归于> 发布日期: 2026年8月22日
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El nuevo José en Francia. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/el-nuevo-jose-en-francia.
Con cuatrocientos caballos
y casi tres mil infantes,
¿por qué no podré arruinallos?
Son los vándalos gigantes
que hemos aquí de batallos.
¿Quién podrá darme recelos
si es notoria mi osadía?
Que a solas venceré los
que no quiero compañía,
pues van conmigo mis celos.
Que si me acompañan ellos,
revestido de amor tierno,
¿qué poder ha de tenellos,
pues son hijos del infierno
y aun él no podrá vencellos?
Mis celos conmigo ven,
aunque sin ellos me hallo;
bastan para todo ver
el deseo de matallo,
que es mi gloria y mi deseo.
Y cuando un deseo mato,
solo en favores se hace.
Y si a que te admiro,
como yo le ofendería,
estérico como yo,
con él pienso descercar
al duque y a mi Matilde.
Basta para acabar.
Que si efeto no hubiese
mi solo servicio porfiar,
dícenme que por París
pide mi competidor,
con título de marido,
a la que yo por amor
tanto tiempo he pretendido.
Temo que la he de perder,
que al fin el duque es cercado
y sin duda ella mujer.
Que será presente amado,
y yo ausente puedo temer.
Quien de mujeres se fía,
no se queje de su estrella.
Que dió el Rey porfía.
Luego dejose vencella.
Y mujer, si dejara.
Pues esa es la amistad
que tus servicios merecen.
Amigo, dices verdad,
pero no se compadecen
competidor y lealtad.
No descanso hasta que muera
el que en celos me enloquece.
Hace el rey lo que yo hiciera,
que si ella misma se ofrece,
¿qué te espanta que la quiera?
Sin duda aquella cruel,
que hacer adorar procuro,
tan hermosa como infiel,
se ha puesto asomada al muro,
como a Jehú Jezabel.
Mas no es venganza, que palla
vamos a Borgoña a vella,
que en lugar de regalalla,
seré Jehú para ella.
¿Qué hemos de hacer?
Despeñalla.
Entranse un ángel adestrando a Montano vestido de ciego.
+ un ángel mozo por guía
En esta tiniebla mía,
¿quién me ha venido adestrando?
Yo soy, Montano, y confío
que un hombre que ciega llorando...
Llorando a Francia has cegado,
porque sus delitos vistos,
y Dios ha determinado
que un segundo Jeremías
traiga a Francia porfiado.
Arrodillado me llego,
ángel soberano, a vos.
Llega y caminemos luego,
que el piadoso amor de Dios
me hace su mozo de ciego.
¿En qué bienes me empleé,
señor, que os obligué tanto?
¿Qué virtud ejercité?
Que como sois ciego santo,
llega, que yo te abrace.
¿Vese París desde aquí?
¿Para qué?
Para llorar.
¡Ay, Francia, ay, Francia, ay de ti!
Pues ya no puedo llorar,
quiero lamentarte ansí.
A Oseas, al ay de Abdías,
a esta gran tragedia os llamo;
llegad a las voces mías,
que quiere cantar mi amo
los trenos de Jeremías.
Si tú hoy sentado de cara,
pudieras verla, si vieras,
nunca ciudad te llorara
tan perdida, si me dieras,
siquiera quien me escuchara.
Pero como un corazón
en su pasión obstinado
huye de Dios la razón,
en cometiendo pecado,
huye la reprensión.
¡Ay, ay, tan ciega estás
que de ver la luz te pesa!
¿Cuál has estado jamás,
nueva Nínive francesa,
cuando a tu Jonás oirás?
Música. Sale Cristo de morado con cruz al hombro.
Seréis Apolo segundo,
y vos, las prendas que llevo,
que pues vos tenéis mi sangre,
llamaros mi hija puedo.
Y a vos os saco de Egipto
sin abrir el mar Bermejo,
que a mí no me ofende el mar
después que anduve sobre ellos.
Vea Francia y todo el mundo
cuánto el pecado aborrezco,
pues por huir del pecado
me cargo la cruz de nuevo.
Aquí os deposito, esposa,
donde os tendrán más respeto
que los hombres de París
los brutos de este desierto.
Música. Pone la cruz en un árbol que a su tiempo se oiga de dentro.
Solitario venturoso,
que en la aspereza del yermo,
entre propias soledades
lloras pecados ajenos.
Abre los ojos del alma,
pues te faltan los del cuerpo.
Verás a Isaac en el monte
cargado de leña y fuego.
Verás al fuerte Sansón,
que entrambos son nazarenos,
que con las puertas pesadas
se sale de Grecia huyendo.
Verás al celoso Elías
que sale a buscar el cuervo,
que ya es Jezabel París,
perseguidora de buenos.
Verás al cantor David,
que templando el instrumento
antiguas memorias canta
y llora nuevos desprecios.
Y finalmente verás
al pontífice San Pedro
con la primitiva llave
que abrió las puertas del cielo.
Sagradas inspiraciones,
palabras de Dios eterno.
a quien con la fe conozco
y a quien con el alma veo
cómo nos lleváis a Francia
el purísimo madero
que sirvió a un ladrón de escala
para que escalase un reino
dónde nos lleváis el trono
de linaloes y cedros
en que reinó Salomón
dio coronas y cetros
dónde ponéis la clavija
que a algún músico maestro
templó para que sonasen
las cuerdas de su cuerpo
dónde escondéis de Tobías
el báculo con que un tiempo
fue peregrina Raquel
por la deuda de su deudo
dónde lleváis la salud
del paralítico enfermo
que sin hombre en la piscina
ya sanó y se carga el lecho
y pues que sois soberano
cómo nos sacáis del reino
la vara de la justicia
siendo vos tan justiciero
no bastan tantos castigos
sino que agora de nuevo
le quitáis a vuestra esposa
la mejor piedra del cuello
bien sé que os ofende Francia
pues estoy ciego por eso
mas no padezcan las almas
baste que mueran los cuerpos
guerras pestilencias hambres
tumultos desasosiegos
tres años ha se padecen
no más rigor basten estos
esos castigos han sido
prueba de su obstinación
pues que más rebeldes son
cuanto más han padecido
en Francia he sido ofendido
Francia me blasfema a gritos
y aunque mueren infinitos
en pago de inobedientes
No quiero que estén presentes
más prendas a sus delitos;
su religión profanada
de mi verdad enemiga,
a quien de fe me hostiga,
en Francia, la cruz sagrada.
Huyamos, cruz desterrada
por la tirana herejía
que sigue a Burgundia
en campal guerra sangrienta;
aunque el vándalo la afrenta,
que es suya por ser tan mía.
Señor, esperad. Supuesto
que nos queréis castigar,
¿hasta cuándo ha de durar
este justo presupuesto?,
¿cuándo ha de acabarse?
Presto.
Decidme, ¿cuándo ha de ser?
Será cuando una mujer
con heroica en sangre y en hechos,
con la leche de sus pechos
a el rey vuelva a ver.
Y ahora, entonces, ¿quién repare
a Francia, y quién la aproveche?
El que con aquella leche
venturosa se criare.
¿Quieres que más te declare?
No, Señor, no es de importancia.
Pide con perseverancia
que, para mayor prodigio,
en la boca de Remigio
nació la salud de Francia.
¿Que ya ha nacido?
Dos años
tiene el milagroso infante,
el cual con lengua elegante
predica desengaños.
Reparador de mis daños,
con esa esperanza quedo.
Pierde a mi rigor el miedo,
que verás puesto en efeto
en Francia cuanto prometo,
pues cuanto prometo puedo.
Quédate con esto.
Llevas
en fin la cruz deseada.
Envíanla desterrada
blasfemias y sectas nuevas.
Con ella voy.
No te muevas.
Ansias de muerte me dan.
Quédate, fiel capitán,
que aunque te privo de vella,
no te ha de faltar a ella
padrinos como a San Juan.
Almas que en la celestial
patria merecéis guirnalda,
bajad, y a reverencialla
con aparato real.
Francia la ha tratado mal,
vengo al suelo a defendella;
a mi divina esposa bella.
Bajad, espíritus bellos,
particularmente aquellos
que me imitastes en ella.
Música, sale San Pedro y San Andrés y San Macario y San Marcos como capitanes, y San Adrián y Santa Natalia como hermanos, todos coronados con laurel, y traerán un palio.
A la cabeza de bando,
seáis bien venidos vos.
Señor, a una voz de Dios,
¿quién no ha de venir volando?
Y vos, Andrés amado,
de la cruz seáis bien llegado.
Veis aquí el palo sagrado
a quien tuvistes amor.
Haced la cama real
para vos tan deleitosa,
adonde Francia, en mi esposa,
mi honra ha tratado mal.
Veis aquí acaso la escala
por donde subistes vos,
peso y balanza de Dios
que al hombre con Dios iguala.
Y vos, Marcos, veis aquí
el palenque en que lidiaron
bravos ríos, toraron,
pero vencistes por mí.
Como esposa de mi Rey,
como a mi alma os adoro.
Con fe más pura que el oro
de más quilates y ley.
Os reverencio, cruz santa,
puerto de mi redención.
Mi lengua y mi devoción
salmos sagrados os canta.
Yo pagaros procuro
el crédito que me dais.
Cruz sagrada, en palio vais;
vamos a puerto seguro.
Música. Cogen los santos debajo del palio la cruz y procesional a la cruz.
Ya, inmensa y feliz ventura,
contigo queda mi amor,
acompaña a tu creador,
agradecida criatura.
Éntranse, queda Montano.
Santa visión que al alma entretenías,
y agora al hielo la dejaste ciega,
capitana en que al cielo se navega,
quijada de Sansón, carro de Elías,
báculo en el cansancio de Tobías,
escala de Jacob que al cielo llega,
manojo que espiga Rut en la siega,
cedro aserrado en que murió Isaías;
Tusón del vellón, milicia del cielo,
vara de Aarón, entonces milagrosa,
y agora reina, en palio recibida,
muéstrame en ti una para mi consuelo,
la dichosa mujer, madre dichosa,
de aquel por quien será restituida.
Ruido dentro, sale Celima vestida de monte, de cerdas, con arco y flechas.
Ladrones que de mi cueva
me robastes mi alegría,
tras esos pasos me lleva
mi agravio y esta osadía
a que vuestra sangre beba.
Por dónde fuistes.
Quién llora
cuando Francia la cruz pierde,
perdidos bienes agora.
Selva en el invierno verde
por privilegio de Flora,
si acaso entre los laureles,
tus romeros y arrayanes,
se escondieron dos crueles,
cobardes aunque jayanes
contra una cama de pieles,
el procurallos me toca,
abra algún laurel la boca
por lo que tiene de humano.
Qué has, mujer.
Lloro en vano.
Eres madre destos locos,
vos le pides al laurel,
tu simplicidad me espanta,
qué clemencia esperas dél
pues hay quien diga que es planta
por haber sido cruel.
A Dios tus voces convierte
si algún remedio procuras,
que aunque quieran, ansí advierte,
de castigo a las criaturas
qué pueden dar sino muerte.
Y dime, qué agravio lloras.
Un inocente en poder
de dos espadas traidoras.
¿Matárontele, mujer?
Poco más ha de dos horas
que andando yo entretenida
tras la caza de esta selva,
por quien sustento la vida,
entre juncia y madreselva
ya entre la adarga abscondida
a dos vándalos soldados
que alteran a Lombardía
de mi cueva apoderados.
Cuando la cara del día
vuelve los bienes hurtados,
me han robado un inocente
que habrá dos años que crío
a mis pechos pobremente.
¿Era tu hijo?
Hijo mío,
a quien vi llevar cruelmente.
Un halcón siempre tirano,
lleno de un cruel deseo.
Víctima será mañana
para su rey Clodoveo,
que se lava en sangre humana.
