归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mientras yo podo las viñas. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/mientras-yo-podo-las-vinas.
Mientras yo podo las viñas =
Comedia en 3 jornadas, de
D. Agustín Castellano
Escrito con lápiz rojo en el centro de la página: 14
Escrito a lápiz debajo: Leg 14
Escrito en vertical y muy desvaído, parece leerse "Agustín Castellano"
Mientras yo podo las viñas
De L[icenciad]o Caso (?)
.1610.
Agustín Castellano
Rey don Ramiro de León, la infanta doña Sancha, Leoncio camarero y acompañamiento.
La triste melancolía,
que el infante don García,
por ver mudo el rey su hermano,
hoy viene a darte la mano,
a quien concede el poder,
que hoy vienes a ser mujer
de un rey, segundo Trajano.
Ya sabes bien su grandeza,
porque la parlera fama
otro Alejandro le llama
desde que a reinar empieza.
Da de mano a la tristeza,
pues fue el medio tu hermosura
donde la paz se asegura,
dando treguas a la guerra
que tanto oprimió mi tierra.
Fueres la paloma hermosa
que entre León y Navarra,
con tu hermosura bizarra,
trajiste la paz gloriosa.
Rey ha de ser de León;
junte a sus famosas barras
del león las fuertes garras
que aseguran mi blasón.
Cese la antigua pasión
y cese ya tu tristeza,
antes desde ahora empieza.
Ramiro, famoso al mundo,
que mi dolor sin segundo
es contemplar su fiereza,
tu contrario es, don Bermudo,
y por mujer me ha pedido.
El retrato que han traído
miro furioso, aunque mudo,
y aunque es de Navarra escudo,
temblando le estoy mirando,
que se pinta peleando.
Mira si estaré segura,
pues su pintura es figura
del rigor que está mostrando.
Bien pudiera en un retrato
pintarse más amoroso,
porque su aspecto furioso
no fuera a mi vista ingrato.
Si tuviera amor, su trato
en la pintura mudara,
porque a quererla obligara,
pero si pintado es tal,
cuál será el original
que su condición declara.
Antes en eso te engañas,
Sancha mía, que en su amor,
el pintor pintó el valor
de sus famosas hazañas
si del retrato te extrañas
cuando veas la verdad
quedará tu voluntad
con el vivo más segura
que mal puede una pintura
descubrir su majestad
padre y señor cuando el gusto
del alma me lo impidiera
solo el tuyo obedeciera
por haber sido tan justo
con tu voluntad me ajusto
y por esposo recibo
a Bermudo y le apercibo
para aposentarle el alma
con la gloria de esa palma
gozo el triunfo más altivo
entrase el Rey
Leoncio desde hoy el cargo
os doy de mi camarero
daros este oficio quiero
pues mi secreto os encargo
en vuestro cuidado cargo
de don García el infante
el aposento al infante
como a mi misma persona
le hospedad
tu amor me abona
mi privanza va adelante
la infanta aboné al Rey
y aunque desigual la adoro
porque no guarda decoro
del ingrato amor la ley
si podrá mi atrevimiento
decille la voluntad
del alma: su majestad
castiga mi pensamiento
el atrevido deseo
tiembla solamente en vella
mas por miralla tan bella
un hielo me cubre el alma
y el pensamiento la anima
Leoncio está pensativo
mil veces mi grave honor
quiere pierdala tan bella / que ciego como me veo / y a mí el Rey matar me / con su amor e inocencia
Ha descubierto el valor, y color
de su pensamiento altivo,
quiero descubrir su pecho,
que como humilde criado
encubre de mí el cuidado
que en llanto se trae deshecho.
Leoncio, ¿qué te parece
del casamiento que sabe
mi padre?
Que satisface
la paz que a León se ofrece.
Si es mi esposo su contrario
no es justa satisfacción.
Habla, Leoncio, en razón
como del rey secretario;
de su secreto primero
la llave del alma tienes,
dame consejo, pues vienes
hoy a ser su camarero.
Aconseja sin pasión
a mi indeciso consejo,
que contigo me aconsejo
por conocer tu opinión.
Por fuerza quiere casarme
mi padre, tirana ley,
pero por padre y por rey
a su gusto ha de obligarme.
¿Qué te parece esta fuerza?
Señora, que es gran rigor,
aquí descubro el amor
que a tanta gloria me esfuerza.
El rey don Bermudo es
gallardo, mozo, bizarro,
que del estado navarro
tiene el gobierno a sus pies;
mas un soldado sangriento
que solo pretende fama,
cuando al asalto le llama
el belicoso instrumento,
sin duda aunque entre tus brazos
le ponga amor, dulce sueño,
obligándole por dueño
de los amorosos lazos,
dirá al arma, cierra, cierra,
sin haber la caja oído,
y en tus brazos adormido
le dará el mismo sueño guerra.
Si acaso la fuerte lanza
que dio la conquista a Numa
trocara en ligera pluma,
fuera cierta tu esperanza;
que las letras y el amor
en solo un ser se engendraron
y ellas solas alcanzaron
por el amor su favor.
Si a su hermano don García,
por valiente y por famoso,
te diera por tu esposo,
la fortuna, a aqueste día
fuera dichosa tu suerte
porque es discreto y galán,
y sus hazañas le dan
nombre de invencible y fuerte;
fama tiene de gallardo,
discreto, galán, cortés,
aunque también dicen que es
temerario. A Belisardo
dad de mano a la braveza
con que tu esposo enamora;
si quieres lograr, señora,
el cielo de tu belleza,
busca un rey más amoroso,
pues tienes en qué escoger;
no fuerces tu parecer,
elige a tu gusto esposo;
y aunque sea tu desigual,
emplea bien tu deseo,
que si es de tu amor empleo,
a tu gusto será igual;
que es mejor a toda ley,
oye mi consejo, y hallo
con gusto el menor vasallo
que sin él el mayor rey.
Éste parecer te doy,
perdona si no es discreto,
que esto te he dicho en efeto
como sin pasión estoy.
Su pecho me ha declarado,
que en el potro del tormento
ya confesó el pensamiento,
y la pasión anegado.
Leoncio, yo te confieso
que si un vasallo leal,
aunque sin sangre real,
tuviera mi amor impreso
en su dichosa memoria,
que agradecida a su amor
el deseado favor
diera gloriosa victoria,
tan desesperada estoy
viendo del rey el intento,
que trocara el casamiento
aunque faltara a quien soy.
Amor la puerta me ha abierto;
¿qué temo, que estoy dudando?
si en la mar voy navegando,
ya he visto seguro el puerto;
y yo me quiero declarar
pues la ocasión me promete
[ilegible] asir del copete [ilegible]
y no la dejar pasar
que así me podré salvar.
Hablando contigo mismo
estás, Leoncio, ¿a qué efeto?
Es el temor del respeto
y del deseo el abismo;
tu belleza, tu hermosura,
tu entendimiento, tu ser,
tu querer, tu aborrecer,
tu gusto el mío procura
darte, pero no quien, viendo
la majestad cuando digo
señora el Rey enemigo
no puede ser: mas ya entiendo
que quieres: el alma fuerza
si acaso la libertad
en tanto la voluntad
puede porque no se esfuerza
mi humildad mas el deseo
entrase la infanta
ya entendido secretario
por que en el andar tan vario
vuestro atrevimiento veo
bien decís que en una pluma
está el amor más perfecto
pues la vuestra del secreto
hace tan pública suma
con ella el lance primero
pretendistes alcanzar
sin duda os hace volar
el cargo de camarero
con una pluma quisistes
volar hasta el mismo cielo
pero caístes del vuelo
al centro donde nacistes
fueron alas del pavón
donde os vistes muy ufano
y una pluma de la mano
escribió vuestra pasión
el consejo que os pedí
a quien el mío remito
no me le deis por escrito
pues me le habéis dicho a mi
vuestra pluma descubrió
lo que mi intento ignoraba
fue mariposa que andaba
a mi luz que la abrasó
Leoncio pues sois discreto
si acaso tenéis pasión
borralda del corazón
con la pluma del secreto
y si con ella escribís
lo que vuestro amor intenta
escribid a vuestra cuenta
esta respuesta que oís
amor pues de tus alas fue la pluma
para volar a el bien que no merezco
a tu piedad mi atrevimiento ofrezco
y por su humilde el premio desmerezco
pues eres dios y como a tal te ruego
en mi esperanza la victoria apoya
que si por ti no alcanzo aquesta hazaña
seré sinón con el caballo griego
siendo por mi león segunda Troya
pues la infanta será Cava en España
salga Leonida
¿Qué hay, Leoncio?
Gran señora.
¿Sabéis dónde está la infanta?
En su aposento entró agora,
como otra fiera Atalanta,
huyendo de quien la adora.
¿Cómo al gran recibimiento
del infante don García
no salís?
El pensamiento
del rey me ocupa este día
en hacelle el aposento.
Fiado en vuestro valor,
el cargo os ha encomendado.
Háceme sumo favor,
que hoy el oficio me ha dado
de camarero mayor.
Parabién os quiero dar,
Leoncio, del nuevo oficio.
Éntrese Leoncio.
El rey os quiere premiar;
mandadme que en su servicio
desde hoy le pienso emplear;
y porque la diligencia
tanto importa a prevenir,
señora, con tu licencia,
voy adonde ha de asistir
del infante la presencia.
Mas antes a morir voy,
que su presencia ha de ser
el infierno donde estoy,
que de su fiero poder
condenado a muerte soy.
✝ Saque un retrato de la manga y entre doña Sancha escuchando.
Sacar el retrato quiero
que ya aborrece mi prima,
y yo por su sombra muero
de amores a questa esgrima,
porque en él el bien desespero.
En esta manga guardé
el retrato a quien consagro
la vida que le entregué,
como a imagen de milagro
que reverencio por fe.
Temblando en esta ocasión
estoy, que ora atrevido,
como famoso ladrón,
deste retrato lo asido,
pues con Dios en mi corazón,
casi estoy fuera de mí.
Retrato de don Bermudo,
a quien el alma rendí,
no te quisiera ver mudo
después que hermoso te vi.
Por verte, retrato, armado,
hoy mi prima te aborrece;
mas como fuerte soldado,
la fuerza que amor te ofrece
en mi alma has conquistado.
Buen talle el cielo te dio,
si no me miente el pincel,
y aunque cruel te pintó,
yo sé que fue más cruel
quien te vio y no te adoró.
aquesos ojos tan grabados
que esta mi vista adorando
por apacibles y graves
el alma me estan robando
pues son ganzúas sus llaves
es posible que mi prima
tan mal retrato os hizo
que vuestra vista no estima
sin duda que la cego
el amor que a mi me anima
su pensamiento fue esquivo
hablad retrato que al vivo
de mi hermoso original
hoy le presento mi mal
y yo el presente recibo
no te turbes que tu amor
e visto en aqueste espejo
y ese retrato en rigor
a ti al o a mien bosquejo
nos le a pintado el amor
en el vivo original
que ese retrato figura
tu amor conocí yn mortal
descubriendo la figura
de tras de ti en su cristal
cuando yo le aborreci
no entendí que hubiera quien
le tubiera amor y así
porque tu le quieres bien
le bengo a querer a qui
mirele en tu mano hermosa
y pareció me galan
amor me volvió piadosa
mas los deseos me dan
los ánimos de celosa
que para mi es de buena esperanca
an nacido estos desvelos
mas ay que estos los celos
hicieran esta mudanza
dame el retrato que quiero
ver su talle y bizarría
sino es tu amor lisonjero
vuelves en el prima mía
no le ves soberbio y fiero
mira este mirar furioso
y este ceño riguroso
con que un pintado nos mira
posible es que no te admira
prima un rostro espantoso
a mi afable me parece
que en el pinta do rigor
su hermosura resplandece
que le adore el mismo amor
su compostura merece
que dices estas en ti
en mi estoy pues considero
la verdad que miro aquí
por fuerza querelle quiero
aun que me aborrezco a mi
ya me fuerza el haber visto
que esta quiera al ques mi es poso
a quererle aunque resisto
a un amor que en mí es forzoso
y ya a procelos con gusto.
