> Дата публикации: 22 августа 2026 г.
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Iris de las tormentas. BITESO, 2026. URL: https://etso.es/biteso/iris-de-las-tormentas.
Ilustrísimo Señor Obedeciendo las órdenes de V. S. I. he visto esta comedia intitulada El iris de las tormentas, y no hallo nada en ella que se oponga a los preceptos de nuestra buena política y costumbres, y observando que no se diga lo que va prevenido y atajado, merece licencia de V. S. I. para que se represente. Madrid, 29 de mayo de 1694. Don Pedro Francisco Lanini Sagredo.
original
Personas Abenomeya, rey de Túnez. Alí. Don Juan, cautivo. Mostachón, gracioso. Don Fernando, viejo. Amurates. Fray Raymundo, capellán. Fray Pedro, su compañero. Zorayda. Flora. Celín, gracioso.
Dicen dentro y sale don Juan, y don Fernando, de cautivos, y Mostachón con azadones.
Cautivos, a la tarea,
que en las conchas de los lirios
la aurora concibe y cuaja
aljófares de rocíos.
¡Oh, mal hayas tú mil veces,
espanta sueños maldito!
Y qué temprano que empiezas.
¡Ay de aquel que sus suspiros
antes que nadie le llaman!
Unos huevos y tocino,
con un poquillo de aloque,
mostración delirios
que toda la vida estés
vedándome regocijos
con tus tristezas que tienes
a todas horas remedios
cada instante admiraciones
qué he de tener a mí mismo
y que soy cifra de pesares
dime antes que al ejercicio
venga tu padre si acaso
novedad alguna ha habido
en tu amor con esta mora
por quien yo me desbarato
de verte tan ciego en él
que pones, has pretendido,
tu fe en quien no tiene fe
descansa un rato con migo
que yo te ofrezco callarlo
hasta que haya a quien decirlo
Ya sabes que de Exeleria
isla a quien el cristalino
Mediterráneo, engastando
con voluble undoso giro
ciñe en sucintas ondas
de instables muros de vidrio
a España salió mi padre
oprimiendo en un navío
que al aire en cuchillos vagos
daba plumas de lino
de la luciente plata
tantos argentados velos
en la costa de Valencia
la proa poner quisimos
y de San Martín el cabo
gigante respetado
que en una punta avanzada
contra embates repetidos
jurisdicciones de tierra
en el golfo ha introducido
para tomar puerto en Denia
llamó al leño fustado
mostrando el celaje pardo
con las nubes confundido
fuimos a montar su cabo
pero para qué repito
retórico impertinente
lo que padeces y has visto
mas ay Dios que en tantos males
un infeliz halla alivio
con acordarlos sin ver
que acá en la memoria ha sido
frecuencia de padecerlos
el ansia de referirlos
llegó el que girando entonces
en una cala que hizo
entre Ibiza y Formentera
el mar gusano continuo
que de las islas los bordes
roe con dientes de vidrio
de corsarios africanos
una escuadra que escondidos
cebaban en esperanzas
el ansia de patrocinios,
salió a nosotros, temblando
todo el golfo estremecido
de la palamenta a embates
y temiendo ser castigo,
aire y mar gimen cortados
de tantas plumas, lino.
A tornos sobre nosotros
tantos halcones marinos
las garzas de sus arreos
cebaron en mi navío,
que a Túnez los condujeron
donde ha tanto que cautivos
estamos y en la tarea
de tan penoso ejercicio
puedo decir que duramos
aun contra lo que vivimos.
Vio en mirarme tiernamente
Alifa, africano hechizo,
cuyo amor unió en los dos,
con un influjo tan preciso
que es el haberla amado en todos
consecuencia haberla visto.
Del Rey de Túnez hermana
es este hermoso prodigio,
si bien se crio en Granada
porque habiendo poseído
su hermano tirano el cetro,
usurpándolo al idólatra,
de tantas civiles guerras
en los interinos peligros
no quiso el Rey que estuviese,
y así fue España su asilo
hasta que ha asegurado
la corona que ha ceñido,
y ya lo tirano ha hecho
natural en lo continuo.
Siempre inclinada a cristianos fue,
y al verme tan vencido
en su amor, viviendo siempre
de respetos los desvíos,
me prometió ser cristiana,
en cuyo intento vivimos
solicitando ocasiones
a la fuga, en que propicio
el cielo al piadoso intento
en mi patria le dé abrigo;
si bien ella al ver difícil
tan arriesgado designio,
me persuade a que es más fácil
para lograr sus cariños,
que yo renuncie mi ley;
o nunca el cielo benigno
permita que se sujete
mi fe a tan bajo partido
que hago aun para despreciarlo
escrúpulo de decirlo.
en esta esperanza, en esta
duda, y en este conflicto
tal vez alentado a todo,
tal vez a todo tímido,
la vida y el tiempo gasto
en engañarme a mí mismo.
Mas mi padre a su labor
llega, también a este sitio;
daré al azadón las manos
y el discurso a los delirios.
Sale Don Fernando viejo y pónese a cavar.
Mi hijo está allí en su tarea.
Ay, padre, cuánto me aflijo
de mirarte en tales penas.
Y a mí verte en tal martirio.
Me río como en una huerta
dijo aquel adagio antiguo:
si supiera lo que va en ella
qué poco lo hubiera dicho.
A fuerzas de esta fatiga
la edad muda copos vivos
en mis canas, y entre escarcha
me va congelando siglos.
De la pesada cadena
la tan opresa me miro,
que más que aflicción el peso
es diversión el sonido.
Al mismo paso que a mí
el alazán, y el amigo
me hace pasar lo apurado
dolores, y consumido.
Dice la música dentro del tablado, que suspenden todos.
A la Deidad más excelsa,
a la Madre del amor
celebre el cielo y la tierra
con sacra veneración.
¿Escuchasteis unas voces?
¿Atendisteis unos ecos?
Que entre aquestas azucenas...
Que en el verde laberinto...
Convocadas se oyeron...
Mal distinciones oímos.
Más que miento
que hay aquí dentro escondido
algún convento de monjas,
dejad aquesos caprichos.
Sin duda que fue ilusión.
Volvamos al ejercicio.
Cavan.
Quién estuviera en Cervera
adonde tengo yo un primo
que era mozo de pellico
llamado Babil Brito.
Oh, naturaleza humana,
por el yerro primitivo
del sudor de nuestra frente
son otro yerro tributo.
Cuando estas amargas penas
apurando mi respiro...
veneno mi corazón,
daré con mi muerte alivio.
Ha, señores, ¡qué desdicha!
Cuando todos divertidos
están en fiestas por que entra
la mora brava que ha huido
a casarse con el Rey,
nosotros más afligidos
a pulir estos jardines
más que nunca hemos venido,
por que la Infanta de Fez
ha de llegar a su sitio.
Vuelven a cantar.
¿A dónde eclipsado el día
de su luciente esplendor,
haciendo espera la tierra
triste púrpura vistió?
Aura no fue ilusión.
Aura no fue devaneo.
Que unos ecos escuchamos.
Que unos acentos oímos.
Pasí, paso.
Pasí, paso.
Callad, que viene a este sitio
el infiel de Abenumeja
con más de dos mil perrillos.
Sale Abenumeja, Alifa, Celín y acompañamiento.
Divina Alifa extraña,
por quien este pensil bellezas gana,
de quien aquestas flores
le beben a tus plantas los olores,
debiéndole a tus huellas
mil olorosas, mil blancas estrellas;
pues azucena y rosa
te han jurado, señora, por su Diosa.
Este arroyo sonoro
que con vizos de plata pulsa el oro,
al ver tu extraña aurora,
su dicha canta, el viento se enamora,
todo se regocija.
El cristiano es gran sabandija,
mas al perro del morillo
quién le trajo colgado en Peralvillo.
¿Qué rezas entre dientes?
Aquí es una oración por tus parientes.
Mucho te ufanas, tirano,
el lisonjero estilo cortesano.
¡Ay, Alifa adorada,
ay, prenda de la vida idolatrada!
¡Quién cristiana te viera,
por que fénix el pecho en ti naciera!
Allí Don Juan se entrega,
¡ay, qué afán! Dime, ¿cuándo a solas caiga,
será aquel feliz día
que venza amor y ley esta porfía?
¿Posible es que tu pena
en tanta rosa, lirio y azucena
no se divierta?
En vano
es mi consuelo, ¡ay, infeliz cristiano!
Cuando todos gozosos
de mi dicha con júbilos gloriosos...
aguardan a mi esposa,
tú sola triste, tú sola llorosa.
Señor, deja, no es fuerza estar llorosa,
si ves hay boda y no hay para ella nada.
Al perro de ganado
quien le viera en reza destrozado.
A tierra, timonel, a tierra, a tierra.
Sea bien venida
para dicha nuestra
la hermosa Zoraida,
donde su belleza
vasallos dos veces
nuestros pechos vea.
A tierra, a tierra, y la salva
hagan clarines y pífanos
a tierra.
Sea bien venida.
Amaina, amaina la vela.
Para dicha nuestra.
Y de paz tremola
la blanca bandera.
La hermosa Zoraida.
Y la salva sea.
Donde su belleza.
Al puerto, al puerto, a la orilla,
echa el áncora y aferra.
Vasallos dos veces
nuestros pechos vea.
Mas, ¡qué confuso rumor!,
equivocando la salva
entre voces y clarines,
aun discurrir no me deja;
pues uno dize:
A la orilla.
Y otros responden:
A tierra.
Al mismo tiempo que estotros
dizen en voces diversas:
Sea bien venida, etcétera,
para dicha nuestra
la hermosa Zoraida,
donde su belleza
vasallos dos veces
nuestros pechos vea.
Sale Amurates.
Dame, gran señor, albricias.
¿De qué?
De que al puerto llega
la redención mercenaria
al tiempo que las riberas
de ese mar en a mi esposa
por alta deidad aclamas,
siendo clarines y voces
los que penetrando esferas,
espumas y visos trillan.
¡Oh, piadosa y siempre excelsa
militar orden, donde hallan
de los cautivos las quejas
alivios!
Gracias al cielo.
Cristianillo, estoy alegre.
Mira, perro, guárdate,
pues por vida de mi suegra,
que si por allá te cojo,
tengo de hacer agujetas
y collares de tu piel.
Pues abrid aquesta puerta
que al mar mire,
porque aquí espere su velaje,
y también la redención.
Se hará, señor, lo que ordenas.
Vase.
Por un palenque, por donde al son de
clarines vienen los moros que
pudieren, trayendo en azafates
varias cosas como en regalo y
fray Raymundo y fray
Pedro redentores.
Noble, invicto rey de Túnez,
pues hoy por dicha logramos
el altar postrado a tus plantas
a ti, y al velo, milagro de deidad,
a un mismo tiempo
en el Señor saludamos.
Levantad, papas, del suelo,
pues aquí os esperan los brazos,
de adonde es la redención;
pues la de Castilla, dando
está a sus vasos la proa,
porque tiene ya pagados
a los cautivos que lleva.
De Cerdeña.
Esos cristianos
han de ser de allá que a Túnez
trajo mi padre que en aquestos instantes
junto a Mahoma
pisará tapetes de rayos
de un bajel que de ella era.
Señor, gran Muley...
Pues llegad
a saludar al papa.
Dadnos, padre, vuestra mano.
También, señor, te suplico
admitas aqueste grato
sacrificio destas telas
que a fatigas del gusano,
y de la trama a artificios,
la primavera ha labrado
supliendo su tiranía
o lo pronto del ensayo.
Es hermosísima tela.
En ningún tiempo ha llegado
a tal ocasión, pues hoy
he de lograr en la mano
de Zoraida todo un cielo;
y no puede tu regalo
lucir tanto como en este
y creed lo estimo, Maydana.
La novia, y mi dicha ha llegado
a pisar el verde soto Zoraida
y hacer que cuanto
muere agostado y marchito
renazca florido Mayo.
Entra por el palenque Muley y Zoraida y delante los moros que
pudieren y cantan.
En la intervención de Aben, la palabra final 'Maydana' es de lectura dudosa, podría ser un antropónimo o un error por 'Majestad'. La entrada de La Música tiene un verso ('La novia, y mi dicha ha llegado') también de grafía compleja.
Sea bien venida
para dicha nuestra
la hermosa Zorayda donde su belleza
vasallos los reyes nuestros pechos sean.
Divino asombro, prodigio
de quien la idea pensando
que había engendrado un asombro
aun no ha concebido un rasgo,
con felicidad, señora, llegues
donde te aguardamos,
por que des nuevos alientos
para que cobrar podamos
de vuestra vista el remedio
en la aflicción de esperarlo.
Y tú, generoso Halí, llega, llega a mis brazos,
donde el pecho de más cerca
te diga lo que yo callo.
Al postrarse.
Señor, mi mayor lauro.
Ay de mí, infeliz, que al verte
más asombro, más espanto
me causa su original
que me mostró su retrato.
Seas, señora, bien venida
adonde todos podamos rendirnos.
En vano me aliento.
Llégate, Alifa, a mis brazos,
y no extrañes que te nombre,
pues noticiosa de cuánto
excedes en hermosura
al más bello simulacro,
conozco que hablo contigo,
aun sin saber con quién hablo.
Abrázame, pues, hermana,
cualquiera monstruo es milagro.
¡Válgame el cielo! Y qué mal
el hermana me ha sonado.
¿Cómo, señora, venís?
¡Ay, señores! Y qué malo
es este hombre para novio,
¡qué cara de renegado!
Como quien toda soy celos.
