Saba sus perfumes ricos,

perlas el Sur, su oro Arabia,

y al fin adonde Minerva

más glorioso fin alcanza

que en las escuelas de Atenas

y en las cuevas de Tesalia,

ya que descubrió la vista

del muro las torres altas

y los capiteles ricos

a las nubes amenazan,

llegando junto a Emaús,

que della hace distancia

de poco más de una legua,

toda vestida de Candía,

y ahuyentando la noche

empezó a reírse el alba,

y con el alba las aves,

y con las aves las plantas,

Pag. 6

Español.

con las plantas, los pastores,

con los pastores, las cabras,

con las cabras, los mastines,

con estas, las alimañas,

que acrecientan las riberas

del Jordán por ambas bandas,

y sobre todos, los hombres,

a quien todos agasajan.

A su nueva luz el día,

el cielo entre estrellas tantas,

mostró un famoso lucero

que a un mismo sol aventaja.

Y voces por el aire

como de criaturas santas,

diciendo: «Mi ángel envío

con los poderes de gracia».

A este punto vi salir

hombres ricos de sus casas,

cazadores de sus sotos,

pastores de sus cabañas,

retozar los corderillos,

escaramuzar las vacas,

y arderse Jerusalén

en fuegos y luminarias.

Salí della a esta sazón,

adornéme de mis galas

para celebrar con todos

esta felice mañana.

Turco.

Ángel cantaban las voces.

Español.

Ángel las voces cantaban.

Francés.

Y ¿adónde los hallaremos?

Cantan dentro.

Músicos.

A la montaña, a la montaña.

Pag. 7

Indio.

cielo en qué cielo nos vemos

que el alma nos arrebatas

Judío.

dónde está el bien que celebras

dentro

Músicos.

a la montaña a la montaña

Español.

deidades, si es nuevo dios

dadnos de él señales claras

dentro

Músicos.

seguidnos

a la montaña

Portugués.

qué bien sirvo a Portugal

Negro.

a portuguesita cara

dónde nace el infantico

dentro

Músicos.

a la montaña, a la montaña

entranse como espantados

salen Menalca y Tirsa pastora

Tirsa.

es más lindo que Narciso

más que los cielos hermoso

como la gracia gracioso

no hay galán, no hay paraíso

que con él pueda igualarse

la sala está placentera

Menalca.

que la estéril vejeza

con hijo venga a hallarse

y tal gozo, Tirsa amiga,

no poca envidia le tengo

que nunca a hallarme vengo

con qué gozo a quien le diga

los requiebros que ya sabe

al tierno infante le dice

Tirsa.

yo hartos remedios hice

mas nunca me vi con él

Menalca.

en la sierra se publica

Pag. 8

Menalca.

que de milagro ha nacido.

Tirsa.

Dijo, a la vejez, ha habido

grandes bienes pronostica,

porque Sara de esta edad

un hijo parió tan santo

que fue de la tierra espanto

en rectitud y bondad.

Tirsa.

El cielo le fue cruel

a Ana, y al fin del tiempo

su afán trocó en pasatiempo,

dándole al grande Samuel.

Y aun otra Ana mejor que esa

triste y sin hijos vivía,

y el cielo le dio a María,

a quien Judea confiesa.

Y por la criatura más santa

que ha dado Dios a la tierra,

Menalca.

acepta alegre la fiera

con aquesta hermosa infanta,

que como es de Isabel prima,

en su parto se ha aseado,

y ella al chiquito ha empañado;

ved cuánto la ama y estima.

Que dice que cuando llegó

a visitar a Isabel,

en el vientre ese doncel

a ella se le humilló.

Tirsa es una gran mujer.

Sale Brigo corriendo tras Lucindo, y lleva un rastro, y dijo:

Brigo.

Zancazas vaya contigo

Pag. 9

Lucindo.

Aunque más te duela, Brigo,

no las tienes de comer.

Brigo.

Lucindo, no seas rezongón,

fundadme más amistad.

Lucindo.

Mío es el plato.

Brigo.

Mirad,

Lucindo.

no hay cosa que a mí me asombre.

Brigo.

Sois a mi persona ingrato.

Lucindo.

Contra ti tengo mil quejas.

Brigo.

Dadme en paz veinte torrejas.

Lucindo.

Dos torrejas en el plato.

Tirsa.

Espera, Lucindo.

Lucindo.

Aquesa

que aquí me ha descalabrado.

Menalca.

Vuelve, Brigo, ¿te ha llegado?

Lucindo.

Creo que sí.

Tirsa.

Siempre dureza.

Brigo.

Si no le das presto, diga,

¿por quién le tiene de haber

lo que saca de meter?

Ansí él tira a la vasija

y queda fondo al plato. ¡Quite!

que se le quiero arañar.

Lucindo.

Brigo, ¿quieres me dejar,

o quieres te despedace?

Brigo.

Dadme en paz una, Lucindo,

que os la pido de rodillas.

Lucindo.

Pardiez, en vez de tortillas

el plato y voluntad te rindo,

abre bien la boca, toma.

Pag. 10

Brigo.

Págueos Dios la voluntad,

¿han visto qué bueno está?

Menalca.

No hay quien tosa ni coma,

Tirsa.

que embebecidos están;

gozaré de la ocasión

y plumas de bendición

Brigo.

de ellos presto gozarán.

Échanles harina y plumas en la cara.

Lucindo.

Es por demás alcanzallas,

que se cogieron golpes.

Brigo.

¡A lo lindo, a lo lindo!

Arsindo.

¿Qué es?

Brigo.

Con esa cara tocallas.

Arsindo.

¿Y la tuya cómo está?

Brigo.

¿Qué tengo? ¿Mofas de mí?

¡Brujas mujeres, vení!

Lucindo.

Brigo, Brigo, bueno está.

Brigo.

Quiero reírme.

Menalca.

Señor,

decid de Menalca.

Arsindo.

Arsindo,

lo decid.

Lucindo.

¿No sois Lucindo?

Que es nombre de más primor.

Salga Zacarías mudo con un ángel que le tira de un listón que lleva en la boca, y Menalca, Arsindo y Alfeo le dicen la copla de afuera.

Zacarías.

Baua...

Brigo.

Decid de Brigo.

Alfeo.

que él tiene de llamarse Alfeo.

Pag. 11

Menalca.

Nombre es que no vale un higo.

Alfeo.

Es mejor el vuestro.

Menalca.

Sí.

Alfeo.

Ni aun, por Dios, con mi zapato.

Lucindo.

Pensáis que estáis en el sano.

Tirsa.

Señor, traiga al niño aquí.

¿Cómo ha de llamarse?

Zacarías.

Baua...

Brigo.

¡Bah!, dice que ha de ser su nombre.

Zacarías.

Baua...

Brigo.

Dios te entienda, zumba,

que yo no le entiendo ya.

Menalca.

Dice que se llama y no quiere

decir cómo ha de llamarse.

Zacarías.

Baua...

Alfeo.

Por decirlo muere.

Zacarías.

Baua...

Lucindo.

Que para escribir

voy por recado.

Vase Lucindo.

Brigo.

¿A que sí? No.

Pardiez, que yo tengo de asir

por la pluma y el tintero

entero. Ya fue por él

el quillotro del doncel;

quiere resonar primero.

Menalca.

Si como vos habla mal,

parecerá el tronco al ramo.

Sale Lucindo con aderezo de escribir.

Lucindo.

Ya hay recado aquí, nuestramo,

y tabla donde escribáis.

Pag. 12

Brigo.

¿Parecióos gallarda la tabla?

Lucindo.

Que así pareció; escriba el buen hombre.

Zacarías.

Llámese Juan.

Ángel.

Ese nombre

te restituye el habla.

Brigo.

¡Quién sabe, nuesamo! Fuera;

voy a decírselo a Isabel.

Menalca.

Y la gracia del doncel

por el suelo y la gente espera.

Arsindo.

¡Ea, llevémosle al templo!

Brigo.

Las fuentes, ¿adónde están?

Menalca.

Allá dentro os las darán.

Lucindo.

En este niño contemplo

todo el fin de la ley gracia.

Alfeo.

Y con él al templo a ir.

Tirsa.

Gracioso niño, vení;

sea en ti nuestra gracia.

Éntranse todos. Queda solo Zacarías.

Zacarías.

Ensalzado y bendito

por edades sin número ni cuento

sea el nombre infinito

del Dios que en Israel tiene su asiento,

pues a su pueblo amado

con nueva bendición ha libertado.

serás del Dios Altísimo profeta;

llevarate delante

como lucero o clara luna electa,

por privilegio sacro,

digno aposentador de su teatro.

Ya tengo yo de anunciarte.

Pag. 13

Lucindo.

Sea, infante, Zacarías,

con lo que la ley os da.

Zacarías.

Muy tiernamente, mi hijo, acá.

Lucindo.

Tiernamente lo pedís.

Tomad.

Zacarías.

Ven en hora buena,

caballero del tusón,

que ya de mi corazón

desterrado habéis la pena.

Mil veces quiero abrazaros,

hermosísimos despojos,

y pedirle nuevos ojos

al cielo para miraros.

Tiernamente me miráis,

infante tierno; yo sé

que es porque gracias os dé

por el habla que me dais.

No hay de esos claros reflejos

que mi hijo no señale,

que, pues el lucero sale,

el sol no queda muy lejos.

En vos gozo yo, padre,

pues por vos me ampara Dios;

veáis su cara aquí vos

con una sola madre.

Háganse fiestas, haced.

Brigo.

¿Qué se han de hacer? Recelo.

Zacarías.

Vamos a regraciarle al cielo

tan señalada merced.

Salen los ciudadanos.

Ciudadano primero.

Las fiestas, ¿quieres que te cuente en suma?

Ciudadano segundo.

Quiero, arcaláugen; en suma me las cuenta.

Ciudadano primero.

Corta será la más ligera pluma.

Pag. 14

Ciudadano primero.

Para escribir los trajes diferentes

no hay quien acierte y de lleno presuma;

cuál por sus hijos, cuál por sus parientes,

Roma ha mostrado, en fin, alegría suma.

Ciudadano segundo.

¿Y qué es lo que la grandeza tuvo?

Ciudadano primero.

Escucha.

La gran ciudad del túmulo imagina,

con la nueva invención alborotada

y una mudanza en todos repentina,

de peregrinos trajes adornada;

no Isleta, mas Babel vespertina,

está por cima el muro levantada,

día fragoso de sus centellas varias

y sol de ciegas confusas luminarias.

