Rey don Jaime
Monarca de Aragón y principal impulsor de la fundación de la Orden de la Merced tras recibir una revelación de la Virgen; dirige la guerra, administra limosnas y ampara institucionalmente la redención de cautivos.
Francisco Agustín Tárrega
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
Durante las campañas de Jaime I en el reino de Valencia, una visión de la Virgen impulsa al rey, a Pedro Nolasco y a Raimundo a fundar en Barcelona la Orden de la Merced para redimir cautivos cristianos. En Fez, Flora, hija cautiva de Lamberto, vive acosada por el amor del rey Audalla, mientras Zafira, Árbante, Nolasco y Arméngol intervienen en una trama de rescates, celos, conversiones morales y milagros de curación. Tras el cautiverio y resistencia de Flora, la condena y salvación milagrosa de Arméngol y la derrota final de la violencia de Audalla, varios cautivos recuperan la libertad y la nueva orden queda confirmada como obra mariana y regia.
La obra comienza en el contexto de las campañas de Jaime I en tierras valencianas. En las cercanías del real cristiano aparecen Zafira, princesa mora e hija del rey de Fez, y su esposo Árbante, herido tras una persecución. Un capitán aragonés, Lamberto, los encuentra y, aunque vive degradado como jefe de tropas feroces, se compadece de ellos. Zafira cuenta que huyó de Fez con Árbante porque su padre, Audalla, rechazaba la unión y quería matar al joven por su pobreza, pese a su nobleza. Lamberto, movido por la compasión y por su propia desgracia, promete ayudarlos a volver a Fez para proteger allí a Flora, hija suya cautiva desde años atrás y pretendida por el mismo Audalla. Lamberto narra entonces su pasado: fue cortesano en Montpellier, enamorado de Celia, camarera de la reina madre de Jaime; huyó con ella, vivió en los Pirineos y tuvo dos hijos, Arméngol y Flora. Más tarde perdió a su esposa a manos de los moros, a Flora la capturaron y Arméngol se hizo bandolero. Mientras el rey Jaime administra con rigor piadoso sus bienes de guerra, da limosna a los pobres y encomienda a la Virgen parte de sus conquistas, recibe una visión mariana que le ordena fundar una religión dedicada a la redención de cautivos cristianos. Casi simultáneamente, Pedro Nolasco y Raimundo de Peñafort refieren haber recibido la misma revelación. Jaime acepta el mandato, reconoce en Nolasco al futuro cabeza de la nueva institución y, tras mostrar la cruz y hábito que la Virgen le ha entregado, decide partir a Barcelona para poner en marcha la fundación. En el camino, Arméngol, aún bandolero, intenta robar a Nolasco y Raimundo, pero una intervención providencial revela su identidad a Lamberto; padre e hijo se reconocen, y el rey, al saber la visión compartida, incorpora también a Arméngol a la empresa redentora.
La segunda jornada traslada la acción a Fez o a su entorno cortesano, donde Flora vive cautiva y requerida amorosamente por el rey Audalla. Zafira, llegada con disfraz de cristiana, busca a Flora para advertirle de la falsedad del monarca y ofrecerle fuga, pero los celos y la confusión agravan la situación. Audalla, oscilando entre el deseo, la sospecha y la violencia, ordena perseguir a Zafira. En ese contexto llegan como redentores Pedro Nolasco y Arméngol, ya transformado espiritualmente, con dinero para rescatar cautivos en nombre de la nueva Orden de la Merced. Nolasco reprende a Flora por olvidar su honra y su fe, le muestra recuerdos de su madre y de su linaje, y la mueve a arrepentirse. Mientras tanto, Audalla recibe noticias favorables del Gran Señor sobre Árbante y Zafira, a quienes ya no quiere matar, pero la intriga amorosa desemboca en una escena trágica: Flora, engañada por los celos, hiere a Zafira, creyéndola rival. Una carta hallada en el pecho de la herida revela que su padre la había enviado para salvarla de su deshonra. Entonces Nolasco realiza una curación milagrosa valiéndose de su propia sangre, y Zafira sana. El prodigio impresiona a todos y marca el cambio de Flora, que reconoce su error, pide las manos del religioso y decide abandonar el mundo y sus vanidades. Árbante reaparece con dignidad creciente, la autoridad mora lo favorece, y se concierta la liberación de numerosos cautivos. Sin embargo, Arméngol queda en poder de Audalla como rehén para garantizar el pago de un rescate desmesurado, mientras Nolasco parte con los cautivos liberados y con la esperanza de completar después la redención del joven.
