Don Juan de Castro
Protagonista de la obra, noble español e hijo del príncipe de Galicia; socorre a Lidoro, llega a Inglaterra, se enamora de Clarinda, defiende su libertad y termina venciendo gracias al auxilio del muerto agradecido.
Luis de Belmonte Bermúdez, Francisco de Rojas Zorrilla y Pedro Calderón de la Barca
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Tras un naufragio en la costa de Plemúa, don Juan de Castro paga la deuda espiritual de Lidoro y le da sepultura, mientras en Inglaterra se agrava la disputa sucesoria entre la reina Clarinda y Roberto, príncipe de Irlanda. Llegado a Londres, don Juan defiende a Clarinda en medio de motines, es apresado y condenado, pero un auxilio misterioso lo libera; después entra disfrazado en palacio, se enamora de la reina y acepta dirigir su causa contra Roberto. Durante el asedio final de Londres, don Juan parece perderlo todo, pero el difunto Lidoro vuelve de forma prodigiosa para pagar el beneficio recibido, derrota a Roberto y asegura a don Juan la mano de Clarinda y el reino de Inglaterra.
La obra comienza con un naufragio en la costa de Plemúa, adonde llega roto el bajel que traía a Roberto, príncipe de Irlanda, para concertar sus bodas con Clarinda, reina de Inglaterra. En la playa, don Juan de Castro presencia la muerte de Lidoro, su padre, y oye cómo el moribundo pide auxilio espiritual porque muere excomulgado por una deuda. Roberto, a quien Lidoro había salvado del mar, se niega cruelmente a socorrerlo y rehúsa costear su entierro, pero don Juan, también recién salvado del naufragio y acompañado por su criado Bonete, se apiada del desconocido, paga con sus joyas los tres mil escudos que debía Lidoro, consigue que se levanten las censuras y carga él mismo con el cadáver para darle sepultura. El hijo de Lidoro, Tibaldo, queda desde entonces agradecido y se une a don Juan. Paralelamente, en Londres, Clarinda manifiesta a Rosaura su rechazo hacia Roberto: no quiere casarse con él ni admitir la pretensión de que, por ser varón y pariente del rey difunto, herede el reino. Cuando llegan noticias contradictorias sobre la supuesta muerte y posterior llegada de Roberto, se desencadena un conflicto político entre los partidarios de la reina y los del príncipe; Clarinda y Roberto salen a calmar el motín, y en esa agitación don Juan, movido por la justicia de la causa de Clarinda, interviene en favor de la reina, pero, al no ser reconocido y hallarse el bando en vigor, es prendido como sedicioso y condenado a muerte.
En la segunda jornada, don Juan permanece preso con Bonete y Tibaldo, mientras se muestra decepcionado por la ingratitud de Arnesto, a quien había salvado en el tumulto y que apenas lo visita. Arnesto le comunica finalmente que Clarinda lo ha sentenciado a morir, pues cree que tomó partido por Roberto, y se niega a interceder por él por temor y egoísmo. Sin embargo, en la noche entra en la prisión un misterioso protector que se declara “el mayor amigo” de don Juan, afirma venir de parte de un príncipe al que él favoreció con su acción pasada y le da la libertad, prometiéndole asistencia futura; el pasaje conserva deliberadamente el enigma, aunque luego se sugiere que el verdadero beneficiado es el difunto Lidoro. Ya libre, don Juan descubre además que por Londres circulan carteles firmados con su nombre y su linaje, en los que se desafía a Roberto y se proclama que él es quien mejor puede defender la libertad y hermosura de Clarinda. Gracias a un nuevo auxilio secreto obtiene ricas galas y entra disfrazado en un sarao de palacio celebrado por el cumpleaños de la reina. Allí se suceden reconocimientos parciales, celos y equívocos: Roberto cree ver en él a un rival, Clarinda se siente atraída por el desconocido y, al hablar a solas con don Juan en el jardín, descubre que es el español preso, noble hijo del príncipe de Galicia, fugitivo de su patria por haber resistido los deseos deshonestos de su madrastra. Entre ambos nace una alianza amorosa y política: Clarinda, amenazada por Roberto, pide a don Juan que capitanée sus huestes y defienda su reino; él acepta servirla y espera merecer, si vence, no sólo la corona sino también su mano. Pero de inmediato Roberto y Arnesto preparan una emboscada. Mediante un engaño con la voz de la reina, apartan a don Juan y atacan en la oscuridad a quien creen que es él; Clarinda cree verlo morir a manos de Roberto, aunque poco después reaparece vivo el verdadero don Juan, lo que aumenta el carácter enigmático y casi prodigioso de la intriga.