Viene la voz, en el alma se suspende
a tantas dichas.
¡Ay, más infeliz hado!
Saca un retrato.
Al guardar el retrato se le cae.
Llegad, vasallos, llegad
a besar su blanca mano.
Qué hermosura tan divina.
Qué bien hizo el que el retrato
no acertó, pues dejó así,
entre bello y malogrado,
un bulto que nos dice
no hay pincel capaz de tanto,
la deidad hoy que idolatra la pintura,
serás eclipse del sol de aquellas luces.
Ya podré, ya, del encanto
de tu deidad apartarme,
para entrar en otro encanto.
Dadnos, señora, tus plantas.
si es que por dicha logramos
eclipsar tan alta esfera
con nuestros groseros cantos.
Y dame a mí algún viejo
que tengas por olvidado
dentro del escaparate
de tu grosero zapato.
Piedad del cielo, ¡qué pena!
Y pues parece va dando
señas el sol de que huye,
por que rayes tú en estos prados,
entra a descansar, Zorayda;
y los pajes, admirando
los cautivos que elegí,
sin que haya lugar vedado
para vosotras.
Mil veces
beso, gran señor, tu mano.
Cómo es posible descanse
quien lleva tan encontrados
venenos dentro del alma.
Ay, don Juan, ¡qué voluntario es tu cautiverio,
pues solo el mío es el forzado!
Que en los brazos de la vida
mi muerte haya yo encontrado.
¡Oh, cuánta memoria ofendes,
pues me acuerdas va llegando,
mas veloz, todo mi bien
a las ruinas del naufragio!
Tocan.
Feliz mil veces he sido,
pues tanta dicha he logrado;
entra a descansar, divino
portento del africano,
y las voces e instrumentos
dirán mis glorias cantando.
Ay de mí, que aquestos cantos
más son exequias que cantos.
Ay de mí, que esta armonía
es clausula a mi llanto.
Pasaje tachado
¡Oh, quién pudiera unos días
por la esposa de este golfo
trocar, que haun por que muchas veces
suelen ponerme en las manos
a un cristiano por haber boda,
pero para tú tener galas
con la cara de este novio,
señores, me estoy ahogando
por tenerla atragantada
aquí en la calle del trago!
Ay, idolatrada Alifa.
Ay, idolatrado celoso.
Líbrame, amor, de encontrar
para mí novio tan malo.
En hora dichosa venga,
en hora dichosa venga,
el nuevo sol a alumbrarnos,
el nuevo sol a alumbrarnos,
haciendo a pesar del tiempo,
haciendo a pesar del tiempo,
todo el invierno verano,
todo el invierno verano.
Vanse todos y queda D. Juan.
Mira el hueco de un tronco y saca un papel.
Lee.
Mira al suelo y alza el retrato.
Escóndese y sale Halí.
Supuesto que ya se han ido
y que solo en el esparzo
a tanta fragante aroma
quedo logrando, si acaso
en el hueco de aquel tronco
a quien hambriento gusano
royéndole el corazón
forma gruta y halla paso
archivo de mis finezas
algún papel ha dejado la bella
pues como es dificultoso el hablarnos
cifrando en el corazón
del caduco verde espino
desta corteza en su hueco
dijo que nos guardamos
no dilate la esperanza
su logro, mas ya le he hallado.
Y dice de aquesta suerte:
Esta noche aguardo
por las rejas del jardín,
será la seña de abriros a no poder
cantar una de mis damas en mis miradores.
Cuando llegarás pálida sombra
a enlutar de aquestos cuadros
tanta hermosa primavera,
la que logro, el que en los baños
no me encierren como lo hacen
siempre con los más cristianos,
y porque del jardín cuide,
mal entretenidos vamos
hacia la rústica choza
a mis amantes cuidados,
desdonde duermo de noche
mas que pasos he encontrado.
Sin duda que en el concurso
alguno de los que entraron
aquí lo perdió.
Pero si mal no reparo
aquel húmedo rumor de las ramas
me ha avisado que gente viene.
Enemigo
discurso que tan cercano
del entendimiento habitas
solo para atormentarlo
qué pretendes, ¿no bastaba
acordarme el desdichado suceso?
¿No bastaba el verme
tan ciego y enamorado,
sino acordarme mis celos,
y repetirme que he dado
la flecha para la herida
el puñal para el estrago?
Sale Zoraida.
¡Qué advierto que viene!
A ver si mi suerte acaso
hoy de su regla exceptúa
el tormento continuado
y me permiten hallar a mi amor
dende aquestos cuadros.
Mas allí a Zoraida miro.
Pero allí bajo un cristiano.
Llegar a hablarla pretendo.
¡Ay, mal perdido milagro!
Divierte mi pesar cruel;
dejadme, cristiano,
servir en este jardín.
Sí, señora,
de esos cuadros
riego las plantas y flores,
pero desde hoy el trabajo
me excusaréis, y si entro
a hacer fragante su escaño,
pues nacerán ellas solas
por llegar solo a miraros.
Cortés sois.
¡Qué divertida
está con aquel esclavo!
¡Qué envidia le tengo, cielos!
Mas, ¿quién allí se ha quedado?
¿Quién pudiera, sino yo?
Pues desde hoy aquestos cuadros,
si vos cuidáis de que nazcan,
yo he de cuidar de regarlos
llorando lo que lucís;
pues, luciendo para tantos,
y siendo a todos Oriente,
solo en mí hacéis el Ocaso.
¿No me bastaban mis penas,
sino las vuestras, villano?
A solas quisiera...
Pues
bien podréis ejecutarlo.
Cautivo, de esos jazmines
que, de nieve salpicados,
del mayo es florida escarcha,
id algunos enlazando
para Zorayda.
Vase.
¡Dichoso
quien otra vez es esclavo!
Pues ya nadie nos escucha,
dime, pues, Zorayda, ¿cómo
te disgusto?
Pues atiende:
que ya es forzoso que el labio
rompa al silencio los grillos
y diga lo que ha ocultado
en las cárceles del pecho
por violencias del recato.
Hija de Muley nací,
rey de Fez, bien lo has sabido,
y juntamente que hicieron
entre mi padre y tu tío
tratos de que fuese esposa.
(¡Oh, bárbaro rito de la grandeza infesta
a políticos estilos!
Pues cambias las perfecciones
por reinos y por dictados).
Vil retrato, pues no ignoras
que de estos tratos sabidos,
y apenas miré su afecto,
apenas vi mal fingido
su rostro cuando no solo
negué a mi padre el permiso
de mi albedrío, pero hice
en un oscuro retiro
viendo crecer persuasiones
de mis llantos y suspiros,
que nadie me viese, siendo
mi dolor tan esparcido
que solo en la soledad
hallaba mi mal alivio.
Allí no solo mi padre,
vasallos y deudos, quiso
el reino que a más tormentos
viniesen tan desatados
que apenas para el dolor
dejaba el consuelo alivio.
Entre todos tú (¡ay de mí!)
que embajador de tu tío
te hallabas para traerme,
fuiste a rogarme, que fino,
que tierno y amante hiciste
el veneno de ti mismo.
En fin, rendíme, no era
necesario haberlo dicho,
pues siendo mujer bastaba
para haberlo conocido.
¡Ay de mí!, pluguieran los Cielos
que antes letal parasismo
embargándome la voz
me turbase los sentidos.
Y viniendo desde Fez,
de tu cortesano estilo,
de tu atención advertida,
tú envidioso, yo vendido el gusto,
entrambos afectos
a un mismo amor dirigimos;
y viniendo en las aceras
explicando con suspiros,
publicando con los ojos, nuestro amor,
hemos venido a donde he visto mayor
mi pesar y mi martirio;
pues vi que no solo miente,
vi no solo estar fingido,
vio no el pincel mal dudoso,
sino que le vi mentido;
pues sin ser de lo horroroso
del retrato lo pulido,
siendo el horror más perfecto,
aquí más que horror le miro.
Mal haya, amén, el pincel
que fingiendo coloridos,
supo pintar un asombro
con tan fementido viso.
De aquí, aunque mi padre siente,
aunque me digan que ha sido
ultraje de mi grandeza,
no solo no mi marido
ha de ser Abenumeya,
pero ni aun verle imagino.
(Saca un retrato y habla.)
(Repara en todas partes.)
desde que su retrato
deshecho, desvanecido,
pues se va de mi memoria
saldrá así a ser destruido;
y para que sea a pesar suyo
así le tiro. No ha de ser, no, mi esposo.
Y tú, Halí, pues tan de veras
y tan fino me has amado,
por quien eres te suplico
que me vuelvas a mi reino,
pues si no, será un cuchillo
el veneno que me acabe,
cuyo acero vengativo
hará, su rigor, que muera
quien tan infelice ha sido.
¡Oh, generoso joven!
Como mujer te suplico,
como afligida te ruego,
y como reina te mando,
ya que no se halla a mis penas,
en que sea huir camino.
Mírate en ello y aquesta noche
por el vergel, sitio
de aqueste jardín, te espero,
donde será a un tiempo mismo
tu voz mi muerte o mi vida,
mi libertad o cuchillo;
y porque veas cuán de veras
estoy a lo que te he dicho hoy,
si acaso esta noche vernos
no se pudiere escondido
puedes dejarme un papel
dentro de aquel verde asilo,
pues no hallo lugar adonde
pueda estar tan escondido
que diga lo que resuelves.
Y así, Halí, lo dicho
advierte, que no hay camino
para sosegar mi enojo,
que soy mujer, esto he dicho.
(Vase.)
Aguarda, espera, detente,
pero ya (¡en vano me animo!)
entró en su cuarto, ¡ay de mí!
Cielos, ¿qué locos delirios,
qué ilusiones son aquestas
que batallando conmigo
sin que cante la victoria
la dicha o desgracia, vino
porque logre lo infeliz
mayor triunfo en mi destino?
Y no muero por tener
la gloria en morir, ¡oh impío,
cruel hado!, ¿cuándo acabas
de mostrarte tan esquivo?
Discurramos, pensamientos,
mas, ¡ay!, locos desvaríos.
que después que se vio alejada
la luz que te ha perdido
memoria pero no quiero
que en lugar de darme alivio
me acordéis el que tirano
Abenumeja conmigo
me hiere el pecho cruzado
honestando su delito
con haberme de jurado
subjetos a sus dominios
corazón que bien huye
en llamarse como archivo
de la nobleza y la sangre
para contrastar con des-
que si es que aflojada dejo
que se case con mi tío
muero de celos que ira
además de que un capricho
de una mujer es la senda
mayor de su precipicio
y podrá ser ejecute
lo que su cólera dijo
y si es que acaso se casa
siempre con ella es preciso
quedar mal visto si lo hace
es ofender a mi brío
y perder el sumo y reino
y sobre todo su hechizo
de que avasalladas se hallan
las potencias y sentidos
quien le vio en tal confusión
quién le vio en tal laberinto
le dispuso la tregua
y pues esta noche dijo
viniese por estas rejas
hablo a algún cautivo
y diciéndole que vengo
con el pretexto o motivo
de hablar con Alifa a quien
saben todos he servido
y que Abenumeja quiere
casarme con ella finjo
el ver a pero
allí viene aquel cautivo
que fue por el ramillete
Sale D. Luis con unas flores
Aquí están
mas ya se ha ido
y Halí está solo señor
todavía lo florido
y ameno de aquestos cuadros
te deleita
Sí cautivo
porque entre hierbas y flores
empecemos lo perdido
ya que lo cierto ha de estar
por mi desdicha escondido
contemplo que hasta lo exento
goza exenciones que han sido
desgraciadas las bellezas
destas la dicha han tenido
de que las mirase Belisa.
Ay de mí, que áspid ha sido
el que causó su veneno en el alma,
que me admiro si son flores de las que hablo
y son celos cuantos miro.
Digo, cristiano, pues hoy
cuán enamorado vivo
de su belleza.
Ay tormento más cruel.
De ti he querido fiarme
que de todos los esclavos eres solo el escogido,
y también por parecerme
en tu trato y en tu estilo
muy noble, que es una prenda
que tiene muchos sobreescritos.
Pues esta noche me importa
por habérmelo así dicho Belisa
venir a verla,
y pues nadie en el retiro
deste jardín entrar puede.
Cielos, ¿qué es esto que he oído?
De noche para que vayas
a su verde ameno río
la infanta me has de dejar
vistiera en algún hueco escondido
de alguna gruta o de ramas,
pues te es fácil advertido
que en el dejarle o hallarle
está el premio o el castigo.
Qué veneno tan cruel.
Qué trance tan impío.
Qué es lo que he bebido, cielos.
¿Belisa tan presto ha sido
la que le llama?, no era
a quien mil veces he oído
lo mucho que le aborrece,
mas, ay de mí, que me admiro.
Si es mujer la desdichada,
bastante descargo he dicho.
¿Qué respondes? Mas allí
a Abenumeja diviso,
el que no nos vea conviene,
Alá te guarde, cautivo,
que yo volveré a buscarte.
Yo haré, noble Halí, lo mismo.
Mas, ay cielos, el retrato,
ocupado en mis delirios
se me ha olvidado dejarle
y ya imposible lo miro,
mas él no podrá encontrarle
entre el verde laberinto.
Vanse y sale Abenumeja.