Escucha, prima Leonida,
don Bermudo es mi marido,
si estás a su amor rendida
que le aborrezcas te pido
porque es tu afición perdida.
vengo a ser forzada esposa
que hoy puede él verme celosa
mas que este retrato pido.
Bien mi pensamiento ignoras
que por verte aborrecer
el retrato que enamoras
quise lo que no ha de ser
sabiendo que ya le adoras;
ya estribo libre de daños
de envidias y de traición
de celos propios o extraños
vivas en la posesión
de tu esposo largos años.
Yo confieso que engañada
de tu desdén le miré
mas ya me veo burlada
porque en efeto jugué
con figura descartada
con esto prima concluyo
ese es el retrato suyo
libre estoy de tu justicia
pues sin engaño o malicia
tu hacienda te restituyo.
Salga don Beltrán de Aragón, capitán de la guarda.
Ya el infante don García
está dentro de palacio.
Y ya en un pequeño espacio
quiso lo que aborrecía.
En esta primera sala
quiere el rey que le recibáis
con que a sus méritos dais
premio que a su amor iguala.
Venga muy enhorabuena
aunque del desdén pasado
el alma con el cuidado
no puede olvidar la pena.
Vos famoso don Beltrán
El siguiente bloque de versos aparece tachado en el manuscrito
de Aragón pues de la guarda
os fía el cargo y la guarda
de invencible capitán
podéis guardar mi persona
que a ir vuestra compañía
guarda y en aqueste día
guardáis en mí su corona
no estoy bien acompañada
con vos famoso Beltrán
Los deseos lo dirán
a que el alma está obligada
Hoy con ellos y mi prima
al infante don García
recibo
Tu cortesía
mi humildad en todo estima
Salgan con acompañamiento el rey don García y estén puestas cuatro sillas.
Seáis señor bien venido
Para ser vuestro vasallo
la fortuna me ha subido
sobre su trono en que me hallo
el bien que no he merecido
vuestro esposo el rey mi hermano
vio mi corto merecer
y así de su sacra mano
me quiso dar el poder
para la gloria que gano
Bien se ve la discreción
de su generoso pecho
pues para su pretensión
tal embajador ha hecho
donde muestra su afición
Dejemos ya cumplimientos
infante Sancha querida
llegad y tomad asientos
éste es el tuyo Leonida
Siempre miras mis pensamientos
Vos don Beltrán de Aragón
gran capitán de mi guarda
al obispo don Ramón
diréis que el infante aguarda
un paje mío le guiará
Entre don Beltrán. Siéntese la infanta en medio del rey y de don García, y Leonida al otro lado del rey.
Como a mi reina y señora
os respeto que este lado
solo le merezco ahora
por el poder que me han dado
Pregúntale por tu esposo
Cansado señor vendréis
del camino que es forzoso
El cansancio suspendéis
con la vista no reposo
su retrato en mí causó
un accidente mortal
cuando a Navarra llegó
pero aquí el original
al mayor daño robó
y a mi soberbio deseo
amor le tiene sujeto
El rey hablando con Leonida
a la gloria en que le empleo.
Parece que estáis inquieto.
Causalo el cielo que veo.
Y la causa en mi porfía
de tu cortesano trato.
Dichosa suerte la mía
si de mi ingrato retrato
fuera origen, don García.
El niño dios animoso
hoy a querelle me anima.
Pregúntale por tu esposo,
Inquieta miro a mi prima.
Tal ley, rostro milagroso.
¿Qué os parece de León?
Que en él el cielo se encierra.
Por tu esposo es más razón
que preguntes.
Triste guerra
me promete mi pasión.
Anme dicho que os casáis
y que el de Francia, su hijo,
a quien el alma le dais,
celos, tormentos
alcance, porque mi amor
Inquieta estáis,
bien os podéis sosegar,
infanta, que con el Rey,
mi hermano, os tengo de dar,
que aunque amor no guarda ley,
ésa sabré yo guardar.
Perdido tengo el sentido.
De mí, ser y entendimiento,
siento el discurso perdido,
y con lo mucho que siento
no siento si me han sentido.
Como es tu prima tan cuerda
y el infante cortesano,
de su esposo no se acuerda,
pregúntale por su hermano.
Amor, ¿quieres que me pierda?
Que en efeto nos casáis
con hija del Rey de Francia,
sospecho que lo negáis,
siendo de tanta importancia.
Bien, García, os empleáis.
Hasta ahora mi deseo
tan bien le tengo empleado,
que del cielo en que me veo
con el poder que me han dado
será dichoso el empleo.
Mas temo que el casamiento
logrado no sea de ver
porque a sido atrebimiento
con solo un poder querer
lograr su soberbio intento.
Merecimiento tenéis
para la bella madama,
si su estado pretendéis,
hermosa el mundo la llama,
solo vos la merecéis.
Tendréisla notable amor.
Por fuerza quiere casarme
con madama, ¡ay, qué rigor!
con celos viene a matarme
por darme muerte mayor.
¿Preguntaste por tu esposo?
Sí, señor, dice que está
con salud, y tú enfadoso,
qué esposo ha de haber si ya
Bien la fama a voces canta
tu hermosura y cortesía.
Tu grandeza me levanta.
Muy galán es don García.
Gallarda es la hermosa infanta.
Parece que amor le tiene
mi prima al gallardo infante.
con me viene,
porque pasa adelante
el bien que amor me previene.
Salga Leoncio.
En tu oratorio aguardando
está el obispo, señor.
Mi muerte se va acercando,
que de esta boda el rigor
luto al alma está cortando.
No sé qué traza tener
para poder deshacer
de la infanta el casamiento.
Dos mil traiciones intento.
Levántense los dos.
¡Ay, me acaba mi poder!
Ya llegó el fin de mi vida.
Trae recado de escribir,
Leoncio.
Éntrese Leoncio.
El alma afligida
camina apriesa a morir.
Y a mi esperanza perdida.
Ya la hora se llegó
para mi mayor contento.
Y en ella me condeno
a un mortal tormento,
que mal mi causa miro.
Torna a salir Leoncio con recado de escribir.
Aquí está tinta y papel.
Aunque sois mi camarero,
de secretario fiel
es vuestro oficio primero,
también asistís en él.
Así mi lealtad afirmas.
Firma el rey dos cartas.
Escribid por estas firmas
a Carlos, el rey francés,
y a Federico, el inglés,
en ellas mi amor confirmas.
Escribid cómo este día
su regia y antigua planta
ver el mundo junta a la mía.
Éntrense todos, quede el secretario solo.
Suspenso y turbado quedo,
como la imaginación
pone a mi amor tanto miedo,
si es de amor la pretensión,
conquistar un mundo puedo.
si de humilde secretario
miro el ser, en mi temor
veo el supuesto contrario
pero si miro el amor
veo su estilo ordinario
válgame el cielo, en mí mismo
siento el caballo de Troya
y de amor el silogismo
que dentro del alma apoya
las escuadras del abismo
veo la imaginación
que lleva armado el deseo
del escudo sin razón
y ya el pensamiento veo
que sigue su pretensión
la desvelada memoria
tiene en sí la voluntad
que la anima a la victoria
pero mi triste humildad
se suspende en tanta gloria
pero qué teme el valor
estas firmas no me ha dado
el Rey que me tiene amor
y amor no me ha levantado
al bien y gloria mayor
las firmas quiero guardar
y un enredo he de trazar
diré que la infanta quiere
al infante y él se muere
por ella, y podré fundar
mi traición, que don Ramiro
por fuerza me ha de creer
aunque a un imposible aspiro
no será del Rey mujer
la infanta por quien suspiro
diré que como contrario
Bermudo quiere engañalle
con su intento temerario
y el Reino viene a quitalle
fíese de secretario
con qué testigos podré
hacer esta información
si digo lo que no sé
testigos de mi pasión
más de mil presentaré
de amor es este interés
y bastan testigos tres
para hacer la información
el Rey me tiene afición
juez sobornado es
que pues la infanta aborrece
a Bermudo y a su hermano
su mano por él ofrece
diré que le dio la mano
porque la merece
con esto intento estorbar
el casamiento en desvelos
anda el alma a su pesar
que una centella de celos
un mundo puede abrasar
Entrase, sale el infante don García con dos pajes
el camarero del Rey
en esta apacible sala
ha puesto tu alojamiento
estrecho le viene al alma
dejadme solo que quiero
hacer de aquesta jornada
cuenta con el pensamiento
en quien puse la esperanza
no os vais
ya, señor, nos vamos
qué sentís de esto mudanza
el cansancio del camino
siento
ya el sueño me llama
dentro en su mismo oratorio
Vanse los pajes.
mi mano he dado a la infanta
con mi gusto y voluntad
pero quedó desposada
con mi hermano don Bermudo
a mano desconcertada
del Rey, por que al corazón
tantos tormentos señala
porque viendo su hermosura
no puso mi amor demanda
al suyo con las potencias
y impedimentos del alma
memoria y entendimiento
no nos dejó que en su gracia
estaba la voluntad
y aquel pleito se acaba
con las tres publicaciones
que del alma se declaran
como no quiso el amor
poner estorbo a la causa
de mi hermano es ya mujer
mas qué digo, si se casan
mi voluntad y la suya
hay confusión más extraña
qué quimeras son aquestas
yo vine desde Navarra
a desposarme en León
con la infanta doña Sancha
por mi hermano di la mano
pero qué importa si daba
el alma entonces la suya
que para estorbarlo basta
será firme el casamiento
si porque el Obispo estaba
presente al sí que nos dimos
sí que ha servido de nada
si la mano le di a la bella infanta
y Bermudo confirma mi palabra
casada está con él que el alma espera
la voluntad que en ella fue primera
En el margen superior izquierdo, dentro de un recuadro tachado:
y halló su fin mi deseo
la mano me dio la infanta
para mi hermano Bermudo,
donde muere la esperanza.
Mas, ¿qué digo? ¡Vive Dios,
que no ha de gozarte ingrata!
Que pues con poder me caso,
yo haré que en esto me valga;
Bermudo me dio el poder,
pero ya no es de importancia,
que por ser mayor el suyo
amor en mí le traspasa.
La infanta será mi esposa.
Mas, ¡ay, pensamiento!, amaina,
que es imposible la empresa
y tu fortuna contraria.
Si la mano te dio la bella infanta,
y Bermudo confirma esta palabra,
casada está con el que el alma espera,
la voluntad que en ella fue primera.
salga doña Sancha
Amor, con su atrevimiento,
me ha entrado en el aposento
del infante don García.
Como en el alma porfía,
alas le da al pensamiento;
cuando la mano le di,
puse en él la libertad,
y en el aparente sí
le dio el sí la voluntad,
y él no a su hermano, por mí.
¡Válgame el cielo!, no miro
que del famoso Ramiro
soy hija, mas que temor
me suspende; si el amor
es mayor Rey, ¿qué me admira?
¿Es la infanta?
A tu presencia
vengo, señor, ¿qué te espanta?
Siendo tu hermana, licencia
me da amor en gloria tanta.
Él esfuerce mi paciencia,
que en efeto quieres ser,
como declaras, mi hermana.
Sí, infante, porque el poder
que traes de tu hermano allana
el parentesco, a tu ser.
Cuando te entregué la mano
sentí, Sancha, que apretaste
la mía en rigor tirano;
si no es que entonces pensaste
que te la daba mi hermano.
La mano que allí te di,
yo, señor, me di en darla a ti
y fue mía, García,
que dije, ¡triste de mí!...
Bien puedo llamarte mía
si tú me tratas ansí;
hablemos claro, señora,
mi pensamiento te adora
y el entregarte la mano
mía fue, no de mi hermano,
que ya mi ventura ignora;
pues cuando yo te entregué
Mancha de tinta y correcciones al inicio del folio izquierdo.
el sí que en mi fe consiste
para don Bermudo fue
de mi amorosa pasión
el pensamiento declaró
en ti puse mi afición
reparo
A continuación, una caja con texto tachado en el original, que se reemplaza por versos insertados a su derecha.
