归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los mártires de Madrid. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-martires-de-madrid-0.
1045
I
Los Mártires de Madrid y dejar un Reino por otro= Comedia en 3 jornadas, de D on Juan de Matos, D on Gerónimo Cancer y D on Agustín Moreto.
(3 ejemplares)
Legajo S 138-6
La Comedia de la Martires y Madrid. D e Ant oni o Ximenez Panegas ẽ l o s cinco Se dibujo o reynau
Solimán y Henrique lo hace el galán todo.
Celin segundo galán.
Pipote gracioso.
Ali tercer galán.
Flora dama.
Amarato viejo.
Luna segunda.
Amete.
Fénix.
Feliciano viejo.
Zelima criada.
Soldados húngaros.
Laura criada.
Salen Luna, Fénix y Zelima criada.
No estoy en mí de tristeza.
Luna hermosa, ¿qué accidente
se opone a tu bella mente,
a la luz de tu belleza,
cuando en la corte gozosa
fiestas celebrando están
que aplauden de Solimán
la vitoria prodigiosa?
¿Te encerraste escondida,
despuesto tu rosicler,
porque no has querido ver
las fiestas?
Estoy sin vida
si sabes, Fénix, que adoro
a mi primoso Celin,
que previniendo le están
la nueva ausencia que lloro,
pues apenas, Fénix mía,
triunfando de Grecia viene,
cuando aquesta tarde tiene
de partirse para Hungría.
¿Por qué no me han de afligir
pesares tan repetidos?
Déjame, que los sentidos
se hicieron para sentir.
Cuando de Hungría vitorioso
vuelva, dice el Gran Señor,
que ha de premiar su valor
haciéndole su esposo,
templa la triste pasión
que el tiempo todo lo alcanza,
y supla aquesta esperanza
las faltas de esa pasión.
Pésame que hayas perdido
las fiestas.
Pues no las vi,
podré saberlas de ti.
Sí, que me atiendas te pido.
Anoche...
Sale Solimán, que hace Henrique.
Fénix, perdona,
que pues yo soy el deudor
de esta fineza de amor
solo toca a mi persona.
Y a que Luna ha de escuchar
gusto, las fiestas decillas,
con más gusto podré oíllas
si tú puedes, primo, empezar.
Ayer, después que la fiera luminosa
a quien la aurora hermosa
en el brasero de florilute atiza,
soplando de la noche la ceniza,
se apagó en los cristales de occidente,
festiva, alegre la otomana gente,
con la nueva feliz de mi vitoria,
por dar quevinces a la memoria,
regocijos y fiestas ordenaron
con que a Constantinopla alborotaron.
Y naos y las galeras de mi armada
con gala y con destreza bien lograda
salva hicieron, las luces y fanales
parecían estrellas luminares
que el mar en la apariencia
trabó con las esferas competencia.
La corte al tiempo mismo
de lucidos incendios era abismo.
Aquí dudaba la armada lisonjera,
brindis de fuego en vasos de madera.
Alborotose toda la nobleza
viendo aquesta grandeza;
el más cuerdo sentido
se negó a lo severo y advertido;
la atención más prudente
faltó a lo autorizado y lo decente,
que en el cortejo de tan gran ventura
fue el no tenerla la mayor cordura.
Salieron disfrazados
mis turcos y jenízaros honrados,
con libreas galantes
introduciendo copia de diamantes.
El Gran Señor, el Sol, en un caballo
que Marte tuvo envidia de mirallo,
salió tan bien, y el bruto, intentos vanos
desbaratando peñas con las manos,
pareció que intentaba de su centro
quitar la tierra o hundilla adentro,
y así, el pisar tan recio y pateando,
juzgó que con ella estaba peleando.
Como que la dezia en muda guerra
Por donde pasa el sol ha de haber tierra.
Mas, ¡ay de mí!, ¿para qué
gasto el tiempo inútilmente,
cuando esta señal me avisa
de mi ausencia y de mi muerte.
Salen Amurates, Celin y Amete.
Solimán.
Señor.
Las naos,
vanas, soberbias y alegres,
que sobre la rica espuma
del mar son alados peces,
esperando están festivas
que tu valor las gobierne,
y con acentos de fuego
marciales selvas te ofrecen.
Licencia para embarcarme
aguardaba, tiempo es que entre
a regir sus capitanes
y a ser Neptuno, que fuerte
los ímpetus de ese golfo
o los rompa o los refrene.
Ochenta vasos me aguardan
cuyas flámulas parecen
flores del octavo globo
o estrellas del abril verde.
Treinta mil turcos las pueblan,
sin cabos ni beylerbeyes,
Hércules por lo robustos
y Martes por lo valientes;
no solamente la plaza
que en esta costa defiende
el húngaro, que es el fin
principal, según me adviertes,
de esta jornada, mas pienso,
o a lo que mi ira que llegue
sobre el muro de Viena,
a ver tremolar batientes
nuestras manos pendones;
viva Alá, que ha de temerme
la cristiandad, mi cuchilla
será su escándalo y muerte.
Solimán, sobrino amigo,
no es justo que yo te acuerde
tu obligación, pues conoces
que debes cuanto prometes.
En este empeño de Marte
mueran hoy cuantos aleves
húngaros a mi corona
desvanecidos se atreven.
Ese piélago espumoso,
que es libro donde se leen
las cóleras de los vientos,
procelosos cuantas tiene,
has de cristal su sangre,
las rubrique o las margene.
Muera el húngaro atrevido,
sus costas, sus campos verdes
con púrpura la sangre,
las tiña con claveles.
Celin, mi mayor amigo,
te acompaña, y en él tienes
el valor y la experiencia
tan juntos y unidos siempre,
que en lo diestro se aventaja
y en lo valiente se excede.
A ti, Celin, mi sobrino
te encargo porque te debes
donde de su vencimiento
la nueva feliz espere.
Bien sabes que ha de heredar
este imperio y que merece
la monarquía del orbe.
Su ardor tu prudencia temple,
porque aunque vencen los bríos
sin la prudencia no vencen.
Verás, gran señor, el celo
con que te sirvo obediente.
Y de Amete, gran señor,
oirás que al cristiano vence,
siendo rayo de Mahoma.
Bien de tu valor se cree.
Mil narices de cristianos
a tus pies he de traerte,
porque tu valor conozco
lo que aquesta espada puede.
Ya el mar te aguarda, sobrino,
Alá con dicha te lleve.
Él y el cielo, señor, te guarde.
Si como de Grecia vienes
vencedor de Hungría, lauros
inmortales a tu frente
colocaré.
Vase Amurates y Amete.
Querrá el cielo.
Dadme, bellísima Fénix,
la mano.
Volváis triunfante,
donde ciñan vuestras sienes
todos los reinos de Asia.
Beso os los pies; Celin, vete.
Aparte.
No puedo escuchar los celos
que el amante pecho encienden.
Vase.
Hace que se va Luna.
Sin alma voy; Luna aguarda,
¿cómo, mi bien, de esa suerte
te vas viendo mi partida?
Vuelvan tus ojos a verme,
aliénteme tus favores
para que dichoso llegue
a ser del mundo prodigio,
aunque de esta luna ausente
será mi gloria menguante
pues solo con verte crece.
¿Que ya al fin te vas?
No lo has visto.
Bien pagas lo que me debes.
Obedecer es forzoso.
Siempre fuiste tú obediente.
Firme entre ausencias seré.
Como en dejarme lo eres.
Pues ¿no sabes que te adoro?
No, pues, ¡ay, ansias crueles!,
te vas ingrato y me dejas
en los brazos de la muerte.
¿Lloras?
Siempre, por la luna,
¡ay de mí!, las nubes llueven.
No son nubes, cielos son
tus ojos donde amanecen
dos soles que ciego adoro.
Me has de olvidar.
Si viviere,
ese hipogrifo de tablas
cuando su cristal encrespe
el mar, en escollo y roca
chocando infelizmente,
o por la quilla se rompa,
o por el buque se quiebre.
Sale Zelima criada.
Luna, mira que te aguarda
el Gran Señor.
Vete, vete.
Y Alá te guarde.
Oye, escucha,
sin vida, Luna, me tienes.
Sale Celin.
Señor, la armada te espera,
¿por qué ocasión te suspendes?
Ya voy.
Amante de Luna
e idolatro sus desdenes,
y de Solimán celoso
etnas me abrasan de ardientes
llamas.
Luna.
Solimán.
Firme amante he de quererte;
será crisol esta ausencia
que el oro de mi amor pruebe.
Y yo entre ausencia, dueño mío,
seré... pero lengua tente.
Nada he de ser en tu ausencia,
pues no he de vivir sin verte.
Señora.
Señor.
Ya voy.
Ya parto.
Repara.
Atiende.
Para cuando son los rayos.
Para cuando son las muertes.
Vuelva mi cielo a tus ojos.
Alá con dicha te lleve.
Vase cada uno por su puerta y queda Celin solo.
¡Ay, airados cielos! ¿qué es esto?
¿Cómo contra mí, crueles,
meditáis esta vida
repitiéndome mil muertes?
Amante de Luna vivo
con los celos más vehementes
que ha engendrado humano pecho,
y invicto corazón valiente.
Y amante de Luna vive
Solimán, cielos, valedme,
que si es Solimán la causa,
no es mucho que me atormente
el tósigo de la yedra
de que mi dolencia crece.
Sobrino del Gran Señor
hoy hereda sus laureles,
y para que crezca en Luna
de lauros ciñe sus sienes;
mas esto, tan a mi costa,
que ha de costarme la muerte,
que no hay valor que resista
que otro le usurpe sus bienes.
Para castigo de Hungría,
que a nuestras costas se atreve,
hoy le envía el Gran Señor,
y Alá le dio tanta suerte
que ha de tardar en vencer
aquello que se detiene,
con que al fin del vencimiento
es fuerza que se celebren
las bodas, sus experiencias
mas son que diestras crueles,
pues fiado en su fortuna
nada intenta que no vence.
Con que la poca esperanza
que el riesgo puede ofrecerme,
mas ya que sin esperanzas
esta ingratitud me tiene,
ruego a Alá que en el combate
que el húngaro nos previene,
Solimán o Celin sea
vil despojo de la muerte,
porque feneciendo uno
esta competencia cese,
y a Luna goce dichoso
quien más fortuna tuviere.
Vase y sale Henrique, que será el mismo que hace a Solimán vestido de color, y Pipote.
Haz prevenir al instante,
que la tardanza me acusa,
el viaje que a Alcalá
hemos de ir hoy.
Ya las musas
contadoras de guarismo,
ciencia que todas estudian,
aguardan para partirnos
por entero; mas la fuga
de tus negocios, señor,
si no es original culpa,
¿por qué me ha de comprehender,
siendo muerte tan segura
ir trotando a toda prisa
en un fuste que no ajusta?
No es tiempo, Pipote, ahora
de querer con tus locuras
detenerme, cuando es fuerza
partirme luego.
