Magdalena
Protagonista absoluta de la obra; comienza como mujer hermosa, rica y soberbia, celebrada por sus amantes en Jerusalén, y termina convertida en penitente y santa tras escuchar a Jesús Nazareno.
Antonio Enríquez Gómez (Fernando de Zárate)
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Jerusalén, Magdalena vive rodeada de lujo, pretendientes y festejos, hasta que una visión de la muerte y la muerte violenta de un tribuno en su casa revelan el vacío y el peligro de su vida mundana. Aconsejada por Marta y movida por una visión de Jesús Nazareno, oye su sermón, se arrepiente públicamente, abandona joyas y galas y se entrega a la penitencia cristiana pese a los celos de Ysacar y a la acción del demonio. La última parte transcurre en la soledad penitencial de una cueva y una ermita, probablemente en la región de Marsella según afirma el texto, donde Magdalena persevera como santa, vence nuevas tentaciones y muere asistida por ángeles para alcanzar la gloria eterna.
La primera jornada presenta a Magdalena en Jerusalén como una dama de extraordinaria hermosura, riqueza y poder de atracción, servida por Sabina y cortejada por numerosos galanes de diversa condición. En su casa recibe billetes, joyas y elogios de mercaderes, soldados, nobles y autoridades, mientras ella se muestra orgullosa de ser deseada por todos, aunque afirma no amar verdaderamente a ninguno. La escena principal de este inicio es una fiesta en su honor, con música, versos, banquete y sarao, que convierte su casa en un espacio de ostentación mundana y de exhibición de ingenio cortesano. Entre los pretendientes destacan Ysacar y el tribuno Abiatar, además de otros personajes masculinos que rivalizan por su favor, mientras una figura vestida de negro, identificable de manera probable con una fuerza demoníaca, observa con celos y deseo de alimentar esa vida de vanidad y pecado.
Durante la misma fiesta se produce un primer aviso sobrenatural cuando aparece una figura de la Muerte entre los postres, visión que impresiona profundamente a Magdalena y quiebra por un momento su seguridad. Poco después, un conflicto amoroso estalla de forma abierta: Ysacar y Abiatar se disputan una joya o favor caído de Magdalena y pasan de las palabras a las armas. La pelea termina trágicamente con la muerte del tribuno, y el episodio convierte el ambiente festivo en escándalo y deshonra. A raíz de este suceso, Magdalena queda estremecida; aunque su primera reacción oscila entre el miedo, la vergüenza y la tentación de una salida desesperada, empieza a oír con más atención las referencias religiosas que la rodean. El texto deja ver ya el anuncio de una intervención divina: se habla de Jesús Nazareno, de su próxima predicación y de la posibilidad de que Dios haya llegado al mundo para salvar a los pecadores, de modo que el cierre de la jornada deja a la protagonista suspendida entre su vida anterior y el comienzo de una crisis espiritual decisiva.
En la segunda y la tercera jornada esa crisis desemboca en conversión y santidad. Marta, hermana de Magdalena, la reprende por su soberbia, sus fiestas y el descrédito que ha traído a su linaje, y la exhorta a escuchar a Jesús de Nazareno; Magdalena entonces cuenta un sueño o visión en que contempla al joven Nazareno de hermosura divina, que la llama a oír su palabra y a abandonar sus apetitos mundanos. Aunque vacila entre el deseo de perseverar en el lujo y la atracción de lo divino, acude finalmente al sermón de Cristo, pese a la oposición celosa de Ysacar y a los intentos del demonio por impedirlo. La predicación produce su transformación interior: sale del templo arrepentida, renuncia públicamente a sus galas, joyas y riquezas, invita a otras mujeres pecadoras a seguir el camino de la penitencia y decide buscar el perdón de Cristo con lágrimas y humildad. En la tercera jornada la acción se traslada, según se infiere del texto, primero a una soledad eremítica vinculada a Marsella y luego al momento final de su muerte santa: Sabina y Zabulón, también arrepentidos, la buscan en el monte, mientras Ysacar, alentado por el demonio, intenta recuperarla o violentarla, pero es rechazado y finalmente tocado por la gracia hasta pedir penitencia. Magdalena vive retirada en cueva y ermita, entregada al ayuno, la oración y la mortificación; resiste nuevas ilusiones diabólicas de su antigua gloria y recibe el anuncio angélico de su próxima muerte. Asistida por un ángel y orientada hacia la Jerusalén celestial, entrega su espíritu a Dios, mientras el demonio reconoce su derrota y la obra concluye exaltando la verdad ejemplar de su penitencia y salvación.
