Devoción
Figura alegórica central que representa el culto fervoroso al Santísimo; se lamenta de haber sido olvidada y busca amparo para restaurar las fiestas sacramentales.
Diego Ramos del Castillo
Дата публикации краткого содержания: 18 июня 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro. "Resúmenes asistidos por modelos de lenguaje para un vasto corpus de obras literarias del Siglo de Oro". En: El teatro del Siglo de Oro en el horizonte de las humanidades digitales. Peter Lang, 2026 (en prensa).
En un paraje serrano y boscoso de carácter alegórico, Cristo encuentra a la Devoción, que se lamenta del abandono en que los hombres han dejado el culto al Santísimo Sacramento. La Devoción huye del Olvido, enemigo disfrazado que pretende destruirla, mientras el Afecto la protege y se enfrenta a él entre los espacios silvestres donde transcurre la acción. Tras una disputa sobre la obligación de honrar a Dios y sobre la verdad de la Eucaristía, el Olvido se rinde, promete convertirse en Cuidado y todos se encaminan a un convento e iglesia donde se celebra solemnemente la fiesta sacramental.
La acción comienza en un paisaje montañoso y selvático donde un personaje presentado al principio como un «galán embozado», identificado pronto como Cristo, oye músicas y voces misteriosas que parecen celebrar a alguien. En ese retiro encuentra a una hermosa dama a la que primero trata con lenguaje cortesano y alegórico; ella se da a conocer como la Devoción. La Devoción explica que se ha retirado del mundo y de la ciudad porque allí se la ha olvidado, pese a que en otro tiempo fue honrada y celebrada por los hombres. Su lamento se centra en el abandono del culto al «Soberano Pan Sacramentado», es decir, de la adoración eucarística, mientras observa que toda la creación —aves, fuentes, árboles, montes y flores— alaba a Dios según su naturaleza, a diferencia del ser humano, que descuida ese deber de reconocimiento y gratitud. El personaje que la escucha se muestra favorable a su causa y se ofrece a ampararla, de modo que ambos deciden internarse por los montes para averiguar el origen de las músicas y sostener la restauración de ese culto olvidado.
En el desarrollo de la acción aparece el Olvido, enemigo de la Devoción y causa principal del abandono de las fiestas sacramentales. El texto sugiere que el Olvido había intentado engañar a la Devoción con disfraz y lisonjas, y que ella, al advertir el peligro, huyó y trató de ocultarse entre la espesura. Mientras tanto, otro personaje alegórico, el Afecto, se declara compañero y defensor de la Devoción: le explica que había seguido de cerca sus pasos, que conocía la amenaza del Olvido y que acudió para asistirla en el trance. Cuando la Devoción, fatigada, se queda dormida entre las retamas, el Olvido intenta aprovechar su vulnerabilidad y dispone su muerte, pero el Afecto interviene y lo enfrenta. Se entabla entonces una disputa primero violenta y después doctrinal, en la que el Olvido procura impedir el celo con que la Devoción se dedica a honrar a Dios sacramentado, mientras el Afecto defiende que todas las criaturas deben reconocimiento al Creador y que, con mayor razón, el hombre está obligado a rendir culto a Cristo presente en el Sacramento.
La parte final del auto desarrolla una controversia teológica sobre la Eucaristía. El Olvido objeta que Dios no necesita honras humanas y plantea dudas sobre la presencia real de Cristo en el pan, sobre la posibilidad de que el pan se convierta en carne y sobre el modo en que esa carne pueda dar vida. El Afecto responde distinguiendo entre la perfección intrínseca de Dios y el deber de las criaturas de reconocer los beneficios recibidos; además, explica que la unión de la divinidad con la carne de Cristo vence la corrupción y que la omnipotencia divina, que creó el mundo de la nada, puede también transubstanciar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Vencido por las razones y por la amenaza de la fuerza, el Olvido se rinde, confiesa haber sido causa de que la Devoción y las fiestas del Santísimo padecieran tanto descuido y promete transformarse en Cuidado y Acuerdo para fomentarlas. Guiados ya por este personaje convertido, los demás llegan a una iglesia o convento identificado como el de la Seráfica Estrella, donde una religiosa pobre pero devota celebra al Pan Divino con los medios de que dispone. El auto concluye con la procesión, la alabanza al Sacramento, la petición de premio para el convento y la súplica final de perdón al auditorio por las limitaciones de la representación.
Figura alegórica central que representa el culto fervoroso al Santísimo; se lamenta de haber sido olvidada y busca amparo para restaurar las fiestas sacramentales.
Personaje alegórico que ama, protege y acompaña a la Devoción; combate al Olvido y defiende doctrinalmente la presencia de Cristo en la Eucaristía.
Antagonista alegórico y causa del abandono de la Devoción y de las celebraciones del Sacramento; primero actúa con engaño y luego termina vencido y arrepentido.
Se infiere con bastante probabilidad que el «galán embozado» inicial representa a Cristo; su presencia enmarca alegóricamente la acción y orienta el sentido sacramental del auto.
Figura mencionada al final como responsable de la fiesta en el convento de la Seráfica Estrella; encarna la devoción humilde que honra al Pan Divino con sus limitados medios.
Espacio principal de la acción alegórica, donde la Devoción se retira por haber sido olvidada en la ciudad y donde se producen el encuentro, la persecución y el conflicto con el Olvido.
Lugar evocado en el relato de la Devoción como ámbito del abandono, la lisonja y la pérdida de memoria del culto sacramental.
Subespacios del ámbito natural por los que los personajes buscan explicación a las músicas, siguen huellas y escenifican el acecho del Olvido.
Espacio del desenlace, donde se celebra concretamente la fiesta del Santísimo y se materializa la restauración de la Devoción.
Marco ceremonial final dentro del templo, fundamental para cerrar la obra con alabanza pública al Sacramento y con la integración del auditorio en la celebración.
La obra defiende la adoración del Santísimo Sacramento y presenta como problema principal el abandono de ese culto por parte de los hombres.
El conflicto dramático enfrenta a la Devoción con el Olvido, que simboliza la negligencia espiritual y el descuido de las obligaciones religiosas.
Se insiste en que todas las criaturas celebran a Dios y en que el ser humano, por razón y por los beneficios recibidos, debe corresponder con alabanza y culto.
El auto incluye una defensa explícita de la transubstanciación y de la eficacia salvífica del cuerpo y la sangre de Cristo en el pan y el vino consagrados.
El Olvido actúa con disfraz y falsas palabras, de modo que la obra advierte contra las seducciones que apartan de la verdad y del honor espiritual.
El desenlace muestra que incluso el enemigo puede rendirse, reconocer su culpa y pasar a servir activamente la causa del bien religioso.