> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La divina esposa. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/la-divina-esposa.
29 D. 8 +
La divina esposa, figuras siguientes:
Cristo La Iglesia España La Infanta, que es la divina esposa Los cinco sentidos, pajes ( tachado: mancebos ) todos El Entendimiento Memoria Voluntad El príncipe Luzerno Soberbia Gula Lujuria Penitencia
Entra el príncipe Luzerno, Soberbia, Gula, Lujuria, vestidos galanes, con el retrato de la infanta.
El retrato es peregrino.
Digo, gran señor, que es digno
de tu majestad real,
que un retrato celestial
pide un esposo divino.
Si a su original gentil
la forma sutil materia,
también la tuya es sutil,
que en ti no se halló miseria,
de tierra ni polvo vil.
Formóse el hombre de cieno,
que deste bien vive ajeno,
causando fastidio y asco,
y aunque formarse en Damasco
diga San Juan Damasceno,
puesto que ansí es corruptible
y de sustancia imperfeto,
no busque lo incomprensible,
que no cabe en un sujeto
lo posible e imposible.
Señor, si el que fuiste eres,
ten ánimo y no te alteres,
ni haya flaqueza en tu pecho.
Véncela, pues que estás hecho
a saber vencer mujeres.
Dime tú, ¿no eres aquel
a quien Dios llamó su arcángel
por el profeta Ezequiel?
¿Hubo beldad a algún ángel
que iguale a la de Luzbel?
Y pues siendo tan poderoso,
tan perfeto y tan hermoso,
ansí un retrato te espanta.
¡Ay, Soberbia, que me encanta
la calidad de su esposo!
Que aunque es de tierra formado,
tiene con la baja tierra
un cierto betún mezclado
con el cual, que de hacer guerra
a mi alcázar abrasado.
Quita, señor, ese abuso
y vive con regocijo,
si en ti puede ser infuso.
Y opóngase con el aviso
quien contra el padre se opuso,
en tu victoria y triunfo es llano,
el vencer está en tu mano.
¿Cómo ansí?
Como imagino,
que muy poco lo divino
si tiene mucho de humano.
Grande es mi desasosiego,
estoy más que cera blando.
Será tuya, ten sosiego.
Si eso es ansí, yo te mando
una librea de fuego.
Pues yo, gran señor, la acepto
y por tu ser te prometo,
so pena de serte ingrato,
darte con el retrato
el original sujeto.
¿No es hermoso?
Es bien que asombre
a todo humano renombre,
sujeto, talle y ser,
en que excede a la mujer
en naturaleza el hombre.
en ciencia y en discreción,
en cordura y en grandeza,
en concierto y en razón,
prefirió naturaleza
continuamente al varón.
Pues dime, ¿por qué no tiene
ese valor la mujer?
En sí la razón contiene,
porque en su primero ser
calor a faltarle viene,
y aunque la beldad la exalta,
por estar de calor falta
siempre quedará imperfecta;
Plinio nota esta receta,
sabia, provechosa y alta.
¡Gran locura sustentó!
Mas vuelve y bórrale luego,
porque cuando lo escribió,
como a esta mujer no vio,
escribió como hombre ciego.
Pues si viera su sujeto
dijera como discreto,
luego, acabado de ver,
que es perfecta la mujer
y que el hombre es imperfecto;
y si nunca alcanza el varón
de la hembra la hermosura,
celestial y eterno don,
ya saco por conjetura
ser de mayor perfección.
Y si el hombre lo fuera más,
más bello fuera y hermoso.
Sin seso y sentido estás.
A lo menos venturoso,
si aquesta prenda me das.
A que la goces me obligo.
Abrázame, caro amigo,
y dime dónde esta infanta
su homenaje se levanta.
Yo lo diré, está conmigo.
Tiene una región nemora
entre robles y acebuches
y entre pajizas retamas,
romeros verdes y azules,
un bien acabado alcázar,
cuyos lienzos se descubren
desde sus tiznadas torres
labradas de piedra azufre,
y su vistoso chapitel,
coronadas de las nubes,
parece que deja el suelo
y al firmamento se sube.
Este chapitel rematan
tres bien acabadas cruces,
agora cedros triunfantes,
un tiempo horcas comunes.
Deste son sus muros altos,
las almenas de virtudes,
de fortaleza las torres,
de verdad los arcabuces,
las puertas de caridad,
quien nos contrasta y confunde,
de abstinencia las ventanas,
que aun apenas le dan luces,
las salas de penitencia,
de castidad las techumbres
doradas, que castidad,
más que rubio metal luce,
barbacana de consciencia,
y llenan por arcaduces
la fuente de sacramentos,
porque agua fuera no busquen.
Y para que esté más fuerte,
hicieron que le circunde
el río de la razón,
que vadear jamás pude,
por un levadizo puente
que a tiempos bajan y suben
entran los que en él residen
sin que en la entrada se ofusquen.
Al fin en aqueste alcázar
habita sin pesadumbre
la dama por quien padeces,
aunque más lo disimules.
Desde el río en su ribera
ver su hermoso rostro pude,
de quien trasladé el retrato
que en tus mismas manos puse.
No suenan allí discantes,
arpas, flautas, ni laudes,
ni lamentables sordinas
que a su son las carnes cansen.
No comen el blanco pan,
ni las sabrosas legumbres,
no hayas miedo que el faisán
para comer despelucen;
porque solo se alimentan
de las hierbas que produce
la tierra a quien llaman madre,
porque con sustento acude
siempre el esposo a Elías.
Paraninfos y virtudes,
como a regalada esposa,
de otras cosas mil, sedumbre.
Haz, gran señor, que los tuyos
en tu campaña se junten,
y hagamos por contentarte
que el alcázar se trabuque.
Soberbia, mucho te debo,
y así en la memoria llevo
tus trazas y tus razones;
y tus buenas intenciones
me han obligado de nuevo.
Desbarata, veda, pon,
manda, ordena y solicita,
deshaz, rompe, descompón,
junta, aparta, vuelve, quita,
en mi abrasada región.
Ya que tanto me levantas,
llame tus famosas plantas.
Alza.
Pues vamos a hacer
todo lo que es menester
para vencer fuerzas tantas.
No haya dilación en ello.
Bien verás su alcanzar fuerte,
si tienes gana de vello.
¡Ay, dichosa y brava suerte!
¡Ay, retrato hermoso y bello!
Vanse, y salen Entendimiento, Memoria y Voluntad.
¿Do está la infanta
dormida?
A poco que la dejamos.
Memoria, ¿qué se os olvida?
Nada, que ahora tratamos
de la muerte, o de la vida.
Acuérdome de la muerte,
y de aquesta, áspera y fuerte,
según la pinta Jacob,
y tratando de la de Job,
veo que lágrimas vierte;
y si va a decir verdad,
siempre me acordaré de ella,
a querer la Voluntad.
Como vos queráis tenella,
doyla con facilidad.
Cierto, no tenéis razón.
¿Quién os dijo del león
que temió Hierusalem,
y quién os dijo también
el gran triunfo de Simón,
y quién os dijo del juicio
tantas grandezas secretas,
en cuyo horrendo ejercicio
son ángeles las trompetas,
haciendo de ellos oficio,
y quién os dijo que se muestra,
por bien y por gloria nuestra,
aunque el infierno se espante,
resplandeciente y triunfante
del Padre, el Hijo a la diestra,
y quién la paloma os mostró
en el Jordán donde Juan
el bautismo confirmó?