Con priesa
dejarás a mi señora
con la ausencia que procuras.
Ya la sabe
y, aunque sé que la disgusta,
mi ausencia es en mí forzoso.
Yo apostaré que te acusa
de ingrato, y un valle de lágrimas
que inundará su hermosura.
Mas no me digas, por Dios,
sácame de aquesta duda,
¿de qué nace una tristeza
que en un estado te ofusca,
divertido te suspende
y vacilante te turba?
¡Ay de mí!, que mi semblante
mi pasión no disimula,
mas como nace de honor,
por más que honor la sepulta
en mi sentimiento, lee
el dolor que en mí fluctúa.
Lleva las maletas...
que luego saquen las mulas
a la puerta de Alcalá,
que salir allí procuro
y mi diligencia acudir
por escusar de que alguna
persona más me detenga
con dilatadas preguntas.
Que, aunque la mía es tan necia,
lo molesto del camino
para mí no hay causa alguna
sino inviarme a llamar
mi hermano con priesa mucha,
que me aguarda en el cabo.
Ahora alabo tu cordura,
¡ay, bien de estar confuso!
que es pensar en una mula
y un camino muerte eterna
porque para en matadura.
Ve sin tardar un instante.
Allí me hallarás descucha,
con mulas, mozo y con bota
porque la jornada sufra.
Vase.
Honor mío, ¿qué es aquesto?
O porque no me confunda,
o porque vengue mi honor,
dame ocasión y ventura,
si de la pasión que siento
no es cómplice la hermosura
de mi esposa, como, ¡ay!,
la razón que al hombre asusta
no la detiene la rienda
del discurso que me ilustra.
Flora, mi esposa, no es noble.
Sí, pues si lo es, ¿cómo turba
un pensamiento la luz,
que tantas dudas alumbra?
Porque es mujer; pues, honor,
las reglas todas son unas
en la mujer; no, pues siendo
clara y cierta conjetura
que hay reglas con excepción.
Como incredulidad suma
mar de celos, mi venganza
piélagos de ardores rema.
Fue delito ser querida,
y que pretensiones muchas
cuando la mía alcanzó
el sol de tanta hermosura
solicitasen lo mismo
que solicitó mi industria.
No es culpa, si ella no quiso,
porque hay pretensiones justas
y al más dichoso le dio
el mérito la fortuna.
Flora, mi esposa, ¡ay de mí!,
me adora con fe segura,
es noble, es discreta, es sabia,
pues, ¿cómo traición injusta
puede haber en nobles pechos,
siendo a ti que tu clausura
da que envidiar a Madrid
con decoros que la ilustran?
Para examinar mis celos
y para quietar las dudas
de mi honor, he de ser Argos,
teniendo la voz tan muda
que a mí mismo yo me calle
la exención que me ayuda.
Esta carta de mi hermano
tuve hoy, con cuya industria
he fingido aquesta ausencia,
por si delitos la acusan,
saldré de Madrid, y dando
para volver la disculpa
de olvidarse unos papeles
entraré en mi casa en cuya
atalaya de su error
seré rayo que en menudas
cenizas resolverá
la ocasión que me perturba,
dando con esta venganza
todo desatado en furias
materia que el bronce linee
ejemplos que el mármol pula.
Sale Flora y Laura.
Henrique, esposo, mi bien,
¿quién de esta suerte os disgusta?
Vos, descompuesto el semblante,
¿qué causas hay que os confundan?
¿Vos de mí tan olvidado,
haciendo a mi amor clausuras?
¿No sois mi esposo?, ¿no soy
quien adoraros procura?
¿No vivo a cuenta del gusto
que vuestra quietud ajusta?
Flora mía, no es tristeza,
que el que los mares fluctúa
de vuestros divinos ojos
tormentas no teme nunca,
porque serenas las ondas
de tantas luces diurnas
favorable puerto enseñan,
bonanzas quietas promulgan
que puedan dentro de un alma
el veneno de una injuria
ocultarse de esta suerte
siendo en una y otra duda
la triaca las palabras
y el veneno disimulan.
que de varios discursos
dentro de mi pecho luchan.
Como vos, Henrique mío,
tengáis salud, nada juzga
mi amor por penas, aunque
vengan muchas penas juntas.
Esta ausencia, Flora mía,
es la que ahora me disgusta.
Mi hermano llegó a Alcalá,
y escribe con priesa mucha
que antes de entrar en Madrid
a unas pretensiones suyas
importa que en Alcalá
le vaya a ver; esta es culpa
de mi suspensión, pues es
tan forzoso que dis...
que de inviarme a llamar
son acasos de fortuna.
Aunque el retiro, señor,
de vuestro cariño sienta,
si a vuestro hermano y a vos
os importa o le asegura,
menor mal es carecer
yo de vos, que no, a la duda,
dejar ocasión de mal
que vuestro semblante turba.
Aparte.
¡Oh ingrata, aleve, con vos
desuena, pues ocultar
la traición dentro del pecho
reparo es de tu cordura!
Y así, mi bien, yo me voy,
que esperando con las mulas
en la Puerta de Alcalá
está Pipote, enfriado.
Que sufra
mi amor el verte partir.
Breve mi vuelta se juzga.
Quédate, esposa, con Dios.
De estos brazos que te anudan
quiera el cielo que otra vez
mi amor los logre en tu busca.
De tu firmeza serán
testigos.
Mi vida es tuya.
Solo eso pretendo, adiós.
Tus pasos el cielo dirija.
Aparte.
Vase.
Mi diligencia ha de ser
examen de aquestas dudas,
que si la juzgo culpada,
le basta a mi honor por culpa.
Cese ahora tu rigor,
no te acaben tus enojos,
que bastan, Flora, tus ojos
para matarle de amor.
Fácil de tu resplandor
idolatra tu beldad,
y con severa crueldad,
cuando tu amor solicita,
tu recelo facilita
que le falta voluntad.
Y mi recelo no te espante.
Laura, que llego a pensar
que a Henrique pueden turbar
las memorias de un amante
competidor, que constante,
cuando mi mano le di,
la pretendió, aunque de mí
tan aborrecido fue
que jamás yo le escuché,
aunque por fiar le vi.
De tu nobleza, señora,
era agravio presumir
que pueda Henrique sentir
esos temores ahora.
Entrega al olvido, Flora,
esas memorias, pues mucho
te estima.
Conmigo lucho,
en continuo padecer,
y si lo quieres saber,
escúchame.
Ya te escucho.
Nací en Madrid, como sabes,
nunca naciera en Madrid
para ser desta fortuna
y con mi esposo infeliz
en la riqueza y la sangre
pocas me exceden a mí
mas en el honor con nadie
nadie llego a competir
una dorada mañana
de las floridas de abril
a quien ilumina Febo
con pinceles de carmín
en un bajel de la Silva
salí al parque a divertir
el tiempo cortando alegre
la mosqueta el alhelí
y la rosa que es Cupido
de las flores pues feliz
si no presta armada de flechas
para matar y herir
festejosa la miraba
¡ay cielos! cuando sentí
llegar a Enrique mi esposo
más galán y más gentil
que cuando con todo decoro
brilla el sol en el cenit
y al mismo tiempo a don Juan
por distinta parte vi
competidor de su dicha
a quien yo nunca atendí
mas si la pasión de amor
no se puede resistir
aunque se puede negar
note juez que culpa en mí
llegose Enrique a este trebo
no fue mucho pues allí
en mi semblante leyó
que de dos que competir
pretendían era él solo
en mi pecho el que elegí
díjome no sé qué cosas
de aquellas que usar decís
los hombres y yo turbada
no sé si le respondí
solo sé que lebre garza
que el elemento sutil
acuchilla con las alas
sin recelo de que a huir
de la ley de amor exento
vivió mi pecho hasta allí
y que de Enrique mi esposo
que dejé ver y servir
que pocas garzas se libran
del alcance de un neblí
dos años me tuvo amor
este Adonis de Madrid
y yo a sus dulces finezas
firme le correspondí
y al cabo de ellos la mano
le entregó mi amor gentil
dio ocasión don Juan en porfiar
con libertad tan civil
en este tiempo que pudo
celoso Enrique vivir
Argos velando la casa
mis balcones le di
viniendo una noche ¡ay triste!
después que en negro tetiz
sepultó niebla oscura
a la bóveda turquí
a este nuevo amante Enrique
halló a tu puerta y allí
juzgando ser la ocasión
facilidad mujeril
su competidor osado
celoso viendo ¡ay de mí!
vibrando el acero noble
no llamaron Laura
señora ¿quién es? que el suceso
que te empecé a referir
oirás después
vase.
voy señora.
denme los cielos aquí
al referir el suceso
de un caso tan infeliz
valor cuando de mi esposo
llego el pesar a decir
sale Laura
señora señora albricias
de gusto y placer te pido
¿es Enrique?
no señora
mas es Ricardo el que he visto
su hermano
¿qué a aqueste tiempo
mi esposo falte y te dijo
si con mi esposo venía?
solo señora se ha atrevido
hasta esa antesala
ve
y dile que al punto mismo
entre porque reservado
no hay lugar a quien pudiera detenerle
y avisarle que ha venido
cuando él a buscarle ve
voy a darle aqueste aviso
vase
Sale Enrique al paño con una llave
ayudado de mi industria
y de mi enojo valido
embestido del honor
que guarnece el pecho mío
con esta llave maestra
entré por aquel postigo
de aquella excusada calle
pues a él solo le he fiado
esta cautela que animo
allí Flora está y pues nadie
ni me ha sentido ni visto
oculto en aquesta pieza
he de examinar altivo
la causa de mi recelo
y ver si para más de un indicio
en este sitio estaré
oculto pues me ha valido
el decir que unos papeles
importantes al divino
de mi jornada me vuelven
que me dejé por olvido
con que el criado parando
a proseguir el camino
que en Alcalá me aguardase
mi diligencia le dijo
o quiera el cielo que sea
mas pasos allí he sentido
recáteme mi cuidado
no mal logre los designios
sale Ricardo y Laura y da los brazos a Flora y ella le recibe en los suyos
después de tantos fortunos
al verme el cielo traído
a este puerto deseado
felicidades los digo
dadme hermana vuestros brazos
en ellos ahora os recibo
como a mi esposo pues siendo
su misma sangre
¡qué miro!
honor el tiempo ha llegado
de la venganza los filos
de mi acero cobrarán
en los dos su honor perdido
saca la daga y dale de puñaladas a Ricardo de modo que no le vea el rostro
muerto soy
tu sangre lave
la mancha que me ha ofendido
valedme piadosos cielos
en vuestro sagrado
entránse por el postigo y cierran hacia a ti
huyamos
cómplices de mi delito
todos habéis de morir
no quedará más que el visto
el golpe a la puerta echaron
no importa que de mis bríos
nada se ha de reservar
pues todo aqueste edificio
le convertiré en pavesas
pues sois
Margen: quiebre de arriba el postigo y dende él se den las voces
señor padre mío
criados
ya todos llegan
habiendo escuchado el ruido
qué quede a ti mi venganza
díjeles tan a los principios
nadie el rostro me ha de ver
hasta el fin que solicito
que es infamia
abrid las puertas
matad a quien se ha atrevido
por este balcón ahora
desesperado y corrido
saldré que ya van entrando
y sin ser de nadie visto
a la más remota tierra
me ausentaré de mí mismo
pidiendo al cielo me dé
ocasión para el castigo
que no pude ejecutar
en aquel tirano chico
o la muerte, pues mi vida
será desde hoy un prodigio
vuestra piedad cielos sea
amparo en mi precipicio
arrójase por un balcón
Salen Feliciano viejo Flora y Laura y criados
¿quién desta suerte a esta casa
pierde tan inadvertido
¿no es este Ricardo mi hijo?