Siguiose el natural traje, y luego

comenzó de salir la infantería

a renovar el casi muerto fuego

con la nunca pensada vocería.

El ruido andaba entre voces ciego;

solo el final acento se entendía:

«¡Augusto viva!», y esto muy confuso,

por ser decretos que el lugar dispuso.

Vino la tarde y fueron a palacio

las familias de sangre y casta clara.

Si a los deudos mirar quisiera espacio,

de un año entero en círculo gastara.

Salió a verlos Augusto, y el topacio

que de nueva Baptista en la tiara

valía más que Roma.

Ciudadano segundo.

A tu ganancia.

Ciudadano primero.

Valiera más que Italia, España y Francia.

Ciudadano segundo.

Prosigue el cuento, desvanecedor; deja,

que poco importa que quien antes baja.

Pag. 15

Ciudadano primero.

de mil colores, como la corneja,

quiso el gran Decio que su gente salga

sobre sus sones a la usanza vieja,

encubertado su escuadrón cabalga,

y la letra de todos repetía:

de tantas, como son, ninguna es mía.

Tras esto se siguieron los Camilos.

Ciudadano segundo.

Dime del modo que los viste.

Ciudadano primero.

Vilos

con calzas y coleto a lo tudesco,

y tras esto, variando los estilos

de su noble linaje y parentesco,

entraron seis familias.

Ciudadano segundo.

¿Cuáles fueron?

Ciudadano primero.

Las que de nobles gentes se hicieron:

Los Reyes, los Osorios, los Marcelos,

los Curcios, Quincios, Cestas famosos,

los dos de azul, este color de cielos,

dos de blanco y morado bien vistosos,

capas luciendo, y los rabiosos celos,

los dos restantes fueron más costosos,

de colorado fue la letra sola:

de todos, aunque rueda, más la bola.

Tras estos se siguieron mil cuadrillas

y cada una de invención extraña,

cuales morados, cuales amarillas,

cuales de armas formando una campaña.

Los que hicieron mayores maravillas

fueron los nobles de la noble España,

que, como son de varios corazones,

ganaron en los trajes e invenciones.

Sigue agora su entrada el gran Filipo

de parte de la grande Palestina.

Pag. 16

Ciudadano primero.

yo por sus contentos me anticipo

a llevar esta nueva peregrina

que pues de sus contentos participo

y a su gusto el de alguno me inclina

quiero ser paraninfo de esta nueva

Ciudadano segundo.

de esta la tierna que el cielo nos aprueba

Ciudadano primero.

con mucho regocijo que es amable

liberal bien criado grave fuerte

de rara industria y de valor notable

de noble corazón de grande suerte

ruidoso. caviloso variable

todo en provecho del común advierte

Ciudadano segundo.

Ruido siento

Ciudadano primero.

habránle recibido

Ciudadano segundo.

verle deseo

Ciudadano primero.

ven

Ciudadano segundo.

qué es esto a ver

Vanse

(Sale Filipo y acompañamiento con fiestas)

Filipo.

Basta el recibimiento caballeros

y la grandeza me excuso con los cuatro

quiero solo quedar para deciros

la mucha obligación en que me ha puesto

el ver de todo el pueblo la nobleza

Ciudadano segundo.

esa flor pues en ti florece tanto

que a todos nos obliga a hacerte fiestas

dignas de tu real merecimiento

y ansí para gozarte largos siglos

y tener sucesión de sangre tuya

una merced queremos suplicarte

que nos hagas

Filipo.

pedid amigos muchas

Ciudadano primero.

una sola queremos.

Ciudadano segundo.

que tomes

Pag. 17

Ciudadano segundo.

estado, con mujer de alta esfera,

porque te estime en más el que es tu todo.

Filipo.

Siendo igual en linaje a mis mayores,

y persona a quien pueda aficionarme,

por tu gusto le daré la mano.

Ciudadano primero.

Darásla a la hermosísima Herodías,

milagro de donaire y hermosura,

y de esta gran comarca ídolo vano,

no hay más nobleza, clara blancura,

ni de virtudes mayores esperanzas;

es Venus en el rostro, Juno en bienes,

en poder Palas, en saber Minerva,

y de mayores de la fama cifra.

Filipo.

Si su hermosura es tanta, yo la acepto

por mi esposa.

Ciudadano segundo.

Dichoso te haga el cielo,

vivas eternos siglos en el mundo;

vamos, y partan por ella en postas,

porque para tu esposa se prevenga.

Filipo.

Guiad.

Sale un viejo.

Viejo.

Si dos palabras me escuchares,

te daré un salutífero consejo.

Filipo.

Muchas te escucharé.

Viejo.

Ea, que se salgan

estos de aquí fuera, porque a solas

quiero haberlo contigo.

Filipo.

Caballeros,

hacedme gracia que en esa sala

me esperéis mientras hablo a este buen hombre.

Ciudadano segundo.

Tu gusto será el mío.

Vanse.

Pag. 18

Filipo.

Dime, amigo,

¿qué consejo pretendes darme?

Viejo.

Digo:

¡Oh Filipo, oh gran patriarca

de Tracia, de la Tracontina,

hijo de Herodes el Magno,

gloria y prez de Palestina,

a quien los cielos piadosos

por sus virtudes ínclitas

de soberanos trofeos

dan soberanas primicias!

Que como espejo hidalgo

de toda tu expectativa,

de rara clemencia, escucha

a quien tus glorias estima.

No des la mano de esposo

a la gallarda Herodías,

que en fingir de su ventura

está tu ventura misma.

Agora es casta Diana,

Venus bella, Juno rica,

Palas fuerte, Cintia grave,

parará en reina mezquina.

Que cuanto más descuidado

a su amor le des primicia

y a un legítimo fruto,

su legítima familia;

la que era casta Diana

será Fedra adulterina,

la Venus bella afeadora

de tus honradas primicias,

la Juno noble villana,

la Palas fuerte ruina

de las alas de tu fama,

Pag. 19

Viejo.

Infame, la grave Cintia,

y al fin la sabia Minerva,

indiscreta, troglodita,

que quien un extremo deja

a un extremo se avecina;

desde el cuerno de la luna

darás al centro caída,

que un puntapié de mujer

al más gigante derriba.

No te desesperes, Filipo,

míralo qué hace, y mira

que este es consejo de amigo,

y aquesa es falsa enemiga.

Filipo.

Tú que con voz venerable,

honrado anciano, me avisas,

quién eres, para que crea

esas duras profecías.

Viejo.

Yo soy yo.

Filipo.

No basta eso.

Viejo.

Soy una persona antigua

tanto como lo es el tiempo.

Filipo.

Y aun aclárate más.

Viejo.

Quita, no te llegues a mí, cumple

tus deseos, que algún día

te acordarás de estas canas.

Filipo.

Escucha.

Viejo.

En vano porfías.

Vase el viejo.

Filipo.

Visión, fantasma, ángel, hombre,

encanto, sombra, voz viva,

dónde te has desaparecido.

Salen los caballeros y una dama.

Caballero.

¿Qué has tenido, cómo gritas?

Filipo.

¿Visteis salir a aquel viejo.

Pag. 20

Filipo.

que a hablar me entró.

Ciudadano segundo.

Saldría

por la otra puerta.

Filipo.

No, amigos,

no, ciertas son mis desdichas;

no quiero casarme.

Ciudadano segundo.

¿Cómo

no quieres casarte? ¿Olvidas

tu palabra?

Filipo.

No hay palabra

donde el cielo afrenta avisa.

Ciudadano primero.

No hay afrenta; sin la afrenta

que entre vosotros se cifra,

tu palabra has de cumplir.

Filipo.

Cumplimientos no me pidas,

que si me caso, mil males

mis signos me pronostican.

Ciudadano primero.

Deja vanas ilusiones,

tu real sangre multiplica.

Filipo.

Contra el cielo...

Ciudadano segundo.

O confía del cielo,

si el cielo te desanima.

Filipo.

Vengo.

Voy a casarme,

voy como incauta víctima,

que cuando va al sacrificio

más recela y más aguija.

Vanse.

Salen Alfeo, y Lucindo, y un negro.

Lucindo.

No se ha visto en esta tierra

cosa tan maravillosa,

dama por extremo hermosa.

Pag. 21

Lucindo.

y mil reyes en la sierra;

Alfeo.

que es rey el recién nacido

por muy ciertos todos tienen

y estotros reyes que vienen

a obedecerle han venido.

Pues yo tu amistad estimo,

razón es me hagas patente

a qué viene aquesta gente.

Negro.

Que men prays escuczan, primo,

a Baltaca, Melco y Gaspalus

zean en Arabia feliz,

de ynde creyerun gigante,

camun padezo saence,

ama cica naturaleza,

Zatulia, mozaxiente

y la gran maricandoras,

viendo tologo Curence,

habían en queyas partes

una donzeza parentes,

la cual llamaban Abila,

dica lugamme en breues,

o cadunca Zaquerigu,

con un nino que crezere

que endiozo al mundo vendría

en carne mortal cual biene,

y que el milangrozo día

que a la tiella decendieze

verían en aqueias partes

una nueza en el orientes

que ya donde la guiamus.

Pag. 22

Negro.

purtudan parte Ziguere

llevando al recien nazido

Gruzo . oro en prezente

que entre los perzas uzamu

cando veran camo Reze

Zeñar . Vuestro . encienco . y mi rra

a ñal de reconocelle

aesi pur tuzala tiella

pligonamo . Su plazente

que biniamo pligunando

por donde la encreza fueje

en canto lo quinocial

Cunegro a bitamo ende

al tropico capricornio

turo caminamo alegre

de Zaragzao . a momcungo

rum quera negro quezexe

dexurez carga . a camezo

ca gazo . as efante albueze

po amu de cir un Grana

duzimu . vnicornete

con tanta pluma amariza

coruzaque mucza zberde

tanto papagate nueu

dezera . nunca cordele

tanto manto dealgodon

Camo noza mugerez

tambi de la meflicana

tanta carcica pendente

Pag. 23

Negro.

tanta zagala ceñida

que aunque de paz bien parece,

y para alegrar un niño

que en cuanto hombre llora debe

tanto instrumento templado,

tanta copla suene,

trae una flauta y adufe,

churumbela, cornete,

muchos órganos y salterios,

mucho cascabel y flauta,

zampoñas, muchos instrumentos músicos,

guitarra y apanderete,

vihuela de arco y de en mano,

sacan buje con rabele,

con una presencia rica

buscamos el santo pesebre

donde yace el niño andioso,

y la Virgen, Virgen siempre,

crece contento su amo.

