归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Calle Martín, Pablo y Paula García Alcolea. Texto digital de Volverse el rayo en laurel. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/volverse-el-rayo-en-laurel.
T
858
Volverse el rayo en laurel
Comedia de don Francisco Avellaneda. (3 jornadas)
(Dos ejemplares, el uno con las censuras para poderse representar)
Leg.º 20
72
Jhs, María, Joseph. Comedia Volverse el rayo en laurel, de Don Francisco de Avellaneda. Personas Carlos Fénix, su hermana Mantequillas El Soldán Almanzor Zelín Un ángel Ismenia, mora Alcuzeuz Mira Músicos Soldados Acompañamiento
Sale Ismenia con tocado de plumas, espadín y bastoncillo, Zelín, Mira y Alcuzeuz al son de cajas y clarines.
Publiquen vuestros bríos,
soldados valerosos que sois míos,
empañe aliento
del cristiano su bárbaro ardimiento;
al sol de sus fortunas
eclipsen con estragos nuestras lunas.
Dome el orgullo fiero
de su altivez las iras de mi agüero,
hidrópica, sedienta,
mi rabia en sangre saciarse intenta,
porque sepa mi hermano
que el bastón que rigió su altiva mano,
mientras él convalece,
gobernándole yo no desmerece;
pues que sabré en las lides más teñidas
sus heridas vengar, con tantas vidas
que de Juan los soldados,
de mi heroico valor amedrentados,
saliendo el sol, comunicando luces,
en sus pechos divisen blancas cruces,
y aunque apresure de su carro el paso,
rojas las mire en yéndose al ocaso.
Aumente, pues, mi enojo,
del Cedrón al cristal el humor rojo,
tocarán sus corrientes
de líquido coral purpúreas fuentes,
aunque más se resista
a mi furor la fuerza del Bautista.
Rendidas a mis plantas,
y verán sus soldados las gargantas.
Invencibles guerreros,
triunfemos de los nobles caballeros
que a Bersavé defienden
y a Ascalón con sus armas tanto ofenden.
arranquen mis despechos
las blancas cruces de sus nobles pechos;
y de mis pies despojos
serán, con que se templen mis enojos.
Hoy Ismenia arrogante,
no parece que batallas a informarte,
¿tener de unos soldados
los hábitos pretendes empacados?
Marchen mis escuadrones
reforzados de bélicas naciones.
Que mi ama haya dado
en salirse con ser tan gran soldado.
En fin, hija de madre
que en las batallas vive como un padre.
Despojos de mis manos
habéis de ser, ¡oh, míseros cristianos!
Venganza Ismenia toma
de esta ofensa que le hacen a Mahoma.
Triunfe, pues, mi coraje
de aquellos que pelean en su ultraje,
defendiendo aquel hombre
que no quiero ofenderle con su nombre.
Divino Alá, su sangre (si me amparas)
por sacrificio verteré en tus aras.
Levanten mis rigores
tus altares si pueden ser mayores.
En mi diestra vincula su desmayo
pues soy de Babilonia eterno rayo.
Esta verde emboscada
frondosa oculte el grueso de mis armadas,
y partan diligentes
a Bersabé los cabos más valientes
que sirven reformados
porque a todos tener quiero ocupados;
corran hasta sus muros
pues de la retirada están seguros.
Salga pues su caudillo
encontrará en mis tropas su cuchillo.
Carlos el arrogante
terror (por sus hazañas) del levante
gobernador de Bersabé valiente
a mis plantas verá su altiva frente.
Hoy que más poderoso
en Bersabé celebra victorioso
el haber acabado
los muros, con que el fuerte ha coronado,
de su festivo día
en llanto se convierta el alegría.
Si salen, por más gloria
podrá tener Ismenia la victoria.
Vengaré por mi mano
las heridas mortales de mi hermano
que recibió su aliento
del batallón sangriento
el pecho atravesado
con el fresno de acero coronado.
¡Oh sangrientas memorias!
yo eclipsaré sus glorias con su gloria.
Yo vengaré su sangre derramada
con las mortales iras de mi espada.
Leones arrojados
cébense en los pacíficos ganados,
obliguen a que salgan los campeones
que defienden sus fuertes torreones
que por lograr facción tan importante
para emprender el triunfo iré delante.
Y todos a tu lado
tendrán aliento, con tu aliento osado.
Suene el clarín, y nuestra gente marche
al compás de el metal, y el ronco parche.
Pues en su vida estriba
nuestra gloria, decid que Ismenia viva.
Ea, a seguir osados mi estandarte;
En el valor imagen es de Marte.
Mas su brío pregona
que emulación Ismenia es de Belona.
Tanto turbante en tanto señor Muza
quiera Alá no les den en caperuza.
(Vanse.)
Sale Carlos con manto capitular de cruz al son de música.
Viva el victorioso Carlos
que del Turco vencedor,
los muros de Berrane
con sus lunas coronó.
La gloria nobles soldados
dad a nuestro Emperador
repetid que Henrique viva
de Francia heroico blasón.
A la gran Jerusalén
y tercero poseedor
y nieto del inmortal
gran Godofredo de Bullón.
Pues de Berrane los muros
católico edificó
contra la fiera morisma
que del fuerte de Ascalón
a nuestra gente, (sus tropas)
pusieron tanto terror
que sin cultivar los campos
el mísero labrador
se vieron menos lucientes
la reja y el azadón
porque de rudas fatigas
el esmeril les faltó,
desierta dejó la tierra
el pródigo agricultor
negando, a Ceres y a Baco
las coronas que tejió,
del oro, que en esmeraldas
ofrece la posesión
matizando con rubíes
espigas que destroncó.
Porque con el fruto opimo
del oloroso licor
y con las doradas mieses
más bellas con más sazón
esmaltaban las diademas
que ilustraban a los dos.
El miedo del enemigo
aquesta dicha usurpó
por ver que a cuantos cautiva
el tirano emperador
de Babilonia, Tafil
(enemigo el más feroz
que contra la cristiandad
sus lunas siempre arboló)
airado si no reniegan
de la ley de nuestro Dios
manda en atroces martirios
pagar la resignación.
A cuál, a indomables potros
hace reducir a unión
porque después desbocados
de su lozano furor
al triste que de su orgullo
fue lastimosa invención,
dejando que corran libres,
impelidos de su voz,
para verle hecho pedazos
los brutos con el susto,
porque así más desbocada
se admire su indignación.
También del gigante pino
que su cólera tostó
en forma de dios que el uso
nació de su sinrazón,
manda que el hombre en el árbol,
ministro de su rigor,
ejecute su martirio,
y él propio, en elevación,
penetrando el asta inmóvil
con su peso, allí se vio
ser verdugo de su vida,
pues la saña consiguió
que el reo, en darse la muerte,
lograse la ejecución.
A otros, sujetando al robre
la copa (que dora el sol)
hasta besar las raíces,
la pompa de su verdor,
con el cáñamo torcido
que en arco al árbol formó,
en el lazo que al extremo
su ceguedad advirtió,
manda reducirle al cuello;
porque, al soltarle veloz,
el verdugo vegetal,
exento de la opresión,
cimbrando todas las ramas
en esa vaga región,
haga que muera en el aire
quien en la tierra vivió.
¿Cuántos, por su desdicha,
faltándoles el valor,
temerosos del martirio
(que en tantos ejecutó),
han negado nuestra ley?
¡Vil, cobarde temor!
(Si muere para vivir
aquel que muere por Dios).
¿Quién de inmortal se desvía?
¿Quién no aspira a ser mayor?
La dicha que no es eterna,
más que dicha, es perdición;
el ser de ayer poco importa
si su fin aguarda hoy.
¿Quién a lo eterno no anhela?
¿Qué bizarro campeón
del laurel se ha coronado
si el triunfo no le costó,
para esmaltar la victoria,
mucha sangre al vencedor?
Siempre el crédito a la espada
le ha dado la oposición,
quien no tuvo que vencer
no se dirá que venció,
que hace lo que cuesta más
al crédito superior;
y es corto precio la vida
para cobrar la opinión.
Si de las leyes del mundo
el noble legislador
inviolablemente observa
preceptor, que estableció
el engaño, que al engaño
dan muchos adoración,
¿por qué el católico pecho
la ley del sumo Hacedor
ha de negar de cobarde,
y ser la vil aversión?
¡Y dichoso el que en la fe,
expuesto al fiero rigor,
dé la garganta al cuchillo,
porque merezca mejor
la palma que ofrece el fruto
al que en sangre la esmaltó!
¡Nobles y heroicos soldados
del celestial precursor,
valerosos defendamos
la ciudad donde murió,
para triunfar de la vida,
en un leño el Redentor!
Vean los sagrados muros
del alcázar de Sion
coronados con las lises
que a Francia el cielo le dio.
Todos repetid alegres
que «¡Viva el Emperador!»:
Duplique el aire las voces
que hoy el contento alternó.
Las artificiosas bombas,
que lenguas de fuego son,
poblando los elementos
de abrasado resplandor,
lustren con alegres rayos
cuanto el sol obscureció,
porque logre, porque alcance
nuestro invencible valor
victorias, dichas, trofeos,
y dando al moro temor,
fugitivo, amedrentado,
publique al viento veloz
que siempre triunfó de Orán
la sagrada Religión.
Vuelve a cantar la música, y al mismo tiempo tocan a rebato.
Tocan cajas.
¡Viva el victorioso Carlos!
¡Viva nuestro Emperador!
¿Qué novedad interrumpe
lo acorde de nuestra voz?
El clarín toca a rebato;
guerra publica el tambor.
Alterada la ciudad,
aumenta la confusión.
Sale Mantequillas.
Al margen: quien no / se iguala en este empres... / un baldón infame al campeón / en quien el pecho, aliento, / experiencia y discreción / seguimos.
¡Carlos valeroso, al arma!
¿Qué dices?
¡Vamos, señor!
¿Qué hay de nuevo, Mantequillas?
Una famosa ocasión
de turcos, y los ganados
lleva, sin dejar pastor
que con sus once de oveja
pueda decir que quedó.
Seguidme, amigos, que presto
restaurará mi valor
la presa.
Dice muy bien,
porque el hombre es un Sansón.
¡Al arma, al arma, soldados!
¡Seguidme todos!
Pase.
¡Y yo,
pues licencia por escrito
llevo del señor doctor,
a matarme con los turcos
cuatro o cinco veces voy!
Pase.
salen
2
7
Salen Mira, Alcuzcuz e Ismenia y Celín con las espadas desnudas.
Pues de Bersabé la gente
en nuestro alcance ha salido,
ver el triunfo conseguido
espero, sin accidente.
Retírate a la emboscada.
Retírate, bella Aurora,
Al margen con una cruz (+): Con valor soberano / al monte nos retiremos, / y emboscados lograremos / la victoria de su mano.
¡Qué bastarda cobardía!
¡Oh, qué medrosa me siento!
En mujer el buen aliento
gran parte es, por vida mía.
Para que logre mejor
la empresa, quiero empeñarme,
porque sin aventurarme
no acredito mi valor.
Asegurarlos pretendo,
y aquí los quiero aguardar,
que no es bien aventurar
la facción; y en consiguiendo
esta arriscada ocasión,
no se verán tan ufanos,
que vencidos los cristianos
quedarán por Ascalón.
Sácanos de aqueste lance.
Cristianos en los primores...
Me parecéis contadores
pues rabiáis por el alcance.
Ven que se van acercando.
¿Villanos, qué os acobarda?
La nuez de la resta guarda,
nos vienen, por Dios, cascando.
