No hay agravios como celos, si son los celos ofensa
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En un ambiente urbano de casas, jardines y rejas, probablemente propio de una comedia de enredo del Siglo de Oro, don Félix sufre porque Margarita, a quien ama desde hace tiempo, lo rechaza fingidamente y le hace sospechar la existencia de un rival. Las citas nocturnas, los papeles amorosos, los disfraces de voz y los encuentros en la reja y dentro de la casa de Octavio provocan celos, pendencias y graves equívocos entre don Félix, Roberto, Margarita y Elvira. Al final, Margarita confiesa ante su padre que siempre amó a don Félix y que sus rigores fueron una prueba imprudente, se aclaran los engaños de los recados y quedan encaminadas las bodas de don Félix con Margarita y de Roberto con Elvira.
