Tobías
Anciano hebreo, padre de Tobías e hijo espiritual de la caridad, cuya fidelidad a Dios lo lleva de la privanza con Senaquerib a la pobreza, la mendicidad y la ceguera.
Francisco de Rojas Zorrilla
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Asiria, durante el cautiverio de los hebreos y bajo el reinado de Senaquerib, el piadoso Tobías y su familia pasan del favor cortesano a la persecución, la desnudez, el hambre y la separación por mantenerse fieles a Dios y a su pueblo. Mientras el anciano Tobías mendiga en Nínive, pierde la vista y persevera en la caridad, Sara, en Rajés, ve morir a sus pretendientes y maridos libidinosos, hasta que sus oraciones y las de Tobías son escuchadas por el cielo. En el desenlace, el joven Tobías viaja con Rafael disfrazado de Azarías, obtiene la mano de Sara, vence a Asmodeo con las entrañas de un pez y vuelve a Nínive para curar la ceguera de su padre y restaurar a toda la familia.
La obra presenta primero la situación de los hebreos cautivos en Asiria y el contraste entre su miseria y la prosperidad del reino opresor. Gabelo, empobrecido, maldice los campos asirios, mientras el anciano Tobías le exhorta a la paciencia, le presta diez talentos y le recuerda que la limosna y el préstamo al necesitado son una forma de devolver a Dios lo recibido. A continuación se muestra la casa de Tobías, donde su esposa Ana y su hijo, también llamado Tobías, participan de la misma piedad: ella visita enfermos, entierra muertos y reparte limosnas, y el joven declara su amor honesto por Sara, hija de Raguel. El rey Senaquerib, que favorece a Tobías pese a ser hebreo, entra en escena y sostiene con Tobías, Ana y el hijo una disputa religiosa sobre la verdad de Dios frente a los ídolos. Aunque el rey se irrita por la franqueza de Tobías, termina perdonándolo y decide llevar consigo a la familia en la campaña contra Jerusalén. Paralelamente se introduce a Sara, pretendida por dos jóvenes de distinto temple: Josef, que la desea por su hermosura, y el joven Tobías, que la ama por su honestidad y con intención casta. Cuando Tobías decide huir para ayudar a su pueblo y escapar de la futura ruina, Senaquerib descubre la desafección de la familia, los acusa de traición y los castiga cruelmente: manda desnudarlos, separarlos y abandonarlos a la intemperie y al hambre por distintos montes, de modo que cada uno padezca por sí solo.
La segunda parte desarrolla los trabajos sufridos por los personajes dispersos. El anciano Tobías, reducido a mendigar, recibe ayuda clandestina de un asirio compasivo y después se reencuentra con Ana, que también busca sustento de casa en casa. Aunque ambos han caído en extrema pobreza, Tobías persevera en su confianza en Dios, sigue compartiendo el poco pan que tiene con otros pobres y convierte su miseria en ocasión de caridad. En una escena decisiva, un excremento de golondrina le cae en los ojos y queda ciego; lejos de desesperarse, interpreta su ceguera como voluntad divina. De modo paralelo, la acción se traslada a Rajés, donde Raguel dispone el matrimonio de su hija Sara con Josef. El muchacho, dominado por un deseo impaciente, rechaza la continencia y los actos de agradecimiento a Dios; ya en la cámara nupcial, el demonio Asmodeo, ejecutor del castigo divino contra la lujuria, lo mata. Más adelante se conoce con claridad que Sara ha visto morir ya a siete maridos por la misma causa. También el joven Tobías llega a Nínive acompañado por Azarías, que luego revela aparte ser el arcángel san Rafael enviado por Dios para asistirlo. Allí oye falsas noticias sobre la muerte de su padre, de su madre y de sí mismo en boca de un soldado, que resulta ser el propio anciano Tobías sin ser reconocido de inmediato; tras ese cruce doloroso, padre, madre e hijo se reúnen y lloran juntos la ceguera y los padecimientos del viejo. Finalmente, la obra muestra en paralelo las oraciones de Tobías y Sara: ambos piden a Dios con humildad, y dos ángeles descienden a escribir sus súplicas, señal de que el cielo las ha escuchado.
