> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
Метаданные произведения
Предупреждение
Может содержать ошибки или упущения. Если у вас есть лучшая версия, пожалуйста, свяжитесь с нами. с нами для обновлений.
Лицензия
Этот контент предлагается по лицензии Cretive Commons CC BY-NC 4.0. Разрешено повторное использование по предварительной записи; коммерческое использование не разрешено.
< clss="inline-flex w-fit items-center" href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/deed.es" trget="_blnk" rel="noopener noreferrer" ri-lbel="См. подробную информацию о лицензии Cretive Commons CC BY-NC 4.0.">Рекомендуемая ссылка
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Las locuras y amores del príncipe Fisberto. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/las-locuras-y-amores-del-principe-fisberto.
Príncipe Fisberto
Mauricio, su ayo
El Rey Vespasiano
El Duque Leonisio
Un rey de Polonia
El Rey Enrique
Gridolfo
Un paje
Un preso que traen los de Hungría
Feduardo, soldado
Uno que trae la nueva de la ciudad saqueada
Dos soldados que traen un preso
La infanta Feliciana
Leonora, su dama
Un mayordomo
Un correo
Sale Fisberto con Mauricio, su ayo, con unas armas en las manos, y dos soldados con un cuerpo muerto, todo él el rostro bañado en sangre.
Ya te he dicho, Mauricio, que no hables
palabra hasta que sepas bien mi intento,
cosa que a ninguno es rentable,
a todo lo que oyeres está atento,
sin dudar el corazón a quien llegare,
aunque a tu parecer yo avariento,
con la más brevedad que ser pudiere.
Ese cuerpo llevad a reconocer
a la parte y lugar donde se supiere,
no será para el presentalle,
pues lo conoceréis en las cartas
que con gran verdad os certifico
que mucha parte os dará de sus divicias
en viendo en su presencia el cuerpo muerto
de quien ha prometido las albricias.
Ha oído decir que es el príncipe Fisberto,
hijo del rey de Hungría Vespasiano,
y que estaban durmiendo en un desierto
con un peñasco y esta diestra mano
el malogrado mozo dio la muerte
por paga de la que dio a Feliciano.
El rostro trae deshecho de esta suerte,
aunque va tan herido y maltratado,
para que a conocerle el rey acierte,
en su mismo caballo bayo herrado,
y no le han desnudado el vestido
ni desceñido la espada de su lado.
Aquestas armas que el tiempo ha traído
y estas cartas que estaban en su pecho,
que enviadas de su padre le han venido,
bastarán por testigo de este hecho
pues con prendas suyas conocidas.
para quedar en rico satisfecho,
sacaréis de mercedes tan crecidas
con solo este difunto cuerpo fiero
que a nueve le reduciréis las vidas.
Idos con el derecho a palacio
con gritos, alborotos y armonía,
entrando por su sala algo despacio,
porque el estruendo, ruido y vocería
lleve la nueva al rey a su posada
y la hallaréis bañado de alegría.
Decid que aquesta muerte le fue dada
por vuestras manos de la forma y modo
que os ha sido de mí ya relatada.
Y que puestas vuestras cosas acomodo
en término de un año, plazo puesto
para cumplir nuestro concierto en todo.
Sin que ninguno exceda un punto de esto,
nos hemos de juntar adonde estamos,
debajo de criado dicho presupuesto,
de el dinero que el rey os diere a entrambos,
el un tercio tenéis aquí de darme
al cabo de este tiempo que asignamos.
A seros mi desdicha a desterrarme
a guerra de Polonia, yo pudiera
con aquesta riqueza remediarme.
Si aqueste inconveniente no hubiera
como digo de estar yo desterrado,
yo mismo con el cuerpo al rey me fuera.
Pero pues que yo fui tan desgraciado,
quiero os pagar en esto el hospedaje
que con tanto regalo me habéis dado.
Apresurad, señores, el viaje,
que todo lo que fuere más temprano
hallaréis en el rey demás coraje.
Y aquesto al cielo clamo,
que la sangre de él y yo está pidiendo
venganza de este príncipe inhumano.
No quiero detenerme refiriendo,
es temer, señor, sublime falta,
pues la satisfacción que vas pretiendo
por mucho que se alargue, será falta.
Solo diremos que el concierto hecho
si el aliento y la vida no nos falta.
Aunque se arriesgue todo mi provecho
lo cumpliremos, sin doblar ninguno.
Vuestra vista es bastante desengaño.
Y bien entiendo yo lo que os confío,
pues por mi vida guardo todo un año;
no os detengáis con ese cuerpo frío.
Bien os podéis partir y el suceso cielo
os dé el suceso y fin que yo confío.
El mismo os dé victoria acá en el suelo,
y ponga vuestras cosas en tal punto
que nada os dé cuidado ni recelo,
no barato suceda igual barrunto.
Vanse llevando el cuerpo y armas, con las calzas y queda Fisberto y Mauricio su ayo.
Tanto me has hecho callar,
temiendo mi mudo aquí,
que pensé quedarme ansí
cuando quisiese hablar.
Tienesme tan atontado
este embeleco y enredo
que yo por cierto no puedo
imaginar en qué has dado.
Qué necio cuidado y pena
es más el que te abrasa,
mas saca el necio en su casa
que el discreto en el ajena.
De ver cómo te embobé
sin dejar contradecirme,
quise mil veces reírme,
mas por aquello no osé.
Yo sé que estás ya rabiando
por gustar de decírtelo,
y harelo para pagarte
lo que te tuve callando.
Decírtelo agora quiero,
y a fe mía que pienso
que has de quedar más suspenso
de esto que de lo primero.
Bien entiendo yo, señor,
que de el enredo pasado
debes de quedar colgado
algún engaño mayor.
Sabrás que en Polonia hubo
más una justa real
que por su desdicha y mal
el príncipe la mantuvo.
Al principio anduvo bravo,
derribó mil caballeros,
naturales y extranjeros,
mas se torció fortuna al cabo.
Que entrando yo de refresco
con gallardo desenfado,
me fue favorable el hado,
pero no se lo agradezco.
Luego el mal lográndome,
blandiendo vino su lanza
con engañosa esperanza
y con bizarro alborozo.
Tres lanzas rompimos él
y vencernos no pudimos,
y con aquesto cumplimos
la condición del cartel.
Tomó coraje excesivo
porque en la lanza postrera,
que fue la postrer carrera,
vino a perder un estribo.
Yo, como suele en contar
y aun es refrán verdadero
que el gallo en su gallinero
suele más libre cantar,
poniendo mano a la espada,
arremete a mí furioso,
mas no me halló perezoso
su furia inconsiderada.
Porque con la que llevaba
ceñida aqueste cuerpo muerto,
halló respuesta en Fisberto
y aplacó su furia brava.
Al fin su loca osadía
y mi de tal traba suerte
le trujeron a la muerte
por desdicha suya y mía.
Miraba mi Feliciana,
y tanto acero mi mano
que la muerte de el hermano
vino a ser su propia hermana.
Que de su amor inflamado
me vieras, Mauricio, herir,
solo pudiste sufrir
para tan enamorado.
Yo hice lo que debía,
pues le dije una gran pieza
de téngase, vuestra alteza,
deténgase, y no quería.
Luego que cayó difunto,
los brazos flojos colgando,
fui mi caballo aprestando
para el riguroso punto.
Toda la corte, aunque en balde,
de golpe me acometieron
y daban alcanzar dijeron
a voces: muera, matalde.
Cuando la sentencia fiera
vi puesta en ejecución,
con doblado corazón
abrí por todos carrera.
Con la espada defendía
lo que el caballo ganaba,
cual de el tropel se apartaba,
cual atropellado caía.
Pero muriera sin duda
si un tropel de aventureros
como finos caballeros
no vinieran en mi ayuda.
Vieras la plaza revuelta,
la librea destrozada,
la fiesta regocijada
en sangrienta guerra vuelta.
Ya la noche iba cerrando
y el combate no cesaba,
que en ella sola estribaba,
la escuridad aguardando.
Por la plaza discurría
entre todos revolviendo,
que el polvo, noche y estruendo
casi me desconocía.
Vino a ser la escuridad
causa de su confusión,
y por medio el escuadrón
me salí de la ciudad.
Sin parar por un desierto
toda aquella noche anduve,
mirábame en el estuve,
y en que se avise, Fisberto.
Viéndome en segura parte,
mudé dinero y vestido
para no ser conocido
hasta que vine a encontrarte.