Texto tachado en caja:
que el fingido don Ramón
tuvo intención de casar
al Rey Bermudo tu hermano
conmigo aunque a mi pesar
no me diste a mi la mano
si
pues no hay que recelar
si la intención del prelado
fue casar en mi a Bermudo
por el poder que he mostrado
tu intento y el mío pudo
haber el suyo estorbado
Texto de reemplazo (a la derecha de la caja):
en que reparo
si estando del corazón
rompa la berguenza el velo
un pálido y mortal hielo
me anuda y ata la lengua
pero aquesta llave y mengua
que dudo de mi recelo que
cuando por mi bien te di
la mano que di en vano
según se declaró aquí
no te la di por mi hermano
que te la di por mi lado
Fin del reemplazo.
la fuerza del sacramento
esta toda en el intento
del marido y la mujer
si este falta viene a ser
nulo cualquier casamiento
y si tu intento no fue
de dar la mano a mi hermano
sino de premiar mi fe
por la intención es llano
que conmigo me case
y pues ya están declarados
de las almas los cuidados
con una misma intención
clara esta la conclusión
los dos quedamos casados
que al fin es la voluntad
la que el casamiento hace
ella da seguridad
a la fuerza y satisface
del precepto la verdad
que cuando te di la mano
mi voluntad no fue dalla
por Bermudo el Rey mi hermano
pero fue fuerza entregalla
por mi padre mas fue en vano
A continuación, caja de texto tachada. En el margen derecho se indica con un asterisco el texto que la sustituye.
Texto tachado en caja:
yo logre mi pretensión
y asi con justa razón
de mi a tu hermano despido
que no a de ser mi marido
aunque haya dispensación
mas que traza se a de dar
para venir a gozar
un bien de tanta importancia
pasarémonos a Francia
que el engaño da lugar
a Navarra partiremos
en toda aquesta semana
de nuestra parte tenemos
la ocasión que el caso allana
porque mejor la logremos
Texto insertado en el margen derecho, marcado con un asterisco:
que si el proprio me ha uncido
al vien por mi merecido
que necio podré yo ser
para dejar a gozar
hoy injerto el amor uncido
la razón que dar podemos
es que pues tan cerca estamos
de Francia a París pasemos
Escrito verticalmente junto al inserto anterior:
a ti y lejos de mi hermano
viene el alto nos logramos
Fin del reemplazo.
traza ha sido del amor
temo el poder de mi hermano
que es fuerte competidor
y aunque le gano por mano
es bien temer su rigor
el tiempo vendrá a caber el furor de su memoria
y amor que nos da lugar
de gozar tan alta gloria
los abrazos de las amas
solo amor por quien yo quiero
con la gloria os espero
mi deseo va en su gloria
en ti vivo
por ti muero
Éntrese don García, y salga Leoncio por otra parte.
La infanta con don García
sola, si fuese verdad
lo que mi intento fingía,
sea o no mi voluntad,
en darme queja porfía;
no es mucho, infanta y señora,
que el retrato no estiméis
del rey que ausente os adora,
si a don García queréis
por original agora.
Si estaba en vuestra memoria
el rey ni este humilde amante,
no alcanzaran tanta gloria,
pues se la dais al infante
que goza de la victoria.
Parece que se ha turbado;
si por desdicha es de veras
lo que mi envidia ha trazado,
vuestras soberbias quimeras
hacer tan libertad os ha dado.
¿Sabéis que soy de León
la infanta hija de Ramiro,
y que estos tapices son
lenguas y manos que miro,
de hacer vuestra prisión?
Si aquí me tenéis en poco,
y el sentido se enajena
del respeto a que os provoco,
temed, Leoncio, la pena
que por ella cuerdo o loco.
¿Quién os ha dicho que quiero
al infante o que en mi vida
tener tal deseo espero?
Mi traición es conocida
si no la entablo primero.
Quiero decir que yo he visto
que los dos se enamoraban, en vano, mi amor resisto
que solos hablando estaban,
un imposible conquisto;
pues ¿cómo queréis negar
que al infante don García,
en este mismo lugar
ciego me querría...?
y sordo pues vive dios
que hoy el Rey ha de saber
por mi el amor de los dos
mi lealtad ha de entender
de ti no soy despreciado
pues yo haré que se te acuerde
de mi celoso cuidado
quel perro con rabia muerde
al mismo que le ha criado
adonde vas desa suerte
tente Leoncio ay de mi
ya tu padre viene a qui
vida me ha de dar tu muerte
Leoncio si tus desvelos
dan lugar a tu pasión
sin temerosos recelos
tuyos mis cuidados son
ya sé, infanta que el temor
de que a tu padre lo diga
ha engendrado ese favor
Leoncio tu fe me obliga
asi engaño a este traidor
al infante voluntad
tiene la traba me admira
y hallada seguridad
de mi amor pues mi mentira
saco a luz esta verdad
disimular me conviene
que después habrá ocasión
salga el Rey y don beltran de aragon capitán
ya la gente se previene
para partir de León
Leoncio ese cargo tiene
capitán la compañía
recoged echad vn bando
que mañana en todo el día
habéis de ir acompañando
a la infanta y don García
el secretario os dirá
lo demás que se ha de hacer
entrase el capitán
aguardando sus efes
mi lealtad a obedecer
el orden que se le da
Leoncio escucha en secreto
delante de mi le habla
el Rey mi padre a que efecto
alguna traición entabla
la plática he de estorbar
porque le pueda contar
celoso y desesperado
este traidor mi cuidado
de mi podéis excusar
vuestro secreto mayor
con Leoncio os apartáis
siendo de padre el amor
un secreto me negáis
yo estaré de a qui al traidor
el orden estaba dando
que ha de llevar don Beltián
para irle acompañando.
Los hombres de armas irán
con nuestra guardia guardando
de la infanta la litera;
llegarán hasta Navarra,
aunque en su raya y frontera
Líneas tachadas bajo este verso: "toda su gente se ve cara" y "con su magestad bizarra"
Y el Rey don Bermudo espera,
al capitán le daré
el orden que tú me has dado.
Infanta, el secreto fue
el que ya veis declarado.
Bien su plática estorbé.
Manda que se vaya fuera
Leoncio, que quiero hablarte,
que es justo para que muera
de su traición avisarte.
¿Qué dices, infanta? Espera,
¿Leoncio me hace traición?
Presto, gran señor, sabrás
su atrevida pretensión,
que en las alas que le das
vuela su infame opinión.
Leoncio, afuera salí;
cuando se vaya la infanta
al punto volved aquí.
Entrase el secretario.
Tanta suspensión me espanta,
yo lo haré, señor, ansí.
Ya se fue. Sancha, declara
el intento con que vienes,
que en el color de tu cara
veo la pasión que tienes.
Con mi padre y mi señor
bien me puedo declarar.
El secretario es traidor,
pues pretende conquistar
la fuerza de tu valor.
Aquí, ciego y atrevido,
de Bermudo, mi marido,
forzado de su traición,
con amorosa pasión
celos, señor, me ha pedido.
Conviene que muera luego,
que como amante celoso,
cuando mi favor le niego,
amenaza al Rey, mi esposo,
atrevido, loco y ciego.
Otras mil veces he visto
por sombras su pensamiento,
que de mi pecho desisto,
mas hoy fue su atrevimiento.
Calla, que el furor resisto,
que un hombre que hice de nada
así me quiso ofender
a privanza levantada.
Cuando estás en bajo ser,
toda vienes a ser nada;
entrate, Sancha querida,
y la prevención procura
Voy a ordenar mi partida.
Entrase la Infanta.
Leoncio ha sido mi hechura,
si le quitare la vida,
muera, que ha sido insolencia,
su traición gran culpa tiene;
hoy firmo la sentencia,
el traidor es el que viene,
no sé si tendré paciencia.
Salga Leoncio.
Ya el capitán de la guarda
el orden ha recibido
de la jornada que aguarda,
y todo está prevenido.
Y ya tu castigo tarda;
¿habéis el pliego enviado
a Francia y a Inglaterra?
Ya el correo es despachado.
Pues de León y su tierra
salid luego desterrado.
¿Cómo o por qué, gran señor?
Prevenid vuestra partida.
Entrase el Rey.
¿Desterrado? A mí pague,
mas ¿por qué el por qué pregunto,
si ya en mi pecho se ve
un infierno todo junto
que con mis celos forjé?
La infanta ganó por mano,
y la privanza del Rey
he perdido por liviano;
mas en mí queda la ley
del duelo fiero tirano.
El Rey me tiene agraviado,
para poderme vengar
pienso abrasalle su estado,
no tengo más que aguardar,
pues que ya voy desterrado.
El amor me ha descubierto
que en la privanza mayor
me daba el seguro puerto,
mas ya el mar de su rigor
me dejó en la orilla muerto.
Preguntó el Rey si el correo
estaba ya despachado;
bien vienen con mi deseo
las dos firmas que me ha dado,
juntas, donde mi venganza veo.
En un recuadro al inicio de la página, cruzado con aspas: con que le pienso hacer guerra y el amor me levantó a pretender sin doctrina el cielo que me mostró
pues si el atrevido amor
y la privanza de un rey
me tratan con tal rigor
celos que no guardan ley
me animan a ser traidor
al conde de asolar
fama eterna en las dos firmas
el alma siento abrasar
ya he visto mi perdición
la privanza de Ramiro
faltó por mi pretensión
y de mi fuego un suspiro
podrá abrasar a León
salga don beltran
¿Dónde está el rey camarero?
¡Oh, famoso don Beltrán!
ya a mi casa considero
el rey y el infante están
en el retrete primero
¿tenéis ya vuestros soldados
prevenidos?
el rey fía sus cuidados
de vos y el orden que tengo
Línea tachada al principio de la columna: se que están
es que los tengo alojados
cuatro leguas de León
saben a su alojamiento
ha sido la prevención
que iguala con la opinión
el rey se ha entrado a escribir
el orden que os ha de dar
que con vos he de partir
o que me habéis de acompañar
en todo os he de servir
que en todo se guarde el orden
y si vais no abráis la orden
pues a vos os la fío
su condición es extraña
y en llegando a la montaña
os la tengo de entregar
que al rey nos desengaña
este secreto no sé
y de mi alma el secreto
siempre en mi lealtad guardé
como leal sois discreto
bien conoce el rey mi fe
y mirad que me ha mandado
que más con él nos veáis
que vamos despachados
el aviso que me dais
me dejas más obligado
al punto me partiré
para aguardar a la infanta
donde la gente aloje.
mi cuidado se adelanta
y antes que vos llegaré
desterrado voy por ti
infanta por tu ocasión
la gracia del Rey perdí
ay de ti y ay de león
ay del mundo y ay de mí
Segunda Jornada, salgan don Beltrán con una carta y los más soldados que pudieren con armas.
aquestas, soldados, son
las montañas de León
y el Rey aquí me ha mandado
por Leoncio su privado
que esté a punto el escuadrón
en presencia del infante
he de abrir esta y su hija
también ha de estar delante
y que por ella me rija
me manda y será importante
los dos llegan ya cazando
por el monte entretenidos
su espesura van pasando
son por la caza perdidos
Leoncio me está aguardando
porque dice que conviene
al cabo de esta espesura
que solo en secreto viene
no sé lo que el Rey procura
suspenso el caso me tiene
retírense los soldados
en estos riscos pelados
veré si el buen don García
sabe a lo que el Rey me envía
se mueven muchos cuidados
Todos dentro: cito, to, por acá por acá.
al monte va el jabalí
seguidle por la aspereza
aquesta traza fingí
por contemplar tu belleza
que me trae fuera de mí
En el margen superior derecho de la página izquierda:
Sale la infanta y don García de caza y éntranse los soldados
Los soldados van delante,
famosa ha sido la caza,
esposo querido, infante.
Hoy en la caza se caza
la libertad de un amante.
