归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de San Roque. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/san-roque.
[Cubierta del manuscrito. Mss 17353. Biblioteca Nacional de España]
Y - 1004
Mss. 17353
[Página en blanco]
[Página en blanco]
San Roque
auto sacramental
893 1
San Roque =
Auto sacramental.
Legajo 14
6-7
19
374
Auto de san Roque. Son interlocutores: San Roque Roberto, su tío Marcelo, capitán Dos guardas soldados Otro soldado Dos pobres Todos de la ciudad de Narbona Alexandro Julio Dos ciudadanos Lucio y Luciano Isabela Carindo tonto Un demonio Dos dueñas Feliciano, ciudadano Rodulfo, ciudadano Roque de Plasencia Cristo La Virgen de Esperanza El ángel
Sale san Roque con dos pobres, vestido de galano.
Por amor de Dios os ruego,
hermanos, que aquí acudáis,
para que de mí entendáis
cómo estoy de su amor ciego.
Venid siempre y viviréis
continuo de mí abrazados,
y seréis tan regalados
como en las obras veréis.
No me espanta mi pobreza,
que ya sé, hermanos, lo que es.
Venid, lavaros he los pies
y serviros a la mesa.
Y aunque esté mi siervo aquí,
nadie deje de llegar,
que él se alegra en verme holgar,
y esto es gloria para mí.
Bien es, mi señor, que eso
que decís por Dios lo hagáis.
Por el amor que le tenéis,
nos lavéis los pies.
Fuera error
que en daros los pies a vos
al mal y vil de gusano
y sería indignar las manos
contra mi dulce Dios.
Que pies que deben de estar
llenos de tantos pecados,
fuera, y demasiada bajeza,
el quererlos levantar.
Y a quien es siervo de Dios,
cualquier bien le puede hacer,
y al que no lo es, al parecer,
si viene a ser, cual los dos,
y que misa habéis oído
tengo entendido.
Creed que no os viniéramos a ver,
sin que la viéramos, y yo
porque llegara a comer.
Mas, a Dios, que se ha de ver,
que nos diera gran dolor.
elesmer sin y hablar
Cómo me alegro, hermanos,
en oír tratar a todos
de mi dulcísimo Dios,
y no en cantares profanos.
Pues yo tengo dos o tres letras
a la Virgen de la Esperanza.
Que tanta gracia os alcanza
y a los que en ella esperan.
Como llaman
Virgen Santa de la Esperanza,
de la Esperanza llamada,
de Dios sois muy celebrada,
de quien vuestro nombre goza.
Pues vuestro amor nos llama,
Virgen, os ama de veras,
enarbolé sus banderas,
de suerte que a mí me rija.
Buenas están en verdad,
dádmelas acá, después
y al... a mis pies
en mis hombros le cargo,
y mirad que me traigáis
pobres con grande abundancia,
que Dios con esta esperanza
si más pedís, más os da.
Canten y bailen, abrazados salen Roberto y Marcelo.
Marcelo, espantado estoy,
que piensan en mi sobrino,
el amor de Dios divino,
y no sé a dónde va hoy,
en saliéndose de casa,
los pobres anda a buscar,
todos los fines gastar,
con ellos el tiempo pasa,
mas no lo gasta en bandadas,
toda la hacienda abalanza,
y a la Virgen de Esperanza,
Son puras verdades,
porque siempre yo lo topo
en la ermita que ha labrado,
de mil pobres rodeado,
dándoles poco a poco,
más mitad con la humildad,
que aquí un obispo no tiene.
Ese es el vicio que tiene
de darse él en caridad.
Arrímanse a un lado y sale Roque con los pobres.
Grandes arrimadillas, asentaos todos,
que todo el bien alcanza,
quien en la santa esperanza,
tiene siempre puestos los ojos,
¿queréis comer más? decid.
Demasiado hemos comido
y para la sed hemos bebido.
Venid.
Adiós.
Él os acompañe.
Vanse los pobres y llega Roberto a Roque.
Sobrino.
Tío querido.
En qué, en qué has entretenido.
En amor, no en vano medido,
dadme licencia, señor,
para que pueda advertiros
de lo que quiero deciros,
que os traigo en el honor.
Di lo que, que cuanto quieras,
no tengas miedo, mi sobrino.
Para que mi bien adivino
es.
¿Qué?
Lo que me vedáis.
¿Qué es?
Yo os he suplicado
que me dejéis andar
como pobre disfrazado,
y siempre me lo has negado,
no te quisieras enfadar,
solamente lo suplico,
solamente lo ruego,
de amor de Dios que te ciego,
y de su madre a quien sirvo.
Harto regalar a pobres tienes,
cuarenta o cincuenta
quieres hacer el avellana
de mí y que el ... se ría
el que te vea andar disfrazado
con falta de sentido
piensas no ser conocido
aunque andes disimulado.
Tío, dadme esa licencia,
porque estoy determinado
a salirme disfrazado,
que voy a hacer penitencia,
a Roma y pido mi deseo,
a los pies del sucesor
de Pedro y de mi señor,
hoy me quisiera partir,
y si de mi hacienda tengo algo,
te suplico y ruego
que lo des a pobres luego,
y mira que me despido,
sí, que te previenes ir.