La tercera jornada muestra las consecuencias bélicas de ese conflicto. Roberto ha puesto sitio a Londres por mar y por tierra, ayudado por Arnesto, y pretende rendir la ciudad por hambre. Clarinda sale a parlamentar con él y le ofrece entregarle la corona para salvar a su pueblo, a condición de conservar su libertad personal y abandonar el reino; Roberto rechaza o dificulta el acuerdo, y entonces aparece de nuevo don Juan como general de Clarinda, desafiándolo abiertamente. Se libra la batalla, pero la suerte es adversa: don Juan resulta herido al intentar abrir una salida para que escape la reina; Clarinda cae prisionera y, cuando él vuelve hacia la ciudad, los suyos lo reciben como cobarde porque creen que ha regresado sin ella. En ese momento de ruina total, cuando parece haber perdido honor, amor y reino, se manifiesta por fin el auxilio sobrenatural del “mejor amigo”: una fuerza prodigiosa sacude la noche, los elementos parecen militar contra Roberto y se revela Lidoro, ya muerto, al frente de un ejército maravilloso. El difunto explica que combate en favor de quien pagó su deuda y le dio sepultura sagrada, y entrega a los pies de don Juan a Roberto vencido, a Clarinda libre y a Arnesto rendido. Se cumple así la palabra del amigo agradecido más allá de la muerte: Clarinda queda prometida a don Juan, que obtiene en paz el reino de Inglaterra, mientras Arnesto recibe la vida como castigo de su ingratitud. El desenlace confirma que la caridad de don Juan hacia un muerto desamparado es la causa de su salvación final y da sentido al título, pues el amigo más fiel resulta ser precisamente el muerto a quien favoreció en la playa.
Protagonista de la obra, noble español e hijo del príncipe de Galicia; socorre a Lidoro, llega a Inglaterra, se enamora de Clarinda, defiende su libertad y termina venciendo gracias al auxilio del muerto agradecido.
Reina de Inglaterra, heredera del reino y opuesta a casarse por fuerza con Roberto; pasa del recelo inicial a confiar en don Juan y le encomienda la defensa de su corona y de su libertad.
Príncipe de Irlanda y pretendiente de Clarinda, presentado como soberbio y cruel; aspira a la corona inglesa por su parentesco y por la guerra, niega piedad a Lidoro y acaba derrotado.
Padre de Tibaldo, náufrago que muere excomulgado por deudas; don Juan paga por él y le da sepultura, y luego su espíritu o figura prodigiosa retorna como el verdadero “mejor amigo” para recompensarlo.
Hijo de Lidoro, agradecido servidor de don Juan desde que éste honra a su padre; acompaña al protagonista en sus trabajos y participa en las peripecias de prisión y guerra.
Criado de don Juan, figura cómica que acompaña a su amo desde el naufragio, comenta con humor el hambre, la pobreza, la prisión y los peligros de la campaña.
Caballero o cortesano vinculado a Roberto, salvado previamente por don Juan; su ingratitud lo lleva a no interceder por él, a unirse al enemigo y a participar en sus intrigas.
Dama de Clarinda y confidente de la reina; interviene en las conversaciones íntimas, en la transmisión de noticias y en los episodios palaciegos del conflicto.
Centro político de la acción inglesa, donde se desarrollan el conflicto sucesorio, los motines populares, la prisión de don Juan, el sarao de palacio y, finalmente, el asedio de Roberto.
Espacio inicial del naufragio, donde muere Lidoro, Roberto muestra su crueldad y don Juan realiza la acción piadosa que determina todo el desenlace posterior.
Lugar de gobierno y de intriga cortesana, escenario de las entrevistas entre Clarinda y Roberto, del baile o festín nocturno y de varios reconocimientos y engaños decisivos.
Espacio de encierro de don Juan, Bonete y Tibaldo, donde se consuma la condena a muerte, se revela la ingratitud de Arnesto y aparece el misterioso amigo libertador.
Ámbito semiprivado donde Clarinda y don Juan hablan a solas, se descubren mutuamente y sellan su alianza amorosa y militar, aunque también allí se prepara la emboscada de Roberto.
Espacio bélico de la tercera jornada, con las líneas de sitio por mar y tierra, las salidas de Clarinda y don Juan y la intervención sobrenatural final que decide la guerra.
La obra muestra que el beneficio hecho a Lidoro no se pierde, sino que vuelve de forma extraordinaria cuando el muerto recompensa a don Juan y se convierte en su más fiel amigo.
El conflicto nace de la necesidad de pagar una deuda, levantar una excomunión y dar sepultura sagrada a un muerto desamparado, deberes que don Juan cumple frente a la dureza de Roberto.
Gran parte de la acción gira en torno a quién debe gobernar Inglaterra, si Clarinda como heredera de su padre o Roberto por su condición masculina y su parentesco dinástico.
Clarinda rechaza ser obligada a casarse por razones de Estado o de fuerza, y la trama contrapone el amor merecido por don Juan a la pretensión violenta de Roberto.
Frente a la gratitud perfecta de Lidoro, Arnesto encarna al beneficiado ingrato que niega ayuda a quien lo salvó, de modo que la obra contrapone conductas y castigos de forma explícita.
Los personajes actúan constantemente bajo la presión del honor personal y público, especialmente don Juan y Clarinda, que prefieren arriesgar vida y reino antes que aceptar la deshonra.
La obra insiste en las mudanzas de la fortuna —naufragios, prisiones, derrotas y reconocimientos—, pero su desenlace sugiere que una justicia superior recompensa finalmente la caridad y la lealtad.