Para poderte decir
lo que ya tengo ordenado,
la caza quise fingir,
y a Mudarra, mi criado,
hice, infanta, prevenir
al cabo de la montaña.
En una espesura extraña
dos caballos estarán
mañana, que nos darán
segura, fuera de España,
mientras se pasa el rigor
de tu padre y de mi hermano.
Del rey francés el favor
tendremos, que es gran cristiano
y nuestro amparo mayor.
A los dos escribirá,
viendo mi hermano que ya
no puede tener remedio
y poniendo al hijo por medio,
el perdón alcanzará.
Aun no he podido entender
lo que el infante está hablando;
la carta quiero leer.
Temo, señor, que cazando
mi gente te ha de perder.
Para este mismo lugar
el rey, tu padre, me dio
esta carta que he de dar,
la orden que él me mandó,
y yo en todo he de guardar.
Hoy sabremos su gusto,
que a su firma me remito.
Si es del rey, será muy justo.
Orden aquí por escrito
ya teme el alma disgusto.
Lee la carta don Beltrán.
¡Que el rey manda dar la muerte
a la misma que engendró!
¡Rigor de mi estrella fuerte!
Jamás me escribió la infanta,
ni yo he sido al rey traidor;
esto es amor, que se espanta
porque con tanto rigor
hoy su cuchillo levanta.
En el margen derecho de la intervención de don García, con otra letra o escritura desordenada, se leen versos alternativos o correcciones de difícil lectura, que parecen decir: "que a la verdad no tanta / ni clemencia os fatiga / a quien no admira y espanta / de un [...] / y que los dos os casastes"
Verdad es que os queréis bien
y que los dos os casastes.
Sí, capitán, que no es bien
negar lo que declarastes
en las letras que se ven.
Valeroso capitán,
si el Rey lo manda, reparo.
Dadme la carta, Beltrán.
Perdonad, que son mi amparo
las letras que en ella están
con la firma de Ramiro.
Él ha de dar cuenta de mí,
porque del caso me admiro,
mas dice "Yo el Rey" aquí,
y he de creer lo que miro.
Con esta carta daré
carta de pago y disculpa
cuando con el Rey esté,
por si algún traidor me culpa
de lo que no imaginé.
Pues la carta no fiais
de mí, dejadme leer
lo que en ella firmais,
mas para qué lo he de ver,
basta que vos lo digais.
Leed, señor don García,
lo que el Rey en ella envía.
¿Para qué queréis que lea,
si basta para que sea
saber que es desdicha mía?
Pues es más extraña cosa
vuestro padre, infanta hermosa,
nos manda matar, ¿qué es esto?
De sola fortuna el resto,
con mi estrella rigurosa,
¿de quién o cómo ha sabido
el amor que os he tenido,
si el intento de los dos,
a solas los dos y a Dios,
fue secreto o conocido?
Yo decillo no podía,
ni menos vos, Sancha mía;
con justa razón me aflijo.
Aquí de Dios, ¿quién lo dijo?
Que Dios nos lo diría.
Matar a los dos, ¿por qué?
Padre injusto, ¡qué rigor
es este que en ti se ve!
Mi don García, traidor
miente quien mancha su fe.
Mas sin duda tu pasión
tengo, padre, conocida,
que por no darme a León,
me quieres quitar la vida
a título de traición.
Si solo muriera yo
por su gusto, justo fuera,
como en la carta mandó;
pero que mataros quiera
el padre que os engendró,
imposible es de creer,
que un padre no puede ser
que quite a un hijo la vida,
pues viene a ser homicida
de su misma sangre y ser.
¿Es del mismo Rey la firma?
Mirad do que él lo confirma,
las muertes que considero.
La letra es del camarero,
donde su traición afirma;
él a mi padre contó
nuestro amo querido esposo
que bien el traidor cumplió
el juramento celoso
que en ti su envidia afirmó
como lo pudo contar
si era de los dos secreto
como lo pudo escuchar
y es del amor el efeto
que nada sabe callar
buen don Beltrán de Aragón
antigua sangre tenéis
del famoso don Ramón
y hoy a vuestra infanta veis
vendida de una traición
el infante don García
soy y de Sancha marido
y aun que el Rey a esto os envía
que lo miréis bien os pido
vuestra Reina es mujer mía
yo de bermudo segundo
cuia fama es conocida
y no podrá todo el mundo
quitalle a Sancha la vida
por mi valor sin segundo
mirad que está el escuadrón
de los trescientos soldados
de tras de aqueste peñón
para lograr mis cuidados
que no os sientan es Razón
bien pudiera yo señor
con el escuadrón armado
oprimir vuestro valor
pero mi sangre me ha dado
mas nobleza que vigor
en el mundo es ya sabido
y aun que el Rey contrario fuerte
por está firma me pida
que a los dos os de la muerte
hoy quiero daros la vida
por que mi lealtad no ignora
que fuera hecho de villano
en la infanta mi señora
poner la espada y la mano
quien con Respeto la adora
amor vuestro yerro a sido
el Rey muy mal informado
de alguno que está ofendido
y en el tiempo que ha pasado
podrá haberse arrepentido
pasen del Rey los Rigores
que hoy en vuestro daño emplea
gocad de amor los favores
en esa cercana aldea
con traje de labradores
esto a trazado mi fe
bella infanta don García
en aldea de leon
no estamos bien de importancia
será en aquesta ocasión
asegurarnos en francia
por que con el traje villano
ninguno os conocerá
y está mas seguro y llano
que caminando podrá
sabello el Rey vuestro hermano
en esta aldea estaréis
los dos muy bien como os digo
adonde por mí sabréis
del Rey y vuestro enemigo
si acaso alguno tenéis
entrad por esa espesura
de aqueste bosque desierto
que vuestro amparo asegura
dando voces que os ha muerto
quien vuestra vida procura
Brava traza, capitán.
Como soy de vuestra guarda
mis deseos os la dan.
Por vos el cielo nos guarda
y os dé el premio, Beltrán,
que en la traza que me advierte
vuestro hidalgo pensamiento
veo mi dichosa suerte
Vuestra Real sangre siento
que se defiende de muerte
como del Rey de Aragón
la suya mi pecho guarda
acudió a mi corazón
y vuestras personas guarda
que es su propia obligación
en esa primera aldea
estáis seguros los dos
donde mi lealtad se vea
Qué bien, capitán, en vos
y en ella el valor se emplea
a un Damián mi criado
que en la montaña hallaréis
decilde lo que ha pasado
que bien fialle podéis
el más secreto cuidado
con vos le podéis llevar
y pues hemos de quedar
en esa primera aldea
él el mensajero sea
Al cielo en esto obligáis
y la piedad que mostráis
por los dos os agradece
y él a vuestra vida ofrece
las dos vidas que hoy nos dais
Ea, entrad en la espesura
dando voces que a traición
gozar esta coyuntura
hoy vuestra infame traición
con la vida se asegura
Entrense el Infante y doña Sancha, don Beltrán tras ellos, la espada desnuda, y salga Leoncio y los soldados, diga dentro
A manos de don Beltrán
muero cruel homicida.
Tente, infame capitán.
Los ecos de vuestra vida
lenguas a estas peñas dan.
Muerto soy, válgame el cielo.
Contenta muero con vos
y de la traición apelo
para el tribunal de Dios.
Riegue vuestra sangre el suelo
Líneas tachadas: onbre tanto que apeláis / a la divina justicia / que cargo me lo fiáis / hoy pagáis vuestra malicia / del desdén con que matáis
¿Qué es aquello, camarero,
que se aflige el pensamiento
oyendo estrago tan fiero?
De Ramiro es mandamiento;
de pena y lástima muero.
Ella es grande compasión
que a su hija dé la muerte
un padre gran sin razón,
en tan lastimosa suerte
se me arranca el corazón.
¿Por qué muere don García?
Del Rey solo es el decreto.
Alguna traición sería
de los dos, porque es discreto
el Rey, y ocasión tendría.
Salga el capitán la espada desnuda.
Ya, Leoncio, aquesto es hecho.
Ya con este noble acero
sus dos vidas he deshecho.
Vuestro premio considero,
al Rey habéis satisfecho.
Creo que el Rey mi señor
ha de premiar el valor
de mi hazaña por famosa.
Sin juzgar que era error.
El caso ha sido espantoso,
pero obedecer al Rey
al buen vasallo es forzoso,
que su gusto es ley
aunque sea riguroso.
Dadme esa carta que quiero
adelantarme a León.
¿Qué decís en esta ocasión?
Mi amparo en ella prevengo.
Mirad que el Rey ha mandado
que no entréis en este mes
en León.
De su mandado
no pienso exceder si es
su gusto.
Estar alojado
podéis en esta montaña
quince días, que a la hazaña
que por el Rey hecho habéis
bien el premio merecéis
del valor que os acompaña.
La carta me podéis dar.
Leoncio, en eso reparo;
conmigo siempre ha de estar,
que tengo en ella mi amparo.
Ya os podéis perdonar;
vive Dios que estáis extraño.
Si esa carta el Rey firmó,
puede haber en esto engaño,
tan salvo estáis como yo
de aqueste presente daño.
a León podéis volver
y decilde al Rey por mí
lo que me vistes hacer,
vamos, soldados, de aquí,
la carta va en mi poder.
Entrese el capitán y los soldados, quede Leoncio.
La carta fuera un escudo
que me pudiera amparar
con el navarro Bermudo,
que hoy, para poder salvar
la vida, a su amparo acudo.
Que porque lugar me diese
en que a Navarra llegase
y hablar a su Rey pudiese,
le dije que se alojase
y este mes se entretuviese.
Hoy mi pasión se confirma,
pues la infanta murió
por ocasión de una firma;
otra para el Rey quedó
que todo mi engaño afirma.
Sobre ella pienso escribir
luego otro enredo mayor,
a Navarra he de partir
de fingido embajador.
Al Rey tengo de servir,
que pues estoy desterrado
de Ramiro, mi esperanza
piensa lograr su cuidado,
que grangear la privanza
del Rey Bermudo he trazado.
En el primer lugar
con la firma escribiré
lo que he venido a trazar;
que si un Rey mi agravio fue,
otro Rey me ha de vengar.
En aquestas ocasiones
a los atrevidos pones,
fortuna, sobre la esfera,
quien dos mil firmas tuviera
para hacer dos mil traiciones.
Entrese. Salga doña Sancha, el infante, Sabido, labrador.
Para poder hospedar
vuestra persona y esposa
quisiera un mundo mandar,
vuestra historia lastimosa
me ha dado gran pesar.
Aunque aquesos bandoleros
que decís que os han robado
como a los más pasajeros,
pues la vida os han dejado,
bien merecen los dineros.
¿De dónde, señor, venís,
y adónde es vuestra jornada?
me parecéis gente honrada
Somos, labrador honrado,
de la insigne Zaragoza,
que de Aragón es estado;
en ella mi corte goza
por don Bermudo esforzado.
Allí el venturoso amor
de mi esposa doña Elvira
con regalado favor
puso en mi sola mira
para darme el bien mayor.
