Texto digital de El lucero del sol, San Juan Bautista
Data de publicação: 24 de agosto de 2026
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El lucero del sol, San Juan Bautista. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-lucero-del-sol-san-juan-bautista.
EL LUCERO DEL SOL, SAN JUAN BAUTISTA
Pag. 1
MS. A. O. Inédita
Lucero del Sol = San Juan Bautista
189
Anónima
por ser la letra de Matías Martínez librero
este MS será de 1632 o 34
Pag. 2
El lucero del sol
San Juan Bautista
Comedia divina nueva
En la última hoja desta primera jornada están los personajes.
Jornada primera
Pag. 3
Entre un indio.
Suene la voz de la sonora trompa
y reza al son de pretal el acicate
y de Jerusalén, la insigne pompa
las maravillas bárbaras remate
Sale un judío.
la clara espía de la aurora rompa
silencios mudos, de contento trate
que ya amanece con el claro día
en nuestros gratos pechos la alegría
Sale un tudesco.
sabios del mundo, levantad figura
sabed la ocasión de este contento
que hoy nos ofrece el cielo luz más pura
flores el suelo, suave olor el viento
Sale un francés.
día divino, de inmoztal ventuza
declaza de natuza el fundamentu
es algún nuevo dios el que granjea
que ansí en alegres máquinas se emplea
Sale un español.
Veo que esta tierra cielo, se disfraza
el cielo en ella por extraña suerte
o alguna deidad suya, al mundo abraza
que casi en medio dioses nos convierte
Sale un inglés.
afuera, afuera, placa, placa, plaza
desbocado despida el brazo fuerte
Pag. 4
Sale un portugués.
que del mundo dexo la triste calma,
que pues se me alegra el corazón y el alma.
Aquí del rey, que motu de alegría
consagra el gusto cuánto en mí tomo,
que fora a denotar asperanza
que he de ser de un menino. E un mayordomo.
Sale un negro.
Aquesa fiesta es ya de fantasía,
fal que aunque zamo negro, jonte zamo,
juro a ndiozo, y que gente de guineas
lleva las galas, la gala.
Es gracia.
Aunque le peaes.
Estraña novedad, milagro raro,
mirad cuántas naciones diferentes
junta en esta ciudad el cielo claro,
como el imperio ilustre de estas gentes.
En la diversidad hallo reparo,
por más que las glorias de esta tierra cuentes,
solo la novedad de fiesta tanta
al cielo asombra y a la tierra espanta.
—¿Sabes cuál es la ocasión precisa
que todos nos holgamos sin sabella?
El corazón de un grande bien me avisa.
A mí, un estraño gusto el alma sella.
Eu me derito.
Andiozo, qué gran risa.
Me turba la causa.
Nace della.
Gran secreto es este.
Ten, no acabes.
Di, lo que sabes.
Pag. 5
Viniendo a esta ciudad bella,
reina de todas por fama,
con el Líbano y Sión,
y eterna en edades tantas,
donde el ciprés oloroso
al cedro junta las ramas,
y la pacífica oliva
del uno y otro se abraza,
y adonde el plátano tiende
sus raíces por las aguas
del caudaloso Cedrón
más que los cristales blancas,
y adonde la hermosura
su esfera gloriosa halla,
Saba sus perfumes ricos,
perlas el Sur, su oro Arabia,
y al fin adonde Minerva
más glorioso fin alcanza
que en las escuelas de Atenas
y en las cuevas de Tesalia,
ya que descubrió la vista
del muro las torres altas
y los capiteles ricos
a las nubes amenazan,
llegando junto a Emaús,
que della hace distancia
de poco más de una legua,
toda vestida de Candía,
y ahuyentando la noche
empezó a reírse el alba,
y con el alba las aves,
y con las aves las plantas,
Pag. 6
con las plantas, los pastores,
con los pastores, las cabras,
con las cabras, los mastines,
con estas, las alimañas,
que acrecientan las riberas
del Jordán por ambas bandas,
y sobre todos, los hombres,
a quien todos agasajan.
A su nueva luz el día,
el cielo entre estrellas tantas,
mostró un famoso lucero
que a un mismo sol aventaja.
Y voces por el aire
como de criaturas santas,
diciendo: «Mi ángel envío
con los poderes de gracia».
A este punto vi salir
hombres ricos de sus casas,
cazadores de sus sotos,
pastores de sus cabañas,
retozar los corderillos,
escaramuzar las vacas,
y arderse Jerusalén
en fuegos y luminarias.
Salí della a esta sazón,
adornéme de mis galas
para celebrar con todos
esta felice mañana.
Ángel cantaban las voces.
Ángel las voces cantaban.
Y ¿adónde los hallaremos?
Cantan dentro.
A la montaña, a la montaña.
Pag. 7
cielo en qué cielo nos vemos
que el alma nos arrebatas
dónde está el bien que celebras
dentro
a la montaña a la montaña
deidades, si es nuevo dios
dadnos de él señales claras
dentro
seguidnos
a la montaña
qué bien sirvo a Portugal
a portuguesita cara
dónde nace el infantico
dentro
a la montaña, a la montaña
entranse como espantados
salen Menalca y Tirsa pastora
es más lindo que Narciso
más que los cielos hermoso
como la gracia gracioso
no hay galán, no hay paraíso
que con él pueda igualarse
la sala está placentera
que la estéril vejeza
con hijo venga a hallarse
y tal gozo, Tirsa amiga,
no poca envidia le tengo
que nunca a hallarme vengo
con qué gozo a quien le diga
los requiebros que ya sabe
al tierno infante le dice
yo hartos remedios hice
mas nunca me vi con él
en la sierra se publica
Pag. 8
que de milagro ha nacido.
Dijo, a la vejez, ha habido
grandes bienes pronostica,
porque Sara de esta edad
un hijo parió tan santo
que fue de la tierra espanto
en rectitud y bondad.
El cielo le fue cruel
a Ana, y al fin del tiempo
su afán trocó en pasatiempo,
dándole al grande Samuel.
Y aun otra Ana mejor que esa
triste y sin hijos vivía,
y el cielo le dio a María,
a quien Judea confiesa.
Y por la criatura más santa
que ha dado Dios a la tierra,
acepta alegre la fiera
con aquesta hermosa infanta,
que como es de Isabel prima,
en su parto se ha aseado,
y ella al chiquito ha empañado;
ved cuánto la ama y estima.
Que dice que cuando llegó
a visitar a Isabel,
en el vientre ese doncel
a ella se le humilló.
Tirsa es una gran mujer.
Sale Brigo corriendo tras Lucindo, y lleva un rastro, y dijo:
Zancazas vaya contigo
Pag. 9
Aunque más te duela, Brigo,
no las tienes de comer.
Lucindo, no seas rezongón,
fundadme más amistad.
Mío es el plato.
Mirad,
no hay cosa que a mí me asombre.
Sois a mi persona ingrato.
Contra ti tengo mil quejas.
Dadme en paz veinte torrejas.
Dos torrejas en el plato.
Espera, Lucindo.
Aquesa
que aquí me ha descalabrado.
Vuelve, Brigo, ¿te ha llegado?
Creo que sí.
Siempre dureza.
Si no le das presto, diga,
¿por quién le tiene de haber
lo que saca de meter?
Ansí él tira a la vasija
y queda fondo al plato. ¡Quite!
que se le quiero arañar.
Brigo, ¿quieres me dejar,
o quieres te despedace?
Dadme en paz una, Lucindo,
que os la pido de rodillas.
Pardiez, en vez de tortillas
el plato y voluntad te rindo,
abre bien la boca, toma.
Pag. 10
Págueos Dios la voluntad,
¿han visto qué bueno está?
No hay quien tosa ni coma,
que embebecidos están;
gozaré de la ocasión
y plumas de bendición
de ellos presto gozarán.
Échanles harina y plumas en la cara.
Es por demás alcanzallas,
que se cogieron golpes.
¡A lo lindo, a lo lindo!
¿Qué es?
Con esa cara tocallas.
¿Y la tuya cómo está?
¿Qué tengo? ¿Mofas de mí?
¡Brujas mujeres, vení!
Brigo, Brigo, bueno está.
Quiero reírme.
Señor,
decid de Menalca.
Arsindo,
lo decid.
¿No sois Lucindo?
Que es nombre de más primor.
Salga Zacarías mudo con un ángel que le tira de un listón que lleva en la boca, y Menalca, Arsindo y Alfeo le dicen la copla de afuera.
Baua...
Decid de Brigo.
que él tiene de llamarse Alfeo.
Pag. 11
Nombre es que no vale un higo.
Es mejor el vuestro.
Sí.
Ni aun, por Dios, con mi zapato.
Pensáis que estáis en el sano.
Señor, traiga al niño aquí.
¿Cómo ha de llamarse?
Baua...
¡Bah!, dice que ha de ser su nombre.
Baua...
Dios te entienda, zumba,
que yo no le entiendo ya.
Dice que se llama y no quiere
decir cómo ha de llamarse.
Baua...
Por decirlo muere.
Baua...
Que para escribir
voy por recado.
Vase Lucindo.
¿A que sí? No.
Pardiez, que yo tengo de asir
por la pluma y el tintero
entero. Ya fue por él
el quillotro del doncel;
quiere resonar primero.
Si como vos habla mal,
parecerá el tronco al ramo.
Sale Lucindo con aderezo de escribir.
Ya hay recado aquí, nuestramo,
y tabla donde escribáis.
Pag. 12
¿Parecióos gallarda la tabla?
Que así pareció; escriba el buen hombre.