Y en fin, ¿dos años había?
No cumplió más de edad.
¡Cielos! Si ha llegado el día,
fin de mi ceguedad
y principio de mi alegría.
La experiencia quiero hacer,
porque mi fe no se ofenda.
Ten confianza, mujer,
que no perderás la prenda.
¿Qué me queda que perder?
No llores, que te aseguro
que tu hijo has de cobrar.
Pues me das ese seguro,
no le quiero procurar,
que pierdo cuanto procuro;
quiero recogerme.
Espera,
que has de remediar un mal
que por ser mal persevera.
Pues vos, ¿con algún caudal?
¿Qué me faltara si le viera?
Luego, ¿no ves?
Ciego estoy.
Y a un médico gran letrado
a quien he comunicado,
que ya a seguras voy,
dice que hallará provecho
de mi accidente grave,
cuando en sangre me lave
con el licor de un pecho.
¿De médicos te aseguras?
Fácil eres de dar fe.
El que comuniqué
a ciegos famosos unge.
ayunó cuando estudiaba,
salió tan consumado,
que a todo el mundo admiraba
y todo el mundo le alaba,
pasó en vida un desierto
con tanta solicitud,
que en Betania dio salud
a un hombre después de muerto.
Por curar una vida,
tanto su piedad se mueve,
que el propio pan se le bebe
si es amarga la bebida.
Merece crédito un hombre
que en general satisface;
mas si tales curas hace,
¿cómo no tiene renombre?
Al que tenerlo merece,
como al fin no lo procura,
facilita cualquier cura
que su remedio encarece.
Porque tan buen médico es,
que a un enfermo que tenía
muerto, dijo que dormía,
porque se levantó después.
Pues si un hombre soberano
me ha dicho lo que he de hacer,
lavadme vos, mujer,
que en lavándome estoy sano.
Dentro suena una caja.
¡Oh, nácar militar!
Tras sus acentos me lleva.
Entrémonos en mi cueva,
procuraréte curar.
Vamos a tu cueva, amigo.
A renovar voy mi pena.
Francia, de premios llena,
mira que Dios te castiga.
Entrase Zucán, Amargar, salen Clodoveo coronado de laurel y todo el acompañamiento posible.
Ejército poderoso,
cruel azote de Francia,
cuyas victorias famosas
honran mis sienes hidalgas;
quiero descansar un poco,
entre tanto que Amargar
contra París, la rebelde,
que no quiere darme parias,
Por mía queda Borgoña,
de donde por fuerza de armas
saqué la mujer más bella
que ha publicado la fama.
Su gusto me da su padre
y ella también me lo paga,
él de temor a mi saña
y ella de amor a mi alma.
Prometida estaba al duque
que en Francia de Orliens se llama,
mas donde hay fuerza de quiero
no hay firmeza de palabras.
Celoso estoy, ofendido,
pero el amor nunca agravia,
que si el rey de los Lusiadas
si las dio, pudo quitallas.
¿Qué importa que venga el duque
si cuando viene me hallo
con la corona francesa
que agora en París me aguarda?
Muy mal me conoce Emilio,
que por eso no se allana;
pues en mi poder su esposa
estará mejor empleada.
Si yo soy de mis proezas
que ilustra tan ciega casa,
ni la conozco por mía
ni su antigüedad me ensalza.
Arrastro dos mil banderas,
cien mil hombres me acompañan,
que el menos famoso de ellos
da en qué entender a mil almas.
No conocí cierto padre,
aunque en los brazos del ama
oí, siendo nueva a crueles,
que era natural de Francia.
Si acaso soy hijo dellos,
rendirla quiero y ganallos
para que me llame el mundo
Cesáreo de mi patria.
Sale Uziel con espada y armas, si las hubiere.
Señor, magnánimo vencedor,
cuyas armas teme el mundo,
lumbre y centro del honor,
en la opinión sin segundo
y primero en el valor.
¿Por qué a tu desdén dejas,
dando a mis celos lugar,
fundamento a mis quejas?
Dejo te yo de adorar,
pues si no, ¿por qué te quejas?
Aunque ausente de ti esté,
te tengo tan esculpida
en la idea de mi fe,
que no hay momento en mi vida
que en tu memoria no dé.
Gallardamente te están,
flor de Borgoña hermosa,
las prendas de capitán
y esa jineta belicosa,
que eres un Marte galán.
Por darte gusto he ceñido
espada y dorado arnés.
¿No hay galán como un vestido
de fino acero, si es
de victorias guarnecido?
Pues yo no los guarnecí
de ese esmalte que vestiste.
No dices bien, antes sí;
que más vencidos venciste
pues que me venciste a mí.
Pues si mi vencido eres,
luego a mis órdenes estás.
Señora, cuanto quisieres.
¿Y cuanto quisiere harás?
Siendo crueldad lo que quieres.
Que como tanto aborreces
la clemencia por costumbre,
después que en saña floreces,
si me pides mansedumbre,
aun a mí no me obedeces.
Si quieres atrocidad,
pide.
Aqueso no me admira.
Pide la mayor crueldad
con la mitad de mi ira,
pues eres ya mi mitad.
Estamos muy diferentes.
Pues no te canse en vano.
Aun hablar no me consientes.
Di.
Que tratas como humano
las fortunas inocentes;
por cuyos tiernos gritos
dicen a veces que mueren.
Son muchos.
Son infinitos.
Pues mueran cuantos fueren.
Porque purgan delitos.
Con aquesto ha de ser mía
París y sus semejantes,
porque contra su osadía,
con un escuadrón de infantes
llevo hecha infantería.
¿Así que pueden saber?
No más de atemorizar.
Pues, ¿quién los ha de temer?
París los ha de temblar,
tales los pienso poner.
Rey, eres de tu albedrío.
Ignoras el fundamento.
No alcanzo tu pensamiento.
Será cruel por ser mío.
Ya que estás determinado,
y no hay poder remover,
por el título sagrado
de rey que esperas tener
y a Portugal has ganado,
por la fe con que te di
palabra de esposa fiel,
por el amor que hay en mí,
si algo merezco por él,
te pido una cosa.
Di.
Tres soldados han traído
entre otros a tu real,
un niño que me ha vencido;
a este no le hagas mal.
Como mujer has pedido.
Pero porque es infinito
el amor que a mí te iguala,
cumplo tu justo apetito;
ese que dices señala
que la vida le remito.
¡Hola! hacedle de traer,
y tú espías me da entretanto.
Ruega del cielo, mujer,
no pensé aplacar su llanto,
mas tienes mucho poder.
Quiere arrodillarse, y levántala el Rey. Salen niño y Ludovico.
Merece tener ventura
y que le hagas favor.
Presente de tal criatura
en quien mostró su criador
un rastro de su hermosura;
cuál será la mano bella
que esta figura formó,
pues a deslama salir della.
La beldad me rindió,
señor, a favorecerla.
Hasme hecho que me asombre;
niño celestial de verse,
¿es posible que eres hombre?
Yo le remito la muerte,
pues Remigio sea su nombre.
Nombre bien acomodado
con la dicha que ha tenido.
Venid, serafín amado,
que si madre habéis perdido,
madre habéis en mí ganado.
Cómo te abraza contento.
Cómo le ha hecho amistad,
dale el amor sentimiento,
porque el agradecimiento
dicen que vence la edad.
Críese con el recato
cual si vuestro hijo fuera.
Con el mismo amor le trato.
Y yo como no le mato
os pido así que le quiera.
Que como no puede haber
ni entre crueldad y amor...
que no es posible nacer
del tronco de mi valor
sino matar y querer.
Dentro cajas y Ruido.
Al arma tocan, ¿qué es esto
que en mi campo se atreve?
Volved el semblante honesto
a ese color de nieve
que entre carmín se ha puesto;
que aunque me tenéis amor,
como se ha mostrado agora,
a mí me suena mejor
que la vihuela sonora
el militar atambor.
¿Cómo es posible temer
quien tiene nombre de mía?
Pero como sois mujer,
es mujer la cobardía
de iros de parecer.
¡Oh, venid, enemigos viles,
que os espera Clodoveo,
cuyos bríos juveniles
son los nuevos trofeos
donde están los de Aquiles!
Dentro Ruido de cajas.
Sin duda a mi campo aprieta
algún francés con ventaja,
pues que la gente se inquieta,
se despedaza la caja
y se rompe la trompeta.
De veras es esta guerra,
pero no temo sucesos;
llena sangre toda tierra,
que a los que matare a pesos
como cogidos de atierra.
Entrase.
Adiós, señora, recogeos,
que quiero hallarme en la batalla.
Son sin fruto esos aceros,
pues Clodoveo es allá.
Y somos ya dos Clodoveos.
Guarda a Remigio y ten cuenta
con su salud entre tanto,
que con la espada sangrienta
mato, arruino y espanto
de mi sed treinta a treinta.
mi apostol dios te guarde
sere me a mi misma odiosa
hasta que tenprano o tarde
me tema por valerosa
quien me ofende de couarde
Entrase Nise
O ymajen del pincel
divino venid con migo
pues como a su daniel
os respeta como amigo
fiero leon oso y cruel
si soys dauid y os pesa
la obligacion que os da dios
Tomad la ynpressa
que se desata por vos
la babilonia francesa
Entranse y sale Celina con vn paño / del agua en una cuenca y Montano amo
Campaña hermosa que se viste el dia
de blanca Plata y carmesin bordada
Para que gran artifice cortada
que labra en cristales y pedreria
la mañana vestida de alegria
la noche triste desterrada
Vuelven a ver mis ojos serenas
O campos mios quan bien parecen cielos
que tambien hacen a sus dulces afanes
que bien la diferencia de colores
a quien la averigua rinde dejeos
que bien parecen los campestres suelos
que bien los animales inferiores
o para valles o arroyuelos
O santisimo varon
alegres lagrimas vierto
en aver sido ocasion
de que el cielo te aya e bierto
la puerta a la admiracion
y yo las vierto de ver
una mujer tan felice
dejame besar mujer
esos pies de quien se dice
que mi Reina a de ser
No esperes de cosas mías
cosa que sea de provecho.
¡Oh saretana de Elías,
que hoy he hallado en tu pecho
la hiel del pez de Tobías!
Son tesoros de mucha cuenta,
ausente prenda divina
por quien Celina lamenta,
pues sirve de medicina
solo el manjar que os sustenta.
Para que otro ciego viese,
hizo Cristo lodo, y ese
usó aquella fe tan entera
para que la enmienda fuese
de lo que la imagen era.
Mas ¿qué mucho que la visiva
vista cobre el ciego desta suerte,
pues mostrado se advierte
con el antídoto fuerte
de Dios, que era su saliva?
Parece que me habéis hecho,
y cuál maravilla a vos.
Pues acaso que aprovecho
con saliva de Dios,
vos con el licor del pecho;
curóme y es alimento,
gran médico habéis salido.
Pues es mayor el tormento
cuando se rinde ofendido
con menos grave instrumento.
¿Con quién hablas que encareces
sus glorias desa manera?
Con el que llamar mereces,
si a cuyos pies quisiera
Celina besar mil veces.
El que en paciencia y constancia
para con Joseph nivel,
acordada consonancia,
salvador de Egipto aquel
y este salvador de Francia.
Dios providencias compone
por quien muchos reinos funda,
sin que al segundo perdone
a la Cenobia segunda
que así oculta se aficione.
Tan parecidos serán
que después de ser vendido
en sus graneros darán
no con crueldad ofendido
a sus vendedores pan.
Con dificultad te creo
que algún crédito te diera
si mi hijo no tuviera
en poder de caldeos
que para manifestar
vaso de sangre que tiene
como dizes Herodes previene
inocentes que matar.
Pues no moriría en escaso.
¿Es posible?