De tu amparo fuerte
y líbrete de la muerte,
quien os quiere remitir.
Híncase Roque de rodillas y sale Roberto su tío labor... le da su bendición
Con tu bendición me voy,
adiós, Marcelo, con Dios.
El propio vaya con vos.
Qué alegre y dichoso voy.
Vase y queda Marcelo y Roberto.
Que le veáis victorioso,
Roberto, podéis creer,
antes no entiendo deber,
res de ...
vamos, que si que me besas,
se nos ha de escapar.
Con él quisiera marchar,
que dudaría alabar.
Vanse y sale Lucio y la criada su hermana.
Hermano, pues con la vida,
se nos ha llegado el día,
y amo, si te cuadra,
teniendo de ti sin partida,
ya nuestros padres han muerto.
y no somos avarientos
siempre nada se recela
Entremos en un huerto
y pues vemos el rigor
de aqueste contagio malo
allí podremos estar
pidiendo vida al Señor
viviremos apartados
de don Mateo, en no sé qué
que dando a uno le da muerte
sin que pueda ser curado.
Ya viste con la piedad
que en su casa y a este mal
que había en un hospital
no se moviera el corazón
pobre ciego y dolió
de ver que tantos estaban
ciegos y que no le daban
con qué enjugar el sudor.
qué le he de decir verdad,
que nunca a mi propio padre
ni aún a nuestra madre
no les mostré piedad.
Mas ay de mí qué dolor,
se te ha pegado.
poco que de nosotros dudo,
a mi padre y mi señor
este mal aunque no celo,
pues bien pues viene del cielo.
si sientes mi muerte preta
solo te suplico hermano
no quieras desampararme
si procuras ayudarme
amor te muestre humano.
mira cómo Dios me paga
el no regalar mi padre
y el poco bien que a mi madre
hice en el trance que estaba.
No me hagas quejar
será traer tu amor
y a donde le puedas ver.
alcanzareis lo padre
que espanto viene a estar.
el mal a ti te ha alcanzado
mejor será estar a mi lado
a un mismo mal alcanzar
quedarte puedes a que...
y andaré yo descuidado
a buscarte con cuidado
que pueda valerte a ti.
Pues no se aguarda espera
que te quedes y hermano
yo de ti soy de ti hermano
Vase fuera.
Vanse y sale Roque peregrino vestido
Aguárdame.
Échase a dormir.
Aparécese la Virgen y un ángel.
Divino Dios admirado
me tiene en ver que andan por
tan grandes son mis cuidados.
y si acaso no estoy loco
cerca de Roma he llegado.
porque según me parece
seis millas podrán faltar
pues alcanzo a columbrar.
lo que a mí de ser se ofrece
qué será que esta ciudad.
mas ay Dios que grande sueño
me oprime de ay de mí
quiero reposar aquí.
ampara mi dulce dueño
porque no muera de ti
Roque mío, Roque querido
a Roma parte al momento
donde sin mudar de intento
has de ser bien recibido
y será con tu contento
en el camino hallarás
un hombre de mi porte
te toparás
y pues que mi gusto es este
de mi gusto no salgas.
y a todos los que toparás
en mi nombre heridos
te ruego que los ampares
y toques con tus vestidos
abriendo sus ojos ciegos
esta merced te concedo
que bien lo puedes cumplir
procura de se partir
sin cesar.
Dormir no puedo
que con venir tan cansado
ya no puedo reposar.
mas reposar y sosegar
para ir a en este prado
quien me lo podrá estorbar
yo que tengo de ti poder
yo tengo en el mi querer
mi alma llamando está
mas Dios que esto da
quién me enseñará el camino.
un ángel mío divino
que a tenerte va
contigo queda.
quién sois
que tal guarda me dejáis.
yo haré lo que me mandáis.
tu esperanza soy.
Desaparécese la Virgen y el ángel y despierta Roque.
y vos sois
como no me replicáis.
mas no soy digno sino yo
de que vos me apliquéis
ni aun esto me améis
en fin me declamaréis.
Jesús qué pesado sueño
qué soñaba y qué he visto
creía que andaba herido
de peste un hombre y es sueño.
también mi Dios me abría
que en los mis pobres pensara
y que de ellos me acordara
y que mi esperanza viera
en fin di que me dis..
un ángel que me guiara
y díjome que no errara
mas Virgen en qué os ruego
bien sabéis vos que quisiera
mis pobrecillos migo traer
pero no lo pude hacer
por venir de esta manera
yo os prometo de enmendarme
muy de veras.
lo que debió poder
virgen, que quisieres mandarme.
Vase, y sale Lucio y Luciano, el uno tras el otro.
Cruel, ¿que de mí te alejas?
¿Con tal queja vas ansí,
como que huyas de mí,
que tú muriendo me dejes,
que quieras desampararme,
que gustes de me dejar,
que vayas de me hablar,
tente paso, de qué sangre?
No te me llegues a mí,
pues ves que ha nacido el sol,
que si me he enojado al
la vez, por mi rigor di.
Cúrame, gasta mis bienes,
gasta mi granjería y mi renta.
