> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los infelices dichosos, entrar por criado y salir por amo. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/los-infelices-dichosos-entrar-por-criado-y-salir-por-amo.
Comedia Nueva
Los Infelices Dichosos
Y Entrar por Criado y Salir
por Amo,
Personas.
Don Alonso Galán. Doña Juana Dama.
Don Luis Capitán. Leonor Dama.
El Asistente barba. Úrsula.
Papaguín el general. Un alcaide.
Martín Muñoz. Celia.
Chirinos gracioso. Rufina.
Escarramuso gracioso. Criadas.
Don Rafael criado. Bandoleros.
Benito Criado. Soldados.
Mozos.
Ministros.
Salen de Soldados Martín Muñoz y dos bandidos.
Esto ha de ser, camaradas,
pues ya estamos en Sevilla,
con el disfraz de soldados,
mi valor os determina
a ver la fiesta de toros,
que celebra por albricias,
de haber la Reina Mariana
de Austria; dado a Castilla,
al Rey don Carlos Segundo,
¡que eternas edades viva!
¡Viva, y reine muchos años!
¿Y a eso te determinas?
mira que es ponerte al riesgo.
Todo es riesgo nuestras vidas.
Sabes tienes alterada
a toda la Andalucía,
por capitán de bandidos,
que te sigue la justicia,
y con más audacia el
Asistente de Sevilla,
y para poder prenderte
esparce muchas espías,
que noticien donde paras,
y el paraje donde habitas.
Yo he de ver aquesta fiesta
con mi hermosa, y querida
doña Leonor, que es su gusto.
Pues si es su gusto, siga.
¿Ha llegado aquesta ingrata?
Escarramujo la guía,
que sabe de la ciudad
las entradas, y salidas.
¿Por qué la llamas ingrata?
Porque en cuanto ha que habita
bandolera de los montes,
de las almas homicida,
ni el menor favor la debo.
¿Pues por qué está tan esquiva?
Porque dice, que hasta que
se vengue del homicida
de su fama, y de su honor
a mis amantes caricias,
no ha de premiar, ni rendir,
y que ha de ser ella misma,
la que ha de vengar su agravio,
y para esto me precisa,
que venga a ver estas fiestas,
pues es aquí donde a vista
el agresor de su fama,
la facción la facilita,
subiendo todos de escolta,
para su noble osadía.
¡Vive Dios, que es una Porcia!
Y una constante Camila.
Aquí viene con las dos,
y con disfraz de golilla
Escarramujo, con ellas
y con el manto a media vista.
No quiere, que la conozcan,
hasta que logren sus iras,
la venganza que desea.
La mujer es peregrina.
Salen Leonor, y Úrsula con mantos de medio ojo, y Escarramujo de golilla
Martín Muñoz.
Leonor bella.
Ya ha llegado la precisa
ocasión de mi venganza.
Manda, que serás servida:
di quién es el opresor
de tu honor, y dónde habita?
Aparte
El general Papaquín,
llegó de la Berbería
con las galeras de España,
y tiniendo la noticia,
de los toros, y las fiestas,
por mar arribó a Sevilla;
con él viene don Fernando
de Rojas; cruel homicida
de mi honor; un Capitán,
que a Gibraltar lo prendía
se mudó apellido, y nombre,
por que esta gente bandida,
siempre de los Militares,
se amparan, y comunican.
Pues adonde hemos de hallarle,
para que esto se consiga
sin riesgo?
En aquesta Calle,
según tengo las noticias.
Y cómo lo has discurrido,
para que el triunfo consigas,
sin esponer tu persona
al riesgo? ni nuestras vidas?
Saca una pistola
Entraremos en la Calle,
y adonde el aleve habita,
preguntaremos, y entonces,
tus soldados se dividan,
yo me quedaré a la puerta,
y Escaramujo irá arriba,
y que una mujer le llama,
dirá, que tal grosería
no hará, y bajando apenas
llegue a distancia esta jara,
será la primera palabra,
y la respuesta su vida.
Yo entrar allá, ni por lumbre,
para que entienda la cifra,
y me coja en el garlito,
y lleve en casa de tía:
Ursula irá de medio ojo,
que en esto de tercerías,
y más para asesinatos,
leyó cátedra de Prima.
Yo en la de corre ve dile,
lo aprendí, de su Doctrina.
Salen poco a poco el Asistente y Ministros
Qué decís? Martín Muñoz
está dentro de Sevilla?
Sí señor, yo le conozco,
y ayer cuando anochecía,
le vi en aquesta Calle,
con otros de su cuadrilla.
Id delante con recelo,
Deténgase Vuestra Señoría,
que a Martín Muñoz he visto,
él es, no engaña la vista,
el que está con las dos Damas
hablando, y su cuadrilla,
los demás.
Pues a una todos,
por todas partes le embistan,
y procurad el prenderle.
8 [tachado]
Deténgase a la justicia.
Válganme todas las brujas
que aquesta tragedia miran.
Daos presto al Asistente.
Qué delito nos fulmina.
Los que tenéis cometidos.
¿Quién gran señor lo atestigua?
El mismo Martín Muñoz.
Le conoció por la pinta.
Pues ya me habéis conocido,
preciso es que me resista.
Ese es mucho atrevimiento,
y demasiada osadía.
Daos a prisión.
Ea, prenderle.
Riñen.
No es fácil, que se consiga,
sino fuere de esta suerte:
Amigos, nadie se rinda.
Resistencia.
Sale Don Luis con bengala y pónese en medio.
A caballeros,
si es gente de la milicia,
a mí toca el castigarlo.
Martín Muñoz es quien lidia.
Aparte.
Qué veo, mi amigo es;
mas yo libraré su vida.
Señora, Don Luis.
Tápanse con los mantos.
No importa.
Favor pido a la justicia.
A esta debo defender.
Date a prisión.
Con la vida.
Aparte.
Procura ponerte en salvo.
Vanse todos.
Huyamos porque nos sitian.
Así me dejáis cobardes.
Date; mas no te resistas.
Cáese la espada, y ásenle.
Sí haré, pues estoy sin armas.
Para cuándo son las iras
señora, si está presente.
Intento que Luis se rinda.
Llevarle, y que le aprisionen.
¿Qué es esto, fortuna impía?
Llévanle.
Que te se quebró la rueda,
y a la horca te destina.
¿Eres tú también del arte?
¿No conoce Vueseñoría,
que soy quien aquestas damas,
escudera, y arrodriga?
Señora, si era galán,
ya quedaréis disuadida,
y salvando vuestro honor,
dentro de muy breves días,
le veréis en un suplicio.
Tómate esta pildorilla;
y lo hará como lo dice.
Mi honor en nada peligra;
y así haced lo que quisiereis.
Os estimo esta noticia:
Y a vos señor Capitán
el favor.
Era debida
obligación de soldados,
4
dar favor a la Justicia:
ved si mandáis otra cosa.
Quedad; la atención estima
mi afecto, y guardeos el Cielo.
Él os dilate la vida.
Después tengo, que pediros
una gracia.
Cuanto pida
vuestra amistad, siendo gracia:
ya la tenéis concedida.
Os estimo los favores.
vase.
Ya sabéis, que es deuda mía
Aparte
Ahora, que le ves solo
señora ¿no te arrimas?
Déjame, que estoy confusa
Mas, que te has hecho un almíbar
Señora si el bandolero
os importa.
No prosiga
vuestro labio, con favores
porque no los necesita,
ni él para librarse,
ni yo: lo que desearía,
que vos me favorecieseis.
Mi voluntad, alma, y vida,
tenéis a vuestra obediencia,
¿qué accidentes os fatigan?
Ningunos, mas que al miraros
con la gala, y bizarría,
que obrasteis, defendiendo
con tal garbo a la justicia,
quedé: no sabré decirlo,
sin albedrío, y sin vida.
Y así a vos de vos mismo
mis favores solicitan.
Muy presto os habéis rendido.
¿Sabéis si estaba rendida?
Aparte.
Cómo se pone en los trotes,
para ver si se desliza.
Señora mucho estimara,
mi voluntad fuera mía,
mas otra hermosa Pirata
me la tiene ya cautiva.
¿Otra no más?
No señora.
¿Es hermosa?
Es muy esquiva.
¿Os favorece?
Es ingrata.
¿Por qué causa?
Que imagina,
que tengo empeño preciso
¿Y es verdad?
Como lo afirma,
y con esa certidumbre
vos quedareis respondida.
¿Por qué no amáis la primera?
Porque es soberbia, y altiva.
¿Es honrada?
Como porfía.
¿Por qué así se desestima?
Porque fue fácil conmigo.
Alerta, señoras mías,
dejaos vencer de los hombres,
y os quedaréis para tías.
¿Pues no quiere ella?
Me adora.
¿Habéis de amarla?
En mi vida.
¿La debéis su honor?
Es cierto.
A pagársele, os precisa.
Yo la niego aquesa deuda,
y veamos con quién lo atestigua.
Yo; y pues soy desdichada,
a tus pies estoy rendida,
mira por mi honor, don Luis,
y a tu sangre esclarecida.
Ahora más te aborrezco,
vete, ingrata, de mi vista.
Dispara una pistola.
Pues tan infame desprecio
de esta suerte se castiga;
muere, traidor alevoso,
a mi impulso.
Leonor mía.
Muere, aleve.
Cáese.
Muerto soy.
Cayó en tierra, Leonor mía.
Vengué mi agravio.
Pues vamos
a coger alguna ermita.
Aquestas son para ingratos
las mejores lagrimitas.
Vanse.
De esta suerte las honradas,
deben vengar su ignominia.
Salen ministros.
Aquí se oyó el estallido.
Ay, el efecto nos avisa,
lo que fue, pues yace muerto
el capitán.
Una herida
tiene en el sentido izquierdo.
Llévanle todos.
Llevémosle, y la noticia
daremos al Asistente;
después haremos pesquisa.
Salen doña Juana, Celia y Rufina de gala.
¡Ay, igual atrevimiento!
¿Qué es lo que tienes, señora?
Don Rafael me ha dicho ahora,
su atrevido pensamiento.
¿Quién, señora, el mayordomo
de tu padre, y tu criado?
¿No fuera bien empleado
que le diéramos un cómo?
Dejadle.
Es osadía,
atreverse a tu belleza.
Díjolo como simpleza
de un rústico.
Es grosería.
El ser tan favorecidos
de los amos los criados
los hace ser confiados,
arrojados, y atrevidos.
[Salen los Ministros y Don Rafael y el Asistente]
¿Qué decís?
Sí, gran señor,
el Capitán queda herido.
¿Y no se sabe quién fue?
el que tuvo tanto brío,
que a un arrojo se atreviese,
que pudiera ser motivo,
de alborotar la ciudad,
por haber hoy concurrido,
el General Papaquín,
y tanto soldado altivo,
que para vengar la herida,
banderizados, y unidos,
algún gran motín causasen...
luego hagan los ministros
diligencias de quién fue.
Ya, gran señor, se ha sabido.
¿Y quién fue?
Aquella mujer,
que estaba con los bandidos.
Pues sabed qué calidad,
y si fue justo el motivo,
y me vendréis a dar cuenta.
[vanse]
Ya seréis obedecido.
Oye, Juana.
Di, señor.
Una nueva he recibido,
de un gusto, y de un pesar.
¿De qué efectos tan distintos?
¿De pesar, y de alegría?
Gusto, de haber concluido,
en Madrid, tu casamiento.
[Aparte]
Esto es para mí martirio.
Pesar, de haber de ausentarte,
sabiendo cuánto te estimo,
por ser única en mi casa.
Para mí el disgusto ha sido,
y el pesar, con esta nueva:
para vos, el regocijo.
¿Juzgáis que soy yo mujer,
tan mal hallada conmigo,
que quiera, como otras muchas,
cautivar el albedrío?
No, señor, porque harto tiempo,
me queda, siendo preciso
el casarme: para estar,
a ser de un hombre, marido,
como criada, y señora,
siendo en actos tan distintos,
señora, si no está en casa,
si está, por lo que le sirvo:
y así, señor, dilatadlo.
[Aparte]
Con esta razón respiro.
Dejad, que goce mis años,
y logre vuestros cariños
más tiempo, porque es constante
que los hallaré, más finos,
que en el galán más fino,
ni en el más cortés marido.
Muy señora pide bien,
y así, señor, os suplico,
le concedáis lo que pide;
[Aparte]
y procurad por vos mismo,
que aunque más disimuléis,
yo sé que habéis de sentirlo:
y yo más, pues si se ausenta,
pierdo la dicha, que aspiro.