Alfeo.

Págueos el amistad, Dios.

Lucindo.

Gente viene, vámonos.

Alfeo.

Quién son estos?

Negro.

Camy amo.

Vase el negro. Dice un mozo de mulas dentro, y voces también dentro.

Mozo.

Que en la montaña te dejo.

Brigo.

Ya buta lleve en breve.

Brigo.

Mejor será ge lleve.

Pag. 24

Brigo.

Un zapatero de viejo.

Mozo.

A del valle.

Brigo.

A de la breña.

Mozo.

¡Ajo!

Brigo.

¡Ajo!

Mozo.

¿Por dónde

saldré?

Brigo.

Salid por ahí.

Mozo.

¿Por dónde?

Brigo.

No sé.

Brigo.

El camino le enseña.

Mozo.

¿Por mano derecha?

Brigo.

No.

Mozo.

¿Por la otra?

Brigo.

No.

Mozo.

¿Por do dices?

Brigo.

Por frente de las narices.

Mozo.

¿De quién me fiara yo?

Sale el mozo de mulas.

Mozo.

Para acertar, hideputa.

Sale Brigo.

Brigo.

Las manos a su merced.

Mozo.

Si ahora no mirara que...

Brigo.

No se nos meta en disputa,

que esta semana ha aprovechado.

Mozo.

¿Ya nos desconfiáis?

Brigo.

Pues decidnos dónde vais.

Mozo.

Catad, de aquí concluyo.

Pag. 25

Mozo.

Voy a buscar a Filipo,

adelantado y tetrarca

de toda aquesta comarca,

y sabed que me anticipo

para ganar las albricias

de una nueva venturosa,

porque ya viene su esposa

a hacerle mil caricias;

vienen con ella mil damas,

medas, citas, partos, persas,

y otras naciones diversas,

lenguas de infinitas famas.

Traen libreas amarillas,

pardas, blancas, coloradas,

azules, verdes, moradas;

traen coches, sillones, sillas,

traen broches y diamantes,

perlas, garzotas, guirnaldas,

tirasoles, esmeraldas,

indios, pigmeos, gigantes;

traen olores de almizque, algalia,

ámbar, mirra y ricas gomas

que se venden por aromas,

y del campo Vestefalia,

traen trescientos chichimecos,

y más, que...

Brigo.

Es para mañana.

Mozo.

Voy en fuga; traen...

Brigo.

Tú has gana

de holgar más. Vete, arreo.

Pag. 26

Brigo.

Creímos que hablar no sabe,

y quisímosle pagar

porque hable, y puédenle dar

dineros para que calle.

Mozo.

Si no me queréis oír,

voyme.

Vase.

Brigo.

Ve en hora buena,

señor posta, que anda en pena.

Alfeo.

No lo dejarás decir.

Brigo.

Vaya con Dios, que querréis

escuchar esto que agrada.

Salen Isabel y Zacarías.

Zacarías.

Mi Isabel, si vais cansada,

presto descansar podréis.

Isabel.

Que ya llegamos al soto.

Brigo.

Nuesamo tiene placer,

pardiez, que vuesa mujer

en mí tiene un grande voto.

Nuesama, ¿queréis sentaros?

Isabel.

Ir hasta el soto prevengo.

Brigo.

Vamos, que en mi choza tengo

con que poder regalaros.

Isabel.

Calla.

Brigo.

¿Qué queréis que calle?

Zacarías.

Los dos delante partí.

Alfeo.

Pastores, vení, vení,

que viene nuesamo al valle.

Gil, tocad el tamborino.

Zacarías.

Todo el ganado anda revuelto.

Brigo.

Corred vos, que sois más suelto,

corred, aguijad, sobrino.

Vanse.

Pag. 27

Isabel.

Para ver sus alegrías,

me adelanto.

Brigo.

Ojo al tío Gil.

Zacarías.

Dadme la mano, Isabel.

Isabel.

Tomadla, mi Zacarías.

Vanse todos. Sale el niño Jesús con una cruz pequeña.

Jesús.

Eterno Padre, que en tu ser paterno

sin principio ni fin me has engendrado

tan grande y tan Dios como tú mismo,

tú que al hombre, teniéndole amor tierno,

ya has puesto en mi elección de su abogado,

mostrando de quién eres el abismo,

que de humano ser sumo

que de divina en ti misma.

Y será, si la pluma

pudiera contar la suma!

Yo solo me puedo

comprenderte, por ser yo tu heredero.

¡Oh, cruz, esposa mía, leño sagrado!

y de mi brazo lanza,

servidme aquí de lecho regalado,

para que de algún descanso saque resuello,

quien sin la cruz por refrigerio alcanza.

¡Oh, bienaventuranza!

¡Oh, cama blanda y rica!

Pag. 28

Échase a dormir encima de la tierra y aparecen unos ángeles arriba que cantan.

Jesús.

¡Oh venturosa muerte,

por quien el Sansón fuerte

al hombre de eterna vida comunica!

Cielos, Amor me hace centinela,

porque el que sirve a Dios durmiendo vela.

Ángeles.

Niño Dios eterno y santo,

dormid a vuestro placer,

que dormir ha menester

quien tiene de velar tanto.

Reposando estáis en vela

por la humana salvación,

y está vuestro corazón

haciéndole centinela;

dad al humano quebranto

algún descanso y placer,

que dormir ha menester

quien tiene de velar tanto.

Desaparecen. Sale San Juan niño.

Juan.

Mi niño, música os dan,

y qué bien la merecéis;

músicos, no os alejéis.

¿Por qué os desvanecéis?

¿Vaisos? ¡Ay, quién os gozara!

Pero mientras mi memoria

Pag. 29

Bésale el pie, y despierta, y levántase, y abrázale.

Juan.

que me amanece más gloria,

quien goza de aquesta cara.

Niño, contemplaros quiero,

dad a mis ojos crisol,

pues sois el divino sol

de quien yo soy el lucero.

Reposad, divino infante,

que yo os guardaré este sueño;

dormid más, niño pequeño,

mayor que el mayor gigante.

Ya que está en su regazo,

un solo pie os besaré,

que si vos me dais el pie,

yo me tomaré la mano;

pie que mi ventura ordena,

a ti mis labios arrimo.

Jesús.

¿Quién el pie me besó? ¡Oh, primo!

Estéis muy enhorabuena.

Juan.

Estando conmigo vos,

estaré muy enhorabuena;

que, estando vos, cuando menos,

ha de estar conmigo Dios.

En estos dos soles claros

tanta luz he descubierto,

que me quiero ir al desierto

para poder contemplaros,

que esta divina beldad

Pag. 30

Juan.

con que el cielo suele honrarse,

mi corazón contemplarse,

sin vos en la soledad.

Dadle, pues, la bendición vuestra

al que ya de vos se aparta,

para que contento parta

donde vuestra fe le muestra.

De rodillas caigo al suelo,

humildemente os lo suplico,

porque della vaya rico

quien goza de vuestro cielo.

Jesús.

Mi Juan, que en deciros «mi hijo»

os guarda mi fe sincera

más que si primo os dijera,

pues todo mi amor os fijo.

Juan.

Vos vais al desierto, y yo

quedando en poblado quedo,

acá en el infierno quedo,

pues sin vos se me acabó.

Jesús.

Partid al desierto, Juan,

mas partid con pecho fuerte

para recibir la muerte,

que por mi causa os darán.

En esta pena crecida

vuestra hidalga fe se pruebe,

y será esta muerte breve

Pag. 31

Juan se arrodilla y bendícele.

Jesús.

principio de vuestra vida,

y haya en vos tal resistencia

que a vuestro enemigo asombre

y publicad en mi nombre

a la gente penitencia,

y alcancéis mi bendición

con la de mi padre eterno.

Juan.

Y aunque mi brazo tierno

del cielo, mis fuerzas son

y ha despedido su boca

panal de miel soberano,

pues me ha tocado la mano

que a sola su eternidad toca.

Jesús.

Allá estaremos los dos.

Juan.

Que de mis favores rico

el mundo quedará chico

pues va de mi parte Dios.

Jornada segunda

Pag. 32

Hacen ruido dentro y sale huyendo Felipe, ciego de los alguaciles; puesto dentro, y salga.

Rey.

Matadle. ¡Ah de mi guarda! El falso muera.

Felipe.

Falso eres tú y falsas son tus obras;

¡ah, rey injusto!, tu corazón de fiera,

pues de los brutos la esperanza cobras

a hacer adulterio, al que quisiera

darte mil reinos, das estas zozobras

cielo desta ilegítima mudanza

en breve acabe legítima esperanza.

Convite de Absalón aqueste ha sido,

que a Amón sirvió convite de suerte

que en medio del convite prevenido

pagarle hizo el escote con la muerte

Muerto me has, Herodes fementido,

pues no hay mortal dolor que sea tan fuerte

Pag. 33

Felipe.

Cómo escapar la guarda, y si esto es cierto,

de tu falso convite parto muerto.

~ Pluga al cielo, si lágrimas admite,

si da favor a las plegarias justas,

que aquesa vida bárbara te quite

con que afrentar tu misma sangre gustas;

dese trono en que estás te precipite,

quiebre las fuerzas que te dio robustas,

y a manos de un villano masageta

veas tu soberbia mísera sujeta.

~ ¡Ay, Herodías falsa!, ahora vengo

a conocer la fuerza de mi hado,

yo solo de mi mal la culpa tengo,

no me puedo quejar, que fui casado;

para mayores daños me prevengo,

vivir quiero en un monte desterrado,

porque el castigo cierto nunca tarda

a quien el cielo avisa y no se guarda.

~ ¡Ah, palacio cruel! Abrase Roma,

a mis puertas antiguas caiga el fuego,

su bruto rey, que abrasó a Sodoma;

el que me tiene a mí, el impío ciego,

a gran Tiberio, emperador de Roma,

que un mal rey sufre sin quitarle luego

la corona real que no merece.

Adentro.

Alcalde.

Por acá.

Felipe.

Huyo, ya el rumor crece.

~ No me quites la vida, cielo santo.

Pag. 34

Dentro.