Cajas.
Calla.
El miedo me alborota.
Vase.
Mi gente iré a socorrer.
Yo tras ti voy a ver
si consigo su derrota.
¡Victoria por Francia!
Malo.
Batalla.
Vase Mira.
Dentro.
Seguidme todos a mí.
Memorable me hago aquí
si en la ocasión me señalo.
Yo no aspiro a general,
y en mi faz si se repara,
nadie por tan mala cara
quiero que me dé señal.
Aunque es bien seguir las damas,
dejarlas no es lo peor,
que en la guerra lo mejor
es andarse por las ramas.
Vase a entrar y sale Mantequillas con la espada desnuda.
¿Dónde va el perro? No advierte...
Tierra, ocúltame en tu centro.
8
8
Señores, aqueste encuentro
me ha barajado la suerte.
Diga quienquiera que sea,
sin dilatar el decillo,
¿qué va buscando el morillo?
Sin leña una chimenea.
Dese a prisión el muy perro,
y a aquesta esposa la mano.
En casarme buen cristiano
no es bien que vecina sea, no.
Yo pesqué famoso esclavo,
mucho un cautivo consuela,
la flor soy de la canela
pues echaréle su clavo.
Rinda las armas al punto,
el turbante y cimitarra,
Digo que en echar la garra
es gavilán de por junto.
Desnúdese.
No embaraza,
a su mandato lo ofrezco,
que solamente a un tudesco
pueden decir que haga plaza.
Tachado: Ismenia combate junto / mi queja pues puedo creer / pero cualquiera aborrecer / d'echar a perder el mundo.
Salen batallando Carlos y Ismenia al son de cajas.
Hermosa Palas, suspende
de tu furor la aspereza;
cegará, que tu belleza
es la que más te defiende.
Descanse el bruñido acero
que diestro tu brazo rige;
mejores armas elige
para matar.
Lisonjero
guerreador, hasta morir,
aunque es vuestra la victoria,
la espada para más gloria
solo así sabré rendir.
Batallad, pues sois avaros,
franceses, por pelear.
Cegaros del batallar
contigo, es hacer reparos.
Mi señora, dame tu ayuda.
Socorro, Ismenia, te pido,
pues porque tú me has vestido,
este ladrón me desnuda.
¡Suelta!
Dale un cintarazo a Mantequillas.
Di con todo en tierra.
¡Villano!
¡Pan saludado
conmigo traigo guardado
por si me muerde esta perra!
No la tires.
9
¿Eso quieres?
Déjate dar.
No haré tal,
que en hombres parece mal
recibir de las mujeres.
¡Tu valor me maravilla!
Rinde la espada a sus pies.
Eso es querer muy cortés
que la ponga zapatilla.
Aunque soy el victorioso,
para ilustrar el trofeo
permítele a mi deseo
que logre el triunfo glorioso.
Sin llegar a la violencia,
que tu divina beldad
bien puede hacer vanidad
(No vi mayor resistencia).
de que a un francés caballero
el acero has entregado.
Solo a un galán opilado
dará una dama el acero.
Pues ves tu gente vencida,
que ya su sangre baña
aquesta verde campaña
con tus plantas más florida.
Ven a Bersabé y serás
dueño de los albedríos,
¡Valientes soldados míos!
Ya el llamar es por demás.
El socorrerte es en vano,
pues los que han quedado vivos
todos se miran cautivos.
Dentro.
Tocan cajas.
No quede ningún cristiano
con vida.
Dala, señor,
no andemos en cumplimientos.
Ya logrados mis intentos
se miran.
Fiero rumor.
Me llevará en el morro,
de miedo a correr no acierto.
Tocan cajas.
Mujeres, a un enderezco
habéis de topar socorro.
Qué numeroso tropel,
sin advertir arrestados,
hemos llegado empeñados
a aqueste bosque, y en él
prevenida la emboscada
contra nosotros tenía.
Mal haya tu cortesía,
pues a esta turca taimada
no diste para alfileres
dos estocadas siquiera,
porque de aquesta manera
se han de prender las mujeres.
El batallón numeroso
vuestro brío no acobarde,
emplead en este alarde
el denuedo belicoso.
Como vendamos las vidas
perdamos.
Entrando a embestir sale Celín y todos, se le opone Ismenia.
Date a prisión.
Dentro.
Victoria por Ascalón.
Cruel, mis pasos no impidas.
Detente.
Aparta, enemiga.
No aventures.
¡Dura estrella!
La vida.
Quiero perdella.
Primero.
Deja que siga.
Prisionero.
De esta suerte.
Te he de llevar.
¡Qué rigor!
Por triunfar de tu valor.
Por duplicarme la muerte.
Dentro.
Viva Ismenia.
Acentos tristes.
Deje las armas.
¿Qué haré?
Dentro.
Mueran todos.
Por la fe
morís, decid que vencistes.
Ociosas tus armas son.
Muera.
(Bravo disparate).
Aquéste.
Nadie me mate.
les pido, sin confesión.
Más que toda la victoria
estimo este prisionero,
y así entregártele quiero.
Esto es al pie de la historia,
porque vaya asegurado
hasta la feliz entrada
de Babilonia,
que airada
la fortuna se ha mostrado
con nosotros.
Triste fin.
Las armas, perro, entregad.
Las mías luego tomad,
morillo, pues sois orín.
La espada rindo y la vida
a Ismenia,
A ese esclavo atado
llevad.
Más asegurado
así irá.
Linda partida
es el morillo bermejo.
Ponga juntas esas manos.
Los moros a los cristianos
nos dan bravo corselejo.
Gran valor descubro en él.
Empecemos a marchar.
Por hacerle más pesar
le llevaré del cordel.
Atraviesa el tablado.
Sin estar enamorado
desta perra, su rigor,
(aunque me falta el amor)
quiere llevarme arrastrado;
y en tan infelice día
pasaré por ciego aquí,
pues con la cuerda tras sí
aquesta perra me guía.
¡Qué alegres con los despojos
todos mis soldados miro!
Unas lágrimas suspiro
que se vienen a los ojos.
Toque a marchar nuestra gente,
más alentado el clarín.
¡Vivan Ismenia y Celín!
Si su doctor lo consiente.
Encubriré mi dolor,
por más que llegue a sentir,
pues el saber resistir
la pena, es mayor valor.
Vanse y tocan cajas y clarín.
Sale Almanzor con banda, dos criados y la música cantando.
Corazón, con los estremos
que os afligen, descansad,
pues es dicha del dolor
ser el remedio su mal.
En nada mi corazón
el descanso puede hallar,
que mi soberbia rendida
esté de la voluntad
y no pueda el albedrío
vencer de este Dios rapaz
el veneno que a mis ojos
me flechó la ceguedad.
Los acentos suspended,
callad, bárbaros, callad,
que mis penas no permiten
que yo encubra mi pesar.
Si de Fénix la belleza
con imperio celestial,
por esclavo de sus soles
me rindió la libertad,
cuyos luceros hermosos
muerte con la vista dan;
que pueda el Amor tan presto
un corazón sujetar,
que una mujer, ¿qué mal digo?
no es mujer, sino deidad,
que ayer vino por cautiva,
me tenga cautivo ya.
Idos, y dejadme solo.
Señor...
Decid, ¿qué aguardáis?
Repara...
De mi presencia
luego al instante os quitad,
o vive Alá...
Sale el Soldán.
¿Qué es aquesto?
deteneos, ¿dónde vais,
hijo?
Señor...
Su tristeza
la vida me ha de costar.
Si por la ausencia de Ismenia,
tu hermana, tan triste estás,
cuando su valor conoces,
su triunfo no has de dudar.
Yo espero que muy presto
victoriosa volverá.
Segunda Palas por ti
las armas fue a gobernar,
trenzando el arnés luciente,
ciñendo el corvo metal,
manejando el fuerte bruto
con designio de vengar
con sangre de tu enemigo
la que vertiste en coral.
Hoy que con tu mejoría,
con aplauso general,
los vasallos en festejos,
el amor y la lealtad
que nos tienen, muestran todos;
en tu semblante Real
ningún pesar se descubra,
a todos paga sagaz.
y con tu vista, hijo mío,
logren tu serenidad
que con agrados del Rey
premiado un vasallo está.
Con mi padre mucho importa
mi pasión disimular.
Dentro.
Mil cabezas romperé
al que no me deje entrar.
Ténganle.
Saliendo.
¡Qué es detenerme!
Mal conoce mi caudal,
que hasta adonde no haya vino
le busco y he de encontrar.
¿Quién sois?
Un embajador.
¿Cómo tan solo llegáis?
Porque los embajadores
a los embriagados imitan.
¿Cómo os llamáis?
Aluzcuz.
Siempre sazonado estáis;
¿qué es la nueva?
En acabando
de hacer la zalamalá.
Acaba, no la dilates.
Es que Ismenia llegó ya,
y que viene victoriosa
de los soldados de Juan.
Este diamante en albricias,
Aluzcuz, te quiero dar.
Hidalgo vicio fue siempre
el pecar de liberal.
Tocan cajas.
¿Y cuándo llegará Ismenia?
La prevención militar
da a entender que de palacio
a los umbrales está.
Salen Ismenia y Celín con un estandarte arrastrando, y Carlos y Mantequillas aprisionados.
Victoriosa Ismenia
reine su beldad,
pues con su belleza
más glorias nos da.
Dame, gran señor, tu mano.
Lleguen mis brazos a enlazar
tu cuello, hija querida.
El alma en ellos tomad.
¿Cómo vienes?
Victoriosa.
Pues di, ¿quién puede dudar
que el que te llegare a ver
no se rinda a tu beldad?
Solo a mi valor se rinden,
y este esclavo lo dirá,
pues con este triunfo solo
no refiero los demás.
¿Quién es?
Carlos, el gran Cruz...
y capitán general.
Y yo soy la mantequilla
de este tierno mazapán.
Pues de mi padre has logrado
los favores, bien podrás
permitir que yo los brazos
te dé.
Hermano, el alma ya
sentía de tu tardanza
el descuido.
Vos llegad, Zelín.
Dichoso el que premios
iguales llega a alcanzar.
Estos despojos ofrece
a tus pies, ¡oh gran soldán!,
Zelín, tu menor soldado.
Tan famoso general
no rinde menores triunfos.
¡Cielos, mi pena aliviad!
En Bersabé nuestra gente
ya pintados nos tendrán
de mártires, con dos lanzas,
sirviendo al rey celestial.
Ismenia, de ti pretendo
esta victoria escuchar;
refiéreme cómo fue.
Brevemente lo sabrás.
Junté en Ascalón mi gente,
y en el bosque de Farán
dejé treinta mil soldados,
y por su caudillo a Ismán.
Con ochocientos jinetes,
pasé a Bersabé a robar
los ganados, y al Cedrón
de su imperioso raudal
las crespas corrientes beben
en márgenes de cristal.
Esguazaron mis caballos
el ímpetu contumaz,
sin que sus rizadas olas
los pudieren estorbar.
Cuatro mil lunados brutos,
(señor), si no fueron más,
mis valerosos soldados
hicieron que penetrar
volvieren a sus corrientes,
sin que pudiese estorbar
el robo de sus rebaños
la muralla de cristal.
Para recobrar la presa
salieron de su ciudad
hasta cinco mil soldados,
en nuestro alcance no más.