Llámese Juan.
Ese nombre
te restituye el habla.
¡Quién sabe, nuesamo! Fuera;
voy a decírselo a Isabel.
Y la gracia del doncel
por el suelo y la gente espera.
¡Ea, llevémosle al templo!
Las fuentes, ¿adónde están?
Allá dentro os las darán.
En este niño contemplo
todo el fin de la ley gracia.
Y con él al templo a ir.
Gracioso niño, vení;
sea en ti nuestra gracia.
Éntranse todos. Queda solo Zacarías.
Ensalzado y bendito
por edades sin número ni cuento
sea el nombre infinito
del Dios que en Israel tiene su asiento,
pues a su pueblo amado
con nueva bendición ha libertado.
serás del Dios Altísimo profeta;
llevarate delante
como lucero o clara luna electa,
por privilegio sacro,
digno aposentador de su teatro.
Ya tengo yo de anunciarte.
Pag. 13
Sea, infante, Zacarías,
con lo que la ley os da.
Muy tiernamente, mi hijo, acá.
Tiernamente lo pedís.
Tomad.
Ven en hora buena,
caballero del tusón,
que ya de mi corazón
desterrado habéis la pena.
Mil veces quiero abrazaros,
hermosísimos despojos,
y pedirle nuevos ojos
al cielo para miraros.
Tiernamente me miráis,
infante tierno; yo sé
que es porque gracias os dé
por el habla que me dais.
No hay de esos claros reflejos
que mi hijo no señale,
que, pues el lucero sale,
el sol no queda muy lejos.
En vos gozo yo, padre,
pues por vos me ampara Dios;
veáis su cara aquí vos
con una sola madre.
Háganse fiestas, haced.
¿Qué se han de hacer? Recelo.
Vamos a regraciarle al cielo
tan señalada merced.
Salen los ciudadanos.
Las fiestas, ¿quieres que te cuente en suma?
Quiero, arcaláugen; en suma me las cuenta.
Corta será la más ligera pluma.
Pag. 14
Para escribir los trajes diferentes
no hay quien acierte y de lleno presuma;
cuál por sus hijos, cuál por sus parientes,
Roma ha mostrado, en fin, alegría suma.
¿Y qué es lo que la grandeza tuvo?
Escucha.
La gran ciudad del túmulo imagina,
con la nueva invención alborotada
y una mudanza en todos repentina,
de peregrinos trajes adornada;
no Isleta, mas Babel vespertina,
está por cima el muro levantada,
día fragoso de sus centellas varias
y sol de ciegas confusas luminarias.
Siguiose el natural traje, y luego
comenzó de salir la infantería
a renovar el casi muerto fuego
con la nunca pensada vocería.
El ruido andaba entre voces ciego;
solo el final acento se entendía:
«¡Augusto viva!», y esto muy confuso,
por ser decretos que el lugar dispuso.
Vino la tarde y fueron a palacio
las familias de sangre y casta clara.
Si a los deudos mirar quisiera espacio,
de un año entero en círculo gastara.
Salió a verlos Augusto, y el topacio
que de nueva Baptista en la tiara
valía más que Roma.
A tu ganancia.
Valiera más que Italia, España y Francia.
Prosigue el cuento, desvanecedor; deja,
que poco importa que quien antes baja.
Pag. 15
de mil colores, como la corneja,
quiso el gran Decio que su gente salga
sobre sus sones a la usanza vieja,
encubertado su escuadrón cabalga,
y la letra de todos repetía:
de tantas, como son, ninguna es mía.
Tras esto se siguieron los Camilos.
Dime del modo que los viste.
Vilos
con calzas y coleto a lo tudesco,
y tras esto, variando los estilos
de su noble linaje y parentesco,
entraron seis familias.
¿Cuáles fueron?
Las que de nobles gentes se hicieron:
Los Reyes, los Osorios, los Marcelos,
los Curcios, Quincios, Cestas famosos,
los dos de azul, este color de cielos,
dos de blanco y morado bien vistosos,
capas luciendo, y los rabiosos celos,
los dos restantes fueron más costosos,
de colorado fue la letra sola:
de todos, aunque rueda, más la bola.
Tras estos se siguieron mil cuadrillas
y cada una de invención extraña,
cuales morados, cuales amarillas,
cuales de armas formando una campaña.
Los que hicieron mayores maravillas
fueron los nobles de la noble España,
que, como son de varios corazones,
ganaron en los trajes e invenciones.
Sigue agora su entrada el gran Filipo
de parte de la grande Palestina.
Pag. 16
yo por sus contentos me anticipo
a llevar esta nueva peregrina
que pues de sus contentos participo
y a su gusto el de alguno me inclina
quiero ser paraninfo de esta nueva
de esta la tierna que el cielo nos aprueba
con mucho regocijo que es amable
liberal bien criado grave fuerte
de rara industria y de valor notable
de noble corazón de grande suerte
ruidoso. caviloso variable
todo en provecho del común advierte
Ruido siento
habránle recibido
verle deseo
ven
qué es esto a ver
Vanse
(Sale Filipo y acompañamiento con fiestas)
Basta el recibimiento caballeros
y la grandeza me excuso con los cuatro
quiero solo quedar para deciros
la mucha obligación en que me ha puesto
el ver de todo el pueblo la nobleza
esa flor pues en ti florece tanto
que a todos nos obliga a hacerte fiestas
dignas de tu real merecimiento
y ansí para gozarte largos siglos
y tener sucesión de sangre tuya
una merced queremos suplicarte
que nos hagas
pedid amigos muchas
una sola queremos.
que tomes
Pag. 17
estado, con mujer de alta esfera,
porque te estime en más el que es tu todo.
Siendo igual en linaje a mis mayores,
y persona a quien pueda aficionarme,
por tu gusto le daré la mano.
Darásla a la hermosísima Herodías,
milagro de donaire y hermosura,
y de esta gran comarca ídolo vano,
no hay más nobleza, clara blancura,
ni de virtudes mayores esperanzas;
es Venus en el rostro, Juno en bienes,
en poder Palas, en saber Minerva,
y de mayores de la fama cifra.
Si su hermosura es tanta, yo la acepto
por mi esposa.
Dichoso te haga el cielo,
vivas eternos siglos en el mundo;
vamos, y partan por ella en postas,
porque para tu esposa se prevenga.
Guiad.
Sale un viejo.
Si dos palabras me escuchares,
te daré un salutífero consejo.
Muchas te escucharé.
Ea, que se salgan
estos de aquí fuera, porque a solas
quiero haberlo contigo.
Caballeros,
hacedme gracia que en esa sala
me esperéis mientras hablo a este buen hombre.
Tu gusto será el mío.
Vanse.
Pag. 18
Dime, amigo,
¿qué consejo pretendes darme?
Digo:
¡Oh Filipo, oh gran patriarca
de Tracia, de la Tracontina,
hijo de Herodes el Magno,
gloria y prez de Palestina,
a quien los cielos piadosos
por sus virtudes ínclitas
de soberanos trofeos
dan soberanas primicias!
Que como espejo hidalgo
de toda tu expectativa,
de rara clemencia, escucha
a quien tus glorias estima.
No des la mano de esposo
a la gallarda Herodías,
que en fingir de su ventura
está tu ventura misma.
Agora es casta Diana,
Venus bella, Juno rica,
Palas fuerte, Cintia grave,
parará en reina mezquina.
Que cuanto más descuidado
a su amor le des primicia
y a un legítimo fruto,
su legítima familia;
la que era casta Diana
será Fedra adulterina,
la Venus bella afeadora
de tus honradas primicias,
la Juno noble villana,
la Palas fuerte ruina
de las alas de tu fama,
Pag. 19
Infame, la grave Cintia,
y al fin la sabia Minerva,
indiscreta, troglodita,
que quien un extremo deja
a un extremo se avecina;
desde el cuerno de la luna
darás al centro caída,
que un puntapié de mujer
al más gigante derriba.
No te desesperes, Filipo,
míralo qué hace, y mira
que este es consejo de amigo,
y aquesa es falsa enemiga.
Tú que con voz venerable,
honrado anciano, me avisas,
quién eres, para que crea
esas duras profecías.
Yo soy yo.
No basta eso.
Soy una persona antigua
tanto como lo es el tiempo.
Y aun aclárate más.
Quita, no te llegues a mí, cumple
tus deseos, que algún día
te acordarás de estas canas.
Escucha.
En vano porfías.
Vase el viejo.
Visión, fantasma, ángel, hombre,
encanto, sombra, voz viva,
dónde te has desaparecido.
Salen los caballeros y una dama.
¿Qué has tenido, cómo gritas?
¿Visteis salir a aquel viejo.
Pag. 20
que a hablar me entró.
Saldría
por la otra puerta.
No, amigos,
no, ciertas son mis desdichas;
no quiero casarme.
¿Cómo
no quieres casarte? ¿Olvidas
tu palabra?
No hay palabra
donde el cielo afrenta avisa.
No hay afrenta; sin la afrenta
que entre vosotros se cifra,
tu palabra has de cumplir.
Cumplimientos no me pidas,
que si me caso, mil males
mis signos me pronostican.
Deja vanas ilusiones,
tu real sangre multiplica.
Contra el cielo...
O confía del cielo,
si el cielo te desanima.
Vengo.
Voy a casarme,
voy como incauta víctima,
que cuando va al sacrificio
más recela y más aguija.
Vanse.
Salen Alfeo, y Lucindo, y un negro.
No se ha visto en esta tierra
cosa tan maravillosa,
dama por extremo hermosa.