Yo no mando, que sea luego
esto es solo prevenido,
y el tiempo será el que gustes.
Padre y señor, yo lo estimo.
Y yo señor, lo agradezco.
Ya quedáis los dos servidos.
[Aparte]
Señora pide el goloso
Rufina, ya te he entendido.
¿No te previenes para ir,
a ver el lance festivo
de las fiestas, y las cañas,
y el encierro de los toros?
Antes señor determino,
irme a la quinta esta tarde,
por huir de los bullicios;
y así con Celia, y Rufina,
en el coche sin registro,
no más que con un criado,
será recreo más digno.
No es justo, que vayas sola,
yo iré señora a serviros.
Vos asistid a mi padre,
que este es solo vuestro oficio;
y en el día, que preside,
es fuerza, que esté asistido
de la familia de casa,
y de criado tan querido.
[Aparte]
Yo juzgo, que son favores
los que parecen desvíos.
[Vase]
Juana haz lo que gustares,
tu gusto hija, es el mío;
Don Rafael, que os prevenga
cuanto fuere de tu arbitrio;
que yo voy a consistorio
a cumplir con mi ejercicio
Ved, qué me mandáis señora,
pues un esclavo rendido
tenéis a vuestra obediencia.
De criados no me sirvo,
de tan altos pensamientos,
tan locos, tan atrevidos,
que Ícaros se remontan,
tanto, que con necios giros,
alcanzar quiere del sol
los esplendores más vivos.
Volar a más alta esfera,
es de pechos bien nacidos.
Es locura, si conoce,
que ha de ser su precipicio.
Pues yo intento remontarme,
por si estas luces consigo.
[Vase]
Se os abrasarán las alas,
y caeréis desvanecido:
vamos dejad a este loco.
Señor mayordomo lindo,
¿de qué servís en la casa
sino como?
[Vanse]
Señor mío,
cada uno con su igual,
lo demás es desvarío.
¿Que esto me suceda cielos?
que el servir sea motivo,
para no lograr las dichas,
¿De deseos bien nacidos?
Mas no he de dejar la empresa,
y aunque padezca desvíos,
he de seguirla a la quinta,
lo tenga, o no, por delito,
pues los desdenes, que me hace,
puede ser sean fingidos,
y recate los favores,
de su pundonor nacidos.
Vase.
Salen de camino Don Alonso, y Chirinola
A la margen de este arroyo,
entre estos ramos umbríos,
podemos tener la siesta,
en tanto, que los activos
rayos del sol, no se templan,
en los golfos cristalinos.
¿No has de entrar a ver las fiestas
en Sevilla?
No, el motivo
ha sido ver a mi hermano;
pues noticias he tenido
llegó, con el general
Papaquín, de los presidios,
de Orán, Melilla, y Peñón,
de dejarlos socorridos,
y se vienen a las fiestas
de cañas.
¿Raro capricho,
un murciano, y caballero
y de cañas enemigo?
Dos cosas son bien contrarias.
Chirinola yo no omito
ver las fiestas, mas faltando,
el gusto, los regocijos
y otros entretenimientos
nunca son bien recibidos.
¿De qué es la melancolía?
Tú eres noble, tú eres rico,
eres galán esforzado,
en toda Murcia bien quisto:
y al fin te hallas soltero,
que es el dote más lucido,
que puede tener un hombre,
para vivir sin bullicio,
de mujer, que pida celos,
el uso nuevo, y vestido;
de suegra, que traiga cuentos,
que pidan pan los chiquillos,
de amas, y de comadres,
y en fin todo tan cumplido,
que te ríes de doctores,
que son más cruel tabardillo.
Es verdad, nada me falta,
de cuanto me has referido:
pero no sé qué me tengo.
Pues si quieres dar alivio,
a esa tristeza, entre tanto,
que tu caballo, y el mío,
están rumiando la siesta,
con el pasto de este sitio,
lleguemos a esa quinta,
que salir de un coche he visto,
tres deidades, y con ellas
podremos tener ratito;
y cuando eso no logremos,
que haya merienda, es preciso.
Siempre piensas en comer.
Este pienso me trae vivo.
Dentro voces.
Guarda el oso, que del bosque
sale al llano.
Oso dijo?
brava barrera es un árbol,
sobre él me encaramito.
No es mejor salirle al paso,
hasta dejarle rendido,
luchar con él con braveza,
y previniendo el cuchillo
acogotarle a los pies?
suben a la barandilla
Y si él por el ombligo
me clava las cinco alesnas,
y me clava los colmillos,
será esa buena suerte?
dale tú esos requiebros,
que desde aquí lo veré,
y en viéndolo aturdido,
bajaré y con cachetes
lo dejaré hecho un ovillo.
Salen corriendo Benito y Rafael cayéndosele la capa
Señor, el oso rabiando,
viene hacia este mismo sitio,
a donde está mi señora,
gozando de lo florido,
de esta arboleda y sus prados;
y viene hecho un basilisco.
Entrétenle con la capa.
Para fiestas viene el niño,
yo me libro en este tronco,
que es el más seguro arbitrio.
súbese a la otra barandilla y sale Celia, Rufina =
Ay! que llega ya muy cerca!
Ay! que el oso nos ha visto!
Y como es macho se viene
a las hembras derechito.
Don Rafael ahora es tiempo,
de que se conozca el brío,
y tener una fineza,
con que templar a lo esquivo.
Ea luzca ese valor,
que el asunto es peregrino,
vanse
Vamos Rufina, que llega.
vase.
Quién se vio en mayor conflicto,
el bruto va a Doña Juana,
y ella allí, que le ha visto,
torpe los pasos anima:
cómo no voy, y la libro,
pero, ah, corazón cobarde;
mas supuesto no hay testigos,
me libraré entre estas ramas,
el Cielo la dé su auxilio.
Que haya hombres sin valor,
vive Dios estoy corrido.
Dentro.
No hay quien me socorra Cielos.
saca la espada, y tercia la capa, y vase =
No temas bello prodigio,
que antes que logre su saña,
tendrásle a los pies rendido.
Delante se le ha plantado,
la capa le da al hocico,
y abrazándose con él,
luchan a brazo partido.
Matólo aquel caballero.
Qué te ha parecido amigo,
ver los toros desde lejos,
no es gran gusto?
Lindo, lindo.
vanse
Digo, que bravo era el oso,
colmenero era en mi juicio,
pues se venía a la miel,
como abejas al tomillo.
Sale Don Alonso con Doña Juana en los brazos
fragante rosa del Mayo,
cuyo purpúreo color,
le robaste al candor,
y sus incendios al rayo:
Dime, cómo es tu desmayo,
que insensible me atormentas,
y mi albedrío violentas;
cómo homicida me tratas,
si estás viva, cómo matas,
si estás muerta, cómo alientas?
Salen Rufina, Celia, Rafael y Chirinota.
Aquí quedó mi señora.
Y el oso está muerto en tierra,
A dónde está? mas qué miro?
Aquí la tenéis.
Aparte.
Qué pena,
que este logre tales dichas,
de envidia rabio.
Ya alienta.
Ay de mí.
Cobrad señora,
ya no hay bruto, que os ofenda.
Anda a la quinta por agua.
Vino es pócima más cierta.
Todo lo traeré corriendo.
Vase.
Quién sois, que me libertáis,
la vida?
Aparte.
Un criado vuestro,
que ha obrado, cuanto debiera,
en tal lance el más humilde.
Nombre, y apellido niega,
por si importa, Chirinota.
Yo juzgué, que te debiera,
más, a quien me vio en peligro,
y de mí estuvo tan cerca,
Aparte.
Qué esto me suceda cielos
Alientos con una fiera,
y más de tal calidad,
no en todos pechos se encierran.
Y más, que venía con mosca,
y a no dar con la destreza,
de mi Pedro Alonso Brabo
siempre con los dientes;
hubiera a todos comido,
los briales a las hembras,
y a los hombres las botargas:
pero dimos de soleta,
y en árboles, y entre matas
vimos de lejos la fiesta.
Muy bien se os ha conocido:
a tan airosa fineza
menos, que con mis favores,
no quedara satisfecha;
pero yo ya no soy mía,
aquesta sortija sea
reconocimiento solo.
Por más que favor lo acepta
mi humildad.
El Asistente
mi padre, cuando lo sepa,
os dará satisfacciones,
que a vuestro estado competan:
y quien ha de ser mi esposo,
os dará más recompensas.
Luego del casto himeneo,
no han alumbrado las teas?
A vos decid, qué os importa,
ni se os debe dar cuenta,
que estado tiene esta Dama:
De celos el pecho es Etna
[Aparte]
Todas esas osadías,
Don Rafael fueran buenas,
con aquel que está allí muerto.
[Aparte]
Tómate aquesa coleta,
de cobarde te ha tratado.
Caballero, esas materias
no han de reducirse a duelo;
antes, que otro oso venga,
retirar aquestas Damas,
y otra ocasión no os suceda,
salir a recreo al campo,
con mujeres de aquestas prendas,
si no sale a todo empeño,
no se ponga a contingencias,
que tibiezas con las Damas,
del valor en la palestra,
han de ser por muy ocultas,
con más nota descubiertas.
Vamos de aquí Chirinola;
Dadme Señora licencia.
[Sale Benito con una cantarilla]
Esperad, pongan el coche.
Ya está aquí el agua, y bien fresca.
Muy diligente has venido.
¿Has ido a la mar por ella?
El valor de aqueste hombre,
¿qué te ha parecido, Celia?
Por lo arrojado, y prudente,
que tiene alguna nobleza,
y no parece ordinario.
Nada importa sea, o no sea;
Rufina pongan el coche.
[Vase.]
Voy a mandar lo que ordenas.
¿Quién será este, que manda?
[Sale Rafael]
Algún criado badea,
que manda más que los amos,
porque callen sus flaquezas.
[Aparte]
Ya está puesta la carroza.
¿Qué así me trate esta fiera?
Qué puntual habéis sido.
Estamos a contingencia de otro susto.
No le temo, habiendo quien me defienda,
habéis de entrar en Sevilla?
Señor, antes que anochezca.
Vamos Señora, que es tarde.
Que ya no hay oso que venga,
y si viene, buen caballo tenéis.
Y corre que vuela.
No lo hace mal el jinete.
[Vanse las mujeres]
Ágil es en la carrera:
ya he dicho, que el Asistente,
es mi padre; a Dios os guarde.
El Cielo os guarde Señora;
y yo muy dichoso os vea.
[Vase]
Vive Dios, que he de vengarme,
del desprecio, que me muestra.
Bravas han sido las cañas;
hermosa ha estado la fiesta,
grande suerte, y sin desgracia.
Una herida me atormenta,
que el alma me ha atravesado.
¿De la hermosa? o de la fiera?
Mejor fuera la del bruto,
y no la de la belleza.
Pues esa no tiene cura,
solo el bálsamo de ausencia,
o triaca del olvido,
puede sanarla.
Me es fuerza
entrar sin falta en Sevilla,
y así vamos, porque en ella
espero ver mi fortuna,
si es felice, o si es adversa.
Vamos, verán en qué para,
esta historia verdadera.
Vanse.
Salen Ministros, y el Asistente, Papaquín y soldados.
Asistente buena tarde.
Me alegro, que vuestra excelencia,
la haya tenido cumplida.
Con grande garbo, y destreza,
se han arrojado las cañas;
rejones se han plantado;
Don Fernando de Ribera,
y Don Pedro de Guzmán,
están diestros en la escuela
de a caballo.
Es diversión
el arte de la jineta.
Mucho importará la brida,
porque está España desierta
de jinetes militares.
Como han cesado las guerras,
ha cesado este ejercicio.
Monarquía como aquesta,
siempre ha de estar prevenida;
pues cuanto más opulenta,
tiene mayores contrarios,
que a su destrucción anhelan.
¿Ha venido Doña Juana?
Parece, que ya se apea.
Que entrará a ver el general.
Será hacerme otra fineza
mayor; bien que lo deseaba,
pues dicen, que competencia
tienen lo hermoso, y discreto
en su garbo, y gentileza.
Vuestra excelencia la honra mucho.
Sale Benita.
Una servidora es vuestra.
Vuestra señoría me dé albricias.
¿De qué?
De que viene buena
mi señora.
¿Qué ha tenido?
¿Que qué ha tenido? Buena es ella;
que un oso como un camello,
por poco nos hace piezas;
si no es por un caballero,
que salió de la floresta,
que le dio la muerte osado,
antes que fuera a cogerla.
¿Qué dices?
Sí gran señor.