Ten solamente en descuento
los vi atrás mis bienes.
Retírase Lucio y va Luciano tras él poco a poco.
Vive Dios, si no te vas
y me dejas de seguir,
que he de ser cruel y duro
contra quien no lo fui jamás,
contra quien su mano dio.
Seré cruel si no me dejas.
Cuenta a esos dobleces que traes,
no me las cuentes a mí,
no se puede remediar,
deja remediarme yo,
y pues Dios salud me dio,
de mal me quiero guardar.
Pues busca, busca a ayudar
quien me confiese, me halla
mi Jesús.
Ése llame,
trasladado le ha el dolor,
sin duda que ya le falta
el aliento, vida y ser.
De Dios y mi gran poder
sea de mano amparado,
hermano, ten en nos cuenta,
tener mano, cuenta en nos,
que cualquiera de los dos
ha de dar la cuenta.
Di, Jesús.
Lléganse.
¿Quién me dará
limosna para pasar
mi camino por llegar
a Roma?
¿A Roma va?
No imaginé tal locura.
Si no quiere perecer,
y siguiese y a Roma ir a ver,
primero la sepultura.
Que sepa que hay peste fiera,
que él vaya de gracia a Dios.
Dadme limosna los dos
para pasar mi carrera,
porque en tan larga jornada
tenéis oscuro el sombrero pado,
y limosna he demandado
por Dios, no me han dado nada,
y ansí en nombre de aquel,
limosna me queráis dar.
Va a llegar Roque a Luciano y tiénele Lucio.
Hermano, ¿dónde va a llegar?
¿Está por ventura ciego?
¿No ve cómo me desvío
de aquel que está de ca
del mal que trae en romada?
Y cierto es, hermano mío,
este amargo vivo día,
guárdate, y guardarse de
de llegar a él mi guarde,
y en esto no lleguéis vos.
Como que su hermano eres,
y era cruel y desamorado.
Pues yo llegaré humillado.
Detente.
Yo me lo veré.
Llega Roque a Luciano y a Lucio.
Hermano, hermano, ¿qué habéis?
Nada, que ya me he rendido.
Bueno en haber vos venido.
Admirados nos tenéis.
Allanado y querido hermano,
llega siquiera a hablarme,
llega, llega a abrazarme,
y les ves que estoy sano.
La causa de aqueste mal
me decid, si es que queréis,
vos que mejor lo sabréis.
Oídme pues.
Empezad.
Sabed, divino señor,
que tal nombre el pueblo dará,
que de aquella mal y muerte
librará a estos hermanos.
Que en la ciudad de Roma
ha andado pestilencia, ha dado,
que a ninguno queda vida,
a todos los va acabando.
En casa de mis padres
con tal crueldad ha entrado,
que en vasallos y parientes
solamente hemos quedado
de ellos dos, y en este prado
y vamos del mal huyendo,
que ahora habéis remediado.
Porque como el aire vuela,
viniendo algo contagiado,
a mi hermano el mal le dio.
Yo huí para librado,
él, siguiéndome, contento
por verse desamparado,
vino contigo a encontrar.
Que no fue poco milagro.
Camina, señor, a Roma,
camina, divino santo,
darás vida a la ciudad,
pues que puedes con tu mano.
Anda, que te seguiremos,
sin que de tu lado
faltemos solo un momento,
hasta contar el milagro.
Esta es la pura verdad,
de lo que hemos contado.
Camina, santo dichoso,
y harás a Roma amparo.
Sin duda no me engañó
mi Jesús, pues sé cierto
que he topado en el desierto
quien la Virgen me mandó,
Virgen de esperanza llena
y Madre santa de Dios.
Por rellenar a tus dos
se dejará a la se, con pena.
Procuraré de ampararlos,
y llevarlos conmigo,
porque en mí tengan abrigo.
Vengo a enderezarlos,
en gran confusión me ha puesto
haber os aquí topado,
mas, ¿qué es esto que he mirado?
Mi Dios, ¿qué puede ser esto?
Aparécese un ángel con un báculo para llevallé.
Roque.
¿Quién me ha llamado?
¿No ves que yo soy
la guarda que te dio Dios?
La Virgen, para tu amparo,
bajó de su santo trono,
y a esto me ha mandado:
decid que a la ciudad
le salgan a recibir,
que la Virgen de esperanza
hoy a esto me ha mandado,
de que esté siempre a tu lado
y a mi siervo fiel dé descanso.
Cógele el ángel del báculo y súbele por él arriba.
Como que se ve digno
ángel santo de ir con vos.
Este es mandado de Dios,
Roque santo y peregrino.
Desaparécese y quedan los dos hermanos almirados.
A Roque, quien te siguiera,
a fuerte, y dice de Roque
tu fuerte toque me toque
para seguir tu bandera.
A mi hermano, mi hermano,
no nos cumple detener,
y daremos a entender
un milagro tan soberano.
Admirado voy y creo
que hemos de ser remediados
y del Señor amparados
si no me engaña el deseo.
Vanse y sale Roberto y Marcelo, capitán, con dos soldados guardas.
Siempre de ti yo me amparo...