Pag. 21
y mil reyes en la sierra;
que es rey el recién nacido
por muy ciertos todos tienen
y estotros reyes que vienen
a obedecerle han venido.
Pues yo tu amistad estimo,
razón es me hagas patente
a qué viene aquesta gente.
Que men prays escuczan, primo,
a Baltaca, Melco y Gaspalus
zean en Arabia feliz,
de ynde creyerun gigante,
camun padezo saence,
ama cica naturaleza,
Zatulia, mozaxiente
y la gran maricandoras,
viendo tologo Curence,
habían en queyas partes
una donzeza parentes,
la cual llamaban Abila,
dica lugamme en breues,
o cadunca Zaquerigu,
con un nino que crezere
que endiozo al mundo vendría
en carne mortal cual biene,
y que el milangrozo día
que a la tiella decendieze
verían en aqueias partes
una nueza en el orientes
que ya donde la guiamus.
Pag. 22
purtudan parte Ziguere
llevando al recien nazido
Gruzo . oro en prezente
que entre los perzas uzamu
cando veran camo Reze
Zeñar . Vuestro . encienco . y mi rra
a ñal de reconocelle
aesi pur tuzala tiella
pligonamo . Su plazente
que biniamo pligunando
por donde la encreza fueje
en canto lo quinocial
Cunegro a bitamo ende
al tropico capricornio
turo caminamo alegre
de Zaragzao . a momcungo
rum quera negro quezexe
dexurez carga . a camezo
ca gazo . as efante albueze
po amu de cir un Grana
duzimu . vnicornete
con tanta pluma amariza
coruzaque mucza zberde
tanto papagate nueu
dezera . nunca cordele
tanto manto dealgodon
Camo noza mugerez
tambi de la meflicana
tanta carcica pendente
Pag. 23
tanta zagala ceñida
que aunque de paz bien parece,
y para alegrar un niño
que en cuanto hombre llora debe
tanto instrumento templado,
tanta copla suene,
trae una flauta y adufe,
churumbela, cornete,
muchos órganos y salterios,
mucho cascabel y flauta,
zampoñas, muchos instrumentos músicos,
guitarra y apanderete,
vihuela de arco y de en mano,
sacan buje con rabele,
con una presencia rica
buscamos el santo pesebre
donde yace el niño andioso,
y la Virgen, Virgen siempre,
crece contento su amo.
Págueos el amistad, Dios.
Gente viene, vámonos.
Quién son estos?
Camy amo.
Vase el negro. Dice un mozo de mulas dentro, y voces también dentro.
Que en la montaña te dejo.
Ya buta lleve en breve.
Mejor será ge lleve.
Pag. 24
Un zapatero de viejo.
A del valle.
A de la breña.
¡Ajo!
¡Ajo!
¿Por dónde
saldré?
Salid por ahí.
¿Por dónde?
No sé.
El camino le enseña.
¿Por mano derecha?
No.
¿Por la otra?
No.
¿Por do dices?
Por frente de las narices.
¿De quién me fiara yo?
Sale el mozo de mulas.
Para acertar, hideputa.
Sale Brigo.
Las manos a su merced.
Si ahora no mirara que...
No se nos meta en disputa,
que esta semana ha aprovechado.
¿Ya nos desconfiáis?
Pues decidnos dónde vais.
Catad, de aquí concluyo.
Pag. 25
Voy a buscar a Filipo,
adelantado y tetrarca
de toda aquesta comarca,
y sabed que me anticipo
para ganar las albricias
de una nueva venturosa,
porque ya viene su esposa
a hacerle mil caricias;
vienen con ella mil damas,
medas, citas, partos, persas,
y otras naciones diversas,
lenguas de infinitas famas.
Traen libreas amarillas,
pardas, blancas, coloradas,
azules, verdes, moradas;
traen coches, sillones, sillas,
traen broches y diamantes,
perlas, garzotas, guirnaldas,
tirasoles, esmeraldas,
indios, pigmeos, gigantes;
traen olores de almizque, algalia,
ámbar, mirra y ricas gomas
que se venden por aromas,
y del campo Vestefalia,
traen trescientos chichimecos,
y más, que...
Es para mañana.
Voy en fuga; traen...
Tú has gana
de holgar más. Vete, arreo.
Pag. 26
Creímos que hablar no sabe,
y quisímosle pagar
porque hable, y puédenle dar
dineros para que calle.
Si no me queréis oír,
voyme.
Vase.
Ve en hora buena,
señor posta, que anda en pena.
No lo dejarás decir.
Vaya con Dios, que querréis
escuchar esto que agrada.
Salen Isabel y Zacarías.
Mi Isabel, si vais cansada,
presto descansar podréis.
Que ya llegamos al soto.
Nuesamo tiene placer,
pardiez, que vuesa mujer
en mí tiene un grande voto.
Nuesama, ¿queréis sentaros?
Ir hasta el soto prevengo.
Vamos, que en mi choza tengo
con que poder regalaros.
Calla.
¿Qué queréis que calle?
Los dos delante partí.
Pastores, vení, vení,
que viene nuesamo al valle.
Gil, tocad el tamborino.
Todo el ganado anda revuelto.
Corred vos, que sois más suelto,
corred, aguijad, sobrino.
Vanse.
Pag. 27
Para ver sus alegrías,
me adelanto.
Ojo al tío Gil.
Dadme la mano, Isabel.
Tomadla, mi Zacarías.
Vanse todos. Sale el niño Jesús con una cruz pequeña.
Eterno Padre, que en tu ser paterno
sin principio ni fin me has engendrado
tan grande y tan Dios como tú mismo,
tú que al hombre, teniéndole amor tierno,
ya has puesto en mi elección de su abogado,
mostrando de quién eres el abismo,
que de humano ser sumo
que de divina en ti misma.
Y será, si la pluma
pudiera contar la suma!
Yo solo me puedo
comprenderte, por ser yo tu heredero.
¡Oh, cruz, esposa mía, leño sagrado!
y de mi brazo lanza,
servidme aquí de lecho regalado,
para que de algún descanso saque resuello,
quien sin la cruz por refrigerio alcanza.
¡Oh, bienaventuranza!
¡Oh, cama blanda y rica!
Pag. 28
Échase a dormir encima de la tierra y aparecen unos ángeles arriba que cantan.
¡Oh venturosa muerte,
por quien el Sansón fuerte
al hombre de eterna vida comunica!
Cielos, Amor me hace centinela,
porque el que sirve a Dios durmiendo vela.
Niño Dios eterno y santo,
dormid a vuestro placer,
que dormir ha menester
quien tiene de velar tanto.
Reposando estáis en vela
por la humana salvación,
y está vuestro corazón
haciéndole centinela;
dad al humano quebranto
algún descanso y placer,
que dormir ha menester
quien tiene de velar tanto.
Desaparecen. Sale San Juan niño.
Mi niño, música os dan,
y qué bien la merecéis;
músicos, no os alejéis.
¿Por qué os desvanecéis?
¿Vaisos? ¡Ay, quién os gozara!
Pero mientras mi memoria
Pag. 29
Bésale el pie, y despierta, y levántase, y abrázale.
que me amanece más gloria,
quien goza de aquesta cara.
Niño, contemplaros quiero,
dad a mis ojos crisol,
pues sois el divino sol
de quien yo soy el lucero.
Reposad, divino infante,
que yo os guardaré este sueño;
dormid más, niño pequeño,
mayor que el mayor gigante.
Ya que está en su regazo,
un solo pie os besaré,
que si vos me dais el pie,
yo me tomaré la mano;
pie que mi ventura ordena,
a ti mis labios arrimo.
¿Quién el pie me besó? ¡Oh, primo!
Estéis muy enhorabuena.
Estando conmigo vos,
estaré muy enhorabuena;
que, estando vos, cuando menos,
ha de estar conmigo Dios.
En estos dos soles claros
tanta luz he descubierto,
que me quiero ir al desierto
para poder contemplaros,
que esta divina beldad
Pag. 30
con que el cielo suele honrarse,
mi corazón contemplarse,
sin vos en la soledad.
Dadle, pues, la bendición vuestra
al que ya de vos se aparta,
para que contento parta
donde vuestra fe le muestra.
De rodillas caigo al suelo,
humildemente os lo suplico,
porque della vaya rico
quien goza de vuestro cielo.
Mi Juan, que en deciros «mi hijo»
os guarda mi fe sincera
más que si primo os dijera,
pues todo mi amor os fijo.
Vos vais al desierto, y yo
quedando en poblado quedo,
acá en el infierno quedo,
pues sin vos se me acabó.
Partid al desierto, Juan,
mas partid con pecho fuerte
para recibir la muerte,
que por mi causa os darán.
En esta pena crecida
vuestra hidalga fe se pruebe,
y será esta muerte breve
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Juan se arrodilla y bendícele.
principio de vuestra vida,
y haya en vos tal resistencia
que a vuestro enemigo asombre
y publicad en mi nombre
a la gente penitencia,
y alcancéis mi bendición
con la de mi padre eterno.
Y aunque mi brazo tierno
del cielo, mis fuerzas son
y ha despedido su boca
panal de miel soberano,
pues me ha tocado la mano
que a sola su eternidad toca.
Allá estaremos los dos.
Que de mis favores rico
el mundo quedará chico
pues va de mi parte Dios.
Jornada segunda
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Hacen ruido dentro y sale huyendo Felipe, ciego de los alguaciles; puesto dentro, y salga.
Matadle. ¡Ah de mi guarda! El falso muera.