Pues si encuentro el retrato
que sin saber cómo pueda
haber perdido me falta
entre el golfo de mujeres bellas
Válganme los cielos
sin que mi pasión pudiera
dejar lugar por olvido
ni por escándalo a esta
parte donde le saqué
a cotejar su belleza
la ignorancia es justo pague
pues cómo, cómo creyera
haber cosa parecida
a perfecciones tan bellas
segunda vez he venido
y no le encuentro entre aquestas
bárbaras espinas, que es
donde las flores se ostentan de bulto
dicha ha sido, pero ¿qué miro?
deshecha la caja y desguarnecido
mas ¿qué es aquesto? sin pechos
aqueste no es mi retrato,
aqueste no es, si las señas
no me lo pueden negar
el que yo le envié a la Reina
pues cómo en este jardín
tan arrojado y que apenas
de lo vario que está
puedo conocerle ¡afuera!
que imaginación no tanto
te remontes mas, en esta selva
he escuchado instrumentos,
sin duda que la secreta
mi hermana aquí suspende
discurso volante y cuerda
y pues es fuerza volver
a donde el despacho queda me espera
de las cosas de mi Reino fatiga real y continua.
Venid poco a poco, penas.
Vase, y habiendo dos rejas cada una a su lado, en una se asoma Zorayda y en otra Polifa, y canta la Música sin estar todo el paso a lo lejos.
Pues ya es tiempo de que Halí
mi bien y dueño a estas rejas
llegue, en ellas estaré
advirtiendo que no venga
Polifa, que con sus damas
instrumentos de secreta
en este mirador
está sentada alerta.
Pues ya es hora que, si Halí
aquesos pensiles venga,
y dé seña que llegue
o que no llegue a la seña
la música; cantad, pues,
la letra de la vihuela.
Pues ya el Alba esparce
en conchas de rosa
fragante y hermosa
las perlas que mece
su grana y guarnece.
llanos que cautela
Ven, abejuela, ven, ven, abejuela.
Sale Alí.
Supuesto que ya la noche
entre pardas nubes negras
haciendo batalla al día
por vista del campo queda,
escondido en una gruta
que hallé en las frondosas selvas
de tanta verde esmeralda
para no hacer contingencia
o no hallase el cristiano
y esconderme no pudiera
busco en Zorayda
algún alivio a mis penas
y aun que arriesgue mi esperanza
qué ventura me sea.
Sale Don Juan con alfanje.
Del nevado llano
que en búcaro exento
te ofrece goloso
su divino encanto
cuando el nigromante
a la noche buela
Ven, abejuela, ven, ven, abejuela.
Por los ásperos riscos
que en mí habitan y encierran
y pues ya la noche negra
las flores que encendió el día
apagando va en tinieblas,
de este acero acompañado
que oculta el ciego celo
de día vengo porque mal
amor y noche concuerdan.
Con un pecho desarmado,
y haun que en fin tanto se arriesga
cuando sucediese el lance
en que con armas me vean
más en lo vital tengo arriesgo
demás de que se arranca
sin la gala de las armas
desayre de la nobleza.
Y si esto es nobleza amante
qué fuera, ¡ay de mí!, si fuera
nobleza celosa o cómo
me dejó Alí las sospechas
a la memoria enroscadas.
Y a ver ahora vista a los cielos vengo por áspides a la aldea
la sombra funesta
dejaré de tributarle
por oblación las potencias.
Ya murió el Sol para mí
sin esperar que amanezca,
ya Alí, mi nuebo enemigo,
será quien de aquestas selvas
causa en delirios de amor
todo cuanto nombro en penas.
Del cristal que puro
y undoso desata
en visos de plata
al pie de aquel duro
mal vestido muro
una fuente que la...
Ven, abejuela, ven, ven, abejuela.
Mas que la ala resuelta
me está diciendo la letra.
Pero, ¿qué puedo llegarme?
Ya me ha dicho aquella seña.
Saca un lienzo.
Halí.
Ay, Zorayda hermosa.
Pues que ya el alma confiesa
la prisión en que se halla,
y que es solo que se pierde tiempo
el hablar a la criada
a quien cura no le encuentra,
dime qué es lo que resuelves
cuando dispones que sea
mi partida.
Amor me valga.
Siempre la música sea.
Hay versos y acotaciones tachadas ilegibles o de muy difícil lectura, entre las que se distinguen frases como "morir no arriendo", "Zorayda por sacar la espada" o "Siempre música".
Yo soy Sirena.
Línea tachada ilegible debajo de la intervención de Don Juan.
Mi bien.
Suspende, para la lengua,
que no quiero que te ensayes
a pintar de esa manera.
Escudo fui de diamante
a cuantas volantes flechas
hijas de amor, despidió
el arco de su belleza,
pero en llegando la envidia
tan dentro del alma es ira,
el pecho que ayer diamante
es cristal lo que antes peña,
no quedándole valor
para que llegue a la puerta del corazón,
pues aun antes
que ponga al arco la cuerda
le hiere, ya exido mira
disparada lo que huyera.
¿Qué es esto? ¿Qué ciegos pesares,
don Juan, mi dueño, qué nueva
admiración al discurso
has dado con esa queja?
Calla, calla, calla, calla,
mira que no soy Sirena.
A quien aquesta noche
le dijiste que viniera
a limar con el suspiro
los hierros de aquestas rejas.
En fin, Halí, mi partida
no te atreves a emprenderla;
ya yo conozco que es cierto
que una dama de aquestas
me ha dicho...
Di, ¿qué es, Zorayda?
El que tú a Alifa festejas,
y quien divide el pensamiento,
quien consagra las potencias,
a una deidad no se atreve
a hacer ninguna fineza
por otra alguna, pues juzga
ofende a la que celebra.
No, bellísima Zorayda,
pretenda fingir tu idea
unos altos fabricados
de los arrojos que intentas;
lo que me mandas, señora,
es tan difícil empresa
que aun antes de imaginada
es muy justa que se tema.
Salí, pues que llegue Alifa
a conocer que solo era
falsedad en mis cariños,
que son en Dios finezas,
desde esta noche, [hacele?] el alma
entre tantos males muera,
y aunque al corazón le rompa
de tu hermosura las flechas,
ya que no pueda arrojarse
de los templos de mi idea,
haré que en lágrimas salga
la imagen que el alma encierra;
a quejas la del pecho,
y la del discurso a quejas.
Pues ya que las persuasiones
de mis disgustos demuestran
lo difícil que es salir
sin que punto de yerro pierdas,
otro remedio hallo ahora,
y si es que acaso a él te niegas,
no imagines, no discurras
que otra vez a verse vuelva,
pues conoceré que finges tu pasión
y que no es cierta,
pues así logras mi mano.
Di el remedio, alivio de penas.
Este yerro no te tiene
disculpado Abenumeya.
Es cierto.
Si él falta, no eres
tú quien gobierna, pues muera;
dale un veneno, y con eso
podré lograr...
¿qué respondes, ahora enmudeces?
Vase.
Tus quejas, don Juan,
son tan sin motivo, sino que sobra
por hacer tu amor más noble;
pues dicen que es una ciega pasión
venir desconfiado...
mas gente suena, espera,
que al mirador adonde goza la reina
él se fue, que la ofrece
lo que de las flores lleva.
dando por estos galanes,
porque no te vea...
Vase.
Más ruido he sentido,
conviene asegurar a Alifa
para que no haya de mi pasión sospecha.
Al punto vuelvo.
Vase.
¡Cielos!
Que fácil en lo que piensa
es la mujer que, ¡oh, discursos!
en decir que era
cual víbora su dislate,
que por abortar revienta.
Pues por si a esta reja sale...
Mas por si sale a esta reja...
Retirarme intento.
Quiero apartarme, mas ¿quién llega?
Pero ¿quién es?
Tropezando.
En la voz
el cautivo a quien, ¡aguarda, tarde!
pedí me escondiese, me parece.
Mas que, si oyera, ¡cielos! (que me hubiera oído)
el que hablaba con la reina.
Mataréle antes que a nadie
decir el secreto pueda.
¡Cielos! ¿Quién será este bulto?
Si me oyera hablar a esta reja
con Zulfa.
Saca el alfanje.
Aqueste alfanje...
Ya el reñir comienza.
Pero defenderme es fuerza,
pues ciego, ¡ay de mí! (entre sombras le busco)
la vaina el acero deja.
Asome tocadas al...
Mas ¿por qué se defiende?
Nadie hay en aquesta reja.
Nadie hay en esta ventana.
Ilusión fue de la idea.
Fantasía fue del discurso.
Mas, ¿qué es lo que escucho? Penas.
Sale Abenumeja con alfanje desnudo.
Espadas en el jardín.
¿Quién osadamente quiebra
el sagrado de este Alcázar?
¿Quién de esta suerte penetra
lo vedado de estos cotos?
Al irse en contra con Amurates con el alfanje.
¡Peligro!
¿Quién va?
La audacia aquí aprisiona.
Mas, ¡ay, infeliz!
Entrad, que aquí el ruido suena.
El Rey llama, ¡hola, la guarda!
Tírala.
¡Cielos! Si de esta manera
me ve el Rey, lance terrible;
la espada entre aquestas yedras
arrojaré con la vaina
por no dejarle sospecha.
¿Qué podrá ser este ruido?
¿Qué harán que de aqueste tropel, que tanto rumor no entienda?
Salen con luces y todos se turban, y Mostachón con un alfanje a palos y un candil desnudo.
¡Atrevidos! ¿Cómo? ¿Cuándo?
Roncan como una bestia,
¿no sois para estaros quedos?
¡Ay, más linda friolera!
¿Cómo Amurates y Hali
con osadía tan necia
os atrevéis a disputar
de este jardín las esferas?
Repara, señor, que yo
he venido en tu defensa.
Qué disculpa tan villana,
pues de quien quieres que sea
el que con altiveces dio
holladas florestas de un pensil.
Yo, señor,
al escuchar que en aquestas
estancias andaba ruido,
salí para ver lo que era.
¡Atrevidos moros! ¿Cómo...
Repara que yo...
La lengua
suspended, que aunque ya sé
el que a Elisa galanteas,
no puede este ser motivo
para tan osada empresa.
¿Qué es lo que escucho? ¡Ay de mí!
Pero el ponerse alevosa
sin duda ninguna fue
que estaba llamado de ella,
huyendo el ruido, fingió
para que de ella me fuera.
Turbado, hablar no acierto.
¿Qué decís? ¿No os amedrenta
este el fanfarrón? Pues por vida...
el cristianillo, ser fuerte.
Pero ¿qué encanto es aqueste?
¿El cautivo con la reina?
Lejos de estar, que en la voz
le conocí, que la pendencia
con él la tuve sin falta;
que iba a esta parte la reina,
y verla en esta ventana
donde el cristiano sospechas
a reparo, a reparo.
¡Mas la reina!
Hola.
Gran señor, ¿qué ordenas?
Mas ¿qué mil disculpas me arman?
Y tú, mas pues que entró Elisa allí,
sin duda llamado de ella
estaba Halí, y me finge
que viene a hacer que no nos vieran.
¡Que pueda tanto el engaño en la mujer!
Ya a evidencias
pasan los que eran delirios,
ya las sombras son certezas.
Pero entrar yo a aqueste sitio...
Y achacarme la pendencia.
¿Qué podrá ser esto, cielos?
Al punto presos los lleva.
Y tú, Elisa, y tú, Zorayda,
otra vez a darles vuelvan
al descanso aquella orden
que en sus brazos os tenga.
Al escuchar este ruido...
Al oír voces aquestas...
Salí a aqueste mirador.
¿Quién vio cosa como aquesta?
Señor...
Repara...
No hay nada
que repare ni que advierta.
mucho que discurrir tiene
corazón, alerta, alerta,
hasta que inquiera mis males
disimulen mis sospechas.
Volvamos al andar
a las trincheras de Ana.
Qué dolor.
Qué ansia.
Qué ira.
Mucho que inquirir me queda.
Pues hasta que quiera el hado.
Pues hasta que el cielo quiera.
Que se mitiguen mis males.
Que se minoren mis penas.
Al paso, al paso, pesares.
Ligeros, aprisa, aprisa.
Sale D. Fernando, D. Ju. y Mostachón con los soldados y Mos. queda al paño.
Aquí donde más suave
el leve céfiro mueve,
sutil lisonjean fragancias
los venturosos claveles,
pues umbrosa y apacible
sombra estas ramas ofrecen,
hasta que el padre del día
la estación ardiente deje,
cuando en rayos y pompas
agonice lo que ofende,
y de todas estas plantas
llegue el tiempo de resguardo,
descansen a tus fatigas
aquí el laberinto verde,
catre hermoso de esmeralda
nos servirá de tapete.
Líneas de Mostachón tachadas a la izquierda, reescritas a la derecha
A buena cama convida,
por cierto que para un huésped
eran muy buenos colchones;
qué blanda que esta parece,
que la han mullido criadas
de las que hoy servirnos suelen.
Ven, Chepe, aquí podemos
de la siesta el fuego ardiente
mitigar con su frescura;
baja a la falda de aquese
altivo ciprés, que al cielo
llegar parece que quiere;
descansemos, y sentados
a la sombra amena y fértil
de ese almendro, a quien
robando el viento la flor
guarnece de mariposas el traje.
Pues descansemos.
Advierte
que va por tu cuenta y riesgo
si algún lagarto me muerde.
Échanse en este lado.
Qué poco alivio sosiega
aquel que continuamente
despertando sin cuidado
le está diciendo que vele;
ya el velar de mis disgustos
señala aquel accidente
de alevosía y mal en el alma
si sería ilusión o engaño
pero cómo pudo ser
mano que muestras las mías
de mi desdicha o mi muerte,
cuando faltan los del gusto
sabe el cielo que me mueve
tanto el mirarla,
que aunque me desdiche aumente,
aunque la mi desgracia,
la amaré constantemente;
pero va corriendo
la mano que cuando se mueve
por minutos va diciendo,
más lo advierto a mi muerte
que más lo infeliz de mis males.