Y por cabo suyo, Carlos,
que es el francés singular
que de tus armas, señor,
cautivo y rendido está;
pues son tantas las victorias
que feliz llegó a lograr,
que exceder glorias pueden
las de Jerjes y Aníbal.
que aunque son en nuestro plauso
no las quiero disipar
porque no es menos valor
que a un famoso general
el que le venció le alabe
pues así se ensalza más.
Siguiendo pues nuestras tropas
con su valor sin igual,
en el alcance primero
vencidos nos tuvo ya.
Y restaurada la presa
pero se quiso empeñar
en que su gente siguiere
la nuestra con ceguedad
sin advertir la emboscada
adonde el glorioso Ismán
con su muerte la victoria
dichoso llegó a lograr.
Tres mil cristianos (señor)
hice a cuchillo pasar
que fueron los prisioneros
que a Zelín su capitán
se rindieron en el bosque
por no poder pelear.
Ya de tu mayor contrario
vencedor (señor) estás
Ya de tus menguantes lunas
tiemblan las cruces de Juan.
Ya de Bersabé los muros
tu poder temiendo están;
ya de Ascalón tus vasallos
vuelven por sí a respirar
porque goce, porque triunfe
tu nombre, siempre inmortal,
de los dos polos de el mundo
en tranquila y quieta paz.
Mucho a tu valor le debo
los brazos me vuelve a dar
Quién pudiera de estos perros
para guantes enviar
a Ocaña todas las pieles
curtidas con solimán.
Carlos, Mantequilla, luego
llegad a los pies del soldán.
A besar tus entretelas
tierra no llegue jamás
pues antes que en el envés
quiero vivir sobre el haz.
Este es el francés (señor)
que tu palabra imperial
ofreció (a quien le prendiese)
darle la mejor ciudad
de tu dilatado imperio.
Y por mí ¿qué podrán dar?
Por gracioso moscatel
pueden dar a Fuencarral,
o a Caramanchiel de abajo.
Aparte.
¡Oh, qué extraña novedad
de verle (¡ay de mí!) me causa
el corazón desigual,
que de saltos en el pecho
descompasado me da!
¿Qué será? (¡Ay de mí!) ¡Mas no,
el alborozo será;
aquí de todo mi aliento,
que importa disimular!
¿Este es Carlos de Valois,
el famoso capitán
que a Francia con sus trofeos
hace su fama inmortal?
Premiaréte la fineza
con otra esclava; llamad
a Fénix.
¡Ay, Fénix bella,
causa hermosa de mi mal!
Este nombre en tu memoria
algún sentimiento hará.
Ningún sentimiento cabe
en el que se ve mortal.
Galán es Carlos, Ismenia.
Más valiente es que galán.
Sale Fénix de francesa.
Tu esclava a tus plantas llega.
Esta es Fénix, ¡por San Blas!
Míranse Carlos y Fénix.
¿Qué es lo que miro? (¡Ay de mí!).
16
¡Oh, qué divina beldad!
A los pies de Ismenia, Fénix,
contenta puedes llegar.
A tus pies... (¡Pero qué miro!),
tienes, hermosa beldad,
a Fénix... (¿No es este Carlos?)
Ojos, si no me engañáis,
¿no es Fénix, mi hermana, aquesta?
Corazón, disimulad.
De mis plantas a mis brazos,
hermosa Fénix, pasad.
¡Quién, Ismenia, te robara,
agüera felicidad!
Esta esclava, hija querida,
trujo el valeroso Agar
de una presa que hizo en Francia,
no de menor vanidad
que la tuya, pues venció
a un Almirante Roldán,
padre suyo, a quien confiesa
Francia por su antiguo Par.
Ya de nones con los turcos
todos los franceses van.
Vencido mi padre, (¡ay, cielo!),
¿para qué me reserváis?
Señor del París de lies,
que más créditos le da.
¡Quién hiciera colación
la noche de Navidad
Con estos turcos en líos
porque yo y el sacristán
con los hisopos de la iglesia
y otros que sobran allá
sacudiéndoles el polvo
nos hiciéramos lugar.
(Aparte)
Si de su ley (estos tristes)
se apartan, pienso casar
con ellos a mis dos hijos,
pues la sangre es tan igual.
Así quiero que en halagos
se convierta la crueldad
por ver si vencerlos puedo.
Carlos, los brazos me dad,
de vos, Celín, su asistencia
cuidadoso he de fiar.
Tú, Ismenia, por compañera
y amiga, a Fénix tendrás.
Tu cuidado (gran señor)
descanse en mi voluntad.
El gusto de obedecerte
en el de Carlos verás.
¡Ay, Ismenia! Si tú supieras
que en Fénix mi vida va,
quizá esperara dichoso
algún alivio en mi mal.
Más que al pobre Mantequilla
le mandan luego empanar.
Mantequilla, y Alcuzcuz
tu mayordomo, será.
Mir-
Mantequillas, y Alcuzcuz
qué bravas migas harán.
Y tú por lo muy florida
mi Manzanares serás,
porque en migas calientes
en nosotros se verán.
Esto solo a mi dolor
le faltaba.
A descansar.
Ismenia, ven a tu cuarto.
Su venida celebrad.
Van entrando y canta la música.
Vanse Fénix y Carlos.
Fénix.
Carlos. (¡Ay de mí!)
¿Tú cautiva?
Caminad.
¿Y tú esclavo?
Vamos presto.
¡Mi albedrío!
¡Qué penar!
¿Cómo ha sido?
Dura pena.
La fortuna.
¿A qué os quedáis?
La estrella.
Mi desventura.
Adversa.
Siempre neutral.
A priesa, cuerpo de Cristo.
no haga reparo el soldán.
Fénix, ¿y mi amado padre?
Carlos, después lo sabrás.
Adiós.
Él te guarde.
Andadlo,
que vuelve Celín acá.
Sale Celín.
¿Cómo os quedáis? Id delante,
que está aguardando el soldán.
Ya yo voy.
Ya te obedezco.
Ea, esclavos, caminad.
No pierda, Fénix, el verte,
pues perdí la libertad.
No me quiten de tu vista,
pues es mi consuelo ya.
No me dejen estos perros
esta noche sin cenar.
Fin de jornada
Aprobada
Reprobada
+
Volverse el rayo en laurel
De don Francisco de Avellaneda.
Sale el soldán e Ismenia de gala, Almanzor y Celín.
Celín, al embajador
de Francia responde luego
que no trate del rescate
de Carlos, pues aunque en premio
me diese el rey lo que importa
cuanto domina su cetro,
en mi estimación es más
Carlos que todo su imperio.
Que no se canse, pues yo
a no darle estoy resuelto,
y fío de su caudal
que la ley en que tan ciego
su ceguedad le aprisiona,
la luz del entendimiento
desterrará las tinieblas
con los claros documentos
de la verdad que observamos,
y en él, como me prometo,
dejando su fe tendré
otra columna en que el peso
descanse de toda el Asia
con más fijos fundamentos.
Oh, pues por agasajarme
me ha remitido discreto
doce caballos que al Rin
deben lozanos alientos,
pues sus corrientes de plata
en esmeraldas pacieron;
en retorno doce paños
que en matices más perfectos
acreditan los dibujos
del más primoroso griego,
quiero enviarle, y porque
conozca el poder que tengo
excediendo a su presente,
también remitirle quiero
dos leones que a la selva
de Albania su origen fiero
le deben, y tan valientes
que si el tebano ardimiento
robusto, en ellos su fuerza
probase, daban guerreros
con las clavas de sus manos;
si triunfara de sus cuellos
de dos más crespas coronas
se ilustrarán sus trofeos.
Cien alfanjes cuyas hojas
del sol pueden ser espejos,
y más lucientes sus rayos
quedarán de verse en ellos.
Doce hamacas de oro y seda
con sus tiendas de lo mesmo
por si en campaña quisiere
lograr del común sosiego.
Cien jaeces diferentes
que por mi elección se han hecho
que pueden sin vanidad
decir que buen gusto tengo.
Un vaso de una esmeralda
jeroglífico discreto
pues de mi poder lo más
manifiesta, lo que es menos.
Con esto y aquesta carta
dirás que a embarcarse al puerto
de Babilonia se partan
al instante.
Todo el fuego
respire mi corazón
pues hecho un Etna le siento.
Manda que Fénix y Carlos
vengan que decirlos quiero
la resolución que airada
contra sus temores tengo
si los dos no se reducen
obstinados a los ruegos
de tus reales promesas.
Vase Zelín.
Bien dices, Zelín, id luego,
traed a mi presencia a Carlos
y a Fénix.
Hermoso dueño
del albedrío más noble,
aunque ingrata a los afectos
de mi corazón amante,
pues con halagos no puedo
ablandar la obstinación
de su tirano desprecio,
que es muy propio en la belleza
ser delito el rendimiento.
Sale Celín con Carlos y Fénix.
A tu precepto, señor.
Gran señor, a tus preceptos.
Carlos a tus plantas llega.
A besar tu mano llego.
Y cada vez que la mire
halle más hermoso el riesgo.
Para que los dos sepáis
de mí mismo mis intentos
y la dicha que os procuro
no la perdáis por soberbios,
os he mandado llamar.
Atended.
Ya te atendemos.
Aparte.
Con agasajos procuro
ver si logro mi deseo,
pues si consigo el casar
(con aquestos prisioneros)
mis dos hijos, en el orbe
mi nombre quedará eterno;
pues la corona de Francia,
como a inmediato heredero,
le toca a Carlos, y ansí
tejer su laurel pretendo
con las otomanas lunas
porque alcancen mis imperios
todas las sienes del mundo
con esmalte tan supremo.
Carlos, a Ismenia la mano,
si te vences, darás luego,
y de tu ley el horror
dejas por la que profeso,
y la mitad del laurel
hoy que circular poseo
será tuyo, o al cuchillo
darás la garganta.
En esto
se mejora mi fortuna
y logro el mayor trofeo.
Señor, si un vasallo tuyo,
ilustrado con tus premios,
negare los beneficios
que le hiciste, di, ¿en el fuero
de la estimación cualquiera
de ingrato y mal caballero
no le culpara? ¿Y si entonces
a su ley, que es más empeño,
faltare como a su rey,
los nobles, ¿en qué concepto
le tendrán, no mejorando
de adoración el más ciego?
Yo estoy de mi rey premiado,
con mil honores me veo,
y a un Dios adoro constante,
que por mi culpa en un leño
quiso amante con su sangre
limpiar mis manchados yerros.
Si de mi Dios y mi rey
reconozco tantos premios,
¿cómo quieres tú que yo,
agradecido y atento,
niegue tantos beneficios
como católico obsequio?
Tú, porque niegue a mi Dios
(lo que no permita el cielo),
la mitad de tu laurel
me prometes en tu imperio;
mas para que yo le niegue
no es fácil el que haya medio.
¿La corona de qué sirve
en quien reina más de asiento,
y más de un pesado adorno
en las sienes del más regio,
que lo que ilustra le acuerda
la memoria del respecto,
y lo grave de su honor
hace más grave su peso,
¿qué dura? En el que más dura,
si es flor que al airado cierzo
de la muerte está sujeta,
cuyos sangrientos efetos
lo más lozano marchitan,
lo caduco de sus yelos.
Aquel que a inmortal aspira
a costa del vencimiento,
para esmalte de su triunfo,
el oro busca del riesgo;
pues los hermosos quilates
del valor el noble aliento
halla en la posteridad,
que es la piedra donde eternos,
gloriosos se manifiestan
los esclarecidos hechos.
Padrón que en doradas voces
contra la injuria del tiempo
ilustre siempre repite,
aunque mudo pregonero,
que solo la duración
el noble busca por premio.
