Jonás
Profeta de Dios que, tras resistirse al mandato divino y ser salvado milagrosamente en el mar, llega a Nínive para predicar penitencia y provoca la conversión final de la ciudad.
Luis Vélez de Guevara
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En la Nínive regida por Nino y Semíramis, la llegada de Lucero y Luna, aparentes príncipes de Tartaria, desencadena una corrupción política y moral que culmina en la legalización del incesto y en el desorden general de la corte. Mientras los celos entre Nino, Semíramis, Lucero y Luna agravan la confusión, Jonás recibe el mandato divino de predicar en Nínive, huye por mar hacia Tarsis, sufre la tormenta y es salvado por un gran pez para cumplir finalmente su misión. En un marco temporal fijado por el anuncio de los cuarenta días, Jonás llama a penitencia a la ciudad junto a la ribera y los espacios cortesanos, Nino y Semíramis se arrepienten con todo el pueblo y Dios perdona a Nínive, frustrando el designio infernal.
La acción se abre en Nínive, corte de Nino y de su madre Semíramis, en un ambiente de aparato político y fasto cortesano. Llega a la ciudad el príncipe Lucero, acompañado de su hermana Luna, ambos presentados como nobles de Tartaria despojados de sus estados por un poderoso enemigo de tres cabezas; el pasaje conservado sugiere pronto, de manera cada vez más clara, que se trata de figuras demoníacas encubiertas. Nino y Semíramis los reciben con honra y les ofrecen ayuda, mientras en paralelo se muestran ya la soberbia y corrupción de la corte: el pueblo murmura del amor incestuoso entre Nino y su madre, y en otra línea de acción el profeta Jonás, perseguido por israelitas que rechazan sus advertencias, es librado milagrosamente por Dios y ocultado en una cueva. Poco después, Lucero se gana la confianza absoluta de Nino, se presenta como consejero sagaz y le propone legalizar por ley los matrimonios entre parientes cercanos, de modo que el rey pueda casarse públicamente con Semíramis; además consigue que se amplíen las libertades sexuales y matrimoniales de la ciudad, lo que Nino acepta con entusiasmo, entregándole incluso poder para ejecutar estas disposiciones. Desde ese momento, la ciudad queda encaminada hacia una transformación moral que el propio texto identifica con una "corte del demonio".
La intriga se complica cuando las nuevas bodas proyectadas —Nino con Semíramis y Lucero con Luna— no traen estabilidad, sino una red de celos, sospechas y engaños. Luna ama a Nino, y Nino, aunque fijado en su madre, conversa con ella de manera ambigua; Semíramis presencia parte de esa escena y cree traicionado su amor. A su vez, Lucero rehúsa servir de cómplice a una salida secreta de Semíramis hacia Babilonia, pero las apariencias y las palabras truncadas multiplican la desconfianza entre todos. Lucero y Luna fomentan deliberadamente estos celos para desordenar la corte, mientras a su alrededor Nínive se hunde en nuevos vicios, descritos con amplitud: incestos, codicia, hechicerías, hurtos y relajación general de toda norma. En medio de ese proceso, Jonás recibe de Dios el mandato de ir a Nínive a predicar penitencia, pero, temiendo el fracaso y la violencia, intenta huir por mar hacia Tarsis. La tormenta desatada por su desobediencia obliga a los marineros a arrojarlo al agua, y un gran pez lo traga y salva por disposición divina. Entretanto, en Nínive se celebran las bodas y festejos bajo signos de oscuridad y tempestad; en esa confusión, Lucero y Luna intensifican las ilusiones y provocan nuevas escenas en que cada uno cree ver a su consorte o amado en trato amoroso con otro.