Felipe.

hasta que acepte la venganza vea,

ardido sea el palacio y todo cuanto

por esta parte el círculo rodea.

Alabardero 2.º.

Libre el cielo de error tal y de llanto,

que injusta culpa a mi rey le afea.

Salen los alabarderos.

Alabardero 1.º.

Que quitar la mujer al propio hermano,

qué bruto hiciera caso tan villano.

Qué escrúpulos hacéis. Yo lo hiciera,

a ser rey, por ver un rostro hermoso,

un buen donaire, una arte parlera,

consigo trae un no sé qué brioso.

Alabardero 2.º.

A ser vos rey, malaventura hubiera.

Alabardero 1.º.

Es un reino bocado muy sabroso.

Alabardero 2.º.

Y yo, que la obligación del juramento,

más quiero mi alabarda que su cetro.

Alabardero 1.º.

Dejad, que pese a tal, aunque, si dije,

como nuestro amo medrara la gente.

Sale el Rey, y Herodías, y su hija de Herodías; a un lado el Rey.

Rey.

A vos, señora, mi corona elige,

para que ciña vuestra augusta frente.

¿De qué salís turbada? ¿Qué os aflige?

Herodías.

¿De qué queréis, señor, que me contente,

siendo queja que vuestro amor merece,

con vida se ha escapado el que aun reza

Pag. 35

Herodías.

Por quien vos sois, que si alcanzar pudiera

el descuido que hubo en vuestra guarda,

primero que escaparse nos pudiera,

yo misma le tirara una alabarda.

Hija.

Y yo a mi madre mi favor le diera,

que tan robusta soy como gallarda.

Alabardero 2.º.

Basta que se conjura la doncella

contra su propio padre, fuego en ella.

Rey.

Eso no os cause pena, mi Herodías,

que aunque ahora se escape de mi furia,

mis filos le pondrán en breves días

incapaz de haceros, vida, injuria;

ora se vaya a las regiones frías,

ora al fuerte Sidón, ora a Liguria,

ora se suba al cielo o baje al centro,

juro llegar allá y matalle dentro.

Sosegad por mi vida y demos traza

de dar primicia a mi amor primero.

Herodías.

Tú siempre afable, esta ocasión abraza,

gustaré ver el campo.

Rey.

Pues a caza,

la gente prevenida, que cazar quiero.

Herodías.

A tu lado saldrá la que te adora.

Rey.

Y honrarame tan noble cazadora.

Vanse. Entra san Juan en el desierto y a su sombra Jesús.

Juan.

¡Ay, soledad, agradable compañera!,

Pag. 36

Juan.

Árboles que adornáis esta montaña,

aguas claras que mansas vais corriendo,

tiempo feliz, agreste primavera

de que con tanto amor os acompaña,

si con algún favor entreteniendo,

que más bien no pretendo

que en vuestras hondas grutas

pasar mi triste vida,

teniendo por comida

no tiernas aves, ni sabrosas frutas,

mas porque pague penitente mi culpa,

langostas comer quiero y miel silvestre.

Sale Felipe.

Felipe.

Dame tu honesto favor,

breña de árboles vestida,

porque me quite la vida

el que me quitó el honor;

amparadme, incultas matas,

pues mi desventura veis,

y para mí no os mostréis

de condiciones ingratas;

si me siguen los ministros

de aquel Dionisio tirano,

a quien dé el cielo de mano

y borre de sus registros.

Juan.

Parece que ruido siento

en esta nueva región,

o es que la imaginación

hace salva al sentimiento.

Pag. 37

Felipe.

¡Oh, aleve y falsa Herodías!,

la debida fe me niegas

y a un adúltero la entregas,

que hurtó las glorias mías.

De mi legítima unión

te dio el cielo alegre fruto

que ya con ese amor bruto

lo será de maldición.

Después de haberte tenido

tantos años de amistad

adulteras la verdad

que al cielo has prometido

Estoy por matarme, estoy

para arrojarme a una fiera.

Juan.

Alma de Dios, ¿desespera?

Felipe.

A matarme voy.

Juan.

Eso no, que estoy yo aquí,

y a darte remedio salgo

espérate un poco, hidalgo.

Felipe.

¿Quién me ha llamado? ¡Ay de mí!

Juan.

Vuelve y hablemos los dos.

Felipe.

Llévame una mortal calma.

Juan.

Tente, no pierdas un alma

que para sí formó Dios.

¿Dónde vas desesperado

tras de tu necio albedrío?

Felipe.

Llévame un dolor impío,

de mí mismo descuidado.

Pag. 38

Juan.

Volved sobre vos, señor,

ved que sois de Dios figura,

que no es bien que la criatura

haga ultraje a su criador.

Decid qué habéis. Dadme cuenta

del mal que la vida os quita,

que, como remedio admita,

le tendréis.

Felipe.

¿Cuándo la afrenta

recibida tener pudo

remedio?

Juan.

Habrála bastante

para el daño de adelante.

Felipe.

Es grande el mal.

Juan.

No lo dudo.

Felipe.

Yo soy de aquesta región,

soy infelice Filipo,

tetrarca de Traconitina,

señor de su distrito,

y sucesor del Magno,

por orden de mis sinos

señor del que respetan

por rey suyo los judíos.

Mi estrella, que aun en la cuna

tantos agravios me hizo,

que hay duda si fueron más

que los de Alcides tebanos,

después de haberme sentado

en favores infinitos,

Pag. 39

Felipe.

sobre el cuerno de la luna

según otro Apolo infuso

para poder derribarme

de aquel envidioso sitio

donde a fuerza de mis daños

quise fijar mis alivios,

y usó de una estratagema

segundo Sinón conmigo;

formó aquel caballo

que mostró un rostro divino:

una Venus, una Elena,

una Circe, un laberinto

donde me dio mis afectos,

porque amor, más vivo el hielo,

será, con ser bella, noble,

como noble, de buen juicio,

y sobre todo, señora,

de un patrimonio infinito.

Rica, bella, noble y sabia,

a qué amagos, a qué giros

no pudieran contrastar

cuatro semejantes tiros?

Cobré la afición, caseme

con ella; fueme propicio

a los principios el cielo,

que me engañó a los principios,

ya que seguro gozaba

de los regalos del siglo.

Pag. 40

Felipe.

Ya ufana de otro día

la afición que de mí mismo,

ya fuese o que la envidia

ofendiese mis cariños,

o que la fortuna varia

volviese a su curso antiguo,

ya fuese mi desposada,

o que mi fortuna quiso,

della se vio enamorado

este rey, este Tarquino,

y no mirando al incesto,

que por ser mi ser inicuo,

como poderoso en todo

me robó el alma en vivo,

a comer me convidó

y fue el convite tan rico

que no le pude pagar

con menos que el honor mío;

costárame su error vida,

si por un pequeño aviso

de un corredor no me escapo,

hurtando el cuerpo al peligro.

Quédaseme con mi esposa,

siendo mi ser legítimo,

yo sin honra, ella infamada

y de todos enemigo;

mira si un intento noble

sigue a este atroz delito.

Pag. 41

Felipe.

para hacer que desespere

quien en tanta junta se ha visto.

Juan.

Por remate ilustre de reyes,

que con tu esposa se ha hallado

mejor que el rey guarda leyes

del pastor en su ganado,

del gañán entre sus bueyes,

y mujer de su propio hermano

usurpaste, rey tirano,

sosiega, Filipo, el pecho,

que en defender tu derecho

quiere Juan tomar la mano.

No temas que el rostro huya

de este rey tirano y fiero,

sin que su maldad argüya

por la justicia de Dios primero,

y tras ella por la tuya.

Salgan a esta santa guerra

la justicia, armas que encierra

la armería de mi celo,

como que hay Dios en el cielo

y hay malos en la tierra.

Suena dentro ruido de caza, y dice cazador.

Cazador.

Llegue vuestra majestad,

que el oso no puede huir.

Felipe.

Que aun hasta en la soledad

me ha venido a descubrir.

Pag. 42

Juan.

Por esta desierta parte,

que del Señor esperarte

remisión de tu injusto deseo.

Felipe.

Los pies, amigo, te beso.

Juan.

Si estás en peligro, parte,

vete con Dios, y procura

poner en Dios tu esperanza,

que desta injusta locura

te dará justa venganza

su justicia recta y pura.

Vase Felipe.

Felipe.

Voyme. Adiós.

Juan.

La justa queja

desta pequeñuela oveja

recibid, Señor inmenso.

Entren los dos alabarderos.

Alabardero 1.º

Que vuela, y no corre, pienso,

según la tierra atrás deja.

Alabardero 2.º

Por esotra parte corre.

Alabardero 1.º

¡Oh, se pudiese escapar!

La ventura lo socorre.

Buen hombre, ¿por qué lugar

va el alcaide de la torre?

Alabardero 2.º

¿O algún ángel? Caso extraño

se me ha ofrecido a la vista.

¿El predicador Bautista

no es este el ermitaño?

Alabardero 1.º

El alma, danos los pies.

Pag. 43

Juan.

No deis ese honor, amigos,

a quien indigno de él es.

Alabardero 2.º.

De tu bien somos testigos.

Alabardero 1.º.

Que tu bendición nos des

esperamos, gran varón.

Juan.

Dios os dé su bendición.

A vuestro señor decí,

amigos, mas advertí

que hay gloria y condenación,

pozo del eterno llanto.

Alabardero 2.º.

Parece que por su boca

habla el Espíritu Santo;

enternecerá una roca,

su aspecto me causa espanto.

Digan dentro.

Dentro.

¡Por acá, por acá presto!

Alabardero 2.º.

El lazo ha tornado al puesto,

adiós, mi padre.

Juan.

Él os guíe.

Vanse. Sale el Rey y su mujer.

Rey.

Que de mi amor no se fíe,

el rigor que os manifiesto;

no tenéis razón, señora.

Herodías.

Mayores pruebas desea

mi alma, como os adora.

Juan.

A desenvuelta Medea,

a cruel Circe encantadora.

Pag. 44

Rey.

No me escondáis vuestra vista,

mas esperad, que al Bautista

veo.

Herodías.

¿Por él me dejáis?

Por bien poco me negáis.

Juan.

Tu gracia en mi lengua asista.

Rey.

Quiero yo al descuido hablalle.

Herodías.

Si os importa más que yo,

id a hablalle y a abrazalle.

Juan.