Falso eres tú y falsas son tus obras;
¡ah, rey injusto!, tu corazón de fiera,
pues de los brutos la esperanza cobras
a hacer adulterio, al que quisiera
darte mil reinos, das estas zozobras
cielo desta ilegítima mudanza
en breve acabe legítima esperanza.
Convite de Absalón aqueste ha sido,
que a Amón sirvió convite de suerte
que en medio del convite prevenido
pagarle hizo el escote con la muerte
Muerto me has, Herodes fementido,
pues no hay mortal dolor que sea tan fuerte
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Cómo escapar la guarda, y si esto es cierto,
de tu falso convite parto muerto.
~ Pluga al cielo, si lágrimas admite,
si da favor a las plegarias justas,
que aquesa vida bárbara te quite
con que afrentar tu misma sangre gustas;
dese trono en que estás te precipite,
quiebre las fuerzas que te dio robustas,
y a manos de un villano masageta
veas tu soberbia mísera sujeta.
~ ¡Ay, Herodías falsa!, ahora vengo
a conocer la fuerza de mi hado,
yo solo de mi mal la culpa tengo,
no me puedo quejar, que fui casado;
para mayores daños me prevengo,
vivir quiero en un monte desterrado,
porque el castigo cierto nunca tarda
a quien el cielo avisa y no se guarda.
~ ¡Ah, palacio cruel! Abrase Roma,
a mis puertas antiguas caiga el fuego,
su bruto rey, que abrasó a Sodoma;
el que me tiene a mí, el impío ciego,
a gran Tiberio, emperador de Roma,
que un mal rey sufre sin quitarle luego
la corona real que no merece.
Adentro.
Por acá.
Huyo, ya el rumor crece.
~ No me quites la vida, cielo santo.
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Dentro.
hasta que acepte la venganza vea,
ardido sea el palacio y todo cuanto
por esta parte el círculo rodea.
Libre el cielo de error tal y de llanto,
que injusta culpa a mi rey le afea.
Salen los alabarderos.
Que quitar la mujer al propio hermano,
qué bruto hiciera caso tan villano.
Qué escrúpulos hacéis. Yo lo hiciera,
a ser rey, por ver un rostro hermoso,
un buen donaire, una arte parlera,
consigo trae un no sé qué brioso.
A ser vos rey, malaventura hubiera.
Es un reino bocado muy sabroso.
Y yo, que la obligación del juramento,
más quiero mi alabarda que su cetro.
Dejad, que pese a tal, aunque, si dije,
como nuestro amo medrara la gente.
Sale el Rey, y Herodías, y su hija de Herodías; a un lado el Rey.
A vos, señora, mi corona elige,
para que ciña vuestra augusta frente.
¿De qué salís turbada? ¿Qué os aflige?
¿De qué queréis, señor, que me contente,
siendo queja que vuestro amor merece,
con vida se ha escapado el que aun reza
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Por quien vos sois, que si alcanzar pudiera
el descuido que hubo en vuestra guarda,
primero que escaparse nos pudiera,
yo misma le tirara una alabarda.
Y yo a mi madre mi favor le diera,
que tan robusta soy como gallarda.
Basta que se conjura la doncella
contra su propio padre, fuego en ella.
Eso no os cause pena, mi Herodías,
que aunque ahora se escape de mi furia,
mis filos le pondrán en breves días
incapaz de haceros, vida, injuria;
ora se vaya a las regiones frías,
ora al fuerte Sidón, ora a Liguria,
ora se suba al cielo o baje al centro,
juro llegar allá y matalle dentro.
Sosegad por mi vida y demos traza
de dar primicia a mi amor primero.
Tú siempre afable, esta ocasión abraza,
gustaré ver el campo.
Pues a caza,
la gente prevenida, que cazar quiero.
A tu lado saldrá la que te adora.
Y honrarame tan noble cazadora.
Vanse. Entra san Juan en el desierto y a su sombra Jesús.
¡Ay, soledad, agradable compañera!,
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Árboles que adornáis esta montaña,
aguas claras que mansas vais corriendo,
tiempo feliz, agreste primavera
de que con tanto amor os acompaña,
si con algún favor entreteniendo,
que más bien no pretendo
que en vuestras hondas grutas
pasar mi triste vida,
teniendo por comida
no tiernas aves, ni sabrosas frutas,
mas porque pague penitente mi culpa,
langostas comer quiero y miel silvestre.
Sale Felipe.
Dame tu honesto favor,
breña de árboles vestida,
porque me quite la vida
el que me quitó el honor;
amparadme, incultas matas,
pues mi desventura veis,
y para mí no os mostréis
de condiciones ingratas;
si me siguen los ministros
de aquel Dionisio tirano,
a quien dé el cielo de mano
y borre de sus registros.
Parece que ruido siento
en esta nueva región,
o es que la imaginación
hace salva al sentimiento.
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¡Oh, aleve y falsa Herodías!,
la debida fe me niegas
y a un adúltero la entregas,
que hurtó las glorias mías.
De mi legítima unión
te dio el cielo alegre fruto
que ya con ese amor bruto
lo será de maldición.
Después de haberte tenido
tantos años de amistad
adulteras la verdad
que al cielo has prometido
Estoy por matarme, estoy
para arrojarme a una fiera.
Alma de Dios, ¿desespera?
A matarme voy.
Eso no, que estoy yo aquí,
y a darte remedio salgo
espérate un poco, hidalgo.
¿Quién me ha llamado? ¡Ay de mí!
Vuelve y hablemos los dos.
Llévame una mortal calma.
Tente, no pierdas un alma
que para sí formó Dios.
¿Dónde vas desesperado
tras de tu necio albedrío?
Llévame un dolor impío,
de mí mismo descuidado.
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Volved sobre vos, señor,
ved que sois de Dios figura,
que no es bien que la criatura
haga ultraje a su criador.
Decid qué habéis. Dadme cuenta
del mal que la vida os quita,
que, como remedio admita,
le tendréis.
¿Cuándo la afrenta
recibida tener pudo
remedio?
Habrála bastante
para el daño de adelante.
Es grande el mal.
No lo dudo.
Yo soy de aquesta región,
soy infelice Filipo,
tetrarca de Traconitina,
señor de su distrito,
y sucesor del Magno,
por orden de mis sinos
señor del que respetan
por rey suyo los judíos.
Mi estrella, que aun en la cuna
tantos agravios me hizo,
que hay duda si fueron más
que los de Alcides tebanos,
después de haberme sentado
en favores infinitos,
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sobre el cuerno de la luna
según otro Apolo infuso
para poder derribarme
de aquel envidioso sitio
donde a fuerza de mis daños
quise fijar mis alivios,
y usó de una estratagema
segundo Sinón conmigo;
formó aquel caballo
que mostró un rostro divino:
una Venus, una Elena,
una Circe, un laberinto
donde me dio mis afectos,
porque amor, más vivo el hielo,
será, con ser bella, noble,
como noble, de buen juicio,
y sobre todo, señora,
de un patrimonio infinito.
Rica, bella, noble y sabia,
a qué amagos, a qué giros
no pudieran contrastar
cuatro semejantes tiros?
Cobré la afición, caseme
con ella; fueme propicio
a los principios el cielo,
que me engañó a los principios,
ya que seguro gozaba
de los regalos del siglo.
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Ya ufana de otro día
la afición que de mí mismo,
ya fuese o que la envidia
ofendiese mis cariños,
o que la fortuna varia
volviese a su curso antiguo,
ya fuese mi desposada,
o que mi fortuna quiso,
della se vio enamorado
este rey, este Tarquino,
y no mirando al incesto,
que por ser mi ser inicuo,
como poderoso en todo
me robó el alma en vivo,
a comer me convidó
y fue el convite tan rico
que no le pude pagar
con menos que el honor mío;
costárame su error vida,
si por un pequeño aviso
de un corredor no me escapo,
hurtando el cuerpo al peligro.
Quédaseme con mi esposa,
siendo mi ser legítimo,
yo sin honra, ella infamada
y de todos enemigo;
mira si un intento noble
sigue a este atroz delito.
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para hacer que desespere
quien en tanta junta se ha visto.
Por remate ilustre de reyes,
que con tu esposa se ha hallado
mejor que el rey guarda leyes
del pastor en su ganado,
del gañán entre sus bueyes,
y mujer de su propio hermano
usurpaste, rey tirano,
sosiega, Filipo, el pecho,
que en defender tu derecho
quiere Juan tomar la mano.
No temas que el rostro huya
de este rey tirano y fiero,
sin que su maldad argüya
por la justicia de Dios primero,
y tras ella por la tuya.
Salgan a esta santa guerra
la justicia, armas que encierra
la armería de mi celo,
como que hay Dios en el cielo
y hay malos en la tierra.
Suena dentro ruido de caza, y dice cazador.
Llegue vuestra majestad,
que el oso no puede huir.
Que aun hasta en la soledad
me ha venido a descubrir.
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Por esta desierta parte,
que del Señor esperarte
remisión de tu injusto deseo.
Los pies, amigo, te beso.
Si estás en peligro, parte,
vete con Dios, y procura
poner en Dios tu esperanza,
que desta injusta locura
te dará justa venganza
su justicia recta y pura.
Vase Felipe.
Voyme. Adiós.
La justa queja
desta pequeñuela oveja
recibid, Señor inmenso.
Entren los dos alabarderos.
Que vuela, y no corre, pienso,
según la tierra atrás deja.
Por esotra parte corre.
¡Oh, se pudiese escapar!
La ventura lo socorre.
Buen hombre, ¿por qué lugar
va el alcaide de la torre?
