La acción se inicia en un ámbito montañés de Cataluña, donde Fénix vive retirada con su padre o tutor Don Hipólito, su prima Violante y otros acompañantes. Allí se alude ya a dos tensiones decisivas: por un lado, el propósito de casar a Fénix con Alejandro Pinos, jurista barcelonés cuya llegada se espera; por otro, la insistencia amorosa del Barón del Pinel, noble local de carácter ridículo pero persistente. Durante una salida festiva cerca de una ermita junto al mar, el Barón observa a Fénix con devoción amorosa y coincide con Alejandro, a quien salva de una caída de caballo. Alejandro explica entonces que viene de Barcelona por obediencia a su padre para contraer matrimonio con una dama retirada a la que aún no conoce, en medio además de la antigua enemistad entre su familia y la de los Entenza. Poco después, cuando un jabalí siembra el pánico en el monte, Fénix se aparta y es acosada por Fadrique Entenza, bandolero noble y enemigo hereditario de Alejandro, que le declara su amor y le revela su condición de desterrado o perseguido por la violencia de esas discordias. Fénix le responde con firmeza que pertenece ya a otro y trata de huir, pero tras el peligro de la fiera es socorrida por un caballero que resulta ser Alejandro, sin que al principio ambos se reconozcan plenamente en la confusión del lance.
A continuación se produce el encuentro general de los personajes y Don Hipólito, con autoridad suficiente para mediar, impone una reconciliación entre Alejandro y Fadrique, poniendo fin provisional a las viejas hostilidades de linaje. En ese mismo momento se descubre también que Fénix es precisamente la dama destinada a Alejandro, de manera que ambos quedan prometidos o casados, mientras Fadrique contempla con desesperación la ruina de sus esperanzas. Ya en Barcelona, donde transcurre la segunda jornada, Fénix aparece como esposa ejemplar y piadosa, mientras Alejandro, aunque reconoce sus virtudes, deja ver una inclinación interior hacia Violante, la prima de su mujer, a quien había tomado por Fénix en el primer encuentro y de quien sigue enamorado. Violante, por su parte, empieza a comprender que Alejandro la ama, y Fénix percibe indicios de frialdad y desvío afectivo en su marido, aunque procura dominar cualquier sospecha por deber moral. Paralelamente, el Conde de Elna, virrey y personaje de gran poder, pretende a Violante y, frustrado por su resistencia, persuade a Fadrique para que la rapte de noche mediante una entrada secreta en la casa. El plan fracasa porque en la oscuridad Fadrique se equivoca y saca de la casa a Fénix, no a Violante; en cuanto advierte el error, la deja libre para que vuelva, pero la confusión de la ronda, la presencia del Barón y el desorden nocturno hacen creer que Fénix ha huido voluntariamente o ha sido raptada en circunstancias deshonrosas. El Barón, además, queda preso por hallarse implicado en el tumulto y, por su propia necedad, agrava las sospechas con declaraciones absurdas.
La tercera jornada desarrolla las consecuencias judiciales y morales del escándalo. Fénix, para evitar ser hallada de noche en una situación comprometedora, se ha refugiado en un convento vecino, desde donde consigue reunir testimonios e informes que prueban su inocencia y la equivocación del rapto. Su padre se enfurece, Alejandro se consume entre celos, vergüenza y duda, y Fadrique intenta aclarar la verdad, llegando incluso a buscar a Alejandro para restituirle el honor. Entretanto se abre un proceso criminal contra el Barón por adulterio y violencia, alimentado por el papel amoroso que este había escrito a Fénix y por los indicios exteriores del caso. En el juicio, y cuando todo parece comprometer la honra de su esposa, Alejandro comparece inesperadamente como abogado defensor del propio Barón, es decir, de quien aparece como ofensor de su honor. Con una argumentación jurídica minuciosa, desacredita la acusación, niega el valor de las presunciones reunidas y expone la verdad de lo sucedido: el rapto iba dirigido a Violante por orden del Conde, Fadrique confundió a Fénix en la oscuridad y ella se acogió después al convento para resguardarse. Restablecida públicamente la honra de Fénix, esta pide licencia para retirarse a clausura, mientras Alejandro decide seguir la vía eclesiástica que ya antes había deseado. El Conde renuncia, Fadrique queda libre de sospecha grave y recibe finalmente la mano de Violante, con lo que la comedia concluye mediante una reparación del honor y un nuevo ajuste de vínculos familiares y amorosos.