Y dime ¿viene con ella,
aqueste tal caballero?
No señor, que allá se queda.
Ya fuera asunto de empeño.
Mucho embarazo me hiciera,
por haber dado palabra,
en Madrid, para que sea
esposa de un caballero.
Pero siempre que se ofrezca
estáis en obligación
a ese tal, sea quien sea
favorecerle.
Y lo juro
delante de vuestra excelencia,
siempre que llegue ocasión,
¿di qué traza de hombre era?
Señor, un hombre muy guapo,
muy cortés; las parladeras
a la moda cortesana,
pero de muy poca arenga.
¿Cómo dijo se llamaba?
Se llama, si se me acuerda,
señor: Pedro Alonso Pozabo.
El apellido es de esfera
muy humilde.
Asistente,
en eso, no hay regla cierta,
que hay nobles, que son villanos,
y hay villanos con nobleza.
Vuestra Excelencia dice bien.
Sale Doña Juana con las criadas, y Don Rafael, que se queda al paño.
Deme los pies Vuestra Excelencia.
Llegad señora a mis brazos,
que no es justo, que esté en tierra
el cielo.
Esos favores
harán, que me desvanezca.
Ya he cumplido mi deseo,
y así con vuestra licencia,
me parto, a hacer a la mar,
que ya aguardan las galeras:
¿Don Luis se puede embarcar?
Sí señor, que fue pequeña
la herida.
Pues vamos luego.
¿Pues esta noche siquiera,
no honraréis aquesta casa?
Andando
Necesita mi asistencia
Gibraltar, antes que llegue,
un correo que se espera
de Madrid, de nuestro Rey,
y es preciso la obediencia,
que preceptos de los reyes,
quien los dilata, los hierra;
Asistente, mi señora,
ello no es justo consienta;
quedaos por vida mía.
Obedezco a Vuestra Excelencia.
Yo no puedo gran señor,
porque ya sabéis, que es deuda.
Señora, a Dios.
Él os guarde.
vanse con los soldados.
Vamos mi Rufina y Celia,
que quisiera descansar;
que no aparté de la idea
la acción de aquel Pedro Alonso.
vase
Vamos porque la tragedia,
contemos a las amigas,
y ellas nos cuenten las fiestas.
Digo, el valiente del oso,
con qué gesto, que se queda.
golpes dentro
Qué con el mismo silencio
es con lo que más me hiera!
mas ya he dicho he de vengarme,
aunque el alma, y vida pierda.
Benito, mira que llaman.
Abierta tienen la puerta,
porque no entra quien fuere
Salen Alonso, y Chirinola -
¿Vive aquí? ya hallé las señas,
entra señor, que aquí es
Entra a ver si llegó buena
mi señora Doña Juana.
De que llegue, mala, o buena,
qué os importa a vos saberlo
Oiga el guapo de Antequera
Caballero, aquesto ha sido,
una cortés diligencia,
por lo que vos ya sabéis.
¡Qué curiosa estratagema!
Volveos, porque ahora,
no os puedo dar la respuesta,
ni quiero entrar el recado;
miren qué hombre de Llerena.
¿Cómo así se me responde,
con palabras desatentas?
¿Juzgáis que es lidiar con osos?
Desocupad, salid fuera.
[Riñen]
Villano, de aquesta forma
castigaré tu soberbia.
Yo a vuestra loca osadía,
le daré así la respuesta.
So guapo, los amos riñen.
Usted calle, escuche, y vea.
No caben los dos tiñosos.
[Riñen.]
Pues si ha de ser, allá va esa.
[Dentro]
Estocadas en la sala.
A la justicia se tengan.
Yo respeto a la justicia.
[Cáese.]
Muerto soy...
Requiem eternam.
Caballero, dad las armas.
Yo no hago resistencia,
que la ocasión me ha forzado,
a castigar desvergüenzas.
Sale Ariste.
¿Qué es esto, cómo en mi casa
este atrevimiento?
Advierta
useñoría, que yo
he obrado según nobleza;
¡Don Rafael está muerto!
¡Cómo en mi casa esta ofensa,
al criado que más quiero!
Llevadle a la más estrecha
prisión, al punto.
Salen doña Juana y criadas.
Señor, ¿qué es aquesto?
A una cadena amarradle.
¿Qué veo, cielos?
Que el hombre de la pendencia,
es el señor Pedro Alonso.
[Aparte]
¡Que esto, cielos, me suceda!
¿Qué aguardáis? ea, llevarle.
Padre, y señor.
[Vase]
No es bien atienda.
Esta es hermosa ocasión,
para redimir la deuda.
No quedaré a deber nada.
[Aparte]
¿Quién vio más rara tibieza?
Vamos, hidalgo.
El criado
también llevadlo a la trena.
Hombre, ¿te he matado yo?
¿Soy albarda?
Ea, venga.
Señora, ¿no os acordáis de hoy?
Ea, calle su lengua.
Fíense de las mujeres,
reniego de la más buena.
Don Rafael está vivo,
pues parece que ya alienta.
[Llévanle.]
Alentad, pues tenéis vida.
¿Qué miro, cielos? Mas fiera
muerte es esta; doña Juana.
presente, quien vio más penas
Vase
Ea venid a la cárcel.
Oíd, llevarlos con decencia.
No era mejor, nos soltasen,
aunque a empujones sea.
Pues se hace desentendida,
tampoco he de proponerla
las finezas, que me debe;
no hay quien a esta dama entienda.
Llevadle como os he dicho.
Esta mujer es veleta.
Mucho rigor es el tuyo.
Oh amor, lo que me atormentas.
Aparte
Pues de esta forma me trata,
y olvida tantas finezas.
Pues mi empleo me embaraza
a que lograrle no pueda.
Me quejaré a la fortuna,
de tirana tan severa.
Yo daré ejemplo a las damas,
sin que el honor lo padezca.
Qué serán las demás Juanas,
si esta Juana es la más cuerda.
Vamos, que viene la noche.
Denme los cielos paciencia.
Adiós resquajo de andola.
Adiós mellado de Utrera.
Cuidado con las costillas,
no lleven solfa de suela.
Vanse
So matón, a muchos buenos,
les dan esta cantinela.
*-*-*-*-* *-*-* *
Segunda Jornada.
Ruido de cadenas, y dentro voces y el Alcaide
A grillete, ola mozo.
Qué manda el señor teniente?
Todo perro delincuente,
se encierre en su calabozo.
Salen con cadenas Alonso, y Chirinola
Entre eslabonados hierros,
por una acción de valor.
A donde el mayor favor,
es tratarnos como a perros.
Chirinola a mí te llega,
que no sé por donde voy.
Yo me parece, que estoy,
zampullado en la Noruega.
Mira por esos rincones,
si hay por donde nos recostemos.
Si nos echamos seremos
colación de los ratones;
porque por cualquiera atajo,
que andemos, (no es patarata)
encontraremos con rata,
que nos meriende un zancajo.
Que aquí nos hayan metido,
húmedo es este aposento.
Desde que entré aquí me siento,
de temor humedecido.
De qué es tu miedo, y espanto,
estando solos?
No es prueba,
que puede ser esta cueva,
y un calabozo de encantos.
Sale por otra puerta con cadena Martín
Otros presos me han bajado,
ya tendré más compañía.
¿No te dije yo que habría,
aquí algún encantado?
¿Qué temes? que este ruido,
será de otro aprisionado.
Yo con estar amarrado,
parece, que ya me he ido:
válgame la Santa Cruz,
y todo el Calvario entero,
¿no habrá aquí un tabernero,
que nos encienda una luz?
¿Quién a este triste retiro
llegare, tenga aliento.
Aun el resuello no siento,
y por mil partes respiro.
¿Quién sois, y por qué delitos
en aquesta estancia helada,
os han puesto?
A mí por nada.
Esto es venir al conflicto.
Martín Muñoz el bandido
soy; y la dura influencia,
por solo una resistencia,
a la cárcel me han traído.
Cierto buen acompañado,
nos han dado en la prisión.
¿Por qué? ¿fue mala elección?
Porque ya oléis a ahorcado.
Os será de beneficio,
que si nos sacan a ahorcar,
tendréis en mí un ejemplar,
de valor, hasta el suplicio.
Ese es el mejor valor,
que puede un hombre adquirir;
ir con ánimo a morir.
No me da la muerte horror.
Oye usted, según autores,
muerte es con comodidad,
pues es una enfermedad,
que se libra de doctores.
No escuchéis a este imprudente.
Sino es esto del intento,
digo, que soy un jumento,
y no quitando lo presente.
¿No me diréis sin embozo,
qué insulto habéis cometido,
para que os hayan traído,
a este oscuro calabozo?
estancia según los fueros,
a que los jueces celosos,
traen hombres facinerosos,
y como yo, bandoleros?
Hablad serio, o de donaire,
no hay que en nada vacilar,
que aquesto se ha de acabar,
con morir uno en el aire.
El consuelo es extremado.
No lo tengáis a locura,
que la vida más segura,
es el morir ahorcado.
Aquí dentro, no hay más gloria,
ni más entretenimiento,
que es el referir un cuento,
o cada uno su historia.
Ya la mía os refiriera,
pero está ya tan vulgar,
que no os quisiera cansar.
Bien; mas la causa postrera,
por que os han aprisionado,
aunque resistencia ha sido;
el motivo no he entendido,
y la ocasión he ignorado:
ni por quién fue el tal empeño.
Oíd, en breves razones.
Échase.
Mientras estas relaciones,
yo me tiendo, a hacer un sueño.
Corría con mis bandidos,
las bellas frondosidades,
del Darro, y cerca de Ronda,
insultamos dos zagales,
que pasaban de camino:
apenas los vi, al instante,
mandé, no los ofendiesen,
pues en gentileza, y talle,
en su mano, y en su gracia,
en lo corteses, y afables,
daban indicios de nobles,
cuyas virtudes atraen,
no solo a brutos humanos,
pero a los irracionales.
Mandé, fuesen a mi rancho,
para mejor informarme,
quién eran, y adónde iban,
y también por preguntarles,
si me seguía la justicia,
puesto que ya recelarme
no podía, de mi enemigo,
que era el valiente Don Jaime,
el señor de Torres Bajas,
porque estaba en indultarme,
con todos sus compañeros.
Llegamos al hospedaje
y uno de los dos mancebos,
me pidió, le oyese aparte,
y me dijo ser mujeres,
y el venir en aquel traje,
fue por estar ofendida,
la una, del Comandante
que a Gibraltar presidiaba,
y que venía a buscarme,
y para vengar su agravio,
mi valor la acompañase.
El nombre del Capitán,
no sé si fue olvido, o arte,
no me dijo, escucharéis
de este caso lo notable.
Estuvo en mi compañía,
con el disfraz, tan constante,
tan firme, y tan valerosa,
que fue de honrados esmalte;
pues a rendidas finezas,
y a mis afectos amantes,
tan varonil se mostraba,
que lo que fuera dejarse,
en los amantes muy tiernos,
en mí fue estímulo grande;
para que con más decoro,
la sirviese, y venerase,
que también hay atenciones,
entre las atrocidades.
Usó pistola, y trabucos
con tal destreza, y donaire,
que pareció haber nacido,
en el duro, y vasto catre,
de los adustos peñascos,
y más intrincados valles:
siendo todo su ejercicio,
matar al vuelo las aves,
corriendo herir a las fieras,
y aun con ellas abrazarse.
De Gibraltar al camino,
salía todas las tardes,
a saber si por acaso,
del presidio se avanzase
el agresor de su honra,
entrando para espiarle,
su criada, en aquel presidio;
la cual un día dio parte,
se había embarcado a Sevilla
con Papaquín, para hallarse,
en las fiestas tan plausibles,
que esta noble, y siempre grande
ciudad, tenía prevenidas,
al natal del nuevo infante;
con aqueste cierto aviso,
me dijo, ya noble Atlante
de mi honor, y de mi fama,
llegó el deseado lance,
de tomar justa venganza
del que hizo a mi honor ultraje;
dentro de Sevilla se halla,
juzgo, que sea muy fácil,
el conseguir mis intentos,
y entrando en estos disfraces,
vos, y vuestros compañeros,
he de lograr el vengarme,
que si lo logro os prometo,
por los cielos celestiales,
daros la mano de esposa.
Yo que en vida tan variable,
estaba determinado,
a otra vida retirarme;
se facilitó la empresa,
y con trajes militares,
nos entramos en Sevilla,
y estando en cierto paraje,
aguardando al capitán,
que por el puesto pasase;
sucedió, que el Asistente,
que rondaba vigilante
ministro; aquel día dio
conmigo, y con mis parciales;
y noticioso, que era,
defendíme, y en el lance,
llegó don Luis Fajardo
el capitán comandante
de Gibraltar; con quien tengo
muy antiguas amistades.