Y aun no te canses más
en proponer tus intentos,
porque en mí no será fácil
seguir tus honores ciegos.
Arrójale a sus pies el soldán.
Selle, villano, tu labio
la tierra, y tu infame cuello
pise mi planta, y altiva
El orgullo que protervo
te desvanece, postrado
se mire a mi ardimiento.
Levanta, villano, atiende
a lo que decirte quiero:
cuando el soldán soberano
de su dilatado imperio
no te ofreciera el laurel
en nuestras sienes eterno,
tan deseado de cuantos
en el mundo ocupan cetros,
sino solamente a mí,
¿cómo, di, vil caballero,
aun honestar la respuesta
con decorosos respetos
no has sabido? Pero a ti
no te culpa mi denuedo;
a mi padre sí, que humano,
su grandeza deponiendo,
levantar quiso gigante
tan abatido sujeto.
Doy, señor, que a la ley falte
del Dios que adora tan ciego,
y que la verdad confiese
de nuestros preceptos;
salir de la ceguedad
bastante logro es del yerro;
intereses de la dicha
no se han de premiar por fueros:
lo feliz a un desdichado
le sobra, y aun debe cuerdo
levantar a la fortuna
estatua el que fuere atento.
¿Qué más logro que sacarte
del mar que surcas incierto,
errante, pobre bajel,
impelido de los vientos
de tus mentidas quimeras,
a tomar seguro puerto?
Siendo beneficio tuyo,
será muy culpable yerro
el que te ferien las dichas
a costa de mal asenso.
Antes mi diestra invencible
la diera al airado acero
para que su mortal filo
la divorciare del cuello.
¿Qué es dar mi mano a un cautivo?
Mi espíritu conociendo,
siendo yo a quien Babilonia
aun es limitado templo
de adoraciones, y el mundo,
y aun es corto rendimiento,
muera este aleve cristiano
y cuantos en nuestro imperio
hoy estuvieren cautivos,
6
23
porque con su sangre quiero
templar la llama que enciende
con tanto rigor mi pecho.
Inventen nuevos martirios
los verdugos, que al más fiero
(empeñando mi palabra)
ofrezco costosos premios.
Y a Fénix si no obedece
antes que le den el pliego
al embajador, yo misma
daré otro filo sangriento
a aqueste alfanje que corvo
aún más que el arte, le ha puesto
el curso de haber segado
tantos católicos cuellos.
Pendiente está de su voz
mi vida.
Piadosos cielos,
a Fénix le dad valor.
¿Qué me respondes?
Confieso
que cobarde al corazón
le falta el heroico aliento,
a la sangre que le ilustra.
¡Feliz yo, que me prometo
el que con valor constante
dará mil vidas primero
que falte a nuestra verdad!
Isme-
¿Qué dices?
Un mortal yelo
se ha introducido en mis venas,
¡oh, cuánto sus iras temo!
Nada sus dudas me asustan.
Fénix, lo que aqueste necio
ha despreciado, te aguarda,
pues de Almánzar mi heredero
serás su feliz consorte.
(Aparte)
¡Oh, cuánto a mi padre debo,
si aquesta dicha consigo!
Mas de sus rigores temo,
que pues a mí me desprecia,
también desprecie mi reino.
Reinar es morir por Dios.
¿Cómo, atrevido y resuelto,
con tan fementidas voces
faltas al decoro regio,
oponiéndote al dictamen
de mi padre?
Nada siento.
Señora de aqueste alcázar
serás como de mis reinos.
En la celestial Sión
mansión te promete el cielo
siempre fija, que allí solo
se ha vinculado lo eterno.
Haced, Zelín, que las guardas
le carguen de duros hierros.
Delante de mí, que así
tenerle a la vista quiero.
Y di que salgan las damas
con los costosos aseos
que solo mi alcázar tiene,
para ofrecérselos luego
a Fenisa, si quiere ser
dueño de cuanto poseo.
Logre amante el corazón
abrasarse en sus luceros.
Oprimid con las cadenas
de aqueste tirano el cuerpo.
Sale Zelín, Alcuzcuz y otros con cadenas.
Junte aquestos pies al punto,
eche esa cadena al cuello.
Que aquesto mire (¡ay de mí!).
No vi mayor sufrimiento.
Con tan tiranos castigos
no es mucho crezcan mis miedos.
Agora podrás hacer
alarde de más discreto,
pues muy galán por tu fe
ya con cadena te vemos.
En mí no es pequeña dicha
el verme con ella, puesto
que le debo a la experiencia
el conocer vuestros hierros.
Alegres cantad a Fenisa
las dichas que la ofrecemos,
aunque para su belleza
son muy cortos rendimientos.
Sale la música.
24
Salen con dos fuentes de plata y dos tafetanes.
No se queje Fenisa
de la fortuna,
si sus bienes desprecia,
suya es la culpa.
De tu voz está pendiente
tu fortuna, escoge luego
o los horrores de Carlos
o aquellos adornos regios.
No con el mentido hechizo
de tan engañosos medios
tus ojos, hermosa Fenisa,
gusten el mortal veneno.
Constante abraza el morir.
(¡Ay de mí!) La muerte temo;
mas, pues me dan a escoger,
vivir y reinar pretendo.
Alentad, corazón mío.
Tirana Fenisa, ¿qué has hecho?
¿Tú niegas a un Dios amante?
De reinar solo me acuerdo.
Repetid, todos, mis dichas,
publiquen los instrumentos
al compás de vuestras voces
mis bien nacidos afectos.
Si Almanzor alegre
goza las glorias,
logre a Fenisa, que ilustra
ya su corona.
¿Así a tu sangre maltratar?
Yo tengo menos esfuerzo
y temo la muerte, Carlos.
Muere tú, pues gustas de ello.
Llevadle luego al suplicio.
Eso sí, muera al momento.
Todos aclamad a Fénix
por vuestra reina contentos.
Todos decid: «Carlos muera»,
para que sangriento ejemplo
sea de mi indignación
contra los futuros tiempos.
Hoy de nuestra reina
triunfe constante,
pues de nuestros afectos
Fénix renace.
¡Muera Carlos! ¡Muera Carlos!
Eso aguardo más contento.
Llevadle luego al suplicio.
Pues tan gustoso le vemos
que abraza el morir constante
en su fe, Ismenia, primero
padezca en nuestras mazmorras
mil repetidos tormentos,
que logre lo que pretende.
Bien dices, Celín, pues tengo
seguridad de quién eres,
su cuidado te encomiendo.
Segura puedes estar
que por Mahoma te ofrezco
tenerle tan oprimido
que, venciéndole soberbios,
le obligarán mis rigores
airados contra su esfuerzo
a que a su Dios no confiese.
Todos serán sin provecho,
porque para resistirlos
y la ayuda del cielo tengo.
Ven, Fénix, a los jardines.
¡Oh, qué de dichas espero!
Feliz yo, que a padecer
ya por Vos, Señor, empiezo.
A Carlos.
Hermoso alcázar te aguarda,
Fénix, para tu recreo.
Y a ti un calabozo triste.
Así estaré más contento.
¿No te mueve tanto aplauso?
No ofende a lo firme el viento.
¿Es mejor verse oprimido?
Respirar así pretendo.
¿Quién ama la esclavitud?
Quien aspira a mejor reino.
¿Tan apacible es la muerte?
No temo su airado ceño.
¡Oh, qué mal estás contigo!
No sabes lo que me quiero.
¿Morir quieres?
Sí, tirana.
Padezca.
Será más premio.
Maltratalde.
Es más lisonja.
¿No sientes tu mal?
No siento.
Arrastralde.
Es sublimarme.
¿Venceraste?
No lo espero.
No le escuchéis más, dejadle.
Tus baldones me hacen cuerdo.
¿Reinar, Carlos, o morir?
Morir y reinar pretendo.
¡Mal haya tu obstinación,
pues no te abrasa mi fuego!
Vanse.
Con el laurel de la fe
a tus rayos nada temo.
Sale Mira y Alcuzcuz asidos de las orejas de Mantequillas.
Reniegue aquí de contado,
no se resista en su fe.
Si alguna vez trupado,
siempre al mundillo jugué,
pero nunca al renegado.
Y de contado condeno
aquel de mayor caudal
que de la verdad ajeno
renegare por su mal,
pues aun a placer no es bueno.
¿Di, qué mal te puede estar,
cuando ves la conveniencia
que se sigue a tu pesar?
Yo tengo brava paciencia
y no sé qué es renegar.
Un turbante en dos instantes
mandará ponerte el rey.
No es posible estar constantes,
morillos, en vuestra ley,
pues que todos sois turbantes.
Líneas tachadas
Si no reniegas, a siete
cuartos te hará (¡qué mancilla!),
acuñándote en el brete.
Yo quiero ser de capilla,
Alcuzcuz, no de bonete.
¿Que mi beldad no interrumpa
tu pecho?
¡Linda engañifa!
Tu traje en forma de trompa
me dice que eres Jarifa,
mas no Jarifa de pompa.
Ya te juzgo hecho tizón,
por ser Fénix quien atiza.
Si cuelas, perra rolliza,
no sacará tu jabón
las manchas con mi ceniza.
Amigo de corazón,
si es que mi amistad te debe
algo, dime en conclusión
la razón que no te mueve
a renegar.
La razón...
Pues, ¿qué razón puede haber
que se oponga a la verdad?
Pues que las queréis saber,
contra vuestra necedad
estas podéis atender.
Un francés de desatino,
si es que de mudarme fragüe,
de su ley por más camino,
que busque testar el agua
y deje la ley del vino.
El agua se ha de buscar
de la que con eficacia
sirve por cristianar,
porque la que no es de gracia
nos hace desbautizar.
Alcuzcuz, no es desatino,
si del abrojo el lis
ha probado lo divino.
El que no quiera el aceite,
que acometa al tocino.
El argumento es sutil
aunque parezca grosero:
mi escudo es un pernil,
que yo renegar no quiero
nunca a moco de candil.
No es acción mal permitida,
pues la razón aprovecha
con la verdad defendida,
que deje a mi ley derecha
y que busque una torcida.
En la ceguedad que estáis,
solamente en los placeres
la conveniencia fundáis,
y el descanso que lográis
es tener muchas mujeres.
De una mujer, mil leones
no igualan la condición.
Reparad, tristes varones,
si es que es juego de Sansón
el de tantas condiciones.
¡A mi Dios, que en vuestra secta,
según muestra la razón,
el que adoráis por profecta
es un triste zancarrón!
En mi ley con eficacia
un Dios solo confesamos,
contra vuestra pertinacia,
y siempre alegres estamos,
porque en fin es ley de gracia.
(Va a darle)
Sellen tus labios, villano,
mis dedos.
Tened, mastines.
Eso pronuncias, tirano.
Mira, mira que a escarpines
te huele, por Dios, la mano.
Mal lograda juventud,
entre aquí con su señor.
Eso te causa inquietud.
Si el alcalde no es doctor,
tendremos linda salud.
Puesto que licencia tengo
para que entre a verle hoy,
este susto le prevengo.
¡Mantequillas!
Ya me vengo.
Entre presto.
(Vase)
Ya me voy.
Adiós, amigo Alcuzcuz.
Buen viaje, Mantequillas.
Que no sepa hacerme el buz.
¡Qué pobre está de pastillas
el calabozo, adiós luz!
De la vida es hoy el día,
voy a verla en conclusión.
(Vanse)
En tan célebre porfía
no nos faltará turrón,
porque todo es alegría.
Sale Carlos con cadena.