Tras esto un pregón se dio,
apaciguada la guerra,
en que por toda la tierra
el rey Enrico mandó:
A cualquiera caballero
que me matase o prendiese,
y a Polonia me trujese,
cuatro cargas de dinero.
Todo esto en aqueste estado
y aquel mozo ayer maté,
y vi cual viste le envié
el rostro desfigurado.
Porque solo en el vestido
con mis armas y las cartas,
que para señas son hartas,
por Fisberto se ha tenido.
Engañé a aquestos soldados
para que al hecho se atrevan
con la codicia que llevan
de entregarles en los ducados.
Es asegurar mi pecho
a aqueste enredo pasado,
pues muerto y aun llevado
al rey, será satisfecho.
Dejarán ya de buscarme
con la engañosa venganza,
y es abrir a mi esperanza
puerta para remediarme.
Y agora lo que desear
libre sin ningún temor,
no sé qué digas, señor,
sino que te ruego veas.
No te fuera menos duro
a verte partido a Hungría
que andar de cada día
con temor tan mal seguro.
Yo no sé lo que pretendes
en trances tan rigurosos,
que ora tiemblas, ora animosos,
o tú mismo no te entiendes.
Dices bien que yo me entiendo,
y tan bien me entenderás
que luego al punto verás
mas lo que yo pretendo.
No me acobardan tus miedos,
pues me anima Feliciana,
de el muerto príncipe hermana,
y causa de estos enredos.
Esta sola me destierra,
y con andar desterrado
jamás estoy apartado
de la sierra de su tierra.
Pero con qué pecho fiero
pretendo gloria y abrigo,
pues fui mortal enemigo
de quien yo mayor la espero
pues su delicada mano
mal se heredará asida
llevándola yo teñida
en la sangre de su hermano
nuevo tormento sería
pedir la palabra y fe
a quien yo mismo quité
sin tener bien que tenía
mal se dolerá de mí
por quien las tiernas entrañas
arde en encender nuevas sañas
la sangre que yo vertí.
Si puesto en tal osadía
me negare su favor
ven que como a traidor
fortuna me la desvía
Pero tu engaño dobando
no es más gloria el morir
si muriendo el vivir
lo que pide su deseo
De mi mucha voluntad
muestra daré más famosa
cuanto más fuere la cosa
de mayor dificultad
Si de morir con su ausencia
qué malaventuranza
quede a lo gusto y venganza
de morir en su presencia
Al fin yo me determino
Mauricio óyeme atento
que mi resuelto intento
es ya hecho a este camino
Vestido con un vestido
de loco me has de llevar
a Polonia a presentar
al rey a quien he ofendido.
Con semblante asegurado
le dirás, y no medroso,
que soy un loco donoso
que de dentro has criado
y que en nombre de su alteza
me criaste y me tuviste
y que agora me trajiste
para alivio a su tristeza
Yo me desfiguraré
con locos y ociosos ecos
haciendo dos mil muecos
que no me descuidaré
Demás de esto en el lenguaje
y forma de proceder
yo procuraré hacer
que conforme con el traje
y vamos a lindo tiempo
que todos están penados
tristes y necesitados
de alegría y pasatiempo
Y porque para mi ensayo
conviene estar yo contigo
dirás que quedas conmigo
para regirme por ayo
que te tengo grande amor
que tiemblo en tu presencia
y que en estando en tu ausencia
suelo no tener temor
Y advierte, Mauricio, y mira
si preguntan nuestra tierra
que digas que Inglaterra
no se turbe la mentira
En esta sola invención
estimo mi confianza
puesto en yo ya la esperanza
en el postrero escalón
Mi nombre será Tirón
tú te llama Foderigo
plega a Dios, Mauricio amigo,
que no se trabaje en vano
Arte burlado, Fisberto,
o por ventura has soñado
todo lo que aquí has hablado
con tan loco desconcierto.
Yo no sé lo que imaginas,
porque vengo a pensar de eso
que tienes perdido el seso
o que te mueles bernardinas.
O tu juicio desvanea
o tú, Fisberto, me engañas
con cuentos de asar castañas
el invierno en chimenea.
Yo juro por mi salud,
si lo contara una vieja,
que era armada conseja
con vara de libertad.
No me enojo porque entiendo
de tu término el sosiego
y que estás libre del fuego
en que yo me estoy ardiendo.
Dime, ¡ay vida, ay honra, ay fama!
¿dónde entra este bebedizo,
ay encanto o hechizo
de la fuerza de esta llama?
Y en mí será más cruel
su tormento desigual,
pues comuniqué este mal
con quien sabe menos de él.
Bien sé que aquesto que dices
lo sentirás diferente
si este rabioso accidente
te abrasen sus raíces.
Pero pues de él se desnuda
tu memoria, hay aparejo
para quitar de él consejo
y añadirme lo en tu ayuda.
Fisberto, el aconsejarte
no entiendas que es ocasión
de faltar mi corazón
una tilde en ayudarte.
Ni creas tan poco de esto,
aunque tanto me desdores,
que por no saber de amores
no sé nada en todo el resto.
Muchos se han enamorado
que a sus damas han servido,
pero de nado al olvido
un hecho tan endiablado.
Cada cual habrá intentado
lo que pide la ocasión,
como la disposición
que tuviere su cuidado.
Que si con facilidad
puede una cosa alcanzarse,
no hay para qué aventurarse
donde no hay dificultad.
Antes que yo diese muerte
al príncipe de Polonia
sin ninguna ceremonia,
gozaba dichosa suerte.
Porque de mi ninfa bella
en extremo fui querido,
si Feliciano atrevido
no me desterrara de ella.
Ansí que Mauricio entiende
que ni tú ni todo el suelo
podrán alterar un pelo
de lo que esta alma pretende.
Mira a lo que te dispones
y a la fortuna do tiro,
sin mirar como yo miro
al peligro que te pones.
Ese es ligero susto
que aventaja;
es en amor tanta gloria
que sube de punto el gusto.
Y si como fiel criado
tú de mis servicios gustas,
en cosas justas o injustas
tendrásme más obligado.
Que si de atrevido sobro
cuando venga a peligrar,
habrá maña y lugar
para ponerte en encobro.
Siento en el alma, señor,
de que sospeches que arguyo,
no por el peligro tuyo,
sino del mío temor.
Pues sabes bien que mi vida
mil veces la aventuraste
y contino la hallaste
a tu voluntad medida.
Pues en esto quiero ver
si ese amor es verdadero,
pues esta causa que quiero
más que puedo encarecer.
No pienso contradecirte
ya, Fisberto, en tus antojos,
sino en que de mis ojos
ciego ofrezco el servirte.
Por esta vez te lo pido,
antes siempre lo haré ansí;
vamos, Mauricio, de aquí
a dar traza en el vestido.
Entra el rey Enrique de Polonia con las cartas, y los soldados que trajeron el cuerpo muerto y un mayordomo.
Aunque habéis renovado mi tormento
con ver la causa de él que aquí presente,
y de nuevo a mi alma represento
el pasado dolor que agora siento,
crecido, amigos, gran contento,
satisfecho de ver que no consiente
el soberano cielo a mi enemigo
que triunfe de mi tierra sin castigo.
Por la inocente sangre derramada
de mi querido hijo Feliciano
y por esta alma triste atribulada,
y cuando en ese pérfido tirano
no pudiera mi sangre ser vengada
con el mayor poder de armas a mano
que pudiera juntar aquesta mía,
al menor no dejara en toda Hungría.
Mas el cielo lo ha hecho más barato
y más seguro ha sido este trofeo;
pague quien solo hizo el desacato,
tan inorme, villano, torpe y feo.
Con tan poco cuidado y tal recato
le derribó su loco devaneo,
que tan solo durmiendo en un desierto
matastes ese príncipe Fisberto.
Tan poquito de mí se recelaba
que dentro de mi tierra se detuvo,
tanto de sus hazañas confiaba
y en tan poco mi poder tuvo,
su loca furia y arrogancia brava
de que contra mi reino se mantuvo,
sin duda le engañaron y trajeron
al punto que sus culpas merecieron.
Como buenos hidalgos habéis hecho
por vuestra tierra y príncipe volviendo,
que si este se escapara con tal hecho
quedara de Polonia escarneciendo.
Con esto quedo, amigos, satisfecho,
una fidelidad agradeciendo,
de nuevo me contad tan buena suerte,
que no me canso de escuchar su muerte.
Como dentro en palacio referimos,
llegando tu pregón a nuestro oído
las señas de este príncipe cogimos,
y cada cual, señor, bien instruido.