¿O algún ángel? Caso extraño
se me ha ofrecido a la vista.
¿El predicador Bautista
no es este el ermitaño?
El alma, danos los pies.
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No deis ese honor, amigos,
a quien indigno de él es.
De tu bien somos testigos.
Que tu bendición nos des
esperamos, gran varón.
Dios os dé su bendición.
A vuestro señor decí,
amigos, mas advertí
que hay gloria y condenación,
pozo del eterno llanto.
Parece que por su boca
habla el Espíritu Santo;
enternecerá una roca,
su aspecto me causa espanto.
Digan dentro.
¡Por acá, por acá presto!
El lazo ha tornado al puesto,
adiós, mi padre.
Él os guíe.
Vanse. Sale el Rey y su mujer.
Que de mi amor no se fíe,
el rigor que os manifiesto;
no tenéis razón, señora.
Mayores pruebas desea
mi alma, como os adora.
A desenvuelta Medea,
a cruel Circe encantadora.
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No me escondáis vuestra vista,
mas esperad, que al Bautista
veo.
¿Por él me dejáis?
Por bien poco me negáis.
Tu gracia en mi lengua asista.
Quiero yo al descuido hablalle.
Si os importa más que yo,
id a hablalle y a abrazalle.
El alma que os ofendió
remedio a sus culpas halle.
Justo, fiel y amado Juan,
estés en hora dichosa.
Pues en tu presencia están,
tengan su corriente hermosa
estas aguas del Jordán,
y todas cuantas criaturas
por justa y conforme ley
te reconozcan por Rey.
Bien sé que a mi honor procuras
levantarme, predicador.
Que ansí estoy bien te prometo,
porque te tengo por
como a mi señor mayor,
y deberte tal respeto,
y como a mi hermano amor;
y pues sabes dar audiencia,
a las almas de mayor gloria,
y el tiempo de penitencia.
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es llegado, te suplico
me des para hablar licencia.
Habla en buena hora.
Mal digo
mi venida al despoblado.
No te pongas mal conmigo,
que, como de Dios mandado,
lo que es su ofensa persigo.
¿Consiente el pueblo romano,
que tan justo suele ser,
que por un gusto liviano
te alces tú con la mujer
de tu legítimo hermano?
Si no hay justicia en el suelo,
teme, señor, la del cielo,
que es Dios tan justo juez
que disimula una vez,
mas la segunda recelo
que torres de cera fabriques
hhaciendo a Dios vituperio,
y que a tanto mal te apliques
que al hedor de un adulterio
un incesto multipliques.
Solo olor de una camella,
por más tierna que le sea,
el camello se atropella,
y en viendo que es sangre suya,
deja de llegar a ella.
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Pues para que Dios se exalte
en tu alma no se esmalte
este ejemplo, esta verdad,
que haya en los brutos lealtad
y que a los hombres les falte.
Señor, un David que lloró
tanto, a Dios se satisfizo
una vez que le ofendió,
adulterio fue el que hizo,
mas mira qué le costó.
Sol serás visto y honrado,
y si con este pecado
oscurecerte procuras,
andará tu reino a oscuras
viendo su sol eclipsado.
Mira que en este pecado
tu perdición considero.
Mucho te has adelantado,
y es causa que bien te quiero
haberte tanto escuchado;
y cesen, Juan, tus liviandades,
que quien al rey se desmanda
oscurece sus lealtades.
Hago lo que Dios me manda
en decirte las verdades.
Celo suyo me movió
que te reprehenda yo
Pag. 47
Acaba, no te adelantes.
Si tú pecas, no te espantes
que te reprehenda yo.
Vete.
El errado gobierno
mejorad entre los dos;
mostrad amor al bien tierno,
que para reyes hay Dios,
y para su culpa, infierno.
El camino santo os muestro,
y en sus sendas os adiestro,
vía, salvación, edificio,
por esto, que es hoy mi oficio;
haced vosotros el vuestro.
Y quedad con Dios. Él quiera,
en esta tiniebla extraña,
mostraros luz verdadera.
Vase San Juan.
¿A esto vine a la montaña?
Pluguiera a Dios no viniera.
¿Tú eres rey, tú poderoso,
tú que con brazo espantoso
admirar el mundo sueles,
y un villano con dos pieles
te deja triste y dudoso?
Mátale, al aleve acaba,
porque de haberte ofendido
en público no se alabe.
Pag. 48
es de los nobles querido
y de mi reino la llave;
déjale por vida mía,
que con su loca porfía
da la vuelta a su espesura.
Sale la Hija con cazadores.
Fue dalle alcance ventura,
tal caterva la seguía.
¿Ha habido presa?
Señor,
una por extremo bella.
Mostró terrible vigor.
Mi bien, ¿iremos a verla?
Sí.
Estimo vuestro favor.
Deje la caza empezada,
que ir a la ciudad me agrada.
Juro a los dioses, a ansias mías,
no me llamaré Herodías
si no muriere vengada.
Vanse. Salen Alfeo y Brigo, pastores.
Aguija, aguija, Lucindo,
nota que allí dio un corcovo;
lleno se las deja el lobo.
¡Aura, a Dios! ¡Oh, qué lindo!
¡Ah, pardiez, con ella se va!
¡Tan mala bestia maldigo!
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Entra Lucindo.
Dios sea conmigo.
¿A quién digo?
Estate, tente, mira;
qué es lo que traes, Lucindo,
boquirrubio, no mires tanto.
Amigos míos, un espanto
aun la vista no rindo.
¿Viste por entre esos ramos
al lobo?
No.
Pues ¿qué fue?
Amigos, yo lo diré
si puedo.
Decid, veamos.
A la falda de un collado
que hacen estos dos riscos,
en el tapete que forman
cantuesos, hisopos, tomillos,
hacia la parte que vierte
el Jordán su aljófar rico,
y con sus lenguas el agua
saluda al monte vecino,
llegando agora en demanda
de aquel corzo ramoncillo
y del fabuloso pardo
por quien dio la vaca bramido,
vi un profeta a quien la gente
le daban nombre de hijo.
Pag. 50
Grave rostro, ojos serenos,
el pelo castaño y liso,
será imposible ser sumo
si no es que es sumo divino,
yo le téngole por Dios
por las señales que he visto.
Venía en busca de Juan,
viole a la orilla del río,
saludole cortésmente
como quien cortés ha sido;
Después de un largo coloquio
que entre los dos amor hizo,
con que de los montes hicieron
agradable paraíso,
Pidió aquel nuevo profeta
a Juan agua del bautismo,
no habiéndola menester
quien la mesma gracia ha sido;
El imitador Elías
rehusóla a los principios
porque es condición de justos
confesarse siempre indignos;
Pero viéndole resuelto,
con un amor santo y pío,
vertió sobre su cabeza
aquel licor cristalino;
Al soberano supuesto
apenas tocó el rocío,
cuando bajaron del cielo
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Aparece Cristo bautizando a san Juan como le pintan; descúbrese.
milagrosos paraninfos
centelleando rayos de gloria
vi de una paloma el pico
a cuyo vuelo los cielos
dijeron: «Este es mi hijo
con quien me huelgo y recreo».
Aquí hizo el mar ruido
alborotóse la tierra
tembló aquel divino sitio
Este bautismo acabado
para otro nuevo bautismo
se prepararon las aguas
olvidando viejos ritos;
pidió el nuevo bautizado
del venturoso padrino
que aquel favor le pagase
haciéndole el favor mismo
- otorgóselo el Mesías
y el nuevo ángel prevenido
el agua espera. Miradle
entre estos verdes lentiscos
¡Oh, que esta montaña el cielo
vistiese el que está apercibido!
para que orillas del Jordán
mereció verse mi celo
- porque nazca de mí mismo
el rayo de tu justicia
Pag. 52
dame por santa primicia
el agua de tu bautismo.
Y no te espantes si tanto
amor tuyo en mí se fragua,
porque yo bautizo en agua
y tú del Espíritu Santo.
Caiga ese santo licor
sobre el pecho que te entrego,
que aunque es agua engendra fuego
en tu soberano amor.
Pues tu amor te satisfizo,
mi celo justo te cuadre;
en el nombre de mi Padre
y en el mío te bautizo;
premio mi amor te prevenga,
y sean iguales los santos,
y del Espíritu Santo
la gracia sobre ti venga.
Bautízale cantando dentro.
De gracia exífica,
viva eficacia,
pues la misma gracia
la suya os aplica.
Desaparece el bautismo.
¿Qué gloria es esta que vemos?
¡Que tanto bien merecí!
Señor, hagamos aquí
Pag. 53
moradas donde os gocemos.
Digámoslo a los pastores
que a orillas del Jordán
que a gozar todos vendrán
de estos divinos favores
Pues vamos a dar aviso
del bien que hemos descubierto
Pastores, venid al desierto
que se ha vuelto paraíso
Vanse. Salen Cristo y san Juan.
Ahora que bautizado
Juan por mi mano quedáis
¿qué otra cosa me mandáis?
¿Mandar yo al que me ha criado?
que allá me llevéis con vos
Señor, suplicaros quiero.
ya es tiempo, claro lucero,
que de quien soy seáis testigo
ahora que me estáis gozando
hablad, pues sois mi palabra
mi fe vuestros labios abra
antes que os vayáis acabando
hablad lo que habéis de hablar
ante el mundo, juez
que podrá ser que otra vez
nos den para ello lugar
Pues ya mi junta se sella
en vos y de vos me alejo
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Encomendada os la dejo,
mirad, mi primo, por ella;
si persevera en su error
el mundo, vos, como fuerte,
padeced primero muerte
que detrimento mi honor.
dad a los hombres señales
de lo que somos los dos.