¿qué es esto Flora?
señor
aliento apenas respiro
fratricida ha sido Enrique
¿por qué?
no sabré decirlo
¿dónde está?
en aquesta sala
del teatro más inicuo
le dejé cuando los cielos
de mi honor compadecidos
de sus iras me libraron
sin más causas que tú has visto
valedme piadosos cielos
que si al mirar el prodigio
deste caso no se arruina
aqueste humano edificio
o soy insensible roca
o he nacido para risco
ay padre que si tú lloras
a ya Ricardo tu hijo
más lloro yo pues mi esposo
lloro y mi honor por perdidos
ya se acabó mi sosiego
vosotros al punto amigos
quitadme de aquí delante
tormento tan repetido
a traidor Enrique a ti
has pagado mis cariños
plegue al cielo
tén señor
la lengua no compasivo
tras tantos males al cielo
les invoques más castigos
vamos Flora
vamos padre
qué pesar
qué desvaríos
qué ansias
qué penas
qué angustias
pues vos lo habéis permitido
señor vos sabéis el fin
porque yo no le averiguo
por mi inocencia volved
y por mi honor os suplico
cielos pues ninguna ofensa
contra Enrique he cometido
Vanse y tocan cajas y clarines, dase batalla los turcos con los soldados húngaros y sale Tachado: Solimán Solimán que se hace Enrique vestido de turco
cabes, beyes míos,
que la gran Constantinopla
como sol que os ilumina
os dará fama notoria
ese muro de Viena
que ya se resiste roca
ruina sea al ardimiento
que vuestra cuchilla corva
le está amenazando pues
hoy Solimán os exhorta
aunque Suecia y Alemania
naciones tan valerosas
la socorren y la ayudan
poco a mi valor importa
tiempo es capitanes míos
de mejorar vuestras tropas
subid al muro que yo
primero seré el que ponga
en sus fuertes baluartes
medias lunas por antorchas
Éntrase y vuelven a dar batalla para dar lugar a que se mude Enrique de cristiano y vuelve a salir
Sale Alí, arremete
ea húngaros valientes
estas playas arenosas
manche de bárbara sangre
nuestra santa fe católica
viles cobardes no huyáis
si ventaja poderosa
tenéis embestid al muro
que la resistencia es poca
la de se dexo defiendo
de Mahoma
si invocas
caballeros turcos
a ellos que se mejoran
depuesto rinde cobarde
al valor que te aprisiona
las armas o ya cautivo
has de ser de aquestas tropas
ríndete
mis ardimientos
darán al mundo memoria
pues defendiendo la fe
por alcanzar mayor gloria
morir matando pretendo
que es muerte menos penosa
puesto que eliges tu muerte
la hallas a poca costa
metenle acuchilladas todos los turcos y sale Alí
ay de mí que a ti contraria
fortuna nos descomponga
de púrpura la campaña
sangre turca la colora
las tropas desbaratadas
aunque el valor las provoca
ni al precepto se detienen
ni al gobierno se mejoran
toda mi gente en huida
deja la campaña sola
y Solimán empeñado
pone a riesgo su persona
ay cielos no siento ver
pérdida tan rigurosa
ni ver la gente huida
sino el peligro en que ahora
está Solimán que aunque
con mi valor le socorra
no es posible resistir
del húngaro, la espantosa
y bizarra valentía
que causa nuestra deshonra
mas ¡ay! que acaso en un caballo
sin rienda que le detenga
sin estribos que le ciñan
ni alientos que le recojan
en sudor y espuma envuelto
de las tropas que le acosan
viene Solimán huyendo
nuestra desdicha es notoria
cuando el bruto desbocado
ya de su fuste le arroja
llego a socorrerle
Cae despeñado Solimán al paño
cielos
vuestras piedades invoca
mi vida
llega a él
cúbrele con el paño
arrojole al suelo
pese a mí, pese a Mahoma
pese a los cielos pues veo
al sol de Constantinopla
eclipsado, muerto yace
ya se marchitó la rosa
trocada en cárdeno lirio
ya mis esperanzas todas
murieron pues él murió
ya no veré a luna hermosa
que a Amurates ofendido
y cruel con la derrota
viendo pérdida tan grande
y desdicha tan notoria, forzoso
no ha de perdonar mi vida
con que perdidas dos glorias
vendrá a ser Celín despojo
inútil de su corona
sepultaréle y buscando
a las enemigas tropas
a manos de su rigor
se acabará mi memoria
húngaros fieros oíd
en vuestras proezas todas
mi muerte escribid también
que mucho menos importa
la vida de un infeliz
que la que en Constantinopla
era aliento de Amurates
era lustre de sus pompas
azote de toda el Asia
y escándalo de la Europa
susto de la ilustre Grecia
y exención de Mahoma
mas pues todos la desdicha
hoy de Solimán ignoran
vivirá oculta en mi pecho
siendo el solo que le llora
Sale Alí con Enrique atadas las manos
este cautivo Celín
que mi alfanje rindió ahora
te entrego mientras que vuelvo
a Viena a traer todas
cuantas vidas sus almenas
dentro incluyen y atesoran
vuelve a animar nuestra gente
que yo acudo a la persona
de Solimán
invencible
todo nuestro campo exhorta
vase
que tan infeliz naciese
que esta vida que me enoja
no encontrara con la muerte
para no vivir sin honra
¿qué es esto que estoy mirando?
¿es fantasía que forma
en la idea mi dolor?
a no haber tocado ahora
y visto muerto en mis brazos
a Solimán, mis congojas
dijera que este cautivo
era su misma persona
nada desmiente su rostro
cielos ¿cuál será la copia
o cuál el original?
que a aquestas dudas invoca
próvida naturaleza
cuando quiso hacer tal obra
equivocada y codos
con unas luces y sombras
unos rasgos un dibujo
y con tan acciones propias
¿qué admirado te suspendes
noble turco cuando rota
desbaratada tu gente
a mí solo me aprisionas?
mirando estoy el prodigio
mayor de cuantas historias
celebraron los anales
ni la antigüedad pregona
ya yo sé que soy prodigio
por tal es bien que conozcas
mi valor aunque infeliz
¿de dónde eres?
es mi propia
patria Madrid
¿eres noble?
por nacer noble me postra
de aquesta suerte mi estrella
y mis esperanzas borra
a que lloro mismo que fui
pues murieron de esta forma
¿quieres ser cuanto hay que ver
del cayado a la corona?
tus confusiones no alcanzo
con que mis pesares doblas
puesto que a la favorable
a ti tus ansias mejora
a mí mis penas alivia
y unas se templan con otras
ven y sabrás de mis dudas
lo que a los dos nos importa
oculto le he de tener
hasta que el cielo disponga
que este cautivo sea el iris
de esta tormenta penosa
nada responderte puede
quien tus intentos ignora
esto mi esperanza anima
esto a mi esperanza postra
la cautela he de animar
viva queda mi deshonra
con esto a luna consigo
con esto mis ansias lloran
con esto a Amurates templo
y las mortales congojas
de elos que padecen
serenarán la discordia
ven cautivo
ya te sigo
donde mi piedad conozcas
y como tengas valor
ceñirás las verdes hojas
del más poderoso imperio
que el laurel adorna
cielos ¿qué pasa por mí?
¿es fantasía o es sombra
de mis imaginaciones?
que tantos dedos me forman
si el querer cobrar honor
mi nobleza y sangre heroica
me condena a estos castigos
pues no le cobré en mi esposa
muera esclavo donde nadie
sepa mi infeliz historia
fin
Hoja izquierda en blanco o con transparencia.
Pruebas de pluma y anotaciones varias: quien os boracha [tachado] es el que aquí está sentado La mujer por fuerza La mujer de peribáñez La mas[ilegible]
Hay un «2» o firma debajo de Segunda Jornada.
Salen Celín y Henrique solos
Celín señor, ¿qué pretendes?
que oculto de esta manera
sin que nadie me haya visto
con recato y con cautela
a la cámara de popa
me trujo tu diligencia
de esta suerte, ¿en qué te sirve
un cautivo cuya adversa
fortuna le trujo a ser
blanco de tantas miserias
centro de tantas injurias
y archivo de tantas penas?
Ya sabes mi nombre y patria
y he dicho que es mi nobleza
ninguna pues soy esclavo
y mucha si no lo fuera.
Ya te he dicho que el amor
que es aljaba de las flechas
de las desdichas fue causa
de mi mal, que amé una bella
dama en mi patria Madrid,
nunca la amara ni viera,
que correspondió a mis ruegos
y cuando con más firmeza
navegaba viento en popa
en el mar de amor las velas
sueltas al bajel del alma,
una celosa sospecha
trocó la bonanza en riesgo,
trocó la calma en marea;
que maté un competidor
celoso. No anduvo cuerda
la antigüedad en pintar
al dios del amor con venda,
porque son ciegos los celos
y es más justo que la tengan.
Que fugitivo
temiendo las diligencias
que hizo entonces la justicia
pasé a Flandes, donde apenas
me ha hallado en mis discursos,
a Alemania di la vuelta
a tiempo que
por mi mal unas banderas
que a dar ayuda venían
al húngaro, a cuya guerra
viniendo tantas mi pecho,
viendo servir a Viena;
supuesto que sabes ya
la ocasión de mis tristezas
¿a qué con tanto secreto,
sin que turco alguno pueda
mirarnos, porque en la playa
haciendo catres de arena
descansan, me traes aquí,
el alma toda suspensa?
De tus desgracias, Henrique,
ya te alabo y me pesa;
pero ya menos cruel
fortuna el semblante ostenta
y quiere trocarte en dichas
cuanto te ha ofrecido en penas.
Ya bien sabes que el gran señor,
a quien el Asia respeta,
de quien luce la fama
y Constantinopla tiembla,
perdió en las costas de Hungría
toda su armada turquesca,
sabrás que perdió a Ademi,
también tres sobrinos bellos,
herederos de su imperio,
sucesores de su grandeza;
y al fin muerto en la batalla
quedó Solimán en tierra.
De este secreto he guardado
el capricho de mi cabeza
restauraría la falta
de Solimán, y en tal pena
vacilando el pensamiento
con el peligro a las puertas
la vida me ha ofrecido
la fortuna una cautela;
luego que en ti reparé,
Un corchete con un «no» al margen tacha los tres primeros versos.
con que pienso dar la vuelta
vitorioso de mi empeño
y triunfante de mi empresa.