En la jornada final, la dimensión religiosa de la obra domina por completo la acción. Jonás, liberado del monstruo marino, llega a la ribera cuando Nino, Semíramis, Lucero y Luna contemplan fiestas públicas en honor de los nuevos privilegios de la ciudad, convertida ya en espacio de desenfreno general. El profeta irrumpe como voz de Dios y anuncia a los ninivitas que, si no hacen penitencia, dentro de cuarenta días la ciudad será destruida sin dejar piedra sobre piedra. Contra lo que esperan Lucero y Luna, la predicación surte efecto inmediato: Nino y Semíramis se despojan de sus galas, se cubren de ceniza, ordenan ayuno general para hombres, mujeres, niños y aun animales, y toda Nínive clama misericordia. Mientras los demonios desean asistir al castigo, Jonás se retira a las afueras a esperar la ruina de la ciudad, pero Dios derriba su choza y le enseña, por comparación entre el dolor por un frágil refugio perdido y la compasión debida a tantas vidas humanas, que su clemencia es superior al juicio humano. Finalmente, Dios perdona a Nínive a causa de su arrepentimiento; Lucero y Luna, derrotados en su intento de hacer de la ciudad una corte infernal permanente, huyen, y la obra concluye afirmando el triunfo de la misericordia divina sobre el pecado, la soberbia y la acción demoníaca.
Profeta de Dios que, tras resistirse al mandato divino y ser salvado milagrosamente en el mar, llega a Nínive para predicar penitencia y provoca la conversión final de la ciudad.
Príncipe de Tartaria en apariencia, pero identificado por la acción como figura demoníaca; seduce a Nino con sus consejos, promueve leyes contra natura y siembra celos y corrupción en Nínive.
Rey de Nínive y del Asia en la obra; dominado por su pasión incestuosa hacia Semíramis, entrega el gobierno moral de la ciudad a Lucero y finalmente se arrepiente ante la predicación de Jonás.
Madre de Nino y reina poderosa, objeto del amor de su hijo y participante en la red de celos cortesanos; acaba uniéndose a la penitencia colectiva de Nínive.
Hermana de Lucero y también figura demoníaca según se infiere de la acción; ama a Nino, colabora con su hermano en los engaños y contribuye a encender los celos y la perdición de la corte.
Criado gracioso al servicio de Lucero, de función cómica pero relevante como observador de los sucesos y testigo de prodigios que confirman el carácter sobrenatural de su amo.
Presencia decisiva aunque no siempre visible en escena; protege a Jonás, castiga su desobediencia, llama a Nínive al arrepentimiento y finalmente concede el perdón a la ciudad.
Espacio central de la obra, sede de la corte de Nino y escenario de la corrupción promovida por Lucero, de los festejos públicos y de la penitencia colectiva final.
Lugar donde se reciben Lucero y Luna, se dictan las nuevas leyes, se desarrollan las intrigas amorosas y se visualiza la degradación moral de la corte.
Escenario de fiestas públicas y espectáculos en la jornada tercera; allí aparece Jonás tras ser expulsado por el gran pez y proclama su amenaza profética a la ciudad.
Ámbito de la huida de Jonás, de la tempestad enviada por Dios y de su paso por el vientre del monstruo marino antes de ser devuelto para cumplir su misión.
Espacios de conversación privada, recepción de criados y desarrollo de engaños e ilusiones que afianzan el poder del falso príncipe sobre Nino.
Lugar apartado desde el que el profeta espera la posible destrucción de Nínive y donde Dios le instruye sobre la superioridad de la misericordia sobre el castigo.
Espacio breve pero significativo en el que Jonás es protegido milagrosamente al comienzo, anticipando la continua intervención divina en su favor.
La obra culmina en la conversión de Nínive y en el perdón de Dios, que suspende el castigo anunciado cuando la ciudad reconoce sus culpas y hace penitencia.
Lucero y Luna infiltran la corte, alteran las leyes, fomentan el pecado y convierten el gobierno de Nínive en una imagen de desorden infernal.
El amor de Nino por Semíramis y las leyes que autorizan matrimonios entre parientes cercanos representan la ruptura más visible del orden moral y social.
Las relaciones entre Nino, Semíramis, Lucero y Luna se envenenan por apariencias manipuladas, ambigüedades y escenas deliberadamente confusas que precipitan la crisis cortesana.
Jonás primero rehúye la misión recibida y sufre por ello, pero luego la cumple; en paralelo, Nínive pasa de resistir implícitamente a someterse al mandato divino.
La conducta de Nino muestra cómo el mal consejo y la pasión privada pueden corromper la legislación y arrastrar a toda una ciudad al vicio o, en sentido contrario, a la penitencia pública.
No solo los reyes, sino todo el cuerpo urbano de Nínive, desde nobles hasta niños y animales, participa en el ayuno y en la súplica de misericordia, subrayando la dimensión pública del arrepentimiento.