Manfredo
Caballero napolitano y principal motor de la acción; se enamora de Isabela, entra disfrazado de moro en casa de Felino, la rescata de la bóveda cuando todos la creen muerta y luego litiga por su segundo matrimonio.
Lope de Vega Carpio o Francisco de Rojas Zorrilla
摘要发布日期: 2026年6月18日
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Sicilia de la obra, probablemente Palermo, el napolitano Manfredo se enamora de Isabela al verla salir de la iglesia y entra disfrazado de moro en casa de su padre para cortejarla, mientras se prepara su boda con Leandro. El enlace se complica por la reclamación de Horacia, antigua prometida de Leandro, pero la familia logra celebrar la boda y, poco después, Isabela cae en un desmayo tenido por muerte, es enterrada y Manfredo la rescata viva de la bóveda. Tras huir con ella a Nápoles y casarse de nuevo, se abre un pleito ante el príncipe sobre cuál matrimonio vale, y la sentencia final decide que Isabela seguía siendo esposa de Leandro porque en realidad no había muerto.
La acción se inicia en Sicilia, probablemente en Palermo, a la salida de la iglesia, donde Manfredo, caballero napolitano venido de Nápoles y empobrecido, ve a Isabela, hija única del noble Felino, y queda inmediatamente enamorado de ella. Con la ayuda de su criado y amigo Belardo, averigua quién es la dama y decide introducirse en su casa mediante un engaño: se hace pasar por moro bajo el nombre de Azén y simula venir a rescatar al esclavo turco Celín, que sirve en la casa. Esta traza le permite entrar en el espacio doméstico de Felino y hablar con Isabela. Mientras tanto, se prepara para ella un matrimonio concertado con Leandro, joven noble del entorno familiar. Isabela, aunque siente inclinación por el forastero que vio en la iglesia, obedece a su padre y da el “sí” al enlace con Leandro. Cuando Manfredo logra declararle su amor en secreto, ella reconoce de manera cauta que ha pensado en él, pero le advierte que ya ha dado palabra de casamiento y que cualquier remedio depende de si aún pudiera deshacerse ese compromiso.
En la segunda jornada, el conflicto cambia de rumbo por la intervención de Horacia, mujer de condición más humilde con la que Leandro había mantenido una relación y a quien había prometido casarse. En plena iglesia, cuando iba a formalizarse el matrimonio de Leandro e Isabela, Horacia presenta cédula y firma y consigue impedirlo temporalmente. Este inesperado pleito da nueva esperanza a Manfredo y permite que Isabela vuelva a hablar con él de noche en el jardín; sin embargo, ella insiste en que su honor le impide huir abiertamente. Felino y Camilo, padre de Leandro, buscan entonces acallar a Horacia con dinero y conciertan con rapidez la boda, que termina celebrándose esa misma noche. Manfredo, desesperado, se descubre en la casa, proclama su verdadero nombre y su amor por Isabela, pero no logra impedir el enlace. Poco después de consumado el desposorio, Isabela cae en un desmayo tan profundo que médicos y familiares la creen muerta. Su cuerpo es llorado por su padre y por Leandro, y finalmente es enterrado en una bóveda dentro de una iglesia, mientras Manfredo, refugiado también en el templo, asiste con dolor extremo a las exequias.
En la tercera jornada, Manfredo, convencido de que Isabela murió por amor o por el conflicto de honor en que se vio envuelta, decide abrir la bóveda para besarla por última vez. Al sacarla en brazos, descubre que conserva calor y, entre sus lamentos y caricias, Isabela revive. Aprovechando la ocasión, Manfredo la lleva consigo y ambos huyen por mar a Nápoles, acompañados por Fulgencia, Celín y Belardo. Allí, Manfredo consulta con prudencia si puede casarse con ella, dado que había sido esposa de Leandro; concluye que, habiendo mediado muerte y entierro, el primer vínculo habría quedado disuelto, y contraen matrimonio. Entretanto, Leandro, que había ido a Nápoles intentando olvidar su pérdida, cree verla viva en una iglesia y denuncia el caso ante el príncipe Roberto. Se abre entonces el pleito que da título a la comedia: los padres de ambos jóvenes, juristas los dos, defienden ante el príncipe si el matrimonio con Leandro subsiste o si la muerte de Isabela lo extinguió y la dejó libre para nuevas bodas. Finalmente, el gobernador y el príncipe fallan que, puesto que Isabela nunca perdió realmente el alma ni la vida, el primer matrimonio siguió siendo válido; por ello ordenan que vuelva con Leandro. Manfredo pierde así a Isabela, aunque el príncipe lo absuelve de culpa y le promete reparación honrosa en la corte.