Así lo dijo,
sé que reserva a tu hijo
para mayores sucesos,
mira lo que a Dios le debes
pues le ha habido como padre,
sin que tú que eres su madre
huyendo a Egipto te lleves,
de donde Celia me arguye
cuánto de su amor es digno,
pues por tan salvo camino
guarda a tu hijo que es suyo.
Hasme dejado sin duda.
Y a tu ventura conoces,
dime agora así te goces,
¿eres casada o viuda?
Soy viuda aunque casada.
Esme decillo dificultoso.
En uno, que soy esposa
legítima aunque dejada,
a un hombre tuve afición,
dile de esposa la mano,
creí que un corazón llano
nunca recela traición,
al fin amanecí,
aficionose a una dama,
mi esposo perdí, mi fama,
porque yo sola perdí,
entonces temerosa
salime de la ciudad,
porque la necesidad
me hizo ser animosa.
Con estas montañas bravas
preñada me recogí,
donde a los tres meses di
al mundo un hijo, que acabas.
Mi padre, que le temía,
culpado mi poco aviso,
la vida quitarme quiso,
afrentado de la mía.
Supe después que quitó
la cara a tan gran afrenta,
que es hombre de mucha cuenta
y disimula macula.
Por este injusto rodeo
la fortuna me ha llevado
hasta hoy que me ha quitado
todo mi bien el deseo.
O duermo, o mi dudosa fantasía
siente que el perdón me vivifica.
Hoy llamo el mundo mi pobreza rica,
y mi soledad alegre compañía.
Si truje hijos y nietos me dedica,
me torne, y de hoy casa reedifica,
es el que me ha de dar grande importancia
que ha de llamarse Salvador de Francia.
¡Ah! yo soy Joseph, ¿nunca has conocido
las fortunas del tiempo perseguido?
¿Tan presto se ha el parentesco olvidado,
que tan extraño entre los dos ha sido?
Mas ¿quién me tuvo a mí tan divertido,
que me olvidé de prendas tan queridas?
Vuélveme a dar los brazos venturosos,
por quien los míos son de hoy más dichosos.
La poca seguridad,
padre, del puesto en que estoy,
de esta gran felicidad
que me representas hoy,
me esconde la mitad.
Busquemos lo más seguro,
hagas como deseas.
Tu seguridad procuro.
Sal de Troya contra Eneas
mientras duerme Palinuro.
O buscaremos a aquel
que en Francia ha de ser prodigio.
y en esta prueba ya se ve
ser Jacob de Remigio,
y ser Clodoveo Raquel.
Vanse sí, Vituria por Clodoveo, y éntranse, sale Emilio con Remigio por la mano.
Vituria, por Clodoveo,
bruta enemiga, y ando,
vencido soy, ya lo ves,
subir hasta el cielo volando
depone mi deseo,
que al aire busque el vuelo.
Mis honras arme, anímelas,
y sea mi fe centinela,
que amor con alas de celos
a mi imposible vuela.
Y si en batalla perdí
la fe de niña ingrata,
vile la enojada furia,
que me ofende y no me mata.
¿Por qué ponéis más ansí,
¡ay, fiero, riguroso!,
mi mismo mal persigo?
Pues saca tu fe dudosa,
mi declarada enemiga,
como legítima esposa.
Vos, vellocino de oro,
de aquella ingrata beldad,
a quien sin razón adoro,
cofre de su majestad,
sagrario de su tesoro.
De su trenza os he robado,
a pesar de Clodoveo,
porque soy tan gran soldado,
que aunque vencido, saqueo,
por ser vencido, vengado.
Díjome a que en vos guardase,
cuanto de triste os quería,
en conmigo que os llorase,
y el hábito en que os traía,
ser verdad manifestaría.
Pues porque agora mejor,
cenizas de mis celos gusten,
llamas de su desamor,
quiero en vos que sois su imagen
vengar mi justo rigor.
Ensangrentadme esta espada,
premio de loco rescate,
y mi agravio ocasionado,
ya que al amador no maté,
mataré a la causa amada;
como víctimas a Dios,
a mi engañosa sirena,
yo, de ofendido, fiero,
en el monte de mi pena
como a Isaac os sacrifico.
En vos he de castigar
mis confirmados recelos;
sus, pues, dadme lugar,
que no hay triaca en los cielos
tan fina como matar.
Ansí mi venganza elijo
contra vuestra propia madre.
A quien mis quejas dirijo,
para que me mate, padre.
¡Válgame Dios, padre dijo!
La novedad me suspende;
espera, brazo feroz;
pero no esperes, ofende,
que esta es la primer a be
que el niño en la cuna aprende;
aunque no sea verdadera
es tierna, y como es tan cara,
como es acción la primera
que propio nombre llamara
a cualquier sombra que viera.
Con todo, me enternezco;
padre en efeto dijiste,
y aunque no soy padre yo,
pues a Isaac tú a su cargo diste,
sea el ángel que le guardó.
Ya mudo se parece
un niño hermoso y inocente,
que aunque no te pueda ser
padre verdaderamente,
yo lo quiero parecer.
Remigio te he de llamar,
y así, sin mudanza alguna,
te quiero este nombre dar,
quizá porque la fortuna
te mejore al levantar.
Éntrase Leonor con caja, sale Teodoro y Ludovico.
Guió el duque arrepentido
de verse en el recado
notable gloria he ganado
en haberme acometido,
vencedor llamarse puede
aunque su honor me avergüence;
pues quien acomete y vence
vence a lo menos el miedo.
Mostróse el duque animoso
aunque con poco poder,
quiso bien, pensó vencer,
que es temerario un celoso;
mas como no soy escaso
de tan afrentoso nombre,
cielos, mi esposa de otro hombre
en rastrearle me abraso;
muérdome con rabia el labio,
que el que me mira invidioso
tanto me agravia celoso,
cuanto agora me agravio.
Pagarásme lo muy a ciegas,
como me esperas tan cerca,
ten el adarga, un brazo enarca
vencedor, te has de acercar.
Pónese Montano al muro con gineta y espada
Serenísimo Gran Rey de Francia,
que a nos por armas obligas
y rindes con tractados mismo
para nueva Babilonia,
Tú, que cargado de infantes
que dejen a mil a costa
sirviendo pues todas guías,
ricas ciudades perder,
Montano me llama el noble
que cuida desta Zaragoza.
Entre esos ásperos montes
que dan parias a Borgoña,
agora me desdices
que esta ciudad populosa
cobarde de castellanos
mas la tengo en memoria,
no quieren los franceses
sino darte la corona
que es moro tan tirano
que se engrandece con honra.
Tres años ha que padecen
la hambre más prodigiosa
que desde la gran Samaria
ha visto reyno Zaragoza.
Los hombres nobles de Francia
sirven las mesas de coxa,
sirven sin salva los grandes,
comen sin ceremonias.
Los sagrados sacerdotes,
llenos de manchas las ropas,
sirven de amarillos platos;
no hay hombre que los conozca.
Pide el pequeñuelo infante
el agua que beber goza,
saca seca la lengua
si lágrimas no la mojan.
Siéntase la hambrienta madre
a la mesa prodigiosa
donde el antes dulce hijo
hace pedazos de rosa.
¡Oh morir el más prolijo!
Del tacto de memoria,
al asar los miembros, piso
a quien un tiempo dio forma.
Estas desventuras pasan
con tolerable rigor,
aunque de no entregarse
van a dar al cielo la corona.
¡Oh rebeldes franceses!
Por la deidad de mi corona
que he de cercar estos muros
de una manera espantosa.
Toquen a cesar ruinas,
y salgan al campo en tropa
los cien mil y ciento infantes
que han de darme lauros.
Dentro cajas.
¡Al muro, niños franceses!
¡Al muro, nobles matronas!
Toquen en fin al arma,
pues en la campana tocan.
Dentro cajas y voces de las mujeres y niños al muro.
¡Francia muera a Clodoveo!
Mirad esta escuadra toda
que a Clodomiro presento
como la más poderosa.
Los niños que pudieren saquen con lanzas y espadas, y carne asada, y manos y brazos sangrientos.
Aquí veréis crudos, feos,
que mis soldados os buscan.
que para atemorizar os
traen sus lanzas por orla
y aunque muertos os preguntan
si quieres ver de esta forma
los que os dan gustos a la mesa
di a París que responda.
Entréguese la ciudad,
rinde la montaña o muera,
si a nuestros ojos se espera
tan inhumana crueldad.
Rinde la ciudad, montañés,
vivamos todos y vive,
que en resistirnos recibe
menos gloria este tirano.
París, ¿qué remedios?
Por cierto
que estoy escandalizado,
las venas se me han helado
y el corazón se me ha muerto.
Nuestras esperanzas
se han marchitado con esto,
si no os entregáis de presto,
para todos traigo lanzas.
Morir a lo menos espantoso,
monstruo, segundo Asael,
vencerás como cruel,
mas no como poderoso.
Mígner, defiende tu tierra,
mas si el tiempo te sujeta
verás el Norteano.
Un trompeta
toque a consejo de guerra.
Consejos son menester,
una afrenta y otra afrenta
con este me tened cuenta,
que se lo he de agradecer.
Quítense los del muro y sale Celimel, como al principio, de pieles y con arcos.
Ya, fortuna, me has llegado
a este espantoso vergel,
que el Norteano soldado
para recrearse cruel,
junto a París ha sentado.
Llegué al puerto, tirano,
donde tiene amontonadas
este Norteano soldado
tantas con sangre regadas
para que den frutos humanos.
Prodigioso labrador
por este jardín me lleva,
aunque llena de temor.
Quiero cortar fruta nueva,
de qué árbol es mejor.
Será desabrida y dura,
que no es su sazón llegada,
sino que tú por ventura
la habrás puesto colorada,
porque parece madura.
Mas dime, por cortesía,
ansí florezca tu fama
con flores de hidalguía,
si tienes alguna rama
con alguna fruta mía.
¿Qué de astucias me respondes
porque me usurpas mis bienes?
Dilo, que en vano te escondes,
maltratado me le tienes,
pues de indigno tirano respondes.
¿Qué fruta pides, mujer?
Es madre, pide su hijo.
En flor la trajiste ayer,
y a preguntar la prohíjo
con codicia de coger.
A sus provechos pretendiendo
lo que en ayer flor se trueca
en fruta de gusto horrendo,
que ya de madura y seca
se está del árbol cayendo.
Reconóceme, dejad
estos árboles funestos,
podrá ser que mi piedad
descubra en algunos de estos
la fruta de mi heredad.
Dejadme, infames tiranos.
Llevadla.
Resístese.
Aprisionadla.
Villanos, dadme mi prenda,
sino queréis que os ofenda.
Es furiosa.
Matadla.
Mas dejadla, que aunque bravo,
ella amansará después,
si sumamente me alabo,
que no es mucho que me des,
Francia, más hermoso esclavo.
Lleva Ludovico a Celima, y pónese Montano al muro con bandera blanca.
Paz quiere la patria
vencida.
A mercedes os la dejo,
ríndese, y ansí acierta.
Entra a reinar Clodoveo,
que tu piedad le da puertas.
Ya Francia su rey me llame.
Y comience a poseella,
y sabrás con qué te ame.
Entro a apoderarme della,
y a vengarme desta infame.
Quítase Montano del muro, y éntranse todos los de su gente, y sale Luzbel.
En tanto que llora el ángel
de mi bando por invidia,
que aun falta en el mismo cielo
por celos contra esta India,
levántense tempestades,
y entre Caribdis y Scila
los navíos de alto borde
se sumerjan y hagan astillas.
Los navegantes se aneguen
para salvar las vidas,
en el piélago espumoso
pierdan las guías de vista;
arranque el aire las plantas
de las fértiles provincias,
desde las tiernas espigas
a las frondosas encinas;
salten peñascos y ríos
con espantosas ruinas,
torres de faros caigan,
que en el bajo queden sumas;
los arroyuelos pequeños
con las aguas llovedizas
aneguen ricas ciudades,
sorban techumbres y cimas;
los decrépitos viejos,
de ver anegar sus hijas,
rindan también a las aguas
las cenizas medias vivas.