Dila mi mano de esposo,
mas su padre poderoso
no vino en el casamiento
y para lograr mi intento
temi del padre el poder
por ser poderoso y rico
y por venir a tener
la esperanza que público
segura en una mujer
una noche cuando amor
suele con la oscuridad
dar al amante favor
salimos de la ciudad
huiendo de su rigor
a la corte de León
caminabamos los dos
y un bandolero escuadrón
nos robó
librarnos de su traición
cebaronse en los criados
y asi tuvimos lugar
y porque a la pobreza
el camino ha de impedir
le conviene a nuestra nobleza
en esta aldea vivir
rico con esta belleza
aquí labrador honrado
los dos podremos serviros
mientras el rigor airado
pasa y viene a descubriros
la fortuna nuestro estado
esta desdicha pasar
de sancho de Benavides
soy señora mayoral
allaras lo que pides
pobre sayal
tu seda mides
que para seguridad
con dos villanos vestidos
viviréis con libertad
en esta aldea escondidos
mas si va a decir verdad
es fuerza que os ocupéis
en el campo y su labor
porque a sospechar no deis
algo con vuestro valor
en todo mandar podéis
a los dos como a criados
dadnos el oficio os ruego
que si en el no ejercitados
de amor aunque niño y ciego
podremos ser enseñados
las viñas podréis podar
que será un honrado oficio
y a vuestra esposa ocupar
con vos en este ejercicio
que os ha de escarmentar
como es vuestro nombre
Enrique
pues mudáis traje al sayal
otro nombre es bien se aplique
Llamo os desde hoy Gil Pascual
mi nombre así se publique
y vos hermosa señora
a quien la luz del aurora
por vuestra beldad no iguala
os podéis llamar Pascuala
pues Gil Pascual os adora
mi amor merece perdón
si a esos pechos cortesanos
nombres desiguales son
que siempre hay entre villanos
Pascuala, Bras, Gil, Antón
en los nombres que nos dais
mostráis vuestro amor más bien
pues con él nos honráis
vamos que no estamos bien.
aquí en el traje en que estáis
si no acertare a llamarte
Pascual mi infante querido
bien puedes de mí fiarte
que el llamarte será olvido
mas no lo ha de ser amarte
pues si al irte yo a llamar
Pascuala Sancha querida
el nombre vengo a olvidar
la lengua en llamar olvida
pero no el alma en amar
éntranse
salgan el Rey don Bermudo y su almirante con acompañamiento que se vuelva a entrar y quedan solos los dos
D. Vela Tudela
aquí en aguardaré a la infanta
este almirante todo prevenido
pues la fortuna mi poder levanta
viéndome de su amor favorecido
a voces la parlera fama canta
mis glorias pues de Sancha soy marido
de Aragón y Navarra es vuestra Reina
la hermosa Sancha que en mi alma reina
como en el pecho traigo su retrato
el alma participa de su gloria
que con un dulce y amoroso trato
sustenta la esperanza a la memoria
el tiempo largo se le muestra ingrato
al deseo que espera la victoria
que un siglo le parece cada día
esperando a la infanta y Don García
bien parece señor que tu cuidado
le tienes en la Reina mi señora
que en toda la jornada no has tratado
sino es de tu retrato que te adora
como el original tiene estampado
su forma y en el alma tu amor mora
al pensamiento gusto y esperanza
va animando el deseo que la alcanza.
que el Rey Ramiro fuese tu contrario y a casar con su hija te previenes del amor ciego loco y temerario son estos imposibles en que vienes mas como en todo el tiempo ha sido vario los recibidos males trueca en bienes y amor y el tiempo trueca y en su historia unas veces da pena y otras gloria
Don Juan de Benavides mi almirante
yo confieso que amor me está obligado
a la paz de mis reinos importante
cuando en mi doña Sancha estoy pensando
la guerra olvido que el amor delante
me presenta la gloria que aguardando
está el entendimiento puesto en calma
por ver ,
prevénganse las justas y torneos
y publique Aragón gloriosas fiestas,
Navarra saque a vistas sus trofeos
y sus galas al sol en luz opuestas,
lleve la fama al mundo mis deseos
y mis dichas al cielo contrapuestas,
en el número venzan las estrellas
pues son mis glorias más que todas ellas.
Tudela para el gran recibimiento
está, señor, con prevención notable,
que de su amor te muestra contento,
quiriendo solo que por ello se hable
la paz pública de tu casamiento,
que por él en tus reinos será estable,
que en los arcos triunfales que te ofrecen
sus mismos pensamientos resplandecen.
Como vengan tu esposa y don García,
la reina, mi señora, y el tu hermano,
han de llegar mañana en todo el día,
él por tus brazos y ella por tu mano,
con general contento y alegría,
Tudela aguarda un bien tan soberano
con juegos, triunfos, fiestas, luminarias,
que no se han visto tantas ni tan varias.
Sale un paje.
Leoncio, de Ramiro camarero,
de una posta se apea y quiere hablarte.
Las albricias querrá por ser primero
que viene de mi gloria a darme parte,
dalle a Navarra por albricias quiero.
Mira, señor, lo que tu amor reparte,
que, aunque te pintan pobre y tan desnudo,
te dejara sin reino don Bermudo.
Dame, señor, los pies.
Llega a mis brazos,
Leoncio, los del alma te aperciben,
con el amor de los dichosos lazos
el gusto que de verte agora reciben.
Indigno soy, señor, de tus abrazos.
Por doña Sancha, en quien los míos viven,
hoy los recibes, noble camarero.
Mi embajada, señor, decirte .
¿Adónde queda mi querida esposa?
Salgamos, Almirante, a recibirla;
su gracia, ¿no es octava maravilla?
Bermudo, de una nueva lastimosa
traigo esta carta, bien puedes abrilla.
Abre la carta don Bermudo y léela.
¿Qué dices, camarero? Mas, ¿qué hago?
si en la carta mi duda satisfago.
Entendí, rey don Bermudo,
que vinieras a León
a dar la mano a la infanta
que el casamiento trabó,
mi intento por dar la muerte
a mi enemigo mayor,
muy engañado anduviste,
porque no estaba en razón
dar por marido a mi hija
al que mi tierra ,
pero como no ,
la sentencia ejecuto
en don García, tu hermano,
la ofensa de mi valor;
mi camarero Leoncio
en las montañas le dio
muerte
mira lo que lees
que te engañas gran señor
mi capitán de la guarda
dirá el Rey Leoncio no
con la pena de su muerte
te ha cegado la pasión
no me turbo camarero
ni entendáis que el gran valor
de un Rey se puede turbar
con la pérdida mayor
llegad y sabéis leer
qué dice a questa razón
mi camarero Leoncio
dice la pluma formó
en el papel la verdad
declarando mi traición
por decir mi capitán
en la carta escribí yo
mi camarero Leoncio
lo que puede la razón
ello es de Dios permisión
de qué Leoncio os turbáis
quién esta carta escribió
yo la escribí Rey Bermudo
y don Ramiro firmó
cómo tu nombre escribiste
no sé que el Rey me mandó
escribir mi capitán
puede haber más confusión
al fin don García es muerto
si don Beltrán de Aragón
le dio muerte en la montaña
el caso dudando estoy
como que pueda caber
en un Rey esta traición
no es posible que Ramiro
la muerte a mi hermano dio
su misma firma no ves
poned a aqueste en prisión
mira señor que quebrantas
las leyes de embajador
de la muerte de mi hermano
quiero hacer la información
que como es mi sangre misma
el que la suya vertió
mirando a aqueste la mía
desamparo el corazón
como sangre del difunto
delante del matador
mira que no tengo culpa
de su muerte
cómo no
si el Rey y tu misma letra
aquí te llaman traidor
tú a ti mismo te condenas
escribiendo esta razón
y la conciencia Leoncio
es el testigo mejor
quitadle de mi presencia
que la muerte no le doy
por averiguar un caso
donde hay tanta confusión
métenle preso
preso voy pero no importa
que solo y en la prisión
he de revolver el mundo
pues el Rey me desterró
yo mismo en persona iré
con el mayor escuadrón
que Jerjes juntó en su tiempo
aunque sola la razón
basta llevan de mi parte
para abrasar a León
no soy el rey don Bermudo,
el que tu tierra asoló,
que aún no han pasado seis meses,
tan presto se te olvidó,
Ramiro, el pasado encuentro,
mas sin duda la pasión
de verte de mí ofendido
causó en ti tanto rigor,
para alcanzar mi amistad
al padre santo escribió
de su mano y ricas paces
y él las bodas concertó.
No me agravió a mí Ramiro,
y pues al papa agravió,
de Dios segunda persona,
hoy está a cuenta de Dios
la justísima venganza
que la prometo desde hoy.
Ármese toda Navarra
desde el grande hasta el menor,
hombre en mi reino no quede
sin salir a esta ocasión.
Las fiestas de casamiento
trueque Marte en su furor,
las cañas se vuelvan lanzas
que amenacen a León,
vuélvanse las galas lutos,
y sobre un negro pendón
por insignia se dibuje
un fiero lobo y feroz,
que a un inocente cordero
sin culpa despedazó.
Toquen cajas, suenen trompas,
y para la prevención
en que el ejército junten
diez días de plazo doy,
y es muy largo el plazo dado
para mi satisfacción.
A vengar voy un hermano,
conmigo va la razón,
la ofensa del padre santo
y la justicia de Dios.
Entrense. Salga Leonida, dama.
Aunque no tiene remedio
mi atrevida pretensión,
amor que está de por medio
le promete a mi pasión
por mí un imposible medio.
Que como me dio el retrato
Sancha, la infanta mi prima,
buscando la voluntad.
Diole el nombre de mi gloria
y vio después
Salga el Rey.
en que se entiende Leonida
en servirte gran señor
del alma que está afligida.
triste parece que estás
desecha de pesar sobrina
que el pensamiento imagina
los cuidados en que das
desde que Sancha partió
de aquí no tengo contento
su ausencia en el alma siento
presto juntas os veréis
con el quicio de mi estado
las dos columnas seréis
doña Urraca fue mi hermana
tu madre reina en León
declárame tu pasión
pues quiero, que tu causa allana
paréceme que miraste
bien al infante famoso
mi cuidado sospechoso
parece que se clipso
desde que de aquí partió
a su hermano escribiré
ya el tu amoroso intento
y trataré el casamiento
y según lo alcanzare
estaréis bien las dos primas
con dos hermanos casadas
las paces más asentadas
bien sé gran señor que estimas
mi vida porque mi madre
cuando en tu casa murió
mi amparo te encomendó
y así te tengo por padre
en mi vida no he tenido
pensamiento de querer
el cuidado no prevengo
en casarme agora
porque a quien el alma adora
pues yo tengo de escribir
al Rey si me das licencia
que ni te aflige la ausencia
de Sancha y podrás morir
por mi amor que des el sí
para que se logre el mío
de tu prudencia confió
que sabrá mirar por mi
Yo no me quiero casar; ya te lo digo bien claro,
y pues te fié mi amparo,
y pues ves que te hablo claro, porque me quieres matar,
no lo empieces a tratar.
Creí que gusto tenías
de casar con el infante,
ya ni te puse delante
el fin de las glorias mías.
Salga don Beltrán de Aragón.
El rey está con Leonida;
solo le quisiera hallar
para podelle contar
la causa de mi venida,
pero si acaso el secreto
solo en su persona está,
su plática estorbará
mi embajada que es discreto.
Dame los pies a besar.
Capitán, seas bienvenido,
que a quien tan bien me ha servido
mis brazos le puedo dar.
Sin duda con mi deseo,
don Beltrán, has caminado,
pues que tan presto has llegado.
Bien en ti mi amor empleo.
¿Fue grande el recibimiento
que a su esposa hizo el navarro?
Sí que es gallardo y bizarro;
mostró Navarra contento
cuando recibió a su reina.
Sería famosa la fiesta
desde donde el sol se acuesta
adonde sus trenzas peina.
¿Llegó con salud la infanta?
¿Regalóla don García
en el camino, si sabía
que al más cortés se adelanta?
¿Cuántas leguas de Tudela
su esposo la recibió?
¿Qué gente con él salió?
De Leonida se recela,
en él solo está el secreto,
y en Leoncio, bien me avisa.
Con gusto y fingida risa
es como cuerdo, discreto.
Cómo estáis suspenso y mudo;
mas ya, capitán, entiendo
que callando estáis diciendo
las grandezas de Bermudo,
sino es que callando estáis
porque tan corto me veis.
Responded, ¿qué ya tenéis
las albricias que aguardáis?
Que si es tanta suspensión
porque el paje no os pagó,
en premio, Beltrán, os hago
almirante de León.
Por el cargo de este día
beso tus reales pies.
Premio de más interés
merece su cortesía.
¿Quién creyera que por dar
muerte a su hija, mi fe
premiara? Su gusto fue,
pues me ha venido a premiar.