El alma que os ofendió

remedio a sus culpas halle.

Rey.

Justo, fiel y amado Juan,

estés en hora dichosa.

Juan.

Pues en tu presencia están,

tengan su corriente hermosa

estas aguas del Jordán,

y todas cuantas criaturas

por justa y conforme ley

te reconozcan por Rey.

Rey.

Bien sé que a mi honor procuras

levantarme, predicador.

Juan.

Que ansí estoy bien te prometo,

porque te tengo por

como a mi señor mayor,

y deberte tal respeto,

y como a mi hermano amor;

y pues sabes dar audiencia,

a las almas de mayor gloria,

y el tiempo de penitencia.

Pag. 45

Juan.

es llegado, te suplico

me des para hablar licencia.

Rey.

Habla en buena hora.

Herodías.

Mal digo

mi venida al despoblado.

Juan.

No te pongas mal conmigo,

que, como de Dios mandado,

lo que es su ofensa persigo.

¿Consiente el pueblo romano,

que tan justo suele ser,

que por un gusto liviano

te alces tú con la mujer

de tu legítimo hermano?

Si no hay justicia en el suelo,

teme, señor, la del cielo,

que es Dios tan justo juez

que disimula una vez,

mas la segunda recelo

que torres de cera fabriques

hhaciendo a Dios vituperio,

y que a tanto mal te apliques

que al hedor de un adulterio

un incesto multipliques.

Solo olor de una camella,

por más tierna que le sea,

el camello se atropella,

y en viendo que es sangre suya,

deja de llegar a ella.

Pag. 46

Juan.

Pues para que Dios se exalte

en tu alma no se esmalte

este ejemplo, esta verdad,

que haya en los brutos lealtad

y que a los hombres les falte.

Señor, un David que lloró

tanto, a Dios se satisfizo

una vez que le ofendió,

adulterio fue el que hizo,

mas mira qué le costó.

Sol serás visto y honrado,

y si con este pecado

oscurecerte procuras,

andará tu reino a oscuras

viendo su sol eclipsado.

Mira que en este pecado

tu perdición considero.

Rey.

Mucho te has adelantado,

y es causa que bien te quiero

haberte tanto escuchado;

y cesen, Juan, tus liviandades,

que quien al rey se desmanda

oscurece sus lealtades.

Juan.

Hago lo que Dios me manda

en decirte las verdades.

Celo suyo me movió

que te reprehenda yo

Pag. 47

Rey.

Acaba, no te adelantes.

Juan.

Si tú pecas, no te espantes

que te reprehenda yo.

Rey.

Vete.

Juan.

El errado gobierno

mejorad entre los dos;

mostrad amor al bien tierno,

que para reyes hay Dios,

y para su culpa, infierno.

El camino santo os muestro,

y en sus sendas os adiestro,

vía, salvación, edificio,

por esto, que es hoy mi oficio;

haced vosotros el vuestro.

Y quedad con Dios. Él quiera,

en esta tiniebla extraña,

mostraros luz verdadera.

Vase San Juan.

Herodes.

¿A esto vine a la montaña?

Pluguiera a Dios no viniera.

¿Tú eres rey, tú poderoso,

tú que con brazo espantoso

admirar el mundo sueles,

y un villano con dos pieles

te deja triste y dudoso?

Mátale, al aleve acaba,

porque de haberte ofendido

en público no se alabe.

Pag. 48

Rey.

es de los nobles querido

y de mi reino la llave;

déjale por vida mía,

que con su loca porfía

da la vuelta a su espesura.

Sale la Hija con cazadores.

Hija.

Fue dalle alcance ventura,

Cazador primero.

tal caterva la seguía.

Rey.

¿Ha habido presa?

Hija.

Señor,

una por extremo bella.

Cazador segundo.

Mostró terrible vigor.

Rey.

Mi bien, ¿iremos a verla?

Hija.

Sí.

Rey.

Estimo vuestro favor.

Hija.

Deje la caza empezada,

que ir a la ciudad me agrada.

Herodías.

Juro a los dioses, a ansias mías,

no me llamaré Herodías

si no muriere vengada.

Vanse. Salen Alfeo y Brigo, pastores.

Brigo.

Aguija, aguija, Lucindo,

nota que allí dio un corcovo;

Alfeo.

lleno se las deja el lobo.

Brigo.

¡Aura, a Dios! ¡Oh, qué lindo!

¡Ah, pardiez, con ella se va!

¡Tan mala bestia maldigo!

Pag. 49

Entra Lucindo.

Lucindo.

Dios sea conmigo.

Brigo.

¿A quién digo?

Estate, tente, mira;

qué es lo que traes, Lucindo,

boquirrubio, no mires tanto.

Lucindo.

Amigos míos, un espanto

aun la vista no rindo.

Alfeo.

¿Viste por entre esos ramos

al lobo?

Lucindo.

No.

Alfeo.

Pues ¿qué fue?

Lucindo.

Amigos, yo lo diré

si puedo.

Brigo.

Decid, veamos.

Lucindo.

A la falda de un collado

que hacen estos dos riscos,

en el tapete que forman

cantuesos, hisopos, tomillos,

hacia la parte que vierte

el Jordán su aljófar rico,

y con sus lenguas el agua

saluda al monte vecino,

llegando agora en demanda

de aquel corzo ramoncillo

y del fabuloso pardo

por quien dio la vaca bramido,

vi un profeta a quien la gente

le daban nombre de hijo.

Pag. 50

Lucindo.

Grave rostro, ojos serenos,

el pelo castaño y liso,

será imposible ser sumo

si no es que es sumo divino,

yo le téngole por Dios

por las señales que he visto.

Venía en busca de Juan,

viole a la orilla del río,

saludole cortésmente

como quien cortés ha sido;

Después de un largo coloquio

que entre los dos amor hizo,

con que de los montes hicieron

agradable paraíso,

Pidió aquel nuevo profeta

a Juan agua del bautismo,

no habiéndola menester

quien la mesma gracia ha sido;

El imitador Elías

rehusóla a los principios

porque es condición de justos

confesarse siempre indignos;

Pero viéndole resuelto,

con un amor santo y pío,

vertió sobre su cabeza

aquel licor cristalino;

Al soberano supuesto

apenas tocó el rocío,

cuando bajaron del cielo

Pag. 51

Aparece Cristo bautizando a san Juan como le pintan; descúbrese.

Lucindo.

milagrosos paraninfos

centelleando rayos de gloria

vi de una paloma el pico

a cuyo vuelo los cielos

dijeron: «Este es mi hijo

con quien me huelgo y recreo».

Aquí hizo el mar ruido

alborotóse la tierra

tembló aquel divino sitio

Este bautismo acabado

para otro nuevo bautismo

se prepararon las aguas

olvidando viejos ritos;

pidió el nuevo bautizado

del venturoso padrino

que aquel favor le pagase

haciéndole el favor mismo

- otorgóselo el Mesías

y el nuevo ángel prevenido

el agua espera. Miradle

entre estos verdes lentiscos

Cristo.

¡Oh, que esta montaña el cielo

vistiese el que está apercibido!

Juan.

para que orillas del Jordán

mereció verse mi celo

- porque nazca de mí mismo

el rayo de tu justicia

Pag. 52

Juan.

dame por santa primicia

el agua de tu bautismo.

Cristo.

Y no te espantes si tanto

amor tuyo en mí se fragua,

porque yo bautizo en agua

y tú del Espíritu Santo.

Juan.

Caiga ese santo licor

sobre el pecho que te entrego,

que aunque es agua engendra fuego

en tu soberano amor.

Cristo.

Pues tu amor te satisfizo,

mi celo justo te cuadre;

en el nombre de mi Padre

y en el mío te bautizo;

premio mi amor te prevenga,

y sean iguales los santos,

y del Espíritu Santo

la gracia sobre ti venga.

Bautízale cantando dentro.

Música.

De gracia exífica,

viva eficacia,

pues la misma gracia

la suya os aplica.

Desaparece el bautismo.

Lucindo.

¿Qué gloria es esta que vemos?

Brigo.

¡Que tanto bien merecí!

Alfeo.

Señor, hagamos aquí

Pag. 53

Alfeo.

moradas donde os gocemos.

Lucindo.

Digámoslo a los pastores

que a orillas del Jordán

que a gozar todos vendrán

de estos divinos favores

Brigo.

Pues vamos a dar aviso

del bien que hemos descubierto

Todos.

Pastores, venid al desierto

que se ha vuelto paraíso

Vanse. Salen Cristo y san Juan.

Cristo.

Ahora que bautizado

Juan por mi mano quedáis

¿qué otra cosa me mandáis?

Juan.

¿Mandar yo al que me ha criado?

que allá me llevéis con vos

Señor, suplicaros quiero.

Cristo.

ya es tiempo, claro lucero,

que de quien soy seáis testigo

ahora que me estáis gozando

hablad, pues sois mi palabra

mi fe vuestros labios abra

antes que os vayáis acabando

hablad lo que habéis de hablar

ante el mundo, juez

que podrá ser que otra vez

nos den para ello lugar

Pues ya mi junta se sella

en vos y de vos me alejo

Pag. 54

Cristo.

Encomendada os la dejo,

mirad, mi primo, por ella;

si persevera en su error

el mundo, vos, como fuerte,

padeced primero muerte

que detrimento mi honor.

dad a los hombres señales

de lo que somos los dos.

Juan.

Vos el cordero de Dios

que libra al mundo de males,

yo un gusano humilde, es tanto,

que es bien que indigno me vea

de desatar la correa

de vuestro calzado santo.

Cristo.

Publicad, Juan, el fervor

de esta divina humildad

por digno de mi amistad

y por digno de mi celo.

Mi bendición con vos quede.

Bendícele.

Juan.

Si del que es bien infinito

habrá pasto bendito,

¿qué mal suceder me puede?

Cristo.

Mundo, ¿ya hay quien te resista?

Ya en vano son tus placeres;

no ha nacido de mujeres

otro mayor que el Bautista.

Éntrase el Cristo.

Pag. 55

Juan.

Ya en mi fe se multiplican,

cielo, tus santos loores,

que juntos tantos favores

algún bien me pronostican,

tu feliz curso bendigo.

Entra un paje.

Paje.

Huelgome de hallarte en parte

que a solas pueda hablarte.

Juan.

¿Qué es lo que quieres, amigo?

Paje.

Herodías, mi señora,

te envía aqueste papel.