Padre a hijo se maten
por celos, por invidia,
y en borbollones de sangre
los labios sedientos tiñan.
Por efeto ponen todos,
en desgracias nunca vistas,
que a un rey y a un hombre,
penas mías se imitan.
Aguarde Dios, ¿qué es aquesto?
¿Tanto rigor, tanta ira,
que de tus fueros reniegue,
sino pretendo mi silla?
De esta culpa me haces cargo,
confiésolo, pretendí,
mas pretendí justamente,
pues justamente era mía.
Y a contradecir el cielo
para que mi justicia,
y mi verdad quede a cargo,
puesto que la merecía.
Cristo me agravió, que el más hermoso
de los cielos, dándome la vida,
de la encarnación del Verbo
antes me diste noticia.
Mostrásteme en un hombre,
con la grandeza divina,
a tu diestra soberana,
el trono vi de su silla.
Y no solo se inclinó,
sino que también aspira
a que un ángel soberano,
al hombre humilde se rinda.
Pues si esto vi, ¿qué grandeza,
tantas ventajas le daba
a la humanidad del Verbo,
aunque al mismo Verbo unida?
Cómo no había de atreverme
y con los que me seguían
ocupar aquel asiento,
o ponerlo más arriba.
Quise subir que soy ángel,
mas un hijo de tu gracia,
que es Miguel, con tres palabras
de los cielos me derriba.
Caí, levantose un justo,
y por caberme en justicia,
siendo mía, justamente,
distele a tu lado silla.
Era tu hijo, no es mucho,
que como al fin pretendida,
donde tiene el padre alcalde,
venciome en vista y revista.
Cristo me agravió, y en Cristo
tengo de vengar mi ira,
a lo menos en los hombres,
pues él en ellos se mira.
Seré aferroyado todo,
que en la figura fingida
del que muere, muerto se venga
del vivo que se la tira.
A Francia voy, que es mi reino,
donde el hijo de María
pretende plantarse agora,
que siempre me tuvo invidia.
No ha de entrar remiso en Francia,
aunque comprado le rinda
al mercader que le vende
todo el oro de las Indias.
Entra Satanás
Al acento de tus quejas
todo el infierno entristeces,
y tú penando me dejas,
retando no me obedeces,
dudando no me aconsejas.
¿Cuándo inobediente fui
a tu voluntad, Luzbel,
pues por seguirte caí
del cielo, luego que en él
en forma de ángel me vi?
¿Y por seguirte no fuera?
¿No sabes que a Dios probara,
y cuando encarnar quisiera
piensas que Gabriel bajara?
Yo, que soy más que él, viniera;
y aunque agora pensé en verte,
tú me tuvieras recelo,
pues, como el ángel más fuerte,
al derribarte del cielo...
quizá me cupiera en suerte;
¿derribarme pretendías,
falso Miguel?
Bien pudiera.
¿Con qué fuerzas?
Con las mías;
porque, cuando menos, fuera
el Rafael de Tobías.
Pues yo, cuando me quedara
donde quedar no quisiera,
si a Nazaret me enviara,
por no obedecer, no hiciera
cosa que Dios me mandara;
porque vengas a saber
oficio de embajador,
y más con una mujer,
parecer inferior,
y yo no lo puedo ser.
¿Piensas que me tiene llano
carne es ésta en que me ves?
Antes estoy más ufano,
porque soy más que Dios es,
en cuanto Dios es humano.
Y aunque no sabía la altura
donde en mi centro estuviera,
no quedó mi fama obscura,
que más que Dios puro fuera,
sino fuera su criatura.
agraviome en confesar
que fuese Dios mi hacedor,
yo puedo me dél quejar,
pues por hacerse criador
me quitó el poder criar.
Pero vano es de importancia
quejarme del que desamo
mientras tanto que derramo
quejas mías ofendan a Francia.
¿Es de Remigio su amo?
¿Qué has hecho en ella?
Encendí
el pecho de Clodoveo
de un deshonesto deseo.
¿Por quién, por su esclava?
Sí.
¿Y eso para qué?
No en vano,
porque saldrás vencedor
si este deshonesto amor
le resfría el ser cristiano,
que temo que lo ha de ser
por Remigio.
Es de importancia
que Remigio no entre en Francia.
Compraréle al mercader.
Muy cumplida comisión
llevas, Satán, para dar
todas las perlas que el mar
crio desde su creación.
Vete, y cuando a Francia fueres
haz como leal amigo.
El infierno sea contigo.
Sí será, no se lo ruegues.
Entranse. Sale Emilio de villano y Remigio herrado el rostro como esclavo.
Al encubierto que llevo
la necesidad me ha puesto,
mirad lo que a Francia debo
pues que me pasa con esto
un asombro extraño y nuevo.
Quitome el rey Clodoveo
cuantos estados tenía,
y es tal en el que me veo
que no tengo osadía
sino solo mi deseo.
Llevote a Francia a vender,
perdona, que aunque lo siento
no puedo dejar de ser
de cualquier buen pensamiento,
vence una vez menester.
Como hijo te he enseñado,
varias ciencias aprendiste,
no me culpes agraviado
de que te venda, pues fuiste
en buena guerra ganado.
Darte libertad podía,
mas no es mucho que te venda
pues refise propio el día
que te robé de la tienda
de aquella enemiga mía.
donde mil ofensas claras
falsas de su desamor
con tu inocencia pasaras
si en medio de mi rigor
tu padre no me llamaras.
Tu voz me mueve a terneza,
comencé a hacerte amistad,
perdóname tu simpleza,
pues de cualquiera crueldad
me disculpa mi pobreza.
Como padre te he querido,
y pagas mal mi afición.
Mas véndeme, que vendido
no habrás menester león
en que teñir el vestido.
El honrado trato alabo
que a mi niñez ofrecías;
mas ¿de qué sirve, si al cabo
tantos favores me hacías
para hacerme agora esclavo?
Mas ya que mis ojos ven
tan dudoso mi rescate,
véndeme, y véndeme a quien
siquiera no me maltrate,
pues tú me has tratado bien;
a quien tenga caridad
vende mis prendas hidalgas,
aunque la mayor crueldad
no sentiré como salgas
de tanta necesidad.
En eso haré lo que pides,
pues a tu virtud lo debo.
Pues mira que no me olvides,
ya que con rigor tan nuevo
nuestras dos almas divides.
Entra Satanás en hábito de mercader.
Buena ocasión, el cautivo
que he de comprar he hallado;
espanto en verle recibo,
que hallo en él retratado
un nuevo Joseph altivo.
Y mi descuido parece,
amedrentándome van
sus prendas, y mucho merece.
Ea, mercader Satán,
qué buena ocasión se ofrece.
Quiero emplear el caudal
que doblar después espero,
si puedes hacer trato igual;
da el mercader dinero,
queda en pie la señal.
Véndese el cautivo.
Vende.
¿De qué nación?
Es francés.
¿Qué sabes hacer?
Lo que aprende.
¿Es fiel o traidor?
Fieles.
¿Qué lenguas?
Muchas entendemos.
¿Qué obras?
Aparte.
No me contenta este dueño.
A quien tengo de entregarme,
por precio grande o pequeño,
se ha de contentarse;
y ansí dejaré la venta
que yo agora comencé.
El esclavo me contenta.
A mí no el amo.
¿Por qué?
Tiene más que representa.
Perdona, que he prometido
venderle a su gusto.
Vende.
Y que a demás le pide.
A gusto de esto se ha de entender.
Satán, si te han convidado,
no sé yo por qué ocasión
que no te compre deseas;
pues en ninguna ocasión
te pido yo que tal seas
que a los suyos Faraón.
Y si a mi fieldad te obligas
a no dejarme comprar,
eso no te dé enojar,
que no soy yo Putifar
cuya mujer te persiga;
antes, si me fueres fiel,
te trataré con amor,
y seré vencido dél,
yo Nabucodonosor,
tú el niño Daniel.
De su belleza me admiro,
y quiérote al cien pagar;
pídeme el rubí, el zafiro,
cuantas piedras brota el mar,
y cuantas granas el Tiro,
que en precio se te darán
ciudad, reino, mundo entero.
Largas sus promesas van,
pero pídele primero
que críe en las piedras pan.
Segundo que en el Templo
darás cuanto ven las nubes,
que eres franco sin ejemplo.
Pero ¿cómo no le subes
al pináculo de este Templo?
Vencidos somos, Satán.
¿Qué te ha parecido el prodigio?
Mis hazañas lo dirán.
Gran virtud tienes, Remigio,
pues conocidos nos han.
Entrase Satanás.
Fuese de mercader.
Huyó.
Gana trajo de comprar.
Pienso que se arrepintió
porque no pudo pagar
todo lo que prometió.
Casi me daba esperanza
de un caudaloso interés
con que acabar mi venganza.
Presume de rico y es
tan pobre que un pan no alcanza.
Es su riqueza fingida,
solo un pan no puede dar,
aunque el manjar es la vida,
porque por no le alcanzar
nunca le comió en su vida;
y aun del pan que es menester,
mayor fe y mayor caudal,
como no le puede haber,
tiene una envidia mortal
a los que le ven comer.
Porque de pan tan bueno,
haya sospechas y duda,
de llamar a fe lleno,
cree bocado de Judas
si bien que mezcle veneno.
Qué buena intención.
Creo
que todo lo inficionara
y al manjar amargo será.
la esperanza quitará
la gallina del Eliseo.
Casi no te entiendo bien.
Coman y lloren primero,
la que en la mesa se dio,
que el llorar es el madero
que en la fuente remozó,
que este manjar celestial
de balde a los hombres dado,
no es como el pan material,
que es alhaja no llorada,
sino llorado, por mal.
Altos misterios me enseñas.
Y en saber es falsedad
las plantas y estas peñas.
Entran Astolfo y Celima.
Salí de la ciudad,
y como tales desdenes
de la paciencia también,
hasta que en quererme den.
Antes en sus manos den
valgas desmentir mi fe.
Antes en la espesa selva,
cuando siga a algún león,
un áspid se le revuelva,
que de tan infame intención
agradecimiento vuelva.
¿Aún no quieres a tu señor?
Por mil gracias lo trasluces,
que le debo más desamor.
Imaginación, que sueles
ser en el alma pintor,
pues que así me representas,
que imaginas y retratas,
que, con tanta saña, pintas,
mi vida, a memoria matas,
¿por qué ya no te contentas?
Parece que te ha causado
toque esta alteración.
Que se me representó.
No estamos solas.
¿Quién son?
Un labrador y Emilia.
¿La del rey?
No os dé pena,
seguras estáis.
Qué hermosura,
que a la obscuridad serena.
Entra Satán, Ángel.
No he de perder coyuntura,
y esta me parece buena.
Si esta mujer se apasiona
de su propio hijo, gano
eterno lauro y corona.
¿De dónde sois, aldeano?
De aquí, de Macalancona.
Buen lugar.
Por su virtud
tiene muy grande nombre.
¿Adónde caminas tú?
Nomás de a veros, pardiez.
A la buena de salud.
¿Conócesme?
No soy vos.
A la Reina.
Ese nombre gozo.
Y de amos nos conocemos,
a menos de mozo años.
¡Qué prendas, qué buen talle!
Ansias de amalle me dan.
¿No es por extremo galán?
Aparte.
No me harto de miralle.
A esta edad y esta estatura
mi amado hijo tuviera.
Aparte.
No estás viendo su manera,
que tiene nueva hermosura.
Llega y háblale.
Aparte.
Ya llego.
Pregúntale quién es,
temo vergüenza después.
¿Vergüenza? Luego no hay fuego.