Juntos para la empresa nos partimos,
y no por el dinero prometido
tanto como por darte a ti venganza
de quien ansí cortó nuestra esperanza.
Después de haber gran parte arrodeado
en que rastro ninguno hallamos,
en un valle o desierto allá apartado
a solo descansar nos alentamos.
Y de este tal enemigo
no miras sus falsos modos,
pues me he de ahogar con todos
y llorar sola conmigo.
Que aun la muerte de mi hermano
en mi provecho convierte,
porque lloro por Fisberto
revestido en Feliciano.
¿Qué consuelo de esto esperas,
o quién podrá no sentir,
ver las burlas descubrir
y haber de encubrir las veras?
Y mi corazón sujeto
a callar y a padecer,
solicitando el placer
que me tiene en tal aprieto.
Que el temor de una deshonra
pueda encubrir mi dolor,
no es verdadero clamor
que repara en puntos de honra.
Pero yo que amor le tuve
a mi querido Fisberto,
pues trayéndome la muerte
mirando a viva estuve.
Jamás creyera de ti,
señora, tal liviandad,
que ofendes tu autoridad,
demás de acabarte a ti.
Para esto has granjeado
tal nombre y reputación,
¿es esa la discreción
y entendimiento extremado?
Aunque el tuyo se desvele,
sé que no hallará remedio,
que ya no ha quedado medio
para que ya me consuele.
Que aun el rostro delicado,
cárdeno, sangriento y feo,
para más tormento mío
se trajeron destrocado.
De aquel cuerpo sin aliento
las manos solas vi yo,
y allí con ellas cerró
las puertas a mi contento.
Ordenastes, aunque en vano,
para indignarme, tiranos,
que viese solas las manos
que mataron a mi hermano.
Vuestra falsa alevosía
fue de más poco provecho,
pues vi tras ellas el pecho
donde estaba el alma mía.
Ya, señora, esa pasión
es locura y es dislate,
y pasa a disparate
del límite y de razón.
En lugar de consolarte,
y volviendo a tu locura,
andas añadiendo fuego
con que de nuevo atizarte.
Vamos de aquí,
que podrá tu padre entrar
y venir a imaginar
lo que no piensa de ti.
Ya no temo suertes malas,
antes con ellas me alegro,
pues no puede ser más negro
el cuervo que son sus alas.
FIN DE LA PRIMERA JORNADA
Sale Vespasiano con una carta en las manos, y Gridolfo y Feduardo, sus sobrinos.
Mis sobrinos, Gridolfo y Feduardo,
aquesta es la ocasión, este es el día
que el pecho fiero y corazón gallardo
y el bélico furor de nuestra Hungría,
de cuyos ecos la venganza aguardo
de una insolente y cruel tiranía,
muestren al sol y a los inhumanos
que, aunque murió Fisberto, quedan manos.
Esa carta leed, sobrinos caros;
de Licino, criado de Fisberto,
de ella podréis muy bien certificaros
del injusto rigor con que ha muerto.
Valerosos sobrinos, a inflamaros
que el alevoso hecho ha dado a tuerto;
leed ese papel, sepa mi tierra
la sangrienta ocasión de aquesta guerra.
(Lee.)
¡Ah, tirana, ah, vil, rey inclemente!
De esta suerte, mi hijo fue tratado
como facineroso delincuente,
con público pregón el pregonado,
albricias diste, tú de tal presente,
no bastaba el sujeto desastrado
sino que con solemne regocijo
celebraste la muerte de mi hijo.
Por tan sin padre solo y sin amigos,
al príncipe de Hungría imaginabas
que con tal libertad tales castigos
en mi prenda querida ejecutabas,
pues no son, no, cobardes enemigos
los que de tal empresa granjeabas;
si un Fisberto solo dio guerra,
mil Fisbertos irán sobre tu tierra.
¡Qué de tal loco y fiero desatino!
tan breve tome cruda venganza
que solo la distancia del camino
os pueda asegurar de la tardanza;
llevando a cada lado tal sobrino,
hablar puedo con esta confianza,
que en fe de esos valores me dispongo
y en vuestras manos mi venganza pongo.
Que bien ha de bastar para que os muevan,
la sangre de mi hijo derramada,
y que, aunque muerta y fría, ha de encenderos
el fuego al pecho y esforzar la espada;
y que el ingrato rey que con dineros
compró su vida a costa mía, lograda
con esas manos, y con esta mía,
pagará la traición y alevosía.
No bastarán razones, rey supremo,
ni es justo que las gastes; tal tormento
pues llega nuestra pena a tal extremo
que consuma y acabe el sufrimiento.
El fiero furor en que me quemo
ha hecho en mis entrañas tal cimiento
que no solo ese reino de Polonia
is poco, pero aun toda Babilonia.
No es necesario, rey, a lo que creo,
para querer movernos, e incitarnos;
el tercio de las muestras que en ti veo
bastarán, alto rey, para librarnos;
no ha menester respuestas el deseo
que tengo de vengarte y de vengarnos,
que igual tuya la afrenta es propia nuestra,
y por suya la toma aquesta diestra.
Vuestro es mi reino, pues habéis quedado
en lugar de mi hijo ahora entrambos,
y si se muda el infelice hado,
y el reino de Polonia conquistamos,
de él quedaréis, Gridolfo, coronado,
y de aqueste de Hungría, que pisamos,
siendo tú, Feduardo, mi heredero,
no has de ser en vengarnos el postrero.
No quiero reino de tirana gente,
ni se ha de gobernar por esta mano
la que es infame, inicua, imprudente;
que concluya y apriete al rey tirano
el fiel corazón, no me consiente
conceder con castigo tan liviano;
antes pienso dejar sus tierras tales
que las habiten fieras y animales.
Ordena luego, rey esclarecido,
como el armada pueda repararse,
y que esté cada cual apercibido,
sin que la causa venga a divulgarse.
Yo no busco al enemigo yo dormido;
como ese injusto rey quiso vengarse
no lo quiero vencer sino despierto,
no durmiendo como él mató a Fisberto.
Las cajas suenen, sepan mis soldados
la justa causa de mi justo ruego,
y que serán de mí muy bien pagados,
demás de ser la guerra a sangre y fuego.
Del campo franco están asegurados
que yo se lo concedo desde luego;
y a vosotros, sobrinos, os encargo
que de mis generales llevéis cargo.
No por esto entendáis que me reservo,
antes seré mi lanza la primera,
y al enemigo rey crudo y protervo
yo mismo pienso darle muerte fiera,
que de el pecho cruel, y caso acerbo
no me satisfaré de otra manera;
y aun le tendré a mis pies despedazado
y no estaré, sobrinos, bien vengado.
Poderoso señor, el mismo intento
hallarás en aquestos corazones,
y aun vengativo y firme pensamiento,
no digno de mostrarle con blasones;
pon orden, traza luego a tu contento
los lucidos y armados escuadrones,
que aquí tienes puestas dos vidas
para mayores cosas ofrecidas.
Entranse y sale el rey Enrique y su hija Feliciana.
Pretendes que más me aflija,
sobre lo que yo me aflijo,
y quieres que, tras el hijo,
también se pierda la hija.
Procura en atormentarme
con esa melancolía,
que a tiempo sois niñería,
muy fácil el acabarme.
Que, tras una pena tanta,
en lugar de entretenerme
es buena ayuda ponerme
otro nudo en la garganta.
Basta, baste haber vengado
ya la muerte de tu hermano,
para que alces la mano
de tristeza tan pesada.
Mal serenará mi duelo,
porque en este fiero llanto
me causa mucho quebranto
lo que me das por consuelo.
No entiendo tu intento vano,
como sientes a Fisberto
no sino de haberle muerto
me acuerdo de Feliciano.
Que, cuando engaño el dolor,
y pienso tener más gloria,
refrescase en mi memoria
el nombre de ese traidor;
y no fuera tan esquivo
el dolor, ni aun le sintiera,
si a mi presencia viniera
el cruel Fisberto vivo.
Y que del acerbo hecho
el castigo yo le diera,
porque el tirano sintiera
lo que yo siento en mi pecho.
A mí me diera más gusto
la venganza de ese modo;
pero, razones con todo,
contentarse con lo justo.
Agora, nuevo cuidado
por mi alma se reparte,
pensando cómo casarte
para quedar descuidado.
Y, entiendo que ya fortuna
se nos muestra diferente,
todo mi reino y mi gente,
que te case me importuna.
Entra un paje y
Dos hombres aquí han venido,
uno de extraña apariencia,
y que piden licencia
para...