Vos el cordero de Dios
que libra al mundo de males,
yo un gusano humilde, es tanto,
que es bien que indigno me vea
de desatar la correa
de vuestro calzado santo.
Publicad, Juan, el fervor
de esta divina humildad
por digno de mi amistad
y por digno de mi celo.
Mi bendición con vos quede.
Bendícele.
Si del que es bien infinito
habrá pasto bendito,
¿qué mal suceder me puede?
Mundo, ¿ya hay quien te resista?
Ya en vano son tus placeres;
no ha nacido de mujeres
otro mayor que el Bautista.
Éntrase el Cristo.
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Ya en mi fe se multiplican,
cielo, tus santos loores,
que juntos tantos favores
algún bien me pronostican,
tu feliz curso bendigo.
Entra un paje.
Huelgome de hallarte en parte
que a solas pueda hablarte.
¿Qué es lo que quieres, amigo?
Herodías, mi señora,
te envía aqueste papel.
Muestra a ver qué dice en él
esa Circe encantadora.
Carta.
«Juan, procura reprimir
vuestras necias libertades,
que no todas las verdades
como son se han de decir.
El rey está muy sentido
de vuestra reprensión,
mas calla por la afición
que sabe que os ha tenido;
y de mí os sé certificar
que cuando en segunda os halle,
aunque disimule y calle,
que no he de disimular.
Y aunque el desagravio no trace,
de mi parte id confiado
que no faltará un criado
Pag. 56
Vase el paje.
y una espada con que os mate,
por eso andan groseros,
no deis vanos pareceres,
que el agravio hecho a mujeres
castigarlo saben ellas.
Quise a vuestras demasías
darles de comedimiento
solo este requerimiento.
Huid del segundo Herodías,
el fin de mujer ha sido
amiga, alcahuete, parte,
que solo con no hablarte
cuanto se te ha respondido
que en su pecado se esté
y a su gusto satisfaga,
que cuando ella se deshaga
solo quede su pesar.
Queda en paz.
Ve en hora buena,
que soy Juan y no me espanto
con el engaño, su encanto
de esta fingida sirena;
que me amenaces así,
porque tu bien solicito,
como que haces tú el delito
y quieres vengarte en mí.
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Pues en seguirme fundo
a zaguera entre los dos,
quedando a riesgos de Dios
piso temores del mundo.
Vase san Juan. Entran dos caballeros.
De eso ser verdadero ha de dudarse.
Pues ¿cómo se ha de hacer sin mí la fiesta,
siendo yo el inventor de novedades,
y archivo de los trajes y invenciones?
¿Vos solo os alabáis, y he de quedarme,
cuando salís en máscaras y fuegos,
solo, quedarme en casa, por ventura,
ocupado en ruecas y hilados?
Igual honor y palma merecemos.
Si eso es así, dejad de celarme.
En los saraos del Rey, con ir tapado
dejará de conocerse, aunque no sea
sino por ver las damas de la corte.
Alguna acá me trae desesperado.
¡Ay del que espera, cielos!
¡Ay, infiernos!
¡Ay, cuántos males el ceguezuelo intenta!
Sale un paje.
Plaza, que viene el Rey con mi señora.
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Suena fiesta; entran el rey, su mujer y su hija Josefa.
Con cuantos regocijos con vos hago,
no os veo el rostro alegre, mi Herodías.
Alegraos por mi vida.
Ya me alegro,
aunque el pesar que recibí fue tanto
que con dificultad saldrá del pecho.
Yo acabaré con Juan que venga a hablaros
y le haré vuestro amigo.
Es imposible
poderle ya mirar con buenos ojos.
Caballeros, sentaos.
Sentaos, hija.
Junto a Josefa tomarás tu asiento.
Siempre me caen viejos, ¡qué desgracia!
Ese donaire y brío es peregrino.
Aún os duran los bríos de la corte.
Enterrado estaré y ellos con vida.
¡A fe que son disgustados pensamientos!
Salen dos truhanes.
Rey poderoso de la gran Judea,
alégrate, pues gozas de este ángel.
Danos unas calzas y unas plumas.
Calla, mi vida, eso que aún no es tiempo.
¿Para qué dije? Cualquier tiempo es bueno.
Quiebra aquesas sonajas copleando.
Donde me hallas, para estas sonajas quiebro.
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Calla, pues que hoy seremos de ventura;
rey, escucha, que canto a la locura.
Rey que así nos regocija,
infinitos años viva.
Copla.
Viva un año y otro año,
viva un abril y otro abril,
con acandux y perejil.
Danos calzas y sayo.
Calla tú, del que nos honra
infinitos años viva,
viva aquesa perla blanca,
deseada bendición,
y toquen un atambor,
y haga salva una flauta,
Reyes de digna marca,
con tu mujer y tu hija.
Danos unas tus calzas,
infinitos años viva.
Vanse los truhanes. Aparécese Juan en un quejigo.
Callad, lenguas de corneja,
y a las selvas salid;
vosotros, nobles, oíd
mis justísimas razones.
Rey engañoso y cruel,
en quien el castigo se emplea,
para afrenta de Judea
y deshonra de Israel.
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Escucha mis justas quejas,
aunque tu dañado celo
para las voces del cielo
tiene de áspid las orejas;
en secreto, y como hermano
a quien del alma he querido,
tus vicios he corregido,
mas no te endireza humano.
Pero pues tu obstinación
en más torpeza se emplea,
a malos públicos sea
pública la corrección.
Contigo las tengo, Rey;
tu temor no me acobarda,
que quien ley a Dios no guarda
no sabe de guardar ley;
y que Dios, que no dispensa,
contigo ley tan dañada,
que con tu misma cuñada
hagas a tu germano ofensa,
la rienda a tus vicios ten,
mira que son cosas feas
que rey adúltero seas
e incestuoso también;
y dale a la razón audiencia,
si en el vicio y regalo
has sido Sardanápalo,
sélo en hacer penitencia,
si a David quieres seguir
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En los vicios del Jordán
levanta Dios un Natán
que te lo venga a reñir
y tú un víbora cruel
que contra mis inocencias
como esta contra Elías
te muestres dura y cruel
la justicia soberana
te condena al duro infierno
que ese gozo no es eterno
que se ha de acabar mañana
maldita tu beldad sea
sea de perros comida
tu carne y acabe la vida
que en carnalidad se emplea
fuego celestial estrague
tu maldito corazón
y como Atán y Birón
se abra la tierra y te trague
enviad plaga infinita
cielos sobre el corazón
deste duro Faraón
que la honra a mi Dios quita
sea león de Israel
descienda un castigo
contra este rey enemigo
de vuestro rey Manuel
como un azote tardo
Pag. 62
un rayo sobre estos baje,
que consienta yo este ultraje
a la gente de mi guarda.
Salen dos alabarderos.
Señor.
Subid a tapar
a aquel villano la boca.
Átase su envidia loca
porque calle la verdad.
Prendelde.
Dad a prisión.
Dad la mano aquí,
mas a ese rey le decid
que diga por qué ocasión
gusta de verme en cadena,
si en mi ofensa se señala,
si es porque mi vida es mala,
o porque él no la hace buena.
No le dejéis más hablar.
Mientras me dejéis con lengua
he de decir vuestra mengua.
Si tornare a replicar,
prendelde de ese infame pecho.
Con amenazas me aplacas,
flaco caudal de amenazas;
el que está a las tuyas hecho
ríese del tigre del pecho.
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Está muy atenta Herodías a lo que San Juan le dice, y Herodes y los demás
las fieras más espantosas
todas me han sido amorosas
a todas debo afición
agua, aire, fuego, tierra
me han sabido obedecer
solamente una mujer
es la que me hace guerra
Circe se muestra inhumana
a mi voluntad sincera
porque no hay fiera tan fiera
como una mujer liviana
Vaya y sus libertades
yo las sabré reprimir
Vive Dios que he de morir
diciendo, Rey, las verdades
Llevan a San Juan preso las dos guardas que salieron
No os valdrá aquí el ser robusto
Qué dices deste suceso
Que me parece quede preso
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me ha dado infinito gusto.
¿Tienes ya desabrimiento?
No, sino mucha alegría.
Para celebrar el día
de mi gustado nacimiento,
tu bello rostro adereza,
que un gran convite haré.
Vamos, que en él yo daré
por postre alguna cabeza.
Fin de la segunda jornada del Lucero del sol.
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Hoja sin texto propio; solo se aprecia por transparencia la escritura del folio contiguo.
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No contiene diálogo propio: la escritura visible pertenece al vuelto por transparencia.
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Página en blanco.
Jornada tercera
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Salen dos pajes.
¿Y adónde has estado?
Vengo
de en casa de Fabia. Estoy
que en servirla me entretengo.
¿Es que yo falto en palacio?
No.
Por eso me detengo.
Dice dentro el maestresala.
¡Pajes!
Es el maestresala.
¡Agua!
Pues, ¿no le conoces?
Sale el maestresala.
Estáis muy en hora mala.
Hundirá el palacio a voces,
aunque la primera sala
es la fiesta.
Alzad esas fuentes.
Vamos, que no tiene ley
con amigos ni parientes.
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No sé qué le dice el Rey
a su mujer entre dientes.
Éntranse; fíngese la comida. Salen todos a la mesa.
Cantad.
Vaya una letrilla.
¿Quieres de burlas o veras?
Siendo letra, gusto de ella.
Como estar atento quieras,
vaya.
Bien podéis decirla.