Acercaos.
Ya voy, pues.
¿Y vendéis?
Qué vendería,
pero con vos cosa mía
no tiene liga.
¿Por qué?
Porque, ¿qué diablo podrá
chupar a un desnudo?
Pardiez, pues que nunca pude
en la buena voluntad.
Con todos lo querrás,
asentadle de allá cuenta
si es que el mozo se contenta.
Os atenga .
También fui a su tiempo yo moza,
sino que me dio mal pago.
Entiéndolo a palacios pago.
Poco importa por Dios.
Y muero por este asno.
A renegar te ha de el fuego.
Vida y libertad le entrego.
Es por este mozo gallardo.
Y qué presto amor me sujeta.
Ya le comienza a querer.
Llegóse de el lado, mujer,
un mal ángel que te enquiera.
Entrase Satanás.
Descubrióme prodigiosos
espantos en que el cielo para.
Ya se comienza a aplacar
aquel infierno amoroso
que trocaba en su intento
y a mi voluntad contrita
del torpe amor que en mi ardía
se vuelve en amar honesto.
Mucho ha podido obligarse
a quien tales saltos ha dado.
También, señor, ha obligado
más para él no zafarse.
¿De qué dices?
Que me delira.
¿Ves que no me pagan?
¿Qué diablo os hizo errar,
que libre os hizo algún día?
¿Sois casada?
Madre.
¿Con quién?
Con un hombre desleal,
que tanto me quiso mal
cuanto yo le quiero bien.
¿Y nunca se ha arrepentido?
Nunca un ingrato se mueve.
Él pagará lo que debe.
Yo fío a Dios, mandos.
Siente el esclavo, me parece,
males del amo.
Burlando,
que se amanece rezando.
Rezando le amanece.
Dentro voces de caza, hacedlo d[on]de / un bullicio
Huyó más veloz que el biento,
escondióse en la espesura;
el Rey tras su hermosura
viene en nuestro seguimiento.
Como amador y galán;
si se lo menospreciáis ara,
quedaos a mi agasajo, Sara.
Miren qué santo Abraham.
Si ha de conocerme aquí
este mi enemigo tirano...
Hallarás a mas un esclavo
por tuyo.
Yo le vendré,
mas no me ha dado un real.
Págale de aries de bellos.
Tengo esta desgracia en ellos,
que siempre me paga mal.
Pagará bien si te abono.
Uno no vuelve por nueve,
pero ya si algo me debe,
digo que se lo perdono.
¿Pues no fiáis de los dos?
Aunque ya he fiado, es queja
a que vuestra compañera
me lo pagará por dos;
que tiene, a fe, buena cara
para buenas obras.
Buenas,
no tanto como mis penas.
Con menos me contentara.
¡Oh qué gracia y hermosura!
Mucho ha podido conmigo.
Dios os dé salud, amigo.
Y agradézcamelo Celura.
Bien os entendéis los dos.
Es muy de atrás.
Simple, calla.
Dejalde.
Yo puedo hablalla
con más nobleza que vos.
¿Vos esclavo destilde,
pedís a igual amistad?
Onbro quartos res onrrad.
Está muy pobre, vestilde.
Los pies beso a su alteza.
Viste descarlata y granas.
Mas quiero pobre cabaña
que no soberbia riqueza.
Yo vengo como deseo,
porque mi cuerpo, una nave
que llena de sedas grave
va a pique cubierta de aguas,
a este abismo mio,
no mas que el alma y la ropa
que llevan el bien en popa
las olas de mi albedrio.
Y aunque estas ropas me dan,
yo me contento con esto,
porque vengo a ser modesto
y no a parecer galan.
Y a un gran deseo conquista,
no parare hasta que vista,
Rey, no venir a el do veo.
Y a mis verdades, Francia,
si alguna verdad oyo,
que no vengo a Francia yo
sino a cosas de importancia.
Bienaventurado aquel
que cree en Dios y en el cree,
y bien se yo que recibe
premio como fiel.
El gran Agustin decía
que se humilla el fiel cristiano
en el monte mas que en el llano,
y en la mas negra, en dia.
Y no porque eres mi dueño,
Rey, en servirte me empleas;
te sirvo, encargo que creas
que no fuere sino ensueño.
¿Que es lo que oyendo estoy,
y quien habla en este cautivo?
Habla el espiritu vivo
de quien instrumento soy.
Es gran letrado, señor,
a tu esclavo en mucho estimo;
a hacerle merced me animo,
tengole notable amor.
Música dentro: Benedictus qui venit in nomine Domini.
Y vos vengais en nuevo salvador,
que tanto a Francia conviene.
Bendito sea el que viene
en el nombre del Señor.
¿Qué música es esta, almenas?
¿Son, Remigio, voces son
las que con tanta afición
cantan y suspenden penas?
En admiración me celo.
¿Ya me anima, ya me espanta?
Algún gran suceso canta
esta capilla del cielo.
Vuelve a cantar dentro: Benditus.
Esta misma voz
a esta inocente capilla
aquel que triunfando entró
cuando tuvo para ello
mejor título que yo.
Mas si aquel gran capitán
en el mayor vencimiento
que hizo el segundo Adán,
a mí, ¿con qué fundamento
sus alabanzas me dan,
en que nos proporcionamos
con la palabra sagrada,
pues si carne con él somos,
yo no faltaré en mi entrada
sino que me corten ramos.
Ya a su Dios alabo,
Francia dirá por su ley:
Poco es
lo que a aquel pueblo fiero, bravo,
de Israel recibió rey,
Francia recibe esclavo.
Música y pónense dos ángeles con mitras y capas, Roque a las barandillas.
Recibe, Remigio,
las pastorales insignias
que por muerte de Genadio
a tu juventud se aplican.
Que es gran pontífice Dios,
la nueva elección confirma,
sellada con su sangre,
título de casta limpia.
Ofrece, cándido Roque,
a la consagrada mitra,
calificando tus sienes
de mayores preseas.
¡Oh, gran prodigio!
Un esclavo
tiene notable valor.
Sus muchas partes alabo,
y vuelve a nacer amor
en no sé si manso o bravo.
Para tan gran dignidad
si bastan fuerzas humanas,
esas faltan a mi edad,
que las mitras quieren canas,
prudencia y autoridad.
Vuelve a elegir, o tal vez
de mi deseo me aparto,
que soy mozo para juez,
porque nacieron de un parto
la prudencia y la vejez.
Y si me tenéis por tal,
que me ofrezcáis preminencias,
para no elegir las malas,
acaso doy de mis galas
del cielo legítima señal.
Música. Vuelvanse a descubrir los ángeles.
Pues el cielo te consagra,
en señales no esquivas,
calificando los años
de tu juventud florida,
pues baja fuego del cielo,
no como el fuego de Elías,
sino nuevo Remigio francés,
que te digno resultas.
Sube milagrosamente
a recibir las insignias
por quien la fe de Francia
se espera ver reducida.
Sube Remigio por un artificio hasta donde está el ángel, el cual le viste ambas.
Y a esta verdad, Clodoveo,
de rendirte no acabo,
que no eres humano creo.
que puede una buena fama
conmigo ha podido tanto
que le amaré si me ama,
aunque me deje su manto
como Joseph a su ama.
¡Ay, si dél enamorada
me dejara mi deshonor!
Que siempre fui recatada,
pero acrecienta el amor
la honra en la cosa amada.
Dentro cajas.
Cajas en esta ocasión,
¿qué será, Rey?
Las que espera
mi enemigo Emilio son.
¡Oh, si fortuna te oyera!
Helóseme el corazón
con el nombre de mi ingrato
que está retratado en mí.
La ciudad toca a rebato.
Ven, cruel, que si es así,
y por mis manos le mato.
No quiero hacer mudamiento
hasta saber si es Juliano
este que alborota el viento.
Huí de te matar, villano,
de no lo hacer me arrepiento,
pero no importa que llegue
con nuevo poder marchando,
ni que al homenaje anegue,
pues le mataré en llegando.
Aunque por nubes navegue,
conocerás mi valor
cuando en tu temeridad
lo das para el vencedor.
¡Alarma, fuerte ciudad!
¡Toque al arma un atambor!
Entranse tocando cajas.
Asómase Emilio a la baranda.
¿A del campo, con seguro
puedes llegar, capitán?
Pocas veces me aseguro
de seguridad que dan
los cercados desde el muro.
Yo soy un pobre labrador,
que nada os puedo causar.
En mí no cabe temor;
mas tú, ¿qué me puedes dar
de importancia ni valor?
Asegúrame la vida,
y bajaré al campo.
¿Cómo?
Siento mi fama ofendida,
que, como la ofensa aplomo,
brincaré esta caída.
Para castigar nací
al tirano que desdore
la honra más acatada;
pero justicias que llore
agravios, ni mal oí.
Sin duda alguna ventaja
sacas del hábito sumo de
A un muerto en mi mortaja
del campo real viene
o a él doy seguro baja
Baja Emilio.
Y primero que has de saber
es darme los fieles brazos,
no tienes de qué temer
haga un tigre pedazos
si te pretendo ofender
que no me conoces.
No.
Pienso que es verdad
que mi engaño conoces.
Puesto que la enemistad
también está el envenenado
que aunque amor también miraré
escondido en unas claves,
las centellas en el fuego
amor aunque fuere ciego
y así no me desvanece.
Pues que muy vengador
del agravio que me hicieron
que te parezca un pastor
de los que no me conocieron,
la enemistad me es amor,
y a disculpo tu cordura,
y que aunque la grande amistad
muestra a un llanto procura
viéneme la amistad
y negró la desventura.
Oh soy el duque que estoy
por besar tus reales plantas
y perseguido hasta hoy
de contradicciones tantas,
contra mí mismo soy.
Oh duque de Orleans, recibe
en tus brazos un criado
que en tus glorias y tuyas vive.
Tienesme mucho obligado,
confieso la deuda, se escribe
que no te puedo pagar
de contado, si no fías.
No hay que en mí más asentar,
sino es que de prendas mías
te quieras, duque, pagar.
Toma el bastón en la mano.
Vencedor a tantas veces,
¿bastón das a un villano?
Es tuyo.
Así lo mereces.
Dáselo a Juliano.
Conozco que me empleas.
Emilio, señor, no,
quiero yo que tuyo sea,
pues no le merezco yo,
hasta que mi Dios le vea.
Entreten en armas la edad.
Márchense de aquí.
¿A quién temes
que ha de hacer un desterrado?
No he de poneros a remos
hasta que cobre mi estado.
Éntranse tocando cajas y sale Remigio.
Con las insignias santas
de arzobispo de Nemes vengo honrado,
mas si prendas tantas
no suelen darse a nadie sin cuidado,
que es del que yo tengo,
vengo, y solo a informarme a qué vengo;
si tengo virtud tanta,
que de ella a quien la enseñó en quien la encanta,
y si soy fiel planta
que he de mostrar, o qué ciencia leo,
y si cristiano rico
a qué pobres acudo, a qué no predico,
no tiene Remigio nombre
que su cabeza idolatrando sigue,
nadie vio, no, oye el nombre
de este amor que a ser amado obliga,
pues a áspid corazón de rigor
me han dado los franceses por señor.
Entra Celima.
Por las pisadas de amor
me sacan y descompuesta
los ciegos pasos de amor,
aunque el alma ha sido honesta,
no contra el vellón señor.
Pero, ¿qué honesta afición
puede aver, ni con buen fin,
pues sus acidentes son
entre un mozo serafín
y una mujer con pasión?
Paréceme que as visto nao
de un injusto, infame apetito,
pues cuando el favor inausso
juzgo por un gran delito
no despeñar la paciencia.
Por una parte es mi empleo
con tanta sinceridad
que aunque soy lince no veo
infamia en mi voluntad
ni torpeza en mi deseo.
