La obra se abre en Segovia, en un ambiente cortesano dominado por el poder del conde don Juan, hijo del privado del rey. El conde se enamora de Teodora, una mujer humilde vinculada amorosamente con Pedro Alonso, tejedor de oficio. Cegado por el deseo y los celos, entra de noche en la casa de Teodora acompañado de Fineo y provoca una violenta escena con Pedro Alonso, que defiende su honra y la de la mujer con gran entereza. El enfrentamiento acaba con muertos y con la intervención de la justicia, favorecida por la posición del conde. Paralelamente se insinúa otro conflicto: Garcerán de Molina ha sido preso por causa que parece encubrir la rivalidad amorosa del conde en torno a Clariana, aldeana de extraordinaria hermosura. En la cárcel, Pedro Alonso muestra una valentía extraordinaria, traba amistad con Garcerán y organiza una fuga colectiva entre los presos. Para lograrla se hiere a sí mismo, pasa a la enfermería y, con enorme fuerza y resolución, rompe sus prisiones y guía la evasión. Tras escapar, se refugia con Teodora y varios compañeros en casa del embajador, donde concluye que Segovia ya no es segura y propone retirarse a la sierra de Guadarrama, reuniendo a delincuentes y fugitivos bajo su mando para sobrevivir fuera de la ley.
En la segunda jornada Pedro Alonso se convierte en capitán de una cuadrilla de bandoleros en Guadarrama. Organiza con inteligencia militar a sus hombres, distribuye las escuadras por la sierra y establece un refugio común en las alturas, donde Teodora permanece fiel a su lado. Aunque vive ahora como salteador, el protagonista conserva un sentido del honor que se manifiesta cuando perdona la vida a un alguacil capturado. Mientras tanto, el conde persiste en su conducta caprichosa y, por medio de Chichón, antiguo criado del tejedor, intenta prender a Pedro Alonso y a Teodora mediante engaño. Chichón, movido por la codicia y por las promesas del conde, logra atraerlos a una celada y ambos son capturados; sin embargo, Pedro Alonso consigue soltarse en una venta, mata o hiere a sus guardianes y huye. Poco después, en una aldea cercana, la cuadrilla asalta la casa de Clariana y allí se produce una gran revelación: la supuesta villana es en realidad doña Ana Ramírez, hija de Beltrán Ramírez y hermana de Fernando Ramírez, ambos víctimas de una antigua conjura cortesana. Doña Ana confiesa que el conde la sedujo con promesa de matrimonio, que tuvo que fingir su muerte para preservar su honra y que desde entonces vive oculta bajo nombre y traje rústicos. Pedro Alonso, que la escucha, decide proteger su honor y ofrecerle remedio. Garcerán, enamorado de ella, también renuncia a cualquier acción indigna y se alía con Pedro Alonso. A continuación, Chichón vuelve a traicionar a su antiguo amo y colabora en una segunda emboscada en la sierra, gracias a la cual el conde prende otra vez a Pedro Alonso y recupera a Teodora.
La tercera jornada conduce al desenlace. Pedro Alonso vuelve a liberarse, mientras el conde, recluido en una quinta de recreo, retiene a Teodora e intenta vencerla mezclando amenaza y seducción. Teodora aparenta rendirse para salvar a su amado, engaña al conde en el momento decisivo y facilita la huida de Pedro Alonso, prueba definitiva de su firmeza. Después, Pedro Alonso y su gente irrumpen en la quinta, obligan al conde a reconocer a doña Ana como esposa legítima y, una vez a solas con él, el tejedor revela su verdadera identidad: no es otro que Fernando Ramírez, dado por muerto años atrás. Entonces explica cómo escapó a la persecución tras la caída de su padre, cómo fingió su muerte con un cadáver ajeno y cómo vivió oculto en Segovia bajo el nombre de Pedro Alonso y el oficio de tejedor. Don Juan muere a manos de Fernando, confesando antes que él y su padre habían levantado falso testimonio contra Beltrán Ramírez. La acción se traslada finalmente al contexto de la guerra contra los moros que amenazan el puerto de Guadarrama: Fernando y su cuadrilla combaten por el rey y resultan decisivos para la victoria castellana. Ante el monarca se descubre toda la verdad, el rey reconoce el valor y la lealtad de Fernando, perdona y premia a sus hombres, restituye el honor de la familia Ramírez y confirma los enlaces finales: Teodora queda unida legítimamente a Fernando y doña Ana a Garcerán, con lo que la obra cierra la cadena de agravios, venganzas y reparaciones.