Juan.

Muestra a ver qué dice en él

esa Circe encantadora.

Carta.

Juan.

«Juan, procura reprimir

vuestras necias libertades,

que no todas las verdades

como son se han de decir.

El rey está muy sentido

de vuestra reprensión,

mas calla por la afición

que sabe que os ha tenido;

y de mí os sé certificar

que cuando en segunda os halle,

aunque disimule y calle,

que no he de disimular.

Y aunque el desagravio no trace,

de mi parte id confiado

que no faltará un criado

Pag. 56

Vase el paje.

Juan.

y una espada con que os mate,

por eso andan groseros,

no deis vanos pareceres,

que el agravio hecho a mujeres

castigarlo saben ellas.

Quise a vuestras demasías

darles de comedimiento

solo este requerimiento.

Huid del segundo Herodías,

el fin de mujer ha sido

amiga, alcahuete, parte,

que solo con no hablarte

cuanto se te ha respondido

que en su pecado se esté

y a su gusto satisfaga,

que cuando ella se deshaga

solo quede su pesar.

Paje.

Queda en paz.

Juan.

Ve en hora buena,

que soy Juan y no me espanto

con el engaño, su encanto

de esta fingida sirena;

que me amenaces así,

porque tu bien solicito,

como que haces tú el delito

y quieres vengarte en mí.

Pag. 57

Juan.

Pues en seguirme fundo

a zaguera entre los dos,

quedando a riesgos de Dios

piso temores del mundo.

Vase san Juan. Entran dos caballeros.

Caballero primero.

De eso ser verdadero ha de dudarse.

Caballero segundo.

Pues ¿cómo se ha de hacer sin mí la fiesta,

siendo yo el inventor de novedades,

y archivo de los trajes y invenciones?

Caballero primero.

¿Vos solo os alabáis, y he de quedarme,

cuando salís en máscaras y fuegos,

solo, quedarme en casa, por ventura,

ocupado en ruecas y hilados?

Caballero segundo.

Igual honor y palma merecemos.

Caballero primero.

Si eso es así, dejad de celarme.

Caballero segundo.

En los saraos del Rey, con ir tapado

dejará de conocerse, aunque no sea

sino por ver las damas de la corte.

Caballero primero.

Alguna acá me trae desesperado.

¡Ay del que espera, cielos!

Caballero segundo.

¡Ay, infiernos!

¡Ay, cuántos males el ceguezuelo intenta!

Sale un paje.

Paje.

Plaza, que viene el Rey con mi señora.

Pag. 58

Suena fiesta; entran el rey, su mujer y su hija Josefa.

Rey.

Con cuantos regocijos con vos hago,

no os veo el rostro alegre, mi Herodías.

Alegraos por mi vida.

Herodías.

Ya me alegro,

aunque el pesar que recibí fue tanto

que con dificultad saldrá del pecho.

Rey.

Yo acabaré con Juan que venga a hablaros

y le haré vuestro amigo.

Herodías.

Es imposible

poderle ya mirar con buenos ojos.

Rey.

Caballeros, sentaos.

Herodías.

Sentaos, hija.

Rey.

Junto a Josefa tomarás tu asiento.

Hija.

Siempre me caen viejos, ¡qué desgracia!

Josefa.

Ese donaire y brío es peregrino.

Hija.

Aún os duran los bríos de la corte.

Josefa.

Enterrado estaré y ellos con vida.

Hija.

¡A fe que son disgustados pensamientos!

Salen dos truhanes.

Truhán primero.

Rey poderoso de la gran Judea,

alégrate, pues gozas de este ángel.

Truhán segundo.

Danos unas calzas y unas plumas.

Truhán primero.

Calla, mi vida, eso que aún no es tiempo.

Truhán segundo.

¿Para qué dije? Cualquier tiempo es bueno.

Truhán primero.

Quiebra aquesas sonajas copleando.

Truhán segundo.

Donde me hallas, para estas sonajas quiebro.

Pag. 59

Truhán primero.

Calla, pues que hoy seremos de ventura;

rey, escucha, que canto a la locura.

Rey que así nos regocija,

infinitos años viva.

Copla.

Truhán primero.

Viva un año y otro año,

viva un abril y otro abril,

con acandux y perejil.

Truhán segundo.

Danos calzas y sayo.

Truhán primero.

Calla tú, del que nos honra

infinitos años viva,

viva aquesa perla blanca,

deseada bendición,

y toquen un atambor,

y haga salva una flauta,

Reyes de digna marca,

con tu mujer y tu hija.

Truhán segundo.

Danos unas tus calzas,

infinitos años viva.

Vanse los truhanes. Aparécese Juan en un quejigo.

Juan.

Callad, lenguas de corneja,

y a las selvas salid;

vosotros, nobles, oíd

mis justísimas razones.

Rey engañoso y cruel,

en quien el castigo se emplea,

para afrenta de Judea

y deshonra de Israel.

Pag. 60

Juan.

Escucha mis justas quejas,

aunque tu dañado celo

para las voces del cielo

tiene de áspid las orejas;

en secreto, y como hermano

a quien del alma he querido,

tus vicios he corregido,

mas no te endireza humano.

Pero pues tu obstinación

en más torpeza se emplea,

a malos públicos sea

pública la corrección.

Contigo las tengo, Rey;

tu temor no me acobarda,

que quien ley a Dios no guarda

no sabe de guardar ley;

y que Dios, que no dispensa,

contigo ley tan dañada,

que con tu misma cuñada

hagas a tu germano ofensa,

la rienda a tus vicios ten,

mira que son cosas feas

que rey adúltero seas

e incestuoso también;

y dale a la razón audiencia,

si en el vicio y regalo

has sido Sardanápalo,

sélo en hacer penitencia,

si a David quieres seguir

Pag. 61

Juan.

En los vicios del Jordán

levanta Dios un Natán

que te lo venga a reñir

y tú un víbora cruel

que contra mis inocencias

como esta contra Elías

te muestres dura y cruel

la justicia soberana

te condena al duro infierno

que ese gozo no es eterno

que se ha de acabar mañana

maldita tu beldad sea

sea de perros comida

tu carne y acabe la vida

que en carnalidad se emplea

fuego celestial estrague

tu maldito corazón

y como Atán y Birón

se abra la tierra y te trague

enviad plaga infinita

cielos sobre el corazón

deste duro Faraón

que la honra a mi Dios quita

sea león de Israel

descienda un castigo

contra este rey enemigo

de vuestro rey Manuel

como un azote tardo

Pag. 62

Juan.

un rayo sobre estos baje,

Herodes.

que consienta yo este ultraje

a la gente de mi guarda.

Salen dos alabarderos.

Alabardero primero.

Señor.

Herodes.

Subid a tapar

a aquel villano la boca.

Juan.

Átase su envidia loca

porque calle la verdad.

Rey.

Prendelde.

Guarda.

Dad a prisión.

Juan.

Dad la mano aquí,

mas a ese rey le decid

que diga por qué ocasión

gusta de verme en cadena,

si en mi ofensa se señala,

si es porque mi vida es mala,

o porque él no la hace buena.

Herodes.

No le dejéis más hablar.

Juan.

Mientras me dejéis con lengua

he de decir vuestra mengua.

Herodes.

Si tornare a replicar,

prendelde de ese infame pecho.

Juan.

Con amenazas me aplacas,

flaco caudal de amenazas;

el que está a las tuyas hecho

ríese del tigre del pecho.

Pag. 63

Está muy atenta Herodías a lo que San Juan le dice, y Herodes y los demás

Juan.

las fieras más espantosas

todas me han sido amorosas

a todas debo afición

agua, aire, fuego, tierra

me han sabido obedecer

solamente una mujer

es la que me hace guerra

Circe se muestra inhumana

a mi voluntad sincera

porque no hay fiera tan fiera

como una mujer liviana

Herodías.

Vaya y sus libertades

yo las sabré reprimir

Juan.

Vive Dios que he de morir

diciendo, Rey, las verdades

Llevan a San Juan preso las dos guardas que salieron

Herodías.

No os valdrá aquí el ser robusto

Rey.

Qué dices deste suceso

Herodías.

Que me parece quede preso

Pag. 64

Herodías.

me ha dado infinito gusto.

Rey.

¿Tienes ya desabrimiento?

Herodías.

No, sino mucha alegría.

Rey.

Para celebrar el día

de mi gustado nacimiento,

tu bello rostro adereza,

que un gran convite haré.

Herodías.

Vamos, que en él yo daré

por postre alguna cabeza.

Fin de la segunda jornada del Lucero del sol.

Pag. 65

Hoja sin texto propio; solo se aprecia por transparencia la escritura del folio contiguo.

Pag. 66

No contiene diálogo propio: la escritura visible pertenece al vuelto por transparencia.

Pag. 67

Página en blanco.

Jornada tercera

Pag. 68

Salen dos pajes.

Paje primero.

¿Y adónde has estado?

Paje segundo.

Vengo

de en casa de Fabia. Estoy

que en servirla me entretengo.

¿Es que yo falto en palacio?

Paje primero.

No.

Paje segundo.

Por eso me detengo.

Dice dentro el maestresala.

Maestresala.

¡Pajes!

Paje segundo.

Es el maestresala.

Maestresala.

¡Agua!

Paje primero.

Pues, ¿no le conoces?

Sale el maestresala.

Maestresala.

Estáis muy en hora mala.

Paje primero.

Hundirá el palacio a voces,

aunque la primera sala

es la fiesta.

Maestresala.

Alzad esas fuentes.

Paje primero.

Vamos, que no tiene ley

con amigos ni parientes.

Pag. 69

Paje primero.

No sé qué le dice el Rey

a su mujer entre dientes.

Éntranse; fíngese la comida. Salen todos a la mesa.

Rey.

Cantad.

Músicos.

Vaya una letrilla.

¿Quieres de burlas o veras?

Rey.

Siendo letra, gusto de ella.

Músicos.

Como estar atento quieras,

vaya.

Rey.

Bien podéis decirla.

Cantan lo que quisieren. Dice luego Herodías

Rey.

Bueno.

Herodías.

Y muy bien cantado.

Rey.

Y con destreza muy rara.

Maestresala.

Alzad esas mesas.

Rey.

Repara

que el convite es acabado.

Suenan dentro los instrumentos y regocijos; fíngese la mesa dentro. Salen luego el Rey, su mujer, su hija, acompañamiento y Josefo. Habrá un estrado en que se asientan.