Henrique, tan parecido
en el rostro y la presencia
eres al difunto joven,
que al formaros, desatenta
o divertida de un rostro
os copió naturaleza;
y vi a fe que mil veces
por Solimán te tuviera
engañado, a no ponerse
por objeto mi miseria
haberle yo sepultado
en esta campaña yerta.
Pues si tienes valor,
si tendrás, que es cosa cierta
que nunca valor le falta
a quien le sobra nobleza,
vistiendo sus vestiduras
has de animar la cautela,
fingiéndote Solimán,
y pues te ayudo no temas;
que con esto se consigue
que te salgas de miserias
y que el gran señor no pierda
¿qué respondes?
No es posible,
Celín, que yo te obedezca,
porque mi ley...
Tente, aguarda,
que con esto no la dejas,
Henrique, vive en tu ley.
Confuso me hallo.
No temas.
Nunca teme un español;
mas es difícil la empresa,
y me admira de do
el tú no sabes bien
la lengua.
Nada dudes, con secreto
en Viena la aprendí.
Diligencia has de vestirte
su traje, y cuando la bella
aurora al nacer el día
los campos borde de perlas,
llevarte he a ti al diván.
Español, cierto me ciegas;
en la pira del olvido
pondré mi esperanza muerta.
Digo que estoy obediente,
Celín, a lo que me ordenas;
a servirte me dispongo
por verme de aquesta estrecha
vida libre, agradecido
me tendrás a tu obediencia.
Del lugar de Solimán
ocuparás la grandeza,
mas una condición toca...
Henrique, el alma reserva.
¿Y cuál es?
Que a la infanta...
objeto de mis potencias,
adoro, Luna en el nombre,
pero sol en la belleza;
el gran señor, su sobrino
trató de casar con ella
porque juntos heredaran
el imperio, y las finezas
de Luna han de ser mi muerte,
porque le adoraba tierna
y teniéndote por él
como a rey más imperfeta
te ha de amar.
Duro peligro.
Siquiera bello,
casarte tú lo dilata.
Ya advertido
fuerza es que en lance temas
que en lo menor te obedezca.
Vamos luego a disponer
lo que importa.
En la fe escrita,
Señor, que profeso firme
viviré; si a vuestra iglesia
soy desleal perdonadme,
que en semejantes cautelas
con el alma la venero
aunque en el traje la ofenda.
Vanse y sale Amurates, Fénix y Luna
Siempre el corazón naufraga
en piélagos procelosos
de cuidados y de penas,
de disgustos y de ahogos.
Han de ocasionar mi muerte.
Templa el pesar, los enojos
que profeta el corazón
nos dice que alegres asomos,
aumentando mi esperanza,
no permitirá en la guerra
a sus juventudes malogros.
Desde que falta a mi vista,
Fénix mía, solo lloro
su ausencia.
¿Qué hará mi amor
cuando el peligro es notorio?
Señor, aquesta mañana
cuando la aurora en su trono
los rosicleres del sol
pronunció con labios rojos
salí al jardín de palacio,
y un pajarillo sonoro
sobre la rama de un árbol,
suave con dulces tonos
el viento triste, y le dije:
"dame nuevas de mi esposo,
dime si volando has visto
la dulce prenda que adoro";
y él me pareció que alegre,
lisonjeando a Favonio,
en voz más festiva al alma
repitió alivios gustosos;
a las flores, a las fuentes
pregunté lo mismo, y todo
cuanto penosa consulto,
y cuanto amorosa toco
vivifica mi esperanza.
O quiera Alá tenga logro
mi deseo; canta, Luna,
me divertirás un poco.
Traed un instrumento.
Aguarda,
que no hallo desahogos
en la música, refiere
algún suceso amoroso
o algún lance de la caza
pues de tu afición en esto
tantas veces es testigo.
Escúchame el vuelo heroico
de dos garzas que la una
de mis pájaros despojo
fue ayer...
Di, hermosa Luna,
que con atención te oigo.
De un arroyo la margen cristalina,
culebra diamantina,
que enroscada en el prado
a su cristal le tiene embarazado,
dos garzas ocupaban
que las plumas pulían o peinaban;
alborotadas, pues, con el estruendo
las alas esgrimiendo,
cuando volaban o picando subían,
blancas nubes del cielo parecían.
Un baharí sangriento fue el primero
que las siguió ligero;
con remisa porfía
dudaba con la cual se empeñaría,
y en la duda importuna
por herir a las dos, no hirió a ninguna.
Después a la más libre y altanera,
de quien mayor vitoria y triunfo espera,
acometió arrogante
batallando en un punto, en un instante
los dos, por seguilla
el alfanje del pico por herilla,
las alas por con ellas alcanzalla,
las uñas por trinchalla,
mas ella se escapó de ser despojos,
de las alas, las uñas, pico y ojos;
al cielo sube, y tan al cielo sube
que embozado el volante de una nube
el baharí quedando corrido
por haberla perdido;
y guiarse vido el vuelo, y alza abate,
por un buen rato dilató el combate;
un jerifalte y un neblí soltaron,
a la segunda garza se acercaron
y ella cobarde, en suma,
con el temor espeluzó la pluma;
huyendo titubea,
vuela derecha, a ira se rodea;
ya al cielo aspira, ya se arroja al suelo,
amaga a volar y tuerce el vuelo,
el jerifalte, que veloz la oprime,
los ocho alfanjes de sus pies esgrime;
ella de dos contrarios oprimida,
la esperanza perdida,
el aliento postrado,
el vuelo desmayado,
frustrados los deseos,
falta en los vuelos, torpe en los rodeos,
permite que de púrpura la esmalte
el baharí, el neblí y el jerifalte,
y teñida de grana lastimosa
subió al viento azucena, y bajó rosa.
Mas la garza primera
que se ocultó en la nube más ligera
por escaparse del fatal destino,
de nuevo aliento su valor previno,
el jerifalte y baharí volaba
porque el neblí en la herida se cebaba.
Los cazadores, viendo su ardimiento
nuevos bandidos sueltan por el viento,
cual por volar sacude la pihuela
cual vuela tan segura que no vuela
los caballos corriendo
los pájaros animan con su estruendo,
y ella que ve los que le forman guerra
aves y brutos en el viento y tierra,
al sagrado del cielo
fue a retraerse con mortal desvelo;
si ya no es que por verse blanca y bella,
se subió a pretender plaza de estrella.
Tocan un clarín
Sale Celima criada
¿Qué puede haber sucedido,
que con festivo alboroto
alegres y dulces voces
pueblan mis palacios todos?
Albricias, señor, que vuelve
Solimán.
¡Cielos! ¿Qué oigo?
También impensado mata
un gusto como un enojo.
Vuelven a tocar y sale Henrique a lo turco, y Celín, y acompañamiento.
Señor.
Solimán sobrino,
dame los brazos, los dos
bañan indicios de gusto.
Confuso y turbado todo
me siento, después de ausencia
tan infeliz soy dichoso.
Llega a Luna
esta es Fénix, y esta Luna.
Teme tener peligroso lance.
¿A Fénix no conoces?
Sí, señor, sí la conozco.
Esta es Luna.
Soy perdido.
No te espantes, porque como
aunque a pesar de la ausencia
a mi prima Luna adoro,
y es Fénix de la hermosura,
como el alma que le postro
oyó a Fénix, se fue a Fénix,
de Luna; que si uno hay solo
no la tuviera por Fénix
si fuera a buscar a otro.
Bien lo enmendó, quiera Alá
que no le agraden sus ojos.
Estimo, primo, el favor.
Fénix, hipérboles locos
disculpe amor.
Alá os guarde.
Celín.
Señor.
Tanto gozo
levanta, visir, del suelo.
Todo honra.
Y es premio corto.
Solimán.
Luna, mi bien.
No aparta de ella los ojos,
mas si yo hubiera traído
quien me ofendiera alevoso...
Tocan clarín y cajas y sale Alí, Amete y Feliciano, Flora y Pipote de cautivos.
¿Qué es esto?
Alí, gran señor,
pone a tus pies victorioso
estos cristianos que miras,
que en un bergantín con otros
que quedan fuera rendí,
y te ofrezco por despojos.
Seas, Alí, bien venido;
sirvan a Solimán todos
esos cautivos.
Señor,
dame a aqueste esclavo solo
en premio de mis hazañas.
Tuyo es.
Vivas más que un tonto.
En todo soy desgraciado;
no bastaba venir penoso
a ser atahona humana,
a moler tabaco en polvo,
ser azacán sin jumento
y comer negro bizcocho,
sino caberme por amo
el más ruin turco de todos.
Vanse los dos
Vente conmigo, pues eres
mi esclavo.
¿Qué ven mis ojos?
Mi padre, y mi esposa,
son testigos de mi oprobio.
Este es mi esposo, no hay duda.
Que este es Henrique no ignoro,
o es mi hijo o estoy ciego.
¡O amante ingrato, alevoso!
¡Hijo infame!
¡Esposo aleve!
Mi muerte y su daño lloro,
aunque importara mil vidas,
la suya, luego que solos,
le he de quitar.
Si a su Dios
es desleal, no me asombro
que con su esposa lo sea.
Ya estoy confuso, estoy loco.
Refiéreme de tu ausencia
los sucesos prodigiosos.
Lleva, Alí, aquestos cautivos.
Llévanlos
Luego volveremos solos
a castigar con su sangre
delito tan afrentoso.
Para otra ocasión lo deja.
¡Qué sentimiento, qué ahogo!
A la venganza los cielos
han traído aqueste monstruo.
Permite que ahora descanse.
Dices bien, vamos, famoso
Solimán, Constantinopla
en júbilos festivosos
celebrará tu venida.
Conserves tu nombre heroico
más allá de las edades,
gran señor.
Publicad todos
mi alegría.
¡Viva, viva
el gran Solimán famoso!
Vanse, y sale Pipote huyendo de Amete.
Cristiano aleve, traidor,
sacrílego, ¿de esta suerte
solicitando tu muerte,
has ofendido el honor
de nuestro profeta santo?
¡Vive Alá que has de morir!
Tente, aguarda, que de oír
tus sinrazones me espanto.
¿Cómo en el templo escupiste?
Ya que es pecado...
Sí,
perderás la vida aquí,
a Mahoma te atreviste.
Pues cuando, admirando yo
su grandeza singular,
me he resuelto a renegar
del galgo que te engendró,
tú, bárbaro, con crueldad
loco me estás injuriando
sin ver que estoy venerando
a su perruna deidad.
Yo juzgué que te burlabas,
¿que al fin renegar pretendes?
Con esas dudas me ofendes,
ves cuán engañado estabas.
Sirva al peligro de medio
decir que he de renegar,
así le podré engañar
que no tengo otro remedio.
Sale Henrique.
¿Qué es esto?
