Sabiduría
Figura central del auto, asociada a Cristo y, en la alegoría, también a la Iglesia y al Papa; convoca el banquete, explica su sentido sacramental y recibe finalmente a Cristina.
Pedro Calderón de la Barca
摘要发布日期: 2026年6月18日
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco alegórico centrado en la Iglesia y en una gran casa sacramental de siete columnas, la Sabiduría convoca una fiesta eucarística universal y desenmascara a la Herejía, llegada desde el Norte como enemiga del banquete cristiano. La acción se desplaza probable y parcialmente a la Suecia contemporánea de Cristina, donde la reina, movida por estudios, dudas doctrinales y la embajada de Felipe IV, decide abandonar el luteranismo, renunciar al reino y dirigirse hacia Roma. El desenlace transcurre en la nueva Sión identificada con la Iglesia romana, donde Cristina abjura solemnemente, profesa la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y es admitida a la mesa sagrada, mientras la Herejía intenta profanarla y acaba expulsada.
La obra se abre con una invitación solemne de la Iglesia a una fiesta preparada por la Sabiduría, que pronto se identifica con el orden cristiano y sacramental. Ante esa llamada aparece un peregrino náufrago que, tras contemplar un gran edificio de siete columnas y doce puertas, pregunta por su sentido. La Sabiduría le responde explicando su identidad teológica y alegórica, y declara haber levantado aquella casa sobre los siete sacramentos de la Iglesia para celebrar una cena universal a la que convoca a todos los pueblos. También presenta a las figuras que sirven en esa mesa —la Fe, la Oración, la Religión Católica y la Penitencia— y anuncia que en ella se ofrece a Cristo sacramentado bajo las especies del pan y del vino. El peregrino revela entonces su verdadera condición: es la Religión de la Herejía, venida del Norte, enemiga de la Iglesia y dispuesta a combatirla. En su desafío menciona el poder protestante del Septentrión y deposita sus esperanzas en la reina Cristina de Suecia, a la que cree capaz de sostener la oposición a la fe católica, mientras la Sabiduría responde con confianza en que la gracia divina podrá vencer esa resistencia.
A continuación, la Sabiduría ordena a sus doncellas y virtudes que extiendan la invitación por el mundo: la Penitencia irá a Asia y al Judaísmo, la Oración a África y a la secta mahometana, la Fe a América y a la Gentilidad, y la Religión Católica recorrerá Europa para solicitar además el apoyo del rey Felipe de España y hacer llegar el convite a Cristina de Suecia. La acción se traslada entonces a la reina, presentada como soberana docta, inclinada al estudio y atormentada por dudas religiosas sobre la predestinación, el libre albedrío y la verdad de la fe en que ha sido criada. En medio de esas cavilaciones recibe, en visión o auxilio interior, la enseñanza de un Felipe que le aclara el sentido cristológico de un pasaje de Isaías y le orienta hacia la Real Presencia de Cristo en el altar. Poco después, ya en el plano histórico y diplomático, llega a su corte una embajada de Felipe IV, acompañada alegóricamente por la Religión Católica y por un secretario llamado Juan. La carta del monarca español le ofrece amparo, reinos donde residir y aun ayuda personal para favorecer su tránsito a la fe católica. Conmovida por esa generosidad y por la llamada interior que experimenta, Cristina decide aceptar el convite, preparar su salida de Suecia, renunciar al reino y encaminarse hacia la nueva Sión, es decir, hacia Roma y la obediencia de la Iglesia.
Mientras Cristina avanza, la Herejía intenta detenerla recordándole los peligros de los banquetes bíblicos y procurando frustrar su conversión, pero la Sabiduría sigue adelante con la convocatoria universal. Los resultados son desiguales: el Judaísmo rechaza la invitación, la secta islámica tampoco escucha, pero la Gentilidad americana acude gozosa a la mesa, y la Religión Católica regresa con la noticia decisiva de que Cristina ha abandonado su patria, ha hecho pública profesión de fe, ha depositado su corona en Loreto y llega finalmente a la sede de la Sabiduría. En el desenlace, Cristina comparece ante la Iglesia, confiesa haber vivido en el error luterano, abjura de él solemnemente y proclama de manera expresa su aceptación de la Real Asistencia de Cristo en la Eucaristía, sometiéndose a la Sede Apostólica. Recibida, absuelta y confirmada, es revestida por las virtudes y conducida a la mesa sagrada. La Herejía, sin arrepentimiento ni vestidura nupcial, intenta mezclarse entre los comensales y profanar el sacramento, pero es descubierta y expulsada por la acción conjunta del poder eclesiástico y del brazo seglar. Así, la obra concluye con el triunfo de la Iglesia, la exaltación de la conversión de Cristina y la afirmación del misterio eucarístico, mientras todos cantan la supremacía de la fe sobre los sentidos.
