Demetrio
Príncipe legítimo de Moscovia, nieto del gran duque y luego heredero perseguido por Jacobo; sobrevive oculto, busca restaurar su reino y termina recuperando su posición.
Agustín Moreto y Cavana, Luis de Belmonte Bermúdez y Antonio Martínez de Meneses
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la corte de Moscovia, tras la muerte del gran duque, el niño Demetrio es nombrado heredero, pero su tío Jacobo usurpa el poder e intenta matarlo, mientras el ayo Filipo lo salva y lo saca del palacio durante la noche. Diez años después, el príncipe vive perseguido y oculto entre bosques, conventos y jardines de Polonia; allí ama a Margarita, es confundido con un impostor y acaba preso cuando reaparece el retrato que prueba su antigua relación con la familia real. Reconocido finalmente por Filipo y apoyado por Ladislao y Margarita, Demetrio vuelve a reclamar su reino, libera a su padre Juan Basilio, derrota a Jacobo y restablece en Rusia la legitimidad dinástica junto con la unión matrimonial de ambos príncipes.
En la corte del Gran Duque de Moscovia y emperador de Rusia y Tartaria se vive la agonía del monarca, preocupado por la sucesión. Su hijo Juan Basilio, heredero natural, es tenido por incapaz a causa de su simpleza, aunque a veces pronuncia agudezas que contrastan con su comportamiento desordenado; por ello, las esperanzas del reino se depositan en el niño Demetrio, nieto del soberano, educado por su ayo Filipo. Junto a esta situación se despliegan proyectos matrimoniales de alcance político: Ladislao, príncipe de Polonia, ha venido a concertar su boda con Elena, hija de Jacobo Mauricio, primo del duque, y la de su hermana Margarita con Demetrio. Cuando muere el anciano soberano, se abre el testamento y se confirma que, por la incapacidad de Juan Basilio, Demetrio debe ser proclamado sucesor, quedando Jacobo como gobernador durante la minoridad del príncipe. Esa decisión despierta la ambición de Jacobo, que inmediatamente planea la muerte del niño para adueñarse del poder. Para ejecutar el crimen busca la complicidad de Filipo, pero este, leal a su discípulo, finge obedecer y prepara en secreto la huida del príncipe. Durante la noche, saca a Demetrio del palacio y hace creer a Jacobo que va a matarlo, cuando en realidad lo salva y se destierra con él.
La segunda jornada transcurre diez años después. Jacobo, convencido de la muerte del heredero, ha usurpado el trono y reina tiránicamente, mientras Filipo mantiene oculto a Demetrio, ya mozo, esperando ocasión de restaurarlo. Descubierta por una carta la intención del príncipe de declararse y buscar apoyos en Alemania, Jacobo manda prender a Filipo y cercar la quinta donde cree tenerlo, pero un amigo avisa al ayo y este logra escapar con Demetrio y con el gracioso Pepino. En su fuga, Filipo se separa de ellos para no comprometerlos más, y los dos jóvenes buscan refugio en un convento de San Francisco disfrazados de frailes. Antes, Demetrio socorre a una dama cuyo coche se despeña y reconoce en ella a Margarita, a quien amaba desde niño por el retrato que le habían mostrado; sin embargo, no se da a conocer y se presenta como “el perseguido”. Jacobo, que sospecha que Demetrio vive, llega también al convento, casi lo descubre y ordena en secreto la muerte de los falsos religiosos, por lo que Demetrio y Pepino huyen de nuevo y pasan a Polonia, ocultos como jardineros en los jardines de Belflor. Allí Margarita, entristecida por la supuesta muerte de Demetrio, trata con el desconocido jardinero, admirada de su nobleza y de la agudeza con que compara el gobierno de un jardín con el de un reino. La pérdida del retrato de Margarita provoca un nuevo peligro: al hallarse la joya en poder de Demetrio, Ladislao sospecha que puede haber una relación con el príncipe desaparecido y ordena prender a los dos supuestos jardineros.