No te dijeron a ti
por ventura aquesos hombres
quién son o al menos sus nombres.
Vase el paje
Señor, el Rey...
Entran Mauricio y Fisberto de loco, de librea como es pintado.
Ansí que como decía
pídenmelo y yo quiero
viendo solo un heredero
que faltar puede otro día.
Acompañe el alto cielo
a vuestra majestad
y en aquesta adversidad
os dé fuerzas y consuelo.
Que dentro en Inglaterra
adonde yo soy nacido
vuestro hijo se ha sentido
tanto como en vuestra tierra.
Pero gustad que estéis
deste homicidio vengado
y que no se haya escapado.
Decí, ¿qué es lo que queréis?
¡Oh, qué hermosa que es la tía!
Ansí, si yo fuera vos,
con un rey me casaría
porque parecéis ausidios
en vuestra fisonomía.
Amén, acá le el ayo, y él se encoxe.
Escucha, que te daré
salud, que yo le crié
desde su pequeña edad
a este loco y lo guardé
para vuestra majestad.
Es extremo es gracioso,
alegre, manso y donoso,
visto hoy desenfadado,
y nunca rey le he hallado
deshonesto ni asqueroso.
Antes limpio y juguetón,
y quise en esta ocasión
traerle algún regocijo
para alivio a la pasión
de la muerte de tu hijo.
¿Has visto qué desatino?
Que unos bellacos querían
matarme allá en un camino,
y mataron a un cochino
pensando que me cogían.
Mucho placer me habéis hecho,
que en este punto tenía
a mi hija y lloraría,
quedese echa de del pecho
la tristeza que tenía.
Y como me decís
estará alegre este loco,
a muy buen tiempo venís
para reír allá un poco.
Venga acá, falsal y anís.
¿Cómo te llamas, amigo?
¿Cómo te llamas, villano?
Señor, llámase Lirano,
por saberlo del código.
Pues no, a dester tan temprano.
Basta que tiene donaire,
gusto es estalle oyendo.
Pues cuando venga saliendo
con mis alas por el aire,
os espantará mi estruendo.
Que si descubro el poder
que me ha dado el alto cielo,
tomaré para consuelo
y hurtaré al sol la mujer,
pues no la merece el suelo.
Contigo, hija, el encuentro
que luego que te aficiona.
Yo pretendo el casamiento,
porque no nació persona
de mayor merecimiento.
Señor, es pieza de rey,
y no rey cualquiera ansí,
sino solo para ti.
Traigan si quieres un buey,
y correrémosle aquí.
¿Por qué te llamas Lirano?
Ese es mi segundo nombre,
que el verdadero renombre
traba con el soberano.
Basta que me ha contentado
y que su donaire es tal
que a mí me ha desenfadado,
y el propio para tu mal.
Gracia tiene.
Es estremado.
Pues reconozca la gente
y haráse luego afable,
aunque le da un accidente
que no quiere que le hable
sino yo, ni lo consiente.
Y tiéneme tanto amor,
tal respeto y tal temor,
que cuando más furia tiene,
solo con verme, detiene
y refrena su furor.
Y estando en mi compañía,
tristeza y melancolía
nunca reina en él jamás,
antes, sí, gustarás
de sus chistes y alegría.
Lo bueno es hacer chitón,
que nos darán colación,
y sepan estos barracos
que somos todos bellacos,
con vicio, no sin visión.
Y tú que me estás forzando,
y con tu vista tremendo,
aquí, diga la verdad,
declara tu voluntad,
que do golondrón con don golondrongo.
¿Qué quieres que te declare?
La chamusquina del pecho,
y pues que yo me he deshecho,
que cuando resucitares
no me trates con despecho.
Luego, ¿agora muerto estás?
Han ya doblado por mí.
Pues, ¿cómo hablas aquí?
Porque dejo notis atrás
para quien hable por ti.
Sí que yo, después que vengo
a lo que nadie ha venido,
aunque me parto y divido
a mí mesmo ser metiendo,
quedo al cielo crecido.
Mirad que os me vais de mano
y que estáis muy granjero.
¿Qué te parece Lirano?
¿Cuál te rinde el compañero?
Déjale entrar el verano.
Que puesto en la primavera
tomaré tiento a las cosas.
El desechar las esposas.
Ya le toma el mal de fuera,
temiendo estas mariposas.
Esta chiquilla que ves
es de demás importancia,
esta formó la ignorancia,
esta volvió del revés
la forma, no la sustancia.
Muy buen renombre le han dado
de la ignorancia inventora.
Su título tan colmado
tú serás mayor señora
que yo con todo mi estado.
Muy necio, Lirano, andáis,
que de lo que granjeáis
vais perdiendo mucha pieza,
pues sin respeto a su alteza
de ignorante la llamáis.
Pues dime, ¿no es gran ceguera
decir que no es ignorante
el que juzga mi semblante
por la apariencia de afuera
sin proceder adelante?
Y el agravio a mi grandeza
que todos estos centavos
no conozcan su torpeza,
y tú también las agravias
por defender tu cabeza.
No te me enojes, Lirano,
que te quiero por amigo.
Dame a mí de lo tacaño,
él haráse algo alano,
también estos, bien conmigo.
Entra el duque Leonisio alborotado
Tu majestad está muy descuidado
y paréceme gran inocencia
que se halle de estraños avisado
del poder con que viene el rey de Hungría
y que a la mira de esto no haya estado,
pues taberna o parte a que espía,
poco de Vespasiano te recelas,
pues trae ya por el mar trecientas velas.
No fue tampoco el daño que le hiciste
para tener descuido de esa suerte,
pues a su hijo único le diste
tan vil afrenta y desdichada muerte;
considera si su furia sutil
de la muerte del suyo trago fuerte,
que yo te vi jurar el propio día
de no dejar almena en toda Hungría.
Y no es menos la gente que le honra,
ni más victoria o más ejercitada
que de sus obras vimos bien las muestras
en la mísera justa desdichada,
donde con poderosa y fuerte diestra
a pesar de esta gente destrozada,
dejando a tu hijo entre ellos muerto,
sobre vimos salir a su Fisberto.
Negocio y de poner cuidado en esto,
y apercebirnos luego a la defensa,
que bien puedes torcer el hado el resto
el húngaro poder para tu ofensa,
y el prevenirnos, rey, con tiempo presto
hará dudar lo que el contrario piensa,
que si nos halla bien apercebidos
no nos tendrá tan fácil por vencidos.
Venga el rey Cervio, rey que me guerrea,
y cubra el ancho mar con sus galeras,
que no fui tan medroso que me atierra
el temor de sus cajas y banderas;
ya te han visto sus armas en mi tierra
y poblar de mil sus gentes mis riberas,
y volverá las suyas destrozados
de cuatro partes una desolados.
Pues para que tengamos el suceso
tan felice, señor, como el pasado,
y puedas muchos años contar eso,
y quede su estandarte levantado,
pues el caso presente es de tal peso
que pide diligencia y gran cuidado,
vamos de aquí y junta tu consejo,
que no puede dañar el aparejo.
Decís, duque, muy bien y ansí nos vamos
a dar la mejor orden que convenga,
tú, Feliciana, en tanto que volvamos,
Lirano será bien que te entretenga;
vosotros con tu ayo iréis entrambos
a ver que un aposento se prevenga
en que puedan estar juntos los míos,
pues los de Feliciana están vacíos.
Vase el rey y el duque y el ayo y damas y quedan Feliciana y Fisberto el loco.
Con su alteza quedaréis
mi ruidito y consoriego,
porque si no vuelvo luego,
yo os haré que me sonéis.
Vase
Queda con su alteza,
mas la temerá que ansí...
¡Qué fuerzas es basada
respeto de su belleza!
A señora, a señor vuelo.
Imposible es alegrarme,
porque pensar consolarme
de nuevo me desconsuela.
No me osaré declarar
hasta estar bien satisfecho
de tu voluntad y pecho
que podrá hacerme matar.
Y para saber lo cierto
quiero detenerme un poco,
que más vale vivir loco
que morir siendo Fisberto.
Ojalá al cielo pluguiera
que a ser este me tornara,
que en ciertos tragos gustara
ni tal tormento sintiera.
Ese ceño rostrituerto
quitará mucho querrías.
Mal podré, que la alegría
murió junto con Fisberto.
¿Quién es ese dueño honrado
que tanto te quita el sueño?
A decir tirano dueño
fuera razón concertada.
Pues ¿para qué vine acá?