Que renegar
quiere Pipote.
¡Ay de mí!
¡Cielos, qué es esto que oigo!
¿Que tu fe quieres dejar?
¿Cómo podré reducirle
sin que pueda conocerme?
La intención será perderme;
que a ti un cristiano se humille
y que quiera dejar su ley,
no he de poder mis enojos
disimular.
¡Ay, qué dos
me echa el sobrino del rey!
De mi amo es un retrato,
que es él, mi temor barrunta.
Señor, por una pregunta,
¿ha estado en Madrid?
Ingrato,
¿qué dices?
Que yo jurara
que es un amo que me envió
a Alcalá, y que me engañó;
todo es cortada la cara.
Óigame, aunque no le cuadre,
el retintín de la copla:
o el viejo en Constantinopla
esclavo, o en Madrid su madre.
Ásele
Traidor...
¿Qué le predicaréis,
por qué reniego?
Es en vano.
Me matas.
No, que es villano,
porque no lo has de cumplir.
Ay, que mi vida a dolido;
no me ahogues de ese modo.
Basta, cruel. Dar se parece
reniego,
quien fácilmente
su fe pretende dejar olvidar
la nuestra, podrá dejar
por cualquier leve accidente.
Eres cobarde.
Señor,
yo cobarde a creer disponte
que en todo aqueste orizonte
no hay hombre de más valor.
Déjame te, señor, podrás
saber lo que al cautivarme
hice.
Pretendes burlarme.
Oye y mi valor sabrás.
Con un turco peleé,
persiguiome, al fin le tiré,
mas yo que le vi huir
él es lo que le tiré
tan derecho, con presteza,
por las espaldas le entró
que el pecho le atravesó
y como con agudeza
de pasos precipitados
corría en el primer choque
ensartó él mismo en mi estoque
algunos quince soldados.
Luego otro turco miré
que se iba acercando a mí,
yo que sin armas me vi
una piedra le tiré
entre ceja por el pecho.
Las espaldas me volvió,
mas otra le tiré yo,
y con pulso tan derecho,
que por la espalda,
con la del pecho topó
y una con otra encendió
fuego y se murió quemando.
Luego tomé dos espadas
y a dos turcos que a
a ambos juntos los tiré
dos tan fuertes cuchilladas,
aun ti huyo por los pescuezos
que la una y otra cabeza
corté con tal sutileza
y valerosos excesos,
que al cercenar las, cruel,
se pegaron como peste
aquélla al pescuezo de este
y ésta al pescuezo de aquél.
y de ver mis sutilezas
absortos y vengativos
se quedaron ambos vivos
con diferentes cabezas.
Señor, mintiendo te está,
nada de esto llegue a ver.
No, pero pude lo hacer
y todo se sale allá.
Dejadme, en que confusión
cielos, batallar me siento,
cobarde el entendimiento,
temerosa la razón.
Buenos mis discursos van.
Ya te ha dicho que nos vamos.
Vánse.
Ah, señor, ¿en qué quedamos?
Es Enrique o Solimán.
Salen Feliciano y Flora.
Pues que para la venganza
de mi honor y de mis celos
la han traído desde los cielos
y de lograr mi esperanza
mi honor, empecé a cobrar
en Madrid y a mi despecho
mío fue el cielo, su pecho
porque lo puedo acabar.
Sólo ha quedado, lleguemos.
Ingrato.
Aleve.
Traidor.
Mueres, mi hijo, de mi sangre,
a ti, Enrique, te llamo
dueño del alma.
¿Cómo, Enrique,
atropellando el honor,
sin amarte y ennoblece,
perdiste el respeto a Dios?
¿No bastó matar sangriento
a tu hermano, que dolor
en los brazos de tu esposa
que cariños le mostró
por ser tu hermano?
¿Qué oigo?
Sino hacer con tal error
otra injuria a tu nobleza
cuando has ido en el balcón
de Madrid, tu castidad
pues aun los rayos del sol
con respeto la miraban.
Turbado quedé, a tu voz.
¿Qué disculpas le darás
si al mismo que el ser te dio
por tus errores cautivo
le miras, con tal baldón?
Cuando dejando mi patria
inducida de mi amor
permití a la alma finezas
que te merecedes, son
te hallo de aques ta suerte
que es aquesta, vive Dios.
Que no puedo articular
la voz, inmenso el dolor
la lengua traba, entorpece
las acciones, sin mí estoy.
No disimular pretendas.
Enrique, de tu dolor
tan escandaloso yerro
que pues tan piadoso es Dios
remedio tendrá tu daño
si tu le pides perdón.
Ay de mí, que pueda tanto
conmigo mi turbación.
Viven acá locos cristianos,
¿qué he de hacer? Si voces doy,
han de quitarles las vidas.
Si callo, he de hacer mayor
mi yerro y es confirmar
su sospecha y mi traición.
Si con los dos me declaro
que este es el medio mejor,
no me han de querer creerme,
no me han de callar lo yo.
Me determino a fingir
si me deja la pasión,
vuestra locura me tiene
suspensa el alma y la voz.
¿Cómo me llamáis Enrique?
Viendo que Solimán soy.
Nunca bárbaros, la fama
os informó mi valor,
no sabéis que de este acero
rayo que Marte forjó
tiembla el orbe y se extremece
aqueste azul pabellón.
Aquesta daga que tantas
muertes la fama leyó,
de mi acerado brazo
cada filo es un renglón.
Que no formó a bardo
a los pies del gran Señor.
Cobardía es el mataros.
Que el coronado León
en humildes presas mancha
y envilece su valor.
A ti por mujer, perdono.
A ti por viejo, no doy
la muerte, a ti viva el alma,
que castigando tu error
estoy porque entre mis brazos
conozcas mi indignación.
Hecho tan menudas piezas
que puedan servirle hoy
de átomos al sol, si tiene
viles átomos el sol,
al árbol más atrevido
cuyo tronco, fruto y flor.
Yo una pompa de mayo suelo
deshojarte aire veloz
en los dos un árbol miro
en ti caduco el troncón
de secas ramas vestido
y en ti miro fruto y flor
de nacer el árbol fuera
amanecí, mi opinión,
porque las hazañas de aire
no tengo de hacerlas yo.
Dejadme esclavos, dejadme
salir fuera porque estoy
rayos vibrando en los ojos
y en el pecho indignación.
Si es Solimán y no Enrique,
sin naturaleza obró
este prodigio.
Los cielos
declaren mi confusión.
¿No os vais? No me obedecéis
que aguardáis.
Oye, señor,
perdónanos Solimán,
ay padre mío.
Este error,
porque eres tan parecido
a un hijo que Dios me dio,
que no lo se encarecer.
¿Qué es eso que se cayó?
Una imagen.
Suelta, suelta,
qué mujer es esta, un sol.
En quien están sincopadas
las maravillas de Dios,
un retrato de la Virgen
de Atocha que me sirvió
de consuelo en mi desgracia
y de alivio en mi prisión.
Es esta la que llamáis
María.
Aquesta es, señor,
madre del mejor cordero
que a Dios se sacrificó.
Con un retrato que tengo
de Enrique quiero mejor
cotejándole con él
salir de mi confusión.
No sabéis que a los cautivos
Él es Enrique o ciega estoy.
Tener está prohibido
cruces y imágenes.
Yo
ese precepto ignoraba.
Cielo, a poco que no soy,
cielos, este no es Enrique.
¿Qué miras?
Mirando estoy
tu rostro en este retrato
que es de un hombre que adoro
con mejor fortuna el alma
aunque mal me lo pagó.
Aparte
¡Ay de mí que ya te creo!
Cuando sin remedio estoy,
cegaron me mis discursos,
vuelta y olvida el clamor
de quién es las clavijas
indigna, ya se acabó
con la libertad lo cruel
de aquesta imaginación.
Ya ti cautivo esta imagen
en un fuego.
¿Qué pasión?
Aparte
La convertí en ceniza,
mas será el de mi dolor.
Quítame la vida y dame
esa imagen, tal pasión
no vean mis ojos.
Dejadme.
¿Qué pena?
¿Qué turbación?
¿No os vais?
Vanse
Virgen soberana,
¿cómo viviré sin vos?
Apenas, cielos, apenas
me dejaba el dolor
y el ardiente helado ardor.
Corre en mi amor tales penas,
imaginaciones llenas
de confusión, resistir
no puedo, todo es morir
alma y opinión perdida.
¿A quién no turbara vida
cuando tiene que sentir
que yo a mi hermano mate,
que yo a mi esposa ofendí,
los dos cautivos por mi,
y vivo si lo escuchete?
Que yo ciego me arrebate
morir del dolor merezco
pues en acción tan molesta
que me guio a tal error
el querer cobrar mi honor
toda mi sangre me questa.
Virgen de Atocha y Señora,
con este traje te miro
avergonzado retiro
la vista, que incendios llora.
Aunque no es divina aurora,
impropio el traje que ves
de laca besa los pies
que no merece en humano
ni aún el traje de cristiano
el que mal cristiano es.
Sale Celín
Cruel con mi padre he sido,
fraticida con mi hermano,
y con mi esposa tirano;
pierdo en pensar lo el sentido.
Tres testigos me ha traído
la culpa que me atormenta,
mi hermano porque mi afrenta
para afligirme no ignore,
mi padre porque la llore,
mi esposa porque la sienta.
Turcos no soy Solimán,
más solicito mi daño,
aunque no veis que es engaño
donde mis despeños van.
Enrique soy, que no harán
en tan penosa pasión,
partiéndome el corazón
de un hermano el sentimiento,
de una mujer el tormento
y de un padre la aflicción.
¿Por qué das voces?
Luna al paño
No sé,
si que declarar pretendo
este engaño, con que ofendo
mi honor, mi patria y mi fe.
Antes muerte te daré.
Falso engañoso enemigo,
envano a pesar mi digo
cielos, en tanto tormento,
no diga yo lo que siento,
o no sienta lo que digo.
De sin aqueste retrato,
que es de una dama que adoro
con mil engaños a su decoro,
el error pondré a un ingrato
y a declarar me trato,
es ilusión lo que oí.
Confuso estoy.
¡Ay de mí!
Dame el retrato.
En tal calma,
Celín no he de darte el alma,
basta que el honor te di.
Sobre un retrato los dos
riñen, si mal no he entendido,
porque ocultarle no pueda,
a salir me determino.
Solimán.
Luna.
¿Qué escondes?
Ya no dudo el peligro.
Ese retrato he de ver.
Te engañas, si has presumido
que yo tengo algún retrato
que cuando con amor fino
firme fui, ya se hizo tierno.
A tus ojos me dedico
en tu belleza idolatro
y con finezas te obligo.
Que otro cuidado pudiera
divertirme, dueño mío.
Más me ofenden tus engaños
pues me niegan lo que he visto,
que recato te pedía.
Pues no enojada conmigo.
¿No sabes que como el sirio
los reflejos peregrinos
sigo de ese sol hermoso
rayo a rayo y giro a giro?