[Continúa con el resto de la página que contiene diálogos de Marcelo, Soldados, Roberto, Ángel, Rodulfo, Lucio, Luciano, etc. Omito el resto por extensión y legibilidad]
Vase y sale el Demonio.
¡Qué peregrino es aqueste,
cielo, que asombra y admira!
¿Cómo nos ha concentrado
con mil santos sin aqueste?
Con muy gran riguridad
me paga a Cristo, y bien veo
que mi alegría y deseo
me quita su majestad.
Que en seis horas que aquí ha entrado
veo que este cristiano
solo con llegar su mano
mil enfermos ha sanado.
Mas no me quejo del no,
sino del que tal poder
quiso en un hombre poner,
no pudiera meter yo.
Muy más con un roque quiero,
si ello viniera por su mano,
más que a un mil de gusanos
sane de peste tan fiera.
Yo le procuro hacer
tan grande mal que, aunque quiera
lo que sanar, más no pueda,
que le ha de ser perecer.
Satanás y Balaer,
de vosotros solo espero
licencia a aquesta quiero,
pues basta con mi poder.
Vase, y sale Lucio y un ciudadano primero.
Aquesto podéis creer,
ya de oíros voy cansado,
que todos ya encaminados
por solo a verlo saber.
Digo que estoy espantado.
Vanse, y sale Luciano y el ciudadano segundo.
Que lo podéis creer os digo,
que yo no iré a reposar
por solo írselo a contar
al amigo y enemigo;
grande fiesta se le ordena,
según se divulga ya.
Quien esto divulgado ha,
rogad os dé buena estrena.
Jornada segunda. Sale San Roque en hombros con música, alegrando, y Julio y Larindo con él, y el Demonio vestido de galán.
Señores, aunque yo fuera
santo, no había de haber tal;
pensáis que soy inmortal,
que me traéis de esta manera.
No me lleguéis, soltad el talle,
no le habéis tanto placer,
como él puede merecer,
pues quieren ansí en la calle.
Vete, falso, y no has de oírlo,
arriedro, malvado, ve,
o mira que te haré
ser de todos conocido.
Ya me pesa lo que quieres,
mal hado me ha de dar,
que te he de hacer perder
tus orgullos y placeres.
Vase el Demonio.
Señor, sálvame de mí,
cualquiera tal voy a parar,
y no queráis ensalzarme,
pues nunca lo merecí.
Señor, por amor de Dios,
que callemos y nos holguemos,
y porque nos alegremos,
baila y jugamos los dos.
Juguemos al escondite.
Calla tú, tonto Alarindo.
Baila, tú irás cual Lerindo,
teniendo a un triquitraque.
Ya que a la plaza llegamos,
de los hombros le bajemos,
y en el suelo le pondremos.
Y verá cómo bailamos.
Y dándole en este suelo
zapatetas con las dos,
y bailaremos los dos,
a lo grande y no a lo bajo.
Bajan al santo de los hombros.
Dios sea loado que estoy
en la tierra echado,
que soy de tierra formado,
y a lo que soy me voy.
De tierra dice que es,
que notable desatino.
Mira que es santo divino,
humíllate ante sus pies.
Pues, señor, salve os dé Dios,
perdonadme, y tañeremos,
y con ello cantaremos
yo y también aquestos dos.
Pues yo ningún poder tengo,
tú me perdona, mi hermano.
De me apretar esa mano,
porque en cantar me detengo.
Y de Dios el poder alcance
y de su madre bendita.
Llega a besalle, y ría y finja,, porque mayor bien se alcance.
Canta Larindo y los otros dos lo siguiente.
Roque venga en muy buen hora,
pues que ya por él nos vemos
con la salud que tenemos,
también, por nuestra señora,
oh, Virgen de la esperanza,
su devoto presto a ser,
pues que todo gozo y placer
de ti por Roque se alcanza.
Y por eso desde agora
todos siervos seremos,
pues que por Roque tenemos
salud, por nuestra señora.
Aunque se ría de fía,
a Dios el espíritu rendimos,
y a la Virgen que nos crió, demos
junto con su precioso hijo.
Danzan y salen dos guardas soldados.
¿De qué hemos de jugar?
Juguemos de a cuatro y ocho,
contra su doblado brocho;
las figas quiero pasar.
Que estos tres de a dos
y esos son los caballeros.
Juego prendas y dineros,
pues que ya estamos sentados,
sacan naipes y al bongo juegan.
Baraje, dele de mano.
Do alzo. Un siete.
Poco es.
Veamos qué alza él después.
Este as, con que se ganó.
Hacen que juegan, y sale Marcelo, capitán.
Pues, ¿en qué entendéis, soldados?
Estáis bien apercibidos
de comidas, y vestidos,
y de petos acerados.
El diablo le trujo a ver
que juega.
Esta banda da,
pues que ya parada está,
que todo lo he de perder.
¿Qué decís?
Que lo tenemos.
Pues id y velad conmigo,
porque no estamos seguros.
Tu mandado obedecemos.
Vanse, y sale el demonio con un arco y flechas.
Ya, Cristo, como a un buen
tu amor veo que me paga;
no de otra cosa que llagas.