Desta manera que oy
ni fío amor tal ni ciego,
arduzco medroso, pues
aquí de Dios este fuego
son esto en loor.
mas, ¿qué tengo que dudar,
pues si ahora en aposentos
con mi amante tengo de estar?
A de lucir mi talento,
o tengole de enterrar.
Remigio, ¿cómo no empiezas
a desamargar delitos?,
¿cómo no ruinas torpezas,
que destierros dan gritos
triunfando Jesucristo?
Pero ¿quién a de seguir
tus preceptos?, y si los dieres,
¿a quién as de convertir?,
que aunque reprehensor eres
si no ves a qué mujeres?
Y aunque fueras predicador
espero entestubieras
pudiendo tener amor
el árbol lleno de fieras
de Nabucodonosor.
¿Quién me envía una mujer?
No tengo de quién quejarme,
que a un santo puedo hacer
mujer, ¿vienes a enseñarme?
Pues de...
Vengote a ver
y aunque es gran atrevimiento
contra dignidad tan grave
oye mi pasión atento
que como el amor es ave
se levanta mi pensamiento
quiérote bien sin querer
de ti más que voluntad
antes debe de nacer
de honesta y llana amistad
amor honesto padecer
Remigio se quiere ir y ásele la capa
¡Ay deshonesta, y es poco
como el cielo me consiente!
Mira que es mi amor sincero
no te escandalices, tente
que como a hijo te quiero
Suelta, pasión cruel,
espántanme tus extremos,
suelta, ingrata Jezabel,
que por el palio seremos
yo Saúl y tú Samuel.
Entra Satanes y por escalón a un lado
Perdí la empresa primera
esta vez no se me escapa
¡Oh quién dejarte pudiera
como a Cenobia la capa
y como Joseph saliera!
Aunque de honesto se queja
por ser quien es no me asombra
De tu crueldad tendré queja
La capa se tiene al hombro
no es Joseph pues no la deja
No soy Joseph porque soy
Remigio y aunque nací
humano y esclavo soy
no es peligro para mí
este pleito en que estoy
no dejo la capa yo
como Joseph la dejó
que pedida ser podrá
como que no es prenda mía
sino de quien me la dio
En Joseph fue calidad
dejarla si así se escapa
de la deshonestidad,
pero yo en dejar la capa
ofendo mi dignidad.
No piense quien me condena
que me podrá derribar,
constante soy, mi fe es buena,
y fuera delito cegar
al traer la capa ajena.
¿A mí me respondes, rara
virtud de un hombre querida,
capa y roquete dejara
avergonzada y corrida,
si juez justo me ampara?
Pero por ti no condeno
mi constante resistir,
que estás de mentiras lleno,
y por ansias de mentir
repruebas lo que es bueno.
Porfía que aunque eres casta
tus pensamientos buenos,
Zelima, mancha tu casto
que Remigio cuando menos
se escandaliza, que basta.
Déjame, mujer.
Detrás de una reja que parezca dice Montano preso
Bien puedes tú
dejar ese pensamiento
con que a ti misma te excedes,
que en este ciego aposento
tienen ojos las paredes.
¿Quién es? ¿Habla Montano el preso?
Él sin duda me quita
la gloria de este suceso.
Pura, casta margarita,
moza en la edad y en el seso,
acércate a la prisión
donde estoy aherrojado,
no formo una traición.
y como mi prelado
échame tu bendición
que eres salud y alegría
del pueblo que enfermo estaba
por ti ha visto Francia el día
que como infiel rehusaba
y como enferma temía
ya ha visto la redención
del pueblo y la luz que espera
y a no durar mi prisión
el Nunc dimittis dijera
del antiguo Simeón
mi padre es este
oh querida
mitad del honesto amor
de tan preciada venida
quién te puso aquí señor
el verdugo de mi vida
trújome a esta oscuridad
adonde el rey me condena
oh tirana majestad
que aun en lugar de esta pena
me descubriese su crueldad
perdiéndome voy
creía
que muerto a sus manos fueras
vivo y con mayor alegría
pues a buscarme qué esperas
y a esa enemiga mía
suspenso estoy en mirar
tan peregrino suceso
mas a quién no ha de admirar
porque un viejo flaco y preso
me pudiese libertar
estás escandalizado
del amor que esta mujer
tan de veras te ha mostrado
pues bien te puede querer
que es amor casto y honrado
con la lengua venenosa
no desaires la verdad
que en ser verdad me es odiosa
que desengañas
la amistad
de su madre sospechosa
vase Satanás.
voyme vencido y confuso
no en balde naturaleza
tu amor por blanco me puso
que en ser amor sin torpeza
me justificó y excusó
el viejo que de la cueva
te enseñó tesoro
es este
basta por prueba
El alma que me llevó,
pues solo un hijo la llena.
¿Es ese aquel que criabas
cuando la vista me diste?
Con la leche que le dabas,
como honesta me quisiste,
pues como a madre me amabas.
Dame los brazos agora,
y tú las manos, abuelo.
¿Quién de contento no llora?
Inmensas gracias al cielo.
Será mi madre y señora.
Pero quédate entretanto
que yo mi oficio ejercito,
y enjuga a tu padre el llanto.
Baste.
¿No ves que es delito
ser pastor y dormir tanto?
Agradezco tu piedad.
Pues no te vayas.
En irme
procuro tu libertad.
¿Vas acaso a redimirme
de aquesta cautividad?
Éntrase Remigio.
¡Cómo me aparto de ver
el único mayorazgo
de mi gusto por mi ser!
Dame albricias en hallazgo.
¿Qué te he de dar?
De comer.
Que porque las penas mías,
que van en disminución,
crezcan con mis agonías,
me dan en esta prisión
un pan para treinta días.
Pues traerte he de comer;
espera, padre.
No espero,
si te vas, que has de volver;
que esta prisión donde muero
será laberinto ayer.
Pues no tengo aquí manjar.
Tieneslo y dices que no:
tu pecho me puedes dar,
que a quien ayer me alumbró
hoy me puede sustentar,
que no es pan inconveniente,
ni se tendrá por prodigio,
que franca y pródigamente
luego que crió a Remigio
alumbre y después sustente.
Padre, no es posible hacer
esa piadosa franqueza,
que el pecho de la mujer
no le da naturaleza
sino cuando es menester.
No te será de provecho
para tu necesidad,
aunque tanto bien me has hecho,
porque en el paso la edad
seca la fuente del pecho.
No puedo acudirte presto
en este blanco manjar,
que en mis pechos impreso
se acaba con el criar,
porque se dio para eso.
Ingratas prendas de amor
me das, pues que me resistes.
Respondió tu desamor:
pecho, que la luz me diste,
respondedme vos mejor.
Dios vivo, de mí adorado,
el remedio me faltó;
aunque de vos confiado,
no pido milagros yo,
sino de necesitado.
Música. Sale del pecho de Celima un caño de leche.
Válgame Dios, ¡qué grandeza!
Recoge esa fuente blanca
donde la naturaleza
se mostró conmigo franca
como te vio sin franquezas.
Distes de una piedra fría
agua a Moisén, ya veis, pecho,
otro tanto a instancia mía,
que también es piedra el pecho
de la mujer que no cría.
Llega, hija, que es justo,
Dios, que a el manjar me aplique,
seré viejo tuyo yo
para que me santifique
leche que a santos crió.
Sale Clodoveo y Ludovico, y cesa el salir la leche.
Para aplacar mi furor,
quiero visitar un preso
por revoltoso y traidor.
¿Quieres verle?
Vengo a eso.
Esta es su prisión, señor.
De aquí saldrá para dar
espanto al mundo su muerte,
que el que no puede vengar
su cólera la convierte
donde le da más lugar.
El duque Emilio me agravia,
páguelo el preso Montano.
Tu resolución es sabia,
que no se llama tirano
el que mitiga su rabia.
Muera el preso.
Hija, mira,
¿quién es el que me amenaza?
¡Y aquí tú!
Pues ¿qué te admira,
si luchan en una plaza
juntos amor y injuria?
¿Qué haces aquí, desleal?
Una piadosa hazaña.
¿Cómo puede saber la tal,
si es el alma más extraña
que vive en cuerpo mortal?
Y pues muy piadosa la hallo...
A ver si dizes verdad,
qué ha sido.
Y aunque a tu despecho
soy rey de su voluntad,
como a rey me da el pecho.
Y aunque la llamas ingrata,
conmigo ha sido tan franca,
pues aunque el pagar dilata
me pagó en moneda blanca,
que es decir: pagome en plata.
Y estoy en el retraimiento
que me dio tu tiranía,
como estoy tan de asiento,
por vivir de casa mía,
deste pecho me sustento.
Puedes sustentarte dél,
que esa tirana fermosa
que se te ha mostrado fiel
y es para todos piadosa
cuanto para mí cruel.
Pero pues solo previenes
el premio que a mí me deue,
para que dél no te prives
tu vida será tan breve
que ya eres muerto aunque vives.
Y aunque tan cruel nací,
que no pare fieras Libia
que se comparen a mí,
solo te mata la inbidia
porque la tengo de ti.
¿Sabéis lo que avéis de hacer?
Ya nos tienes advertidos.
Pues no te cansas, mujer,
que un cruel no tiene oídos
si amor los ha menester.
Mira que matas a un hombre
que merece larga vida.
Huélgome, a fe de mi nombre,
que una mujer homicida
de que yo mate se asombre.
Padre, espera,
que con el dolor de verte
ves bien que tu hija muera.
No me aplacará una muerte
aunque la del mundo fuera.
Éntrase Celima y sale Remigio
Tu Jonás soy, Francia, escucha,
antes que un diluvio llueva,
aquesta Nínive nueva
que contra mis voces lucha,
aunque parece simpleza,
Remigio, aunque te desveles,
querer que haya miembros fieles
en idólatra cabeza.
por ti por tu culpa Rey
pierdo lo que se predica
porque lo que el rey pratica
aquello dicen que es ley
mas si el ejemplo real
enfermare en mi rebaño
protesto pedir el daño
en juicio universal
que protestas o que pides
lo que querrás algún día
y escucha esta profecía
Rey de Francia y no te olvides
si siguieres el partido
de Ario y te bautizares
vencerás si peleares
y si no serás vencido
venceráte un capitán
tuyo y al fin de la guerra
se despoblará tu tierra
con necesidad de pan
que presto engañar me dejo
Dios sabe que no te engaño
pero contra aqueste daño
mira lo que te aconsejo
junta el trigo que pudieres
conque tus daños mejores
pagando a los labradores
lo que dellos recibieres
el consejo es de importancia
seremos en una unión
tu Rey nuevo faraón
yo nuevo Josep en Francia
y no presumas que espero
por esto premios humanos
que no tengo doce germanos
ni tú preso tu copero
no quiero en el Reino egipcio
pompa triunfo ni trofeo
tu salvación Clodoveo
y no otros Reinos codicio
Cerca estás de conseguirla
tales frutos se te deben
porque tus palabras mueven
y tu virtud maravilla
o para que resucite
en Francia otro capitán
Josep tú recoge el pan
para que en eso te imite
Entranse y salen Emilio de villano y Juan
Que a mil daños te aventuras
Emilio en querer sacar
examen de tus venturas
ni tengo celos de lugar
sus riesgos tiénenme a escuras
téme, si soy conocido,
que llave demonizado,
mas un celoso ofendido,
que no parará deshonrado,
y le añade el ser marido,
déjela en poder de aquel
que las trata y ama;
ella esclava, señor él,
yo olvidado y ella dama,
muchas partes para infiel.
En fin, que ya te desvela
tu primera esposa bella.
Quise, adrede olvidela,
y he aborrecido della,
conocí su fe y ámela,
y como ingrata querida,
no quiso quererme bien,
olvidando a quien me olvida,
tras la del amor, en quien
se precia de agradecida.
Mucho me huelgo de verte,
Omiro, de esa opinión.