Venturosa cadena,
que templas de mi pena
el dolor que la queja me procura,
pues haces compañía,
tu peso es alegría
y en esta soledad (aunque tan dura),
pues tu peso acompaña mi desvelo,
no es pesar para mí, sino consuelo.
Arroyo desatado
se ve en el verde prado,
que el curso fugitivo que dilata
en las fragantes rosas
y olorosas esposas,
lisonjeras le sirven a su plata,
que el diciembre al cristal, por más primores,
le aprisiona las perlas con las flores.
Del vencido reclamo
al engañoso ramo
alegre el pajarillo incauto llega;
(y las plumas pintadas
dejando aprisionadas),
a esclavitud pacífica se entrega,
y en la prisión que al vuelo oprime tanto,
la libertad olvida con el canto.
Porque su esposo pierde,
el ramo deja verde
la tortolilla que, llorando triste,
busca la seca rama,
que, muerto lo que ama,
huye de la que el mayo alegre viste,
que un corazón amante, aunque tan rudo,
solo descansa en otro más desnudo.
Despliega al alba hermosa
los nácares la rosa,
y la copa olorosa de su grana
de perlas la guarnece
cuando el sol amanece,
porque su fin conoce la mañana,
que el aljófar que en ella al nacer vierte
lágrimas son por su temprana muerte.
¡Oh temerosa hermana!,
cuando a la flor temprana
imitará constante tu fineza,
cruel, ¿qué aventurabas,
pues muriendo lograbas
del alba celestial mayor riqueza,
áspid en flor, que quieres por tu daño
morir de la lisonja de un engaño?
La mentida corona
su fin no te pregona,
porque del rayo de la muerte airada
la necia pesadumbre
en la dorada cumbre
no se ve del imperio preservada,
que en diademas, por más que te consueles,
peligran circulares los laureles.
Antes por mi ventura
te diera sepultura
en su líquida sal el mar airado,
o muerte, aquel pirata
que en campañas de plata
quitó la vida de mi padre amado,
murieras infelice tú primero
y hicieras el rigor más lisonjero.
Dentro Mantequillas.
Carlos, señor, amo mío,
dónde estás que no te encuentran
ni mis manos a tu bulto
ni mi voz a tus orejas.
Carlos, Carlos.
Mantequillas,
amigo, a mis brazos llega.
Obra en lo obscuro parece
de cierto, amigo, la cueva.
Carlos, señor, amo mío,
deja que bese las suelas
de tus pies, aunque mojadas
estén de la fresca arena
de este lago en que las ranas
prueban su antigua ascendencia.
Qué hay de nuevo, Mantequillas?
Babilonia está revuelta
con la boda de tu hermana
y cruel pretende Ismenia
que te cases, o sacarte,
Carlos, adonde te vean
sin que la quieras, digan
que muriendo estás por ella.
Sin duda, amigo, que Fénix,
pensando que me atormenta
con el susto del martirio,
te envía con esas nuevas.
Vuelve y dila que constante
en mí temores no reinan.
Qué dices, cuerpo de Cristo?
Vuelva un turco, un moro vuelva,
que yo vengo a acompañarte
y a perder vida y hacienda
después de Dios por mi amo.
Qué dices?
Si tú recelas
cobardías en mi fe,
te has engañado en conciencia.
Oh cómo de ti aprender
mi infame hermana pudiera,
que una mujer renegase
de tan señaladas prendas!
Pues qué mujer que es vana,
de un instante no reniega?
Dentro Zelín.
A ese calabozo obscuro.
Amo mío, por más señas
esto es tocar a degüello.
Mantequillas, nada temas.
El valeroso Sansón,
con la cuchilla sardesca
que para alentar los filos
lleno en la olla las muelas,
no se halla con más valor.
Sale Zelín.
Carlos infeliz, Ismenia
y tu hermana, a darte vienen
las tristes mortales nuevas
de su desdichado fin.
Y a esta parte se acercan.
Las claraboyas de arriba
han abierto, y el sol entra
a registrar las paredes.
Clara ha quedado la cueva,
oigan hasta en las mazmorras
se usan también apariencias.
Ya llegan Carlos a verte.
Denme los cielos paciencia,
para ver mi ingrata hermana.
¡Qué humanas son sus altezas!
En lo alto Ismenia y Fénix.
Hoy se templará mi enojo.
¿Quién reducirle pudiera?
¡Qué feliz día que aguardo!
¿Que el aplauso no le venza?
Beberé su infame sangre,
¡Oh, qué de asombros me cercan!
Empiecen pues mis rigores,
Carlos.
Señora,
Qué pena
me da, el verle de esta suerte,
hermano,
reclamo: Hermano,
43 30
Hermano,
(Aparte)
¡Ah, falsa sirena,
que en lo dulce de la voz
mi muerte abrigas sangrienta!
El Soldán, Carlos, mañana...
Mañana mi padre ordena
que en la plaza de palacio
antes que el cuarto planeta
niegue a la mitad del mundo
su luz, en un tronco mueras;
Carlos, de tu ciego engaño
quita a los ojos la venda.
(Aparte)
Hermano, no te despeñes.
Mira, Carlos, que atropellas
la vida, dichoso tú
que más el morir te alienta.
Ponzoñoso basilisco,
hermana enemiga, fiera,
hermana; miente la voz,
que si tú mi hermana fueras
no por miedo de la muerte
mancharas la sangre regia,
que cristianísima ilustra
aún más que real mis venas.
Y yo por un dorado yerro
(engaño mejor dijera)
que al leve soplo del viento
se tuerce, si no se quiebra;
he de despreciar la gloria
que el azul cuaderno enseña,
al que por su ley constante
aspirare a merecerla,
no ha de temer las cuchillas
que fulminaren sangrientas
un cristiano corazón,
pues se labra aquel que entrega
por Dios la vida a sus filos,
la palma que le preserva
del rayo de los abismos,
de sus cuchillas soberbias.
Fénix, ¿tú no eras amante
de aquella rosa tan bella
que al desabrochar el sol
el nácar de su pureza
de los riesgos de la culpa
la libró su omnipotencia;
así, a la fuente de gracia,
así, del mar a la estrella,
así, al espejo del sol,
así, a la blanca azucena,
así, de Jacob la escala,
así, al consuelo de penas,
así, al más hermoso lirio,
así, a la palma más bella,
así, a la fértil oliva
que los diluvios serena,
y así de David la torre
quiere escalar tu soberbia?
Ingrata desvanecida,
sin reparar desatenta
que de tu impulso la ruina
que labrar te pretende ciega.
¡Ay de mí!, que de mi error
aquesta razón acuerda
la culpa a mi ceguedad.
Mas disimular la pena
no podré si más le escucho.
(¡Oh, qué de asombros me cercan!)
No te quiero responder
cuando tu locura necia
en esta ocasión te tiene
tan incapaz de la enmienda.
Ven, Ismenia.
A reducirle
con él, hermana, me deja.
Vase.
Nadie le podrá vencer.
Podrá ser que yo le venza.
Peor que no un mal francés
es una hermana francesa.
Zelín, retira ese esclavo
y afuera con él te queda.
Retírate, Mantequilla.
Vanse.
Por ajado me destierran;
valor de cristiano honrado
ten (señor) con esta perra.
En vano contra mi pecho
será cualquiera cautela
que del desengaño siempre
me aseguró la defensa.
Carlos, de muy buen semblante
te dejan las malas nuevas.
Quien muere por lo que ama,
la muerte le lisonjea.
¿Es la causa por quien mueres
aquella deidad? ¿Aquella
hermosura peregrina,
que, haciendo pincel la lengua,
a mis ojos sus primores
groseramente bosquejas?
Faltar a lo cortesano
es gran culpa en la nobleza;
por atento no se tiene
el que el decoro atropella;
la discreción del respeto
es la mejor elocuencia,
doctrina que es en los nobles
mucha culpa el no aprenderla.
¿Qué es pintar otra mujer?
Donde yo estoy, no quisiera
que el afecto despeñase
la razón.
Si vuestra alteza
conociese aquesta dama,
le aseguro con más veras
que su razón, de mi parte,
con más razón se pusiera.
¡Qué neciamente en su humor
con la disculpa se empeña!
¿Qué puede importarme a mí
conocerla?
Mucho, Ismenia.
¿A mí importarme?
Infinito.
¿De veras?
Esto es de veras.
En cuanto descubre el sol,
ni en cuanto abraza la tierra,
¿hay mujer más soberana
que yo? Carlos...
Sí.
¿Quién?
Esta.
¿En ella qué puede haber?
Cuanto puede haber en ella.
¿Es más hermosa que yo?
No hay pincel que la encarezca.
¿Compite con mi valor?
Ella venció la soberbia.
¿Coronase de victorias?
Ella es la Judit más bella.
¿Igualame en el poder?
Suyo es el cielo y la tierra.
¿Señora de tierra y cielo?
¿Cómo es posible que sea?
Porque del Rey celestial
es la soberana reina.
¿Reina?
Sí, que es de Dios Madre.
¿La Madre de Dios es esta?
¿Cómo se llama?
María.
¿María? Por conocerla
te diera la libertad.
¿Qué dices, hermosa Ismenia?
María, ¡qué dulce nombre,
o cómo en el alma suena!
No sé qué secreto impulso
mi corazón lisonjea,
pues con su acento en mi pecho
es piedad el que horror era.
Carlos, si de esa señora
alguna copia me dieras
en que de sus perfecciones
halle tan divinas señas,
tu verdad acreditara
con singulares finezas.
¿Con qué fineza, señora?
Procura que yo la vea,
que entonces sabrás de mí
mi resolución.
Si fuera,
Ismenia, para adorarla
yo, mas temo...
Nada temas.
Yo la haré si tú me traes
instrumentos con que hacerla,
¿pero cómo yo me empeño
en tan imposible empresa?
Mas sin duda cuando aquí
tras sí el afecto me lleva,
algún soberano impulso
es el que guio mi lengua;
y pues el cielo me envía
casual esta advertencia,
el cielo hallará camino
para lograr sus grandezas.
Yo dispondré con recato
el traerlos, de manera
que no repare ninguno
nuestro intento, y con cautela
a mi padre le diré
que algo reducido quedas
a mi ruego, y el castigo
pediré que te suspenda.
En vos, señora, confío
el logro de aquesta empresa.
¿Cómo la reina se llama?
María.
Tiernas cadencias
repitan siempre su nombre;
el corazón hecho lenguas,
María, dulce María,
amante el pecho se encienda
al fuego de nuestro auxilio.
porque como el fénix pueda
renacer a mejor vida
de tan difuntas pavesas.
A ser dichosa camina.
A ser más feliz te queda.
Volverse el rayo en laurel,
será reducirse, Ismenia.
Carlos. * La equivocación, oh María, que vos me disteis inmensa.
Fin de Jornada.
Aprobada. Reprobada.
¡Oh, qué dichosa te ves,
si el bravo león soberbio
a la sombra de María
humildemente se templa!
Volverse El Rayo En Laurel.
De don Francisco de Avellaneda.
Salen Carlos, y Mantequillas, sin prisiones.
¡Qué bien se le luce a Ismenia
que hay en ella gran mudanza,
pues como a cuerpos de rey
hoy a los dos nos regalan!
Ayer nos daban pan duro,
hoy, molletas regaladas,
hechas para aqueste fin
en el horno de la Mata.
Ayer, camisa de anjeo,
hoy, ropa la más delgada,
que contigo en Babilonia
hizo las paces de Olanda.
Ya los tiernos perdigones
nos sirven como unas pavas,
que poniendo ella las aves
quiere que la demos caza.