No me valdrá él por mi mal,
como este Roque que hace bien
y siempre a mí me hace mal.
Posible es que hombre mortal
permitas tal gracia den.
De Roma se sale ya
para su tierra partir;
con aquesta le he de herir,
que estoy de rabia encendido;
y no le aprovechará nada
su saber para la muerte,
porque se la daré fuerte
con esta flecha arbolada.
Ea, pues no podrás,
Roque, llegar a Placencia,
donde hay tanta pestilencia,
pues con esta acabarás.
Bien sé yo que tu esperanza
a Placencia te lleva ya;
por eso te quiero herir,
en tus carnes se abalance.
Tira la flecha y vase, y huye.
Dentro.
¡Jesús, qué dolor es este!
¿Quién tal flecha me ha tirado,
que el muslo me ha traspasado
brazo terrible y fuerte?
Sale San Roque con la flecha en el muslo derecho.
Sin duda que mi esperanza
de este sumo bien me ha hecho,
que quien tiene puesto el pecho,
en amarla, bien alcanza.
Y porque me quise huir
de Roma sin nadie verme,
quiso hacerme aqueste bien
y a punto estoy de morir.
Virgen, amparadme vos,
amparadme, que me muero;
en vuestra esperanza espero,
misericordia, mi Dios.
Aparece la Virgen y el ángel.
Roque, no tengas temor,
aunque tienes un contrario
que es el que te hizo esa llaga
y quien te causó el dolor,
y siempre serás amparado
de aqueste ángel de mí;
y ansí, te curará a ti
ese tu muslo llagado.
A Placencia parte luego,
porque peste fiera tienes.
Mira que a aquesto convienes,
parte, y en comiendo, sosiega.
Baja, como te lo mando,
y aquella flecha le saca,
y su dolor crudo aplaca,
que es justo que sea curado.
A Roque estoy obligado
a hacerlo con gran placer.
Roque, fía en el poder
de la que ha de ser tu amparo.
Baja el ángel, y quítale la flecha a San Roque.
Tus mandamientos, obedece.
Roque, con salud estás,
a Plasencia partirás.
Yo este sumo bien te ofrezco.
Desaparécese y baja San Roque.
Ahora digo, Señora,
pues trabajar me envías,
y que como a amo me amáis,
y por Jesús me honráis,
¡qué alegre y contento,
santa Virgen de Esperanza,
que sumo bien mi alma alcanza,
llenos de mi pensamiento!
A Plasencia quiero guiar,
cumpliré este mandado,
pues que lo tenéis ordenado,
Virgen, que me ha de amparar.
Vase y sale Alexandro y Julio y la viuda y los dos hermanos, Lucio y Luciano.
¿Cómo que Roque se ha ido?
¿Cómo que Roque se fue?
A buscarle partiré,
que en extremo he sentido
el irse sin regalarle,
tristes nos hace quedar;
bien le fuera yo a buscar
si supiera a do encamina.
A Roque el cielo le dé
y la Virgen de la Esperanza,
el sumo bien que él alcanza,
para que a todos asombre.
Todo cuanto tengo,
a pobres lo quiero dar,
porque ansí tendré de pagar
la obligación que le tengo.
Pues yo, Roque, de mi parte,
ya que seguir no te puedo,
mis vestidos y dineros
he de dar por imitarte,
y animarme en esto de dar
siempre a pobres de comer.
Y este bien he de hacer
hasta sin ropa quedar,
pues que una triste muerte
sumo bien nos ha quitado.
Cada día se dé un ducado
de limosna hasta la muerte,
y entre los de calidades
al Santo una ermita hagamos,
donde pobres admitamos,
y le demos caridades.
Yo con gusto me allano,
y quiero el cargo tomar
de hacerla presto labrar,
y allí quedaré por beato.
Y quiero quedar allí,
pues que el Santo me sanó,
para que me acuerde yo
de quien remedio me fue.
Y tendré tanto cuidado
en los pobres regalar,
que me veréis siempre andar
a su lado por su amparo,
y de continuo veréis
en mí mostrarles amor.
Pues cobraré más honor
cuando yo se lo ofrezco,
y que no me neguéis aquesto
os pido y ruego, señores,
pues alcanzaréis favores
de mi Dios a quien prometo.
Y si aquesto me otorgáis,
o primero para orar,
rogar a María gracia
que ella os dé el bien que me dais,
pues yo prometo de dar
para ello dos mil ducados,
y que estén depositados
hasta verlo de empezar.
Luciano, de mi parte,
de lo que aquí habéis pedido
por mí ya está concedido,
no tengo que replicaros,
y ninguno será tal
que no dé de buena gana,
y habiéndolo a la mañana,
para ayuda del hospital.
Pues yo no tengo que dar,
y ansí a Dios le quiero pedir...
que me queráis admitir.
Esto quiero suplicaros
y de aquí no tengo de ir
sin que luego lo otorguéis
y licencia me deis
para a los pobres servir.
Luego yo os llevaré
en mi amparo como es justo
y si fuere vuestro gusto
como hermano os amaré.
Pues yo prometo de hacer
en haciendo el hospital
bien aderezado un altar
a someter que pueda ser.
