Virgen María
Figura central del auto; recibe el anuncio de su tránsito, reúne a los apóstoles, dispone su sepultura y es finalmente asumida al cielo.
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Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En Jerusalén, probablemente en los últimos días de la vida terrena de María, el arcángel Gabriel le anuncia que en tres días será llevada al cielo y le entrega una palma como señal de su futura gloria. Reunidos milagrosamente desde diversos lugares del mundo, los apóstoles acuden a la casa de la Virgen, escuchan sus últimas disposiciones, la acompañan en su muerte y trasladan su cuerpo a sepultar en Getsemaní. Al abrir después el sepulcro y hallar solo los paños y una fragancia celestial, los discípulos comprenden que Cristo ha asumido a su Madre en cuerpo y alma, culminando así una obra centrada en la muerte santa, la esperanza y la glorificación mariana.
La acción se abre con una oración de la Virgen María, que expresa su deseo de dejar ya la vida terrena y reunirse con su Hijo en la gloria. En ese momento recibe la visita del arcángel Gabriel, quien le anuncia que ha llegado el tiempo de su tránsito: dentro de tres días, cumplida la ley humana, será llevada al cielo para reinar junto a Cristo. Gabriel le entrega una palma como señal celestial de su pureza, humildad y fe. María agradece el anuncio, alaba a su Hijo y formula una petición concreta antes de morir: desea que la compañía de los apóstoles, dispersos por el mundo en su predicación, sea reunida milagrosamente junto a su lecho para acompañarla en ese momento decisivo. El mensajero celestial parte para comunicarlo y ordenar el cortejo que habrá de bajar del cielo por ella.
A continuación se muestra el cumplimiento milagroso de esa petición. Los apóstoles son trasladados de manera repentina desde distintos lugares hasta Jerusalén, sin comprender al principio por qué han sido traídos allí con tanta premura. Pedro, Pablo, Juan y otros discípulos se encuentran ante la casa de María y entran a verla. La Virgen los recibe con afecto, les explica que se acerca su hora y les pide que moderen el llanto, pues para ella la muerte no es pérdida, sino paso gozoso hacia el encuentro con su Esposo e Hijo. Juan, especialmente afligido, manifiesta el dolor que le causa separarse de ella, y los demás participan también de esa tristeza. María dispone entonces lo relativo a su sepultura: encomienda su cuerpo a los apóstoles, indica que sea enterrado en Getsemaní y menciona de forma algo deturpada en el texto la presencia de dos mujeres pobres y honradas vinculadas al cuidado de sus vestiduras o de las exequias. Finalmente, tras encomendar su alma a Dios y bendecir a quienes la rodean, expira en presencia de los apóstoles, que lamentan intensamente su muerte.
Después del tránsito, los discípulos veneran el cuerpo de María, ponderan la santidad de cada una de sus partes y, siguiendo sus instrucciones, lo llevan en procesión hasta el sepulcro de Getsemaní. Allí depositan el cuerpo con gran dolor, cierran la tumba y se retiran, aunque el texto deja ver que el duelo permanece vivo entre ellos. Poco después se produce el signo culminante del auto: se oyen músicas y armonías celestiales sobre el sepulcro, y al abrirlo los apóstoles descubren que el cuerpo ya no está. Solo hallan el velo o las telas funerarias, junto con un perfume milagroso que confirma la intervención divina. Paralelamente, en una escena celeste, Cristo recibe a su Madre, la invita a sentarse a su diestra y la presenta como emperadora de los cielos, servida por los ángeles y honrada por la Trinidad. La obra concluye con la proclamación jubilosa de la glorificación de María y con la celebración de su Asunción corporal, de la que los apóstoles quedan como testigos maravillados.
Figura central del auto; recibe el anuncio de su tránsito, reúne a los apóstoles, dispone su sepultura y es finalmente asumida al cielo.
Discípulo especialmente cercano a María y el más afectado por su muerte; dialoga largamente con ella y recibe la palma para el cortejo fúnebre, aunque luego se somete a la autoridad de Pedro.
Mensajero celestial que anuncia a María su próxima glorificación, le entrega la palma y transmite su petición al cielo.
Cabeza del colegio apostólico en la obra; participa en la reunión de los apóstoles, ordena el entierro y dirige la apertura del sepulcro.
Aparece entre los principales testigos del tránsito y de la Asunción, asociado a Pedro en los momentos más solemnes de la acción.
Hijo de María y soberano celestial que, en la culminación del auto, recibe a su Madre en el cielo y le concede honra y trono junto a sí.
Conjunto de discípulos traídos milagrosamente a Jerusalén; acompañan a María en su muerte, llevan su cuerpo al sepulcro y testimonian el prodigio final.
Marco principal de la acción terrena; allí son reunidos milagrosamente los apóstoles y allí se sitúan la casa de María y el desarrollo de sus últimos momentos.
Espacio íntimo donde María recibe a Gabriel, conversa con Juan y los apóstoles, dicta sus disposiciones finales y muere.
Lugar señalado para la sepultura de María; en él se deposita el cuerpo y en él se manifiesta el milagro de la desaparición corporal.
Espacio de destino y culminación de la obra; se presenta como corte celestial abierto para recibir a María y proclamar su realeza gloriosa.
Espacio amplio y disperso del que proceden los apóstoles, traídos de forma sobrenatural para asistir al tránsito de la Virgen.
La obra representa la elevación de la Virgen al cielo en cuerpo y alma como culminación de su santidad y de su unión con Cristo.
Se muestra la muerte de María como tránsito sereno y glorioso, acompañado por preparación espiritual, bendiciones y presencia de la comunidad apostólica.
El vínculo entre María y Cristo sostiene toda la acción: ella desea reunirse con él y él la recibe finalmente en la gloria celestial.
La reunión milagrosa de los apóstoles destaca la unidad de la Iglesia en torno a María y su papel de testigos del misterio.
Los personajes lloran la pérdida visible de María, pero la propia Virgen y el desenlace orientan ese dolor hacia la esperanza y el gozo sobrenatural.
La palma entregada por Gabriel y los elogios finales subrayan que la exaltación de María responde a su limpieza, humildad y gracia singular.