En fin, la razón es fuerte,
y si hay amor, es razón,
es fuerza vencer la muerte.
Entrará en remesas, y
entre los que llevan pan.
Jamás, gran duque, entendí
que te viera tan galán,
cuanto olvidado de ti.
Sírvete destos caballos,
goza agora de paseos.
Luego no quieres llevalos,
si no me combaten celos
y solo quiero atajallos,
que fuego suyo es crüel.
Como quieres bien, no temes.
Vámonos, Juan, mi fiel,
adonde los fuegos dentro,
aunque quemasen en él.
Entran Silvena y matrona por las gradas.
No ha de aver clemencia en mí,
nadie clemencia me pida.
La cruel trompeta oý,
y cansóme aquesta vida.
Hasta a los que la sufren,
Juan, afean tu mandado,
llevan el viejo desnudo
con aquel semblante honrado.
que tanto en un tiempo puedo
mas no es bien de bien pasado
lloran, sí, onbres y mujeres,
que todo el mundo te adora,
ya llorarás si vieres
que entre ellos su yja llora
que es esclava, ¿qué quieres?
¡Oh, sequedad de mi enemiga,
hija de montaña!
Pero ¿qué ynporta que diga
el mundo que soy tyrano,
si con yngratitud me obliga?
Entrase Limaya. Ludivico asse al Rey.
Ya basta tanta crueldad,
ynclito Rey Clodoueo,
que murmura la ciudad
de ver tan tyranos deseos
contra una cansada edad;
muestra en esto tu grandeza.
En bano, mujer, me obligas,
supuesto que a mi fiereza
que es la yja del traydor
he mandado cortar la cabeza.
esta en mis conbites danza,
y asy este favor les hago,
no por que goze venganza
sino por que sienpre pago
con sangre cualquier mudanza,
y aun que no puede caber
mudanza en un príncipe que es,
quiérote yo agradecer
lo que as por mi muy bien fecho,
lo que más queriendo hacer.
Entra Emilio con unas tacitas y un botedillo.
Pienso que el engaño entiendo,
negro de beuer me dan,
no basta daros el pan
sino que vamos destruyendo.
¿Donde esta la panadera,
mi esposa con mis enemigos,
por que junta tan testigos,
es la reyna mas adera,
y del Clodoueo infame?
Remigio, el Rey se hace...
Pues endílgame la taza,
si quieres, o descárgame.
Tiene donayre y razon.
Si, pero ya se me acabo.
¿Por que?
Por que cuando entraua
me di un muy ruin tropezon.
Bien te puedes entretener.
¡Aupa, cuando mas seguro
en chicana ande el zorro,
que es del color de lucifer!
En gusto menguante veo
a estos enderezgos de ay,
que lloras auer por de mi,
ques no es la sangre de seco.
Vos sois malcondicionada,
que a fe que yo no dejara
llorar a tan buena cara
si le fuera aficionada.
¡Que bien sabes de aficion!
De otros eso me alegro.
¡Pardios, que tornas mas negro
que una tinta de caracol!
Vauela ay, Dios le guarde.
Vete enemiga jurada,
que no nos la despida,
o a de llamarla a la tarde.
En fin, ¿no a de auer clemencia?
¡O yngrato, clemencia pides!
¡Arde camisa de Alcides
asta acabar mi paciencia!
Dame la mano, siluestre,
que la mia te leuante.
Eis de decir: salve el infante,
o que perdiste de veras.
A tan grandes cortesias
haga segunda siquiera,
a no ver que muriere
quien tuuo tal osadia.
Mano me pides a mi,
no se con que fundamento,
pues ni solo un pensamiento
e tenido para ti.
Por mi padre te e rogado,
mas no me mando te pida
tan breue tiempo de vida,
tan a mi costa comprada.
Entrase Celima.
Buen modo de proceder.
Decíanme mis esperanzas,
que era la mujer mudanza.
La honesta hace mujer.
Corazón, si te rebelas,
grandes descargos te dan.
¿Qué dices?
Que traigo un pan
blanco como unas candelas,
y aunque tenéis preveído
que a precios justos se dé,
os juro que no pensé
vendello tan bien vendido,
que no hay en danza amistad,
lazo que no se deshaga
cuando la hacienda se paga
con buena seguridad.
A tal ley hoy procedes.
Hemos para pagar.
Mi trigo voy a ganar.
Entrase Emilio.
Sus esperanzas enluten,
pues solo con rigor se espera.
De prisa, ¿quieres que muera
o perdonalle?
Ejecuten.
Tocan cajas dentro y dicen "libertad, libertad".
Caja dentro en la ciudad.
¿Quién se atreve contra el rey?
Dentro dicen:
¡Viva Remigio y su ley,
que predica y la verdad!
Dentro gritan "libertad", y salen Aurelio y menaguillos con banderas, y Flora.
Los niños fieles de Francia,
que vivimos con Remigio
en la ley sagrada suya,
mediante el santo baptismo.
Visto que la gente noble
de quien los más somos hijos,
por no perder sus estados
sirven en secreto a Cristo,
venimos a darte cuenta,
¡oh, rey de nuestros designios!
La mayor parte de Francia,
con el santo patrocinio
en quien Dios su inmensa esencia,
sustancia y ser infinito.
Porque Nemes famoso,
de Nemes dirás obispo,
tiene llenas de cristianos
las orillas de los ríos,
como otro Santo Bautista
está llamando al bautismo
desde que nace el aurora
hasta cansarse contino.
Todos le siguen en Francia
y así nosotros venimos,
no más de a darte la nueva
si no quisieres seguirlo,
mil y quinientos infantes
pobres de edad, pero ricos
de valor, porque son fieles
armas de poner un sitio.
Y yo aunque el menor de ellos,
soy su capitán indigno,
Lorenzo, por el primero
en las nubes del Olimpo,
mientras va clavándose en árbol
adonde el figurativo
cordero se da a los hombres
aquí muerto y aquí vivo.
Y soldados somos nobles,
pero venimos con bríos
de derramar nuestra sangre
y hacer temer la de Cristo.
Pocos somos, y a ser tantos
como los que en desvío
Mártires de nuevo en Francia,
llorará Raquel sus hijos;
mas ¿de qué sirven palabras?
¡Al arma, soldados míos!
Que de por Dios y hombre
mueran sus enemigos.
Entranse los niños.
Guerras civiles levanta
Francia por la religión
nueva que Remigio planta.
No me espanta la ocasión,
la temeridad me espanta.
¿No tienes cuarenta mil
hombres prevenidos en Remes?
Sí, pero son gente vil.
Sea invencible, ¿qué temes?
Esta rebelión civil
tratemos de apacigualla,
que estas tropas veo cerca;
pues acá su fuerte muralla
el duque Emilio se acerca
para darme la batalla.
No dices en eso mal.
Sígueme como soldado,
sígueme como leal.
Muera el pueblo alborotado,
y viva la paz real.
Entranse. Músicas, y se descubre una fuente, y Remigio de obispo con una taza llena de agua en la mano.
Los que me ven junto al río,
que no dudo que dirán
que soy otro santo Juan
o que su oficio es el mío.
Aunque por muchas razones
me diferencio al primero,
que si bautizó cordero,
yo bautizo leones.
Venid, francos, venid;
si queda sediento alguien
a la fuente de mi bien
que se le antojó a David.
Venid, los que a Elis dones
supiste temerariamente
pararéis la corriente
sobre el monte de Elises,
Venid, los que a esta comarca
pretendéis edificar,
el Jordán, que se abrió al hacer.
Mas aunque no en balde hoy
voces, clamores y gritos
da el Vaticano infinitos,
descansaremos aquí.
Dentro suena una voz recia, y apariencia detrás de un velo que se descorra.
Ya es tiempo que restituya.
¿Quién me habló?
No te escandalices, no.
Ah, sé que son voces tuyas.
De Francia salió huyendo,
cual del arca la paloma,
mi cruz cuando vio en Sodoma
del fuego el humo horrendo.
Atrás aplacado el fuego,
restitúyela al francés.
Descúbrese con música una imagen donde está la cruz que Cristo sacó al principio.
Que es del sagrado bauprés
en que seguro navega,
la piedra de toque aguarda,
adonde los dos metales
de quilates desiguales
se vio el fino del bastardo
que se pudo descubrir
en el retoque divino,
un mandar reinos el fino
y el bastardo por error.
Mas ya se ve descubierta
la leña del inocente
Isaac, a quien comúnmente
llaman todos puerto y puerta,
y en esta calidad,
del santo madero alcanzó,
pues es puerto de esperanza
y puerta de libertad.
Es extremo de hermosura,
el oriente de la luz,
que es tu piedra, puerta, cruz,
vamos a mi patria oscura.
Va a tomar la cruz y desaparece
Mas ¿qué admiración me obliga,
cosa tan extraña y nueva?
Huyendo vais, ¿qué nos lleva,
de balde que yo os siga?
Con rigor justo concedo
que os siga mi afición,
no como siguió a Absalón
Joab, sabe Dios, no puedo.
Podráme el mundo llamar,
pues no alcanzo lo que espero,
nuevo Tántalo, que muero
de hambre viendo el manjar.
Si este bien no se me debe,
y admitís otro, desciende,
o me quieras como pruebe,
que con tantos triunfos lleve.
Pues no pareciera mal,
antes como deudo entrara,
si como pastor llevara
el báculo pastoral.
Pero ya os entiendo bien,
yo mudaré de librea,
que es bien que me guio, se ve,
nació en Jerusalén.
Ya os puedo seguir con esto
yo me desprenda de Dios,
que de que comeréis ambos
no gozarás salud, apuesto.
Entrase, tocan cajas, sale Clodoveo y guiando Ludovico con bandera, y detrás de él los niños, como antes con primera bandera.
Con nueva seguridad
entro en esta nueva guerra,
pues me hacéis amistad.
Entra y vence.
Francia cierra.
Descérquese la ciudad.
En fin, os he prometido
que, en acabando esta empresa,
seguiré los partidos.
Rey, tu justa deuda es esa.
Sí, mas soy deudor fingido,
solo para asegurar.
Vos al conde traidor
me prometéis castigar;
mas si salgo vencedor,
y os he a todos pagar.
Dentro cajas.
El enemigo ha tocado.
Que no se cierre la muralla;
baje al pueblo cerrado,
que quiero dar la batalla
cuerpo a cuerpo y no cercado.
¡Ea, nobles, ayudadme!
Enarbola la bandera.
Y acude cuando te llame.
¡Viva Clodoveo y muera
su competidor infame!
Entran Ermengildo y Juliano, y acompañamiento.
De Remos abren las puertas
y nuestro enemigo sale.
Juegúese en campaña abierta,
porque su sangre resbale
cuando la enemiga advierta.
Asegúrate, si temes,
de otras mayores empresas,
que yo pondré, sin que tremes,
abiertas treinta cabezas
en treinta mesas.
Divídense los ejércitos.
Ya veo el poco poder
con que mi enemigo viene.
No todo el mundo ha de ver
el poco poder que tiene
el que me piensa vencer.
Acométase.
Acometa
el ejército, vasallos.
que ya la alegre trompeta
los españoles caballos
muy estremos y inquietos
a que es menester mostrar
bríos de vándalos fuertes
que os he de ver pelear
famosos en todas suertes
que es un morir triunfar
vuestra patria defendéis
a vuestro Rey y su valor
Tocan al arma dentro
dense los espantos
ya veo el poco poder
con que mi enemigo viene
notorio el miedo, sabe
el poco poder que tiene
que ya me pienso vencer
acometase
acometa
el ejército vasallos
que oficio es de capitán
dar ánimo a los soldados
mas los que conmigo están
haceos tan esforzados
que ellos a mí me le dan
pero si acaso os faltara
sé que venceréis conmigo
y en la lid aprenda cara
pues en la del enemigo
vais a la muerte de cara
no hay sombra aquí de temor
que en uno caiga a las manos
del bando romano
que al escuadrón cristiano
apoderado de Francia
anticipen los alardes
retumban los atambores
cuál querréis de dos partidos
ser temidos vencedores
o temerosos vencidos
vencer es justo deseo
y el premio
de honra
y de interés
a trofeos
pues ya os llama el atambor,
todos a una, Emilio.