Apenas me conoció,
procuró el libertarme,
no fue posible, y así,
me trajeron a la cárcel,
y la dama (qué pesar)
no sé qué rumbo tomase;
pues después que me encerrasen,
en este oscuro hospedaje
ni aun de la luz he gozado,
las más luces claridades.
Este es mi último suceso,
siendo entre tantos pesares,
el mayor, el no saber,
si Don Luis a empeñarse
llegó, por mi libertad,
donde si no ay, quien me ampare,
y de mi favor, y ausilio,
será fuerza el consolarme,
con morir en un suplicio,
donde mis delitos pague.
La conformidad, alabo.
Por fuerza he de consolarme.
Don Luis es vuestro amigo?
señor Martín?
El mas grande,
por acasos, que es preciso,
que por ahora los calle.
Aparte.
Vive Cristo, que es tu hermano.
Pues yo ofrezco de su parte
que os dará la libertad,
y a mi, si mi pasión sabe,
por que también es mi amigo
Y aun pariente.
Aparte.
No declares
aquí tampoco quien soy.
Suceso ha sido notable.
Decid pues ahora el vuestro.
Pedis muy bien, escuchadme.
Dentro voces.
Dentro.
Entre en este calabozo
el rodrigón alcahuete.
Aquí viene otro compadre,
supuesto que con luz sale,
sugeto será lucido.
Sale Escaramujo con un candil.
Que sin que yo salga ni entre
en desonores, ni heridas
en calabozo me meten.
Escaramujo, que es esto?
Amo mio, venir a verte
Que delito ha cometido?
El ser yo tu sirbiente,
y condutor de las damas:
otro nombre dizque tienen
los de aquesta professión,
pero vive Dios, que mienten.
Dime donde está Leonor.
Que se yo, el diablo la lleve,
después que dio a su enemigo,
a veber, un pistolete,
no se adonde salió.
A Don Luis le dio la muerte?
Que es lo que oigo, a mi amigo?
El que salió a defenderte,
Don Luis faxardo.
Aparte.
Ay mas penas.
Ese era el deliquente,
y esse también me libró,
de que al punto no me diesen,
y a Ursula, unos doscientos,
y al canto con su ribete,
quien tal hace, que tal pague
a la solfa del revenque.
Luego no murió Don Luis?
No, porque quiso la suerte,
que no le encarnó la vala;
y en la una de las sienes
le dio, y esto le aturdió:
conque luego en continente,
se embarcó con Papaquín
a Gibaltar.
Te agradece mi amor mucho esta nueva.
Para mi es mas alegre.
Pero aviéndose ausentado
sin querer hablar, ni verme,
discurro estará ofendido,
de que apadrinar viniese,
a la que fue su enemiga.
Si Don Luis la aborrece,
no puede tener tal queja.
Estando yo allí presente,
la despreció con oprobios,
picola con el sainete,
de que tenía otra dama;
y Leonor, hecha una sierpe,
con la navaja de acero
le dio con ochos y nueves.
Al fin somos desdichados,
pues tan raros accidentes
nuestra libertad estorban.
Nuestro hado es inclemente.
Conque no hay más que esperar
que nos crujan las nueces.
Qué hermoso ahorcado que harás,
compadre.
Seor vejete,
por Dios, que el escaramujo
no han de aguardar que se seque.
Ruido dentro.
Abrid este calabozo,
sopuesto que ya amanece.
Las puertas vienen abriendo.
¡Válgame el Credo y el Réquiem!
Chirinola, que te asustas,
dime de lo que temes.
Que aquestos, que vienen entrando,
son el verdugo y corchetes,
los borricos, pregonero
y todos los adherentes
de hacerme colgajos humanos
en el árbol de la Ene.
Sale el Alcalde.
Señor Pedro Alonso Brabo,
manda el señor Asistente...
¡Adiós, esta es la sentencia!
que a su misma casa os lleve,
libre ya, y perdonado.
¡Oh, alcaide!, muy bien mereces
la alcaidía de la Lambra.
Os estimo la noticia.
No hay, Martín, que entristecerse,
que lo que no hizo mi amigo
por él, ni por mí, os promete
su amistad, y mi amistad
de sacaros libremente;
que merece estos favores
quien a las damas defiende.
A todo estoy ya dispuesto,
y mi amor os lo agradece.
Vase.
Vamos, pues.
Escaramujo, te prometo...
¿Qué prometes?
Convocar todos los ciegos
para el día que te cuelguen.
Antes ciegues que tal veas,
y yo sea quien te adiestre.
Vosotros subid a misa,
para que a Dios se encomienden.
Digo, alcaide, y esto es cosa,
de aquello de uno ponerse
bien con Dios.
Aún no es tiempo.
Vanse.
Ven, venga lo que viniere.
Salen Celia, Rufina y doña Juana en traje de casa.
¿Después que ha convalecido
don Rafael de la herida,
su altivez desvanecida,
prosigue en ser atrevido?
Burla me da aqueste necio,
pues a cualquiera fineza,
si le hablo con aspereza,
él me da con un desprecio.
¡Ay, qué filis, linda gala!
Parece amante profeso,
¿y qué respondes a eso?
Le envío muy noramala.
Ya pasa de desatento.
Y de atrevido se pasa.
No se quedará hoy en casa,
si yo logro, lo que intento.
No parece caballero,
(según dice) ni de fama,
pues se atreve con su ama,
y a ser altivo, y grosero.
Sale Benito.
Doña Leonor de Guzmán,
pide licencia de hablaros.
Que entre, ¿quién es esta dama?
Porque nunca la he tratado.
Será dama de ciudad,
que van sangre derramando.
Entrad.
Sale Leonor con manto.
Dadme a besar vuestra mano.
Alzad señora del suelo,
que digna sois de mis brazos.
Yo soy la dama infelice,
la que a don Luis Fajardo
lo hirió, cuando le prendieron
a Martín Muñoz; y hallaron,
que está sin culpa el bandido;
y no habiendo peligrado
don Luis, vengo a pediros,
confiada en vuestro amparo,
una gracia, y un favor,
si en la belleza le hallo.
Motivo grande tuvisteis,
para acción de tanto garbo.
Sí señora, el de mi honor,
que ese alevoso, ese falso,
robó, con mano, y palabra;
y no lo he sentido tanto,
como el tormento de celos,
que es el dolor más tirano;
y no haberle dado muerte.
Vuestro noble arrojo alabo,
¿qué queréis en que yo os sirva?
Puesto que yo he ocasionado,
la prisión de este bandido:
humilde vengo a rogaros,
le pidáis a vuestro padre;
si no quiere libertarlo,
lo saque del calabozo,
pues sin aquel embarazo,
podrá hacer su defensión;
y creed, que está en su mano,
todo el logro de mis dichas.
¿Por un bandido?
Es el caso,
que de Martín Muñoz es
amigo, don Luis Fajardo,
y se debe el uno, al otro,
recíprocos agasajos,
y he discurrido señora,
(aunque es el empeño arduo)
que solo por este medio,
mi honor, he de restaurarlo.
Señora vuestro dictamen,
me ha parecido acertado;
yo os empeño mi palabra,
que de mi parte haré cuanto
sea posible.
Es decirme,
lo que en el mundo es usado
con los señores, que ofrecen
favores; de allí apartados
los echan en el olvido.
Yo no podré olvidaros
causa, que tengo otro preso
por quien pedir, y olvidarlo
no es posible; id confiada,
que si mi favor alcanzo,
he de conseguir el vuestro;
que las acciones de garbo,
aunque en sí sean delitos,
también traen recomendados
los favores, y los Jueces,
pueden tal vez indultarlos,
Si aquesta gracia conmigo,
puede ser, pueda pagaros
algún día.
Yo lo estimo:
no por interés lo hago,
sino por ser de una Dama,
este suceso tan raro.
Pues Señora el Cielo os guarde.
Y os prospere mil años,
y os restaure vuestro honor.
Vase.
El vuestro esté siempre claro,
y limpio.
Con vuestro ejemplo,
muchos escarmientos hallo.
Reina no pide usted nada.
No es mi natural tan blando,
que dé lugar a los hombres,
que los andemos rogando.
Mal fuego dé Dios en todos.
Vase.
O quién lo viera asaeteados.
La mujer es animosa.
Envidia me da su garbo,
su valor, y su constancia.
Señora Don Rafael...
Tendremos un lindo rato.
Ya veréis lo que sucede,
si mueve el altivo labio.
Sale Rafael.
Aqueste humilde criado,
un favor viene a pediros.
Ya empieza.
No es de enojaros,
lo que os vengo a suplicar.
¿Pues qué pedís? Declararos.
Esté atenta vueseñoría:
Yo vengo a haceros el cargo,
de que es contra vuestro punto,
que quien la vida os ha dado,
lo tengáis tanto en prisiones;
pues aunque sea hombre ordinario,
será muy mal parecido,
que una hazaña de tal garbo,
le deis este galardón,
siendo el Dueño soberano,
de darle la libertad,
pero aun más galardonarlo.
¿Quién os mete a vos en eso?
Esto es Señora acordaros,
la obligación en que estáis.
Eso es mucho adelantaros,
querer enseñarme a mí,
lo que me toca.
Aparte.
Templaos:
yo también soy parte en esto,
y en la fe de noble hidalgo,
deponiendo la venganza,
os pido, queráis librarlo,
que así quedo yo bien puesto,
aunque soy el agraviado,
esto es por solo tomar,
venganza de este villano.
Aunque puedo darle libre,
por habérmelo rogado
vos; se ha de estar en la cárcel,
mas quiero se esté arrestado,
que no por vos libertarle,
porque no tengáis tal lauro.
Ya escampa, y llovían desdenes.
Pues con vos tan poco valgo,
no he menester vuestro auxilio,
ni otro auxilio, cuando,
mi señor el Asistente,
me ama, y favorece tanto.
Id a pedirle una gracia.
Muy bien está; aquí asentado,
ya veréis cómo me otorga,
lo que le pido, muy grato.
Sale el Asistente abriendo una carta.
Doña Juana, esta me escribe
el Señor Don Luis Fajardo,
y es preciso lo que pide
sin réplica, ejecutarlo.
¿Y qué es Señor, lo que os pide?
Un favor, no poco arduo.
Decid, si puedo saberlo.
Lee.
Dice así en sus breves rasgos:
gran Señor, aquella gracia
que os pedí, ya llegó el caso
de cumplir vuestra palabra;
yo debo favores varios
a Martín Muñoz, y ahora,
me hallo más empeñado,
y es asunto del honor,
que después sabréis el caso.
Y así os pido le deis libre,
y si os hicieren el cargo
por aquella libertad,
yo me obligo siempre, y cuando
que a Martín Muñoz os pidan
en la cárcel entregarlo;
esto suplico a Vueseñoría,
esa palabra le he dado,
y será fuerza cumplirla.
Lo que os pide Luis Fajardo,
yo también os lo suplico,
porque sé Señor el caso;
e importa al honor, y fama,
de la dama cuyo brazo,
a los rigores del plomo,
quiso su honor restaurarlo.
Yo tengo otra pretensión,
que no es de menor aplauso,
y espero me lo otorguéis.
A lo que responde atendamos.
Pues no tenéis, que pedirla,
antes luego ordeno, y mando
¿Qué Señor?
Salgáis de casa;
que no he menester criados,
tan locos, tan atrevidos
que a respetos cortesanos,
respondan atrevimientos,
de vanidad solo armados,
motivando irreverencias,
hasta de mi hija, en el cuarto;
y quien la dejó en el riesgo,
y con un bruto en el campo,
¿cómo librará mi casa?
ni valdrá para criado.
Todo cuanto le pidiere,
lo hará él con gran garbo.
Quitaos de mi presencia,
no solo habéis de ausentaros
de mi casa, mas de todos,
los andaluces espacios.
Señor yo...
No repliquéis,
prevenido tenéis barco,
salid del Andalucía,
porque ya vuestro contrario
está libre, y aunque humilde,
juzgo es valiente, y honrado,
esto baste; ea marchad,
que peligráis en tardaros,
porque impulsos del valor,
yo no podré refrenarlos.
¡Ah, tirana, ya conozco
que esto tu industria ha tratado!
Pues, gran Señor, obedezco:
hasta que quede vengado
no sosegará mi saña
y por llegar a lograrlo
perderé el honor, y vida,
Vase.
y aun vendré por esclavo.