Pero discurso detente,
que ya que de mi sosiego seas puedes
hacer que lo deje el sueño y que los otros le dejen.
Ya que pues ambos
descansen y al oír inquiete,
cesen de llorar mis ansias,
aunque de gritar no cesen.
Duérmense.
Cantan.
Un Ángel sobre una pirámide.
Cautivos infelices
que en esta verde estancia,
en los de otras
vuestras penas descansan,
no el sueño así os oprima;
alerta, que os aguarda
la dicha más excelsa
y la gloria más alta
de ese fragante golfo.
que de purpúrea grana
ha salpicado el mayo
a inspiración del aura.
Y del mar rico albergue,
es la ancha mar trajera
de la más bella perla,
de la deidad más alta,
la efigie más eximia,
la copia más sagrada,
que ha venerado el orbe
y los cielos aclaman,
esta gloria os espera,
qué triunfo os aguarda.
Sube a lo alto.
Hay una larga serie de versos tachados por el autor en esta zona.
Sacudió, sacudió el perezoso
sueño la dulce lira,
mi voz que a quien llama:
alerta, cautivos, alerta, que viene
a aqueste horizonte el día y el alba,
el día y el alba.
Aguarda, excusa pródiga
lente exhalación luciente,
no las regiones del viento
con tal prontitud penetres,
que ni aun lugar a los ojos
dejes de que te contemplen.
No en las esferas te ocultes
tan veloz, que apenas queden
vistos al entendimiento
de que tal dicha merece.
Pero ¿qué es esto?
Mas, ¡ay!, que en
este motivo se inquiete
mi sosiego.
Callar quiero,
pues ya mis caducas sienes
darán motivo a que digan
que son delirios. Intente
hacerles creer que he sido
dicha que nadie merece.
Y así, cuando ya la noche
a tender su manto empiece,
solo vendré a investigar
el portento que me ofrece
lo florido de este cuadro
adonde continuamente
se han escuchado acordadas
unas músicas celestes.
Pero allí a mi padre miro;
a hablarle iré, aunque no quiere
mi discurso darle parte
del sueño feliz, pues tiene
cualquiera el dudoso engaño
de ser halago aparente
torre que el viento fabrica,
tan material y tan fuerte,
que, siendo lucha al discurso,
más que realidad parece.
y luego desvanecida
tan arruinada se advierte
que como sombra se busca
y como viento se inquiere
y no se encuentra ni aun humo
pues tanto se desvanece
que aun visos de que hubo sombra
no nos deja que se encuentre.
Zape, cuando el sol se labre
la pira en el Occidente
vendré a buscar la azucena
que ameno este cuadro ofrece.
Vase yendo.
El ausentarme me inquieta.
Pero ¿cómo tardar puede
tanto mi curiosidad?
Pero ¿cómo detenerse
puede el pensamiento?
Vuelven.
Yo he de volver.
¿A qué vuelves?
A ver lo que me mandaste.
A ver lo que me quieres.
A decírtelo me animo.
Decirlo mi amor pretende.
Mas juzgará que es delirio.
Dirá es engaño aparente
el pensamiento.
Vanse y al llegar al paño vuelven.
Zape.
Pero, suplico, no, que de
más mi afecto...
Pero, ¿al imposible es que tolere
este acento que me llama?
Zape, padre.
Hijo, atiende.
Lo soñé...
Lo dirán las sombras,
ese halago que la muerte
engendró para velar,
que su estrago nos acuerde.
Que en el verde laberinto
este cuadro enlaza.
Y en ese ramillete de fragancias.
Le confunde.
... seguro no sé
El pasmo más extraño.
El asombro más patente.
De una imagen.
De una efigie.
Y por si no me creyeses.
Y porque no lo dudases.
...
Dando mi atención que es
temor que me detiene.
A investigar tal prodigio
quiero que tu ayuda llegue.
Quisiera me acompañases.
Despierta Mostachón.
¡Qué mal duerme, qué mal duerme
aquel que siempre bebe agua
cruda, o vino por siempre,
pues hasta los eructos son
de persona reverente!
que es lo que hacen mis amos
Pero pues solo se puede
alcanzar tan alta dicha
con oraciones que lleguen
a sus altares piadosos
diremos rendidamente
Íncanse de rodillas
a dorar las espaldas
que sean tan devotos siempre
Sagrada madre de amor
paraíso sacro y fértil
divino templo del Padre
no nos niegues no nos niegues
tal misericordia
Qué oigo
locos pienso que se vuelven
Si de piedades tesoro
sagrado prodigio eres
apiádate de quien
rendido a tus plantas siempre
te suplica nos concedas
divina belleza verte
Va saliendo por debajo del tablado un peñasco y en la eminencia una imagen de lienzo con una luz encendida en una mano y en el peñasco los cuatro ángeles con instrumentos músicos y cantan
Tributad avecillas y flores
fragancias dulzuras
con suave primor
que ya nace el día
que ya sale el sol
Mas qué sonora armonía
pero qué acordados ecos
rasgando groseros cuadros
y rompiendo el pavimento,
nos muestra aqueste prodigio
nos enseña este portento
Señores qué es lo que miro
si acaso todavía duermo
Afinad vuestros picos canoros
poblad de armonías
la vaga región
que ya nace el día
que ya sale el sol
Sagrada madre de amor
que has querido tomar puerto
entre tanto esquivo bruto
y tanto irracional pecho
Divino hermoso milagro
que en este agreste templo
naces a ser la azucena
mejor que tiene este suelo
como señora tal día
nos concede cuando advierto
que no merecen los ojos
humanos: ver tus reflejos
nos embobados los sentidos
me ha dejado aqueste acento.
En el margen: no redigas. En el texto hay varias líneas tachadas: ya se que los Angelicos / estan echos unos ael? / no
Ofreced en aromas suaves
inciensos fragantes
a fértil olor
que la nace el día,
que la sale el sol.
¿Viste mayor hermosura?
¿Viste prodigio más bello?
¿Y tan acordados cantos?
¿Y tan sonoros acentos?
Como son los que suspenden,
a las aves los gorjeos,
a las fuentes los murmullos,
los susurros a los vientos.
Virgen, libradnos que lo oigan
aquestos malditos perros.
Pero pues que a tas dulzuras
acompañan nuestros ecos,
saludemos su prodigio
diciendo, garzando el metro.
(Repiten lo que los ángeles cantan)
Varias líneas tachadas: Ang. Divina aurora del dia / todos. Divina aurora del dia / Ang. con cuyo luciente esplendor ha salido / todos. con cuyo luciente esplendor ha salido / Ang. coronar de reflejos la esfera / todos. coronar de reflejos la esfera
Esta es la aurora del día
cuyo luciente esplendor hasiendo
coronar de reflejos la esfera,
el sol, las estrellas, la luna, el empíreo.
Sagrado templo del Padre,
esposa adorada de su amado hijo,
donde el Espíritu Santo
encuentra pensiles de rosas y lirios.
(Repiten lo que los ángeles cantan)
A ti, tesoro del cielo,
a ti, tesoro del cielo.
Te busca el dolor,
te busca el dolor.
Y te encuentra el alivio.
Hoy con dulces gorjeos te alabe
hoy con dulces gorjeos te alabe
el hombre, la fiera, el ave y el vico.
El hombre, la fiera, el ave y el vico.
(Vuelan los ángeles y se queda sobre el tablado)
¡Oh, soberana hermosura,
que a ser de estos gentil bienes
entre fragantes bellezas
la rosa más excelente!
¡Oh, reina y madre del día,
que entre variavos dosheles
amaneces para ser alba del ruxor oriente!
¿Cómo, señora, podremos
ocultarte ni esconderte,
de tanto enemigo pecho
de tanta crueldad aleve,
viste mayor hermosura?
No,
pero más me suspende
el de los rayos de aquesta antorcha
que a la materia no ofende
de aquesta divina imagen.
que más que ella resplandece
mas, cielos, ruido se oye
gente parece que viene
qué haremos en tal peligro
qué hemos de hacer en tan fuerte
lance como el que nos pasa
pues si llegan a ver este
portento que hoy en vez
de celebrarle han de hacerle
quizás, válganme los cielos
algún ultraje y si este
no llegan a ejecutarle
ha de quedar para siempre Cautiva
celestial aurora amparo
quién vio lance como aqueste
Salen los Religiosos
entremos para asustar
los Cautivos que aquí hubiere
pero qué miro
qué pasmo
aqueste farol contiene
qué misterioso y divino
arcano cielos es este
qué eximida deidad sagrada
desde los empíreos viene
a ser sol de estas estancias
a ser luz de estos vergeles
Dichosos y desdichados
cautivos tristes que en este
paraíso de la vida
vivís a expensas de aqueste
nudo azarón que os oprime
y olvidando muchas veces
el yugo de la cadena
su sonido es quien divierte
qué celestial hermosura
qué aurora es esta que viene
a hacer desde las esferas
una gracia cada fuente
un astro cada azucena
un sol cada ramillete
una estrella cada rosa
y todo en fin si se advierte
luz de cómo puedan
librarse de su suerte.
Por la claraboya del patio baja una arca en los hombros de cuatro ánge- les y en llegando al palenque cada uno vuela a su esquina y dejan el arca.
Miserables cautivos,
afligidos cristianos,
que entre áspera cadena
eslabonáis el llanto,
en bajeles de pluma
que el viento van surcando,
para esa hermosa efigie
traemos relicario.
Y en tanta dicha su aurora saludamos:
con visos,
con voces,
acentos,
y cantos.
Aquesta tosca urna
que el cincel ha labrado
de venerables troncos
que ha producido el crudo campo,
la textura se llana
sin rizados penachos
arca del Testamento
irá peregrinando.
Que groseros nacen,
la textura, hasta tanto
que católicos puertos
la fabriquen sagrarios.
Y en tanta dicha etcétera.
Vuelan y viénense los reclusos para el arca. Sale Alifa.
A entregar aqueste verde,
mudo tronco, este papel.
Ay de mí!
Pero ¿qué es esto?
Mis ojos, ¿qué nuevo enigma
a la vista se le ofrece,
que divina estampa miro,
que toda el alma suspende
y entre una veneración
y una dulzura parece
que lo apacible es lo grave
y lo severo es alegre?
Valedme, cielos sagrados!
Quién te dijo que vinieses?
De qué os turbáis? Qué os admira?
Qué bulto decís que es ese
como o por dónde entró aquí?
Señora de aqueste fértil,
ameno cuadro, ha salido
quien es, tan fácil lo adviertes,
si te acuerdas que te he dicho
el que los cristianos tienen
por su Reina y por su amparo
a María, Virgen siempre.
Ya lo sé, y su dulce nombre
en la mina del corazón.
Pero ¿qué digo? Llevadme,
Un afecto mueve el eco
que en él no se le puede
tener, asombro que de
esta verdad no suspende,
esta hermosura no pasma
viva, pero vos detiene
muerta, pero no tampoco
que guerra continua mentes
trae una ley y un amor
sin que distancia cual vence.
Deben de venir muchos
favores, muchas mercedes
de nuestra Reina.
Son tantos
que el discurso no compreende
un modo con que los explique,
una voz que los encuentre.
Mira esa borrasca
que astro a su cielo ofrece
rayos felices luciendo
de los reflejos que bebe,
sin que consuma su llama
la materia que la enciende.
Digna admiración me causa.
Y ¿quién queréis que la lleve
a vuestros puertos? o ¿cómo
aquí buscarla conviene,
dirigir la que la saquemos?
porque una vez en el muelle
a la redención de España
que se le entregue
diciendo que es otra cosa,
pues como en los muelles siempre
hay tantos moros, no es fácil
nombrar lo que dentro tiene.
Darálo a ver como dicen
que no es lo que me mueve.
Pues en viéndola en el arca...
Pues fuerza es que se ausente.
¡Adiós, ciudad de Orán!
¡Adiós, valles alegres!
¡Adiós, madre de la gracia!
¡Adiós, cristal transparente!
Ciérranla en el arca.
¡Adiós, Iris de la muerte!
Y pues somos tus esclavos,
que de nosotros te acuerdes
te suplicamos, Señora,
mientras de pechos en este
viaje sagrado entramos
el corazón que te ofrece
por inmenso sacrificio.
¡Amistad! ¡Cristo por siempre!
Sale el Demonio de Benamuza, Alifa y acompañamiento.
¡Valedme, sagrados cielos!
¡Adiós! ¡Qué desdichas!
¡Infeliz suerte!
¡Gran desgracia!
Aquestos perros
traen consigo tantos males
que a llorar me obligan.
¿Qué es esto que toca y a aquesta?
Todo el monumento tiene
un velo que me acobarda,
un asombro que me ofende.
Válgame Alá, si la fe,
fuerza que a acorrer llegue,
que es amparo a los cristianos.
Sagrada Virgen, valedme.
Amparadme vos, María.
¿De qué tú y Alifa en mirar,
y pagaréis
cautivos que es lo que tenéis?
Que os ha enmudecido a todos,
No decís que siempre
os favorece, ¿por qué
ahora su favor no viene?
La aquesta es, causa el cielo.
Habla pues, ¿qué es lo que temes?
Abrid aquesta arca.
Pues la es fuerza,
al cielo apelen mis lágrimas.
Yo me animo. Sagrada Virgen, valedme.