Pues vine yo para ti yo
A quien le falta tal cuyo
a mí no, que eso sobrará.
Descúbrese Fisberto quitando el capirote y dice de rodillas.
No tendrá divina diosa
ni permita el cielo santo
que ofendas con ese llanto
esa bella faz hermosa.
Vivo me tienes aquí
y será bien soberano
que tú con tu propia mano
tomes venganza de mí.
Que muriendo de esta suerte
será darle a tu enemigo
mal galardón y castigo
con tan venturosa muerte.
Fisberto está en tu presencia
y no pide que se doble
ese pecho tuyo noble
a que de él tengas clemencia.
Que habiendo muerto a tu hermano
no es justo quiera vivir,
que es de benga amor ir
por esa dichosa mano.
Todo el engaño y rodeo
de mi muerte y este enredo
no fue Feliciana miedo,
sino animoso deseo.
¡Dioses! ¿Qué extraño suceso
es este? Cielo divino
no es posible desatino
ni cabe en humano seso.
Que tan alto beneficio
no me puede estar guardado
antes pienso me ha tocado
con sus locuras de juicio.
Y si por ventura acierto
y tengo memoria clara
esta habla y esa cara
me aseguran a Fisberto.
Enséñale un anillo.
Y este anillo que me diste
desde tu propia ventana
que esta seña Feliciana
en el difunto no hallaste.
Todas mis señas le di
a aquel cuerpo que envié,
y a ti sola guardé
como prenda para ti.
Abrázanse.
Tras tanta desconfianza
tal gloria puede venir,
muy bien me pueden pedir
hallazgo de mi esperanza.
Nunca la tuve perdida
de perderos ni pudiera
que antes señora perdiera
alma, corazón y vida.
Entra un paje y dice, y encúbrese el loco.
El rey me manda, princesa,
que te viniese a llamar,
porque quiere ya cenar
y está sentado a la mesa.
Mas luego dijo la mona
como vido entrar al mono:
«yo te absuelvo y te perdono»
y le hizo la corona.
Está mucha chanza, princesa,
pues también yo soy princeso,
sino que por ser travieso
me topé con esta artesa.
Di que yo voy al momento,
que cene su majestad,
que tengo necesidad
de llegarme a mi aposento.
Vase el paje.
¡Oh fortuna, un bien tan alto
que me has dejado gozar
por fuerza le has de mezclar
con temor y sobresalto!
¡Ay, mi querido Fisberto!
No sé qué gloria recibo,
que delante os tengo vivo
y en el alma vivo y muerto.
Y más que, aunque estéis, me disteis
podrás en vos descuidéis,
y que cuando no penséis
venga mi daño y el vuestro.
Entra el mayordomo.
Todavía está esperando
el rey, y sin deteneros...
¡Qué terribles majaderos
van por el aire volando!
¿No tenéis vos miramiento
que os echaré en una noria
por que no impidáis la gloria
a un hombre de entendimiento?
Que para cenar me espera
mayordomo, al punto voy;
que porque indispuesta estoy
me he detenido acá afuera.
Vase el mayordomo.
Dejaros siento en extremo
y voyme porque otro paje
no me traiga más mensaje,
que al fin lo merece y temo.
Que os vais mi bien verdadero.
Velar os mi Feliciana,
esta noche en la ventana
que cae detrás del terrero.
Id Fisberto disfrazado,
mirad no os conozca alguno;
tendremos tiempo oportuno,
pues aquí nos ha faltado.
Vase Feliciana, y queda el loco.
Ahora, cielo sagrado,
que tal bien me has concedido,
si de mi pecho atrevido
acaso estás indignado,
corta el hilo de mi suerte
en poder de Feliciana,
si esta gloria soberana
puede sujetar la muerte.
Un principio tan dichoso,
sobre un verdadero amor,
dará al mismo temor
arrojo y ánimo brioso.
No sé qué imagine y sienta,
si me da el oírme cuadre
esta guerra que mi padre
contra el rey Enrico intenta.
El tiempo nos lo dirá,
que con tu varia mudanza
suele avivar la esperanza
cuando más perdida está.
Yo voy a mudar vestido
con maña y disfrazarme,
que si el rey manda buscarme
dirá que estoy ya dormido.
Que también se ha de fingir
que duermo en mil coyunturas,
porque a veces no hay locuras
tamañas, como el decir,
y temo el decir verdad
si acaso estoy descuidado,
que mi bien está fundado
solo en decir necedad.
Vase.
AQUÍ DA FIN LA SEGUNDA JORNADA.
Sale el duque Leonisio embozado, como de noche, con dos criados.
Quedaos en ese cantón,
que me parece, señora,
que ya estará mi Leonora
esperando en el balcón;
y si de palacio alguno
saliere con luz, acaso,
hurtadles de suerte el paso,
que no os conozca ninguno.
Vanse los criados.
Cuando pensé que tenía
paz y concordia en mi tierra,
me lo perturba la guerra
que me mueve el rey de Hungría.
Por el peso desta empresa
todo ha de colgar de mí,
y aun he de acudir allí
adonde honra se atraviesa.
Que faltar a la que es justo
por pasatiempo de amor,
estraga mucho el honor
y se ha de perder el gusto.
Sí será bien esperar
y hacer seña a la ventana.
Sale Fisberto con el vestido del ayo, embozado, y el loco.
¡Dulcísima Feliciana!
Yo conozco este lugar.
¡Oh, Fisberto venturoso,
que vienes aventurado
y de amor no has pagado
verte en fin tan dichoso!
Apártase a otra parte, embozado.
Si mal aviso no tengo,
un embozado está allí;
quiero echarle de aquí,
no me estorbe a lo que vengo.
Hidalgo, por cortesía,
que deste lugar os vais,
que cierta cosa estorbáis
de importancia y cosa mía.
Lo mismo que me pedís
iba yo a pediros;
haréisme merced de iros,
que mis negocios impedís.
Otra noche habrá aparejo
para que lo vuestro hagáis;
tomad el consejo que os dais
y yo no os pido consejo.
Echan mano a las espadas.
¡Descomedido villano!
A voces habéis de hacer...
Para que sabrá verter...
ora sangre aquesta mano.
Y si agora no lo hago,
será por no descubriros,
que, si me llego a partiros,
sin dar a tales el pago...
No temo yo fanfarrones,
antes siempre los castigo;
pues yo os dejaré un testigo
que abonará mis razones.
Dale un golpe.
¡Oh, traidor, que me ha herido!
¡Y infelice suerte y hados!
¡Hola, criados, criados!
Salen los dos criados.
¿Qué ha sucedido?
Prended luego ese villano,
teneos vosotros afuera,
que, si no, abriré carrera
por vuestro pecho villano.
Vase Fisberto y caésele la capa.
No le sigáis, criados,
ya habemos de dejar,
solo y en este lugar
muy mal herido me siento.
La capa se le cayó.
Vesla aquí, señor...
Buen consuelo para mí
si el traidor se os escapó.
Por cierto, muy buena guarda
traigo yo por guarda mía.
Quien de vosotros confía
tal mal pago se aguarda.
¡Alto! Llevadme a curar.
Señor, ¿qué culpa tuvimos?
A un lado nos pusimos.
¡Dejadme, aun osáis hablar!
¡Plegue a Dios, y a Dios,
que yo muera desta herida
que, si yo quedo con vida,
no me habréis de ir los dos!
Vanse con la capa del loco y sale el loco a otra puerta corriendo con la espada desnuda.
¡A fortuna, que me quitas
favores que tú me das!
En tormentos y en tomas
quedar siempre a tus pies.
Si adoro a mi conocido
perdido soy sin remedio,
y ya no tengo otro medio
sino fingir lo fingido.
Y asina estaré la muerte
por momentos aguardando,
que ya voy agonizando,
Feliciana, de no verte.
Yo no sé lo que ha de ser,
lucha en el pecho conmigo,
que el segundo, mi enemigo,
me engendra un nuevo temor.
De celos, que el ofendido,
que de celos me tuvo por muerto,
Feliciana habrá muy cierto
al duque favorecido.
Y si pasa cual barrunto,
dichosa fuera mi suerte,
viendo llegada mi muerte,
y no llegado este punto.
Si cuando con mil engaños
me defiendo de morir
merecí el tan del vivir
muchos tormentos y daños.
Este que agora en los pechos
no puede tener igual,
que el verdadero mal
que ha corrompido mi pecho.
Vase y entra el rey Enrique, criado, y los dos del duque con la capa.