Todos a voces dirán:
Memoria, que he sido yo.
Pues es cosa tan notoria,
ofrecedme el triunfo y gloria,
e imaginad que es verdad,
que a do falta Voluntad,
nada puede la Memoria.
Por vencido me confieso.
No recuerde la princesa,
id dentro y dejad aqueso,
Memoria, vamos, no llame su Alteza.
Vamos.
Vanse los dos.
Yo confieso
que es grande carga tener
de aquello que se ha de hacer
en los hombros los cuidados,
los cuales son tan pesados
que enflaquecen mi poder.
Cuando el mundo está callado
y nadie en la tierra vela,
yo triste estoy desvelado,
haciéndole centinela
al alcázar descuidado.
No hay en mí sosiego y ser,
bien, contento, ni placer,
sino pena y queja amarga,
que esto tiene el que se encarga
de guardar una mujer.
Y aunque aquesta es muy cristiana
y noble, intento huyó,
no me conviene allanar
que mujer, al fin, al fin,
a lo de Eva de liviana.
Y aunque se tranclause,
vuelto lo comienzo a ver,
jamás me descuido yo.
Acuérdome del profeta
que con voz mansa y quieta
en su salmo "Velad" dice,
y esperanza con que autorice
su profecía perfeta.
Ya que ha oído mucho más
de tanta divina voz,
como dieron sin compás
sobre Nínive, Jonás,
y en los desiertos, Amós.
También no salió de mí
el imaginar que vio
a Cristo con afición
de la amarga tentación
estando en Getsemaní.
Entra la Voz, y vase, síguele Deseo con algunas ovejas pintadas en el vestido.
¡Oh, mi padre Entendimiento!
¿De dónde venís, pastor?
De un bosque no muy contento.
Y, ¿a qué, si es de referir?
Al mucho placer que siento.
Ya de mi memoria os
borro cargos [ilegible]
los contentos del salmista
y el llanto de Jeremías
y a un [ilegible] las semanas
que vido el justo Daniel.
Y sus justas [ilegible]
y yo decir quiero
las lecciones soberanas.
Y oí de hablar a Justino,
a Tomás y Ambrosio santo,
a Beda y a Florentino,
Jerónimo que habló tanto,
y a Teodoro, que al fin
unos de la Trinidad,
otros de la inmensidad
trataban de Dios;
pendiendo el uno y los dos
de sola una voluntad.
Y a Lucas, Mateo y Juan,
y a quien el blanco velo
que a los hombres parece pan,
de la suerte que en el cielo
las tres personas están.
También oí decir de vos
que este el sacramento es
que vos instituís
y que uno y tres se halla
las potencias del tres.
Estás muy aprovechado.
Y de oír el [ilegible].
En ningún tiempo es menester
volver a hacer camino.
¿Dónde, Entendimiento amado?
A la alta Jerusalén,
donde está el autor del bien.
¿Estaréis allá [ilegible]?
Tres días.
Aquel que puso a Tobías
a los ojos, [ilegible] también.
Tomad por resolución
que juzgado bien la divisa
de Cristo, que su pasión...
Sale Verbo al Entendimiento.
Voy a oír la santa misa
y el soberano sermón.
Ponen a la virtud frenos
con diversos y [ilegible]
los que de ella están ajenos;
que lo que es bueno a los buenos
es malo para los malos.
Pero a los que la virtud
los pone en la [ilegible]
su santa codicia [ilegible]
que hallan en el ocio mal
y en el trabajo virtud.
Entra el Verbo con [ilegible] vestido.
Ven en mi [ilegible],
Entendimiento, y [ilegible].
De daros la muy contenta
que aquí guardándola estoy.
Mas, Verbo, dadme al momento
en que sea entendido.
Luego que me levanté,
la luz del cielo miré;
y viendo las plantas bellas,
al sacro artífice de ellas
alabé y glorifiqué.
Y luego a la iglesia me fui
con la fe preciosa y pura
que no se aparta de mí,
y en la sagrada escritura
lo que aquí contaré vi.
Vi el cándido vellocino
que ensangrentó el pueblo [ilegible]
y a la sierva de Samaria
bebiendo ponzoña varia
vencida de uno y trino.
Vi a aquella hermosa doncella
cercada de tanta estrella,
vestida del arrebol
del hermoso y rubio sol,
y a sus pies la luna bella.
Vi la zarza de Moisés
sin quemarse ardiendo bien;
el símbolo de la fe,
la paloma de Noé
y a los magos en Belén.
Vi en el monte Tabor
transformado al Señor
y vi a Pedro pedir
después en que vivir
celebrando su valor.
Vi el monte de Eliseo
con entrañable deseo
y a Elías ardiendo en sí.
Y todo lo que allí vi
por verdad lo afirmo y creo.
Si ansí ocupáis vuestra vista,
seréis muy gran coronista.
Esta es la razón, tomad,
y contino procurad
que con vos la infanta asista.
Y si intenciones livianas
atajaren las cristianas
costumbres de su ejercicio,
porque no le halle el vicio,
cerrad esas ventanas.
Y si no queréis padecer
esto, Verbo, habéis de hacer;
porque vendréis a llorar,
mirad que el mayor pesar
se trueca el mayor placer.
En agradaros me fundo,
que es Dios saber profundo;
y por serviros a vos,
ventanas abro a Dios
y ciérrolas para el mundo.
Vase el Verbo y sale el Oler del mismo paje que los demás.
Pues tiene razón el Verbo,
démela también a mí.
Seáis bien venido, Oler.
en que se entiende decir
oléis en servir y obedecer,
y mi señora me mandó
que en el Líbano subiese
porque el cedro oliese yo,
y porque la rosa oliese
trasplantada en Jericó;
y olí entre espinas lirios,
del ciprés las blancas piñas,
verdes palmas de martirio,
las flores de las campiñas
más altas que el cielo empíreo,
y olí, al fin, plantas y flores,
que os admiraran a vos,
perfectos en los colores,
cuyos sagrados olores
todos me olieron a Dios.
Mucho habéis hoy trabajado,
tomad, Olor, la ración,
que sé que venís cansado,
pues empinado el Sión,
y el Líbano levantó a Dios.
Baje el Oler y entra el Gustar.
Noble Entendimiento,
mandadme mi ración dar
y la ración del palpar,
que queda en el aposento;
la de la Infanta demando
entre, que hace que no saliera.
Una cruz y calavera
y un cilicio está apalpando,
y no sé lo que imagina,
ni qué a la Infanta alborota,
que sus espaldas azota
con áspera diciplina.
Puesto que la causa ignores,
no aspires a intentos malos,
que si sabes de regalos,
es este de los mayores,
y en qué te has entretenido.
En los desiertos he estado
comiendo el maná sagrado,
de Israel apetecido;
y en tierra de promisión
sorbí leche y comí miel,
y el panal como el papel
de la boca del león;
y gusté el aceite santo
de la viuda liberal,
y antes de honrar a Baal
bebí el agua cristalina;
y entre doseles y sargas,
dentro en cenáculos buenos,
comí los panes cenceños
y las lechugas amargas;
y en el convite postrero,
que en la Pascua han celebrado,
comí del cordero asado,
que me dio el manso cordero,
y si lo que hacemos, vos,
por fuerza habéis de saber,
vengo ahora de comer
el mismo cuerpo de Dios.