Los pollos con las pechugas
ministran como las natas,
y las bocas de comerlos
nos quedan muy empolladas.
Dulces ruedan, que es contento
ver en la mesa; la batalla
que les da la golosina,
publica el son de las cajas.
qué brevas, válgame Cristo,
lo que de aquesto se gasta,
solamente las almendras
pueden decir lo que pasa,
que tostadas de manteca
nos suelen servir de pasta,
y en esto dan en el chiste
porque son muy sazonadas.
Solamente en las comidas
el vino nos hace falta,
pues que nos deja burlados
eso es claro como el agua.
Tal vida ningún vizconde
en su aldehuela la pasa;
mas yo supongo contigo
que en la suma castellana
si tú eres par (amo mío),
yo vengo a ser non de Francia.
Pero dejando ahora a un lado
(famoso Carlos) las chanzas,
¿no me dirás el intento
(por Dios) con que esta mañana
Ismenia trajo aquel lienzo
y entre otras mil zarandajas
trajo un bastidor de encajes,
porque con secreto entrara
tiento, paleta, pinceles
y colores, que aunque andaban
todos revueltos, venían,
señor, como en una caja.
Carl-
2
35
Sabrás, amigo, que Ismenia
del mundo hermosa amenaza,
siendo de la fe de Cristo
la más opuesta venganza,
solo al nombre de María
rindió toda su arrogancia.
Vencerse a tan dulce nombre
sería con mucha gracia.
Las veces que a verme viene
porque así el soldán lo traza,
es a fin de reducirme,
y está con darle esperanza
de que me va persuadiendo,
todo lo que quiere alcanza.
Para convertir, señor,
a un joven de buena traza
suelen echar religiosos,
que es una cosa muy santa.
Mas yo sé que no se ha visto
en la ocasión que te hallas
el que un pobre prisionero
logre dicha tan extraña,
pues en vez de confesor
te echan, señor, una infanta.
Lo que más me admira es ver
que su padre sin más guardas
la deje venir a verme.
3 / 36
A la prisión.
¿Eso extrañas?
No te admire que el soldán
haga tanta confianza
de una mujer, que su estado
siempre ha sido la campaña.
La pólvora, su menjuí;
y su abanico, la adarga;
su mondadientes, el freno;
su estuche, la cimitarra;
su rebozo, la carabina,
despertador de batalla,
y el fiero veloz bruto,
su trasportín o su hamaca.
Habiendo yo de María
(aunque fue corta alabanza)
repetido en atributos
celestiales semejanzas,
de su divina hermosura
casi aseguro inclinada
que si alguna copia viera
que confirmase su gracia,
entonces a nuestra ley
confesara.
Linda chanza.
Mira, señor, que es malilla
(aquesta turca) con guarda,
y aunque triunfe de su secta
ha de quedar con tenaza.
Yo por lograr esta dicha
de hacerla (la di palabra)
San Agapito, San Cosme,
disparaste, y más de marca,
señor, no siendo pintor
ni oficial, porque en tu casa
solo te enseñó tu padre
a dar bravas cuchilladas.
¿Por qué aquesto los señores
aprenden con linda maña?
¿Cómo has ofrecido hacer
una imagen a una dama?
Tú de galán tienes talle,
mas de pintor mala traza.
Cualquiera que palanquea
a conocida ventana
hará reales figuras,
no pintará soberanas.
Si con el bulto no aciertas,
temo, en cargo de mi alma,
que nos menee a los dos
muy bien el bulto la palpa.
Mantequillas, dame presto
el lienzo, y de aquesta caja
Saca lo que dice.
Los colores y pinceles
que tiene al instante, saca.
Que aunque no sé de pintura,
en María soberana
confía mi fe lograr
el dibujo de su estampa.
Ya está aquí lo que has pedido,
mira si otra cosa falta.
Arrodillado en la tierra,
el rostro al cielo levanta
a pedir que nos socorra,
pues siempre al ruego ampara.
En tu virtud, señor mío,
fundar puedes la esperanza
de ejecutar lo que intentas,
pues de tu vida ajustada,
para mártir solamente
el que te quemen te falta.
Si yo tan dichoso fuera
que mi rudeza lograra
el conseguir lo que intento.
Empieza a delinear con un compás.
Empieza, Carlos, ¿qué aguardas?
Joseph, que sois carpintero
de vuestra esposa sagrada,
para que tomemos puerto,
echadnos alguna tabla.
De esta parte el bello rostro
quiero formar.
En la esquina superior derecha se encuentran los números 4 y 37.
Según trazas,
recelo que la pintura
te ha de salir a la cara.
De aquesta parte las manos.
Arrodillado.
Calla, calla.
Perfecciona, señora, mi rudeza,
por que logre feliz en la pintura
el diseño mejor de la hermosura,
si copia puede haber de tu belleza.
Las líneas que ilustró naturaleza
con el compás de la mayor criatura
dirija perfección, a la más pura
idea, en quien se cifra su grandeza.
Artífice Lisipo soberano,
lucís siempre inmortal por tus primores,
Policleto dichoso, tú me guía,
porque a Apeles la fama desmienta,
Timantes, en pureza de colores
imite el simulacro de María.
(Duérmese.)
Por cierto que el sonesillo
me ha servido de almendrada;
el sueño me va sitiando,
que de tiros me disparan
trezientos pasos de frente,
han abierto a la muralla.
El capitular es fuerza.
Hacer quiero la llamada,
el trompeta del ronquido
en el aire luego salga.
De el campo del enemigo
los Generales, firmadas
tienen ya las condiziones,
todos los bostezos salgan;
Con cruz en boca, oh qué bien,
que se ha rendido la plaza.
No desconfíe mi fe,
Reyna siempre Immaculada,
el que mi afecto merezca
conseguir dicha tan alta,
logre, divina María,
vuestra efigie soberana,
pues al más devoto impulso
mi corazón os aclama.
Música.
Carlos, a su voz el cielo
socorre con alegría,
que a sus devotos María
asiste con más consuelo.
El gozo al alma aprisiona,
la luz a la vista engaña,
hablar ni mirar no puedo
en tan venturosa calma.
¡Oh, cuán feliz me hace el cielo!
Repitan tus alabanzas,
porque yo no las malogre,
las celestes consonancias.
Entre sueños.
Señor, no menos voces
que aquesto de hacer estampas,
aun más que fuerza en lo hablado
quiere muchísima maña.
Chirimías.
Tocan chirimías y baja el Ángel con la Virgen.
Este lienzo, Carlos, quiere
nuestra Reyna soberana
que te alivie del cuidado
que tienes de retratarla.
Quien con fe pide a María
todo cuanto pide alcanza,
y así a Artífice divino
le mandó que la copiara.
Tómale, pues que, en mirando
su belleza Immaculada,
En el margen izquierdo, escrito transversalmente: Coronas celestes / que logra quien busca a María / por única feliz puerta
del afecto que tuvieres
llevará Ismenia la palma.
Y por que con ella quede
oculta dicha tan alta,
manda que agora llevemos
el lienzo que dibujabas.
Chirimías y vase el ángel.
Pura siempre te repitan
las filomenas sagradas.
Despierta.
¡Ay, señores! ¿Tal hablar
en que duermo no reparas?
¡Oh, qué mal están los amos
con criados que descansan!
Aunque humilde, en sacrificio
a vuestras divinas plantas,
emperatriz de los cielos,
os ofrezco toda el alma.
Levántase.
¿Qué es lo que mis ojos ven?
Mis ojos si no se engañan,
ojos, no miráis al sol,
mis ojos no, sino al alba.
¿Qué es esto? ¡Carlos! ¿Qué es esto?
Mas ya el discurso lo alcanza
pues tus costumbres me dicen
que eres un Juan de buen alma.
Dime, ¿si acaso ha venido
Francisco Rizi a copiarla?
Que parece de su mano
esta imagen soberana.
Dentro. Ismenia.
Carlos.
Aquesta es Ismenia.
Hermosa dicha la aguarda.
Esconde agora en la gruta.
Guardará el compás la manga,
porque temo que nos corra
la imagen la turca falsa,
y si tal cometiere, creo
que el darla de puñaladas
no será por Jesucristo
cosa muy descompasada.
Sale Ismenia sin reparar en la imagen.
El corazón y el discurso
que opuestos los dos batallan,
la razón contra el amor
se ve con mayores armas;
rendirme por un informe
amar, ¡qué despeño para!
Yo la he de negar
a tantos reyes
que de contino a mi ley
aguardan.
¿Yo he de faltar a mi cuna?
¿Yo he de perder el imperio?
¿Yo, ciega, negar mi patria?
¿Yo despreciar mi corona?
¿Yo abatirme a ser esclava
por una mujer? No quiero,
la razón triunfando salga.
¿Qué dudas son las de Ismenia?
¿Qué tendrá (señor) la infanta?
Repara en la imagen
¿Vencerme a mí una mujer
en que pensó mi arrogancia;
puede haber otra hermosura
en quien se incluyan mis gracias?
¿Puede el sol ni las estrellas,
la tierra, el aire y el agua,
reverenciar por más bella?
¿aplaudir por más gallarda?
¿temer por más poderosa?
No puede; miente la fama
que el haber otra mujer,
lo pese a toda mi rabia,
no puede haberla, ni el cielo.
Mas ¿qué miro que en el alma
causa tan nueva alegría,
tan extraño placer causa?
Dime (Carlos) ¿es aquesta
la Reina que, más el habla
no puede (¡ay de mí!) decir,
su nombre, el nombre me valga.
María, ya el corazón
del alborozo se abrasa
y por todos los sentidos
procura salir en llamas
porque con lenguas de fuego
pregunte + si eres
¿Si eres espejo del sol?
¿Si eres la estrella del alba?
Esta es la hermosa Deidad
cifra del divino ser,
esta la gloriosa Ester
que dio al mundo libertad;
aquesta la Majestad
en quien el poder mayor
del más soberano Autor
se incluye, pues siendo Madre
del Verbo, se ve que el Padre
no pudo hacerla mejor. + ojo.
Un corazón tan cobarde
que fue su pecho el engaño
y con este desengaño
no es mucho conozca tarde
ya que a vuestras luces arde.
Purificadle, María
y de la tiniebla fría
a la luz de su belleza;
si anocheció a la tristeza,
amanezca, a la alegría.
Perdonad mi vista ruda
pues yo que no os conocí,
que quien duda no os adora
por adoraros sin duda:
Señora, el alma desnuda
os sacrifico en despojos,
porque con vanos antojos
no se perturbe, pues sé
que el oficio de la fe
no se permite a los ojos.
A continuación, tachados y con una cruz al margen, los siguientes versos: Mant.- Creer [...] de Cristo / creer como turca honrada / y aunque poseas la dicha / no creas como beata. En el margen interior, junto a la tachadura, aparece la firma de Francisco de Avellaneda.
¡Oh, qué triunfo tan glorioso!
Hoy, Carlos, hace la entrada
victorioso en Babilonia
mi hermano, y Fenisa, tu hermana,
dejando a Tiro rendida
nuestras invencibles armas.
A recibirlo, mi padre
quiere que esta tarde salga;
y así vengo cuidadora
a prevenir que las guardas
te saquen a ver el triunfo;
pues creyendo la mudanza
que de tu fe hacer pretendes,
según le he informado, manda
mi padre que, por que tengas
algún alivio, en tus ansias
de la prisión salir puedas.
Esta merced cristiana...
