Texto digital de Adonis y Venus
Fecha de publicación: 22 de junio de 2026
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Probable
- Género
- Zarzuela
- Estado del texto
- Transcripción automática de manuscrito (HTR + LLM)
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática (HTR + LLM) del manuscrito MSS/17449/17 de la BNE.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Adonis y Venus. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/adonis-y-venus-0.
ADONIS Y VENUS
Segunda jornada de las tres comedias en una, melodrama de Adonis y Venus
Pag. 1
Adonis
Venus
Marte
Cibeles
Clarín
Celfa
Ninfas
Comparsa
Música
Dentro cajas y clarines a lo lejos, y después de el cuatro salen pasando las ninfas y Venus.
Ni Marte con iras,
ni Jove con truenos,
ni Amor con saetas,
ni el Sol con incendios,
logran del orbe el más digno trofeo,
pues solo es Adonis engaña y belleza,
injuria del día y afrenta de Venus.
¿Qué escucho, sagrados cielos?
¿Quién con armas de gala y hermosura,
quién con amor y celos
Pag. 2
puede una empresa conseguir segura,
sino es yo, que soy Venus, en quien dura
el poder eminente
que del rayo soberbio omnipotente,
de cuando aun a los hombres concedido
el privilegio ha sido
de triunfar con el brío y la belleza
contra la femenil naturaleza?
¡Oh ultraje de mi gloria y mi decoro,
de pena muero y de coraje lloro!
Mi airada venganza
fulmine mi enojo,
sin que haya esperanza
de que haya piedad.
Y Adonis, que atento
aplaude ese acento,
fallezca despojo
de mi crueldad.
Con el retornelo de esta aria, que será como de marcha, saldrá la comparsa y detrás Marte, y por el lado opuesto Celfa; y sale con Marte Clarín, soldado ridículo, y tocan cajas y clarín.
Cese, cese el que, miedo de la tierra
y escandaloso idioma de la guerra,
del susto y el horror opre. valido ,
es el primer combate del oído.
Pag. 3
Numero visible en el margen superior derecho.
Pues mi amante deseo,
en busca de su bien, pero ¿qué veo?
Tu suspensa beldad soberana,
tu llorosa deidad peregrina,
ahora sé cuán felice soy yo,
pues te ve con indicios de humana,
quien tu bella entereza divina
reverente y amante sufrió.
¿Por qué lloras, mi bien?
Si yo supiera
ponderar mi dolor, ¿qué más quisiera?
Pero en pecho en quien lidia
el temor, la inquietud, saña y envidia,
¿cómo puede hallar modo
de explicar algo sin decirlo todo?
Endemoniada está la señorita.
Faltará el coche o no tendrá visita.
Si sabes que te adoro
y que soy la deidad a cuyo brazo
el orbe tiembla, y aun en Jove ignoro
igual poder al que en mis triunfos trazo,
di qué puede servirte de embarazo
para explicar tu queja.
No la pronuncie yo, y al viento deja
que la refiera.
Pag. 4
Ya mi aliento lucha
con nueva indignación.
Siente y escucha
con mi ultraje más rueco
decir del coro repitiendo el eco.
Ni Marte con iras,
ni Jove con truenos,
ni Amor con saetas,
ni el Sol con incendios,
logran del orbe el más digno trofeo,
pues solo es Adonis engaña y belleza,
injuria del día y afrenta de Venus.
¿Estás ya noticioso?
Ya es un volcán mi espíritu fogoso,
que al notar que baldones tu belleza,
a brotar fuego el corazón empieza.
Conque mi causa es tuya.
Muerte a Adonis daré, por más que huya
de mi furia indignada.
No has de honrar su bajeza con tu espada,
mas bajo medio ha de lograr su ruina.
Ya mi ardor le imagina:
él es zagal y caza en estos montes.
Yo haré que de sus verdes horizontes
vomite el centro de cabada esfera
furia animada de bastarda fiera,
que cruel le devore.