Pues ya tenéis las albricias,
decidme lo que ha pasado.
Hoy mi lealtad has premiado.
mas si saberlo codicias
que te tengo de decir
si solo conmigo estás
toda la verdad sabrás
que nunca supe mentir
manda que se entre Leonida
que de ella historia funesta
sabrás la triste repuesta
y causa de mi venida
ya sé que me has avisado
que estando aquí en tu presencia
tenga en callar advertencia
con lo que me has preguntado
ya mi contento desmaya
qué historia funesta es esa
que vuestra lengua confiesa
haz que Leonida se vaya
éntrate hermosa Leonida
hablarme quiere en secreto
don Beltrán
éntrese Leonida
siempre sujeto
a tu voluntad mi vida
ya mi sobrina se fue
y los dos solos estamos
habla pues que está suspensa
el alma en verte callando
como sé que este secreto
solo yo y el secretario
le sabemos callar quise
que por ser tan grave el caso
de Leonida le encubrí
y porque de ti avisado
fui como Rey tan discreto
en lo que me has preguntado
acaba ya de contar
tu viaje y no seas largo
pues está atento señor
que quiero en un corto espacio
decirte el triste suceso
aquel día que llegamos
a las montañas fragosas
que aquellos dos montes altos
dividen el bosque adonde
tienen los divinos prados
mandé por el soto dentro
al escuadrón hacer alto
previne para el suceso
lo que era tan necesario
el secretario en el bosque
de una escuadra acompañado
se quedó guardando el orden
que tu majestad le ha dado
a esto llegó don García
que con la infanta cazando
venían por la montaña
tras aquellos habían dado
para asegurarse en Francia
que en la otra parte del llano
cuatro caballos tenían
prevenidos dos criados
abrí la carta en el sitio
que Leoncio había mandado
delante de don García
la leí mas ya reparo
que eclipsó la hermosa infanta
aquel rostro cuyos rayos
eran de la luz del sol
hermoso y vivo retrato
y vi sus ojos divinos
que alumbraban todo el campo
con las perlas que vertían
bordar los hermosos prados
sus dos labios que la grana
se avergonzaba en mirarlos
se volvieron en un punto
marchitos pálidos
sus dos hermosas mejillas
tomaron el color blanco
que sin alma el rostro tiene
que a la muerte se le hurtaron
acaba dime el suceso
que me estás aquí pintando
la muerte lirios usol
luceros mejillas labios
cuando el alma esta suspensa
lo que no entiende escuchando
al fin señor en leyendo
de la carta tu mandado
a los dos mostré tu firma
y ellos mismos confesaron
la gran traición deste amor
y que al tomarse las manos
con el poder de Bermudo
por su voluntad casados
fueron en la bendición
que a los dos les dio el prelado
aquí vi tu justicia
la Razón y echando el fallo
de tu firma ejecuté
la sentencia aunquen su amparo
el valor de don García
quiso apelar a sus manos
muy poco le aprovechó
por que el fiscal acusando
ques tu verdad y Raßon
concluyó la muerte dando
a tu hija y a l'infante
que los dos muertos quedaron
en la montaña fragosa
entre Riscos y peñascos
este es señor el suceso
ya el premio me tienes dado
que pues almirante soy
de león bien me has pagado
que me dices capitán
sueñas por dicha o acaso
el proceso de mi vida
estás loco relatando
a la infanta has dado muerte
y a don García qu'estado
oiendo tu relación
y en tus diversos cuidados
tu fulminado proceso
a muerte me ha condenado
válgame el cielo qu'es esto
a mi Rey estoy mirando
mudado el color del Rostro
suspenso mudo y turbado
y la turbación de un Rey
no viene sin grande daño
sin duda ha sido traición
mas quien si fuera descuidado
en entregalle la carta
a Leoncio el secretario
ven a ca gran capitán
que de un Rey te le han dado
con su palabra que es ley
para sus propios y extraños
torna a leer el proceso
que por su diverso caso
en la sala de mi acuerdo
todo le tengo olvidado
gran señor pues es Leoncio
de tu alma secretario
él te podrá referir
llámale si está en palacio
por quel la causa escribió
dándome aqueste traslado
de su letra y de su firma
con que me disculpa el caso
lee esa carta señor
con que doy carta de pago
del lasto de su traición
si fue falso el escribano
éntrese el Rey
si no fuera mi valor
de Rey lo que estoy mirando
loco pudiera volverme
que en mi firma retratado
está el mismo entendimiento
como en espejo mirando
los descuidos de los Reyes
cuando dan firmas en blanco
fiados de la malicia
de traidores secretarios
esta firma es la que di
a aquel traidor temerario
que en mi daño de nada le levanté
su ley castigó si cayó
si con una firma quito
dos vidas que estimé en tanto
cielos qué hará con la otra
será de mi Reino estrago
bien me aconsejó la infanta
que si por ser libertado
con su honor le diera muerte
no hubiera y estos daños
en que ya por mi descuido
me está el cielo amenazando
desterréle de mi Reino
y como fue desterrado
desterró de mí la gloria
que al fin de mis largos años
aqueste laurel me dieron
sus pensamientos tiranos
don Beltrán no tiene culpa
no porque en su pecho hidalgo
no pudo caber traición
y aunque anduvo temerario
esta firma le disculpa
que obedeció mi mandado
el sentimiento del alma
me aflige y oprime tanto
que aun no puede dar respuesta
a este que la está esperando
murió la infanta mi hija
y de ver mudo el navarro
diera la muerte sin culpa
a don García su hermano
que a lo que está ordenado
del justo cielo no hay remedio humano
el Rey se fue sin hablarme
y en su pasión ha mostrado
el sentimiento del alma
que mi sentido ha turbado,
no me declaró suceso,
ni condeno por culpado
a Leoncio el camarero.
¡Válganme los cielos santos!
¿Puede haber más confusión
que aquesta en que estoy dudando?
Mas ¿por qué mis pensamientos
aflijo, si me ha premiado
el rey con ser almirante,
y don García esforzado aguardando,
con mi esposa doña Sancha?
Viven en seguro estado;
reyes serán de León,
yo su más leal vasallo;
corra el tiempo y ellos vivan
para que gocen mil años
el premio de mi lealtad;
y yo el que de ellos aguardo,
que aunque para darles muerte
el mismo rey ha firmado,
hoy el cielo los da vida,
porque es justo que entendamos
que a lo que está ordenado
del justo cielo no hay remedio humano.
Acto tercero, salga doña Sancha de labradora con un hacecillo de sarmientos debajo del brazo.
Inconstante fortuna,
detén la rueda en las desdichas mías;
si mi historia y infortuna
a la memoria de la fama fías,
en este humilde estado
contenta vivo con mi esposo amado.
En este campo hermoso
la vista de mi alma se recrea,
que al gusto codicioso
hace que entre apacibles flores vea
un divino traslado
del paraíso vivo en ti pintado.
Aquí la maravilla
alegre resucita en la mañana,
y cuando el sol se humilla
a la bella hermosa Diana,
muestra el helado ,
por la ausencia del sol triste y nublado.
Y esos mansos arroyos
llevan al mar sus cursos peregrinos,
y haciendo a trechos hoyos
parecen aposentos cristalinos,
donde el agua serena
matica aljófar con la rubia arena.
Risueña a espacio marcha,
y entre la murta y flores hace alcobas
de plateada escarcha,
tejiendo en trepadoras verdes sobas,
donde sale a hacer salva ,
Salga el infante de labrador con una hoz
Detén, tiempo mudable,
la variedad de tu veloz mudanza,
permite que sea estable
el corto bien que mi esperanza alcanza,
que en este humilde estado
gozo de gloria con mi Sancha al lado.
Aquí los jilguerillos
suspenden con su música al aurora,
levántanse a oíllos
el sol, que aquestas cumbres altas dora,
y de sus voces goza
cuando el alba le viste en su carroza
de rubíes y esmeraldas;
aquese prado, de ese monte sombra,
a que abril guirnaldas da por quitasol hoy
de su diversa y matizada alfombra,
guarnecida de perlas
del alba, para que el sol baje a cogerlas.
¡Oh, querida Sancha mía!
Pascuala me has de llamar,
aunque la lengua porfía.
El alma que sale a hablar
da el nombre que en sí tenía;
sin duda estás ya cansada,
mi gloria, de sarmentar.
No estoy, que en ti transformada
me he venido a ejercitar,
y ansí no me cansa nada;
al cortar estos sarmientos,
en mi amoroso deseo
brota el alma mil contentos,
que amor labrador le veo
pues labra en mis pensamientos.
Cuando te quedas podando,
atrás con la voluntad
el alma te está esperando,
y voy, sin ti en soledad,
poco a poco sarmentando.
Cuando miro más floridas
las vides entretejidas,
pongo en ellas mi esperanza,
porque mirándote alcanza
entre sus vides mil vidas.
Aquella cepa tenía
dos sarmientos enlazados
que el amor entretejía,
allí remiré mis cuidados,
con los tuyos, don García.
Gil Pascual me has de llamar;
mira que está allí cavando
Blas, y nos puede escuchar.
Cuando el alma te está hablando,
no sabe la lengua hablar.
Dentro un músico cavando canta
Siempre se le oye decir
a mi padre y mi señor
que el que por amores casa
siempre vive con dolor.
Así dice, y ocultado
por amores casé yo
con Sancha, la bella infanta,
hija del rey de León.
Mi hermano me dio el poder,
mas como el poder de amor
mil imposibles allana,
en mí su poder mostró.
Quiso el rey darnos la muerte,
infante fui de Navarra,
de su rey hermano soy,
y ahora por mi desventura
he venido a podador.
Mientras yo podo las viñas,
vida, sarmentadlas vos.
no me lo mandéis, esposo,
no me lo mandéis, señor,
que tengo las manos blancas,
quemarámelas el sol;
traedme vos oro y seda,
que yo os labraré un pendón
que entre moros y cristianos
no le hubiese otro mejor:
de un cabo pondré la luna
y del otro pondré el sol,
del otro a la Virgen pura
y del otro al mismo Dios.
Cuando entréis en la batalla,
vos seréis el vencedor.
Ocasión hay, mi García,
donde mostréis el valor,
a mi padre le hace guerra
Bermudo, el Rey de Aragón
y Navarra; de su Reino
viene a ser fiero Nerón,
sus tierras viene asolando,
la causa somos los dos,
vuestro esfuerzo sabe el mundo
y ya sois Rey de León,
aunque vuestro hermano sea.
Bermudo, es justa razón
que amparéis vuestros vasallos
y al Rey, mi padre y señor;
yo iré como vuestra esposa
guiando con el pendón
de mis cuidados y vuestros
el valeroso escuadrón.
Ea, García invencible,
gocemos esta ocasión,
que con mis joyas y vuestras
el pendón labraré yo,
valerosa doña Sancha,
alma de este corazón,
por quien sé, mi fe, mi vida,
obligado a tu valor,
hago juramento al cielo
y al ser que el cielo me dio,
que he de regir mi consejo
con el que me da tu amor,
mientras yo podo las viñas.
Mi hermano con su rigor
pretende quitar el Reino,
a Ramiro su pasión
le trae ciego, que este daño
Ramiro no le causó;
y pues que yo soy la causa,
yo solo obligado estoy
a defenderle la entrada
de mi injusta pretensión.
Infante soy de Navarra,
si él es Rey por ser mayor,
la sangre de un mesmo ser
el cielo nos dio a los dos.
Vamos, Infanta querida,
que pongo treguas desde hoy
al oficio que me ha dado
la lealtad de un labrador.
No es justo que diga el mundo
que pierde el Rey a León
mientras yo podo las viñas,
pues de cobarde y traidor
me dará el nombre la fama.
Sancha, ven, que este valor
ha de librar a tu padre,
y en tus cabellos, que el sol
toma la luz de sus rayos,
pondré el laurel y blasón
de la victoria que miro
en tu bizarro pendón.
Vamos, infante querido,
que los yerros por amor
y más en reales pechos
presto alcanzan el perdón.