¿No sabes que es mi amor fénix
que abrasado en el activo
fuego de tus ojos muero,
cuando en ellos resucito?
No la hables tan tierno, que
pierdo celoso el sentido.
Pues ahógale, reprochó.
Eres falso.
Dueño mío,
no tan cruel.
No tan tierno.
Tocan cajas
¿Quién ves que pierda el juicio,
vive Dios, que alguien demonio
me trujo a este laberinto
que cajas Celín son estas?
Sale Amurates y acompañamiento
Amurates viene él mismo
nos informa.
De celos
soy un Vesubio.
Sobrino,
gran señor,
el persa desciende
poderoso y atrevido
contra mi imperio.
Guerras,
y que yo salga a resistirlo
para que crezcan mis penas.
A tu valor de este peligro
el imperio ha de librar,
en ti confío
de su bárbara osadía
el remedio y el castigo.
Señor, y dime de
lo que en Hungría.
De brío.
Recela de la fortuna
accidentes ni peligros,
fuera de que en la batalla
pasada el campo vencido,
tú te libraste en un bosque
oculto como me has dicho
y nada perdí en Hungría
pues que tú quedaste vivo.
Sólo a la fortuna temo
que el valor menos remiso
mal logra las bizarrias,
porque no dudes del mío,
y a matar cuantos persas
sabe bien poco he dicho.
A cuantos han de nacer,
lo que dudaren los siglos.
Eres mi sangre.
Es mentira.
Vase
Vamos a Luna, ven sobrino,
que al punto te has de partir.
Y a ti obedezco y tengo.
Vase
Tormentos de ausencia y celos
runden al amor el brío.
Yo por general del turco
contra el persa.
Vase
Enrique, amigo,
fingir o morir.
Aquí en
cielos, obra sucedido
aques to que por mí pasa,
o sombra es sueño es delirio.
A un tiempo siento el oír
de mi esposa los suspiros,
las lágrimas de mi padre,
de mi hermano el homicidio,
de Luna celos y enojos,
de Amurates los divinos
de Celín las amenazas
y de tantas combatido
sólo un pesar lleva el alma
que es el dejar los cautivos.
Congojas ya me acabando,
sin saber aunque me aflijo
qué medio elija. Los cielos
me saquen de estos peligros.
Fin.
Tocan clarines y cajas, descúbrese un trono con doseles y al empor una puerta a Alí Celin y a Enri que del turco con baston de general, y por la otra puerta Celima Fenix y Luna y Amurate con una corona imperial en una fuente
Sea, primo, bienvenido, vuelve al regozo
a servir en tanto sentimiento
Neptuno en tantos golfos de tristeza
gloria en tantos abismos de tormento
paz en la guerra que el dolor empieza
vida en la muerte que penosa siento.
Sin ti, señor, aun tiempo tu venida
eres Neptuno gloria, paz y vida.
Murió mi padre, diganlo mis ojos
murió tu tío, diganlo mis penas
con angustia, te expliquen mis enojos
y mis potencias de dolores llenas;
sus pompas de la parca son despojos
diganlo tremolando en sus almenas
de aquestos invencibles baluartes
tristes banderas, negros estandartes.
Murió, señor, y a ti por heredero
en el imperio te dejó nombrado
con una condición, y es que primero
que te obedezca el Asia, coronado
seas, primo, mi esposo verdadero,
seas mi dulce dueño deseado;
aquí tienes el trono y mi persona,
dame la mano y sube a la corona.
Qué haré, cielos, confusión extraña.
Qué dudas, Solimán.
Estoy perdido.
Olvida Enrique el honor de España.
Si la mano le da pienso atrevido
descubrir la cautela.
En yelo baño
el corazón este dolor temido.
Qué respondes.
Que quiero coronarme
que tiempo habrá después para casarme,
porque aunque venga, Luna, victorioso
de ese persa soberbio y arrogante
la plaza que pretende valeroso
que no se desmantele es importante,
importa que en mi imperio poderoso
con marcial prevención gente levante;
y así aguarde el amor, Dios de la tierra
que no hay logrado gusto donde hay guerra.
En habiendo el ejército vencido
al persa, serás tú con más contento
mi esposa.
De escuchar pierdo el sentido,
a desprecio que llorosa siento.
Eso, señor, desobediencia ha sido.
Eso es contravenir al testamento.
Antes es más amor, Luna querida.
Mi esperanza da alientos a mi vida.
Siempre amor aspirando a mi deseo
se ofende, Solimán, de dilaciones.
Con qué festejos di de himeneo,
las fiestas gozaré y aclamaciones
cuando, en campaña armado, Luna, veo
al persa y a mis fuertes escuadrones
sin saber divertida la memoria
quien de los dos saldrá con la victoria.
Que si él en la plaza que sitiada
tenía, le vencí y a mí de nuevo
rindió soberbio la cerviz osada
con que a Aníbal y Numa altivo excedo,
ha de rehacer su ejército y poblada
la campaña ha de dar al Asia miedo,
y importa con ejército copioso
volverle a resistir más valeroso.
Haz cuenta, Luna, que te di la mano,
con que gustosa serás si se reparte
el corazón que se reparte en vano,
en guerra y en amor al adorarte,
turbarán el aliento soberano
la música de amor y la de Marte.
Guerra es amor.
Es apacible guerra.
Bien dice, suba, adórele la tierra.
Si de mi amor mi primo está olvidado,
si este desprecio perderé sabido.
Suba a ser vuestra alteza coronado.
La dama del retrato es mi homicida,
mas si tirano olvida mi cuidado,
en sangre el Asia se verá teñida.
La edad, señor, por siglos se te cuente.
Decid que viva Solimán valiente.
Dicen todos, viva. Suba al trono, corónale Celín.
Vos, Celín, gran visir sois de mi armada,
la riqueza gozad que yo tenía,
el imperio defienda vuestra espada,
segundo sois en esta monarquía,
ambos, Celín, ambos, no valgo nada.
Baja del trono.
Vuestra es esta corona que no es mía,
dueño sois de mi imperio y monarquía.
Beso, señor, los pies a vuestra alteza.
Vos, Fénix, vos, señora, a quien estimo,
mi asilo habéis de ser, nada os ofrezco
pues todo es vuestro.
Cubano, me lastimo.
Gran señor, los favores agradezco.
¡Ah, tirano, ah, cruel, ah, ingrato primo!
Incendios de desdén, Etna padezco.
La fama en bronces tu valor escriba.
El gran emperador del mundo viva.
Tocan y vanse y queda Luna y Celín.
Afligida, piensa, mi luto
el curso ceja al rigor,
que en el potro del dolor
confieso mi sentimiento.
Que Solimán desatento
a mi honor, mi honor ofenda,
que así un retrato pretenda
eclipsar mi amor, mas ya
Sale Celín.
murió amor, más claro está
que hay empeño donde hay prenda.
De tus quejas obligado,
movido de tu razón,
vengo a templar tu pasión,
ya a remediar tu cuidado.
Solimán te ha despreciado,
Luna, y pues tu amor olvida,
premia mi afición lucida,
y no, ingrata, de esta suerte,
des a quien te adora muerte,
y a quien te aborrece vida.
Esa fuente, ese arroyuelo
del jardín, que en metro igual
es violín de cristal
y en la cítara de yelo,
ella da aljófar al suelo,
él cegar nuez de nieve;
ella blandas olas mueve,
y ambos son con dulces alba
copas en que brinda el alba,
búcaros en que el sol bebe.
Pues ese arroyo, esa fuente,
Cuando el sol nieve desata,
cuando está en rocas de plata
en las esmeraldas luciente,
la cristalina corriente
suspendiendo en la espesura,
como ven que tu hermosura
niega sus luces a mi amor,
el amor muera tu rigor,
y de tu crueldad murmura.
Solimán, altivo y vano,
a tus méritos no atento,
quebrantando el testamento,
te niega, Luna, la mano.
Si con valor soberano
la muerte le quieres dar,
Celín te quiere ayudar,
muera riguroso, que muera.
Calla, repórtate, espera,
que discreto, qué pesar,
como cuando te ha apremiado
tan ingrato has procedido,
celos la ocasión ha sido
que el amor me ha disculpado.
Mal su afición has pagado.
La que te tengo es mayor.
Es tirano tu rigor.
Que mucho si me da celos.
No he de admitir tus desvelos.
Pues yo he de aumentar mi amor.
Con callar responderé
sin a tanta osadía.
Y yo de noche y de día
sombra de ese sol seré.
Mil vidas te quitaré.
Morir por ti no es penar,
dame una mano.
A mirar,
vuelve suelta, me has ofendido.
Sale Enrique de los matos.
Escucha, que estoy perdido.
Luna hermosa.
¡Qué pesar!
Juntos los dos vilmente,
mil años os guarde Dios.
Luego casaré a los dos.
Eso imposible será.
Pues, ¿quién la mano dará
aquí en condición breve?
Quien sabe el amor y fe
con que te idolatro yo,
y si te adoro, ¡cielo!,
de esta suerte lo diré.
Desnúdase la espada Celín.
¡Cruel rigor!
Aguarda, tente,
Luna, cuya claridad
menguante es de lealtad
y de desleal creciente,
no des ilusiones, y atenta
tu desprecio y tu rigor.
Valerse contra mi amor
ni en tan ciegas confusiones,
sean nubes tus razones
del esplendor de mi honor,
con atrevida afición.
El dueño de aquesta espada,
pero, ¿quién no es tu culpada?
No has de dar satisfacción,
si me es más cuerda elección,
si a culparme te prefieres,
y el decoro borrar quieres
que mi nobleza ilustró,
haga lo que debo yo,
y cree tú lo que quisieres.
Vase y arroja la espada.
No fingió bien.
Y también
finges que vives en los cielos,
que estoy muriendo de celos.
Es notable fe desdén,
más firme esperanza ten,
Celín, que ha de ser tu esposa,
pero volviendo a otra cosa,
en que caos confuso di,
Celín, me has metido aquí,
que con el alma dudosa,
dilato, a un tiempo la vida
procuro, a un tiempo la muerte
mirando la de esta suerte,
ya ganada, ya perdida;
pero lo que más me olvida
de mi ser, cuán parecido
a Solimán es el ido,
y tan perfecto traslado,
que de cuantos me han hablado
nadie me ha desconocido.
La industria ha sido notable,
nuestra dicha en ella estriba,
ya advierte, mas la cautiva
pasa ocasión admirable
vete y dile que me hable.
Después nos veremos, voy.
Vase.
¡Qué engaño es este en que estoy!
Yo, emperador otomano,
yo, turco siendo cristiano,
de mí mismo enigma soy,
que manda tu majestad.
Sale Flora.
Enrique, estamos solos.
Sí.
Yo he de descubrirme a ti,
amor el alma animad.
Sin duda naturaleza
este prodigio ha formado
que estáme más de un cuidado
cautiva vuestra belleza.
A un hombre quiero, señor,
que a un que me dejó, y sé fiel,
le adoro con firme fe.