Sale la Infanta con una diciplina, y Memoria con una calavera, y un libro la Voluntad, Palpar con una cruz, la Infanta vestido honesto.
La Infanta sale.
Mis males,
así mi esfuerzo los tapa,
criándoles cardenales
pensamientos sensuales
a quien jamás se rapapa.
Bella y divina princesa,
¿de qué nace la tristeza?
No es, padre, sino alegría,
que es gusto melancolía
que aspira a la eterna alteza,
y el espíritu oprimido
está pronto para el cielo,
y para el suelo encogido,
y dile a este consuelo
por que estaba divertido.
Cuando de la carne flaca,
que de vuestro ser os saca,
si ya tengáis tentación,
acudid a la oración,
que es soberana triaca,
y si os falta la memoria
y el ver perdido la vista
de la soberana gloria,
leed del evangelista
el principio de su historia.
Y si Hipócrates se desalma
con deciros que un alma
dentro naturaleza,
tenedlo, Infanta, a simpleza,
y alcanzaréis dello palma;
y no es la naturaleza
de Dios la que benéfica
si miráis la sutileza
de un su aguijón que aplica
la vista a su inmensa alteza,
y pidiéndole que os alumbre,
veréis con gran certidumbre
del misterio diferencia,
que son tres en una esencia,
y tres en una costumbre;
y si Cipión Africano
os formare algún dios vano,
tenedlo por ilusión;
leed de Pablo la lición,
que escribió al pueblo romano,
mas dejad a los gentiles
y entrad luego a rezar
en nuestras guerras sutiles,
con que podáis olvidar
sus sectas falsas y viles,
y entrad, poderosa Infanta,
y gozad de gloria santa.
que yo quiero entrar con vos,
que le dais gran gusto a Dios
con una holgura santa.
Al irse a entrar se tira una cortina donde haya un jardín con una cruz en medio, repara con sus clavos y una cruz y una soga; habrá una cambronera entre los árboles del jardín. Estará la lanza a una parte con la cruz, do se fijen clavos arrimados a ella, la corona en lo alto y la esponja, y en el suelo del jardín muchas flores y ramilletes. Y esto dice el Entendimiento.
Y este es aquel árbol santo
por quien el cielo tenemos,
del infierno horrible espanto,
y es árbol de quien cogemos
bocado que vale tanto.
Y es aquel santo asador
do asaron mil pechos bravos
en las brasas de su amor,
aquel cordero con clavos
porque supiese mejor.
Y es la cama de aquel rey
que nació entre el asna y buey,
y es el facistol más cierto
donde se vio el libro abierto
de la nueva y santa ley;
es eterna y suma alteza,
es nuestra sagrada madre,
es cruz que al mismo Dios pesa,
y a do inclinó la cabeza
y el espíritu dio al Padre.
Y por darla mil abrazos
anduvo toda la vida,
y en fin a la despedida
murió abrazado en sus brazos
por darnos a todos vida.
Y mirad con extraña cuenta
donde con tormentos graves
el que los cielos sustenta
pagó solo con sus clavos
del pecador la pimienta.
Y tanto se aficionó
de aquestos clavos que nacen
en este árbol que plantó,
que las dos manos cerró
porque no se los quitasen.
Y la soberana alteza
de su majestad tal es,
que con ser tal su grandeza
por ver el clavo en sus pies
vino a inclinar la cabeza.
Y mirad lo que mereció
esta lanza y hierro agudo,
pues el pecho a Cristo abrió,
y al corazón llegar pudo
donde san Gil no llegó.
Y de la columna el marfil
infanta es razón que notéis,
donde el que de gente vil
al que es sumo bien, azotes
dieron más de cinco mil.
Y Dios esta soga adorando,
de gracia y virtudes hartas,
pues que siendo desposado,
en el cuello la ha llevado
por cadena de tres vueltas;
y al fin se va contemplando
a mis plantas sollaros,
en que estarse me creando
y con su esposo podros
aunque ausente estar hablando.
Y él me ha enviado a llamar
de la alta Jerusalén.
Padre, ¿y habéisme dejar?
Por fuerza.
Pues todo el bien
y a do vos me ha de faltar...
Me frena el llanto amargo,
que si allá tardo dos días
o tres, será como largo.
No vais, padre.
Ay, porfías
no podrán hacerme embargo.
Mucho vuestro partir siento.
Es forzoso mi partir.
Cierto es ya mi perdimiento,
que mal podré yo vivir
faltando mi entendimiento.
Quedad con Dios, y advierte
que es forzosa mi partida.
Éntranse por el jardín la Infanta y los suyos, y el Entendimiento por otra puerta.
Jornada segunda
Sale el príncipe Luzerno, Soberbia, Lujuria y Gula, con algunos pajes, todos a lo galano, capa y espada, han de sacar cubiertas dos guitarras y tres cestos con alguna comida y ramilletes y todo lo más con lo que la letra va diciendo.
El fuerte alcázar advierte.
Con esa razón me infamas.
Gran príncipe de que suerte.
Porque en altas voces llamas
donde yo estoy, cosa fuerte.
Y en el paraíso eterno
¿no le di al hombre el infierno?
¿No vencí solas ciudades,
cuyas altas majestades
son ahora polvo tierno?
¿Y no convertí en piedra sal
la amada esposa de Lot,
por única, vil y bestial?
no quité el bien a Nembrot
dándole perpetuo mal;
en Babilonia a Nabuco
quién le dio intento caduco
para que estatuas levante,
si esto es ansí, no te espante
si aqueste alcázar trabuco.
Pues si vamos a hermosura,
ha habido ni podrá haber
quien se oponga a mi figura,
y mi perfición y ser
podrá tenerlo criatura.
Un Narciso que encante,
que no llegaba a mi pie,
mirándose en una fuente
dentro en su rauda corriente
su hermosura no anegue.
Si buscas hombres de ciencia,
de razón y de estinencia,
dos mil hay, si lo penetras,
cargados de ciencia y letras
que me han rendido obidiencia.
Dióxene, Cicerón,
el celebrado Anaxágoras,
un Sócrates, un Platón,
Demócrito con Pitágoras
y el Eráclito llorón.
Si buscas valientes, Marte
me ha rendido su estandarte,
Hércules, César, Pompeyo;
si amantes, desde Perseyo
a Paris y Durandarte.
Si aquesto es verdad, concede
que a mi infinito poder
no hay quien lo contraste y vede,
y ansí ninguno vencer
como yo el alcázar puede.
Bien es que estuve medroso
al principio y temeroso,
mas mi condición es tal
que estando cercano el mal
no temo a beldad ni esposo.
Y pues tan cerca miramos
el alcázar, con furor
al momento acometamos.
No ha de ser ansí, señor,
tu ardid y traza veamos.
Déjame hacer a mí,
verás si postro ante ti
del alcázar los secuaces
no con guerras, sí con paces.
¿No es este su alcázar?
Sí.
Sale el Entendimiento con el ropaje que de antes.
¡Oh soledad bendita,
vida de gusto y de contentos llena!
Dichoso el que te habita,
y su vida en tus olmos encadena,
oyendo los dulzores
de las calandrias y los ruiseñores.
En ti el helado invierno
viste sus riscos de acendrada plata
y dando gusto eterno
gime la liebre entre la escasa mata,
hasta vestir al Toro
Apolo con sus bellos rayos de oro.