La redención de Castilla
como sabes hoy hiende
al aire sus tafetanes,
y da aguas puras. Yo desde
que para de aquella a servirse
que, y de adonde la mía viene,
he solicitado enviar
algún regalo a que veis,
y viendo que este pincel
con tanta abundancia excede,
viendo que en vano me animo,
tantos, oh Virgen, valedme,
fuerzas, apenas la voz
rasgar el aire se atreve.
Intento pesar notable
tuvo cuando
¿Qué suspende
vuestra voz? Abrid el arca.
Repara, señor, advierte
que lo...
Nada me digáis,
pues vuestro rostro me advierte
que aquí hay alguna traición.
No, si el aliento fallece,
es sino la voz me anuda
Es claro en que te detienes.
Pasa un ángel con un velo muy rápido.
No temáis que María es Iris
que cualquier borrasca vence.
Huid a la pues.
Oh Virgen,
en tanto empeño valedme.
Abren el arca y se ve llena de palmas.
Frutos diferentes son
de las muchas que guarnecen
los cuadros de esos jardines
Si aquesto, señor, te ofende
Qué milagro.
Qué prodigio.
Válgame todos tan legiones.
Gran maravilla.
María es mi amparo solamente.
Sea la disculpa mi susto.
Quién vio asombro como aqueste.
De que te turbabas antes
le doy muchos parabienes
a mi dicha de que os sirva
algo de lo que aquí hubiere
por que os estoy obligado
... que lo confiese.
Me dio ... Alifa
es verdad, así es, señor.
La página derecha (foliada 33) contiene el siguiente texto, aparentemente tachado con grandes líneas verticales y diagonales:
Darles qué Palmas
vine a pedirte me dieses
licencia para ofrecerles
Van dijo que si se advierte
la Palma sagrada encierra
casi - nadie dudar puede
que lo que yo no era le dije
pues para el que lo supiere
será palma de la esfera
y al que lo ignore de aqueste
Jardín con que así no falto
a decir lo que fue siempre
hallé a Daxa que alegre
me mandó que las tomase
estas son
Abre el arca y vese llena de Palmas
Valedme
en tanto empeño si acaso
aquesto Señor te ofende
Qué prodigio.
Qué milagro.
Válgame todos tan legiones.
Gran maravilla.
María es mi amparo solamente.
Sea la disculpa mi susto.
Atiendes non non que aqueste
te trajo el regalo.
Antes le doy parabienes
a mi dicha de que os sirva
algo de lo que aquí hubiere
por que os estoy obligado
pues a ese moro decilde
lo que ha de decir, y él ahora
luego al instante le entregue,
pues es costumbre que cuando
las redenciones se vuelven,
no llegue cristiano alguno
sino los que redimieren
a la orilla por los riesgos
que ha habido por ellos siempre.
Llamad a dos al Diván.
¡Qué avisarle no pudiese
a se lo consagre a su
a que por Dios asistes
mi jornada se suspende.
Al muelle
seguidme todos,
que quiero ver embarcar a la gente.
que no pueda yo avisarle.
Vamos pues.
Y yo entre aqueste
jazmín, aunque absorta y muda
de ver lo que me sucede,
aguardaré que el jardín
se quede con menos gente
para echar este papel
en el hueco que tiene
la llave de mis secretos;
hablar así, no queden
mis amorosas pasiones.
Venid, que esto es lo que os detiene.
Vanse, y escóndese Alifa, y queda D. Juan solo.
Aunque del pasado susto
la admiración me suspende
pues que me he quedado solo
y la memoria me ofrece
a mirar aquella tarjeta
que entre lo fragante y verde
deste cuadro vi, pues nunca
desde ayer que la hallé en este
jardín mirarle he podido
porque acompañado siempre
he estado; un retrato es
y si la vista no miente
y el discurso no delira
de Zoraida me parece.
Sale Halí.
Ya que Amurates y a mí
hizo soltar la que prende
tanto entre bellas cadenas
como en grillos de desdenes
y el tirano de mi tío
depuso la saña ardiente
a los ruegos de Roxas, da
por causarme más crüel
de aquellas antiguas penas
la memoria me vuelve
a acordar aquel cristiano
a quien cautelosa mente
la reina hablaba dejando
fingido por que no hiciese
nula sospecha alguna
él ausentarse, y me ofende
tanto esta sospecha el alma
que sin saber quien me puede
conducir a este jardín
una y mil veces me vuelve;
mas allí está divertido.
Va saliendo Alifa, y pone el papel en el tronco.
Su copia es sin duda.
en ese
pecho dejaré el papel
ya que está el listón sin tener
quién pudo perderle cielos
Va saliendo y le ve el retrato por detrás.
que aqueste pueda ofenderme
Considerando un retrato está
que nueva aleve
se ha introducido en el alma
pero del Rey me parece
si le volviere mas no
qué áspid ponzoñoso es este
que he visto en tu mano cielo?
pero más sufrir no pueden
mis iras y ansias
Halí?
Quitarále Halí el retrato y sale Daraja, Alifa.
Vil atrevida y aleve
falso esclavo
qué es aquesto
que a tan mal tiempo viniese
que a tan mal tiempo llegase
qué copia o retrato es ese
dádmele que lo
Dásele a Daraja.
ay de mí
que así los hados crueles
todo lo disponga fuerza
es señora obedecerte
quién te dio aquesta pintura
En el laberinto verde
dese cuadro la encontré
ay disculpa más aleve
Tanto en él te deleitas
que porque más te se acuerde
idolatrando en su imagen
no puedes vivir sin verle
vive el cielo que mis celos
te darán celosa muerte
miente Alifa
Basta engreída
vete de mi vista vete
que no es tan divina Alifa
para tan grosera gente
Ay de mí de celos muero
no en vano no fue el haberle
En el margen superior izquierdo aparecen unos versos con tachaduras que parecen continuar una intervención de la página anterior.
... hablé con ella anoche
al corazón una ardiente flecha
que del arco esquivo
de la sospecha apercibe
la realidad.
¿Quién pudiera,
volver sin que Halí lo viese
a quitar aquel papel
que disfraza el rudo albergue
del tronco, porque un ingrato
mis favores no merece?
Señora...
Basta, villano.
Date a este cautivo muerte.
Mira...
Vase.
Vete de mi vista.
Vase.
Iré por obedecerte.
Ya que solo me ha dejado,
si acaso el discurso puede
en tanto abismo de penas
definir lo que padece,
con él, y con Inés quiero
ver si hay en tan dura suerte
o alivio que las mitigue
o cuál pena a cuál excede.
Sea lo primero mi amor,
pues en tanta luz ardiente
mariposa racional
luz a luz amando muere.
Sea lo segundo Zoraida
quien sin ver inconvenientes
una y mil veces me ha dicho
que de Abenumeja muere.
¡Oh discurso, en la mujer
con qué ceguedad pretendes
triunfar solo de tu gusto
sin que el furor te amedrente,
sin que el horror te espante
la dificultad que emprendes!
Lo tercero sean mis celos,
aguas adonde se pierde
el discurso, pues consigo
lucha contra triste suerte;
encontrar el otro día
entre lo fragante y verde
deste jardín a Zoraida
tan parcial y tan alegre
con este esclavo, y anoche,
fingiendo no conocerse,
tratos de amor que lograba,
ya hablar con él, o verle
un tercero suyo, otro
discurso mata. Detente,
y pues todas pueden ser
ilusiones aparentes,
a ver si ha dejado acaso
en la corteza de aqueste
rudo tronco algún papel,
pues dijo será su albergue.
al pasar por esa cuadra
sin que ninguno lo viese
secreto de nuestro amor.
Va a salir Abenumeya y se detiene.
Saca el papel.
¡Oh, cuánto discurro!, puedes,
pero en aquel árbol miro
que en curioso acecho viene
a Halí, y de aquel breve espacio
que viste la planta ofrezco,
de un hueco del corazón
saca un papel. Desole aqueste
blanco cisne de esmeralda,
cándido jazmín aceche
mi vigilancia.
Aquí está.
Dulce de aquesta suerte.
Señora dueña mía, aun que no he podido
lograr el veros, para desvanecer tantas
mal fundadas quejas, no pretendo
daros satisfacción, pues fuera aseguraros
que las teméis, que no pueden caber
en mi fineza, y de pediros amor, abono
él que, demás de haber quebrado las leyes
del recato, he ofendido que eran
las leyes, pues basta para aseguraros
de mis [peticiones] tantos morbos a la vez.
¡Sagrados cielos! Aqueste
es otro mayor abismo,
escribirme desta suerte
Zorayda cuando pensaba
que iba a llorar en las muertes
a Abenumeya, ¿deténgame?
Que quiebra por mí otras leyes.
Pero ella viene, sin duda,
pues el sonoro accidente
con que el viento ha tocado a tantos
de cláusulas que suspenden,
lo publica el pasaje de las plumas
y el murmullo de las fuentes
lo publica.
Desde aquí veré cuánto resplandece.
Canta la música y sale Zorayda con tres damas, y al pasar echa un papel en el trono.
En otra dichosa venga
a llenar estos vergeles
con alientos de fragancias
y de diamantes sus verdes.
Ahora arrojaré el papel
puesto que nadie lo advierte.
Señora.
¿Qué haces?
Divertido, en tanta verde
hermosa esfera miraba
cuán ingrata y cuán aleve
aquella rosa adorada
de un clavel, solo por verse
querida en señal de celo,
mostraba espinas crueles.
Y deshojando lo bello
al tiempo que la aborrece
pues la busca así que nace
solo por darle la muerte
su púrpura le ofrece
y viendo su infeliz suerte
lágrimas de grana llora
dorada hoja que vierte
Vase con sus damas cantando la música.
Aunque la respuesta es fácil
yo no puedo responderte,
y así dejándote otro
que hay quien sin mí te lo enseñe
bien digo, pues el papel
al pasar sin que lo vieses
dejé en el tronco, y pues vengo
con mis damas, y no puede
hablarte mi amor ahora,
dando vuelta al vergel
puedes escuchar lo que debes
solo que te dejo en cintas.
En hora dichosa venga
a llenar estos vergeles
con alientos y fragancias
y hermosura con olores.
Vase.
Del papel me he alborotado,
pues presumiendo entender,
dejé siguiendo sus pasos
por ver si hablarla pudiese
sin que lo adviertan sus damas,
y en ya que no comprende
el discurso el papel
que exprime, no a el que encierra.
Sale Aben.
Pues ya dando al jardín vuelta
Zorayda y Hali de aqueste
cuadro se ausentan, dejando
el fragante campo al verse
de aquel jazmín desta estancia,
con mi discurso me vuelve
mi mismo tormento celos.
¿Qué asombro o encanto es este
que ni le alcanzan los ojos
ni el discurso le comprende?
Hali sacar de aquel tronco
un papel, Zorayda dejar,
que, a no estar tan llorosa
y dilatarme la suerte
desta mano con decirme
que hasta que el nuevo accidente
que le ha causado ausentarse
de su paternal albergue
olvide con mis finezas
no ha de permitir se mezclen
con las tristezas el llanto,
las delicias de su suerte
encontrar aquel retrato
tan borrado entre lo verde
deste cuadro donde apenas
he podido conocerle;
que tantas sospechas, celos,
de cualquiera luz se engendren.
Entre la mano en el hueco y saca el papel.
Lee.
pero parando el volante,
a la memoria que huésped
sangriento robo del alma
se alivia con lo que muere
de aqueste tronco que mudo
explica lo que no siente.
Ver quiero el escrito pero
si tacto y vista no mienten
un papel hay en la resquicia
no puede en mal, leele.
Aunque pudieran mil finezas cantarse, y
mi ignorancia acusar el conato quitar
la venda que le sirve de nube para cortar,
si hablo de tantas verdades ociosas, y que
se aprende en mi fingiendo lo que en otra
se explica adorando, no obstante quiero
que sea esta la última fineza de mi atención
y así no imaginé vuestra vista verme
segunda vez, sin haber antes dado muerte.
Abenumeya: Alá, ¿qué es
cielos, qué es esto que he visto?
Mudo el labio inobediente
el corazón, la voz yerta
sin saber adónde lleve
el paso, todo soy mármol.
Como el discurso fallece
puedo, que a ira tan grande
decir, el eco enmudece,
que todos sí son delirios
dadme, pesares, valedme.
Muerte, terrible tormento,
qué asombro, qué error, qué es este
que en cada razón se encuentra
y en cada letra se advierte.
Si he soñado, si deliro
mas no, no, por que error que este
un gusto bien le declara,
pero no siendo una muerte
quien traidoramente aplauso
inventa con trato aleve
quitarme la vida,
oh troncos rudos padrón de estas virtudes
campañas pues disimuláis
cauteloso lo que ofende,
de quién será este papel
pues dice en él juntamente
que está celosa mi hermana,
pero difunto detente.
Zoraida, ay de mis sospechas,
qué es lo que memoria quieres,
no me acuerdes, calla, calla,
que no quiero creer que puede
caber en tanta hermosura
traiciones tan inclementes,
mas cómo me dices ciega,
que yo propio me dé muerte
en decir que era hermosura,
en quien piedad no se advierte.
Si será Halí quien me ofenda,
pues fue quien llegó a ponerle,
mas como si es de mujer
y su letra me parece,
que Inocencio = sagrados cielos valedme
qué he de hacer en tantas penas
mas disimular conviene
y apurar de aqueste enigma
la cifra que no se entiende
de aquí volviéndole al hueco
y disfrazado entre aquestas
ramas veré quien le toma
y sabré de aquesta suerte
quien me ofende quien
me agravia = pues
el que le busque este
será el autor del delito
siendo el reo de la muerte
Pone el papel en el hueco y escóndese y sale Don Juan.