En la tercera jornada, llevados a palacio, Demetrio sigue sin ser creído del todo, pues Jacobo ha enviado avisos para desacreditarle; sin embargo, Margarita conversa a solas con el prisionero y, movida por la piedad y el amor, escucha su revelación. Demetrio le cuenta su historia y, llamado luego Filipo, este lo reconoce públicamente, con lo que Ladislao se convence por fin de su identidad. El rey de Polonia, junto con Margarita, decide entonces amparar su causa, vestirlo conforme a su rango y darle tropas para recuperar Moscovia. Entretanto, Jacobo tiene preso a Juan Basilio en una torre, pero Margarita ha favorecido secretamente su liberación. Demetrio llega a la prisión, se reencuentra con su padre y descubre que el sufrimiento lo ha vuelto cuerdo y prudente; ambos se reconcilian, y Juan Basilio rehúsa quitarle el reino a su hijo, mientras Demetrio, por justicia filial, se niega también a usurpar el laurel de su padre. Finalmente, las armas polacas y los partidarios legítimos se enfrentan a Jacobo; Juan Basilio vuelve a ser aclamado y Demetrio combate con valentía hasta reducir al usurpador. Cuando Jacobo, herido, se rinde, Demetrio intenta perdonarlo por atención a Margarita, pero el triunfo de la causa legítima pone fin a su poder. Se restablece el orden político, Ladislao cumple el enlace concertado con Elena, Demetrio recibe la mano de Margarita y se anuncia así la restauración del príncipe perseguido, premiándose la lealtad de Filipo y de Pepino.
Príncipe legítimo de Moscovia, nieto del gran duque y luego heredero perseguido por Jacobo; sobrevive oculto, busca restaurar su reino y termina recuperando su posición.
Primo del difunto gran duque y gobernador durante la minoridad de Demetrio; movido por la ambición, intenta asesinar al heredero y usurpa el poder.
Ayo y maestro de Demetrio; figura central de la lealtad, pues engaña a Jacobo, salva al príncipe niño, lo cría escondido y finalmente acredita su identidad.
Hijo incapaz del gran duque y padre de Demetrio; al principio aparece como príncipe simple, pero el sufrimiento lo devuelve a la cordura y acaba reconciliado con su hijo.
Hermana de Ladislao y prometida de Demetrio; su amor constante por el príncipe la lleva a favorecer su causa y a intervenir decisivamente en su reconocimiento y restauración.
Príncipe y después rey de Polonia; hermano de Margarita, primero duda de Demetrio, pero acaba prestándole ayuda militar y política contra Jacobo.
Criado gracioso que acompaña a Filipo y a Demetrio en la huida; aporta alivio cómico y participa en los disfraces, fugas y peripecias del príncipe.
Hija de Jacobo y prometida de Ladislao; su boda forma parte de la política dinástica que acompaña al conflicto principal.
Espacio inicial de la sucesión dinástica, de la muerte del gran duque, de la proclamación de Demetrio y del comienzo de la usurpación de Jacobo.
Ámbito móvil de persecución y destierro donde Filipo conduce a Demetrio fuera del alcance del usurpador y donde se manifiesta la precariedad del príncipe.
Lugar de refugio provisional donde Demetrio y Pepino se disfrazan de frailes; allí casi son descubiertos y la persecución se intensifica.
Espacio cortesano y pastoril donde Demetrio vive oculto como jardinero, trata con Margarita y pierde el retrato que desencadena su prisión.
Lugar del encarcelamiento, de las averiguaciones sobre la identidad del héroe y del reconocimiento definitivo de Demetrio con ayuda de Margarita y Filipo.
Espacio de reclusión del padre de Demetrio, fundamental para la reconciliación familiar y para mostrar la transformación moral de Juan Basilio.
Escenario final donde se decide por las armas la restitución del poder legítimo y cae la tiranía de Jacobo.
La acción gira en torno al derecho de Demetrio al trono frente a la ambición de Jacobo, que manipula la minoridad del príncipe para apropiarse del reino.
El protagonista pasa de heredero proclamado a fugitivo oculto en diversos lugares, hasta que consigue volver y recuperar su estado.
La fidelidad de Filipo sostiene toda la trama, y también se valora en personajes menores como Pepino y en quienes finalmente reconocen al príncipe legítimo.
Las relaciones entre Demetrio y Margarita, y entre Ladislao y Elena, enlazan los afectos personales con los pactos entre casas y reinos.
Juan Basilio, tenido por incapaz, alcanza lucidez a través de la prisión y la afrenta, mientras Demetrio madura durante los años de adversidad.
La obra se apoya en fingimientos, retratos, nombres encubiertos y cambios de traje que retrasan el reconocimiento del príncipe y articulan la intriga.