Tan presto volváis la mano
para semejantes casos,
yo os acortaré los pasos,
os prometo, de un villano.
Como que al duque Leonisio
se atreviese, es desvarío
bastante para el castigo
esta capa por indicio.
Corred vosotros volando,
que este fue tenerle en poco,
y a ese ayo del loco
me traed aquí arrastrando.
Vase el un criado del duque y el del rey.
Y el duque está congojado,
y muy de veras corrido,
no tanto de verse herido
cuanto se siente afrentado
de que no pudiese darle
la muerte al que le hirió;
ese cargo tengo yo,
que le tendré que vengar.
Allá a sus ojos a la pura
los médicos que decían
que algún peligro temían
si el accidente le dura.
Meten los criados al ayo agarrado y el loco detrás asiéndose del ayo.
¿Por qué con tanto rigor
de esta suerte me lleváis?
¿Por qué al ayo engarrafáis?
Mándolo el rey, mi señor.
¿Pensáis que sufro cosquillas?
Pues muy bien me conocéis
que otra vez visto me habéis
desgarrar vuestras costillas.
Si no tomáis escarmiento
tengo de mí por enemiga...
Amenaza callar al loco y se echa en el suelo.
Calla, loco, ¿qué te digo?
Bájate al suelo al momento.
Señor, ¿en qué yo ofendí
a tu real majestad,
que con tal riguridad
me tratan y traen asido?
Con ese falso semblante
piensas, traidor, disculparte
y por ventura escaparte
de un delito semejante.
Y por la ciudad rondáis,
y del duque os resistís,
de un suceso establecéis,
presto licencia tomáis.
Por ventura conocéis
esa capa que miráis,
que si esto me negáis,
muy buenas cargas tenéis.
Señor, esa capa es mía,
eso no lo niego yo.
Cuando anoche se os cayó
también era cosa lisonja,
que muy bien os conocieron
aquestos dos que la alzaron.
Hasta en mi aposento entraron
y de allí asirla pudieron,
que se van a entretener,
y al cabo con tiranía
hallan la capa a mano,
no me queréis hacer.
Llevad luego este enemigo,
ponedle en dura prisión...
que yo sin tu confesión
llevaré justo castigo.
Cúmplase tu voluntad,
que al mal podré dar disculpa
si por fuerza ha de haber culpa
y te ofende la verdad.
Tan yo me voy allá,
pues te han enojado a ti,
quédate, tirano, ay
y no me asomes acá.
No le dejen acá entrar
por ahora que imagino
que hará algún desatino
si me viese aprisionar.
Llevan a Mauricio, ayo de Fisberto, y dice él aparte.
Ya yo sé por do camina
y la causa que me deja
aquí, aperciba la oreja
a lo que el rey determina.
Entra la gente que más pudiere entrar, cargados de ropa, y dos hombres y unas mujeres con niños llorando.
¡Ah, poderoso rey! ¿Cómo no acudes
a defender tu reino de un tirano?
Y tu ciudad perdida cobra,
el húngaro poder la ha derribado
de repente por una parte incierta.
Sin tener resistencia, salteó el tiempo,
y luego con terrible ímpetu y furia
batieron la ciudad por todas partes.
¿Qué decís, gentes? ¿Es la ciudad perdida?
Estaban repartidos los soldados
reparando las fuerzas de los puertos
adonde se esperaba el golpe crudo,
y el falso rey, hurtándole el cuerpo,
vino a desembarcar por un rodeo
jamás imaginado de ninguno,
y la triste ciudad desamparada
rendida a su destino y contraria.
Luego fueron las puertas con mil golpes
de codiciosas manos quebrantadas,
y los crueles brazos con gran fuerza
y con fervor las armas van bañando
en la ferviente y espumosa sangre.
Allí las blancas canas se maltratan
del ya cansado viejo venerable,
un lloroso alarido se levanta
que al cielo llega y mueve las estrellas,
los lastimosos gritos mujeriles
que, con color difunta y traspasada,
atónitas discurren por las plazas.
A todas partes suena el miserable
llanto, miedo y horror, y muerte cruda.
El dorado cabello vi mezclarse
de la casta doncella en roja sangre,
y los hermosos ojos se sepultan
en sueño eterno o en el golfo impío,
el rosado color y pura nieve
se vuelve amarillo y mortal triste y vacío.
El niño tierno allí por fiera mano
con espada o puñal le traspasaban,
diciendo el crudo rey en altas voces
con sed rabiosa y con furor insano:
"Agora sentiréis los quejos padres
lo que sentí la muerte de Fisberto."
¡Oh riguroso punto adverso y duro!
¡Ay hora falsa, ay enojosa vida,
ay desventura, ay hado miserable!
Entrad todos tras mí, moled con grita
la floja gente en ocio sepultada,
y arbolen real momento mis banderas,
con presteza el lugar flaco reparen
de bélicos pertrechos muros y torres,
anden por la ciudad un turbulento
alboroto que al arma, al arma grite,
puéblese la muralla a todas partes
de valientes, diestrísimos soldados,
no estemos cual agora descuidados.
Vase el rey con los demás y queda el loco solo y dice.
¿Qué es esto, cielo sagrado?
¿De necio me he ya condenado
a solas adversidades,
que tantas dificultades
has en mi daño trazado?
¡Dura estrella, duro signo!
Si me cerráis el camino
por tantas partes y modos,
me habréis cumplir con todos,
¡y muera quien muerto vino!
Venir mis a vengarme
será de veras matarme,
que ofendiendo a Feliciana
cualquiera ofensa liviana
bastará para enterrarme.
Ni socorre la tierra
y a Mauricio el rey encierra,
yo solo y sin compañía,
con mi celosa agonía,
¿qué tengo yo de hacer guerra?
Pero pues para perderme
quiso amor favorecerme
con este engaño engañado,
tengo de seguir mi hado
hasta en muerte o gloria verme.
Entra Feliciana y Leonora su dama.
Pues, tirano, ¿cómo va?
Poquísimo os dejáis ver.
No será razón tener
deseo de verme ya.
Ando todo ya muy roto,
y hace poca amistad
desde que hubo en la ciudad
aquel ruido y alboroto.
Cómo, dime de qué forma,
que yo te satisfaré.
Señala la corma.
Tengo embarazado el pie
con esa pesada corma.
Leonora, por mi dama,
porque he de escribir dos cartas,
que a mi aposento te partas
y aliña mi escribanía.
Pues a solas has de quedar
con este. Feli, soy animosa.
Con que salió la raposa
para después de cenar.
Vase la dama.
¡Ay, Feliciana querida!
Que esta locura prestada
va descubriendo celada
que me ha de acabar la vida.
Que otro remedio no espero,
y aunque este vine a pedir,
no pensé jamás morir
del agravio o mal que muero.
Matad, señora, a Fisberto,
que os será gusto cumplido,
pues por el duque ha sabido
que por él vengo a la muerte.
Pero yo ya os vengaré
de mi loco atrevimiento,
que pues fue loco mi intento
le dé el loco a la fe.
Por ventura estará acaso
de vos el duque avisado,
bien parece lo concertado
el resistirme a mí el paso.
El rey, que ha dado la vida
de que causa he de haber muerto,
es olvidadiza el muy cierto,
pues murió y aún te es ofendido.
Y entiendo que el cielo ordena
que pague mi desvarío,
yo mismo en el pecho mío
he ya trazado la pena.
Vengue el rey, toma con tu mano
venganza del maleficio,
yo voy al duque o mi tío
y di muerte a Feliciano.
Quítase el vestido.
Fuera, vestido cobarde,
que con vuestro falso engaño
he venido a mayor daño
viniendo a ver mi victoria.
Cubre a Feliciana el vestido.
Paso, mi Fisberto amado,
escuchadme, espera un poco.
De veras estáis ya loco,
o en la voluntad trocado.
¿En tan poco me estimáis
que sin oírme razón,
tras una imaginación
ciega, me atormentáis?
Pago al fin como villano,
no pudiera yo hallar
mejor modo de vengar
la muerte de vuestro hermano.
Cese la amenaza ya, fiero,
los celos y los enojos,
pues vuestros propios ojos
han sido satisfaceros.
Agraviada me tenéis
de un ese injusto temor,
mas es mi afición mayor
que el agravio que me hacéis.
Que aunque en extremo lo siento,
el corazón que me rige
la cólera ha de corregir
con amor y sufrimiento.
Pues tuvisteis confianza
cuando os tuve por muerto,
en lo vivo y en lo cierto
teméis agora mudanza.