Y yo prometo de dar
para la viuda de otro altar
y un pendón haré bordar
que más no puedo más dar.
Es demasiada merced
que a mí Talarindo hacéis
y obligados nos tenéis
que no se lo encarecer.
Yo no sé con qué pagar
bien como a vuestra merced
y mientras dos meses
a él tengo de encomendar.
Vamos luego a tratar
porque quedemos los dos
rogando al inmenso Dios
que en bien los deje acabar.
Y compremos luego ropas
como las que trujo Roque
porque a sus obras nos
tire y defiendan sus ropas.
Venid.
Siguiendo os voy.
Ven Talarindo y pálido
puesto el pecho en la palanca
donde tan gran bien se alcanza
pues ya de él perezca.
Vanse todos y sale San Roque, en su placencia.
Si me habrán echado menos
en Roma, mas si a Roma van
qué penosos estarán
que todos al fin son buenos
y más también he de tener
porque soy tan querido
cuando sepan que me he ido
el pesar que han de tener.
Y más, bien sabe mi Jesús,
si quisiera contentar a todos
y en estos hombros llevarlo
como él llevó por mí cruz.
Mas, pues que no puede ser,
quiero para darme orden
y a Feliciano avisar
que solo él lo ha de saber,
que en fin como hombre discreto
lo que rogare hará
y pues en mi alma está
él me guardará respeto.
Vase. Y sale el demonio.
Qué en esto Luciano dé
que en aquesto de Luciano
y que le deje su hermano
de su locura no ves.
Y piensa ser segundo Roque
y da en estas santidades
y con fingidas verdades
quiere que este mal revoque
y no es en Roma buena
para que tomaste traje
piensa ensalzar su linaje
con esa pretensión vana.
Vaya a paciencia a compás
aquel que quiere imitar
y mire no venga a dar
en santidad que le dañe.
Y créame el vano Juez.
Isabel pues se adora
mire que su yerro llora
de él es bien que se retire.
Y en su locura da
se traerá tal tentación
que no le baste oración
y que muy poco le valdrá.
Vase, y sale Isabela.
Fortuna ingrata
como cruel y falsa me asesta
tu fuerte mal retrata
pues teniéndote siempre por mapa
y quieres falsa quitarme
el bien con que pensé contino
holgarme.
Luciano de mi vida,
¿cómo dejas, falso, sin reparo,
ya me dejas perdida?
Juraste de ser siempre mi amparo,
mas veo que mi suerte
me trujo a la carrera de la muerte;
perdida soy, sin duda.
Sale Luciano vestido de peregrino.
Adiós, mundo fiero y vano,
que mi fe ha de ser clara;
vados por campo llano,
vanidad, adiós te quedas,
pues ya sigo a Dios y su bandera.
¡Oh, mi querido Luciano!
Aborrecida mujer.
Cielo, que te llego a ver,
tócame, dame esa mano.
Tente, que no puede ser,
que mi alma sola toca
a la cruz y su fuerte roca,
porque tengo en Dios querer;
con lo que te tocaré
será, mujer, con contarte
el bien que prometes dar
a Dios a quien sigue su fe,
olvida el mundo vil,
pues ves cómo te lo olvida,
para que mi Dios querido
de todo mi mal se duela.
Sale vestido de galán el Demonio.
Aún pretende pasar esta,
con su intención que siga,
que quiera ser tan firme y buena,
que ansina siga a Dios. No sé,
no sé cómo le ataje el paso llano.
¿No me quieres dejar y en buen reposo?
Están como que están luchando Isabela y Luciano.
Que la desdeña falso, duro, fiero.
Fáltame la paciencia, ya me muero,
¡Luciano de mi vida!
¿No me prometiste
que serías mi marido,
y solo gozarme quisiste?
Dejaste mi honor perdido.
¡Vaya fe que prometiste!
No hay que confiar en hombres...
Ni hay menor mal en mujeres.
¡Luciano!
Que no me...
¡Mi Luciano!
Que te me quites de ahí.
¡Cómo, que te asombres!
Suelta, ¿qué es lo que me quieres?
Que te ausentas de mí.
¡Líbreme el cielo de ti!
Espera, que no me quieres...
Déjame ir.
Vanse y queda el Demonio.
¡Triste suerte!
Muy riguroso se muestra,
mas por la cárcel siniestra,
do paso pena fuerte,
juro por el alquitrán,
por el azufre, por el fuego,
por los del menor sosiego
que allá en el infierno están,
que de aquesto hago testigo
al cielo, si puede ser,
y fié de mi poder
que yo he de ser su enemigo.
Ya que a otra ver prometo
juro de no volver
al mundo, mas para ver
a República en secreto.
Vase y Jornada tercera. Salen san Roque y Feliciano.
Mi Feliciano querido.
Ya que Plasencia está sana.
Que hasta pasado mañana
no descubráis que soy yo.
No me puedo detener,
que mi tío estará cercado
por estar él con cuidado;
quisiera daros placer,
que me tenéis obligado,
mas sabe Dios si quisiera
vivir aquí de buen grado,
mas es el irme forzado,
que a no lo ser no me fuera.