Para que cante yo de ver que llore,
Pag. 5
Numero visible en el margen superior derecho.
Pues al estrago.
A la furia.
Que la saña.
Que la injuria.
Venganza sabe aun el amago
de quien se intenta oponer.
Pues a la furia,
y tiemble a Marte la tierra,
y empiece Venus la guerra
sin que logre la venganza
de dos dioses la alianza
de la beldad y el poder.
Vanse y quedan Celfa y Clarín.
Dígame usted, ninfa mondonguera,
¿habrá algún medio de que usted me quiera?
¡Puf, qué tufo me ha dado
de pobrete!
¿Por qué?
Por ser soldado.
Pues, pícaro borracho, ¿qué has olido?
Un bolsillo en ayunas tan podrido
de no tener moneda
que no hay demonio que aguantarle pueda.
Para eso a mis arañas me refiero.
Pues eche media libra en el puchero.
No es sustancia que al hambre la resista.
Pag. 6
Pues hasta haber cunquivus seo plantista ,
arrebócese usted cualquiera araña,
que si no hay mosca pereció la araña.
Vase.
Por Dios, que dice bien.
Sale Adonis.
Clarín, amigo.
Zagal a quien como criado sigo.
Déjame solo en esta selva umbría,
donde la ardiente cólera del día,
fomentada del sol, parar deseo.
Desengañado empleo
es andar en la caza divertido,
pues hambriento y molido,
la presa más segura
antes que un gamo es una calentura.
Pues ¿qué hay de malo en lo que no es molesto,
en siendo diversión?
Hay todo esto.
Por ver un conejo
que a aquestos se explica,
la zarza me pica,
las medias me dejo;
me ahogo tras muchos
que un valle mostró.
Pag. 7
Numero visible en el margen superior derecho.
El chico se fue; del grande no sé.
La caza escapó.
Triunfo, afíjolo,
me vengo tan solo,
que rabio y me quejo
del perro que tal
oficio me dio.
Vase.
¡Oh, cuánto engaña el ocio y el sosiego,
pues no hay para que luego
el descanso se siga
mayor bien que el cansancio y la fatiga!
Dígalo yo, que mi deleite hallo
cuando al bruto avasallo,
la ave y la fiera, siendo de esta suerte
árbitro de su vida y de su muerte.
Mas entretanto que pasa
la ardiente siesta que la tierra abrasa,
ceda el venablo al que mortal beleño
me va atando las voces con el sueño.
Duérmese Adonis y sale Venus.
Desde un coto a otro coto
penetré las entrañas de este soto
en busca de este aleve,
fementido burlón que a mí se atreve
y he de lograr del tema que respiro
Pag. 8
que actúa mi venganza. Mas ¿qué miro?
¿Qué joven tan hermoso
es el que, tributándose al reposo
los fueros del sentido,
despierto vence con lidiar dormido?
No vi zagal tan bello,
del coturno de plata al dorado cabello
naturaleza su poder dilata,
como quien dice: aquí llegó albedrío
la última raya del esfuerzo mío.
Llegaré a despertarle; pero no, que parece,
según se inquieta, asusta y se estremece,
que algo a su fantasía contradice,
pues entre sueños mudamente dice:
Adonis dormido.
Ay, Venus bella, ¿de qué
sirven mi amor y mi fe,
si muero y muero sin ti?
Ingrata mi estrella fue,
pues sin mí de ti no sé,
y en sabiendo estoy sin mí.
Despierta.
Espera, aguarda, hermosa y ingrata mía;
pero, dioses, ¿qué veo?
Quien las especies de la fantasía
trasladó a los espacios del deseo,
tú eres, oh ninfa, aquel divino empleo,
que mi sueño anhelaba.
Pag. 9
Numero visible en el margen superior derecho.
¡Ay de mí, si soñaba,
y mi ofuscado, mi letal contento,
le vuelve tu desdén en humo y viento!