Josefo.

Celebras, señor, tus días

como de tu valor digno.

Rey.

¡Oh, mi querida Herodías,

de vuestros ojos divinos

nacen estas alegrías!

Pag. 70

Herodías.

en medio mi mortal calma

me da vuestro amor la palma

en pago de mis despojos

y a esta causa por los ojos

sale a gozaros el alma

Josefo.

al placer que manifiestas

corresponde el pueblo todo

haciéndote varias fiestas

Rey.

a su gusto el mío acomodo

¿Qué fiestas hacen, Josefo?

Josefo.

estas

los del Líbano torneo

fiestas los de la montaña

Rey.

nada de eso ver deseo

Josefo.

carrera los redores

y máscara los pretensores

por engañar su esperanza

los de tu servicio danza

una música los pastores

voltea en la plaza un bragado

airoso para toreo

Rey.

contarásme eso despacio

la danza quiero abreviar

que es fiesta más de palacio

Josefo.

daráte gusto extremado

porque es de una invención rara

Sale una danza.

Pag. 71

Herodías.

Ya que de baile ha gustado,

esta ninfa bailará,

mas pienso se le ha olvidado.

Rey.

Baile un poco por mi amor,

que estimaré por favor

verla, mi gloria, danzar.

Herodías.

Muchacha, sal a bailar

delante de tu señor.

Hija.

Quisiera ese gusto dalle

por el que en mí se atesora,

mas sin saber intentalle,

sería sacar, señora,

mis defectos a la calle.

A tus saraos prevén

que más contento le den,

ya que en el de verte me pagas.

Rey.

No habrá cosa que tú hagas

que no me parezca bien.

Herodías.

El Rey verte danzar quiere;

a más tiempo no se espere,

hazlo.

Josefo.

¡Qué rara nobleza!

Hija.

Perdóneme Vuestra Alteza

las muchas faltas que viere.

Sácala a la presencia, y al son de una pavana la danza.

Pag. 72

Hija.

Si mi rustiquez te espanta,

que no me culpes te ruego.

Rey.

Rustiquez os parece, infanta,

pues para mí ha sido fuego,

exceso de gracia tanta,

y deidad, que quiero abrazaros.

Volved esos ojos raros,

que es justo que, pues me obligáis,

que mercedes me pidáis

para poder contentaros.

Y por el dios en quien creo

juro que vuestro deseo

cumplirá mi voluntad,

aunque pidáis la mitad

deste reino que poseo.

Hija.

Ya que me tantas mercedes

como por amor te adiestras

que en estas que me concedes

rey poderoso me muestras,

que mucho como rey puedes.

Mas porque sepa pedir,

deja que de mi señora

parecer tome.

Rey.

En buen hora,

débete el mundo servir.

Pag. 73

Hija.

Ya que dar premio ha querido

el Rey a mi mucha fe,

que por ti el bien me ha venido,

madre, ¿qué le he de pedir:

ciudad, hacienda o marido?

Herodías.

Ya del monstruo del Jordán

venganza justa le dan

los cielos a mis afrentas.

Ve y dile que te contentas

con la cabeza de Juan;

y que si de ella te hace ofrenda,

te mejorarás de suerte:

quedando yo a mi amor rienda,

alcanzas tú con su muerte

ciudad, marido y hacienda.

Y aunque a su gusto te midas,

otra cosa no le pidas

ni la tomes de su mano,

que en muerte de este inhumano

estriban mis dos vidas.

Esto le pide.

Hija.

Sea ansí.

Ya que a tus mercedes vi

juntar mi buena ventura,

solo te he de pedir una

Pag. 74

Hija.

satisfacción para ti

tu voluntad no resista

a tan pequeño interés

Rey.

no hay resistencia a tu vista

Hija.

en premio pido me des

la cabeza del Bautista

Rey.

temerario atrevimiento

por engañado me cuento

mas aunque en mi gusto hay falta

no hay de mi palabra falta

que se dio con juramento

quisiera estorvo poner

a tu pedimiento injusto

mas ciego con el querer

prometí de hacer tu gusto

y téngole de hacer

escribid con diligencia

maestresala una sentencia

contra aquese Galileo

Herodías.

cumplido sea mi deseo

Rey.

poco fiel es tu advertencia

Herodías.

si con disgusto lo haces

hagas a mis llagas mercedes

y de un charlatán te aplaces

quebrar tu palabra puedes

hacer con él eternas paces

Pag. 75

Herodías.

no quieras mercedes ya

del Rey; hija, ven acá,

con su juicio se satisfaga,

que cuando él no te las paga,

otro Rey te las pagará.

mercedes son de manera

que yo diera bien cumplidas

y estas aunque él te las diera

diste más en pedirlas

que él en dártelas zahera;

pero bien sé que lo fías,

que se estima.

Rey.

no, Leuco,

a la nave prometida

sentaos, reina de mi vida.

Herodías.

no, señor, vive a celos,

que debe ser prenda cara,

pues que della no te olvidas.

Rey.

por esa belleza rara,

que si tuviera mil vidas,

por tu amor se las quitara.

espérate.

Herodías.

déjeme excusar.

Rey.

no habéis

de acertar qué la detiene ahora.

Vase. Sale el maestresala.

Maestresala.

la sentencia viene en suma

escrita.

Rey.

dadme la pluma.

Pag. 76

Rey.

En breve la firmaré,

que temo por su tardanza

en mi bien tanta mudanza

que creo se me despinta.

Maestresala.

Ves aquí la pluma y tinta.

Rey.

Mal premio, injusta venganza.

Tartamudeando el Rey.

Herodías.

Después que la hayas firmado,

me hablarás.

Rey.

¿Que te vas?

Herodías.

Sí.

Rey.

Vuelve.

Herodías.

Es excusado.

Vanse madre e hija; queda el Rey suspenso.

Rey.

Con la vuelta que me das,

y a mí sin mí me he condenado.

Juan, mi ventura ordena

que ofenda vuestras verdades;

una mujer me condena,

que sabe hacer mil maldades,

y daros a vos la pena.

¡Ay de mí!, que un buen ejemplo

del rey Baltasar contemplo

en este sacro tirano,

que el mejor vaso profano

que tiene Dios en su templo.

Mas ya la firma escribí,

y en estas dos cosas vi

Pag. 77

Rey.

de la llama, efectos raros,

que es espada para uno

y saeta para mí.

¿Volvió Herodías?

Maestresala.

No ha vuelto.

Rey.

Gusto de mayor respeto;

anda, di que en tu presencia

se ejecute la sentencia.

Maestresala.

¡Ay, mujer, cuánto has revuelto!

Vanse, y dicen dentro a modo de cárcel esto:

Preso 1.

¡Ah de los calabozos! Daca el potro,

que está por un homicidio.

Preso 2.

Echa acá el salteador, daca el blasfemo;

¡hola!, al que está por firmas falsas.

Preso 1.

Venga el sodomita, daca el potro;

¡ah de los entresuelos!, venga el mago.

Preso 2.

Échale una cadena a la cautiva,

al jugador le pon un par de grillos,

y al tercero en la red de esos rufianes.

Viene San Juan.

Juan.

Bien ando, Señor, que sobran males,

que estoy en la piscina de los vicios,

bien como capitán de los viciosos;

pero, aunque malo soy, dame tormento

los pecados que veo en estas cárceles,

por el pesar que en el alma tengo,

que un santo nombre se ha ensalzado.

Pag. 78

Preso primero.

Echa acá al del incesto.

Preso segundo.

Trae el adúltero.

Juan.

Si al Rey pidieras, y a la falsa hembra

que en su dañado lecho se regala,

fuera acertado, justo ese consejo.

Bien sé, señor, que aquí me tiene preso

no de predicador este oficio,

sino el poco fervor con que lo hago.

Viendo los males que me hace el mundo,

pero mi tibia voz, mi flaco espíritu,

fruto hizo en los pechos de los hombres,

muchos un camino y van siguiendo.

Triunfé de los leones del desierto,

de los osos, tigueres y serpientes;

todos me obedecían, todos juntos

me mostraban su amor y acariciaban.

Solos los odios de una mala hembra

triunfan de mí, porque salir no puedo,

porque si yo pudiera ver plazas y calles

no bastara el poder del mundo todo

para quitarme de afear su mengua,

que aunque me faltan pies, sóbrame lengua.

Entra el maestresala.

Maestresala.

Guárdete Dios, profeta del altísimo.

Juan.

Con bien vengáis, señor.

Maestresala.

Paciencia importa

que te acompañe, viejo.

Juan.

Mal conoces

al hijo del honrado Zacarías.

Pag. 79

Juan.

Pensará que es alguna mala nueva

la que me traes; y engáñaste, que el cielo

ha escuchado el clamor de mis suspiros

y va correspondiendo a mis propósitos.

Di lo que quieres, haz lo que te mandan,

que al señor obedece el buen criado;

y plega a Dios que tú lo seas tan bueno

como yo lo deseo y Dios querría.

Maestresala.

Traigo aquí la sentencia de tu queja.

Juan.

¿Cuál es mi culpa?

Maestresala.

Haber reprendido

a la reina y al Rey en sermón público.

Juan.

Si por haber su mal disimulado

tanto tiempo y mostrar tan pocos bríos

en la reprensión de sus torpezas,

culpado me hallarás, sabe el cielo

que tuvieras razón; mas porque digo

verdades me castigan. ¡Qué injusticia!

Di la sentencia.

Maestresala.

¿No os parece recia nueva?

Juan.

O sea mucha o poca, dila.

Lee.

Maestresala.

Escucha.

Herodes, rey de los judíos, etc.

Viendo las libertades del Bautista

y los agravios que hace a mi corona,

tratando mal a mi mujer legítima...

Juan.

En eso yerra.

Maestresala.

Y diciendo a voces...

Pag. 80

Maestresala.

que es adúltera y falsa.

Juan.

Verdad.

Maestresala.

Fallo que le debo condenar, y ordeno

a que le sea cortada la cabeza;

y, quitada, la entrego a mi Herodías,

para que ella se vengue de su aleve,

y él pague justamente lo que debe.

Juan.

Si ansí al Rey le satisfago,

a cortarla, amigo, empieza,

que si ofendí a la cabeza,

con la cabeza le pago.

