Alejandro
Protagonista de la comedia, joven recién casado, inclinado al juego y fácilmente arrastrado por nuevos deseos amorosos; su caída y enmienda articulan toda la acción.
Antonio Mira de Amescua
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Madrid, poco después de la boda de Alejandro e Isabela, la casa del joven vuelve a contaminarse por el juego y por las visitas cortesanas, mientras una sevillana llamada Ángela y su madre introducen nuevos galanteos y engaños. Alejandro recae en su afición de tahúr, pierde joyas y bienes, corteja a Ángela y llega a tratar con crueldad a Isabela, hasta que su padre organiza varias trazas para recuperar una cadena, cerrar la casa de Ángela a los jugadores y hacerle sentir los celos y el deshonor que él mismo provoca. En la jornada final se aclaran las confusiones amorosas y notariales: Ángela ama a Carlos, la madre acaba casada con Marcelo, Isabela demuestra su limpieza y Alejandro se arrepiente, abandona el juego y restablece la paz de su matrimonio y de su casa.
La obra comienza con la amonestación de un padre anciano a su hijo Alejandro, joven noble entregado hasta entonces al juego y a los amores pasajeros. Para corregirlo, lo ha casado con Isabela, mujer virtuosa y hermosa, y le entrega la hacienda, esperando que el matrimonio reforme su conducta. Durante los primeros días de bodas, la casa parece vivir en alegría y concordia, pero pronto entran en ella amigos ociosos, músicos y cortesanos que favorecen la distracción. Entre ellos se presenta Carlos, sevillano, relacionado con Ángela y su madre, recién llegadas a Madrid por unos pleitos. Alejandro, aunque recién casado, siente curiosidad por conocer a Ángela; al visitarla en su casa descubre a una joven codiciada por varios galanes y sometida a la interesada educación de una madre que, fingiendo sordera y devoción, le enseña a conservar la honra exterior mientras atrae a hombres ricos. En ese ambiente de rifas, naipes y galanteos, Alejandro queda prendado de Ángela, mientras Carlos, que ya la amaba, percibe con disgusto la competencia.
La afición de Alejandro se desordena de nuevo con rapidez. En la casa de Ángela se juega y se rifan joyas; don Diego gana una cadena de diamantes y la deposita en Ángela, mientras Alejandro pierde dinero y, encendido por el deseo, le entrega por medio de su criado Roque una rosa de diamantes y otras prendas que saca incluso de lo perteneciente a Isabela. Al volver a su casa sin joyas, halla en su esposa una generosidad que no corresponde a su conducta: Isabela le ofrece nuevas alhajas y aun dinero para que alivie su pena, ignorando él hasta qué punto la está ofendiendo. En la segunda jornada la situación empeora: Alejandro, dominado por el juego, llega a amenazar a Isabela cuando no puede darle de comer, y ella se lamenta ante el padre de su marido. El anciano decide entonces corregirlo con una traza: hace llegar secretamente a Isabela dinero y joyas, y con ayuda de Roque recupera de la casa de Ángela la cadena de diamantes mediante un falso alguacil llamado Picón. Paralelamente, para cerrar aquella casa a visitas y tahúres, el padre, bajo el nombre de Marcelo Gentil, finge querer casarse con la madre de Ángela; la mujer, codiciosa, cree la propuesta y acepta. Mientras tanto, Alejandro, al ver de pronto a Isabela bien compuesta y provista de riqueza que él no sabe explicar, cae en terribles sospechas de deshonra. Sus celos se agravan al observar hombres rondando su casa y al recordar sus propios extravíos, de modo que acaba confesando a su padre que ha perdido no solo la hacienda, sino también la paz y casi el honor.
