Luzbel
Motor de la acción alegórica, intenta interpretar y combatir las figuras del Mesías, tienta a David y utiliza a la Avaricia y la Lascivia para corromper a Nabal y Abigail.
Pedro Calderón de la Barca
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un paisaje de desierto, monte y campamento militar del Israel bíblico, Luzbel observa a David, a Saúl, a Nabal y a Abigail para averiguar, por medio de figuras, cómo se anunciará el Mesías esperado. Mientras David, perseguido y hambriento, rechaza en el desierto las tentaciones de Luzbel, Nabal, dominado por la avaricia en el Carmelo, niega socorro al caudillo, y Abigail permanece casta y prudente frente a los intentos de corrupción. Cuando David marcha airado contra Nabal, Abigail sale a su encuentro con alimentos y súplicas, obtiene el perdón para su casa y queda revelada como figura de la Virgen mediadora, en una culminación sacramental centrada en la redención, la gracia y la derrota del mal.
La acción se abre con Luzbel arrastrando consigo a la Avaricia y la Lascivia a unas soledades donde quiere servirse de ellas para una nueva prueba. Allí les muestra tres escenas decisivas del mundo bíblico: la soberbia de Goliat abatida por David, la ira de Saúl, que persigue al joven vencedor, y la vida rústica de Nabal y Abigail en el Carmelo. A partir de estas visiones, Luzbel expone su razonamiento: como no puede penetrar plenamente el misterio de la futura Encarnación, intenta leer en figuras y sombras de la historia antigua señales del Mesías esperado. David le parece una prefiguración probable, aunque no definitiva, porque vence la soberbia con una piedra, ahuyenta la ira con la música y llega fugitivo a tierras de Nabal, rico ignorante casado con Abigail, cuyo nombre interpreta como “madre de la alegría”. Entonces transforma los personajes en alegoría: Nabal pasa a representar al mundo colmado de bienes pero falto de entendimiento; Abigail, a la mujer pura destinada a humillar a Luzbel; y David, a Cristo. Para comprobar cómo responderán el mundo y esa mujer al enviado divino, ordena a la Avaricia que posea el pecho de Nabal y a la Lascivia que intente corromper la honestidad de Abigail, mientras él mismo prueba directamente a David en el desierto.
En el ámbito pastoril del Carmelo, la intriga demoníaca comienza a desplegarse. Un cabrero cómico, Simplicio, pone de relieve la riqueza de Nabal y la tensión entre sus criados y la tropa de David, aunque se aclara que el caudillo hebreo prohíbe cualquier saqueo. David, acosado por el hambre y la persecución, decide pedir ayuda en paz antes que tomarla por la fuerza; en ese momento Luzbel, disfrazado de soldado, trata de tentarlo con argumentos que recuerdan las tentaciones evangélicas: le sugiere convertir piedras en pan, arrojarse desde una altura para ser socorrido por los ángeles y adorarle para recibir el dominio del mundo. David rechaza una a una estas propuestas con firmeza, y el demonio pasa entonces a estimular la dureza de Nabal. Bajo la influencia de la Avaricia, Nabal se muestra cruel con pobres, criados y suplicantes, niega el deber de socorrer a los necesitados y acaba expulsando con desprecio al mensajero enviado por David. Paralelamente, la Lascivia fracasa en su intento de manchar a Abigail: ni los cantares sensuales ni el juego alegórico de los colores consiguen quebrar su castidad. En ese juego, sin embargo, se anticipan profecías sobre la venida del Mesías, la caída del hombre, el diluvio y la futura Virgen pura; Abigail destaca precisamente por asociar con naturalidad pureza y virginidad, lo que refuerza su valor simbólico. Cuando llega por fin el emisario de David, Nabal le responde con soberbia y niega incluso el pan que da a sus perros, provocando que David se arme y marche airado contra él.