Con valor pienso alcanzalle
para dar satisfacción
a Bermudo, el rey, mi hermano,
que ha sido justo mi amor.
Con vos tengo de morir.
Pues si al campo salís vos,
mientras yo podo las viñas,
podéis ganar a León.
Éntrense, toquen cajas. Salgan don Bermudo, de luto, y el Almirante; los dos con bastones.
Las compañías haréis
hacer alto en esta parte,
el orden luego daréis,
y mi real estandarte
sobre este monte pondréis.
Ya de nuestra cierta espía
supe que el rey don Ramiro
trae seis mil de infantería
donde en su soberbia miro
que contra el cielo porfía.
Trae setecientos caballos
ligeros, a donde mira
la lealtad de sus vasallos,
pues en la empresa que aspira
viene él mismo a gobernallos.
En forma de media luna
trae formado su escuadrón
y la Rueda de Fortuna
por escudo en un pendón,
aunque siempre le importuna.
Hay otros mil ventureros,
tan arrogantes y fieros,
que entienden ganar el mundo
y en tu valor sin segundo
mostrar sus fuertes aceros.
Aqueste el número es
según la espía ha contado
de un campo que a tus pies
presto se verá humillado,
y aun es pequeño interés.
Por sus soberbios intentos
verá con castigo vil
el fin de sus pensamientos,
pues traes juntos treinta mil
contra mil y setecientos.
Si el número quieres ver,
en esta parte verás cuan fácil será el vencer.
el estado de Aragón
te ha dado once mil infantes
que aseguran su opinión;
mil caballos semejantes
al viento en la condición.
De Navarra, que es la tierra
donde fundas esta guerra,
dos mil caballos ligeros,
junto en su tierra Navarra
que en vanguardia los primeros
van, cuya escuadra bizarra
siguen mil aventureros.
Si el número me has pintado,
gran general de mi campo,
ya a la raya hemos llegado.
Ramiro su campo tiene
tres leguas de aquí; la espía
dice que ya se previene
su lucida infantería,
que apriesa marchando viene.
Salga un soldado.
Leoncio, señor, se fue
aquesta noche.
¿Y la guarda
a quien yo le encomendé,
cómo de esa suerte guarda
lo que tanto le encargué?
Con prisiones no venía,
sí, señor, mas la cadena
que su persona ceñía
hallamos en el arena.
Fuerzas de la estrella mía.
General, échese un bando;
que al punto diez mil ducados
a quien le prendiere, mando.
Dar garrote a los soldados
que le tenían guardando.
Mira, señor, que son treinta,
todos hombres de opinión.
Aunque sumara su cuenta
los once mil de Aragón,
murieran por esta afrenta.
En él fundada traía
la verdad de mi justicia,
y así en prisiones venía
para probar la malicia
del Rey, que el falso sabía.
Toda mi satisfacción
perdí en él, aunque la firma
basta para la traición;
el Rey su pasión confirma.
Tienes, soldado, razón;
esta es la hora que está
el preso con don Ramiro,
y la escuadra pagará
su descuido.
Éntrense. Salga Leoncio alborotado, en cuerpo, sin espada.
Huyendo.
Vengo de gente,
que le sigue el delincuente.
El miedo de mi temor
hace que todo me asombre,
parece que oigo rumor
de gente que por mi nombre
me nombran: «Tened al traidor».
La vara de su justicia
me pone el cielo delante,
que a mi muerte codicia;
no hay cosa que no la espante
a mi tirana malicia.
En esta primera casa
de la entrada del lugar,
mientras mi temor se pasa,
quiero la vida guardar,
aunque conmigo es escasa.
Un honrado labrador
sale de ella, y mi temor
parece que voy perdiendo.
Salga Sabido, mayoral.
Pardiez, Pascuala, que entiendo
que el pendón tendrá valor;
las doncellas del lugar
ocupa Sancha labrando
un pendón, y a dibujar
todas la están ayudando.
Si tenéis dónde hospedar
al hombre más desdichado
,
desde su rueda arrojado,
Reportaos, pasión tenéis.
De adónde huyendo venís,
que hoy el amparo tendréis
del socorro que pedís,
en este sayal que veis.
Como veis de esta suerte,
labrador, de pecho hidalgo,
de las manos de la muerte
huyendo y corriendo salgo,
soy del Navarro Bermudo
en su ejército un sargento,
y allí la fortuna pudo,
vengando un atrevimiento,
dejarme a solas desnudo.
Un atrevido soldado
delante mi general
me desmintió, y como honrado,
satisfice en campo armado.
A mi contrario maté,
el rey prenderme mandó,
huyendo me retiré,
que la ocasión me ayudó
a librarme.
Honrada fue.
Tras mí viene un escuadrón;
vasallo del de León
sois y parecéis honrado,
sea de vos amparado.
Que lo seáis es razón;
nadie viene, no volváis
la cabeza, que el temor
os da la pena en que estáis.
Ésta es mi casa, señor,
y en ella hallaréis el amparo de la y...
en esa primera sala
a mi sobrina Pascuala
veréis, y vuelvo al momento.
¡Ay, tu noble pensamiento!
Al de Alejandro se iguala.
Perdonad si agora os dejo,
que voy a dar diez soldados
por el pueblo y su concejo,
que por mí han sido quintados
como en efeto más viejo.
Mirad que el secreto encargo.
No tenéis que me advertir,
entrambos dentro, que a mi cargo
está el callar.
Y el morir,
al mío sin más embargo.
Éntrese Leoncio.
Recogimiento es mi casa
que por la montaña pasa,
perdida ya es hospital;
Salgan don Beltrán y don García.
De aquesta gente quintada
habéis de ser capitán,
señor, para esta jornada.
Pascual viene, y don Beltrán,
y ya Pascual trae espada.
Muy bien la espada os parece.
Hoy el señor general
a mi persona le ofrece
una gineta real.
Vuestro valor la merece.
¿Qué hay, Sabido? Los quinientos
Y a gran señor a eso voy.
Mirad que han de marchar hoy.
¿En qué entiende mi Pascuala?
Acabando está el pendón,
que no ha quedado zagala
que no la ayude.
Es razón,
pues con su amor las iguala.
Oíd aparte: un soldado
aquí se ha venido huyendo
del rey Bermudo; esforzado
y, pues principal entiendo,
Siempre acudís a amparar
a los pobres peregrinos
que llegan a este lugar
por tan diversos caminos.
Jamás los he de faltar,
quedad con Dios, y amparadle,
Pascual, en mi corta ausencia.
Y como a mí, regalalde.
No hará falta tu presencia.
Voyme, que aguarda el alcalde.
Éntrese Sabido.
Al fin, que Leoncio ha sido
de nuestra fortuna el blanco.
Fue del rey favorecido,
y aquellas firmas en blanco
le hicieron tan atrevido.
El rey me dijo el secreto
de su infame pretensión,
y a Bermudo fue en efeto.
Dicen que estuvo en prisión.
Aún a cadena sujeto,
y que a León le traía
en su misma compañía
don Bermudo, vuestro hermano,
y él, como astuto y tirano,
rompió la prisión un día,
y por un bando ha mandado
diez mil ducados a quien...
Sancha disgustada sale.
lo diere preso
el soldado
que le hallare, por el bien
será estimado y pagado.
Salgan Leoncio y Sancha con una espada desnuda tras él.
De mi estrella es el rigor.
Si tu piedad no me vale,
este es Leoncio, el traidor.
¿Hay caso que a aqueste iguale?
Apartémonos aquí,
porque sepamos los dos
la ocasión de velle así.
La ocasión será que Dios
hoy te le ha entregado a ti.
Detén, señora, la mano,
que si yo he sido tirano,
de ruina es tu antiguo ser,
y como tal has de hacer.
Y aunque en morir tanto gano,
bien sé que fue libertad
mi amor de un soberbio intento,
que engendró la voluntad,
pone fundada en el viento
cimiento de mi humildad.
Guiado de tu valor
quise emprender tal hazaña,
de amor fue ciego rigor.
A Troya asoló y a España;
tú a León, por ser traidor.
A mi mano has de morir,
que no podrás resistir
la venganza de mi pecho,
pues en mi agravio deshecho
de nuevo empiezo a vivir.
Hoy mi deseo cumplido
oída con mi muerte alcanzo,
pues el cielo te ha traído
para que tome venganza
en casa del ofendido.
Sale a dar y deténgale don García.
Enfrena, Sancha, el furor,
en tan noble acero,
muera honrado este traidor.
Mayor muerte considero
solo verte,
pues la tengo merecida;
dadme la muerte los dos,
que ya me cansa una vida
que de los hombres y Dios,
con razones perseguida.
Di, mal nacido villano,
¿qué pensamiento tirano
cupo en tu imaginación,
para usar tan gran traición
con un ángel soberano?
Tu maldad se ha visto clara,
y como Dios no la ampara,
descubrió tu falso celo,
que nadie va contra el cielo
que no le salga a la cara.
Las dos firmas en blanco
donde tu villano ser
pensó hacer su tiro franco,
el blanco veniste a ser
pues que te has quedado en blanco.
Tu traición y mal vivir
que en esto infame sangre de falto el suelo,
de tinta podrá servir.
Oye, señor, que he trazado
lo que a todos está bien:
este ha de ir aprisionado
porque, a Sabido, le den
el premio lo que el bando ha publicado;
él fue el que le recogió
en su casa, sin saber
que hoy a un traidor amparó,
y, pues está en su poder,
el justo premio ganó.
El rey aguardando está
y el campo cerca de aquí,
este aprisionado irá
con Sabido, porque así
mi intento se logrará
del labrador escuadrón,
señor capitán.
Sancho, ¿acabaste el pendón?
Sí, y en sus extremos van
las armas de tu blasón.
Pues, mi alférez has de ser,
que, llevándote presente,
a mi hermano he de vencer,
aunque traiga tanta gente.
Infante, dame la muerte
primero que el rey me vea,
por la infamia que me advierte.
Antes pretendo que vivas
para que el perdón recibas
dando al rey satisfacción,
pues con tu falsa traición
de vida y reino me privas.
Ánimo, cruel fortuna,
que si mi vida importuna
sale bien de este rigor,
su fe te ofrece un traidor
aunque no tienen ninguna.
Doña Sancha. A los pies una cadena lleve y atadas las manos, vaya en su guarda su pena de mi gran pena el escuadrón de villanos, mi infamia y muerte se condena. Leoncio. El cielo en tu favor. Don Beltrán. A vuestro designio injusto moriremos. Leoncio. Este rigor viene del cielo y es justo. Don Beltrán. Jamás se logró un traidor. Leoncio. Gran capitán de la guarda, nobles, oíd. Don Beltrán. Viviste aprisa, y nunca el castigo tarda al traidor que el tiempo avisa, y huyendo no se guarda.
Entranse Don Beltrán y Leoncio.
De gente de estas campiñas,
alférez, Sancho, te hago;
bien es la espada te ciñas,
mientras yo podo las viñas.
Entranse todos y queden solos el Rey de luto y Leonida en hábito corto con espada.