En ti la primavera
anda más liberal, pródiga y franca,
bordando en su ribera
el lirio azul y la mosqueta blanca,
hasta ver que vomita
en Cancro rayos con que la marchita.
En ti el estío obediente
de tus raudos contentos se enamora,
y del placer que siente
por sus fuentes y arroyos perlas llora,
hasta que Virgo ingrata
el oro de los campos vuelve en plata.
Si ha de ser ansí, tañed
ahora los instrumentos,
cantemos que los acentos
le traerán a nuestra red.
Tocan los instrumentos y cantan una letra acomodada al paso.
Repiten cantando.
¿Quién a esta parte ha traído
música que absorto deja
con su acento mi sentido,
sintiendo de la corneja
solamente aquel sonido?
¿Quién esta armónica trulla
ha traído a este castillo,
donde solo se oye el grillo,
gime el búho y mirla arrulla?
Acercarme quiero a vello.
Mas llegar no es de importancia,
mas ¡ay! que no puedo hacello,
que una dulce consonancia
me llevará de un cabello.
Estéis en paz.
Bien vengáis.
Decid, ¿qué es lo que queréis?
Que si algún gusto tenéis
un momento aquí tangáis,
porque so aficionado
a músicas.
Y es razón
que un instrumento acordado
elevará con su son
al que jamás se ha elevado.
¿Quién os trujo a este desierto?
Un muerto.
En algo estriba,
pues cosa tan dulce y viva
viene ansí siguiendo un muerto,
¿y acaso habéis de pasar
deste desierto a los prados?
No, que aquí habemos de estar,
porque venimos cansados
y queremos reposar.
Pues habéisme de emprestar
el que instrumento se llama.
¿Para qué?
Para una dama,
que se lo quiero enseñar.
Traigo a tu servicio ciento.
En el margen superior derecho, escrito al revés: que su furia no hay quien limite / y de carbón
¡Válame Dios!
No te asombres,
que sabrás, si estás atento,
que se encierran varios nombres
en el nombre de instrumento.
El arpa la inventó Orfeo,
que en tiempo midió compases,
la vihuela de alta mares,
el discante de Emineo,
el laúd se usó en Tesalia,
en Judea el monocordio,
en Toscana el clavicordio
y la cítara en Italia.
En Asia el tosco rabel,
el salterio y lira en Siria,
en Sicilia la bandurria
y el órgano en Israel.
El címbalo de otra España
en el suelo florentino,
en Escocia el violino
y la guitarra en España.
El bajón se usó en Hungría,
cuyo son en bien se escuche,
en Ferrara el sacabuche
y en Roma la chirimía.
En Gelandia la corneta,
en la Galia el añafil
y en Asia, a poca de abril,
el pífano y la trompeta.
En París zampoña y gaita
son de muy poca codicia,
el adufe se usó en Galicia
y en África la dulzaina.
Y otros instrumentos varios
que espantarán tu juicio,
traigo para tu servicio
si todos son necesarios.
Las mercedes agradezco
aunque yo no las merezco,
y en cuanto se ofreciere,
mandad que, si yo pudiere,
luego a serviros me ofrezco;
y de este alcázar levantado
soy dispierta centinela
cuando la lechuza vela
y el orbe está más callado.
El instrumento tomad
y a esa dama lo enseñad,
que de verlo ha de gustar.
¿Cuándo he de poder pagar,
señores, tal voluntad?
Toma una guitarra y vase de ellos.
Si los demás que aguardamos
van picando de esta suerte,
cierta tenemos su muerte
y nuestra vida esperamos.
Sale el Ver.
Estos desiertos gallardos
brotaban lirios y nardos
guiados de entendimiento,
y ahora por su contento
brotan abrojos y cardos.
Y por ver su cara severa
y su noble condición
detenía en la ribera
su corriente la razón;
mas ya se pasa ligera
y mal esta ilusión vana,
que en la arena liviana
dejó estampada la huella
no habiéndose visto en ella
jamás criatura humana.
Aqueste es otro criado
de la infanta.
Pues vencello.
Mas, ¡ay, Dios!, quedo admirado,
quién tanto mancebo bello
a este disierto ha guiado;
y mas no puede ser del suelo
esta gente que me celo,
que ángeles del cielo son
que a esta disierta mansión
han bajado desde el cielo.
Y quiero hablallos. Noble gente,
ora seáis celestiales
siervos del omnipotente,
ora criaturas mortales
del equinocio, o poniente;
os suplico me digáis
de a do venís o a do vais
por este yermo disierto.
Yo lo contaré por cierto,
pues de sabello gustáis.
Mucho gustaré en verdad,
porque vuestra rara presencia
publica gran majestad,
gran valor y mayor ciencia.
Decid, señor,
escuchad.
Y en el meridional hay un gran monte
que con Olimpo en altitud compite,
cércalo por un cabo Cocitonte,
por otro los pantanos de alquitrite;
en su cumbre está el reo baxaqueronte
un bien labrado y fuerte alcázar sufre.
Jamás vertió la nieve el blanco copo
en sus cimborrios del viento bóreo,
ni el ámbar que al caimán le da el noto,
no han visto el aquilón, ni leteo;
en este monte no se engendra el topo,
sino la salamandria y dragón feo,
y entre sus plantas de color de aljófar
jamás lloró el aurora el blanco aljófar.
Y desde este alcázar se descubre el mapa
de todo el orbe y su redondo globo,
cuanto se ha visto, allí nada se escapa,
desde el alto ciprés al bajo escobo;
y de este monte y edificio soy el dueño.
Todo el mundo me ofrece vasallaje,
y mi palabra como rey te empeño
que es celestial mi estirpe y mi linaje;
y desde que este mundo fue pequeño,
siendo tanta razón, y tanto maje,
sin haberme cansado de contino,
por él, de mis vasallos peregrino,
y esta noche me viose un torbellino...
que fue ocasión de una niebla densa
y causa de apartarnos del camino
con un turbión y una borrasca inmensa,
del cielo ingrato, un tiempo a mí benigno,
quien las cosas del mundo así dispensa,
por entre peñas y camino incierto
nos sacó con la vida a este desierto.
Das tantos vivos matices
con esas razones buenas,
que es bien que me escandalices,
di, ¿parezcente sirenas,
o eres otro nuevo Ulises?
Y tu dulce conversación
tan llena de discreción
de tal suerte me ha dejado,
que con ella me has sacado
del pecho mi corazón.
Y gustara que mi señora
no fuera tan recogida,
que a aqueste que rate adora
se diera grata acogida
en el fuerte donde mora;
y más con todo quiero ir
y a tu beldad me referir,
tu discrición y cordura,
y podrá ser por ventura
que allá te dejen subir.
Son tus voluntades grandes,
y porque tienen que ver,
toma estos lienzos de Flandes
que han de causarte placer,
y verás sus hermosos lejos,
matizados con reflejos
del sol rubios y dorados,
y a las peñas y collados
servir los míos deseos.
A la Infanta he de enseñallos,
para que pueda alaballos,
y a Dios os quedad.
Advierte
que si viven desta suerte,
tendrán muy pocos vasallos.
Vase el Ver, y al tiempo que se despide, sale por otra puerta Oler.
Otro al encuentro se ofrece,
Soberbia, que sea de saber.
Déjame, señor, con ese,
que de tu reino ha de ser,
aunque al mismo Rafael pese.
Y, caballero, por ventura,
¿sabréis vos cómo salgamos
a luz desta selva oscura?
