La acción comienza en Valladolid, en un ambiente urbano y militar dominado por el tono paródico. Un capitán llega con su compañía mientras doña Águeda y su criada Luisa observan desde un balcón. Entre equívocos, galanteos y palabras cruzadas, el capitán declara su interés amoroso por Águeda, y la conversación deriva pronto en una propuesta de fuga o robo amoroso, fórmula típica de la comedia que aquí aparece burlescamente exagerada. El padre de Águeda, don Pedro, entra en escena y, lejos de impedir con firmeza el lance, interviene de manera ambigua y ridícula, hasta el punto de dar a entender que consentirá o encauzará el rapto. También aparece Melchor, hermano de Águeda, estudiante y personaje jocoso, cuya presencia complica la situación con comentarios absurdos y malentendidos. En ese mismo núcleo doméstico se introduce Fátima, mora o cautiva llegada de Argel según se infiere del diálogo, cuya historia amorosa con un rey moro añade desde el principio un plano paralelo de enredos sentimentales y religiosos.
En el desarrollo de la trama, Águeda hace llegar al capitán una carta en la que se presenta como «la renegada de Valladolid» y le indica que vaya a robarla de noche. La escena nocturna se organiza como una farsa de preparativos, bandos, avisos y ocultamientos, con el padre, el hermano, la criada y Fátima participando de un modo u otro en el enredo. Cuando el capitán acude a efectuar el robo, la casa se llena de interrupciones, papeles descubiertos, celos y presencias escondidas. El honor familiar, que en una comedia seria sería el centro del conflicto, aparece aquí tratado de manera burlesca, pues todos hablan de él mientras contribuyen al desorden. Finalmente, el rapto se consuma de manera confusa y aparatosa, y el final de esta primera gran secuencia conduce a un desplazamiento de la acción. En la segunda jornada, tras una tormenta y un naufragio, los personajes aparecen en la costa de Berbería, probablemente en el entorno de Bugía o Argel, donde las relaciones previas se reordenan: Águeda queda vinculada al rey Muley, Fátima reclama a ese mismo rey como esposo suyo, y el capitán, Melchor y los demás cristianos quedan envueltos en cautiverios, rivalidades y nuevos cambios de lealtad.
Ya en tierras norteafricanas, la obra multiplica los equívocos amorosos y las inversiones cómicas. Muley se enamora de Águeda y la favorece, mientras Fátima, celosa y guerrera, intenta recuperarlo y combatir el ascendiente de la cristiana. El capitán mantiene su relación con Águeda, aunque ahora en un marco de servidumbre, vigilancia y alianzas inestables; Melchor interviene como estudiante fanfarrón y paródico, y don Pedro sigue ejerciendo una autoridad paterna desajustada e ineficaz. En la tercera jornada se prepara la boda de Águeda con Muley, pero el enlace no resuelve nada: el padre, el capitán y otros personajes disputan aún sobre quién tiene mejor derecho sobre ella, y la exigencia de renegar se convierte en un motivo central tratado en clave de disparate. Mientras tanto, se urde una salida por mar hacia España con ayuda del rey o a su amparo, según dejan entrever los pasajes conservados, y el desenlace muestra un embarque precipitado en el que Águeda y varios cristianos parten en un batel o nave, dejando atrás a Muley y a Fátima entre lamentos y desconcierto. La obra concluye así con una fuga marítima, la separación de las parejas y un cierre deliberadamente caótico, propio de la comedia burlesca, en el que la peripecia amorosa, el cautiverio y la apostasía fingida o amenazada quedan resueltos más por el disparate escénico que por una restauración solemne del orden.