No, joven, no, pues eres tan dichoso
que tu descuido logra en su reposo
que yo le haya observado,
y no triunfarás más con tu cuidado.
¿Qué dices? Si tal sientes, ¿cómo hiciera
yo para que mi fe te complaciera
un afecto empezando a merecerte?
Solo me obligarás si das la muerte
a un enemigo que aborrezco y sigo.
¡Oh, qué grosero es ese enemigo,
pues pudiendo lograr tal homicida
su vida, hecha a perder con tener vida!
Dime cómo se llama.
Él es recién venido
a Chipre y por sus prendas aplaudido.
Adonis es su nombre.
¡Ay de mi fama,
que soy Adonis yo!
¿Qué es lo que dices?
Que te ofenden mis hados infelices.
Trompas venatorias,
que antes placenteras
Pag. 10
cantasteis mis glorias,
publicad querellas,
mi lid interior.
Que en mí se conspiran
enojo y cuidado,
algo que es ira,
y se han complicado
clemencia y furor.
Vase.
Así se va lisonja del sentido,
así huyes, beldad a quien adoro,
al primer paso a tu beldad vendido;
bien dije yo que mi ventura ignoro.
Mal haya flecha que conquista de oro
hizo mi incauto pecho;
mal haya amor a quien ofensa ha hecho
la libre voluntad que poseía.
Pero ¿en qué culpo yo su tiranía,
si la gime y la siente
la planta, el bruto, el pájaro y la fiera?
Y ¿qué en busca de aquella
que imprime un esplendor en cada huella?
Pero no defenderme en mis anhelos,
por no ofenderla más, ¿qué haré yo, cielos?
Bate a la avecilla
Pag. 11
Numero visible en el margen superior derecho.
el aire proceloso,
tráela a la blanca orilla,
llévala al golfo ondoso,
viene y va.
Esto sucede a un alma
que del amor perciba
una medrosa calma
y una pasión activa.
¡Oh, cómo está!
Vase.
Con efecto, Clarín me galantea,
quiera que no, soy fea;
pues hallo quien me quiera al primer paso.
¿Habrá alguna mujer que piense acaso
que no merece la mayor fortuna?
A mi parecer, cuando encuentre una,
estrechito es mi talle,
mi cara no es morena,
el manejo es pulido,
y me sienta así, así, cualquier vestido.
Pues qué mucho que rinda y avasalle
aun Clarinillo, que al decir su pena
en el oído el retintín me suena.
En su busca he de ir, por si me buche ,
a tratar del embite o se resuelve
mi fe, y aun se convida
que a nadie le peso de ser querida.
Pag. 12
Cualquiera mozuela,
con quien se desvela,
la sirve y regala,
a dengues se exalta;
mas si el galante
le toca, le baila
el agua delante.
Pues con un bolsillo,
con traje a tontillo,
con una soqueta,
la ve y la convida,
y no hay zarambeque
que ya no le cante.
Vase.
Habrá una cueva o tablado en el centro de donde saldrá Cibeles.
Ha de esa triste boca
quedar a la montaña aun esperezo
tablado en el centro de esa parda roca
de la tierra algún íntimo bostezo.
Oh tú, Cibeles, pues amante empiezo
a obedecer la diosa a quien adoro,
atiende a mi pasión y a su decoro,
pues a tu auxilio he de deber mi fama.
¿Quién va?
¿Quién es?
¿Quién a mi gruta llama?
Marte, dios de la guerra.
Pag. 13
Numero visible en el margen superior derecho.
Sale Cibeles.
Ya te obedece el numen de la tierra.
Di, ¿qué ordenas?
Que debes, oscuro monte,
desamparando el lóbrego horizonte,
una fiera descienda que se cebe
en la sangre de Adonis.
Si te mueve
oculta furia a singular venganza,
buscando de mi imperio la alianza,
ya estás obedecido.