Porque ha tres días que andamos
perdidos por su espesura.
Quisiera decir que sí,
y he de deciros que no,
porque el que me tiene aquí
muy niño aquí me dejó,
y jamás de aquí salí.
Pero, noble caminante,
¿quién sois, que al daros a entender,
que sois grande en el semblante?
Pues que lo queréis saber,
de aquel que está allí delante
soy criado.
¿Y, señor mío,
quién es aquel?
Aquel
es rey, cuyo poderío
se extiende desde Israel
hasta el cita helado y frío.
¿Y a dó vais, por vida mía?
A casarse, señor, va
con la infanta Idolatría.
¿Y a dónde, señor, está?
Pienso que está en Berbería.
Y yo le sirvo de llevar
los perfumes y pebetes
con que se ha de sahumar,
y traigo estos ramilletes
cuyo olor es singular,
oled.
Excelente
olor es este que queda,
al cinamomo desmiente,
al incienso del Sabá,
y a la mirra del Oriente.
Y, señor, no me lo quitéis,
dejámelo si mandáis,
que infinitos los haréis.
Pues de aquese os espantáis,
estad atento y veréis.
Vanle dando la Soberbia botes y redomas, como dice la letra.
Aquesta es una infusión
que lleva en sí rosa seca.
Este es aceite de limón,
esta de azahar y manteca.
Esta es pasta de Lisboa,
este es olor de París,
y este es ámbar negro y gris
del sur, traído en canoa.
Y este que aquí denegrea,
almizcle dorso y fino,
esta algalia de Guinea,
este bálsamo divino
del Egipto y de Judea.
¿Para qué son sus olores?,
me di, si ya no te enfadas.
Llevan reyes y señores
sus púrpuras empapadas
siempre en aquestos olores.
Cierto que, si yo pudiera,
que con contento profundo
contigo, señor, me fuera,
y aquestos reinos del mundo
con sus recreaciones viera.
Y que habrá jardines famosos
que de ordinario estarán
muy fragantes y olorosos,
porque aquí no hay sino afán
entre estos riscos fragosos.
Como gustes de venir
conmigo, yo me prefiero
a llevaros y a os servir,
y en cambio de aquesto que quiero,
sola una merced pedir.
A tu gusto pide y di,
que nada podré negar
si es tuyo cuanto hay en mí.
que dé la orden cómo entrar.
¿Tienes lo entendido?
Sí.
En el alcázar que tiene
nuestro señor fatigado,
sabed que dentro mantiene
una dama a un desposado,
y tan guardada la tiene
que a ninguno deja entrar
como no sea criado,
pero voylo a negociar.
Vase Oler.
Aunque pese al desposado,
nuestro rey dentro ha de entrar,
y del oír paso a la vista,
y de la vista al oler;
cierta tienes la conquista,
que quien huele ha de morder,
aunque el mundo lo resista.
Pues ves qué venado llevo,
al Oler puedes llamar.
¿Con qué te podré pagar,
Soberbia, lo que te debo?
Con que me mandes no más
en lo que fuere tu gusto,
señor, pagado me habrás.
Calla, que en mi reino adusto
silla de fuego tendrás;
y aun desde aquí celador
de estos en el lago averno
conmigo, donde yo estoy,
estarás en el infierno,
estando donde yo voy.
Dejemos, señor, aquesto,
y haz que se ponga una mesa.
Mesa póngase aquí presto.
Para acabar esta empresa,
echemos, señor, el resto.
Saquen unos manteles y tiéndanlos en una mesa con llamas pintadas, y platos y saleros lo mismo, y otras vasijas; todo negro; habrá alguna comida y entre ella ramilletes de flores, y dice la Soberbia:
La comida ya está aquí,
es toda para el Gustar,
que se ha de vencer ansí.
En eso no hay que parar,
aunque se me quite a mí.
Sale el Gustar.
De la gente forastera y nueva
me ha dicho el Oír mil maravillas.
Su majestad se asiente y no se mueva,
porque viene el Gustar.
Mas ya le miro.
Aunque ángeles el cielo entero llueva,
por quien suspiras y por quien suspira,
de nuestras manos no saldrá.
Gran gente,
cuanto más la contemplo más me admira;
quiero llegar y hablalles blandamente.
¡Oh caballeros!
Valeroso hidalgo,
si quiere colación, aquí se siente.
Desde el alcázar, solo a vellos salgo.
Pues tiene de comer aunque no quiera.
Por no ser necio comeré de algo
sobre el alfombra de la primavera.
A la mesa.
Una letra se cantará a este tiempo por dar lugar.
Que al rey el cielo, gran señor, su vida aumente,
pagándote favor y merced tanta,
pues pagarlo no puedo eternamente.
Agora resta, gran señor, que mandes
que algo me den para la infanta
que está en ese castillo.
Corto no andes;
denle diez platos que a la infanta lleve,
ocho pasteles, diez capones grandes,
y entre la blanca y regalada nieve
vino que por él se diga no hay más Flandes.
Ve, dáselo a Gula.
¡Oh gran monarca!
Tu eterna fama hasta el horizonte llegue.
sin que la pueda corromper la parca;
contaréle a la infanta las bondades
que aqueste generoso pecho abarca.
Vase la Gula a gustar.
No miro yo de fuego las ciudades
puestas en negro polvo y amarillo,
castigo justo a sus enormidades,
como yo negro el fuerte y real castillo.
El quinto reino, si te da contento,
vamos con gran placer a recebillo.
Entra la Infanta y la Memoria y Voluntad.
Después de haberse entrado los demonios, saca la Memoria algunos libros y la Voluntad.
Pues falta el entendimiento,
Memoria, no faltéis vos.
Siempre toda estoy en Dios,
sin apartarme un momento.
¿Quién es este?
Cicerón.
¿De qué trata?
De amicitia.
Bien podrán por la ignorancia
escusalle con razón.
Es de elocuencia y de ciencia.
En ser dañoso me fundo,
que muchos lleva del mundo
al infierno la elocuencia.
¿Quién es este?
Este es divino
y santo ha de ser sin duda,
pues en alegría muda
del pueblo el triste nocturno:
Fratres, estote et vigilate, quia adversa-
rius vester diabolus, tanquam leo
rugiens circuit quaerens quem
devoret.
Disponeldo, Voluntad.
Sea ansí, velad, hermanos.
De qué son los sueños vanos
en esto considerad.
Y porque el adversario nuestro,
que es el pecado inclemente,
cual fiero león me siente,
en hacer la presa diestro,
se acerca para cazar,
con la hambrienta boca abierta,
y con su cólera cierta
al hombro por le pescar,
y ansí, pues esto se ve,
deste león os guardad,
y sin que os canséis estad
siempre firmes en la fe.
Mi memoria, apercebid
eso.
En mí queda impreso.
Entra el Oír con la guitarra.
Mi señora, tus pies beso.
¿De dónde venís?, decid.
Vengo de hablar con un rey
que aquí perdido llegó.
¿Mi esposo?
No nació
este entre mula ni buey;
mire qué lindo instrumento,
y famoso es, por vida mía.
Oír, ¿pues díjome que traía
desto, por Dios, más de ciento?
Si siente nuestra miseria,
dirás bien que nada quiero.
Si no usamos de dinero,
¿cómo usaremos de cena?
Si de balde se lo han dado,
no lo habrá de traer,
si no lo vuelve a hacer
voluntad de mí quebrado.
Entra el Ver.