Yo os rindo, señor, las gracias,
pues el caso divulgado,
las señoras de Sevilla,
de bizarras blasonando,
ya me culpaban lo ingrata.
Porque veas cuánto te amo,
ya di la orden que salgan.
Sale Benito.
Señor, Pedro Alonso Bravo,
pide licencia de hablarte,
verte estaba deseando.
Dile que entre.
Entren ustedes.
Salen Chirino.
Plegue a Dios con bien salgamos.
Dadme, señor, vuestros pies.
Alzad, joven, a mis brazos;
que a hombre tan valeroso,
tan prudente y cortesano,
se le deben estas honras.
De todo estoy informado
por doña Juana, mi hija.
Nunca dudé de su sabio
proceder, que me auxiliase
en suceso tan infausto;
a quien te rindo las gracias.
Señor, yo también estimo,
el que nos hayáis sacado,
de la obscura ratonera,
pues había ratón tan largo,
que si agarran de una oreja,
llevan a un hombre arrastrando.
Ahora pues, Pedro Alonso,
para agradecer en alto,
vuestra cortés bizarría
y también por libertaros,
de enemigos y envidiosos,
(que las acciones de garbo
nunca émulos les falta)
mi casa tendréis en tanto
que fuere de vuestro gusto;
del mayordomo en el cuarto,
tendréis el alojamiento.
Como siendo mi contrario,
Le he despedido de mi casa,
y así ya no hay embarazo.
Señor, haré vuestro gusto,
y puesto que tanto alcanza
con vos, en mi estimación,
puesto que hay indultos francos,
por tan feliz natalicio
de nuestro príncipe Carlos
segundo, que guarde el cielo:
yo pues en fe de hombre honrado,
por Martín Muñoz os pido,
que mandéis desamarrarlo
de la cadena en que está,
que os prometo que su bando,
y él llegarán a indultarse
y sirvan a nuestro Carlos.
A no haberlo concedido
ya, por don Luis Fajardo,
por vos lo sacara libre,
y así ya está perdonado.
Os doy gracias repetidas.
Vanse.
Retiraos a vuestra estancia:
Benito, enséñale el cuarto.
Juana, vete previniendo,
puesto que ya el podatario
de Madrid, habrá salido
según me avisa don Sancho
de Ávila, vuestro esposo,
con quien en consorcio casto
has de gozar inmensos
dulces amorosos brazos.
Señor, ya estoy prevenida.
[Vase]
Yo me retiro al despacho.
Que quien me ha dado la vida
sea tan humilde y raso.
Ya tu obligación cumpliste
en favorecerle, cuanto
merece su rala suerte.
Qué infelices son los dos.
Señora, ¿no hay para mí,
siquiera un pajar, o establo,
en que dormir?
¿Ahí estabas?
No te faltará en Palacio:
¿tú sirves a Pedro Alonso?
Sí, señora, y de criado.
¿Criado tiene un hombre humilde?
Los caballeros hidalgos
son los que tienen dineros,
y los que no, son villanos.
Escúchame.
A su escucha.
Si es hombre tan ordinario,
¿quién le hizo afable?
El dinero.
¿Quién le hizo discreto, y sabio?
El dinero.
¿Quién le hizo valiente,
entendido, y cortesano?
Todo eso hace el dinero;
pues al tonto, al simple, al vasto,
al presumido, y al necio,
y al más rústico zamarro,
si tiene dinero es,
un Séneca, un Alexandro,
un Cicerón, un Aquiles
y un emperador Trajano.
¿Que en fin nació humilde?
Eso no puedo jurarlo.
Mas nacería como otros,
si vino derecho el parto.
Mas que sea humilde, o noble,
esto ha sido preguntarlo,
por solo curiosidad.
Sale Alcayde
Mira quién llama.
Un muy humilde criado.
Pues Alcaide, ¿a quién buscáis?
A don Alonso Faxardo.
No conozco a este sujeto.
Éste es, señora, el criado.
¿A dónde está don Alonso,
Chirinola, vuestro amo?
Éste sirve a Pedro Alonso.
A este vengo buscando;
porque esta carta le envía,
desde Gibraltar su hermano
el Capitán; y dejó encargado
le buscase, y se la diese;
y he venido aquí juzgando
que le hallaría aquí, y vengo
a dársela.
En su cuarto
está ahora con mi padre;
juzgo le tiene ocupado.
Podéis darme a mí la carta,
yo se la daré en su mano.
Sí, señora, abierta viene,
porque a los aprisionados
es estilo enviar abiertas
las cartas, u otros despachos.
Segura queda, id con Dios.
[Vase]
El cielo os guarde mil años.
¡Qué es esto que por mí pasa,
que esto permitan los hados!
Para qué, o por qué ha fingido
el nombre, y el ser, tu amo.
[Aparte]
Señora, yo no lo entiendo,
yo he de seguir el engaño.
Yo le encontré en el camino,
dijo si buscaba amo,
dije, que sí, recibióme
y por Pedro Alonso Brabo
le conozco.
Llámale,
y di, le quedo aguardando.
Vase
Voy señora: aquesta carta
es quien todo ha de enrredarlo.
Vosotras traireis las luces,
luego, que sea necesario.
Vanse
Vamos Celia: a nuestra ama
la carta ha puesto en cuidado.
Lee.
Siéntase
Ya que ninguno me escucha
leeré la carta, entre tanto,
que no viene Don Alonso;
qué es esto amor tirano!
Don Alonso hermano mío,
con tan fatales sucesos,
en Sevilla sucedidos,
en tan plausibles festejos:
no ha llegado a mi noticia
hasta agora, de los vuestros,
y sabiendo el noble asunto
de tu siempre noble esfuerzo,
como también por la Dama,
que lograstes el empeño,
por eso no me he partido
en persona, pues teniendo
de tu parte, una deidad,
de tan heroico, y supremo
carácter; es consiguiente
que le ha de hacer este obsequio
el Asistente su padre,
y sacarla del empeño.
No leo más; que cortesano
cuñado, cuanto atento,
Don Luis escribe a su hermano:
a los dos, mucho les debo
en tanto que traen las luces,
y él no llegare; me siento,
a discurrir de mis ansias
los encontrados, los ciegos
laberintos, que el discurso
halla en tan varios sucesos.
Salen al paño de Marineros Rafael, y otros tres Embozados.
Como el que es ladrón de casa
amigos, y compañeros,
he llegado hasta la estancia,
de la hija de mi dueño
el Asistente, a la cual
robar ahora pretendo,
que esta es la joya, que dije,
dejaba, de tanto precio.
El varco está prevenido,
y todo también dispuesto
a todo trance.
Esperad,
que yo he de entrar el primero;
que ya con la obscuridad,
y la voz algo fingiendo,
diré, que soy un Ministro
de su padre.
Va saliendo
Esperaremos.
Mucho Don Alonso tarda,
mas él es, que pasos siento,
es el Señor Pedro Alonso?
Qué oigo; a fiera en el pecho,
has introducido un Etna,
para que respire incendios;
Pedro Alonso soy señora.
Muy poca fineza os debo,
pues tanto os habéis tardado.
Aparte
Señora... (hablarla no acierto)
Salen al otro paño Don Alonso de gala y Chizino la
Entra, que aquí está esperando.
Sin luces, con temor entro.
De qué os quedáis tan suspenso?
De advertiros tan humana,
con tan humilde sujeto;
cielos, qué esto me suceda.
No adviertes, que habla con otro.
Ya me parece lo advierto.
¿Quién será?
Será su padre.
Pues oigamos.
Escuchemos.
Yo estoy de vos agraviado,
Yo siempre os tuve en mi pecho.
¿Qué es aquesto?
¿Favor le pide su padre?
¿Y aquí hay traición, vive el cielo?
Ten un poco de paciencia.
Bien quisiera, mas primero,
se ha de tratar con mi padre.
No tendrá señora efecto,
si a eso lo difiramos;
y así el mejor acuerdo
que os vengáis ahora conmigo,
pues a esto vengo resuelto.
Ya habéis perdido mi gracia,
al miraros tan grosero.
Pues no os resolvéis de grado,
violentada habéis de hacerlo.
Camaradas.
Asela de las manos.
Salen los tres.
Aquí estamos.
Vamos señora.
¿Qué es esto?
¡Hola! ¡Criados! ¡Las luces!
¿No hay quien me socorra, cielos?
Sale Alonso.
Sí, gran señora; villanos,
no lograréis vuestro intento.
Riñen.
Muera cualquiera que sea.
Retira tú a esta señora;
castigaré atrevimientos.
Ah, señora, acá conmigo.
¿Eres Chirinola?
El mesmo.
Vanse.
Malogrósenos el lance,
a retirar compañeros.
Vanse.
No huyáis cobardes, aleves.
Salen el Asistente y ministros, y riñen con ellos a oscuras.
Aquí es, señor, el estruendo.
Muera el que es tan atrevido.
Favor aquí a la justicia.
Sacan luces, y salen Celia, Rufina, Juana y Chirinola.
Date a prisión; mas ¿qué veo?
¡Pedro Alonso!
Gran señor.
¿Vos de esta suerte? ¿Qué es esto?
Defenderos vuestra casa,
de quien la pierde el respecto.
¿Quién será el alevoso?
Mi amo lo estuvo oyendo.
¿Quiénes, Pedro Alonso, fueron,
los que contigo reñían, con tanto furor?
Señor, serían ladrones; y aliento,
pues escuché, que dijeron,
por fuerza hemos de robarla.
¿A quién?
A la casa, a esto
salí, a quitarles el robo,
y al ver mi defensa huyeron.
¿Qué te parece, señora?
En todo es noble, y discreto.
Sale Benito con un marinero asido.
Vaya el pícaro ladrón,
escala casas.
¿Qué es esto?
Cuando oí, señor, el ruido,
fui a cerrar la puerta al tiempo,
que unos hombres embozados,
de casa salían corriendo:
cerré el postigo de golpe,
y este se ha quedado dentro,
él dirá, quién son los otros,
pues que venía con ellos.
Decid, ¿quién eran, y a qué venisteis?
Un criado vuestro
que llaman don Rafael,
a la mar se hizo, y volviendo
dijo se le había olvidado
una joya de gran precio,
en vuestra casa, y saltando
en tierra, para este efeto
venimos, y la tal joya,
no era de menos precio,
que vuestra hija, vistiose,
dio voces, y a sus acentos,
salió un hombre tan valiente,
que no solo hizo volvernos,
pero de cuatro, los tres
llevan los cascos derechos.
Sobre cobarde, traidor.
Ahí se cumple el proverbio,
nunca el traidor es valiente.
Llevad a este hombre preso.
Señor, yo no tengo culpa.
[Vanse.]
Vamos; allá lo veremos.
Ya deseo, Juana mía,
concluir tu casamiento,
para obviar más embarazos.
Y yo también lo deseo,
por no causaros enojos,
más enfados, ni recelos.
Señor Pedro Alonso Bravo,
puesto que este aleve ha hecho,
el que yo le despidiera,
por sus locos desaciertos;
si vos gustáis, desde hoy,
mi hacienda, y casa os ofrezco,
pues no hay con qué resarciros,
lo que por Juana habéis hecho:
Lo que se quería el bobo,
para lograr sus intentos.
A ser noble, y de mi serie...
¿Qué hicierais?
Daros por premio
a mi hija doña Juana;
mas ya no tiene remedio.
No obstante, por si soy noble,
yo vuestra palabra aceto.
Esta fue exageración.
En mí un desvanecimiento.
El juego anda entre bobos,
y todos eran fulleros.
Sale Venito.
Martín Muñoz quiere hablarte.
[Vase.]
Voy; que los agradecimientos
me vendrá a dar: doña Juana,
ya te he dicho cómo espero
en breve, vengan por ti,
disponte al viaje luego.
[Dásela.]
[Vanse.]
Señor Pedro Alonso Bravo,
parece que estáis suspenso,
no estáis bien galardonado:
yo de mi parte ya he hecho,
cuanto me ha sido posible;
por mi causa fuisteis preso,
por mi amor os libertaron;
mi padre, noble, y atento,
os ha hecho su mayordomo;
yo quisiera agradeceros,
de otra suerte las finezas;
mas ya sabéis, que no puedo,
por lo que a mi padre oísteis;
y pues fuisteis tan resuelto,
que acetabais la palabra,
siendo condigno sujeto,
para mi mano, y estáis,
acaso, incapaz de serlo,
aquesa carta os dirá,
el modo: guárdeos el cielo.