San Roque, creed
que a ninguno se lo diga.
Vos sois de mi entender,
que no me quita el placer
ni furia que mi amor os siga,
aunque bien sé lo que pruebo,
seguros de estarme aquí,
porque a tanto amor en mí
que ansina obráis. No me quejo,
mi alma tengo puesta.
Ya que penéis en Dios
no me amparáis a mí
Dios amparará a los dos
bien su lengua me declara
que de mí te acordarás.
Pues no me olvidarás.
que tu discreción es rara
Danni vete en buen hora
porque me quiero partir
a partir a la mar ir
Rogaré a mi Señora
La misma te acompañe
Vase y queda San Roque.
Y quiero del mal librarte
y de contino apartarte
de tentación que te dañe.
Ay tío cómo estarás.
Eres ya por dicha muerto
esto será lo más cierto
que en fin ya no me verás
qué harán mis pobres míos
tienen quien los haga bien
y quien limosna les dé
y que se la daréis, Dios
angustiado ya en Narbona
el cerco de casa cierto
que mi tío Roberto es muerto
y está mi casa ya sola
mas ¿qué digo esto? en mí
si es que ella sola pregunte
ya de mí mismo me aburra
que a ella me voy deseando
mas cómo estará la fama
que dice en Narbona labrar
Ya esperanza edificar
si tierra en la ...
Aparécese Cristo y el Ángel y la Virgen.
Válame Dios, qué es aquesto
oh, gran resplandor
que divinos resplandores
En gran cuidado me has
Roque mi siervo querido
de mi madre tan amado
de contino edificado
con lo que su gusto ha sido
alégrate y ten consuelo
que de todos tus deseos
junto con tus peticiones
en el suelo, ten el cielo
en todas partes, en Dios
entero como me ves
aunque en mí se encierran tres.
Ya ...
a mi madre me ha suplicado
lo que he también pedido
y a ti te ha concedido
ya puedes partir descuidado
y a la vuelta buen vrano
aunque Narbona deseado
mas por mi santo mandar
que de esta ... es llano
este ángel será en tu ayuda
hasta la hora de tu muerte
Roque ten en buena suerte
que te dé guarda segura
Vase, parécese y quédase Roque.
Casi no osó a responder
y casi no osó mirar
cómo he de poder hablar
mi Dios sino alcanzo a ver
mas que esto santo cielo
con quien hablo y con quien digo
a los Virgen por testigo
pongo de aqueste consuelo
que este mi tío sano y bueno
alegre voy y contento
y a mi Dios mi pensamiento
va de esta esperanza lleno
tanto contento recibo
de haberos mi Dios oído
que al niño quisisteis dar
que hubiere en bien ...
ahora con más cuidado
mi Dios pretendo serviros
y de contino seguiros
por ser de mí tan amado
y a tío cuánto deseo
tengo de verte mas ...
presto creo que serás
y que en lo viváis, creo.
Vase, y sale el tío Roberto y Marcelo Capitán y los que pudieren.
Extraño caso por cierto
que el contrario alzado
nos ...
y quiera entrar en ...
[Folio 13r]
Porque, trayendo su gente,
todos muy fuertes soldados,
bien dispuestos y aderezados,
y cualquier dellos valiente,
no podrá hacerme creer
sino que él quiere seguro
romper el más fuerte muro
a fuerza de su poder.
Ansí en todo, el temor
con cuidado ha de saber
qué podrá su intento ser.
Pues armados lo aguardamos,
y si piensa descuidados
cogernos, saldrale en vano,
que en todo el bando, espío,
no se duermen los soldados.
Pues yo juro de tener
a todos muy bien armados,
y que estén aparejados
a todo lo que puede ser.
Aunque en ver tan adelante,
poco hay que recelar,
pues fue el campo a adelantar
no hay causa que te espante,
y pues pudiendo ser cer-
ca alzó el campo, indicio es
de que acá no lo tuviera
sino es a te obedecer.
Poco se pierde, Marcelo,
en que todos los soldados
estén fuertemente armados,
que no porque me recelo
sino que bien es que en todo
siempre la guarda esté en
seguro, y como vemos
en una ciudad segura.
Yo entiendo en obedecer,
soldados, velar los muros,
porque no estamos seguros.
O todos daremos muerte
o para que nadie muera
en la más alta muralla
que vea la enemiga plaga
tremolarle mi bandera.
Yo, Marcelo, a ti no tengo
cosa alguna que encargarte
porque en guerra de cualquier arte
delante de mí te tengo.
Señor, yo valgo tan poco
que me corro que digáis
tal, y pienso que burláis,
porque en guerras soy muy poco.
Soy cobarde como liebre
y es tan poco el que me altera
más fuerte que una culebra,
que a todos derribo a los pies.
Yo me muestro en la batalla
fuerte, mas luego al combate
no puedo ver quien el trate,
porque mi fuerza desmaya.
Mas fío que haré por él no,
pues que más que uno no es.
Fío en ti y en quien lo sois,
aunque sois también soldados.
Vanse todos y sale San Roque.
Gracias a Dios que he llegado
donde vea mi amada tierra
libre de tormento y guerra,
como de mí fue deseado.