¡Ah, señora, lo que he visto!
¿Qué has visto, Ver?, mentiroso.
Un príncipe más hermoso
que tu esposo Jesucristo,
y es más galano que el sol,
y más que el mirto lozano,
adornado a lo romano
de brocado y tornasol.
Téngole de ver.
Detente.
Memoria, déjale ir.
Aquí tengo de morir
primero que tal intente.
Aquestos lienzos medid,
bellos, curiosos y grandes,
mira, señora...
Eso no,
para necio y tonto vete.
Entra el Oler.
Un príncipe sin segundo
que es de la región del mundo
me dio aqueste ramillete,
mi señora, para ti,
y es galán, gallardo y mozo.
Y di, ¿es más que mi esposo?
Sí, señora.
Jesús.
Sí.
Veisle en una ventana.
Por mí será luego abierta.
Pues vamos.
¿Quieres ser cierta?
¡Superdición, mujer vana,
tente!
Dejadla que vaya.
Teneos, perros.
Estás loco,
a cólera me provoco,
no has de pasar desta raya.
Sale el Gustar con un plato y un frasco tapados.
Sin lo que afuera ha dejado,
en la antecámara, un sobre,
porque con ello se asombre;
esto un príncipe me ha dado,
gran señora, para ti,
muy galán y poderoso.
¿Más galán que mi esposo?
Digo, señora, que sí.
Hombre que esas gracias tiene,
no has de ver.
No has de gustar
de aqueste sabroso manjar.
Pases aquí no conviene;
y, gente maldita, ¿qué hacéis?
así la echáis a perder.
Esta no queréis tañer.
¿Este, señora, no oléis?
Entra el Palpar vestido a lo romano, y unos demonios con él.
Aquí os quedad a la puerta,
y si yo os llamare entrad;
la largueza y la bondad,
desta riqueza se reconocen,
y no podré contarte aquí
grande sabio y dadivoso.
¿Cómo que llega a mi esposo?
Digo, señora, que sí,
y este vestido me dio.
Mucho gustara de vello,
pues tomé parto a traello.
Vase el Palpar.
Infanta, ¿tal oigo yo?
Tal escucho, aporrealde,
que así se atreve a la Infanta,
no le deis con flema tanta,
despedazalde, matalde.
Los que se quedaron a la puerta aporrean a la Memoria, y luego se entran.
Fieros, que a mí me matáis,
pública sea vuestra mengua.
Cortadle luego esa lengua,
que otra habrá aunque la cortéis;
Dios, viendo tantas maldades,
me dará lengua sin mengua,
que jamás les falta lengua
a los que dicen verdad.
De balde, vete al momento
de mi casa y mi servicio,
vete, loco sin juicio.
Cumpliré tu mandamiento,
de tu casa pues tú, escoria,
me voy, soberbia atrevida,
que a la que de Dios se olvida
mal servirá la Memoria,
y en ella no quiero estar;
voyme, quedaré a placer,
que ya es vicio en la mujer
de la Memoria no usar;
mira el galán por quien estás
con majestad y con gloria,
mas no teniendo Memoria
a tu esposo olvidarás,
y goza su presencia bella,
deste que promete vida,
tú serás aborrecida,
su vida siguiendo la huella,
y al fin callo y me despido,
afrenta de las mujeres,
solo con decir que eres
sin Memoria el mismo olvido.
Entrase la Memoria.
Solo habías de haber hecho.
Entra el Príncipe Lucero muy galán con los suyos, y tráele el Palpar de la mano.
Este es el Príncipe, Infanta.
¡Ay triste!
Di, ¿qué te espanta?
Ten ánimo, muestra pecho.
Puesto, señora, de hinojos,
estoy a vuestro servicio.
Respóndele.
Ya hacen oficio
de la vista los dos ojos;
vuestra Alteza se levante,
y por suya que me reciba,
será parte que yo viva.
¡Qué hermoso y bello semblante!
Hermosamente la asea
el hábito de la Fe.
Mas yo se la quitaré,
y le pondré mi librea.
¿Quién os trujo aquí?
La fama.
¿De qué?
De vuestra beldad.
¿Y aqueso es verdad?
Verdad.
¿Quién lo declara?
Mi llama.
¿Llama tenéis?
Llama tengo.
¿Quién os la ha encendido?
Vos.
Morirá.
En vida de Dios.
¿Y a qué venís?
Por vos vengo.
¿Pues queréis llevarme?
Sí.
¿Adónde?
Donde yo habito.
¿Y sois de allí?
De allí, oh Ciro,
que es mi cielo.
¿Más que aquí
seré allá?
Y vos mi bien.
¿Y si allá no voy?
Mi mal.
¿Queréis mucho?
Estoy mortal.
¿Quién lo causa?
Ese desdén.
Sanaréis.
Como me améis.
Si no quiero...
Moriré.
¿Por mí?
Por mi fe sí, y por vida.
Pues porque resucitéis,
haré vuestro intento justo
si conmigo os desposáis.
Si en eso solo estribáis,
yo tengo de hacerlo a gusto.
Dadme, señor, esa mano.
Señora, que ya bien obro.
Yo un hermoso esposo cobro.
Yo una hermosa esposa gano.
Victoria, victoria, amigos,
ya está en el lazo la presa,
que es ya nuestra la princesa.
Vosotros seréis testigos
del desposorio.
Seremos.
A todos placer alcanza.
Pues hagamos una danza
con que la boda alegremos.
Eso toca oír.
Tañen, templada y toco.
Si tañen templada, toca.
Con tal bien me torno loca.
Con tal bien me torno loco.
Eres mío.
Y tú eres mía.
Sí, pues no.
Y yo también.
¿Quiéresme bien?
Mucho bien.
Eres mi sol.
Y mi día.
Muy rendida estoy a vos.
Sois mi luz.
Vos mi consuelo.
Sois mi estrella.
Vos mi cielo.
Vos mi diosa.
Vos mi dios.
Entremos dentro, señora.
Entremos, porque veáis
el alcázar que heredáis.
Y yo, a Dios, no ceséis agora.
Entren con mucho ruido de guitarras, y si quisieren ir diciendo una letra acomodada al caso con esto. Se entran todos menos. Da fin la segunda Jornada.
Jornada 3. Sale el Entendimiento.
Mil cosas en el mercado
para la Infanta he comprado,
un precioso san Antón,
que es del fuego y tentación
preciosísimo abogado;
y una cartilla, que humilla
todo el infernal poder,
sin que pueda resistilla,
que gusta mucho leer
el Cristo en la cartilla;
y tan de espacio se va,
que apenas llega a la a,
y si pasa de la be
no pasará a la ce,
si leyendo un año está.
Porque es tanta su elocuencia,
y su prudencia tal es,
que llena de infusa ciencia,
sabe de las letras tres,
tres personas y una esencia:
la a, al Padre sempiterno;
la be, al Verbo conterno;
la ce, el Espíritu Santo;
y con esto pone espanto
en el tenebroso infierno.
Sale por otra puerta la Memoria y dice a solas.
Mis suspiros ardientes
salgan a calentar con cabos fríos,
y a suspender las fuentes,
hechos corrientes míos,
lloren sin descansar los ojos míos.
La Memoria llorando,
trabajos hay sin duda y desvaríos.
A la tierra espantando,
hechos corrientes míos,
lloren sin descansar los ojos míos.
Los ojos míos, dijo,
los que de sustancia están vacíos,
algún gran mal colijo.