La tercera jornada desarrolla el enredo hasta su resolución. Ángela declara a Carlos su amor verdadero, pero Alejandro, que los sorprende o interpreta mal diversas escenas, la injuria y la llama engañosa; también Carlos, movido por los celos y por las apariencias creadas por las cadenas y galanteos, duda de ella. El padre prosigue su plan: hace que un amigo suyo otorgue poder en nombre de Marcelo para desposar a «doña Ángela de Heredia», nombre que comparten madre e hija, y el notario casa en realidad a Marcelo con la madre, no con la joven. Al mismo tiempo, la intriga de la cadena queda lista para aclararse. Cuando Alejandro, desesperado por hallar en casa de Isabela la rosa y la cadena, interroga violentamente a su esposa, el padre interviene y descubre toda la verdad: Isabela recibió la rosa del fiel Roque por orden suya; la cadena fue sacada con burla de casa de Ángela; él mismo había rondado la puerta para darle celos y obligarlo a reconocer el infierno al que conducen el juego, el abandono del hogar y las sospechas. Alejandro pide perdón, promete apartarse del juego y reconciliarse con Isabela. En el desenlace comparecen Marcelo, la madre, Ángela, Carlos y don Diego; se deshacen las confusiones sobre la boda y sobre la cadena, Marcelo acepta su matrimonio con la madre, y Carlos queda unido a Ángela. La comedia concluye así con la restitución del honor doméstico, la corrección del jugador y el cierre de una casa que había llegado a ser, por el vicio, una verdadera «casa del tahúr».
Protagonista de la comedia, joven recién casado, inclinado al juego y fácilmente arrastrado por nuevos deseos amorosos; su caída y enmienda articulan toda la acción.
Esposa de Alejandro, modelo de virtud, paciencia y lealtad; su conducta sostiene el honor doméstico y hace posible la corrección final del marido.
Anciano prudente que ha casado a su hijo para reformarlo y que dirige las principales trazas de la obra; en parte de la acción se presenta con el nombre de Marcelo Gentil.
Joven sevillana hermosa y codiciada, amada por Carlos y momentáneamente pretendida por Alejandro y don Diego; su casa se convierte en centro de juego, galanteo y confusión.
Viuda astuta y codiciosa, fingidamente sorda y devota, que enseña a su hija a atraer pretendientes ricos y termina casándose con Marcelo por un enredo notarial.
Caballero sevillano enamorado de Ángela; su relación con ella se ve perturbada por celos, malentendidos y la irrupción de Alejandro.
Galán que frecuenta la casa de Ángela, gana en el juego una cadena de diamantes y contribuye, involuntariamente, a los celos y equívocos de la trama.
Criado de Alejandro, figura cómica y a la vez eficaz en la acción; sirve de mensajero, comenta los excesos de su amo y participa en la estratagema del falso alguacil.
Nombre con que opera la traza matrimonial del padre de Alejandro; el texto acaba identificando ese supuesto pretendiente rico con el propio padre, aunque el enredo se administra mediante poder y representante.
Espacio central del conflicto doméstico, primero asociado a la reciente boda y después a la ruina moral que trae el juego; allí nacen los celos de Alejandro y se produce su reconciliación final con Isabela.
Lugar decisivo de visitas, rifas, naipes y galanteos en Madrid; funciona como foco de seducción, engaño y competencia amorosa entre varios caballeros.
Espacio de tránsito, rondas nocturnas, seguimientos y sospechas; en ellas Alejandro observa movimientos en torno a su casa y se intensifican sus celos.
Ámbitos donde Alejandro prosigue su vicio y pierde hacienda y honra; representan la extensión social del juego más allá del hogar.
Subespacio relevante para las conversaciones entre madre e hija, las rifas de joyas y los malentendidos amorosos que sostienen buena parte del enredo.
La comedia muestra cómo la afición a los naipes destruye la hacienda, desordena la conducta y pone en peligro el honor familiar.
El casamiento se presenta como remedio para la juventud desordenada, aunque solo resulta eficaz cuando va acompañado de verdadera enmienda y respeto mutuo.
Gran parte de la acción nace de objetos mal interpretados, visitas sospechosas y escenas equívocas que alimentan los celos de amantes y esposos.
La obra subraya que el abandono del hogar, la violencia y la sospecha injusta comprometen el honor conyugal y exigen reparación pública y privada.
La madre de Ángela, Roque y el padre de Alejandro recurren a disfraces, papeles y engaños para obtener provecho o para corregir conductas.
Se contrapone la búsqueda de riqueza y ventaja social con el afecto sincero que finalmente une a Carlos y Ángela y reafirma el vínculo entre Alejandro e Isabela.