Dios dejo, no os tendría amor.
A Enrique, aunque fue tan fiero
amante, el alma publique.
Yo sé que no os quiso Enrique
cautiva como yo os quiero.
Yo de otra ley, y vos rey.
Yo cautivo.
Si en vos vivo,
también por vos soy cautivo,
también guardo buena ley.
¡A Enrique!
¡Ingrata, esto es
jamás he de hacer la afrenta,
que red me amigad, cuenta
que a Enrique, cautiva amas,
pues vos sois esposa mía.
¿Qué escucho?
Divina Flora,
de quien aprende la aurora
rayos que forman el día,
yo soy Enrique, tu amante,
yo quien en Madrid te amó,
yo el que a mi hermano mató,
celoso, y ingrato, e ignorante.
A Flandes mi bien pasé,
y aunque te perdí el decoro,
y me ves en traje moro,
siempre estoy firme en la fe.
¿Qué dices? ¿Qué es lo que he oído?
Bastantes señas no son.
Si es poco si es ilusión,
es fábrica del sentido.
Como el imperio y corona
tienes, y firme en la fe
vives.
Yo te lo diré,
pero primero perdona.
Me has de decir cómo aquí,
tu y mi padre habéis venido.
Por satisfacerte ha sido,
los dos buscando te a ti.
¡Tal fineza!
Es mi amor mucho.
Aunque tú no me has pagado,
dime lo que te ha pasado.
Atento escucha.
Ya os escucho.
Después, señor, que el suceso
tan infeliz lloré,
de la muerte de tu hermano,
que le diste cruel
celoso, airado, vengado
contra mi honor, y después
que también lloré tu ausencia,
como quien te quiere bien,
dejando a Madrid, mi patria,
con tu padre me embarqué,
y con un mismo criado, que es testigo también,
para Nápoles la bella.
Técnicas campañas es
violando leyes del tiempo
mayor, fiero y pincel,
de unas nubes que nos dieron
guiados, que al parecer
como fueron nuevas falsas,
nos condenaron también,
donde en dos años, Enrique,
nunca pudimos saber,
ni alcanzar de ti noticia,
y queriéndonos volver
en un bergantín, salimos
de Nápoles, vimos tres
naves en el mar un día,
que aves parecen en el
según vuelan por el agua.
Tres galeotas de Argel
fue tal su velocidad,
tal su ligereza fue.
que absortos los marineros,
presumen cuando los ven,
que un aquilón africano
las engendró a todas tres.
El fino bergantín
en que íbamos también
valiéndose de sus alas,
sin copa del agua fue,
y según los vientos pisan
el bergantín, jinetes,
pensamos que se libraba,
suerte mi, viendo el vaivén,
sino viste el temor alas
de plumas, llévalas pies.
Las tres turcas galeotas,
con soberbia, con desdén,
con velocidad, con brío,
con valor y con poder
mortal, caza vienen dando
al fugitivo bajel.
Los soldados se acobardan,
los marineros se ven
perdidos, y triste muerte.
Justo a mí llorar, miré
un español con dos hijas,
una sol, y otra clavel,
que venían de España, y eran
tan bellas, mas para que
te exagero su belleza,
sirvan infelices, y el
fuerza que fueran hermosas,
pero solo te diré
que este clavel y sol ya
sin púrpura y rosicler,
se rindieron a León,
por oriente y por vergel.
Garza el bajel parecía,
que temiendo perderse,
vuela con alas de lino,
y el general de los tres,
del tagarote africano
que de España la garza ve,
en su blanco pecho quiere
hacer presa con desdén,
y en su noble sangre quiere
esmalte hacer el cascabel.
Logróse su intento, al fin,
pues con fiero placer,
nuestro bajel destrozado
desde la quilla al bauprés,
se rindió a las galeotas.
Rindiónos a Alí Muley,
porque dos veces clava,
tenga más que padecer.
Aquesta, Enrique, es la causa
porque cautiva me ves,
de ella podrás inferir,
si fui culpada, mi bien,
en los celos de Don Juan,
si siempre invencible te amé,
rompiendo por los peligros,
atropellando la ley
de honor osada, valiente,
noble, constante y fiel.
¡Ay de mí, que desdichado
soy, pues ciego profané
su opinión y su hermosura!
Bien se deja conocer
que estuve ciego, pues fui
fratricida tan cruel,
pues celoso de don Juan,
mi hermano maté por él.
Mal hecho en deslucirme,
pero yo lo enmendaré,
que no es duraba el secreto
que se fía de mujer.
Flora, no soy el que piensas,
desde que te vi te amé,
y no pretendo engañarte
que te quiero, Flora, bien.
Tu esposo Enrique, cautivo
en esta cárcel se ve.
Yo, Flora, soy Solimán,
y no Enrique, aunque un pincel
sin equivocar las líneas,
nos imitó al parecer.
Cuanto te he dicho, señora,
lo he sabido tal vez,
que enternecido a su llanto
ocasión le pregunté,
si le conoces, que es de él,
sin conquistar tu desdén,
valiéndome de este engaño,
tus favores merecer.
Mas, si engañada me amaras,
juzgando con noble fe
que era yo Enrique, sería
quedarme y deja entender,
no ser amante conmigo,
sino ser firme con él.
Ya me has vuelto a dar la muerte,
¿cómo, cómo puede ser
que no seas Enrique, cuando
talle, rostro y parecer,
el pecho altivo, en señor,
y las noticias también
que me has dado de mi historia?
Pero si es verdad, si es
cierto que eres Solimán
y no Enrique, déjame
ver a Enrique, pues me dices
que está cautivo.
Yo haré.
¿Cuándo me le has de enseñar?
Esta noche le has de ver.
¿Dónde?
En el jardín, allí
podrás esperar después
que el carro de Febo baje
a anegar su rosicler.
Pero advierte que mi amor
no has de tratar con desdén.
Dueño serás de mi imperio
si me estimas a tus pies,
cuanto, por los el trescía,
divina Flora, por él,
que lágrimas fueron antes,
y aljófares son después,
¿qué respondes?
Que primero
que mi honor llegues a ver
vencido, yo propiciada
la muerte a mí me daré.
Mas di, me engañas, es cierto
señor, que a Enrique veré.
En el jardín de palacio
le aguarda.
Beso tus pies.
Vente, breve, vete, Flora,
y vuelve, me, Flora, a ver,
que mal podré tener vida
si tus ojos no me ven.
Como de amor no me trates,
siempre a servirte vendré.
Vase.
¡Oh, valerosa española,
invencible, aunque mujer,
en bronce y mármol el tiempo
escriba tu nombre y fe!
Vanse y salen Amete y Pipote.
Ya previne el alfaquí.
Que casi me han de persiguiendo
este demonio.
Mañana
se ha de hacer el reniego.
¿Cómo sé reniega?
Mira,
cuando uno reniega es dueño
de un espléndido convite.
Le da un día antes.
Eso es bueno,
y tienes ya prevenida
la comida.
Ya la tengo.
¿Y qué tienes?
Habrá macho,
al cuscus.
No hay de lo añejo
un traguillo.
Eso es pecado,
vino y tocino, ni olerlo.
¿Y cómo me he de llamar?
Dime, en habiendo el reniego,
cómo quieres.
Di algunos
nombres, y escogeré en ellos.
Ami Amués.
Ese nombre
para casado no es bueno,
que es llamarse un hombre mués
ser agüero de sí mismo.
Solimán.
No me contenta,
que soy gallina, y no quiero
matar con el nombre a nadie,
pues con el nombre no puedo.
Zulema.
Es nombre de suela,
y yo no soy zapatero.
Auchalí.
Eso es uchearme.
Hacén.
Es nombre plebeyo.
Mahoma.
Nombre que empieza
por majar fuera muy bueno,
Amete ha no haber esparto.
Celindo.
Soy yo muy feo,
meca.
Soy nominativo.
Dragut.
Dragón, soy yo suegro,
llámate como quisieres.
Llamarme Pipote quiero.
pues ya que me falte el vino,
me quede el nombre al menos.
No hay ningún turco Pipote.
Seré el Pipote primero.
Pónense en el suelo, manteles y comida.
Comamos, porque a enseñarte
tengo, de ir Pipote, luego,
a la mezquita mayor,
tú verás como reniego
del perro de tu linaje.
Llega a la mesa.
Gallego,
a comer como un cochino,
o como galgo en el suelo.
Y has de decir que es ley
que sirva a su esclavo el dueño,
cuando quiere renegar.
¿Está muy bien manjar es esto?
Macho con aceite.
Y no
fuera más sabroso y bueno
con manteca?
Es gran pecado,
muy grande, yo lo confieso,
todavía no soy turco.
Plegue a Cristo y es yerro,
que os guarde antes con antes,
la seta, que a un no profeso,
como el yeso.
Saca una guitarra y canta al gañote.
Mil uvas comes,
quiero cantarte unos versos.
No entendí que un Rabadán tanto,
los renegantes, no bebo.
Agua hay, agua.
No, Amete,
aquí hay licor de los cielos.
Saca una bota.
¡Malhuerco! Quita la bota,
bota, bota a Dios de un perro,
que si me quitas la bota,
te bote a los infiernos.
Todavía no soy turco,
en siéndolo, te prometo
no beber.
Ensaya ahora.
Que observante es el podenco.
Ensaya el reniego.
Va,
de ensayo, va de reniego.
Ponte, a ti cruza los brazos.
¡Valgan me los evangelios!
Di como has de renegar.
De este modo.
Empieza.
Empiezo.
Yo reniego de Mahoma,
de las suegras de los suegros,
de Solimán, de Amete,
y de todos cuantos perros
en la hauría de la corte
viven, y también reniego
de las tías.
¿Estás loco?
Jamás he estado más cuerdo,
no reniegas de tu ley.
Vil cristiano.
No por cierto,
yo he comido bien ahora,
mas que me muelan los güesos,
pues como me has engañado.
Dale.
Yo no te engañé podenco,
dije que renegaría,
mas no de quien.
Para eso,
te di música y banquete.
¡Ay, que me ha muerto este perro!
Tráiganme un saludador.
Matarte, vive el cielo.
Métele a porrazos, y sale Flora.
Este es el jardín, y aquí,
si Solimán no me engaña,
veré a Enrique, dicha extraña,
pasos siento, estoy sin mí.
Sale Luna, por una puerta, y por otra Enrique, vestido de cautivo, y Luna se queda al paño.
Sale Flora.
Celosa en desierto alle,
a Solimán, y el vestido,
troco, al jardín he venido.
Veré escondida podré,
lo que pretende mudando
el traje, confusa estoy.
¿Quién eres?
Enrique soy.
¿Qué es lo que estoy escuchando?
Llega.
Deja me temer.
Dudando el bien que deseo.
Enrique soy.
No te creo.
Aunque te quiero creer,
porque quien dudó de mi,
que en dos amante y firme soy,
como quieres tu que oy,
que cautiva estoy por ti,
y que cautivo te veo,
crea de ti, que dudas,
que puede decir verdades,
el que sangre vertió
a tu hermano diste muerte,
y a mi opinión se la diste.