Su ponzoñoso veneno

derrame esa fiera fiera,

y con vos de malo muera

quien no la pudo hacer bueno;

aunque todo de malicia

dais ayuda y protección,

y los maestresalas son

verdugos de la justicia.

Cielos, a vos regalo,

justo, que el cuello humille,

que pues un bueno me sigue,

falta debe haber de malos.

No pudiera ejecutar

un pretoriano que importe;

tan pocos hay en la corte

que uno no se pudo haber.

Maestresala.

Yo vine a este oficio, amigo,

que esto ejecutado tiene.

Pag. 81

Maestresala.

que te prevengas conviene,

Adiós.

Juan.

Él vaya contigo.

Vase el Maestresala.

Juan.

No temas de este rey cruel,

por esto tenga mal fin,

aunque como otro Caín

derrama sangre de Abel.

Altísimos patriarcas,

profetas santos y buenos,

que estáis presos en los senos

de esas escuras comarcas;

en esos sótanos fieros

presto de paso os veré,

que como hidalgo estaré

poco en cárcel de prisioneros.

Dejad, dejad de afligiros,

d'aquel original medio

cerca está vuestro remedio,

dad vado a vuestros suspiros.

Salen la Fortaleza, la Ley de Gracia y la Fe; la Fe saca una palma, con coronas, y la Fortaleza con una corona, o un venablo, y la Ley un vaso de plata.

Fortaleza.

Provocas, flor, que te alborotas,

vuelves en ti, te meces y tuerces.

Pag. 82

Fortaleza.

pues que veis que vienen a verte

tres virtudes tus devotas

por la excesiva firmeza

que en la fe sabes mostrar

las gracias te vengo a dar

yo que soy la fortaleza

no te falte el corazón

en este trance postrero

porque al fin del golpe fiero

dará eterno galardón

habrá a la despedida

importa mostrarte fuerte

que solo sirve la muerte

de paso para la vida

Ley.

no temas vanas desgracias

príncipe cristiano mío

pues que fue tu pecho pío

consuelo de las desgracias

alegre tu pecho esté

por la gracia que ha alcanzado

quedó el fiero sofocado

como a los siglos no ve

antes a la muerte lleva

vence a tus contrarios fieros

pues por tus padres primeros

llevas de Cristo la nueva

Fe.

sea soldado gallardo

el alto tormento aplacado

que para tan buen soldado

Pag. 83

Fe.

aquestas coronas guardo,

son de mártir, confesor,

de virgen, de patriarca,

de levita, de monarca,

de profeta y precursor,

a todos premia la gloria.

Fortaleza.

vuestra pujanza se muestre,

acometed, gran maestre,

que cerca está la victoria.

Vanse.

Juan.

a quien servir este bien halla,

antes que al contrario encuentre,

¡qué mucho, Señor, que entre

con ánimo en la batalla!

pero, ¡qué dolor siento aquí!

que me regala y consuela

quien en mi amor se desvela,

quien se acuerda aquí de mí,

quien me tañe, quien me canta,

música es esta del cielo,

para ante el cual desprecio el suelo,

y de su justicia santa.

Cantan dentro esto.

Músicos.

por la verdad muere el hombre,

que es bien que por ella muera.

Pag. 84

Músicos.

siendo Dios esta verdad,

como él mismo lo confiesa,

por ella vino en el mundo

y al fin morirá por ella;

y por ella tanto mártir

dará de sí tanta muestra;

por ella padece Juan,

que, por verdad que profesas,

te aborrecen en el mundo

y cortarán la cabeza,

y la verdad ultrajada,

pido, Juan, en tu defensa,

justicia de tanto agravio

a quien ya me sigue eterna.

Juan.

Verdad, Justicia tenéis,

mas en el suelo, señora,

no hay quien os conozca agora

como en mi proceso veis.

¡Ay, prenda amada del alma!

aunque estáis, mas como Dios,

siempre estáis conmigo vos,

en la tormenta la calma.

Con vos quisiera morir,

amado primo y señor,

por morir con más favor

y entrambas muertes sentir.

Pag. 85

Aparece una nube con cuatro cuarterones, y como se va abriendo cada cuarterón de por sí, ya el Amor divino extendiendo los brazos, y aparece dentro de la nube un Cristo crucificado.

Juan.

Y si ahora Cristo os viera,

de la suerte que os contemplo,

muriera por vuestro ejemplo,

y mártir dos veces fuera.

Y ansi por sueldo os pido

me hagáis este favor,

que os vean mis ojos, Señor,

antes de haberme partido;

también porque el alma lleve

que ya me aguarda este día

nueva de tanta alegría

que ya por firme se debe.

Amor.

Ya, Juan, el Señor te ha oído,

y por tu consolación

se hace representación

de lo que eres y has pedido,

a que estas almas dirás

que allá en el limbo se guardan,

y a Jesús aguardan,

que no se queje de hacer más.

Pag. 86

Desaparece.

Amor.

y que se consuelen, dice,

con ver esta su figura,

y a Dios.

Juan.

Divina hermosura,

quien no te alaba y bendice,

yo quedo muy satisfecho

y con hambre de morir,

la muerte voy a pedir;

un alférez, a Dios sigo.

Vase.

Sale el Rey y Herodías, su mujer.

Rey.

Dura la melancolía.

Herodías.

Y durará, y hasta tanto

que permita el cielo santo

la justa venganza mía.

¿Es posible, justo Rey,

que un blasfemador de reyes

quiera poner nuevas leyes

al que no es sujeto a ley?

¿Que ha de menguarte un villano

el gusto que tú previenes,

pues tú la culpa tienes

en darle tan larga mano?

¿Cómo es posible que ansí

tu corona ultrajar quieres?

Pag. 87

Herodías.

Si para reinar mueres,

déjame reinar a mí,

que, pues de ser su majestad faltas,

yo, mientras contigo esté,

mujer soy y hombre seré

en saber suplir tus faltas.

Rey.

De odio pasado baste,

pues al que os sigue persigo,

sea amor.

Dentro.

Juan.

Dios sea conmigo.

Dentro suena una voz de San Juan que se queja cuando le cortan la cabeza. Y luego sale el maestresala solo.

Maestresala.

Lo que no debías pagaste,

¡oh, más que airosa muerte!

Rey.

Pagó el tributo a la tierra.

Maestresala.

Ya no te dará más queja.

Rey.

¿De qué modo murió?

Maestresala.

Advierte:

para decirle tu intento,

al Bautista entré en la cárcel,

que, como el caballo griego,

amontoné hombres infames,

y pregunté por él a todos.

Pag. 88

Maestresala.

los bastoneros y alcaides

que en cárcel larga los presos

no pueden fácil hallarse,

después de haber pregonado

Juan por muchas partes,

y en patios y calabozos

haber mandado buscarle,

yo le vine a hallar a solas

entre dos pobres altares

hechos para en que los pobres

y a entregarse a Dios se aparten.

No daba parecer suyo

a los pobres pleiteantes,

ni si al que había prisión

salía libre a la tarde,

o si el escribano iba

a soltarle y perdonarle,

o si la de su prisión

era culpa leve o grave.

Solo trataba de hacer

de su indignidad alarde

humillándose en el suelo

porque Dios le levantase.

Entré y diciéndole en suma

tus propósitos reales

para su temprana muerte,

y a que se preparase

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Maestresala.

no se turbó el varón santo

de prevención semejante,

que no hay muerte que en la tierra

temor a los justos cause.

Déjele dentro, salime

a prevenir el instante

ara de aquel sacrificio

donde el justo Isaac baje.

No sé lo que entonces dice,

mas volviendo a pocos lances,

como víctima inocente

se llegó humilde a abrazarme,

y pidióme perdón vertiendo

por los dos ojos dos mares

de preciosas margaritas

que del rostro al suelo caen;

diome tras esto las manos

para que se las atase;

bajó el cuello, arrodillóse

besando el suelo en tres partes,

no quiso banda en los ojos,

que como celestial ave

mirar siempre al cielo quiso,

que el cielo es quitapesares.

A este punto entró el verdugo,

Pag. 90

Vase.

Entra Herodiana, hija de Herodías.

Maestresala.

con un cortador alfanje;

alborotéme yo, y él,

firme a lo que un diamante,

antes con rostro severo,

haciendo un acto notable,

le dijo: «Amigo, haz tu oficio».

Cayó el acero al instante

y dándole en la cerviz,

saltó la cabeza aparte,

diciendo: «Dios sea conmigo»,

y vertiendo un mar de sangre.

Estaba oscura la sala,

y al punto la vi colmarse

de rayos de luz más pura

que la luz que del sol sale.

Quedan ya con esta muerte

unidos dos gustos iguales:

yo por cruel, y él sin vida,

y la tierra sin un ángel.

Hija.

Ya no te hará más agravio,

madre, una cabeza loca,

ya viene con muda boca.

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Hija.

Muda lengua, mudos labios,

de hoy más asegura el pecho

quien ultrajaba tu honor,

aquel mal predicador

que tantos males te ha hecho.

Haya en cortes libertades,

juegos, fiestas, alegrías,

que ya enmudeció el Elías

que decía las verdades.

Vuelve, cumple tu deseo.

Aparece degollado San Juan, la cabeza a una parte del cuerpo y a otra. Dice:

Herodías.

¡Ah, cabeza burladora!,

¿cómo no me habláis ahora?

¿Cómo tan marchita os veo?

¿Qué, esta ofensa me dura?

Que, a no tenerse por mengua,

os arrancara la lengua,

quedando esto della figura;

mas vuestros labios helados

me juran el callaros.

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Herodías.

Y cuando muerto sabréis

os la habrán ejecutado.

Rey.

Basta, reina; basta, leona.

Herodías.

Ahora mi furia empieza.

Rey.

No os alzaréis con cabeza

que mereció mi corona.

Juan.

Tú, que mi pecho ves,

mi poca culpa publica.

Entra el maestresala.

Maestresala.

Todo el pueblo te suplica

que el cuerpo de Juan le des

para enterrarle con pompa.

Pónese el Rey muy suspenso, considerando. Herodías le está mirando, a ver lo que responde.

Rey.

Dársele, y conforme a ley.

Herodías.

Ahora justo es el Rey,

que se acabó mi espanto.

Diga esto Herodías muy alegre.

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Música.

Danos santa contrición.

Rey.

Llévese el cuerpo difunto,

y aquí la historia haga punto

del gran precursor Bautista.

Fin de la 3.ª jornada del Lucero del Sol.