Cantan lo que quisieren. Dice luego Herodías
Bueno.
Y muy bien cantado.
Y con destreza muy rara.
Alzad esas mesas.
Repara
que el convite es acabado.
Suenan dentro los instrumentos y regocijos; fíngese la mesa dentro. Salen luego el Rey, su mujer, su hija, acompañamiento y Josefo. Habrá un estrado en que se asientan.
Celebras, señor, tus días
como de tu valor digno.
¡Oh, mi querida Herodías,
de vuestros ojos divinos
nacen estas alegrías!
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en medio mi mortal calma
me da vuestro amor la palma
en pago de mis despojos
y a esta causa por los ojos
sale a gozaros el alma
al placer que manifiestas
corresponde el pueblo todo
haciéndote varias fiestas
a su gusto el mío acomodo
¿Qué fiestas hacen, Josefo?
estas
los del Líbano torneo
fiestas los de la montaña
nada de eso ver deseo
carrera los redores
y máscara los pretensores
por engañar su esperanza
los de tu servicio danza
una música los pastores
voltea en la plaza un bragado
airoso para toreo
contarásme eso despacio
la danza quiero abreviar
que es fiesta más de palacio
daráte gusto extremado
porque es de una invención rara
Sale una danza.
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Ya que de baile ha gustado,
esta ninfa bailará,
mas pienso se le ha olvidado.
Baile un poco por mi amor,
que estimaré por favor
verla, mi gloria, danzar.
Muchacha, sal a bailar
delante de tu señor.
Quisiera ese gusto dalle
por el que en mí se atesora,
mas sin saber intentalle,
sería sacar, señora,
mis defectos a la calle.
A tus saraos prevén
que más contento le den,
ya que en el de verte me pagas.
No habrá cosa que tú hagas
que no me parezca bien.
El Rey verte danzar quiere;
a más tiempo no se espere,
hazlo.
¡Qué rara nobleza!
Perdóneme Vuestra Alteza
las muchas faltas que viere.
Sácala a la presencia, y al son de una pavana la danza.
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Si mi rustiquez te espanta,
que no me culpes te ruego.
Rustiquez os parece, infanta,
pues para mí ha sido fuego,
exceso de gracia tanta,
y deidad, que quiero abrazaros.
Volved esos ojos raros,
que es justo que, pues me obligáis,
que mercedes me pidáis
para poder contentaros.
Y por el dios en quien creo
juro que vuestro deseo
cumplirá mi voluntad,
aunque pidáis la mitad
deste reino que poseo.
Ya que me tantas mercedes
como por amor te adiestras
que en estas que me concedes
rey poderoso me muestras,
que mucho como rey puedes.
Mas porque sepa pedir,
deja que de mi señora
parecer tome.
En buen hora,
débete el mundo servir.
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Ya que dar premio ha querido
el Rey a mi mucha fe,
que por ti el bien me ha venido,
madre, ¿qué le he de pedir:
ciudad, hacienda o marido?
Ya del monstruo del Jordán
venganza justa le dan
los cielos a mis afrentas.
Ve y dile que te contentas
con la cabeza de Juan;
y que si de ella te hace ofrenda,
te mejorarás de suerte:
quedando yo a mi amor rienda,
alcanzas tú con su muerte
ciudad, marido y hacienda.
Y aunque a su gusto te midas,
otra cosa no le pidas
ni la tomes de su mano,
que en muerte de este inhumano
estriban mis dos vidas.
Esto le pide.
Sea ansí.
Ya que a tus mercedes vi
juntar mi buena ventura,
solo te he de pedir una
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satisfacción para ti
tu voluntad no resista
a tan pequeño interés
no hay resistencia a tu vista
en premio pido me des
la cabeza del Bautista
temerario atrevimiento
por engañado me cuento
mas aunque en mi gusto hay falta
no hay de mi palabra falta
que se dio con juramento
quisiera estorvo poner
a tu pedimiento injusto
mas ciego con el querer
prometí de hacer tu gusto
y téngole de hacer
escribid con diligencia
maestresala una sentencia
contra aquese Galileo
cumplido sea mi deseo
poco fiel es tu advertencia
si con disgusto lo haces
hagas a mis llagas mercedes
y de un charlatán te aplaces
quebrar tu palabra puedes
hacer con él eternas paces
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no quieras mercedes ya
del Rey; hija, ven acá,
con su juicio se satisfaga,
que cuando él no te las paga,
otro Rey te las pagará.
mercedes son de manera
que yo diera bien cumplidas
y estas aunque él te las diera
diste más en pedirlas
que él en dártelas zahera;
pero bien sé que lo fías,
que se estima.
no, Leuco,
a la nave prometida
sentaos, reina de mi vida.
no, señor, vive a celos,
que debe ser prenda cara,
pues que della no te olvidas.
por esa belleza rara,
que si tuviera mil vidas,
por tu amor se las quitara.
espérate.
déjeme excusar.
no habéis
de acertar qué la detiene ahora.
Vase. Sale el maestresala.
la sentencia viene en suma
escrita.
dadme la pluma.
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En breve la firmaré,
que temo por su tardanza
en mi bien tanta mudanza
que creo se me despinta.
Ves aquí la pluma y tinta.
Mal premio, injusta venganza.
Tartamudeando el Rey.
Después que la hayas firmado,
me hablarás.
¿Que te vas?
Sí.
Vuelve.
Es excusado.
Vanse madre e hija; queda el Rey suspenso.
Con la vuelta que me das,
y a mí sin mí me he condenado.
Juan, mi ventura ordena
que ofenda vuestras verdades;
una mujer me condena,
que sabe hacer mil maldades,
y daros a vos la pena.
¡Ay de mí!, que un buen ejemplo
del rey Baltasar contemplo
en este sacro tirano,
que el mejor vaso profano
que tiene Dios en su templo.
Mas ya la firma escribí,
y en estas dos cosas vi
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de la llama, efectos raros,
que es espada para uno
y saeta para mí.
¿Volvió Herodías?
No ha vuelto.
Gusto de mayor respeto;
anda, di que en tu presencia
se ejecute la sentencia.
¡Ay, mujer, cuánto has revuelto!
Vanse, y dicen dentro a modo de cárcel esto:
¡Ah de los calabozos! Daca el potro,
que está por un homicidio.
Echa acá el salteador, daca el blasfemo;
¡hola!, al que está por firmas falsas.
Venga el sodomita, daca el potro;
¡ah de los entresuelos!, venga el mago.
Échale una cadena a la cautiva,
al jugador le pon un par de grillos,
y al tercero en la red de esos rufianes.
Viene San Juan.
Bien ando, Señor, que sobran males,
que estoy en la piscina de los vicios,
bien como capitán de los viciosos;
pero, aunque malo soy, dame tormento
los pecados que veo en estas cárceles,
por el pesar que en el alma tengo,
que un santo nombre se ha ensalzado.
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Echa acá al del incesto.
Trae el adúltero.
Si al Rey pidieras, y a la falsa hembra
que en su dañado lecho se regala,
fuera acertado, justo ese consejo.
Bien sé, señor, que aquí me tiene preso
no de predicador este oficio,
sino el poco fervor con que lo hago.
Viendo los males que me hace el mundo,
pero mi tibia voz, mi flaco espíritu,
fruto hizo en los pechos de los hombres,
muchos un camino y van siguiendo.
Triunfé de los leones del desierto,
de los osos, tigueres y serpientes;
todos me obedecían, todos juntos
me mostraban su amor y acariciaban.
Solos los odios de una mala hembra
triunfan de mí, porque salir no puedo,
porque si yo pudiera ver plazas y calles
no bastara el poder del mundo todo
para quitarme de afear su mengua,
que aunque me faltan pies, sóbrame lengua.
Entra el maestresala.
Guárdete Dios, profeta del altísimo.
Con bien vengáis, señor.
Paciencia importa
que te acompañe, viejo.
Mal conoces
al hijo del honrado Zacarías.
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Pensará que es alguna mala nueva
la que me traes; y engáñaste, que el cielo
ha escuchado el clamor de mis suspiros
y va correspondiendo a mis propósitos.
Di lo que quieres, haz lo que te mandan,
que al señor obedece el buen criado;
y plega a Dios que tú lo seas tan bueno
como yo lo deseo y Dios querría.
Traigo aquí la sentencia de tu queja.
¿Cuál es mi culpa?
Haber reprendido
a la reina y al Rey en sermón público.
Si por haber su mal disimulado
tanto tiempo y mostrar tan pocos bríos
en la reprensión de sus torpezas,
culpado me hallarás, sabe el cielo
que tuvieras razón; mas porque digo
verdades me castigan. ¡Qué injusticia!
Di la sentencia.
¿No os parece recia nueva?
O sea mucha o poca, dila.
Lee.
Escucha.
Herodes, rey de los judíos, etc.
Viendo las libertades del Bautista
y los agravios que hace a mi corona,
tratando mal a mi mujer legítima...
En eso yerra.
Y diciendo a voces...
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que es adúltera y falsa.
Verdad.
Fallo que le debo condenar, y ordeno
a que le sea cortada la cabeza;
y, quitada, la entrego a mi Herodías,
para que ella se vengue de su aleve,
y él pague justamente lo que debe.
Si ansí al Rey le satisfago,
a cortarla, amigo, empieza,
que si ofendí a la cabeza,
con la cabeza le pago.
Su ponzoñoso veneno
derrame esa fiera fiera,
y con vos de malo muera
quien no la pudo hacer bueno;
aunque todo de malicia
dais ayuda y protección,
y los maestresalas son
verdugos de la justicia.