Protagonista absoluta de la obra; comienza como mujer hermosa, rica y soberbia, celebrada por sus amantes en Jerusalén, y termina convertida en penitente y santa tras escuchar a Jesús Nazareno.
Principal amante de Magdalena en la acción conservada; sus celos lo llevan a enfrentarse con otros pretendientes, a perseguirla tras su conversión y, finalmente, a quedar vencido por la fuerza espiritual de la penitencia.
Hermana de Magdalena y agente decisivo de su cambio; la reprende por su vida deshonesta, la anima a oír a Jesús y la acompaña en el tránsito desde la vanidad hacia la conversión.
Criada y confidente de Magdalena al comienzo, mediadora en sus relaciones amorosas; después participa también en el proceso de arrepentimiento y aparece en la vida eremítica final.
Criado de un galán en la primera parte y figura cómica de gran presencia; acaba arrepentido, busca a Magdalena en el desierto y sirve de contrapunto burlesco a la materia sagrada.
No domina escénicamente la obra como personaje dialogante en todos los tramos conservados, pero es el centro de la conversión: su sermón, su palabra y su misericordia transforman a Magdalena.
Fuerza antagonista que procura sostener a Magdalena en la vanidad, impedir su conversión y reavivar después sus antiguas inclinaciones mediante celos, engaños y visiones.
Tribuno y pretendiente noble de Magdalena; su rivalidad con Ysacar desencadena el duelo en la primera jornada y su muerte precipita la crisis moral de la protagonista.
Marco principal de las dos primeras jornadas; en esta ciudad se sitúan la casa de Magdalena, el ambiente de galanteo cortesano y el templo donde escucha el sermón de Jesús y se convierte.
Espacio fundamental del inicio, asociado al lujo, la música, los billetes amorosos, los banquetes y el escándalo del duelo que desencadena la crisis de la protagonista.
Lugar de la predicación de Jesús Nazareno y de la conversión de Magdalena; funciona como contrapunto sagrado frente al espacio doméstico de la vanidad.
Espacio central de la tercera jornada, vinculado a la vida retirada de Magdalena, a su penitencia, a las tentaciones finales y a su muerte santa.
Lugar mencionado en la tercera jornada como destino de Magdalena tras su salida de Jerusalén y como ciudad relacionada con la custodia de su cuerpo santo; el texto no permite precisar todos los detalles de ese traslado con total seguridad.
Espacio trascendente del desenlace, presentado como meta última del alma de Magdalena tras su penitencia y muerte.
La obra narra el paso de una vida de pecado público y ostentación a un arrepentimiento radical, expresado en lágrimas, renuncia de riquezas, retiro y mortificación.
La acción insiste en que ninguna culpa queda fuera del alcance de Cristo si hay verdadero arrepentimiento, de modo que la salvación de Magdalena se presenta como ejemplo supremo de gracia.
Fiestas, joyas, galanes y belleza corporal aparecen primero como signos de prestigio, pero la obra los muestra después como bienes engañosos, frágiles y cercanos a la muerte.
El conflicto dramático se organiza como combate por el alma de Magdalena: Cristo la llama a la enmienda y el demonio intenta retenerla en el deseo, el orgullo y la memoria del pasado.
Los amores mundanos generan rivalidad, duelo y muerte, y sirven para mostrar el desorden moral del mundo del que Magdalena debe apartarse.
El desenlace convierte a Magdalena en modelo público de arrepentimiento, capaz incluso de mover a otros personajes a la penitencia y de ofrecer una enseñanza religiosa a los espectadores.