Vuestro padre en nuestra tierra
va destruyendo y matando,
y vos acá procurando
de hacerme en el alma guerra.
Mas, ¡ay, que viene Leonora!
Fisberto, no os descuidéis,
tened la plática, veréis
cuán ciega en el duque andaba.
Entra Leonora.
¿Tienen aquí, mi señora,
las quejas que ha de enviar?
¿Cuándo alivio ha de hallar
este loco en su locura?
¿Del duque qué habrán habido,
pues las misivas celó?
Si no estudia mejor
podrá ser haber vivido.
Mas que fiero una afición
ha hecho a mi alma alevosía,
del duque en la victoria,
si fuérades Fisberto en mí.
Si yo amara a vuestra Alteza,
curara de mi loco afán.
Loco conmigo están.
¡Oh, qué poquito que sabe,
en llegando al punto,
todo el corazón me unto
con un ungüento suave!
Gusto de daros remedio,
y al menos ahora hallo
con invención de un rayo
que le partiera por medio.
Pues aquí regañarás,
que la sangre que cayó
guardada la tengo yo,
pero no la llevarás.
¿Y que quieres atrever a ella,
teniendo la vanguardia?
Sangre tengo demasiada
que está para verterla.
Sola la tuya, y subida,
que he yo verter primero
con la de tu compañero.
Al vivo la reventida.
Que sobre falta de vino,
sin mirar a mi grandeza,
pues llorando la corteza
quedará el tronco divino.
No te quejas por cierto
de este tirano, señora.
En que tengo, mi Leonora,
de no pensar en Fisberto.
Y alíviame de manera,
que ya la melancolía
y tristeza que tenía
no es la mitad que antes era.
No desampara el cielo,
como se puede pasar,
todo se puede llevar,
que para todo hay remedio.
Qué quería la llorona,
que esto tira tan bien ansí,
para que ella se quedase
a ser señora y mandona.
Y mi palabra te empeño,
que este que aquí ves delante,
ha sido causa bastante
de mi dolor pequeño.
Y pues las burlas severas
a ti sola descubrí,
estimo el fiar de mí,
verás que son tantas veras.
Conocerás a Fisberto,
Leonora, que, aunque quieres me hacer
espantar y estremecer,
habiendo tanto que es muerto.
Descubre Feliciana al loco y dice
Hermosísima Leonora,
Fisberto tus manos besa.
Pues tomando la princesa,
conócesle bien ahora
vasallo y capirote.
¡Ay, Dios! No digas eso,
que el cabello me levanta
y me perturba y espanta
de solo hablar en seso.
Dejad, Leonora, el espanto
de que es causa esta librea,
que amor todo lo rodea,
y permite el cielo santo.
No sé qué digas,
que aun hablar apenas puedo.
Callad, porque aqueste enredo
a solo callar obligas.
Vamos, Leonora, de aquí,
que después habrá lugar,
no nos vengan a llamar,
que ha gran rato que salí.
Adiós, quedad, mi Fisberto.
Tan presto nos hemos de ir.
Temo, y es justo temer,
adiós, señor loco y muerto.
Vanse Feliciana y Leonora, su dama, y queda Fisberto solo
Adiós, pues, y silencio,
a lo que ha sucedido,
que es menester la locura
para buscar coyuntura
de ver y hablar a mi vida.
Pero de verse ansí preso,
qué de razones, sin duda,
me tendrá ya aparejadas,
pronosticando el suceso.
Yo allanaré su temor,
aunque me cueste la vida,
especial que de la herida
está el duque muy mejor.
Vase
hacelo y riguro y a furor nefando
Unos de compasión de velle gruñen
otros saben que encubrelle son y huyen
y el sentimiento a la...
Unos a otros se van fundiendo
no declarando por estar presente
el rey, que a cumplir su deseo
pues no permite el cielo ya la puente
que a mi Fisberto con sereno pecho
y oistan riguroso y inclemente
saqué el injusto rey el pecho
saquélo, pues, atado aqueste prisionero
que a reparo en mi furor asero
Y vamos a mi tienda, porque quiero
escribir de mi mano cierta carta
y que con ella luego un mensajero
al rey Enrique a la ciudad se parta.
Vanse todos, sale Leonora y Feliciana
No sé qué orden a mi suerte
el cielo tan tramado
que a mi Fisberto a postrado
y al contrario bravo y fuerte
La ciudad mal reparada
y con falta de caudillos
en los muros, mil portillos
y la gente desmayada
Leonora, en qué ha de parar
esta gran ruina nuestra
una fortuna siniestra
y un eterno lamentar
Tantas vueltas a la rueda
mal se sufren
y las manos me atarás
y siempre regañando
me has de estar amenazando
de que muerte me darás
Y con mucha crueldad
tú y los otros que allí estén
preso y atado muy bien
a la prisión me llevad
y enciérrenme en tu aposento
dejándome bien atado
mostrando el semblante airado
y tú furioso y violento
Y al tiempo del desafío
solo tú entrarás a armar
y yo saldré en tu lugar
quedando tú en el mío
Y guardaré yo la llave
por más seguro secreto
tan diabólico concepto
en solo tu pecho cabe
Un enredo y otro enredo
conviene se desmarañe
que yo temo que nos dañe
tener tan perdido el miedo
Ya, ya echada está la suerte
no temas que la rehúse
pues poco importa que excuse
de perderme y de perderte
Desde el primer desatino
con que a Polonia viniste
dentro en mi pecho escribiste
el suceso que imagino
Y de mi Fisberto entiende
que ya sin temor te escucho
pues perderé cuando mucho
una vida que me ofende
Yo espero con altos cielos
dulce fin de aquesta empresa
y verme con mi princesa
en bien descanso y sosiego
Que corazón sufrirá
ver a mi dama cercada
puesto el remedio en su espada
pudiendo no se le da
Yo haré deje esta tierra
mi padre y se vuelva a Hungría
que su sangrienta porfía
me hace cruel a la guerra
Y apaga de tu daño
fíalo de mí, Mauricio
que aunque es grande tu servicio
será el galardón tamaño
No hay más de que te avisar
solo te quiero advertir
que envíes luego a decir
al rey que le quieres hablar
Y con gallardo semblante
desenfadado le di
que quiera fiar de ti
esta batalla importante
Voime porque me he tardado
mucho más que yo pensé
y si puedo escucharé
lo que el rey tiene ordenado
Vase.
Dete ya el cielo sosiego
y con bien nos torne a Hungría
para no andar cada día
cayendo de en brasa en fuego
Vase, y sale el rey Enrique de Polonia con dos criados.
Mucho se tardan estos caballeros
estando prevenidos y llamados
unos por otros querrán ser postreros
por no ser escogidos y nombrados
en mi presencia tan bravata y fieros
y a la necesidad tan retirados
Esta es la diferencia, este es el ruido
sobre ser cada cual el escogido
Tienen por mejor muerte y más segura
el combate terrible y riguroso
y morir amontonados tras de un muro
cayendo hechos pedazos en un foso
que con honrado fin y celo puro
cuando ya no saliese victorioso
morir con muerte que a tal gloria llama
dando materia y fuerzas a su fama
Entra un paje y dice:
Llevando de comer a Foderigo
aquel ayo del loco que está preso
me dijo que viniese de su parte
a decirte le des, señor, licencia
y mandes que ante ti le traigan luego
porque quiere decirte cierta cosa
que a tu servicio y bien del reino toca
Partid con ese a la prisión volando
y ante mí le traed, que quiero oírle
pues el cielo a tal tiempo nos conduce
y no puede dañar el escucharle
que a las veces de casos no pensados
suelen salir avisos importantes
Una angustia, un dolor de un punto en punto
me va apretando el afligido pecho
y la imaginación va discurriendo
el desastrado fin que ya imagino
¡Oh mancebo atrevido y temerario
quién, Fisberto, te trujo a nuestra tierra!
que tal centella de el horrendo abismo
en ella derramaste, que encendiendo
después de haberme muerto tú a mi hijo
mi reino y mi ciudad tu padre abrasa
Entran los criados con el ayo con una cadena y de rodillas dice:
Poderoso señor, a quien los cielos
conceden a tu fama un alto nombre
que cuide de ti siempre eterno y vivo
no entiendas que por verme así oprimido
en la dura prisión y duros hierros
he querido ofrecerme en tu presencia
poniendo mi persona a mayor riesgo
He sabido la traza con que intenta
ese rey de Hungría difinir el caso
de este importuno cerco y lamentado
pues trata, sí, de por tu reino y bando
nombrado de su parte un caballero
y que de parte tuya otro señales
en cuyas manos pongan el suceso
de vuestras diferentes pretensiones
Entra el loco muy mesurado y pasa por delante de todos, alzando pajas del suelo y echando por detrás de las espaldas, y prosigue el ayo.
