Siquén
Tío de Leví y principal responsable humano del sacrilegio; invoca a Luzbel, organiza el robo y hiere la hostia, pero acaba convertido y promete sus bienes a la iglesia de San Segundo.
Tirso de Molina
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Segovia, durante la fiesta del Corpus Christi, Siquén y Leví, instigados por Luzbel, planean vengarse de los cristianos robando una hostia consagrada y sacrificando al niño Manuel. El Sacramento protege milagrosamente al niño de cuchillos, fuego, clavos y lanzas, mientras su madre María y unos villanos de Hontoria lo buscan por la ciudad. Cuando Siquén apuñala la hostia, la sangre conduce a los cristianos hasta la casa; Manuel aparece vivo ante Juan II y Álvaro de Luna, y los sacrílegos se convierten y piden el bautismo.
El auto se abre en Segovia con una disputa entre el sacristán Berrueco y el judío Leví acerca de la venida del Mesías y la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Berrueco defiende de manera popular y vehemente la doctrina cristiana, mientras Leví sostiene la esperanza mesiánica de su ley. Humillado tras recibir golpes y ser expulsado del templo, Leví comunica lo sucedido a su tío Siquén. Este invoca a Luzbel mediante un conjuro y le pide ayuda para vengarse de los cristianos durante la próxima fiesta del Corpus Christi. El demonio, atormentado por el misterio sacramental, aconseja robar una forma consagrada, derramar sobre ella la sangre de un niño cristiano y contaminar con esa mezcla las aguas de la ciudad. Manasés ya ha raptado a Manuel, hijo de la aldeana María, aprovechando la llegada a Segovia de las danzas y procesiones de los pueblos cercanos.
Mientras María, Domingo, Pascual y otros villanos de Hontoria celebran la cruz florida y se preparan para la procesión, la madre descubre la desaparición de Manuel y comienza a buscarlo con desesperación. Leví sustrae el Sacramento de la iglesia de San Segundo, aunque durante el trayecto siente un peso sobrenatural, ve luces y oye músicas celestiales. En casa de Siquén, los conspiradores intentan dar muerte al niño: le ponen una forma en la boca, pero ni el cuchillo, ni el fuego, ni los clavos ni la lanza consiguen herirlo. Tampoco logran destruir otras hostias en agua hirviendo. María y sus acompañantes llegan a preguntar por el pequeño, y Domingo se disfraza torpemente de rabino para averiguar lo ocurrido, sin lograr que los hebreos confiesen. Luzbel comparece para impulsar el sacrilegio definitivo, aunque él mismo tiembla ante el Sacramento.
Siquén hiere con un puñal la hostia colocada sobre una mesa que remeda un altar. De ella brotan arroyos de sangre que llegan hasta la calle y permiten a los cristianos seguir el rastro. Las campanas de San Segundo comienzan a tocar solas y la procesión, junto con el rey Juan II y Álvaro de Luna, entra en la casa. Allí encuentran a Manuel vivo, con un panal de miel en la boca, imagen que confirma las antiguas figuras bíblicas de la Eucaristía. El niño cuenta que la forma recibida le dio vida, lo protegió de los tormentos y lo trasladó milagrosamente a su cama. Ante estos prodigios, Leví, Siquén y Manasés reconocen la falsedad de sus errores, confiesan a Cristo presente en la hostia y deciden pedir el bautismo. Siquén promete entregar sus bienes a San Segundo para fabricar una custodia y dotar la fiesta sacramental. El auto concluye con alabanzas al Pan consagrado, la derrota de Luzbel y la celebración del milagro como ejemplo conocido en España.
Tío de Leví y principal responsable humano del sacrilegio; invoca a Luzbel, organiza el robo y hiere la hostia, pero acaba convertido y promete sus bienes a la iglesia de San Segundo.
Judío enfrentado al sacristán Berrueco al comienzo del auto; roba el Sacramento y participa en la profanación hasta que los milagros lo llevan a confesar la fe cristiana.
Instigador sobrenatural de la acción sacrílega; aconseja contaminar las aguas con una hostia y la sangre de un niño, aunque la cruz y la Eucaristía lo paralizan y vencen.
Niño cristiano raptado durante las fiestas del Corpus; la hostia que le ponen en la boca lo hace invulnerable y aparece al final vivo, con un panal de miel, para relatar el milagro.
Madre de Manuel y aldeana de Hontoria; su búsqueda dolorosa del hijo enlaza la procesión popular con el descubrimiento del sacrilegio.
Cómplice de Siquén y Leví; rapta a Manuel, participa en los intentos de matarlo y destruir las formas, y finalmente anuncia que pedirá el bautismo.
Sacristán y perrero de registro cómico que defiende con rudeza la Encarnación y la Eucaristía frente a Leví en la disputa inicial.
Villano cristiano que acompaña a María, aporta comicidad y trata de entrar en la casa de los hebreos disfrazándose de rabino.
Ciudad donde transcurre la acción durante las celebraciones del Corpus Christi, bajo el reinado de Juan II.
Templo del que Leví roba el Sacramento y cuyas campanas tocan milagrosamente para alertar a la ciudad.
Lugar central del sacrilegio, donde se retiene a Manuel, se intenta destruir las formas y la hostia herida derrama sangre hasta la calle.
Recorrido de las danzas aldeanas y de la procesión del Corpus, y espacio en el que María busca al niño y se descubre el rastro de sangre.
Paraje evocado durante la invocación de Siquén, desde el que Luzbel sitúa la ciudad y su propósito de atacar la fiesta sacramental.
La disputa inicial, el robo y los prodigios posteriores afirman que el pan consagrado contiene verdaderamente el cuerpo de Cristo.
La profanación de la hostia desencadena el conflicto y queda reparada mediante la revelación pública del milagro, la conversión y la promesa de una nueva custodia.
La invulnerabilidad de Manuel, las formas suspendidas sobre el agua, la sangre de la hostia, las campanas y el panal prueban escénicamente la doctrina católica.
Leví, Siquén y Manasés pasan de la negación y el ataque al Sacramento a confesar la fe cristiana y solicitar el bautismo.
La acción combina procesiones, danzas aldeanas, música y presencia regia para exaltar la dimensión pública de la fiesta sacramental.
Luzbel impulsa el delito, pero queda impotente ante la cruz y el Sacramento, cuya eficacia frustra todos sus planes.
El conflicto reproduce motivos polémicos y acusaciones antijudías propios de la literatura religiosa de la época, presentados como marco ideológico del milagro y de la conversión final.