Entre las tejidas hiedras
que aquestos muros abrazan,
por que asegurada quede
del riesgo de alguna guarda,
a María ocultaremos,
por que sin recelo vayas
a ver el triunfo.
Señora...
Y esta noche, antes...
Repara.
que las sombras de su manto
retiren, nuestra jornada
haremos a Bersabé,
con lo más que el volcán guarda
en su tesoro imperial.
Toca de Dios tal palabra.
Si mil imperios tuviera,
tantos, señora, os diera
por la dicha de adoraros.
Alentad mis esperanzas,
logre feliz la fortuna
de veros en mejor casa,
que en tanto mi corazón
templo será en que guardada
estéis, aunque el hospedaje
os negare enamorada
hasta que con el bautismo
se mire más limpia el alma,
pues no es casa para Dios
la que se mira con mancha.
En el margen superior derecho de la página derecha se lee: 9 / 42
A Dios.
Él te guarde.
Valor.
Mi fe no desmaya.
Viva de Cristo la ley.
Viva a pesar de mudanza.
¡Oh, ejemplo el mayor del mundo!
Señora, si tú me amparas,
el rayo de Babilonia
será laurel de tus plantas.
Vanse, y salen el Soldán y Celín.
Mucho a Ismenia he debido,
pues de Carlos el triunfo ha conseguido;
aquesta es la victoria
que a mi poder añade mayor gloria.
Ya venturoso veo,
sin violencia logrado mi deseo;
con Fénixo y con Carlos, en quien fundo
mi esperanza, seré dueño del mundo.
Míseras majestades
son las que dueños son de dos ciudades,
no yo, que aunque perdiera
cien reinos, de otros tantos dueño fuera.
Mi diestra ha conquistado
el imperio que gozo dilatado,
y aunque sin él me hallara,
mil veces, otros mil, le conquistara.
Almanzor victorioso
de haber rendido a Tiro, más glorioso,
hace la entrada ufano
hoy en mi augusto alcázar soberano,
e Ismenia venturosa
de Carlos ha de ser feliz esposa.
Ya Fénixo y Almanzor llegan ufanos
a merecer, señor, besar tus manos.
A Ismenia llama, porque el triunfo vea.
Atabales.
Ya sale, gran señor.
Sale Ismenia, Fénixo, y Almanzor, y acompañamiento de moros y moras.
Darte desea
mi amor el parabién de esta victoria.
Mío el contento es, tuya la gloria.
A tu obediencia, señor,
ya queda Tiro.
Tu frente
ya la corona más fija
con este suceso tiene.
Tan valerosos guerreros
seguros los triunfos tienen.
De tu valor, bella Ismenia,
todo mi aliento procede.
¿Quién, hermana, en tu ardimiento
no aprenderá a ser valiente?
El más opuesto enemigo,
el vasallo más aleve
a ser sangriento escarmiento
y de Babilonia viene.
Ya mi edad no me permite
estar en pie de esta suerte,
hijos, permitid que os oiga,
Almansor, hermosa Fenis,
¿cómo fue el sitio de Tiro?
Siéntase en una silla o almohada.
Escúchale atentamente.
De Babilonia con cien mil infantes
salí marchando a Tiro diligente
y en batallones (que formé) volantes
pareció (gran señor) que nuestra gente
en ondas navegaban de turbantes,
pues en ellos el sol resplandeciente
reverberando en luces se dilata
formaba un mar de fugitiva plata.
Cuarenta mil caballos que a la tierra
temblar hicieron los robustos montes,
en los valles formaban larga sierra
animada de hermosos Flegetontes,
a todo el mundo amenazando guerra
estrechando, marchaban horizontes,
que al tropel de los vientos, iracundo,
aun era estrecho el ámbito del mundo.
Mi padre al sueño rendido
sin duda (hermanos) padece
alguna triste congoja.
Entre sueños.
¡Cómo tirano me ofendes!
Sangriento neblí de pluma
suspende el vuelo, suspende
no del poder de tus alas
te fíes, aunque penetres
de las campañas del aire
dilatadas altiveces,
pues del poder de mi rabia
mal asegurarte puedes.
Despertando alborotado.
Señor, ¿qué es esto?
Tiralde,
pues en el alma me hiere.
¿Qué novedad ocasiona
en ti tan nuevo accidente?
¿Qué razón (querido padre)
a tanto extremo te mueve?
¡Oh, qué pesado letargo!
Hijos, en el tiempo breve
que al sueño quedé rendido
(mentiroso en sombras siempre)
soñé (¡qué pesada imagen!)
que entre las garras crueles
llevaba los corazones
de Ismenia, y mi amada Fenis
un águila, y en el sol
los fijaba, ¡lo que puede
aun en sombras un pesar!
Cuando con nuevos placeres
aguardo que Babilonia
logre el día más alegre
que ha visto, desde que alumbra
ese planeta luciente.
Perturbarme el regocijo
el ruego atrevido quiere.
Al templo, todos, venid,
del gran profeta a ofrecerle
cien víctimas que en sus aras
sacrificadas se quemen,
holocausto que a su imagen
ofrecen todos los reyes
cuando de alguna conquista
gloriosos del triunfo vuelven.
Señor, si me das licencia,
permite que recogerme
pueda, sin que al templo vaya;
porque agora un leve accidente,
esparciéndose en mis venas,
que te acompañe, no consiente
tu persona.
Vete, Ismenia,
que aunque cuidadoso quede,
no puedo faltar agora
de esta función, aunque siente
mi amor el mirarte así;
pero yo haré que se abrevie,
y volveré presto.
El cielo
que te detengas ordene.
De no asistirte me pesa.
Faltar de tu lado teme
mi amor.
Alá os guarde, hermanos.
reclamo: todos
Él mismo tu vida aumente.
Vamos, pues, antes que el sol
las doradas luces niegue.
Cajas y clarines.
Decid que viva Almanzor.
Repetid que viva Fénix.
Noche, con tu oscuro manto
a Ismenia la favorece.
Vanse. Y salen Carlos y Mantequillas.
Babilonia no ha tenido
día, señor, más alegre.
No vi mayor población,
es innumerable gente.
Líneas tachadas a continuación
¡Oh, qué bien que parecían
las damas, en palafrenes!
Que es gran hombre de a caballo
Ismenia, no se le niegue.
¡Qué airoso el hermoso bruto
regía!
Señor, detente,
que aunque es tiempo de figurar,
de pintar no es tiempo aquéste.
Sale Ismenia.
¡Carlos!
Señora.
Mi padre
y todos, al templo alegres,
van a ofrecer con sus ritos
el sacrificio que suelen;
Yo me excusé por lograr
la ocasión, que nos ofrece
tan famosa, este intermedio
fingiendo un leve accidente.
Tomad los dos estas armas
y seguidme.
Diez mil veces
beso (señora) tus pies
si es que pies las damas tienen.
Nada os asuste, venid
pues del Parque, me prometen
más seguras esperanzas
de salir, sus calles verdes.
No demos en la del Oso
por la calle de Valverde.
¿Qué señas, para las guardas
nos das?
Ningunas.
¿Qué quiere?
para las guardas, señor,
lo mejor es mostrar dientes.
Para que la estrella fija
el acierto nos enseñe,
Mantequilla, con la imagen
ve delante.
Escudo fuerte,
de las lunas de los turcos
(pues eres sol) nos defiende.
Vamos, valerosa Ismenia,
y nada te desconsuele,
aunque tu padre, y el mundo
en la fuga nos encuentren.
Adiós, palacio de engaños.
Adiós, casa de placeres.
Donde tiene la mentira
el más soberano albergue.
Que Ismenia te deja por huir alegre
que al alma no engañan mentirosos bienes.
Vanse y sale el Soldán.
En el margen derecho, escrito en vertical: aunque a el engaño de los [...] eligere / que [...] as de ber biuir
Cuidados me ocasiona
a que el sacrificio deje
el mal de mi amada Ismenia.
¡Ay dioses, el que no os tiene
ni sabe qué son pesares
ni sabe qué son placeres!
Permita Alá que yo logre
ver el día en que celebre
mi afecto con más aplauso
su boda para que llenen
con estas dichas las glorias
que el suceso me promete.
Salen Celín y Mira.
¡Oh, qué lastimosa nueva!
Escapóse como un cohete
la Ismenia con el buen Carlos.
Dejaré que Mira llegue
a darle el mortal aviso.
¡Oh, quién pudiera esconderse
por no ver aquella cara!
Mira, Celín, ¿qué os suspende?
Señor...
Señor...
¿Qué decís?
Carlos...
Ismenia...
¿Qué tienen?
De la prisión...
En palacio...
Se ha escapado...
No parece...
Áspides de mis sentidos,
no me dilatéis, crueles,
la ponzoña al corazón;
dadme sangrientos la muerte.
¿Qué decís?
Que falta Carlos.
¿Qué dices?
Que falta...
Tente,
no digas que falta Ismenia.
¿Quién se vio en trance más fuerte?
¿De qué me sirve el imperio,
si el poder no me defiende?
Las puertas de la prisión
abiertas hallé, y pendientes,
de una aldaba, a que están llaves.
Sembrado dejó el retrete
con sus vestidos, señor.
Llamadme a Almanzor y a Fénix,
para que aquesta traición
al instante se remedie.
Sangre se echa por los ojos.
Ya del sacrificio vuelven.
De Babilonia las puertas
mandad que luego se cierren,
y que los barcos del Nilo
los retiren, o los quemen.
Sale Almanzor y Fénix.
Señor, ¿qué es esto?
Almanzor.
Padre.
Mi querida Fénix,
Carlos me ha robado a Ismenia.
¿Qué dices?
No es tiempo aqueste
de discursos, a buscarlos
salid con toda mi gente.
De Almanzor (tirana Ismenia)
¿cómo asegurarse puedes?
Carlos, aunque al cielo subas
no estás seguro de Fénix.
¡Qué seguros de traiciones
no puedan vivir los reyes!
Vanse, salen Carlos e Ismenia, y Mantequillas con la imagen.
Hermosos campos del Nilo.
que la salpicada aljófar
de sus perennes caudales
la verde ribera bordan.
Sierpe de plata que bañas
las campañas arenosas
de Egipto, dándole a Ceres
aplausos con siete bocas,
no me nieguen tus corrientes
el sagrado de sus ondas
que bien merece el refugio
la que sagrado te invoca.
Al verde abrigo que ofrecen
destos laureles las hojas
puedes dar a tu cansancio
algún alivio, señora.
Aurora del mejor sol
de la noche tenebrosa
librad, la que a vuestras luces
ya menos ciega os adora.
En la tarja del oriente
Febo por cuenta lustrosa
empieza a rayar el día
y en el ocaso le borra.
Tocan clarín.
¿Qué clarín es el que suena?
Trompetero a aquestas horas
en el río, si es el cojo
del Prado que va a la sopa.
¿Qué novedad será esta?
Hacia esta parte las tropas
suenan de caballería.
Quién tuviera aquí la boca
de un amigo en que esconderse
que está abierta a todas horas
y un hombre con su mujer
cabe en ella a poca costa
pues con servicio de cueva
tiene su sala y alcoba.
Recorriendo la ribera
viene la gente.
¿Qué importa
que mis tiranos vasallos
en esta fuga nos cojan?
Yo en tu ley he de morir,
que por eso la corona
abandoné de mis sienes;
nada me asusta ni asombra
aunque temo que en sus manos
esta soberana copia
no padezca los ultrajes
que han ejecutado en otras.
Arca del mejor Noé
de la tempestad furiosa
que amenaza nuestras vidas,
pues sois la blanca paloma
serenad de este diluvio
las tristes mortales sombras.