En la tercera jornada se encamina la restauración. Ya en casa, el anciano Tobías, ciego y pobre, mantiene intacta su rectitud moral, discute con Ana por la compra sospechosa de un cabrito y decide enviar a su hijo a Rajés para cobrar los diez talentos de Gabelo. Antes de partir, le da un extenso conjunto de consejos sobre la limosna, el trato con pobres y poderosos, la prudencia, la modestia y el temor de Dios. El joven sale con Azarías y con el perro de la casa; en el camino, el compañero le explica la virtud medicinal y espiritual de las entrañas de un pez que habían tomado del Tigris: el hígado sirve para ahuyentar demonios y la hiel para curar la vista. Llegado a Rajés, el joven Tobías encuentra a Gabelo, que no puede pagarle de inmediato pero, conmovido por la generosidad del padre, promete devolver la deuda aumentada. Luego pide la mano de Sara a Raguel. El padre se resiste por el peligro, y Sara misma teme otra muerte, pero el joven insiste en la pureza de su intención. Celebradas las bodas, Tobías se retira a orar y, con ayuda de las indicaciones de Azarías, quema el hígado del pez. Asmodeo comparece para impedir la unión, pero el humo lo debilita; Rafael lo vence y se lo lleva preso, mientras Tobías queda a salvo y la boda se consuma legítimamente. Con Sara, Raguel y otros acompañantes, el joven regresa de forma prodigiosa a Nínive. Allí aplica la hiel del pez a los ojos de su padre, que recobra la vista. Se restablece la familia, Gabelo llega para pagar, y Rafael revela por fin su verdadera identidad angélica antes de arrastrar a Asmodeo al abismo. La obra concluye así con el premio divino a la paciencia, la castidad y la caridad perseverante de Tobías y Sara, después de los muchos trabajos padecidos por ambos linajes hebreos en Asiria y Rajés.
Anciano hebreo, padre de Tobías e hijo espiritual de la caridad, cuya fidelidad a Dios lo lleva de la privanza con Senaquerib a la pobreza, la mendicidad y la ceguera.
Joven hebreo, enamorado castamente de Sara, que viaja a Rajés, cobra la deuda de Gabelo, se casa con Sara y actúa como instrumento de la restauración final de su casa.
Hija de Raguel, modelo de honestidad y recato, perseguida por una desgracia matrimonial que solo se resuelve con la unión legítima y casta con el joven Tobías.
Esposa del anciano Tobías y madre del joven, mujer piadosa que socorre pobres, busca trabajo para sustentar la casa y comparte los trabajos de la persecución y la miseria.
Arcángel enviado por Dios, oculto bajo figura humana, que guía al joven Tobías, le revela los remedios del pez, vence a Asmodeo y hace posible el desenlace feliz.
Rey de Asiria, favorecedor inicial de Tobías pero enemigo del pueblo hebreo, cuya ira desencadena el castigo, la dispersión y los trabajos de la familia.
Demonio que, por permisión divina, mata a los maridos indignos de Sara y combate al joven Tobías hasta ser vencido por Rafael.
Pariente y deudor de Tobías, primero necesitado y socorrido por el anciano, y después pieza importante en la recuperación económica y moral de la familia.
Padre de Sara, hebreo de Rajés, afligido por las muertes de los anteriores esposos de su hija y finalmente consentidor del matrimonio con Tobías.
Pretendiente y esposo fallido de Sara, caracterizado por su deseo libidinoso, cuya muerte a manos de Asmodeo ejemplifica el castigo de la lujuria.
Capital asiria donde viven Tobías y Ana, se ejerce el poder de Senaquerib, se padecen la pobreza y la ceguera del anciano, y se produce la curación final.
Ciudad de los medos vinculada a Gabelo y a la casa de Raguel, donde se tramita la deuda, se acuerda el matrimonio de Sara y se resuelve el conflicto con Asmodeo.
Espacio del favor político y de la disputa religiosa, que se transforma en lugar de acusación y origen del castigo contra la familia hebrea.
Parajes a los que Senaquerib manda llevar desnudos a Tobías, Ana, su hijo y Sara, y que simbolizan materialmente la separación, el hambre y la intemperie.
Ámbito doméstico y nupcial en el que Sara ha sufrido la muerte de varios maridos y donde el joven Tobías, con ayuda divina, logra por fin una unión legítima.
Espacio del viaje iniciático del joven Tobías, del acompañamiento de Rafael y del hallazgo del pez cuyas entrañas permiten vencer al demonio y curar la ceguera.
La acción muestra cómo los sufrimientos de los justos no significan abandono de Dios, sino una prueba que culmina en consuelo, salud y restauración.
El anciano Tobías define su identidad por el socorro a pobres, enfermos y muertos, y la obra insiste en que dar al necesitado equivale a responder a un mandato divino.
La diferencia entre el amor honesto del joven Tobías y el deseo impaciente de Josef organiza el destino de Sara y explica la intervención de Asmodeo.
El conflicto entre los hebreos y Senaquerib se articula en torno a la defensa del Dios único frente al culto a los dioses paganos del reino asirio.
Desnudez, hambre, mendicidad, ceguera y destierro funcionan como trabajos que depuran a los personajes fieles y manifiestan su virtud.
La obra da gran importancia a los vínculos entre padres, hijos y esposos, especialmente en los consejos del anciano Tobías y en la continuidad piadosa entre generaciones.