Aguardando que quedase
todo este sitio sin gente
he estado y aun que pudiera
cansarme de amor de verte
entre desdichas y celos
luchando continuamente
esta pasión que me anima
esta afición que me vence
en tal confusión me pone
en tal cadena me prende
que me obliga a ver si acaso
en aqueste hueco tiene
qué es lo que miro
el cautivo vil y aleve
que vi en el balcón anoche
es quien el secreto tiene
darle muerte y mil diera
si tantas vidas tuviese
algún papel de él he hallado
y dice de aquesta suerte
Sale Abenumeja al quererle leer y se le quita.
Pues que ya sé quien me agravia
pues que ya sé quien me ofende
de aqueste puñal al filo daré
pero desta suerte = nada averiguo
Señor tú
villano atrevido aleve
falso esclavo
qué es aquesto
sagrados cielos valedme
sin darme por entendido
pues así saberse puede
quien me agravia del modo
que tengo para prenderle
haré que sea una mazmorra
castigo de lo que emprende
¡he, de mi guarda!
Salen unos moros y Celín.
Señor
Aqueste esclavo ponedle
en la más áspera oscura
mazmorra que Argel tuviere
y de cadenas y grillos
los hierros golpes le acuerden
que son mayores sus yerros.
Repara...
Llevadle.
Advierte...
Venir cristiano a murmurar.
Que sin culpa...
Nada digas,
que aun solo verte me ofende.
Ser enfadador del Rey
y por aquesto prenderle.
Ya estoy hoy a vuestra preso,
si ayer
basta la fortuna esquiva.
Ya está bueno a dos crueles.
Piedad, piedad, que no hay
valor que tanto tolere.
Llévanle y en lo bajo se descubre una nave y algunos marineros en ella como zozobrando.
Cuenta con el gobernalle
pues en el oscuro imperio
de la noche vaticina
gran novedad en el tiempo.
Y de aquella nube negra
que es lunar del firmamento
la borrasca pronostica.
Amaina, amainando el lince
en vano la defensa
se procura, pues vemos
que en deshecha borrasca
es perderse cualquiera movimiento.
A la gavia.
A la amarra.
Al chafaldete.
¡Cielos, piedad!
A la bolina.
A la amarra.
A la epata.
¡Favor, cielos!
Sin timón, vela, ni jarcia
corriendo rumbos diversos
a merced de la tormenta
es la muerte nuestro puerto.
Unos, aflojemos el navío
y la ropa arrojemos
al agua, pues no queda
entre tanta fatiga otro remedio.
Echan varias cosas y entre ellas el arca, y al punto cae, se ve sentar cuatro ángeles cada uno a su punta, con sus remos, y cantando pasan el palenque.
A vuestra proa venid
a aqueste nácar bello
pues no peligra en agua
la que es de todos puerto.
Amarra chafaldete driza bolina epata en margen derecho.
Aquí en vista las ondas,
bajel sin vela o remo,
la que es del mar estrella,
del cristal sacaremos.
No ha de esconder su efigie
tan indecente templo,
que tanta agua
para ocultar tal cielo.
¡Qué milagro, qué prodigio,
que ya ha serenado el viento!
Y aun está lleno de acordes,
sonoros, suaves acentos.
Pues por dicha nuestra
nos ha elegido el cielo
para que su hermosura
a la playa arribemos.
Corte alterada espuma
el noto, y el mar quieto
serene la borrasca
el Iris de su pecho.
Cortad, cortad.
las ondas.
Romped, romped los vientos.
Líneas tachadas ilegibles
Batid,
batid
la espuma.
Moved, moved
todos los remos.
Pues se ve el mar tranquilo
y serenado el viento,
otra vez se desate
el arrugado y recogido lienzo,
tomando su rumbo,
dando gracias al cielo,
pidamos que nos deje
felizmente llegar a nuestro puerto.
Fin
Dicen dentro lo siguiente y sale Zoraida, Alifa y luego el Redentor:
Buen viaje, buen viaje,
vaya a los vasos riza buen pasaje.
Dejad que entre primero
a rendir la obediencia a quien venero.
En el margen izquierdo, junto a Fray Pedro, aparece la palabra "Tres".
Para el viaje que aguardo
venir por tu licencia a tus pies puesto,
pues que tan favorable
el viento se nos muestra, el mar afable
que en golfos de plata
y de vidrio sangriento, atroz pirata
por que sin tu licencia
no era justo partir ni hacer la ausencia.
Estimo la fineza.
A Felisera.
Es debida señora.
¿Y cuánto hay de camino?
Del piélago espumoso cristalino
no hay que medir distancia,
pues se cifra en el aire su inconstancia;
sesenta leguas ponen a Génova,
pero el que osado surcar el mar se empeña
con la quilla o los remos,
batiendo espuma el surco nunca haremos
desta corta distancia,
pues como he dicho todo es inconstancia.
Fray Raymundo, señora,
de Castelnou me llamo, si tu aurora
gustare mandarme algo,
a tus pies sacrifico cuanto valgo.
Solo lo que pido ahora a tu belleza,
es que un esclavo, a quien en la espesura
de una prisión oscura
le tiene lo infeliz de su ventura,
que hoy no quiso tu esposo.
¡Ay, cruel hado, infiel y riguroso!
Que en el ajuste entraste,
si tu piedad, señora, le amparase.
Yo pediré por él.
¡Cruel fortuna!
Con aqueste favor no hay dicha alguna.
¡Ay, buen viaje os dé el cielo!
Así en el pecho el triste desconsuelo
de aquella bella aurora,
que salió en aquella azarosa barquilla, llora
todo mi sentimiento,
no fuera cruel flecha al pensamiento
que se amó su hermosura.
Idla con Dios, o vete.
¡Pena dura!
El Príncipe.
Sacan la imagen y salen doña Rafaela Egregia, doña Isabel y sus damas.
¿De qué, Felisa hermosa,
tanta tristeza, tanta ajada rosa,
el cerco de tu llanto
puede a tu perfección eclipsar tanto?
Porque al aire le llenas
de tanta sinrazón que hacen tus penas,
en ayes repetidos,
de que se hallan tus ojos tan sentidos;
comunica tu mal, di tu tormento.
Explicarte mi mal es vano intento.
Di, dilo, cuando no halla
consuelo mi pesar, a lo que calla
en asenso al dolor de tu cuidado,
solicito el alivio yo a tu lado.
Mil temores
tiene al deciroslo el labio.
Mira que a mi fineza haces agravio,
dime por vida mía,
de qué ha nacido tal melancolía,
lo que aquesto dolor poco,
por ver si yo que hallo, le damos a los
que descubro el camino
de tu infeliz fatal busto destino.
Pues que me mandas diga
qué es lo que aqueste llanto aquí le obliga,
escucha, porque quiero
referirte la pena de que muero.
Entre varios cristianos
que de aquestos pensiles carpetanos...
solo un del aspero lamento
de Culiban el bárbaro clemente
uno que era entre todos
a quien más atención por varios modos
dimos, que he sabido
por su padre que en llanto sumergido
el cabello nevado
de la escarcha que el tiempo ha congelado
anegando en su pena
el dolor y tormento le enajena
pues pues ha llegado
el desdicha
Sale Don Fernando llorando
señora; a tus pies postrado
si es que el mal me da alivio
para decir mis penas y tormento
un hijo (que tristeza)
con quien hablé mil veces vuestra alteza
sin saber el motivo (+ que es por quien tu favor
ofreciste con general redentor)
prisionero de más de estas cautivas
el Rey tiene señora
y pues tantas piedades atesora
tu generoso tu bizarro pecho
en lágrimas de amor todo desecho
a tus plantas rendido
tu intercesión y tu favor te pido
y pues que puede hermana
mandarlo tu fineza soberana
este favor te deba
pues a pedirlo yo no es bien me atreba
porque hoy hemos tenido
un disgustillo si bien que nada ha sido
no es tal que imaginando
que sea nuestro amor ya declarando
y que puede ser Elvira
el marido que su alteza así lo cumpla
pues será loco intento
y pedírselo a mi hermano (en vano aliento)
por el he discurrido
que el medio más feliz aqueste ha sido
Aunque
hacer lo que me mandas y
ya me ataja el verle tan sentido
pues como sabes desde que ha venido
le advierto disgustado
de ver que es el pesar de haber dejado
a mis padres (que pena)
ocasión del dolor que me enajena
y que motivo ha sido
de negarle que sea mi marido
no es tal sino el tormento
de ser de mis pesares instrumento
hoy haré lo que pides
A ti te rindan favor con tanta dicha mides
pero el Juez que viene
el que aquí nos encuentre no conviene
a la segura de hermana
estimo tu fineza cortesana.
Vase, y sale Abenumeja.
Mucho, Zorayda, te gusta
lo ameno de estos vergeles,
(¡cielos, qué mal disimulo!)
como tus penas se sienten,
no te alivia lo fragante,
no te divierte lo alegre,
tanto cántico de plumas,
tanto murmullo de fuentes.
No, señor, que odio es aqueste,
que hace estragos en el alma que más libremente huye;
obra más que mucho,
si llegare a ver un caribe
de mi pecho se alimenta,
y qué fuerza que mata se ve;
pues entre amor y entre olvido,
como afectos diferentes,
sállese en enojos uno,
al tiempo que otro se enciende;
llamas sentida que nunca,
pues después que me dijisteis,
he sabido que hay un galán
preso.
La lengua suspende.
Ingrata, aleve, tirana,
no bastaban que crueles
los hados por señas digan
lo que arde el alma y siente;
no bastaba que tu pluma
lo que me agravias dijese,
sino que tu voz le explique
la infamia.
Señor, advierte...
Va a salir Halí y se queda al paño.
A ver si encuentro a mi dueño.
Mas el rey es; detendréme.
¡Ay, que toda he quedado yerta!
Pero el labio enmudece,
no lo que la culpa disfama
he temido; Amor, valedme.
Basta, basta. ¡Hola, mi guarda!
Salen unos moros, y Celín.
Señor.
Ahí en la torre que este
mal enmarañado nido
en su ruda falda tiene,
cuyo centro es calabozo,
o mazmorra de ese aleve,
en alguno de sus cuartos
poned...
¡Ay, cielos, socorredme!
A Zorayda.
Señor, mira...
Nada medies.
Señor, repara...
Advierte...
Basta, que hayáis de obedecer.
Toca el obedecerte.
Lo que ruego yo, en qué ultraje
y sin que el eco pudiese
pronunciar voz que le diga
a lo que nada se atreve.
Mas ¿qué me admira, si estoy
culpada, que nada acierte,
pues los sentidos le roba
el delito al delincuente?
Al margen derecho de este parlamento de Zora hay unos versos añadidos:
¿Habrá mayor osadía?
¿Quién pudiera darle muerte,
porque de una vez cesasen
sus soberbias inclemencias?
Levanta; y Abenumeja detiene a Celín y sale Mostachón.
Quien trae a un amo tan
perdido.
Pero detente.
De ayer acá, ¿quién del dueño
decirme acaso supiese?
Celín.
Mandar, ñor, ñor.
Mas Abenumeja es este.
Entra, ese esclavo también
en la mazmorra.
Ponerla
en mazmorras mandas, rey.
¡A mí, válgame San Cosmes!
Échale una soga.
Lapi, venid cristianillo,
y pues por el zargüesí,
echarte aquesta corbata.
Híncase de rodillas al rey.
¡Ay de mí!, ¿por qué me prendes?
Tu majestad, fortuna te duela
al nada dolerle,
que estás sano,
venir pues.
Vanse.
Vaya conmigo San Jueves.
Sale Halí.
Poca disculpa pues ya
a entrambos presos los tienes,
y se va ya descubriendo
la traición la que al albergue
de la ... también.
Halí llego, he de valerme
de la más extraña astucia
que el pensamiento ofrecerme puede en aquesta ocasión.
La dejé, mas aquí viene.
Señor, vos sabréis por qué la prende.
Halí.
¿Qué es lo que hay?
Aguardando que vinieses he estado.
Pues, ¿qué tenías que mandarme?
Que cumplieses con un pliego.
Lapi, voy por él.
Detente,
que aquí tienes quien te sirva.
Vase.
No, espera que presto vuelve
mi vigilancia.
Sale Abenumeja.
¡Ay de mí!
¿Qué será, pues desde aqueste
punto que supe que había
preso a Zorayda, me tiene
con mil sustos toda el alma?
Que fuera que se supiese
su aborrecimiento, celos,
pero sospecha demente,
que en tener preso al cautivo,
no sé que el alma recele.
Dale un pliego.
De esta suerte he de probarle.
Este es, pero antes te advierte
mi ingenio que le ejecutes
luego y sin que te amedrente
o por terrible el acaso
o por cruel, pues pierdes
mi gracia si no le cumples,
y solicitas tu muerte.
Y habiendo hecho lo que dice
ese trabajo,
en esa prisión que tiene,
a las machas esa torre.
me hallarás, ya abusar puedes.
Vase.
Lee.
¡Qué misterio tan extraño!
Diré pues de aquesta suerte,
importa a mi corona y a mi vida
vayas a la prisión donde está la Reina
y la des muerte: Abenumeza.
¡Ay de mí!, que es lo que he visto.
¿Cómo, pesares crueles,
puedo, terrible tormento,
dar a quien adoro muerte?