Vamos, Celia, ven, Rufina.
Chirinola, ¿qué es aquesto?
¿Qué es lo que te ha sucedido?
Que por haber encubierto
mi nombre, perdí la dicha,
de ser hoy de Juana dueño.
No fueras tan botarate,
de andar los nombres fingiendo,
sino es andar a las claras,
sin traer nombres supuestos,
eso es de mequetrefes,
o de títulos porreros.
¡Que haya perdido esta dicha!
¡Y que no tenga remedio!
Chirinola, yo estoy loco.
Pues irte luego a Toledo.
Yo me muero, Chirinola.
Iré a ajustar el entierro.
¿Quién se vio en mayores penas?
Calvino, Mahoma, Lutero.
Que yo pierda a doña Juana.
Calla ya, no hagas extremos,
ve leyendo aquesa carta,
que esta tiene algún secreto;
pues te la dio doña Juana
enigma ha de tener.
¿Qué enigma puede tener?
Eso se sabrá leyendo.
De don Luis es la firma.
¿Tu hermano?
Lee aparte.
No hay duda en ello.
Léela, veamos qué dice,
alza la voz, lee, necio,
porque todos la entendamos.
La causa ya la comprendo:
ya he logrado, Chirinola,
cuanto discurrió el deseo:
qué dichoso, qué feliz,
qué alegría, qué contento.
Más loco te has vuelto ahora.
Di, ¿no hay causa para serlo,
si sabe ya doña Juana
quién soy?
Ya eso es muy viejo,
que yo también lo sabía.
¿Por qué me lo has encubierto?
Por si hacías más locuras,
como las que he visto.
Necio, vive el Cielo, que te mate.
Más loco serás con eso.
Aquí viene el Asistente,
con Martín Muñoz.
Deseo verle,
que es buen camarada.
Yo también mucho me alegro,
que no es malo para amigo,
en el campo un bandolero.
Salen, y escaramuza Martín.
Señor Pedro Alonso bravo,
las gracias a daros vengo,
de mi libertad, después,
de hacer este mismo obsequio
al Asistente; y me ha dicho,
que estos favores la debo
a su hija doña Juana,
pues con él hizo el empeño,
para darnos libertad,
y así el verla deseo.
Salen y criadas.
Aquí viene con su padre.
Señora, a vuestros pies puesto
os doy repetidas gracias,
de haber, sin yo merecerlo,
ni haberos servido nunca,
tanta gracia haberme hecho.
Al amigo Pedro Alonso,
debéis más agradecerlo.
Yo le estoy agradecido.
Que aunque es verdad, que tuve empeño
de una dama, que amparáis
y de otro caballero:
a Pedro Alonso debéis
el que haya sido tan fuego
Señora así lo conozco.
A favores tan supremos
os doy las gracias rendidas,
a vuestros pies.
Sois atento.
Tachado: Sale Benito - Una dama quiere hablaros / Aristen - Que entre, si no es en secreto, / Benito - Entre usted, señora mía.
Salen las dos con mantos y escaramujo
A daros las gracias llego,
señora, de haber libertado,
a quien por su industria espero
recobrar aquella joya
que comunicada os tengo;
y a vos, señor, os lo estimo.
Martín, muy grandes empeños
habéis tenido hasta aquí;
pero mirad que os advierto,
que si yo os vuelvo a prender,
no os han de valer empeños.
No me pondré yo en paraje,
que me vea en este riesgo,
ni os daré más ocasión
de aquí adelante.
Vase.
Veremos.
Martín, ¿es esta la dama,
por quien os tuvieron preso;
y la que a don Luis Fajardo
hirió con tanto denuedo?
Señor Pedro Alonso, esta es.
Don Luis es muy poco atento,
a tan superior belleza,
hacer desdén, y desprecio;
y así en fe de la amistad,
que con don Luis profeso,
me preciso apadrinarla,
y así, señora, os ofrezco
de hacer estas amistades.
No tenéis vos qué ofrecerlo;
Martín Muñoz es bastante,
para ajustar aquese duelo:
y yo también, que soy parte:
dejadlo vos, que os prometo
que Leonor quede bien puesta;
y vos no os metáis en ello.
Yo, señora, discurría
el haceros este obsequio.
Bien está: Martín Muñoz.
Gran señora (pues hecho
el empeño de esta dama,
y vos el empeño mesmo,
de que recobre su honor,
es mi principal objeto:
y me habéis de dar palabra
de ejecutarlo.
Lo acepto:
y para más confianza,
si ella gusta desde luego
la podéis tener en casa.
Voluntades no violento.
Con más decencia estará.
¿Vos queréis? pues yo no quiero.
Ya sabéis.
Yo no sé nada.
¿Quién es este caballero
señora, tan cortesano,
y fiel?
El que estuvo preso
con Martín Muñoz: y hoy
es mi criado.
Me alegro;
que es muy cortés, y entendido.
Y vos que tenéis con eso.
Yo, señora, cosa alguna,
este fue un reparo honesto.
Martín Muñoz, retiraos;
a vos, señora, os prometo,
que quedaréis muy bien puesta,
si consigo lo que intento.
Y yo si el mío consigo,
tener más que agradeceros.
¿Leísteis aquella carta?
Ya sé todo su contexto:
¿y vos sabéis quién yo soy?
¿Y vos sabéis tengo dueño?
Que le gocéis muchos años.
Que por instantes le espero.
Me juzgaré Pedro Alonso como hasta aquí,
si esto pierdo.
Vanse.
Pues a Dios, el cielo os guarde.
Señora, guardeos el cielo.
Pedro Alonso, a Dios te queda.
A esta dama os encomiendo.
Yo estimo vuestra atención.
Vase.
Veros muy dichosa espero.
Señora Leonor, al monte.
Hasta dejar mi honor terso
seguiré tu compañía;
ven, Úrsula.
Vanse.
Voy siguiendo
a ser monstruo montaraces,
y sirenas de los cerros.
Escaramujo, cuidado,
con el canal.
Ya te entiendo.
Que a lobanillo de esparto,
te huele aun el pescuezo.
Vanse.
Para morir ahorcado,
ya tengo el ánimo hecho.
Tercera Jornada.
Salen Chirinola, don Alonso, el Asistente, doña Juana, Celia, Rufina.
Doña Juana.
Mi señor.
Ya se cumplió mi deseo
de que se logre tu empleo.
Aparte.
¿Quién vio tormento mayor?
¿Quién vio más infeliz hado?
Y cómo señor; decid.
Que ha llegado de Madrid,
de vuestro esposo un criado;
este delante le envía,
a prevenir la posada:
ya su primo una jornada
lo deja; y así, hija mía,
prevénte para marchar,
a gozar tu noble esposo.
Aparte.
¡Ay, dolor más riguroso!
¡Ay, más tormento y pesar!
Aunque el acompañamiento,
que trae, es muy dilatado,
Juana, he determinado,
que sea más opulento.
Aquese intento os alabo.
Y tu esposo, no lo extrañe,
dispongo, que te acompañe,
tu primo, y Alonso bravo.
Admito tan gran favor.
Aquesto lo determino,
qué bueno es para el camino
vaya un hombre de valor.
Iré con grande gusto
con tan noble compañía,
porque el ir sola sentía.
Para tu obsequio es muy justo.
Aparte.
El equívoco entendiste,
según lo que he notado,
Ya estoy de todo enterado,
Calla pues que lo advertiste.
Las Doncellas las más bellas
te pueden acompañar.
No las tenéis que llevar,
que allá no se usan Doncellas.
No es de la Corte el primor,
De las Damas este estado.
Las que sirven al estrado,
son Doncellas de labor.
Llevaré a Celia, y Rufina
que son con quien he tratado.
Si quieres a otro criado
mira al que tu amor se inclina.
Si Pedro conmigo va,
con Pedro tengo bastante.
Se ha de volver al instante.
Claro es, que se volverá:
y ya señor lo deseo,
puesto que ha de ser forzoso.
Gozaréis un noble esposo.
Sale Benito.
Ahora llega
un criado a dar aviso,
de cómo ya está en Sevilla
del señor Don Sancho el primo.
Enviaré a cumplimentarle
con mi teniente, y ministros:
Yo me retiro a mi cuarto;
Alonso ten prevenido
todo, y haz lo que mandare,
Juana pues queda a su arbitrio.
Haré cuanto me ordenare.
Haré cuanto me ordenare.
De tu mucho amor lo fío.
Aparte.
Ya que la juega un zurdo
Aquesto es preveniros
por si quiere a la mañana
volver a partir el Primo:
ven lleva luz a mi cuarto.
vanse los dos
Voy al instante a serviros
Id las dos a disponeros,
Ya están los dos cofrecillos
A mí me falta un fontanche
Y a mí me falta un manguito.
Eso queda, a mi cuidado.
Mirad, que ha de ser de armiños.
Los lazos sean azules.
Disponed, lo más preciso,
vanse
y no os detengáis en esto.
vamos Celia a prevenirlo.
Que se fuesen deseaba,
porque corre gran peligro
un secreto entre mujeres;
pues no sabiendo el desinio,
cuando revelarlo quieran,
ya no podrán conseguirlo.
Ya pues mi resolución,
e intento habéis entendido;
quisiera saber el vuestro,
y si corresponde al brío,
lo excelso de vuestra sangre,
y de vuestro amor lo fino;
y esta prevención Alfonso,
no la tengáis a desvío,
bien que parece en aquesto,
que en vos presumo lo omiso,
y pudiera conociendo,
quien sois, haberlo omitido.
Es de damas advertidas,
y aquese vicio estimo:
mi valor se corresponde
a mi nobleza lo fino,
a la nobleza, y esfuerzo;
pues sin haber el motivo,
en que me puso la suerte,
con solo el haberos visto,
sin que su decreto ciego,
el amaros fue preciso.
Supuesto que llegó el tiempo,
y según lo conferido,
como me habéis de librar,
de este próximo peligro;
que esto es lo más principal,
no porque al temor me rindo;
pero para obviar los riesgos,
bueno es antes prevenirlos.
¿Habéis discurrido el medio?
Lo que había discurrido
era se fletara un barco,
y embarcados por el río,
fuésemos a Gibraltar
con vuestro hermano, y ya visto
mi padre con quien me caso,
por fuerza habrá de admitirlo.
Cuanto el ir a Gibraltar,
ese es también mi designio;
mas por la mar no lo apruebo,
pues puede lo intempestivo,
de sus ondas, remontarnos,
donde del viento al arbitrio,
con una seguridad,
demos en un precipicio.
Yo el lance premeditando,
os tengo ya prevenido,
camino, con menos riesgo,
y más seguro camino:
un coche tengo dispuesto,
el cual al primer aviso
estará dentro de un hora,
del jardín en el postigo.
Vase quitando el guante.
Don Alonso ya soy tuya,
tu dueño de mi albedrío;
y para mayor firmeza
de tu amor, y mi cariño.
Tente; ya sé que resuelves,
yo soy tan noble, y altivo
que no he de menester favores;
y si este precioso, y rico
diamante, por favor fuera,
lo hubiera restituido
a tu mano; fue por premio,
y así lo traigo conmigo.
No vi tal galantería.
Lo que ahora determino,
para tu mayor decencia,
y mayor aplauso mío,
que vayas con tus criadas
en el coche, yo al estribo
sirviéndote de criado,
y de esclavo, el más rendido,
pues hasta verte segura,
18. 35
y en Gibraltar sin peligro,
no he de unir dos corazones,
en un lazo, persuadido,
que la inconstante fortuna
puede con siniestros giros
desbaratar nuestras dichas,
y a lo infeliz divertirnos.
Conociendo tus razones,
no lo atribuyo a desvío,
el favor que te feriaba.
Juana mía, yo lo estimo.
Con aquesto más me obligas.
Yo estoy más favorecido;
y pues ya cerró la noche,
por el jardín daré aviso.
Pues en mi cuarto te espero.
Tachado: Alfonso. Yo estoy más favorecido,
En nada andaré remiso,
ve, y avisa a los cocheros,
que con el menor ruido,
que vengan luego al instante,
y en estando, dame aviso;
y antes nuestros dos caballos
los dejarás prevenidos.
Lo mejor se te olvidaba.
¿Qué es lo que se olvida, dilo?
Vase.
Las alforjas, y la bota,
que es la sal de los caminos.
No me culpará este arrojo
quien del amor el hechizo
hubiere experimentado.
No está en ser amante fino
aprecio de los favores,
arrojarse a los peligros.
Mi padre vuelve a este cuarto.