Cielos, a vos regalo,
justo, que el cuello humille,
que pues un bueno me sigue,
falta debe haber de malos.
No pudiera ejecutar
un pretoriano que importe;
tan pocos hay en la corte
que uno no se pudo haber.
Yo vine a este oficio, amigo,
que esto ejecutado tiene.
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que te prevengas conviene,
Adiós.
Él vaya contigo.
Vase el Maestresala.
No temas de este rey cruel,
por esto tenga mal fin,
aunque como otro Caín
derrama sangre de Abel.
Altísimos patriarcas,
profetas santos y buenos,
que estáis presos en los senos
de esas escuras comarcas;
en esos sótanos fieros
presto de paso os veré,
que como hidalgo estaré
poco en cárcel de prisioneros.
Dejad, dejad de afligiros,
d'aquel original medio
cerca está vuestro remedio,
dad vado a vuestros suspiros.
Salen la Fortaleza, la Ley de Gracia y la Fe; la Fe saca una palma, con coronas, y la Fortaleza con una corona, o un venablo, y la Ley un vaso de plata.
Provocas, flor, que te alborotas,
vuelves en ti, te meces y tuerces.
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pues que veis que vienen a verte
tres virtudes tus devotas
por la excesiva firmeza
que en la fe sabes mostrar
las gracias te vengo a dar
yo que soy la fortaleza
no te falte el corazón
en este trance postrero
porque al fin del golpe fiero
dará eterno galardón
habrá a la despedida
importa mostrarte fuerte
que solo sirve la muerte
de paso para la vida
no temas vanas desgracias
príncipe cristiano mío
pues que fue tu pecho pío
consuelo de las desgracias
alegre tu pecho esté
por la gracia que ha alcanzado
quedó el fiero sofocado
como a los siglos no ve
antes a la muerte lleva
vence a tus contrarios fieros
pues por tus padres primeros
llevas de Cristo la nueva
sea soldado gallardo
el alto tormento aplacado
que para tan buen soldado
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aquestas coronas guardo,
son de mártir, confesor,
de virgen, de patriarca,
de levita, de monarca,
de profeta y precursor,
a todos premia la gloria.
vuestra pujanza se muestre,
acometed, gran maestre,
que cerca está la victoria.
Vanse.
a quien servir este bien halla,
antes que al contrario encuentre,
¡qué mucho, Señor, que entre
con ánimo en la batalla!
pero, ¡qué dolor siento aquí!
que me regala y consuela
quien en mi amor se desvela,
quien se acuerda aquí de mí,
quien me tañe, quien me canta,
música es esta del cielo,
para ante el cual desprecio el suelo,
y de su justicia santa.
Cantan dentro esto.
por la verdad muere el hombre,
que es bien que por ella muera.
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siendo Dios esta verdad,
como él mismo lo confiesa,
por ella vino en el mundo
y al fin morirá por ella;
y por ella tanto mártir
dará de sí tanta muestra;
por ella padece Juan,
que, por verdad que profesas,
te aborrecen en el mundo
y cortarán la cabeza,
y la verdad ultrajada,
pido, Juan, en tu defensa,
justicia de tanto agravio
a quien ya me sigue eterna.
Verdad, Justicia tenéis,
mas en el suelo, señora,
no hay quien os conozca agora
como en mi proceso veis.
¡Ay, prenda amada del alma!
aunque estáis, mas como Dios,
siempre estáis conmigo vos,
en la tormenta la calma.
Con vos quisiera morir,
amado primo y señor,
por morir con más favor
y entrambas muertes sentir.
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Aparece una nube con cuatro cuarterones, y como se va abriendo cada cuarterón de por sí, ya el Amor divino extendiendo los brazos, y aparece dentro de la nube un Cristo crucificado.
Y si ahora Cristo os viera,
de la suerte que os contemplo,
muriera por vuestro ejemplo,
y mártir dos veces fuera.
Y ansi por sueldo os pido
me hagáis este favor,
que os vean mis ojos, Señor,
antes de haberme partido;
también porque el alma lleve
que ya me aguarda este día
nueva de tanta alegría
que ya por firme se debe.
Ya, Juan, el Señor te ha oído,
y por tu consolación
se hace representación
de lo que eres y has pedido,
a que estas almas dirás
que allá en el limbo se guardan,
y a Jesús aguardan,
que no se queje de hacer más.
Pag. 86
Desaparece.
y que se consuelen, dice,
con ver esta su figura,
y a Dios.
Divina hermosura,
quien no te alaba y bendice,
yo quedo muy satisfecho
y con hambre de morir,
la muerte voy a pedir;
un alférez, a Dios sigo.
Vase.
Sale el Rey y Herodías, su mujer.
Dura la melancolía.
Y durará, y hasta tanto
que permita el cielo santo
la justa venganza mía.
¿Es posible, justo Rey,
que un blasfemador de reyes
quiera poner nuevas leyes
al que no es sujeto a ley?
¿Que ha de menguarte un villano
el gusto que tú previenes,
pues tú la culpa tienes
en darle tan larga mano?
¿Cómo es posible que ansí
tu corona ultrajar quieres?
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Si para reinar mueres,
déjame reinar a mí,
que, pues de ser su majestad faltas,
yo, mientras contigo esté,
mujer soy y hombre seré
en saber suplir tus faltas.
De odio pasado baste,
pues al que os sigue persigo,
sea amor.
Dentro.
Dios sea conmigo.
Dentro suena una voz de San Juan que se queja cuando le cortan la cabeza. Y luego sale el maestresala solo.
Lo que no debías pagaste,
¡oh, más que airosa muerte!
Pagó el tributo a la tierra.
Ya no te dará más queja.
¿De qué modo murió?
Advierte:
para decirle tu intento,
al Bautista entré en la cárcel,
que, como el caballo griego,
amontoné hombres infames,
y pregunté por él a todos.
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los bastoneros y alcaides
que en cárcel larga los presos
no pueden fácil hallarse,
después de haber pregonado
Juan por muchas partes,
y en patios y calabozos
haber mandado buscarle,
yo le vine a hallar a solas
entre dos pobres altares
hechos para en que los pobres
y a entregarse a Dios se aparten.
No daba parecer suyo
a los pobres pleiteantes,
ni si al que había prisión
salía libre a la tarde,
o si el escribano iba
a soltarle y perdonarle,
o si la de su prisión
era culpa leve o grave.
Solo trataba de hacer
de su indignidad alarde
humillándose en el suelo
porque Dios le levantase.
Entré y diciéndole en suma
tus propósitos reales
para su temprana muerte,
y a que se preparase
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no se turbó el varón santo
de prevención semejante,
que no hay muerte que en la tierra
temor a los justos cause.
Déjele dentro, salime
a prevenir el instante
ara de aquel sacrificio
donde el justo Isaac baje.
No sé lo que entonces dice,
mas volviendo a pocos lances,
como víctima inocente
se llegó humilde a abrazarme,
y pidióme perdón vertiendo
por los dos ojos dos mares
de preciosas margaritas
que del rostro al suelo caen;
diome tras esto las manos
para que se las atase;
bajó el cuello, arrodillóse
besando el suelo en tres partes,
no quiso banda en los ojos,
que como celestial ave
mirar siempre al cielo quiso,
que el cielo es quitapesares.
A este punto entró el verdugo,
Pag. 90
Vase.
Entra Herodiana, hija de Herodías.
con un cortador alfanje;
alborotéme yo, y él,
firme a lo que un diamante,
antes con rostro severo,
haciendo un acto notable,
le dijo: «Amigo, haz tu oficio».
Cayó el acero al instante
y dándole en la cerviz,
saltó la cabeza aparte,
diciendo: «Dios sea conmigo»,
y vertiendo un mar de sangre.
Estaba oscura la sala,
y al punto la vi colmarse
de rayos de luz más pura
que la luz que del sol sale.
Quedan ya con esta muerte
unidos dos gustos iguales:
yo por cruel, y él sin vida,
y la tierra sin un ángel.
Ya no te hará más agravio,
madre, una cabeza loca,
ya viene con muda boca.
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Muda lengua, mudos labios,
de hoy más asegura el pecho
quien ultrajaba tu honor,
aquel mal predicador
que tantos males te ha hecho.
Haya en cortes libertades,
juegos, fiestas, alegrías,
que ya enmudeció el Elías
que decía las verdades.
Vuelve, cumple tu deseo.
Aparece degollado San Juan, la cabeza a una parte del cuerpo y a otra. Dice:
¡Ah, cabeza burladora!,
¿cómo no me habláis ahora?
¿Cómo tan marchita os veo?
¿Qué, esta ofensa me dura?
Que, a no tenerse por mengua,
os arrancara la lengua,
quedando esto della figura;
mas vuestros labios helados
me juran el callaros.
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Y cuando muerto sabréis
os la habrán ejecutado.
Basta, reina; basta, leona.
Ahora mi furia empieza.
No os alzaréis con cabeza
que mereció mi corona.
Tú, que mi pecho ves,
mi poca culpa publica.
Entra el maestresala.
Todo el pueblo te suplica
que el cuerpo de Juan le des
para enterrarle con pompa.
Pónese el Rey muy suspenso, considerando. Herodías le está mirando, a ver lo que responde.
Dársele, y conforme a ley.
Ahora justo es el Rey,
que se acabó mi espanto.
Diga esto Herodías muy alegre.
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Danos santa contrición.
Llévese el cuerpo difunto,
y aquí la historia haga punto
del gran precursor Bautista.
Fin de la 3.ª jornada del Lucero del Sol.