Lo pronta aumenta en mí lo agradecido.
Ya de la nube de la montaña
sal a campaña
el que es furioso bruto bramar.
Ya baja al valle, los troncos tronza,
flores destroza, no hay quien la halle
pa que las furias en él están.
Vase.
Guarda, guarda la fiera.
Ea, Venus, ya espero
que ufana, festiva y placentera,
conozcas que te sirvo y que te quiero.
Al jabalí, zagales.
Salen Venus, Adonis, Clarín y Celfa.
Yo el primero
seré que mi venablo
en su púrpura bañe.
Hombre del diablo,
Pag. 14
mira que no hay contigo para un diente.
Ay, Adonis, detente,
que en este sitio tan yermo y festivo
fiera irritada de tu suerte esquiva
indica algún misterio.
Por eso propio fuera vituperio
de mi valiente brazo
que el temor le sirviese de embarazo.
Yo he de dar muerte a esa terrible fiera.
No has de ir.
Sí he de ir.
Aunque mi amor no quiera.
Tu amor en otra acción será atendido.
Puesto que al tuyo empiezo a dar oído,
sabe que antes mi ira había trazado.
Guarda la fiera.
No me da cuidado
cuanto decirme tu cariño pueda.
Mira, Adonis, advierte.
Adiós te queda,
que para disuadirme de mi intento
quien me intente seguir seguirá al viento.
Silbo del aire veloz,
trinos del bronce desate,
sé Clarín para el combate,
bate animoso tu voz.
Pues si en desigual batalla
Pag. 15
Numero visible en el margen superior derecho.
tan feroz contrario se halla,
es mi aliento más feroz.
Vase.
¡Ay de mí, que es en vano
querer contradecir a su destino!
Si mi crueldad el riesgo le previno,
preservarle de él no está en mi mano.
Huid, zagales, que desciende al llano
el jabalí.
¿Qué escucho?
Con nuevas ansias y temores lucho.
Clarín.
¿Qué te ofrece?
A ese mísero joven favorece;
ayúdate en la lid a que le arrastra.
Y por echarle al otro mi escopeta,
no que el lance más noble y oportuno
es el fardo guardar número uno.
Celfa.
No me celfees,
que yo no estoy en mí y no me crees
con mi temblona publicarlo puedo.
Pues ¿dónde está tu espíritu?
En mi miedo.
Ea, pecho constante,
haz cuanto puedas por noble amante.
Exponte a los rigores de la fiera.
Vase.
El pícaro ladrón que tal hiciera
Pag. 16
No es esta la ocasión de ser valiente.
Yo lo soy de repente,
mas de caso pensado no descuido
que el refrán dice: lo he pensado mucho.
Ay, bien que espanto.
Algo me toca.
Quítate mi llanto.
Primum mihi ego.
Ay, que ya este gallo
se volvió gallina,
y el quiquiriquí
ya será cloclo.
Préstame tus alas.
Si no tengo plumas.
Vente que resbalas.
Quita, que me brumas.
Contigo espera
tratar esa fiera,
que conmigo no.
Vanse.
Ea, airada y ruda enemiga,
pues en mí la venganza es obediencia,
sabiendo que ya ha visto
Venus a Adonis mal mi mismo deseo,
y estén en un afecto tan tocados,
salga con una acción de dos cuidados.
Sale Venus.
Marte.
Pag. 17
Numero visible en el margen superior derecho.
Venus divina.
Vengo a decirte que, si a esta ruina
de Adonis te rendiste porque anhelaba
a competirme, mi rencor se acaba,
pues he sabido cuán sin culpa era.
Conque ya estás benigna si antes fiera.
Es que de su inocencia fui testigo.
Y yo de la traición que usas conmigo,
y pues de tus favores los desvelos
transforman tus injurias en mis celos,
tarde llega piedad tan fementida,
porque hoy tu amante perderá la vida.