Pues luego que dé él aviso
Chirinola, procurar,
bajar con algún motivo
al jardín.
Salen las criadas con luces, Benito, un ministro, y el asistente.
Espera Juana,
y vos Pedro; solicito,
que sepáis, que determina,
y lo que ha respondido
el pariente de Don Sancho.
Aparte.
En movimiento continuo
está el corazón.
Decid,
lo que determina el primo
de Don Sancho.
Que vendrá,
después de haber prevenido
lo necesario al viaje;
pues tiene, según me han dicho,
dispuesto salir al alba,
por evitar los bullicios,
que hay en los despedimientos
de parientes, y de amigos.
Muy bien acordado está,
mi dictamen era el mismo.
Aprisa va esta boda.
Vase Chirinola.
El tal es ejecutivo.
Señor.
¿Están los caballos?
Tente labio: y muy garifos
con silla, y jaeces nuevos,
y lo demás.
Ya he entendido.
Aparte
¿Qué es lo demás?
Las alforjas
con todos los entresijos
de bota, de pan, y queso,
y un buen pernil de tocino
muy bien sabéis caminar
lo del hombre prevenido.
Ya te entiendo: doña Juana
vete al punto a tu retiro,
y espera con las doncellas:
vete a la puerta Benito
para avisar cuando venga.
Seréis gran señor servido.
Vase
ven Rufina, vamos Celia,
ya es menor el susto mío
Vanse las tres
Y yo señor si os parece
también saldré a recibirlo
para hacer mayor obsequio
discurres como entendido,
vaya luego
Chirinola también te vendrás conmigo.
Sí señor vamos al punto
a poner el pie al estribo
Templo le haré a la fortuna
si aquesta dicha consigo.
Vanse
¿Y qué comitiva trae
el pariente?
muy lucidos
criados, y con libreas
de gran gusto, y artificio
los lacayos, y cocheros;
y cuatro pajes vestidos
de grana, y vuestras doncellas
trajes, cintas, y abanicos
y dos galas de tela,
que tienen precio infinito.
las joyas de mi señora,
con las sortijas y anillos,
guarnecidos de diamantes
desto patente me hizo
por estarlo componiendo
por haber de remitirlo
delante con los criados.
Cuánto estoy agradecido
al Cielo, por haber dado,
un tan heroico marido
a mi hija doña Juana
También el dichoso ha sido
en lograr tan grande prenda.
De aquesta suerte la libro
de cansados pretendientes
y otros diversos peligros
Dentro
Quién vio tal alevosía
a villanos atrevidos;
traición: traición.
¿qué es aquesto,
Sale Benito
Benito, ¿qué ha sucedido?
Señor infamia mayor,
que hombres han cometido:
En la puerta estaba, cuando
oí dentro algún ruido
al cuarto de mi señora
entro, todo lo registro;
paso al de las criadas
también, despoblado miro;
al mayordomo no hallo,
entro al jardín, y el postigo
hallo abierto, con señales
de que por allí han salido
pues hallé esta cinta blanca
en el suelo.
Es delirio;
dame esa luz porque quiero,
ver, y registrar yo mismo
la carta.
entrase
El señor Forero
ha hecho buenos novillos,
pues se lleva a tres de un vuelo.
¡Grande atrevimiento ha sido,
o ingrata hija, y aleve
de un villano advenedizo,
te has prendado! (vil azaña)
y a un caballero has perdido!
Sin duda, que por la mar,
con algun barquero amigo
han marchado: el vergantin
ireis luego a prevenirlo
para darles el alcance,
o en las aguas sumergirlos;
que si logro el apresarlos,
hare en ellos tal castigo
que sea exemplo en Sevilla,
a los venideros siglos.
sale el Asisten.
Señor no van por la mar;
ni el torero era mestizo,
sino es un gran caballero.
¿Pues de que lo has inferido?
De que me dijo el criado,
estando a solas con migo,
que su amo fingia el nombre,
y tambien el apellido,
que es Don Alonso Fajardo,
hermano de aquel, que vino
con Papaguin a las fiestas.
A ser verdad lo que has dicho,
no fuera el error tan grande,
el que Juana ha cometido:
mas ¿como puedo creer
que hombres de tan conocidos
blasones, se sugetare
a servir?
Trae a el animo
de ejecutar el intento,
por este medio, y arbitrio;
viendo, que este casamiento
la teniais conferido.
Pues a Gibraltar partamos
por si hallo algun alivio
del dolor, que me atormenta:
mas ¿como he de divertirlo,
a el que ha venido por ella?
Decir, que avia prometido
ver a la virgen de Europa,
que venera aquel presidio;
y que vos partis por ella,
que se espere.
Y si fingido,
a Don Luis, ¿que he de responder?
si no hallo en su domicilio
a Doña Juana.
Fingir,
que conviene al real servicio
el veros, con Papaguin,
Yo otro fracaso he inferido.
¿Y que es señor lo que infieres?
Que se ha ido con el vandido,
para que de el amparado,
se libre del cruel castigo,
que mi indignacion previene;
y assi prevenid ministros,
y gente, que he de prenderlos.
Siempre estan prevenidos.
Pues vamos, a hija ingrata,
que mal has correspondido.
vanse.
Por Dios, que el torero es diestro,
pues tal lance ha conseguido.
Sale Rafael de turco, y los demas de moros
Amigos valerosos,
terror de aquestos campos procelosos:
ya sabéis, que el andaluz reinado
me nombra Rafael el renegado,
y para acreditar aqueste ultraje,
mudamos aqueste traje,
de infieles mahometanos,
y cautivando míseros cristianos,
los vendemos en toda Berbería;
por una fiera ingrata,
del mar me hice pirata,
donde son mis placeres,
el cautivar mujeres;
pues una de ellas el motivo ha sido,
de que el alma, y honor haya perdido;
nuestras ardientes bárbaras locuras,
sean contra andaluzas hermosuras,
y no ha de sosegar mi ira ardiente,
hasta robar la hija al asistente,
y por vengarme con acción más brava,
la traeré en mi galeota por esclava.
Pues en qué esa dama te ha agraviado,
que con ella te muestras tan airado?
Es una fiera cruel, y muy esquiva,
mostrándose conmigo tan altiva,
que a rendidas finezas,
me pagó con desdenes, y asperezas;
en Sevilla he de entrar de ira armado,
y de traje, y de nombre disfrazado,
la he de robar, y darla muerte airada.
Y si está a defenderla el camarada,
que de cuatro, que fuimos,
los tres descalabrados nos volvimos,
en aquella contienda?
No siempre ha de tener quien la defienda.
Cómo con tal despecho,
en las playas frondosas del estrecho
de Gibraltar, fondo hemos dado;
sabiendo, que el distrito está poblado,
de torreones fuertes, y atalayas?
Porque en aquestas playas,
sin temor de accidentes,
trafican muchas gentes
que cautivar podemos cada día,
y pasar en un punto a Berbería,
a donde vengativos
la galeota poblamos de cautivos:
nuestra audacia se esconda
a vista del camino, que va a Ronda,
de Gibraltar, y toda la marina.
Pues de aquella colina,
que se ve enmarañada,
y de matas, y céspedes poblada
podemos retirar los pasajeros.
Pues al monte, y al bosque compañeros;
penetrar la espesura,
vengaré mi desprecio en la hermosura.
Escóndense en el monte.
Salen bandidos Martín, Leonor, y Úrsula de bandidos con charpas y escopetas, y escaramuza a lo ridículo.
Estás señora muy bella
con la charpa de pistolas.
No puedo estar sino horrible,
pues que me falta la honra.
No ha sido por vuestra culpa.
Sí ha sido, pues fui tan loca,
que entregué a un hombre el honor,
a vista de las historias;
que nos están avisando
de las cautas, y alevosas,
y viles correspondencias:
dígalo la dama hermosa
el hechizo de Sevilla,
y aquella, que a las traidoras
ansias, de don Gómez Arias,
(acción vil, cuanto traidora)
la vendió a los sarracenos
y a otras muchas españolas,
que por no causar horrores,
no las doy a la memoria.
Mal fuego de Dios en ellos.
Ya no hay remedio señora:
pero el señor don Luis
juzgo, que me hará la honra,
luego que yo se la pida.
Cuando no, en su casa propia
o donde llegue a encontrarle,
le he de dar muerte alevosa:
confiada no he de errar
como en Sevilla.
La ronda
estorbó tan noble intento,
y el que vuestro amor no logre
de su legítimo esposo;
pues en la ocasión forzosa
de conocernos los dos;
si hubiera de hablarnos forma,
juzgo que vuestros disgustos,
y controversias celosas
de su parte, y de la vuestra,
no fueran tan rigurosas;
en Gibraltar entraremos
luego, que la tenebrosa
noche se cubra de horrores,
y se encapote de sombras,
y entonces si no se humana
a la razón, yo haré escolta
para que le deis la muerte.
A eso es a lo que se arroja
mi altivez, y mi soberbia.
4
Ro. 39
No seáis tan rigurosa,
los celos son que aun me matan,
más que la venganza propia;
que son desdoro y desprecio,
y esos son los que una loca,
ni disimula, ni sufre,
y son los que más provocan
a la venganza, a que aspiro.
No digo, que estáis quejosa
no es con muy grande razón,
y que yo la reconozca;
pero teniendo remedio
con la esperanza se borra
la indignación, y venganza;
y así templaos señora,
y entre tanto, que el sol
no pasa la rigurosa
estación; de aquellos robles,
gocemos la fresca sombra.
Martín Muñoz mucho os debo.
Valiente noble amazona
más merecéis, que yo hiciese,
que es obligación forzosa,
el amparar a las damas,
y con más razón ahora,
pues es honrar a un amigo;
y así no quedáis deudora.
Subamos a hacer la siesta
a la margen de aquella roca,
que de allí registraremos
la campaña deleitosa
de Gibraltar.
Martín vamos.
Allá os espera la tropa
de los demás camaradas
con una valiente olla
de carnero, y seis cabritos
para echar sobre las sopas.
¿Pues, y los han pagado
al dueño con paga pronta?
Unos tomamos de gracia,
y otros como de limosna.
Ya he dicho, que a los cortijos
de toda aquesta redonda,
no se les haga molestia,
ni la más mínima corra.
Vamos, señora Leonor.
Vamos, Martín, en buen hora;
que haya atentos bandoleros.
Aparte
Que haya damas tan puntosas.
Úrsula escúchame dos razones.
¿Qué te toma?
Con la charpa, y la montera
estás como una amapola.
¿Y qué tenemos con eso?
Que aquí paz, y después olla.
Vanse
Súbense al otro lado donde abra un monte = y salen Chirinola Celia, Rufina, Alonso, y Juana de camino y Chirinola con alforjas =
¿Has atado los caballos?
A las ruedas: las alforjas
conmigo; que los cocheros
con su padre no se ahorran.
Bellísima doña Juana
en esta estancia frondosa
donde a los febeos rayos
le hacen floreciente escolta,
y a las copadas encinas,
y a las olivas pomposas,
en este pues verde prado
cuya matizada alfombra,
si la dibujó la noche
la regia la blanca aurora:
podemos hacer estancia,
entre esmeraldas, y rosas,
a vista de Gibraltar
pues hay dos leguas muy cortas;
podemos tener la siesta
sin temores, ni zozobras.
Mas don Alonso entre tanto
que la posesión no goza
con segura paz en casa
de tu hermano, recelosa
está el alma.
¿Qué recelas?
ya no hay quien quite la gloria
a nuestro amantes pechos,
y así el pecho desahoga.
Dejad ahora temores,
y vamos a lo que importa
Celia, y Rufina arrastrad
sillas, y aquí a la redonda
sentados, vamos comiendo
lo que hay en estas alforjas.
Ponen los manteles en tierra =
Sentémonos bella Juana.
Sentaos también vosotras.
Siéntanse
Cata Francia Montesinos,
cata la mesa redonda.
¿Tienen agua las frasqueras?
Solo ha quedado esta bota,
alambicada en Lucena,
en los morteros de soga;
pues el pan, ay no es blanco
amasado en Etiopía
que por la reina Sabá
y ella lo envió hecho tortas.
Come
¿Qué tengas esa pachorra,
eres lego de comedia?
El que escribió aquesta historia
quiere quitar el abuso
de que en las comedias todas,
de santos, y de ermitaños
que siempre tengan carcoma
los donados, de hambre infusa
como ciencia Salomona.
Pues a eso te pareces.
Pues aun no he bebido gota,
señores, vaya a la muestra.
Bebe.
Sea con tiento, Chirinola.