Ciego, real, ingrato fuiste,
los eras de aquesta suerte,
si el yerro ya cometido,
remedio ninguno alcanza,
no quites a mi esperanza,
confesarme arrepentido,
o tus brazos sol darán,
la quiebra de mis desvelos,
maté a mi hermano por celos,
mas pensé que era don Juan,
esa quiebra de tu error,
con sangre fuiste a soldar,
y no pudiste acertar,
como inocente a mi honor,
bien castigado me siento,
pues te perdí y me perdí,
y verte cautiva aquí,
es oy mi mayor tormento,
ya remedio no tenemos,
aunque estás desengañado.
No hay remedio.
No ha quedado.
Pues lloremos.
Pues lloremos.
y para que creas mi fee
cuando de mi honor dudaste,
hasta Flandes por buscarte
con tu padre me embarqué.
Solo en este cautiverio
llega a sentir mi dolor
verte, Flora, cuando amor
te tiene aquí en este imperio.
Es, señor, tan poderoso
que todo a tus pies postrado
se rinde.
De mi cuidado
solo tú fuiste el dichoso.
Su poder todo lo alcanza,
él te sabe engrandecer.
Pues no me podrá vencer
del mundo la confianza.
Al fin, cautivos nos vemos.
Tú la causa de ello fuiste
y ya tarde te arrepentiste.
Pues lloremos.
Pues lloremos.
¿Qué es lo que escucha mi oído?
Aquí vine con recelos
y hallé una pasión de celos
que arrebata mi sentido.
Sal a vengarme, traidor.
¿Eran estos tus desvelos?
¿Tú con Luna esclava, cielos,
tú a una vil esclava amor?
Los celos, con más razón
debo tenerlos de ti,
con nombre de Enrique ofendido / y de cautivo vestido / a enbeli... y perdido / zelos
pues, ¿tú te me opones?
Sí.
¿Que es mi esposo?
¡Qué pasión!
¿Tú eres esposo de Flora?
¿Tú quieres a Luna vil?
¡Qué desprecio!
¡Qué desdén!
Y yo, Luna bella,
bailando el pensamiento
rindoos el alma perdida,
vivo estoy sin tener vida
y sin sentimiento siento.
Si me vuelvo a Luna, agravio
a Flora, ¡oh, suerte importuna!
Si me vuelvo a Flora, a Luna
ofendo, y hielo es mi labio.
¿Qué he de hacer? Válgame Dios.
¡Quién en tan fieras pasiones
tuviera dos corazones
que repartir en las dos!
Y que igualando su luz bella
se los diera en tal batalla,
a Luna por no irritalla,
y a Flora por no perdella.
Absorto...
¿Tú, suspendido?
¿Tú, perplejo, suspenso?
¿He, dudoso?
¿Sabes que has de ser mi esposo?
¿Sabes que eres mi marido?
¿Tú a una cristiana la mano...?
¿tú la mano a una infiel?
Pena extraña, mal cruel.
¿Eres turco?
¿Eres cristiano?
¿Qué responderé? ¡Ay de mí!
Mas fuera bárbaro exceso
negar la fe que profeso.
Dime, ¿eres cristiano?
Sí.
Tal traición ha de aguardar.
Vasallos y capitanes,
por los soldados prended
a Solimán al instante;
nuestra ley ha quebrantado,
cristiano es, muera, matadle.
¡Ay de mí, cielos piadosos!
Luego tú, falso, inconstante,
¿eras Solimán?
Sí, esposa.
¿Cómo, ingrato, lo negaste
cuando a desprecios funestos
conociendo yo y tu padre
que eras Enrique, irritado
a los dos amenazaste?
¿Por qué dais voces? ¿Qué es esto?
Sale Celín, Alí, Feliciano, Flora y Pipote y todos.
La causa os diré, escuchadme:
yo, sois invencibles turcos,
yo, cautivos miserables,
soi Enrique y soi cristiano,
no Solimán el infante;
por serle tan parecido
me obligó a vestir su traje,
Celín, y porque la pena
se templara de Amurates
porque en los húngaros combates
murió. De Madrid es mi patria
y Feliciano es mi padre
que es el que tenéis presente,
y es Flora mi esposa amable.
Y a todos, no os engañé,
yo, esposa y yo a tu padre
siempre observando mi ley
cristiano soy como de antes;
mirad que pues lo he dicho
un desengaño tan grande
aquí turcos me tenéis,
si os he ofendido, matadme.
¡Ay más notable hecho!
Boca de verdades.
Luego yo no dije que era Enrique.
Fementido, falso, aguarda.
Sale a dar con un puñal.
Tente, Celín, no le mates.
Enrique, aunque de este agravio
pudiera ahora vengarme,
no lo haré si renegando
quieres conmigo casarte;
porque te adoro por ser
tan perfecta y viva imagen
de mi difunto Solimán,
y a ti, rendida amante,
te ofrezco el alma, el imperio,
que mis vasallos leales
te rendirán la obediencia,
como de tu ley te apartes.
¿Qué es renegar, voto a Cristo?
Si reniega, que le dé en el
solimán para que muera.
Mira, hijo, lo que haces.
Vuelve los ojos, ¿qué dices?
No me dejes, no me mates;
muerte o imperio te esperan.
Hijo.
Esposo.
Esposa y padre,
nada me digáis sabiendo
que soy vuestra propia sangre.
¿Qué respondes?
Saca el retrato que le quitó el padre.
De María
responda por mí la imagen.
Dejar he de dejar,
si no os dejo de servir,
pero podréis me decir
que serviros es reinar;
y en semejante pesar,
Luna, a mi alma afligida
con dos coronas convida,
mas advierto, trance fuerte,
que una es corona de muerte
y otra es corona de vida.
María es sol; tú, importuna
Luna, y en igual porfía,
es el sol dueño del día
y de la noche la luna;
luego, en ocasión alguna,
dejar será ceguedad
de este sol la claridad,
porque si en la noche vive
la Luna, cuanto la sigue
es sombra y oscuridad.
La Luna recibiendo está
del sol con el rosicler;
¿qué luz puedes tú tener
si este sol no te la da?
Advertida, el alma ya
busca su propio interés,
siguiendo a María, pues
vence tu luz importuna,
que por despojo la luna
la pintan siempre a sus pies.
A seguir me determino
al sol que al alma luz dio,
pues, ¿quién la luna siguió
y dejó al sol peregrino?
Sol de Atocha, sol divino,
sed de esta nave farol.
Luna, este sacro arrebol
sigo y no me ha de faltar,
porque luna ha de menguar,
pero nunca mengua el sol.
Eres mi hijo, que basta.
El pecho exhala volcanes.
Eres mi esposo querido.
El alma, ¡incendios reparte!
Eres mi amo, que sobra,
aunque siempre me pegaste.
Feliciano, si vivir
pretendes, luego al instante
has de renegar, porque
viendo tu hijo que haces
lo que él por temor de ti
no se atreve a ser cobarde;
no dudo que con tu ejemplo
de aqueste intento se aparte.
Esa divina reliquia
venero de suerte, que antes
que el pensamiento la ofenda,
ni a mi Dios ni a mi ley falte,
sufriré mil muertes.
Calla,
porque aquesas terquedades
han de ser el instrumento
de derramar vuestra sangre,
y si al punto no obedeces,
vivo tengo de quemarte.
El llanto me tiene ciego,
porque son mis ojos fragua
y se previenen de agua
como están temiendo el fuego;
mas no ha de ablandarme el ruego,
pues a la muerte me llamas,
Luna, entrégame a las llamas,
que en semejante ocasión
no ha de caer el tronco,
quedando firmes las ramas.
Si gustas de verme arder,
no el fuego me atemoriza,
que aunque me hagas ceniza,
no me has de quitar el ser,
pues soy ceniza al poder
de ti, mi Dios, lo ruego;
tronco soy que me ame el fuego,
yo y las ramas que me amparan,
que tarde o temprano paran
los árboles en el fuego.
Resueltos están, señora.
¿Que esto sufra? ¿Que esto pase?
¿Vasallo yo a este tirano
que creí que era el infante?
Quedé engañada, y pues él
no quiere altivo casarse,
dejando de ser cristiano,
a Celín, mi antiguo amante,
le doy la mano de esposo.
Ceded, leales,
que por su valor, nobleza,
poder, hazañas y sangre
merece el imperio.
¡Viva!
Pero antes, pero antes
que coronéis la cabeza
de rayos piramidales,
antes que me des la mano
y que emperador te aclamen,
has de dar muerte a los dos.
Cuatro somos, fuerte lance,
si ser uno de los dos.
En dos troncos, en dos sauces,
mueran Enrique y su esposa,
y derramando su sangre
a ese Cristo a quien adoran
imiten los arrogantes.
Ya te obedezco.
Señor,
por vos muero.
Hijos.
Padre.
Ánimo, viva la fe,
la púrpura se derrame
en defensa de la iglesia.
¿De quién será, si no es mía?
Muerto estoy sin alma, ¡qué
cruel Luna, inconstante!
¡Ah, falsa, atrevida, ah, fiera!
Quitádmelos de delante.
Dejar un reino por otro
es de católica sangre
y a fiel semejanza.
Espero, divino mártir,
que como lo fui en...
te seré en la muerte constante.
Vivo, si vivo, no me dejes
para ver dolor tan grande.
A mí sí, cuerpo de Cristo,
que es pedir un disparate.
Yo, altiva, no he de darte
más muerte que verlos muertos,
a los dos, de mi coraje.
¿Que me desprecies, traidor?
¿Que en vivos celos me abrase?
Pero muriendo sabrá
entre ahogos y crueldades
lo que pueden unos celos
y lo que un desprecio vale.
Muera Enrique, pues me ha muerto,
y Flora con él acabe,
y a los martirios caiga,
piélagos viertan de sangre,
o como si luto...
muera por no agradarme.
Que así desprecie un imperio
por ser con su ley constante,
ejemplo de amor y ejemplo
de rigores y crueldades.
Sale Celín. Descúbrense en lo alto empalados Enrique y Flora.
Ya, Luna, te he obedecido
y ya están como mandaste.
Cielos, aunque el dolor es tan sumo,
el regocijo es más grande
de que hayan visto mis ojos
que Enrique, mi hijo, dejase
un reino por otro. ¡Ah, cielo!
Aquí los dos ilustres mártires...
Ya, Luna,
pues te he obedecido, dame
la mano.
Y con ella el alma.
A ti, Feliciano, darte
quiero libertad.
¿Y a mí?
Los dos al punto se embarquen.
Embarcada esté tu alma,
amén, en la casa grande
de Meca, junto a Mahoma,
para que con él descanse.
Y aquí la comedia acaba,
donde tres plumas iguales
Dejar un reino por otro
copiaron, por ser historia
que refieren los anales.
Fin de la comedia.
Hoja derecha en blanco.