¿Yo he de tener a mi cargo
yo manchar villanamente
con la grana de su cuello
tanta soberana nieve?
¡Válgame amor, si deliro!
pues el pulso intercadente
a sustos del corazón
parece que fallece.
Ofender a quien adoro,
pero no muera mil veces
quien me da alas, que osé
como cobarde se atreve
a pronunciar la voz.
En llegando a ser tan fuertes
tan horrorosos los lances
todo es nada, ¿qué he de hacerme?
Darla muerte es crueldad
no dársela es conocerse
que al Rey ofendo si huyo
nada remedio, pues pierde
mi amor, agora ya que labio
con ausentarme el que llegue
otro con menos cariño
y la rinda a dos crueles.
La quité pesar notable
¿qué he de hacer en mal tan fuerte?
pero tomaré despacio
y dando a la prisión que este
mal enmarañado vino
en su amena falda tiene
a donde está preso aquel
cometa que el alma prende
la suelta daré si encuentro
alivio que me consuele.
Vase, y dicen dentro lo que se sigue. Y salen besando la tierra los Redentores y los cautivos.
A tierra, a tierra, al muelle
echa el áncora al puerto
y dejando el navío
de tan grande favor las gracias demos.
Y besando la arena
de nuestra patria, haciendo
la salva los clarines
hacia nuestro convento caminemos.
Qué asombro, qué prodigio
y qué es esto que en el puerto
ni permite salir a las espumas
ni dejar sacar áncoras al suelo.
Decid, ¿mas qué voces son estas
que en esta parte oyeron
mal untadas. El aire
mis oídos que dicen si lo advierto.
En vano es nuestra lucha,
pues aunque más esfuerzo
pongamos se resiste
por soberano y misterioso imperio.
Uno tira.
Otro tira.
¿Qué es?
Si yo no lo advierto.
Fray Pedro, mi compañero viene
del... sabe la causa de este estruendo.
Sale uno de los cautivos fray Pedro.
¿Qué es esto?
Un raro caso
que daré deciros pues
así dándome han dicho los barqueros.
Y pobres pescadores
que viven en el puerto,
habrá algunos días vino
sobre esas ondas un cajón pequeño,
que este presuroso
surcando su elemento
ha andado por la espuma
cortando a sus brisas lo soberbio,
y que habiendo intentado
el llegar los barqueros
con esquifes se ha huido
con soberano y misterioso vuelo,
a cuya arca no ha habido
en la región del viento
matiz que no desluce
la dulce de su pico en mil ensayos,
que todo ha sido oírse
en dulce acorde metro
mil cánticos suaves,
de que están admirados los isleños,
y hoy que de la arena
tocar el margen vieron,
sacarla solicitan,
a que no basta no el humano esfuerzo,
porque todos confusos
están diciendo a un tiempo.
Uno tira.
Otro tira.
¡Qué he oído!
¿Qué podremos?
¡Valedme, sacros cielos!
Pasan los 4 ángeles en carro por el mar y cantan y todos se suspenden.
Tened.
Suspended.
Parad.
Dejad el esfuerzo,
que no ha de salir del agua,
que no ha de tomar el puerto.
Esta misteriosa urna
sirve de divino templo
a la mejor criatura,
al más soberano cielo.
Cuyo relicario sacro,
cuyo tesoro supremo,
es la concha más sagrada,
es el nácar más excelso.
De la mejor Margarita,
del mar divino portento,
que en templos adora el mundo,
y en aras el firmamento.
Pues que tan gran favor
hoy su piedad os ha hecho,
llegad, llegad a sacarla
del cristalino elemento.
Tened.
Suspended.
Parad.
Dejad el efeto,
que no ha de salir del agua
que no ha de tomar el puerto.
Pero qué dulce acorde,
sonoro, suave metro,
en músicas el aire
dice que viene una deidad dentro,
cuyo rico prodigio
solo concede el cielo
a nosotros; ¡qué dicha!
Lleguémonos, padres, más al puerto.
Llegan al paño y, corriéndole la cortina, se verá el arca y, algunos tirando de él, en llegando los religiosos, la sacan al tablado.
Pero, ¿qué es lo que miro?
¿Si es ilusión que veo?
Línea tachada: Rai. admirado aun no aliento
Línea tachada: aqueste asombro aun no medita aliento
Aquesta no es el arca.
Aqueste no es el nácar de su cielo.
De admirado, aún no animo.
De asombrado, aún no aliento.
¡Qué gran favor!
¡Qué dicha!
¡Qué prodigio!
¡Qué gloria!
¡Qué portento!
Lleguemos a sacarla.
Imposible, lo advierto.
Llegan y la sacan.
Notable asombro.
Apenas
podemos advertir que tenga peso.
Pues aún mayor milagro
es el que ella oculta dentro;
que, si no desmerece,
advertiréis si exceden los misterios.
Abre el arca y vese la imagen con luces encendidas.
Una imagen oculta.
¿Qué es lo que miro, cielos?
Una cuya beldad admira.
Cuya hermosura roba el pensamiento.
Línea tachada: Rai. Pues aun es mas prodigio
Y demás de los rayos
que de su sol excelso
salen, aquella antorcha
qué nueva admiración, pues sin que el tiempo
o apague lo que alumbra
o encienda aqueste ceño,
dando cultos a que eclipse
llega a ser de sus luces un destello.
Pues harto hay días prolijos
que lo os contaré luego
Cautivos, que fortuna que os toca
de tan grande favor las gracias demos.
Bien dice, sea la salva
pues que nos hace el cielo
en actual dulzura
las cláusulas que se oyen en el viento.
Quien salude su aurora,
y así humildes diremos
postrados en la tierra,
que por tan gran deidad es firmamento.
Pónganse todos de rodillas y cantan los ángeles y ellos responden
Salve, estrella matutina.
Salve, estrella matutina.
Salve, simulacro excelso.
Salve, simulacro excelso.
Salve, sagrada cortina.
Salve, sagrada cortina.
Salve, custodia del verbo.
Salve, custodia del verbo.
Vanse llevándose la imagen y desaparecen los ángeles, y en una torre que fingirá un lienzo se asoma en lo alto Zoraida y échase en el tablado en una silla y sale con cadena y un hachón y cantan dentro, y sale Zoraida
Dentro cantan.
Presa en las torres de Simca
con hierros y grillos la tienen
aquel asombro de Grecia
sus divinas bravezas.
Desde esta pequeña reja
que es por donde el sol apenas
por que el entrar le asusta
lo fúnebre le ofende
un escaso rayo. ¡Ah...!
A ver quién tan triste muere.
Con una letra que acaso
se hizo sin que acaso fuese
pues solo para mi envidia
ella nació, me parece,
pues renueva mi desdicha.
Desde esta cuadra se sigue quejarse acordadamente
me acuerda mi adversa suerte
tachado: no he apurado alguna la triste
Sí, la infeliz
de quien notó que supiese
amor que tenía guardados
a el los de sus desdenes.
Hay en un pliegue del cuello
lugar para que se entre
una chinche que aquí ha venido
a ser marraja de este
sitio adonde se guardan
los racimos de la muerte.
¡Oh Mostachón! ¿Tú también
destas cadenas crueles
vienes a sentir el peso?
Pues ¿no ves que he sido siempre
compañero entre Isabella?
Pero sabes que pareces
¿Qué he de parecer? Un monstruo
de desdichas a quien siempre
un enigma donde tiene
la deidad ciega cifrados
sus influjos evidentes,
una fiera racional
a quien sus yerros ofenden.
Mas que el peso de los grillos,
pues nada de eso pareces,
sino un papagayo, un teje,
una burraca que en presencia
del Reyno de tus locuras
le envían a un matasiete.
Cantan dentro.
Pensil de la primavera
que cuando naces adviertes
siendo de tu flor divina
la esperanza espina aleve.
que sus penas divierte,
haciendo el lamento acorde
entre aquellos ramos verdes,
acompañele mi llanto
pues es cláusula que siente
el alma por desahogarla.
Mas la herida que padece
¿qué me quieres, pensamiento?
¿Es posible que no dejes
de atormentarme? ¿Qué haces
en acordar que me tienen
aquí mis desdichas, donde
al viento continuamente
estoy llenando de quejas
para que a mi dueño lleve?
¿Qué mal dije a mi enemigo?
aquel ingrato y aleve
por quien en esta prisión
padezco penas crueles,
que cobarde el corazón
en desecho aljófar vierte
por los ojos sus pesares
de disimuladas corrientes.
Llora.
Al margen: no
Cantan.
Los aires de sus suspiros
parece que se entristecen
que hasta a lo insensible asiste
que una hermosura se queje.
¡Ah, señor!, que a hablarte truje
quien pudiera de repente
hacer que aquestas cadenas
de mazapán se volviesen!
Los siguientes versos hasta el final de la columna y algunos de la siguiente están cruzados por una línea vertical y marcados con varios "no" al margen.
¡Oh adversa fortuna esquiva!,
¡que en esta tumba me tienes!
Tú eres el primer difunto
que he mirado tan alegre
con mortaja colorada.
¿Qué es lo que de mí pretendes?
Al margen: no
Que de una oreja del asno
nos mudemos perendengues.
Al margen: no
¿Qué motivo te di, cielos,
para que de aquesta suerte
me oprimas?
Enamorao,
dime, ¿acaso te parece
que no basta más la mora,
que hecho salvaje te tiene,
¿acaso pensará en él?
Al margen: no
No, Mostachón, me lo acuerdes.
Si tomando aquel caso
dirás que fácil fuese.
Al margen: no
¿De qué?
Sosiéguese el herido
en el aspa, amén, mil veces.
Al margen: no
Cantan.
Ausencias y crueldades
en tanta opresión le tienen,
solo en un bárbaro pecho
causan tan severas leyes.
Sale al paño Abenomeya.
Deste último de esta sala
adonde no pueden verme,
aunque lo que hablaren no oiga
veré cómo sucediere;
pues solo ha sido probar
si también Alí me ofende,
pues por averiguarlo dije
que diese a la presa muerte,
adonde si está culpado
pues es fuerza dél ejecutarlo
si acaso a ejecutarlo viniere
al más leve impulso que haga
estorbaré cuanto intente;
pues que nunca a mi reino
el que ella muera conviene.
Ya a la vista estaré,
pues oírlos no se puede.
Sale Halí.
¿Es posible, pensamiento,
que el discurso no encuentre
cómo librar a tu dueño?
Pero llora allá un moro tierno.
Luchando con mis delirios,
va a la sala donde tiene
prisionero aquel asombro.
el denuedo e inclemencia
de Alenuzia ha vencido
mas cielos si no me miente
la vista o la desconfianza
Hali es
Señor
qué quieres
por la reja pasa un hombre
Será otro infeliz que en este
castillo se mire preso
pues como solo le bebe
al sol luces esta reja
por las que escasa le ofrece
los rayos de aquesta sala,
podrá ser que a ella viniese.
Y si acaso es el verdugo
que darnos cordel quisiese
y dejarnos de la talla
qué hemos de hacer
Nada puede
asustar mi corazón
pues ya lo que más le ofende
es si en el papel el tres
conoció de Alí su fuerte
a que yesca quien pinte en Alifa
quien tanto alifafe tiene
y en esta aspera mazmorra
no te asuste ni amedrente
ningún horror que María
a quien permitió la virgen
no le ha de desamparar
y así confía en ella siempre.
por la reja
Por Dios, y a mí
quítase un zapato y sácale por la reja
Dime ¿acaso no tienes
cucurucho de linterna
tu as sido perdona siempre
pues ello haun que sea un zapato
rezuma que no es tiempo este
para perder nada
Cielos; en tantas penas valedme
Zoraida hermosa
saca el acero / entra en la prisión ¿qué temes
Y si acaso
vienes tirano y aleve
a darme muerte por qué
un instante te detienes
llega llega no dilates
a los infeliz de mi suerte
tal dote que te acobarda
acaba ya de matarme
pues otra cosa no es bien te espere
finesa que no sea agravio
favor que no sea una muerte
cariño que no sea engaño
amor que no sea
Suspende
el acento cesa cesa
que no es bien que injusta mienta
ultrajes a mi fineza
y ofendes lo que me debes;
mas que dice de mis sos-
pechas, aquel un engaño quiere,
pero ya aqueste no es tiempo
de hacer verdad lo aparente,
ni imaginar en sospechas
cuando hay varón que lo vede.
Buscando el alivio
mi mal a lo que padece,
mi bien, Zoraida...
Ya, ingrato,
conozco tu trato aleve,
quieres otra con dejarme
fingiendo lo que no sientes,
aquellas dulces lisonjas
con que disimulas crueles,
un veneno que derramas
con halagos que ofreces.
Ya Halí llegó a hablar con ella,
En el margen izquierdo, abarcando las siguientes intervenciones hasta "una limosna", aparece escrito y tachado: "no se diga".
Haz, señor, lo que yo hiciere.
¿Qué ha de ser?
Dejar así,
si acaso más os duele,
una hambre que os desmaya,
el hambre continuamente
por el alto zancarrón,
que deis a aquestos pobres
una limosna.
Estás loco.
¿Por qué os ha parecer iniqua
cuando mi celo te ama
y cuan al contrario entiendes
una pasión que se explica
sin explicar lo que siente?
Escucha, en alguna cuadra
de las que la torre tiene
está Abenomeya, y él
me mandó darte la muerte.
Que nada se escuche aquí.
¿Un ruido no oyes?, atiende.
Sí, dos bultos diviso.
Ay, si acaso serán duendes.