Hechos corrientes míos,
lloren sin descansar los ojos míos.
Va el Entendimiento a la Memoria y acércase, y dice.
Memoria, ¿qué es aquesto?
Y tú, que me lo preguntas, ¿quién eres?
Tu Entendimiento honesto.
Pues si saberlo quieres,
sabrás.
¿Qué he de saber?
No te alteres.
No me tengas suspenso.
Pues ya dirás que la Infanta se ha casado.
¡Válgame Dios inmenso!
¿Y con quién?
Con un malvado
que unos llaman Lucero, otros Pecado.
Porque asoló esta ruina,
después que sobre mí cargaron ciento.
con manía y furia brava
ella con fiero intento
de su servicio me arrojó al momento.
¡Ah, mujeres livianas,
libres al bien y siempre al mal sujetas,
enemigas tiranas
de las cosas perfectas,
plomos al vicio, a la virtud veletas!
A falsas inventoras
de las traiciones, de que es bien me asombre,
bien llamaros traidoras,
os llamo propio nombre;
pues de espaldas os hizo Dios del hombre.
Crueles, mal nacidas,
abismos de maldades y sospechas,
de ordinario torcidas,
¿cómo seréis derechas
si de costilla tuerta fuistes hechas?
Confúndaos Dios con penas,
pues es de vuestro trato buen testigo.
Yo no ofendo a las buenas,
que aunque en esto a todas digo,
con ello solo a una mujer castigo.
Y cuenta podré darle
a su esposo divino? no lo siento.
¿Cómo podré acallarle?
Nada me viene a cuento,
y aunque lo soy, me falta entendimiento.
Mas si él no me llamara
ley santa, tal bajeza no emprendiera,
porque yo lo guardara.
lo mismo fuera
líbranos Dios de que una mujer quiera
Memoria, en paz te queda
donde requieres ir
donde la gente
mas por este orbe no me vea
intentes tal, detente
ofenderás a Dios omnipotente
tenme, que me muero
no
¿qué te ha dado, hermano?
Cae desmayado el entendimiento en la tierra y la memoria como le ve sin habla pone la mano en las narices Lectura dudosa: "como midiendo el aliento", el original parece decir "como cu diziendo lalenta" o similar. como midiendo el aliento.
si murió, verle quiero
desmayo es, en mi mano
traer de aqueste llano
Entra Soberbia vestido de Cristo por otra puerta.
a Dios transformado vengo
fingido le parezco
y solo le desparezco
en que resplandor no tengo
mas si es Dios de la hermosura
de la luz del claro día
yo de la tiniebla fría
junto con la noche escura
llagas no traigo y discierno
mi gran bien es su gran mal
que lo que tuvo un mortal
no ha de tenerlo un eterno
Torna en sí el entendimiento.
¡Ay, Dios!
lo que quiero tanto
Memoria, más deseado
hecho has bien, que te has dolido
jamás faltará quebranto
y si se fue, bien ida está
que es conjetura notoria
que ha de faltar la memoria
donde el bien faltado ha
¿no es este el divino Esposo?
sí, y por no verme se aleja
Vuelve la cabeza hacia un lado la Soberbia.
¡Qué efeto, cómo me deja!
ya os veo, Señor glorioso
mas culpa no tengo yo
porque en tanto que faltó
faltó en la Infanta la fe
y como veis se mudó
casóse con el pecado
como ya lo sabéis vos
que de la vista de Dios
nada en el mundo hay celado
y si estoy culpado dello
ante vuestros pies me humillo
para que venga el cuchillo
y corte mi indigno cuello
de darte el castigo justo
que convenga a mi rigor
pues eres grande pecador
cubierto con piel de justo
que fueron tus costumbres malas
las que en ella se infundieron,
y así de ellas le nacieron
para mis ofensas alas;
que tuya es la culpa infernal
y es razón que te la den,
que si la enseñaras bien
no pararas en este mal.
Señor, si es cosa notoria
tener culpa mi malicia,
apelo de tu justicia
para tu misericordia;
que no haga el Rey de la luz
en vos justicia sangrienta,
sino haced a otra cuenta
que estoy clavado en la cruz,
aunque yo en la cruz muerto y llagado
es tan grande tu pecado
que no te aprovecha a ti.
Señor, no sé lo que siento,
grandes sospechas me dais,
no sé si vos me perdonáis
con un arrepentimiento;
¿no es inmensa la concordia
de que estáis acompañado?
Luego mayor que el pecado
es vuestra misericordia.
Y aquesta es inmensa piedad,
y el que en bueno se echa en falta,
si aquí bueno os falta,
¡ay, Dios, que no sois Dios!
Cuanto imaginares di,
que date papel que me voy,
y de este papel que me diste
y aun todos dos hoy pierdo,
no lo seré para ti.
Vase la Soberbia.
No lo seré para ti,
dijo y sonriéndose fue.
¿Qué haré? Si le sigo, iré,
si se enojó, sí, y no más, sí.
Pero no está bien hacello,
¿qué impedirá el que le voy?
Entendimiento, que Dios
y no darme avisos dello,
por sus ásperas me iré
con voz levantada alta,
diciendo si en Dios hay falta,
que la hay de piedad y fe.
Vase el Entendimiento, y sale la Infanta vestida de negro con un manto sembrado al vestido, los sentidos de la misma suerte, y el príncipe y sus con apariencias de infierno, y salen bailando y cantando.
De la vida gocemos,
que es corta y breve,
sol que apenas llega
cuando se vuelve.
Cantáis estremadamente.
Estremadamente cantáis
con tu cristalina frente
y las hebras que levantas
en mirarte encantada a mí,
con ninfas y ellas hermosas,
de azucenas y de rosas,
que el sol baja por cogerlas
con las divinas perlas
que en lugar de dientes gozas,
con la púrpura y corales
que te dio naturaleza
para labios celestiales,
y al fin con esa belleza
y espanto de los mortales.
Tú me encantas a mí
con esa lengua hechicera,
causa de gozarte han,
y honra un céfiro, fiera,
cosa que en mi vida fui.
a mi vida dejad.
de hacerme tantas mercedes,
solo digo la verdad.
Turbaos vos poco podéis,
tan briosos los cantad.
Tocan las guitarras, y al tiempo que van a cantar, entra la Penitencia con una disciplina y una calavera y se pone en su lugar y dice.
Penitencia, alma perdida,
vuelve a Dios, haz penitencia,
limpia, limpia tu conciencia,
mira que se pasa esta vida.
A cólera me provoco,
quitad a este loco.
Dios oye en el cielo.
Ay, sí.
Déjalo estar, toca y bailo.
Ya lo dijo, baila y toca.
No estoy de aquesto corrido,
a una vuelta a lo que piensa
que ningún agravio ha sido
que prende a mi saber, quizá
que en adiós se le ha perdido.
Falsa infanta.
Ciego loco.
Sufre y muérdete un poco.
Yo rogaré a Dios.
Anda, traidor.
Danza y déjalo estar, tocan y bailan.
Ya lo dijo, baila y toca.
A este tiempo sale Cristo con vestido de resurrección, con túnica de resplandor, cubierto todo de un saco abierto.
¿Qué es, Penitencia?
Señor.
No me conocen.
Tal pasa.
El dueño de aquesta casa,
haya paz y eterno amor.
¿Qué, qué dices, hermano?
Quiero
que me conozcáis.