Los soldados hagan alto;
mañana Bermudo intenta
darnos el primer asalto
la batalla me presenta
por verme de gente falto
según la espía informó
treinta mil soldados tiene
en su campo claros
la grandeza con que viene
solos seis mil tengo yo
tener Bermudo mas gente
yo disculpa y el Razón
no se sobrina que intenta
reino
pues doy vida y opinión
al vasallo que se ofrece
en el poder de tirano
en ser tan poca sobrina
porque fue perdida ruina
gran número y as mes
empecho el daño
con viene
no perder esta ocasión
para ganar mi intención
que es la mía que me provoca
pues enciende alarma poca
dentro de mi corazón
y a bermudos he de hablar
el amor me da esta traza
si el Rey me diese lugar
cuando mi tierra amenaza
sobrina quieres llegar
a su presencia furiosa
déjame a mi gran señor
que yo quedare famosa
en la fama del amor
si amor da fama gloriosa
quiero su intento saber
y decir que te disculpa
la magestad de tu ser
en la traición que te culpa
y su poder podré ver
llegare con el seguro
de embajador
traza extraña
tu honor y vida procuro
dame amor en tal hazaña
la gloria a que me aventuro
si miras que eres mujer
tu hermosura hará que asombre
a su invencible poder
con nombre y hábito de hombre
fui embajador he de ser
mi intento se determina
dame señor tu licencia
guíe te el cielo sobrina
oye de mi amor la experiencia
tras su voluntad camina
Leonida mi bien ordena
de su discreción el orden
hará aquesta traza buena
si hay en campo des orden
que caja es esta que suena
salga don Beltrán
ya tienes en tu presencia
un escuadrón de quintados
que al mundo hará resistencia
porque de tu amor pagados
vienen y no por violencia
mas el intento primero
de tu victoria y suceso
que has de conseguir espero
solo porque viene preso
liones o tu camarero
preso el camarero viene
no le di muerte al traidor
gran señor porque conviene
al vitorioso valor
que en el tu persona tiene
dame los brazos Beltrán
con ellos me están honrando
pues tanta gloria me dan
la escuadra llega marchando
y el villano capitán
desta primer compañía
aunque entre toscos ajuares
descubre la cortesía
de un hidalgo natural
que en sí la victoria fía
toquen cajas a marchar salgan el infante con gineta doña sancha cubierta la cara con un velo y saque un pendon con la luna y el sol pintados y la virgen y un salbador / todos los villanos qmas pudieren de soldados y el infante encubriendose con la montera yagan alarde entrandose
con orden van los villanos
y parece que el deseo
de la victoria en su mano
sus borlas dan en tu empleo
como nobles cortesanos
el no humillar el pendón
su discreción asegura
y el triunfo desta ocasión
que se debe a su pintura
respecto y adoración
del pendón aficionado
estoy y por su señal
que es de los cielos traslado
el estandarte Real
será de mi campo armado
aquella hermosa villana
irá delante de mí
porque la victoria allana
la santa estampa que vi
de la virgen soberana
no pase más compañía
porque en este mismo día
con Bermudo verme quiero
de paz pues al camarero
el cielo prevención vía
hoy ha de ser mi opinión
Bermudo el Rey de Aragón
logrando mi pensamiento
pues al traidor le presento
para más satisfacción
allí podrá declarar
la muerte de don García
y de Sancha aunque el pesar
que en mi memoria porfía
con la vida ha de acabar
entrense. salga don bermudo y el almirante
para haber de acometer
el orden tiene ya el campo
verá el mundo mi poder
que donde la planta estampo
solo le podré vencer
salga un soldado
para hablarte gran señor
pide un soldado licencia
de Ramiro
sin temor
le ha traído a mi presencia
dice que es embajador
si trata de paz entiende
que es su intento desengaño
salga Leonida
amor más el fuego enciende
pues la causa de su daño
el alma mirar pretende
dame los pies a besar
Álzate, que a embajador
no se le permite ese lugar.
Ya me imagino turbada;
mas podré disimular.
¿Qué pretende don Ramiro?
Señor, la paz de su tierra
pretende, cuando me admiro
de ver que amor, con su guerra,
me quita el bien que en ti miro.
Si es de paz su pretensión,
dirásle que no ha lugar,
porque mi satisfacción
a León ha de abrasar.
De mi pecho eres Nerón.
Vete y di que este es mi intento,
que no aguarde otra respuesta;
pues para su fin sangriento
hoy mi persona se apresta,
y hoy la batalla presento.
Ten, señor, de mí piedad.
¿Que piedad tenga de ti
dices?
Si mi voluntad
te pide que solo aquí
me escuches una verdad.
¿No eres el embajador
de Ramiro?
El general
se vaya de aquí, señor,
que hoy, para decir mi mal,
soy embajador de amor.
A solas me quiere hablar.
Dejadme solo, Moncada.
Mira que puede intentar
alguna traición.
Mi espada
della me sabrá guardar.
Éntrese el Almirante.
Ya se fue. De tu secreto
medí el intento, soldado,
que, por quien soy, te prometo
que me tienes con cuidado
hasta saber el efeto.
Sabrás, Bermudo famoso,
que aquel tu retrato hermoso
que a doña Sancha enviaste
cuando con ella entregaste
palabra y mano de esposo,
miré, y después que le vi,
de ti y de él me enamoré;
y a su imagen ofrecí
en sacrificio mi fe.
¿Qué dices? ¿Estás en ti?
¿De mí estás enamorado?
Escúchame y no te asombre
la afición que he confesado.
Mira lo que dices, hombre,
que ya es mayor mi cuidado.
Digo que le vio Leonida,
la infanta, que es mi señora,
y sabiendo mi venida,
me descubrió que te adora
como a dueño de su vida.
Que esto te dijese a ti
me mandó, y yo lo hago ansí;
porque con su mismo intento
se rige mi pensamiento
y por ella vine aquí.
Su secreto me encargó,
que es discreta cuanto bella,
y ansí, de mí te fío,
sabiendo que, como ella,
te tendré guardado yo.
Si esa ha sido tu venida,
Dile a la infanta Leonida
que su tío es mi contrario,
y que mi amor temerario
de mi voluntad es vida.
Mira, señor, que no es bien
tratalla de aquesta suerte,
pues te adora.
Tú también,
mira que te haré dar muerte
si no te vas.
¡Gran desdén!
Di a Ramiro y a la infanta
que la venganza en mi honor
hoy la fama a voces canta.
Vete pues.
¡Fiero rigor!
Amor, tu crueldad me espanta;
ya con este desengaño
no tengo más que esperar,
morir será menos daño,
pues hoy vengo a declarar
la esperanza de mi engaño.
Salga el Almirante.
A la vista de la gente
Ramiro pretende hablarte
en este campo presente
con su real estandarte.
Si es por la paz, no lo intente,
porque ha de ser imposible.
Solo mi amistad le allano
con mi valor invencible
si me da libre a mi hermano.
Mira si será posible.
Aprisionado consigo
trae a Leoncio, señor.
Entranse el Almirante y don Bermudo.
Causa de ser tu enemigo,
solo por ver al traidor
hablar a su rey me obligo.
Venid, famoso Moncada,
y pues sois mi general,
tendrá escuadra avisada
con el estandarte real
a recibir su embajada.
A Leoncio trae mi tío
y a Bermudo quiere hablar.
Amor, de tu poder fío
que has de venir a lograr
este pensamiento mío.
Si declara la traición
hoy Leoncio el camarero,
libre quedará León
de guerra y el bien que espero
alcanzará el galardón.
Toquen cajas. Salgan el infante encubierto el rostro con la montera, doña Sancha con el estandarte arrebozada como antes, Leoncio con una cadena, asido a su lado don Beltrán con bastón. El rey y soldados por otra parte, acompañamiento de soldados. El Almirante con un estandarte pintado un lobo y un cordero que despedaza, don Bermudo detrás.
Hoy, Bermudo, te presento
por testigo este traidor
que un infame atrevimiento
salva mi antiguo valor,
publica a voces tu intento,
que mi real opinión
a este descargo me llama
para más satisfacción.
Di presto, porque la fama
hoy publique tu traición.
Valeroso rey Bermudo,
soldados y caballeros.
pues ya el cielo os ha juntado
por tan extraño suceso
para saber la traición
que yo ejecuto mi intento;
en doña Sancha la infanta
puse mi altivo deseo,
animando a mi humildad
de amor el atrevimiento,
descubríla mi pasión,
mas el valor de su pecho,
castigando mi soberbia,
puso a mi amor de por medio
la muerte con su amenaza;
fue mi deseo creciendo
tanto que dos mil traiciones
trazaron mis pensamientos.
La infanta contó a su padre
mi atrevimiento soberbio,
desterróme de León,
salí por fuerza al destierro;
diome dos firmas en blanco
el rey porque el casamiento
al de Inglaterra y Francia
escribiese, mas yo luego
que mi rey me desterró,
tracé el más extraño enredo
que pudo inventar jamás
el humano pensamiento:
escribí que el rey mandaba
en el áspero desierto
de las montañas, dar muerte,
mas aquí el sentido pierdo,
a don García y la infanta,
príncipes de aquestos reinos;
di el orden a don Beltrán,
diciendo que abriese el pliego
y que su mandado hiciese.
privar con tu majestad,
y di la firma en que el cielo
con la pluma de su mano
puso la enigma escribiendo,
por decir mi capitán,
Leoncio, mi camarero.
Fuime de tu prisión
mas como el juez supremo
castiga pechos traidores,
hoy a tu prisión me ha vuelto;
la verdad he confesado,
y pues mi traición confieso,
manda, señor, que me den
el castigo que merezco.
Dándole Sabido caiga al espirar
Pues que se ha de aguardar más,
¡muera el tirano soberbio!
A las manos de un villano
por justa justicia muero.
¿Cómo le has dado la muerte?
Como con aqueste acero
el corazón le pasé,
donde forjó tantos yerros.
¡Ah, sacad a este villano!
Señor, escucha mi intento:
diez mil ducados mandaste
al que le trujese preso,
vivo delante de ti,
y si por habelle muerto
pierdo el premio que has mandado,
para mí es el mayor premio
esta muerte que le di,
y te perdono el dinero.
¿Eres tú quien le prendió?
Él es, gran señor.
Pues luego
le den veinte mil ducados.
Vuestros reales pies beso.
Ramiro, aunque está mi agravio
con su muerte satisfecho,
jamás he de ser tu amigo;
la batalla te presento
mañana a de sol a sol.
Yo te aguardaré en mi puesto.
Rey Bermudo de Aragón
y de Navarra el primero,
¿por qué batalla presentas
a mi rey con tal aprieto?
Por la muerte de mi hermano.
Y si acaso en este puesto
a tu hermano te doy vivo,
¿levantarás luego el cerco?
Sí, haré, mas será imposible
la promesa que me has fecho,
que, ¿cómo puedes dar vivo
a mi hermano siendo muerto?
Ese milagro será,
bien le puede hacer el cielo
por confirmar vuestras paces.
Don Beltrán, ¿acaso es sueño
lo que con el rey conciertas?
Oye, señor.
Dime, ¿es cierto
que la infanta y don García
viven hoy?
Y están oyendo
lo que aquí estamos hablando.
Disimula,
es mi remedio.
Bermudo, si don García
con la infanta de secreto
estubiera desposado,
¿dierasle perdón?
Mi pecho
diera a los dos con mis brazos,
porque gozaran su centro.
Pues yo soy el desposado
con la infanta que os presento,
el parabién de las paces
que gocéis un siglo entero.
Hermano, llega a mis brazos.
Y a los de mi padre espero.
¿Eres mi Sancha querida?
Sí, gran señor, que este velo
al sol de vuestra justicia
puso la vergüenza y miedo.
Oye, el alma te recibe
en ella, vivo de nuevo.
Don Beltrán os dio la vida.
Sí, señor, que el pensamiento
dudó de tu firma misma,
viendo que en tu noble pecho
no pudo caber traición.
Siempre fue leal el vuestro.
Desde hoy seréis condestable
de García, en quien mi pecho
Renuncio y será desde hoy
deste nombre el Rey primero.
Yo le confirmo ese cargo.
Yo por mi Rey te obedezco.
Bermudo, excelso señor,
y como a mi hermano os ruego
que deis la mano a Leonida,
pues sabéis que fue su abuelo
el gran duque de Cantabria.
Bien sé que no la merezco;
mas aquel galán soldado
que hoy sirvió de mi tercero
le doy la mano por ella,
porque la pidió primero;
y aquesto es bien que se haga
conforme el libro del duelo.
Sin el duelo la recibo,
Leonidas soy, vos mi dueño.
Con la voluntad del alma
os da la mano.
El deseo
hoy logra su pretensión.
Con vos a Navarra vuelvo,
más glorioso que Alexandro.
Este caso verdadero
en anales de Aragón
busque el que gustare dello,
mientras yo podo las viñas
que aquí mañana les pero.