Tan vano es pretender
mi cólera templar,
como es al sol parar
y al proceloso mar retroceder.
De un ser para otro ser
tu honor quise vengar;
mi amor debo atender,
que en celos no hay lugar de obedecer.
Vase.
Espera, Marte, que quien eso influye
es tu engañado pecho.
Adonis huye,
que el jabalí desciende.
He de esperarle.
Fuego, que salta del campo haciendo calle.
Pag. 18
Numero visible en el margen superior.
Ay, joven infeliz.
Detén el bulto,
ligero monstruo, pues válgame el cielo.
Cae Adonis en el tablado, soltando el venablo, y Venus le coge en brazos.
¿Qué es esto, Adonis mío?
Que al embestir con el venablo agudo
a ese cerdoso escándalo ceñudo
de aqueste valle umbrío,
cuando el primer golpe en quien confío
tal herida he logrado,
que muero, ay Jove, y muero desangrado.
¡Oh dura estrella y mía!
Quédate pues, amada Venus mía,
que el aliento perdido,
la voz intercadente,
la lengua balbuciente,
perturbado el sentido,
pido piedad aun cuando me despido.
Yo sé que hay quien te adora
y estos cultos armónicos te ofrece;
de su constante amor te compadece.
Verás que en la alma mía se atesora
cuanto se deba a tu piedad, señora.
Goce otro tu clemencia amante y fino,
si ya que a mí me la roba mi destino.
Pag. 19
Numero visible en el margen superior derecho.
Adiós, adiós, Venus bella,
que al influjo de la estrella
no hay resistencia en los dos.
Sin la vida amarte puedo,
pues aun dice el alma quedo:
Venus bella, adiós, adiós.
No triunfa el hado no, pues transformado
en flor, a nueva vida reducido,
gira a mi pecho unido
y solo de los montes venerado
has de vivir del orbe idolatrado,
para que, ya que puedo cuando lidia
darte muerte mi envidia,
se diga que mi amor vida te alcanza,
que no hay mal que no logre una esperanza.
Adonis se transforma en flor mientras se canta el aria siguiente.
En flor su vida crece
y al fénix se parece,
que usando de su aliento
a ráfagas el viento
le da el ser.
Y logre ya crecida
eternizarse vida
la que, aun amor atento,
consigue por fomento de su arder.
Pag. 20
Numero visible en el margen superior.
Ha de esos rientes .
Salen todos.
Que imperiosa deidad mueve los montes.
Venus, que hoy ha querido
mostraros los portentos de Cupido.
Oh injusta deidad fiera,
para que a celos yo y a injusticias muera.
Sale Cibeles.
Ya dejo el trono de la tierra, diosa,
donde suprema mi deidad reposa.
¿Qué será esto, Clarinillo loco?
Lo que no sabes tú ni yo tampoco,
sino es que acaba la ópera chiquita
y a otra comedia vamos.
Todos es bien, oh Venus, te atendamos.
Pues este trono en donde solicita
mi poder ostentarse
es en donde conmigo ha de elevarse
Adonis, a quien amo.
Logrando tu piedad feliz me llamo.
Amor solo,
solo amor,
absoluto,
superior,
sabe regir y mandar.
Qué suave,
qué amoroso,
es dulzura.
Pag. 21
Numero visible en el margen superior derecho.
Y es tesoro
aun en sentir y en penar.
Viva eterna de Venus la fineza.
Y dando fin la dulce melodrama,
vamos al chiste que a la risa llama.
El asunto se siga.
Y porque no se diga
que yo sentí un desaire,
he de decir a la región del aire.
Yo al numen de la tierra.
Y yo a cuanto el golfo en piélagos encierra.
Yo a la esfera del fuego.
Y yo al dominio del vendado ciego.
Victoria por el Amor.
Victoria,
pues que su gloria
le hacen desdén y favor,
que no es victoria pequeña
si a perdonar os enseña
auditorio, nuestro error.