La tercera jornada desarrolla el cautiverio extremo de Flora y el desenlace providencial. Audalla castiga a Flora con hambre para doblegarla y forzarla a rendirse, pero Nolasco y Arméngol la sostienen espiritualmente y, de modo milagroso, la Virgen le envía pan y agua del cielo. Fortalecida por ese socorro y por el escudo de la Orden, Flora resiste tanto la amenaza de violación como las presiones para renunciar a su honra. Cuando Audalla intenta entrar por la fuerza en su aposento, queda abrasado por un fuego sobrenatural al tocar la defensa mariana; después Nolasco lo cura con el mismo escudo por intercesión de Flora, de modo que la clemencia cristiana vence sobre la venganza. Entretanto, cumplido el plazo del rescate y creyendo que Arméngol no ha sido rescatado, Audalla manda ahorcarlo. Flora presencia desesperada la ejecución, pero poco después se revela que el joven ha sido conservado milagrosamente con vida. Al mismo tiempo arriba Árbante victorioso por mar, se enfrenta a Audalla y protege a Flora con la daga que le había confiado Lamberto para defender su honor. Un nuevo prodigio y la evidencia de la santidad de los redentores conmueven al rey moro, que acaba concediendo la libertad a Arméngol, a Flora y a los cautivos cristianos. La acción concluye ya en Barcelona, adonde llega la compañía redentora entre procesiones y celebraciones por el milagro. Se honra póstumamente a Lamberto, cuya vida de servicio y sufrimiento es reconocida por Jaime, y queda afirmada la fundación de la Orden de la Merced como institución nacida para rescatar cautivos, defender la fe y amparar el honor cristiano bajo la protección de la Virgen.
Monarca de Aragón y principal impulsor de la fundación de la Orden de la Merced tras recibir una revelación de la Virgen; dirige la guerra, administra limosnas y ampara institucionalmente la redención de cautivos.
Figura central de la nueva orden redentora, elegido por mandato celestial para encabezarla; rescata cautivos, exhorta a Flora, realiza curaciones milagrosas y sostiene espiritualmente a los demás personajes.
Hija de Lamberto y Celia, cautiva cristiana en Fez; sufre la presión amorosa de Audalla, atraviesa una crisis de honor y fe, se arrepiente y acaba reafirmando su identidad cristiana.
Antiguo cortesano convertido en capitán áspero por la desgracia; padre de Flora y Arméngol, protector inicial de Zafira y Árbante, y figura decisiva en la cadena de rescates y reconocimientos familiares.
Hijo de Lamberto, primero bandolero y después incorporado a la empresa redentora; sirve como rehén en Fez, sufre condena de muerte y es salvado de modo milagroso.
Rey moro de Fez, padre de Zafira y perseguidor de Flora por deseo amoroso; encarna la amenaza sobre el honor cristiano, aunque al final cede ante los milagros y concede libertades.
Princesa mora, hija de Audalla y esposa de Árbante; huye por amor, busca salvar a Flora del rey y sufre una herida causada por los celos antes de ser curada milagrosamente.
Noble joven amado por Zafira, perseguido por Audalla; pasa de fugitivo herido a general favorecido por el poder moro y protector final de Flora frente al rey.
Compañero de Nolasco en la revelación mariana y colaborador en la fundación de la orden; actúa como testigo autorizado del origen sobrenatural de la empresa redentora.
Lugar donde se concreta la fundación de la Orden de la Merced y donde culmina la obra con procesiones, reconocimientos y afirmación pública de la nueva institución.
Corte mora en la que Flora permanece cautiva, donde actúan Audalla, Zafira y Árbante, y donde se desarrollan los principales conflictos de honor, rescate y liberación.
Espacio militar de la primera jornada, cercano a Sagunto y Valencia, en el que se producen el encuentro con Zafira y Árbante y la visión mariana concedida al rey.
Lugar de encierro y prueba en la tercera jornada; allí Flora sufre hambre, resiste la violencia del rey y recibe el auxilio milagroso de la Virgen.
Ámbito del bandolerismo de Arméngol y del encuentro con Nolasco y Raimundo, que permite su reconocimiento con Lamberto y su incorporación a la redención.
Espacio de tránsito para rescates, fugas y victorias navales; conecta Fez con la Cristiandad y hace visible la dimensión práctica de la redención de cautivos.
Espacio procesional del desenlace en que se honra a Lamberto y se integra su memoria en la celebración pública de la obra mercedaria.
La acción gira en torno al rescate material y espiritual de cristianos presos en tierras musulmanas, motivo que justifica la fundación de la nueva orden religiosa.
La creación de la Orden de la Merced aparece presentada como resultado de revelaciones coincidentes de la Virgen a Jaime, Nolasco y Raimundo, y como empresa querida por Dios.
La presión sufrida por Flora y las decisiones de su padre, de Nolasco y de Árbante muestran la importancia de preservar la honra femenina y la integridad moral.
La obra contrapone la caridad, la limosna, la curación y el perdón cristianos al deseo, la fuerza y la arbitrariedad política representados sobre todo por Audalla.
Diversos personajes cambian de estado interior, especialmente Arméngol, que pasa del bandolerismo al servicio redentor, y Flora, que abandona su extravío sentimental.
Las visiones, el pan y el agua celestiales, la protección contra el fuego y otros prodigios sostienen la acción y legitiman el carácter sagrado de la orden mercedaria.
La dispersión de la familia de Lamberto y su parcial recomposición articulan buena parte del argumento mediante reconocimientos, pérdidas y recuperaciones.