Clodoveo.
acometense los ejércitos, y los de Clodoveo se retiran huyendo, y se entran yendo
¡Ah, mucha flaqueza mostráis,
pues las espaldas volvéis!
deteneos, ¿dónde vais?
que cuanto ganado habéis
en un hora de ventura,
perdido soy, deteneos.
¡Oh, cobarde rey, infame casta!
saquead a Chilpericos,
que solo un Emilio basta
para cien mil Clodoveos.
De esta Cristina me quejo
que a tal tiempo me ha traído.
Emilio con su gente se entra
La necesidad es pozo
de remedios, me ha traído
un saludable consejo.
ya te es notorio el estado
en que nos tiene fortuna,
ni campo desbaratado,
ni se ve bandera alguna,
ni se tiene en campo soldado.
Huyendo van los caballos
con las priesas del temor,
síguenles animallos,
ve el remedio mejor,
vencerán tus vasallos
si alzas la bandera
con un rapaz de dos años.
Recibida aquella ventura,
no esperes más desengaños,
sino en su virtud espera,
mírase arder encendido
ese estandarte sagrado,
que de tu campo vencido
sin recelos te ha librado,
y aun muerto se ha defendido.
Este Sansón ha de darte
la casi perdida gloria,
de que gane de su parte,
te prometo la victoria
si prometes bautizarte.
que a un navegante a quien la nave rota
de en medio de su armazón ofendida
con ansia justa de salvar la vida
hace largas promesas y grita,
en este mar de sangre que alborota
la voluble fortuna mi homicida
con verdadera fe, no fingida
a vos que nos dais mi victoria, grita:
Prometo con solemne juramento
si salgo vencedor desta querella
haceros adorar en premio della
y en virtud del divino sacramento
do la culpa original se asea
daros el alma tan pura y bella.
Dentro victoria, vencedores.
¡Oh santa victoria!, dicen por ti,
no dudad, no, de este pecho,
que en cuanto bien prometí,
pues en fe de una promesa
cuando vencido vencí,
si esto es cierto, me bautizo.
Entran los suyos.
No huyas, Rey, responde
al que vencedor te sigue.
Dentro.
¡Victoria, Francia, y muera el suevo!
que oiga tu rey el acento.
Los soldados de Clodoveo, sangre rebosando,
lucen los despojos de la guerra
a ofrecer en la ciudad.
¡Oh defensor de mi tierra!
Los escuadrones como alados
que al entendimiento aterra,
marchando salen al campo
vencidos notoriamente,
sin picas los hombres de armas,
sin caballos los jinetes.
Cuando en un punto vimos
los escuadrones, no gentes,
rompiendo el aire briosos
a atemorizar gentes,
pusiéronse a nuestra parte,
con tanta furia arremeten,
que los vencedores antes
vencidos y muertos temen.
con tanta priesa pelean,
con tal astucia revuelven,
que entre infantes y caballos
los jinetes no parecen.
No son soldados romanos,
porque las hermosas sienes
en lugar de fuertes armas
ciñen de verdes laureles.
Dio una voz el uno dellos,
que era capitán o alférez,
al apellido Clodoveo,
y aunque rendido vence,
desaparecieron todos,
y los rebeldes franceses
en nuestra prisión quedaron,
haz dellos lo que quisieres.
Venciste, Rey Clodoveo,
pero si es propio de Reyes
pagar promesas humanas,
pago a Dios lo que le debo.
Las crueles llagas de armas
espadas y lanzas se truequen,
y ofrezca cera en altares
quien ofrecía acero siempre.
Franceses, ya soy cristiano,
llevadme al sagrado preste,
y en la fuente del bautismo
la cara me lavaréme.
Acompáñeme al teatro
desta comedia solemne
todos los fieles del reino,
que no quiero sino fieles.
Córtenme una ropa blanca
abierta de la izquierda verde,
para que mis esperanzas
en mi inocencia campeen.
Apadríneme la Reina
con acordados deberes,
que a quien da tales consejos
tal oficio se le debe.
De los cimientos grandes, que
los mejores títulos y bienes
que de Dios maginarse
también estos conceden.
Llevarás en mi bautismo
el estandarte que suele
en nuestras armas reales,
que honra los actos solemnes.
y mi alférez Ludovico
llevó de plata, y en él llevé
mi voluntad y la ofrenda
del agua que dispone Remigio.
Ese favor agradeces,
señor, y mil años reines,
pues como nuevo Alejandro
honras los daños que vences.
Vamos a ese bautismo,
que las tenidas comience,
y desde agora este reino
goce de cristianos reyes.
Bautizan y cantan la letra.
Ciña el Joseph de Francia
mayoral de las riberas,
a quien salvador de Francia
llaman, y a París sus banderas.
Hace un arco transombras,
viendo agostadas las hierbas
del rocío del cielo
apacentar sus ovejas.
Entra Joseph en efigie,
victorioso y con el cetro,
ya que no Jacob su padre,
a lo menos que se ofrezca.
y así la tenéis guardada
cuando vos de aqués venís
como vasija cascada
acompañamos los dos
la cruz santa pero en eso
habéis llegado a ser vos
vaso quebrado en la mesa
donde quebró el suyo Dios
envidia os tengo cordero
blanco de veras me asombro
pues vos como el verdadero
Apolo su cruz al hombro
hacemos espaventero
aunque quedo muy atrás
pues con pasos espantosos
harán memoria de jamás
hago lo menos le paso
vos hacéis lo que es más
veisme de la misma suerte
que al cordero soberano
con santa envidia fuerte
por morir vos de la mano
me arrebatasteis la muerte
en todo he quedado falto
y en lo que en esto resalto
al pie del monte me quedo
y vos subís a lo alto
Hijo de mi corazón
ya os di el adiós para verme
en morada dilación
porque llegase mi muerte
junto con vuestra bendición
pues la debéis a mi amor
no temo a dificultad
con tantas prendas de honor
si algo tengo dejad
hacéis oficio de pastor
para que ya no pierda
la ocasión de mi amistad
de nuestro deudo te acuerda
aunque mi poca amistad
no me ponga a tu mano izquierda
tuya casto serafín
las manos para cumplirme
este deseado fin
sirvaos de bendecirme
y acabad ya y separarme
Antes vos será razón
que me bendigáis a mí
que presente el de Asur
dio Dios un reino de ay
dad vos una bendición
El mayor sois de los dos,
estáis enfermo en la cama
que trujo por cama Dios,
permitidme, pues os llama,
la bendición a mí vos.
La petición se concede,
pues hijo en amor te crie,
y así porque esto crece,
mi corazón te bendice,
y aunque mi mano no puede.
Mas, ¿cómo en esta figura
vienes a tu yglesia
a dar embajada segura?
Por la devoción que tengo
a esta insignia santa y pura,
mándame Dios acudir
agora a su sagrado altar
con la cruz.
Puedo decir
que ya que al calvario
habéis de ir.
Entra Zelima
Por ver a mi padre muerto
por mil muertes pasaré.
Y te agradezco primero
que a esta obra de fe,
que en buscarme has descubierto,
por Dios premiada esté,
pues por buscarme has hallado
de Dios más bien en él dado,
y que tuvo madre jamás.
Haces órgano a los dos,
que de espanto han quedado
ver a él mi, y a mi vos,
porque a entrambos tendrán celos
quien se le atreviere a Dios.
Los dos me habéis asombrado
de ver en uno y otro traje,
ver a Dios tan imitado
que me parece el retrato
al vivo retratado.
Pero con amor piadoso
limpiaré, pues así es,
este tu rostro sudoso,
y a ti los sagrados pies.
Lavaré tus polvorosos
pies, que se ve de dolor lleno,
ya que me ha llegado aquí
amor con pasión o pena,
Verónica para ti,
y para ti, Magdalena.
Ya que os he visto a los dos,
muero contento muriendo,
soberano Padre, a Dios,
a vos mi alma encomiendo.
Que él mismo espira, y de Dios
contento está, y en fe desto
al alma donde Dios fue
y Dios dio el propio puesto,
que si Jacob con su piedra
y su cruz en señal puso.
Dentro música.
Pero, ¿qué serenidad
es esta?
El día
en que muestra esta ciudad
como corte entera
y con más real lealtad.
Bautízase Clodoveo.
Ven a la iglesia.
¡Oh, cielos!
¿Qué falta ya a mis deseos?
Venga el rey, venga, veréis
ya entrar a vuestros paseos.
Entra Clodoveo como el orden lo pide.
Y de mi culpa estado arrepentido y
de tu ley santísima enseñado,
vengo a pedirte, rey, inocente estado
que por mi ignorancia he perdido.
¿Qué es lo que pides?
El bautismo pido.
¿Quieres ser cristiano bautizado?
Adoro a Dios, y quiero su bautismo.
¿De quién lo quieres?
De Remigio mismo.
Pues si le deseas tanto,
para la iglesia te entra,
y te bautiza entre tanto
en nombre del Padre, y Hijo
y del Espíritu Santo.
Y ya eres cristiano.
Serélo
fielmente.
Yo lo aseguro.
Dentro todos.
El mismo cielo
te promete, rey puro,
por estos pasos tan buenos.
Aparécese un ángel con una re- doma de óleo con música.
Mostrad águila caudal ,
reina de todas las aves,
que no ha parecido mal,
que con embajadas graves
venga un águila real
con el óleo saludable,
porque perseveres firme.
Hago esta unción admirable
y porque hasta la muerte
desta fazaña se fable.
Deste alto sacro e misterio
que el hombre más de importancia
unja en su coronación
a cualquiera rey de Francia.
Levanta, nuevo cristiano,
que ya es miembro de Dios.
Danos la sagrada mano,
besaremosla los dos.
En Cristo soy vuestro hermano.
Porque se acabe de ver
su grande ánimo en premiar.
Una merced me has de hacer.
Di cuál.
Tú me has de casar
y tú me has de dar mujer.
Es cosa.
Dame a esta esclava.
Mira que es mujer villana.
Aunque en tal hábito estraño
tiene valor y nobleza.
Y mi desdicha se acabe,
que el gran duque, mi marido,
¿Es tu esposa?
Ya lo he sido.
Y al fin pague o satisfaga
lo que tengo ofendido.
Haces lo que yo esperé
más que a un ciego me espanto.
Mi mano os doy y mi fe.
Y yo os doy un hijo santo.
En este parto de fe
Indias se me han descubierto
riquísimas para mí.
Ya el corazón abierto,
mi propio hijo, vení.
Hazaño caso por cierto,
sea, Emilio, parabién
del hallazgo de la prenda.
Es justo que me le den.
Aun, aunque veis, os ascienda,
como sois honor también.
Solo falta sepultar
a un amante verdadero
a quien se visto matar.
El siguiente texto hasta el final de la columna izquierda está tachado en el manuscrito
Martín, ¿qué perdones, perro?
Fácil será de alcanzar.
¿De qué queréis monumento?
¿De jaspe o queréis mármol?
Hazañoso acontecimiento,
cargado se mueve el árbol
mas con flor y agua que un viento
vuelve por su invención a su
con montano.
Comienza la columna derecha
Sí, vamos, si por ventura
nos señalara el lugar
donde quiere sepultura.
Dadme bolsa para dotar
mi prenda divina y pura,
que en entierros de importancia
luces se lleva y luz se enciende.
Gran senado, a cuya instancia
hoy de este punto se entiende
el nuevo Joseph en Francia.