Yo, rey, aunque menor siervo y vasallo
te suplico me encargues este hecho
y que salga yo a hacer esta batalla
con el que señalare tu contrario
que aunque mis fuerzas no fuesen bastantes
mi corazón y gana de servirte
esforzará mi brazo en esta empresa
que en la lid tu nombre será parte
para alcanzar la venturosa gloria
que espero con el fin de la victoria
El loco saca un peón y andándole dice:
Tarraga, por aquí van a Málaga
Tarraga, por aquí van allá
Escucha, os digo, y no me habléis palabra
que está su majestad aquí ocupado
Aquesta ocupación es cosa mía
Ya os digo que calléis, cerrá la boca
A tal valor, esfuerzo y tal braveza
¿te imaginas acaso, Foderigo,
que podrás resistir su fortaleza?
en cerrado palenque al enemigo
Creer tu ofrecimiento es gran flaqueza
si es por reservarte del castigo
el ver que el duque ya va mejorando
me tiene, aunque ofendido, un poco blando
No entiendas, oh gran rey, que me he dispuesto
a ponerme en este trance peligroso
con engaño o con falso presupuesto
con lisonja o recelo temeroso
solo un deseo de servirte en esto
y salir por tu parte victorioso
asegura mi suerte y esperanza
que casi y aun sin casi es confianza
Si al duque, que ya dicen que he herido
para aqueste combate le querías
y en efeto de ti fuera escogido
y de ninguno lo que de él confías
si más que este que escoges he podido
bien bastarán, señor, las fuerzas mías
para vencer en campo esta batalla
que aquel que yo críe quieres encargalla
Esa razón me deja satisfecho
y parte del temor me has enmendado
Aventuremos algo a aqueste hecho
yo quiero poner hoy todo mi estado
en tu animoso brazo y fuerte pecho
y aunque yo pongo tanto aventurado
advierte que tú pones de tu parte
lo que solo el vencer asegurarte
Determínate bien a esta salida
que solo en el vencer está tu suerte
que si me engañas perderás la vida
aunque el contrario no te dé la muerte
pero si con victoria esclarecida
mis ojos llegan, Foderigo, a verte
serás eternizado con memoria
de mi satisfación y de mi gloria
Ni otra satisfación ni paga quiero
poderoso señor, sino agradarte
que con un pecho noble y verdadero
dádivas ni promesas no son parte
Yo voy a despachar el mensajero
bien puedes, Foderigo, aderezarte
vosotros le quitad esa cadena
que me alegra de ver que me da pena
Llegan los criados a quitalle la cadena y el loco corre tras ellos y dice:
¡Oh, perros! ¿qué le queréis?
¿Queréis le echar otra maza
para vendelle en la plaza
valiendo tío por tres?
No le tenéis de lograr
que todos aquí a mis manos
a vuestro pesar, villanos,
os tengo de despernar
¡Oh gallinas, que huís!
Está quedo, hijo Lirano
Déjame darles de mano
A Lirano no me oís
Llega a asirle, Foderigo,
que luego sosegará
¿Pensáis que poco me va
en ver este castigo?
Llegue el uno por detrás
Déjale, no es menester,
que yo le podré tener
hijo Lirano, nomás
Da tras ellos.
Al ayo.
¿Osáis parar ante mí?
Ni tú que lo has consentido,
ya os me vais descomedidos,
todos acudan aquí.
Asele el ayo y luego los criados.
¡Ah, traidor! Venga un cordel,
que yo os quitaré ese brío;
¿no basta el mandato mío
tampoco osaréis de él?
Gruñe el loco estando asido.
Ponle esa cadena luego.
Al rey.
¿A mí cadena, traidor?
¡Oh perro! ¿Al rey, mi señor?
Yo echaré esa lengua en fuego.
Traen un cordel y prosigue el ayo.
Atémosle fuertemente
y llevémosle a encerrar,
que a veces le suele dar
este rabioso accidente.
Y en estando atado un día
sin que ninguno le hable...
Luego amansa y torna afable
como este en mi compañía.
Pues llévale a otra parte
o enciérrale en tu aposento
porque impide nuestro intento.
Vase el rey.
¿Qué porfías a soltarte?
Si yo viera aquí mi estrella
todo me fuera consuelo,
y así parte, fuego, al cielo
y cuéntale esta querella.
Llévanle los criados y él asido y agarrado.
Venid, que yo os llevaré
donde amanséis el coraje,
pues traidor ese lenguaje
yo mismo le concerté.
Vase procurando morder a los que le llevan y sale la infanta y Leonora dama.
El alboroto y el ruido
y el estruendo ¿no oíste?
¿A mi Fisberto no viste
llevarle atado y asido?
Fortuna falsa, engañosa,
ciega, triste, andas incierta;
si han sabido que es Fisberto
no puede ser otra cosa,
porque tanto prevenido
de llevarle atado y preso
me certifica el suceso
que me apunta el corazón.
Y pasaron tan de paso
por el patio de palacio
que no me dieron espacio
para informar mi desmayo.
Engaño es, señora mía;
por prender a tu Fisberto
vendrán a paz y concierto
tu padre y el rey de Hungría.
Y todo en ventura tuya
conque el estado es suerte,
que no le dará la muerte
con el temor de la tuya,
y de esto no es mal indicio
el dejarle aprisionado.
Pero alivia tu cuidado,
ves aquí libre a Mauricio.
Entra Mauricio.
Sosiega, señora, el pecho,
que el alboroto que viste
no es ningún suceso triste
sino bien tuyo y provecho.
Fue necesario fingir
esta prisión y trazalla,
de suerte que a la batalla
pueda Fisberto salir.
El rey me ha encargado a mí
y el príncipe quiere hacella
tan tocado de vencella
como en adorarte a ti.
En la propia sangre suya
te quiere ganar y diestra
dando tras tantas tal muestra
de que estima más la tuya.
Así que, señora, ordena
de salir a velle a un muro,
que el verte será un seguro
de suerte dichosa y buena.
Antes que le desatase
en su tienda a mi aposento
me mandó que de este intento
yo, señora, te avisase.
Bien ha sido menester
ser tan cierto el mensajero,
que en ser tan verdadero
nunca acabo de temer.
No me puedo más tardar;
con Dios, mi señora, queda,
y lo que resta suceda
como puedes desear.
Mauricio, a Fisberto di
lo que sientes de mi pecho,
aunque él está satisfecho
como yo lo estoy de mí.
De caso tan bien probado
no es necesario testigo.
Vete a desatar, amigo,
no le tengas tanto atado.
Vase Mauricio.
Pues que hay quien le desate,
nosotras también nos vamos,
porque, Leonora, podamos
ver desde el muro el combate.
Que el suceso venturoso
yo le espero de Fisberto,
que saldrá con él muy cierto
en nuestro caso dudoso.
Vanse y entra el rey de Hungría, armado desde la cintura arriba, con su visera alzada y su penacho. Sale delante el atambor y pífano y chirimías, y salga paseando con sus dos sobrinos Gridolfo y Feduardo por jueces, y un paje detrás con la lanza y escudo del rey de Hungría.
En el cielo y en este brazo fío
que allanará del todo este cuidado;
no estoy tan sin calor, no tan sin brío,
que me estorbe el intento tan honrado;
y cuando le faltare al pecho mío,
encarará por tan justo declarado,
llevando esta razón yo de mi parte,
pensara deshacer a un mesmo Marte.
Aquí tienes, señor, a Foderigo,
que con este vestido le hallamos,
porque trujo Lirano puesto el suyo.
¡Oh, príncipe y señor, dime qué es esto!
No te congojes, mi fiel Mauricio,
que ya son acabados los naufragios
y el venturoso tiempo es ya llegado
en que podré pagarte como es justo,
llega a besar las manos a mi padre.
¿Quién te ha hecho, Mauricio, papagayo?
Como aquestas mudanzas han pasado,
el que es señor solo falta
que me haga saltar con cascabeles
cual perro en arco por el rey de Francia.
Vamos a la ciudad, que allá en palacio
gustaréis de saber todo el suceso.
Tendremos vergüenza a Feliciana.
Eso será, señor, de mayor gusto.
Y todo para mí de mucha gloria,
dando agradable fin a nuestra historia.