Caballero napolitano y principal motor de la acción; se enamora de Isabela, entra disfrazado de moro en casa de Felino, la rescata de la bóveda cuando todos la creen muerta y luego litiga por su segundo matrimonio.
Hija de Felino y centro del conflicto amoroso y jurídico; siente inclinación por Manfredo, obedece a su padre al casarse con Leandro, es dada por muerta tras un desmayo y revive después de ser enterrada.
Joven noble elegido por Felino como marido para Isabela; había prometido casarse con Horacia, llega a ser esposo de Isabela y, al descubrirla viva en Nápoles, reclama judicialmente la validez de su primer matrimonio.
Padre de Isabela, noble siciliano y dueño de la casa donde se desarrolla buena parte de la intriga; concierta la boda de su hija y participa en las gestiones para neutralizar la reclamación de Horacia.
Criado, amigo y confidente de Manfredo; le ayuda a identificar la casa de Isabela, a urdir el disfraz y a acompañarlo en los momentos decisivos de la trama.
Mujer agraviada por Leandro, con quien tenía promesa de matrimonio; su intervención en la iglesia desencadena el pleito que retrasa la boda y altera el curso de la acción.
Padre de Leandro y jurista; sostiene ante el príncipe la defensa del primer matrimonio de su hijo con Isabela.
Esclavo turco de la casa de Felino; coopera con Manfredo en el engaño del falso rescate y luego interviene en la huida hacia Nápoles.
Criada y confidente de Isabela; conoce sus sentimientos, media en los encuentros secretos y participa después en la fuga.
Escudero viejo de la casa de Felino; figura vigilante y desconfiada que dificulta los movimientos de los enamorados y añade resistencia cómica a la intriga.
Espacio central de la intriga amorosa en Sicilia; allí Manfredo entra disfrazado, habla con Isabela, se prepara la boda y se producen los encuentros secretos en el jardín.
Lugar decisivo al comienzo y en el nudo de la acción; allí Manfredo ve por primera vez a Isabela, allí Horacia impide el matrimonio y allí se deposita después el cuerpo de Isabela en la bóveda funeraria.
Espacio clave del giro argumental; en ella Isabela es enterrada por error y de allí la saca Manfredo, provocando su recuperación y la fuga posterior.
Ciudad de origen de Manfredo y escenario de la última parte de la obra; allí llegan los fugitivos, se celebra el segundo matrimonio y se ventila el pleito final.
Marco de la resolución judicial; en este espacio cortesano se examina el caso y se dicta la sentencia definitiva sobre la validez de los matrimonios.
Espacio de tránsito fundamental para la huida de Manfredo e Isabela y para el paso de la acción desde el conflicto amoroso al litigio jurídico.
La obra convierte un conflicto amoroso en un caso legal sobre si la muerte aparente de Isabela disuelve o no su matrimonio con Leandro y permite unas segundas nupcias.
El amor de Manfredo impulsa disfraces, engaños, irrupciones nocturnas, rescates y fugas, y determina casi todos los movimientos de la trama.
Isabela actúa condicionada por la honra y por la autoridad de su padre, lo que explica su resistencia a huir y su aceptación inicial del matrimonio concertado.
El desmayo de Isabela, tomado por muerte verdadera, desencadena entierro, duelo y una recuperación extraordinaria que modifica por completo la situación de los personajes.
La acción se sostiene en fingimientos como el disfraz moro de Manfredo, el falso rescate de Celín y las entradas encubiertas en la casa de Felino.
Horacia representa el daño causado por la palabra amorosa incumplida, mientras los celos de varios personajes provocan conflictos, amenazas y decisiones extremas.