Figura central del auto, asociada a Cristo y, en la alegoría, también a la Iglesia y al Papa; convoca el banquete, explica su sentido sacramental y recibe finalmente a Cristina.
Reina de Suecia y Gocia, personaje histórico y dramáticamente decisivo; pasa de la duda y el luteranismo heredado a la abjuración pública y a la adhesión a la fe católica.
Adversaria principal, presentada primero como peregrino náufrago y luego como potencia religiosa del Norte; rechaza la Eucaristía, intenta impedir la conversión de Cristina y busca profanar la mesa sagrada.
Virtud y personificación de la Iglesia romana en su dimensión militante; actúa como enviada en Europa, trata con Felipe y con Cristina, y guía su incorporación al banquete.
Virtud principal entre las damas de la Sabiduría; sirve la copa, anuncia la verdad del sacramento y lleva la invitación a la Gentilidad, que acude a la fiesta.
Figura encargada de llamar al Judaísmo y, sobre todo, de preparar a los convidados con la vestidura nupcial necesaria para sentarse a la mesa.
Virtud que eleva sus voces al cielo y es enviada a África; acompaña el proceso de preparación espiritual del banquete, aunque su misión no obtiene conversión en la secta a la que se dirige.
Se refiere de forma clara al rey de España, presentado como protector de la fe católica; ilumina a Cristina por medio de visión, doctrina y embajada, y favorece su salida hacia territorio católico.
Secretario de la embajada y figura eclesiástica que explica y autentifica el mensaje dirigido a Cristina; su nombre remite además al plano simbólico y escritural del auto.
Conjunto alegórico de los pueblos gentiles, especialmente vinculado aquí a América; acepta la invitación y entra gozosa en la Iglesia, en contraste con otros grupos rechazantes.
Espacio alegórico principal, construido sobre siete columnas y abierto por doce puertas; representa la Iglesia y su orden sacramental, y en él se prepara y celebra el banquete.
Núcleo funcional de la acción dramática; simboliza la Eucaristía y el acceso a la comunión católica, alrededor de la cual se ordenan la invitación, la conversión y el conflicto final.
Marco histórico desde el que parte la reina; allí se muestran sus lecturas, dudas religiosas y la recepción de la embajada española que impulsa su cambio de vida.
Destino espiritual y geográfico de la conversión de Cristina, identificado con la sede de la Iglesia romana y del pontífice, donde se consuma su abjuración y reconciliación.
Lugar mencionado en el itinerario de Cristina, donde deposita su corona a los pies de María; funciona como hito de renuncia y tránsito hacia la plena integración católica.
Espacio de procedencia de la Herejía y de las alianzas reformadas que esta invoca; sirve de contraste con el centro católico al que Cristina se dirige.
Región confiada a la Fe, donde la Gentilidad acepta la invitación y acude simbólicamente al banquete, mostrando la expansión universal del cristianismo católico.
Ámbito al que va la Penitencia para convocar al Judaísmo; su función principal es mostrar el rechazo obstinado de este grupo a la invitación de la Sabiduría.
Región asignada a la Oración para llamar a la secta del falso profeta; representa otro espacio de universalización de la llamada, aunque sin respuesta favorable.
La acción culmina en el paso de la reina desde el luteranismo heredado a la fe católica, mediante estudio, auxilio divino, mediación política y solemne abjuración.
El auto insiste en que Cristo está real y verdaderamente presente en el sacramento del altar, y presenta la aceptación de esta verdad como punto decisivo del conflicto.
La Sabiduría convoca a pueblos, religiones y continentes enteros, mostrando a la Iglesia como casa abierta a todos, aunque no todos acepten entrar en ella.
La obra dramatiza la oposición frontal entre la Iglesia y la Herejía, entendida tanto como error doctrinal interior como poder histórico del Norte europeo.
Las dudas de Cristina sobre predestinación y elección se resuelven en una visión de la gracia como don gratuito que mueve sin anular la libertad humana.
Para participar dignamente en la mesa sagrada es necesaria la vestidura blanca de la penitencia, y el auto subraya la confesión pública y la absolución como pasos de integración plena.
Felipe de España y los dos brazos, seglar y eclesiástico, colaboran en la acogida de Cristina y en la expulsión final de la Herejía, mostrando la cooperación entre monarquía e Iglesia.
El desenlace y el canto final afirman que el misterio sacramental no se rige por la evidencia sensible, sino por la fe que acepta lo que los sentidos no alcanzan a percibir.