La Muerte
Figura central del entremés, presentada como bailarina y alguacil que viene a sacar del mundo a quienes sobran en él, auxiliada por enfermedades personificadas.
Luis Quiñones de Benavente
摘要发布日期: 2026年6月18日
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un marco alegórico y festivo, probablemente concebido para el final de una representación, la Muerte entra a bailar como alguacil del mundo y anuncia que expulsará de la tierra a quienes viven de modo inútil o desordenado. La acción se desarrolla sobre todo en el espacio simbólico del mundo y de la plaza de la vida, donde desfilan tipos satirizados, como el avaro, el que arruina su hacienda en una casa, el hombre afeminado, el viejo desposado con una muchacha y otros personajes marcados por enfermedad o vicio. El desenlace subraya que la Muerte iguala a todos, desde la juventud hasta la vejez y desde los palacios hasta las chozas, mientras la comicidad final convierte incluso el baile en víctima de esa fuerza universal.
El entremés se abre con un anuncio dirigido a los representantes del mundo: al final de la jornada sale la Muerte a bailar. Desde el comienzo se plantea una visión festiva y burlesca de la muerte, asociada al ensayo en casa del Sueño y acompañada por la campana y el sacristán. Entra entonces una figura femenina que se identifica con el mundo por su variedad e inconstancia, y a continuación aparece la Muerte como una especie de alguacil de la tierra, encargada de expulsar de este mundo a quienes sobran en él o no aprovechan su vida. La Muerte declara que trae consigo las enfermedades como agentes que apresan a los hombres y los llevan a la otra vida, de modo que el baile se convierte en una alegoría del fin humano y en una justicia que alcanza a todos los mal entretenidos.
A partir de ese planteamiento, la pieza encadena varios ejemplos satíricos de personas censuradas por su conducta, a quienes la Muerte va llamando mediante enfermedades personificadas. Primero se presenta al rico avaro que, teniendo renta suficiente, sigue trabajando duramente en la siega por no pagar a un jornalero; después aparece quien ha gastado toda su hacienda en construir una casa y confía vanamente en la cal y la arena. A continuación se ridiculiza al hombre afeminado y artificioso, que se adorna con afeites y modales impropios según la norma social que el texto presupone; luego se reprende al anciano que se casa con una muchacha de quince años, unión vista como desorden contra naturaleza. También se alude al pendenciero que provoca heridas para obtener provecho al abandonar el pleito, y al cirujano cuya práctica se presenta con ironía. Cada caso va acompañado de un mandato de salir de la tierra, de manera que la danza de la Muerte selecciona y expulsa tipos viciosos o ridículos del mundo.
En la parte final, la Muerte se sitúa en la plaza de la vida y proclama que iguala palacios y chozas, afirmando así su poder universal. Se menciona una muerte temprana de quince años y se llama a una hermosura liviana, moza loca, cuyo atractivo juvenil no puede resistirse al paso del tiempo ni al poder de la Muerte; frente a la confianza de la mocedad, la obra recuerda que la edad festiva de hoy pronto se convierte en lamento funerario. Después varias mujeres enuncian, en tono de burla, causas frívolas de muerte vinculadas a las galas, el guardainfante o el deseo de ocultar las canas. El remate convierte el propio baile en objeto del chiste final: la Muerte muere por bailar, y todos lamentan que se mueran los bailes sin redención. Así, la pieza concluye mezclando comicidad escénica, sátira moral y la idea de que la muerte alcanza por igual a todos los estados y obsesiones humanas.
Figura central del entremés, presentada como bailarina y alguacil que viene a sacar del mundo a quienes sobran en él, auxiliada por enfermedades personificadas.
Personaje alegórico figurado en una mujer, que representa la variedad e inconstancia de la vida terrena y sirve de marco para la intervención justiciera de la Muerte.
Agentes de la Muerte, como tabardillo, pesadumbre, mal de ojo, mal de ijada y cirujano, que ejecutan la expulsión de distintos tipos humanos ridiculizados en la pieza.
Conjunto de figuras sociales de gran importancia funcional: el rico avaro que sigue segando, el que malgasta su hacienda en una casa, el hombre excesivamente afeitado y afeminado, el viejo casado con una niña y el pendenciero oportunista.
Grupo de voces femeninas que intervienen en el cierre para asociar la muerte con la vanidad de las galas, el guardainfante y el encubrimiento de la edad.
Figuras evocadas al principio como acompañamiento sonoro y funerario de la danza de la Muerte, importantes para fijar el tono ritual y burlesco de la pieza.
Espacio alegórico principal donde la Muerte actúa como alguacil y del que expulsa a quienes considera sobrantes o mal aprovechados.
Lugar simbólico mencionado de forma explícita en la parte final, donde la Muerte afirma su poder de igualar a todos los estados sociales.
Destino al que la Muerte envía a los personajes apresados, contrapuesto al mundo terrenal del que son arrancados.
Ámbito sugerido por el pie de altar, el sacristán, la campana y el sepolturero, que refuerza la dimensión ritual y mortuoria del entremés.
Espacio mencionado al inicio como lugar donde la Muerte habría ensayado su baile, con función introductoria y simbólica, cercana al descanso y al tránsito hacia la muerte.
La obra insiste en que la Muerte alcanza a todos sin distinción y puede igualar palacios y chozas, juventud y vejez, riqueza y pobreza.
El entremés ridiculiza conductas como la avaricia, la ostentación, el matrimonio desigual por edad, la afectación corporal y el aprovechamiento interesado de los conflictos.
La pieza convierte la muerte en un baile escénico y musical, mezclando lo funerario con lo festivo para producir un efecto cómico y alegórico.
El pasaje final recuerda que la belleza, la mocedad y las esperanzas vitales son pasajeras y no pueden resistirse al paso del tiempo ni a la muerte.
Las referencias a galas, guardainfantes, afeites y ocultación de las canas presentan el cuidado excesivo de la apariencia como objeto de burla y de censura moral.