El desenlace se produce cuando Abigail, enterada de la ofensa, sale al encuentro de David con víveres, música y humildad. Se presenta como esposa compasiva que desea reparar a la vez la necesidad del perseguido y la grosería de su marido, y le ofrece pan, vino, carne y fruta para sustento de sus hombres. Su súplica detiene por completo la cólera de David, que perdona no solo a Nabal, sino a toda su casa por mediación de ella, y pronuncia palabras que ensanchan el sentido alegórico: afirma que, si Nabal fuese el mundo, bastaría Abigail puesta entre ese mundo y su justicia para salvarlo. Luzbel comprende entonces con horror que esa mujer y esos dones encubren un misterio mayor, relacionado con la redención futura. Después Abigail vuelve con Nabal, pero este, lejos de agradecerla, se obstina, se consume interiormente y convierte su rechazo en figura del mundo que desperdicia el remedio ofrecido. Finalmente, instigado por sus pasiones, quiere atacar a Abigail, pero las fuerzas infernales son detenidas en el monte sagrado: Abigail aparece coronada y asociada a fuentes de aguas vivas, a la liberalidad y a la castidad, mientras David queda vinculado a un árbol que es a un tiempo de muerte y de vida y a una descendencia real. La obra culmina revelando que estos personajes eran sombras de una verdad superior: la “segunda Abigail” y el “segundo David”, es decir, la Virgen y Cristo, cuya venida celebran cielo y tierra como cumplimiento pleno de las figuras anteriores.
Motor de la acción alegórica, intenta interpretar y combatir las figuras del Mesías, tienta a David y utiliza a la Avaricia y la Lascivia para corromper a Nabal y Abigail.
Joven héroe perseguido por Saúl, vencedor de Goliat y figura central de la obra; resiste las tentaciones, pide ayuda con justicia y finalmente perdona a Nabal por intercesión de Abigail.
Esposa de Nabal, caracterizada por su pureza, prudencia y compasión; socorre a David, aplaca su ira y adquiere un claro valor de figura mariana y mediadora.
Rico mayoral del Carmelo, rústico e ignorante, dominado por la avaricia; niega ayuda a David y funciona alegóricamente como representación del mundo endurecido ante la gracia.
Figura alegórica puesta por Luzbel en el pecho de Nabal para moverlo a la dureza, al egoísmo y a la negativa de socorrer al necesitado.
Figura alegórica enviada por Luzbel para manchar la pureza de Abigail, aunque fracasa ante su honestidad y castidad.
Rey airado que persigue a David tras la victoria sobre Goliat; su hostilidad desencadena la situación de huida y necesidad del protagonista.
Pastor o cabrero de tono cómico que introduce la vida rústica de Nabal y ayuda a mostrar, desde abajo, la riqueza del amo y el clima de temor y desorden en sus dominios.
Espacio central de la obra, vinculado a los ganados de Nabal y a la aparición de Abigail; allí se desarrolla el conflicto entre riqueza mundana, hospitalidad negada y mediación salvadora.
Lugar de refugio de David durante su huida de Saúl y escenario de las tentaciones de Luzbel, con un valor espiritual de prueba, carencia y espera.
Ámbito doméstico y económico donde se manifiestan la avaricia, la crueldad con pobres y criados y la oposición entre la dureza de Nabal y la piedad de Abigail.
Marco militar inicial desde el que se contemplan las persecuciones, la guerra y la inestabilidad política que rodean a David y Saúl.
Espacio final de revelación, donde la alegoría se eleva, Abigail aparece glorificada y se insinúa con mayor claridad el sentido profético y sacramental de toda la acción.
Toda la obra organiza los episodios de David y Abigail como figuras que anuncian de manera alegórica al Mesías y a María, cuyo sentido pleno se revela al final.
Abigail intercede entre la justicia airada de David y la culpa de Nabal, y su acción anticipa una mediación superior que protege y salva a quienes de ella se fían.
La acción enfrenta la obediencia, la humildad y la fe con la soberbia, la ira, la avaricia y la lujuria, presentadas como fuerzas activas del mal en la historia humana.
Nabal encarna el uso egoísta de la riqueza, la negativa a socorrer a pobres y dependientes y la incomprensión del deber moral ligado a la posesión de bienes.
David resiste las pruebas de Luzbel en el desierto y se muestra constante en su confianza en Dios, lo que lo convierte en modelo de fortaleza frente al engaño demoníaco.
El texto sugiere que la salvación puede ser ofrecida con abundancia y, sin embargo, desaprovechada por quien persevera en su endurecimiento, como ocurre finalmente con Nabal.