Mujer parece sin duda.
Así pues, serán serpientes.
Un hombre también diviso.
Serán macho y hembra.
Atiende, por ver si escuchamos algo.
De aquí veré cuanto sucediere.
Y halle, aguarda, te apresto.
¿Qué escucho?, pesar, detente,
no así el corazón que pasmo
me oprimas.
¿Qué es lo que temes?
Nada te asuste, que ya
quiero que los siglos cuenten
que si me animé cobarde,
y si temí osadamente,
darte el veneno era cuando
no imaginara perderte;
pero en llegando la envidia
a ser tan cruel, no puede
acobardarme un empeño.
Va hacia Abenomeya y se asconde Don Juan y se pasa a la reja.
Mas, ¿qué dices? Mienten, mienten.
Mujer es de aquel cristiano
que allá está preso. ¿No quiere?
Pues muera.
Saca el puñal.
Ya el puñal saca.
Llega a la puerta y se retira.
Pero no muera.
¡Oh, aleve corazón que me aconsejas
aquesta de rigor ciego,
en mi pecho el vil veneno
derrame licor ardiente!
La Zoraida llega,
sin duda que no me ofende.
Ea, ingrato, ¿qué motivo
tu movimiento suspende?
Muera de una vez, tirano,
no de tantas veces muera.
Llora.
¡Ah, hermosura! ¿Dónde estudias
a obligar con los desdenes?
¿Lloras, mi bien, dulce hechizo?
Las bellas perlas suspende.
Mas, ¿qué oyes? Aquel esclavo,
cielos, más me enoja, oye:
muera a mis iras,
quizás en él aplacaré aqueste
horror que tanto a mi pecho
infelizmente ofende.
Llega a abrir la puerta.
Salve, tesoro del Padre.
Salve, tesoro del Padre.
Salve, principio portento.
Salve, principio portento.
Salve, torre de David.
Salve, torre de David.
Salve, de naufragios puerto.
Salve, de naufragios puerto.
Salve, lucero del día.
Salve, lucero del día.
Salve, soberano cedro.
Salve, soberano cedro.
Salve, cándida paloma.
Salve, cándida paloma.
Salve, temor del infierno.
Salve, temor del infierno.
Salve, templo de Dios vivo.
Salve, templo de Dios vivo.
Salve, pensil de los cielos.
Salve, pensil de los cielos.
Salve, lirio de los valles.
Salve, lirio de los valles.
Salve, terso y puro espejo.
Salve, terso y puro espejo.
Salve, esfera de las dichas.
Salve, esfera de las dichas.
Salve, de piedades centro.
Salve, de piedades centro.
Salve, gran ciudad de Dios, Virgen.
Salve, brillante lucero.
Salve, fuente de la gracia.
Salve, arca del testamento.
Salve, remedio al mundo.
Salve, azucena en el huerto.
Salve, gala a desterrados.
Salve, a afligidos consuelo.
Y en tan grande ventura
repita el eco:
Donde arriba tal nave,
feliz el puerto.
Donde arriba tal nave,
feliz el puerto.
Vuelan los ángeles.
Pues ya que tal tesoro
quiso arribar al puerto,
dejando aquesta isla
colmada de riquezas y reflejos,
en un altar se ponga,
hasta que logre el tiempo
ver entre más aplausos
celebrado el favor que Dios ha hecho.
Así se hará.
Y dispuesto,
una procesión demos,
señales que la expliquen
con grata oblación nuestro afecto...
Y en dulce acorde tono
vuelva a decir el eco:
Donde arriba tal nave,
feliz el puerto.
Donde arriba tal nave,
feliz el puerto.
¡Halí, Halí!
Señor.
Llega Halí con el puñal en la mano.
Primero
que a darla la muerte llegues,
escucha, que mal te hice
en presumir me ofendieses.
Consultar quiero con él
si convendrá más su muerte
y discurrir si a su Padre
será bueno enviarla,
avise.
¿Qué me mandas?
El motivo que tengo para que aqueste
bello prodigio de amor
muera, es aquese billete.
Ella y el cristiano son
cómplices y delincuentes.
En el margen izquierdo de los siguientes versos hay notas que dicen "lee Halí" y dos veces "No".
Lee.
Aunque pudiera mi ignorancia
acabar de quitar la nube, venda que
la trae a nube, y acabar de conocer
qué se encierra en mí, sintiendo lo que
en dolor se explica a donde no
obstante, quiero sea esta la última
fineza de mi atención, ya que no,
e imaginé nuestra fuga. Vuélveme a ver
sin haberte antes dado muerte aleve,
muera a la vez.
¡Cielos! ¿Qué es esto que he visto?
Ese papel no fue siempre
el que dijo me había escrito,
sin duda que entre lo verde
del jardín aquel cristiano
le halló.
Por eso a mirarse
que tú le dieras, le dijo:
«Sáquese, falso y aleve,
cristiano embozado muera».
Antes morirán, aleve,
puesto que al lado del bosque
de un tronco vos le sacaba,
donde cautelosamente
ocultaban sus crueldades.
El que muera conviene.
Antes perdona, Zorayda,
tantas iras y desdenes
como por mi amor pasaste;
serás tú quien muera aleve,
tu corazón te es testigo
que los cielos se te cuenten.
El que muera por tu dama
adonde más noble se puede
o imaginar la arrogancia
o inventar el más valiente.
Ahora dime si el quitarles
la vida acaso conviene.
Mira, no es justo el matarlo.
¿No es el tirano aleve?
Falso y aleve moro,
Señor,
quitarle el aliento puedes,
¿qué motivo te di, infame,
para que alevoso intentes
quitarme la vida, ingrato?
¿Cómo, cómo así te atreves
al decoro que debes
tener a quien soy?
Aquese
papel, responderse pueda.
Mostachón, me ascondes,
a que allá de sustos andan,
que aunque mal usados tienen
unos casos como agravios,
parece que están?
Aquese
debe de ser el Apolo
adonde los diablos tienen
la contaduría adonde
caen los moros que mueren.
¡Válgame el cielo, qué he visto!
Pero, corazón, ¿qué temes?
¿Dónde está tanta real sangre
como de tu nácar viene,
mi espíritu generoso?
¿Qué tienes que responderme?
Que has de dejarme.
Ya,
que negártelo no pueden las señas,
se le oprimió la voz.
No, que nada te amedrente,
con que no solo mi mano le negase,
mas si fuese posible,
porque te vieron mis ojos, sin darme muerte.
Sácanlos.
¡Viven los cielos,
que lo ejecutaré!
¡Oh, aleve,
oh falsa, tirana, oh ingrata!
¿Cómo a mí desta suerte
te atreves? ¡A mi corona!
¡Ah, traidor! ¿La defiendes?
En el manuscrito hay tres versos tachados: "Mos. A puñaladas me parece / que andan los / Hali. Antes yo".
A puñaladas me parece
que andan.
Terrible temor.
Aquesta fe de acero rige
la honra, funda en mi pecho.
Dale con el puñal al ir a sacar el alfanje.
Sacro profeta, valedme.
¿No oyes allí? ¡Han muerto a un hombre!
Los dos nos retiremos, que este
león deje ante nos.
Dentro.
Por si estorbar se pudiese
que se ejecute el decreto,
entremos.
Adiós, crueles.
¡Dejad, dejad que me anime!
Salen todos.
Divina Zorayda, ¿a qué vienes?
Habiendo dicho Amurates
que mandaba el rey dar muerte
a Zorayda, porque él
el decreto mal se advierte.
Aqueste
es un caos de confusiones.
Cada vez veo más gente.
Si será acaso taberna,
pues como mosquitos vuelven.
Vine a estorbarlo trayendo
todos estos que se ven,
mis ojos un extraño monstruo,
y yo una infeliz suerte.
Yo le he dado muerte, Flora,
viendo que imposible fuese
dejar con vida a Zorayda
desta suerte; despáchese,
cobre mi reino
así, y a mí.
Justiciero el cielo siempre
le da lo que merece.
En el manuscrito hay una línea tachada: "Dentro D. Jua. Hali y todos. vivan mil veces".
Dentro.
¡Viva mil veces!
Híncanse de rodillas.
Danos, gran señor, tu mano.
Llevadme, pues, aqueste cadáver.
No hable asombro.
Sagrados cielos, valedme.
Mi hermano, ¡pesar notable!
muerto (¡infeliz me condene!)
a tus manos, gran traidor.
De aquesta prisión, valedme.
Sacad de aquesta mazmorra
a esos cautivos.
Mil veces dichosa,
quien tal favor...
Merezco sin merecerle.
¡Viva Alí!
¡Válgame el cielo!
Salen los cautivos.
Aquí a tus plantas postrados...
Como también, gran señor,
nos tienes a tus juanetes.
Ciegos cautivos, que fui
causa de que padecierais
tantos tormentos, mi amor
haré que un barco os apresten,
y vuestro padre también
irse con vosotros puede,
dándoos cuanto bastimento
para el viaje se hubiere;
que es justo que tenga alivios
el que tormentos padece,
y se repartan las dichas
con quien se parten desdenes.
Beso, gran señor, tus plantas
por tan heroicas mercedes.
¡Cielos! ¿Qué será este enigma?
Pero callar me conviene.
Los moros están borrachos,
mas creo que es loco alegre.
Vamos por la mar, y ondas
con más presteza celebre
paz y felicidad.
En el manuscrito, debajo de estos versos, aparece tachado: "A la que pena". También aparece tachado el bloque: "A dos. Viva Alí y a ser empiece / nuestro Rey". En el margen izquierdo se añade "Cho." (Coro) para sustituir a "A dos".
¡Viva Alí, y a ser empiece
nuestro Rey!
A continuación, aparece tachado el siguiente bloque de diálogo: "A los suyos. Darte pesar notable / Zorayda. No así, dama, te quedes / Alí. Descansa / y alienta segura / Zorayda. No es nada lo que me consuele".
Al irse llega a Don Juan y le dice.
Sintiendo que solo
me dejes en mi vejez,
pues que te vas a tu patria,
disfrazado por aqueste
portillo que hacia el mar mira
iré esta noche.
¡Qué alegres
se reunirán mis brazos!
¡Qué gloria!
¡Cielos, valedme!
¡Qué fortuna!
¡Qué perrazos!
Cristianillo, lo quisiste
sacar y nunca lograrlo.
Ven a donde serás siempre
el dueño de mi albedrío,
por la muestra de clemencia.
los dos Todos al Público dichos suelen hacerle
Vanse todos y por el Palenque entran todos los que pudieren de cautivos y algunos niños con dalmáticas y escudos de la Merced, y detrás los Redentores, y en un carro la Virgen y los cuatro Ángeles como mejor se pudiere y cantan. y de rodillas
Salve estrella matutina,
salve lozano cedro,
salve cándida Paloma,
salve del naufragio puerto.
Salven a su hermosura,
no quede ave en el viento
que con tonos de pluma
no la salude en su sonoro acento.
Va llegando al tablado, y vuelve el rostro al patio.
Pues tantas dichas logramos,
den en tierra ahora, barquero.
Mas ¿qué nuevas voces se escuchan confusas?
Salen Don Fernando, Don Juan, y Mostachón.
Aquí lo dirá quien se postra a tus pies, pues yo...
Pues llegáis a tan buen hora,
y cuando...
Mas ¿qué veo, cielos?
¿Esta no es la imagen sacra?
¡Raro caso!
¡Gran misterio!
¿Cómo han traído la Virgen?
Por un tan raro suceso,
apenas, señor, embarcados nos vimos,
cuando sin saber ni qué norte ni viento,
nos condujo a aquesta isla,
si bien, docto padre, advierto
que ha sido milagro que ha obrado esta efigie.
María es solamente mi amparo y consuelo.
Deja esa hermosura que miras,
que es Elisa, que hoy ha hecho
desprecio de ser la princesa en Túnez
por ser más feliz convertida a nuestro gremio.
Y así apenas llegue el bajel
a purificarla el pecho,
será en dulce lazo mi vida y la suya
estrecha cadena que no rompa el tiempo.
Mas ¿cómo esta imagen vino
aquí?
Aqueso os contaré luego.
Y solo ahora os pido que por algún voto
de tantos favores y bienes que ha hecho,
puesta en un altar la efigie
de las muchas de este templo...
Se ha visto sudar dicha imagen sagrada,
dejando la vez que ocupe el primero
y demás, que en un ebúrneo,
mal pulido navichuelo,
que sirve de triunfo devoto, pendiente
de un arco que está viendo distante el templo,
continuamente movido
donde está tranquilo el viento,
que guía y avisa de cuántos pilotos
intentan surcar el salado elemento,
de tal suerte que la nave
se atreve a dejar el puerto
sin ver zozobra en la chata o nave,
que es quien amaina borrasca en el tiempo.
Así, María de Buen Aire
la llaman, y así han dispuesto
que en carro triunfal con festivos aplausos
saliese llenando de dichas el cielo,
y que el Iris en las sombras,
visto para más consuelo,
Madrid, el segundo monarca Don Carlos,
le dará a sus aras devotos inciensos,
puesta en un altar sagrado
de la Merced, cuyo obsequio
promete feliz mayor dicha a la tierra,
más gloria a la fe, más terror al infierno,
todos, pues, dando en su templo las gracias.
Da a mí el supremo
lauro, Parnaso mío, en que alcance despojos
las luces divinas de sacros reflejos.
Esta verdadera historia
tendrá fin dichoso, siendo
de yerros disculpa el dueño de la pluma,
que a tanto se atreve, perdone su vuelo.
Fin.