Por cierto que importuna mucho.
Advierte
que te importa.
Aunque seré obediente a permitille,
que le preguntes quién eres.
¿Quién te ha de socorrer, traidora, ingrata?
¿Quién te ha de amparar?
Cristo amoroso,
venme a valer, mi vida, que me mata.
¿Qué es esto, mi paloma?
Mi esposo,
por la pureza tuya que me trata,
quítame de su poder.
El perezoso
no te ha de aprovechar, aunque le llores.
Líbrame de sus manos, mis amores.
Y a nosotros también.
Soltadla, fiero,
a mi esposa divina, o en mi gracia
os quitaré la vida.
No quiero,
que es mi mujer, y vuestra desdicha y desgracia
a pesar de vos la llevo al mundo fiero.
Que te dará eterna vida.
Y te dará eterna muerte,
pues aquesta esposa mía,
huyendo de Dios eterno,
que tanto oprime a mi infierno,
vente conmigo,
Iglesia.
Di, ¿no soy tu esposo yo?
¿No soy yo quien tu bien era?
¿No era mi lengua hechicera?
Mas ya me dirás que no.
Déjala, perro enemigo.
No quiero, que es mi mujer.
Y a mí me dices,
si viene el cielo contigo,
llevaréla.
Esposo eterno,
líbrame dese pecado.
Déjala, infame dañado,
y vete luego al infierno.
Asela de la mano Luzbelo. En este tiempo se van todos los que acompaña a Luzbelo con mucho alboroto, y asense la Infanta y Sentidos y quita Cristo a Luzbelo.
Que mis intentos injustos
nunca olvidan sus horrores
enredando a los pecadores
y enfrentando a los justos.
Aquesta mujer, perro,
es verdad, falso y sin luz,
mas clavado en una cruz
su pecado salvé yo.
Pues por tu eterna pena y por mi pena,
por tu gran verdad y mi mentira,
por tu paciencia y mi insufrible ira,
que tu mismo poder me la refrena.
Que si mi fortuna, favorable y buena,
al cielo he de subir do el alma espira,
y a tu compañía, que a la tierra admira,
he de poner en mi infernal cadena.
Para eternizar mi despojo,
si la cólera me ayuda y no se doma.
La Virgen ataré que llamas madre,
bajándola al infierno sin enojo.
El Espíritu Santo hecho paloma
no se me irá, ni aun Hijo y Padre.
Vase Luzbelo, y dice Cristo:
Vete, blasfemo traidor,
que quien en el cielo gobierna
podrá, con tu pena eterna,
darte castigo mayor.
Y vos, ¿por qué me dejastes
por el pecado asqueroso?
Tan malo sois para esposo,
que tan presto me olvidastes.
¿No sois vos el que en Galilea
gracias en vos infinita dio,
yo no os halle, no soy yo
quien os cantaba cantares,
no soy quien os prometía
con mi galgo vida larga,
tan pesada era mi carga,
tantos celos os pedía.
¡Ay, infanta!
[Tachado: y así y apunto aura]
Dentro, de Dios y los sentidos.
Mi pecado grande e injusto,
pero haced vos como justo
con aquesta pecadora,
ante esa cara divina,
soberano esposo estoy;
el paralítico soy
que lloraba en la piscina,
y lloro haber amado liviana;
perdido el eterno gozo,
y soy a orillas del pozo
según la Samaritana.
Soy quien ensució los sentidos
y al vicio la puerta abrí,
y a la adúltera imitó
que mataba los maridos.
Soy quien el hijo ha de ser
y soy una esposa infiel
y otra de vida cruel
contra el divino San Juan;
aquí el cielo nos juntó
que he de vivir en dolor
para que conozcáis a
quien dio vida y quien fingió
amores carnales eternos
por la gran disculpa mía,
y por ella mereció
no uno, sino mil infiernos.
No llores más, te pido,
cese, infanta, el llanto,
que tengo el corazón tierno
y le has hoy enternecido.
Basta una vana intención,
un buen intento y estas,
y una lágrima animosa
salida del corazón.
Al que reza esta fea
no se le ha de aprestar,
mas vete luego a quitar
ese espanto, sal y vete a
llevar a Dios penitencia
a la iglesia y sed su hija,
dad de limosna mi ropa
en expiación de su excelencia,
y a ver qué muere poco a
y que mi gloria consiga
para que en breves lo diga y esta
y a vosotros mal regidos
pases en lo que veréis,
perdonadas de mis traiciones,
porque estabais sin sentido;
sabéis también voluntad,
jamás fueran perdonados
nuestros yerros y pecados
sino de esa inmensidad.
Toman de la mano y se van Cristo, y se descubre una capilla donde habrá hecho un altar con dos luces, en su trono Dios Padre, y a los lados los cuatro doctores de la Iglesia sentados, y a los lados y frontero del pueblo la Iglesia y España arrodilladas, y la Infanta, Sentidos y Penitencia, que escuchan lo que dicen, y hasta que se puede hablar.
Después, para que queráis,
ya quiero que me estéis atenta
mientras doy de todo cuenta,
y aguardo que aquí vengáis.
Hermoso reino en Europa,
gobernado de un tesoro
que con su Felipe asombra,
y su padre también Felipe,
dignos de inmortal memoria,
y que en otra Enrique se vea
de bendiciones y despojos
como el día uno santo
del rico desava goza
piedra de su cural
con tanta fábrica hermosa.
En dos partes me divido,
por los Alpes y la costa,
setentrión y mediodía y menor norte,
y parezco en el mar reposo,
sin que se me mayor ca
con día aciago y sin dicha
que me destierran a costa;
y en todos estos te alaban,
y en todos ellos te adornan,
sin que tus prefectos santos
en una fe de ser rompan.
Y viendo que ya es el día
que en esa cándida ostia
veis el cordero divino
que el gran bautista pregona,
vengo contrita a pedirte,
Santa y liberal Señora,
que en mi parte me repartan
para que mis hijos coman.
Tales ovejas relumbran,
España, que hacéis ventaja
en ser dotada de fe
a los reinos que el mar baña;
y ángeles confusos haran
se os debe dar pan de gracia,
y el brotar misterioso
que da tanto bien al alma,
entrad dentro, que os dará
lo que es daros justa causa;
que no es bien se niegue a quien
viene con justa demanda.
Infanta y Sentidos; dentro dellas dice la Infanta:
Yo soy una pecadora,
que a Jesucristo ofendí;
qué culpas, qué saboridos
entre ellos se han de decir:
dejé mi gentil esposo
por un esposo vil,
uno gentil en el cuerpo,
y otro en el alma gentil.
Mas ya estoy arrepentida
y humilde vengo a pedir
después de la penitencia
el pan que guardas en ti,
porque esta librea negra
que me dio el pecado vil
se vuelva en estola verde
y en alba de caniquí.
Y se adorne mi cabeza
desas perlas de marfil,
de rosas y de jasmines,
de claveles y alhelíes.
Con ese arrepentimiento
y contrición que hay en ti,
bien podrás entrar adentro
y el pan sagrado pedir.
Canta la música:
Hoy pone Dios mesa franca
para el alma a quien convida,
dél mismo es la comida
cerrado en la hostia blanca.
Infanta, y ponte hermosa,
infanta, sal de pecado,
dando con esto, senado,
fin a La divina esposa.
Entróse por el apariencia todos, y cerróse la cortina con música, y diose fin.
Laus deo.