¡Qué cerca que están de mí!
¡Quién se volviera en anchoa!
Fletado de resplandores
del Nilo las crespas olas
rompe un bajel los cristales
y es cada remo una antorcha.
Dentro Música.
Alégrense los justos
en el Señor pues ven
que en el mayor peligro
asiste su poder.
¿A quién música en el río?
¡Dan, señor, a aquestas horas!
Al cuatro de Juan Hidalgo
me ha sonado aquesta solfa.
Dentro Almanzor.
Cajas.
Ramas ni troncos dejéis
que vuestras cuchillas corvas
de las iras de mis filos
ostenten que las perdonan.
Dentro Música.
En cítara y psalterio
sus glorias alternéis
a dulces consonancias,
herid sus cuerdas diez.
Capa al agua.
Que se acercan, que me pescan,
Alcurcuz, misericordia,
déjame que por tus padres
y tu parentela toda
cuatro misas de difuntos
te haré decir en Atocha.
De marinero la que hizo el Ángel.
El barco llega a la orilla
y un bello joven se arroja
a tierra, y hacia nosotros
se encamina.
Ángel. Hola, hola, [...]
Carlos, Ismenia.
Ismen
espero encontrar en ti / que en el patrocinio de María / sin fin ni principio / alegre me vea / coronado y felice / con tu / eterno y fiel / amparo
¿Quién llama?
Mantequillas. Niño parece de Alcurcuz
porque era el encanto de Inglaterra mentía cielo [...]
Así la espalda al peligro
vuelves, así tu persona
huye del mejor laurel,
así, Ismenia, venturosa,
el esmalte más precioso
niegas a tu frente heroica.
Vuelve a padecer por Dios
constante a Babilonia
y no os neguéis del martirio
las eternas laureolas.
Y este celestial tesoro
llevaré a Francia dichosa
porque en el país de lises
se eternice la memoria
de Carlos siempre inmortal
y de Ismenia prodigiosa.
Desaparécese llevando la imagen.
Dentro Almanzor.
Acudid a aquella parte.
Carlos. Valor gallarda amazona
Quien no se ofrece al peligro
se desmiente las victorias.
Almanzor, tirana Fénix,
lleguen, lleguen vuestras tropas,
sin susto, que aqueste rayo
suspendido les perdona
la vida. Llega, tirana.
Salen Almanzor, Fénix, Alcurcuz y demás.
Cruel hermana engañosa,
En los márgenes y entre las columnas hay texto añadido de forma transversal y vertical, de difícil lectura, que parece corresponder a una escena alternativa o añadida: "Sold. - que es del gran hijo yzelin? / Zelin - Señor ya le traygo preso / con la mayor ignominia / que halle en su desvanecida / sobervia, y en su corbata / Alm - pues en el arzon le ata / de mi caballo... / ... solo sobre él se arrojan / haciéndole preso / han entrado". En el margen derecho hay más texto vertical parcialmente tachado e ininteligible.
Dase a prisión.
Fiero hermano,
agora verás, agora
que yo he de ser quien castigue
a tu sangre ponzoñosa,
como quien siente este agravio
la beberé.
Vil franchota,
mira que es culpa en las damas
decir que son bebedoras.
Alcun. Dase a prisión Mantequillas.
Segunda vez me desposas?
A anticipar a mi padre
esta nueva, pues tan corta
es la distancia, y en él
será nueva tan gustosa,
parte Celin.
(Vase)
Con el viento
veloz correré la posta.
Tocad a marchar soldados,
porque yo y Fénix mi esposa
hemos de llevar atados
aquestos dos a las colas
de los caballos, que aun
quiero, por más afrentosa,
hacer la entrada en palacio.
Con penas tan rigurosas
triunfa de mí, ciego hermano,
que al paso que me baldonas,
cuanto más crecen tus iras
tanto más crecen mis glorias.
Toque a marchar el clarín.
Ese es tormento de toca.
Valor, Carlos inmortal.
Valor, Ismenia dichosa.
Si he de ser mártir de Cristo
pido a su misericordia
me dé cien años de tiempo
para que el martirio escoja.
Dichoso triunfo he logrado.
Toquen a marchar las tropas.
Vanse. Salen el Soldán y Celin.
Hay marcas de tachadura sobre las abreviaturas de los siguientes personajes (Sold., Cel., Sold.).
Muera la fiera que vierte
en mi pecho la ponzoña
de su traición.
Muera Carlos.
Mueran, mueran, engañosa
sirena, así sus mentiras
me pagarán cautelosas.
Todo el susto que me cuestan
dándoles muerte afrentosa.
Prevenidos los verdugos
a sus gargantas traidoras
den los sangrientos cuchillos,
pues más en los nobles cortan,
y queden sus dos cabezas
pendientes por más memoria
de las almenas, que ilustran...
los muros de Babilonia
tocan cajas y clarines
Ya las cajas destempladas
y las sordinas componen
el aire en tristes acentos
Consonancia más gustosa
no han tenido mis oídos
Ya por los patios asoman.
Entran por dos palenques Almanzor con Ismenia a la cola del caballo atada, y Fénix con Carlos, y Alcuzcuz con Mantequillas y acompañamiento y tocan clarines y cajas
Salve, emperador invicto
que a tu frente más gloriosa
aun los términos del sol
tus sienes aún no coronan
Aqueste solo es el triunfo
que a mi poder más apoya
Alcuzcuz, ¿a un cortesano
por qué le das tanta soga?
Camine
Camina tú
que eres galgo, y según Moya
(el caminar) solo al perro
(y no a la maza) le toca.
Arrodillándose
Carlos a tus plantas llega
Ismenia a tus pies se postra
Llevaldos luego al suplicio
y esa fiera venenosa
derrame la noble sangre
que sus venas atesoran
no la manche más su infamia
pues tan ciega la deshonra
Padre, señor
Basilisco
a más iras me provocas
Por ti mira, honrado padre
porque ciego
Más me asombras
Sal del engaño en que vives
Llevaldos
la ley que adoras
deja, señor
¡Ah, cruel!
Advierte
Calla
que ignoras
que solo Cristo es el Dios
Llevad, llevad a esa loca
Señor, si pueden mis ruegos
Padre, que este nombre sobra
Para que piadoso logres
Para que en tu sangre propia
Uses más de tus piedades
Uses tus misericordias
Muera Carlos, viva Ismenia
A Ismenia, padre, perdona
Ismenia muera primero
que Carlos, porque conozcan
que el ser padre no aprovecha
cuando se ve que traidora
falta a la ley que profesan
nuestras lunas vencedoras.
Mira, gran señor.
advierte.
llevaldos luego.
Más glorias
a tus rigores les debo,
vasallos de Babilonia.
Cristo es el Dios verdadero.
Poco la muerte le asombra.
eso sí, Ismenia,
que poco el morir importa,
que el que aspira a mejor vida
tiene el morir por lisonja.
Tachado: + Mant- Si obra algun Marior lacayo no
alegre voy al suplicio.
¡qué divinamente exhortas!
glorioso triunfo consigo.
¡Oh, ejemplo, de tu sola,
oh falsa, oh cruel hermana!
tu obstinación más me asombra,
pues a las voces de Cristo
tú te muestras la más sorda.
de rodillas
aguarda, Carlos hermano,
que ya de mi culpa propria
he de labrar el perdón;
Señor, si aquel que os invoca
no le negáis el auxilio,
vuestra piedad me socorra.
Contra ti, Señor, pequé,
ten de mí misericordia.
ahora sí que eres mi hermana.
ahora, señor, dichas logras.
¿qué dices, fiera atrevida?
¿qué dices, amada esposa?
que la ley de Cristo viva
y vuestra secta engañosa
muera.
eso sí, y con la vida
defender aqueza heroica
resolución.
Mira, Fenis.
advierte.
en vano me exhortas.
Hermana.
desde hoy lo soy.
Amiga.
ese nombre sobra.
no los creas.
sí los creo.
Mira, Fenis.
no los oigas.
Pues ya que no os persuadís
a que de un Dios la ley sola
confieso, que profese,
estas galas que me adornan
daré al suelo por desprecio
de nuestro falso Mahoma.
Muere, cruel enemiga.
detente, Fenis hermosa.
Volvióse el rayo en laurel,
pues te defienden de su sombra.
Quitaldos de mi presencia,
y en esa hoguera espantosa,
que prevenida al suplicio
estaba, mueran.
Ya goza
el alma el mayor consuelo.
María, yo soy dichosa,
pues solo por conocerte
logrado esta victoria.
Aunque mis culpas son tantas,
ten, Señor, misericordia.
Llévanlos.
Llevaldos, ¿a qué aguardáis?
Muera, esa Circe engañosa.
Muera, esa ingrata enemiga,
que tanto mal me ocasiona.
Ya ese Carlos, que es la causa
de mis penas y congojas.
¡Quién, cielos, pudiera hacer
que, dilatando sus glorias,
en los tormentos viviera,
por lograr de aquesta forma
la venganza de mi enojo,
contra su sangre alevosa!
Chirimías.
Chirimías media clausura.
¿Qué música por el viento
suena apacible, y sonora?
¿Qué rayos mis ojos ciegan,
su luz convirtiendo en sombra?
Aparecen.
Aparecen en una hoguera Carlos, e Ismenia, y Fénix. Bajan 3 ángeles con palmas y coronas, al son de chirimías.
Quien deja el reyno por Dios
merece mayores glorias,
que en el cielo a quien le busca
le da la mejor corona.
Esta es la visión, que en sueños,
con más sangrientas congojas,
dije, que en la fantasía
me representó una sombra.
Huyendo voy de su vista.
Vase.
Como ciega mariposa
a la llama del engaño
tus sinrazones te arrojan.
De tus ojos voy huyendo,
pues fue tu ignorancia loca.
Vase.
Y porque es fuerza que quede,
uno que de aquesta historia
por verdadera al senado
le pida perdón, de todas
sus faltas, y no por nuevo
Como nuevo me le pongan
a Avellaneda, que humilde
hoy a vuestros pies se postra.
Fin. Reprobada. [Rúbrica]
* Manty. ¿No crees esto, cristianillo? Mantequillas. Yo creeré que es cierta historia siempre que me la declare la Santa Iglesia de Roma; Todos. y mientras llega ese día, perdonad las faltas todas.
* Mantequillas. Propondré al auditorio con toda sinceridad, no ser de fe aquella historia, y sin saberse la verdad, por la Católica Iglesia queda la fe figurada. Aprobada. [Rúbrica]
Madrid a 6 de octubre de 1689. 53. Vuelva a ver esta comedia don Juan de Vera y Tassis, e informe, y con lo que dijere se trai- ga. [Rúbrica]
Señor. Expurgadas todas las proposiciones que el Santo Tribunal censura por malsonantes, escandalosas, abusivas y con mez- cla de profano y sacro; y pudiendo Vuestra Alteza por la autoridad regia permitir la representación de esta comedia, soy de parecer que mandando Vuestra Alteza que no se pronuncie cláusula borrada, y que se digan al fin los versos añadidos por la in- certidumbre de la historia, puede Vuestra Alteza dispensar por esta vez el que se represente. Este es mi sentir, salvo, etc. Madrid y octubre 18 de 1689. Don Juan de Vera y Tassis
Madrid, 19 de octubre de 1689. Habiéndose visto este segundo informe de don Juan de Vera y el del doctor don Juan de Vie- da, que se ajusta a su dictamen, se permite el representar esta comedia, observán-