Van bajando los del monte.
Atajad por todas partes,
bajemos de la colina.
Tajados tengáis los
y retajadas las tripas.
¿Qué reza esto, Chirinola?
¿Pues no los oís, cuadrillas
de cazadores?
Llegan.
Aquí están, lleguemos todos;
daos a prisión; mas, ¿qué miran
mis ojos? ¡Aquestos son
mi enemigo, y mi enemiga!
Amarradlos a esos robles.
Primero daré la vida.
Cógenlos por las espaldas y atenlos.
Ten, o este río de bronce
te reducirá a ceniza.
¿Qué es esto, divinos Cielos,
quién se vio en tan gran desdicha!
Atándole.
Bárbaro, si tienes honra,
no dupliques la ignominia;
y pues estás agraviado
déjame libre, y la ira
al certamen de la espada
dejaremos concluida
tu venganza, y mi venganza.
Ya no valen valentías,
atadle de pies, y manos.
Pues la venganza me quitas,
no te atrevas a mi esposa,
y si a su desdoro aspiras
con los dientes cortaré
esta lengua, y despedida
del labio, con tu aleve pecho
será ardiente culebrilla
que te pase el corazón.
¿Me conoces, enemiga?
Atándola al paño.
Ya te conozco, villano.
Así pago las caricias,
y desprecios vuestra, ingrata.
¿Qué es lo que mis ojos miran?
Ya están todos amarrados.
Atan a todos.
Celia.
¿Qué dices, Rufina?
¿No es este don Rafael?
que a mí me parece en la pinta.
Y el mayordomo de casa.
Ay Celia, ahora nos pringa.
O yo estoy hecho un zaque,
o este moro, es aquel quídam,
de en casa del asistente.
Arráez, ¿qué determinas?
Que a todos cuatro liguéis,
y a estos por si en la vista
tuvieren algún consuelo
el ver, no se les permita,
y así cubridles los rostros.
Échanles unos pañuelos en el rostro a Juana, y a Alonso, y líganlos a todos con una soga, y va tirando delante Chirinola.
Ya están, en una reata todos.
Pues id marchando.
¿Dónde nos llevas?
A vender a Berbería:
vamos a la embarcación.
Ya que nuestra suerte impía
nos trajo a ser tus esclavos,
no lleves a esta cautiva,
que yo te daré el rescate,
y la cantidad, que pidas.
allá en Argel nos veremos.
Desde Arriba
Quién se vio en mayor desdicha.
Martín Muñoz, me parece,
según alcanza la vista,
que allí va tropa de Moros,
y según, que se divisan,
llevan cristianos cautivos.
Preparad las carabinas,
y salgámosles al paso,
van bajando
El pirata es como hay viñas.
Digo señor mayordomo
brava era esta campiña
para un oso.
Ya no estamos en Sevilla.
Moros son, y llevan presa.
Nuestro valor los embista.
Perros daos a prisión.
Cualquiera, que se resista,
morirá,
será matando.
Señor Martín llegue a prisa,
y corte estos cordeles,
y verá la tremolina.
Chirinola ya estás libre;
desata a los demás.
Villano antes que embutas,
con este rayo de plomo,
te haré el corazón ceniza.
Rinde cobarde las armas
Rinden.
Qué aguardan? las armas rindan.
y los atan
Perro caíste en la percha,
Y los demás en la liga.
Descúbrete amada esposa
Descubierta
Qué es lo que mis ojos miran!
Pedro Alonso.
Amigo.
Señora mía
Dame tu mano Leonor.
Eso no es bien lo permita.
Ya están todos en fila,
atados unos, con otros.
Amarrarlos a esa encina,
hasta ordenar otra cosa.
Canten en su algarabía
alguna cosa a Mahoma.
Y canten la tonadilla
Moro Zayde, Moro Zayde
no digas que no te avisa
Canta
Los Moros ya están presos
sacarme por vuestra vida,
de este obscuro laberinto,
en que el discurso vacila.
Pedro Alonso, es Don Alonso
Fajardo, él me dio la vida,
y honor, en dos ocasiones;
supe el blasón, que encubría,
por su hermano Don Luis
Fajardo, el homicida
de tu honor: Alonso noble,
yo noble, y agradecida,
él cortés, yo apasionada,
mirad si atropellaría
los respetos de mi padre;
y así vengo fugitiva,
para ser de Don Alonso
esposa, en la compañía
de Don Luis, su noble hermano,
lo demás ya se registra.
Que esto escuchen mis sentidos,
sin voz me tiene la ira,
y rabiando estoy de enojo.
Todas estas son premisas
Leonor, para que en quietud
tu honor, y esposo consigas.
O no gozaré yo el mío,
pues el Cielo facilita
por este medio, el que cumpla,
lo que tiene ofrecida,
mi fe, afición y palabra.
Deja que a tus pies rendida.
Ya son unos nuestros brazos.
La historia es peregrina.
Señor don Alonso, hoy doy
norabuenas repetidas,
y os estimo los favores,
pues aunque no os conocía,
sino por Alonso Brabo,
siendo quien sois, se duplican
más los agradecimientos.
Mi amor tu atención estima;
y aun más me habéis de deber.
Suceso ha sido notable.
Pues, Martín, ¿qué determinas?
Dentro don Luis.
Que vamos a Gibraltar.
Corra la caballería,
y circumbate ese bosque.
Valor, doña Juana invicta.
Otros chiquitos tenemos.
Todo el discurso vacila
con tantas contrariedades.
En tanto que os apadrina
mi valor, señor, no temas.
Nunca el temor en mí habita.
Salen soldados, don Luis, Papaquín con pistolas en mano, y los reciben Leonor, Úrsula, Chirinola, don Alonso y Martín.
Ya dimos con los cosarios
que los cautivos se llevan.
Pues mueran si se resisten.
A ellos, señor, y mueran.
¿Qué es lo que solicitas?
¿Con quién es esta pendencia?
¿Qué es lo que miro, Martín,
hermano? ¡Ay, dicha como esta!
¿Quién son?
Alonso, mi hermano,
y Martín Muñoz.
Quien llega rendido
a esos pies excelsos.
Apartad.
Y Vuestra Excelencia permita
bese su mano.
Mis brazos son más decencia.
Por los efectos que veo,
la pregunta será necia:
¿de qué al valor de los dos
habrá puesto en la cadena
a esos moros?
Es cierto,
librando de una tragedia
infeliz a vuestro hermano
y a estas damas, que iban presas.
¿Y quién son estas damas?
Levanta.
Invicto señor, aquesta
es doña Juana.
¿Qué veo?
A vuestros pies estoy puesta.
Alzad, señora, a mis brazos,
pero me hace me suspenda
este no pensado acaso,
estando en la inteligencia
que ya estabais en Madrid
con vuestro esposo.
A esta admiración os responda,
pues de mi dicha y tragedia
por mi hermano la sabréis.
Ya me dio de todo cuenta.
Pues el señor Asistente,
para darme recompensa,
como Pedro Alonso Brabo
(ficción que está aún en su idea),
habiendo echado de casa
a este cosario, que era
su mayordomo, me hizo,
sirviese la plaza misma.
Por noticias de mi hermano
supo esta Dama quién era,
y viendo su deuda, quiso
satisfacer esta deuda
y hacer fuga a Gibraltar.
Yo me doy la enhorabuena,
pues más blasones adquiere
mi casa, con tan gran prenda.
Yo soy mucho más dichosa:
Doña Leonor agora llega,
y haz la paz con Don Luis.
¿Qué Doña Leonor es esa?
porque al oír este nombre
de ira el pecho se apodera,
Yo soy, señor Don Luis,
quien humilde a esos pies llega.
Quita ingrata, quita aleve
que a no mirar, que es bajeza,
fuera este acero tu muerte,
Va a disparar, y la detienen.
Pues yo vengaré mi ofensa
con este rayo de fuego.
para que tu infamia muera
Ten, Leonor.
El poyo, acabó en pendencia
Señor Don Luis, ¿qué es esto?
Esa aleve, falsa, fiera.
Ese falso, fiero, aleve.
Todas son vanas sospechas:
Don Luis aquesta Dama,
(ya vuestra grande prudencia,
puede entender este caso:)
como he dicho, por sospechas
mal fundadas, que me consta,
por vengar su honor revuelta,
se vino a amparar de mí,
para que la defendiera,
entanto no se vengara,
o por que supo, que estrecha
amistad, entre los dos
había: de la nobleza
de Leonor, a todos consta;
y mirando que era prenda,
de un tan señor, y mi amigo,
traté con la reverencia
debida; a ella, y a vos,
y mi palabra la empeña,
de hacer estas amistades.
Iba a Gibraltar, y aquesta
fue la ocasión de librar,
de esa corsaria turquesa,
a un hermano de mi amigo,
y a una Dama, que por ella
me veo en la libertad.
No os hizo poca fineza;
la Dama tiene justicia
Don Luis, y será fuerza.
Yo gran señor.
No hay excusa,
porque ha de quedar bien puesta
Doña Leonor.
Y empeñada
también vengo yo en ponerla
en su decoro.
Señora.
Mi palabra es la primera
Dejadle, que yo primero
he de quedar satisfecha
de los celos, que presumo.
Dentro voces.
Esta es otra cantaleta.
Ya los tenemos cercados
Si se resisten, que mueran.
Aun nos faltaban otros cuentos.
Las armas estén alerta,
por si fueren enemigos.
Por lo umbrío de esas quiebras,
baja gran golpe de gente,
todos con sus escopetas.
Aquí hay otra zarracina.
Hacia nosotros se acercan.
Sale el Asistente y Ministros con armas de fuego =
Rendíos; pero, ¿qué miro?
O traidores por mi ofensa,
y no por justicia lidio.
Vueseñoría se tenga.
¿Dónde está mi aleve hija?
Asistente, más paciencia.
Señor general, ¿qué es esto?
¿Vos apadrináis mi afrenta?
¿Dónde tenéis a mi hija?
Con una criada vuestra.
Cómo ingrata, cómo aleve.
Ved, que yo soy su defensa,
y que estamos en campaña,
y el que quisiere ofenderla,
ha de ser de aquesta suerte.
Levanta el gatillo.
Ya os conozco lo revuelta.
La Leonor se la ha rendido.
¿Qué confusiones son estas?
Que vuestra hija es esposa,
después de estas controversias,
de don Alonso Fajardo.
Yo no conozco quién sea
este, que tanto merece.
El que te iguala en nobleza,
es mi hermano don Alonso.
¿Dónde está? que se recata?
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El que tenéis a las plantas.
Quitad; ¿qué ficción es esta?
Que este es Pedro Alonso Bravo,
que con aquesta cautela,
me ha robado a doña Juana.
Si don Luis lo confiesa
que es su hermano, y yo lo afirmo,
y ya su esposo: ¿os queda
otro duelo?
No, señor, pues lo dice Vuestra Excelencia.
Yo me doy por satisfecho.
Pues vuestra gracia merezcan.
Llegad los dos a mis brazos.
A ellos nuestra dicha aumentan.
Ahora, señor, os pido,
se me haga luego entrega
de Martín Muñoz, pues tengo
del Rey, y el Consejo, quejas
de que le hubiese soltado.
Yo tengo la preeminencia
de indultar a todos cuantos
gozar del indulto quieran.
Yo lo admito para ir
con mi compañía entera,
a servir en la campaña,
donde el Rey tuviere guerra.
Pues marcharéis a la Italia.
Mi amor este indulto acepta.
Señores, y estos corsarios,
que están aquí hechos badeas.
¡Qué miro! ¿no es el traidor,
que trató con indecencia,
mi casa?
Él es señor.
Y huyendo corre que vuela.
Quién se vio en mayor desdicha.
Retiradlos de mi presencia.
Vanse.
Ahora falta mi duelo,
yo tengo hecha promesa.
Mas que se va a meter monja.
A doña Leonor ponerla,
en posesión de su esposo;
y puesto, que no hay más queja
en los dos, que presunciones;
y así señor don Luis sea,
vuestra mano el desempeño.
Preciso es que os obedezca:
esta es mi mano Leonor.
La vida ganas con ella.
¿Por qué Leonor?
Porque estaba a quitártela resuelta.
Ahora te estimo más.
Y porque sean más completas
las dichas, y queden todos contentos,
y satisfecha la deuda del Asistente
el que os deis las manos resta.
Doña Juana esta es mi mano.
Así salí de la deuda.
Y aquí el entrar por criado,
y salir por amo, cesa,
los infelices dichosos,
de gracia un víctor merezcan.
Finis Coronat Opus.
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