Y quiero que primero sea
a mi tío llegar a ver,
a quien me da este placer,
que es la que mi alma desea.
¡Oh, esperanzas! ¿Quién
quién pensara que llegara
adonde ya visitara
hasta perder de la vida?
Bien pensé de no ver
por verme tan atajado
de aquel demonio dañado
que me quiso dar la muerte.
Mas detuvo su inicua mano
fue Virgen santa pura,
que pues fue por tu hechura
que fue por ti misma es-
y aquí en casa de mi tío
quiero pasar de encubierto,
y pues vengo disfrazado
que no sabrá quién soy.
Y aquí tiene de consuelo
mi alma recibe de aqueste,
quiero mudarme del
pues es bien que me vaya.
Habiéndome tan trocado
que soy pobre entenderá,
y limosna me dará,
que en fin vengo disfrazado.
Apartase a un lado. Sale Roberto sucio y Marcelo capitán y las dos guardas soldados.
Nunca el corazón me engaña,
espía y como Romero
es mi pecho verdadero.
Téngolo por cosa estraña,
no es aquel, pensaldo.
Sí es, que está el perro parado,
mírenle que me suda el [?]
Alargue el galgo los pies.
Cómo se parece a Roque.
¿Eres espía?
Sí soy.
¿Cuándo llegaste aquí?
Hoy.
A tocarte.
Lindo toque.
Continúa la página...
Gran Roberto,
sosiega el pecho y escucha.
Verás todas las campanas
hacer alegría mucha,
mira que no hay convento,
en iglesia ni en capilla,
campana que no se toque,
por gran milagro ella misma.
Yo por ver la ocasión
de fiesta tan infinita,
subí a cierto campanario
para ver lo que sería,
anduve muy bien mirando
mas no vi cosa, cosa ninguna,
sino es solas las campanas
que por milagro tañían.
Vi que arrimada a un altar
estaba una campanilla, que
de ordinario tañen
cuando alzan en la misa,
mucha gente la miraba
que en verla ponía grima,
pues arrojada en el suelo
ella misma se tañía.
Sin duda que tenemos
en alguna parte oculta
cuerpo santo, porque de esto
las campanas lo divulgan.
Manda que se busque luego,
que tu mandato replica
la ciudad para buscarte.
Y por mí lo certifican.
Ábrese la cárcel y descúbrese San Roque muerto, con una tabla escrita en la mano.
¡Caso extraño! ¿Más qué es esto?
La cárcel tan fiera y dura
se ha abierto con tanto olor,
y a la verdad se augura...
Llegad, mirad lo que es.
Señor, el que aqueste día
por espía aprisionaste
es muerto, y tiene allí es-
crita de letra dorada una tabla.
Válgame Santa María,
muestra que sin duda es
éste el santo, pues seguro
se han quedado las campanas
porque el santo se descubre.
Toma Roberto la tabla y léela.
Carta.
Yo soy Roque de Narbona,
hijo de Juan y Liberio,
sobrino del gran Roberto,
gobernador de esta tierra.
Yo soy el que por seguir de
mi Jesús la bandera,
fui a Roma la gran ciudad,
a curar de pestilencia.
Y queriendo aquí volver,
con una arbolada flecha
el demonio me hirió por-
que a Placencia no fuera.
Mas como la Virgen puede
enderezar su carrera,
hizo que un ángel divino
a solo curarme fuera.
Y allí la Virgen María
mandó fuese a Placencia,
donde curé en pocos días
muchos enfermos y enfermas.
Después a donde estoy vine,
prendísteme por sospecha
de espía, confesé serlo
por gozar muerte y entierra.
Solo te suplico, tío,
que de memoria no pierdas
la ermita que edifiqué,
y si quieres allí me entierras.
Tenme siempre en tu memoria,
librarte he de pestilencia,
a ti y a cualquiera persona
que en su devoción me tenga.
Aqueso me ha concedido
la Virgen, y así por ella
te suplico que en la ermita
me entierres, y a Dios te que-
da.
Fin de la carta.
¡Ah buen Roque de Narbona!
¡Ah buen sobrino querido!
¡Mal mi deseo cumplido
y bien tus obras se ve!
¿Cómo podré hallar consuelo?
¿Cómo pasaré de aquí,
pues que me dejas ansí
con tanta alegría y duelo?
Aunque es necedad sentir
tu muerte, necio he de ser.
pues pudiéndote ver,
solo de ti quise huir.
Señor, ¿cómo te quisiste
de aqueste tío encubrir,
que ni al tiempo de morir
descubrirte no quisiste?
¿Cómo te podré olvidar,
sobrino mío querido,
si en mi alma te he tenido
hasta haberte de enterrar?
Vala esperanza, es al[ta],
que llamabas, pues que fue
la Virgen, y bien se ve
que tú su devoto has sido.
Señor, verdad es ello,
cuando conviene al[...],
pues la gloriosa Mar[ía]
quiso a Roque acompaña[r],
pues con tan buena [compaña]
Roque su vida ha [logrado].
Desde aquí, noble senado,
fin a su vida y su mue[rte].
Fin del auto de San Roque, etc.