El Niño Jesús
Centro del auto sacramental; su nacimiento en Belén consuma el desposorio simbólico entre Dios y la naturaleza humana y provoca la caída del poder idolátrico.
Juan Nuño Sedeño
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En tiempo de Octaviano, la acción arranca en Roma, donde el emperador consulta a Apolo y recibe el anuncio de que un niño hebreo hará callar a los dioses paganos y merece un nuevo culto. Mientras en un ámbito pastoril se entrecruzan amores, burlas y conversaciones rústicas, la obra presenta doctrinalmente la Encarnación como un desposorio entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana, con María como figura central de ese misterio. La obra termina en Belén, donde María y José hallan refugio en un portal, nace Cristo entre mantillas y los pastores acuden a adorarlo, mostrando que la humildad del nacimiento vence a la idolatría y trae redención y alegría al mundo.
El auto comienza en Roma con la figura del emperador Octaviano, presentado en medio de aclamaciones triunfales. Pese a su grandeza, el emperador manifiesta una inquietud decisiva: teme que, tras tantos trabajos y victorias, lo suceda un heredero indigno o incapaz. Para resolver esa incertidumbre decide consultar al dios Apolo en su templo, llevando un solemne sacrificio. Allí se desarrolla el rito, pero la respuesta esperada se interrumpe de manera extraordinaria: una voz anuncia que Apolo ya no puede responder porque un niño hebreo, superior a los dioses paganos, lo obliga a callar y a retirarse. A partir de este anuncio, Octaviano comprende que debe levantarse templo y honor a ese niño venidero, llamado en el pasaje conservado primogénito de Dios. De este modo, la acción se desplaza desde el poder imperial y pagano hacia la expectativa del nacimiento de Cristo, cuya llegada deja ya sin autoridad al antiguo orden religioso.
En paralelo, la obra introduce un marco pastoril en el que Mireno y otros pastores dialogan con tono rústico y festivo. Aparecen también Flora y otros personajes aldeanos, con escenas de galanteo, chanzas y comentarios sobre la vida cortesana y la vida del campo. Aunque algunos pasajes están deturpados, se advierte que este mundo pastoril sirve para preparar a los primeros testigos de la Encarnación y para contrastar su sencillez con la soberbia del mundo. Junto a ellos intervienen figuras alegóricas y doctrinales: la Justicia y la Misericordia celebran la concordia alcanzada por medio de la Encarnación, presentada como pago amoroso de la deuda del género humano; también se exalta a María con una larga serie de imágenes bíblicas, mientras se explica que el Hijo de Dios viene a desposarse con la naturaleza humana, concebida como pastora humilde, enriquecida por la gracia. Frente a esta alegría, la Idolatría y Luzbel lamentan la ruina de su poder, temerosos de que el niño que va a nacer destruya sus engaños y quite a los ídolos la obediencia de los hombres.
La acción culmina en Belén. José y María, rechazados por la dureza e ingratitud de la ciudad, no encuentran posada y se recogen en una pobre cueva o portal. Allí nace el niño entre pajas y pañales, y el lugar miserable se convierte simbólicamente en tálamo nupcial, porque en él se consuma el desposorio del Verbo con la humanidad: el “desposado en mantillas”. Un ángel anuncia la buena nueva a los pastores, que dejan sus ganados y acuden presurosos a adorar al Mesías. Cada uno ofrece dones humildes —cordero, manteca, miel, lienzo, dijes y otros presentes— y lo saluda como rey, redentor y remedio de los cautivos. Finalmente comparecen también Mireno, Tirto, Cariño y los demás personajes vinculados al ámbito pastoril y del placer, que reconocen en el pesebre la verdadera grandeza. El auto concluye así con la celebración gozosa del nacimiento de Cristo y con la afirmación de que, mediante esa unión amorosa, Dios dignifica y rescata a la humanidad entera.
Centro del auto sacramental; su nacimiento en Belén consuma el desposorio simbólico entre Dios y la naturaleza humana y provoca la caída del poder idolátrico.
Madre del Niño y figura exaltada con imágenes bíblicas; participa en el misterio de la Encarnación y aparece como la mujer en cuyo seno se realiza la unión salvífica.
Compañero y custodio de María; la acompaña a Belén, lamenta la falta de posada y procura amparo para el nacimiento del Niño.
Gobernante romano que, preocupado por su sucesión, consulta a Apolo y recibe el anuncio que orienta la acción desde el mundo pagano hacia la venida de Cristo.
Pastor de notable presencia en la trama pastoril; dialoga con otros aldeanos y acude finalmente a adorar al Niño con dones humildes.
Pastora vinculada a Mireno en escenas de amor y conversación rústica; forma parte del mundo sencillo que se incorpora a la adoración final.
Pastor cómico y rústico, muy activo en los diálogos; aporta humor y participa como adorador del Niño con presentes modestos.
Pastor que acompaña a Mireno y a los demás en las escenas aldeanas y en la ida a Belén tras el anuncio angélico.
Figura diabólica que se lamenta por la inminente derrota de la idolatría y teme perder su dominio sobre el mundo con el nacimiento del Niño.
Alegoría del culto pagano, asociada a Luzbel; expresa la decadencia de los falsos dioses ante la venida del Mesías.
Personaje alegórico que comenta con tono festivo las bodas del Niño con la naturaleza humana y subraya el regocijo del misterio.
Alegorías que, aunque el texto conservado no siempre permite seguirlas con plena continuidad, explican doctrinalmente la reconciliación entre Dios y el ser humano por medio de la Encarnación.
Lugar decisivo del desenlace; allí se sitúan la búsqueda de posada, el nacimiento de Cristo y la adoración de los pastores.
Espacio humilde donde nace el Niño; funciona simbólicamente como pesebre y como tálamo nupcial del desposorio entre Dios y la humanidad.
Marco inicial de la obra, asociado al poder imperial de Octaviano y al mundo pagano que empieza a ceder ante la revelación cristiana.
Lugar de consulta oracular y sacrificio; allí se manifiesta la impotencia del culto pagano frente al nacimiento del niño hebreo.
Espacio de los pastores, sus amores, bromas y conversaciones; prepara la aparición de los primeros adoradores del Niño y contrasta con la vida urbana y cortesana.
La población aparece cerrada e inhóspita al negar hospedaje a María y José, lo que resalta la pobreza del nacimiento y la ceguera del mundo.
La obra presenta el nacimiento de Cristo como unas bodas sagradas entre el Hijo de Dios y la naturaleza humana, idea central del título y de la acción final.
El Mesías nace pobre, en mantillas y entre pajas, y precisamente en esa bajeza visible se manifiesta el poder salvador que rescata al ser humano.
La consulta a Apolo y las quejas de Luzbel e Idolatría muestran que el advenimiento de Cristo deja sin fuerza a los dioses paganos y a sus engaños.
El auto explica que la venida del Hijo satisface la deuda del pecado y hace concordar el rigor de la justicia divina con la compasión salvadora.
La humanidad, figurada como pastora humilde, es elevada por la unión con Dios y enriquecida con la gracia a pesar de su origen bajo y caído.
Los personajes rústicos, sencillos y cómicos son los primeros en recibir el anuncio y en acudir con dones al portal, lo que subraya la preferencia por los humildes.
Belén niega posada a María y José, mientras que los pastores reciben con fe al Niño, contraponiendo dureza social y apertura espiritual.